Condenada a mis 4 hermanastros abusones - Capítulo 78
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78: Capítulo 78 78: Capítulo 78 ~Valeria~
Tenía uno de esos días en los que todo parecía ir mal, y entonces Michael apareció de la nada, como si tuviera una especie de sexto sentido para mi desdicha.
No es que me quejara.
Mucho.
—Vanilla —su voz sonó justo detrás de mí mientras forcejeaba para abrir mi taquilla.
Llevaba semanas atascándose y ese día parecía decidida a hacerme la vida aún más difícil de lo que ya era.
Me di la vuelta y allí estaba él, con esa maldita sonrisa pícara que tenía el don de disipar mi enfado.
—Michael —le di un último tirón agresivo a la taquilla y por fin se abrió, casi arrancándome el brazo en el proceso—.
¿Qué pasa?
—añadí, respirando con dificultad.
Se apoyó en la taquilla de al lado.
—Eso debería preguntártelo yo.
Tus ojeras no han disminuido y pareces tener muchas cosas en la cabeza —sus ojos se desviaron de nuevo hacia mi taquilla.
Decir que estaba estresada era quedarme corta.
Entre intentar desenterrar información sobre mi padre sin que mi familia política me asesinara, evitar las miradas sospechosas de Alerion y fingir que no estaba perdiendo la cabeza poco a poco por todos los secretos que guardaba, «estresada» ni siquiera empezaba a describirlo.
—Estoy bien —mentí, metiendo los libros en mi mochila con más fuerza de la necesaria—.
Solo la típica angustia adolescente y el exceso de deberes.
Michael enarcó una ceja.
—Ajá.
¿Y por eso te has pasado todas las horas libres en la biblioteca con cara de estar intentando resolver los misterios del universo?
Pequeña agente del FBI.
Me quedé quieta.
¿Me había estado observando?
Eso era o muy tierno o muy espeluznante, y no estaba segura de qué opción prefería.
—Me gusta leer —dije a la defensiva—.
Demándame por tener curiosidad intelectual.
—Oye, no te juzgo.
Creo que es genial que te interese tanto…
Por cierto, ¿qué es lo que investigas?
Y ahí estaba.
La pregunta que había temido y esperado a partes iguales.
Porque una parte de mí estaba desesperada por hablar con alguien sobre lo que había estado descubriendo, pero la otra sabía que involucrar a alguien más en este lío era probablemente una idea terrible.
Pero al ver la expresión genuinamente curiosa de Michael, pensé que quizá no sería tan malo incluirlo.
—Es complicado, no encuentro la forma correcta de explicarlo —dije, cerrando mi taquilla y girándome para mirarlo de frente.
—Tengo mis propios años de experiencia como detective, así que ponme a prueba.
Resoplé.
—¿Siempre eres tan engreído?
Sonrió.
—Auch.
Yo aquí, a punto de ofrecer mis servicios como asistente de investigación, y tú te metes con mi apariencia.
—Espera, ¿qué?
—me detuve.
Inconscientemente, habíamos empezado a caminar hacia la salida, pero sus palabras me hicieron parar en mitad del pasillo—.
¿Quieres ayudarme con mi investigación?
—Claro.
¿Por qué no?
«Porque esto no es un proyecto de clase», quise decir.
«Porque lo que estoy investigando podría costarme la vida.
Porque mis hermanastros probablemente nos asesinarían a los dos si se enteraran».
En lugar de eso, dije: —Ni siquiera sabes lo que estoy investigando.
—Pues dímelo.
Estudié su rostro, buscando cualquier señal de que se tratara de una broma o una trampa.
Pero Michael solo parecía genuinamente interesado, como si de verdad quisiera ayudar.
Lo inteligente habría sido decir que no.
Mantener la boca cerrada y encargarme de esto sola, como había estado haciendo.
Pero la verdad era que no estaba llegando a ninguna parte por mi cuenta y, cuanto más profundizaba, más confusa me sentía.
—Vale —me oí decir—.
Pero aquí no.
Hay demasiada gente.
Los ojos de Michael se iluminaron como si acabara de aceptar ir a una búsqueda del tesoro con él.
Lo cual, teniendo en cuenta lo que estaba investigando en realidad, no estaba tan lejos de la verdad.
—Hay una cafetería a unos diez minutos de aquí —dijo él—.
Territorio seguro.
Bueno para tu tipo de discusiones de investigación.
No pude evitar enarcar una ceja ante eso.
—¿Qué?
Veo muchas películas de espías.
Veinte minutos después, estábamos sentados en un reservado de una cafetería cualquiera.
Tenía el portátil abierto y un montón de artículos impresos esparcidos por la mesa, como si estuviera planeando una invasión de la manada.
Lo cual, de nuevo, no estaba tan lejos de la realidad, teniendo en cuenta a lo que me enfrentaba.
—Y bien… —dijo Michael, rodeando su taza de café con las manos—.
¿Qué estamos investigando exactamente?
Respiré hondo.
—A mi padre.
—Vale.
Eso… no es lo que me esperaba.
—Sí, bueno, nada en mi familia es lo que la gente espera —abrí el archivo que llevaba semanas recopilando—.
Mi padre desapareció cuando yo era pequeña, creo que ya te lo conté.
Mamá casi nunca hablaba de ello, pero he estado encontrando cosas que sugieren que no me contaba toda la verdad.
Michael se inclinó hacia delante, estudiando la pantalla.
—¿Qué tipo de cosas?
—Documentos.
Fotos.
Referencias a él en registros antiguos que no coinciden con lo que Mamá me dijo —deslicé las imágenes que había recopilado—.
Y cuanto más indago, más parece que no era un tipo cualquiera que simplemente…
—¿Qué crees que le pasó en realidad?
Esa era la pregunta del millón, ¿no?
—Creo que estaba metido en algo lo bastante gordo como para que todo el mundo encubriera las huellas de su desaparición.
Y creo que hay gente que no quiere que haga preguntas al respecto.
Michael se quedó en silencio un momento, mirando la pantalla del portátil con una intensidad que me hizo preguntarme si ya se estaba adelantando con una idea brillante.
—Estos nombres —dijo al fin, señalando una lista que yo había recopilado de gente que conocía a mi padre—.
Algunos me suenan.
Me enderecé.
—¿Cómo que te suenan?
—No sé.
Es solo que… siento que los he oído antes.
Quizá mi familia los mencionó o algo así.
Mi corazón empezó a latir más deprisa.
Era la primera pista real que tenía en semanas.
—¿Crees que podrías preguntar por ahí?
¿A ver si alguien de tu familia sabe algo de esta gente?
—Por supuesto —Michael me miró con una determinación y un cariño que me produjeron una sensación cálida en el pecho—.
¿En qué más necesitas ayuda?
Saqué mi cuaderno, pasando páginas llenas de garabatos y teorías a medio formar.
—Necesito averiguar más sobre esta manada de la que mi padre podría haber formado parte.
Las referencias que he encontrado son supervagas, pero parece que era una especie de… no sé, ¿exploradores o militares?
—¿No crees que en vez de eso podría ser el alfa?
—Eso es lo que intento averiguar —le enseñé una página cubierta de interrogantes y flechas que conectaban distintos nombres.
Michael estudió mis notas con una concentración que me hizo pensar que de verdad se lo estaba tomando en serio.
No solo siguiéndole la corriente a la chica con problemas paternos y demasiado tiempo libre.
—¿Sabes lo que necesitas?
—dijo al cabo de unos minutos—.
Acceso a mejores bases de datos.
Lo que puedes encontrar en internet es limitado, pero si pudieras entrar en algunos de los archivos más restringidos…
—¿Y cómo se supone que voy a hacer eso?
Michael sonrió de oreja a oreja.
—Deja eso de mi cuenta.
Puede que conozca a un tipo que conoce a otro tipo.
Enarqué una ceja.
—Eso suena vagamente ilegal.
—No es ilegal.
Solo… métodos de investigación creativos —sonaba demasiado profesional, pero yo sabía que solo estaba bromeando mientras movía las cejas de forma juguetona.
A pesar de todo, me eché a reír.
—No puedo creer que siquiera me lo esté planteando.
—¿Planteándote qué?
—Confiar en ti.
Dejar que me ayudes.
Normalmente, cuando la gente se ofrece a ayudarme, hay gato encerrado.
La expresión de Michael se tornó seria.
—No hay gato encerrado.
Te lo prometo.
Es solo que… sé lo que es tener preguntas sobre tu familia que nadie quiere responder.
Había algo en su voz que me hizo pensar que había más en esa afirmación de lo que dejaba entrever.
Pero antes de que pudiera preguntar, volvió a estudiar mi investigación con esa intensa concentración.
—Vale —dijo, sacando su teléfono—.
Dame un par de días para contactar con algunas personas.
Mientras tanto, sigue haciendo lo que estás haciendo, pero ten cuidado a quién preguntas.
Si esto es tan gordo como crees, la pregunta equivocada a la persona equivocada podría causar problemas.
Asentí.
—Créeme, estoy teniendo cuidado.
Ya he tenido demasiados sustos con gente que no aprecia mi curiosidad.
—Bien.
¿Y, Vanilla?
—Michael levantó la vista de su teléfono—.
Descubras lo que descubras sobre tu padre, sea cual sea la verdad, no tienes que afrontarlo sola.
¿Vale?
Me le quedé mirando, preguntándome qué había hecho para merecer que alguien se ofreciera a ayudarme sin pedir nada a cambio.
Era un concepto tan extraño que casi no supe cómo responder.
—Vale —dije finalmente—.
Gracias.
—No me des las gracias todavía.
Espera a que encontremos algunas respuestas.
Mientras recogíamos nuestras cosas y nos preparábamos para irnos, no pude desechar el presentimiento de que acababa de cruzar algún tipo de línea.
Que aceptar la ayuda de Michael iba a cambiar las cosas de formas que no podía predecir.
Pero, por primera vez en semanas, no sentía que me ahogara en preguntas y callejones sin salida.
Tenía un aliado.
Alguien que parecía entender que no se trataba solo de satisfacer mi curiosidad.
Se trataba de averiguar quién era realmente mi padre.
Y quizá, en el proceso, averiguar quién se suponía que debía ser yo.
Al salir de esa cafetería, sentí algo que no había sentido en mucho tiempo.
Esperanza.
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