condenado al final - Capítulo 22
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22: CAPÍTULO 22: LA GRIETA EN EL MÁRMOL 22: CAPÍTULO 22: LA GRIETA EN EL MÁRMOL El invierno en Eurodia no traía nieve.
Traía una niebla gris que se pegaba a la armadura como una maldición.
Kallen estaba en el centro del campo de entrenamiento.
Dieciséis años.
Su presencia ya no imponía respeto.
Imponía miedo.
Se movía entre tres instructores de élite.
[CLANG] [CLANG] Acero contra acero.
Kallen no sudaba.
No dudaba.
Era una danza de muerte coreografiada por años de repetición.
— ¡Más rápido!
—ordenó Kallen.
Su voz era un látigo.
Uno de los instructores flaqueó.
Kallen no perdonó.
Un tajo preciso desarmó al hombre y la punta de su espada se detuvo a milímetros de su garganta.
Silencio.
Los otros dos instructores bajaron sus armas.
No podían seguirle el ritmo.
Nadie podía.
— El Príncipe Heredero es…
invencible —susurró un paje desde la barrera.
Kallen bajó la espada.
Pero no sintió satisfacción.
Sintió vacío.
… — Como siempre… impresionante.
La voz rompió el círculo de tensión.
Kail.
Estaba apoyado contra una columna, con un libro cerrado bajo el brazo.
No tenía armadura.
No tenía sudor.
Tenía esa sonrisa que parecía saber algo que el resto del mundo ignoraba.
Se acercó despacio, ignorando las reverencias nerviosas de los soldados.
— ¿Terminaste de asustar a los maestros?
—preguntó Kail.
Kallen guardó la espada.
El metal sonó seco al entrar en la vaina.
— Es entrenamiento, Kail.
— Sí, claro.
Entrenamiento para el fin del mundo.
Kail llegó a su lado y le dio un pequeño empujón en el hombro.
— ¿Quieres ir a comer algo?
Kallen lo miró de reojo.
Tenía sangre en un nudillo.
Tenía el peso de la corona en las sienes.
— No tengo hambre.
— Ah, sí quieres —respondió Kail, enganchando su brazo con el de Kallen.
Lo arrastró.
Literalmente.
Kallen no opuso resistencia.
Nadie en el patio se atrevió a decir nada.
El arma más peligrosa del reino estaba siendo llevada como un niño por el príncipe “inútil”.
… Comedor real.
Silencio.
Solo el sonido de los cubiertos contra la porcelana.
Kail comía con una tranquilidad desesperante.
Kallen miraba el plato.
— Deberías probar esto —dijo Kail, señalando una fruta—.
Está dulce.
— No me importa el sabor.
— Qué aburrido eres, Kallen.
De verdad.
Pausa.
— A veces se te olvida que este cuerpo todavía necesita azúcar para no colapsar.
… Un mensajero entró al salón.
Rápido.
Polvoriento.
Se arrodilló frente a ellos.
— Príncipes.
El Rey solicita su presencia en los barracones.
Kallen se detuvo.
— ¿Ahora?
— Las fronteras del norte han cedido.
Debemos partir al amanecer.
Kail soltó un suspiro largo.
Dejó el cubierto sobre la mesa.
[CLINK] — Qué poco dura la paz en este lugar —murmuró Kail.
Kallen se levantó.
La máscara de soldado volvió a su rostro en un segundo.
Pero antes de dar un paso— // ACTUALIZANDO…
// MISIÓN CONQUISTA: 67% COMPLETA.
EVENTO TERMINAL: EPIDEMIA.
TIEMPO RESTANTE: 2 AÑOS, 3 MESES.
Kallen miró la ventana.
Miró a Kail.
Kail seguía sentado, mirando la fruta que Kallen no probó.— Dos años —susurró Kail, tan bajo que el mensajero no lo oyó.
Kallen lo miró.
Kail seguía observando la fruta.
La misma.
Intacta.
— ¿Sabes qué es lo peor?
—dijo al fin.
No levantó la mirada.
— Que todavía sabe igual.
Silencio.
Le dio un pequeño giro a la fruta con los dedos.
— Dulce.
Pausa.
— Como si nada fuera a pasar.
Kallen no respondió.
Kail alzó la vista.
Y ahí está la grieta: No había sonrisa.
— Y aún así… —murmuró— — tenemos que seguir comiendo.
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