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Conflicto Celestial - Capítulo 31

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31: 30.

Frans Jutter y Nina Viuttens 31: 30.

Frans Jutter y Nina Viuttens Minutos antes de que comenzara la pelea Matt se encontraba corriendo por el espeso bosque de las montañas cargando a Nina en su espalda.

–Nos demoraremos un poco en llegar así que soy todo oídos, cuéntame todo, como conociste a Frans y su muerte, tu padre, todo.

(dijo Matt) Nina comenzó a contarle todo, absolutamente todo.

Hace más o menos unos cien años ya se había firmado el pacto entre el Edén y el infierno, los estragos de la prolongada guerra aun eran visibles, pero un hombre llamado Matteus Barem dueño de una empresa minera en las tierras de “Altius Metalum” quería con su poder hacer algo bueno por lo que dio una oportunidad de trabajo a todos aquellos afectados por la guerra, varios ángeles comenzaron a trabajar, comer y dormir en las tierras del señor Matteus, este era un hombre de salud extremadamente frágil pero siempre trataba de dar la mejor cara a sus trabajadores.

Entre sus trabajadores se encontraba Frans Jutter, era un hombre de cabello un poco ondulado, despeinado y castaño, ojos verdes, piel blanca, su cuerpo era un poco robusto por trabajar en las minas, su rostro era de facciones y barbilla marcadas.

Frans era un huérfano de la guerra que huyó durante mucho tiempo hasta encontrarse con Matteus.

Cuando Frans aun no trabajaba para Matteus se la pasaba de trabajo en trabajo y huyendo trasladándose de trabajo en trabajo y lugar en lugar por los rumores sobre las disidencias.

Un día mientras avanzaba por las montañas Frans se topó con la gran casa de la colina, se coló en esta e intentó robar ya que se encontraba hambriento, poco a poco se fue escabullendo utilizando todo lo aprendido mientras vivió en las calles como huérfano, Frans sabía que robar estaba mal, pero estaba tan hambriento y había rogado por comida tantas veces que decidió hacerlo.

Frans entró a una de las habitaciones principales y allí había un gran banquete servido, cuando se acercó para tomar comida rápidamente y luego huir vio a un hombre delgado, pálido y de cabello negro en el suelo mientras tosía incontrolablemente mientras perdía la consciencia, Frans pensó en ignorarlo, solo tomar la comida y huir, se metería en grandes problemas si lo descubrían, pero él tenía un gran corazón, así que decidió ayudar a aquel hombre.

Frans le dio un par de palmadas en la espalda para que este hombre retomara la consciencia, el hombre abrió sus ojos marrones y se asustó al ver a un hombre harapiento que no conocía allí.

–¿Quién eres?

(preguntó el hombre asustado).

–Soy un ladrón, pero antes de robar voy a ayudarte.

(dijo Frans).

–¿Qué?

No tiene sentido lo que estás diciendo.

(dijo el hombre confundido).

–Solo dime que es lo que necesitas, ¿estas bien?

¿Te vas a comer todo o me puedo robar un poco?

(preguntó Frans).

–Ayúdame a levantarme por favor, mi medicina cayó tras el otro lado de la mesa, pásamela y te daré de comer.

(dijo el señor mientras tosía).

Frans ayudó a aquel hombre a levantarse y lo sentó, luego fue por la medicina y se la pasó, este hombre la tomó y luego comenzó a toser incontrolablemente, en ese instante la puerta se abrió y una joven mujer delgada, de ojos marrones y cabello negro largo y laceo se asustó al ver a este hombre harapiento y gritó.

–¡Ayuda hay un ladrón!

(gritó aquella mujer).

Varios sirvientes corrieron y tomaron y golpearon brutalmente a Frans, luego lo encerraron en una improvisada celda y fue amarrado a un poste con unas gruesas cadenas.

Frans se sintió como un estúpido, estaba en esa situación por su propia culpa, debió haber tomado la comida e irse lo más rápido posible, pero a la vez sabía que no podía dejar a aquel hombre tirado allí sin hacer nada, de sus padres había aprendido que siempre debía ayudar a quien lo necesitara y esta no fue la excepción.

Frans miraba la luz de la luna a través de la celda improvisada cuando aquel hombre al que ayudó se acercó a él y abrió la celda.

–Vaya que esto es un terrible mal entendido.

(dijo aquel hombre).

–No tanto, en realidad si era un ladrón…

aunque hubiera agradecido no ser golpeado.

(dijo Frans).

–Me disculpo, mi nombre es Matteus Barem, y la joven que gritó es mi hija Amelia.

(dijo Matteus).

–Oh, mi nombre es Frans, ahora podrías librearme por favor.

(dijo Frans).

–Antes de eso voy a decirte algo, eres un ladrón y punto, robar está mal, siempre existe una opción alternativa a robar…

pero, me ayudaste, puedo ver que en el fondo en realidad eres una gran persona.

Te liberaré y quiero que me acompañes a dar una vuelta.

(dijo Matteus).

Frans y Matteus comenzaron a caminar por los alrededores.

–Como ves todo esto me pertenece, estas tierras siempre han sido usadas para la minería, vengo de cuna de oro como dicen algunos y siempre quise hacer algo con todo este “poder” (dijo Matteus).

Frans y Matteus caminaron hasta llegar a un jardín con unas piletas en el centro de aquella gran casa Frans le contó un poco de su historia, de cómo había perdido a sus padres y como huía de ciudad en ciudad, incluso robando para sobrevivir.

–Mi salud es extremadamente frágil así que agradezco que me hayas ayudado allí (dijo Matteus mirando a Frans) quiero proponerte algo, deja de robar y trabaja para mí.

Aquí tienes un techo, comida, personas con las que conversar, pero como dije trabaja, demuéstrame que lo que vi allí cuando me ayudaste es verdad, endereza tu vida.

(dijo Matteus).

Desde ese día la vida de Frans cambió para siempre y comenzó a trabajar para Matteus además de desarrollar una estrecha relación con este y con su hija.

Con el pasar del tiempo Matteus enfermaba cada vez más, hasta que se encontraba en un punto crítico y cerca de la muerte.

Frans había comenzado una relación con la hija de Matteus, Amelia había cambiado su vida, todo comenzó con aquella extraña primera interacción donde fue golpeado, Frans era reservado, pero poco a poco gracias a Matteus y Amelia aprendió a abrirse a los demás, aunque gracias a sus padres ayudaba a quien podía esto no significaba que confiara en los demás, pero Matteus y Amelia cambiaron a Frans para siempre.

Matteus eventualmente terminó muriendo, pero antes de hacerlo dejó todo a Frans y Amelia quienes continuaron con su empresa, ayudando a tantos como les era posible.

Frans había aprendido que con el trabajo duro podía cambiar su vida y quería continuar esparciendo esa mentalidad, por lo que a pesar de ahora ser dueño continuaba trabajando en la mina junto con los demás.

Entre aquellas arduas horas de trabajo su motivación era Amelia, aquella pálida y delgada pero tierna y hermosa mujer de cabello negro y laceo con sus grandes ojos marrones que lo apoyaba de manera incondicional.

Pero en lo profundo de Amelia algo estaba mal, ella había heredado la salud de su padre, aunque no de manera tan severa.

Amelia siempre quiso un hijo, pero Frans tenía miedo, sabía lo que ello podría conllevar, de por si los embarazos y especialmente nacimientos tanto de ángeles como demonios eran complicados, las madres siempre se debilitaban bastante, las genéticas más fuertes y con mayor habilidad para la manipulación de energía ponen más en riesgo a la madre ya que sus cuerpos deben utilizar gran parte de la energía para formar y mantener al no nacido, ahora agregar todo lo anterior a la mala salud heredada a Amelia era un gran riesgo.

Frans y Amelia intentaron durante años, pero el cuerpo de Amelia no lograba soportar el no nacido y mantenerlo con vida mientras su salud se deterioraba por lo que mataba al no nacido antes de que la madre muriera, esto ocurría una y otra y otra vez, Frans quería rendirse, pero Amelia no, Frans decidió respetar esa decisión y continuar intentándolo.

Hasta que un día esa posibilidad finalmente ocurrió, Frans al oír las noticias corrió lo más rápido que pudo hasta la gran casa de la colina, irrumpió golpeando las puertas y se desplazó violentamente hasta la habitación donde Amelia había dado a luz, allí se encontraba en la bañera, rodeada de algunos sirvientes, su cuerpo débil y desnudo, su piel pálida y sus grandes ojeras sosteniendo a aquel recién nacido sobre el agua y sangre.

Frans se acercó y Amelia extendió sus brazos para que tomara al niño.

–Aquí está, aquí está Jean, nuestro hijo, nuestro futuro, agárralo fuerte, pero- pero gentilmente a la vez.

(dijo Amelia en un tono de voz bajo y cansado).

Frans tomó al niño y en el momento que lo tomó los brazos de Amelia cayeron salpicando el agua y sangre de la bañera, los sirvientes y médicos hicieron lo posible, pero Amelia había muerto, era casi como si hubiera luchado por mantenerse con vida hasta dar su hijo a Frans, darle aquella responsabilidad confiada de que lo protegería antes de poder morir, había logrado su sueño, pero a un gran costo.

Frans entre lágrimas tomó a su hijo, era un sentimiento amargo, era feliz, pero a la vez había perdido a la persona que más amaba, pero ahora tenia a alguien nuevo a quien amar y proteger, no decepcionaría la voluntad de Amelia y criaría a este hijo pera ser alguien honorable como lo fue su madre y como lo fue su abuelo, era la mejor forma de agradecer a quienes habían cambiado su vida.

Años después Frans continuaba trabajando en las minas, al terminar su turno decidió ir a lavar las herramientas el pequeño rio que cruzaba las montañas, pero por los soleados días de aquel mes este se encontraba bastante seco por lo que tuvo que caminar más hasta llegar a una zona con un poco más de agua, al llegar allí vio a una mujer desnuda de piel blanca, delgada, sus pechos sobresalían sobre el agua, su rostro era muy fino y elegante, miraba a la nada mientras se relajaba en el agua.

Esta mujer hizo un ligero movimiento de cabeza en dirección a Frans por lo que este creyó que lo había visto así que se giró y escondió tras un árbol.

–¡Lo siento no estaba mirando!

(dijo Frans).

–¡AAAA!

(gritó aquella mujer) ¿hay alguien ahí?, no lo sabía creí que estaba sola…

un momento ¡¿ESTABAS MIRANDO?!

(preguntó aquella mujer asustada).

–No, o sea venía a lavar unas herramientas, pero te vi, o sea te vi de lejos no es que me haya quedado mirando, pero justo volteaste a mirar entonces me asusté, o sea ya me voy, iré a otra parte del rio…

(dijo Frans).

–No, no es mi culpa en realidad creí que estaba completamente sola, no es como si fuera esto un baño público, ya me vestiré y me iré.

(dijo la mujer).

Aquella mujer se vistió y Frans se acercó al pequeño rio para lavar sus herramientas y sus manos, al acercarse vio aquellos profundos ojos azules muy claros tan característicos de los demonios.

–Es la primera vez que veo a un demonio en un contexto que no sea guerra.

(dijo Frans).

–Yo…

es la primera vez que hablo con un ángel, no me dejan salir de casa…

la verdad me acabo de escapar de casa.

(dijo aquella mujer).

–¿Por qué escapas de casa?

Si puedo preguntar claro….

(dijo Frans).

–Mi padre solo habla de trabajo, trabajo y trabajo, además…

quiere que aprenda como dirigir la compañía…

me aburro mucho en casa.

(dijo aquella mujer).

–Mmmm pero ¿Cuántos años tienes?

(preguntó Frans).

–Tengo 27, pero cumpliré 28 a finales de año.

(dijo aquella mujer).

–Eres lo suficientemente grande para tomar tus propias decisiones, o….

no me digas que ¿te encierran en casa?

(preguntó Frans).

–No…

no es que me encierren, solo que estoy obligada a estar allí, además no quiero decepcionar a mi padre.

(dijo aquella mujer).

–Pero aun así escapaste…

(dijo Frans acercándose un poco ya que estaba entrando en confianza) pero no por ello ya has decepcionado a tu padre, puedes hacerlo orgulloso sin necesidad de hacer exactamente lo que te diga, tal vez siempre lo escuchas sin decirle lo que realmente quieres, a veces los padres creemos saber lo que es mejor para nuestros hijos sin escucharlos primero.

(dijo Frans).

La cara de aquella mujer se iluminó como si hubiera escuchado lo que necesitaba.

–Espera un momento ¿creemos?

¿eres padre?

(preguntó aquella mujer).

–Si, tengo un pequeño de 8 años.

(dijo Frans).

–Oh, bien, volveré a casa antes de que a mi padre le dé un ataque de ira, adiós…

emmm ¿Cómo te llamas?

(preguntó aquella mujer).

–Mi nombre es Frans.

(dijo Frans).

–Mi nombre es Nina.

(respondió aquella mujer).

Nina se fue por el espeso bosque y caminó horas hasta encontrar a unos sirvientes buscándola que la llevaron a casa, su padre marco estaba histérico, pero ella por primera vez en su vida alzó su voz contra su padre.

–¡Dame espacio!

(gritó Nina).

–¿Qué?

Pero si tienes todo el espacio que necesitas.

(dijo Marco).

–No me refiero a eso, me refiero a que…

(dijo Nina un poco nerviosa) solo tengo clases de etiqueta, toda mi educación fue en casa, mis pocos amigos eran hijos de sirvientes que una vez crecieron me llaman señorita Viuttens.

Quieres que me relacione con la alta nobleza de pueblos cercanos y mantener una imagen determinada, pero…

dame espacio, quiero divertirme un poco…

relajarme, no creas que te decepcionaré o dejaré la familia, pero quiero un poco de libertad.

(dijo Nina).

–Finalmente hablas, siempre te quedabas callada cuando te decía algo.

(dijo Marco).

–Porque siempre hablas con un tono de autoridad.

(dijo Nina).

–Está bien, lo siento, tendrás que seguir atendiendo a las reuniones y aprender a manejar este negocio, pero te daré espacio…

solo no vuelvas a escapar así, eres demasiado preciada para mí.

(dijo Marco).

Nina corrió y abrazó a su padre agradeciéndole.

Días después Frans decidió volver a aquella parte del rio a ver si volvía a encontrarse a Nina, al ir nuevamente se la encontró, esta vez sentada a un lado del rio sobre el césped comiendo algunos snacks de una canasta y al ver a Frans lo llamó para que se acercara.

–¿Quieres?

(preguntó Nina).

–Uh, claro.

(dijo Frans).

Ambos comenzaron a comer y charlar allí, desde aquel día periódicamente algunos días a la semana se veían allí para descansar y hablar de lo que ocurría en sus vidas, Frans poco a poco comenzó como una vez ocurrió con Amelia a abrirse y hablar cada vez de manera más personal, se sentía cómodo junto a Nina.

Esto continuó durante meses, pero padre de Nina poco a poco volvió a sus métodos controladores, por lo que sin que ella lo supiera comenzó a mandar un sirviente a que la siguiera para saber que estaba ocurriendo.

–¿Me estás diciendo que mi hija se está viendo a escondidas con un ángel?

(preguntó Marco confundido).

–Si, así es señor, pero parece un buen tipo además parece que a ella le gusta.

(dijo el sirviente).

–Que basura estoy escuchando…

como sea, ¿Cómo dijiste que se llamaba el ángel este?

(preguntó Marco).

–Frans.

(dijo el sirviente).

–Hmph (suspiró Marco mientras dejaba escapar una sonrisa) Vete, ya tengo suficiente información.

(dijo Marco).

–Si señor.

(dijo el sirviente mientras salía de la habitación).

Nina no lo sabía, pero Marco tenía una alianza secreta con las disidencias, este odiaba a los Ángeles, era la misma historia de odio común entre habitantes que sufrieron en la guerra, durante la esta sus antepasados huyeron del conflicto y se establecieron en tierras independientes y poco a poco comenzaron desde cero hasta crear una gran empresa minera, Marco había heredado no solo su fortuna sino también aquel rechazo a los Ángeles, un rechazo que se intensifico aún más cuando su esposa murió a mano de “la purga”, su hija no conocía esto.

Marco era un gran empresario y conocía a sus contrincantes, al oír el nombre de Frans sabia de quien se trataba, del trabajador que había heredado la fortuna de Matteus, esta sería una gran oportunidad para poner finalmente en juego a su hija y dar un pequeño golpe a no solo una empresa contraria sino también a los ángeles.

Un día cualquiera antes de Nina salir de la casa habló con su padre haciendo unas preguntas un tanto extrañas.

–¿Cómo conociste a mamá?

(preguntó Nina).

–Oh, nunca me habías preguntado de estos temas…

verás la conocí en un viaje de negocios, era la asistente de uno de nuestros socios, simplemente comenzamos a hablar y poco a poco todo resultó.

(dijo Marco).

–¿Y cómo resultó todo?

o sea como…

¿Cómo empezó?

¿Cómo sabias que era la indicada?

(preguntó Nina).

–Simplemente lo sientes, lo sabes, es una sensación de lánzate e inténtalo, cuando lo hagas cruza los dedos que la otra persona piense igual a ti, si no, bueno al menos lo intentaste.

(dijo Marco).

–Gracias papá.

(dijo Nina mientras se iba).

Marco sabía exactamente lo que hizo, todo para alentar a su hija a iniciar una relación con Frans, para que todo saliera exactamente como lo estaba planeando.

Ese día Nina llena de valentía se confesó a Frans y de allí nació una hermosa relación, tanto que el pequeño Jean comenzó a llamarla mamá, por esta razón Frans decidió casarse con ella y durante la boda conoció a Marco.

–Oh, un placer que las cosas vayan como viento en popa, espero que cuides bien de mi hija Frans, y que desde ahora seamos grandes socios.

(dijo Marco).

–Claro señor Marco, gracias por confiar a su hija a mí, juro hacer todo lo posible para hacerla feliz.

(dijo Frans).

Nuevamente todo iba exactamente como lo planeaba Marco, la sonrisa en su rostro no era felicidad, era la picardía de sentir que todos eran más estúpidos que él, que estaban siendo parte de un juego de figuritas que manejaba a su antojo y que pronto todas las fichas caerán en posición.

Un par de años después, mientras Frans y Nina viajaban en auto hacia una reunión importante fueron atacados en medio de la carretera, el auto chocó, unos hombres en armadura que cubrían su rostro con cascos rompieron la puerta, tomaron a Frans y lo asesinaron, Nina solo podía ver en shock sin entender lo que estaba ocurriendo.

Nina cayó en una profunda depresión, solo se refugiaba en Jean, tratando de consolarlo, pero un día su padre la llamó a casa, decía que era urgente.

Nina no podía creer lo que estaba escuchando al llegar a casa y hablar con su padre.

–Como te dije, buen trabajo, todo salió como esperaba (dijo Marco con una gran sonrisa) ahora que eres la esposa solo hace falta matar al niño y todo quedará en tus manos.

Sabía que algún día todo esto valdría la pena y así fue, ahora necesito que continúes con la farsa un par de meses más mientras se reúnen y comienza el operativo, eso si no sale el niño antes y muere en el bosque por las patrullas alrededor de la colina.

(dijo Marco).

Nina fue astuta, le dolió todo lo que escuchaba, pero contuvo sus lágrimas y emociones en aquel momento para que su padre creyera que ella sabía todo y hacia parte de esto.

Nina no perdería a Jean, era todo lo que le quedaba de Frans y lo protegería, ese día más tarde cuando llegó a la gran casa de la colina se encerró a solas con María y dejó estallar su llanto mientras la abrazaba.

–María, mi padre siempre fue un manipulador, siempre me obligaba a hacer cosas que no quería, pero…

pero no lo imaginaba tan cruel.

(dijo Nina mientras lloraba).

–Tranquila, tienes que calmarte, tenemos que hacer algo.

(dijo María abrazando a Nina).

–Sí, tengo un plan, escúchame bien.

(dijo Nina mientras limpiaba sus lágrimas).

Desde allí Nina comenzó a aparentar y alejarse de Jean, si su padre tenía infiltrados en la casa el no sospecharía, además le dio una serie de ordenes especificas a María la cual cumplió al pie de la letra para así filtrar la información y pedir ayuda al Edén.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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