Conflicto Celestial - Capítulo 37
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Capítulo 37: 36. No hay otra opción
Adolf está finalmente feliz, su plan había funcionado a la perfección, Marlon Lasoreth y Jan Kiorges corren la voz, intentan esparcir la historia de como el hijo mayor de la familia Hantelius y su equipo habían derrotado a una anomalía 4.0 a su corta edad, pero las cosas nunca salen como ellos quieren, los demás miembros del equipo, indignados al oír estas historias comenzaron a esparcir la verdad.
Ellos debían su vida a Maximus, estaban vivos gracias a él y sentían la necesidad pagarle de alguna manera, cuentan la historia de como Maximus no solo derrotó a la anomalía, sino que lo hizo solo, esto emociona a los más jóvenes, lo ven como una épica historia que los inspira, poco a poco lo que los miembros fundadores más temían comenzó, una ola de cambio.
Los meses pasaban y eran cada vez más común en las escuelas tendencias de los más jóvenes a intentar aprender magia de fuego, a mejorar su forctis y hacerse muy fuertes, esto enfurece a los miembros fundadores, quienes de manera improvisada se reúnen ya que sienten la necesidad de hacer algo, esto no podía continuar así o según ellos traería la ruina del clan Masak.
En medio de un camino, lejos de todos, los cuatro miembros fundadores se encuentran para discutir urgentemente y tomar una ruta de acción, Jan es el primero en hablar, enfurecido por todo lo ocurrido.
–¡Esto no puede continuar así!, ¡EXPULSALO DEL CLAN! (dijo Jan con el ceño fruncido).
–No puedo hacerlo… Maximus no está relacionado por rama principal… (dijo Adolf titubeando sabiendo lo que eso significaba).
–¿Por quién está ligado a tu familia? (preguntó Marlon).
–Por su madre. (dijo Adolf).
–Expulsa a su madre. (dijo Jan).
–Ella… E- ella tiene un juramento de vida hacia mí. (dijo Adolf).
La cara tanto de Marlon como Devin cambia inmediatamente, entendiendo la situación, pero Jan se mantiene firme.
–Entonces mátala. (dijo Jan de forma tajante).
–Yo- yo no… yo. (tartamudeaba Adolf cuando fue interrumpido por Devin).
–¡¿QUE LOCURA ES ESTA?! (preguntó Devin molesto) Estamos hablando de una vida, si, Maximus es diferente, si, incluso a mí se me hace poco elegante y sin clase, pero es un prodigio, donde ustedes ven un error yo veo a un talento sin igual que durante su paso por la escuela arrasó con todos y a su tan corta edad ha derrotado una anomalía 4.0 por sí solo, pero para ustedes no es suficiente porque no encaja en su maldito modelo al punto de decir que… ¿Qué maten a su madre? ¡USTEDES SON UN PEDAZO DE BASURA! (dijo Devin molesto).
–¿Acaso te vas a poner de su lado? (preguntó Jan).
–Si, estoy del lado de Maximus. (dijo Devin de manera desafiante).
–Entonces también eres un traidor. (dijo Jan mandando la mano a el pomo de su espada en su cintura).
Devin hizo lo mismo con su espada a su espalda, pero Marlon inmediatamente intervino colocando su brazo evitando que Jan avanzara, quien lo miró y luego quitó su mano.
–Lo sé, sé que no puedo vencerte (dijo Jan molesto) pero esto no es una batalla de fuerza, sino de influencia, somos 3 familias fundadoras contra una, Adolf está con nosotros y es él quien decide hacerlo, no puedes hacer nada Devin. (dijo Jan de manera desafiante).
–Lo que suceda, está en manos de Adolf. (dijo Marlon tratando de mediar).
–Parece que no aprendieron nada de lo sucedido con Viktor hace años (dijo Devin decepcionado) piensa bien lo que vas a hacer Adolf, sus… sus tradiciones y honor les harán pagar muy caro nuevamente, deberían ser más inteligentes y… aprender de sus errores. (dijo Devin mientras se daba la vuelta y se iba del lugar).
Mientras Devin desaparecía en la distancia, decidieron todos separarse, pero Jan habló antes de irse.
–Bien, ya sabes que hacer Adolf. (dijo Jan).
Marlon todavía sorprendido al conocer la situación de la madre de Maximus habló.
–Haz lo que creas correcto Adolf. (dijo Marlon).
Conforme pasan los días Adolf se mantiene pensativo, le da vueltas al asunto y no está seguro sobre qué hacer, no puede creer que está en esta situación, él quien criticaba tanto a su padre, se estaba convirtiendo poco a poco en él, era como si tuviera un gran peso en los hombros que lo hundía lentamente.
Cuando era joven Adolf también criticó a su padre duramente, ya que este le imponía duras expectativas que no podía cumplir, nunca fue él más fuerte ni destacó por encima de nadie, pero su padre lo presionaba todo el tiempo ya que el sería el futuro líder de la familia Hantelius, el heredero, y debería aprender a comportarse como tal.
Adolf se esforzaba pero no era especial, intentaba distraerse con otras cosas ya que lo intentaba tanto, pero no lo lograba, que era mejor colocar su esfuerzo en otras cosas, disfrutar un poco más de su vida, o eso creía hasta que de un día para otro su padre había muerto, ocurrió mientras luchaba contra una anomalía en una misión, su padre quien nunca le dio la atención que él quería había muerto, además nunca conoció a su madre ya que esta había muerto al momento de su nacimiento, rápidamente fue abrumado con la difícil tarea que le llegaría.
Siendo el único heredero de la familia Hantelius los demás miembros lo hacen miembro oficial, él, quien había criticado tan duramente a su padre ahora no sabía a quién pedirle concejos sobre como ser un verdadero miembro, claramente el tratar de enfocarse en otras cosas y no en lo que su padre tanto intentó enseñarle ahora le pasaba factura, oía los murmullos de los demás miembros criticándolo porque a pesar de ser parte de una familia fundadora no se comportaba como tal.
Adolf poco a poco aprendió sobre las tradiciones de clan, el modelo a seguir, el honor que era ser un miembro del clan Masak y así, él, quien tanto critico a su padre, jurando no ser igual que él y brindarle el amor necesario a su hijo terminó siendo igual, al fin y al cabo, su vida también podría llegar a su final en cualquier momento, por lo que lo prepararía para ser un verdadero miembro y heredero de una de las familias fundadoras.
Para Adolf era una maldición, ellos no eran un ángel más que toma decisiones libres de cómo vivir su vida, ser parte de la familia implicaba un código, una conducta y forma de actuar, un modelo el cual seguir. Adolf era sensible a lo que oía, por lo que tenía que dar una imagen impecable ante otros miembros y familias fundadoras.
Conforme pasaban los días Adolf no podía tomar una decisión, no podía obligarse a hacerlo, pero entonces, empezó a llenarse de las excusas adecuadas, su hijo no podía brillar por culpa de Maximus, era criticado por los demás miembros por culpa de Maximus, su imagen decayó por culpa de Maximus y por último su amada Angelika, que le pertenecía desde aquel momento que salvó su vida ahora se había alejado por culpa de Maximus, así es, él era el culpable de todo.
Adolf espera el momento adecuado, cuando su hijo junto con Maximus y Emma están en una misión, Karla por su parte tampoco se encontraba en casa, era ahora o nunca, así que llama a Angelika para hablar en privado en su despacho, ella entra y él la mira, se mantiene en silencio unos segundos, en realidad tenía un nudo en la garganta, pero finalmente tomó el coraje para hablar.
–Angelika… ¿Qué harías por tu hijo? (preguntó Adolf).
–¿Por Maximus? Nuestro hijo querrás decir… yo haría todo por él. (dijo Angelika).
–¿Mi hijo? Esa cosa jamás será mi hijo… pero por respeto a ti, le daré el regalo de vivir, pero será lejos de Linterna. (dijo Adolf).
Los ojos de Angelika se abren y su rostro de miedo era inexplicable, ella sabía lo que Adolf intentaba decir.
–Te expulsaré de la familia para que Maximus también sea expulsado. (dijo Adolf).
Angelika se da la vuelta instintivamente e intenta correr, pero Adolf es más rápido, con una mano la toma del pelo y con la otra le cubre la boca, se acerca a su oído y le habla.
–¿Acaso no dijiste qué harías cualquier cosa por tu hijo? (preguntó Adolf).
–¿Por qué lo odias tanto? (dijo Angelika con lágrimas en sus ojos).
–Porque me ha quitado todo, ha arruinado mi imagen, la de mi hijo, la de mi familia y te alejó de mí. (dijo Adolf).
–Lo odias porque es mejor que tú. (dijo Angelika).
Adolf inmediatamente noquea a Angelika y la coloca en su hombro, abre la puerta y sale de allí, mientras baja las escaleras lentamente comienza a recordar como la conoció, hace treinta años durante una misión de reconocimiento, aquella triste sonrisa que vio en su rostro al ser atendido en un bar por tan hermosa mujer.
Su hermoso cabello castaño y resplandecientes ojos verdes, pero con una mirada de tristeza, su hermoso y esbelto cuerpo que se lograba apreciar sobre la ropa y delantal, él no era el único, varios de los visitantes del bar iban solo y exclusivamente para verla, intentaban llamar su atención, pero eran siempre ignorados.
Conforme pasan los días Adolf continua con su misión de reconocimiento en aquel pequeño pueblo y se encuentra a si mismo frecuentando cada día en las noches aquel bar con la esperanza de hablar con Angelika, pero siempre es ignorado, así que un día, antes de la hora de cierre del bar decide hacer su movimiento.
–¿Quieres venir conmigo? Vamos… salgamos un rato y demos un pequeño paseo. (dijo Adolf).
Angelika lo miró a los ojos por primera vez.
–No puedo, mi jefe no me lo permite. (dijo Angelika).
Adolf agarró su mano.
–¿Acaso es tu padre? No debería haber problema hablaré con él. (dijo Adolf).
El jefe del bar, un hombre delgado, de dos metros de estatura, cabello corto negro, barba y una gran nariz, con cejas pobladas y unos ojos marrones se acercó rápidamente y trató de apartar a Adolf.
–Le tengo que pedir que se retire señor. (dijo el dueño del bar).
–¿Es usted su padre? (preguntó Adolf) El bar ya está por cerrar así que el turno de ella ya debe estar por acabar, si no es su padre ella es libre de hacer lo que quiera. (dijo Adolf).
–No soy su padre, le repito, necesito que se retire de inmediato y la deje en paz. (dijo el dueño del bar).
–Ella puede hacer lo que quiera entonces, si no es su padre no puede decidir lo que ella haga o no. (dijo Adolf molesto).
Adolf era más alto y robusto que el dueño del bar, además portaba su armadura y espada por lo que podía intimidarlo, pero decidió tomar otra ruta.
–Me disculpo, si ella vive aquí la traeré de regreso pronto, si es porque ella debe recoger y organizar aquí yo entiendo que todo se trata al final de dinero (decía Adolf mientras sacaba una bolsa de sus bolsillos) mire tome esto, volveremos pronto. (dijo Adolf ofreciendo una gran cantidad de dinero).
El dueño del bar al ver todo ese dinero no pudo evitarlo.
–No tarden, ya que solo van a dar un paseo. (dijo el dueño del bar).
–Solo charlaremos un rato. (dijo Adolf).
Angelika y Adolf salieron de allí, comenzaron a caminar juntos, ella estaba sorprendida ya que nunca había visto tanta cantidad de dinero, aunque ya lo había notado, no era alguien de allí, por aquella armadura y capa tan elegante, junto con la espada, pero aun así al ver todo ese dinero no podía evitar un rostro de sorpresa.
–Entonces dime… ¿tu nombre era Angelika verdad? (preguntó Adolf).
–Si Angelika Lantech, ¿y el tuyo es…? (preguntó Angelika).
–Mi nombre es Adolf, tienes un lindo nombre, ¿el apellido es de tu padre? (respondió Adolf).
–No… era de mi madre. (dijo Angelika).
Adolf comienza cada noche a invitar a Angelika a salir y ofrece grandes cantidades de dinero al dueño del bar para poder continuar saliendo con ella para poco a poco ganarse su confianza, de esa manera día tras día se vuelve más cercano a ella, aunque aún no consigue indagar de manera personal su situación, es extraño como el dueño del bar parece tener un control sobre ella cuando solo trabaja allí, no es su padre ni un pariente y aun así la controla.
Durante una noche, alejados, junto a una pequeña laguna, junto con el reflejo de las lunas Adolf se arriesga y hace su movimiento, besa a Angelika quien perpleja se echa un poco para atrás, tímida y visiblemente apenada ante lo sucedido con su rostro enrojecido y alejando su mirada, Adolf cree que se adelantó mucho y se disculpa.
–¿Te incomodé? (preguntó Adolf).
–No… es solo que, no… no esperaba que hicieras eso. (respondió Angelika).
Adolf observaba a Angelika de arriba abajo, su largo cabello castaño y ese fino rostro con aquellos rosados labios, esos ojos verdes de mirada melancólica, su suave piel blanca, esa figura delgada y atractiva que le hacía imposible a Adolf apartar la mirada, aquella mujer era hermosa, despertaba en él sus instintos carnales, ella debía ser para él, nadie más podría tenerla.
–Eres probablemente la mujer más hermosa que he visto en mi vida. (dijo Adolf).
–Estas exagerando un poco… (dijo Angelika).
–Lo digo en serio… yo quiero, quiero conocerte más… (dijo Adolf).
–No creo que estes listo para conocerme. (dijo Angelika).
–Claro que sí, estoy listo para todo. (dijo Adolf).
–¿Eres fuerte? (preguntó Angelika mientras acercaba su rostro frente a Adolf).
–¿Fuerte? Claro que sí. (dijo Adolf)
–¿Podrías protegerme ante todo? (preguntó Angelika).
Adolf con el rostro de Angelika cerca, sintiendo su respiración y mirándola a los ojos, con su corazón latiendo cada vez más rápido respondió.
–Lo haré. (dijo Adolf).
Angelika comenzó a besar a Adolf, quien comenzó a desvestirla poco a poco, él sentía que iba a explotar en cualquier momento, que su corazón se detendría, sus impulsos carnales estaban disparados, conforme la desnudaba miraba su hermoso cuerpo, colocaba sus manos en sus pechos, no eran grandes, eran el tamaño justo, mientras bajaba miraba su figura, su pequeña cintura, Adolf había cedido completamente a sus deseos.
Conforme tenían sexo Adolf había olvidado todo, la misión e incluso las palabras de Angelika, no le importaba ser la cabeza de la familia Hantelius o su posición en el clan Masak, honor y tradiciones no significaba nada mientras caía en el placer, no era la primera vez que ocurría, una y otra vez le había sido infiel a su esposa, para él una cosa era la familia y otra sus deseos.
La noche continuó avanzando, ambos descansaban empapados en sudor recostados contra un árbol, ella con su cabeza apoyada en su pecho y Adolf mirando el reflejo de las lunas en la pequeña laguna, en un momento dado Angelika comienza a llorar, Adolf desconcertado la toma en sus brazos y le limpia sus lágrimas.
–¿Qué sucede? (preguntó Adolf).
–¿Eres fuerte verdad? (preguntó Angelika).
–Claro que sí. (dijo Adolf).
–Soy una esclava. (dijo Angelika).
–¿A qué te refieres? (preguntó Adolf).
–Mi padre… tenía una deuda muy grande con la familia Graug, los dueños del bar, así que pensó en entregarme como pago desde que era muy pequeña, mi madre estaba en contra así que la mató y luego me entregó y desapareció. (dijo Angelika).
–Vaya… emm lo siento mucho… ¿de cuánto es la deuda? Yo podría pa- (decía Adolf sorprendido cuando fue interrumpido por Angelika).
–Nunca podrás pagarla, llevo más de quince años trabajando allí y nunca he visto una moneda. (dijo Angelika).
–No lo entiendo, podemos preguntarle al dueño y-(decía Adolf cuando fue interrumpido nuevamente por Angelika).
–No, Jean, el dueño… sus padres le han pedido que por favor encuentre una buena mujer y se case, pero el solo me quiere a mí, siempre lo intenta, pero yo… yo no quiero, yo… quiero irme, he intentado escapar dos veces y me ha traído devuelta arrastrándome por el suelo, no importa la deuda, nunca seré libre. (dijo Angelika).
–Sabes… si yo fuera tú, lo mataría. (dijo Adolf).
–Pero yo no… no creo, no… (Decía Angelika titubeando sin saber cómo responder).
–Tranquila, encontraremos una forma de solucionar esto, pero yo te protegeré, confía en mí, informaremos a las autoridades del pueblo y todo se solucionará. (dijo Adolf).
–No Adolf, esto es un pequeño pueblo, las cosas no funcionan así, la familia Graug tiene influencia, ya lo he intentado, tengo que irme de aquí. (dijo Angelika).
–Bien, entonces encontraré otra manera. (dijo Adolf).
–Pfff (suspiró Angelika) ya debo irme, se hace tarde. (dijo Angelika).
Angelika se levantó y comenzó a vestirse, Adolf se quedó allí recostado contra el árbol mirando a la laguna, pensando en alguna manera de salvar a Angelika sin necesidad de recurrir a la violencia.
–¿Realmente me protegerías ante todo? (preguntó Angelika antes de irse).
–Claro que sí. (dijo Adolf).
–Hmph (suspiró Angelika) dime una linda mentira y me lo creeré. (dijo Angelika).
Adolf quedó sorprendido por la respuesta de Angelika, pero decidió no decir nada más mientas veía como esta se marchaba.
Angelika volvió al bar, al golpear la puerta Jean abrió de inmediato, al fin y al cabo, la estaba esperando, la atmosfera era tensa como siempre, un silencio incomodo que inundaba el lugar, Angelika se dirigió a la barra a tomar un poco de agua, Jean quien estaba sentado en una silla mirando desde la lejanía se levantó y se acercó.
–¿Sedienta? (preguntó Jean).
–Un poco. (dijo Angelika).
Jean rodeó la barra y se acercó a Angelika por la espalda, la rodeó con sus brazos, acercó una de sus manos a sus pechos y con la otra intentaba levantar su falda, todo mientras intentaba besarle el cuello, pero Angelika lo empujó hacia un lado, como siempre lo hacía, no soportaba a Jean, su sola presencia le daba asco.
–Oh, ya veo, otra vez… (dijo Jean).
–Te lo he dicho varias veces. (dijo Angelika).
–Bien, conmigo no, pero con un extraño que lleva unos días acá, ¿sí? (preguntó Jean).
–Tú… tú has… (decía Angelika girándose asustada y con voz temblorosa cuando fue interrumpida por Jean).
–Si, ¿creíste que te iba a dejar ir y ya? Solo lo hice porque ese tipo es rico, me ha dado demasiado dinero, pero obviamente los iba a vigilar. (dijo Jean).
–¿Y cuál es el problema? (preguntó Angelika de manera desafiante).
–Eres una perra. (dijo Jean).
–Estoy soltera, no tengo pareja ni nada. (dijo Angelika).
–¿Por qué yo no? (preguntó Jean) Estoy harto de esperar, mi familia me presiona, pero yo solo te quiero a ti, ¿y vas y me haces eso? Es que- ¡Es que!, ¿no entiendes el daño que me haces? (dijo Jean Molesto).
–¿Daño? El daño que me hacen ustedes, soy una esclava aquí, si realmente te importo deberías dejarme ir y- (decía Angelika cuando fue interrumpida por Jean).
–¡Estoy harto! (gritó Jean mientras empujaba a Angelika tirándola al suelo) Tanto tiempo respetándote y vas a hacer eso con ese maldito, le diré a las autoridades que lo echen del pueblo y si no quiere que lo encarcelen. (dijo Jean molesto).
Varios utensilios y vasos cayeron al suelo junto con Angelika, ella rodeada de pedazos de vidrio roto comenzó a asustarse por la actitud de Jean así que intentó razonar con él.
–Vamos Jean… cálmate, tú- (decía Angelika cuando fue interrumpida).
Jean se tiró sobre ella y comenzó a ahorcarla con una mano.
–Estoy harto de tratarte bien… ¿dejarte ir?, jamás, si eres una esclava entonces te trataré como tal, ahora obedece a tu señor, nunca te iras de aquí, eres mía, serás la madre de mis hijos, eres mía, eres mía, ¡ERES MIA! (gritó Jean).
Mientras Jean gritaba molesto, forcejeaba con Angelika, este comenzó a romper sus ropajes y se bajaba el pantalón. Angelika estaba asustada y su mente comenzaba a nublarse, pero recordó a Adolf quien le dijo que lo matará, ella no tenía el valor para hacerlo, siempre lo había pensado, pero no podía forzarse a matarlo, pero en esta situación, a punto de ser violada, no era momento de pensar en trivialidades morales.
Angelika tomó uno de los vidrios rotos, lo apretó con fuerza cortándose su mano, pero logrando sostenerlo firme y con todas sus fuerzas lo clavó en el cuello de Jean, la sangre comenzó a brotar por montones y Angelika aprovechó el momento para escabullirse y colocarse de pie, pero el corte no fue lo suficientemente profundo, Jean se levantó molesto y tomó una toalla de la barra e hizo presión en el corte.
Ambos se miraron unos segundos en silencio, Angelika se dio la vuelta, abrió la puerta y comenzó a correr tan rápido como pudo, sin mirar atrás y con su respiración agitada, sintiendo que se desmayaría en cualquier momento continuó, sin rumbo, pero sin parar, debía huir, necesitaba ayuda, necesitaba a Adolf, pero no sabía dónde estaba así que solo continuó corriendo.
Adolf quien se había quedado descansado recostado en el árbol se había vestido e iba rumbo a la habitación que tenía alquilada para dormir, pero a lo lejos, entre los árboles, vio una figura femenina, al enfocar su mirada logró ver a Angelika, corriendo, asustada, así que corrió hacia ella rápidamente y cuando la alcanzó la tomó de un brazo, esta se giró y lo golpeó asustada tratando de soltarse.
–¡Déjame en paz maldito! (gritó Angelika).
Adolf veía como su vestido estaba roto, uno de sus pechos estaba al aire, su falda había sido rasgada, su ropa y rostro estaba salpicado con sangre, su mano cortada y su cuello con marcas.
–Soy yo Adolf. (dijo Adolf).
Angelika lo miró y se detuvo, de inmediato cayó al suelo en sus rodillas y comenzó a llorar.
–Ayúdame. (dijo Angelika).
–¿Qué sucedió? (preguntó Adolf).
–Yo… solo me defendí… el intentó, pero solo me defendí, pero no pu- no pude matarlo. (dijo Angelika).
–Tranquila respira un poco. (dijo Adolf).
–Vienen por mí, me matarán. (dijo Angelika).
–No, no permitiré que eso pase. (dijo Adolf).
–Tu- tu dijiste que eras fuerte, que me protegerías… ahora hazlo. (dijo Angelika).
–Escúchame bien, mi nombre es Adolf Hantelius, soy parte de una importante familia dentro de un importante clan… para salvarte, para salvar tu vida, tienes que dármela a mí, ser parte de mi familia, a cambio te protegeré siempre. (dijo Adolf).
–No… no lo entiendo, yo… darte mi vida no se si- (decía Angelika cuando de fondo, a la lejanía se escucharon unos gritos y se veían unas pequeñas luces).
–Atrápenla. (se escuchó a lo lejos).
Muy en la lejanía, entre los árboles se veían algunas figuras que con linternas de aceite se acercaban poco a poco.
–No hay tiempo Angelika… dame tu vida y yo te protegeré para siempre. (dijo Adolf).
Angelika, asustada sin comprender del todo lo que Adolf decía no tuvo tiempo para dudar ya que las figuras se acercaban poco a poco, ella no quería morir, como le había dicho a Adolf cerca de la laguna, no le importaban si eran lindas mentiras, pero se las creería, con tal de que su vida fuera diferente a lo que había sido con Jean, tal vez Adolf mentía, pero sonaba mucho mejor que lo vivido hasta ahora.
–Está bien… acepto, mi vida es tuya. (dijo Angelika).
Adolf tomó la mano derecha de Angelika y como si colocara un anilló en su dedo anular recitó unas palabras.
–Tú, que estas delante de mí, ahora eres parte de la familia Hantelius, tu vida pertenece a la familia Hantelius, hasta el último de tus días me pertenece a mí y solo a mí, soy yo quien decide cuándo y cómo acabará. (dijo Adolf).
Angelika luego repitió las palabras que Adolf le pidió que dijera.
–Desde ahora mi vida te pertenece, mi pasado no importa, mi presente y futuro está en tus manos hasta que la muerte decida que no será así. (dijo Angelika).
Al decir estas palabras una marca en forma de anilló apareció en el dedo anular de Angelika y de inmediato sintió una pequeña punzada en su corazón, aunque no tuvo tiempo para procesar lo ocurrido porque aquellas figuras en la lejanía se habían acercado lo suficiente y ante ellos, aparecieron Jean junto con otros cuatro hombres, con ligeras armaduras, con linternas de aceite en una mano y una espada en la otra.
–¿Tú otra vez? Vete de aquí hijo de puta, quita tus manos de mi mujer. (dijo Jean).
Adolf, quien estaba de espaldas, se levantó y giró hacia ellos.
–Escucha bien, estoy seguro que esto es un gran mal entendido, tal vez podamos solucionar de otra manera. (dijo Adolf).
–No estoy negociando y no necesito más de tu estúpido dinero de hombre rico, vete del pueblo en este instante o serás apresado. (dijo Jean).
–Si me tengo que ir del pueblo tendré que llevarme a Angelika, pues ella ahora me pertenece a mí. (dijo Adolf).
–¿Qué te pertenece? No me hagas reír. (dijo Jean).
–Así es, ella acaba de hacer un pacto de vida conmigo, por ello su vida me pertenece y no puedo dejar que tomen lo que me pertenece. (dijo Adolf).
–¿Pacto de vida? ¿Qué basura estás hablando?, última advertencia, vete de aquí. (dijo Jean).
–Es un pacto donde ella me entrega su vida, a mí y a la familia Hantelius. (dijo Adolf mientras mandaba su mano a la empuñadura de su espada en su cintura).
–Ahora nos amenazas… ¿crees que tus acciones no tienen consecuencias rico estúpido? (dijo Jean).
Adolf desenvainó su espada en su cintura.
–Son ustedes los que no conocen las consecuencias, están tratando de tomar a alguien que ahora pertenece al clan Masak. (dijo Adolf).
–¿Clan Masak?, si claro, ¿Qué haría el prestigioso clan Masak por aquí en este pueblo?, basta de estupideces, mátenlo. (dijo Jean).
Los hombres comenzaron a avanzar, Angelika quien seguía en el suelo, cerró inmediatamente los ojos, asustada de lo que podría pasar, comenzó a oír el choque del metal de las espadas, las armaduras rompiéndose y el sonido de la sangre siendo esparcida por el lugar, un par de gritos y luego un silencio, solo habían sido unos segundos, pero al no oír nada más abrió los ojos solo para ver a todos los hombres junto con Jean muertos en el suelo, algunos sin cabeza, otros atravesados por su vientre, era una imagen horrible a la vista.
Angelika al ver esto miró rápidamente a Adolf, en ese momento entendió que realmente era alguien fuerte, que tal vez era esa persona que la protegería para siempre, que tal vez entregarle su vida fue la mejor decisión que pudo tomar, que no tendría que sufrir nunca más y así, abrumada por sus emociones Angelika comenzó a llorar, Adolf sacudió su espada hacia un lado para retirar la sangre, la envainó, se giró y abrazo a Angelika.
Angelika no tenía por qué hacer un pacto de vida, no era necesario para hacer parte de la familia Hantelius o unirse al clan, originalmente este pacto lo utilizaban los fundadores del clan con los capturados de guerra, a cambio de perdonarles la vida ellos debían servirles para siempre. El pacto funcionaba de tal manera que, si durante un par de semanas el sirviente no estaba cerca de su amo, su corazón se detendría, si intentaban romper el sello, su corazón también se detendría, pero Adolf en ese instante al ver a Angelika vio la oportunidad de tenerla para siempre, nunca se iría de su lado.
Días después Adolf vuelve a Linterna junto a Angelika, mientras caminan hacia la casa de la familia Hantelius Angelika observa las construcciones y casas de madera y piedra rodeadas de naturaleza, todo a su alrededor era increíblemente elegante, lleno de pequeños detalles y adornos, notaba como si un aire prestigioso inundara todo.
–Angelika, tu vida ahora será la de una sirvienta de la familia Hantelius, pero ya verás como será mucho mejor de lo que has vivido hasta ahora, además yo te protegeré, siempre te protegeré. (dijo Adolf).
Después de caminar un tiempo llegaron a la casa de la familia Hantelius, Angelika se quedó apreciando, sus paredes blancas y bordes adornados con rocas, aquellas grandes vigas de madera que sostenían el gran techo que cubría la casa, tenía la apariencia elegante y simplista que el hogar de una familia importante debería tener.
Conforme entraban a la casa eran recibidos por los demás sirvientes, Angelika miraba por los laterales los grandes campos y bosques que rodeaban el lugar, estaba maravillada, pero toda esa emoción desapareció cuando ante ellos apareció una mujer de un largo y liso cabello negro, unos carnosos labios rojos y nariz respingada, su hermosa y esbelta silueta se veía a través de aquel vestido negro que contrastaba con su blanca piel, ella con sus ojos marrones miró directamente a Adolf cuando lo vio entrar y corrió hacia él, besándolo, Angelika se quedó paralizada en ese instante.
–Te presento a Karla, mi esposa. (dijo Adolf).
Angelika estaba perpleja, no sabía que decir en ese instante, pero quedó claro para ella, no era más que un juguete, una propiedad con la cual divertirse y sacarle un poco de utilidad, tal vez fue muy ingenuo de ella creer que ahora viviría una vida de ensueño como una pareja feliz junto a Adolf, tal vez las cosas no serían tan diferentes después de todo, rápidamente su rostro se tornó un poco triste, pero trató de ocultarlo tan bien como pudo.
Adolf notó como Angelika se quedó en silencio.
–Emmm ella es Angelika, es una nueva sirvienta y miembro de la familia. (dijo Adolf).
Karla se percató de que la marca de la familia estaba en su dedo anular.
–Tiene un pacto de vida. (dijo Karla).
Adolf apartó a Karla hacia un lado y le explicó, una falsa historia de como la conoció, como ella intentó matar a sus captores y él la encontró y salvó antes de que algo malo sucediera, de cuan agradecida estaba y como juró darle su vida a él, por lo que sin más remedio decidió hacer un pacto de vida, a cambio de su vida, él la protegería para siempre.
Karla un poco confundida decidió no darle muchas vueltas al asunto, al ver el triste rostro de Angelika se sintió con la necesidad de alegrarla, así que se acercó a Angelika y le ofreció darle un tour por la casa, mientras esto ocurría conversaban y se conocían un poco, de esta manera Angelika se dio cuenta de cómo Karla era una gran mujer, con un gran corazón.
Los días pasaban y Angelika quien estaba triste pensando que su vida seria miserable otra vez fue cambiando poco a poco de parecer, los demás sirvientes eran amables con ella, además Karla la tomó bajo su ala como su sirvienta personal, era un favoritismo, dado del pésame que sintió al escuchar la historia contada de Adolf, de cómo había sufrido.
Angelika pasaba sus días en la casa de la familia Hantelius, trabajando y generando una estrecha relación de amistad con Karla, en las noches volvía a la cabaña donde dormía, una pequeña pero acogedora cabaña en los terrenos de los alrededores de la casa de la familia Hantelius, ocasionalmente y cuando se encontraba a solas Adolf la visitaba y tenían sexo.
La culpa que sentía la molestaba y se lo hacía saber a Adolf ya que sentía como traicionaba a su amiga, pero al fin y al cabo era su juguete personal, aunque también se sentía querida, la atención que le daba Adolf le hacía olvidar un poco su soledad, y así, en este ciclo de trabajo, amistad y placer pasaba sus días en Linterna.
Angelika abrió sus ojos, estaba siendo cargada por Adolf en su hombro, iba a ser ejecutada, estaban avanzado por el oscuro y solitario pasillo hacia la parte trasera de la casa, era de noche y entraba un poco de la luz de la luna por los laterales.
–¿Siempre fui un juguete? (preguntó Angelika).
–No sé a qué te refieres. (dijo Adolf).
–No te hagas el desentendido ahora. (dijo Angelika).
Hubo un silencio unos segundos y Angelika rompió en llanto.
–Yo no quiero morir. (dijo Angelika mientras sollozaba).
–No hay otra opción. (dijo Adolf).
–Claro que la hay, pero tú… decidiste ser igual, tenías la oportunidad de ser diferente y decidiste ser igual. (dijo Angelika mientras sollozaba).
–No sé de qué hablas. (dijo Adolf).
–Karla me ha contado mucho de ti… (dijo Angelika recordando sus conversaciones con Karla) como eras diferente, a pesar de que tu padre te criara con… esas estúpidas tradiciones, pero aun así tratabas de ser diferente… fue cuando tu padre murió que terminaste siendo igual (dijo Angelika molesta).
–Eso es algo que tú nunca entenderás. (dijo Adolf).
–Entiendo lo suficiente (dijo Angelika de inmediato) lo suficiente como para ver como tus códigos, tradiciones y estúpido honor no te permiten ver que Maximus es- es el hijo que siempre quisiste tener, alguien más fuerte que los demás, que resalta por encima del resto… incluso sigue los verdaderos propósitos del clan Masak. Maximus me contó como protegió y salvó una anomalía mientras Luka solo pensaba en matarlas. (dijo Angelika molesta).
–¡Cállate! (dijo Adolf molesto).
–Eres demasiado orgulloso para aceptarlo y demasiado cobarde para revelarte contra el clan por tu hijo. (dijo Angelika de forma tajante).
–Maximus no es mi hijo y no representa el clan. (dijo Adolf molesto).
–Niégalo todo lo que quieras, pero es tu hijo, si no fuera así lo habrías matado hace mucho, pero yo sé que le diste palabras de ánimo, diciéndole incluso que podría llegar a ser un miembro. (dijo Angelika).
–Estas creando historias en tu cabeza. (dijo Adolf).
–¿Sabes Adolf?, el momento en el que por primera vez en mi miserable vida sentí lo que es la verdadera felicidad fue cuando (decía Angelika cuando comenzó a llorar) fue- fue cuando sostuve a Maximus en mis brazos por primera vez, jamás olvidaré como tu rostro también rebozaba de alegría en ese momento… si tan solo las cosas hubieran sido diferentes, en otras circunstancias y de otras maneras, sé que podríamos haber sido felices juntos… tal vez… tal vez en otra vida. (dijo Angelika llorando).
–Lo siento. (dijo Adolf mientras mantenía su rostro lo más inexpresivo posible).
–Por favor, por el cariño que dices tenerme o que tuviste hacia mí, o por el poco amor que haya en tu corazón hacia Maximus prométeme dos cosas, protege siempre a Maximus no importa que tan lejos esté y haz que mi muerte sea indolora. (dijo Angelika llorando).
–Lo juro por mi apellido Hantelius. (dijo Adolf).
Adolf llega junto a Angelika a la parte trasera de la casa, donde los sirvientes están reunidos, varios de ellos en lágrimas, allí había un pequeño altar de madera y bastantes velas encendidas alrededor, Adolf coloca a Angelika de rodillas sobre una alfombra blanca y ata sus manos tras su espalda con un sello, varios sirvientes intentan hablar, pero Adolf grita molesto pidiendo silencio y desenvaina su espada.
–El clan Masak ha decidido la expulsión de Maximus por manchar innumerables veces el nombre y tradiciones de este clan, por lo tanto, Angelika será ejecutada ya que este está relacionado a la familia por ella. (dijo Adolf).
Los sirvientes imploran que no lo haga, pero sus peticiones son recibidas con silencio, Adolf se ve visiblemente incomodo, su rostro comienza a sudar y sus manos a temblar mientras sostiene su espada en alto, en ese momento Karla había llegado a casa, al ver lo solitaria que esta la casas y el bullicio que se escucha tras esta decide ir a investigar.
–¿Algunas últimas palabras? (preguntó Adolf).
–Ten cuidado, tus tradiciones podrían destruirte a ti y a tu familia. (dijo Angelika de forma calmada mientras lagrimas corrían por sus mejillas).
Karla sale del pasillo y ve lo que esta apunto de acontecer.
–¡NO LO HAGAS ADOLF! (gritó Karla).
Adolf, tembloroso, cierra sus ojos y blande su espada, de un solo movimiento corta la cabeza de Angelika, inmediatamente se escuchan los gritos de los sirvientes y el llanto de Karla, Adolf sacude su espada para quitar la sangre y la envaina, en todo momento sin mirar el cadáver, se gira y va por Karla hacia el pasillo.
–Quemen el cadáver. (dijo Adolf antes de irse).
Al llegar al pasillo toma a Karla del brazo quien está llorando desconsoladamente y la lleva hasta su despacho, cierra la puerta, la sienta en una silla y él se sienta igualmente, la habitación esta oscura y solo entra la luz de la luna por las ventanas, Karla llora desconsoladamente mientras Adolf se mantiene en silencio mirando al suelo, y de la nada, decide contarle todo a Karla, toda la verdad.
Karla, con lágrimas en sus mejillas oye el relato de Adolf, la verdad de como conoció a Angelika, como le fue infiel durante todos estos años, el pacto de vida y como en realidad Maximus era su hijo, para Adolf era una forma de quitarse un gran peso que llevaba cargando en sus hombros durante mucho tiempo, necesitaba desahogarse y esta fue su manera de hacerlo, Karla estaba perpleja.
Adolf terminó de contarlo todo, hubo un silencio de unos segundos antes de que Karla se levantara rápidamente y se acercara a él, inmediatamente y sin mediar palabra lo abofeteó, Adolf no reaccionó, no dijo nada, Karla nuevamente lo abofeteo una y otra vez y luego cayó de rodillas en lágrimas.
–¿Ese es tu honor? ¿Esas son las tradiciones? ¿Está en tus estúpidos códigos serle infiel a tu esposa? ¿Está en tus putos códigos jugar con la vida de los demás? (preguntó Karla molesta mientras lloraba).
Adolf no responde, continua con la cabeza abajo mirando al suelo.
–¿Acaso ella siempre fue un juguete? La historia que ella me había contado era completamente diferente… agradecida de como la salvaste… ¡Eres un manipulador! (gritó Karla) Nunca la ayudaste de buena fe, como un hombre honorable, no… solo la usaste… ¿acaso no te das cuenta? Acabas de quitarle su madre a Maximus. (dijo Angelika llorando).
Adolf se mantuvo en silencio un par de segundos más y de la nada se derrumbó también, comenzó a llorar desconsoladamente.
–Jamás lo entenderías… desde que papá murió todo el peso descansa sobre mis hombros, la familia… ¡La familia no puede quedar debajo de las demás! (gritó Adolf mientras lloraba) Ya no hay vuelta atrás, lo poco que puedo hacer por Maximus es… una vez se vaya de Linterna apoyarlo desde lejos, vigilarlo desde la lejanía, que nunca le falte nada y que pueda vivir de manera pacífica. (dijo Adolf mientras se secaba las lágrimas).
–¿Qué importa lo que piensen los demás? (preguntó Karla sollozando).
–Si tan solo… si tan solo no fuera un cobarde… yo- ojalá las cosas hubieran sido diferentes. (dijo Adolf).
Adolf y Karla fueron interrumpidos cuando alguien llamó a la puerta.
–Mi señor, su hijo ha regresado de la misión. (dijo uno de los sirvientes detrás de la puerta).
Adolf se levantó, abrió la puerta y fue hacia la sala a recibir a su hijo quien se encontraba junto a Maximus y Emma.
–¡Padre! ¿puedes creerlo? (preguntó Luka molesto) No paran de hablar de Maximus, mis compañeros de equipo lo escuchan más a él que a mí, yo soy el líder, esto no pu- (decía Luka cuando fue ignorado por su padre quien se acercó a Maximus).
–Maximus, has sido expulsado de la familia, debes retirarte de Linterna. (dijo Adolf).
Emma quedó sorprendida al oír esto, mientras que Luka sonreía de alegría.
–¡Finalmente padre! (dijo Luka).
–Sabía que esto podría pasar, pero nunca creí que recurrieran a una manera tan cobarde para quitarme del camino… Está bien, iré por mis cosas a la cabaña y me iré con mamá. (dijo Maximus).
Maximus comenzó a avanzar por el pasillo, pero Adolf lo tomó del brazo.
–Eso no será necesario. (dijo Adolf).
Inmediatamente del pasillo salió Karla, quien corriendo se lanzó a los brazos de Maximus y lo abrazó fuertemente mientras lloraba de manera desgarradora.
–Lo siento, lo siento mucho Maximus, las cosas… las cosas no deberían haber sido de esta manera. (dijo Karla llorando).
Maximus extrañado por esto comenzó a preocuparse, su corazón se aceleró mientras escuchaba ruido tras la casa, escuchaba llantos y lamentos, entre la oscuridad y la poca luz de la luna que entraba por lo laterales podía ver lo que parecía fuego, Maximus apartó a Karla y comenzó a correr, Adolf fue tras él, quien una vez salió del pasillo y llegó a la parte trasera de la casa veía como los sirvientes lloraban y estaban rodeando un montón de fuego, al ver a Maximus estos se apartaron.
Lo que Maximus vio en ese momento, la horrible imagen frente a él, lo perseguirá en sus pesadillas durante toda su vida, Maximus se acercó y cayó de rodillas, ante él, se encontraba el cadáver de su madre, decapitado, ligeramente chamuscado, su cabeza puesta un poco en frente, envuelta en llamas, Maximus gritó, dejó escapar un grito desgarrador que se escuchó por toda la casa hasta los caminos fuera de esta, que resonó por los campos y los bosques.
–Debes marcharte Maximus. (dijo Adolf).
Maximus abrumado por sus emociones, sentía que iba a explotar en ese instante, quería llorar, pero en su mente solo se había un pensamiento, debía matar a Adolf. Maximus giró su cabeza y miró a Adolf, quien inmediatamente se llenó de miedo, al ver una mirada vacía pero llena de odio en el rostro de Maximus, era la mirada de alguien preparado para matar.
–No había otra opción Maximus. (dijo Adolf con voz temblorosa).
Adolf mandó su mano a la empuñadura de su espada en su cintura, sabía lo que iba a ocurrir, pero antes de siquiera poder desenvainar su espada Maximus se lanzó hacia él, fue un solo movimiento, tan rápido que los demás no fueron capaces de percibir lo que ocurrió, Maximus había tomado a Adolf del cuello y salieron disparados por el aire, atravesando paredes y techo de la casa, mientras se encontraban en el aire Maximus apretaba fuertemente la nuca de Adolf mientras con su otra mano lo golpeaba en el rostro repetidamente, Adolf desesperadamente empuja con sus piernas el pecho de Maximus y ambos caen en direcciones diferentes en medio del camino.
Adolf se estampó fuertemente contra la pared de una de las casas cerca al camino, los habitantes y transeúntes gritan asustados, este se levanta y sale hacia el camino solo para encontrarse con Maximus allí de pie a unos veinte metros, su presencia era aterradora, sin mediar palabra este lanza una gran bola de fuego hacia Adolf quien finalmente desenvaina su espada y con el movimiento de esta lanza una ola de agua que choca con el fuego haciéndola explotar a medio camino.
Tras esta gran explosión apareció Maximus quien corría a toda velocidad hacia Adolf. Maximus estaba desarmado y lanzaba fuertes golpes con sus puños, Adolf comenzó a esquivar, la fuerza de aquellos golpes era tal que tras estos se generaba una corriente de aire que hacía temblar las puertas de las casas alrededor, los presentes que miraban desde la lejanía estaban asustados, Adolf mientras esquivaba vio una oportunidad de contraatacar y lanzó un corte descendente con su espada pero Maximus detuvo la hoja con su mano, apretando con fuerza sin respetar el filo de esta, y con su otra mano lanzó un puñetazo hacia el abdomen de Adolf.
El golpe fue contundente, Adolf salió disparado hacia atrás chochando contra una pared, al recibir el impacto sintió como todo su cuerpo vibraba, le costaba respirar, inmediatamente vomitó sangre, sus órganos internos destruidos. Maximus sin darle un momento a Adolf intentó correr hacia el pero su pie derecho estaba atascado, al mirar al suelo notó como su pierna derecha se encontraba atrapada con hielo en el suelo y al levantar la mirada Adolf se había abalanzado sobre él, lanzando un ataque ascendente con su espada que generó un profundo corte en su abdomen atravesando su débil armadura y lanzándolo varios metros por el aire.
Adolf miró hacia arriba y en ese instante, mientras Maximus giraba por los aires se recompuso y levantó su mano derecha con su palma abierta y en el aire se creó una gran espada de fuego, Maximus lanzó el ataque de inmediato, Adolf notó como tras él había transeúntes asustados, entonces pisó fuertemente con su pie derecho creando una gran barrera de hielo tras él y trató de bloquear el ataque con su espada.
Se generó una gran explosión, de entre aquella nube de humo y polvo salió Adolf visiblemente herido, con quemaduras en su cuerpo, pero quienes estaban tras el parecían estar a salvo, Maximus se iba a lanzar sobre Adolf cuando desde su espalda una espada atravesó su vientre, era Luka quien ya había llegado a la escena.
Maximus reaccionó inmediatamente lanzando un codazo hacia atrás rompiendo la nariz de Luka haciendo que este pierda agarre en su espada, luego se giró lanzando un fuerte puñetazo hacia su abdomen dañando su armadura y lanzándolo varios metros hacia atrás, luego tomó la espada y la sacó de su vientre.
Con espada en mano Maximus se lanzó hacia Adolf quien había hecho lo mismo, chocaron repetidamente sus espadas, pero Adolf notaba como la técnica de Maximus era muy errática y violenta, su espada de rompería, así que durante el intercambio Adolf vio la oportunidad y atacó de forma descendente rompiendo la espada de Maximus y de inmediato de forma punzante atravesó el vientre de Maximus nuevamente, pero este con su espada rota apuñaló el costado izquierdo de Adolf.
Pero Maximus no se detuvo allí y mientras enterraba profundamente la espada rota con su otra mano tomó la otra mitad de la hoja que se encontraba en el aire apretándola con fuerza y cortándose, sin mediar palabra atacando como su fuera una daga hacia el rostro de Adolf, pero antes de lograr conectar entre ellos se interpuso Emma, esto por un segundo desconcentró a Maximus quien se detuvo al verla para no hacerle daño.
Aunque fue una ventana de tiempo muy corta el herido Adolf aprovechó el instante y con su mano izquierda tomó el rostro de Maximus cubriendo su boca y nariz y comenzó a emanar agua de esta para ahogar a Maximus quien reaccionó de inmediato y con la hoja rota en su mano apuñaló el cuello de Adolf, pero no fue lo suficientemente profundo, era como su una fuerza lo detuviera y al mirar a su izquierda se encontraba Luka deteniendo su brazo.
Maximus utilizaba toda su fuerza y poco a poco comenzaba a clavar la hoja más profundo, pero perdía fuerza mientras comenzaba ahogarse y perder el conocimiento, mientras su mirada se volvía más borrosa e intentaba acabar con Adolf un par de lágrimas corrieron por su mejilla, Maximus se había desmayado.
Maximus cayó inconsciente en el suelo, Adolf agotado y visiblemente herido cayó arrodillado, tras el corriendo llegaron dos miembros semioficiales alertados por la escena, los gritos y las voces de ayuda los guiaron hasta allí. Emma y Luka ayudaron a su padre a levantarse, este quitó la espada rota de su costado y miró a Maximus unos segundos quien comenzó a toser y escupir el agua, pero seguía inconsciente, así que se acercó, quitó la espada del vientre de Maximus y lo giró para colocarle un sello que ate sus manos.
–Ustedes dos (dijo Adolf a los semioficiales) sáquenlo de linterna rápidamente, el sello no durará mucho. (dijo Adolf).
–Si señor. (respondieron los semioficiales al tiempo).
–¿lo vas a dejar vivir padre? (preguntó Luka enojado).
–Eso no es de tu incumbencia. (dijo Adolf).
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