Conflicto Celestial - Capítulo 47
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Capítulo 47: 46. Rey sin propósito
Frigidumpf es un frio reino costero al oeste del paraíso que durante su historia ha sufrido varias transformaciones, hace mucho tiempo eran pueblos de pescadores que vivián del mar en las frías y difíciles condiciones climáticas, pero con el avance de la tecnología y descubrimiento de metales y maquinas a vapor fueron, durante un tiempo, la cúspide de la innovación.
Aunque los humanos comenzaban a dejar atrás estas máquinas para Marka era novedoso y desde los 1900 exportaban tecnología a todo el Edén, sus creaciones eran la vanguardia y amasaron una gran cantidad de riqueza que según historias se encuentra almacenada en una bóveda y es la que aun a día de hoy mantiene al reino relevante.
La revelación de los “dioses” a los humanos en 1985 cambió para siempre a Marka la cual se ha modernizado poco a poco con su tecnología, dejando atrás a Frigidumpf pues sus máquinas e innovación se han quedado en el pasado, si no fuera por la riqueza que se dice está almacenada en la bóveda el reino se habría ido a pique hace mucho.
Otto Haneman mide 1.93 metros de estatura, es un hombre blanco y pálido pues en su reino poco da el sol por sus condiciones climáticas, es un lugar frio y nuboso, gris. Otto tiene un cabello negro bastante oscuro dividido en el centro y peinado hacia sus lados, tiene vello en su barbilla, sus ojos marrones son bastante oscuros, su mandíbula es bastante marcada pues es un hombre delgado.
Desde su habitación en el palacio Keltas, Otto observa su reino, en pantaloncillos y con un blanco buso, recién despertado, se reclina en su balcón y admira la capital, una fría ciudad opaca, llena de tuberías, altas edificaciones que terminan en cupulas, solo ve colores grises y amarillos, colores metálicos como el cobre y bronce. En el cielo se pueden ver aún zepelines que, aunque anticuados, atraen turistas. Otto se siente atrapado en el palacio, no tiene interés en ser rey, a sus 35 años “lidera” el reino, pero desde hace 20 años que fue nombrado por la muerte de sus padres siente que su vida carece de un propósito, tiene todos los lujos posibles pues es de la realeza, pero todo esto no le genera nada.
De repente alguien irrumpe en la habitación de Otto, es Leo Haneman, su tío, un hombre de 1.90 de estatura, su cabello castaño es un poco largo y llega hasta sus hombros, este lo peina hacia atrás y se marcan un poco sus entradas, su rostro es bastante tosco y masculino, marcado, su mirada es penetrante y su ceño que parece siempre fruncido no parce encajar con sus ojos verdes. Leo viste un traje bastante elegante, de un azul oscuro, con corbata, sombrero y bufanda, su ropa está adornada con bastantes cadenas y pequeños adornos colgantes típicos de los habitantes de la capital, pero mucho más valioso pues era de la realeza.
Otto quita sus manos de la baranda del balcón y se gira, tras él está Leo quien mira la habitación admirándola como siempre, pues está llena de valiosos regalos de otros reinos o familias importantes, aunque está un poco sucia y desordenada ya que Otto había despedido a la anterior sirvienta hace unas semanas.
–Hay nuevas candidatas Otto, esta tarde tendrás una reunión con la siguiente. (dijo Leo).
–Pfff (suspiró Otto quejándose) Sabes que estoy harto tío Leo. (dijo Otto).
–¿Cuántas veces hemos tenido está conversación que cada vez es más frecuente? (preguntó Leo con un tono molesto) Eres un desconsiderado con tu pueblo, este reino se está desplomando, tal vez por vivir en la capital no lo notas, pero los distritos y las periferias sufren económicamente, eso se refleja en su calidad de vida. (dijo Leo molesto).
–Lo se tío, pero yo- (decía Otto cuando fue interrumpido por Leo).
–¡Necesitas conexiones!, tienes que casarte con una familia poderosa de reinos cercanos, necesitamos alianzas. (dijo Leo).
–Sabes que he tenido “reuniones” con varias candidatas, pero… pero yo quiero encontrar el amor verdadero… no casarme solo por “alianzas”. (dijo Leo).
–Sabes que eso son estupideces. Esta tarde tendrás otra reunión y punto. (dijo Leo).
Leo se da la vuelta y comienza a caminar hacia la puerta, Otto lo ve alejarse, Leo sale por la puerta y coloca la mano en la manilla y cierra. Otto ve la puerta cerrada en silencio cuando esta se vuelve a abrir de repente, era Leo otra ves que desde el pasillo habla.
–Olvide decirlo, tu nueva sirvienta está aquí, la dejaré entrar para que organice este lugar. (dijo Leo)
Leo se va, Otto desde el otro extremo de la habitación ve como por la puerta entra una mujer de 1.82 metros de estatura, esta cierra la puerta, su cabello es de un castaño bastante claro, tiene unos brillantes ojos azules, su piel es blanca y pálida como la mayoría de habitantes del reino, tiene algunas pecas. Otto la observa fijamente como si la estuviera juzgando, esta parece un poco nerviosa, su cabello es un poco ondulado y está recogido en la parte de atrás, tiene flequillo en su frente y dos mechones que caen por los laterales de su cara.
Cuidadosamente y cabizbaja esta mujer da unos pasos al frente, con una actitud al parecer tímida, viste el traje que todas las sirvientas tienen en el palacio, un negro vestido de falda media, acinturado y ajustado, de magas cortas y cuello apretado, con algunos detalles blancos en sus extremos y con un moño blanco atado en su cintura en la parte de atrás, tiene unos negros zapatos en rampla y unas transparentosas medias veladas negras en sus piernas.
–Levanta tu rostro, ¿Cuál es tu nombre?. (preguntó Otto).
Aquella mujer levanta su rostro, tiene unas facciones delicadas, sus labios son pálidos, algunas pecas que se concentran principalmente bajo sus ojos le dan un toque único, Otto piensa que tiene un rostro atractivo y ve una cicatriz horizontal en su nariz, como si hubiera sufrido un corte, algo que claramente algunos pensarían que dañaría su belleza, pero para Otto es lo contrario, esto le da personalidad a su rostro.
–Mi nombre es Liorela. (dijo Liorela).
Otto mira el cuerpo de Liorela, parece delgada, sus pechos son medianos, pero fijándose bien, en sus piernas y brazos tiene un poco de musculo.
–¿De dónde vienes? (preguntó Otto).
–De las periferias señor, del campo.
Para Otto esto tiene sentido, el trabajo del campo ha formado su cuerpo. Liorela es la cuarta sirvienta en lo que va del año.
–Si me disculpa voy a comenzar a limpiar, el señor Leo me ha pedido que ordene su cuarto. (dijo Liorela).
–Adelante. (dijo Otto).
Liorela toma un plumero, comienza a limpiar la habitación de Otto, uno a uno limpia los objetos que hay allí, es una gran habitación llena de lo que parecen ser objetos muy valiosos, vasijas, adornos de piedras preciosas, cuadros en las paredes, todo lo esperable del cuarto de un rey. Liorela toma un monóculo y Otto se sienta en su cama observándola.
–¿Qué es esto? (pregunta Liorela).
–Eso es un monóculo. (dijo Otto).
–¿Un qué? (preguntó Liorela confundida).
–Un monóculo… es como las gafas, pero solo un lente, se usa para leer… bueno en este caso es solo un accesorio. (dijo Otto).
–¿Pero de donde se sostiene? O sea… las gafas son sostenidas por tus orejas… ¿Acaso esto flota o qué? (preguntó Liorela).
Otto sonrió un poco, le gusta la curiosidad de Liorela.
–Bueno, lo sostienes con tu mano para leer, se supo- (decía Otto cuando fue interrumpido por Liorela).
–Qué cosa más impráctica entonces, es mejor usar unas gafas y ya. (dijo Liorela).
–Jajaja (rió Otto) Bueno eso es cierto, pero era usado como accesorio… es decir tener un monóculo muy valioso da estatus, pues sabes que- (decía Otto cuando fue interrumpido nuevamente).
–¡Ridículo!, no lo entiendo, que estatus ni que estupideces, además nosotros no sufrimos mucho de la vista, No somos humanos ¿sabes?. (dijo Liorela).
–Aunque tarde bastantes años en deteriorarse tu vista puede pasar… o de nacimiento puedes tener una vista deficiente, además- (decía Otto cuando fue interrumpido una vez más).
–Bueno y si tuviera una vista deficiente no compraría estas cosas, me compraría unas gafas, además seguro que me vería más linda con unas gafas que con esto. (dijo Liorela girándose y sosteniendo el monóculo en su ojo).
Otto miró a Liorela, esta lo observaba a través del monóculo.
–Bueno…. Si, te verías mejor con unas gafas. (dijo Otto).
–Lo ves… definitivamente estas cosas que… (decía Liorela sin parar de hablar).
Otto había dejado de prestar atención a Liorela, esta no se callaba, además lo había interrumpido tres veces, esto jamás le había pasado con otra sirvienta.
–Esa forma de hablar (pensó Otto mirando a Liorela quien no paraba de hablar) Definitivamente es de las periferias, de algún pueblo… su falta de modales… (pensaba Otto cuando se llevó sus manos a la cara rápidamente) ¿Qué estoy diciendo?. Esta forma de juzgarla, error mío, maldita educación en la realeza… debo eliminar estos pensamientos de mala fe… al contrario, ¡Ella no se calla!… ¡Ella me interrumpe como si fuera alguien más!, esto es… ¡Fantástico!. (pensó Otto).
Otto quitó sus manos de su cara y continuó mirando a Liorela, quien todo este tiempo había estado hablando, pero él no le prestó atención. Otto había tenido otras tres sirvientas este año y otras muchas más en años anteriores, todas las despedía por el mismo motivo, se comportaban como objetos, como maniquíes, solo hablaban para preguntar cosas como “¿Quiere el señor algo más?”, si limitaban a responder si o no, parecían no tener una opinión propia, estaban vacías, pero esta mujer, es demasiado directa, esta mujer dice lo que piensa y parece no callarse… eso le gusta a Otto.
Liorela continúa limpiando mientras habla y por accidente deja caer una vasija, la cual se rompe.
–Lo siento mucho señor Otto. (dijo Liorela agachándose a recoger los pedazos).
Visiblemente asustada y nerviosa Liorela recoge los pedazos uno a uno, su actitud directa había desaparecido, estaba cabizbaja asustada pues en su primer día de trabajo había roto algo muy valioso, asustada no es capaz de mirar al frente, pero de repente mientras extiende su mano para recoger un fragmento Otto le toma la mano.
–Lo siento mucho señor Otto, de verdad, no se cuánto valga esto, pero lo pagaré yo- (decía Liorela cuando Otto le hala su mano para levantarla).
–Levanta la mirada Liorela, además te pido, deja de llamarme señor Otto y ni pienses en decirme amo, solo dime Otto, te doy el permiso de hacerlo, es más quiero que me llames Otto. (dijo Otto).
Liorela levanta su mirada, Otto la ve de cerca, definitivamente esta mujer es hermosa, muchos dirían lo contrario al ver la cicatriz, pero esta mujer para Otto, es hermosa.
–Pero eso vale bastante seño- eso vale bastante, Otto. (dijo Liorela).
–Solo vale dinero, son regalos vacíos con intención de ganarme, me da igual. (dijo Otto).
Otto suela la mano de Liorela y se acerca al balcón.
–Deja los fragmentos ahí, ven aquí. (dijo Otto).
–Pero el señor Leo- (decía Liorela cuando fue interrumpida por Otto).
–Me da igual lo que diga mi tío. (dijo Otto).
Liorela deja los fragmentos sobre una mesa y comienza a acercarse a Otto cuando este de repente se gira y extiende la palma de su mano en señal de que se detenga.
–¡Espera! (dijo Otto).
De repente Liorela se queda quieta, confundida.
–Te estoy dando órdenes, como un… maniquí, si ordenes, soy un idiota. (dijo Otto).
–Pero si soy su sirvienta debo seguir órdenes. (dijo Liorela).
–Eso es lo que no quiero, una simple sirvienta, no debo ordenarte, debo saber que quieres. Elige, ¿Quieres limpiar o quieres venir a admirar un poco la ciudad desde el balcón? (preguntó Otto).
–Pues… limpiar es mi trabajo así que… (dijo Liorela).
–¿Qué quieres decir? (preguntó Otto).
–Pues que… limpiar es mi trabajo y no quiero hacerlo… preferiría admirar la ciudad que trabajar obviamente. (dijo Liorela).
Otto miró a Liorela a los ojos y sonrió, cualquier sirvienta seria despedida por decir que prefiere hacer otra cosa que no sea su trabajo, esta mujer es demasiado directa, dice lo que piensa incluso sin importarle las consecuencias… eso le gusta a Otto.
–Si… tampoco me gusta mi trabajo. (dijo Otto).
Liorela se acerca a Otto y se reclina sobre el balcón, juntos admiran la ciudad. Liorela ve los grandes edificios que terminan en cúpula, las tuberías y vapor saliendo de las casas, los zepelines surcando los cielos y se sorprende.
–Esto es tan diferente a mi pueblo, allá no hay estas cosas. (dijo Liorela).
–Si, pero… aun así, esto se está quedando atrás, la tecnología de los humanos es más avanzada. (dijo Otto).
–Eso he oído, pero… aun así la capital tiene su encanto, es como… ¿Un museo? Aunque nunca he estado en uno, pero si como un museo. (dijo Liorela).
–¿Nunca has estado en un museo? (preguntó Otto).
–No… pero lo he imaginado varias veces en mi cabeza, los museos son como… (dijo Liorela, comenzando otra vez a hablar sin parar).
Otto escuchaba, aunque divagaba mientras admiraba la capital, Liorela no puede callarse, una vez comienza no se detiene, eso a Otto le gusta.
–Y por eso las- (decía Liorela cuando recuerda algo) Oh es cierto, después de ordenar la habitación debía ir a ayudar en otras cosas del palacio. Lo siento Otto, no terminé de ordenar tu habitación, pero volveré más tarde… o mañana, o dame un momento debo- (decía Liorela cuando fue interrumpida por Otto).
–No hay problema, puedes irte. (dijo Otto).
Liorela rápidamente corrió por la habitación hasta la puerta, tomó la manija y abrió, se giró y despidió de Otto con un gesto, luego salió por la puerta y la cerró fuertemente. Al oír el sonido de la puerta cerrándose Otto despertó, estaba en otro lugar completamente diferente al palacio, estaba soñando otra vez, soñando con Liorela.
En una habitación casi vacía, solo con una cama, armario y un televisor, con una sola ventana que da vista a la calle, Otto se levanta, bosteza y estira sus brazos, luego mira a la pared en silencio unos segundos. Otto sale a un pasillo, avanza por este hasta llegar a las duchas, toma un baño y vuelve a la habitación, mientras regresa escucha a la gente de los pisos de abajo bebiendo y charlando.
Otto se arregla, se viste, se coloca un sombrero, una bufanda y gafas, no quiere que se vea su rostro, sale de la habitación, avanza por el pasillo una vez más, pero en dirección contraria, llega a unas escaleras y desciende por ellas, al bajar está en una gran habitación, con mesas, la gente come y bebe incluso temprano en la mañana, aunque no está tan abarrotado el lugar como en las noches, Otto está en una taberna.
Lo primero que hace en la mañana es saludar al dueño de la taberna con un gesto, este le devuelve el saludo y Otto se sienta junto a la barra.
–¿Lo de siempre señor Toro? (preguntó el dueño de la taberna).
–Exactamente, lo de siempre. (dijo Otto).
Lo primero que hace Otto en la mañana es beber cerveza junto a su comida, no debería hacerlo, es más, a Otto no le gusta el sabor de la cerveza, prefiere el sabor de licores más refinados, pero puede hacerlo porque ahora Otto es libre, puede beber o comer lo que quiera cuando quiera, definitivamente tiene la libertad para hacer lo que quiera. Otto termina de comer, paga y se despide con un gesto nuevamente, sale de la taberna, inhala profundamente y luego exhala despacio.
–Otro día más para hacer lo que me plazca, porque soy libre. (dijo Otto en voz alta).
En el paraíso, en la academia se encontraban Anne, Lauren y Boris, quienes desde su última misión no habían tomado otra, haber participado en una misión relacionada con las disidencias los había dejado con ganas de más, por su actuación en una misión nivel cinco fueron promovidos a nivel dos inmediatamente, pero esto no era suficiente para ellos, pues las misiones relacionadas a las disidencias solo estaban disponibles para niveles cinco o superior.
Anne y compañía no han perdido el tiempo, se han dedicado a su entrenamiento, sienten que deben ser más fuertes, no toman misiones nivel uno o dos, son demasiado simples para ellos, escoltar algún cargamento o alguien de no mucha importancia les parecía una pérdida de tiempo, querían poner a prueba sus habilidades, aunque seguían siendo novatos, e ilusos.
En un edificio, específicamente en el de los dormitorios, en el primer piso que era el comedor, durante el desayuno, Lauren, Anne y Boris se reúnen para comer y hablar una vez más.
–¿Entonces que hay de nuevo? (pregunta Boris).
–Si, ilumínanos subcapitana Lauren por favor. (dijo Boris).
–Esta vez es sobre Frigidumpf, ¿Conocen este reino? (preguntó Lauren).
–Sí, el que queda al oeste del Paraíso, el anticuado que no se ha modernizado. (dijo Anne mientras comía).
–Pues parece que el Paraíso ha iniciado una investigación. (dijo Lauren).
–¿Por los ataques de las disidencias? He oído que ya no los atacan desde hace un tiempo. (dijo Boris).
–Si, desde que han comenzado las investigaciones se han detenido. (dijo Lauren).
–Extraño… pero ¿A dónde quieres llegar?. (preguntó Boris).
–Desde hace ya casi un año, Frigidumpf ha recibido constantes ataques por parte de las disidencias, pero solo en las periferias, mueren algunos habitantes y después… no ocurre nada, ¿Cuál es el propósito de estos ataques? (preguntó Lauren) Pues parece que se les acusa de aprovecharse de esto para recibir bonos de ayuda por parte del Edén, recibiendo grandes cantidades de dinero. (dijo Lauren).
–OHHH (Suspiraron Anne y Boris mirándose el uno al otro) ¿Entonces hay alguna misión? (preguntaron Anne y Boris al unisonó).
–No… o sea si hay, pero… nivel cinco o superior. (dijo Lauren).
Anne y Boris chasquearon en señal de molestia, el grupo terminó de comer.
–Maestra Sophie, ¿Hay alguna posibilidad de ser asignados a algún grupo relacionado con lo de Frigidumpf?. (preguntó Lauren acompañada de Anne y Boris quienes habían ido al despacho de su maestra).
Incluso después de haberse graduado el grupo recurría una vez más a su maestra por concejos.
–No. (respondió Sophie de manera cortante).
–Pero es que- (decía Anne cuando fue interrumpida por Sophie).
–No y punto, les advierto chicos, no deben saltarse pasos, todo a su tiempo. ¿Quieren ser nivel cinco? Esfuércense por ello, paso a paso. (dijo Sophie).
–Pero las misiones nivel uno y dos son demasiado simples necesitamos más. (dijo Boris).
–Oí que en tu tiempo las cosas no eran así. (dijo Anne).
–En mi tiempo… (dijo Sophie divagando un poco mientras recordaba el pasado) En nuestra época las cosas eran diferentes, estábamos en guerra, algo que ustedes no han vivido. Rápidamente se avanzaba de nivel o incluso éramos graduados con niveles superiores porque el Edén necesitaba legionarios, necesitaba armas, éramos niños enviados a una guerra. (dijo Sophie).
Mientras tanto en Frigidumpf Otto disfruta de su libertad, camina por las calles de la ciudad, observa los alrededores de lo que una vez fue su reino, lo que observaba desde el balcón de su habitación en el palacio Keltas, ahora es libre, sin responsabilidades, es capaz incluso de divagar sin rumbo. Otto se dirige a la costa de la capital, toma un tranvía, intenta dormir en el camino, pero no puede, por lo que desde la ventana mira los alrededores, un reino atascado en el pasado, nostálgico de una pequeña época de gloria donde era la cúspide de la innovación.
El reino se niega a utilizar la tecnología humana, solo se ven algunos antiguos autos a vapor en las calles, los celulares son extraños para sus habitantes. Incluso reinos cercanos o pequeños territorios se han actualizado, pero no Frigidumpf, lo único que mantiene este reino importante es su prometida “bóveda de tesoros”.
Otto baja del tranvía, está en la costa, paga y sube a un ferry para observar a los Urfren. El ferry parte y recostado en la baranda Otto observa estas creaturas nadar, se parecen a un lobo marino, pero tienen una aleta dorsal y dos cuernos amarillentos que salen de sus cabezas se juntan al frente casi tocándose desde donde lanzan pequeñas pero veloces ondas de energía que impactan con pequeñas creaturas como peces dejándolos inmóviles y aturdidos.
Todos aquellos en el ferry escuchan desde la bocina como el guía habla datos sobre estas creaturas, una niña visiblemente aburrida junto a Otto bosteza.
–Esto es aburrido. (dijo aquella niña mirando recostada en la baranda).
–¿Aburrido? (preguntó Otto).
–Si… no es la primera vez que estoy acá, siempre dicen lo mismo. (dijo aquella niña).
–Yo conozco un dato que nunca dicen. (dijo Otto).
–A ver, ¿Cuál es? (preguntó aquella niña).
–Los Urfren son creaturas solitarias, pero una vez encuentran una pareja es para toda la vida, si uno de los dos muere, el otro no puede vivir solo y se hunde sin salir a la superficie por aire hasta morir. (dijo Otto).
–¿Qué?, ¿Quién te dijo eso? (preguntó aquella niña).
–Alguien especial hace un tiempo. (dijo Otto).
–Mmm… eso es bastante trágico. (dijo aquella niña).
–¿Trágico? A mí me parece romántico. (dijo Otto).
–No, no, no romántico, solo trágico. (dijo aquella niña).
El viaje en Ferry termina, Otto baja y sale del pequeño puerto, caminando junto a la costa ve a un vendedor de pinchos de Urfren, compra uno y se lo come mientras camina de vuelta hacia un tranvía para volver al centro de la capital. En la noche la taberna está a rebosar, todos beben y comen, disfrutan de lo que sea que estén pasando en la televisión o conversan entre ellos, el dueño de la taberna ve a el señor “Toro” entrar.
Otto se sienta junto a la barra, a beber y comer un poco entre aquella multitud. En la televisión están pasando las noticias sobre el reino, se da nuevamente un reporte de la investigación del Paraíso sobre el caso por el cual se investiga a Leo Haneman, actual rey de Frigidumpf. Las declaraciones de Leo son las mismas de siempre, según él, el paraíso está buscando una manera de no ayudar al reino ante los ataques de las disidencias.
El dueño de la taberna quien sirvió la comida a Otto está junto a la barra y viendo el reporte de las noticias habla.
–¿Y usted que piensa señor Toro? (pregunta el dueño de la taberna).
–¿De qué? (pregunta Otto mientras come).
–De todo esto… de las disidencias, las investigaciones, ¿No es todo extraño?. (pregunta el dueño de la taberna).
–Yo no tengo ni idea, lo mejor es esperar a que avancen las investigaciones del Paraíso. (dijo Otto).
–Mmm, mira cómo se viste ese tipo y entra de nuevo al palacio, que cantidad absurda de dinero ha de tener. (dijo el dueño de la Taberna viendo la televisión) Imagina ser el rey y ser culpable de lo que se le acusa, dejar morir a su gente por dinero, eso me pesaría en la consciencia. (dijo el dueño de la taberna).
Otto se queda quieto un momento ante lo que acaba de escuchar, para de masticar, de beber, no mueve ni un centímetro más su cuchara, mira el plato de comida en silencio unos segundos.
–¿Y si mueren unos pocos, pero se beneficia todo el reino? (pregunta Otto).
–No, yo no podría hacerlo. (dijo el dueño de la taberna).
–Mmm, tienes moral. (dijo Otto volviendo a comer).
–Claro que sí, ¿Acaso no todos tenemos moral? Sabemos que está bien o mal (dijo el dueño de la taberna con un tono serio). Aunque, con todos los lujos que viven los de la realeza, no se detienen a pensar en su moral, solo disfrutan de una cantidad de riqueza que no podríamos ni imaginar, es más, esa tal “bóveda” debe estar vacía, ya se la han gastado en excesos… incluso hasta yo con tanto dinero caería en excesos… ¿No te parece?, ¿No querías ser rey también? (preguntó el dueño de la taberna).
–No. (respondió Otto).
–¿Qué?, ¿En serio? (preguntó el dueño de la taberna) ¿Quién no querría ser rey? Comida exquisita, lujos… sobre todo no hay preocupaciones de si llegaras a final de mes, más en un reino como este que se está hundiendo, la tranquilidad es importante. No lo entiendo… ¿Por qué no querrías ser rey?. (pregunta el dueño de la taberna).
–Porque sería una vida aburrida y vacía, sin propósito, todos quienes se te acerquen no ven a la persona, ven el dinero y poder. (dijo Otto).
–Pero ¿Qué más da? Si lo tendrías todo… (dijo el dueño de la taberna).
–No tendrías nada (dijo Otto apretando fuertemente su cuchara) no tendrías conexiones genuinas con los demás, todos tendrían una máscara y un teatro preparado para actuar como creen que más te gustaría… Todos en nuestra vida buscamos un propósito por el cual vivir, dinero y excesos solo te distraerán temporalmente pero cuando estas distracciones se acaban veras que no tienes nada, que estas vacío, sin ese propósito, sin ganas de seguir adelante… (dijo Otto).
–¿Entonces cuál es tu propósito? (preguntó el dueño de la taberna).
Otto deja escapar una pequeña sonrisa.
–El amor, encontrar el amor. (dijo Otto).
–¿El amor señor Toro? Si fuera rey tendría a todas las mujeres que quisiera, esas mujeres con las que un pobre trabajador solo sueña, hermosas, elegantes, perfectas. Creo que me ahogaría en sexo hasta morir. (dijo el dueño de la taberna).
–¿Perfectas? (pregunta Otto mirando a la nada) Tan extrañamente perfectas y arregladas que parece falso, como muñecas hechas para el mejor postor… ¿Sexo? Caer en la lujuria es otra droga que cuando su efecto termina estas vacío porque comprendes que esa conexión no fue genuina, nada ha de comprarse al sexo entre dos personas que realmente se aman, incluso solo un beso con el amor de tu vida no se compara a nada más… nada se compara a amar de verdad. (dijo Otto con cierta nostalgia).
–No sabía que era usted un romántico señor Toro. (dijo el dueño de la taberna).
–Lo soy. (dijo Otto terminando de comer).
–Espero entonces que algún día encuentre el amor su vida como dice… es más, hasta a mí me dieron ganas de encontrar el amor con sus palabras. (dijo el dueño de la taberna).
Otto termina de comer, se levanta de la barra y se despide del dueño de la taberna, avanza entre la multitud de gente, un poco nostálgico por la conversación que acaba de tener llega a las escaleras y las sube. Otto está un poco cabizbajo, llega al piso de su habitación y avanza por el pasillo hasta la puerta, con la llave la abre, entra a esta vacía y solitaria habitación y cierra.
Acercándose a la ventana Otto Observa las calles y las luces de las edificaciones en la capital, mira a la nada un rato, luego se cambia quedando solo en pantaloncillos para irse a dormir, se sienta primero en la cama mirando al suelo, pensativo, pero decide no darle más vueltas al asunto y se acuesta, cierra fuertemente sus ojos para intentar dormir.
Otto no puede dormir, abre sus ojos molesto y se sienta nuevamente en el borde de la cama, mueve su pie ansioso recordando lo que le dijo el dueño de la taberna, que le pesaría en la consciencia lo que ocurre si el fuera rey.
–¿Me pesaría en la consciencia? (se preguntó Otto) Claro que me pensaría en la consciencia… dejar morir a los habitantes… por dinero. (pensó Otto).
Otto se tira a la cama con sus brazos abiertos.
–¿A dónde voy con tanta moralidad ahora? (se preguntó Otto) solo me preocupaba por mi felicidad, era egoísta, no me importaba el reino… yo… ¡YO!, no quería ser rey, yo quería un propósito, encontrar la felicidad. ¡NO ME IMPORTA SER EGOISTA!. Pero jamás mate a nadie, ¡JAMAS DEJARIA MORIR A NADIE COMO ÉL!. (pensó Otto molesto).
Después de dar vueltas en su cama Otto finalmente logra conciliar el sueño.
Otto se encuentra en su lujosa habitación en el palacio Keltas, recostado en la baranda admirando la ciudad, mientras Liorela que ya lleva un par de semanas limpia su habitación nuevamente, esto es solo una excusa, él disfruta la compañía y conversaciones, de esta atrevida mujer que dice lo que piensa, sin tapujos.
–¿Soy egoísta Liorela? (pregunta Otto).
–¿A qué te refieres? (pregunta Liorela).
–Pfff (suspira Otto) por pensar en mi felicidad y no preocuparme por el reino. (dijo Otto).
–Pues eres el rey… pero como siempre dices, no quieres serlo. (dijo Liorela).
–Si… soy egoísta. (dijo Otto).
–Pero todos… todos, absolutamente todos pensamos en nuestra felicidad, incluso siendo egoístas. (dijo Liorela parando de limpiar) Incluso yo, estoy trabajando aquí por dinero, dejé a mi familia y vine a la capital a buscar un trabajo para ahorrar lo suficiente para finalmente terminar de pagar la casa en la que viven. (dijo Liorela).
–Eso no es ser egoísta, es ser bast- (decía Otto cuando fue interrumpido por Liorela).
–Quiero terminar de pagar la casa en la que viven para que ellos puedan vivir del campo, y así irme lejos, quiero dinero para olvidarme de mi familia y disfrutar de mi vida, yo también soy egoísta, todos lo somos. (dijo Liorela).
Otto mira los azules ojos de esta mujer, su flequillo y mechones en sus laterales, sus pecas, esa cicatriz que a él le parece tan hermosa y que da personalidad. Otto sonríe un poco mirándola, podría darle el dinero para que ella pague la casa de sus padres y así irse, pero él será egoísta, comparadas a las sirvientas anteriores no quiere perder a esta de su lado, es la única con quien disfruta su tiempo en el palacio.
–Te subiré el suelo Liorela. (dijo Otto).
Liorela abre sus ojos sorprendida.
–No, no, Otto lo que te conté no es para que tengas pesar por mi situación o nada yo- (decía Liorela cuando fue interrumpida por Otto).
–Seré egoísta, podría darte el dinero suficiente y que te vayas, pero te subiré el sueldo para que pases un poco más de tiempo aquí en el palacio, porque disfruto de tu compañía. (dijo Otto).
–¿Desde cuándo interrumpes a alguien cuando está hablando? (preguntó Liorela).
–Lo aprendí de ti, para poder decir lo que siento en el momento. (dijo Otto).
–Jajaja, no tienes que aprender mis malos modales también. (dijo Liorela).
Otto ve a Liorela reír, esta mujer es hermosa, tiene algo que las demás no tienen. Liorela es llamada a otra parte del palacio y debe irse, esta avanza por la habitación, coloca su mano en la manija y la gira, abre la puerta, sale y antes de salir mientras cierra la puerta asoma su cabeza.
–Yo también disfruto de tu compañía Otto. (dijo Liorela).
Liorela se va y el sonido de la puerta resuena en los oídos de Otto quien despierta al instante, agitado y sentándose de inmediato con sus manos extendidas al frente intentando alcanzar algo, mira a su alrededor y está en la habitación en el piso superior de la taberna. Otto se toca su rostro con sus manos como si tratara de saber si es real este momento o no.
–Es cierto… yo ahora soy libre, soy libre. (dijo Otto en voz baja).
Tal cual, como el día anterior, Otto se levanta, sale de su habitación y se dirige a las duchas al final del pasillo, vuelve, se arregla con ropa que tapa gran parte de su rostro, sale y baja las escaleras. Otto come y bebe a primera hora del día y sale de la taberna, camina por las calles mirando a su alrededor y tratando de apreciar cada momento.
Otto camina por las calles hasta detenerse frente a la estación de zepelines de la ciudad, un transporte anticuado pero turístico, que aun a pesar de todo sigue siendo útil. Otto entra a la estación, compra un tiquete, se sienta y mira el tiquete en silencio, está listo para irse. Otto se dirige hasta el pasillo de abordaje por el cual avanza lentamente, camina dando un paso y luego el siguiente, ¿el pasillo se hace eterno?, ¿o es él quien no quiere avanzar?.
En medio del pasillo Otto se detiene, no continúa avanzando, se dirige a un lateral y desde las ventanas ve a la gente subir a los zepelines, hasta el último de ellos y luego, el zepelín parte, Otto lo ve lentamente alejarse en el cielo, luego vuelve por el pasillo, mira el tiquete en silencio un par de segundos antes de romperlo y tirarlo a la basura. En medio de la estación Otto se queda quieto mirando el suelo.
Otto sale de la estación y levanta una mirada una vez más.
–Yo soy libre, ¡Soy libre!. (se dice Otto a si mismo).
El día continua, Otto se sienta en un banco en el parque, ve a los niños correr y jugar, los habitantes paseando a sus mascotas, otros como él están sentados admirando su alrededor. Otto ve a las parejas, caminar de la mano, sonriéndose el uno al otro, besándose… Otto las envidia así que decide irse de aquel parque.
Después de divagar por la capital Otto vuelve a la taberna en la noche, otra vez está abarrotada de gente, comiendo y bebiendo, una vez más las noticias están pasando por televisión, Otto se dirige a la barra, saluda al dueño de la taberna y pide lo de siempre, mientras come y bebe avisan en las noticias que el gran banquete se acerca.
–Oh el gran banquete se acerca, cada año espero siempre por este momento. ¿No esta emocionado señor Toro?. (pregunta el dueño de la taberna).
–Mmm, en otras circunstancias tal vez, ahora mismo no mucho. (dijo Otto mientras comía).
–Tranquilo señor Toro, sé que cuando el banquete comience dejará sus desdichas de lado, porque es un gran día de celebración. (dijo el dueño de la taberna).
En la televisión se ve un reportaje de cómo está quedando adornado el palacio.
–¿Qué sentido tiene mostrarnos el interior del palacio Keltas? Si solo los nobles son invitados, a nosotros siempre nos toca a las afueras del palacio en la gran plaza. (dijo el dueño de la taberna).
–Tienes razón, es estúpido. (dijo Otto).
–¿Qué se sentirá celebrar dentro del palacio? Estoy seguro que está lleno de extravagancias, excesos… (dijo el dueño de la taberna).
–Disfruta más la gente afuera, es más auténtico, créeme. (dijo Otto).
–Otra vez con el pesimismo señor Toro, ¿Me va a decir que sería horrible estar ahí?. (preguntó el dueño de la taberna).
–Créeme, debe de solo haber nobles, poderosos, aparentando el uno frente al otro con máscaras, todo para crear conexiones… créeme, afuera con quien hables o no es auténtico, es ameno, es real. Intentas conocer nueva gente, tal vez incluso al amor de tu vida, o celebras con tu familia, con quien te importa. (dijo Otto).
–A veces dices las cosas como si las hubieras vivido. (dijo el dueño de la taberna).
–Solo créeme. (dijo Otto).
–No me digas que eres un niño rico que está escapando de su familia. (dijo el dueño de la taberna).
–Algo así, prefiero no hablar de eso. (dijo Otto).
–Mmm entonces debes estar acostumbrado a regalos caros el día del banquete. (dijo el dueño de la taberna).
–Un regalo caro no significa nada. (dijo Otto).
–¿Cómo no?, si es algo caro, es valioso, vale mucho dinero, debe significar mucho. (dijo el dueño de la taberna).
–Si, pero… si te sobra el dinero, dar algo muy valioso es… un sin sentido, porque solo vale eso, dinero. Un verdadero regalo, es algo que nace del corazón, de tu esfuerzo, algo con significado que le das a alguien importante para ti. (dijo Otto).
–Mmm, supongo que tienes razón, no tengo tanto dinero… así que el regalo que siempre doy a mis hermanos es un gran sacrificio, lo que cuesta ese regalo significa días de trabajo, días de mi tiempo y de mi vida. (dijo el dueño de la taberna).
–Y por eso, ese regalo es importante, por el cariño detrás de lo que das. (dijo Otto).
Otto continúa comiendo, las noticias hablan de lo mismo, las investigaciones del Paraíso.
Otto se despierta en el palacio Keltas, un día más, el rey de Frigidumpf. Otto estira un poco su cuerpo, mira al techo mientras su vista se acostumbra a la luz que entra por las cortinas. Otto se sienta en la cama, se pone sus pantuflas y se dirige al balcón, corre las cortinas y sale por este para admirar la ciudad como siempre lo hace durante varias horas del día.
La puerta se abre, al oír esto Otto se gira emocionado.
–Liore- (decía Otto girándose).
Tras la puerta no entra Liorela, es su tío Leo.
–Hoy tienes otra reunión Otto, arréglate. (dijo Leo).
–¿Reunión? Deja de llamarlo así, es una cita. (dijo Otto).
–Bueno… tienes una cita con Marcel, hija de una familia rica del Paraíso. (dijo Leo).
–Sí, otra de tantas… (dijo Otto).
–Solo arréglate y deja de quejarte. (dijo Leo).
Los sirvientes del palacio prepararon el baño para Otto, este se relajó un rato en las calientes aguas, sumergiéndose hasta su cuello, cerrando sus ojos mientras el vapor abría los poros de su cara. Otto no quería salir del baño, quería relajarse un poco allí, admiraba cada centímetro del baño, perdiendo todo el tiempo posible, miraba los grabados de las paredes, las columnas, los cristales que permitían un poco la entrada de luz desde el exterior, pero de repente una voz se escucha desde fuera, por el pasillo.
–Deja de perder el tiempo Otto. (dijo Leo).
Otto en su habitación se arregla, con un traje azul oscuro, elegante, de corbata, con anillos, lleva una cadena de la cual en su extremo cuelga un monóculo que sobresale del bolsillo de su saco, se coloca un sombrero y cadenas con pendientes lujosos que cuelgan de la cintura de su pantalón. Otto se ve al espejo, se ve como los habitantes de Frigidumpf pero con accesorios mucho más lujosos, Otto piensa que se ve ridículo, pero debe vestirse así.
En el salón Otto es guiado por sirvientes hasta el auto de vapor que los llevará por la ciudad, al entrar ve a Marcel, una mujer pelirroja de cabello ondulado, ojos azules, lleva un elegante pero seductivo vestido gris, además de un saco beige y pendientes en sus orejas, sus vestimentas eran diferentes a la de los habitantes de Frigidumpf, era obvio pues era del Paraíso, pero para Otto era lo mismo, todo lo que ella vestía gritaba “tengo mucho dinero”.
No importa que tanto esté estancado el reino, todos quieren acceso a la bóveda, esta mujer no es la excepción. Otto sube al auto de vapor, la “reunión” va como siempre, la rutina a la que Otto está acostumbrado, una conexión inexistente, todo vacío, es como si esta mujer tuviera memorizado un libreto para todas sus preguntas, cambia constantemente de opinión para agradar lo más posible a Otto, es casi como si esta mujer no tuviera una personalidad.
Comen en un restaurante lujoso, la conversación lleva el mismo tono que cuando estaban en el auto de vapor, para Otto los sabores que prueba son los de siempre, deliciosos, pero ya no generan ningún tipo de emoción en él. Tiempo después Otto y Marcel dan una vuelta por el museo, viendo la evolución del reino y su innovación en los 1900, Otto está increíblemente aburrido, ha hecho esto incontables veces, se conoce cada una de las piezas del museo, conoce cada uno de los sabores de los restaurantes, lo conoce todo, le aburre todo.
Son alrededor de las dos de la tarde, Otto está en su habitación, admirando una vez más la ciudad desde el balcón, reclinado sobre la baranda, Marcel admira los lujos y piezas valiosas que hay en su habitación, Otto no sabe cómo decirle a Marcel que se retire así que solo se mantiene en silencio.
–¿Qué miras?. (preguntó Marcel).
–Lo de siempre, estoy aburrido de ver este paisaje todos los días, pero… siempre vuelvo a el, me da cierta tranquilidad. (dijo Otto).
Otto siente como Marcel se acerca por detrás, esta coloca sus brazos alrededor de su pecho y reclina el rostro en su hombro.
–Eso no es un paisaje, es tu reino, todo lo que miras es tuyo. (dijo Marcel).
–¿Mio? La verdad no me importa mucho. (dijo Otto).
Marcel suelta a Otto, este se queda en silencio mirando el frio paisaje de la capital un rato más y luego se gira, Marcel está en su cama, se ha quitado el saco y adornos, solo queda su vestido, es una mujer delgada, de silueta seductora, cintura pequeña y grandes pechos que parece que se van a salir por aquel escote, Otto traga saliva y se acerca.
Sin mediar palabra Marcel se levanta y comienza a besar a Otto, otra vez ocurría lo mismo, lo que incluso muchos envidiarían, las mujeres más hermosas, refinadas y de las altas esferas se “mueren por él”, en realidad mueren por su dinero, por la bóveda.
Marcel baja las tiras de su vestido revelando sus pechos, Otto los mira, observa sus pezones, traga saliva y comienza a tocarlos mientras ella le besa el cuello, Marcel comienza a desabrochar el cinturón de Otto y mete una de sus manos en su pantalón.
–Veamos lo que tienes aquí. (dijo Marcel).
Otto sabía que pasaría lo de siempre, un momento de placer y luego se sentiría vacío, una vez más caería en la tentación, pero… algo dentro de Otto dice que no, esta vez no. Otto toma la mano de aquella mujer y la detiene.
–Lo siento Marcel, no quiero. (dijo Otto).
–¿Hay algún problema señor Otto? (pregunta Marcel).
Otto decide ser directo.
–Sí, el problema eres tú, no eres lo que yo quiero, eres otra mujer de una familia rica enviada a seducirme, atraparme y casarte conmigo para tener acceso a más dinero y poder. (dijo Otto).
Marcel se ofende, abofetea a Otto, arregla su vestido, vuelve a colocarse su abrigo y accesorios, sin decir una palabra más. Liorela venia por el pasillo hacia la habitación de Otto cuando ve a una mujer pelirroja salir molesta, tanto que casi choca con Liorela en su camino, por lo que esta se apura y entra en la habitación de Otto, allí esta él, sentado en su cama, mirando al suelo con cierta tristeza.
–¿Pasó algo Otto?. (preguntó Liorela).
–¿Qué si pasó algo?. (preguntó Otto en voz alta) Pasó lo de siempre, una cita que se siente como seguir el libreto de un teatro y no algo espontáneo. (dijo Otto).
–¿Lo de siempre?. (preguntó Liorela).
–Sí. (respondió Otto) primero ir a un restaurante, de los más caros del reino por cierto, donde ya he ido incontables veces, después el museo, donde también he estado tantas veces que me conozco las piezas casi de memoria… ¿Mostrarle el palacio? Si, eso lo hice también, todas se maravillan de los lujos, pero para mí esta es una prisión. (dijo Otto con pesimismo).
–Pero… ¿Por qué salió molesta esa mujer?. (preguntó Liorela).
–Oh… como notan que no tengo interés en ellas, algunas recurren al sexo… pero le dije que no quería, le dije la verdad en la cara, que era una mujer sin personalidad interesada en mi dinero y poder. (dijo Otto).
–Vaya… le dijiste la verdad… ¡En la cara!, sin miedo a las consecuencias… me pregunto ¿De quien habrás aprendido eso?. (dijo Liorela).
–Jajaja… (rió Otto entendiendo como Liorela se enorgullecía de haberlo influenciado todo este tiempo).
–Bueno quita esa cara deprimente, si estas aburrido has algo diferente, al fin y al cabo, eres el rey, puedes ir a donde quieras. (dijo Liorela).
–Ese es el problema… no sé a dónde ir… además es cierto, ¡soy el rey! Y por ello no puedo simplemente desaparecer, yo- (decía Otto cuando fue interrumpido por Liorela).
–¿Quién ha decidido eso? Solo huye. (dijo Liorela).
Otto considera las palabras de Liorela pero le falta valentía, al ella verlo mirando al suelo con un rostro deprimente se acerca y le toma la mano con fuerza. Liorela hala a Otto y lo hace levantarse, este es un atrevimiento que ninguna sirvienta haría, pero no Liorela.
–Arréglate, quita esos adornos lujosos y llamativos, se más modesto… aunque usa un sombrero o bufanda para cubrir tu rostro. (dijo Liorela).
–¿Para qué?. (preguntó Otto).
–Solo hazme caso. (dijo Liorela).
Liorela salió de la habitación corriendo, abrió la puerta y se marchó. Otto hizo caso, se quitó aquellos molestos adornos, utilizó un traje más simple y un gran abrigo, se colocó otro sombrero y una bufanda, luego se sentó en la cama esperando y unos minutos después por la puerta entró Liorela, esta estaba terminando de abrochar su gran abrigo sobre su vestido de sirvienta, era tan largo que llegaba hasta un poco más abajo de sus rodillas.
–¡Vámonos!. (dijo Liorela emocionada).
Liorela lleva de la mano a Otto por los pasillos, ambos escabulléndose por los lugares más vacíos del palacio, se dirigen a una entrada alterna para no salir por la principal, pero antes de llegar a la puerta, doblando la esquina está Leo, quien confronta a Otto por la cita que tuvo con Marcel ya que esta se fue molesta del palacio.
–¿Por qué hiciste eso en la reunión? No tenías que tratarla así. (dijo Leo).
–Yo… (dijo Otto sin encontrar una excusa que decir a su tío).
–El tiempo se agota Otto, no puedes seguir rechazando candidatas. (dijo Leo).
Leo nota que Liorela lleva de la mano a Otto.
–¿A dónde se dirigen?. (preguntó Leo).
–iré a comprar unas cosas y… como Liorela es mi sirvienta, me acompañará. (dijo Otto).
–Puedes llevar más sirvientas o unos guardias para- (decía Leo cuando fue interrumpido por Otto).
–No, iré solo con ella. (dijo Otto determinado).
–¿Me acaba de interrumpir? (se preguntó Leo confundido) Bueno… hoy es el gran banquete, así que no tarden. (dijo Leo).
–Si señor. (dijo Otto).
Otto sale junto a Liorela por la puerta, un guardia se acerca a Leo mientras los ve alejarse.
–¿Lo vas a dejar ir así?. (preguntó el guardia).
–Sí… déjalo, veamos si su pequeña aventura le aclara un poco la mente. (dijo Leo).
Liorela lleva la delantera, agarrando a Otto fuertemente de la mano lo lleva por las calles, este al sentir la calidez y suavidad de la mano que lo sujeta aprieta también un poco, Liorela al sentir esto se pone un poco nerviosa y lo suelta.
–Disculpa estaba emocionada y me dejé llevar. (dijo Liorela).
–¿A dónde nos dirigimos?. (preguntó Otto).
–Tomaremos un tranvía, después te lo cuento. (dijo Liorela).
Otto y Liorela toman el tranvía, se sientan juntos y miran por la ventana.
–Ahora si… ¿A dónde nos dirigimos?. (preguntó Otto).
–Vamos a la costa de la capital, hoy hay descuento de dos por uno en el Ferry para observar los Urfren, están en época de apareamiento. (dijo Liorela).
–Mmm, ¿Dos por uno? Eso significa que habrá una multitud… no es necesario ir hoy, podemos ir otro día. (dijo Otto).
–No, pagaré yo entonces el dos por uno es mejor. (dijo Liorela).
–Mmm si es por dinero no hay problema, incluso podemos ir a un lugar más caro, yo pagaré. (dijo Otto).
–Ya dije que pagaré yo… además, ¿Un lugar más caro?, ¿Cómo cuál?, ¿el restaurante caro de hoy? No necesitas más de eso, ya tuviste suficiente. (dijo Liorela).
–Oh… si, tienes razón. (dijo Otto).
Liorela se estira un poco en la silla.
–Bueno dormiré un poco, me despiertas cuando estemos cerca. (dijo Liorela).
–¿No dormiste bien?. (preguntó Otto).
Liorela bosteza fuertemente.
–No… estuve toda la noche ocupada en algo y entonces… me regañaron en la mañana por no ayudar en la preparación del banquete… entonces estuve también toda la mañana ocupada, no he podido dormir por lo que- en el trayecto, dormiré un poco y… (dijo Liorela mientras se quedaba dormida).
Liorela se duerme y su cabeza reposa sobre el hombro de Otto, quien se gira y la mira dormir, ve lo pacifico que se ve su rostro al dormir, acerca su mano para acariciarla, pero se detiene, cree que eso sería raro. Frigidumpf es una ciudad fría, pero en ese momento, con Liorela a su lado, con su rostro reposando en su hombro, Otto siente una calidez que va más allá de lo físico, él inclina su cabeza un poco recostándola levemente sobre la cabeza de Liorela. Todo es tan cálido que Otto se queda dormido igualmente.
Una voz se escucha por los megáfonos del tranvía anunciando que se acercan a la estación de la costa, como si tuviera un sexto sentido Liorela se despierta abruptamente, Otto quien estaba recostado sobre ella cae en sus piernas y se despierta abruptamente también.
–¿Yo? ¿Dónde? Estaba en tus… me dormí en tus piernas… ¿Cuándo? Lo siento mucho. (dijo Otto).
Liorela un poco sonrojada mira para otro lado.
–No… no pasa nada yo… ah así, la estación, estamos cerca, levántate. (dijo Liorela).
Liorela y Otto salen del tranvía, se dirigen a el puerto donde está el Ferry, hay una gran fila, tardarán horas y deben volver pronto.
–Vamos por la otra línea, la vip, tengo un pase gubernamental. Nos dejaran entrar. (dijo Otto).
–No, yo te invité, déjame pagar. (dijo Liorela).
–Pero debo volver pronto… solo por esta vez, la próxima, con más tiempo, dejaré que me invites. (dijo Otto).
Liorela entrecierra sus ojos y frunce su ceño, está molesta y hace un gesto con su boca apretando sus labios y moviéndolos a un lado.
–Mmm… está bien… pero la próxima juro que te invitaré yo. (dijo Liorela).
Otto se queda en silencio mirando el gesto que hizo Liorela, ella se siente confundida al ver que Otto la mira fijamente así que deja de hacer el gesto y se queda mirándolo igualmente.
–¿Qué pasa?. (preguntó Liorela).
–Nada… era gracioso el gesto que hiciste. (dijo Otto).
Liorela se sonroja.
–Ya… ya, vamos, vamos a la otra fila y muestra tu estúpido pase. (dijo Liorela).
Otto y Liorela entran, hay una multitud de personas que se reunió para tomar el ultimo Ferry antes de tener que esperar otra media hora a que llegue otro, por lo que Liorela le toma la mano fuertemente a Otto y entre aquella multitud se abren paso hasta lograr entrar, finalmente están en el Ferry, pero la multitud empuja un poco y se sueltan.
Liorela se siente un poco intimidada en aquella multitud y salta un poco tratando de buscar a Otto.
–¿Otto?, ¡Otto! ¿Dónde estás?. (preguntó Liorela buscando a Otto).
De repente alguien agarra fuertemente la mano de Liorela, esta se gira y es Otto.
–Aquí estoy. (dijo Otto).
Liorela mira su mano y ve lo fuerte que la está agarrando Otto, al ver esto él la suelta.
–Perdón era para no perderte y- (decía Otto cuando Liorela le agarra la mano con fuerza).
–No me sueltes… así no nos perdemos. (dijo Liorela).
–Soy más alto que tu así que… desde aquí veo la baranda, vamos allí para ver los Urfren. (dijo Otto mirando por encima de la multitud).
Ambos se abren paso entre la multitud hasta llegar a la baranda, se reclinan sobre esta y entonces ven a los Urfren, están en época de apareamiento, saltan por el agua, dan giros en el aire, hacen el agua de la superficie salpicar lanzando ondas de energía con sus cuernos. El guía por un parlante comienza a hablar de datos científicos y biológicos de este animal, pero el murmuro de la gente no deja oír con atención.
Liorela emocionada señala con su mano a los Urfren.
–En mi pueblo cerca a las costas siempre los observaba, se mucho de ellos. Pero nunca había podido observarlos en época de apareamiento, parece que solo lo hacen cerca de la capital… ¡Nunca había visto tantos juntos!. (dijo Liorela emocionada).
–Yo he venido varias veces al ferry, el guía siempre dice los mismos datos. (dijo Otto).
–Hmm… entonces dímelos porque el murmullo de esta gente no me deja oír. (dijo Liorela).
–Solo en las costas de la capital se les puede ver en época de apareamiento por el calor de las aguas… el vapor de las máquinas de la ciudad hace que las aguas sean un poco más cálidas. En las periferias hay manos tecnología, las aguas se mantienen frías todo el año. (dijo Otto).
–Oh… ¿Y cuando no había maquinas?, ¿Dónde se apareaban?. (preguntó Liorela).
–Mmm… hasta donde sé no se apareaban por acá, tal como en las periferias no se veían esta cantidad de Urfren, supongo que irían a aguas más cálidas a aparearse. (dijo Otto).
–Vaya… parece que si has prestado atención al guía siempre que vienes aquí. (dijo Liorela).
–Sí, como te dije, he venido varias veces aquí, he escuchado a ese guía decir lo mismo una y otra vez… (dijo Otto).
–Yo conozco un dato que tú no. (dijo Liorela).
–¿Sí? A ver… dime. (dijo Otto).
–Los Urfren son creaturas muy solitarias, por eso es extraño verlos en grupos como por estas fechas del año… pero todos esos que ves allí (dijo Liorela señalando al frente) en esta época de apareamiento encontrarán pareja, cuando eso ocurre es para siempre. Después de una vida solitaria ahora tienen una pareja única para toda su vida, pasan de estar acostumbrados a su soledad a vivir felices en compañía, pero ello tiene consecuencias. Si uno de los dos Urfren muere, el otro es ahora incapaz de vivir en soledad nuevamente o de encontrar otra pareja, así que se hunden profundamente en el mar, no suben a la superficie a tomar aire y mueren. (dijo Liorela).
–Eso es… algo triste. (dijo Otto).
–¿Triste? (preguntó Liorela) Sí… un poco, pero me parece hermoso también, encontrar una pareja con la que vivir hasta la muerte. (dijo Liorela).
–Entonces soy un Urfren buscando a mi pareja. (dijo Otto).
–Mmm no, creo que no eres un Urfren. (dijo Liorela).
–¿Por qué no? (preguntó Otto) A pesar de haber tenido tantas citas con diferentes mujeres no formado ninguna relación con ellas, un vínculo… Porque estoy buscando a la indicada, que me haga sentir lo que no siento, yo soy un Urfren buscando con quien vivir hasta la muerte. (dijo Otto exhaltado).
–No… digo que no eres un Urfren porque… míralos bien (dijo Liorela señalando a los Urfren saltando por el agua) Ellos son más gorditos… tu por otro lado eres muy delgado Otto Jajaja. (dijo Liorela riéndose).
Con cariño Liorela se estaba burlando de Otto, una sirvienta burlándose del rey, eso era algo inconcebible, pero Liorela decía lo que pensaba, lo trataba como alguien más, nadie se atrevería a burlarse de él, pero ella sí y eso a Otto le gusta.
–Hey, no soy tan delgado mira. (dijo Otto).
Otto remanga su abrigo y muestra su brazo el cual es ciertamente delgado.
–Jajaja (rió Liorela) eso no es nada, mira. (dijo Liorela).
Liorela remanga su abrigo para mostrar su brazo, aprieta su bíceps, es un brazo ciertamente más musculado que el de Otto.
–¿Ves? Puro poder de la periferia. (dijo Liorela).
–Jajaja. (rió Otto).
–Estos son los brazos que atrapan a los Urfren. (dijo Liorela).
–¿Atraparlos?, ¿Por qué?. (preguntó Otto).
–Como que ¿Por qué? (pregunta Liorela) Para comerlos, es obvio. (dijo Liorela).
–¿Qué?, ¿Eso se come?. (preguntó Otto).
–Obviamente se come, son deliciosos, recuerdo que, cuando los Urfren se ahogan en las profundidades su cuerpo flota por la grasa, entonces los atrapábamos y… (Liorela comenzó a hablar sin parar como de costumbre).
Otto ve a Liorela, esta no para de hablar, habla tanto que él ya ha perdido el hilo de la conversación, ella se ríe y hace bromas, cada vez que Otto intenta hablar es interrumpido. Otto la observa, allí en la baranda, con la brisa del mar su flequillo y mechones se balancean por su rostro, su sonrisa de pálidos labios y esos azules ojos iluminan el grisáceo cielo y edificios del fondo, están rodeados por una multitud, para Otto solo es ruido visual, estos no existen, en ese momento solo hay una persona en toda Marka, en todo el mundo, en todas las dimensiones, Liorela.
Como si en un escenario estuviera, el foco de luz solo apunta a ella, Otto está maravillado, la ve hablar sin parar y reír, gesticular bastante con sus manos. Otto no sabe que cara tiene en este momento, pero está maravillado con una cara de estúpido, solo admira a la mujer que tiene delante, sin modales, directa y real, con una personalidad y opinión, con un trato ameno y una cercanía genuina, con una calidez contrastante en medio de aquel frio reino.
Otto piensa que no podría haber una mujer más perfecta por su imperfección, las cosas perfectas y fabricadas son aburridas, sus regalos valiosos en su habitación no le generan emoción, cuando algo está tan fríamente fabricado carece de alma, lo perfecto no debería existir porque le falta ese algo que le da su toque especial, lo que para Otto es perfecto es lo imperfecto, el rostro de Liorela es hermoso, podría ser otro rostro pálido femenino pero hay unas pecas que complementan su aspecto, podría ser otra nariz delicada y femenina más pero hay una cicatriz que la hace para Otto aún más perfecta, esta mujer es perfectamente imperfecta, su aspecto, su forma de ser, ella es autentica.
Abrumado de sensaciones que Otto tal vez no había sentido en mucho tiempo, tal vez nunca, siente que va a llorar, pero a la vez no lo hace, si pudiera describirlo era una explosión de colores en un negro y silencioso lugar. Liorela para de hablar y mira el estúpido rostro de Otto.
–¿Otto?, ¿Me estas escuchando?. (preguntó Liorela confundida).
–Eres perfecta. (dijo Otto en voz alta).
Otto estaba tan maravillado que ni siquiera se dio cuenta que habló en voz alta, solo vio a Liorela sonrojarse, esta para evitar la timidez del momento solo comenzó a hablar de nuevo sin parar. Otto pasa el resto de la tarde con Liorela, incluso comen un pincho de Urfren, visitan varios lugares de la capital, lugares que Otto conoce muy bien, ha pasado por ellos cientos de veces.
Liorela y Otto van al museo, del que tan aburrido está, pero, hay algo diferente, los comentarios sarcásticos y las burlas de Liorela, todo se siente diferente, hacen cosas tan banales como dar una vuelta por el parque, Otto se divierte como no lo ha hecho nunca, en ese momento entiende que no es el lugar, sino la compañía. Anocheciendo ya, toman el tranvía hasta el centro de la capital.
Se han tardado demasiado, Otto lo sabe, le daría igual si no fuera por Leo, así que junto a Liorela trata de entrar lo más sigilosamente posible por una entrada alterna del palacio, los guardias le dejan pasar y le indican que Leo lo está buscando, pero Otto les pide que no le digan nada. Otto y Liorela avanzan por los pasillos que probablemente más vacíos estén en el palacio, pero entonces, doblando la esquina se encuentran a Leo de frente.
–¡Otto! (dijo Leo molesto al verlo) ¿Por qué tardaste tanto? Te lo dije antes de que te vayas y aun así llegas tarde. (dijo Leo molesto).
Otto no responde.
–Tú, la sirvienta, sube con él a su habitación, ayúdalo a arreglarse para el baile, vamos rápido, ¡rápido!. (dijo Leo).
–Si señor. (responde Liorela).
En la habitación de Otto, Liorela le ayuda a vestirse rápidamente, pasándole de sus atuendos más elegantes, sus más valiosos accesorios llenos de joyas.
–Te ves gracioso. (dijo Liorela).
–Sí… jajaja (rió Otto) Yo también creo que esto se ve ridículo, pero cada año el banquete no empieza hasta que baile y para eso… debo demostrar que tanto dinero tengo… ridículo. (dijo Otto).
En el gran salón del palacio todos los invitados están expectantes, hay un murmullo entre ellos ya que se está retrasando un poco el inicio del banquete y entonces de repente las luces se apagan, un foco apunta a las escaleras por donde se ve a Otto, baja cada escalón con tal elegancia que se nota que es de la más alta nobleza, de la realeza.
En esta situación, siendo el centro de atención, muchos estarían nerviosos, la presión sobre ellos sería inmensa, pero Otto desde niño ha sido preparado para estos eventos. Desde el piso superior, recostada en la baranda Liorela mira el gran salón, observa a Otto y los invitados.
Otto desciende por las escaleras y camina entre las invitadas, debe elegir a una de ellas, este elige la que a su criterio sería la mejor pareja para el baile, Marcel quien estuvo más temprano en el día junto a él también está invitada, Otto pasa junto a ella, esta lo mira con cierto recelo, pero él la ignora y elige a una mujer de cabello negro recogido en la parte de atrás y con algunas trenzas, con un vestido rojo elegante de falda larga.
La música comienza, el sonido del órgano resuena por todo el lugar y los instrumentos de aire de la orquesta lo acompañan, todos están en silencio observando, tanto dentro del palacio, como puertas afuera por la televisión en la gran plaza. Otto es muy bueno bailando, se nota claramente que el evento principal es él, junto a su compañera hacen un baile casi perfecto, tan perfecto que para Otto es aburrido, carece de alma, algunas equivocaciones o desperfectos le daría un poco más de emoción a esto.
Mientras ocurre el baile, Otto piensa en lo aburrido que es esto y como algunos desperfectos lo mejorarían, recuerda a Liorela, en su mente solo hay imágenes de lo que ocurrió hoy, en el ferry, en la ciudad, en el museo, en el parque. Una sonrisa se dibuja en el rostro de Otto mientras disocia y cuando menos se da cuenta el baile ha terminado, vuelve en sí cuando el sonido de los aplausos se escucha en todo el salón, finalmente el banquete ha comenzado.
Todos comienzan a festejar, beben y comen exquisiteces, comidas de sabores tan intensos y bien elaborados que a Otto no le sorprenden. Leo sube por las escaleras y ve a Liorela en el segundo piso reclinada en la baranda mirando el salón.
–Tú, ve a la habitación de Otto y déjala bien arreglada, tal vez hoy lleve a una candidata a su habitación. (dijo Leo).
–Si señor. (respondió Liorela).
Diferentes personas importantes de Frigidumpf o de reinos aledaños se acercan a Otto, como siempre saludan con una sonrisa tras la cual se ocultan otras intenciones, mujeres hermosas le hablan, le piden bailar con él, Otto lo hace y durante el baile le insinúan, tratan de seducirlo, pero él ignora todo, hoy solo tiene en su mente a Liorela, ni siquiera el posible placer del sexo lo distrae.
Varios de los invitados le dan costosos y extravagantes regalos a Otto, piezas artísticas, joyas… cosas que para él significan muy poco, estos regalos él mismo los podría comprar con su dinero, detrás de los regalos no hay un cariño, para él desde hace muchos años no se trata de dinero, aquí no hay cariño, son personas que no conoce, que tratan pretenciosamente de ganarse al rey.
Liorela en la habitación de Otto, con un plumero en su mano observa desde el balcón, recuerda lo bien arreglados que estaban los asistentes, incluso ve desde el balcón la gran plaza y como los habitantes de la capital se han arreglado lo mejor posible para el evento, bailan y disfrutan del evento. Liorela mira su atuendo de sirvienta y se siente inferior, siente recelo. Recuerda lo bien arreglada, hermosa y elegante que se veía la mujer que bailó con Otto hace un momento.
–¿En qué estoy pensado?, Soy… una estúpida… (pensó Liorela).
De repente la puerta de la habitación se abre, Liorela escucha esto, debe ser Otto, como dijo su tío Leo, tal vez debe venir con una candidata a su habitación. Cabizbaja Liorela se gira, mirando al suelo, no quiere mirar al frente, si ve a Otto con otra mujer allí le dolería.
–Disculpen, me iré de inmediato. (dijo Liorela).
Liorela pasa junto a Otto, sin levantar su mirada, no quiere hacerlo, no quiere aceptarlo.
–Lio- (decía Otto cuando se detuvo de repente ya que Liorela pasó junto a él sin decir nada).
Otto nota lo extraño del comportamiento de Liorela, completamente diferente a la que conoce. Liorela se acerca a la puerta, coloca su mano en la manilla, la gira y abre, está lista para salir, da un paso adelante y entonces Otto le toma la mano.
–¿A dónde vas?. (preguntó Otto).
Esta pregunta le da una pequeña esperanza a Liorela, quien gira muy lentamente, con miedo y mira finalmente a Otto, estaba preparada para lo peor pero está solo, un gran peso se levanta de los hombros de Liorela en ese momento.
–¿Qué haces acá?, Dejaste el banquete… (dijo Liorela).
–Estaba abrumado… bueno, en realidad estaba aburrido, quería un momento a solas. (dijo Otto).
–Oh ya veo, entonces te dejaré a solas. (dijo Liorela).
Liorela trata de salir y Otto le aprieta su mano fuerte, impidiéndoselo.
–No, a solas… de ellos, me refiero a alejarme de ellos, no de ti. (dijo Otto).
Esto era lo que quería Liorela, que Otto le dijera que la quería allí, ella sonríe un poco. Otto se acerca al balcón.
–Cierra la puerta y ven aquí. (dijo Otto).
Liorela cierra y se acerca al balcón, junto a Otto se reclinan y miran a la lejanía los habitantes en la gran plaza festejando, danzando, comiendo, charlando…
–Te vi bailar. (dijo Liorela mirando a los habitantes en la lejanía).
–Sí… es el ritual de inicio del banquete… (dijo Otto).
Otto mira a los habitantes igualmente.
–Hoy es un día donde todos festejan (dijo Otto viendo a los habitantes danzando en la plaza) es un día para ser feliz, pero solo ellos, allí en la plaza son los que realmente están festejando… Aquí en el salón es solo una gran actuación frente al otro para fortalecer lazos entre nobles, solo allí afuera celebran de verdad, durante un momento se olvidan de sus cotidianas vidas, viven el momento. (dijo Otto).
Liorela se queda en silencio mirando a la plaza, Otto nota lo diferente de su actitud.
–¿Has festejado el gran banquete antes?. (preguntó Otto).
–Pffff (suspiró Liorela) No… en la periferia estas festividades no se celebran, aunque un par de veces desde que obtuvimos una televisión lo vi… parecía tan… ¡BONITO!, siempre quise ir alguna vez. (dijo Liorela).
–Mmm, entonces ahora que estas aquí. ¿Qué te parece?. (preguntó Otto).
–No puedo opinar, solo he ayudado a arreglar el salón, te vi bailar y luego tuve que subir a arreglar esta habitación. (dijo Liorela).
–Oh… bueno, para mí, el banquete nunca es la gran cosa… (dijo Otto mirando a Liorela) Siempre estoy en el salón con los nobles… aunque… como hoy puede ser diferente… Sí, he visto varias veces a los Urfren, pero hoy me divertí, he estado en el museo, en parques, pero hoy realmente me divertí, porque estuve contigo. Puede que no sea el banquete, sino sus invitados, necesito una mejor compañía, tal vez hoy también pueda finalmente disfrutar el gran banquete. (dijo Otto).
Liorela se gira, ve a Otto inclinarse frente a ella y extender su mano. Desde la habitación se escucha la música.
–¿Me concedes esta pieza?. (preguntó Otto).
Liorela mira a los habitantes, arreglados y danzando, luego recuerda la mujer con la que bailó Otto allí en el salón, luego se mira a sí misma.
–No… yo no- ni siquiera se bailar. (dijo Liorela).
Otto se acerca y toma la mano de Liorela con fuerza.
–Tú me enseñaste a divertirme hoy, déjame enseñarte a bailar un poco. (dijo Otto).
La música se oye por todo el salón, por el palacio, se retransmite por la plaza, por toda la capital, en la habitación de Otto la música se oye también, él y Liorela comienzan a bailar, en una danza se conoce a los demás, su forma de ser. Liorela es tosca, se tropieza constantemente, Otto intenta guiarla, pero es ella quien quiere marcar la dirección y ritmo, poco a poco la actitud callada que tenía comienza a desaparecer, la Liorela de siempre vuelve a salir, se tropiezan y se interponen el uno con el otro, pero ambos sonríen.
–Déjame guiarte. (dijo Otto mientras bailaban).
–No, no y no. (respondió Liorela).
La canción termina, Otto agotado se sienta en la cama, Liorela se sienta junto a él y luego ambos se acuestan mirando al techo mientras jadean. Otto nunca había hecho un esfuerzo físico tan grande bailando como el día de hoy, es como si tratara de domar un animal salvaje.
–¿Cansado?. (preguntó Liorela de manera desafiante).
–Nunca había tenido una pareja de baile tan complicada. (respondió Otto).
Liorela se ríe y Otto se gira para verla reír.
–Tienes que aprender, que primero es derecha, luego dos izquierdas. (dijo Otto).
–No, serán dos izquierdas y luego derecha. (dijo Liorela).
Otto se ríe ante esta respuesta, está tratando de enseñarle a bailar, es la coreografía típica de las canciones de la capital, pero hay quienes no se ciñen al molde.
–Está bien, serán dos izquierdas y luego derecha. (dijo Otto).
Poco a poco el volumen aumenta mientras otra canción comienza sonar, Otto se levanta, se gira y extiende su mano a Liorela, está la toma y se levanta, bailan una vez más, esta vez compaginándose un poco más. Las canciones suenan una tras otra, Liorela y Otto bailan, sonríen con sus errores, se entienden un poco más el uno al otro, no saben cuánto tiempo ha pasado, cuantas canciones han bailado, solo disfrutan del momento hasta el cansancio.
Ambos se reclinan en el balcón, tomando un poco de aire fresco para descansar. Liorela en la lejanía ve como los habitantes comparten regalos.
–Oh, espera aquí, tengo un regalo para ti. (dijo Liorela).
Otto se sorprende al escuchar esto.
–¿Regalo?… no es necesario de verdad- (decía Otto cuando fue interrumpido por Liorela).
–Oí que durante el banquete se regalan cosas entre sí, yo tengo uno para ti, espérame aquí. (dijo Liorela).
Liorela rápidamente sale de la habitación, emocionada sale cerrando la puerta de golpe, Otto se queda contemplando a la nada en la habitación pasan unos minutos y de repente se abre la puerta, Otto se gira y es Liorela, entra de espaldas, cierra la puerta y gira.
–Tarán. (dijo Liorela emocionada).
En sus manos Liorela tiene un pequeño pastel de crema blanca y con fresas en la parte superior como decoración. Liorela emocionada se acerca a Otto y le da el pastel, este lo toma y recuerda como en la tarde de hoy Liorela durmió durante el viaje en el tranvía, diciendo que estuvo ocupada la noche anterior y por ello tenía sueño.
–¿Lo hiciste?. (preguntó Otto).
–Sí. (respondió Liorela).
–¿Cuándo?. (preguntó Otto).
–Anoche, estuve toda la noche preparándolo… (dijo Liorela con una ligera sonrisa en su rostro).
–Ahora me siento culpable de que no hayas podido dormir… (dijo Otto).
–No, no importa, lo hice porque yo quería hacerlo, poque quería darte algo. (dijo Liorela).
Otto se sienta junto al balcón, toma una cuchara mientras Liorela admira a los habitantes en la plaza.
–¿Sabes?, siempre hice los pasteles de los cumpleaños en casa, junto a mamá preparábamos uno siempre que se acercaba un cumpleaños en la familia, aprendí mucho de ella, una vez mientras preparábamos el pastel dejé caer… (dijo Liorela comenzando una vez más con sus largos monólogos interminables).
Mientras Liorela habla sin parar Otto piensa en los regalos que recibió hoy, recuerda todos los caros adornos del palacio, mira su habitación llena de lujos, todos regalos con el interés de ganarse al rey. El día de hoy Otto ha recibido cosas costosas, mientras las recibía los nobles no paraban de hablar del precio. Otto miraba el pastel, aquellos ricos nobles no habían sacrificado nada para comprar los obsequios, pero el simple hecho de que Liorela haya sacrificado un poco de su tiempo, de su comodidad y sueño por darle algo, hecho por ella misma, con cariño, era algo especial. Otto dio un bocado al pastel.
Liorela en medio de su largo monologo se da cuenta que no ha dejado de hablar.
–Entonces cuando mi hermano… oh, ¿Cuánto tiempo llevo hablando sin parar?, discúlpame Otto, esta costumbre mía de- (dijo Liorela deteniéndose súbitamente al ver a Otto).
Liorela se giró y vio a Otto, se había acabado ya medio pastel, una lagrima corría por su mejilla.
–¿Por qué lloras Otto?, ¿Tan horrible es mi pastel?. (preguntó Liorela asustada).
–No… al contrario, es el mejor pastel que he probado en mi vida. (dijo Otto).
Liorela se libera de su preocupación al oír esto, sonríe un poco y se sonroja apartando la mirada.
–No es para tanto, es solo un- (decía Liorela cuando fue interrumpida por Otto).
–Siéntate conmigo, come un poco. (dijo Otto).
Liorela y Otto comienzan a comer el pastel juntos, sentados junto al balcón.
–He estado pensando… en dejar de ser rey. (dijo Otto).
Sorprendida Liorela pregunta.
–¿Qué?, ¿Por qué?. (preguntó Liorela).
–No soy un buen rey, me preocupo poco por el reino… mi tío debería ser rey, él es más atento con los asuntos del reino. Yo estoy harto de obligaciones, de aparentar, soy egoísta, pero para ser egoísta no puedo ser rey, porque no pienso en los demás… (dijo Otto).
–Está bien que seas egoísta Otto, es más, me parece muy… ¿Honrado? Sí, honrado de tu parte, renunciar ya que sabes que buscar tu felicidad afecta a reino, irte para no perjudicar a los demás… (dijo Liorela).
–Tu dijiste que huiste de tu familia, ¿verdad?. (preguntó Otto).
–Sí… no porque no los quiera, no me malentiendas, pero, me sentía sofocada, vine a la capital por dinero para enviarlo y dejarlos atrás, para después de un tiempo ser libre y vivir mi vida. (dijo Liorela).
–Yo no te he dado un regalo aún, así que, mañana te daré dinero, para que lo envíes a tu familia y seas libre, pero a cambio déjame seguirte, yo quiero aprender a ser libre. (dijo Otto).
–No, Otto yo- (decía Liorela cuando fue interrumpida por Otto dándole una cucharada de pastel).
–Sin objeciones, ahora come un poco de pastel. (dijo Otto).
Lorela con la cuchara en su boca sonrió un poco. Conforme terminaban de comer el pastel comienza a sonar la última canción de la noche, la que todos los años cierra el banquete, “Pájaros al viento”, la cual es un poco más lenta y pausada a diferencia del resto de canciones de la noche.
–¿Conoces esta canción?. (preguntó Otto).
–No. (respondió Liorela mientras comía lo que quedaba de pastel).
–Es la canción que todos los años cierra el banquete (dijo Otto mirando hacia la plaza) La canción habla de dos aves, una de ellas está enferma y ya moribunda, la otra es un ave con miedo a volar que no extiende sus alas hace mucho tiempo. El ave moribunda decide enseñarle a la otra a superar sus miedos y volar, las dos vuelan juntas por un tiempo hasta que el ave enferma muere, ahora el ave restante, se da cuenta que ahora le teme a otra cosa, superó su miedo a volar, pero ahora sin compañía teme estar sola. El ave restante ahora sabe volar así que desde un acantilado salta al vacío y cierra sus ojos, en este momento la canción se detiene y entonces después de unos segundos de suspenso continua con más intensidad, el ave al abrir sus ojos está volando más allá de las nubes, en otro reino donde se reúne nuevamente con su compañera para volar juntas por siempre. (dijo Otto).
–Vaya… es bastante trágico, pero lindo. (dijo Liorela).
Otto sabe que muchos bailan esta canción sin darle mucha importancia, pero se dice que, con quien bailas esta canción, es con quien quieres pasar el resto de tus días. Otto se levanta y ve a los habitantes en la plaza bailando, muchos simplemente danzan la canción con quien quieren pasar la noche, un poco de diversión, algo banal, incluso Otto ha bailado esta canción como parte de protocolo muchas veces en el salón, pero hoy no. Otto se gira, se inclina un poco y extiende su mano como ya lo hizo una vez.
–¿Me concedes esta pieza?. (preguntó Otto).
Liorela toma la mano de Otto, se levanta y una vez más bailan juntos, es la última canción de la noche, ahora son un poco menos torpes, pues Otto conoce el ritmo que quiere llevar Liorela y la sigue, poco a poco entendiéndose más el uno al otro, cometiendo cada vez menos errores conforme avanza la canción, es un ritmo más pausado, más ameno e íntimo, una danza entre amantes.
La canción poco a poco aumenta su ritmo conforme al final y entonces en su clímax termina, con Otto inclinando a Liorela en sus brazos, él se acerca nervioso e intenta besar a Liorela, pero ella de inmediato lo rechaza empujando su rostro con las manos. El corazón de Otto se detiene un momento, durante el día de hoy había sentido lo que buscaba desde hace mucho tiempo, sentimientos que creía que no existían habían despertado, bailando “Pájaros al viento” con Liorela era su promesa de intentar algo real con esta mujer, pero había sido rechazado.
Otto baja su mirada, un poco triste pero entonces Liorela agarra su cabeza.
–Te equivocas Otto, Soy yo la que marca el ritmo. (dijo Liorela).
Liorela se endereza, agarrando a Otto con fuerza, el banquete había terminado, la canción final lo había marcado, los fuegos artificiales habían sido lanzados, iluminando el oscuro cielo de Frigidumpf, desde la plaza y tras el palacio, las luces de múltiples colores iluminaban la habitación de Otto mientras Liorela lo besaba.
El vacío de Otto se había llenado, su aburrimiento había desaparecido, su corazón se aceleraba. Liorela quien había dejado a su familia atrás por dinero había olvidado sus preocupaciones mientras besaba a Otto. Con los fuegos artificiales de fondo, Liorela y Otto se besaban una y otra vez, de manera apasionada, el momento es perfecto, Otto aprieta fuertemente a Liorela de su cintura, no quiere dejarla ir, nada podría arruinar este momento.
De repente la puerta se abre, era Leo quien irrumpió.
–¡¿Otto?! (gritó Leo entrando en la habitación).
Leo ve a Otto y Liorela besándose, estos se detienen de inmediato al ver a Leo y se sueltan.
–¡Oh! (exclamó Leo sorprendido) Bueno… es normal acostarse con sirvientas para divertirse un poco, tu padre lo hacía bastante, incluso yo un par de veces lo he hecho, nada de qué avergonzarse Otto. (dijo Leo).
Leo se acercó a Otto y le tomó fuertemente del antebrazo.
–Pero ya tendrás tiempo para divertirte después, vamos al salón, debes despedir a los invitados. (dijo Leo halando a Otto) Oh y tú, la sirvienta, ve a ayudar a organizar y recoger todo. (dijo Leo).
Otto se libera del agarre de Leo y este gira confundido ante esto.
–No. (dijo Otto de forma tajante) la “sirvienta” tiene un nombre, es Liorela… segundo, no lo haré, dejaré las obligaciones de lado. (dijo Otto).
–¿Otra vez lo mismo Otto? (preguntó Leo) esta conversación la hemos tenido demasiadas veces, siempre vuelve a lo mismo. (dijo Leo).
–Esta vez es en serio. (dijo Otto).
Por la puerta de la habitación otra sirvienta entra.
–Señor Leo, los invitados… lo necesitan. (dijo la otra sirvienta).
–¡ARGH! (se quejó Leo) Esto no se quedará así, mañana hablaremos, el tiempo se acaba y debes tomar una decisión. (dijo Leo molesto).
Leo salió de la habitación molesto y cerró la puerta.
–¡Lo hice!. (dijo Otto orgulloso).
–Mmm… Otto, iré a ayudar a organizar. (dijo Liorela).
–No, no, quédate aquí. (dijo Otto).
–Por favor, es mi trabajo después de todo… Gracias por el día de hoy Otto, me divertí mucho hoy… me gustó aprender a bailar, nos vemos mañana. (dijo Liorela).
–Mañana le daré dinero a Liorela, dejaré de ser rey y nos iremos lejos de aquí. (pensó Otto determinado).
Liorela avanzó hacia la puerta y la abrió.
–El otro año bailaremos de nuevo, es una promesa. (dijo Otto).
Liorela soltó la manija de la puerta y corrió hacia Otto, abrazándolo fuertemente del su cuello y besándolo.
–Es una promesa entones. (dijo Liorela).
Liorela salió de la habitación y cerró la puerta.
Al día siguiente, Otto, aún vestido con su ropa elegante y costosos accesorios del día anterior, baja unas escaleras, junto a su tío Leo, hay un silencio incomodo desde que avanzaron por los pasillos del palacio, hasta las escaleras, se acercan lentamente al sótano. Leo rompe el silencio.
–El tiempo se acabó Otto. (dijo Leo).
Otto no responde, se mantiene en silencio mientras descienden.
–El reino necesita algo que lo salve económicamente o un declive comenzará. (dijo Leo).
–No me casaré con nadie. (dijo Otto).
–Ugh (se quejó Leo) Sí, eso ya lo entendí. (dijo Leo).
Finalmente, ambos llegan a un pasillo que intercepta con otro, donde en el medio, hay una puerta azul pintada en la pared, es la bóveda.
–Entonces tenemos que recurrir a la bóveda. (dijo Leo).
Otto recuerda a su padre, quien siempre insistió fuertemente en no abrir la bóveda, era casi como una advertencia, esta jamás debe ser abierta.
–No puedo, padre siempre me advirtió que no debía abrirla. (dijo Otto).
–Es una emergencia. (dijo Leo).
–No debo abrirla. (dijo Otto).
–Ahhhh. (suspiró Leo) El reino siempre va primero Otto. ¿Recuerdas como tus padres murieron por intoxicación de metales? Gracias a su muerte se cambió todo el sistema de acueductos de la capital y nadie más ha muerto por ello, a veces son necesarios sacrificios para un cambio. (dijo Leo).
–¡No abriré la bóveda!. (dijo Otto molesto) Podemos buscar otra forma de cambiar el reino, yo… no sé nada de política, pero debe haber algo sin recurrir a la bóveda. (dijo Otto).
–El mundo ha cambiado, nuestra tecnología está anticuada, los cielos ya no requieren de zepelines porque ahora hay aviones por toda Marka que llevan a todos mucho más rápido. (dijo Leo).
–Somos un reino cerca al mar, nuestras embarcaciones siempre han sobrevivido las duras condiciones climáticas y las fuertes corrientes, puede que nos hayan ganado en los cielos, pero podemos innovar en las aguas. (dijo Otto).
–No es una mala opción, pero para ello se requiere tiempo y dinero, lo que no tenemos es dinero y el tiempo se nos acaba, si no vas a abrir la bóveda hay otra opción. (dijo Leo).
–¿Otra opción?. (preguntó Otto).
–Sí, así como tus padres murieron, se requieren sacrificios para un cambio… un sacrificio por el bien de todo el reino, unos pocos mueren por el bien del resto. (dijo Leo).
–Déjate de rodeos. (dijo Otto).
–Recibí una propuesta de las disidencias de los demonios. (dijo Leo ante la preocupada mirada de Otto al escuchar “las disidencias”) El Edén da un bono de ayudas económicas a los reinos atacados por ellos, las disidencias también necesitan dinero para financiarse, así que me ofrecieron atacar algunos distritos de la periferia, ya sabes… con muy pocos daños y muertos, a cambio recibiremos el dinero y lo dividiremos entre el reino y ellos. (dijo Leo).
Otto está desconcertado ante lo que acaba de oír.
–¡No!, no dejaré que mueran inocentes. (dijo Otto).
–Son pocos sacrificios por un bien mayor… o abre la bóveda. (dijo Leo).
–Yo- yo… no abriré la bóveda. (dijo Otto).
Leo mira a Otto quien está cabizbajo mirando al suelo, no entiende la reluctancia de Otto a abrir la bóveda, Otto debe saber algo más, Leo lo sospecha, pero no puede hacer nada, no sabe cómo se abre la bóveda.
–Entonces aprovecharemos la otra opción. (dijo Leo).
Otto no responde, solo aprieta sus puños en silencio, el camino devuelta al salón es nuevamente silencioso, una vez allí ante la nula respuesta de Otto su tío rompe el silencio.
–Entones será de la otra forma, tranquilo, seremos cuidadosos para no ser atrapados. (dijo Leo).
–No… no podría vivir con mi consciencia tranquila después de eso. (dijo Otto).
Leo no soporta más la moralidad de Otto después de jamás haberse preocupado por el reino.
–¡Eres un idiota Otto!, ¿Cuándo te preocupaste por el reino? (preguntó Leo) ¡Nunca!, tú solo eres la cara que sale y da apretones de mano, que asiste a reuniones a sonreír, que vas a citas con mujeres hermosas, que disfruta de los lujos… No sabes todo lo que he hecho por el reino, tratando de mantenerlo a flote, todo lo he hecho yo sin que tu supieras nada… (dijo Leo molesto).
–¿Entonces por qué no aceptaste ese trato y ya? (preguntó Otto) Si has hecho todo a mis espaldas sin que sepa nada… ¡Tú también te sientes culpable!. (dijo Otto molesto).
Los guardias y sirvientas se acercan por la conmoción. Leo solo mira al suelo ante lo que Otto dijo.
–Cállate Otto, no te soporto. (dijo Leo).
–¡Renuncio!. (gritó Otto).
Los guardias, sirvientes, Leo, cada uno que oyó estas palabras se sorprende.
–¡¿Qué?!. (preguntó Leo).
–Renuncio a ser rey, iré por mis cosas ahora mismo y me largo. Felicidades Leo, eres el nuevo rey. (dijo Otto).
Todos están en shock mientras Otto camina por el salón, hacia las escaleras, comienza a subirlas cuando de repente Leo habla.
–¡Deténganlo!. (dijo Leo molesto).
Un par de guardias se interpusieron en el camino de Otto, bloqueando su subida por las escaleras.
–¿Qué? (preguntó Otto confundido).
–Ya oyeron a este hombre, en este momento ha renunciado, desde ese instante dejó de ser el rey… ahora no tiene ninguna razón para estar aquí en el palacio Keltas, escóltenlo afuera. (dijo Leo).
–Al menos déjame ir por mis cosas. (dijo Otto).
–No, esas eran las cosas del rey, ahora son mías. (dijo Leo).
Varios de los presentes no podían creer lo que estaban viendo, algunos pensaban que era lo mejor, ya habían escuchado las discusiones entre Leo y Otto múltiples veces, conocían como Otto no se preocupaba por el reino, a otros les parecía cruel lo que estaban viendo, como despojaban a Otto de todo.
–Vete ahora Otto. (dijo Leo).
–Necesito ir por alguien. (dijo Otto).
–¿La sirvienta con la que te besuqueaste? (preguntó Leo) Ella está aquí para atender al rey, no a Otto. (dijo Leo).
Los guardias escoltan a Otto fuera del palacio mientras este impotente no puede hacer nada, solo es forzado por los guardias, siempre quiso huir, dejar de ser rey, escapar de esa prisión que era el palacio y sus responsabilidades, pero ahora lo estaban alejando de lo que más le importaba, su único propósito de vida estaba atrapado en el palacio, esta forma de cumplir su sueño de ser libre le sabia agridulce, ni siquiera pudo darle a Liorela dinero para que fuera libre también.
Por una de las salidas alternas del palacio los guardias sacan a Otto, quien es empujado a la calle y cae de rodillas, Leo sale por la puerta y le tira una bufanda, gafas y sombrero.
–Oculta tu rostro, si quieres… (dijo Leo).
Otto se levanta del suelo y mira a Leo.
–Yo te mataría ahora mismo… pero no tengo corazón para matar al hijo de mi hermana, tu rostro me recuerda al de ella, así que te dejaré vivir, pero lejos de aquí. No vuelvas nunca más, tú mismo sabes que te arrepentirás si te acercas al palacio. (dijo Leo).
Leo entró nuevamente, los guardias fueron tras él y cerraron la puerta fuertemente, el estruendo despierta a Otto.
Con su corazón latiendo fuertemente, agitado, sudando, jadeando y confundido Otto abre sus ojos, está nuevamente en la taberna. No quiere recordar, no quiere pensar cíclicamente en lo que ocurrió, quiere distraerse una vez más, repite su rutina diaria rápidamente, sale, un baño, vuelve, se cambia, sale, baja las escaleras, saluda al dueño de la taberna, come y bebe a primera hora del día, se despide y sale de la taberna.
–Tranquilo Otto, tranquilo, solo es un día más, soy libre, soy libre, ¡SOY LIBRE! (dijo Otto en voz alta para calmarse).
Otto divaga por el reino, sin rumbo, tratando de distraer su mente, no pensar en nada. Después de caminar por un tiempo Otto llega nuevamente a la estación de zepelines, mira la entrada, pero no entra, sigue de largo, solo camina. En una cafetería, más específicamente en la entrada de esta, hay una pequeña multitud, está reunida viendo la televisión, una entrevista al rey, Leo está hablando, Otto se acerca a escuchar.
–Tenemos información de que el Paraíso ha enviado legionarios al reino, no sabemos desde hace cuánto, puede que ya estén aquí, investigando por las presuntas conexiones con las disidencias. (dijo la reportera).
Leo como siempre niega las acusaciones, afirma que todo es una estratagema del Paraíso para no ayudar al reino, que el Edén es un grupo de reinos unidos y que así deben permanecer, unidos, que estas acusaciones generan diferencias que no nos benefician. Leo dice lo de siempre, Otto simplemente decide continuar con su camino, da el primer paso, pero antes de irse el rey tiene un mensaje para todos los habitantes, habla sobre como todos deben permanecer unidos por el reino.
–Tú, tú también eres necesario. (dijo Leo apuntando a la cámara).
Los habitantes creen que el rey les habla a ellos, pura propaganda.
–Sí… tú, abre la puerta azul o perderás algo que quieres mucho, solo recuerda la cicatriz en la nariz. (dijo Leo).
Todos están sumamente confundidos ante este mensaje, creen que el rey solo está tratando de ser poético o algo así, pero Otto, quien había dado un par de pasos alejándose se quedó en shock al oír esto, su respiración se acelera. Después de unos segundos quieto, Otto corre, corre sin para, choca con algunas personas en su camino, no le importa, solo corre.
El dueño de la taberna quien se encontraba limpiando algunos vasos ve como la puerta se abre de repente, Otto entra empujándola, solo corre.
–¿Señor Toro?, Siempre viene en la noche, ha sucedido al- (decía el dueño de la taberna cuando Otto sigue de largo corriendo).
Otto no saluda a el dueño de la taberna, solo corre, sube las escaleras, mete la mano en sus bolsillos, toma la llave, está nervioso, se le cae, la toma y sus temblorosas manos fallan en meter la llave, después de unos intentos lo logra, abre la puerta y la cierra de golpe. Otto se sienta en la cama, cabizbajo, con sus manos apretando su cabeza, sudando, asustado.
–¿Por qué?, ¿Por qué ahora?. (se preguntó Otto una y otra vez).
Todo hace click en su mente, Otto se levanta de repente y se reclina en la ventana.
–Los ataques, ¡Los ataques! (pensó Otto mientras miraba por la ventana) Sí, los ataques han cesado, si está siendo investigado y el paraíso ha enviado legionarios no puede continuar con los ataques, ya han pasado meses desde el ultimo… lo amenazan, las disidencias necesitan dinero, debía darles dinero, ¡era parte del trato!… deben conocer la bóveda, se ha quedado sin opciones. (pensó Otto ansiosamente).
Imágenes de habitantes clamando por su vida y llorando vienen a la mente de Otto, es su culpa, él sabía lo que pasaba desde el principio, pero solo hizo la vista gorda. Otto apoya su frente en la ventana mientras llora.
–¿Ahora que amenaza con matar a Liorela me preocupo? Soy…. Soy una basura. (dijo Otto en voz baja mientras lloraba).
Después de unos minutos sollozando Otto se limpia sus lágrimas y mira al frente.
–No me importa si es solo por ella, me da igual. (dijo Otto molesto).
Otto rápidamente se acerca a la cama, se agacha y mira bajo esta, extiende su mano y saca una pequeña caja, la abre, tiene dinero, pero muy poco.
–¡Mierda! El dinero de las joyas que empeñé se está acabando, con esto solo podría vivir medio año más aquí… con esto, con eso no puedo contratar a alguien fuerte para que haga algo. (pensó molesto).
En otro lugar, en una oscura habitación, asomado por la ventana, admirando un paisaje montañoso está Luke, cuando de repente entra alguien a su habitación y este se gira. En la habitación entra un hombre de contextura delgada, tenía unos cuernos no tan prominentes que salían de los laterales de su cabeza y apuntaban al frente, su cabello era de un color verdoso muy claro, era un cabello liso un poco largo y atado en la parte trasera, los flequillos de su pelo corrían por sus laterales y un par por su rostro.
Aquel hombre avanzó por la habitación, tenía una cara inexpresiva y muy fina de nariz respingada, se podría decir que su rostro era un poco femenino, sus cejas eran delgadas y sus ojos grises tenían una mirada de aburrimiento. Este hombre tenía un lunar bajo su ojo izquierdo, como una pequeña peca negra, tenía además varios piercings como aros a lo largo de sus orejas, no era muy alto para el estándar de un practicante, tal vez unos 2.03 metros, eso junto a su delgada contextura lo hacía ver delicado.
La contextura de este demonio engañaba, aunque delgado los músculos de su cuerpo se marcaban profundamente, se le veía atlético. Su armadura era ligera, era una pechera corta y pantalones, algunos ropajes como adorno y poco más, su paleta de colores era purpura, pero bastante opaco. Este demonio tenía dos cuchillas en su espalda, sus antebrazos que estaban al descubierto parecían tener unas marcas, como líneas rojas que parecen tatuadas dando vueltas desde su muñeca hasta su codo.
–Te tardaste Felix, creí que no vendrías. (dijo Luke).
–Estaba en el baño… pero ya estoy aquí Luke, a tu servicio como siempre. (dijo Felix).
–Tengo una misión, en un aburrido y frio lugar. (dijo Luke).
–Oh… te acompañaré entonces, alistaré mis cosas. (dijo Felix).
–No, misión en solitario, cuida mis cosas por mí, sabes que no me gusta que entren a mi habitación. (dijo Luke).
Luke avanzó por la habitación listo para irse.
–No, ¿es muy difícil o es algo aburrido? (preguntó Felix).
–Es una estupidez, no tardaré. (dijo Luke).
–Oh… yo puedo tomar la misión entonces Luke. (dijo Felix).
–No, eres demasiado violento, te encanta la sangre así que no. (dijo Luke).
–¡Ugh! (se quejó Felix) Si… lo que siempre dices, “no hay que matar inocentes”, jamás entenderé eso de preocuparse por la vida de los débiles, pero lo haré… sin matar inocentes, haré todo tan bien que no te quedará otra que ser mi amigo. (dijo Felix).
–Ya lo he dicho muchas veces, no somos amigos. (dijo Luke).
–¡Haré todo perfecto y entonces querrás ser mi amigo!. (dijo Felix mientras abría la puerta).
Felix cerró fuertemente la puerta, Luke se quedó mirando a esta y de repente se abre una vez más.
–¡Serás mi amigo!. (dijo Felix).
Felix cerró fuertemente la puerta y se fue.
Mientras tanto en la academia, Lauren y Boris están comiendo juntos cuando de repente Anne llega corriendo, casi resbalándose por la velocidad y coloca sus manos fuertemente sobre la mesa.
–¡Hay una misión para Frigidumpf!. (dijo Anne emocionada).
–¿Para nuestro nivel?. (preguntó Boris).
–Sí, deberíamos tomarla, es una ayuda en un rescate, es de bajo nivel, pero… ¡PERO! Lo que importa es que iremos a Frigidumpf, mientras completamos la misión podemos investigar sobre lo que pasa también con las disidencias y todo eso. (dijo Anne emocionada).
–Varios legionarios de mayor nivel han ido ya a investigar la conexión con las disidencias… nosotros también podemos ayudar. (dijo Boris).
–Yo… creo que deberíamos seguir el concejo de Sophie, hacer las cosas paso a paso, no meter la nariz donde no debemos. (dijo Lauren).
–No haremos nada innecesario, solo vamos por la misión… la información que obtengamos es solo para ayudar a los legionarios de mayor nivel… (dijo Anne).
–No haremos nada que no debamos, no somos tan idiotas, pero aun así podemos ayudar… así sea un poco. (dijo Boris).
–No lo sé… (dijo Lauren).
–Por favor subcapitana, ¡por favor!. (dijeron Anne y Boris al unisonó rogando).
Han pasado tres días desde la entrevista de Leo en la televisión donde mandó su extraño mensaje, por las calles de Frigidumpf camina Felix, este ha cortado sus cuernos desde la base y su largo cabello tapa el origen de estos, lleva una chaqueta de jean con una capucha negra para cubrir un poco su rostro además de usar unas gafas para que no vean sus ojos de demonio.
Leo está en su despacho, solo, este camina de lado a lado de la habitación, con sus manos tras su cintura y moviendo sus dedos constantemente, está visiblemente nervioso, de repente por su ventana entra un hombre de chaqueta de jean y gafas, asustado Leo se echa para atrás pero aquel hombre está interponiéndose entre la puerta y él. Felix se quita la capucha y gafas, Leo ve sus ojos, es un demonio.
–Vengo de parte de las disidencias señor… ¿Leon?, ¿Leo?… Mmm rey de Frigi no sé qué, de este lugar. Las disidencias necesitan su parte del dinero, ha pasado bastante tiempo y no has enviado el dinero completo, sabemos de la bóveda, ábrela, dame el dinero y entonces me iré. (dijo Felix).
Leo se levanta.
–Sabía que enviarían a alguien… a pesar de que había recibido ya el mensaje, leí la carta, no tenían necesidad de enviar a nadie para amenazarme. (dijo Leo).
–Yo solo estoy aquí para recoger el dinero o asegurarme de que lo envíes, nada más. (dijo Felix).
–Yo… no puedo abrir la bóveda ahora… pero quien puede abrirla vendrá pronto, dame tiempo por favor. (dijo Leo).
–¡Ugh! (se quejó Felix) Luke me dice que no mate inocentes… (dijo Felix en voz alta hablándose a sí mismo).
En un instante, como si se tratara de un destello, Felix desaparece de la mirada de Leo, quien no entiende nada de lo que está ocurriendo, solo ve un poco de humo donde estaba Felix, como si se hubiera quemado algo allí, entonces de repente Leo siente una cuchilla en su cuello, Felix estaba tras él.
–Tú, no eres un inocente, ¿verdad? Podría matarte… (dijo Felix).
–No ganas nada con matarme, si lo haces no tendrás acceso a la bóveda o dinero. (dijo Leo).
–Te equivocas, siempre existe una recompensa por la cabeza de toda persona importante, tú eres un rey… (dijo Felix).
–Por mi cabeza no hay precio. (dijo Leo).
–Ahí estas otra vez equivocado, la purga quiere tu cabeza, por aliarte con las disidencias, con los demonios. (dijo Felix).
–¿Por qué tú de las disidencias ayudarías a la purga?. (preguntó Leo).
–Mmm, no soy tan inteligente como el jefe… (respondió Felix) pero puedes deducirlo por lógica rey idiota, la purga quiere a los demonios fuera, las disidencias a los ángeles fuera, no nos llevamos bien, pero trabajamos por un objetivo similar, ya sabes el… enemigo de mi enemigo es mi amigo… no, ellos no son mis amigos, sería el enemigo de- (decía Felix cuando fue interrumpido por Leo).
–Dame tiempo y tendrás el dinero. (dijo Leo).
Felix quita su cuchilla del cuello.
–No te mataré entonces… pero me quedaré aquí en el palacio un tiempo, tienes máximo cinco días, por ahora disfrutaré de los lujos de este lugar, quiero un baño caliente y comida cara, ah y mujeres, trae unas angelitas hermosas para que me atiendan bien. (dijo Felix).
En el salón, Leo presenta a los guardias y sirvientes a Felix, quien ya no tiene su chaqueta de jean o gafas, solo su armadura, todos al ver sus ojos se sorprenden de que haya un demonio allí, es muy raro ver a un demonio en el reino.
–Este es un guardia especial que ha sido contratado por un tiempo, espero que lo obedezcan y atiendan muy bien. (dijo Leo).
Otto desde aquel mensaje de Leo no ha podido dormir bien, tampoco disfrutar sus días vagando por el reino, no es capaz de distraerse, siempre vuelve a lo mismo, una vez más, abrumado por sobre pensar corre a la taberna.
–Señor toro, unos visi- (el dueño trata de saludarlo y hablar una vez más, pero es ignorado mientras Otto corre escaleras arriba).
Otto sube los escalones, avanza por el pasillo, nerviosamente intenta meter la llave, abre la puerta y entonces al abrir ve a tres individuos en su habitación, una mujer de cabello celeste y ojos amarillos, otra mujer, pero de cabello negro largo y de ojos verdes, por último, un hombre rubio de cabello corto y ojos rojos. Asustado, Otto cae al suelo sentado.
–¿Quiénes son ustedes?. (preguntó Otto asustado).
–Somos la ayuda, hemos aceptado tu petición. (dijo Anne).
–Somos de la legión. (dijo Lauren).
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