Conflicto Celestial - Capítulo 52
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Capítulo 52: 51. Pájaro enjaulado
El Paraíso es un gran reino, el más importante para los ángeles pues desde hace milenios es el más poderoso o al menos así lo era, su influencia se esparcía por los demás reinos. Durante la eterna guerra entre ángeles y demonios el Paraíso propuso una alianza entre reinos, donde se protegerían y colaborarían en esta guerra, así nació el Edén, donde, aunque los reinos mantienen su independencia, se sujetaron a unas reglas comunes pactadas entre todos.
Incluso a día de hoy el Paraíso sigue siendo la “capital” de los ángeles, pero el Edén ha cambiado, su nueva gobernante, Yielena, con el título de “dios”, ha traído una era de paz y ha abierto las fronteras, algunos reinos se retiraron del Edén, considerando peligrosas estas nuevas políticas, otros mantienen aún su estrecha relación, ya sea porque concuerdan con la reina del Paraíso o porque mantener alianzas con este reino les beneficia económicamente.
Algunos ven como traición las nuevas políticas, no solo ciudadanos sino altas esferas políticas de distintos reinos, por ello hay un grupo de ángeles, que ha estado dándole dolores de cabeza a la legión ya bastantes años, se llaman a sí mismos “la purga”, un grupo de ángeles dedicado a acabar con los demonios en el Paraíso y Edén.
El número de miembros de “la purga” es desconocido, el origen del dinero de donde se financian también, pero según investigaciones podrían proveer de familias ricas del Edén o altas esferas políticas de reinos que se oponen a Yielena, es muy probable que su propósito vaya más allá de solo matar demonios, se cree que eventualmente harán grandes operaciones para eliminar a Yielena o sacarla del poder.
El Paraíso se divide en trece distritos, dirigidos por un gobernador, Yielena como reina es la gobernadora del treceavo distrito y a la vez dirigente de todo el Paraíso.
Matt es ahora finalmente un subordinado de un escuadrón del clan Furieht, se encuentra en el centro de Summus, el sexto distrito del Paraíso y uno de los distritos más grandes. Es temprano en la mañana, Matt está sentado en un banco en la estación de trenes subterránea, comiendo unas gomitas mirando a los trenes pasar, tiene un rostro de cansancio, no ha dormido bien.
Junto a Matt, a unos cinco metros se encuentran los baños, de la puerta de estos sale un hombre moreno de rostro delgado y un poco triangular, este tiene vello facial en su mentón, su cabello era de un negro profundo, corto pero un poco más largo en su parte superior y estaba bastante despeinado con flequillos bajando por sus lados y frente.
Los ojos de aquel hombre eran de un gris muy claro, tenía una cicatriz vertical en la parte derecha de su rostro, desde su frente hasta su mejilla bajando por su ojo el cual junto a su parpado parecían intactos, no tenía cuernos. Este hombre caminó hacia Matt, sus constituciones eran similares, atlético pero un poco delgado, sus alturas también eran similares. Aquel individuo portaba una armadura similar a la de Matt, pero tenía mucho más negro, era bastante ligera para permitir gran movilidad, solo llevaba protección en partes vitales, el resto eran ropajes de adorno, tenía un holgado pantalón negro y unas grandes botas negras igualmente, además llevaba una bufanda de un color ojo oxidado y una capucha del mismo color que no llevaba puesta, en su cintura portaba una espada corta.
Este hombre caminó hacia Matt, quien ya tenía su bolsa de gomitas vacía, estaba masticando la última de estas.
–¿Te comiste todas y no me dejaste ni una?. (preguntó aquel hombre enfadado).
Matt giró mirándolo, con una sonrisa desafiante, este hombre le pegó una bofetada en la parte trasera de la cabeza.
–¡ARGH! (se quejó Matt), Ya Verko, lo siento era una broma, aquí tienes. (dijo Matt).
Matt sacó otra bolsa de gomitas de uno de sus bolsillos y se la entregó a Verko.
–¿Cuál era el punto de aparentar que te comiste todas?, ¿Querías que te golpeara?. (preguntó Verko).
–No… en realidad no creí que me pegarías por una bolsa de gomitas. (dijo Matt).
–¿Cómo qué no?, ¡La compré yo!. (dijo Verko).
–Oh… es verdad. (dijo Matt).
Verko abrió la bolsa de gomitas, comió una y vio la cara de Matt, así que le ofreció.
–¿Quieres?. (preguntó Verko).
–Sí, claro que sí. (dijo Matt).
Verko y Matt tomaron las escaleras eléctricas para salir de la estación, mientras subían a la superficie Matt estiraba un poco sus brazos.
–¡Uaaaah! (bostezó Matt estirando su cuerpo) otro distrito más en el que no encontraremos nada. (dijo Matt).
–No, esperemos que esta vez sí encontremos algo. (dijo Verko).
Durante las siguientes semanas, Matt y Verko investigarían otro distrito en busca de alguna pista que les dé, aunque sea la más mínima información de la Purga y sus actividades.
A las afueras del distrito de Summus, hay un pueblo independiente, llamado Zamny, se encuentra edificado alrededor de un lago, es un pueblo poco modernizado a diferencia del Paraíso, aunque hace parte del Edén poco tiene de inferencia el paraíso allí, es como si fuera un grupo aislado, por decisión propia.
El orgullo de este pueblo y su principal fuente de ingresos es la sacerdotisa, una mujer que el pueblo poco conoce sobre su origen, su selección, su aspecto real, lo que si conocen es que la sacerdotisa es un ser de gran poder, esta reside en una alta torre junto al lago un poco separada del pueblo. La sacerdotisa bendice a familias ricas e importantes de distritos cercanos como Summus, recibir su bendición significa prosperidad, es un buen augurio para muchos.
Rechazar la bendición de la sacerdotisa es tomado como un insulto, esto significa que vendrá alguna calamidad para las familias, un tiempo de desgracia y decadencia se avecina. Diferentes familias han utilizado la bendición de la sacerdotisa, eso es lo poco que se sabe desde afuera y de las personas no relacionadas con el pueblo, pero hay un grupo que vigila a la sacerdotisa y el jefe del pueblo es quien sabe más a fondo la realidad.
Los Visoki son el grupo que vigila a la sacerdotisa, es un trabajo al parecer bien pagado pues aquellos que lo integran viven en mejores condiciones, no necesariamente indica que es un pueblo pobre, pero la diferencia de vida de los Visoki es evidente, es un trabajo en el cual sus miembros tienden a ser generacionales, si una familia tiene un miembro Visoki alguien de su descendencia lo será.
Wulian tiene 16 años, su piel es blanca y tiene un rostro con rasgos faciales finos aún no desarrollados, mide 1.85 metros de estatura y es bastante delgado, sus ojos son de un color marrón bastante oscuro y tiene unas cejas pobladas, su cabello es castaño, corto y despeinado. Wulian no ha crecido como otros niños del pueblo de Zamny, su padre es un Visoki, así que Wulian vive bastante bien, ha tenido acceso a un celular e internet desde muy joven.
El acceso a internet le ha dado a Wulian una visión completamente diferente de la vida, no le importan las tradiciones del pueblo, mucho menos convertirse en un Visoki, ha sido influenciado por el internet a tal punto que su sueño es ser una estrella de Rock, le encanta escuchar música, pero la coloca a bajo volumen para no molestar a sus padres.
Wulian se levanta otro día más, bosteza y estira su cuerpo, su madre le está llamando, se le hace tarde para ir a la escuela, entra al baño y toma una ducha.
–¡Estoy tocando a las puertas del cielo!. (cantaba Wulian mientras se bañaba).
–¡Deja de cantar y báñate rápido que se te hace tarde!. (gritó la madre de Wulian desde el primer piso).
Wulian se coloca el uniforme y corre, no alcanzó a desayunar una vez más. Mientras pasa su tiempo en la escuela, en casa, su padre vuelve, lleva puesto un uniforme, son unos ropajes blancos y largos, lleva una máscara negra que cubre su nariz y boca, así como un visor que cubre sus ojos, lleva puesta una capucha blanca y unos guantes negros, los ropajes cubren casi todo su cuerpo, lleva puestas unas negras botas y un holgado pantalón igualmente negro. El padre de Wulian se retira el uniforme, es un hombre de cabello castaño desarreglado, con barba y ligero sobre peso, sus ojos son de un marrón claro.
La madre de Wulian es una mujer de baja estatura, voluptuosa y de un poco corto cabello negro, con unos oscuros ojos marrones. La madre de Wulian corre en brazos de su esposo, lo abraza fuertemente saludándolo y le sirve un vaso de agua.
–Marta, se acabó, por fin ha llegado el momento de descansar. (dijo el padre de Wulian).
–Oh Robert (dijo Marta abrazando a Robert fuertemente) ¿Cómo te sientes?. (preguntó Marta).
–En realidad, creí que iba a sentirme vacío, he sido el guardián de la sacerdotisa por sesenta años, yo… quería descansar y finalmente puedo hacerlo, además es el momento perfecto para que Wulian tome el puesto. (dijo Robert).
Marta soltó a Robert, colocando una cara un poco deprimente.
–Sabes que… sabes que a Wulian no le gustará esto. (dijo Marta).
–No, yo fui Visoki, mi padre fue Visoki, el será Visoki. (dijo Robert).
–Pero sabes lo que dice… de ser estrella de rock y- (decía Marta cuando fue interrumpida por Robert).
–La sacerdotisa es joven, debe tener la misma edad que él, es un poco rebelde y quiere salir de su habitación quejándose constantemente, los Visoki necesitan un joven que también la entienda, para que la mantenga calmada, ese es Wulian, el será Visoki y yo un simple hombre que ahora descansará. (dijo Robert).
–Pero sabes que- (decía Marta cuando fue interrumpida por Robert).
–Sí, lo sé, pero no quiero hablar más de esto, finalmente puedo descansar, quiero descansar, incluso tengo finalmente tiempo para pasar contigo. (dijo Robert levantándose de la silla y acercándose a Marta).
Robert colocó sus brazos alrededor de Marta y esta se recostó en su pecho, luego este bajó sus manos y apretó el trasero de Marta.
–Basta Robert, sabes que he subido un poco de peso. (dijo Marta).
–No, has ganado carne en todos los lugares correctos. (dijo Robert).
Marta besó a Rober y este comenzó a desvestirse junto a ella.
Wulian volvía a casa, era el medio día, hoy fue un aburrido día más en la escuela, donde no aprendió nada interesante, pero en su cuarto, en su guarida con internet, seguiría aprendiendo del mundo, de otros mundos, de otros seres y sobre todo escuchar música y conocer nuevas bandas. Wulian abre la puerta y entra en su casa, es una casa de madera como todas las del pueblo, aunque más grande y adornada que otras pues su padre era Visoki.
–Hola Wulian, ¿Cómo te fue?. (preguntó Marta).
–Hola ma- ¿Te cambiaste la ropa de esta mañana?. (preguntó Wulian).
–Oh, si, es que la ensucie mientras cocinaba… pero eso no es lo importante, tu padre tiene algo que decirte. (dijo Marta).
–Oh, ¿Papá?. (preguntó Wulian viendo a Robert sentado en una silla junto al comedor) Que raro verte aquí tan temprano. (dijo Wulian).
–Siéntate Wulian, tengo buenas noticias para ti. (dijo Robert).
Wulian se sentó junto a su padre.
–¿Buenas noticias?. (preguntó Wulian).
Marta se acercó a su hijo, se paró tras él y colocó sus manos en sus hombros.
–Desde mañana no tendrás que ir a la escuela. (dijo Robert).
–¡¿En serió?! (preguntó Wulian emocionado) Por fin, no estaba aprendiendo nada interesante igualmente. (dijo Wulian).
–Hoy he concluido mi servicio como guardián de la sacerdotisa. (dijo Robert).
–Eso sí que son buenas noticias, ahora podrás pasar más tiempo con mamá y- (decía Wulian cuando fue interrumpido por su padre).
–Desde mañana serás el nuevo guardián de la sacerdotisa. (dijo Robert).
La sonrisa del Wulian desapareció en un instante.
–¿Qué?. (preguntó Wulian).
–Lo que escuchaste, prepárate hijo, es un gran honor que nos ha permitido vivir bien hasta ahora, es tu turno de continuar con la tradición. (dijo Robert).
–Pe- pero sabes que quiero aprender a tocar la batería y- (decía Wulian cuando fue interrumpido por su padre).
–Nada de esas infantilidades, empiezas mañana, prepárate. (dijo Robert).
El resto del día para Wulian fue un aterrador silencio en su habitación, sin música, sin nada, encerrado solo con sus pensamientos, sus sueños de aprender a tocar un instrumento, formar una banda de rock y viajar por el mundo se habían acabado, no disfrutaba mucho de la escuela, pero comparado a lo que ahora tendría que hacer sonaba mejor, al menos tenía un par de amigos.
Su vida ahora será ir a esa torre, cuidar de la sacerdotisa y volver a casa a dormir, así durante años, con pocos días de descanso, conoce bien la rutina pues su padre se ausentaba constantemente, incluso a veces no volvía a casa en días. Wulian pensó en sus opciones, ¿Huir?, imposible, ¿A dónde iría?, le tomaría un par de días a pie llegar al distrito de Summus, pero no tiene algún familiar, un contacto que le reciba allí, ¿de qué viviría entonces?, solo es un niño.
Wulian estaba agradecido por el sacrificio de su padre, durante tantos años con esa maldita rutina, pero él no estaba listo para tomar esa responsabilidad, él quería ser libre. Sobre pensando toda la tarde y sin siquiera responder al llamado de su madre a comer algo Wulian se quedó dormido, solo para despertar al otro día con el llamado a su puerta de su padre.
Esta vez sin cantar Wulian tomó un baño, desayunó poco pues no tenía apetito y salió de la casa con su padre, no dijo una sola palabra mientras su padre le contaba lo importante que era el trabajo, caminaron junto al lago alejándose un poco del pueblo y dirigiéndose hacia la torre, al llegar allí, frente a las grandes puertas había dos Visoki, esperándole, su padre se despidió y lo dejó allí con ellos.
Los Visoki le saludaron, nuevamente Wulian no dijo nada ni les prestó atención, solo los siguió, la torre tanto por dentro como por fuera era oscura, parecía construida con bloques de un gris bastante opaco casi negro, mientras avanzaba por los pasillos y subía los pisos veía habitaciones, algunas donde se guardaban uniformes, otras donde habían camarotes para quienes hacían turnos de varios días, otras con estanterías llenas de libros, otras con instrumentos de cristal como si se tratara de unos laboratorios.
Wulian pensó que el lugar era tétrico, frio y húmedo, pero al menos había luz eléctrica y no lámparas de aceite iluminando todo. Wulian fue llevado a uno de los pisos más altos, el octavo para ser exactos, donde habia una habitación un poco más grande que las demás, los Visoki que le acompañaban llamaron a la puerta y una voz les indició seguir, los Visoki se fueron y Wulian entró solo allí.
Al entrar Wulian vio a un hombre, con un uniforme como el resto de los Visoki pero sin llevar máscara ni visor, tampoco llevaba la capucha puesta, sus ropajes eran un poco más adornados y sofisticados que el resto, era un hombre blanco de cabello negro peinado hacia atrás, era un poco largo pues llegaba hasta sus hombros, los ojos de este hombre eran de un marrón oscuro y tenía una gran barba, su nariz era un poco torcida, era un rostro un poco sombrío de mirada distraída y ceño fruncido con una pobladas cejas, este hombre se colocó de pie, era un poco más alto que Wulian.
–Tú debe ser Wulian, tu padre ha hablado muy bien de ti, serás el nuevo guardián de la sacerdotisa. Mi nombre es Pauhlo, el jefe del pueblo… y jefe de los Visoki por su puesto, o sea, tu jefe. (dijo Pauhlo).
–Emm, buenos días Pauhlo. (dijo Wulian).
–Sígueme. (dijo Pauhlo).
Pauhlo llevó a Wulian por otros pasillos, diferentes o no, Wulian no podía diferenciar pues todo se veía igual.
–Tu trabajo como guardián de la sacerdotisa es atender a sus llamados (dijo Pauhlo mientras Wulian le seguía) ella es una mujer joven, tal vez de tu misma edad, entonces puede ser un poco… rebelde, por eso eres importante, si son de la misma edad estoy seguro que podrás mantenerla más calmada… o entenderse mejor. Pero escucha bien (dijo Pauhlo cambiando a un tono de voz más serio) No prestes atención a todo lo que dice, ella no es como nosotros, es un ser de gran poder, que afecta la mente de los hombres y los corrompe, así como bendice trae calamidad, lo mejor es ignorarla en esos casos y mantenerse en silencio, solo debes cumplir sus necesidades básicas. (dijo Pauhlo).
Al escuchar esto Wulian se asustó un poco, estaba molesto en el lugar en que su padre le había colocado. Pauhlo lo llevó hasta una habitación donde entró a cambiarse en su nuevo uniforme, ropajes blancos con capucha, pantalones negros holgados y botas del mismo color, el uniforme como el de su padre cubría casi todo su cuerpo, finalmente se colocó las partes más características de los uniformes de los Visoki, una extraña mascara negra, que cubre su nariz y boca, al colocársela sintió como si esta no existiera y fuera parte de él, al respirar notaba un aire más puro que llenaba sus pulmones con una sensación de frescura, luego se colocó el visor que cubría sus ojos, tuvo la misma sensación, como si no existiera.
Wulian salió de la habitación.
–¿Para qué es esta máscara?. (preguntó Wulian).
–Sígueme. (dijo Pauhlo caminando) Como dije, la sacerdotisa es un ser de gran poder, respirar el mismo aire que ella te matará, tienes que usar protección. (dijo Pauhlo).
Pauhlo llevó a Wulian hasta el noveno piso, un piso relativamente vacío, donde había un largo pasillo, al fondo se veía una oscura puerta metálica, diferente al resto de puertas de madera de toda la torre. Pauhlo se quedó quieto sin acercarse más.
–Allí al fondo se encuentra la sacerdotisa (dijo Pauhlo señalando con su brazo extendido) no tengas miedo, la puerta estará cerrada, no tiene forma de salir, te sentaras en la banca de concreto, recuerda no prestarle mucha atención, solo concéntrate en suplir sus necesidades, si tiene hambre iras y le traerás comida, si quiere hablar… habla con ella, pero recuerda no prestarle mucha atención, mantenla entretenida, cómoda… tu trabajo es estar ahí. (dijo Pauhlo).
Wulian avanzó con miedo el pasillo acercándose a la puerta, pero antes de llegar se giró.
–¿Cuánto tiempo debo estar acá?, ¿Cuándo puedo regresar a casa?. (preguntó Wulian).
–Cuanto sea necesario, se te indicará, a veces serán horas, otras veces días… (dijo Pauhlo).
Pauhlo bajó por las escaleras, alejándose, tranquilo y confiado, pues los Visoki son realmente fieles, pocos desaprovecharían esa oportunidad ya que vivirían en mejores condiciones, pero Pauhlo cometió un gran error, pensar que todos eran iguales, Wulian había crecido con otra forma de ver el mundo, su acceso a internet le dio una mentalidad diferente a todos los del pueblo.
Wulian con miedo se acercó a la banca de concreto junto a la puerta, intentó no hacer ruido para no ser descubierto por ella, pues a través de la puerta metálica le debía de ser imposible saber que él estaba allí. Wulian se sentó, confiado de que simplemente se quedaría en silencio, pero luego recordó las palabras de Pauhlo, “la sacerdotisa es un ser de gran poder”, si era tan poderosa debía saber que estaba allí, ¿Para que necesitaban a un guardián si ella no podía abrir la puerta?.
“Me engañaron” pensó Wulian asustado, el guardián probablemente debía ser la primera voz de emergencia si ocurría algo, si ella intentaba escapar, ¿Cómo era la sacerdotisa?, probablemente era un grotesco ser, al fin y al cabo, podía corromper la mente de los hombres. Wulian estaba asustado, respirando lo más lento posible ya que tenía miedo de hacer el mínimo ruido, molesto apretaba fuertemente sus puños por el lugar en el que le había colocado su padre.
Wulian no sabía cuánto tiempo había pasado ya, no habían grandes ventanas en este piso sino unas ranuras por las que entraba un poco de luz, hasta ahora no había pasado nada, su miedo comenzaba a desaparecer mientras el aburrimiento aparecía, estaba allí encerrado, aunque fuera de la habitación de la sacerdotisa pero encerrado, sin nada que hacer extrañando sus celular, la próxima vez lo traería al menos así podría escuchar música, pero necesitaba unos audífonos, con el dinero que ganaría con esto pediría unos pero se tardarían un poco en llegar a su hogar.
Aburrido, extremadamente aburrido Wulian movía su cabeza de lado a lado, miraba cada detalle minúsculo de su uniforme, observaba las paredes, las ranuras, cerraba sus ojos y a veces se dormía por algunos minutos o horas pues no lo sabe, tiene un poco de hambre no ha comido mucho desde ayer. Cerrando sus ojos Wulian comienza a reproducir canciones en su mente y entonces, sin darse cuenta comienza a tararear.
Después de estar tarareando unos segundos una voz femenina del otro lado de la puerta habla.
–¿Robert?. (preguntó una delicada voz femenina).
Wulian abrió sus ojos de inmediato y se levantó de la banca de concreto dando un salto, alejándose de la puerta, con la piel de gallina, asustado se quedó en silencio.
–¿Qué hago? (pensó Wulian asustado) ¿Sigo en silencio como si no estuviera aquí?, no ella debe saber… o no lo sabe… lo mejor es quedarme en silencio, sí, me quedaré callado. (pensó Wulian).
–¿Robert?, ¿Estás ahí?, tengo un poco de sed… por favor. (dijo la sacerdotisa).
–No, no, solo me quedaré en silencio. (pensó Wulian intentando no hacer ruido) pero debo cumplir sus necesidades… tiene sed… debo darle algo… agua… (pensó Wulian).
–¿Estoy sola otra vez?. (preguntó la sacerdotisa con un tono triste).
Wulian notó el tono triste de la sacerdotisa, se escuchaba tan real que incluso en ese instante sintió pena por ella, tanto que habló.
–No estás sola, traeré agua. (dijo Wulian).
–Oh, bien, lo sabía, gracias. (dijo la sacerdotisa).
Wulian sorprendido abrió sus ojos y boca.
–¿Lo sabia?. (pensó Wulian impactado) Ya sospechaba que estaba aquí y habló con un tono triste apelando a mis sentimientos para que no me quedara otra que responder, definitivamente debe tener el poder de corromper a los hombres, definitivamente… ¡Es un ser de gran poder!. (pensó Wulian).
Rápidamente Wulian se alejó por el pasillo hasta el fondo, se dirigió a las escaleras ya que no sabía de donde obtener agua, pero al acercarse al final del pasillo vio unas jarras con agua y unos vasos colocados sobre una repisa de concreto, además de una portezuela en la pared con unas tablillas de madera en la pared en donde estaba escrito “comida”.
–Oh, así que con estas tablillas se pide comida hasta abajo y ellos la subirán. (pensó Wulian al ver esto).
Wulian sirvió agua en el vaso y volvió hasta la puerta, pero si esta está cerrada, ¿Cómo le daría agua?. Wulian se quedó en silencio unos segundos pensando.
–¿Hola?, ¿sigues ahí?. (preguntó la sacerdotisa).
–Sí. (respondió Wulian).
–Dame agua, por favor. (dijo la sacerdotisa).
Wulian analizó la puerta sin saber cómo darle el agua.
–No eres Robert, ¿verdad?. (preguntó la sacerdotisa).
Tirándose un poco para atrás Wulian se sorprendió, ¿Cómo lo sabía?, definitivamente era un ser de gran poder, lo veía más allá de la puerta.
–Tu voz es diferente y no sabes cómo pasarme el agua. (dijo la sacerdotisa).
–Eso… eso lo hace obvio… ¡O ES UN SER DE GRAN PODER!. (pensó Wulian).
–La parte de abajo, allí al final de la puerta, hay un rectángulo, solo tú lo puedes abrir, ábrelo deslizándolo hacia un lado y pásame el agua… por favor. (dijo la sacerdotisa).
Wulian se agachó y acercó su mano al rectángulo con un pequeño agarre, listo para deslizarlo, pero entonces se detuvo, ¿Y si la sacerdotisa mentía?, tal vez es para escapar o para corromperlo, para entrar en contacto con él.
–¿Qué pasa? (preguntó la sacerdotisa) Debería de ser un pequeño rec- (decía la sacerdotisa cuando fue interrumpida por Wulian).
–¿Y si me mientes? (preguntó Wulian) Me advirtieron de no hablar contigo, eres un poderoso ser que corrompe a los hombres, debes estar manipulándome para escapar. (dijo Wulian).
–Emmm, no puedo decir otra cosa, siempre me han dado agua y alimento por allí, solo… ¿confía en mí? Supongo… (dijo la sacerdotisa).
Wulian acercó su mano una vez más al pequeño rectángulo, tragó saliva asustado, comenzó a sudar, lo haría rápido, si era una trampa de la sacerdotisa para escapar era su culpa, pero se arriesgaría. Wulian deslizó el rectángulo, y dejó el agua allí, con miedo miró el vaso de agua, esperando ver la mano de la sacerdotisa.
La voz de la sacerdotisa era delicada y femenina, pero tal vez esto era una herramienta más de aquel poderoso ser para ganarse su confianza, a continuación, Wulian estaba convencido de que una larga mano, oscura y con pelo, como si de una bestia se tratara saldría de allí, es más, todo su cuerpo saldría por aquel rectángulo y se escaparía.
Una delicada y pálida mano tomó el vaso, rompiendo las retorcidas y terroríficas expectativas de Wulian.
–Cierra rápido, respirar mí mismo aire es peligroso… aunque supongo que tienes la máscara y no debería pasar nada. (dijo la sacerdotisa).
Wulian cerró de inmediato y entonces escuchó a la sacerdotisa tomar el vaso de agua rápidamente, entonces se escuchó un golpe en la puerta.
–Otro vaso de agua, por favor. (dijo la sacerdotisa).
Wulian deslizó el rectángulo, tomó el vaso, cerró de nuevo, corrió al final del pasillo, lo llenó de agua y se lo entregó una vez más, la sacerdotisa le devolvió el vaso.
–Muchas gracias, no tomaba agua hace mucho. (dijo la sacerdotisa).
Al escuchar Wulian esto, se sorprendió un poco, pero no respondió.
–Y… ¿Cómo te llamas?. (preguntó la sacerdotisa).
Wulian se quedó en silencio, no debía de relacionarse emocionalmente con este ser o caería, pero, conocía el nombre de su padre, así que alguna vez se lo dijo, Wulian pensó que tal vez no estaría mal dejárselo saber.
–¿Hola?, ¿sigues ah- (decía la sacerdotisa cuando fue interrumpida por Wulian).
–Wulian, mi nombre es Wulian. (dijo Wulian).
–¿Estas solo por hoy?, o… ¿se ha ido Robert?. (preguntó La sacerdotisa).
–Soy… tu nuevo guardián. (dijo Wulian).
–Oh… tu voz no es tan gruesa… ¿Eres joven?. (preguntó la sacerdotisa).
Wulian se quedó en silencio.
–¿Hola?. (preguntó la sacerdotisa).
–Me advirtieron no relacionarme mucho contigo, estas preguntando demasiado, no responderé más, solo cuando tengas hambre o sed. (dijo Wulian).
–¿Tanto miedo me tienes?. (preguntó la sacerdotisa).
Wulian no respondió.
–¿Wulian?, sé que sigues ahí… habla conmigo por favor. (dijo la sacerdotisa).
Una vez más, Wulian permaneció en silencio.
–Por favor… habla conmigo… no dejes que me sienta sola. (dijo la sacerdotisa).
Esas palabras tenían un tono triste y deprimente que afectaron un poco a Wulian pero este, se mantuvo en silencio, la sacerdotisa intentó una y otra vez hablarle sin éxito hasta quedarse callada. Después de un tiempo, sin saber cuántas horas habían pasado, un Visoki por el pasillo le indicó a Wulian que podía volver a casa y que debía de estar mañana temprano, Wulian se levantó del banco de concreto, al hacerlo la sacerdotisa habló una última vez.
–Así que será como con Robert, no me hablaras nunca y sentiré que estoy hablando sola, me volveré loca a este paso… (dijo la sacerdotisa).
Wulian se fue a casa, salió de la tétrica torre y caminó junto al lago hasta el pueblo, ya había anochecido, pero no era muy tarde pues aún se veían luces en el pueblo, mientras caminaba por la arena junto al frio lago recordaba las palabras de la sacerdotisa, se oía triste, pero le advirtieron, tal vez ella lo estaba manipulando, o tal vez no, ¿Quién estaba detrás de esa puerta?, ya le había visto la mano, ¿pero su cuerpo?, ¿su cara?, ¿sus ojos?.
Tal vez lo que Wulian vio era mentira, era una ilusión, al fin y al cabo, le advirtieron, es un ser de gran poder… pero esa mano era la mano de una joven, si le llaman sacerdotisa era una mujer, eso estaba claro, tenía una voz delicada y dulce, Wulian intentó imaginar lo que había tras esa puerta.
–Ella es… (pensó Wulian) Si, es una mujer, ¿de mi edad?, eso dijeron papá y Pauhlo, una joven, alta, de ojos azules, rubia, pechos grandes… una cintura pequeña y un gran trasero… por algo corrompe a los hombres si- No, ¡No!, maldita mente de adolescente caliente, ¿En qué estoy pensando?, soy un idiota, pensando en cosas como estas cuando acabo de perder un día encerrado en una torre, y será así durante años de mi vida, ¡Décadas!, maldita sea. (pensó Wulian).
Wulian llegó a casa, como su padre, con uniforme, se lo quitó, su madre y padre le saludaron, pero los ignoró, estaba molesto por la situación en la que lo habían colocado, tomó una ducha, comió un poco y escuchó música en su celular hasta quedarse dormido. Al siguiente día se vistió temprano y esta vez llevó su celular.
Otro día más, como lo serán muchos en el futuro, encerrado en aquella torre sentado junto a una puerta, pero al menos esta vez tenía su celular, Wulian no tenía audífonos así que colocó el volumen al mínimo y acercó el celular a su oreja, el silencio del pasillo era tal que incluso la sacerdotisa lo escuchó.
–¿Qué es eso?. (preguntó la sacerdotisa).
Wulian se quedó en silencio.
–Se que estás ahí idiota porque escucho lo sea que es eso, ¿Qué es eso?. (preguntó la sacerdotisa).
–No tienes por qué insultarme. (dijo Wulian).
–Ves que puedes responder, ahora dime… que es eso, de donde sale ese sonido. (dijo la sacerdotisa).
–Es música, en mi celular. (dijo Wulian).
–¿Celular?, la cajita esa eléctrica. (dijo la sacerdotisa).
–Sí, ¿ves?, dices estar encerrada, pero conoces un celular, has salido de aquí. (dijo Wulian).
–¿Salir?, claro que sí, cuando me sacan para bendecir o traer calamidad, no significa que sea libre. (dijo la sacerdotisa).
Wulian se quedó en silencio.
–Bueno y esa música que escuchas… ¿Qué es?. (preguntó la sacerdotisa).
–Es rock. (dijo Wulian).
–¿Rock?, jamás he escuchado esa palabra en mi vida. (dijo la sacerdotisa).
Wulian una vez más, se quedó en silencio.
–Acerca un poco más el celular a la puerta, quiero escuchar. (dijo la sacerdotisa).
–¿Quieres escuchar?. (preguntó Wulian).
–Claro que sí, suena interesante. (dijo la sacerdotisa).
Tras la puerta, la sacerdotisa no podía verlo, pero Wulian sonreía un poco, sus padres siempre le criticaban por escuchar aquella “música ruidosa”, en el pueblo nadie conocía ni le interesaba su música también. Wulian subió solo un poco el volumen y acercó el celular.
–¡Oh! Nunca había escuchado algo así, suena… ¿energético?, me hace sentir como si pudiera romper esta puerta y salir. (dijo la sacerdotisa).
En silencio Wulian escuchó junto a la sacerdotisa un poco de música.
–¿No me vas a hablar mas?. (preguntó la sacerdotisa).
–No… me estás hablando mucho, eso me da miedo, me vas a corromper. (dijo Wulian).
–¿Corromper? (preguntó la sacerdotisa) No… bueno mentiría si dijera que no quiero ganarme tu confianza para que me ayudes a escapar, pero… si no es así, al menos quiero alguien con quien hablar, para no sentirme sola. (dijo la sacerdotisa).
–Lo sabía, quieres escapar. (dijo Wulian).
–Obvio, si estoy encerrada aquí casi todo el tiempo, ¿acaso tu no querrías escapar?, bueno… no es como si me comprendieras. (dijo la sacerdotisa).
Aunque solo eran dos días que llevaba como guardia, Wulian la entendía, pues durante décadas de su vida estará encerrado allí también, obligado a algo que no quiere hacer. Así como también se sentía encerrado en aquel pueblo donde no lo comprendían, en aquella casa donde su padre puso unas expectativas sobre él diciéndole que su sueño era infantil.
–No… te comprendo, yo también quiero escapar. (dijo Wulian).
–¡¿En serio?! (preguntó la sacerdotisa sorprendida) entonces escapemos ya. (dijo la sacerdotisa).
–No tengo la llave, además… no sería tan tonto de dejar salir un poderoso ser así, me metería en grandes problemas… además me estas empezando a corromper, ¿ves?, no debo hablar más contigo. (dijo Wulian).
–Bueno… al menos déjame escuchar un poco más de ese rock. (dijo la sacerdotisa).
–¿Tienes un nombre?. (preguntó Wulian).
–Claro que tengo un nombre, soy Zamara. (dijo Zamara).
–Es un lindo nombre. (dijo Wulian).
Esta vez fue Zamara quien no respondió ante Wulian, lo cual era extraño.
–¿Ahora eres tú la que no habla?. (preguntó Wulian).
–Yo e- déjame escuchar. (dijo Zamara).
Wulian pasaría semanas en lo que sería su nuevo trabajo durante años, ante las recomendaciones y advertencias de su padre o Pauhlo, Wulian hace caso omiso, habla con Zamara cada vez más, al principio son conversaciones banales, Wulian le cuenta sobre el exterior y sobre cosas que ni él conoce, pues solo las ha visto por internet, solo ha salido del pueblo un par de veces cuando su padre tuvo vacaciones y salían de viaje. La relación entre Wulian y Zamara se va estrechando.
Algunas veces los Visoki llegan junto a Pauhlo, se le dan órdenes a Wulian de alejarse de la puerta y este va hasta el fondo del pasillo, más allá de las escaleras, se le ordena no hablar. Pauhlo y los Visoki entran a la habitación sacando a Zamara de allí, pero esta es cubierta con unos largos ropajes negros y un velo que cubre su rostro, Wulian no la puede ver, la curiosidad de cómo es ella crece cada vez más, se imaginaba un monstruo al principio, pero hablando con ella parece una chica “normal”.
Al preguntar a Zamara donde va ella siempre dice lo mismo, no ve nada pues el velo solo le permite ver el suelo, le colocan una máscara parecida a la que él lleva, camina por la orilla del lago hasta el pueblo donde entra a un vehículo, nuevamente sin ver nada, cuando por fin se le retira el velo se encuentra en una habitación, donde no conoce a nadie, y entonces debe “bendecir” o “traer calamidad”. Wulian no entiende a que se refiere, pero parece que aún su relación no es lo suficientemente estrecha o ella prefiere no contarle del todo, pero Wulian quiere saber más, quiere conocer a Zamara.
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