Conflicto Celestial - Capítulo 53
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Capítulo 53: 52. Quiero verte
Otro día más, Wulian está sentado en la banca de concreto, junto a la puerta, hablándole a Zamara del mundo exterior.
–Sí, fui hace mucho (dijo Wulian recordando un viaje con su familia) era un niño y era algo nuevo en el paraíso, es algo de la cultura de los humanos, se le llama parque de diversiones, son un montón de máquinas metálicas que te hacen sentir que vas a salir volando. (dijo Wulian).
–Y la… ¿montaña rusa?… esa cosa, ¿Está ahí también?. (preguntó Zamara).
–Sí, recuerdo que creí que me iba a caer. (dijo Wulian).
–Ugh (se quejó Zamara) Siempre me cuentas de cosas que quiero ver pero… ¡No puedo salir de aquí!. (dijo Zamara molesta).
–Oh si ese detalle… lo siento. (dijo Wulian).
–Sí, “detalle”, una mierda. (dijo Zamara).
–Lo siento, si pudiera sabes que te habría ayudado hace mucho. (dijo Wulian).
–Sí eso… ya lo sé, me lo dices siempre, pero… simplemente estoy harta de este lugar, de esta maldita vida, me cuentas del mundo exterior y solo puedo imaginarlo. (dijo Zamara).
–Te noto un poco… irritada desde que volviste, ¿Pasó algo?. (preguntó Wulian).
–No, otra vez que tuve que “traer calamidad”, ridículo. (dijo Zamara).
Wulian se quedó en silencio, siempre que se tocaba este tema, Zamara prefería no hablar al respecto.
–Siempre me hablas tú, así que… déjame contarte algo. (dijo Zamara).
–Claro que sí. (dijo Wulian).
–Primero… estamos solos, ¿verdad?. (preguntó Zamara).
–Sí, nadie vendrá por un largo tiempo. (dijo Wulian).
Zamara se quedó en silencio unos segundos tratando de recordar su infancia.
–Yo… (dijo Zamara con una voz un poco temblorosa) recuerdo muy poco de mi infancia, tengo la imagen de una mujer de cabello rubio, tal vez fue mi madre… no lo sé, pero lo que si recuerdo es estar atada a una mesa metálica y como se me alimentó forzosamente un espeso liquido purpura, había otras niñas también, poco a poco todas murieron, solo quedamos un par, que con el pasar de días o semanas también murieron. (dijo Zamara).
Wulian quedó impactado al oír esto, con sus ojos exageradamente abiertos al oír esto.
–Yo tampoco sé del todo lo que ocurre, pero con los años he llegado a unir las piezas dándole sentido. (dijo Zamara recordando todo lo que ha vivido) Hay una antigua fruta que hasta donde sé solo se cultiva artificialmente en esta torre, parece una manzana, pero purpura y… es un poco más redonda y blanda, esa fruta es venenosa. (dijo Zamara).
–El líquido purpura que te alimentaron… (dijo Wulian).
–Sí, esa fruta, no sé si es por la figura de la sacerdotisa, pero solo éramos niñas, se busca que alguna asimilé la fruta, solo quedé yo, esa es la sacerdotisa. (dijo Zamara).
–¿Pero que tiene eso que ver con bendecir?. (preguntó Wulian).
–Yo… (dijo Zamara con tristeza) Soy un arma, soy un objeto, no es “bendecir” es no matar, mi respiración exhala ese veneno, traer calamidad es encerarme en una habitación con alguien para que sea envenenado, las familias del Paraíso lo saben y se aprovechan de aquellos que no lo saben, para que me encargue de ellos… (dijo Zamara).
–Por eso no puedo respirar cerca de ti sin la máscara. (dijo Wulian).
–Sí… aunque me queje, aunque trate de liberarme y escapar, solo quedé yo, no les queda otra hasta que la fruta vuelva a crecer y consigan otra niña apta. (dijo Zamara).
Wulian subió sus pies a la banca de concreto y abrazó sus rodillas.
–Zamara yo… no te- Zamara, Zamara lo siento, lo siento mucho. (dijo Wulian).
–Tranquilo, no es como si fuera tu culpa. (dijo Zamara).
–Pues en parte lo es… estoy trabajando para ellos… para Pauhlo, para alguien así… (dijo Wulian).
–Sí yo… estoy harta, de estar en este cuarto, yo quiero escapar. (dijo Zamara).
–Yo… yo te ayudaré a escapar. (dijo Wulian).
–¿Lo dices en serio?. (preguntó Zamara).
–Sí… pero no será inmediato, tardaré un tiempo en idear un plan. (dijo Wulian).
–O sea… estaré aquí encerrada más tiempo. (dijo Zamara).
Wulian se sentía profundamente triste, se veía de alguna manera reflejado en la situación de Zamara, aunque claramente de manera menos trágica, él quería algo diferente de su vida, pero fue forzado estar allí, ella desde niña y pasando por cosas mucho peores ha sido colocada en una situación en la que no tiene control, otros por encima controlan su vida.
Así como Wulian tiene sus sueños sabe que Zamara tiene los suyos, tal vez ser una estrella de rock le costará mucho, pero si algo puede hacer es ayudar a escapar a Zamara, aunque será difícil, poco le importa ya las recomendaciones que se le dieron en un inicio, de no involucrarse sentimentalmente, de ignorarla, si algo no quería hacer Wulian era ignorar, como su padre le ignoró a él cuando le contó su sueño.
–Dejemos de lado esta conversación por ahora, no quiero hacer más deprimente el ambiente, aún quedan horas por delante antes de irme, al menos quiero hacerte sonreír antes de irme. (dijo Wulian).
–¿Cómo sabrás si sonrió o no tras esta puerta?. (preguntó Zamara).
–Sé que lo que dijiste no te hizo sonreír, eso fue horrible, pero sé cómo hacerte sonreír. (dijo Wulian).
Wulian tomó su celular, no tenía internet, pero tenía fotos de algunos lugares que visitó hace unos años con sus padres, deslizó el rectángulo bajo la puerta y le pasó el celular a Zamara, ella se agachó y tomó aquel objeto sorprendida.
–Esto es, tu celular, ¿Verdad?. (preguntó Zamara).
–Sí, mira las fotos, del mundo exterior. (dijo Wulian).
–¿Fotos?, ¿Cómo lo hago?, ¿Qué es una foto?. (preguntó Zamara).
–Una foto es como… como un cuadro, es capturar un momento en el tiempo de manera instantánea… solo desliza tu dedo por encima de la panta- del cristal, muévelo de izquierda a derecha y veras más fotos. (dijo Wulian).
–Oh… ¡OH! Ya veo, ya veo, vaya… es hermoso. (dijo Zamara).
–Son fotos de hace unos años, con papá y mamá. (dijo Wulian).
Zamara sorprendida miraba las fotos, pudiendo así ver realmente un poco del mundo exterior.
–Entonces el pequeño debes ser tú… ¡realmente eres un niño!. (dijo Zamara).
–No… esas fotos fueron hace años te dije… no soy un niño. (dijo Wulian).
–¿Entonces cómo te ves ahora?. (preguntó Zamara).
–Pásame el celular. (dijo Wulian).
–¡¿Ehhh?! Pero aún quiero ver más fotos. (dijo Zamara).
–Te enseñaré algo. (dijo Wulian).
Zamara le entrega el celular, Wulian corre al final del pasillo, mira por las escaleras que no venga nadie, luego va al extremo del pasillo y se quita su mascara, su visor y la capucha, levanta su celular y se toma una foto, él no era alguien de tomarse muchas fotos, tomaba foto de lugares, de sus padres, de animales, pero muy pocas veces tomaba fotos de sí mismo, pero para que Zamara lo pudiera ver lo hizo, al no estar acostumbrado el ángulo era un poco extraño, y su forzada sonrisa también.
Wulian se colocó su mascara, visor y capucha nuevamente y corrió hasta la puerta, deslizó el rectángulo y entregó el celular a Zamara.
–Mira, este soy yo, acabo de tomar esta foto. (dijo Wulian).
Zamara miró la foto de Wulian.
–¡Ooooh! Eres… ¡eres un niño!. (dijo Zamara).
–¿Qué?. (preguntó Wulian un poco desconcertado).
–Jajaja, miento, yo también soy una niña, debemos tener edades similares… creo. (dijo Zamara).
–Ahora tú. (dijo Wulian).
–¿Ahora yo…?. (preguntó Zamara).
–Sí, ahora tú, tomate una foto, quiero verte. (dijo Wulian).
–¡¿Ehhh?! Yo… no se. (dijo Zamara).
–Pásame el celular, te lo dejaré listo para que solo tengas que tomar la foto. (dijo Wulian).
Zamara entregó el celular, Wulian colocó la cámara frontal y entregó una vez más el celular. Zamara tomó el celular y al levantarlo y mirar la pantalla se vio a sí misma, sorprendida de su aspecto, pues no se veía en años, rápidamente sosteniendo el celular en el aire se miraba su rostro desde diferentes ángulos, su cuerpo, cada detalle de sí misma.
–¡Oooh!, ¡Esta soy yo!. (dijo Zamara sorprendida).
–¿No te has visto nunca?. (preguntó Wulian).
–Solo alguna veces… cuando en un cuarto donde me colocan hay un espejo y siempre desde la lejanía… pero esta soy, ¡Esta soy yo!. (dijo Zamara).
Wulian estaba sorprendido, nunca se había imaginado escuchar a alguien decir que no se había visto a sí mismo, para él era un misterio el aspecto de Zamara, pero parece que para ella también.
–Toma la foto. (dijo Wulian).
–Oh es cierto, ¿Cómo lo hago?. (preguntó Zamara).
–Lo que ves en la pantalla es lo que se capturará… entonces asegúrate de que te ves en la pantalla y luego toca la pantalla en el gran circulo blanco al inferior. (dijo Wulian).
Zamara tomó la foto.
–¡Oh!, hizo un sonido. (dijo Zamara).
–Sí, eso significa que tomó la foto. (dijo Wulian).
–Mmmm, ¿Y si la tomé mal?. (preguntó Zamara).
–Toma otra, vuelve a presionar el circulo. (dijo Wulian).
Pasarón un par de minutos donde Zamara tomó una y otra vez varias fotos de sí misma.
–¿Cómo tomo fotos de mi cuerpo?, cuando me alejo no puedo presionar el botón. (dijo Zamara).
–En la parte superior derecha de la pantalla verás una tuerca, presiónala. (dijo Wulian).
–¿Tuerca?, ¿Qué es una tuerca?. (preguntó Zamara).
–Un cirulo más pequeño con protuberancias. (dijo Wulian).
–Oh sí. (dijo Zamara).
–Presiónalo, luego presiona donde dice temporizador y luego presiona una vez más donde dice quince segundos. (dijo Wulian).
–Listo, ¿ahora?. (preguntó Zamara).
–Coloca el celular contra una pared y presiona el botón, aléjate y asegúrate de que te vez en la pantalla, en quince segundos la foto se tomará. (dijo Wulian).
Zamara siguió las indicaciones de Wulian.
–¿Cómo sé si funcionó?. (preguntó Zamara).
–Abajo a la derecha deberías verte, una foto pequeña de ti. (dijo Wulian).
–¡Oooh! Si ya veo. (dijo Zamara).
–Ahora déjame verte. (dijo Wulian).
–Espera, déjame tomar más fotos. (dijo Zamara).
Wulian escuchó el entusiasmo de Zamara tras la puerta, la oía correr por la habitación, probablemente tomando fotos y posando.
–¿Estas sonriendo?. (preguntó Wulian).
–Claro que sí. (dijo Zamara).
–Te dije que conocía una forma de hacer sonreír. (dijo Wulian).
–Gracias Wulian. (dijo Zamara).
Wulian no sabía cuánto tiempo había pasado, pero por las escaleras un grupo de Visoki junto a Pauhlo se acercaron, al verlos Wulian se asustó y susurró a Zamara.
–Zamara, guarda el celular, vienen por ti, escóndelo. (susurró Wulian).
Zamara en pánico corrió y escondió el celular bajo la almohada de su cama. Pauhlo y los Visoki se acercaron a la puerta. Wulian ya conocía el protocolo así que se alejó hasta el extremo del pasillo, una vez más cubierta y con un velo se llevaron a Zamara, antes de Pauhlo descender este le entregó una escoba a Wulian y una llave.
–Entra y limpia, cuando vuelva me darás la llave. (dijo Pauhlo).
Era la primera vez que Pauhlo le entregaba la llave a Wulian, esto le sorprendió, pero aceptó sin rechistar, era su oportunidad de ver la condiciones en las que Zamara vivía. Una vez Pauhlo y los Visoki se habían llevado a Zamara, Wulian avanzó hasta la puerta, la abrió y finalmente pudo entrar, esperaba encontrar una sucia prisión, fría y vacía.
A simple vista se notaba como se le intentaba dar a Zamara todas las comodidades posibles, era un cuarto de paredes blancas y suelo brillante, una gran cama limpia, en la pared contraria a la puerta había una gran ventana desde donde se podía ver el lago y el pueblo a la lejanía, pero era un poco opaca y no reflejaba nada, por ello Zamara no se podía ver a sí misma. Había unas estanterías con libros que se notaba eran bastante antiguos, un escritorio con un cuaderno. En una esquina se encontraba un pequeño cuarto con un retrete, una ducha y un lavamanos además de utensilios de limpieza personal.
Un armario tenía una gran cantidad de ropa, toda era igual, largos ropajes blancos elegantemente adornados como se esperaría de una sacerdotisa. Wulian comenzó a barrer un poco, no había mucho que limpiar pues la habitación estaba bastante impecable, tal vez por ello hasta ahora se le había pedido limpiar, no era necesario hacerlo muy seguido.
Wulian organizó la cama y bajo la almohada encontró su celular, estaba a punto de revisar las fotos cuando por el rabillo de su ojo vio el cuaderno, estaba casi completo pues estaba abierto en sus últimas páginas, el celular lo podía ver cuando quiera, pero era una de las pocas oportunidades de ver aquel cuaderno así que se acercó.
Sentándose, Wulian leyó el cuaderno, había otros cuadernos aparentemente ya completos y un par de libros en la mesa. En el cuaderno estaban plasmados los pensamientos de Zamara, esta leía libros, sobre la naturaleza, sobre el exterior, en una de las páginas escribió sobre el mar, de cómo era diferente a aquel lago, era un agua en constante movimiento con algo llamado olas. Zamara escribía sobre todo lo que quería conocer, de todo lo que leía pero no podía ver, solo imaginar.
Algunas de las páginas eran deprimentes, preguntándose si toda su vida estaría allí, pensaba en quitarse la vida pero no tenía el valor para hacerlo, en uno de los antiguos cuadernos hablada de Robert, como por más que ella intentara hablar con él este poco respondía, mencionaba el aburrimiento de leer una y otra vez lo mismo para solo poder imaginarlo, se preguntaba cómo vivían otras chicas de su edad, en algunas novelas que había leído se hablaba de amistades, de familia, de noviazgos, ella se preguntaba si algún día viviría aquello antes de morir.
Las páginas de los cuadernos más recientes eran diferentes, mencionaban a Wulian, de cómo, aunque al principio se negaba a hablar con miedo cada vez hablaban más, de cómo se divertía escuchando historias de sus viajes o de lo que leía en internet, el mundo exterior había cambiado en comparación a los libros y eso la emocionaba aún más.
Zamara escribió como sonría al hablar con él, al escuchar aquella extraña música llamada rock, se preguntaba si esto era como tener una familia, o un amigo como lo mencionaban los libros, tal vez esto era un noviazgo, pero aún no se habían besado entonces tal vez aún no. Zamara mencionaba haber recobrado un poco sus ganas de vivir e incluso su sueño de escapar lo sentía cada vez más real.
Wulian leyó los pensamientos de Zamara olvidándose del tiempo, aunque invadiendo su privacidad estaba intrigado por este ser al que al principio le tenía miedo y con el que con el pasar del tiempo le ha tomado cariño. Wulian dándose cuenta del tiempo que ha perdido termina de limpiar rápidamente y organizar antes de salir del cuarto y esperar en el banco.
Al volver Pauhlo le pide la llave, Wulian siguiendo el protocolo se va al extremo del pasillo e ingresan a Zamara a la habitación, Pauhlo le indica a Wulian que su turno ha terminado y que vaya a casa. Wulian se dirige a las escaleras y antes de salir mira la puerta, quería despedirse de Zamara, pero no podía hacer obvio su ahora estrecha relación con ella, pues Pauhlo sospecharía. Antes de bajar las escaleras Wulian se promete así mismo que sacará a Zamara de allí.
Wulian vuelve a casa, ha anochecido, esta vez no camina por la arena a la orilla del lago, esta vez corre rápidamente hacia casa, solo tarda quince minutos, llega al pueblo y continúa corriendo a casa, entra y ni siquiera se quita el uniforme, su madre saluda, pero este solo corre subiendo las escaleras y se encierra en su cuarto.
Quitándose rápidamente el uniforme Wulian se tira en la cama y toma su celular, investiga y piensa en múltiples planes, desde matar a Pauhlo hasta tardar años en ganarse su confianza y conseguir la llave, pero no podía tardar, quería hacerlo lo más rápido posible. Wulian llega a la conclusión que lo más importante es conseguir la llave ya que matar a Pauhlo, tomarlo de rehén o robar la llave era muy arriesgado, además él nunca podría matar a alguien.
Wulian investiga y descubre que se puede copiar una llave con fotos detalladas de esta, ahora solo necesita una excusa, durante horas Wulian planifica cautelosamente como sacar a Zamara de allí. Era bastante tarde ya, la madrugada para ser exactos, Wulian debía dormir, pero antes de hacerlo recuerda las fotos de Zamara, estuvo tan concentrado en un plan para escapar con ella que había olvidado las fotos.
Nervioso Wulian abre la galería de su celular, por algún motivo estaba sudando y temblando un poco, era el momento de ver finalmente a Zamara, quien en un principio imaginó como un grotesco ser, oscuro y lleno de pelaje como una bestia, luego su mente de adolescente se imaginó a una voluptuosa mujer, de brandes pechos y trasero con una estrecha cintura.
Durante estas semanas y tras leer los pensamientos de Zamara plasmados en un cuaderno, Wulian ahora sabe que ella no es como la imaginó, no es una bestia devora hombres, tampoco una atractiva mujer que usa sus atributos para corromperlos, la sacerdotisa, Zamara, es una joven más, que ha pasado por desafortunados eventos orquestados por otros que la ha llevado a vivir encerrada en una torre, soñando con ser libre.
Wulian abre la galería y baja rápidamente sin ver nada, hasta solo ver su foto, la que tomó fuera para mostrarle a Zamara como era él, estaba extrañamente nervioso, sube un poco hasta ver la primera foto de Zamara, su corazón latía fuertemente, finalmente su curiosidad era saciada, el deseo de finalmente verla.
Zamara era una mujer de rostro muy fino y delicado, su piel era bastante pálida, se notaba que no se alimentaba bien. Wulian continuó viendo las fotos, el cabello de Zamara era de un rubio también bastante pálido, era bastante largo pues llegaba un poco más abajo de su cadera, sus ojos tenían el color de un marrón bastante claro, un poco como la miel, sus cejas eran delgadas. Zamara no llevaba puestos los ropajes elegantes, tenía una un poco holgada camisa blanca de mangas cortas y también un corto pantalón apretado en su cintura.
Se notaba el deterioro en su cuerpo, pues era una mujer delgada, bastante delgada de piernas largas y estrecha cintura, pero había algo, Wulian le había afirmado saber cómo hacerla sonreír, en las fotos, en cada pose, en cada borrosa imagen se veía a Zamara sonriendo, feliz al tomarse fotos, al ver su rostro, aquellos claros ojos marrones de largas rubias pestañas brillaban, tenía una gran sonrisa en sus pálidos labios.
–¡¿Es un ser que corrompe a los hombres?!… ¡ES HERMOSA!. (pensó Wulian).
Wulian casi no pudo conciliar el sueño dando vueltas en su cama, pensando en Zamara, en las fotos, en su plan de escape, sin darse cuenta su alarma finalmente sonó y se levantó de inmediato, una vez más corrió hasta la torre, quería hablar con Zamara.
–¡Buenos días Zamara!. (dijo Wulian al finalmente llegar a la puerta).
–Hola. (dijo Zamara con un tono triste).
–Oh… verdad que ayer te llevaron… a- sí, pero ignoremos eso, se algo que te hará sonreír. (dijo Wulian).
–¡¿Mas fotos?!. (preguntó Zamara emocionada).
–Oh puede ser, pero, es otra cosa, se cómo sacarte de aquí. (dijo Wulian).
Zamara se quedó en silencio unos segundos alejándose de la puerta, casi pierde el equilibrio y cae, estaba sorprendida al oír esto, tomó un par de respiraciones lentas y se acercó nuevamente junto a la puerta.
–¿Me lo estas diciendo en serio?. (preguntó Zamara con una voz temblorosa).
–Tengo un plan, te lo prometo Zamara, yo te sacaré de aquí. (dijo Wulian determinado).
Zamara se sentó en el suelo impactada mientras lloraba, las lágrimas se deslizaban por sus mejillas, Wulian la oyó sollozar.
–¡Ey!, no llores, esto debería hacerte feliz… (dijo Wulian).
Zamar continuaba sollozando junto a la puerta.
–Ayer vi tus fotos, eres hermosa. (dijo Wulian).
Wulian estaba recostado contra la puerta, Zamara al oír las palabras de Wulian levantó su rostro mirando al frente, impactada, su corazón se aceleró, nunca había oído esto, solo lo había leído en los libros, sus pálidas mejillas se sonrojaron, las lágrimas continuaban deslizándose, pero su corazón se aceleraba, ¿era esto un amigo?, ¿era esto familia?, ¿era esto amor?, Zamara miraba hacia la puerta, era como si esa gruesa placa de metal no estuviera allí, imaginaba a Wulian tras esta, como un caballero que venía a rescatarla, Wulian también miraba a la puerta como si esta no existiera, el imaginaba a Zamara allí llorando en el suelo pero con sus ojos brillando con esperanza, cada uno sin verse se veía tras la puerta.
–Tomará un tiempo mientras consigo algunas cosas, te lo contaré a su debido tiempo, no lo hagas obvio, yo tampoco lo haré obvio, pero te juro que nos largaremos de esta torre y de este aburrido pueblo. (dijo Wulian).
En las semanas que lleva trabajando, Wulian ha ganado bastante dinero, ahora entendía porque el estilo de vida que su padre le permitió fue posible, además entendía el porqué de la lealtad de los Visoki, el dinero era una forma de mantenerlos bajo su control, pero poco le importaba a Wulian el dinero. Los días siguientes cada que llega a casa comienza a ordenar cosas por internet, ropa, una cuerda y mosquetones, mira tutoriales para aprender a hacer nudos y un arnés, solo falta la llave.
En la torre junto a la puerta Wulian le pide a Zamara que haga algo asqueroso.
–Escúchame, sé que suena horrible, pero una vez termines de comer, necesito que esperes unos minutos a que esté un poco digerido y luego vomita, necesito que vomites por todo el suelo. (dijo Wulian).
–¡¿Qué?!, estás loco Wulian. (dijo Zamara).
–¿Quieres ser libre o no?. (preguntó Wulian).
–¡Ugh!, está bien lo haré. (dijo Zamara).
Después de un tiempo Wulian escuchó a Zamara vomitar, esto también le dio asco al punto de que tuvo arcadas.
–Ahora solo necesito que no digas nada extraño cuando venga Pauhlo, solo di que la comida te cayó mal y estabas durmiendo, te despertaste con arcadas y vomitaste al instante. (dijo Wulian).
Wulian se dirigió al fondo del pasillo, donde se encontraba el agua y las tablas con las que pedía comida, había una tabla que se podía utilizar para llamar a Pauhlo. Wulian un poco nervioso tomó la pequeña tabla, movió la pequeña rendija corrediza de la pared y la colocó dentro de una cesta atada con cadenas, cerró la rendija y movió una palanca que bajaba la cesta. Pauhlo debería subir pronto.
Nervioso Wulian corrió hasta la banca de concreto y se sentó, le dijo a Zamara que se quedara en silencio y luego esperó, sudando del miedo, su plan estaba en marcha, la oportunidad de obtener la llave. Después de unos minutos finalmente Pauhlo subió por las escaleras y caminó hasta Wulian.
–¿Qué sucede?. (preguntó Pauhlo con aquel aterrador rostro).
Por unos segundos Wulian quedó en shock, imaginó todos los escenarios posibles, probablemente Pauhlo sospechaba algo, pero después respiró calmándose, es imposible que sepa, confía en que los Visoki son fieles por dinero además Wulian no ha actuado hasta ahora de manera sospechosa en ningún momento, nadie sabe de su relación estrecha con Zamara.
–Señor Pauhlo, Za- (decía Wulian antes de casi mencionar el nombre de Zamara).
–¿Za?. (preguntó Pauhlo).
–Sacerdotisa, la sacerdotisa, se ha estado quejando por el olor… verá… me dice que la comida no le sentó muy bien y despertó vomitando por el suelo. (dijo Wulian).
–¿Vomitó?… Aléjate de la puerta, déjame ver. (dijo Pauhlo).
Pauhlo golpeó fuertemente dos veces la puerta con el lateral de su puño.
–Aléjate de la puerta la voy a abrir, soy Pauhlo. (dijo Pauhlo).
Pauhlo no llevaba la máscara puesta, movió sus largos ropajes dejando expuesto su cinturón donde tomó la llave, en su cinturón tenía también otro montón de llaves colgadas todas muy similares, Pauhlo aguantando su respiración abrió ligeramente la puerta y vio el vómito, cerró y se echó para atrás.
–Hmmm (suspiró Pauhlo acariciando su barba) pediré que suban a limpiarlo. (dijo Pauhlo).
Esta no es la respuesta que buscaba Wulian.
–Pero señor, la última vez limpié yo la habitación, es mi responsabilidad, lo limpiaré yo. (dijo Wulian).
–No hay problema, pediré a otros que la limpien. (dijo Wulian).
Viendo escaparse su única oportunidad de obtener la llave, Wulian habló.
–Señor, me la paso días sentado en esa banca, no quiero sentirme inútil, por favor, déjeme limpiar o hacer algo, quiero ser útil para usted. (dijo Wulian).
–Hmmm… admiro tu pasión por el trabajo, está bien, pediré que suban instrumentos de aseo y te dejaré limpiar. (dijo Pauhlo).
Pauhlo caminó de nuevo hasta la puerta y golpeó dos veces una vez más.
–Entrará alguien a limpiar, ya sabes lo que debes hacer, te sentarás en la silla mirando a la ventana y no te moverás de ahí hasta que limpien. (dijo Pauhlo de manera amenazadora).
Pauhlo tomó la llave de la puerta y se la entregó a Wulian.
–Cuanto termines de limpiar bajarás y me darás la llave personalmente. (dijo Pauhlo con un rostro sombrío).
–Si señor. (dijo Wulian asustado).
Wulian vio a Pauhlo alejarse y descender las escaleras, finalmente tenía la llave en sus manos, la oportunidad que estuvo esperando todo este tiempo, pero no podía tomarle fotos aún, en cualquier momento subirían Visoki a entregarle los instrumentos de aseo.
Después de unos minutos finalmente un Visoki subió, dándole un balde metálico, un viejo trapeador y un trapo. Wulian los tomó y se giró listo para abrir, pero antes de hacerlo el Visoki le pidió que dejara las cosas y se diera la vuelta.
–Extiende tus manos a los lados, voy a requisarte, es protocolo. (dijo aquel Visoki).
Wulian extendió sus manos y nervioso tragó saliva, comenzaba a sudar un poco. Aquel Visoki comenzó a palpar sus extremidades y cuerpo hasta llegar a su pantalón donde sintió un rectángulo rígido.
–¿Qué es esto?. (preguntó aquel Visoki).
Con sus temblorosas manos Wulian sacó aquello de su bolsillo y se lo mostró al Visoki, era una tablilla con las que se ordenaba comida.
–¿Por qué tienes una tabla de comida?. (preguntó el Visoki).
–Olvidé dejarla cuando pedí comida. (dijo Wulian).
–Bien, deja la tabla donde pertenece, luego puedes entrar y limpiar, recuerda devolver la llave. (dijo aquel Visoki).
–Si señor. (dijo Wulian).
El Visoki se alejó por el pasillo, Wulian suspiró aliviado, había colocado la tablilla junto a su celular por si algo así ocurría.
–Soy un genio. (pensó Wulian).
Finalmente, después de todo Wulian podía entrar, limpiaría y tomaría fotos y videos de la llave, pero, sobre todo, vería a Zamara frente a frente. Wulian abrió la puerta, Zamara se sentó en la silla, creyendo que otra persona entraría a limpiar, ella escuchó la puerta cerrarse, pero entonces escuchó una voz familiar.
–Hola Zamara. (dijo Wulian).
Zamara se levantó de inmediato y se giró viendo a Wulian, este ya la había visto en fotos, pero la parecía más hermosa en persona. Zamara no sabía cómo reaccionar, pero corrió hasta Wulian, pues se sentía segura, frente a Wulian, mirándose el uno al otro Zamara sonreía. Wulian miraba a Zamara, su sonrisa, su pálida piel, su delgado cuerpo, sus claros ojos marrones y aquel largo cabello rubio. Zamara temía acercarse a alguien, pues les haría daño envenenándolos, Wulian en un principio sin conocer a Zamara solo temía lo que se decía, pero ahora frente a ella no sentía miedo.
–Eres hermosa. (dijo Wulian).
Zamara no sabía cómo reaccionar ante las palabras de Wulian, se echó un poco para atrás desconcertada ante lo que oyó. Wulian se acercó y la abrazó, una vez más, algo desconocido para Zamara, pues el acto de abrazar fue casi olvidado como un recuerdo de su madre, Zamara solo se quedó allí quieta mientras era abrazada pero poco a poco sus brazos rodearon a Wulian también abrazándolo, era una sensación cálida.
–Al fin… puedo verte. (dijo Wulian).
Zamara era más baja que Wulian, media unos 1.77 metros, además con su contextura delgada Wulian sentía que podría lastimarla si apretaba muy fuerte, pero quería que ella sintiera su calidez. Unos segundos más pasaron en silencio donde Zamara con sus ojos cerrados continuaba abrazando a Wulian fuertemente, este entendiéndola hizo lo mismo.
–Hora de poner el plan en marcha Zamara. (dijo Wulian).
Al escuchar esto Zamara volvió en si soltando a Wulian.
–Oh es cierto. (dijo Zamara).
Juntos, Wulian y Zamara se sentaron en la cama, este tomó la llave y sacó su celular.
–¿Qué vas a hacer?. (preguntó Zamara).
–Tomaré fotos y videos de la llave, para hacer una copia, porque esta se la debo regresar a Pauhlo. (dijo Wulian).
–¿Puedes hacer una copia con las fotos?. (preguntó Zamara).
–Sí, lo leí en internet. (dijo Wulian).
–¿Y las fotos que tomé?, ¿Puedes crear una copia mía también?. (preguntó Zamara).
–Jajaja, no. (dijo Wulian sonriendo ante la ingenuidad de Zamara).
–Oh… como el mundo ha avanzado tanto como dijiste… creí que podrías crear una copia mía, así… si llegara a morir, podrías enseñarle a mi copia el mundo. (dijo Zamara).
–No, nadie morirá aquí, además… no se puede crear una copia de alguien, todos somos únicos, solo existe una Zamara, esa eres tú. (dijo Wulian).
Zamara sonrió ante las palabras de Wulian. Después de tomar las fotos y videos Wulian se levantó, tenía que limpiar rápidamente el vómito o sospecharían de él, así que se acercó, con solo verlo le daba asco, pero no sentía olor alguno.
–Esta mascara sí que es increíble, no huelo nada de ese asqueroso vomito. (dijo Wulian).
–Sí… no es solo oler el vómito, si no la tuvieras puesta estarías muriendo, recuerda que mi respiración puede matarte. (dijo Zamara).
Wulian comenzó a limpiar.
–¿Por qué no alejaste cuando me acerqué?, si soy un poderoso ser, que corrompe a los hombres… que mata con su respiración. (preguntó Zamara).
–Jajaja, ya no te tengo miedo, desde hace mucho, solo eres… una niña, como yo. (dijo Wulian).
Zamara sonrió un poco.
–No soy una niña… tu tampoco. (dijo Zamara).
–Bueno una joven o… si, somos adolescentes, pero en el fondo somos niños… porque no nos podemos valer por nosotros mismos, pero cuando escapemos de aquí, no habrá de otra, viviremos por nosotros mismos fuera de este pueblo y torre. (dijo Wulian).
–¿Cuándo nos vamos?. (preguntó Zamara).
–Tan pronto como tenga la copia de la llave, seremos libres. (dijo Wulian).
Zamara corrió hasta Wulian esta vez con más confianza y lo abrazó por la espalda, quería sentir ese calor una vez más.
–Te quiero mucho Wulian. (dijo Zamara).
–Te… te quie- esas palabras no se usan a la ligera Zamara. (dijo Wulian).
–¿A la ligera?, me hablas todos los días, me cuentas historias de afuera e incluso me quieres ayudar a escapar, me abrazaste y me dijiste que soy hermosa, dices que somos únicos, que soy única, nadie me trata así… ¿acaso no puedo decir te quiero?. (preguntó Zamara).
–Yo- bueno sí… (dijo Wulian).
–Gracias Wulian. (dijo Zamara).
Zamara continuó abrazando a Wulian sin dejarlo moverse.
–Tengo que terminar de limpiar. (dijo Wulian).
–No te soltaré hasta que no me digas te quiero. (dijo Zamara).
Ahora viviendo algo remotamente similar a lo leído en sus libros, Zamara quería escuchar a Wulian responderle.
–Te quiero Zamara. (dijo Wulian).
El corazón de Zamara se aceleró un poco.
Wulian terminó de limpiar y antes de salir le entregó su celular a Zamara ya que creía que tal vez seria requisado de vuelta, al salir, Zamara quería abrazarlo una vez más. Después de unos segundos de un silencioso pero cálido abrazo Wulian sale, baja las escaleras, entrega los instrumentos de aseo y finalmente va al despacho de Pauhlo, nuevamente nervioso, Pauhlo probablemente no sospecha nada, nunca esperaría una traición de un Visoki considerado lo bien pagados que son, tampoco tiene si quiera en su mente la posibilidad de la existencia de un celular en aquel anticuado pueblo.
Aun así, Wulian está nervioso, sigue siendo Pauhlo, aquel hombre de mirada sombría, rostro sombrío, nariz torcida… todo de él da un poco de miedo, Wulian entrega la llave, es requisado y vuelve a su puesto. Zamara entrega el celular de Wulian por el rectángulo bajo la puerta, ahora solo quedaba esperar, un par de semanas más hasta que la copia de la llave finalmente llegara. Zamara se impacienta un poco emocionada por ya ser libre, pero siguiendo las recomendaciones de Wulian no lo hace obvio.
Finalmente, la oportunidad se presenta, turno nocturno, Wulian tiene la copia de la llave, tiene una cuerda y mosquetones atados a su cintura y pierna bajo sus pantalones, lleva ropa femenina puesta bajo sus ropajes de Visoki, está listo, para liberar a Zamara y también liberarse a sí mismo. Junto a la puerta, en la espesa oscuridad de la noche, Wulian coloca su plan en marcha.
–Hoy seremos libres. (dijo Wulian).
Zamara escuchó finalmente aquellas palabras que llevaba esperando hace mucho.
Wulian abre la puerta, corre hasta el pasillo, y mira por las escaleras asegurándose por última vez que esté solo, en los turnos nocturnos nunca nadie subía, pero debía asegurarse para calmar sus nervios. Wulian corre de nuevo entrando, Zamara está esperándole, Wulian cierra la puerta y desabrocha sus pantalones, Zamara se hace para atrás tapando su rostro con sus manos.
–¡¿Qué haces?! (preguntó Zamara sorprendida) En los libros al menos se declaran su amor primero. (dijo Zamara).
–No, tengo una cuerda aquí. (dijo Wulian).
Zamara abre sus ojos y ve a Wulian sacar de entre sus pantalones una larga cuerda y uno ganchos metálicos.
–Con esta cuerda y mosquetones haré un arnés, y descenderemos por la ventana. (dijo Wulian).
Wulian comenzó a hacer los nudos que tanto ha practicado viendo tutoriales en su celular, luego ata la cuerda al agarre de la puerta y se acerca a la ventana.
–La ventana no se puede abrir Wulian, ¡Estamos atrapados!. (dijo Zamara un poco asustada).
–Lo sé, pero escucha. (dijo Wulian).
Zamara y Wulian evitan hacer ruido, en el silencio de la noche se oye el viento golpeando fuerte con a la ventana y moviendo las hojas de los árboles en la lejanía.
–Lloverá pronto. (dijo Wulian).
–¿Cómo lo sabias?, tal vez eres tú el ser de gran poder. (dijo Zamara).
–No… lo leí en la aplicación del clima de mi celular. (dijo Wulian).
–¿Cómo lo hacen?. (preguntó Zamara).
–No lo sé en realidad… en la tierra se usan satélites que… son como maquinas que vuelan por encima del cielo, acá lo hacen con métodos más anticuados supongo… pero había altas probabilidades de lluvia, de tormenta. (dijo Wulian).
–¿Y si no llovía hoy?. (preguntó Zamara).
–Pues el plan no habría puesto en marcha. (dijo Wulian).
Zamara giró su cabeza y miró por la ventana, la lluvia comenzó a caer poco a poco hasta convertirse en tormenta, podía haber sido otro día como dijo Wulian, pero justo ocurrió hoy, para Zamara era el destino, como lo había leído en sus libros, ella tenía un destino y ese era ser libre hoy, es más, al mirar a Wulian sintió que también era parte del destino conocerse. Zamara corrió hacia el armario se clocó unas sandalias y tomó su mascara, una similar a la que llevan los Visoki pero su funcionamiento y aspecto es diferente, evita que el veneno en su respiración escape, mientras que las de los Visoki evita que ingrese.
Wulian apretó un mosquetón con fuerza en su mano, concentrándose y mirando las nubes, los relámpagos seguidos de poderosos truenos, contaba los segundos, intentando igualar el sonido, dio un fuerte golpe y quebró un poco el vidrio, pero no era suficiente, tuvo que dar tres golpes más hasta finalmente romper la ventana, se asomó por esta y miró al suelo, no habían Visoki, ni nadie que puediera verlos.
–Ven aquí Zamara, súbete a mi espalda. (dijo Wulian).
Zamara corrió hasta Wulian y saltó a su espalda sin pensarlo, este la ató con un par de nudos más antes de con cuidado escalar la ventana sin cortarse, se sujetó fuertemente de la cuerda atada a la puerta listo para descender, pero vio la altura a la que estaba y titubeó, el tiempo para Wulian se detuvo en ese momento.
–¡Esto es más alto de lo que creí!. (pensó Wulian) ¿tengo miedo?… ¡claro que tengo miedo!… (pensó Wulian asustado).
Wulian era empapado por la lluvia mientras veía lo que tenía que descender, había practicado ya un poco en árboles, pero esto era más alto, el cielo era oscuro y ocasionalmente se iluminaba con los relámpagos. Wulian tragó saliva, nervioso, no sabía si podría hacerlo, incluso pensó en abortar el plan, en ser un cobarde.
Recordando las veces que no fue capaz de decir nada, de no hacer nada, Wulian se arrepintió de sus decisiones, de lo que quería hacer y no hizo, no pudo contradecir a su padre desde pequeño, incluso en su última oportunidad antes de ser Visoki solo calló, para no contradecir a su padre, él tenía sueños que no pudo cumplir.
Pero gracias a ser Visoki conoció a Zamara y gracias a conocer su trágica historia había ganado un poco de coraje, él la ayudaría a escapar para él escapar de sí mismo un poco, prometerse ayudarla era ayudarse a sí mismo, dejar de lado su miedo y contradecir su propio ser, tal vez conocer a Zamara era el destino. Ahí, mientras Wulian dudaba sintió el fuerte agarre de Zamara en su espalda, este delgado y débil ser se aferraba depositando todas sus esperanzas en él, Wulian salvaría a Zamara.
–Nos largamos de aquí. (dijo Wulian).
Wulian se giró, agarró la cuerda y comenzó a descender en rapel, lentamente, en condiciones de lluvia sus botas no agarraban del todo bien la pared, sus manos también se deslizaban un poco, en un punto perdió un poco el agarre y cayó unos centímetros antes de agarrarse con fuerza, Zamara notó esto y se agarró aún más fuerte y temblorosa.
–Tengo miedo Wulian. (dijo Zamara).
–¡Yo también tengo miedo! (pensó Wulian) No tengas miedo, saldremos de aquí. (dijo Wulian).
Con cautela, con algunos errores, con algunos resbalones en los que creyó que morirían, finalmente Wulian había descendido la torre, estaban cerca de su libertad. Zamara bajó de la espalda de Wulian, este se quitó el arnés. Zamara estaba visiblemente nerviosa, pero Wulian agarró su mano, esta sonrió ganando un poco de coraje y corrieron juntos, en dirección contraria a la entrada, tras la torre, primero alejándose de la orilla del lago hasta los árboles para no ser vistos, luego corrieron entre los árboles rodeando el lago hasta el pueblo.
Mientras corrían entre los árboles Zamara se notaba visiblemente cansada, probablemente nunca en su vida había hecho un esfuerzo físico tan grande.
–¿Por qué me ayudas Wulian?. (preguntó Zamara).
Wulian fue tomado por sorpresa ante esta pregunta, este no era el momento de preguntar algo así, pero el que lo preguntara significa que llevaba bastante tiempo con aquella duda.
–Yo… (dijo Wulian mientras corrían sujetos de la mano) Yo no quería ser Visoki, mucho menos guardia… No quería vivir en este pueblo que es una gran prisión, todos piensan igual, todos hacen lo mismo… quería aprender a tocar un instrumento y tampoco pude, quería largarme al Paraíso, no pude, quería oponerme a mi padre y tampoco pude hacerlo… yo tengo sueños ¿sabes?, todos tenemos sueños, pero por no ser capaz de levantar mi voz terminé aquí. (dijo Wulian).
–¿Estas siendo mi guardia pero no quieres?. (preguntó Zamara).
–Tal vez fue el destino Zamara, conocerte… (dijo Wulian recordando el tiempo que han pasado juntos) conocer tu historia y proponerme liberarte… es una promesa conmigo mismo, si puedo cumplir esto puedo hacer cualquier cosa, no solo escaparás tú, yo también escaparé de este pueblo, escaparemos juntos y seremos libres. (dijo Wulian corriendo junto a Zamara).
Después de correr por 18 min entre arboles bajo la lluvia finalmente han llegado al pueblo, están en las afueras, afortunadamente gracias a la lluvia hay pocos habitantes en la calle, fácilmente evitables. Wulian y Zamara toman diferentes calles vacías para llegar hasta casa de Wulian, pero unas calles antes se detienen, están en un callejón bastante vacío.
–Nadie debería vernos aquí. Zamara gírate, me voy a desvestir. (dijo Wulian).
Zamara se giró, Wulian se desvistió, al girarse Zamara Wulian le entregó una ropa femenina.
–Están un poco empapadas, pero da igual tienes que cambiarte, con tu ropa actual levantaremos sospechas. (dijo Wulian).
Wulian se giró mientras Zamara se vestía, al girarse y verla, la sudadera y pantalones le quedaban un poco grandes, este tomó los ropajes blancos de Zamara y los tiró en un cesto de basura del callejón.
–Te queda un poco grande… no conocía tu talla, eres más delgada y pequeña de lo que pensé. (dijo Wulian).
–¿Eh? No es mi culpa que siempre me dieran la misma comida asquerosa, no me daba apetito ver eso y muchas veces no comía… (dijo Zamara molesta).
Wulian se acercó a Zamara y colocó sus manos en sus hombros.
–No estoy diciendo que esté mal, eres hermosa tal como eres. (dijo Wulian).
Zamara cubrió su rostro con sus manos.
–Eres demasiado dulce Wulian. (dijo Zamara).
Tomando la mano de Zamara, Wulian avanzó, ambos caminaron un par de calles, estaban ya cerca a su casa cuando al girar una esquina se encuentran de frente con un Visoki que llevaba paraguas. Wulian vivía en una buena zona, donde había otros Visoki, pues ganan buen dinero, era probable que esto pasara.
El Visoki los miró, vio a Wulian, con su traje de Visoki, con su mascara y visor, pero algo estaba mal, llevaba a una joven rubia con mascara, El Visoki se interpuso en su camino.
–¿Qué haces acá?, estás empapado. (dijo aquel Visoki).
–Vuelvo a casa… eso es todo. (dijo Wulian).
El Visoki se quedó en silencio mirándolos, y entonces después de lo que pareció una eternidad, pero en realidad fueron unos segundos, aquel Visoki dejó caer su paraguas, estaba impactado.
–Esa es… esa es- Yo he- yo he salido con ella cuando el jefe nos los ordena, ¡La sacerdotisa!. (dijo Aquel Visoki sorprendido).
Wulian no sabía qué hacer en ese momento.
–Tú Debes ser Wulian, no hay de otra, el guardián, incluso bajo tu uniforme puedo saberlo, ¡¿Qué haces con ella acá?!… ¡Te ha corrompido!, eso es lo que ocurre, debemos devolverla de inmediato. (dijo aquel Visoki temeroso).
–No me ha corrompido, la ayudo a huir, por favor, déjanos ir. (dijo Wulian).
–Has caído en sus mentiras… eso es lo que pasa, Pauhlo nos lo advirtió, tranquilo, sé que eres un niño, yo la llevaré de vuelta. (dijo aquel Visoki).
El Visoki caminó hacia Zamara, Wulian veía como la mano de este se acercaba para agarrarla, para devolverla a aquella prisión y entonces, Zamara se lanzó al frente y arrancó la máscara de este Visoki, de inmediato Zamara acercó su mano a su mascara, Wulian sabía lo que intentaba, envenenaría a este hombre, lo mataría frente a él. Wulian corrió empujando a aquel hombre antes de que Zamara hiciera esto, el Visoki cayó al húmedo suelo de espaldas.
–No Zamara, no mataremos a nadie, no debemos matar a nadie… (dijo Wulian).
–Pero… pero- yo- debemos irnos, él nos- (decía Zamara cuando fue interrumpida por Wulian).
–No, matar está mal Zamara, Pauhlo tal vez te haya obligado y lamento mucho eso, pero… no mataremos a nadie. (dijo Wulian).
Wulian se acercó a aquel Visoki y se arrodillo frente a él para suplicar.
–Por favor, déjanos ir… no sabes cosas que yo sí, Zamara es solo una niña obligada a matar… no es un ser de gran poder, ni superior, es una niña encerrada por Pauhlo para cumplir un rol, un asqueroso rol, por favor has la vista gorda y déjanos ir. (dijo Wulian suplicando de rodillas).
–Yo- yo no- ella te corrompió… con mentiras te ha manipulado niño, el jefe lo dijo, te advirtió, no hay que escucharla, solo hay que escuchar al jefe. (dijo aquel Visoki).
Wulian no sabía si los Visoki eran estúpidos, si su padre era estúpido, o simplemente hacían la vista gorda a propósito y se creían estas ridículas mentiras de su jefe gracias al dinero que ganaban, Wulian no mataría a este hombre, pero debía huir. Wulian tomó una piedra del camino y se lanzó al frente dándole un fuerte golpe a aquel Visoki en el lateral de su cabeza, este quedó inconsciente.
–No morirá. (dijo Wulian).
Zamara se acercó a Wulian y agarró su mano asustada, este la apretó fuertemente para que se sintiera segura y continuaron corriendo, avanzaron un par de calles más y finalmente estaban en casa de Wulian, entraron por la puerta de la valla del patio trasero.
–Zamara, escóndete aquí tras la valla, tomaré unas cosas rápido y nos iremos. (dijo Wulian).
Wulian da la vuelta y se dirige a la entrada principal, era ya la media noche, sus padres debían de estar durmiendo, Wulian con sus llaves abre la puerta y avanza con cautela, sube las escaleras y entra a su habitación, se cambia rápidamente, se quita el Visor, toma una mochila y la llena de ropa, toma el cargador de su celular y luego saca una pequeña caja bajo su cama, la abre y saca todo el dinero de allí, son todos sus ahorros más lo ahorrado de su trabajo como Visoki.
Finalmente Wulian sale de su habitación, conforme avanza por el pasillo ve la puerta entreabierta de la habitación de sus padres, mira con cautela y solo ve a su madre durmiendo, no está su padre, pero no le importa, se despide en silencio de su madre y baja las escaleras, se acerca a la salida y entonces se escucha un gran trueno, el resplandor del relámpago ilumina la sala y logra ver la silueta su padre sentado en el sillón, por algún motivo está un poco empapado.
–¿A dónde vas?. (preguntó Robert).
En la ahora oscura sala Wulian escucha la voz de su padre, en otra situación temblaría, pero ahora está molesto, decide finalmente enfrentarlo.
–Te odio padre… ¿Cómo pudiste ser cómplice?, manteniendo a una niña encerrada y las que estuvieron antes de Zamara, me das asco. (dijo Wulian).
–Te permití tener la vida que llevaste hasta ahora, a tu madre y a ti. (dijo Robert).
–Pero no es la vida que siempre quise tener… ¿sabes?, quería aprender a tocar un instrumento, quería que los largáramos de este pueblo… no quería ser Visoki. (dijo Wulian).
–Yo también fui forzado por mi padre, a ser Visoki, es una tradición. (dijo Robert).
–La tradición de mantener mujeres prisioneras en una celda toda su vida, vaya tradición de mierda… me largo de aquí. (dijo Wulian).
–Dejaré que veas a donde te lleva el camino que elegiste (dijo Robert en aquella espesa oscuridad) vete lejos Wulian… que me digas que me odias es feo ¿sabes? Yo soy tu padre… nunca esperé que mi hijo dijera tal cosa… vete… solo vete y no veas atrás o te arrepentirás. No diré nada cuando vengan a preguntar por ti… si esto es lo que decidiste hacer sopórtalo hasta el final, buena suerte hijo… has crecido bastante. Si alguna vez vuelves… esperemos poder hablar todo con calma… porque sé que falté durante mucho tiempo mientras creciste y nunca tuvimos la oportunidad de hablar realmente. (dijo Robert).
–Adiós padre. (dijo Wulian).
Wulian abrió la puerta y la cerró con fuerza, al salir y caminar a la parte trasera de la casa, en el patio, se encontraba Zamara con un paraguas.
–¿De dónde sacaste ese paraguas?. (preguntó Wulian).
–Eso no importa… vámonos rápido, vendrán por nosotros. (dijo Zamara).
–Vámonos. (dijo Wulian).
Wulian agarró fuertemente la mano de Zamara y juntos abrieron la puerta de la valla del patio, comenzaron a correr por las calles alejándose del pueblo.
Minutos antes, mientras Wulian se cambiaba de ropa y metía cosas en su bolso, su padre había escuchado algo, que le provocó levantarse, al asomarse al patio trasero vio a una joven de cabello rubio, con mascara y empapada, en ese instante lo entendió todo. Robert salió con un paraguas y se paró junto a Zamara.
–Eres la sacerdotisa, ¿verdad?. Ni siquiera se tu nombre. (dijo Robert).
–Esa voz… eres Robert. (dijo Zamara).
–Así que esta es la conclusión a la que ha llegado mi hijo… ¿sabes que vas a morir verdad?, dentro o fuera de la torre estás sentenciada… ¿aún quieres hacer esto?. (preguntó Robert).
–Prefiero morir libre. (dijo Zamara).
–¿Wulian lo sabe?. (preguntó Robert).
–No… (dijo Zamara).
–Bien, toma este paraguas, de algo te servirá… no le digas que hablamos, ahora huyan, lejos de aquí, espero que puedan vivir, aunque sea un poco. (dijo Robert).
Wulian y Zamara huyeron del pueblo, hasta alcanzar la carretera principal, tardarían demasiado en llegar al Paraíso corriendo, pero continuaron avanzando y levantaban sus manos a los ocasionales autos que pasaban por allí utilizando la carretera principal. Un cambión que debía llevar mercancía y pasaba por aquella carretera finalmente se detuvo al verlos empapados a pesar de tener un paraguas, Wulian ofreció dinero, pero el hombre del camión no les pidió nada, dijo que no haría preguntas de por qué unos niños estaban empapados en la carretera, solo prometió llevarlos hasta el Paraíso y se olvidaría del resto.
Antes de subir al camión Zamara le dice a Wulian que puede quitarse la máscara, mientras ella lleve la suya no envenenaría a nadie, que él lleve la máscara es sospechoso, la máscara de ella es al menos un poco diferente de la de los Visoki. Una vez en el camión, por la ventana Zamara mira los árboles y la lluvia.
–No había tenido tiempo de mirar a mi alrededor con calma por estar huyendo… pero ahora que puedo hacerlo… todo es tan hermoso. (dijo Zamara sonriendo).
–Quiero verte, quiero verte sonreír más. (dijo Wulian).
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