Contrato Terminado: Rechacé a mi Esposo Alfa Primero - Capítulo 43
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43: Capítulo 43: Cruzar la línea 43: Capítulo 43: Cruzar la línea Al instante, los labios de Niklaus se apretaron en una delgada línea y las venas se le hincharon en la frente.
Casi gruñó al llamarla por su nombre: —¡Freya!
Freya levantó la vista, sobresaltada por su mirada gélida, y el corazón se le aceleró de repente.
—¿Qué pasa?
Era solo una broma.
¿Por qué te lo tomas tan en serio?
Él respondió con los dientes apretados: —¿Intentas provocar mi furia?
El resto del viaje transcurrió en un silencio absoluto.
El ambiente dentro del coche era tenso; ni siquiera Daniel se atrevía a pisar el acelerador.
Freya se apoyó contra la puerta del coche, observando el paisaje nocturno que pasaba por la ventanilla.
Finalmente, el coche se detuvo en la entrada circular de la casa de la manada.
Ella suspiró y abrió la puerta para salir.
Este era el hogar que había compartido con Niklaus durante tres años; una jaula dorada que la había aprisionado.
Se había esforzado mucho, deseando desesperadamente que se convirtieran en una pareja que se amara.
Pero ahora, estaba completamente desilusionada y no deseaba otra cosa que el divorcio.
Los taxis escaseaban en esta zona, y ella no podía conducir después de beber.
Además, Daniel nunca desobedecería las órdenes de Niklaus de llevarla de vuelta a su casa…
Tras sopesar sus opciones, parecía que no le quedaba más remedio que pasar allí la noche.
Al menos, Niklaus probablemente se iría a ver a Rebekah más tarde.
Hasta entonces, ella podría tratar este lugar como si fuera un hotel.
Freya entró en la casa oyendo que alguien la seguía.
Se quitó los zapatos de una patada junto a la puerta.
Niklaus estaba de pie detrás de ella, observando cómo el vestido se ceñía a sus curvas con cada movimiento, resaltando su increíble sensualidad.
Tenía una piel perfecta y ese día llevaba un vestido de corte evasé.
La visión de sus largas y desnudas piernas era totalmente cautivadora.
Al ver esto, Niklaus sintió que un fuego se encendía en su pecho; una sensación que persistía desde su comentario anterior en el coche sobre que «se apañaría en un trío».
A lo largo de los años, se le habían acercado mujeres de todo tipo.
Muchas eran más convencionalmente atractivas y sexi que Freya, algunas incluso lo bastante audaces como para aparecer desnudas ante él.
Y, sin embargo, nunca había mostrado interés por ninguna.
El fuego que sentía ahora nacía principalmente de la ira, no del deseo.
Aunque él afirmaba que ella no le gustaba, no podía tolerar su obsesión con otro hombre, ni que lo comparara desfavorablemente con otro.
Reprimió su creciente ira, luchando contra el impulso de subirla a rastras y a la fuerza al piso de arriba.
Freya no era en absoluto consciente de su humor.
Tras cambiarse de zapatos, se dirigió al salón con los ojos entrecerrados.
En lugar de subir a la habitación, pensaba dormir en el sofá.
Había elegido ella misma ese sofá: era espacioso y mullido.
Freya no tardó en encontrar una pequeña manta donde la guardaba siempre, se acomodó y se arropó con ella.
Niklaus se acercó y se plantó, imponente, frente a la mujer del sofá.
—Levántate —le ordenó.
Freya se dio la vuelta y hundió la cara en los cojines, demasiado cansada para responder.
El rostro, ya de por sí inexpresivo, de Niklaus se ensombreció aún más.
Se quitó el reloj y empezó a desabrocharse la camisa, sin apartar la mirada de Freya.
Su voz sonó grave y provocadora: —¿O es que prefieres que sea en este sofá?
Freya se sobresaltó ante su repentina pregunta, ¡y sintió un dolor agudo en las sienes!
Se giró, furiosa, para fulminarlo con la mirada.
¡Cómo podía un hombre ser tan desvergonzado como para decir algo así con tanta calma!
Pero al bajar la mirada, vio su pecho bien definido y su tenso abdomen.
Estaba fibrado; no voluminoso como un culturista, sino magro y poderoso como un depredador.
Ser un Alfa, desde luego, tenía sus ventajas a la hora de mantenerse en forma.
Freya volvió en sí.
¡Se estaba desvistiendo de verdad!
No pudo evitar levantar la voz: —¿No se supone que Rebekah está a las puertas de la muerte?
¿Por qué no estás a su lado en vez de desnudarte aquí?
Niklaus frunció el ceño, pero no respondió directamente.
En cambio, se inclinó más hacia ella y una risa grave retumbó en su garganta.
Le sujetó la barbilla a Freya para volver su cara hacia él.
—¿Un trío?
Pareces saber mucho del tema.
¿Lo has visto?
¿O tal vez lo has experimentado tú misma?
Los ojos de Niklaus ardían con un fuego intenso, que no tenía dónde liberarse y se volvía cada vez más feroz.
Cada palabra destilaba un afilado sarcasmo.
Freya ya se había olvidado de sus testarudas palabras en el coche.
Puso los ojos en blanco y replicó: —¿Qué demonios te pasa…?
Antes de que pudiera terminar, Niklaus la atrapó inesperadamente en un beso posesivo.
Sus labios y sus dientes dejaron una sensación abrasadora contra los de ella.
Evidentemente, aquello era más que un simple beso.
¡Qué movimiento tan brusco!
El alcohol había adormecido los sentidos de Freya y ralentizado sus reacciones.
Para cuando recuperó la lucidez, ya era demasiado tarde.
Oyó el sonido de la tela al rasgarse cuando Niklaus le desgarró el vestido…
Abrió los ojos de par en par mientras se debatía desesperadamente, con la voz casi convertida en un grito: —¡Niklaus, no me toques!
Aléjate…
Pero era inútil oponer resistencia.
Él tenía los ojos casi cerrados, ocultando la tormenta de ira que llevaba dentro, pero su rostro permanecía frío e inalterable.
Los Omegas son por naturaleza más débiles que los Alfas, y cuando un Alfa no se contiene, un omega no tiene ninguna oportunidad.
Freya fue sometida rápidamente, quedando por completo a merced de Niklaus.
Al darse cuenta de que sus forcejeos solo avivaban el deseo de él por conquistarla, Freya apretó los dientes e intentó mantener la calma.
Cuando Niklaus se inclinó para besarla de nuevo, ella giró la cabeza para esquivar sus labios y dijo con frialdad: —Veinte mil por noche, a descontar de esos tres millones.
Se detuvo en seco, con los labios a escasos centímetros de los de ella.
El ardiente deseo de Niklaus se extinguió de golpe.
Ella prefería rebajarse de esa manera antes que dejar que él la tocara.
Se sintió absolutamente hundido y furioso.
Lo que sentía por dentro era una cosa, pero lo que salió de su boca fue puro veneno.
—¿Veinte mil?
Hay mujeres que valen eso, pero ellas sí que saben lo que hacen y cómo complacer a un hombre.
Freya, ¿qué te hace pensar que tú vales veinte mil por una noche?
Freya se frotó los labios con fuerza con el dorso de la mano.
No sabría decir si la sangre era por frotar con demasiada brusquedad o por culpa de su beso violento.
Fuera como fuese, cada vez que se pasaba la mano, aparecían hilos rojos.
Las palabras brotaron de su boca antes de que pudiera detenerlas: —¿No crees que nuestro vínculo de pareja solo sirve para que seamos mejores juntos en la cama que tú con cualquier otra?
En el instante en que lo dijo, Freya quiso retirarlo.
Vicki gimoteaba en su cabeza, desolada porque Freya había hablado de su vínculo sagrado como si solo fuera cuestión de sexo.
Se suponía que el vínculo de pareja era especial, algo precioso.
Pero Niklaus la había llevado demasiado lejos, la había enfurecido tanto que había dicho algo horrible solo para devolverle el golpe.
Ahora la mirada de Niklaus decía que quería matarla.
A Freya se le encogió el estómago.
Esta vez la había fastidiado de verdad.
Podía sentir el dolor de Vicki mezclándose con su propio arrepentimiento.
Abrió la boca para disculparse, pero antes de que pudiera decir nada, el cuerpo de Niklaus se presionó contra el suyo.
—De acuerdo.
Ya que crees que nuestro vínculo de pareja solo sirve para darle más vidilla a lo que hacemos en la cama, te pagaré exactamente lo que has pedido.
Y entonces su boca se apoderó de la de ella.
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