Contrato Terminado: Rechacé a mi Esposo Alfa Primero - Capítulo 57
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- Capítulo 57 - 57 Capítulo 57 El juego de los celos
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57: Capítulo 57: El juego de los celos 57: Capítulo 57: El juego de los celos Rebekah estaba cerca, mirándolos reír y charlar.
No deseaba nada más que desaparecer.
Inconscientemente, su mirada se desvió hacia Niklaus, que miraba fijamente a Freya.
Una ola de tristeza la invadió.
Reprimió rápidamente sus emociones y forzó una sonrisa, intentando llamar la atención de Margaret.
—¡Feliz cumpleaños, Margaret!
Este es un pequeño detalle en señal de mi aprecio.
Por favor, no pienses que es insignificante.
Margaret miró a Rebekah con indiferencia, asintiendo levemente.
—Gracias, es un detalle.
—Tras coger el regalo, lo colocó sin más en una mesa cercana sin ninguna intención de abrirlo—.
El bufet está por allí.
Sírvete lo que quieras, no seas tímida.
Rebekah entendió claramente el mensaje subyacente: le estaban pidiendo que mantuviera las distancias.
Sin embargo, fingió no darse cuenta, recordándose a sí misma el esfuerzo que le había costado elegir el regalo perfecto.
Freya siguió a Margaret, socializando con sus amigas, que eran figuras importantes de otras manadas.
Como Luna Freya, sabía que debía mantener su dignidad y cumplir con sus responsabilidades.
Niklaus, que nunca había sido muy sociable fuera de los negocios o las negociaciones, siempre le había dejado a Freya estos asuntos de relaciones sociales.
Decidió ir a por una bebida.
Mientras se acercaba a la mesa de las bebidas, vio a Jonas, que había llegado más tarde de lo esperado.
Niklaus había pensado que no aparecería esa noche.
—Niklaus, eres un Alfa con suerte.
¿Tener a alguien como Frey de Luna?
Parece que está llevando sus deberes excepcionalmente bien —comentó Jonas, observando a Freya charlar a lo lejos mientras le ofrecía una bebida a Niklaus.
Niklaus frunció el ceño y rechazó la bebida que le ofrecía.
—¿Frey?
¿Desde cuándo tenéis tanta confianza?
Jonas detectó algo en su tono…
¿disgusto?
Sonrió con impotencia.
—Siempre la he llamado así.
Niklaus, visiblemente irritado, se dispuso a marcharse y caminar hacia Freya.
Por el rabillo del ojo, captó la mirada de Jonas, teñida de afecto.
Se detuvo de repente.
—¿Qué?
¿Ahora te arrepientes?
Jonas lo miró confundido.
—¿Arrepentirme de qué?
—Arrepentirte de no haber hecho un movimiento cuando le gustabas en aquel entonces.
Jonas percibió la pizca de celos en la voz del Alfa y se rio entre dientes, divertido por esta inusual muestra de emoción de Niklaus.
—Sabes, hay algo de verdad en eso —respondió Jonas con interés—.
Si no hubieras sido su pareja destinada y, después de enterarme de su situación…, sí, me habría casado con ella.
Ahora mismo podría ser mi Luna, ¿no crees?
Niklaus lo estudió, notando la compostura típica de Jonas, pero algo se sentía diferente.
Se volvió receloso, e incluso Flex se agitó en su interior.
¿Acaso los sentimientos de Freya por Jonas no habían sido unilaterales?
Niklaus recordó lo rápido que Jonas había intentado intervenir la noche en que fue a llevarse a Freya.
Su expresión se ensombreció mientras liberaba una sutil onda de dominio de Alfa.
Al otro lado de la sala, Freya respondía ingeniosamente a las bromas de los invitados cuando de repente sintió la ira de Niklaus a través de su vínculo de pareja.
Recorriendo la sala con la mirada, lo vio hablando con Jonas.
Con un mal presentimiento, se apresuró en su dirección y oyó a Niklaus decir: —Todos teníamos nuestras razones en aquel entonces.
Si tienes curiosidad por saber cómo es ella realmente cuando es mía…
—Su voz bajó de tono—.
…solo necesitas saber que no sale de nuestra cama…
Temiendo que Niklaus dañara aún más su reputación, pues el incidente del coche ya había sido bastante vergonzoso, Freya corrió hacia ellos.
Con las prisas y los tacones altos, casi se estrella contra su pecho.
Instintivamente, Niklaus la sujetó por la cintura, y sus palabras quedaron interrumpidas.
—Es la fiesta de cumpleaños de tu madre.
¿Cómo puedes dejar a dos damas solas en la barra?
—dijo ella.
Cuando Freya levantó la vista para hablar, su aliento con aroma a vino acarició la barbilla de Niklaus.
Él bajó la mirada hacia sus labios húmedos y enrojecidos.
Bajo la luz tenue, sus ojos brillaban con un destello seductor.
Antes de que él pudiera responder, ella lo tomó del brazo y tiró de él sin previo aviso.
A ojos de los demás, parecía una esposa coqueteando con su marido, que la consentía con amorosa tolerancia.
En realidad, ¡el brazo de Niklaus estaba casi amoratado por el agarre de Freya!
Incluso a través de dos capas de ropa, su fuerza era inconfundible.
—Como te atrevas a volver a mencionar nuestras actividades de alcoba, no te librarás tan fácilmente —lo amenazó entre dientes, fulminándolo con la mirada desde un ángulo invisible para los demás.
Niklaus entrecerró los ojos, pero permaneció en silencio.
Tomando su silencio como sumisión, Freya se envalentonó.
—¿Me has oído?
—Luna Freya —dijo él con voz profunda y ronca—, tu maquillaje está manchando mi traje.
Freya se sobresaltó y se apartó rápidamente del abrazo de Niklaus.
Su piel clara solo requería una fina capa de base de maquillaje, pero sobre el traje negro de Niklaus, hasta la mancha más pequeña se notaría.
Tras un momento de silencio, Freya reformuló su amenaza como un consejo sincero.
—Si esperas encontrar otra pareja, harías bien en cerrar la boca ahora.
La humillación será solo tuya.
Puede que yo no sea de la alta sociedad, pero hasta ellos susurran sobre un Alfa que no pudo retener a su Luna destinada.
—Tengo poder.
¿Quién se atrevería a cuestionar las decisiones de un Alfa?
—se burló él.
Luego Niklaus añadió algo que dejó a Freya sin palabras y echando humo.
—Deberías preocuparte por tus propias perspectivas.
¿Una Omega sin dinero, envejeciendo y sin estatus en la manada?
Aparte de mí, ¿qué Alfa te consideraría siquiera como pareja?
En ese momento, Freya estaba tan enfadada que apenas podía hablar.
Niklaus no dijo nada más y miró de reojo a Jonas, que seguía charlando con otros.
—¿De verdad quieres que deje de mencionarlo?
—Mmm —gruñó la mujer.
—Entonces, bésame.
Freya levantó la vista sorprendida, con los ojos muy abiertos.
Vio que Niklaus la observaba.
Bajo la luz, sus atractivos rasgos parecían aún más definidos.
Incómodo bajo su mirada, Niklaus apretó los labios.
—No le des más vueltas.
Mi madre nos está mirando.
Demos un buen espectáculo.
Freya se giró para encontrarse con la mirada sonriente de Margaret.
Realmente era un actor nato, siempre muy consciente de cuándo lo estaban «observando».
Tras unos segundos de silencio, Freya se puso de puntillas.
La mano de Niklaus rondaba íntimamente su cintura; a medida que ella se acercaba, el suave tejido deslizándose contra la palma de su mano le envió una extraña sensación de hormigueo directa al corazón.
Mientras se acercaba, el dulce aroma a vainilla y cítricos de su piel invadió sus sentidos.
En su interior, Flex se agitó con interés.
En lugar de besarle en los labios, Freya le dio un suave beso en la mejilla y, acercando los labios a su oído, se burló: —Sigue soñando, Alfa.
Su expresión se ensombreció de inmediato.
Justo cuando estaba a punto de reprenderla, Freya retrocedió.
—Debería ayudar a tu madre a entretener a los invitados.
¿Creía que podía provocarlo y simplemente marcharse?
¿Cómo iba Niklaus a dejarla ir?
Rápidamente, extendió la mano y la atrajo de nuevo a sus brazos, inclinándose en silencio para besarla en los labios.
Dado que estaban en un lugar público, no cruzó ningún límite; solo fue una suave presión de sus labios contra los de ella.
—¿Quién sueña ahora?
—murmuró él, mientras su aroma a sándalo y pino la envolvía.
¿Qué había que soñar?
Era simple.
Freya se quedó completamente helada.
—Niklaus…
La voz de Rebekah interrumpió el momento, llena de conmoción e incredulidad, como si hubiera presenciado algo absolutamente horrible.
En todas sus interacciones con Niklaus, Rebekah siempre lo había considerado disciplinado y cortés; ni siquiera ir de la mano en público era su estilo, y mucho menos besar.
Incluso en privado, mantenía una distancia caballerosa.
Recordando, durante su período de compromiso, cuando se elegían las parejas, su único gesto íntimo había sido tomarse del brazo, nada más.
Freya, que al principio estaba enfadada con Niklaus por haberse aprovechado de ella, se animó de inmediato al ver la reacción de Rebekah.
¡Incluso se estiró, le rodeó el cuello con los brazos y volvió a besarlo!
No fue un simple piquito.
Su hábil lengua recorrió sus labios firmemente apretados, intentando abrirlos.
Vicki aulló con aprobación en su interior, instándola a reclamar lo que era suyo por derecho frente a su rival.
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