Contrato Terminado: Rechacé a mi Esposo Alfa Primero - Capítulo 62
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62: Capítulo 62: Más que decorativo 62: Capítulo 62: Más que decorativo Niklaus apretó los labios en una fina línea.
—¿Freya, de verdad te atreves a ir para allá?
Freya soltó una risita.
—¿Qué hay que temer?
Solo es compartir mesa.
Sintió la hostilidad de Niklaus hacia Jonas.
Aquello la desconcertó: Jonas era su compañero de clase de la Academia Alfa y sus manadas mantenían buenas relaciones.
Mientras discutían, en la mesa de Jonas se fijaron en ellos.
Todos eran caras conocidas y Jonas levantó la vista hacia la pareja.
Al darse cuenta de que Niklaus estaba en una reunión de negocios, decidió no interrumpir.
Niklaus miró fijamente a Freya, con una expresión indescifrable, mientras doblaba el brazo de forma autoritaria.
—Toma mi brazo.
—Es solo un almuerzo, no una gala formal —murmuró Freya, con la irritación filtrándose en su voz—.
¿De verdad tenemos que ir pegados como lapas?
Aquello parecía tan forzado, como si estuviera montando un numerito para alguien.
—Estás cobrando mi dinero para resolver mi problema —dijo Niklaus con frialdad—.
Como tu empleador, ¿no debería decidir yo lo que es apropiado?
¿Siquiera tienes derecho a negarte?
—Hoy en día, quien paga, manda —refunfuñó Vicki en la mente de Freya—.
Los jefes horribles no son precisamente una rareza en el mundo laboral.
Derrotada, Freya pasó el brazo por el de él.
Un camarero los condujo al comedor privado que tenían reservado.
Después de que se sentaran, Luna Victoria se acercó a Freya, estudiando su rostro con interés.
Freya estaba sentada, serena, con un elegante atuendo que realzaba su estilo artístico.
Sus llamativos ojos verdes, como un jade profundo, contrastaban maravillosamente con su cabello dorado que caía en suaves ondas más allá de sus hombros.
Su pálida piel brillaba a la luz y se movía con una gracia natural.
—Freya, tu piel es perfecta —comentó Luna Victoria—.
Ni siquiera de cerca puedo verte un solo poro.
Aunque las palabras eran halagadoras, no dejaban de ser ciertas.
El cutis de Freya era ciertamente excepcional: claro, luminoso, con un rubor natural y una textura sedosa.
Adiós a pasar desapercibida.
Freya guardó el móvil y sonrió educadamente.
—Es usted muy amable, Luna Victoria.
No soy ni de lejos tan perfecta como me pinta.
Al ver la actitud humilde de Freya, sin rastro de arrogancia, Luna Victoria sintió aún más simpatía por ella.
—¿Te importaría compartir tu rutina de cuidado de la piel?
—preguntó con entusiasmo.
En realidad, Freya hacía poco más que usar productos básicos por la mañana y por la noche, e ir a un spa solo una vez cada dos semanas.
Probablemente era genético…
su madre también tenía una piel preciosa.
Pero decir eso podría sonar presuntuoso, así que recitó consejos de belleza aprendidos de Fiona, e incluso se ofreció a recomendarle su spa favorito.
Su animada conversación fue interrumpida por un suave golpe seco cuando una taza vacía apareció ante ella.
Se giró para ver los largos dedos de Niklaus retirándose de la taza.
Mientras mantenía su sonrisa hacia Luna Victoria, Freya le envió un enlace mental a Niklaus, que él recibió de inmediato.
—Si quieres té, llama al camarero.
El camarero estaba, literalmente, de pie justo a la entrada de su comedor privado; bastaría con que ella chasqueara los dedos para llamarlo.
—¿Para qué iba a gastar diez millones en ti, entonces?
—resonó la profunda voz de Niklaus en la mente de ella—.
Podría contratar a un camarero por tres mil que sería más atento.
Freya se disculpó educadamente con Luna Victoria, explicándole que Niklaus requería su atención.
Se inclinó hacia él, su voz afilada como una navaja en la mente de él.
—Mi papel en este trato es ser decorativa.
Estoy socializando para apoyarte, para ayudarte a guardar las apariencias.
Podía servirle su maldito té, pero necesitaba establecer límites antes de que Niklaus intentara aprovechar su acuerdo de diez millones para conseguir más de ella.
Niklaus no respondió de inmediato.
La estaba obligando a hacer todo aquello porque estaba furioso por cómo había parecido dispuesta a correr directamente a los brazos de Jonas al verlo.
Sus penetrantes ojos azul hielo la estudiaron con atención.
—¿Decorativa?
Has entendido mal tu papel —respondió él perezosamente a través de su enlace.
Por un momento, Freya pensó que en realidad podría estar haciéndole un cumplido, algo inusual en alguien tan temperamental y de lengua afilada como Niklaus.
Consideró servirle el té, después de todo.
No se moriría por ello.
Pero entonces, el hombre a su lado continuó con frialdad: —Cara bonita, figura esbelta, curvas en los sitios adecuados, servir el té, lista para atender a los demás, hacer compañía durante las comidas, al dormir, para el remojo de pies, masajes, disponible bajo demanda…
¿para qué parte de ser «decorativa» crees que calificas?
La mano de Freya se congeló mientras se preparaba para servir el té.
Ni siquiera podía procesar qué requisitos cumplía.
¡Lo único que quería era abrirle el cráneo a Niklaus!
—¿Tanto alboroto por una taza de té?
—continuó él sin piedad—.
¿Quieres ser decorativa?
Entrena unos cuantos años más.
¿Quieres cobrar?
Haz bien tu trabajo.
Hasta un niño entiende ese concepto, ¿necesitas que alguien te lo enseñe?
Freya estaba lívida, pero sus socios comerciales estaban mirando.
Una discusión en público sería humillante.
Si alguien lo grabara y lo publicara en internet, Niklaus destruiría su reputación.
No valía la pena.
—Niklaus —siseó ella a través de su enlace mental—, si alguna vez te arruinas, búscate un bosque remoto para tu tumba.
De lo contrario, tus cenizas acabarán esparcidas por el suelo.
—Dónde acaben mis cenizas no es asunto de la Luna Freya —respondió él con frialdad—.
Ahora, sirve el té.
Freya agarró la tetera y le sirvió una taza, con movimientos rígidos por la rabia.
El Alfa Rodney se percató de la conmoción en su extremo de la mesa, en particular de la evidente irritación de Freya con Niklaus.
Algo brilló en sus ojos, como si estuviera haciendo un cálculo.
Durante el resto de la comida, Freya ignoró a Niklaus lo mejor que pudo, hasta su descarada exigencia: —Sirve los platos.
Respiró hondo, cantando mentalmente «tres mil millones» tres veces, porque diez millones ya no eran suficientes para calmar sus nervios.
Con deliberado esmero, seleccionó varios platos que a Niklaus no le gustaban y los puso en su cuenco.
Él la miró y Freya le devolvió una sonrisa empalagosamente dulce.
Luna Victoria observaba con aprobación.
—Freya, tú y el Alfa Niklaus tienen una relación maravillosa.
A Freya le entraron ganas de gritar.
«¿Pero usted está bien?
¡El síndrome de Estocolmo no es ninguna broma, puede ser mortal!».
Mientras tanto, Niklaus y el Alfa Rodney estaban inmersos en una conversación sobre negocios, políticas y futuros desarrollos.
Freya apenas escuchaba, aunque tuvo que admitir que, a pesar del aspecto mediocre y los modales desagradables del Alfa Rodney, parecía bastante entendido en la materia.
Después de estar sentada un rato, el aburrimiento se apoderó de ella y decidió ir al baño.
Cuando Freya salió, se encontró al Alfa Rodney esperando junto a la puerta.
Sus pasos eran inestables por el alcohol, y parecía que podría caerse en cualquier momento.
La mirada del Alfa Rodney estaba fija por completo en Freya.
—Luna Freya, qué coincidencia encontrarla aquí.
Ella sonrió educadamente.
—Alfa Rodney, debe de estar ocupado.
Yo me retiro ya.
Pero cuando intentó pasar, él la agarró de la mano.
—Luna Freya, huele tan delicioso…
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