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Convertirse en el Rey de un Nuevo Mundo Inmundo - Capítulo 11

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  3. Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 Jemma la chica del suéter
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11: Capítulo 11: Jemma, la chica del suéter 11: Capítulo 11: Jemma, la chica del suéter Esto es el paraíso.

Sigo embistiendo, sigo disfrutando de mi recién descubierta libertad y de la vulgar dicha que es el sexo en público sin consecuencias, ansioso por disfrutar de mi nuevo poder o de lo que coño sea esto para seguir borrando esa expresión de superioridad de la cara de Christine, dejándola hecha un desastre babeante.

Sigo y sigo, machacando una y otra vez hasta que, finalmente, ya no puedo más.

Con un fuerte gemido, me retiro, y Christine asume la posición sumisa de echar la cabeza hacia atrás y abrir la boca, incluso mientras un espeso babeo se derrama de sus labios.

Ella es la única que está al tanto de lo que coño sea esto, pero ni siquiera ella se negará a mostrarme el respeto sumiso que merezco y recibir su corrida facial con naturalidad.

De hecho, puede que Christine sea la única persona que sabe que está siendo sumisa, y le encanta.

Le echo mi corrida en la cara, lo que supone la cuarta que ha recibido, ya que el semen de la cubana de antes todavía no ha desaparecido del todo.

Está cubierta de semen y saliva, con un aspecto completamente desastroso, sobre todo con el pelo revuelto por tanto tirón y forcejeo, pero se recuesta felizmente, recuperando el aliento y estremeciéndose.

—Eres…

—¿La mejor vez que te han follado la cara?

—pregunto con una sonrisa de superioridad y finalmente me dejo caer en mi silla, necesitando tomarme un descanso después de todo lo que he hecho.

Después de la primera mamada facial en medio del pasillo de los cubículos, la arrastré a la sala de descanso para echar dos asaltos seguidos violando su linda cara, y ahora necesito un segundo para sentarme y descansar un poco.

—¡Jodidamente aburrido!

—gime ella, poniéndose de pie y ocupando su lugar a mi lado sobre la mesa.

—¿Lo dices en serio?

Tienes el poder de hacer que la gente haga lo que quieras y que todo tu comportamiento esté completamente justificado por el simple hecho de ser tú.

¿Y el sexo?

El sexo lo entiendo.

El sexo es jodidamente genial.

—Mientras habla, se sube la falda y empieza a frotarse el coño empapado como si tal cosa.

—¡Me encanta el sexo!

¿Quieres usarlo solo para tener sexo?

Eso es excitante.

¡Pero estamos en una puta sala de descanso!

Puedes ir a donde quieras, ¿por qué quedarse en una puta sala de descanso?

Huele a café barato y a freón.

—Dos razones —digo, reclinándome y relajándome—.

Una: cada mujer follable de esta planta va a entrar aquí en un momento u otro, y en lugar de intentar averiguar a quién me quiero tirar ahora, puedo sentarme aquí y dejar que entren y decidan por mí.

Dos: no son los cubículos.

No hay lugar en este mundo en el que menos quiera estar ahora mismo que ahí fuera, porque ¿sabes lo que hay ahí?

Pura mierda.

Recordatorios del trabajo, pantallas de ordenador, gente hablando de números que no me importan, un montón de teléfonos baratos sonando y, en cuanto alguien contesta y el puto timbre para, empieza a sonar el teléfono de otro.

Es jodidamente terrible.

Pero en la sala de descanso, puedo relajarme, y si entra un jefe, podrá verme holgazaneando durante horas con la polla fuera y, por lo visto, ahora eso está bien, así que sí, voy a disfrutar aquí.

—Realmente odias este sitio, ¿verdad?

—¿Cómo lo has notado?

—Bueno, pues menos mal que he venido yo, entonces.

—Se reclina en su asiento, relajando los hombros mientras empieza a frotarse el coño justo delante de mí y no parece sentir absolutamente ninguna culpa por ello.

No es que pueda culparla; si los dos podemos salirnos con la nuestra, estoy básicamente en el mismo barco que ella, y si yo me estoy dando el gusto, ¿por qué no iba a hacerlo ella?

Es natural que los dos disfrutemos, aunque de repente me pique la curiosidad el hecho de que no solo sepa lo que está pasando con tanta intimidad, sino que no se esté aprovechando ella misma.

No es que me preocupe demasiado por esos asuntos, aparto el pensamiento de mi mente y saboreo la vista.

Aunque no llego a disfrutar mucho tiempo de la visión de una rubia excitante haciéndose una paja, ya que Jemma entra en la sala, la morena guapa de RRHH que siempre lleva jerséis un poco demasiado ajustados que se ciñen a sus deliciosas tetas y dejan muy poco a la imaginación.

Hoy lleva uno que se las aprieta tanto que casi puedo ver el contorno de sus pezones bajo la tela, y algunos podrían considerar eso algo embarazoso, pero a mí me parece genial.

Se dirige a la nevera para coger el táper lleno de ensalada que trajo de casa y luego se sienta en una mesa para empezar a comer.

—Me encanta tu jersey, Jemma —digo, levantándome para saludarla y sentarme a su lado.

Mi mano va directa a uno de sus increíbles pechos, dándole un buen apretón mientras sondeo un poco el terreno.

Suelta un gemidito, pero nada demasiado vigoroso, como si apenas se diera cuenta de que le estoy haciendo algo.

—Gracias —dice, dedicándome una sonrisa feliz mientras pincha un poco de su ensalada de pasta con un tenedor y empieza a comer como si yo no estuviera haciendo nada, aunque sigo manoseando su increíble pecho durante todo el tiempo, mis dedos incluso apretando el contorno de su pezón para provocarlo y girarlo un poco para rematar—.

Lo compré este fin de semana y ya me está encantando.

—Te queda genial, sobre todo por lo ajustado que es; realmente hace que tus tetas parezcan grandes al estar tan apretadas.

Más mujeres deberían ir por ahí con ropa extraceñida y dejar que el mundo vea lo enorme que es su pecho.

—No podría estar más de acuerdo.

—La aceptación de mis palabras por parte de Jemma alimenta mi audacia; realmente puedo conseguir que alguien me siga la corriente en cualquier cosa, ¿verdad?

Todo es para mi beneficio mientras sigo manoseándola y ella sigue comiendo como si nada.

Parece el crimen perfecto, y estoy demasiado ansioso por seguir adelante mientras la manoseo.

—Mmm, ¿te has entera…?

No, probablemente no debería contarle esto a nadie, pero haré una excepción contigo, ya que sueles ser bastante agradable.

¿Oíste que Rachel, la de TI, estuvo follando aquí?

—dijo Jemma.

****
Si te gusta la historia, por favor, deja una reseña y añádela a tu biblioteca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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