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Creando Juegos en el Futuro - Capítulo 5

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5: Capitulo 5 5: Capitulo 5 Debo admitir que Hayao Miyazaki fue un genio absoluto; probablemente el mayor animador de la historia.

Sus películas son arte puro.

Mi vecino Totoro es una obra increíble, y la razón por la que he decidido recrearla es su aparente simplicidad.

No tiene una estructura narrativa convencional; es una sucesión de eventos que, poco a poco, te sumergen en la vida de una familia.

Un padre y sus dos hijas se mudan al campo para estar cerca del hospital donde está la madre.

Eso es todo.

No hay una gran epopeya, pero cada escena es fascinante y transmite una sensación única que deja al espectador completamente absorto.

Hay muy pocos diálogos.

En la mayoría de las secuencias solo ves a las hermanas jugando, y pasas gran parte del metraje con una leve sonrisa ante sus ocurrencias.

Los detalles son los que narran: las puertas y ventanas que crujen al abrirse revelan la antigüedad de la casa; la hermana pequeña siguiendo a la mayor e imitando cada uno de sus movimientos muestra, sin decir una sola palabra, lo unidas que están.

Sin embargo, hay un elemento vital que debo resolver: la banda sonora.

Es una pieza fundamental.

Hay escenas compuestas únicamente por paisajes donde la música es la que te hace comprender lo mágico y hermoso que es ese lugar.

De todas las animaciones que conozco, esta es una de las más artísticas y, al mismo tiempo, la más viable de recrear con tecnología moderna.

Al observar los primeros treinta segundos de animación frente a mí, la emoción me embarga.

—No…

los colores están mal —murmuré, entrecerrando los ojos—.

El trazo es demasiado rígido, demasiado estandarizado.

Tendré que corregirlo todo, fotograma a fotograma, hasta que la IA recopile suficientes datos para interpretar mi estilo correctamente.

…

Llevo una semana trabajando intensamente en la película y todo marcha bien, pero he llegado a un punto crítico: necesito empezar con la composición musical y el doblaje.

Eso requiere equipo adicional y, por tanto, dinero.

Sé que mi padre no soltará ni un crédito más tras el incidente de la mesa, así que tendré que convencer a mi madre.

Después de terminar nuestras tareas matutinas, Melissa y yo fuimos a la cocina.

Mis padres estaban charlando y yo intentaba pasar desapercibido mientras evaluaba el terreno.

—Buenos días —dijimos los dos al unísono.

—Buenos días, niños —respondió mi madre, clavando en mí una mirada extraña—.

Alex, ¿qué vas a hacer esta tarde?

—¿Hmm?

Pues seguir trabajando en la mesa creativa.

—¿En serio?

¿Aún no te has cansado de eso?

¿Por qué no vienes al club de duelos con tu madre?

Podríamos tener un par de combates madre e hijo y darle una paliza a esa “vaca”.

Al oír esto, mi padre soltó una carcajada que solo sirvió para enfurecerla más.

—Jajaja…

Todavía sigue resentida por haber perdido el último encuentro —se burló él.

—¡¿De qué demonios te ríes?!

—le espetó ella con una expresión que prometía violencia.

(╬ 益) —Yo…

solo recordaba un chiste…

lo juro.

—No perdí nada —gruñó ella—.

Estaba a punto de cortarle el cuello cuando se agotó el tiempo.

Dijo que ganó solo porque tenía más puntos.

¡Es ridículo!

A mi madre le apasiona competir, así que visitamos el club de duelos varias veces al mes.

Los combates se desarrollan en realidad virtual mediante los simuladores más avanzados del mercado: cápsulas de cristal con cascos de inmersión total.

Estos dispositivos permiten que todos tus sentidos funcionen al cien por ciento, incluido el dolor.

Cuando un civil compra uno de estos simuladores para su casa, el sistema limita el sufrimiento físico a un máximo del 35%.

Sin embargo, en los clubes de duelo las reglas cambian: el límite de dolor lo deciden los participantes.

Normalmente, uno desafía a alguien o acepta un reto, y luego se pactan las condiciones: duración máxima de diez minutos, derrota instantánea por impacto en puntos vitales y cosas por el estilo.

Antes de que recuperara mis recuerdos, mi madre y yo participamos en un duelo contra otra pareja de madre e hijo.

Mi tarea consistía en derrotar al niño, algo que logré con relativa facilidad.

El problema fue que la madre de aquel chico se dedicó a correr por toda la arena, usando armas arrojadizas desde la distancia; cada vez que intentábamos acortar distancias, ella huía.

Golpeaba ocasionalmente para sumar puntos y, cuando el tiempo expiró, ganó por decisión técnica.

Lo peor fue que empezó a jactarse ante todo el mundo de haber derrotado a mi madre.

No hace falta decir lo furiosa que está ella desde entonces.

—Jejeje…

Esta vez voy a romperle las piernas —sentenció mi madre con una risa gélida—.

Veamos cómo corre entonces.

Jajaja.

—…

—…

—Mamá, ¿puedo ir contigo?

—intervino Melissa con una sonrisa angelical—.

Yo también quiero pelear; ya he dominado la técnica de movimiento que me enseñaste.

Ver a mi hermanita hablando de golpear gente con esa expresión de inocencia me dejó, sinceramente, sin palabras.

Mi padre soltó un suspiro de resignación.

—¿Por qué mi mujer y mi hija tienen que ser tan crueles?

—No lo sé, papá, pero debe de ser culpa tuya —le respondí con sorna.

—¿Cómo va a ser culpa mía?

—Resopló—.

En fin…

Solo intentad no pasaros, ¿vale?

—Sí, sí…

—Mamá simplemente bufó y se dio la vuelta.

Era evidente que planeaba algo oscuro para ese duelo.

Tras unos minutos de preparativos, mi padre me apartó para hablar a solas, con un tono de genuina preocupación.

—Vigila a tu madre, Alex.

La última vez que se puso así tuve que pagar cincuenta mil créditos en facturas del hospital.

Hasta el día de hoy, la gente sigue comentando la paliza que le dio a esa pobre mujer.

—¿Eh?

Podría intentarlo…

—dije, tanteando el terreno—, pero necesito dinero para terminar el regalo de Melissa.

Como no tengo ni un crédito, creo que me quedaré en casa pensando en cómo terminar el proyecto gratis.

(。 ́ ︿̀ 。 ) —Tú…

Eres un mocoso —gruñó mi padre, entrecerrando los ojos—.

Tienes la osadía de extorsionar a tu propio padre.

—¿Extorsión?

No sé qué es eso.

Solo digo que me vendría mejor quedarme en casa, jeje.

—Eres un sinvergüenza…

—suspiró, dándose por vencido—.

Vale, de acuerdo.

Si logras evitar que tu madre cause un desastre diplomático, te dejaré usar mi identificación para que termines tu regalo.

Pero si falla, te quedarás sin fondos durante tres meses.

—¡¿Qué?!

Eso no es justo —protesté—.

Ya sabes que mamá hace lo que quiere.

—No sé de qué hablas; tu madre es una mujer muy sensata —respondió él con sarcasmo—.

En cualquier caso, ese es el trato.

—De acuerdo, acepto.

Es lo mejor que puedo conseguir, pensé mientras caminábamos hacia la salida.

En este mundo, el DNI es la llave de todo: desde abrir cuentas bancarias hasta gestionar empresas.

Mi plan original era pedir prestada la identidad de alguno de mis padres para registrar legalmente la película.

Aunque sea un regalo para mi hermana, no pienso dejar que una obra de este calibre quede sin protección legal.

Ahora, mi único problema es cómo evitar que mi madre le rompa las piernas a esa mujer en la arena virtual.

—¡Date prisa, Alex!

—me apremió mi madre—.

Alana me ha escrito que la final ya ha empezado en el club.

Tenemos que llegar antes de que se largue.

—…

Sí, mamá.

—¡Vamos, hermano!

—exclamó Melissa con entusiasmo—.

Mientras mamá le da su merecido, nosotros podemos encargarnos de su hijo.

(Eres solo una niña, no seas tan cruel), pensé, mirándola con preocupación.

—Melissa, no deberías golpear a la gente solo porque no te caigan bien.

—¿Hm?

Pero mamá dice que, si alguien intenta pasarse de lista conmigo, tengo permiso para romperle las piernas.

Miré a mi madre buscando una explicación.

—¿Qué?

—respondió ella con naturalidad—.

Solo le enseño a ser fuerte.

No quiero que ninguna “vaca” ande difundiendo la mentira de que la derrotó, cuando obviamente aquello fue un empate.

(¬_¬;) Era inútil discutir.

Sus prioridades estaban en un plano existencial completamente distinto al mío.

Llegamos al club en poco tiempo.

El edificio era una mole colosal de más de trescientas plantas; una pantalla gigante cubría toda la fachada, mostrando vídeos de soldados intercambiando golpes con una coreografía brutal.

Debo admitir que era impresionante.

Nada más cruzar el umbral, mi madre adoptó una sonrisa encantadora.

De repente, caminaba con una elegancia y una sofisticación que cortaban la respiración.

Daba miedo lo fácil que le resultaba cambiar de máscara y postura en un segundo.

En el vestíbulo encontramos a un grupo charlando animadamente.

—No puedo creer que ganaras de esa forma tan rastrera —decía uno.

—Jajaja, los débiles siempre tienen algo que decir sobre los fuertes —respondió una mujer con prepotencia—.

Debes de estar celosa.

—¿Celosa?

¿Por qué no nos enseñas la grabación?

Queremos ver lo “increíble” que eres —retó otra.

—No tengo que demostrarle nada a alguien que ni siquiera figura en la lista de clasificación, jajaja.

Al oír ese comentario, vi cómo la sonrisa de mi madre se volvía aún más brillante, casi cegadora.

Sabía lo que significaba: alguien estaba a punto de recibir la paliza de su vida.

(Solo quiero terminar mi película lo antes posible y salir de aquí…).

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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