Criando a mis hijos con mi habilidad espacial personal - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Microcosmos
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9: Microcosmos 9: Microcosmos —¡Si hubiera sabido que ocurriría un evento tan importante como la transmigración, habría usado los dos millones de yuanes para comprar comida, carne y verduras!
Total, no se echaría a perder por muchos años que lo metiera en el espacio.
Este espacio era muy bueno, mucho mejor que los refrigeradores de su vida anterior.
Las cosas que se guardaban en el espacio definitivamente no se echaban a perder.
El espacio estaba aislado de las bacterias.
Incluso si los objetos que se introducían contenían bacterias, el espacio podía purificarlos.
—No hay dinero que compre el conocimiento del futuro.
Negó con la cabeza y decidió que, en lugar de perder el tiempo lamentándose, más le valía hacer algo práctico.
Empezó a trocear el bambú con un machete.
Luego, usó un poco de ratán para formar un cercado.
Tras fijarlo en un sitio, creó tres recintos de cinco metros cuadrados cada uno.
An Jiuyue acabó tan cansada que no podía ni ponerse en pie.
—¡Dios mío!
¿No es este cuerpo demasiado débil?
Cerró sus manos en pequeños puños y se golpeó la espalda baja.
Con cada golpe, sentía como si su cintura ya no fuera suya.
En el pasado, podía trabajar durante días y noches sin descanso y sin ningún problema.
Pero ahora, tras hacer un poco de trabajo manual, sentía como si se le hubiera ido media vida.
Su cuerpo, en efecto, no era el de antes.
Sin embargo, a pesar del cansancio, se sintió bastante satisfecha al ver los tres cercados ante ella.
Aunque no pudiera cultivar hortalizas en el espacio, al menos podría criar algunas aves de corral pequeñas, ¿no?
Pues decidido.
Uno de los tres cercados de ratán sería para criar pollos, otro para patos y el último para conejos.
En cuanto a dónde iba a conseguir esos animales… ¡A partir de mañana empezaría a buscarlos por el bosque!
Puede que en la montaña no hubiera gran cosa, pero sí abundaban los pollos, patos y conejos salvajes.
Especialmente ahora, a principios de la primavera, muchos de esos animalitos, famélicos tras el invierno, sin duda andarían correteando por la montaña en busca de comida.
Ella los atraparía y así les ahorraría la molestia de buscar comida.
¡Genial!
El espacio era enorme.
Tendría que buscar más animales para criar dentro.
De lo contrario, ¿no sería un gran desperdicio?
Decidió empujar todos los armarios y estanterías hacia un rincón para liberar varios acres de terreno.
Puesto que solo necesitaba guardar unas pocas cosas, no había necesidad de que ocuparan tanto espacio.
—Tengo que planificar esto bien.
No puedo dejar mis cosas por ahí sin ton ni son.
Murmuraba para sí, sumida en sus pensamientos.
Aunque el lugar era solo suyo, debía prestar atención a la estética.
No podía permitirse dejar el espacio hecho un desastre, o acabaría odiándose a sí misma en el futuro.
Sin embargo, no iba a ponerse con eso ahora.
Ya estaba agotada.
Necesitaba dormir bien para tener energía suficiente con la que buscar a esos animales en la montaña.
¡De lo contrario, ella y sus dos hijos morirían de hambre!
Pero, justo antes de poder abandonar el espacio, se dio la vuelta y vio un punto rojo que parpadeaba.
Ese punto rojo había estado detrás de ella todo el tiempo.
—¿Quién eres?
Estaba bastante tranquila.
Al fin y al cabo, era alguien que había viajado con el espacio a través de dos mundos.
An Jiuyue se sorprendió momentáneamente, pero recuperó la compostura con rapidez y le preguntó al punto rojo.
—Soy Wei Na[1].
El punto rojo volvió a parpadear y de él provino una voz infantil.
—¿Wei Na?
Es el… del espacio… —musitó An Jiuyue, parpadeando repetidamente.
¿Podía asumir que Wei Na era el alma de este espacio y que podía controlarlo todo allí?
—No, no puedes.
[1] Wei significa micro y Na significa nano.
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