CRONICAS DE ETHERIA: El elegido de la luz - Capítulo 20
- Inicio
- Todas las novelas
- CRONICAS DE ETHERIA: El elegido de la luz
- Capítulo 20 - 20 Sombras sobre el Tridente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: Sombras sobre el Tridente 20: Sombras sobre el Tridente Tilfur observó cómo el carromato se alejaba hasta que se convirtió en un punto diminuto en la distancia.
Aún no estaba seguro de qué acción tomar.
La presencia de Gabriel le había generado un torbellino de preguntas que lo asediaban.
Podría haber presionado al joven para obtener respuestas, pero era su invitado y un amigo de Bringo.
Tal vez estaba imaginando teorías sin fundamento y Gabriel era simplemente un explorador novato un tanto peculiar.
Sin embargo, había ciertas circunstancias que capturaban poderosamente su atención, como la aparición de la misteriosa criatura alada durante dos noches consecutivas.
La primera, un día antes de la llegada de Bringo y Gabriel, y la segunda, la noche siguiente.
Esta última había motivado a Tilfur a cabalgar hasta las márgenes del bosque en la madrugada, mientras Gabriel y Bringo dormían.
Allí había tenido un encuentro cercano con la bestia, y lo que vio lo llenó de temor: ni siquiera se atrevía a susurrar en voz baja lo que creía que podría ser esa criatura que sobrevolaba la región.
Pero lo que lo había dejado aún más inquieto era que la bestia alada no estaba sola; sobre su lomo, pudo distinguir la silueta de alguien que la cabalgaba.
Volvió presuroso a la granja y no pegó un ojo en toda esa noche pensando diferentes conjeturas hasta que decidió que lo mejor era prepararles un buen desayuno a sus invitados.
Ahora ellos se habían marchado y se preguntaba cuál era la procedencia real de Gabriel.
Por aquellos lares, nadie, excepto algún que otro ocasional mediano, bajaba a Iclys siguiendo el curso del río Tridente.
No había poblaciones rio arriba, salvo Colina Verde.
Ni qué decir del lenguaje tan extraño que utilizaba este muchacho y que tuvo que emparentar para que lo pudiera entender.
Todo era muy extraño.
Entonces no lo pensó más.
Ensilló uno de sus caballos, cargó algunas provisiones y decidió seguir el curso del camino hasta el río.
Al galope desanduvo la vieja senda que él mismo había trazado.
Una vez a orillas del Tridente, se apeó del caballo y observó el rastro.
Las huellas de Bringo se entremezclaban con las del muchacho.
Unos metros más arriba, se distinguía un solo rastro no muy difícil de seguir.
Por tramos, cuando la señal era muy evidente, aprovechaba la cabalgadura para imprimirle más velocidad al seguimiento; por otros sectores, debía bajar y buscar los signos del paso de alguien observando la hierba aplastada en ciertos lugares.
Fue casi con la caída del Sol que se internó en Bosque Tranquilo y dio con el Viejo Thom.
Las huellas llegaban hasta allí y después desaparecían como por arte de magia.
Con cautela, Tilfur rodeó el enorme árbol hasta encontrar el orificio en lo alto del tronco, identificando de inmediato que se trataba de la madriguera de un scrillch.
Aunque no temía a estas criaturas, sabía bien de sus reacciones impredecibles y decidió proceder con cierto cuidado.
Afortunadamente, su larga convivencia en el Bosque Tranquilo le había granjeado la aceptación de los scrillch, quienes lo reconocían como un vecino respetuoso.
—¿¡Hay alguien allí!?
¡Soy Tilfur!
Habitante del otro extremo del bosque.
—¿Tilfur?
—Se escuchó un vocecita proveniente del interior del hoyo—¿Tilfur Barba Blanca?
¿El gigante que habita una granja en nuestro bosque?
—dijo Scrabellich, mostrándose a orillas del hueco.
—Así es, amiguito.
¿Cómo te llamas?
—Scrabellich es mi nombre.
¿Y a qué debo tu visita por estos lados?
No es que me incomode.
Sé que tienes buenas relaciones con mis congéneres, pero me llama la atención.
—Pues yo no tenía pensado venir a verte, pero han ocurrido ciertos acontecimientos que estoy tratando de dilucidar, y quizás tú puedas ayudarme a entender.
—¿Y qué te hace pensar que yo podría ayudarte?
-dijo con cierto recelo Scrabellich.
—No te agites, amigo.
Te voy a contar algo y después evalúas si me puedes ayudar o no.
Con prudencia, Tilfur compartió su encuentro con Gabriel, omitiendo a Bringo en la historia para no perturbar a Scrabellich, consciente de la enemistad entre estas criaturas y el pueblo mediano.
También mencionó la presencia alada que había estado en la zona durante dos noches consecutivas, aunque evitó especular sobre la naturaleza de esta entidad.
Le habló a Scrabellich sobre el misterio que rodeaba la procedencia de Gabriel, su extraño lenguaje y su escaso conocimiento del camino que recorría.
Por último, le comentó sobre el rey de Balamonte, Kaladryck, quien en el pasado había sido un gran amigo suyo, y la creencia del rey en la llegada del Elegido.
—Te comento todo esto pues sé que tú algo tienes para contarme al respecto.
He seguido el rastro y acá termina, justo a los pies de tu hogar.
Debes decirme lo que sabes, por favor.
Si es lo que pienso que es, este muchacho corre un serio peligro y debo ayudarlo.
Scrabellich no dudó de la palabra de Tilfur.
Si hubiera sabido de antemano que el gigante conocía a la gente de Balamonte, habría enviado a Gabriel directamente a la granja de Tilfur.
A pesar de todo, Gabriel había llegado allí en forma casual y, muchas veces las casualidades no existen, pensó.
—Tienes razón, Tilfur.
Debes partir pronto a Iclys para darle alcance.
Yo le recomendé que trate de contactarse con gente que viaje a Balamonte.
Ahora veo lo peligroso de mi consejo, y más ante el conocimiento de esa extraña bestia alada que me describes.
Sin lugar a dudas anda buscando algo.
Scrabellich narró con lujo de detalles la historia de Dercom y su partida al otro mundo en busca del Elegido.
También mencionó las generaciones de scrillch que habían habitado el Viejo Thom, custodiando la llegada que nunca se producía.
Tilfur ya conocía esta historia gracias a los viejos libros de Balamonte, que databan desde su fundación y confirmaban todo lo escrito por los antiguos.
Se despidió de Scrabellich y partió al galope hacia su granja.
Sabía que debía hacer algunos preparativos urgentes para salir de inmediato hacia Iclys.
Algo en su interior le decía que habría problemas por delante.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com