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CRONICAS DE ETHERIA: El elegido de la luz - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7 - 7 El elegido
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7: El elegido 7: El elegido —Cuando Aldirk obtuvo poderes extraordinarios de Kalhanor —continuó Don Anselmo— ya nada pudo detenerlo.

Comenzó a crear sus propias criaturas: seres corrompidos, nacidos del odio, que aún hoy sirven a su causa.

Al mismo tiempo, la desconfianza, la envidia y el rencor comenzaron a germinar en los corazones de los habitantes de la Tierra Primigenia.

El paraíso empezó a resquebrajarse.

El cielo cambió, llegaron las primeras enfermedades, y las pestes diezmaron pueblos enteros.

Dontar convocó entonces a la Orden de los Cinco en la cima del Danmajera.

Allí les ordenó resistir el asedio de Aldirk y combatirlo hasta las últimas consecuencias, mientras él buscaba una solución antes de que el mundo se perdiera para siempre.

—Durante siglos —dijo con voz cansada— se libraron guerras atroces.

Magia contra magia.

Creación contra corrupción.

Gracias al sacrificio de los pueblos unidos, Dontar halló finalmente una respuesta y proclamó su sentencia: —“Un primer nacido será el elegido para poner fin a la Edad de la Oscuridad y destruir a todas las criaturas del mal, junto a la serpiente que las gobierna.” El terror se apoderó de Aldirk y de sus huestes.

Por primera vez, la esperanza brilló entre los oprimidos.

Pero el maligno respondió con furia.

—Reuniendo todo su poder —prosiguió— lanzó el ataque más devastador jamás conocido.

Separó a los humanos, los primeros nacidos, del resto de los pueblos.

Los confinó a dimensiones distintas dentro del mismo plano existencial y volvió invisible la existencia de unos a los ojos de los otros.

Don Anselmo hizo una pausa.

—Así nació un único mundo dividido en dos.

Y ambas partes fueron edificadas sobre bases corrompidas .Mientras Aldirk permanecía en la dimensión original, logró impedir que la sentencia de Dontar se cumpliera.

El mundo humano quedó condenado a una lenta autodestrucción… y cuando eso ocurra, Aldirk habrá vencido definitivamente.

El precio fue enorme.

—La distorsión del espacio-tiempo casi lo destruyó.

Quedó debilitado y huyó a las Tierras Oscuras de Mundark, donde permaneció oculto durante siglos.

Los pueblos sobrevivientes lloraron la pérdida de los humanos, mientras estos iniciaban una nueva historia, creyéndose los únicos sobrevivientes de una antigua hecatombe.

El tiempo hizo el resto.

—La memoria se volvió mito.

Y el mito, fantasía.

Dontar no descansó.

Siglos después, convocó por última vez a la Orden de los Cinco.

Allí les entregó La Llave: el objeto que permitiría a un solo habitante de los pueblos unidos atravesar el portal hacia la dimensión humana.

—Los elfos fueron designados sus custodios —continuó—.

Y ellos debían elegir al enviado.

Aldirk despertó.

—Comenzó nuevamente a sembrar odio, guerras y pestes.

La inmortalidad se volvió leyenda.

Solo los elfos lograron preservarla… al precio del exilio.

Abandonaron Valarión y confiaron La Llave a los semielfos, quienes juraron entregarla llegado el momento.

Don Anselmo levantó la mirada.

—Ese momento llegó.

El Consejo me eligió a mí.

Yo soy El Enviado.

Sacó la llave.

—Esto es El Legado de los Cinco.

Y solo uno puede atravesar el portal: El Elegido.

Suspiró.

—La misión debía durar dos mil años.

Pero Aldirk descubrió la existencia de la llave y distorsionó aún más el tiempo.

Así llegué a tu mundo… en los albores de la humanidad.

No lo supe hasta demasiado tarde.

Sus ojos parecían agotados.

—He vivido casi cinco mil años.

Vi nacer y morir civilizaciones.

Caminé este mundo cientos de veces.

Aprendí lenguas, luché guerras, busqué héroes… y fracasé.

Se inclinó hacia Gabriel.

—Entonces comprendí que el Elegido no sería un héroe legendario.

Sería un hombre común.

Alguien que no supiera lo que lleva dentro.

Silencio.

—Y después de tanto buscar… te encontré.

Gabriel permaneció en silencio unos segundos.

La historia era fascinante, imposible… y, aun así, perturbadora.

—¿Quiere decir —dijo al fin— que todo esto… que El Elegido… soy yo?

No había enojo en su voz, sino una mezcla de incredulidad y cautela.

—Entiendo que te resulte difícil de aceptar —respondió Don Anselmo—.

En otros tiempos, los hombres creían con demasiada facilidad.

Hoy desconfían de todo.

No te culpo por ello.

Gabriel negó con la cabeza.

—No es eso.

Es solo que… no lo conozco.

Me envió libros durante años sin revelarse.

Me cita aquí y me cuenta una historia que parece salida de una leyenda.

Y ahora me dice que yo tengo un papel central en todo esto.Necesito algo más que palabras.

Don Anselmo asintió lentamente.

—Lo suponía.

Se llevó una mano a la oreja y apartó el cabello.

La punta, alargada y afilada, quedó a la vista.

Gabriel abrió los ojos, sorprendido… pero no convencido.

—No —dijo—.

Podría ser una prótesis.

O un truco.

Hoy se puede falsear casi cualquier cosa.

Don Anselmo sonrió con una tristeza serena.

—Lo sé.

Por eso no insistiré en pruebas que puedan engañar a los sentidos.

La verdad no siempre se revela así.

Se incorporó con esfuerzo.

Su voz cambió de tono: se volvió más grave, más profunda, como si no hablara solo por sí mismo.

—Tengo un don, Gabriel.

La percepción.

Y te digo esto con absoluta certeza: algo grande va a ocurrir en el transcurso de esta semana.

Algo que alterará el curso del mundo tal como lo conoces.

No sé dónde ni cómo.

Solo sé que sucederá.

Clavó sus ojos en él.

—Cuando eso pase, recordarás esta conversación.

Gabriel tomó su abrigo.

—Si ocurre —dijo— volveré.

Y hablaremos de nuevo.

Don Anselmo asintió.

—Aquí estaré.

Gabriel subió las escaleras y se marchó.

La puerta se cerró.

Don Anselmo permaneció inmóvil unos instantes.

Luego cerró el libro, dio una profunda pitada a la pipa y sonrió apenas.

—Oh, sí… el mundo está a punto de cambiar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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