Crónicas de la Hydra Primordial: Nacida para Cambiar el Mundo - Capítulo 2
- Inicio
- Todas las novelas
- Crónicas de la Hydra Primordial: Nacida para Cambiar el Mundo
- Capítulo 2 - 2 CAPÍTULO 2 – El primer vínculo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
2: CAPÍTULO 2 – El primer vínculo 2: CAPÍTULO 2 – El primer vínculo La entrada de luz rojiza desde el exterior se estrechó cuando la gigantesca silueta de Vaelnarya avanzó un paso más dentro de la cueva.
Su presencia alteró el aire de forma casi reverente; la temperatura, la humedad y hasta el silencio parecían ajustar su comportamiento para recibirla.
Su cuello único, largo y poderoso, descendió poco a poco hasta acercarse al nivel donde mi cuerpo diminuto intentaba mantenerse en pie.
No había agresividad en su mirada ni en su postura.
Cada movimiento suyo parecía calculado para no asustarme… aun cuando su tamaño era suficiente para aplastar montañas.
Mis cuatro cabezas avanzaron a la vez, torpes, aprendiendo a coordinar su propio peso.
Las patas delanteras se enredaron ligeramente al buscar equilibrio sobre la piedra húmeda.
El cuerpo se tambaleó, y la cola actuó por instinto como contrapeso.
Un paso inseguro.
Otro.
Y de pronto, ante mí, estaba ella: una montaña viviente con forma de dragona.
Vaelnarya no movió un solo músculo para imponer dominio.
Se limitó a quedarse muy, muy quieta, como invitando.
Las cabezas olieron: FUEGO percibió hogar.
HIELO sintió seguridad profunda.
VENENO detectó familiaridad biológica.
TORMENTA reconoció confianza.
Todas coincidieron.
Las puntas de mis morros tocaron su piel escamada.
En el instante del contacto, sucedió algo invisible al ojo pero imposible de ignorar: un lazo silencioso se formó, cálido y antiguo, que cruzó desde mí hasta ella como si ambos corazones se hubieran encontrado a mitad de camino.
Vaelnarya cerró los ojos y exhaló con calma.
—Estás a salvo —murmuró.
No entendía el significado de las palabras.
Pero mi cuerpo lo entendió.
Las cuatro cabezas se acercaron más, con entusiasmo infantil, casi empujando su rostro enorme.
Entonces Vaelnarya hizo algo que ninguna criatura habría esperado de alguien tan colosal: rodeó mi cuerpo pequeño con la curva de su cuello, no para atraparme, sino para ofrecer calor y protección.
Su respiración se volvió un arrullo grave, profundo, capaz de hacer vibrar las paredes sin intimidar.
El temblor de tierra del exterior se suavizó.
El musgo luminoso redujo su brillo.
Las corrientes del viento bajaron la intensidad.
Yo no sabía que aquello era mi dominio naciente, reaccionando a mi estado emocional.
Para mí, solo era… bienestar.
Cada cabeza reaccionó de forma única: FUEGO bostezó, mostrando colmillos diminutos en desarrollo.
HIELO apoyó el rostro en la piel cálida de Vaelnarya.
VENENO permaneció alerta, pero tranquila.
TORMENTA cerró los ojos lentamente.
Vaelnarya habló de nuevo, con una suavidad impropia de un ser tan inmenso: —Eres pequeño ahora, pero un día tu sombra cubrirá continentes enteros.
Cuando el mundo te tema… recuerda este momento.
Recuerda que naciste para sentir, no para destruir.
No era una profecía.
No era una orden.
Era cariño.
Mis cuerpos se relajaron.
Las cuatro cabezas se acurrucaron contra el calor de Vaelnarya.
Mis patas cedieron, agotadas por el nacimiento.
El sueño cayó sobre mí con la contundencia de algo inevitable y perfecto.
Y mientras me dormía, sólo una cosa quedó clara: Vaelnarya no me veía como un arma… ni como una amenaza… …sino como alguien a quien proteger.
Yo no podía hablar.
No conocía el mundo exterior.
No había visto aún la luz del sol.
Pero lo sentía con absoluta certeza: > Nunca estaría solo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com