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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 1

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Capítulo 1: Capítulo I: Desesperanza.

© WebNovel

Capítulo 1.

Durante mi infancia siempre pensé que llevaría una vida común y corriente, tal vez trabajar los campos propiedad de mi familia en esa pequeña aldea rural, tal vez aprender un oficio, enamorarme y llevar una vida común y corriente, pero antes que todo, una vida tranquila…

«Quien diría que en momentos como estos donde mi vida pasa ante mis ojos, todo eso parece imposible… Los campos arrasados y decimados por el fuego de la guerra, la gente que conocía, muerta o refugiada muy lejos de ahí. ¿Enamorarme? Aunque sigo con vida, eso me parece lo más difícil de todo. ¿Quién podría querer a alguien como yo? Tal y como estoy ahora, ni yo misma me podría querer… ¿Dije misma? Un desliz de mi mente, siempre flotando sobre este sueño que se volvió una pesadilla».

«No puedo saber con seguridad como me siento con respecto a mi situación actual y mi aspecto físico. Simplemente era muy joven cuando todo pasó, como para tener una recolección de mi sexualidad, tal vez esta es la única sexualidad que he tenido siempre, pensándolo con calma… Siempre fui un poco más débil que los demás chicos, era un poco torpe con las herramientas y los juguetes, como esos pedazos de madera que usábamos como si fueran espadas. Era un cobarde y al primer golpe o sobresalto, salía volando hacia las faldas de mi madre. Me gustaba tener mi pelo largo a diferencia de ahora, que me estorbara al abrir los ojos y esa sonrisa de tonto que aún recuerdo cuando veía mi rostro en un espejo».

«Por último… ¿A quién pertenece esa voz que me empuja a hacer estas cosas irracionales? No estoy seguro, por un tiempo pensé que me había desquiciado después de haberlo perdido todo… La villa, mis amigos, mis padres y a mí mismo, pero pasó el tiempo y la voz seguía ahí, me decía que buscara al hechicero… ¿Cuál hechicero? Que debía hacerme más fuerte para que todo fuera como antes, para erradicar la plaga de la guerra de estas tierras».

Como siempre, el tiempo se me escapaba de las manos cuando me hundía en esos pensamientos. La sangre de la bestia ya había manchado mis muslos desnudos y pude sentir como goteaba dentro y fuera de mis botas… Con su último aliento, trató de apartarse de mí, usando sus garras para partir mi cuello en dos, pero ya era demasiado tarde para ambos. Giré mis tobillos y mi cadera, esquivando el último golpe de la bestia y con la fuerza del impulso hice girar mi espada en su torso, que ya estaba hundida hasta la empuñadura… Un gruñido lastimero y se desplomó. El peso fue tanto, que tuve que soltar mi espada para evitar caer junto con ella al piso.

Al enfriarse mi sangre, me sentí lastimado, no sentía mis piernas, ni mis manos. Para recuperar mi única arma que llevaba conmigo, me tuve que ver en la obligación de pisar el torso de la bestia y empujar con toda la fuerza que me quedaba hacia atrás, evitando sus huesos para que pudiera salir un poco más fácil.

«¿Qué hubiera sido de mí, si nunca hubiera encontrado a mis maestros? Tal vez hace mucho estuviera muerto… El hechicero siempre dijo que yo tenía talento, que lo único que necesitaba era seguridad en mí mismo, por eso cada vez que estoy en una situación como esta, trato de recordar eso, pero simplemente no puedo hacerlo y empiezo a divagar en todo y nada a la vez. Tengo frío, hambre y sed. ¡Jajaja…! Será mejor que encuentre un refugio, porque además ya va a empezar a llover y solo quiero un lugar donde tenderme y poder quitar esta peste de encima antes de que se seque. Tal vez la lluvia no es tan mala idea después de todo, aunque sería malo que me resfriara… En fin».

Caminé sin rumbo por unos minutos, hasta encontrar una cueva en lo alto de una peña de fácil acceso. «Espero que no sea el hogar de un animal salvaje, igual de frío, sediento y hambriento como yo. Eso sería un problema en este momento». Revisé la cueva por la entrada, buscando huellas, como el guardabosque me enseñó años atrás… Traté de oler cosas inusuales, pero solo olí la peste que aún traía encima. «Se ve abandonada, no hay restos de animales o heces, eso es buena señal».

Por fin comenzó la lluvia y tímidamente di un paso dentro, era pequeña y solo parecía que eran unas cuantas rocas de un deslave que se apilaron una sobre otra convenientemente, no lo suficientemente profunda como para ser el hogar de un animal.

Más tranquilo, saqué un trozo de paño de la bolsa donde cargaba mi equipo y lo mojé con los chorros de agua que empezaban a correr por los lados de las rocas de la entrada. Con mucho cuidado limpié mis muslos, mis piernas, pies y calzado, enjuagando en el agua. Continué afablemente la tarea… Por fin, sin ese hedor encima, busqué en mi bolso nuevamente por algo que comer… Un pedazo de una hogaza de pan de frutas, un trozo de carne seca y mucha agua de lluvia para tomar. «¡Nada mal!»

Tenía frío por la lluvia y el cansancio, pero no era un buen momento para prender una fogata, que solo hubiese sido una señal para un depredador tan hambriento como para no temerle al fuego, además no había mucho que quemar. «¡En fin…!» Abracé mis piernas en lo más oscuro de la cueva y a pesar de todo… Me empezó a ganar el sueño.

«Si tan solo hubiera alguien conmigo en esta desquiciada aventura… Alguien en quien confiar, alguien a quien proteger y me protegiera, sería un poco más fácil». Por un momento volví a pensar en los requisitos que nos había pedido explícitamente mi maestro el hechicero. «¡Cómo se supone que haga tal cosa? Ya he decidido… La gema, la conseguiré o moriré intentando, pero… ¿El otro requisito? ¡Eso simplemente es imposible para mí! No tengo un cobre partido por la mitad, no soy fuerte, no soy especial en nada, lo único que queda es… ¿Mi físico? ¡Jajaja! Que cosas pienso de repente, eso podría ser lo último que alguien quisiera de mí… Zzz…»

«¡Eh? ¡Mmmh! Algo me está lamiendo las piernas y olisqueando… ¿Es un sueño!» Abrí los ojos lentamente… «¿Es un oso! No, un osezno». La peste de la sangre de la bestia debió haberlo atraído hasta ahí, por otra parte… Si había un osezno, solo podía significar… Que había una mamá oso cerca. Aprendí un par de cosas útiles con el guardabosque antes de decidirme a partir con el hechicero, pero nunca aprendí a lidiar con una osa enfurecida por la creencia de que su cría estaba en peligro. «No quisiera lastimarla, en dado caso que pudiera… ¡Claro! Un tajo de esas garras y seguramente estaría en serios aprietos… Lo primero es levantarme con cuidado para que el osezno no se espante y empiece a gemir pidiendo a su madre».

Me puse de pie lentamente, sin voltear a verlo de una manera directa. Me di cuenta de que el osezno era bastante grande, muy probablemente en los últimos días de compartir el territorio con su madre y seguramente ya algo taimado en conseguir su propio alimento. Sin hacer sonido, corrió a la entrada de la cueva como si esperara algo. «¡Su mamá?» Solo se quedó ahí, sentado en sus extremidades posteriores… Lo observé detenidamente, pero nada. Por fin, después de unos segundos, giró su cuello hacia mí, gimiendo, para volver a voltear hacia afuera. «¿Quiere llamar mi atención!»

Salí de la cueva y al momento que estuve de pie junto a él, salió corriendo pendiente abajo, resoplando y gruñendo. Una vez abajo, volteó nuevamente a verme y gimió. «¡Quiere que lo siga…?» Nos adentramos un par de minutos en la espesura del bosque, apenas pude seguirlo… «¿Qué es lo que hago siguiendo a un oso? Puede ser que de verdad ya haya perdido la cabeza». Por fin, el osezno se detuvo junto a un árbol de grueso tronco, a la sombra del cual no había tanta maleza y es ahí donde la vi, tendida en el piso… La mamá oso… Respirando agitadamente en un charco de su propia sangre. «¿La hirió la bestia contra la que luché el día de ayer…? No, imposible… De ser así, para el día de hoy estaría muerta… Algo más la debió de haber lastimado, algo terrible para lastimar así a una osa defendiendo a su cría».

Me agaché junto a ella para discernir sus heridas, ella solo gruñó suavemente, pero no pudo hacer mucho para evitarlo. «¡Está muy mal! Probablemente le quede poco antes de morir desangrada». Vi las heridas en su costado derecho y esas espinas en su lomo, como si fuesen flechas… Tres cortes de garras, no eran muy profundas, seguramente porque la criatura contra la que peleó, no esperaba tal resistencia y salió huyendo después del primer embate. Podía cerrar sus heridas con mi magia y debería de estar mejor después de un rato… «Solo espero que no esté fracturada o algo peor, porque entonces dudo que mi magia de sanación pueda hacer mucho más por ella… Lo voy a intentar, aunque eso me ponga en peligro, porque si llego a necesitar mi magia no la voy a tener, pero supongo que es mejor que sentarme aquí y verla morir».

Retiré las espinas con ayuda de mi espada. «¿Qué clase de monstruo tiene espinas como estas…? Parecieran como de un puerco espín, pero… ¡Una mantícora? Espero que no, sino todo será en vano, no sé curar el veneno». Mientras canalizaba mi conjuro, recordé la primera vez que pude hacer magia, fue tal vez un par de semanas después de que llegué a vivir con el hechicero, me pareció tan sorprendente, me sentí tan poderoso y seguro de mi mismo…

«¡Claro que era una tontería! Los pequeños efectos y trucos que lograba con mi poder mágico no eran más que un juego de niños, pero me hacía sentir muy feliz… De igual manera, recuerdo que el hechicero siempre me decía que no tenía ningún conjuro que enseñarme, que yo no debía buscar la magia, sino dejarme encontrar por ella, para después darle forma con mi pensamiento… ¡Qué diablos significa eso…? ¡Sigo sin entenderlo al día de hoy! A diferencia, ¡claro! De mi compañera de estudios, Lianne. A quien le daba un estricto entrenamiento con rituales, lectura, evocación y un sin fin de cosas más, que nunca llegué a entender del todo. La única liturgia que compartíamos ambos, era la meditación… Tres veces a la semana, sentados en posiciones seriamente incómodas por más de dieciséis horas, canalizando nuestro poder mágico, ese era el momento que más compartíamos… En silencio, que sí bien seguíamos siendo niños y de vez en cuando nos gastábamos un par de bromas mutuamente… Esos momentos y los entrenamientos físicos que eran bastante exigentes para venir de nuestro anciano maestro, que rara la vez le vi dar más de una docena de pasos seguidos. Él siempre decía que la constitución física es importante para la hechicería y que el hecho de usar magia, no era una excusa para no estar saludables».

Abrí mis ojos y mamá oso al parecer respiraba con mucha más facilidad. Las heridas cerradas en su piel, solo con las puntas de su pelo teñidas del rojo de su sangre. Estaba exhausto, me recargué en el tronco del árbol, con cuidado de no manchar mi trasero con la sangre, mientras pensaba, si aún podía hacer algo más por esa criatura. «¡Ah, ya sé!» Saqué de mi bolso la última pieza de pan de frutas que me quedaba, lo partí en trozos y se los puse cerca de su hocico… Renuentemente lo olisqueó, pero ese olor dulce fue demasiado para ella y finalmente se los tragó con la cabeza aún recargada en el suelo. Cuando terminó, le puse un poco de agua en el mismo lugar, vertiéndola con mi bota de viaje, pero el sagaz animal empezó a lamer la bota, bebiendo de la boquilla. «¡Eh! Bueno… Que más da. Espero que no tenga parásitos muy peligrosos, la herviré cuando tenga la posibilidad». Me senté nuevamente en la posición que estaba y se me ocurrió que tal vez deberíamos movernos, el olor de la sangre podía traer de vuelta a la criatura que la atacó en primer lugar o algo peor… Pero no podía cargarla y el osezno ahora que veía a su madre fuera de peligro, tampoco se movería hasta que esta lo hiciera. Mientras pensaba eso, me quedé dormitando por el cansancio… Cuando desperté, sentí una lamida nuevamente en mis piernas, era el osezno y su madre, estaba ya parada en sus cuatro extremidades, tal vez solo querían despedirse de mí, antes de partir. Mamá oso y su cría se metieron en la espesura. «Por otra parte… Yo mejor me muevo y me pongo en marcha, ya comienza a ocultarse el sol y solo tengo comida y agua de mi bota lamida por el oso, para el día de hoy».

Necesitaba encontrar algo de comida, era muy probable que tuviese que cazar el día de mañana, tal vez un animal pequeño… Un conejo o una liebre que pudiera sobre cocer en el fuego y que me durara un par de días. Me pregunto… «¿Qué tan lejos estará el pueblo que voy buscando? La última persona de fiar a la que pedí direcciones, me dijo que siguiera al sur por el camino y llegaría en una semana, ¡claro…! Ni soñando iría por el camino principal, solo y con esta apariencia… Aunque la verdad, no temo a asaltantes y malvivientes, mejor evitar conflictos innecesarios. La bestia con la que luché ayer… Jamás había visto una como esa, ni siquiera en los bestiarios en la biblioteca del maestro. ¿Vendrá de las tierras del norte…? ¿Con los invasores?»

Era hora de tender campamento, me sentía un poco más confiado, así que hice una fogata, especialmente porque el frío me caló mucho en mis huesitos ayer… Herví agua de mi bota y pude tomar un té para acompañar con lo que me restaba de comida. Cuando todo estuvo listo… Empecé a comer y fantasear con tomar un baño con agua caliente… No era necesario una tina, ni nada lujoso, hasta con un barril metálico me daba por bien servida. «¿Servida? ¡Jajaja! Lo hice otra vez… ¡Qué más da!» Era momento de sacar mi mantita y confiar en que no pasaría nada durante la noche.

Parpadeé un momento mientras observaba el fuego, acostado… Al abrir los ojos, estaba frente a un grupo de personas que nunca había visto en mi vida, en una lujosa taberna, con manjares servidos alrededor de una mesa circular… «¿Estoy soñando…? ¿Quiénes son estas personas? Todo parece tan real…»

Un hombre gigantesco y sí bien un poco pasado de peso, pero con unos brazos tan fornidos que se ve que podría cargar una vaca con una sola mano, me dijo con naturalidad:

—¿Hablaste con Lianne de lo que acordamos?— «¡Lianne…? ¡Ella está aquí, en mi sueño? ¿Es un sueño…?» Me vio con desconcierto, como sí viese en mí lo perdido que estaba en la situación y dijo:

—¿Estás bien, Arlinne? Te ves como si hubieras bebido demasiado licor antes de comer. ¡Jajaja!— Su carcajada retumbó en la taberna, sobre las voces de los demás parroquianos. «¡Arlinne…? ¿Cómo es posible? Nadie sabe ese nombre, solo Lianne y el maestro, nadie más conoce esa parte de mí. ¿Es un sueño! Debe de ser un sueño». Continué atónito, cuando otra voz sonó muy cerca de mí, a mi lado, para ser exacto, mientras una mano grande y masculina comenzó a tocar mi muslo desde su parte interior.

—Vamos, Grand. Dale un respiro, debe de estar exhausta después del viaje que hemos hecho hasta aquí. No me gusta que beba demasiado licor, pero creo que se lo ha ganado y recuerda que el plan continúa.— Volteé de manera abrupta para ver al ladrón de mi intimidad… Era un hombre delgado, joven, de cabello negro, tal vez solo unos cuantos años mayor que yo, con facciones endurecidas y seguridad al hablar. «Su rostro… Un rostro que al verlo, simplemente me hacía sentir tranquila… ¡Tranquila? ¡Qué es este sueño? ¿Todos me llaman como ella? ¡Tengo un amante? ¡Varón? O por lo menos un amigo con beneficios… ¡Lo qué acaba de hacer, no es algo que haces con quien acabas de conocer!»

Una voz femenina, suave y cansina, como de alguien que acaba de despertar y aún se encuentra dormida, articuló frente a mí:

—Que envidia, hacen tan bonita pareja.

Mis ojos estaban más abiertos que nunca, solo pudieron voltear a ver el origen de la voz, mientras esa mano seguía manoseando mi intimidad. Era una chica, tal vez pasados los veinticuatro, con una sonrisa cándida, de pelo rubio y facciones finas como una muñeca de porcelana.

—¡Jajaja!— La risa del hombre gigantesco retumbó nuevamente a carcajadas…

—Grand. ¡Silencio! Ahí viene Lianne del tocador.— Dijo el hombre que ya tenía su mano dentro de mis bragas.

—El plan continúa.— «Lianne, ¡auxilio! No sé donde estoy, ni porque. ¡Ayúdame! ¡Lianne? ¿Lianne…?»

Lianne estaba idéntica que la última vez que la vi, tal vez un par de años mayor, pero también con un par mayor en su pecho. Mi mirada perdida, por todo lo que ocurría en aquel lugar. La mano por fin retrocedió, mi misterioso acompañante tomó el tarro de su bebida y se puso de pie, diciendo:

—Entonces un brindis… ¡Por Arlinne! ¡Por nuestra líder! ¡Por la liberación!— Y la taberna entera estalló en vitoreos y aplausos. «¡Queee?».

Parpadeé nuevamente y vi con mi vista adormilada el fuego casi extinguiéndose de mi fogata. «Sí fue un sueño después de todo…» Me levanté sin pensarlo a recoger unas cuantas ramas secas que había preparado con anterioridad, las acomodé en la fogata y con la más gruesa moví las brasas para avivar nuevamente la llama. Vi por encima de los árboles, no lo sabía con certeza, pero mi sentido del tiempo me decía que amanecería en un rato más… Un extraño sentimiento de nostalgia me invadió y regresé a acostarme. En cualquier otra circunstancia me hubiera puesto de pie y me prepararía para marcharme, pero… Ese día hice una excepción. Quería seguir soñando, que sí no me gustaban mucho las circunstancias. «O ¿si?» Era agradable pertenecer a un grupo…

Desperté cuando la luz del sol ya pasaba entre las copas de los árboles. «¡Buuu! No soñé nada más y lo que es peor… Olvidé por completo lo que había soñado antes… Solo recuerdo… Nieve… Una montaña helada… Y la urgencia de que tenía algo pendiente por hacer… ¡Algo muy importante de vida o muerte…! Eso me pasa por ambicioso, si me hubiera ido en ese momento o escrito, lo recodaría en este momento». Sin más, me puse de pie de un salto, como lo hacía desde que era un chiquillo. «Este paraje está un poco inclinado, así que seguramente, sí sigo al sur, conducirá a un valle, un lago o un río, considerando que el camino que no quise seguir, rodeaba las montañas. En cualquiera de los casos, los tres me vienen bien, ya que necesito cazar».

Recogí mis cosas, apagué la fogata y me puse en marcha. Después de un rato, alcancé a ver un claro… «¿Un valle…? Sí, un valle bastante amplio, con un río surcándolo por el medio, descendiendo desde las montañas… ¿Por qué no, poner el pueblo aquí…? Hay espacio para cultivar, para los animales, agua, en fin… Imagino que el camino fue antes que el pueblo». Descendí hasta el valle, los pastos me llegaban hasta la cintura. Mi primer instinto fue correr hacia el río… Era caudaloso y en algunas partes se veía profundo, la corriente parecía un poco peligrosa, mejor caminé río arriba… «Llegó el momento de hacer lo inevitable, este es el lugar perfecto…»

Me incliné, poniendo mis rodillas desnudas en la orilla y bebí un poco de agua… «¡Está muy fría!» Puse mi equipo escondido tras unos pastos, lo suficientemente altos como para cubrir el bolso por completo. «¡Bien! Es hora de tender unas cuantas trampas para animales pequeños». Caminé hasta internarme en un paraje limpio, sin tanta maleza y preparé las trampas. No tenía carnada, así qué me tenía que valer de mi ingenio, además no tenía, ni sabía usar el arco y corretear animales pequeños empuñando una espada nunca es una buena idea.

Una vez listas las trampas, regresé hasta el lugar donde dejé mis cosas y apretando mis dientes me preparé para lo inevitable… «¡Tengo que tomar un baño!» Renegando como siempre, me empecé a desnudar. De mi ropa intima, tenía más de una en mi bolsa, así que podía lavar la que llevaba puesta y ponerla por ahí, a secar al sol.

Antes de meterme al río, vi mi propio reflejo en el agua tranquila. «Ya es imposible negarlo a estas alturas…» En un principio, hace diez años, solo era mi voz, por lo demás, podía pasar por cualquier chico, mientras no hablara. Unos años después… Mis caderas se empezaron a ensanchar y no mi espalda, así continuaron los cambios a lo largo de los años. Vi como mi grasa corporal se empezaba a acomodar en lugares donde no la tiene un chico, la parte superior de mis muslos, la parte baja lateral de mi abdomen y mi trasero, hasta dejarlo con esta apariencia respingona que tiene ahora. Por último… «¡Lo que de verdad me desquicio!» En mi pecho, eso y el endurecimiento de mis pezones, fueron la prueba irrefutable… No era más un chico, al menos no uno normal. «Pero… ¿Soy un chico verdad? Todos los chicos tienen uno de estos, ¿no? Entonces…» Sin más, me metí al agua, hundiendo mi cabeza por debajo de ella para que la corriente se pudiera llevar mis lágrimas y ni siquiera el agua helada me pudo consolar de ese dolor que sentía en mi pecho… Lloraba y lloraba, de enojo, de frustración por la perdida, solo apretaba mis dientes… «¿Por qué yo? ¿Por qué no, alguien más? ¿Por qué no, morir ahí con mis seres queridos? En mi hermosa villa, con mis amados padres, con mi dulce Arlinne…» Siempre que me hundía en esa tristeza, recordaba esa voz, cuando toda esta tragedia comenzó, tan clara en mi mente… “Tendrás la oportunidad de cambiar tu destino, pero el precio de esta oportunidad es todo lo que tienes y todo lo que eres, de todo lo que serás, ni hablar, porque tu futuro moriría el día de hoy en este lugar. Tu pérdida será tu ganancia, demuéstrales que todo y nada y que nada y todo, están tan cerca uno de otro que la línea que los divide es imperceptible”».

«¡Basta de recordar eso, una y otra vez! Basta de rabietas. Ya pasé demasiado tiempo en el agua y no quiero resfriarme, sería lo último que me faltara». Salí del agua e hice los arreglos necesarios… Dar limpieza a esas partes que más lo necesitan, lavar mi ropa y secar mi cabello. Me vestí aún sollozando, por ese mar de frustración y recuerdos que me asaltaban de vez en vez, sequé mi rostro con el paño que acababa de lavar y puse a secar al sol todo lo necesario.

Me sentía más tranquilo, era hora de revisar las trampas… Volví a dejar el equipo escondido en donde la vez anterior y caminé de regreso al claro, mientras más caminaba por ese paraje, más me recordaba mi infancia. «Pero, basta de eso por hoy… Si hubiese un conejo o un animal pequeño atascado, tendré que matarlo de un solo golpe, prefiero no hacerlo sufrir, después de todo, será mi alimento, ya es sacrificio suficiente».

Entonces lo vi… Una figura masculina junto a una de mis trampas… Me acerqué un poco más y lo llamé:

—¡Oye! Esas trampas son…— Él volteó y esa fue la primera vez que lo vi a la cara, a sus ojos, profundamente negros, que parecía que si no tenía cuidado me perdería en ellos.

Media armadura de placas color plata con vivos negros y modificada para movilidad, pantalón y botas de cuero del mismo negro, así como un cinturón de doble ancho, con esa hebilla plateada, que significaba que pertenecía a un gremio de mercenarios. Me miró fijamente de pies a cabeza, sin respeto al detalle, mientras con sus manos seguía atendiendo la trampa.

—Lo siento, peque. ¿Son tus trampas? Están mal puestas, ni siquiera tenían carnada, no creo que la hija del guardabosque se equivocara en algo tan simple como eso.— «¡Mal hechas! ¿Qué se ha creído? Engreído pedazo de… Sí no las estuvieras manoseando, muy probablemente, tendría algo que comer en este momento. ¡Hija del guardabosques…? Bueno, esa se la paso».

Entonces… La escuché una vez más, esa voz que no era mía, pero sin embargo salía de mi boca, cada que la abría para hablar, fina y ligera como una sonrisa que vuela en el viento.

—¡Aaah! No, no son mis trampas, un pueblerino las dejó y me dijo que si las podía revisar el día de hoy, porque tuvo una emergencia.— «Fue lo mejor que se me ocurrió en el apuro. ¿Quién te crees que eres?». Regresó su mirada al frente, ya sin prestarme mucha atención, mientras seguía atendiendo mi trampa. «¡Se lo creyó…?»

—¡Mmmh…? Que raro… Que un pueblerino venga hasta aquí a cazar, siendo que está a más de un par de días de distancia.— «¡Mierda!»

Nuevamente, volteó su mirada, pero esta vez sus profundos ojos negros posados directamente en los míos… De complexión delgada, pero fornido y más alto que yo, se notaba incluso estando agachado, mientras arreglaba la trampa. Dijo con una voz suave:

—¿Son tuyas, verdad?— «¡Sí! Son mías. ¿A quién más ves aquí…? Idiota. ¿Qué no es obvio?» Pensé eso y comencé a abrir mi boca para contestar con vergüenza después de haber sido descubierto:

—Sí…— Se escuchó el gruñido de un animal a la distancia, donde había dejado otra trampa. Él dijo:

—Parece que la primera que arreglé, ya ha rendido sus frutos. Vamos.— Lo seguí por detrás, unos cuantos pasos hasta donde la había dejado… Era un lechón de jabalí, ya muy cercano a ser un adulto, con la pata atorada en la cuerda.

—¡Un buen botín! ¿No?— Él dijo, mientras sacaba su espada larga de su funda. Una fina espada con los mismos acabados plateados, seguramente hecha por encargo del gremio. De un solo tajo el pequeño jabalí dejó de moverse y hacer ruido. «¡Un solo tajo! Y ni siquiera alcance a ver con detalle donde le conectó».

Por un momento, olvidé todo eso… Solo me quedé viendo fijamente al jabalí, imaginando como lo rostizaba en una hoguera, mientras escuchaba el crujir de la madera al arder y el sonido que hace la carne al dorarse, pero algo interrumpió mi fantasía…

—Estás hambrienta, peque, ¿verdad?— Solo asentí con la cabeza y dije suavemente como disculpándome:

—Sí.

—¿Eran tus trampas, verdad?— Pillado nuevamente, repetí el gesto.

—Sí.— Él empezó a reír tranquilamente con esa sonrisa tan fresca.

—Lo supe desde que te vi bañándote en el río.— «¡Qué me vio en el río? ¡Es un fisgón? ¡Qué tanto vio…?» Me sonrojé por instinto y volteé al lado contrario.

—No te preocupes, no te espiaba, solo vi que estabas ahí y vine a cazar algo para comer. Mi nombre es Ranerd Forthand, pero los que me conocen me llaman Ray.— «Ray… Sus facciones delineadas, pero endurecidas por el combate, esas cejas de bordes delgados pero pobladas y esos ojos… ¡Es muy guapo…! ¡Guapo? ¡En qué diablos estoy pensando? Nunca había pensado en alguien del mismo sexo como guapo…»

Por un momento me quedé mudo, pensando en presentarme… «Soy Arel Distran…» Pero luego pensé con tristeza y resignación… «¡No! Arel está muerto, ahora solo soy…»

—Yo… Solo me llamo Arlinne, no tengo apellido. Un gusto conocerte, Ray.— Sonreí como un tonto, con lo único que había quedado dentro de mí del finado Arel, esa sonrisa de tonto.

—Un placer, Arlinne. Vamos a recoger tus cosas y a preparar a este chiquitín, que yo también estoy hambriento.— Me miró después que le sonreí y me sonrió también. «¡Ah? ¿Qué es esto? ¡Sonreí sin pensar? ¡Instintivamente? ¡Pensará que fui atrevido? ¿Qué pensará de mí…?»

Pasó la tarde sin mucho intercambio de palabras, solo instrucciones de su parte para preparar la comida y uno que otro comentario. Como que… Efectivamente era un mercenario del Gremio del lobo plateado y que se dirigía a la aldea de Rostand, que era la misma aldea al sur que yo me dirigía, a una reunión de su destacamento y ver si había algún nuevo encargo. Yo permanecí en silencio casi todo el tiempo, solo escuchando lo que él me decía. «¿Qué me pasa..? ¡Todo esto es tan extraño!».

Por fin al anochecer, la comida estaba lista… Era un festín a diferencia de lo que había estado comiendo los últimos días. Él partió un pedazo directamente de la pierna del animal y me lo ofreció en un plato que sacó de su equipo, junto con otro plato y un par de vasos, todos metálicos.

—Entonces… Empieza, era tu trampa. Tú mereces probar el primer bocado.— Sonrió amablemente…

Lo recibí sin chistar, pero esperé a que él cortara su porción también. Los dos nos hundimos en la comida, yo estaba tan hambriento, que ni por un momento pensé en mi manera de comer. Volteé a verlo, me di cuenta de que estaba igual de hambriento que yo, sin querer, nuevamente sonreí y de reojo con su mirada me alcanzó a observar… Sin pensarlo me apené y voltee rápidamente a mi comida nuevamente. Él dijo:

—Estaba guardando esto para una ocasión especial, pero creo que es mejor beberlo acompañado que por ahí tristeando solo.— Volvió a sonreír frescamente, mientras sacaba una botella de su mochila. «¿Qué debo hacer..? ¡Debería beber sola…? ¡Digo, solo, con un extraño? En fin… Que más da, no es como que sea una chica, supongo que en el peor de los casos, estaré a salvo».

Era un licor muy suave, hecho a base de frutas, tan fresco y dulce. Comimos y bebimos hasta que ambos estábamos a punto de reventar. Ya desinhibido por el alcohol, me atreví a decir en una voz segura, como casi nunca…

—Yo también voy hacia Rostand, podríamos viajar juntos hasta allá, la verdad, siempre es mejor viajar acompañado, en especial en estos tiempos tan peligrosos.— Él rio nuevamente y asintió con la cabeza.

—¡Jajaja! Sí. Son tiempos peligrosos, viajemos hasta allá juntos, Arlinne.

Seguimos platicando de cualquier cosa… Sin más, le confesé que era un aprendiz del hechicero azul y que había entrenado esgrima y combate cuerpo a cuerpo, con un guardabosques al norte del bosque de Veranda. Él solo se sorprendió y me dijo:

—Vaya. ¡El hechicero azul? He escuchado hablar de él por chismes y leyendas, nunca pensé que de verdad existiera… Debes de ser una hechicera muy poderosa.— Contesté:

—No, nada de eso, aún no termino mi entrenamiento y la verdad mi magia, si bien es útil, es de carácter muy simple, pero supongo que mejorará con el tiempo.— Reí con mi boca abierta. Él dijo:

—Creo que es hora de dormir, podemos turnarnos y dejar que uno haga guardia, mientras el otro duerme, así que prepararé la comida que sobró para el viaje y llenaré nuestras provisiones de agua en el río. Tú puedes tomar el primer turno para dormir, te ves bastante cansada.— Sin pensarlo, arremetí…

—Pero, ¿tú…?

—No te preocupes, las damas primero.— Me sonrió.

Sin pensarlo dos veces, ni siquiera en el peligro que podría estar, saqué mi querida mantita, me envolví dándole la espalda al fuego y cerré los ojos, mientras pensaba sonriendo… «¿Las damas primero…? ¡Jijiji! Está bien, solo por esta vez, seré una dama».

Cuando por fin desperté, ya era de mañana. «¿Y la guardia…? ¿Nunca fue mi turno? ¡Se ha ido?» Instintivamente volteé hacia todos lados, me tranquilicé cuando lo vi hirviendo algo en la fogata. De reojo vio que me moví y sirvió algo en uno de los vasos metálicos. Yo en ese momento, incorporé la parte superior de mi cuerpo y él estiró hacia mí un vaso…

—¿Café?— Acepté el recipiente y pregunté:

—¿Por qué no, me despertaste para que pudieras dormir un poco?— Él sonrió y contestó:

—Sí he dormido un poco, no te preocupes, lo suficiente, además… Te veías tan linda dormida, con tus brazos y piernas, estirados en todas direcciones y esa sonrisa en tu rostro, que no tuve el corazón para despertarte.— «¡Eeeh!» Él agregó:

—Me asusté un poco cuando empezaste a roncar como un animal moribundo, pero todo bien, no te preocupes… ¡Jajaja!— Me quedé mudo, rojo del rostro como un tomate, sin siquiera poder mirarlo a los ojos. «Ya era de mi conocimiento que cuando dormía, simplemente soy un desastre… Hablo dormido, pataleo, lloro, grito y me azoto, por decir poco. Lianne muchas veces, ya lo había hecho de mi conocimiento, el tiempo que compartimos habitación con nuestro maestro el hechicero». Él dijo:

—Pongámonos en marcha. Yo estoy listo, pero tómate tu tiempo para recoger tus cosas y hacer lo que tengas que hacer, te espero.— Asentí con la cabeza por instinto e hice lo propio.

Ya era pasado medio día, pero habíamos avanzado a buen ritmo. Encontramos pronto un buen lugar por donde cruzar el río sin mojarnos. Él dirigía de una manera natural, de verdad sabía lo que hacía… Avanzábamos tan rápido juntos, como si yo viniera solo. Así llegamos hasta una vereda. Él dijo:

—Creo que de aquí en adelante será más fácil. Esta vereda se ve que es la que usan los pueblerinos cuando vienen a esta parte del valle.— Todo iba bien, excepto por una cosa, por alguna razón… Ya necesitaba sacar el agua…

Seguimos avanzando. De vez en vez, él volteaba hacia atrás para ver como le seguía el paso. Hasta que por fin se detuvo y dijo:

—¿Te pasa algo, peque? Te ves intranquila, intranquila como si… ¿Cómo sí quisieras orinar y no dijeras nada por la pena?— «¿Cómo lo notó? ¿Qué es adivino también? ¡Qué furtivamente certero…!» No pude hacer más, solo bajar la mirada y asentir. Él dijo:

—Está bien, entonces te espero por aquí, no te alejes mucho.

—Sip.— Contesté e instintivamente salí corriendo al lado de un árbol. Me disponía a hacer a un lado mis bragas y hacer mi asunto, pero… Sentía su mirada. Él me veía raro. «¡Qué! ¿En qué estoy pensando…? Supongo que tengo que seguir con el acto, espero no se haya dado cuenta».

Inmediatamente fingí como que solo estaba revisando el árbol y busqué el arbusto más alto que pude encontrar, me metí detrás de él, bajé mis bragas y me incliné como lo hacen las chicas… «Esto es raro… Supongo que no debo moverme mucho o mojaré mis botas». Mientras lo hacía, me quedé viendo las bragas de color blanco con rosa que estaban entre mis tobillos… «¡Por qué diablos uso bragas como una niña?»

Volvió a mí el recuerdo de hace ya varios años… Lianne y yo, estábamos platicando ávidamente después de cenar y darnos un baño. Ella me dijo:

—Oye, renacuajo… Casi no tienes ropa, ¿verdad? Desde que te conozco, te he visto siempre con esos dos pantalones cortos, de color negro y azul y esas playeras raídas. ¿Sabes…? Estás creciendo y te verías muy linda, si tuvieras ropa bonita que ponerte.— Contesté molesto:

—¡Linda? ¡Pero soy un chico y lo sabes, gozas diciéndome esas cosas! ¡Verdad?

—Sí, sí… Yo sé que eres un chico, pero ya no pareces uno y el hecho de que te pongas ropa bonita, no te hará más o menos, chico.— Arremetí molesto nuevamente…

—¡Tal vez no, pero sí me hará más y más una chica!— Ella estalló en carcajadas a mis costillas…

—¡Jajaja! Ya, ya… Al menos te verás mejor. Al final del día, nadie sabrá que no eres un chico normal y eso es lo que más te importa, ¿no? No te molesta ser una chica, pero si te molesta demasiado no ser un chico normal, al menos esa es tu lógica… ¡Jajaja! ¿O no?

Por ese par de minutos de debilidad, es que empecé a usar bragas, así como conjuntos de falda corta y blusa o coordinados con falda corta, del sujetador, ni hablar. Le tapé la boca usando playeras holgadas con tirantes sin mangas… Todo por esos dos minutos de su lógica podrida, con la que siempre me sonsacaba. Por otra parte… Al principio me sentí raro, pero empecé a encontrarles el gusto, ya que eran extremadamente cómodas y frescas, además la falda me daba un grado de agilidad y flexibilidad que nunca había sentido antes, como si mis piernas por fin estuvieran libres.

Terminé mi asunto y regresé hasta donde él me esperaba, continuamos caminando, después de un rato, él se me quedo viendo de pies a cabeza y dijo:

—Bonita ropa, peque. Acentúa muy bien el perfil de tu figura.— «De la nada… ¡Por qué dijo eso? ¿Está intentando cortejarme? ¡Qué digo?»

—Me estaba preguntando… Sí.— «¿Si, qué..?»

—Me estaba preguntando. Si tú…— «¿Si, yo qué..? ¿Qué va a decir?»

—Si ¿Traes armadura debajo de esa ropa?— «¡Uf! ¿En qué estoy pensando?» Contesté:

—Sí, cota de malla ligera por debajo de la blusa, hasta el borde donde comienza la falda. ¿Por…?

—Porque puede que la necesites. Nos están siguiendo hace un rato y casi seguro no son personas.— Pregunté dudando:

—¿Qué hacemos?

—Darles lo que están buscando… ¡Una emboscada! Solo que los emboscados no seremos nosotros, no podemos conducirlos a la villa, sea lo que sean. ¿Sabes magia ofensiva?— Asentí con la cabeza. Él dijo:

—Entonces, esto será lo que haremos…

Pegué mi oído a la corteza del árbol en el que estaba trepada, algo muy pesado y voluminoso avanzaba por el sendero, alcé la mirada… Eran un par de bestias, idénticas a la que había enfrentado días atrás, con la diferencia de que tenían arneses y cadenas alrededor de algunas partes de su cuerpo. Eran bestias extrañas y ajenas a estos lugares, de unos dos metros erguidas, con patas posteriores parecidas a las de un ave, patas delanteras con garras retráctiles como las de los felinos, sin un cuello discernible, con fauces llenas de colmillos afilados pegadas a la parte superior de su torso y un pequeño par de ojos, completamente negros por encima de estas. «¡Mmmh! Ya veo… Así que eso fue lo que hirió a mamá osa». Una de ellas, la más grande, llevaba espinas en su lomo. «Parece que se guían por el olfato… Esos ojitos de canica, dudo les sirvan de mucho».

Ray me dio la señal… Mi objetivo era golpear al blanco más grande y/o peligroso con mi magia de ataque. Podía hacer un hechizo elemental bastante básico, pero que se vuelve más dañino dependiendo de la cantidad de poder mágico que usara para lanzarlo. Pensé rápidamente en que elemento usar… Frío o fuego, estaban fuera de la elección, ya que la primera vez que me enfrente con una de ellas, no le hizo la gran cosa. «Pero esta vez se llevarán una sorpresa, usaré mi conjuro más poderoso, mi cadena de relámpagos…» Empecé a canalizar mi poder mágico, pensando en que debía golpearlo lo más fuerte que pudiera, haciendo un esfuerzo por no cerrar mis ojos mientras lo hacía. «Era una mala costumbre que tenía y por la cual había recibido varios bastonazos de parte de mi maestro».

Se detuvieron debajo del árbol, confundidas por no encontrar el rastro adelante en el camino, no tardo mucho una de ellas en seguirnos con su olfato, pero fue demasiado tarde para ella… Cuando voltearon hacia las copas, un resplandor de luz intermitente, cegó todo a nuestro alrededor y un segundo después se escuchó el trueno del impacto. La bestia aún de pie y humeando, como sí tardíamente reaccionara a su propio deceso, cayó fulminada un segundo más tarde… Sorprendida la segunda, rugió… Como el chillido de un ave, mezclado con el sonido de un felino, pero Ray ya había saltado del árbol, atacándola. Un corte limpio… «¡Guau! ¡Ray seguro sabe lo que hace! Se nota a simple vista».

La bestia malherida, trató de darse a la fuga tambaleándose, pero ahí entre yo nuevamente… Salté del árbol desenvainando mi espada y le corté el paso, ahora estaba flanqueada. Viendo cortado su escape, por instinto decidió pelear y el objetivo era yo, que claramente era el blanco más pequeño y débil. Arremetió contra mí con sus garras… Sí me conectaba, estaría en aprietos, pero yo sabía exactamente que hacer, agaché mi cuerpo lo más que pude, girando en mi eje al mismo tiempo, hasta casi tocar el piso con mi pecho, poniendo toda la fuerza en mis caderas, como he aprendido desde que tengo este cuerpo. Quedé por debajo de la trayectoria de sus garras, le propiné una patada a sus patas, mientras clavaba mi espada en su torso con toda la fuerza que había ganado en el giro. No fue suficiente… La bestia se disponía a tratar de trozarme, pero Ray con una velocidad cegadora, empuñó su espada hacia atrás y casi a tres metros de distancia de su objetivo, lanzó una serie de cortes… La bestia se desplomó y para cuando tocó el piso, estaba completamente inerte. «¿Qué técnica de espada es esa? ¿Nunca había visto nada igual? Más del triple del rango de su arma y… ¡Alcanzó a la bestia? ¡La cortó con la fuerza del aire? Debió ser… Nunca vi que sus pies se movieran de esa posición básica que usan todos los espadachines profesionales, con un pie recogido atrás y el otro del lado frente a él o… ¿Se movió…?» Él dijo con un tono suave, pero severo:

—¡Peque, no te distraigas, aún no terminamos!— Otra bestia salió de la espesura del lado donde yo me encontraba. «¡Mierda, la cagué!» Apenas alcancé a ponerme en posición defensiva y tomar mi espada con mis dos manos para tratar de interceptar las garras de la criatura, pero… Ray ya se me había adelantado y cuando reaccioné, él ya había bloqueado el golpe que venía para mí…

—¡Despierta, retrocede y usa magia!— Gritó. «¡Magia? Pero… No tenemos ningún ritual de conexión entre nosotros, sí hago magia sin ese requisito, lo golpearé a él también».

Ray forcejeaba por alejarse de la bestia y crear un espacio para que ambos pudiéramos actuar, pero la bestia arremetía con la fuerza de sus patas traseras. Ray solo podía tratar de bloquear las garras de la criatura y esquivar sus fauces, mientras trataba de no quedar fuera de balance por el esfuerzo, entonces se me ocurrió y grite:

—Ray. ¿Tu espada es mágica?

—¡Ray, contéstame! ¿Tu espada es mágica?— Él dijo:

—¿A qué viene eso ahora?

—¡Solo contéstame!— Grité nuevamente, desesperado.

—Supongo que sí, es una espada que me dieron en el gremio por el rango y supuestamente, entre más rango, más poderosa es. ¿Eso la hace mágica?

No había tiempo, sí no lo era, ya me disculparía con Ray cuando estuviéramos a salvo. Empecé a canalizar mi magia, esta vez concentrándome en la espada de Ray, exactamente atrapada entre las garras de la bestia y su rostro. Terminando mi evocación, la espada de Ray se encendió en llamas y la bestia sorprendida, por fin dejó de embestir, para emitir un rugido de disgusto. Ray rápidamente captó el cambio en la situación y con la fuerza de sus pies, empujó su espada llameante en el torso de la bestia, una vez dentro, con una fuerza increíble, realizó un corte desde el interior, liberando su espada al mismo tiempo. Sin más, la bestia se derrumbó entre partida al piso…

—Creo que ese era el último…— Lo miré, mientras él decía eso… Él mientras tanto, miraba la espada llameante empuñada en sus manos…

Yo, ya no podía más y caí de trasero al suelo, con mis rodillas juntas por delante, aún temblando por la adrenalina de la pelea… Se veía fascinado, al parecer nunca había visto un hechizo como ese. «Estábamos a mano. Yo tampoco nunca había visto una técnica con la espada que tuviera un rango tan largo».

—¿Te agrada lo que ves?— Pregunté engreídamente.

—¡Eh?— Él volteó, mientras miraba al piso donde yo estaba tendido.

—¡Sí! No se ve nada mal, pero en lo personal, prefiero la lencería, a las bragas de colores para chiquillas.— Me quedé como si me hubieran petrificado. «¡Eso me gano por engreído!»

Inmediatamente, como por un impulso que siempre había tenido dentro de mí, pero nunca había salido antes, empujé mi falda hacia abajo entre mis piernas, apretándolas al mismo tiempo, mientras mi rostro ardía en llamas. Él solo soltó una franca carcajada, mientras las llamas de la espada, disminuían lentamente. Él dijo:

—Será mejor que nos movamos si queremos descansar esta noche.— Me quedé pensando más tranquilo… «Su espada en verdad es mágica y ha resistido el hechizo». Cuando lo oí decir:

—Recupera el aliento, voy a hacer algo para que podamos dormir un poco más tranquilos.— Con mucho esfuerzo, movió los cuerpos inertes de las bestias y los arrastró metros arriba de la vereda, rumbo a la montaña. Después de unos minutos, regresó y dijo:

—Muy bien, la vereda era cómoda, pero creo que seguiremos por el valle, lo bueno es que estas cosas son tan apestosas, así que aunque vengan más, solo olerán a sus parientes en dirección contraria a la villa, rumbo a las montañas.— Me extendió la mano para que me pudiera poner de pie, mis piernas aún temblaban del esfuerzo y dijo:

—Vamos a bajar hasta el anochecer para que puedas dormir tranquila. Que se ve que te hace falta.— Entonces lo vi… Un brillo carmesí en el costado de su brazo izquierdo. ¡Estaba herido! Inmediatamente busqué en mi bolso una venda limpia. Cuando vio la venda dijo:

—¡Ah! ¿Esto? No es nada, no te preocupes, me rozo mientras forcejeaba por apartarme.— Las lágrimas empezaron a correr fuera de mis ojos… Lo habían herido por mi culpa, por estar distraído. Él se dio cuenta de mi llanto y trató de restarle importancia.

—Tranquila, es solo un poco de sangre.— Limpié la herida y apreté la venda, lo más firme que pude sin lastimarlo, me dispuse a usar mi hechizo de sanación. Supongo que me veía muy cansado y trató de detenerme.

—Calma. Para mañana ya solo tendré una costra, no pasa nada…

Me concentré y una fina luz cubrió su piel mientras cerraba la herida, después de unos segundos no quedaba nada más de ella, más que los restos de sangre en la venda. Me excedí y simplemente me sentí desvanecer, pero él reaccionó rápido y me tomó en sus brazos. Perdí el conocimiento por un rato, solo recuerdo que cuando lo recuperé, iba en sus brazos colina abajo, en dirección del valle, mientras él, cargaba todo el equipo y a un servidor… Me hice tonto, como sí siguiera inconsciente y recargué mi cabeza en su pecho. «¿Qué está pasando? ¿Por qué siento todo esto? Primero mi voz, luego mi cuerpo y ahora… ¿Mis sentimientos?»

Cuando él se detuvo, decidí que era momento de dejar de fingir y emití un quejido como al recién despertar. Él con cuidado me recargó junto a una roca y puso nuestro equipo en el piso, se dispuso a hacer la fogata, alcé la cabeza y él dijo:

—Bienvenida, gracias por sanar mi herida.— Mientras yo pensaba… «Gracias por salvarme de la bestia, gracias por cargarme de camino, gracias por estar aquí». Le dije:

—No fue nada, disculpa que me hayas tenido que cargar hasta aquí.— Contestó:

—Todo bien… Fue un buen combate y de verdad, eres una buena hechicera… Además te mueves bien cuerpo a cuerpo… ¿No te gustaría ser una mercenaria con nosotros? Tienes tres comidas al día, un techo sobre tu cabeza a donde quiera que vayas y la paga es buena.— Reí tímidamente…

—Lo siento, aunque me encantaría. Tengo bastantes cosas por hacer, pero si estoy libre me lo podría pensar, sobre todo por lo de las tres comidas. ¡Jijiji!

—¡Ah! Perdona. Me pondré en marcha inmediatamente con la cena.— Guardó silencio por un momento y luego dijo:

—¿Sabes…? Se ve que tienes talento, si entrenaras con las personas adecuadas, te volverías mucho más fuerte en muy poco tiempo. ¿Qué es realmente lo que estás buscando en estas tierras?— Me miró intrigado… Esa mirada tan seria y profunda de él, a la que nunca más le podría mentir. Sonreí tranquilamente y le contesté:

—Voy a las ruinas del reino de Tsun, al sur de la aldea de Rostand, en busca de un tesoro que se encuentra en ese lugar. Mi maestro el hechicero me lo pide como uno de los requisitos para poder hacer mi última prueba y por fin, nombrarme hechicera.— Me quedé callado… Lo había dicho, no había vuelta atrás, su mirada se volvió más seria y pensé… «¿Qué diría, si supiera el segundo requisito…? ¿Se lo podría pedir a él? Ni hablar, apenas nos conocemos, pero entonces… ¿Quién?» Él dijo:

—Por lo que tengo entendido, nadie se acerca a esas ruinas… Se dice que están malditas e infestadas de muertos vivientes que caminan en la necrópolis, incluso a la luz del día… ¿Estarás bien?— Contesté con la misma seriedad:

—No lo sabré hasta que no lo intente.— Hundí mi cabeza entre mis rodillas. Él me miró fijamente por un momento, para después decir:

—Mmmh… Hagamos esto… Sí y solo sí, no hay ningún encargo del gremio en Rostand y sí cubres mis expensas con los tesoros que encontremos en las ruinas de Tsun. Tal vez podría en dado caso acompañarte.— Mi rostro se iluminó en un parpadeo.

—¿De verdad…?

—Si, de verdad.— Dijo, mientras me pasaba un plato con el recalentado de ayer.

—Está bien… ¡Trato hecho!— Le dije y le extendí mi mano.

—¡Trato hecho!— Y tomó mi mano entre las suyas.

Al día siguiente partimos por la mañana… Se suponía que deberíamos llegar a la villa de Rostand entre el atardecer y la noche, por la demora que nos supuso la batalla del día anterior. El viaje durante el día se pasó muy rápido, tal vez porque por primera vez en mucho tiempo me sentía contento y sonreí durante todo el viaje como un tonto. Él se abrió un poco más conmigo y me contó que manejaba la espada desde muy joven, además… Que nunca había conocido a sus padres. Solía vivir cuando niño con un familiar de su madre, pero algún tiempo después del inicio de la guerra, había desaparecido sin dejar rastro y se vio obligado a buscar alimento y los medios para sobrevivir. Aún era un niño, pero ya tenía edad suficiente para enrolarse en la academia militar del reino de Lando, que estaba aceptando a cuanto joven varón decidiera unirse por la posibilidad inminente de la guerra. Me contó también, que peleó en la mayoría de las campañas durante el asedio de Lando, desde que tenía catorce años, hasta que el reino por fin sucumbió. Se vio obligado a huir y después de un tiempo entró a la compañía de mercenarios del lobo plateado. Obligado por su apertura y sinceridad, tuve que contarle mi infancia también, obviamente sin detalles. Le conté… Lo de mi aldea, mi entrenamiento con el guardabosques en el bosque de Veranda y mi llegada con el hechicero, obvio omití lo de la voz que escuchaba de niño y lo de mi singular condición. «Aunque cada que le contaba alguna parte de mi historia, dentro de mi pecho ardían las ganas de contárselo para saber que reacción tendría. Para saber… Sí me podría aceptar como soy».

Pasado medio día, nos detuvimos para comer algo y hacer nuestros enseres personales. Las sobras de la comida era mejor comerlas de una vez, tal vez para mañana ya no servirían más, además descansar un poco nuestros pies no estaba mal. Bromeé un poco con él, sobre como aguantaba caminar tanto con armadura de placas y ese color negro al rayo del sol y simplemente me contestó… Que se había acostumbrado a eso tiempo atrás, cuando fue parte de la infantería y se reconfortó haciendo una observación idéntica, sobre traer falda corta en la espesura del bosque, yo solo le contesté… Que no me molestaba el roce con la vegetación, que igual me había acostumbrado años atrás y que hasta el día de hoy, nunca me había mordido ningún bicho, ni sacado ronchas ninguna hiedra. Los dos reímos. «No sé, si yo reí y él se rio de mí o si ambos solo reímos… Que fue lo que me pareció». También charlamos un poco acerca de las bestias con las que habíamos peleado, le pregunté… Si él sabía de donde venían y su respuesta confirmó mi sospecha… Eran bestias nativas del norte, que los invasores Virzuk habían traído con ellos, las usaban como bestias guardianas y de carga.

Los Virzuk… Los culpables de esta guerra, de la invasión. Muchas veces busqué información acerca de ellos en la biblioteca del maestro, pero… Lo poco que encontraba, siempre repetía lo mismo, una y otra vez… Que eran gente de cultura tribal y chamanística, que si bien conocían el arte de la guerra, preferían la paz, que su sociedad se basaba en clanes y castas, además que el rol de los individuos dentro de su sociedad dependía de su género. «Entonces… ¿Por qué tanto daño y destrucción…?»

Continuamos nuestro viaje y por fin, pasado el atardecer, llegamos a la villa de Rostand. Una villa aún poblada y activa, a pesar de la guerra… Tal vez porque se encontraba en la punta sur del continente, tal vez por estar muy cerca de las ruinas de Tsun. «Ya que cuentan las historias… Que los virzuks temen sobre todas las cosas a los muertos vivientes, tanto, que algunos gremios de hechiceros, levantaban a los soldados recién caídos como muertos vivientes para seguir defendiendo las posiciones y cubrir las retiradas». En cualquiera de los casos, la villa de Rostand aún contaba con unos cuatrocientos o más habitantes y seguía siendo un punto completamente libre de la presencia de la guerra.

Parados frente a los primeros guardias y peajes a la entrada de la villa, Ray dijo:

—Supongo que será necesario que compres provisiones y equipo para el viaje… No estoy seguro aún sí pueda acompañarte, pero de igual forma lo necesitaras. ¿Por qué no, haces eso ahora que aún están los comercios abiertos, mientras yo arreglo mis asuntos?— Asentí y saqué mi bolsita donde guardaba mis monedas… Atento, él observaba. La abrí y había dos platas y quince cobres… No era suficiente más que para hospedarme muy modestamente y una cena igual de magra… Fruncí el ceño con tristeza y desesperación… Él soltó una carcajada…

—¡Jajaja! No te preocupes, Arlinne. Sí no te molesta, puedes quedarte conmigo en la mejor hostería de la villa, está siempre pagada por el gremio para recibirnos, bastará con decir que eres mi acompañante, lo mismo va para la cena…— «¡Dormir en su habitación? No tengo ninguna experiencia, pero… Me imagino a qué conduce eso. En condiciones normales, supongo que es lo mínimo, que podría hacer una chica por alguien que la ha ayudado tanto, pero hay un problema… ¡Yo no soy una chica! Sin mencionar… Que él no lo sabe y sí a eso, le agregamos… Que no tengo ninguna experiencia en este tipo de cosas, eso puede llevar a un total desastre». Él observó como seguía frunciendo el ceño, acentuando mi desesperación… Volvió a reír.

—¡Jajaja! No te preocupes, peque. No te asaltaré, ni me meteré en tu cama a la fuerza por la noche, puedes estar tranquila.— «¡A la fuerza? Que raro sonó eso. Entendí… ¡Qué no habría ningún problema, sí yo lo invitara?» Pasé un trago amargo, mientras él continuaba hablando a la par que sacaba algo de su mochila.

—Toma este derecho de paso, muéstralo en la hostería que está frente a la alcaldía en el centro de la villa y te darán nuestra habitación. Puedes tomar un baño o pedir lo que quieras en lo que regreso. Aunque me gustaría que me esperaras para cenar.— Pasé el trago y me decidí, no había más… Tenía que decírselo ahora mismo. Muchas cosas podrían cambiar para mal, sí él lo averiguaba de mala manera, mejor decírselo tranquilamente y disculpándome por las confusiones. Sí lo hacía de esa manera, tal vez aún decidiera acompañarme, si le daba el botín que resultara. Tomé el documento y dije con una voz temblorosa y débil:

—Ray, tengo algo que decirte, que es muy importante…— En eso, una voz femenina interrumpió mis palabras…

—¡Ray? ¡Ray! Por fin te alcancé. ¿Dónde te habías metido? Me prometiste que me acompañarías a los rituales de luna nueva y solo te marchaste a la mañana siguiente.— Volteé la mirada… Era una chica élfica, de alta estatura para ser elfa, tal vez 1.65 m, con piel blanca como la leche mezclada ligeramente con dulce de almendras, rubia y exageradamente dotada. Ray me dijo en un tono bajo, solo lo suficiente para que yo lo escuchara:

—No hay tiempo, Arlinne. Corre y ve. Haz lo que te dije, todo va a estar bien, espérame para cenar, confía en mí…— Yo seguía parado frente a la escena, atónito…

—¡Vamos, ve! Ya me dirás lo que me ibas a decir por la noche, solo confía.

—Sí…— Dije con voz sorda y me alejé caminando rápidamente, tal vez corriendo, no lo recuerdo con precisión… Lo último que recuerdo, es que la chica se le colgó del cuello y Ray la abrazó por la cintura.

Caminé sin rumbo en la villa, con los ojos tan húmedos que las gotas se derramaban de vez en vez al dar un paso… «¿Su novia? ¿Su pareja? ¿Su concubina? ¿Todas las anteriores…? No me sorprende en lo más mínimo, Ray es fuerte, apuesto, habilidoso, carismático. Es normal que su pareja sea una diosa élfica como esa». Pateé muy fuerte una pequeña piedra con mi bota, mientras caminaba. «Sin embargo… Yo solo soy como un renacuajo…» Pensé, mientras me miraba frente a un cristal del aparador de una tienda… «Soy bajo de estatura, mi pecho apenas es el de una jovencita, mis piernas demasiado cortas y mi rostro… Sí bien es un poco gracioso, no tiene nada que ver con la belleza sobrenatural de una princesa élfica». Suspiré con desamparo, mientras hacía muecas, simulando una sonrisa más pronunciada frente al cristal… Continué caminando, viendo hacia el piso. «Y lo peor del caso, es que soy un chico… ¡No!». Las lágrimas ya fluían libremente por mi rostro. «¡Solo soy una mujer de mentiras!»

Llegué sin pensarlo hasta la plaza del centro de la villa y volteé en todas direcciones. Ahí estaba la posada… «Sí dejara el derecho de paso con el hostelero y me marchara de la villa, tal vez todos los nuevos problemas que tengo simplemente desaparecerían… Dudo que Ray me buscase teniendo que atender a una mujer como esa en este momento. Para cuando se diera cuenta de que ya no estoy, sería demasiado tarde para seguirme, si así lo quisiera, ¡claro!» Pero algo me detenía de dejar el documento y salir corriendo… Resonaba en mi mente, como una campana a medianoche… «Todo va a estar bien, confía en mí, espérame para cenar, solo confía».

Entré a la hostería que tenía una taberna en la planta baja, llena de mercenarios, guardias, hombres de armas, aventureros y alcohólicos con el dinero suficiente para quemarlo ahí. Nadie siquiera volteó a verme. Me pregunté a mí misma… «Sí hubiera entrado señorita élfica grandes curvas, ¿hubiera pasado lo mismo…? ¡Claro que no! Más de uno le hubiera pegado la mirada como una lengua a sus carnes». Me dirigí a la barra con el posadero y saludé:

—Buenas tardes.— Un hombre de mediana edad con facciones hoscas y una gruesa barba dijo:

—Buenas tardes, señorita. ¿No es un poco joven para beber?— «Lo último que me faltaba el día de hoy… El idiota que se quiere hacer el gracioso y piensa que soy una chiquilla». Dije con seguridad y muy molesto por todo lo que había pasado hace un rato:

—No se preocupe, ya soy mayorcita, además… No estoy aquí para beber, al menos no en esta pocilga.— De mala gana le di el permiso de paso. «Entonces sí, empecé a llamar la atención de la gente que estaba cercana a la barra, que me volteó a ver desconcertada». El hombre rio a carcajadas y dijo:

—Perdone, mi lady. Su habitación está en el segundo piso, es la última al fondo del pasillo. ¿Gusta que le llevemos la cena a su habitación?— Dije aún molesta:

—No es necesario, espero a un compañero del gremio. Dele la copia de la llave, es la persona que está al nombre del permiso, solo súbame un par de botellas de licor de frutas, las más fuertes que tenga.— Se quedó asombrado al escuchar con la seguridad que le hablé y las instrucciones que le di. Cambio por completo el tono de su voz…

—Si, mi lady, como ordene. En un momento las subirá una empleada.— Todavía refunfuñando, tomé la llave de la barra y me marché molesto.

Giró la llave en la puerta y entré a media luz. Estaba iluminada por un par de lámparas de aceite… Era espaciosa, una sola cama, pero muy grande. Tenía un cuarto de baño con tina que se llenaba con agua caliente y fría por medio de un sistema de palancas, incluso tenía para hacer necesidades y trabajo de tubería. «¡Nada mal!» Apagué las lámparas de aceite y chasqueando mis dedos, aún molesto por lo que había pasado, evoqué una magia de luz, que elevé hacia el techo de la habitación. «¡Mucho mejor!»

Tocaron a la puerta… Eran las dos botellas, servidas en una charola con un par de copas y una cubeta metálica con hielo. Recibí las cosas y le di de propina las dos platas que llevaba conmigo a la empleada. Sin más, tomé el sacacorchos y destapé la primera. «Mi mente alucinando con Ray y elfo sexosa en la cama». Me la empiné… «¡Basta! Al menos yo también voy a disfrutar aunque sea un poco». Me saqué la ropa sin soltar la botella y puse a llenar la tina de agua caliente, una vez llena, me sumergí en ella hasta el cuello y continué tomando. «Me pregunto… ¿Qué dirá de mí a su mujer? Es una clienta, una compañera del gremio, mi hermanita. ¡Jajaja!». Seguí bebiendo, hasta finalizar la primera botella. Después de un rato, por lo caliente del baño y el alcohol, me quedé sin querer, dormido en la tina.

Cuando abrí los ojos, ya era de noche, lo pude ver por la ventana del cuarto de baño. Me levanté aferrándome al borde de la tina. Aún molesto, salí desnudo y mojado, buscando una toalla que había visto al borde de la cama. Pateé la botella vacía al interior de la habitación, tomé la toalla con una mano y la segunda botella con la otra. Intentaba secarme, mientras con los dientes, intentaba sacar el corcho de la botella. «¡Lo logré!» Escupí el corcho y di un profundo trago de un tercio de botella. Terminé de secarme y fue cuando tocaron a la habitación. La voz de Ray sonó al mismo tiempo que tocaban…

—Arlinne. ¿Puedo pasar?— El alcohol inmediatamente se desvaneció de mi cabeza. «¡Seguía desnudo!»

—¡No! Espera, dame un momento.— Dije con voz entrecortada. Como pude, alcé mis bragas de un tirón con los dedos de mi pie y más rápido que un trueno, me vestí a medias. Respiré profundamente y dije:

—Ya puedes pasar.— Él entró a la habitación y lo primero que miró fue el techo… Se dio cuenta de la luz mágica, luego, el resto de mi ropa aún regada por toda la habitación, el piso mojado del baño, la botella vacía en el piso y por último… La botella que de alguna forma conservaba en mi mano. Dijo con toda tranquilidad:

—¡Vaya, al menos no te estás aburriendo! Por un momento me sentí mal por lo que pasó, pero… Veo que te las has arreglado.— Pasado el susto, sentí como el alcohol volvía a subir a mis mejillas, mientras me agachaba a recoger mis prendas y ponerme lo que hacía falta. Él terminó de entrar y cerró la puerta. Yo, sentado en una esquina de la cama terminando de vestirme. Él se sentó al lado opuesto y dijo:

—¿Sabes? Esta chica puede ser un poco persistente… ¿Quién pensaría que me seguiría hasta aquí?— «¡Ay! Que poco tacto, ¿no ves que está abierta la herida?» Me puse serio y le pregunté en el mismo tono:

—¿Qué es de ti?— «¿Qué diablos estoy haciendo? ¿Ahora ya lo estoy celando? ¡Soy un sin vergüenza!» Pero el alcohol me daba valor y continué:

—¿Es tu pareja?— Él volteó a verme, como un ladrón que es descubierto a mitad de la noche con el botín en sus manos. Mi rostro serio, mirándolo fijamente. Él dijo:

—Lo fue.

—¿Y aún se aman?— Apenado, continuó con su interrogatorio.

—Yo… Ya no siento nada más por ella. Se lo he dicho muchas veces ya, pero parece que le entra por un oído y le sale por el otro.

—¿Por qué será? ¿Continúan teniendo sexo?— Dije. Sorprendiéndome a mí mismo por lo que había salido de mi boca, pero… Fue certero como una flecha. Cabizbajo contestó:

—Sí… A veces.— Mi sangre hirvió… «¡Cómo diablos quieres que se olvide de ti? ¡Sí no se la puedes sacar para meterla en tus pantalones!» Me puse de pie y dije:

—¡Está bien!— Sonreí con una sonrisa fingida para después volver a empinar la botella.

—Pero eso se acabó… Precisamente es a lo que me vino a buscar, pero por fin encontré la fuerza para decirle, que sí no nos amábamos más, no podíamos seguir así.— Mis ojos brillaron y pregunté:

—¿Qué dijo?

—Mmmh… No lo tomó bien al principio y dijo que no se iba a rendir…— Ray sonrío con culpa en su rostro y continuó:

—Olvidemos eso ya… No puedo ser su juguete para siempre, lo nuestro no funcionaria nunca. Estoy harto de ser un instrumento de su propio hedonismo, me quiere más por lo que significo para ella, que por lo que soy realmente… Algo como eso, jamás va a funcionar. Mejor deja ya esa botella y vamos a cenar algo rico.— Me vio y preguntó:

—¿Qué te parece?

—Sip… Está bien.— Sonreí como un tonto, satisfecho con su explicación, mientras él tomaba la botella de mis manos para beber el resto de un solo trago y decir:

—Cuando estés lista, bajemos a cenar.— Inmediatamente recordé mi rabieta con el hostelero y me dio mucha pena.

—¡Ah! Por cierto… ¿Qué es lo que querías decirme?— Me observó directamente a los ojos, mi sangre caliente por el alcohol, volvió a chocar en mi cabeza. «¿Cómo podía decirle eso ahora? Que le acababa de hacer una escena de celos». Mi mirada perdida sin saber que hacer o que decir. Él dijo:

—Parece ser que el alcohol ya te está haciendo efecto. Vamos a comer algo, ya me lo dirás cuando te sientas mejor.— Tomó mi mano y me jaló fuera de la habitación. Yo solo me dejé llevar, realmente no estaba borracho o no tanto, pero… «¿Qué podía decir ahora…? Perdón por haberte celado, verás… ¡Soy una chica con pene!» Estallé en carcajadas, él se me quedó viendo extrañado y rio junto conmigo, diciendo:

—No acostumbras tomar mucho, ¿verdad?— Asentí con la cabeza y sonreí…

—Está bien. Cenemos, pero no demasiado, sino tu estómago tendrá problemas.

—Sip.— Dije, mientras bajamos las escaleras.

Cenamos y aproveché para ir al baño, mientras él seguía en la mesa, no quería otra apurada escena con él abriendo la puerta del baño por error o algo así. Regresé a la mesa, el alcohol seguía su curso y empecé a cabecear. Él lo notó, pagó las propinas y me hizo una seña. Nos fuimos de regreso a la habitación, me quedé parado frente a la cama como una estatua, inmóvil y mudo. Él dijo:

—Es hora de descansar… ¡Ah! Por cierto, me voy a tener que disculpar, Arlinne. Me llamaron a la Villa de Portos, al norte sobre la costa, como a dos días a caballo de aquí. No te lo había dicho, porque se me ocurrió que podríamos viajar juntos hasta la costa y de ahí, tú al sur hacia Tsun y yo a Portos. Si vas a paso tranquilo, podría yo ir a dejar el informe que tengo que entregar y alcanzarte antes de que entres a Tsun. Sí tardo, a lo más me tendrías que esperar un día. Claro, si estás de acuerdo. No me gustaría dejarte sola ahí dentro, no creo tener ningún problema, ya que atestaré en el informe, que eres una clienta y podemos hacer lo que necesitas con toda calma y tiempo, para evitar algún error que podría ser fatal. Los tesoros que encontremos servirán de justificación como la paga. ¿Te parece bien?— Asentí con la cabeza y continuó:

—Traje equipo necesario y un par de caballos. Te llevarás uno y obvio el equipo que ya está cargado en él.— Asentí nuevamente.

—Muy bien, con eso decidido… Me daré un baño antes de dormir, no te preocupes, soy un caballero, puedes dormir en la cama, yo dormiré en este sillón. Te deberías acostar ya, te ves cansada por el viaje y el alcohol.— Una voz salió de mi interior y por sí misma dijo:

—¡No…! Si eres un caballero, deberías entonces de dormir en la cama conmigo, es muy grande y yo estoy aquí de arrimada. Confío en que no atacarías a una jovencita alcoholizada.

—¡Jajaja! Está bien, no me negaré… Solo porque llevo un largo tiempo durmiendo a la intemperie y mi espalda se cansa más de lo normal a ratos.

—Sip, decidido.— Contesté y chasqueé los dedos, terminando el efecto de la luz en la habitación.

—Buenas noches.— Me quité la falda, la blusa y las botas frente a él, ya con la luz apagada y sin más, me metí de un salto a la cama del lado izquierdo. «¡Jijiji! ¿Qué diablos estoy haciendo…?» Antes de caer rendido, solo recuerdo escuchar el mecanismo para llenar el agua de la tina…

Cuando recuperé la consciencia, me encontraba en uno de esos sueños pesados, donde solo eres un espectador y no un protagonista. Podía ver mi aldea en llamas y a mí mismo, momentos antes de aquel suceso tan horrible, corriendo sobre la vereda que salía de mi pueblo tratando de escapar de los invasores que ya estaban quemando el pueblo. Me vi gritando y corriendo, tratando de alcanzar a mi madre que había partido unos minutos antes que mi padre y yo, para ayudar a nuestra vecina y su única nieta… Mi amiga de la infancia “Arlinne”. Me vi subiendo la vereda hasta ese viejo árbol, ese lugar donde todo cambiaría para siempre, en mi sueño me acercaba hasta donde mi pequeño yo, estaba atónito e inmóvil.

Hice un esfuerzo por apartar la mirada… No quería volver a ver eso, no lo quería volver a recordar, pero era inútil, podía ver todo como si estuviera parado frente a mi pequeño yo. Mi madre y Arlinne, tendidas en el piso, con sangre saliendo por sus oídos, ojos y boca, en sus últimos segundos de agonía. Y yo… Llorando y gritando de ese dolor desgarrador, sentía que mi garganta se partía en mil pedazos, poco a poco, ese dolor que me partía el pecho, se transformaba en un dolor físico y caía de rodillas al piso con sangre saliendo por mi boca, mientras abrazaba el cuerpo de mi madre y sujetaba el tobillo de Arlinne con mi mano derecha. Ahí fue donde la escuché por primera vez…

—¿Quieres otra oportunidad?— Mi yo del pasado, volteaba a ver a ese hombre de túnica verde, rostro oscurecido y esa niebla emanando del lugar donde estaba parado…

—Tendrás la oportunidad de cambiar tu destino, pero el precio de esta oportunidad es todo lo que tienes y todo lo que eres, de todo lo que serás, ni hablar, porque tu futuro morirá el día de hoy en este lugar. Tu pérdida será tu ganancia, demuéstrales que todo y nada y que nada y todo están tan cerca uno de otro que la línea que los divide es imperceptible.

—Dime jovencito… ¿Quieres esa oportunidad?— El dolor en mi pecho se hacía cada vez más fuerte, como una hoguera que el viento avivaba y hacía arder mis entrañas. La sangre ya salía a chorros, era demasiado el dolor y estaba confundido, solo quería que el dolor parara.

—¡Sí!— Contesté. La figura se inclinó junto a mi rostro.

—¿Qué dijiste…? No alcancé a escucharte.

—¡Siii!— Grité con lo que me quedaba de fuerzas, la sangre mezclada con mi saliva, expulsada unos pasos adelante de mí.

—Bien, así será… Una última advertencia, porque no te queda mucho tiempo. Vas a sufrir incontables perjurios por esto, pero vas a vivir. ¿Estás de acuerdo?

—¡Siii!— Volví a gritar.

—Toma mi mano.— Él dijo y la niebla nos envolvió a ambos… Instantáneamente el dolor se había ido y el sangrado se detuvo. Solté su mano en cuanto me sentí a salvo, volví al piso, esta vez llorando sobre el pecho de Arlinne, muerta ya hace rato y dije:

—¡Oye..? ¿Puedes ayudarlas?— Él puso su mano sobre mi cabeza para reconfortarme.

—Lo siento… Ya es demasiado tarde para ambas, lo único que puedo hacer es… Garantizarte que nada, ni nadie, profanará sus cuerpos, ni esclavizará sus almas y que efectivamente encontraran el descanso. ¿Te sirve?— Por un momento me quedé callado, sollozando, para decir después:

—¡Si! Por favor.

—Así será, Arel, así será…— Él contestó, después de eso… Me desvanecí en mi recuerdo y en mi sueño.

Desperté de sobresalto, bañado en lágrimas. Al parecer Ray ya se había dado cuenta de que algo andaba mal, porque una de las lámparas de aceite estaba prendida y él me miraba fijamente desde un costado.

—¿Estás bien, peque?— Solo reventé en llanto y me lancé a sus brazos.

—Tranquila, peque, solo fue una pesadilla. Todo está bien.— Dijo, mientras me daba palmaditas en la cabeza, como lo hace un padre con su hija cuando la quiere calmar para que deje de llorar. «¿Qué es lo que está pasando conmigo? ¡Me estoy enamorando…?» Lo cual surtió efecto… Después de un rato, me quedé dormido en sus brazos.

Abrí los ojos y ya era de día… Ray usaba el baño para refrescarse. Aprovechando me paré de la cama y me empecé a vestir. Abrí mi bolsa y alisé mi cabello con un cepillo, mientras me veía en el espejo. Mi cabello… Castaño claro que había decidido siempre mantener con un peinado corto, solo largo de los flecos a los lados de mi frente y nunca más largo que tocase mis hombros. Terminé y me asomé al baño. Ray se lavaba la cara, estaba sin camisa, solo con su pantalón. Me dijo:

—¿Lista, peque? Ya es un poco tarde, así que sería bueno que nos pongamos en marcha.

—Sip.— Contesté y preparamos todo lo necesario para marcharnos.

Cabalgamos hasta pasado medio día. Había un ambiente pesado y silencioso entre nosotros, como si a Ray le preocupara mi situación de la noche anterior. Obviamente no podía contarle que es lo que me había puesto así, después de mi mal sueño, porque… Tendría que contarle todo, aunque lo había decidido ayer que debía hacerlo. Todo daba vueltas y vueltas por mi cabeza. «Por el momento es mejor que piense que estoy medio loca a darle los detalles de mi trauma».

Nos detuvimos para almorzar algo y descansar los caballos. Él se dirigió a las alforjas de mi montura y sacó dos piezas de pan relleno de carne, me ofreció una sonriendo y dijo:

—Cabalgaremos hasta llegar a la costa, que calculo será al anochecer. Descansaremos juntos esta noche y mañana haremos como planeamos. ¿Está bien, Arlinne?

—Sí, está bien.— Sonreí, no quería preocuparle más, era mejor así, como si nada hubiera pasado y ahí lo volví a decidir otra vez. «Esta noche le contaré todo y será lo que el destino quiera que sea».

Continuamos nuestro camino y como se enrojecía el atardecer, empezamos a ver el mar en el horizonte. Por fin llegamos al camino principal, construido hace muchos siglos, tal vez por los mismos habitantes de Tsun. Recorría toda la costa por el este de norte a sur. Buscamos un lugar cercano al camino para que los caballos pudieran descansar, comer algo y tomar agua.

Me dispuse a encender la fogata y alzar nuestro pequeño campamento, así como a quitarme mi armadura para estar un poco más cómodo. Cuando terminé, coloqué mi querida mantita para poder sentarnos. Ray regresó de atender a nuestras monturas y cenamos de nuestras provisiones. Empezamos a platicar con mucha más naturalidad y hablar sobre cosas triviales, como el mar, las estrellas y cosas así… «¡Un momento! ¿No son esas…? ¡Cosas de las que hablan los enamorados?»

¡Llego el momento! Sentí como sí mi corazón se apretara dentro de mi pecho como un puño. «¡Tengo que decirle!» Volteé a verlo directamente a los ojos… Él me miraba también…

—Tengo algo muy importante que decirte, Ray.— Él me dijo:

—Yo también.— Sorprendido y siendo desidioso, decidí…

—Bueno… Dime tú primero.— Sonreí como un tonto una vez más. Él se sorprendió por mi repentina iniciativa y aclaró su voz. «¡Eh? ¿Por qué tan serio? ¡Qué pasa…? ¡Nah? ¿Se me va a…?»

—Me gustas mucho, Arlinne. Nunca había conocido a una chica como tú. Tu sonrisa, tu alegría y tu sinceridad, simplemente me han dejado acorralado, tenía que decírtelo.— «…» «¡También me gustas mucho..! ¿Qué hago? ¿Qué digo…?»

Imagino que sabía lo que hacía, porque en cuanto vio mi mirada llenarse de alegría, no desperdició ni un segundo para realizar su siguiente jugada y me abrazó. Inmóvil solo pude actuar por reflejo y lo abracé también. Nuevamente cuando vio mi respuesta silenciosa, bajó su mirada hacia mis ojos y acercó su rostro más y más. Solo me dejé llevar y nuestros labios se unieron en un beso profundo y largo. Así continuamos en lo que me parecía un idilio, mi mente simplemente estaba perdida en la situación. Los besos continuaron… Cada vez más profundos, más íntimos y las cosas empezaron a subir de tono, cuando… Sentí su mano acariciar y aferrarse a mi pecho, buscando meter mi pezón ya endurecido entre sus dedos. Suspiré volteando hacia el cielo y él aprovechó mi respuesta para comenzar a besar mi cuello de forma cada vez más apasionada… Yo estaba por estallar. Bajó sus manos de mi pecho hasta mi cintura y mientras me seguía besando la oreja y el cuello, buscaba entre mi cinturón, el borde de mi blusa para quitármela. Con maestría la sacó e inconscientemente lo ayudé, moviendo mi cabeza y alzando mis brazos para dar paso luego a mi playera, finalmente quedando mi torso desnudo.

Él vio con ternura mis pechos y se inclinó a besarlos, metiendo mis pezones en su boca… Yo no podía más, debía hacer algo o todo iba a salir muy mal, pero mi mente estaba cocida al vapor por todo lo que estaba pasando. Una de sus manos bajó de mi cintura hacia mis piernas y luego a mis muslos. ¡Había llegado el momento de la verdad…! No lo pude haber postergado más que eso. Con mucho esfuerzo lo empujé de golpe hacia atrás y con mis ojos llenos de lágrimas, dije:

—Espera, Ray. Hay algo muy importante que tengo que decirte.— Él se sorprendió por mi repentina respuesta y se apenó. Dijo:

—Lo siento, sí he ido muy rápido, pero la verdad no me pude contener. Discúlpame… Entiendo sí necesitas un tiempo.— Estaba realmente apenado… «¿Otra escapatoria? ¿Podría con esto postergarlo aún más? ¡No! ¡Ray no se merece esto!» Dije:

—No es eso…— Mi corazón se llenó por un momento de confianza y agregué:

—Ten la seguridad que yo, deseo todo esto aún más que tú.— Sonreí aún con mis ojos llenos de lágrimas. Él dijo con una voz inquisitiva y apresurada:

—¿Entonces?— Respondí:

—Tú también me gustas y mucho, mucho, mucho…— Empecé a lagrimear, pero… Apreté el dolor en mi pecho y recobré la compostura, diciendo:

—Pero de verdad, hay algo muy importante que tengo que decirte.— Ray sorprendido, cedió a mi estado de ánimo, diciendo:

—¿Es importante ahora?— Asentí con la cabeza y dije:

—¡Sí! Muy importante… Especialmente para este momento en específico.— Aún más extrañado, se calmó un poco y dijo:

—Está bien… Perdón por llevar las cosas tan apresuradas, soy todo oídos.— Se me quedó viendo fijamente a los ojos, tratando de escucharme con toda comprensión y paciencia, pero… ¿Cómo se lo decía? No había palabras para explicarlo todo en un solo momento, todo saldría mal, sin importar como lo dijera e hice lo primero que se me ocurrió, me arrepentí de eso después, pero fue un impulso… Hice cara de culpa y arrepentimiento, tomé su mano aún cerca de mi cintura, entre mis dos manos y la bajé hasta mi ingle por debajo de mi falda. Él, primero sorprendido por el gesto, para luego tocar y apretar mi parte aún entumecida por la excitación de hace un momento… No hizo ningún gesto, ninguna señal de enojo, ni de frustración, simplemente con una fría indiferencia, que hasta el día de hoy me sigue llenando de dolor, dijo:

—Ya veo.— Alejó su mano, como sí hubiera tocado algo que no debía, sacó de su camisa un cigarrillo, lo encendió y dijo:

—Será mejor que descansemos, se empieza a hacer tarde.— Y se alejó caminando en dirección del mar. Empecé a llorar en silencio, con un nudo en la garganta, mientras lo veía partir… «¡Mi amado Ray…! Lo siento, fue mejor así. Perdón por engañarte… Ojalá algún día me puedas perdonar». Me vestí y recosté, alejado del fuego, volteando al lado contrario de donde Ray se había marchado. Tardé mucho en dormirme, mientras seguía llorando. No lo oí regresar al campamento, me venció el cansancio y cuando desperté en la mañana, Ray ya se había marchado…

*************************

Observaba la pequeña fuente de mármol con detenimiento, mientras la niebla de vapores esmeralda rodeaba toda la habitación…

—¡Jajaja! Las cosas por fin están en marcha. Ahora solo espero no equivocarme…— Una voz femenina interrumpió mi monólogo desde la entrada de la sala…

—¿Puedo pasar?— «¡Eh? Solo se trata de Justine…» Pensé aliviado, mientras respondía:

—Ya estás dentro, ¿no?— Sin más, me reclamó con un tono agresivo.

—Que sucia jugarreta has hecho en este momento de crisis y peor aún… Sobre el inocente.

—¿Jugarreta…? ¿Querías verlo morir, vomitando sus entrañas ensangrentadas, mientras maldecía todo y a todos? Vamos Justine… No ves que le he dado una oportunidad, una en un millón.— Ella arremetió ofendida.

—En primer lugar, no me llamo Justine. En segundo, simplemente no tiene principios, ni moral lo que hiciste… ¿Nombrar tu campeón a ese chiquillo…?

—¡Campeona, por favor! Además… ¿Principios? ¿Moral? ¿Qué importa eso cuando dejas de existir? A ti y tu trasero, ya se les olvidó lo que es ser mortal… Sobrevivir, perseverar, conquistar. Tal vez has pasado mucho tiempo en ese papel que tú y los demás tomaron cuando llegamos aquí, tal vez sí tienes una venda sobre los ojos como los mortales te imaginan en tus templos. Tú y los demás me dan pereza… Engreídos y arrogantes. Todos nosotros alguna vez sentimos el yugo de ser mortal y ahora me vienes con eso.— Ella me interrumpió con voz terminante…

—¡Suficiente! Haz como quieras, dios de la burla. Cuando tu juguete se rompa, quedará al descubierto verdaderamente quien eres y podrás ir a buscar tu idilio mortal a otro lado, que con tanto afecto añoras.— Terminadas esas palabras, abandonó la sala… «¡Dios de la burla? ¡Ese insulto es nuevo! ¡Pequeña perra engreída! Que pena… Que dentro de mi corazón, seas lo único que me tiene atado a este círculo de payasos, buenos para nada, que han olvidado todo lo que más importa. ¿Dioses? ¡Bah! Son un puñado de zánganos, libando de la virtud de la fe, como unos cerdos en engorda».

—Pero, yo se los voy a demostrar. ¡No! Nosotros se los vamos a demostrar. ¿Verdad, Arlinne? Hay cosas muy importantes en juego… Mucho más importantes que nuestro ego. Será un placer ver sus caras llenas de vergüenza y arrogancia, derretirse como la cera, cuando tú sobrevivas, perseveres y al final conquistes. Entonces… ¿Qué cara van a poner? ¡Jajajajaja!

Fin del capítulo 1.

¿Qué les ha parecido el primer capítulo? ¿Qué hubieran hecho ustedes? xD Espero hayan disfrutado la lectura, estaré subiendo capítulos cada día viernes. La novela es un trabajo original y ya se encuentra terminada y registrada. Solo que soy nuevo en Webnovel y he decidido publicar por aquí. Gracias por su lectura, quedo al pendiente de sus comentarios.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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