Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 10

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Crónicas de lo Improbable I: Físico.
  4. Capítulo 10 - Capítulo 10: Capítulo X: Descanso.
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 10: Capítulo X: Descanso.

Capítulo 10.

Me despertaron las ganas de ir al baño… «Mejor ir de una vez y poder volver a dormir, lo antes posible…» Me traté de poner de pie, pero estaba demasiado amodorrada. Volteé a mi lado… Ray dormía de su lado de la cama, se veía cansado… Me imagino, yo me sentía igual… «No sé cuanto he dormido, pero siento que no es suficiente…» Volví a intentar ponerme de pie, me ayudé de la cama. Mientras caminaba, recordaba las palabras del jefe de guerra virzuk… «¿Ya no tienen nada más por que vivir? Y esa fijación con las hembras… ¿Qué podrá ser? ¿Estarán enfermas?» Todo estaba oscuro, no tenía idea de que hora era… Me reclamó mi estómago… «Tengo hambre también, que desastre… ¿Tengo más sueño o hambre…? Definitivamente sueño». Llegué hasta el baño, no estaba ocupado… «¡Qué bueno!» Me recargué con mi mano en la pared de enfrente y dejé salir toda el agua que llevaba dentro.

Iba de regreso… «Tengo que lavar mi ropa… Debería comprar algunas prendas más casuales, para cuando simplemente estemos de asueto… Escapó ese idiota y dejó a su lobo… ¡Qué cobarde! ¿Pero a dónde escapó…? ¿De regreso a sus tierras? Lo dudo…» Traté de cerrar la puerta con cuidado y meterme a la cama en silencio, pero Ray me dijo:

—¿Todo bien, peque?

—Sip. Solo fui a sacar el agua.— Me acomodé nuevamente en mi lugar y le dije:

—Buenas noches…— Me contestó lo mismo.

Esta vez me despertó el hambre… Ray, ya no estaba en la cama… Era de día, pero dejó las cortinas cerradas para que pudiera dormir. Busqué en mi tiradero del piso, mi falda, me la acomodé y bajé por las escaleras… Todos estaban sentados en el comedor. Saludé solo con la mano. Fui a la cocina y me serví de lo primero que encontré… Estaba aún caliente… «¡Que bien!» Comí un poco, solo para que se me quitara el hambre. Salí de regreso, volví a despedirme con la mano y subí nuevamente la escalera. Lianne dijo:

—Renacuajo… ¿Cuánto tiempo más piensas estar hibernando?

—No lo sé… ¿Cuánto tiempo llevo? ¿Y soy necesaria para algo?— Ella comenzó a reír y dijo:

—Hoy por la noche, serán dos días y la verdad es que no… ¡Jajaja!

—Yo creo que con tan solo hoy, será suficiente entonces… Buenas noches.— Subí las escaleras y me volví a acomodar en mi cama… Me olí los sobacos y las babas secas en la almohada… «¡Qué asco! Bueno… No importa, solo hoy…» Me volví a quedar profundamente dormida.

Desperté a la mañana siguiente, exactamente cuando lo hizo Ray. Me sentía mucho mejor. Le dije:

—¡Buenos días!— Él volteó a verme aún acostado y me dijo:

—Por eso exactamente, quiero que comas un poco más… Sí estuvieras mejor alimentada, no tendrías la necesidad de hibernar cuando estás tan cansada.— «¡Pfff! Desperté a la hora de los regaños…»

—No es eso… Así es mi metabolismo, pero comeré más, lo prometo… ¿Ya no estás enojado por lo del lobito…?

—Nunca estuve enojado… Pero debes de ser más consciente, no me gusta que te pongas en riesgo de esa manera.

—¿Qué hicieron con los prisioneros…? ¿Sabes?

—Por el momento, construyeron unas rejas a las afueras de la ciudad y los pusieron ahí. Son demasiados para los calabozos.

—¿Les están dando de comer?

—Por el momento, sí. Pero a cuenta gotas, son demasiados…— «¿Qué puedo hacer…? No puedo alimentarlos a todos de mi bolsa. Sí tan solo pudiera hacer algo para que consiguieran su propio alimento…» Tallé mi cara con mi mano… «Necesito un baño… He sudado tanto en estos días… Un baño con agua fría no me caería mal, también debo de lavar mi ropa».

Me levanté, recogí mi ropa del piso. Ray seguía en la cama, solamente viéndome… Seguí haciendo mis cosas, pero no me quitaba la vista de encima… Hasta que le pregunté:

—¿Qué pasa?

—Que linda princesita.— «Mmmh… ¡Qué amable, lo amo!» Me hizo una seña con su mano, yo fui hasta él y me abrazó de la cintura. Le dije:

—Estoy muy apestosa… No te lo recomiendo.— Él me tocó en la frente… «¡La tiara? ¿Me la dejé puesta…?» Me la quité apenada y se puso a reír a carcajadas, para decir:

—¡Jajaja! ¿Creí qué no te había gustado?— Apenada le contesté:

—Ni cuenta me di, que la tuve puesta todo este tiempo…— Me volví, a ponerla en su lugar con el resto de las cosas, pero Ray me jaló de la mano y me dijo:

—Ven, abrázame.— No me sentía cómoda por todo el sudor que tenía seco en mi cuerpo y le dije:

—¡No! ¡Fuchi!— Igual me abrazó… Lo abracé de vuelta y le dije:

—Sí estás tan cariñoso… ¿Quieres ayudar a bañarme…? Ya estando ahí… ¿Quién sabe que pueda pasar…? ¡Jijiji!— Le cerré un ojito, él empezó a reír…

—¡Claro, princesa! Con gusto la ayudaré en su baño. ¡Jajaja!— Se levantó de un salto y me llevó en brazos hasta el baño.

Salimos del baño y nos quedamos recostados en la cama largo rato… Le dije:

—Ray. No quiero ser pretenciosa, es más… Ni siquiera quisiera poner mi cara por ahí, pero me gustaría ayudar a los prisioneros… No por aparentar nada que no soy… Pero simplemente me preocupan… ¿Crees que pueda hacer algo?— Él se quedó pensando y dijo:

—Lo sé… Precisamente de eso, queremos hablar todos hoy contigo.— «¿Todos quieren hablar conmigo? Me van a regañar por lo del perro… Lo sabía… Seguramente dirán que ya no quieren que siga dirigiéndolos…» Le dije, un poco triste:

—¿De qué…?

—Ya lo verás, por eso me dijeron que te avisara y que te pidiera que no salieras por tu cuenta a ningún lado.

—Anda, dime.— Él notó la diferencia en mi voz, volteó a verme y dijo:

—Tranquila… No te pongas mal, no es nada malo…

—¿Entonces…?

—Ya casi es hora… Espera y verás.

Esperé hasta la hora de la comida en la habitación, mientras me veía en el espejo… «¿Qué querrán decirme? ¡Qué pena! Sí me dicen que no están a gusto conmigo siendo la líder…» Casi era el momento… Bajé, olía delicioso… ¿Qué era ese aroma, pollo a las brasas…? Bajé las escaleras, todos estaban ahí, incluidas Miranda y Analena. Había un gran platón con varios pollos cocinados a las brasas… «¡Sí…! ¡Es pollito!» Bajé casi de un salto, de reojo pude ver una deliciosa tarta de frutas y muchas cosas de comer… «¿Qué pasa aquí?» Llegué hasta la mesa, todos aplaudieron y dijeron: ¡Felicidades! «¡Felicidades…?» Todos se vieron unos a otros y Lianne dijo:

—¿Qué les dije? Que la muy bruta, ni siquiera se acordaría… Hoy cumples años, renacuajo. Ya tienes diecinueve años.— «…» «¡Es cierto! Se me había olvidado por completo». Mis ojos se empezaron a humedecer y dije:

—¡Gracias!— Lianne agregó:

—¿Cuál les dije que sería su siguiente reacción? Hoy es equinoccio de otoño, renacuajo.— Comencé a llorar, Ray iba a abrazarme, pero Miranda le ganó y dijo:

—¡Tranquila, tomatito! Sabemos que estás muy ocupada, pensando en todos los demás, como para pensar un poquito en ti.

—¡Gracias a todos! No se hubieran molestado… Ni siquiera me acordaba.— Grand destapó varias botellas al mismo tiempo con maestría y dijo:

—Brindemos por nuestra líder, Arlinne.

Comimos y bebimos hasta hartarnos. Todos me dieron obsequios… Yo estaba tan apenada, ni siquiera sabía el cumpleaños de ellos… Más que de Lianne. «Recuerdo hace años… Cuando pasaba por los más duros momentos de mi depresión… El maestro y Lianne, siempre lo recordaban y lo festejábamos con un pequeño pastel… El maestro me regalaba un libro de su colección privada… De aventuras, de mis favoritos… Y pensar, que ahora estoy viviendo por fin, mis propias aventuras…»

Todas las chicas me regalaron ropa… Lianne me regaló varios pantalones cortos, como los que usaba cuando era pequeña, pero para mujer y varias playeras de colores con animalitos, se veían tan hermosas… Analena me regaló un hermoso suéter tejido de color azul cielo y me dijo que lo había tejido ella misma, que me lo probara. Así lo hice… Justo mi talla. Además tenía ese delicioso aroma… «¿Le había puesto su perfume a propósito…?» Miranda me regaló varios juegos de lencería un poco atrevida, unos de color blanco y otros negros. Lianne dijo:

—El regalo era para renacuajo, no para Ray. ¡Jajaja!— Todas rieron… Yo estaba apenadísima, pero me gustó mucho igual, porque me serviría para darle una que otra sorpresita a Ray.

Grand me regaló un par de guantes de cuero, que hacían juego con mis botas y me dijo:

—Arlinne… No sé por qué si, peleas, no usas guantes para proteger tus manos. Mirá, incluso tienen una pequeña cadena para que ajustes tu arma y no la pierdas durante el combate.— «¡Qué bien! Así no tendré que tocar las cosas con las manos, cuando juegue a la rastreadora».

Por último, Ray… Se acercó a mí y me dio una pequeña cajita… La abrí… Era un hermoso brazalete con esmeraldas… Ray dijo:

—Para que haga juego con tu tiara.— Todas las chicas se cuchichearon y Miranda dijo:

—¡Se ve muy fino!— Y todas hicieron una expresión juntas…

—¡Uuuuuuuy!—Me volví a apenar muchísimo… Solo supe colgarme de su cuello y besuquearlo por toda la cara… Volvieron a hacer la misma expresión…

Seguimos bebiendo, platicando y jugando. Yo ya me sentía un poco mareada, pero el licor era delicioso. Era de frutas, mi favorito… Se dieron cuenta de mi estado y Lianne se apresuró, habló algunas palabras con Miranda y Lianne dijo:

—Renacuajo… Antes de que estés demasiado tomada… Desafortunadamente, también tenemos que hacerte un regaño.— «Lo sabía, pero bueno, supongo que sí me dieron esta gran fiesta sin merecerla… Puedo aceptar un regaño, que seguramente sí tengo merecido». Les dije:

—¿Sí…?— Miranda dijo:

—Solo te queremos decir, que estamos muy orgullosas de ti… Todos lo estamos, pero también queremos que sepas, que debes de ser más cuidadosa con tus acciones. Sabemos que todo lo haces de buena voluntad…— Se detuvo y Lianne, continuó:

—Debes de ser más cauta… Las buenas intenciones suelen ser aprovechadas por terceros para su conveniencia. Nosotros sabemos que tú actúas desinteresadamente, pero hay gente allá afuera, que busca solo una oportunidad para aprovechar las cosas a su conveniencia… Siempre que hagas algo bueno y desinteresado, prométenos que por lo menos pensarás un par de segundos antes, quienes serán los más beneficiados o perjudicados…— Ray remató: —En conclusión… La gente se suele aprovechar de personas como tú, porque las creen tontas e ingenuas.— Lianne continuó:

—Por ejemplo… Ese lobo que rescataste. ¿Sabías sí estabas afectando a un tercero?— Me quedé aceptando mi regaño y dije:

—No…

—¿Qué tal sí ahorita, ya se cenó a dos niños?— Tenía razón… Debía pensar más las cosas. «Puede ser que por mi irresponsabilidad, ya haya causado dolor y tristeza. Pero…» Dije en mi defensa:

—No lo pensé tan profundamente, pero… Vi las cosas de la siguiente manera… Sí nosotros nunca hubiéramos estado aquí desde un principio, el lobo igual iba a seguir comiendo niños o campesinos o lo que fuera… Lo único que hice es darle una segunda oportunidad… porque sí en un principio no hubiéramos estado aquí, las cosas hubieran seguido igual de todas maneras… ¡Todo mundo, merece una segunda oportunidad, especialmente si está arrepentido! Y les aseguró que sí alguien la merecía, era ese pobre animal…— Empecé a llorar… A todos se les enterneció la mirada. Ray me abrazó y dijo:

—Está bien. Solo estamos haciendo una recomendación, todos nosotros también creemos lo mismo, por eso eres nuestra líder. Solo prométenos que pensarás un poco más las cosas y que nunca te perderás solo en las buenas intenciones.

—Lo prometo…— Saqué la lengua y les dije:

—Pero igual, lo volvería a hacer…— Les hice una mueca, todos comenzaron a reír.

Les agradecí a todos nuevamente por los regalos… Grand destapó más botellas… Ellos y Miranda, tomaban un aguardiente fuerte y rasposa. Nosotras, ese rico licor de frutas. El mozo que nos ayudaba aún estaba ahí… Y de repente, trajo nuevas viandas calientes a la mesa. Los chicos y Miranda se pusieron contentos y empezaron a devorarlas, como si no hubieran comido en todo el día… Ray me volteó a ver y me sirvió en un plato. Yo le dije, bajito al oído:

—¡Estás loco…? Acabo de comer muchísimo.

—Ya tiene horas de eso y estás tomando mucho, para ser una señorita de diecinueve años. Por favor, come aunque sea un poco más.— Hice una mueca y dije:

—Está bien. Pero… ¿Por qué me quieres engordar? ¿Te gustan gorditas?— Todos nos ponían atención a nuestra plática de pareja y se empezaron a reír. Ambos nos apenamos…

En ese momento, escuchamos que alguien tocaba a la puerta, lo suficientemente fuerte para llamar la atención con todo y nuestras risas… El mozo fue hasta la puerta para que ver quien era… Entró de regreso con dos cajas envueltas con un listón en las manos y dijo:

—No había nadie en la puerta… Solo este par de cajas recargadas… Deben de ser para mi lady.— Las puso sobre la mesa y volteé a verlos a todos… Todos me hicieron señas o dijeron que no era de ninguno de ellos… «¡Qué raro…! ¿De quién podrán ser…?» Ellos se vieron nuevamente y Ray dijo:

—¿Por qué no las abres?— Asentí. Abrí la primera… Era una caja alargada. La desenvolví, no tenía una nota, ni nada. La destapé por completo… Era una espada corta, idéntica a la mía, pero un par de centímetros más corta… Idéntica en su diseño, en su empuñadura, en todos los detalles… Ray dijo:

—¿Qué esa no es tu espada?

—Se parece mucho… Pero la mía la tengo aquí, espérenme ya vuelvo…— Subí las escaleras corriendo… «El guardabosques me dio mi espada, hace muchos años… ¿Podría ser que él me haya regalado otra igual?» Bajé con mi espada enfundada en la mano. Les dije:

—¡Miren…!— Las puse una junto a la otra… Eran casi idénticas. Todos se quedaron sorprendidos. Ray me dijo:

—¿De dónde sacaste esa espada en primer lugar?

—Me la regaló mi primer maestro, el guardabosques. Cuando me acompañó y me dejó con el hechicero…

—Parece ser, que quiere que pelees como lo hacen los guardabosques, con una espada en cada mano.

—Sí… Yo creo lo mismo…— Las desenvainé jugando y agregué:

—Lo malo… Es que, sí soy torpe con una sola… Con dos seré el doble de torpe.— Las junté una sobre la otra, sin querer. Cual sería la sorpresa de todos… Que cuando hice eso… La espada se volvió una sola, de mayor largo. ¡Se había convertido en una espada larga como la que usaban Ray y Miranda! Todos nos quedamos sorprendidos. Ray dijo:

—¡Arlinne, es increíble! Tus maestros son personas muy sabias y lo mejor de todo, es que se ve que confían plenamente en ti… Ahora me doy cuenta. Esa arma que llevas se ve modesta, pero estoy seguro de que es igual a ti… Capaz de increíbles proezas.— Las emociones me ganaban nuevamente… Las intenté separar y me obedecieron al instante, nuevamente tenía una en cada mano. Las enfundé, mientras mis ojos se humedecían… «¡Gracias, maestrito! No lo decepcionaré, usted fue la primera persona que me enseñó lo que es justo y correcto».

Lloraba en silencio de alegría… Lianne dijo:

—¿Por qué no abres el otro, renacuajo?— Sequé mis lágrimas y asentí… Lo desenvolví… Era una caja cuadrada, igual sin nota… Le quité la tapa y dentro había un libro… ¿Un libro con mi nombre en la portada…? Todos nos vimos entre nosotros y Lianne dijo:

—Ese, de seguro es del maestro. Asentí, lo tomé entre mis manos… Tenía una lustrosa cubierta de piel y mi nombre grabado en letras color plata en la portada… Comencé a hojearlo… Pero estaba completamente en blanco… Lianne dijo:

—Ya veo… El maestro quiere que no seas solo una lectora más, sino que también escribas…— Entendí al instante. ¡Me puse tan feliz…! Que casi empecé a dar saltos de alegría… «¡Gracias, maestro! Mi vida no es muy interesante, pero puedo poner en él a todas las increíbles personas que he conocido y los actos de valentía que hemos realizado juntos… Tal vez algún día, será como uno de mis libros favoritos y pueda inspirar a alguien más, como me inspiraron a mí y me ayudaron».

Mis ojos nuevamente se humedecieron y dije, balbuceando:

—Disculpen el espectáculo… Soy muy chillona. Iré a guardar todos los maravillosos regalos que me han dado hoy, para que podamos beber y festejar hasta que ustedes quieran.— Subí las escaleras corriendo con todos mis nuevos tesoros. Estaba tan feliz, no por las cosas, sino porque tantas veces me había sentido tan sola… Que sentirme tan querida por todas las personas que me rodeaban, me llenaba de mucha alegría.

Bajé y volvimos a festejar por un rato. Hasta que sonó la puerta nuevamente… El mozo me miró y le dije, sonriendo:

—No es necesario, esta vez iré yo. ¿Por qué no, comes algo y te sirves un trago?

—Gracias, mi lady.— Le dije, bajito al oído:

—¿Tienes familia?— Él me dijo, en el mismo tono:

—Si, mi lady. Mi mujer y dos hermosas niñas.

—Entonces… ¿Por qué no, apartas algo para ellas y te llevas una botella para que la disfrutes a tus anchas, cuándo tú quieras?— Le cerré un ojito. Me agradeció y empecé a caminar rumbo la puerta… Todos guardaban silencio. Abrí la puerta… Un aire frío inundó el lugar, no había nadie afuera… Nada de nada. Hasta que me di cuenta que algo venía rodando por el piso… Chocó con mi pie… ¿Era una moneda…? Una moneda de plata… La levanté del piso, volteé a ver en todas direcciones, pero no había nadie. Regresé a la mesa, todos esperaban que les dijera algo y solo les mostré la moneda… Analena dijo:

—¿Una moneda de plata?

—Sip… Pero ni siquiera es una verdadera moneda… ¡Miren, tiene dos caras…!— Grand dijo: —Es un augurio de buena fortuna. ¿Por qué no, la guardas?— Asentí con la cabeza y la guardé en mi bolsa de la blusa.

Seguimos festejando por largo rato… Seguía tomando, pero ya ni siquiera me caía de peso… Hasta que llegó la hora de que Analena y Miranda, tuvieron que partir. Les agradecí mucho por todo y las despedí en la puerta. Miranda se adelantó casi hasta la esquina después de despedirse y cuando se vio sola, Analena se lanzó a mis brazos… «¡Lo sabía…! No pueden ser todas coincidencias… ¡Qué hago…?» La abracé yo también, como sí nada, para que ella buscara mi rostro y me plantara un húmedo beso en la boca… Me quedé como una idiota… Ella dijo:

—¡Jijiji! Nos vemos luego, Arlinne.— Se alejó por la calle, dándose prisa para alcanzar a Miranda… Justo antes de llegar hasta ella, volteó y me cerró un ojo, como en señal de complicidad… Me quedé ahí parada, como una boba… Después de un rato, regresé.

Despedí al mozo, ya era muy tarde y seguro, su familia lo esperaba en casa. Entre todos empezamos a recoger aún bromeando y lengüeteando las botellas para sacarles hasta la última gota. Nos fuimos todos hasta nuestras habitaciones, no la iluminé, solo me quité mi calzado, la ropa y salté sobre Ray. Le dije:

—Gracias, amor. Fue una sorpresa maravillosa.

—No me lo agradezcas, fue idea de Lianne. Yo ni siquiera sabía la fecha de tu cumpleaños. —Por cierto… ¿Cuándo es tu cumpleaños? Y… ¿Cuántos años tienes…? Nunca me lo has dicho.— Él contestó:

—Tengo veintitrés, pero no te diré la fecha… No me gusta festejarlo.

—¡Uuy! Que gruñón… Entonces te lo festejaré, el día que yo quiera.

—¿Te gustó la sorpresa, peque?

—Me encantó… Los quiero a todos muchísimo.

—¿A todos por igual?— Lo besé en la boca y le dije, riendo:

—Sí. Pero además de quererte a ti, como los quiero a todos por igual, también te quiero muchísimo de otra forma, en la que solo te quiero a ti…— Debía recompensarle, aunque sea un poquito y en la oscuridad fui bajando hasta su pantalón, para empezar a besar a alguien muy especial para mí…

Después de un rato de jugar, lo dejé complacido. Subí nuevamente hasta sus brazos y le dije:

—Me voy a dormir, amor… ¡Jajajaja…!

—¿Qué te pasa?— Dije, mientras reía:

—¡Nada…! ¡Jajaja! Es solo, que según tu teoría de mi metabolismo, voy a madrugar… Por eso mejor ya me voy a dormir, sino no alcanzaré a descansar nada… ¡Jajaja!— Seguía botada de la risa… Él un poco molesto, dijo:

—Arlinne… Buenas noches.— Me rodé hacia su lado, lo abracé y le dije:

—Buenas noches, mi amor.

Desperté antes de medio día. Ray seguía en la habitación, arreglando su ropa. Le dije:

—Buenos días.— Él me vio y contestó:

—Buenos días, peque.— Me levanté y corrí a abrazarlo, le di un beso de buenos días, para después ponerme a organizar mi ropa. Me probé los pantalones cortos que me había regalado Lianne… Me quedaban bien, pero me quedaban un poco justos de atrás… Ray chifló y me sonrojé… Me puse una de las playeras de algodón… Una que tenía lo que parecían unos perritos bordados. Ya con mi ropa lista y vestida, le dije a Ray:

—Pásame tu ropa sucia.

—¿Estás segura?

—Claro… Crees que no me he dado cuenta, que tú lavas mi ropa cuando lavas la tuya, sin siquiera preguntarme. No es correcto que laves los calzones de una señorita, aunque seas mi caballero… Esta vez es mi turno.— Sonreí y agregué:

—¿O te da pena, que lave tu ropa intima?

—Nada de eso, adelante.— Era mucha entre la de los dos… Bueno, yo me metí en eso, así que no quedó de otra.

Bajé y fui hasta el cuarto de servicio, donde había un lavadero y me dispuse a ir por un par de cubos con agua, todo estuvo listo. La tallé con el jabón de Ray que usábamos para la ropa, cuando estuvo lista, la enjuagué y la colgué al sol para secarla.

Regresé al interior… Estaba el mozo, quien me preguntó:

—¿Comerán aquí el día de hoy, mi lady?

—Al menos yo, sí. Haz lo que tenías planeado. Sí están aquí, comerán.— Le sonreí, él me dijo:

—A la orden, mi lady.— Grand bajó las escaleras… Se veía que aún tenía resaca, por haber tomado tanto el día anterior. Su barba le estaba creciendo por todo el rostro… Fue hasta la cocina y tomó una botella… Se la bebió de un trago. Le dije:

—¿Por qué no, agua?— Sonrió e hizo una mueca… Aproveché para preguntarle:

—Grand, disculpa la intromisión… ¿Tú crees en los dioses?— Bostezó y dijo:

—Sí, Arlinne. No soy un fanático, pero sí.

—Aah…

—¿Por qué?— Le expliqué lo que habíamos platicado los tres en su ausencia y dijo:

—Es buena idea, la que te dio Ray… En ese lugar suele haber también, muchos clérigos aventureros que se unen a grupos sin paga, con la única misión de esparcir la palabra de sus dioses… ¿Cuándo partimos?— Se dirigió al pozo a sacar agua para asearse. Le dije:

—Tal vez en un par de semanas… Antes quiero dejar algunos asuntos arreglados aquí… Antes de que sigamos viajando hacia el norte.

Durante la hora de la comida, les dije mis planes… Todos estuvieron de acuerdo y le dije a Ray:

—Ray… ¿Podrías ayudarme a entrenar con la espada, a lo largo de estos días? La verdad me apena mucho, pero he descuidado mi esgrima mucho últimamente… Me he dado cuenta que sí no hubiera holgazaneado tanto… Les pude haber sido de mucha más ayuda, a Grand y a ti, en el frente. Solo pude quedarme atrás defendiéndome… Y eso no me gusta.— Grand comenzó a reír a carcajadas… Volteé a ver a Ray, solo estaba en silencio con los ojos cerrados… Grand dijo:

—Arlinne. ¡Jajajaja! Ray no ayuda a nadie con la espada. ¡Jajaja!— Me quedé triste y lo volteé a ver nuevamente… Dije:

—¿Entonces es un, no…?— Él abrió los ojos y dijo:

—Está bien…— Mientras se levantaba de la mesa y le daba una fuerte palmada a Grand en el estómago, quien seguía riendo, para decir:

—Y tú me ayudarás, panzón… Así que ya deja de reír.— Grand se calmó por un momento y ya cuando, Ray había salido del lugar, volvió a reír… Lianne y yo, estábamos perdidas en la situación… Le pregunté a Grand:

—¿Hice algo que no debía…?— Él paró de reír por un momento y dijo:

—Es costumbre que los maestros espadachines, no enseñen a nadie sus secretos. Ray a pesar de ser tan joven, tiene mucho talento y muchas personas respetables y acaudaladas han pedido lo mismo que estás pidiendo tú ahora… Es la única cosa por la que he visto a Ray, rechazar el dinero… Nunca lo han convencido… Ni con una fortuna de por medio… A menos que estés desesperada, yo lo reconsideraría. Es muy severo en sus entrenamientos, tanto que lo vas a desconocer…— Me empecé a asustar… «No creo que Ray me lastimara o fuera siquiera en serio contra mí… Solo quiero un pequeño empujoncito, no quiero convertirme en su discípula, ni nada por el estilo…» Él terminó diciendo:

—Ten cuidado. Él se toma muy en serio esas cosas… ¡Jajaja!— «¡Waaah! ¡Ahora si, ya me asusté! Me va a moler a palos…»

Nos levantamos todos de la mesa. Fui por fin, hasta la muralla, buscando donde tenían a los prisioneros… Los tenían por fuera del bastión. Salí y ahí estaban Analena y Miranda, colocando una lona sobre la reja, junto con algunos hombres del gremio y repartiendo comida… Me puse feliz… Ellas me vieron y Miranda llegó hasta mí, cargándome de mi trasero… Le dije:

—¡Espérate…! Se va a enojar Analena, no seas tan emotiva…

—No se enoja, tomatito. ¡Ven para acá!

—Sí… Pero bájame…— Por fin me bajó. Saludé a Analena. Ella me dijo:

—¡Hola!— Les pregunté:

—¿Y esto…?— Miranda dijo:

—Los demás nos contaron tu preocupación y… ¿Sabes qué…? Tienes razón, todos se ven tan tranquilos… Que nos hace pensar igual que a ti. Que algo los obligó a dejar sus tierras y venir a combatir. Estamos viendo con el gremio, sí es posible, que al menos a estos les demos un trato especial, para ver que tipo de información les podemos sacar.

—Es eso exactamente, lo que yo quería hacer. Se los agradezco mucho… ¿En qué les ayudo?— Todo el día trabajé con ellas en la muralla, ayudando en lo que fuera necesario… Cuando terminamos, Analena se sentó a mi lado y me sirvió un vaso de limonada… Le di las gracias y me dijo:

—Dile a Lianne, que he estado analizando la sustancia que me dio, que espero muy pronto tener resultados.

—Gracias… ¿Eres alquimista?

—Sí…— Ella sonreía extrañamente… Le dije:

—¡Guau! ¡Con razón todo lo que preparas sabe tan bien!— Le sonreí y ella dijo, alegre:

—Me alegra tanto que te guste… Arlinne… ¿Te puedo hacer una pregunta un poco indiscreta…?— Sentí un balde de agua fría… «¿Qué me va a preguntar…?»

—Sí… Pregunta…—Me veía directamente a los ojos, como si buscara algo en ellos…

—Arlinne… ¿Alguna vez has estado con una chica…? ¿Tú sabes…? ¿En la intimidad?— «¡Pffff!» La limonada salió volando por mi nariz y boca.

—¡Jijiji! Supongo que eso es un no… ¡Jajaja! Sabes… Yo jamás he podido tampoco, estar con un chico de esa manera. Dudo mucho que sea por las mismas circunstancias… ¡Jijiji!— Escuchamos la voz de Miranda, que dijo, a lo lejos:

—¡Todo listo! Vámonos, que me muero de hambre.— Ella se paró como si nada y puso su dedo en sus labios, haciendo una seña de guardar silencio. Las acompañé hasta su casa… De regreso a la mía, no podía sacarla de mi cabeza… «¡Qué diablos está pasando aquí…! ¿Me gusta Analena…? Sí… Pero… Ahora es indudable… Estoy seguro de que yo también, le gusto a ella. Pero… Yo quiero mucho, mucho a Ray. Jamás lo dejaría por nadie más. Mejor dejar las cosas por la paz… No quiero un problema, por andar de pronta…»

Regresé a casa… Estaba muerta. También ya estaba anocheciendo. Lianne y Grand, jugaban a los naipes. Les pregunté sí sabían donde estaba Ray. Grand dijo:

—Creo que fue con el comandante, para que le prestaran un lugar privado para entrenar. «¡Waah! Sí se lo está tomando muy en serio. Yo tenía en mente, en el patio de atrás con un par de palos… Esto se va a salir de mi control…» Se abrió la puerta… Era Ray. Me acarició la cabeza y dijo:

—Mañana antes de medio día empezaremos, no hagas compromisos. Tú también vienes, Grand. Por favor, vengan equipados como si fuéramos a pelear en serio.— «¿Qué hago…? No me puedo echar para atrás. Bueno… Está bien, aprenderé todo lo que pueda de él».

En la noche, en la cama. Traté de suavizarlo un poco… Me acerqué con una mirada de boba y le dije con el mismo tono de voz:

—Amorcito… No estarás pensando, ir en serio contra un adefesio como yo, ¿verdad…?

—¿De qué te serviría el entrenamiento, sí no es en serio? Quiero que vayas bien equipada, por favor. Con tu armadura, sobreveste y todo.— Ahora sí estaba asustada de verdad… Ni siquiera podía ver bien sus cortes por la velocidad, nunca pensé estar del otro lado de ellos. Me empecé a acobardar… Le dije:

—¡Oye, amor…! ¿Y sí mejor lo posponemos un poquito?

—¿Te estás echando para atrás…? Nunca pensé que tú fueras así, Arlinne.— «¡Zas! Es inamovible…»— Me volteó a ver y se rio:

—¿O será qué tienes miedo? ¿Creí que querías aprender en serio?

—Sí quiero… Pero sí me da miedo… Estás muy severo. Comparada contigo, solo soy como un niño con un palo de escoba…

—No por mucho tiempo, buenas noches. «¡Waaah! No lo ablandé ni tantito…»

—Buenas noches…

Desperté… Ray ya se preparaba. «¡Pfff! Fue mi idea, allá voy». Me puse de pie, lo saludé y me empecé a vestir con todo mi equipo, incluidos la tiara y los guantes que me había regalado Grand. Ray sin decir nada, se fue a mi espalda y me empezó a ajustar la armadura y el sobreveste. Me dijo:

—No vayas a usar tu magia para nada, la necesitarás para sanarte.— «¡Gulp!» Sí iba a ir en serio… Agregó

—Y no estés nerviosa, peque. Sería incapaz de lastimarte.

—¿De veras?

—¡Jajaja! Solo practicaremos.

Íbamos caminando al interior del castillo, de último minuto se nos había pegado también, Lianne. Quien dijo:

—No se preocupen por mí. No los estorbaré, ni criticaré. Solo quiero observar y aproveché a traerles algo de beber y de almorzar.— «¡Qué extrañamente servicial! No me engaña, solo quiere pegarse una buena carcajada, viendo como me apalean…» Llegamos hasta el lugar… Ray dijo a Grand:

—Descansa un rato, Grand. Empezaré por lo básico, sí te necesito te llamo.— Y me tomó de la mano… Fuimos hasta el centro del lugar. Él dijo muy seriamente:

—Arlinne. Sé que no eres una principiante, así que me saltaré las cosas más obvias. Sí tienes dudas, pregunta.— Asentí y él continuó, diciendo:

—Lo primero en lo que vamos a trabajar, es en tu postura y tu forma de reaccionar.— Me sujetó de un brazo y dijo:

—¿Qué harías, sí trataras de soltarte, pero no pudieras golpearme?

—Trataría de doblarte el brazo o zafarme, haciendo fuerza hacia un puerto muerto tuyo. Donde te fuera difícil mantenerme sujeta.

—Bien. Buena respuesta. ¿A ver, inténtalo?— Me traté de mover al lado opuesto de su articulación del codo, del brazo con el que me sujetaba, pero sorpresa… Solo me enredé más y ya me sujetaba del otro brazo, con su otro brazo. Me dijo:

—¿Qué pasó?

—No lo sé…

—¿Y ahora que harás?— Contesté:

—Pues… Tratar de soltarme de uno a la vez, sin lastimar mi otra articulación o ponerme en riesgo.

—Suena bien, ¡a ver, hazlo?— Hice fuerza hacia el lado izquierdo, tratando de zafarme, pero él aprovechó mi impulso para soltarme ese brazo y doblarme la otra mano hasta mi espalda. Casi quedó encima de mí… Dijo:

—¿Y ahora…?— Empezó a subir mi brazo y me empezó a doler… Le dije:

—¡No! ¡Mano de puerquito, no!

—¿Cómo terminaste así?

—¡Uy! Porque estás llevando mi propia fuerza para someterme…

—Muy bien. Al menos te das cuenta de la situación… ¿Qué harás ahora? Sí lo haces mal y yo fuera un enemigo, podría romper tu brazo.

—Mmmh… Acomodar mi juego de pies, para por lo menos, regresar a una postura más cómoda…

—¿A ver?— Moví mis pies para intentar girar hacia el lado donde torcía mi mano, pero él puso su pie entre los míos y por el dolor de mi brazo y con un poquito de su fuerza… Ya estaba en el piso, con la mano doblada en mi espalda, completamente sometida. Él apoyaba su rodilla en mi trasero. Dijo:

—Se acabó.— Me soltó la mano y me ayudó a ponerme de pie.

—Arlinne. En combate me he dado cuenta, que aprovechas tu velocidad y siempre que estás en una situación apretada, tratas de golpear con tu cuerpo a tus oponentes, cosa que no se esperan y así los sacas de balance… Eso en sí, no está mal… De hecho es la mejor cosa que puedes hacer, pero también me he dado cuenta, que como sabes que no eres muy fuerte físicamente, los oponentes muy grandes, no los intentas enfrentar, porque no sabes como sacarlos de balance… Pensando casi seguro, que si tus golpes no son suficientes, solo te meterás en un aprieto.— «La historia de mi vida… Tenía razón en todo». Dijo:

—No siempre podrás usar patadas o tu velocidad, a tu favor. Te acabas de dar cuenta, que ni siquiera es cosa de fuerza… Habrá oponentes, que simplemente no podrás golpear o esquivar. Es ahí donde tendrás que usar la propia fuerza del oponente, para sacarlo de balance… Antes de siquiera desenfundar nuestras armas, es importante que entiendas eso.

—¿Y qué hago entonces?

—El secreto para mantener tu balance contra oponentes mucho más fuertes que tú, está en tu juego de pies. Debes siempre apoyarte hacia el lado donde el oponente esté ejerciendo fuerza sobre ti, para que en un momento dado que no puedas defenderte más, simplemente lo dejes pasar, para buscar otra oportunidad.

Seguimos practicando, terminé en el piso varias veces. Él fue muy paciente, pero igual me llevé azotón tras azotón en el piso… Después de un rato, me fue guiando paso a paso, cada que él se movía, me decía, hacia donde debía mover mis pies para no quedar desprotegida y poco a poco, tardaba más tiempo en someterme. Descansamos por un rato, fuimos con los demás a tomar un poco de agua. Lianne me arrojó una toalla a la cara, mientras comía frituras y reía… «Lo sabía… No se quería perder el espectáculo». Ray me dijo:

—Descansa un poco. Ahora lo haremos armados.— «¡Armados…?»

Después de unos minutos, me tomó de la mano nuevamente. Fuimos hasta el centro del lugar y me dijo:

—Desenfunda.— Él sacó su arma… «Allá voy…» Saqué mi arma como acostumbraba. Él dijo:

—Debes de saber los beneficios del tipo de arma que estás usando en todo momento… Tú usas la espada corta. La espada corta es buena para apuñalar a corta distancia y para quitar golpes leves que se dirijan hacia ti, pero desafortunadamente no tiene mucho alcance y tienes que abrir tu ventana de oportunidad al enemigo, para tratar de golpearlo, sí él tiene mucho más alcance que tú.

—Sí…— Él continuó

—Además no eres muy fuerte físicamente, pero tampoco muy débil…— Me sujetó de la mano y me dijo:

—Trata de empuñar tu arma hacia atrás cuando quieras atacar. Esto te dará más alcance con tus tajos y podrás apuñalar con toda tu fuerza, sí se da la oportunidad.— Acomodó la espada en mi mano y me dijo:

—Ahora… Tira un tajo hacia el frente con toda tu fuerza, estirándote al mismo tiempo que lo haces, en un solo movimiento. Yo lo bloquearé, no te preocupes.— Lo intenté… Él solo lo bloqueó y al hacerlo, me sacó de balance. Dijo:

—¡Muy lento y sin fuerza! Nuevamente…— Pasó lo mismo… Se talló el mentón y dijo:

—El problema es que estás moviendo todo tu cuerpo por separado y toda tu fuerza se va en el movimiento en sí y no en el tajo… Trata de moverte de una sola vez, haz de cuenta que solo son dos pasos… Te mueves estirándote y luego con ese mismo impulso das el tajo hacia el frente.— Lo intenté, pero pasó lo mismo…

—Mejoró un poquito, pero ahora hazlo más rápido de una sola vez… Que el final de tu movimiento sea la espada recibiendo toda la fuerza y velocidad…— Practicamos largo rato, poco a poco le iba tomando el sentido y ya golpeaba mucho más rápido, fuerte y en un solo lugar. Él dijo:

—Descansemos otro poco.

Regresamos nuevamente con los chicos. Grand dijo:

—Nada mal, Arlinne… Tienes talento, solo falta que lo pulas.— Ray dijo:

—Es lo mismo que le dije, cuando la conocí.— Yo asentí y dije:

—Me gusta mucho la espada, pero desde que abandoné el bosque, la empecé a usar muy poquito, por eso no he salido de lo más básico, que aprendí del guardabosques cuando era muy chiquita.— Lianne rio y dijo:

—¡Jajaja! Pues aún lo eres… ¡Jajaja!— «¡Pfff! ¡Qué pesadita…! Bueno… Debo de perseverar». Ray se levantó y dijo:

—Vamos.

Regresamos hasta el centro del área de práctica y él dijo:

—Ahora vamos a intentar tu defensa. Desenfunda.— Tomé la espada con ambas manos y dijo:

—¡Bien! ¡Muy bien! Eso lo tienes. Cuando ataques, tómala hacia atrás y cuando te defiendas, dependiendo de la naturaleza del golpe, tómala con una o dos manos hacia arriba.— Desenfundó y dijo:

—Ahora, tú bloquearás y yo atacaré. Te intentaré golpear en la cabeza, tu deber es bloquear mis ataques. No te preocupes, trataré de no lastimarte si fallas… Aunque no prometo mucho, siempre hay un riesgo.— Me empezó a dar tajos hacia abajo… Yo los intentaba bloquear todos… Pero tarde o temprano, sentía que me golpeaba… Me estaba golpeando con la parte roma de su arma, con el filo hacia los lados, pero aun así me empezó a doler… Se paró por un momento y dijo:

—¿Por qué te están pasando los golpes, peque? ¿Qué pasa con tus pies? Pon el que corresponde atrás y concéntrate.— Sus ataques eran lentos a comparación de como peleaba normalmente, pero aún así… Después de unos cuantos, perdía la cuenta y me asestaba… Hasta que caí de nalgas al piso… Fue me levantó y nuevamente me llevó a la esquina, con los demás. Lianne sacó una venda… «¿Por qué…? ¿Qué pasa?» Ray me dijo:

—Sánate un poco…— Me toqué la frente… Estaba sangrando. Lianne me limpió y me acomodó la mano en la herida… Me sané, y me puso la venda, mientras comenzaba a reír. Dijo:

—Ray. No me la vayas a dejar más loca de lo que ya está, por favor.— Todos rieron… Lianne sacó la comida y empezamos a comer.

Al terminar, Ray dijo:

—Grand, vamos es hora de la última parte del entrenamiento.— Nos paramos los tres en el centro y Ray dijo:

—¿Qué harías Arlinne, sí tu enemigo fuera Grand? ¿Cómo lo sacarías de balance?— «¡Pfff! En mi vida, podría sacar de balance a Grand solo con mis ataques… Es más, pienso que sí se lo tomaran en serio, incluso Ray, no podría hacerlo…» Le dije:

—No tengo idea… Es cinco veces más fuerte que yo, el doble de alto y el doble de pesado… Además que está entrenado marcialmente, cosa que yo no…— Grand comenzó a reír y dijo: —¡Jajaja! Arlinne, sí no me conocieras y fuera tu enemigo, ¿cómo lo harías?

—Mmmh… Lo único que se me ocurre, es esperar a que te equivocaras, pero sí se supone que no te conozco, tampoco sabría que estás entrenado… Entonces es muy probable, que me equivocara yo primero…— Grand dijo:

—¡Jajaja…! Es probable, pero tú tienes algo que yo no o al menos no en tanta cantidad… Tú eres mucho más ágil que yo.— Ray dijo:

—¡No la ayudes, Grand! A lo largo de estos días que vamos a entrenar, tiene que descubrir todas esas cosas ella sola. Tu examen final, por ahora Arlinne, será sacarnos de balance a los dos, por lo menos una vez. Ambos pelearemos por las tardes contigo, después de tu entrenamiento básico. Solo nos defenderemos de tus ataques, pero tiene una condición… Sí vemos que cometes un error muy grave, te atacaremos nosotros a ti como castigo y sí te distraes, también lo haremos y de vez en vez, por el puro gusto lo haremos también… Para que estés atenta en todo momento. No te queremos lastimar, así que te debes de poner seria.— Accedí… Ese día me dieron una paliza, tanto que me tuvo que regresar Ray a la casa cargando.

Al día siguiente nos preparamos igual… Esta vez, antes de llegar al lugar del entrenamiento, le dije a Ray:

—Amorcito… Sí quisiera usar ambas armas… ¿Cómo debería empuñarlas para cada situación?— Él esperó hasta que estuviéramos ahí nuevamente y me dijo:

—Desenfúndalas.— Las desenfundé y dijo:

—Cuando te defiendas, ambas hacia arriba. Puedes cruzar ambas sí quieres para tratar de apresar el arma de un oponente y para defenderte con más solidez. Cuando quieras atacar, puedes empuñar una de las dos hacia atrás y la otra hacia arriba, para bloquear con una y atacar con la otra o si vas solo por el ataque, puedes empuñar las dos hacia atrás. Es un poco complicado, pero si te acostumbras, es muy bueno, para personas como tú, que dependen de su agilidad en combate.

—Gracias. Lo practicaré poco a poco a lo largo de estos días.

Así pasamos día tras día… Conmigo recibiendo una golpiza, pero poco a poco, lograba avances que incluso a mí me sorprendían, hasta que después de unos diez días, lo había decidido… Ese sería el día que me las pagarían todas juntas…

Estaba atacándolos… Empecé por poner un poco de presión en Grand. Él era un muro, pero lo trataba de empujar con mis ataques… Sabía, que cuando él sentía que lo presionaba demasiado, trataba de sacarme de balance con su escudo, así que esperé el momento… Seguí metiéndole presión… Ray se preparaba a atacarme, porque cuando no le prestaba atención, él para sorprenderme, solía atacar también. Me estaba acostumbrando a usar ambas armas al mismo tiempo y en secreto estuve practicando un movimiento con ellas. Grand estaba a punto, pero esperaba a que Ray viniera… Ray atacó… Pero me lancé del lado de Grand para esquivar su ataque… Grand aprovechó el momento en el que quedé descuidada frente a él y ya venía el portazo con su escudo… Cual sería su sorpresa… Use su escudo, para impulsarme por el aire y caer atrás de él… Se volteó rápidamente y al mismo tiempo, Ray me atacó con un tajo hacia abajo, use mi técnica que había practicado en secreto… Con la espada en mi mano izquierda, la alcé en lo alto, para atrapar el arma de Ray lo más alto que pude y con mi arma en la mano derecha hice un tajo desde el piso hacia arriba barriéndolo… Él no pudo defenderse con su espada, así que tuvo que sacarse de balance el mismo, para evitar el tajo y soltó su arma… El hacha de Grand ya venía a mis pies, pero rápidamente clavé mi arma con la que había hecho el tajo en el piso del lugar… Su hacha chocó con ella y la pisé, Grand trató de levantarla, pero yo, ya le apuntaba con mi otra arma al rostro…

Se quedaron mudos un segundo y después, empezaron a reír… Grand me dijo:

—¡Lo lograste, Arlinne! ¡Jajaja!— Sentía que todo mi cuerpo temblaba, después de bloquear la espada de Ray y el hacha de Grand. Ray recogió su arma, la enfundó y me abrazó, para decir:

—¡Felicidades, peque! Pasaste tu entrenamiento.

—Gracias a los dos… Sé que ninguno, fue ni tantito en serio… Pero aprendí muchísimas cosas. Ahora tengo muchas más confianza con mi espada.— Grand dijo:

—Se nota, te ves completamente diferente a cuando empezamos a entrenar.

—Gracias…— Por dentro, estaba embriagada por la adrenalina… ¡Que emoción había sido pelear contra ellos, aunque solo hubiera sido de mentiritas…! «Al menos, ya no seré un estorbo más, cuando llegue la hora de pelear».

Nos fuimos a casa… Lianne, ya nos esperaba con vendas y antiséptico, como siempre… Pero esta vez, me vio ilesa y dijo:

—¿No me digan que renacuajo, lo logró?— Ellos asintieron y yo les dije:

—¡Jijiji! ¿Por qué no, abrimos unas botellas para festejar?— Todos estuvieron de acuerdo y aproveché para hablar con ellos de nuestros planes…

—El plan es… Ir a la ciudad de Therantos y conseguir un sanador, clérigo o sacerdote que se quiera unir a nuestro grupo. No aceptaremos a nadie, con el que no estemos a gusto los cuatro, ¿qué opinan?— Lianne dijo:

—Renacuajo… Antes de que se me olvide. Vendrán las chicas, parece ser que Analena por fin descubrió que es la sustancia que encontramos en la tienda del jefe virzuk.

—¡Bien! Así tendremos más información…— Ray me dio lo que parecía una carta… Volteé a ver a Grand y él sorprendido, dijo:

—¡Jajaja! Yo no tengo nada que decir o dar, pero te puedo servir más licor… ¡Jajaja!

—Sí, por favor.— Leí la carta que me había dado Ray… Era una carta del capitán Tenarius, dirigida a ambos. En ella decía que estaba muy contento de los resultados… Que venía para acá… Dije, volteando a ver a Ray:

—¿Tardará mucho…? No quiero ser grosera, pero me gustaría que partiéramos en estos días. —No creo… Me imagino que en cuanto le escribió el comandante, él se puso en marcha hacia acá.— Dije:

—Obvio quiere hablar con nosotros… Sería bueno esperarlo y escuchar su consejo, siempre y cuando no tarde mucho… Bueno… ¿Qué opinan de la idea, del sanador?— Todos se quedaron pensando un momento y Lianne dijo:

—Sí, renacuajo. Yo estoy de acuerdo, pero no pienso tragar a nadie que sea un religioso empedernido. Por lo que más quieras, no escojas a un santurrón o santurrona, por favor.

—Por eso dije, que los cuatro teníamos que estar de acuerdo con la persona… ¿Les parece bien…?— Todos asintieron.

Tocaron a la puerta. El mozo abrió… Eran Analena y Miranda, ambas pasaron hasta la mesa y Miranda directo hasta mis cachetes… Los acarició, mientras casi hundía mi cabeza en su pecho… Ray dijo:

—¡Hey, abusada! Te estoy viendo donde pones las manos…— Miranda dijo:

—¡Aah! ¡Qué envidioso…! Tú la tienes diario para ti sólito.— «Miranda cada vez se volvía un poquito más picante conmigo… ¡También le gustaba a ella…?» Me soltó y se fue hasta la botella… Grand le sirvió. Analena solo rio disimuladamente, se sentó y comenzó a hablar… —Chicos. Ya descubrí que es la sustancia que encontraron con los virzuk…— Todos nos quedamos viendo y dije, mientras recuperaba mi respiración:

—¡Qué es…?

—¡Miren esto…!— Sacó una pequeña jaula metálica. En ella había dos ratones… «¡Qué lindo!» Con un gotero tomó un poco de la sustancia y se la dio de beber a uno de los ratones…

Todos nos quedamos observando… El ratón que bebió la sustancia, comenzó a volverse agresivo con su compañero… Era una criatura completamente diferente a la de hace un rato, lo arañaba y mordía con violencia… Le duró algunos segundos y después… Quedó tendido en medio de la jaula.

Volteé a ver a Analena y dije:

—¿Tomarán eso, los soldados virzuk antes de ir a la batalla, para volverse agresivos y violentos…?

—Lo más seguro. Además es muy probable, que lo hagan sin saberlo o contra su voluntad… —¡Que trucó tan vil…! Los lideres, de seguro saben eso y se lo esconden a sus tropas…

—Lo mismo pienso…

—Eso quiere decir, que lo más probable es que los hagan venir y pelear en la guerra contra su voluntad desde un principio… Pero, ¿quién?— Todos nos quedamos pensando… Grand dijo:

—A lo mejor, su líder absoluto es un señor de la guerra o algo así…— Ray dijo:

—La invasión, tiene la edad de Arlinne o más… Un señor de la guerra, quisiera conquistar y dominar los territorios que invade… En este caso, muy raros son los territorios que han ocupado después de la invasión… No tiene sentido. Debe de haber otro motivo.— Lianne dijo:

—Mmmh… A lo mejor, ni siquiera es uno de ellos su líder…— Todos nos quedamos viendo y agregó:

—Sí fuera de su misma raza… No mandarías a tus hermanos a morir al otro lado de la muralla por nada…— Miranda interrumpió:

—O simplemente, es alguien muy tonto… Que solo quiere destruir, donde la única finalidad que tiene es la destrucción…— Todas eran viables… Recordé y les dije:

—¿Recuerdan lo que dijo ese payaso, cuando peleamos contra él?— Miranda y Analena se quedaron viéndonos y Ray dijo:

—Básicamente nos dijo, que ya no tenían nada porque vivir y que había algún problema con sus mujeres… Pero no dio los detalles.— Analena dijo:

—Algo hay con eso… La primera vez que nos acercamos a ellos, nos tenían un miedo y repudio muy grande a nosotras…— Yo dije:

—Es cierto… La primera vez que me acerqué a ellos, pasó lo mismo. Como si me tuvieran miedo, tan solo por el hecho de ser mujer… Bueno, parecer…— Miranda pellizcó mis cachetes otra vez y continué:

—Siempre me llamaban bruja…— A Analena se le iluminó la mirada y dijo:

—¿Su sociedad será un matriarcado?— Contesté:

—Pero si es así… ¿Por qué no, hemos visto a ninguna…? Estarían aquí, dando órdenes, ¿no?— Lianne dijo:

—A lo mejor, precisamente por eso no han ocupado ningún territorio. Porque las hembras no están aquí.— Pregunté:

—¿Y dónde están, entonces?— Nos quedamos en silencio… Era lo más lejos que podíamos llegar sin tratar de adivinar…

Seguimos bebiendo un rato más y Miranda dijo:

—¿Cuándo partirán?— Contesté:

—En estos días… ¿No quieren acompañarnos?— Analena dijo:

—Lo siento, Arlinne. Tenemos obligaciones con el gremio, pero si necesitan ayuda, comuníquense conmigo e iremos a ayudar como podamos. ¡Jijiji! Parece ser, que estaremos en este destacamento, todavía por un buen tiempo. Trataremos de ayudar a los virzuk e informarles sí descubrimos algo más.— Se despidieron y nos pidieron que les avisáramos antes de partir. Salí a despedirlas hasta la puerta. Miranda me abrazó y se despidió diciendo: —¡Me lleva…! Olvidé algo en el castillo… Analena. ¿Me esperas aquí un momento?— Analena contestó:

—Tranquila… No soy una bebé. Te espero en la casa. Ve con cuidado. — Miranda salió corriendo en dirección del palacio. Ambas nos quedamos paradas, una frente a la otra, a la mitad de la calle… Me tomó de la mano y me dijo al oído:

—Arlinne… Estos días estaré sólita en casa por las tardes. ¿Quieres venir a verme…?— «¡Eh…?» Tartamudeé como una estúpida y le dije:

—Discúlpame… Pero… Ah… Eh… Sí, quiero… Pero, Ray no se merece algo así… Eh… Lo siento…— Ella rio suavemente y dijo:

—¡Jijiji! Arlinne… Lo sé. Lo mismo pienso de Mira… Pero, solo ven un ratito y platiquemos, ¿sí?— «¡Qué hago? No puedo más, su aroma, me está volviendo loca…» Le dije:

—Lo… Lo pensaré…— Ella se emocionó, me dio un beso fugaz en la boca y dijo:

—¡Qué bien! ¡Estaré esperando a que te decidas!— Me volvió a besar y salió corriendo calle abajo… Me quedé fría… Y me metí a la casa…

Tomé una botella de las que habían sobrado y me fui directo a nuestra habitación. Destapé la botella, mientras estaba en la cama… Mi cabeza estaba hecha un remolino y mi cuerpo excitado… «¿Qué debo hacer…? Me gustaría probar, pero me da tanta pena… Y además. Ray no se merece algo así… Bueno… Él ya ha estado con demasiadas mujeres… Pero no es correcto, no mientras he estado con él…» El solo pensar en el perfume de Analena, me hacía querer reventar… «¡Qué diablos, cuerpo…? ¿No quedamos, que seriamos una linda nena…? Ahora que tienes la oportunidad, te pones así… Y tú ahí abajo… ¿Qué diablos haces…? Estás más duro que una roca… ¡Waaah! Ya sé… Solo tomaré hasta emborracharme y para mañana estaré mejor…» Ray entró a la habitación, encendió la luz de las lámparas y me vio tendida en la cama… Por un momento vio debajo de mi falda, que se levantaba por la posición de mis piernas y comenzó a reír…

—¡Jajaja! ¿Así que ya te están convenciendo…?— Traté de bajar mi falda y dije:

—¡No sé de qué hablas!

—Mmmh… ¿En serio? Tu cuerpo no miente…— Me sujetó de ahí abajo, fuerte, como cuando lo hacíamos… Sentí que de la pura excitación y del movimiento de su mano iba a estallar… Le dije con miedo:

—No es lo que crees amorcito… No he cedido aún… Dime, por favor. ¿Qué debo hacer?— Tomó la botella de mi mano, empezó a beber y dijo:

—Ambas, son buenas personas y dos chicas muy hermosas… Cualquiera aceptaría a la primera, sí estuviera en tu situación.— Le dije con miedo:

—Es Analena… No me la puedo sacar de la cabeza… Lo siento.— Él dijo, sorprendido:

—¡Solo Analena…? Creí que la que te querría encamar a la primera oportunidad, sería Miranda…

—No… Bueno, sí. Lo ha intentado… Sutilmente. Pero Analena es la que me tiene metida en este dilema… Me ha pedido que la vea a solas, alguno de estos días por la tarde…

—¡Oooh! ¡Jajajaja! Está bien, peque. Solo cuidado… ¡Jajaja! No sé que vaya a decir Miranda, cuando se entere de que le estás regando su jardín… ¡Jajajaja!— «¡Aaah? ¡Así de fácil…?» Él agregó:

—¿Ves? Eres un seductor… ¡Jajaja! ¿Ya te lo había dicho…?— Lo vi directamente a los ojos y lo tomé de las manos…

—Ray… ¿No te molestaría que yo hiciera eso…?— Él se quedó pensando por un momento y dijo, igual de serio que yo:

—¿Romperías nuestra relación por ella?— Le contesté inmediatamente y sin chistar:

—Nunca. Primero muerta.— Él sonrió y dijo:

—Entonces, no. No tengo ningún problema. Solo, se cuidadosa. Conozco a Miranda, es una buena persona, pero es celosa y un poquito posesiva hasta cierto punto…— Le dije con miedo:

—¿Tú lo harías…?— Él contestó, tranquilo:

—No, peque. No mientras estuviera contigo.— «¿Entonces…? ¿En dónde me perdí?» Le pregunté:

—¿Entonces, sí yo estoy contigo, por qué me empujas a que lo haga…?— Él dijo, riendo a carcajadas esta vez:

—¡Jajaja! No te estoy empujando… Tú eres la que está en esa crisis existencial en este momento, preguntándome…— Tenía razón… Le dije:

—Yo te quiero mucho, no quiero que algo así nos separe ni tantito… ¿Dime que debo hacer…?— Él se sentó a mi lado, me regresó la botella y dijo, seriamente:

—¿Quieres probar?

—Tal vez un poquito… Sí.

—Por mí, no hay ningún problema. Necesitas tener más experiencias, incluso de ese tipo. Yo ya he estado con otras parejas y estoy seguro de lo que quiero. ¿Por qué no pruebas? Te dejas llevar y lo disfrutas de paso.— Yo dije, nuevamente apenada y excitada:

—No quiero tener ningún problema contigo por algo así, no vale la pena… Además, quiero tener la cara para poderte reclamar, sí me quieres poner el cuerno. ¡Jijiji!— Sonreí como tonta… Él volvió a reír muy fuerte y me dijo:

—No causará ningún problema conmigo, Arlinne. Tú bien sabes que solo será un juego. Ellas están igual de enamoradas, como lo estamos nosotros. No se van a dejar, la una a la otra, ni nos dejaremos nosotros. Y no te preocupes, no te lo echaré en cara… ¡Jajaja! Podrás reclamarme con la cara limpia, sí me ves siéndote infiel… ¡Jajaja!— Ahora, yo comencé a reír y le dije:

—¡Jajaja! Eres un sátiro… ¿Cómo puedes estar tan tranquilo con algo así…? Sí fuera al revés, yo estaría hecha un mar de lágrimas, buscando con que cortarme las venas…

—¡Jajaja! Lo sé…

—Bueno… Lo pensaré. Pero tengo miedo, nunca he estado con una mujer… Y por lo que tengo entendido. Ella tampoco con un chico… ¿Qué hago…? ¿Cómo debo tomar la iniciativa…? ¿Mi partecita, será suficiente…? ¡Qué voy a hacer?

—¡Jajaja! Tranquila. No te preocupes, peque. No creo que te exija que la penetres hasta que le saques los sesos por los oídos… ¡Jajajaja!— «¡Qué sátiro…!» Me puse de pie y le dije: —Ya vengo, voy por otra botella…— Regresé, él seguía riendo. Le dije:

—¿Te lo estás imaginando, sátiro…?

—Sí… ¡Jajaja! Un poquito…— Destapé la botella y le dije:

—Todo fuera como eso… ¿Qué le va a pasar a mi pobre cosita sin experiencia?— Le hice una cara rara, estallamos los dos a carcajadas y dijo:

—Tranquila. Solo déjate llevar. No esperes mucho de la primera vez.

—Gracias, amor. Estas carcajadas tan limpias, me hacen sentir que nos tenemos mucha confianza y que nuestra relación es muy fuerte. Te amo mucho, pero tengo miedo… ¡Jijiji! —¿Por qué no, solo te dejas llevar y la dejas hacer?— Él ya daba por hecho que lo haría y le dije:

—Aún lo tengo que pensar… ¿Por qué no, mejor nos ponemos a jugar nosotros, donde ya tengo bien claro lo que debo de hacer?— Lo abracé y rodamos por la cama amándonos…

Desperté en la mañana… Estaba acostada al revés en la cama, con mi cabeza donde deberían estar mis pies… «Parece que señor y señora, sátiros, se salieron de control por la noche… ¡Jijiji!» Comencé a reír nuevamente, me acomodé como debía de ir y abracé a Ray. Él estaba despierto, le dije:

—¿Por qué me dejaste acostada así?

—¿Qué tiene de malo? Cuando terminamos de todo, ya era muy tarde y te quedaste completamente dormida de esa forma. Solo te tapé y te puse una almohada para que la pudieras babear…— Me volteó a ver… Sabía lo que quería saber y le dije:

—Lo sigo pensando… Después de que pase, tú serás el primero en saberlo, pero no esperes muchos detalles, señor sátiro… Las chicas tenemos nuestra intimidad.— Me paré de la cama de un salto, me vestí y fui a llenar la tina.

Me encontré a Lianne en el pasillo, bajé hacia el pozo y ella me siguió… Cuando estábamos afuera, me dijo:

—Renacuajo. Sabes que la habitación que está pegada a la tuya, es la mía, ¿verdad?— Hice una seña con mi mano, tapándome la boca…

—¡Oops! Nunca lo imaginé, creí que vivías en una cueva… ¡Jajaja!— Me pellizcó mi bracito muy fuerte y dijo:

—¡Los gemidos te los paso! Pero esas carcajadas, como si te estuvieras ahogando, hasta muy entrada la noche.

—Lo siento, Lianne. Soy muy expresiva. Discúlpame, por favor. No seas amargada como un trol.— Ella frunció el ceño y dijo:

—¡Qué hay con esos gemidos, como si te estuvieran matando? Pareciera como si te estuvieran sacando el aire…

—Lo siento de verdad… Ya pronto estaremos acampando nuevamente y tendrás los lindos sonidos del ambiente, al aire libre.

—¡Está bien…! Pero al menos que Ray, te tape la boca…

—Está bien, Lianne… Ya no te enojes conmigo… ¿Quieres bañarte conmigo con agua fría, como muestra de mi buena voluntad?

—¿Por qué fría…? ¿Qué no eres hechicera?— Me quedé pensando… «¡Es cierto…! ¿Por qué nunca he intentado calentar el agua así…?— Ella dijo:

—¡Qué bruta…! Vamos, te enseñaré…

Nos dimos un buen baño, hasta con vapor y todo… El conjuro que usó, simplemente era una hoguera mágica debajo de la tina metálica… Le agradecí y le pregunté, sí podía decirle a Ray antes de que se enfriara el agua… Accedió y me fui a la habitación… Le dije a Ray del agua caliente y aprovechó para darse un baño también.

Estábamos ahí, esperando a que estuviera la comida y tocaron a la puerta… Eran Miranda y Analena, las abracé a las dos… Esta vez aproveché para oler más de cerca el perfume de Analena… Lo había decidido, lo iba a hacer. Miranda dijo:

—Disculpen la intromisión, pero vendrá una persona del gremio y quiere vernos aquí a todos juntos.— Analena alzó una canasta con viandas y dijo:

—No venimos con las manos vaciás.— Nos pusimos a comer, casi al terminar, tocaron a la puerta. El mozo abrió… Era el capitán Tenarius… Entró, riendo como siempre…

—Muchachos, buenas tardes. ¡Qué bonita familia! ¡Jajaja!— Los miembros del gremio se pusieron de pie en posición de firmes. Él siguió riendo y dijo:

—¡Jajaja! Pueden descansar…— Miranda de inmediato se paró frente a él y lo guió hasta una silla que estaba desocupada— Lo invitamos a comer y cuando terminó, nos dijo, seriamente:

—Los felicito… No esperaba resultados tan rápido y no conozco a la hermosa señorita… Grand se puso de pie y dijo:

—Disculpe, capitán. Ella es su eminencia, lady Lianne Sylverlin.— El capitán se quedó boquiabierto…

—¡Mosier…! Que escondidito te lo tenías, la señorita es una escultura…— Besó su mano y Lianne actuó con respeto y educación. El capitán dijo:

—El gremio está muy sorprendido por sus resultados, tanto así que me han pedido que los visite… Y Los ascienda a todos de rango…— Todos se quedaron boquiabiertos… Sacó varios pergaminos y sacos llenos de oro y platino… Analena y Miranda, aceptaron al instante, firmaron y recogieron su parte del dinero… Grand y Ray, nos volteaban a ver a nosotras… Después de un momento, asintieron el uno al otro, tomaron el dinero y firmaron sus ascensos. El capitán dijo, contento:

—¿Y bien, qué sigue en su plan? Sí se puede saber…— Le dije todo lo que pensábamos hacer… Él dijo:

—Les daría un sanador del gremio, pero estoy seguro de que no lo aceptarán…

—Disculpe, capitán… Así es, tiene que ser alguien que tenga las mismas convicciones y que además nos caiga bien… Será difícil, pero estoy segura de que tenemos la suerte de nuestro lado.— Él comenzó a reír y dijo:

—¡Jajaja! De eso, estoy seguro. ¿Por qué no, me cuentan su aventura, de como atravesaron el volcán?— Se los contamos entre todos, también a Miranda y Analena, que nunca les habíamos dicho los detalles… El capitán nos veía con sus ojos, como si brillaran, como sí quisiera tener veinte años menos y acompañarnos en nuestra aventura… Se hizo de noche, el capitán salió rumbo al castillo y dijo:

—Avísenme, cuando partan. Por favor.— Le dijimos que así lo haríamos…

Analena y Miranda se fueron después, las fui a despedir hasta su casa… Cuando llegamos, Ana dijo:

—¡Uy! Arlinne… Olvidé mi bolso en tu casa…— No lo capté al momento y le dije:

—No te preocupes. Ya vengo, voy por él, corriendo…— Ella me sujetó del brazo, dándome un pequeño pellizco y replicó:

—Vamos… Te acompañaré… Ya vuelvo, Miranda. No tardo.— Miranda sin saber nada, solo dijo:

—Vayan con cuidado…— Y entró a la casa. Caminamos de regreso, una vez un poquito alejados… Me besó… La abracé y le correspondí el beso… Le dije:

—Lo he decidido… ¿Mañana está bien?— Ella me dijo en un tono suave al oído:

—Cuando quieras, Arlinne. Ya no aguanto más…— Tragué saliva de la impresión… No había marcha atrás… Ella agregó:

—Es más… Inventemos algo y pasemos la noche juntas…— «…» Ya estábamos frente a la puerta de la casa…

—Lo siento… No puedo faltar a mi lecho, pero mañana estaré ahí, pasado el mediodía…— Ella asintió, volviendo un poco a la realidad y dijo:

—¡Jijiji! Sip. Así de loquita me tienes… ¡Jijiji! Por favor… Te espero mañana, Arlinne.— Le dije:

—Iré por tu bolso… Dame un segundo.— Ella tapó su boca y me cerró un ojito, mientras se buscaba entre su blusa, sacando el pequeño bolso tejido de entre su sujetador.

—¡Jijiji! ¡Qué ágil, Arlinne! Ni te vi entrar a la casa…— Sonreí como una tonta… Me dio un profundo beso y dijo:

—Después de mediodía… No tardes.— Entré, bañada en su aroma… El olor de Ana me volvió a poner loca…

Subí hasta la habitación, Ray ya estaba dormido… Le dije, muy bajito:

—Amorcito… Lo decidí. Mañana iré a verla… ¿Seguro, no hay ningún problema?— Él dijo, amodorrado:

—¡Qué…? Yo ya te hacía allá…— «¡Qué sátiro…!»

—¡No! Jamás te dejaría solo en nuestro lecho…— Él me abrazó muy fuerte y dijo: —Diviértete…

—Sip.— Nos quedamos dormidos al poco rato.

Me bañé en la mañana con agua calientita como me había enseñado Lianne. Dejé todo perfectamente limpio. Me vestí con mi falda azul y me puse el suéter que me había regalado Ana… Olía a ella… «¡Qué rico!» Cuando llegó la hora, me fui corriendo hasta su casa…

Ana me abrió la puerta y me dijo:

—¿Ya desayunaste, Arlinne?— Le sonreí y dije:

—No… ¿Y tú?

—Preparé algo para ti… Ven. Siéntate a la mesa…— Ana me sirvió panqués… Estaban deliciosos… Era mi desayuno favorito, especialmente con miel de abeja. «¿Cómo lo supo…?» Desayunamos… Ana me daba en la boquita, siempre sonriendo como lo hacía yo…

Una vez terminamos, me llevó de la mano por las escaleras hasta la que supuse era su habitación… Cerró la puerta con llave y me condujo hasta la cama… Nos quedamos viendo, la una a la otra… «¡Que hago…! Supongo que está esperando, que tome la iniciativa…» Tragué saliva y por un momento, me quedé con mi vista clavada en sus ojos… Estaba igual de nerviosa que yo… Comenzó a reír, nerviosa…

—¡Jajaja! Arlinne… ¡No quiero ni pensar, qué estarás pensando en este momento de mí…! Es solo que… No quiero que pienses que hago esto con cualquiera… Todo lo contrario… Es una larga historia… Pero… No pensemos en nada de eso, solo por este instante, ¿te parece bien? Quiero platicar y explicarte muchas cosas, solo… No quiero arruinar este momento. Por ahora solo pensemos en nosotras…— Se quedó en silencio… Mientras seguíamos mirándonos a los ojos… El silencio se hizo incómodo y nuevamente lo rompió con esa sonrisa nerviosa… Dijo:

—¡Ah! Supongo que estás igual de nerviosa que yo… ¡Jejeje! Bien… Yo empezaré… Veamos, no tengo nada de experiencia con chicos… Pero tengo una idea…— Me besó húmeda y profundamente en la boca…

Una vez el aroma de su piel invadió mis sentidos, cambié por completo y le correspondí el beso, haciéndolo más apasionado… Ella bajó su mano por debajo de mi falda y sujetó mi parte con fuerza… Eso fue suficiente para que se irguiera entumecido. Ella, al sentirlo latir en su mano, se separó de mis labios y me vio con ojos de anhelo… La tomé por los cabellos y la conduje hasta él, como tantas veces lo habían hecho conmigo. Lo besó apasionadamente… Su aroma y su pequeña lengua me embriagaban. La sujeté con fuerza de su cabeza y la hundí en mi dirección, una y otra vez… «¡Jijiji! Que bonito cabello, parece como la lana de una oveja…» Mientras, con mi otra mano, me empecé a desnudar… Una vez desnuda, Ana se reincorporó e hizo lo propio… Para volver a besarme en la boca y atrapar mi lengua entre la suya… Se separó un momento y acomodó nuestras ropas a un lado de la cama… Dijo, sonriendo:

—¿Te gustó el suéter?

—¡Me encantó! Porque lleva tu olor…— De alguna manera, esa respuesta la excitó aún más… La vi de frente, completamente desnuda… Tenía unos pechos hermosos, apenas un poco más grandes que los míos, con unos pezones muy claritos que apuntaban endurecidos hacia el frente.— Le dije:

—Eres hermosa…— Ella se sonrojó y contestó al instante:

—Nada de eso, no más que tú, Arlinne… Tienes una piel muy suavecita y nada de vello en todo tu cuerpo…—La abracé… Quería sentir su cuerpo temblando de placer junto al mío.

Me incliné y empecé a jugar con sus pezones con la lengua, para bajar mi mano hasta su sexo… La acaricié suavemente por encima de su piel… Ella se estremeció y gimió sin querer… Me empujó de golpe hacia la cama y se montó sobre mí, encarando mi parte que pulsaba sin control… Tenía su sexo frente a mí y sin pensarlo dos veces, hundí mi cara en su trasero… ¡Estaba empapada…! Bebí de ella y la saboreé como sí fuera una fruta abierta y madura… Ana, ya gemía de placer retorciéndose… No tardó mucho para que se retorciera sin control, gimiendo sin parar, mientras yo la tenía apresada fuertemente de sus caderas… Explotó en mi boca, fuera de sí… Podía sentir su aliento, expulsado por sus quejidos en la piel de mi húmeda partecita…

Me detuve por un momento, cuando contorsionándose parecía que se quería zafar de mis brazos… Al parecer ya no soportaba más esa sensación. Se tranquilizó lentamente, mientras me abrazaba y me besaba en todas las partes de mi rostro… Dijo, como rogando:

—Arlinne… ¡Por favor! ¿Puedes entrar dentro de mí…? Te juro que es algo, que solo te puedo pedir a ti…— «Ha llegado el momento… ¡Pfff! Espero hacerlo bien…» Le dije con algo de miedo:

—Nunca he hecho algo así…— Me contestó, decidida:

—No te preocupes, yo lo haré. Tú recuéstate…— Ana fue hacia mi parte media, se sentó sobre mí y se lo acomodó…

Fue sencillo, no era muy grande y además, ella estaba empapada… Entró de golpe y ella gimió nuevamente de placer… Yo sentía como lo apretaba con su interior… Tan cálido, tan húmedo… Ella llevaba el ritmo con sus caderas, mientras su rostro reflejaba lindas caritas, que me llenaban de placer y excitación… Pasamos un rato de la misma manera, con ella emitiendo lindos gemidos, de vez en vez, hasta que poco a poco, fue subiendo la intensidad de sus movimientos y de pronto, ya gemía sin control de nueva cuenta… Sentí como su cuerpo, me aprisionaba más fuerte cada vez, como si quisiera exprimirme… Ella estalló entre gritos… Yo estaba bañada en sus jugos y no soportaba más… El movimiento y calor, por fin me habían llevado al límite… Se dio cuenta y en su éxtasis… Salió de su posición, fue hasta mi parte y la empezó a besar frenéticamente… Me vacié gimiendo, mientras ella bebía mi semilla entre sus besos… Me abrazó y quedó tendida sobre de mí.

Nos amamos toda la tarde, intentando cosas nuevas cada vez… Estuve dentro de ella varias veces… Se nos vino casi el anochecer. Le dije, cuando estábamos rendidas nuevamente en la cama:

—Ya es muy tarde… ¿Y Miranda?— Ella rio traviesamente y dijo:

—No te preocupes. Le di muchos encargos… ¡Jijiji!— Volteé cabizbaja… Ella agregó:

—No lo malentiendas, Arlinne. Sé que está mal lo que estoy haciendo… Pero… Yo a Miranda la amo, jamás me separaría de ella… Y estoy segura de que lo mismo piensas sobre Ray…— Asentí decidida y ella dijo:

—Pero eso no significa, que no podamos tener un lugarcito en nuestro corazón, una para la otra…— Asentí dudando y ella concluyó:

—Vamos a darnos un baño, que se hace tarde. La siguiente vez que nos veamos, pondremos las cartas y nuestros sentimientos sobre la mesa… ¿Te parece bien? ¡Jijiji! Además debo cambiar la ropa de cama, sí no, nos cacharán a la primera… ¡Jijiji!— Nos fuimos a bañar y le comenté que partiríamos pasado mañana… Al terminar, salí corriendo…

«¡En qué me estoy metiendo…! Fue muy lindo todo… Pero jamás dejaría a Ray… Lo que tengo con Ray, es único… Ana, que hermosa y frágil… ¡Qué es esto que estoy sintiendo? No lo sé… Mejor ignorarlo…»

Llegué hasta la casa… Estaban cenando y dije sonriendo:

—¡Perdón, se me hizo tarde! ¿Me extrañaron?— Todos me vieron con una sonrisa en su rostro. Me senté junto a Ray, él me veía de reojo… Les dije:

—Partiremos pasado mañana… ¿Les parece bien?— Todos estuvieron de acuerdo.

Terminamos de cenar y subí a mi habitación. Ray llegó tras mío y se preparó para acostar… Me dijo:

—¿Qué tal todo?

—Ven mi amor, abrázame.— Le conté algunas partes, sin llegar al detalle… Él dijo tranquilamente, mientras acariciaba mi pelo:

—Me alegro, peque. Es una bonita experiencia… ¿Qué te parece, sí ahora me das un poquito de toda esa miel? ¡Jajaja!— Se había quedado encendido… Lo había excitado muchísimo y me empezó a amar con vehemencia… «¡Jijiji! Allá voy otra vez… Pero ahora, como me siento más cómoda. Ni modo, a cumplir… ¡Jijiji!»

*************************

Espiaba en aquel lúgubre lugar… «¡Qué estupidez…! Toda esta destrucción… ¿Por qué? ¿Para qué? Para saciar su ego…» Veía fijamente aquel orbe… «Definitivamente, no hay duda… Es como me lo temía…» Un par de voces resonaron en la vieja edificación, ahora solo la tumba de un jardín… «Debo de ser cuidadoso. Nadie debe darse cuenta de mi presencia… Sé que ella jamás podría notar mi presencia, sí yo no lo quisiera, pero mejor no menospreciarla… Sería cometer el mismo error, que la llevará a su ruina…»

—Chamana… El tiempo corre y esa chiquilla sigue aún con vida… Te lo dije desde un principio… Es un peligro para tu gente, para el ojo y para todos nosotros en el mundo espiritual… Es un agente del caos que debe ser removido, para que todos tus anhelos se vuelvan realidad…

—¡Oh! ¡Gran espíritu! He puesto toda mi atención en ese pequeño asunto… He enviado a alguien a asesinarla.

—No te confíes… ¿Estás segura de que esa niña podrá matarla…? Ni siquiera es por completo una de nosotros…

—Noble espíritu de alas plateadas. La niña lo hará, no tiene otra razón por la cual vivir… Anhela desesperada, pertenecer… La matará o morirá en el intento.

—¡La vida de esa niña, es lo que menos me importa! ¡No vale nada! ¡Quiero muerta a la chica de los flecos! Sí esa chica llega hasta aquí, el poder de mi ojo que te he obsequiado a ti y tu gente, estará en riesgo.

—Así será, gran espíritu… Sí la niña llega a fallar. Mi hermana en persona se hará cargo de ella…

—Eso espero… De verdad, eso espero. Hasta pronto chamana, espero a mi regreso, tengas buenas noticias…

El espectro incorpóreo se desvaneció en los aires… «¡Gran espíritu…? ¡Jajajajaja! ¡No me hagas reír! Que palmo de narices te vas a llevar… Las cosas están en marcha… Nada, ni nadie, puede detenerlas ahora…» Pero algo dentro de mí aún me preocupaba… «Ese artefacto es peligroso… Sé a donde pertenece, pero nunca lo vi en mis adivinaciones… Mmmh. Bien. Será interesante… ¡Solo un pequeño peldaño más, para que Arlinne escale por encima de él!»

Fin del capítulo 10.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo