Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 11
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Capítulo 11: Capítulo XI: Pasión.
Capítulo 11.
Desperté… Ray seguía conmigo en la cama. Le dije:
—Ray… Anoche estabas como un león.
—¡Jajaja! Un poquito, peque. ¿Qué harás hoy?
—Quiero ir a ver a los prisioneros una última vez… Y podría ser que por la tarde, sí no tienen nada que hacer, podríamos ir a ver al capitán para avisarle que nos vamos mañana.
—Me parece bien. Yo estaré aquí, sí necesitas algo.— Me dio un beso en la frente.
Salí al baño para asearme, llené la tina y mientras, sin querer, olí mis dedos… Aún olían a ella… «¿Qué me está pasando? ¿Por qué no, la puedo sacar de mi cabeza? Esto sí está mal, ahora sí le estoy siendo infiel a Ray… Y de la peor de las formas… De pensamiento…» Me bañé cabizbaja… «Poco a poco, debo de poder olvidarla, tengo que hacer un esfuerzo…» Volteé hacia abajo, aquello ya estaba duro otra vez…
«Iré a platicar un rato con los virzuk y así me olvidaré de esto…» Me vestí como siempre y salí a la calle. Evité la calle donde estaba su vivienda… «Mejor así… Solo me despediré de ellas, el día que nos vayamos y asunto arreglado…» Inconscientemente volví a oler mis dedos… «El olor sigue aquí… ¿Cómo es posible…? Me he lavado las manos, incontables veces. ¿Por qué su olor se quedó conmigo? ¿Soy la única que lo nota…?» Llegué hasta la muralla y salí a donde estaba la jaula… Ahí estaba ella… «¡Ana…! ¡Qué hermosa!» Se emocionó y me sonrió, cuando me vio… Yo me emocioné también… Ella llegó corriendo hasta mis brazos y se colgó de mí. Dijo:
—Arlinne, viniste a buscarme… Justo no te podía sacar de mi cabeza.— Me sonrió, como yo lo solía hacer y le dije:
—Quisiera hablar contigo…
—Yo también… Tengo muchas cosas que decirte y preguntarte…— Nos quedamos viendo y le dije:
—¿Y Miranda?
—En el castillo, está arreglando algunos asuntos… Le dije que yo podía venir sola hasta acá, que no se preocupara, que me esperara en la casa sí terminaba antes que yo… ¿Y Ray…?
—Igual… En la casa. Hablemos, pero en privado…— La tomé de la mano con decisión y la llevé hasta un lugar, en el cual yo sabía que nadie nos molestaría… Nos paramos debajo de la muralla y busqué la llave… «¡Perfecto! La traigo conmigo». Bajamos las escaleras… No estaban los guardias. Abrí la puerta con la llave… El calabozo estaba vació. Cerré la puerta tras de nosotros…
Cuando se vio a solas conmigo, se lanzó a mis brazos y me empezó a besar apasionadamente… No pude hacer nada, más que corresponderle. Encendió una muy tenue luz con su magia, me vio directamente a los ojos y me dijo:
—¡Arlinne, te amo!— Me quedé en silencio un segundo…
—Yo también te amo, Ana.— Me quedé dudando de mis propias palabras… Ella dijo:
—Me siento tan mal… ¿Estamos siendo infieles?
—Estoy casi segura que sí…— Se puso triste y pregunté:
—¿Dejarías a Mira, por mí? Sé honesta…
—Nunca haría algo así… Ella me salvó prácticamente de la soledad y me ayudó a ser lo que soy ahora… ¿Tú abandonarías a Ray, por mí? Sé honesta, por favor.
—¡Nunca! ¡Primero muerta! Él es todo para mí…— Sonrió y dijo:
—¡Jijiji! Entonces… Estamos en un problema, pero creo que es menos grave de lo que parece ser…
—También me atormenta sentir que le estoy siendo infiel de pensamiento, pero no puedo sacarte de mi cabeza…— Ella dijo:
—Exactamente mis palabras… ¡Oye, Arlinne? ¿Hay algo cómo menos o más infiel?— Pensé por un momento y le dije:
—Creo que no… Sí lo eres, lo eres… Ni más, ni menos… Pero podría ser peor, sí además somos cínicas…
—Entonces no habrá mucha diferencia, sí hago esto…— Se arrodilló ante mí y me bajó las bragas de un jalón para metérselo a la boca… Me enloqueció al instante… La sujeté por sus hermosos cabellos rizados y la empujé hacia atrás y adelante de mi parte con fuerza… Después de un rato, sentía que iba a explotar y simplemente la forcé a detenerse, subiéndola hasta mi boca. Nos besamos y me dijo:
—¿Sabes…? Eres la primera persona que está dentro de mí de esa forma… Perdón, que no trajera el sellito de nuevo. Pero… Mira y yo, somos un poco bruscas…— Le dije:
—No te preocupes, por algo como eso…
—Gracias, Arlinne. Desafortunadamente o afortunadamente, tengo una fobia muy marcada a los hombres… No me les puedo acercar de esa manera… Me es imposible… Pero contigo es diferente. Fuiste una bendición para mí, porque por fin pude probar este maravilloso placer.— Me volvió a besar y dijo, suplicando:
—¿Me lo haces, otra vez? ¡Por favor! ¡Y no te contengas! Incluso sí quieres preñarme, no me molestaría en lo más mínimo.— «¡Pfff! ¡Qué?»
—¡Cómo puedes decir algo tan descabellado con esa tranquilidad?— Me dijo, sonriendo:
—¿Es descabellado…? No le veo nada de raro, ayer estuvimos todo el día juntas. Si pasó, pasó… Ya le diría a Miranda, lo nuestro… Dudo que me echara a la calle en ese estado… Al final, lo cuidaríamos y amaríamos con todo nuestro corazón…«¡Pfff! ¡Qué se le ha metido en la cabeza…?» Le dije, tratando de ser comprensiva:
—Te entiendo… Pero eso es demasiado para mí, por ahora…— Ella, ya se desnudaba por completo… Sin temor, ni pudor a que alguien más pudiera entrar… Me empujó contra la pared y se lo acomodó… Estaba nuevamente escurriendo… Solo pude tomarla de su trasero y acariciarlo con mucho cariño, mientras ella misma se hundía, una y otra vez en mi dirección. Le dije, víctima del placer:
—¡No se valen jugarretas! Sí voy a terminar, te avisaré y los tomarás en tu boca, por favor. Me dijo, entre gemidos:
—¡Sí amor, no te asustes! Sí no quieres ser papá aún, está bien. ¡Solo dámela toda, por favor!
—¡Está bien…!— «¡La quieres amor? ¡Es toda para ti…!»
Puse mi mano derecha adelante, acariciando su pecho y metí uno de sus pezones entre mis dedos… Con mi otra mano, la tomé fuertemente de su cadera y empecé a chocar con ella cada vez más fuerte… Ella gemía descontrolada… Hasta que estalló… Seguí con el movimiento y ella estaba en un éxtasis continuo… Puso sus manos hacia atrás, como pidiendo que parara, pero yo ya estaba poseída por el placer y lo hice mucho más fuerte, mientras le aprisionaba sus brazos por detrás desde sus muñecas… Ella gimoteaba… Hasta que no pude más y le dije:
—¡Ya no aguanto más!— Salí de su interior y ya me esperaba con su boca para recibirlo… Me envolvió por completo con ella… Sentía como me vaciaba a chorros por su garganta… Me limpió cada rincón con su lengua y subió hasta mí para darme un beso… Me vio, cerró un ojito y dijo:
—¡Qué sabroso!— Todavía jadeando del placer…
Nos quedamos abrazadas contra la pared por largo rato… Me dijo, susurrando:
—Somos unas infieles sin perdón alguno…
—Sí…
—¿Le dirás a Ray?
—No lo sé… ¿Tú?
—¿Y sí, lo mantenemos cómo un secreto? Aunque la verdad no sé sí pueda hacerlo… Todo le cuento a Miranda…
—Yo soy igual…— Estábamos en un aprieto… Las dos, éramos extremadamente sinceras con nuestras respectivas parejas. Ella dijo:
—Intentemos, amor. Por favor. Que sea solo nuestro secretito… Además, no sabemos, ni tenemos idea siquiera, sí nos volvamos a ver… No lo arruinemos. Sí después de mucho tiempo sale a la luz, no importa. ¿Qué te parece…?
—Lo intentaré…
—No estés triste… Me siento igual o peor que tú, pero a la larga será lo mejor… ¿O quién sabe…? Ya no sé…— Le pregunté:
—¿Qué crees que pase, sí le cuentas a Mira?— Ella se quedó pensando seriamente por un momento, para decir al siguiente:
—Primero reirá… Al no poder o querer, creerlo. Luego se pondrá seria y me preguntará seriamente, sí te amo, como nos amamos nosotras… Es ahí donde siento que todo explotaría, porque estoy casi segura, que puede leer mis ojos… Además que es un poquito posesiva y sobre protectora… Y sí ella siente, que miento o le oculto algo… Le van a empezar a llegar ideas a su cabeza… Se enfadará muchísimo y se pondrá muy triste… Y ya de ahí en adelante, no sé que pueda pasar.
—Pues… Ray, sí es sobre protector… Pero de ahí en fuera… Son completamente distintos… Nunca lo he visto, realmente celoso, pero no quiero verlo… La verdad.— Me preguntó:
—¿Él sabe, que ayer estuviste conmigo…?
—La verdad… Soy una cobarde. Le pedí permiso…— Ella empezó a reír y dijo:
—¡Jijiji! Me lo imaginé… ¿Le dirás lo de hoy?— Agaché la cabeza y le dije:
—Lo más probable…
—¡Guau! Arlinne. ¿Crees tener problemas?
—La verdad… Quisiera tenerlos, siento que me los merezco, sin mencionar, que yo soy una celosa incurable… Y él no ha dado ningún motivo para mi comportamiento…
—Ya, Arlinne, no pasa nada… Mira lo que traje…— Ella se agachó, buscó algo en sus ropas y me dio un frasquito… Dijo:
—Te lo obsequio. Es un lubricante, lo hice yo misma. Hará mucho más cómodas y placenteras, tus noches con Ray.— Me sonrojé y le dije:
—Gracias.— Volvió a reír y dijo:
—¡Que linda y hermosa! Por eso me enamoraste, Arlinne. ¡Vamos a estrenarlo! ¡Mira, ábrelo!— Me ayudó a abrirlo y dijo:
—Pónmelo en mi agujero pequeño.— Me puse roja, roja… Me dijo, traviesamente:
—¡Jijiji! ¿A poco, no quieres sentir lo que siente Ray, cuando te lo hace, aunque sea una vez en tu vida?— Asentí, me agaché y con mucho cariño, le puse el lubricante…
Poquito a poquito metí mis dedos, abriéndome camino… Ella empezó a quejarse y gemir de golpe, como lo había hecho yo, muchas veces antes cuando me hacían lo mismo… Yo ya estaba nuevamente como una roca… Ella dijo:
—¿Quieres atinarle o dejas, que yo misma me acomode?
—Ayúdame…
—¡Sí!— Se volvió a recargar, conmigo contra la pared y con su mano lo llevó a su destino… Dijo:
—Ahora, solo empuja un poquito…— Entró y se resbaló por completo en su interior… Ella se sobresaltó y se quedó quieta un segundo.— Le dije:
—¿Te duele?
—Solo un poquito, pero se pasará o ¿no?
—Sí.— Empecé a moverme y ella empezó a hacer unos gemidos diferentes a los de hace un rato… Llenos de morbo. Tomó mi mano y la llevó a su entrepierna… Me dijo:
—Mira… Aprieta aquí, por favor y acarícialo…— En unos instantes, ella estaba vuelta una loca…
Yo sentía su interior ardiendo, mucho más caliente y mucho, pero mucho más apretado… Acaricié su intimidad, como sí pasara mi dedo sobre el botoncito de una flor… Ella estaba fuera de control… Nuevamente tomó la iniciativa y se lanzaba con toda su fuerza, hacia atrás gimiendo y gritando… Se detuvo un momento y jadeando, me dijo:
—¡Esta vez, no hay excusa! ¡Los quiero dentro de mí, por favor!
—Está bien…
—¡No tardo en acabar, sigue acariciándome como lo estás haciendo…!— Así lo hice… Empezó a estallar, moviendo su trasero en círculos, además de dentro y fuera, mientras gemía como sí la estuviera matando… De pronto, se detuvo por completo y dijo casi gritando:
—¡Ya, ya! ¡Suéltame de aquí! Siento que me voy a morir… ¡Solo llénate con mi trasero y lléname de ti! ¡Por favor!— No me faltaba mucho… Gemí de placer y exploté yo también, jadeando… Mientras la llenaba por dentro. Nos quedamos así, en esa posición, extasiados… Me iba a salir, pero ella me detuvo y dijo:
—No… Quédate ahí dentro un rato. Por favor, amor. Es nuestra despedida y no quiero olvidar en mucho tiempo, lo que se siente que estés en mi interior, Arlinne.— La abracé y ella recargó su cuello en mi hombro. Nos comenzamos a besar con mucho cariño.
Después de un rato, se vistió y yo acomodé mi ropa. Nos peinamos con un cepillo que traía en su bolso y salí. Yo primero, para ver que nadie nos viera salir juntas… «Todo en orden». Nos fuimos en dirección de su casa. Llegando a la esquina, vimos que Miranda estaba fuera. Me dijo:
—Bien… Sigamos siendo felices las dos. Arlinne, por favor. Cuídate mucho… No cometas locuras… No quiero enterarme, que tú o tus compañeros, han muerto. Me rompería el corazón y me dejará para siempre arrepentida, de no haberte engatusado y hacer que me preñaras…
—¡Jajaja! Ustedes cuídense mucho también. Ana, pensaré en ti… Aunque sea un poquito. Espero no seas muy exigente.
—¡Jijiji! Con ese poquito, me basta. Yo haré lo mismo… Discúlpame por lo que voy a hacer… «¡Eh? ¿A qué se refiere?» Llegamos hasta Miranda… Como si nada, me apretó los cachetes y dijo:
—¿Dónde andan, tomatito? ¿No será que me quieres ganar el mandado?
—Como sí eso fuera posible… Jejeje…— Las tres reímos y les dije:
—Me tengo que ir, tenemos que pasar a ver al capitán. ¡Cuídense mucho!— Miranda me abrazó y me metió nuevamente entre sus pechos. Ana esperó pacientemente y cuando me dejó respirar… Se colgó de mi cuello y me besó profundamente, como lo hicimos tantas veces hace un rato… Miranda se quedó boquiabierta… «¿A eso era a lo que se refería? ¿Por eso me dijo que la disculpara…?» La abracé fuerte y nos separamos, ambas llorando. Les dije:
—¡Hasta pronto!— Salí corriendo para la casa, bañada en lágrimas.
Llegué a la casa… Antes de entrar, sequé mis lágrimas… No debía dar, ni una seña de mi comportamiento… «No quiero un problema con Ray, por esto… Pero tampoco quiero negar a Ana… Quien lo pensaría… Soy un desastre…» Practiqué mi sonrisa y entré. Saludé, todos estaban en el comedor. Les dije:
—Voy al baño, ya vuelvo.— En el baño, traté de borrar todo rastro de mi comportamiento…
Fui hasta la habitación y guardé el frasquito que me había regalado Ana, en mi bolso. Olí cada parte de mi cuerpo… Olía por completo a ella… «¡Qué hago? Espero que solo lo pueda oler yo…» Bajé las escaleras, sonriendo… En eso, tocaron a la puerta. El mozo atendió… Era el capitán… «¡Qué bien!» Nos había ahorrado la caminata al castillo. Entró riendo y saludó. Ray y Grand se pusieron de pie y el capitán dijo:
—Jóvenes, ahora tienen casi el mismo rango que yo… ¿Qué están haciendo?— Ellos dijeron: —Saludar, señor.— Él dijo:
—¡Muy bien!— Se paró en firmes y los tres saludaron. Dijo, riendo:
—¡Jajaja! Pueden descansar…— Volteó a vernos y saludó:
—Sus eminencias…— Ambas saludamos con una cortesía. Él continuó:
—Nuevamente he venido a abusar de su hospitalidad.— El mozo se paró a mi lado y me dijo en un tono discreto:
—Mi lady. ¿Cenará el capitán con ustedes?
—Así es. Atiéndelo, por favor.— Platicamos con él por horas, sobre lo que haríamos…— Él dijo:
—Al este de la ciudad de Therantos, se encuentra su lugar de origen mi lady. ¿Piensa visitarlo?— «Se refiere al bosque del cual, Ray se inventó mi apellido ficticio…» Contesté: —Tal vez, tiene mucho tiempo que no estoy por ahí… ¿Hay alguna novedad de la guerra en ese lugar?
—Ninguna… Solo que los elfos al otro lado del bosque, siguen siendo renuentes de aliarse con el reino vecino para combatir a los virzuk… Alegan que no interferirán entre peleas de humanos… ¡Jajaja! Alegan que los virzuk son tan humanos como nosotros… ¡Jajaja!— «Y tienen razón…» Le dije:
—En cuanto a los prisioneros virzuk del campamento…— Él me interrumpió y dijo:
—Sí, lo sé… La señorita Desner, ya me lo dijo. Haré todo lo que esté en mis manos para que se les trate con respeto y podamos obtener algo de información de ellos.— Le agradecí y nos dijo, mientras nos veía fijamente:
—Tengo algo más de información… Pienso que algo raro está pasando en el reino de Montloarc… Las fuerzas virzuk lo han estado sitiando por más de ocho meses… Y dicen las malas lenguas, que hay una bruja virzuk al mando de las tropas invasoras… Es el reino vecino a los elfos, al suroeste de Veranda…— Todos nos quedamos viendo… «¡Una bruja virzuk…!»
—Tal vez después de visitar Therantos, sería un buen lugar para echar un vistazo…
—Así lo pensé, por eso creí correcto pasarles la información… Aunque… ¡Jajaja! Dudo que estén en aprietos. Después de todo, el reino de Montloarc es un aliado innegable del reino de Kharsten, estoy seguro de que su majestad la reina Lenor, jamás dejaría que el rey Alons, cayera en desgracia.— «…» «Otra vez esos nombres… Lenor… Kharsten… ¿Qué significan para mí? No los recuerdo de nada… Más que de los libros de historia y geografía… Entonces. ¿Por qué…?» Después de un rato nos despedimos del capitán, ya era de noche. Salimos a despedirlo. Los muchachos saludaron y él lo hizo también. Dijo:
—Mucha suerte, jóvenes. Estaré al tanto de sus proezas. No duden buscar al gremio o si les incomoda, directamente a mí. Con gusto los ayudaré en lo que pueda… ¡Aah! Cierto… Mosier y Forthand, sus pagas se empiezan a acumular en mi bóveda. Aquí las tienen…— Sacó cuatro bolsas llenas de monedas y dijo:
—Acéptenlas con confianza… De lo contrario, yo me las gastaré en licor y tabaco… ¡Jajaja! Supongo que teniendo que ser guardas de tan hermosas señoritas, tienen gastos importantes. ¡Jajaja!— Se vieron el uno al otro y las aceptaron. El capitán dijo:
—Buenas noches.— Y comenzó a caminar rumbo al castillo.
Regresamos a la mesa a repasar el plan… Serían ocho días, viajando nuevamente por la costa en dirección norte, antes de llegar a Therantos. Todos nos vimos a los ojos, recordando ya nuestras pasadas aventuras y animados, estuvimos de acuerdo. El mozo se retiró, pero antes, le di las gracias por todo lo que había hecho por nosotros y le di un pequeño saquito, con diez monedas de oro dentro. Él me dijo:
—Gracias, mi lady. Sí alguna vez, ustedes piensan radicar aquí o cerca de aquí. Mi familia y yo, estaríamos gustosos de servirles como se lo merecen.
—Gracias. Por ahora no pensamos residir en un lugar en específico, pero lo tendré en cuenta. Gracias por todo, otra vez.— Se marchó y unos cuantos minutos después, tocaron a la puerta…
Yo era la más cercana, así que decidí ir a ver de que se trataba. Abrí… Era Ana. Tenía los ojos rojos e hinchados de tanto llorar… Me dijo:
—Arlinne… Podrían salir, Ray y tú, un momento… Espero me perdones.— «Otra vez eso…» —¿Qué fue lo que pasó…?
—Le conté todo a Mira… Se enojó y quiere hablar con Ray…— Sentí que me daban ganas de vomitar… «¡No negaré a Ana… No soy una cobarde!» Le dije, sonriendo:
—Está bien, dame un segundo, ya vamos…
Fui a hablar con Ray, que estaba platicando con Grand en la mesa. Le dije:
—Ray… ¿Puedes venir un momento, necesito hablar contigo en privado?— Él me volteó a ver y de reojo vio a Ana, cerca del umbral de la puerta…
—Seguro. Tardaré un rato, Grand… En un rato abriremos las botellas, ¿está bien?— Grand dijo:
—Claro. Tómate tu tiempo.— Le iba a comenzar a explicar y cuando abrí la boca, él me dijo:
—Ya sé lo que pasa, peque. Tranquila. Reconforta a Analena. Por favor.
—Pero, ¿cómo…?— Me dijo, riendo:
—¿Crees que acabo de conocer a Miranda? ¡Jajaja! He pasado mucho más tiempo con ella, que contigo… Sé de qué pie cojea y no es la primera vez que por alguna razón, termino en uno de los extremos de sus líos de faldas. Ya platicaremos nosotros por la noche. Por lo mientras, haz lo que te digo.
—Sip.— Salimos ambos… Miranda se veía molesta… No, más que molesta… Frustrada. No me saludó. Ella iba a empezar a hablar, pero Ray la jaló del brazo diciendo:
—Sí, Miranda. Todo lo que quieras, pero acá. Donde se pueda tranquilizar un poco tu pareja.— Se alejaron algunos metros de nosotras. Ana me abrazó y comenzó a llorar otra vez, diciendo:
—Lo siento… No pude hacerlo. Se lo dije y pasó lo que pensé… Me dio una regañada y dijo que quería hablar con Ray para que estuviera al tanto de la situación.— Le dije, confiada: —No pasa nada, amor. Todo estará bien, vas a ver.— La abracé también, para reconfortarla. Le dije:
—Creo que al final, no pudimos guardar el secreto… ¡Jijiji!
—Lo siento, me prometí… Que no abandonaría a Mira, por nada del mundo, pero tampoco te negaría ante nadie.
Paso un rato… Miranda se veía furiosa, mientras platicaba con Ray. Él fumaba un cigarrillo poniéndole atención… Ana dijo:
—Te metí en un problema…
—Nada de eso. Ray es un hombre único, ya lo verás.— Se me quedó viendo y dijo:
—¿Puede haber hombres así?
—Yo también lo dudé… Pero por algo te dije, que antes muerta que dejarlo… Todo va a estar bien, amor.— Ella volvió a sonreír. Después de un rato, ellos se acercaron a nosotras… Ahora la que lloraba era Miranda. Ray aclaró su voz y dijo:
—Arlinne… ¿Quieres huir con Analena?
—No. La quiero, pero nunca haríamos algo así, ninguna de las dos… Porque los queremos más a ustedes.— Él volvió a preguntar:
—Analena. ¿Quieres huir con Arlinne?— Ella contestó:
—¡No! Exactamente como dijo ella… ¡Lo siento, Mira, no te quise lastimar…! Es solo que me moría de ganas por probar… Y Arlinne… Es tan linda y pues…— Ray hizo una seña para que Ana guardara silencio y volteó a ver a Miranda, con una mirada estricta. Miranda solo hundía su rostro en el piso y Ray dijo:
—Ahí lo tienes. No se trata de que yo sea un alcahuete… ¿Qué podía pasar? Ambas son unas niñas, con un corazón muy puro… Arlinne nunca en su vida había vivido su sexualidad como un chico y Analena, jamás en su vida había podido estar con uno… ¿Qué otra cosa, podías esperar? A ellas aún les cuesta mucho esfuerzo, ejercer su sexualidad sin desbordar sus sentimientos directos de su corazón…— Miranda secó sus lágrimas y dijo:
—Lo siento, Ana. ¿Por qué no me lo dijiste? ¿No me tienes confianza?— Ana contestó:
—Todo lo contrario… Te tengo mucha, por eso es que al final te lo he dicho… Pero no lo hice antes, porque a veces eres un poco irracional…— Miranda dijo:
—Discúlpenme ambas… Tomatito… Me siento mal por creer que habías sonsacado a Ana.— «¡Sonsacar a Ana? Sí prácticamente, fue todo lo contrario…» Les dije:
—Perdónenos a nosotras, pero… Tampoco la voy a negar… ¡Te amo Ray, pero a ella la amo también un poquito!— Ana dijo casi al instante:
—Yo siento, exactamente lo mismo.— Ray rio a carcajadas y dijo:
—¡Jajaja! ¡Lo ves! No hay ningún problema…— Miranda se lanzó a los brazos de Ray… Él volteó a verme y yo asentí. Él, la reconfortó…— Miranda dijo, entre sollozos:
—¡Discúlpame, Ray! ¿En qué parte del camino me perdí…?— Ray dijo:
—En ninguno… Siempre ha sido así tu carácter. Cuando estés más tranquila, verás las cosas de mejor manera. Yo sé que tú también quieres mucho a Analena, de otra manera, no hubieras venido a hacer este berrinche. Cálmate… Ya deja de llorar.— Él secó sus lágrimas… Miranda se tranquilizó y Ray acarició la cabeza de Ana y la mía. Dijo:
—Jueguen limpio… ¿Está bien?— Nosotras asentimos, como dos niñas que les hace un cariño su padre y él agregó:
—Vamos, Miranda. Te llevaré a casa… Deja que los novios se despidan como debe de ser.— Ambos se fueron caminando calle abajo…
Analena me dijo, maravillada:
—¡Arlinne, increíble! ¡Tienes un hombre maravilloso! ¡Con razón, lo amas como lo haces!— Me sentía orgullosa de Ray y tan feliz de que fuera mi pareja. Ella agregó:
—Creo que en el fondo… Ellos también, se aman un poquito. Como nosotras lo hacemos.— «¡Eh? ¡Gulp!» Se me fue la sangre de la cabeza al oír eso… Ella dijo:
—¿Tienes cara para reclamarles, sí ahorita en la casa, se desfogan el uno al otro?— «¡Queee…?» Le dije cabizbaja:
—La verdad… No.— Ella rio traviesamente y me abrazó…
—¡Jijiji! Quita esa cara… Es una suposición.— La abracé, lo más pegada a mi corazón que pude… Ella se sonrojó y escondió su rostro en mi pecho jugando… Así pasamos largo rato, solo sonriéndonos la una a la otra y dándonos un besito de piquito de vez en cuando. Ray regresó y dijo:
—Pórtense bien. Estaré tomando unos tragos, Arlinne. No se queden demasiado tiempo afuera o se resfriarán.
—No, amor. La acompañaré a su casa y regreso. Ya vuelvo.
Llegamos hasta su casa y dijo:
—Gracias por todo, Arlinne. Ahora solo tengo que hacer las pases con Mira… Será una noche ajetreada. ¡Jijiji! Te lo voy a volver a decir… Cuídate mucho, por favor. Pero mucho, mucho… Nunca exageres, sí sientes que ya no puedes, descansa y tómatelo con calma. Te estaré llamando con mi magia de vez en cuando… Espero que no haya problema…
—Ninguno. Llama cuando quieras.— Le sonreí como una tonta y nos dimos un beso muy profundo.
—Mañana estaremos ahí para despedirlos… ¡Mmmh! Sé que es una tontería, pero igual te lo diré… Hablaba en serio, cuando te decía que quiero que tú me hagas un hijo… Yo sé que va en contra de todo lo que sientes… Pero piensa, que de una forma u otra, estaremos completando nuestras carencias juntas.— «¡Otra vez eso? ¡Va en serio…?» Le dije, un poco exaltada:
—Lo sé… Pero no es lo que busco por ahora…— Agregué, bromeando:
—Sí en una de esas me agarras borrachita, puede que te salgas con la tuya… ¡Jijiji!— Ella rio y dijo:
—Debes de cuidar eso… Bebes como un marinero, para ser una linda señorita.— Reí junto con ella, poniendo mi mano detrás de mi cabeza. Nos despedimos de otro largo beso y regresé a casa dando saltos… Mi corazón estaba más libre que nunca.
A partir de ese día, mis celos se curaron por completo. Aprendí que en el amor, uno no puede poseer a las personas que se aman… Lo único que poseemos es su cariño, que nos entregan y que tenemos que cuidar como sí fuera un lindo tesoro, para nunca alejarlas de nuestro lado. Era raro, pero me sentía como uno de esos mundos que nos había enseñado el maestro… Sentía que Ray era mi sol, mi todo. Que me iluminaba y me daba su amor y Ana era como la luna… Que me acompañaba durante la oscuridad y me daba tranquilidad en mi descanso… «¡Que inmensamente afortunada soy!»
Regresé a casa… Lianne ya no estaba despierta, solo estaban Ray y Grand, jugando naipes y bebiendo. Ray dijo:
—Arlinne, ven. Siéntate con nosotros.— Le sonreí y fui hasta allá. Grand ya me esperaba con un vaso lleno de licor. Les dije:
—¿Cómo se juega esto?— Me enseñaron con paciencia… Parece ser que todos los naipes tenían valores y quien juntara los más altos valores en dos manos, ganaba. Pero se hacían apuestas, usando el subterfugio y el engaño, para hacer creer al oponente que no tenías juego y limpiarlo de su oro… «¡Qué fácil!» Dije:
—¡Déjenme jugar a mí también! Iré por mi oro…— Se vieron el uno al otro y rieron. Ray dijo:
—No te queremos limpiar de tu oro, Arlinne.
—Nada de eso. Solo apostaré poquito. Ya vuelvo…— Abrí mi bolsita, conté veinte monedas y bajé casi de un salto las escaleras… «¡Qué juego tan interesante!»
Empezamos a jugar… Puse una cara completamente plana. Recibí mis naipes, hice la cuenta sin mover la mirada… «45 en 5 cartas, nada mal…» Pensé en las probabilidades de que tuvieran más que yo… «¡Son muy bajas! Para atraerlos me desharé de mis dos cartas más bajas…» Sonreí como una tonta y dije: “2”. Ray nos vio y Grand nos vio… Apostaron. «¡Excelente…!» Hice una mueca y dudando, dije: “Está bien…” Pagué su apuesta y le puse una monedita más… Ellos se vieron, como sí fuera una tonta. Pero no por nada era su líder… «¡Jijiji!» Recibí mis dos cartas… «¡52 En total! ¡Saz!» Hice una cara muy triste… Ray apostó… «¡Perfecto!» Grand se rascó la cabeza… «Lo siento, Grand. No caeré en esa treta…» Dudando mucho, pagó. Yo sonreí y pagué, con una monedita más… Se voltearon a ver el uno al otro y pagaron… «¡Listo!» Dije:
—Tengo esto… ¿Gané…?— Enseñé mi mano… Ambos se molestaron. Les dije:
—Creo que sí, ¿verdad?— Sonreí como una tonta y jalé el oro para mi lado de la mesa.
Seguimos jugando… «50, 61, 49, 53, 60, 70, 48… ¡Qué fácil! ¡Los estoy encuerando…! ¡Jijiji!» Grand dijo:
—No puede ser, no puedo más. Arlinne me acabó…— Yo sonreí y dije:
—Gracias por participar. Este oro ira para el fondo del grupo.— Ray se quedó viéndome, mientras yo sonreía y dijo:
—Espérenme aquí…— Subió las escaleras volando… Grand me sirvió más licor y lo tomé de un trago. Le volví a poner el vaso cerca, lo volvió a llenar. Ray bajó con una pequeña cajita de madera, se sentó y la abrió… Eran unos dados muy bonitos. Me dijo:
—A ver, peque. Vamos a jugar… Un oro por tiro, quien saque más en dos tiradas, gana.— Yo le dije:
—¿Qué hay que hacer…? ¿Solo tirarlos?
—Sí y sumamos los puntitos negros que haya en la cara de hasta arriba…— «¡Qué fácil! Y se ve divertido…»
—Está bien.— Tiramos… Empecé yo… «11, Ray 7». Volvimos a tirar… «10, Ray 3». Le dije: —¿Gané…?
—Así parece ser… A ver, otra vez.— Volvimos a tirar. Está vez, empezó él… «12 tiré yo, 11». Volvimos a tirar. Tiró él… «10, tiré yo, 12». Grand se quedó con los ojos abiertos por completo… Dije:
—¿Volví a ganar…?
—Sí…— Hice una expresión de felicidad y dije:
—Sigamos así chicos y todo el viaje comeremos pollito asado.— Ray dijo:
—No, peque. Es suficiente… Parece ser que tienes una suerte increíblemente emperrada a tu favor… A ver… Solo tíralos, como si jugáramos.
—¡Buuu! Pero así es aburrido… Bueno, solo de muestra…— «10, 9, 11, 10, 12, 12, 12, 12, 12, 12, 10, 12, 12, 12, 11, 10, 12».
—¿Así o más…?— Se veían el uno al otro, como sí no creyeran lo que veían sus ojos y hubieran ya tomado demasiado… Grand rio a carcajadas y dijo:
—¡Jajaja! No teníamos oportunidad desde el principio.— Ray dijo:
—Así parece ser… No has usado hechicería, ¿verdad, peque?
—¡Jajaja! ¡Claro, que no! Ni siquiera sé, si haya algún hechizo que pueda hacer algo así…—
Me dijo:
—Peque… ¿Alguna vez habías jugado antes, a estos juegos o cualquier otro juego de azar en general?
—No… ¿Con quién podría hacerlo…?— Sonreía solo por instinto, el alcohol me había llegado a la cabeza… Seguimos tomando un rato más y después de eso nos fuimos a nuestras habitaciones…
Me preparé para el regaño… Sabía que Ray, era un pan conmigo… Pero aún así, había sido infiel… Me merecía un jalón de orejas. Me senté en la orilla de la cama, con una carita de arrepentimiento… Él no dijo nada… Me dio un beso en la frente y se acostó. Yo le dije:
—¡Qué…? ¿Solo así? ¿No me vas a regañar?
—¿Por qué? No me quitaste mucho oro y nosotros te invitamos a jugar.
—No por eso, bobo. Por ser una sátira y seguir mis instintos, olvidando nuestras promesas y todo eso…
—¿Y las olvidaste?
—¡Nunca!
—¿Entonces? Creo que yo, ya te había dicho que estaba bien desde un principio… ¿A poco crees que no sabía, que esto podía llegar a pasar?— Solo dije, acurrucándome junto a él en la cama:
—Pero… Podrías estar al menos, un poquito celoso…
—¿De una chica…? No. ¡Jajaja! Además, también entiendo que Analena te da una clase de amor que yo no te puedo dar.
—Gracias, mi amor. Prometo avisarte siempre que se me ocurra una bobada como esa…— Él hizo una cara de disgusto y dijo:
—¿No serás un seductor, verdad…? Debes de respetar también a Analena, como lo haces conmigo.
—Sí, obvio. No escogí las palabras adecuadas y también, te tengo que decir una cosa…
—¿De qué se trata?
—He decidido, no ser celosa nunca más… Sí tú por cualquier causa quisieras un poquito de la miel de Miranda… Yo podría hacer mi vista hacia el otro lado, siempre y cuando, no me vayas a botar… Solo no me dejes, ¡sí? ¡Por favor!— Él rio a carcajadas y dijo:
—¡Jajajaja! ¡No te creo nada…! Peque… Eres una boba, estas cosas son muy delicadas… Sí estoy tan tranquilo, es porque Analena es una chica… Sí me hubieras engañado con un hombre… El pobre diablo, ya estaría muerto ahora…— Me quedé helada… Después de decir eso, se volteó al otro lado de la cama… «¿Con qué de eso se trata…?» Le dije, sollozando: —Nunca haría tal cosa. ¡Te lo juro! Nunca pensaría en otro hombre para mí, que no fueras tú.— Él dijo:
—Lo sé… Pensaré lo de Miranda… La verdad, no nos entendemos tan bien, como parece… A ratos, quisiera arrojarla por la ventana… ¡Jajaja! Puedes estar tranquila, no pienso tomar la iniciativa.— Le dije:
—Gracias, amor. Por todo el cariño que me das y la confianza y la tranquilidad y todo, pero todo, todo…— Me quité la ropa y me metí a la cama. Me abrazó… Nos dormimos, el uno abrazado del otro.
Desperté… Ray ya estaba empacando sus cosas… Le dije, balbuceando y tallando mis ojos:
—¿Ya es la hora…?
—Aún es temprano, pero tenemos que conseguir las provisiones y ver que los caballos estén listos.— Le dije muy seriamente:
—¡Ya no quiero que llevemos esas galletas asquerosas, duras y secas! Saben a tierra… ¿No podemos llevar frutas en conserva o algo más rico?
—Eso pesa demasiado, peque. Y al cabo de unos días, te aburrirás igual. Además, son muy dulces, te pudrirán los dientes.
—Difícil decisión… Una cosa me los tirará y la otra me los pudrirá… ¿Y sí pescamos o cazamos? No llevamos prisa. Te quejas de que casi no como… ¡Así menos comeré!— Estaba haciéndole un berrinche de bebé… Continué:
—¡No voy a comer eso…! La carne la paso, pero esas galletas… ¡No! ¡Me rehusó por completo!— Él fue hasta la cama y dijo:
—A ver, bebita… Conseguiremos otra cosa entonces, pero comerás o te obligaré.— Me empezó a pellizcar los cachetes y le dije:
—Otra cosa… ¡Por favor! Son solo ocho días…
—Está bien, en marcha.— Me paré de un salto, corrí a vestirme y le dije:
—Voy, voy…
Salimos todos a la calle y caminamos al palacio. Ray le dio una generosa propina al chico del establo, el chico dijo:
—¡Gracias, señor! Llenaré de agua sus alforjas, sin ningún costo.— Ray volteó a ver a Grand y dijo:
—Está bien. Iremos al pueblo, por provisiones… ¿Un par de horas estará bien?— El chico dijo:
—Sí, empezaré en seguida.
Caminamos hasta el pueblo, donde estaban los comerciantes. Había mucha más gente que antes… Especialmente, muchos más civiles. Parece ser, que se habían empezado a asentar después de saber, que se había acabado el peligro. Caminamos hasta los bienes en general, para comprar la carne seca… Le volví a decir:
—No a las galletas, Ray. Por favor.— Todos se me quedaron viendo y agregué:
—¿A poco, soy la única que no le gustan?— Ellos empezaron a reír y Grand dijo:
—Son asquerosas, Arlinne. Te entiendo, pero es lo más fácil de cargar… Duran mucho y quitan el hambre.
—¡Lo ven! ¿Y sí llevamos solo poquitas y un poco de carne fresca y verduras para los primeros tres días?— Grand volteó a ver a Ray y Él dijo:
—Está bien… Solo, porque Grand sabe cocinar…— Grand comenzó a reír y dijo:
—¡Jajaja! Sí quieren iré a escoger algunas cosas para los primeros días.— Busqué una de las bolsas que tenían dinero de todos y se la lancé. Le dije:
—Sí, por favor.— Grand se puso en marcha y Lianne le dijo:
—Espera, te acompaño.
Nos quedamos, llevando las provisiones que necesitábamos de ahí y salimos. De repente, alguien me cubrió los ojos… Sentí ese aroma, que nunca olvidaría en mi vida y sonreí. Volteé… Eran ellas. Miranda ya se colgaba de los brazos de Ray… «¡Eh!» Mi humor iba a cambiar… Pero simplemente se apagó, cuando Ana me tomó de la mano y dijo:
—Ven para acá, Arlinne. Solo un poquito, para que tengan privacidad…— «¡Privacidad…!» Le dije:
—¡Pero…!
—Nada de peros.— Cuando estuvimos a varios metros de ellos, se me lanzó a los brazos y me empezó a besar… Hice lo mismo, pero no podía quitarle la vista a Ray y Miranda… Nos dimos un largo beso… Y por fin al terminar, le puse un poco de atención… La volteé a ver de los pies a la cabeza… Traía una falda color amarillo, mucho más corta que la mía… Mi corazón se aceleró y sentí que toda la sangre de mi cuerpo, se iba a un solo lugar… Me dijo: —¿Te gusta?— Se dio una vueltecita… Agregó:
—Me la puse para despedirte…— Mis ojos regresaron a Ray y Miranda «¡Pfff! ¡Suéltalo…!» —¡Arlinne…?
—¡Ah! Si, sí… Me encanta…— Ana sonrió tímidamente y me dijo:
—Le dije a Miranda lo que platicamos, de que sí le gustaba Ray y eso… ¿Y qué crees…? La eché a andar… ¡Jijiji! Me dio pena ser solo yo, la que ganaba algo de todo esto y pensé que sería bueno que cuando estuviéramos juntos, Miranda se pudiera quedar con Ray y nosotros dedicarnos a nuestros propios asuntos. ¡Jijiji!— «¡Pfff! ¡Qué hiciste qué…? No te hubieras molestado… Vamos… Respira… Respira… ¡No! No seré celosa… Tengo a Ana y Ray merece también, un poco de acción de la que yo no le puedo dar… Además de un momento de descanso de mis berrinches…» Traté de sonreír y le dije:
—Está bien…— Volteé de reojo… Miranda buscaba los labios de Ray… «¡Pfff! ¡Zorra!» Ana me dijo:
—Ya ni siquiera voltees… También yo siento raro, pero mejor así… Tendremos libertad plena para amarnos, como queramos.— Me tomó la mano y la metió bajo su falda… Yo me sobresalté y me puse de todos los colores… Le dije, nerviosa:
—¡Espera…! ¡Aquí es público y ambas somos chicas! Nos van a ver y nos van a poner a arder en la hoguera por ser unas brujas impúdicas…— Soltó mi mano y comenzó a reír a carcajadas. Dijo:
—¡Jajaja! ¡Qué graciosa eres Arlinne! Me encanta como me haces reír… ¡Jajaja! En un principio me aguantaba la risa, porque me daba pena… Pero ahora no puedo aguantar más, lo siento…— La vi reír con esos ojitos llorosos… Era hermosa. La abracé y le dije:
—Nos tenemos que ir, pero después de visitar Therantos, iremos al reino de Montloarc. Sí están cerca o pueden y quieren, dense una vuelta por ahí… Te daré lo que te mereces por ser tan atrevida y andar con esa falda por la calle.— Le sonreí, atrevidamente y ella se sonrojó… Metió su dedo más pequeño a su boca y me dijo:
—Sí… Creo que merezco un castigo muy fuerte en mi trasero por ser una brujita impúdica… ¡Jajaja!— Volvió a reír a carcajadas, mientras me apretaba abajo de mi propia falda. Como pude me zafé y fui de regreso con Ray, con Ana de la mano… Miranda por fin, se le despegó a Ray, después de estar pegada a él como un mosquito y le dije:
—¿Nos vamos?— Se despidieron… Yo me despedí de Ana ahí, al lado de Ray… Me volvió a decir que debía de cuidarme mucho… Después de un minuto y un último beso, se fueron… Esperamos a que doblaran la esquina y volteamos los dos al lado contrario, respirando aliviados… Ray me dijo:
—Arlinne… ¡En qué diablos me metiste?
—Lo siento… ¿No te interesa? ¿Verdad?
—Mmmh… Haré un esfuerzo…— «¡Sátiro…! Pero es mi sátiro…» Lo abracé muy fuerte… Lianne y Grand, ya nos esperaban sentados bajo un árbol… Me puse de colores otra vez… «Lianne se va a inventar una y mil cosas para burlarse de mí…»
Regresamos por los caballos, cargamos las cosas. Grand le dio otro par de monedas al chiquillo de los establos y partimos… Pronto estábamos saliendo por la muralla donde había estado el asedio, con rumbo al norte, a la ciudad de Therantos. Grand se adelantó para hablar con Ray, yo me atrasé un poco. Lianne me dijo:
—Sabes, renacuajo… No me gusta ser metiche, solo me gusta molestarte, pero esta vez de verdad me dejaste sorprendida… En un principio pensé que tú eras la alcahueta, luego que lo era Ray… Pero al final resultó ser que son tal para cual… ¡Jajaja! ¡Ya ves? Y tú que llorabas y decías que nadie te iba a querer… ¡Jajaja!— Me puse roja y le dije cortante:
—¡Las cosas simplemente pasaron!— Ella rio más fuerte y dijo:
—¡Jajajaja! Al final resultó, que eres como una bella y aromática flor… ¡Qué atrae a todos con su pistilo! ¡Jajajajaja!— Se meaba de la risa… «¡Pfff! ¡Qué vergüenza…!» Le dije molesta:
—Sí, ¿verdad? Ten cuidado de mí… Tal vez enloquezca y te ataque cuando no te des cuenta y te dé también a ti, un buen apretón de tuercas…— Empezó a reír aún más fuerte y dijo: —¡Jajajajaja! Adelante… No me molestaría… Pero estoy casi segura que solo lograrías que te pierda el poco respeto que aún siento por ti… ¡Jajajaja!— «¡Pfff! ¡Qué pesadita!»
—¡Si! ¡Está bien…! Meate de risa a mis costillas, pero vendrá la mía…— Adelanté mi caballo y la dejé ahí… Pero regresé y le dije:
—¿Qué tanto viste?— Se quedó callada por un momento, aguantándose la risa y dijo:
—Todo renacuajo… ¡Jajaja!— «¡Bleeeh!» Me volví a ir hacia adelante… «Ya tengo para rato con Lianne…»
Los primeros tres días, comimos muy rico… Grand preparaba sopa de verduras, pollo y pescado condimentado a las brasas. Estaba ganando un poquito de peso otra vez, cuando terminamos de comer ese día, me acerqué a Lianne y le dije:
—Lianne, nena… ¿Puedes ayudarme con un hechizo, por favor?
—¿Nena…? ¡Jajaja!
—Estoy tratando de ser amable…
—¡Jajaja! Está bien… Ya me he reído mucho de ti en estos días. ¿De qué conjuro se trata?
—Es… El hechizo con el que platicas con las personas a distancia…— Ella me vio a la cara, sonrió y dijo:
—¿Así qué le quieres hablar a tu noviecita?— «Allá vamos otra vez…» Le dije:
—Sí, por favor…
—En realidad es muy sencillo… Como te lo he dicho antes, no conozco tu forma de conjurar, ni sé que podrá pasar por esa mente hueca tuya cuando lo haces… Pero el principio del conjuro, es pensar en la persona con la que quieres platicar y concentrarte en lo que le quieres decir. Empezando con un saludo y unas diez palabras… Es fácil, mira… «¡Lo ves…! Es muy fácil.— La volteé a ver… No movía su boca. Me quedé asombrada y le contesté:
—Ya veo… Lo practicaré en mis ratos de ocio.— Ella dijo, ya moviendo sus labios nuevamente:
—¿Por qué no, ahora?— Me quedé callada por un momento y dijo:
—¡Ah! ¡Jajaja! Ya veo… Te da pena, que escuche las cosas que le quieres decir a tu novia… Está bien, renacuajo. Aunque quieran las personas alrededor, no pueden escucharte… Solo el que responde. Él sí puede ser escuchado.
—¡Oooh! Muchas gracias, hermana…— Sonreí y me fui corriendo a otra parte, mientras ella me veía extrañada… No quería pelear con ella por el momento, mejor así… «Que piense, que ya ha sido demasiado dura conmigo».
Esa noche acampamos tarde… Mañana ya tendríamos que comer esas asquerosas galletas otra vez… «No es cierto… Compré dos frascos de frutas en conserva. Mañana en lugar de galletas, les diré que comamos eso». Ray se iba a quedar a hacer la primer guardia… Saqué mi manta y la puse a su lado y le hice una seña, para que se sentara junto a mí… Se acomodó y me recargué cerca de él… Abrí mi portal, saqué uno de los libros que había traído para el viaje, encendí con mi magia una muy tenue luz para poder leer y no molestar a nadie y me puse a leer. Él acariciaba mi cabeza… Me dijo:
—Peque, ¿cómo estás? ¿Cómo te sientes con el viaje?— Le contesté:
—Bien, amor. Todo, muy bien… Son aventuras y vivencias que permanecerán siempre en mi corazón, sin importar lo que pase.
—Que bueno. Me alegro…— Platicamos un rato más, de bobadas y de las cosas en las que nos habíamos metido juntos. Le dije:
—Ya me dio sueño… ¡Buaa…! ¿Falta mucho, para qué le toque a Grand?
—Sí. Un rato aún.— Le dije, mientras guardaba mi libro y apagaba la luz:
—Me iré a dormir… ¿Vienes en un rato?
—Sí, peque. En un rato más, me recostaré contigo.— Sonreí y le dije:
—Buenas noches…
Pasaron dos días más… Justo tenía otra vez, una de esas asquerosas galletas en mi boca… «¿Cómo terminé, así? Me pregunto, ¿podremos pescar algo para la cena…?» Les dije:
—Ray, Grand… ¿Saben pescar?— Ellos asintieron y Ray dijo:
—Sí, peque… Pero no tenemos equipo, aquí con nosotros para hacerlo…— Grand se quedó pensando por un momento y dijo:
—Podríamos intentarlo con una caña improvisada o con un par de cuchillos, sí hay peces que naden muy cerca de la superficie del agua…— Ray se acarició el mentón y dije:
—¡Por fis…!— Lianne rio y dijo:
—¿La señorita quiere pescado?
—Sí… Y ya no seas fea conmigo… Últimamente, me has dado hasta por debajo de las orejas. Vamos a traer la fiesta en paz un rato, ¿sí, hermanita…?
—Está bien, renacuajo… No te hagas la víctima, te daré un descanso y también se me antoja el pescado.— En cuanto escucho eso, Grand se levantó, para buscar una vara y ponerse a preparar la caña. Lianne dijo:
—No es necesario, Grand. El maestro me dejó encargada, para que le diera un jalón de orejas a Arlinne, cada que no pudiera usar sus talentos en beneficio de todos… Vengan conmigo…— Fuimos hasta unas rocas cercanas a la playa, por donde se metía el agua del mar, formándose una pequeña laguna y dijo:
—Renacuajo… ¿Qué esperas para pescar?— Me quedé viéndola como una tonta… Dijo, cubriéndose el rostro con la mano:
—Solo congela una pequeña parte del agua… ¿Qué más necesitas…?
—¡Aah! ¡Qué tonta, tienes razón! Lo siento, lindos pescaditos… Pero la galleta es horrible, sí estuvieran en mi lugar, lo entenderían y saltarían a mi boca…— Congelé una parte del agua… Lianne le dijo a Grand:
—Grand. ¿Podrías sacar el bloque de hielo del agua? Por favor.— Grand se metió a la laguna y primero empujó el bloque y luego lo cargó hasta la playa. Había de todo… Peces que nos veían asustados, aún vivos e incluso, moluscos y crustáceos… Les dije:
—¡Qué felicidad! ¿Todos se comen…? No quiero terminar con la boca enronchada…— Grand dijo:
—Reconozco a algunos… Sí quieres, solo cocinamos a los que estoy seguro de haberlos visto en el mercado alguna vez…—
—¡Sí! Y dejamos libres a los demás… ¿Puedes hacer una sopa de mariscos? Creo sobró un poco de verdura, ¿no?
—¡Jajaja! Sí. Prepararé todo.— Cenamos muy rico esa noche… Dormí con el estómago lleno, ¡qué alegría!
Al día siguiente… Cabalgábamos en la posición de siempre. Mi ingle, ya no me dolía tanto, se iba acostumbrando a montar a caballo por largos periodos de tiempo. Pronto sería la hora de la comida. Entonces, la vimos… Una caravana. Venía viajando en dirección contraria a nosotros y ocupaban todo el ancho del camino, así que decidimos dejarlos pasar. Nos colocamos a un lado… El conductor de la carreta de hasta adelante, nos agradeció y empezaron a circular… Bajé un momento para descansar las piernas y observé detenidamente la caravana… Llevaban algo en la parte de atrás de las carretas, cubierto por lonas. Parecían jaulas… «Un momento… ¿Jaulas?» Me fijé con mucho cuidado y le hice una seña a Grand y Ray, para que observaran cuidadosamente… Entonces lo vi… Un pie desnudo se asomó por debajo de una de las lonas… Corrí hasta ellos y les dije:
—¡Ya lo pensé dos segundos! Estos son esclavistas y los voy a hacer arder en cenizas… ¿Están conmigo?— Ray dijo:
—¿Estás segura?
—¡Casi, casi, segura! Y ya pensé en las repercusiones y no pienso dejar a ninguno de ellos vivo.— Grand dijo:
—Hay una forma de estar seguros. Estén listos…— Se acercó a una de las carretas y sin hacer revuelo, sujetó la lona, mientras la carreta seguía avanzando… Se descubrió por completo… Venía llena de niños y mujeres…
Saqué mis espadas y corrí lo más rápido posible, para alcanzar la carreta de hasta adelante… Sin miramientos, salté al lugar del conductor y lo empalé con mis dos armas, tomando después las riendas para detenerlas… Oí una voz, que decía:
—¡Nos están atacando! ¡Todos a defender la mercancía!— «¡Mercancía? ¡No llegarás a la noche, perro…!» Después de lo que había visto en Kaspler, jamás permitiría que eso siguiera pasando, sí estaba en mis manos…
Un guerrero con armadura y una enorme maza, llegó hasta mi lugar… Trató de golpearme con ella… Pero solamente me bajé de la carreta saltando y con un giro, lo rebané con mis armas alrededor de su cintura y su cuello… Le escupí a su cuerpo que se derrumbaba, mientras me volteaba a encarar a los demás… Venían dos más hacia mí y cuando vieron lo que hice a su compañero se amedrentaron… Uno de ellos sacó un símbolo y empezó a canalizar… «¡Magia…? ¡Ya verás!» Empecé a canalizar yo también y justo cuando alzó su mano al cielo con el símbolo en ella… Estalló en llamas. El otro me vio asustado… Solo sonreí, pero esta vez llena de ira… Intentó correr, pero mi cadena de relámpagos, le dio en la espalda, atravesándolo por completo y arrojándolo al piso en un espectáculo sangriento… Corrí de vuelta alrededor de la caravana… Estaba en un frenesí, llena de odio e ira. Los hacía pedazos a mi alrededor… Los chicos acabaron con los que tenían de su lado. Yo salté sobre las jaulas y me pasé del otro lado… Tres más, intentaban darse a la fuga… Brinqué frente a ellos, para cerrarles el paso… Estaba poseída. Me dijeron, temerosos:
—¡Los dioses te castigarán por meterte con nosotros, bruja!— Les dije, enfurecida:
—¡Me importan un cobre sus dioses…! ¡Yo los castigaré hoy, aquí y sus dioses no podrán más que voltear a otro lado cuando vean sus restos!— Los tres, alzaron sus símbolos al cielo…
Yo me reí como una loca y canalicé mi hechizo, con el que habíamos derrotado a la salamandra… En vano intentaron terminar sus conjuros… Quedaron completamente congelados… Uno por uno, pasé hasta ellos, viendo mi imagen reflejada, como si fueran un cristal y empecé a decir, mientras los quebraba uno a uno en astillas:
—¡Las personas…! ¡No son…! ¡Mercancías!— Iba a correr al otro lado, para ver si quedaban aún algunos vivos… Pero Ray, me tomó del brazo y dijo:
—¡Peque, es suficiente! Cálmate un poco, todos están muertos…— Respiraba enfurecida, tratando de soltarme y me gritó:
—¡Arlinne! ¡Termino, ya termino, están muertos!— Me calmé un poco y comencé a toser del esfuerzo que había hecho en un par de minutos… Trataba de jalar aire… Ray me abrazó por la parte de atrás y me dijo al oído:
—Ya, ya… Cálmate un poco, respira profundo…— Le dije, cortadamente:
—¡Estoy bien, Ray! Revisen que más traen, además de las personas. Yo iré con Lianne a liberarlos.— Le dije a Lianne:
—¡Me acompañas!— Me veía con miedo y me dijo:
—¿Renacuajo, estás bien?— Por un momento… Al ver su rostro con miedo hacia mí, reaccioné y me tranquilicé otro poquito. Le dije, guardando mis armas en sus fundas, ya con mi voz de siempre:
—Sí… Lo siento. Estoy bien…— Sonreí y fuimos hasta las jaulas… Todos los prisioneros estaban tranquilos… No hacían revuelo. La volteé a ver y dijo, segura de sí misma:
—Están controlados por magia, renacuajo…— Me volvía a llenar de odio… Pero lo supe controlar… Me dijo:
—¿Sabes disipar?
—Muy poquito…
—Pues tendrás que hacer un esfuerzo… Es demasiado, para mi sola, son muchos… Yo empezaré por adelante, tú por las carretas de atrás.— Asentí y así lo hicimos…
Les empecé a quitar los efectos mágicos que los controlaban, pero para cuando acabé con la primer carreta, estaba exhausta… «¡Debe de haber una forma más fácil! De uno en uno, no terminaré nunca… Esto, debo de poder hacerlo en un área frente a mí…» Nunca lo había intentado, pero me concentré y visualicé el área completa, que ocupaba la carreta… Lancé mi conjuro… Funciono. Así fui, carreta por carreta, hasta que alcancé a Lianne, un poco más allá del centro. Me dijo:
—¡No, que muy poquito?— Estaba sudando y pálida, como si en cualquier momento me fuera a desmayar…
Me recargué en su hombro y me ayudó a mantenerme de pie… Todos los prisioneros, ya hacían revuelo. Había familias completas, separadas por vagones. No entendían la situación al principio… Ray llegó hasta nosotras, con varios anillos llenos de llaves y Grand cargaba un enorme cofre color verde, rematado con esmeraldas. Les dije:
—¿Pueden abrir las jaulas? ¿Qué hay en el cofre, Grand?— Grand lo abrió… Estaba lleno de oro y platino. Le dije:
—Sé que es muy difícil contarlo… Pero, pueden abrir las jaulas e irles dando el oro como vayan saliendo, explicando lo que pasó. Primero liberen a los niños y díganles que esperen a fuera a sus padres, que si los reconocen, se acerquen a las carretas donde están ellos…
Empecé a toser nuevamente… Grand y Ray, me hicieron caso. Liberaron a los niños… Muchos lloraban y otros sí entendían la situación… Algunos salieron y buscaron a sus padres en las carretas, otros solo se quedaron dentro llorando. Luego, liberaron a los adultos, que a estas alturas ya entendían la situación… Poco a poco fueron saliendo de las jaulas. Grand y Ray, les iban diciendo que podían huir al bastión que estaba al sur y empezar una nueva vida con el dinero que les iban entregando. Muchos recogieron a sus hijos. Cuando recuperé el aliento, empecé a ayudar y saqué de nuestras propias raciones… Se las entregué a los más maltrechos. También, revisé sí traían agua y con toda mi fuerza, bajé dos barriles de una de las carretas para darles de beber, lo suficiente para que pudieran empezar su travesía. Todos nos agradecían y nos bendecían con dioses que no sabía ni que existían… Se hizo de noche. Afortunadamente no quedó ningún niño sin recoger… El cofre del dinero se había acabado, igual el agua y nuestras raciones, pero habíamos terminado.
Todos estábamos cansados… Le dije a Ray:
—Lo siento, amor. ¿Puedes revisar a estos desgraciados y sacar de su asqueroso cadáver cualquier cosa que nos pueda ser útil o de valor?— Fui hasta Grand y le dije:
—Grand, sé que estás cansado, pero… ¿Me podrías ayudar a sacar las carretas del camino y arrojarlas al mar?— Él me dijo:
—Es demasiado, Arlinne… No soy tan fuerte.— Lianne se acercó y nos puso un hechizo de fuerza. Le dije:
—No cargándolas. Sé que eso es humanamente imposible. Solo llevémoslas hasta allá con los caballos y ya ahí, soltamos a los caballos y empujamos las carretas al mar.— Él asintió y así lo hicimos. Tardamos bastante y ambos estábamos empapados… Llegó Ray me dio un saco lleno de cosas y dijo:
—Yo tomaré tu lugar aquí. Le dije:
—No… Hay que deshacernos de los cuerpos… Estaba pensando, sí los quemábamos, los arrojamos al mar o simplemente los enterramos…— Él me vio con su rostro desencajado y dijo:
—Solo hay que arrojarlos al mar…
—Está bien…— Terminamos lo de las carretas y nos llevamos los cuerpos a las afueras del camino, a una peña que daba directamente al mar… Quedó completamente limpio, como si nada hubiera pasado ahí, solo uno que otro rastro de sangre en el piso. Les dije: —Cabalguemos un rato para acampar y prepárense, porque si vemos una caravana igual, los voy a decimar a todos de la misma manera…
Cabalgamos un par de horas… Nadie decía absolutamente nada… Nos detuvimos y decidimos acampar al lado contrario de la playa y esconder nuestro campamento, por si nos venían a ajustar las cuentas los amigos de los esclavistas… Les dije, muerta de cansancio:
—Lo siento, pero repartí nuestras raciones y no hemos comido en todo el día…— Jugando, agregué:
—¡Es mi culpa…! Sí muero de inanición, pueden cocinar mi cuerpo y calmar su hambre…— Todos me veían raro… Comencé a reír…
—¡Jijiji! Estoy jugando…— Su semblante cambió y ya un poco más calmados, Lianne dijo: —Ya no te voy a hacer enojar, renacuajo… Te volviste otra persona…— Le dije, seriamente: —¡Ah! Cierto… Tú eras una esclavista de medio tiempo. Entonces, sí tienes de que temer… ¡Jajaja!— Me dijo, enfadada:
—¡No soy esclavista de medio tiempo!
—¡Jijiji! ¡Pasatiempo…?— Me debía muchas… Pero la dejé ir fácil. Fui hasta mi monta y saqué las únicas dos cosas que habían sobrado para comer… Regresé con dos frascos de frutas en almíbar y una bolsa llena de maíz para palomitas… Les dije:
—¿Listos para deleitar su paladar, de increíbles combinaciones de sabores…? ¡Ñam, ñam! ¡Qué rico!— Todos empezaron a reír, ya se veían mucho mejor. Dije, disculpándome: —Siento mucho la forma en que me puse y en lo que nos metí a todos… Pero… ¡No iba a permitir ante mis ojos, que algo así se fuera impune…!— Ellos… Me aplaudieron, me sonrojé y empecé a cocinar las palomitas…
Todos juntaron las cosas y golosinas que traían de comer en sus equipajes personales… Juntamos un festín. Incluso salieron un par de botellas. Destapé una y me la empecé a beber sin respirar… Ray y Grand, me vieron sedientos. Dije:
—Esta es la de Lianne y mía… Tómense la otra.— Lianne me arrancó la botella de las manos y dijo:
—Renacuajo… Te estás acostumbrando a tomar más que ellos. Creo que hoy estarás mejor, si no tomas.— Hice un berrinche, como si a un bebé le arrancaran la mamila… Ray dijo:
—Está bien, tómala. Te la ganaste, pero debes bajarle un poquito…— Sonreí feliz y le saqué la lengua a Lianne, en señal de victoria. Ella dijo:
—La tienes muy consentida, Ray…— Ray, solo se recargó en un árbol a tomarse la otra con Grand.
Revisaba el saco de las pertenencias de los esclavistas… Había muchos colgantes que no tenía ni idea de que podían ser… «¿Usaban estos para conjurar su magia…?» Pregunté:
—¿Alguien sabe que son estos…? Todos son iguales… Pero no siento ningún poder mágico en ellos…— Grand se quedó asombrado y sacó un colgante idéntico de entre sus ropas… Me le quedé viendo a la cara y dijo, riendo:
—¡Jajaja! No soy un esclavista, Arlinne. Cálmate. Este es el símbolo sagrado de la diosa de la justicia.— «¿Diosa de la justicia? ¿Es una diosa malvada? ¿Por qué los esclavistas creerían en la diosa de la justicia…?» Pregunté:
—¿Es una diosa malvada o algo así? ¿La diosa del esclavismo?— Él continuó riendo y dijo: —¡Jajaja! No, Arlinne. Es una diosa bondadosa que ayuda al inocente, castiga al culpable y premia al justo.— «¿Entonces, por qué…?» Todos nos quedamos viendo y Ray dijo:
—Entonces… Casi seguro, esos eran clérigos de la diosa de la justicia. Todos venían equipados como hombres de armas de un templo…— Grand dijo:
—Me temo, que tienes razón… Eso solo puede significar una cosa…— Estaba perdida en la discusión… «¿Qué significa…?» Grand continuó:
—La iglesia de la diosa de la justicia está corrupta… Usan su poder y su influencia para este tipo de cosas turbias, llenándose las bolsas de oro…— Lo entendí de inmediato al escuchar eso y pregunté
—¿No se supone que debe de haber un sumo sacerdote o alguna figura así, a la cabeza de cada iglesia y es el responsable de que este tipo de cosas no suceda?— Grand contestó:
—Así debería de ser… Pero debe de estar corrupto hasta el tuétano como sus seguidores…— Les dije:
—Sería bueno investigar… Y sí no es muy peligroso, intentar que dejaran de hacer este tipo de cosas…— Los tres, me vieron como a un niño que cree en fantasías. Lianne dijo:
—¡Quieres que peleemos contra una iglesia y todos sus seguidores…? ¡Te lo dije Ray, no más alcohol!
—¡No soy boba! Bueno… No tanto. Sé que no tendríamos oportunidad de frente, pero… Solo investiguemos y veamos que encontramos.— Renuentemente, estuvieron de acuerdo.
Estábamos solo a un par de días de la ciudad, pero no teníamos nada que comer… Les dije por la mañana:
—¿Quieren que intentemos pescar otra vez?— Ray me dijo:
—Sí, más al rato.— Yo moría de hambre… Les iba a decir que de una vez, pero después de todo, había sido mi culpa que ya no tuviéramos nada que comer… No dije más, me fui hasta mi caballo y partimos… Se veía todo tan tranquilo… Ray me llamó, adelanté mi caballo y le dije:
—¿Sí?
—¿Tienes alguna idea de como investigaremos…?
—La verdad es que no… ¿No podríamos pagar a algunos informantes o algo así, como hicieron la pasada vez?
—La verdad, la pasada vez tuvimos suerte… Además de que era un poco más fácil, porque en Kaspler todo mundo haría cualquier cosa por unas monedas. Aquí, pienso que los templos se protegen unos a otros, como sí fueran mafias…
—Entonces, tal vez podríamos babosear cerca de los edificios, propiedad del templo de la diosa esa… Y ver que podemos encontrar.
—Eso me parece mejor idea… Aunque tenemos que ser muy cuidadosos. La verdad, estoy seguro, que saben que la caravana fue atacada, pero aún no están seguros de por quien… Es muy probable que en cuanto nos vean metiendo nuestras narices, de inmediato lleguen a una conclusión…
—¿Qué sugieres…?
—Sugiero que hoy volvamos a dormir fuera del camino y que mañana que lleguemos a la ciudad… Desde una distancia prudente, la rodeemos y entremos por la puerta norte.
—Suena bien… ¿Conocen ustedes la ciudad?
—Grand, un poco más que yo… Yo solo he estado aquí un par de veces y como escolta, no me dio tiempo para mucho, durante mis obligaciones.
—Ray… Lamento como siempre ser una molestia, pero no aguanto más, muero de hambre… —¡Jajaja! Estás comiendo mucho más, desde que pasó lo de Analena…— Me avergoncé y pensé no sacar el tema… Él solo rio y dijo:
—¡Jajaja! Tranquila. Solo te estoy haciendo una observación. Imagino que es por que tu sistema está con demasiado trabajo.
—¡Bobo! Ese comentario no ayudó en mucho… Siento que me dijiste, que soy una lujuriosa insaciable y estoy comiendo el doble por eso…
—¡Jajajaja…!— Grand nos interrumpió…
—Muchachos, síganme…— Se desvió por un camino de terracería, al lado del camino. Todos nos detuvimos, se detuvo él también y dijo:
—¿Qué esperan?— Lo seguimos y Ray se adelantó a hablar con él… Fui de metiche. Grand dijo:
—Por aquí, hay un punto de comercio. Hay una hostería bastante grande y almacén general del mismo tamaño y lo mejor es, que no hay ningún religioso, porque ellos básicamente tienen todo gratis en la ciudad. Este punto solo lo visitan comerciantes, aventureros y mercenarios.
Nos detuvimos frente a un par de cabañas, en un claro en medio de la espesura. Era un lugar muy bonito… Inmediatamente me llegó el olor a carne asada. Fui a amarrar mi caballo a uno de los postes frente al edificio y seguí a mi olfato… Veía el humo provenir de un tejaban al lado de la hostería, fui hacia allá… Había un anciano que asaba piezas de carne de res, cerdo y pollo en la parrilla. Me quedé embobada frente a él… Él volteó y dijo:
—Señorita, todo lo que pueda comer por tres platas.— «¡Tres platas…? ¡Claro!» Ya estaba sentada… Los demás llegaron atrás de mí. El anciano vio a Grand y dijo:
—¡Joven…! Me alegro de que nos visite nuevamente, pero para usted el precio son tres oros. Grand dijo:
—¡Jajajaja! Te daré los tres oros, pero por los cuatro de nosotros… ¿Qué dices, anciano? El anciano se quedó viendo a Lianne y a Ray, después me volteó a ver a mí y dijo:
—Está bien, pero pagarán sus bebidas aparte.— Grand asintió… Me puse feliz, habían llegado a un acuerdo y no aguantaba más…
El anciano casi de inmediato, puso un enorme pedazo de carne roja al centro de la mesa, un cuarto de cerdo, y dos pollos… Nos sirvió bebidas que tenían espuma en la parte de arriba… Probé primero la bebida, tenía alcohol… Era amarga, pero extrañamente refrescante. Tomé la mitad de mi vaso y me dispuse a comer. Le pasé un plato, ansiosa a Ray y él me dijo:
—¿De cuál, peque?
—Ya sabes, amor. Pollo y cerdito.— Comía y comía… Estaba todo delicioso. Lianne me veía, sorprendida y yo le dije, con la boca llena:
—¿Qué?
—No lo sé, renacuajo… Ahora, ya también comes como los chicos. Eres una pequeña bomba de tiempo… ¡Jajaja!
—No seas envidiosa… Tengo hambre.— Después de cuatro porciones, quedé casi a reventar. Me sentía tan bien… Les dije:
—¿Podemos pasar la noche aquí…? Por favor. Necesito un baño y quiero dormir en una cama, tapadita… Ya está haciendo frío por las noches…— Los chicos se vieron, el uno al otro y Ray dijo:
—Sí. Todos merecemos un descanso, especialmente por que no tenemos idea, de como nos reciban en la ciudad.
Pagamos y rentamos una cabaña para los cuatro. Todos se fueron a sus habitaciones y yo me metí al baño a hacer mis asuntos y después a darme un rico baño… Terminé y salí. Apenas estaba atardeciendo… Llegué a la cama, Ray estaba recostado. Le dije:
—¿Cuál es tu turno, para el baño?
—El último…
—¡Jijiji! Mala suerte…— Me acosté. Él me preguntó:
—¿De qué se trata lo de Miranda, peque…?
—No lo sé… Cosas de chicas… A Ana se le ocurrió la brillante idea, de encimarte a Miranda, para que ambos nos den más libertad de ser promiscuas…— Empezó a reír y dijo:
—¡Jajaja! Ya veo, peque… ¿Así qué de esa forma, juegas tú…? ¡Jajaja! Cuando te conviene, es cosa de chicas y te incluyes. Y cuando no te conviene, te excluyes… ¡Jajaja!— Le dije, sonriendo:
—Lo siento… Shí.— Me apretó las mejillas, jugando y pregunté:
—Pero… ¿Qué opinas…? Tú no quieres, ¿verdad? No es a fuerza… Al final, yo acepté, porque no tenía cara para decir lo contrario…— Ray dijo:
—Lo aceptaré… Seré honesto. Miranda me gusta, pero no la amo, como te amo a ti.— «¡Gulp! ¡Pfff!»
—Está bien… Solo… Ya sabes nuestras promesas.— Él me dijo:
—Lo mismo va para ti.
—Sí…
—Tengamos cuidado, Arlinne… Las mujeres suelen ser de cuidado en estos temas… Pienso que ya a estas alturas, mejor cuidar de nosotros y no, de lo que puedan sentir ellas… Ellas ya deben de tener algo en mente, para estar tan tranquilas…
—Sí… Lo mismo pienso…
Ray y Grand, se fueron a beber esa noche… Para romper la costumbre, decidí quedarme y solo leer un rato e irme a la cama. Estaba muy cansada, además de verdad tenía que cuidar el alcohol, ya me había acostumbrado a tomar mucho para pesar solo 51 kilos. Lianne estaba conmigo, estudiando algunos hechizos y me preguntó:
—¿Oye, renacuajo…? Tú solías tener muchas pesadillas de chica… Dime. ¿Hay algún remedio para no tenerlas…? ¿O por lo menos, no despertar tan alterado?— Me le quedé viendo y dije:
—¡Jijiji! ¿Por fin, estás enloqueciendo?
—No y por favor, contestame con seriedad…— Me puse seria y le dije:
—¿Quieres hablar de ellas? Ese es el primer paso.
—Pues… No tienen mucho sentido. Lo único que puedo recordar, es que estoy en un campo de batalla y todos los soldados a mi alrededor están muertos… Pero, no solo muertos, sino con un alto grado de descomposición… Como sí hubieran pasado ahí, semanas…
—No te preocupes, la mayoría de mis pesadillas, no tenían, ni tienen sentido. Con el tiempo he entendido que solo son malos sueños…
—¿Tú crees…?— Le contesté:
—Sip. Lo más seguro… ¿Te preocupa algo? Te he visto más de una vez, nerviosa o con miedo en combate. Sí quieres, podemos hablar de eso…
—Lo acepto… Sí, un poco, pero debes de entender, que yo era una hechicera de estudio, no de combate… Y esto, simplemente a veces es demasiado para mí, porque pienso que un error o un segundo que me tarde o no reaccione y será nuestro final…
—Lo sé y te lo agradezco. Al principio, cuando empecé a combatir en serio, también fue muy duro para mí… Tan solo la sangre, los gritos y el esfuerzo en conjunto para sobrevivir, me estresaban demasiado… Vencía a un oponente y sacaba mi espada con mis brazos temblando de entre sus entrañas y huía por ahí a tenderme completamente muerta de cansancio…— Agregué con seguridad:
—Todo va a estar bien. Sí puedo, tengo fuerza y sí sobrepasan a Grand, nunca dejaría que te atacaran directamente.
—Gracias, Arlinne…
—¿Sabes pelear con tu bastón?
—Lo más básico, pero no tengo ni la fuerza, ni la velocidad que tienen ustedes…
—Es obvio… Pero aún así, no lo hagas de menos… Algún día puede salvar tu vida… ¡Buaaa Ya tengo sueño… Buenas noches.— Fui a mi habitación a dormir.
Despertamos y nos pusimos en marcha. «¡Que bien me ha caído este descanso y esa comida!» Por la tarde, estábamos llegando a la ciudad de Therantos… Seguimos la recomendación de Ray y antes de estar a la vista de los guardias de la muralla, rodeamos para llegar por el lado norte. Entramos en la ciudad… No tuvimos ningún problema, solo pagamos el peaje de un oro por persona y declaramos que estábamos ahí, por motivos religiosos. La ciudad era inmensa y bastante pulcra… Había muchos edificios de varias plantas, así como templos y basílicas. Decidimos ir a buscar alojamiento y dejar los caballos para explorar la ciudad a pie.
Dejamos nuestras cosas en un hostal de buena calidad y los caballos en su propio establo. Ray me obligó a ir con toda mi armadura, incluido la tiara, el sobreveste y los guantes que me había regalado Grand. Lo entendía… Ya éramos enemigos de los clérigos de la diosa de la justicia y sí teníamos que salir volando de una escaramuza, mejor estar preparados. Salimos a babosear por las calles… Grand, nos iba explicando más o menos cada edificio de los que conocía… Nunca pensé que existiera el culto a tantos dioses en el mundo… Nunca había visto un solo libro, acerca de alguna religión en particular en la biblioteca del maestro, solo uno que otro de conceptos teocráticos, pero que aburrido, nunca leería algo como eso.
Vi una pequeña capilla, muy reducida y modesta, asentada entre dos lujosos edificios… Le pregunté a Grand:
—Oye, Grand. ¿Esa capilla por qué es tan chiquita y tan pobre a diferencia de los demás templos? ¿A quién veneran en ese lugar?— Él contestó:
—No estoy muy seguro… Solo he oído, que es como para pagar tu tributo a la buena fortuna. Desconozco quien sea el patrono o patrona de dicha creencia.— Me dio muchísima curiosidad y les dije:
—Iré un momento… Quiero verla por dentro, espérenme aquí afuera y sí ven algo sospechoso, me avisan, no tardo.— Ellos asintieron y fui caminando hasta ella…
Entré, todo el lugar estaba rodeado de una niebla espesa, que provenía del piso… «¡Un momento…! Esto me recuerda a algo… ¿Dónde he visto este mismo tipo de niebla…?» Me acerqué al altar, pasando entre las pequeñas bancas, que apenas y se veían entre la niebla. En ese momento… Un hombre de muy baja estatura, con una túnica color verde y blanco me dijo:
—Señorita, buena tarde. ¿Trae alguna causa digna de la atención de la buena fortuna?— «¿Buena fortuna…? ¿Cómo en… Buena suerte? Mmmh. Yo siempre he tenido muy buena suerte…» Recordé algunos de los momentos, que de no ser por ella, seguramente ahora estaría muerta… Como la trampa en la que caí en Tsun, mi encuentro con Ray, el ataque de la salamandra que iba directo a mi cabeza… Un sin fin de cosas… Que nunca pude llegar a entender, sí mi habilidad de verdad había tenido algo que ver o simplemente había sido la casualidad lo que me tenía aquí… Le dije, sonriendo alegremente:
—Me gustaría dejar una limosna… Creo que no necesito más buena suerte de la que tengo, pero me gustaría agradecer la que ya he usado.— Él sonrió de una manera distorsionada y dijo:
—Por este lado señorita… Me alegra encontrar a alguien como usted, que no está llena de presunción y egoísmo, pensando que todos sus logros se los merece, porque usted tiene todo que ver con ellos.— Le dije:
—Interesante lo que me dices…
—La mayoría de las personas, incluso llega a decir que la suerte no existe… Que todo es fruto de nuestros actos, pero la casualidad siempre está ahí… Puede que la oportunidad toque a tu puerta mil veces, pero si uno nunca la abre, sería lo mismo, que sí no existiera… De la misma forma, la desgracia puede estar esperándote en cada esquina, pero si no dejas que te atrape, nunca te alcanzara… La casualidad es diferente para todos señorita, porque depende de nosotros lo que hagamos con ella…
—Entonces… ¿Lo qué me quieres decir, es que la suerte siempre está ahí, solo que es buena o mala, dependiendo de nosotros mismos y lo que buscamos?— Él dijo:
—Muy sabia, señorita… Este es el lugar.— Vi una rejilla metálica, donde se depositaban las monedas. Estaba vaciá… «¡Qué mal…! Y eso que el sacerdote es buen vendedor… Bueno. Una vez en mi vida, no me dañará». Saqué veinte monedas de oro… «La misma suerte me dio estas monedas… ¿Por qué no devolvérselas?» Se las eché, una a una. El sacerdote me veía con ojos desorbitados y dijo:
—Debe usted, estar increíblemente agradecida, señorita… Se lo agradezco de todo corazón, nos ayudará para poder mantener este faro de oportunidad para el laborioso, fortuna para el justo y karma para el culpable.— Me sonrojé un poco y le dije:
—No es para tanto… Me convenciste con todas esas cosas bonitas que dijiste, hasta me enchinaste la piel…— Sonreí honestamente y él me dijo:
—Espere aquí, señorita. Le traeré por lo menos un recuerdo de su visita…— El sacerdote fue hasta el altar y se metió tras de él… Llamó mi atención, una puerta que estaba a su lado… Estaba abierta y daba hacia un callejón… «¿Qué habrá atrás de este edificio…?
Salí por la puerta que daba al callejón, caminé algunos pasos… Entonces lo sentí, alguien me estaba vigilando… Volteé a todos lados, apenas alcancé a reaccionar… Una figura encapuchada se dejó caer sobre mí, desde una azotea, dispuesta a apuñalarme con unas dagas con la hoja hecha de un mineral verdoso… Desenfundé mis espadas y bloqueé su ataque. Forcejeé con él y aprovechando la fuerza de su impulso, me tendí boca arriba en el piso y con mi pierna de apoyo, lo mandé a volar contra una pared… La figura chocó contra la pared, pero casi inmediatamente, volvió a saltar sobre mí… «¡No soy la misma de antes, idiota…!» Me preparé a usar mi técnica de bloqueo y contragolpe con mis armas… La figura nuevamente intentó apuñalarme de arriba hacia abajo, pero atrapé sus armas con la espada de mi mano izquierda y con la derecha lo barrí desde el piso hacia arriba… Le di de lleno… Un chorro de sangre me ensució el rostro y escuché un gemido… «¿El gemido de una chica…?» No la había matado, era resistente… Pero se dolía en el piso por la herida. Le tiré una patada al rostro y la aventé nuevamente contra la pared. La di por vencida y me acerqué a ella para desenmascararla, pero como pudo, saltó a la pared de enfrente y luego hacia otra azotea… Me dispuse a usar mi conjuro de salto y darle caza, pero un mareo repentino, me hizo perder mi balance… Me empecé a sentir muy cansada y mareada… Revisé mi cuerpo por heridas y tenía un ligero rasguño en mi muslo izquierdo. Inmediatamente, llegó a mi mente… «¡Veneno! Estoy en un aprieto… Lo primero, es regresar con los chicos…»
Como pude, salí a la calle del lado que entré al templo… El sacerdote me decía algunas cosas, mientras atravesaba el lugar, pero ya ni siquiera entendía lo que decía… Me estaba concentrando al máximo para no caer ahí en medio de todo… Salí a la calle e hice un esfuerzo monumental para caminar derecha y sonreír. No quería preocuparlos demasiado y causar un alboroto… Llegué hasta ellos. Lianne me dijo:
—Te ves pálida, renacuajo…
—No quiero alarmarlos, pero me intentaron asesinar en un callejón tras el templo…— Ray, inmediatamente volteó y dijo:
—¡Estás bien?
—No… Lo siento. Eso no es todo, además creo que estoy envenenada…— Ya no podía más, Ray me sostuvo en sus brazos. Les dije:
—Tienen que encontrar a un sanador, que me pueda quitar o neutralizar el veneno… Por favor, pregunten al sacerdote del lugar del que acabo de salir…— Solo los oí correr y gritar mi nombre…
Fin del Capítulo 11.
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