Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 12

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Crónicas de lo Improbable I: Físico.
  4. Capítulo 12 - Capítulo 12: Capítulo XII: Justicia.
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 12: Capítulo XII: Justicia.

Capítulo 12.

Estaba como siempre… En la enorme y fina mesa de la sala del consejo principal. Atendiendo los asuntos del templo y la iglesia en general. Uno de mis obispos, me dijo:

—Su santidad, es necesario que pongamos atención al ataque a la caravana de nuestra propiedad. ¡No podemos dejarlo impune, es una afrenta a nuestra hermosa diosa!— Le pregunté:

—¿Qué transportaba dicha caravana?— Se quedó pensando y dudando un instante… Mientras, otro de los obispos contestaba:

—Mercancías, su santidad.— «¿Mercancías? ¿Desde hace cuánto tiempo es así…? ¿Por qué mercancías? No somos comerciantes…» Muy para mi pesar… Yo en el fondo, sabía que dichas mercancías, todas eran malogradas, obtenidas con el chantaje, la promesa de la salvación espiritual y la extorsión… «¡En qué me he convertido…?» Dije con hastío:

—¿Saben quién es el culpable del acto?— Todos se quedaron viendo unos a otros… Hasta que el cardenal Sendius dijo:

—Su santidad, no estamos seguros, pero sospechamos que aventureros…— Dije:

—Hay cientos de aventureros en la ciudad y sus rededores. ¿Algo más en concreto…?— El cardenal dijo, cabizbajo:

—No… Pero hay algo que llama mi atención. Hace unos días, el bastión de Tharosen fue liberado por el gremio del lobo plateado con la ayuda de dos hechiceras y sus caballeros. Mis informantes me dijeron que se dirigían hacia acá… Es mucha casualidad, que simples aventureros, hayan hecho eso con una caravana, tan fuertemente custodiada por los más nobles y valientes de nuestros clérigos…— Yo dije, molesta:

—¿Y se puede saber, por qué nobles personas como esas, que brindaron la paz y la libertad, atacarían la caravana de nuestra diosa?— El cardenal dijo, sin pensarlo dos veces:

—¡Por herejía, su santidad! Puede que sean dos brujas, que buscan manipular la paz de nuestra ciudad para sus fines personales…

—¡Brujas, Sendius? Eso no es más que un cuento de hadas…

—Usted aún es muy joven, su santidad. Hace décadas, la hechicería estaba fuera de control…— Me quedé pensando… «¿Brujas? ¿Herejía…? Aquí no hay mayor hereje que tú, Sendius. ¿Cuántas veces he escuchado rumores de tus ganancias malogradas, de tus conflictos con mujeres y en general de tu comportamiento…? Donde todas las veces he sido una alcahueta, para tus fechorías y para conservar tu reputación…» Dije:

—Está bien… Lo deliberaré en estos días. Busquen pruebas, sí es que quieren culpar a esas hechiceras, porque nuestra diosa no juzga nunca al inocente. Ahora, por favor. Salgan. Necesito estar un momento a solas con nuestra diosa y meditar en lo sucedido.

Todos salieron y por un momento me quité esa horrible venda de mis ojos, que por mi estatuto, me veía obligada a portar. La voz de mi diosa, no la escuchaba más, desde hace mucho tiempo… «¡A quién quiero engañar? Me he vuelto una de ellos… ¡Una criminal, que trafica con la fe y con el usufructo del abuso de la misma…!» Comencé a llorar… «¡Oh! ¡Mi hermosa diosa…! ¡Cuándo llegará, por fin tu juicio hasta mí? No lo soporto más… No tengo redención. Soy la cómplice y testigo de todo esto… Y solo estoy aquí en medio, permitiendo que siga pasando… Sé que nunca más me contestarás, hasta que llegue el momento de arrancar mi corazón de mi pecho, cortar mi cabeza y pesarlos cada uno en tu balanza… Segura estoy, que ni en ese momento, que esté frente a ti, querrás hablar conmigo… Solo mandarás mi alma retorcida, hasta el más oscuro de los avernos…» Lloraba sin consuelo… «¿Cómo empezó a pasar esto…? Siempre fui una niña prodigiosa para el estudio de la religión y debido a eso, junto con mi belleza física, siempre fui la favorita de todos en el templo… Con el tiempo, cuando se dieron cuenta de que era fácil de manipular con elogios y pleitesía, decidieron hacerme suma sacerdotisa… Alegando que era la reencarnación de nuestra diosa… ¡Yo me sentía extasiada, pero en el fondo, solo estaba llenando mi ego de su basura…! ¡Reencarnación de mi diosa…? ¡Eso sí es una herejía!»

Me puse de pie para poder observar por la ventana… «Como quisiera poder dejar todo esto atrás, salir de aquí y de verdad hacer el bien y la voluntad de mi diosa… Defender al inocente, ayudar al justo y castigar al culpable… ¿Pero quién más culpable que yo…? Eso ya está fuera de mi alcance… Me gustaría pensar que mi diosa me va a dar una última oportunidad, pero no tengo ni idea de que hacer… ¡Oh! ¡Mi diosa! ¡Por favor! Háblame, dime algo… Sí quieres que me quite la vida en este momento para reencarnar nuevamente y seguir por el camino correcto, solo dímelo… O dime que me aborreces, que merezco la perdición eterna… O dime lo que sea, pero no me dejes sola…»

*************************

«¿Dónde estoy…? Es como sí volara… Esa colina de ahí, yo la conozco… Ya sé, es la colina que está exactamente frente al bosque de Veranda… ¿Es un sueño…? ¿Estoy delirando por el veneno…?» Me acerqué un poco y me vi a mí misma… Ahí estaba yo, parada, abrazando a Ana… «No alcanzó a escuchar…» Me acerqué un poco más… «Sigo sin poder escuchar, pareciera que… ¿Discutimos? ¿Ana está llorando? Está semi desnuda, solo cubierta con una capa, por encima de su piel… Yo me veo de verdad molesta y Ana llora y llora… ¿Qué es lo que está pasando…? ¿Qué podría hacer yo para que Ana llorara de esa manera? ¿Qué me pudo haber dicho ella para yo estar enojada de esa forma…?»

«Ahora forcejeamos… ¿Qué pasa…? ¿Por qué? Además un poco violento. Ana se está alejando de mí, llorando, caminando hacia atrás… Yo la trato de detener, pero ella no ha visto que está muy cerca del borde de la colina… ¡No! ¡Espera! Sí seguimos así… Ana caerá. ¡Se va a lastimar, ese lugar está muy alto…! ¡Haz algo! ¡Sujétala! ¡No, sujétala! ¡Sujétala, ya…!»

Desperté sobresaltada y sudando… Estaba solo en mi ropa interior y tenía un paño en mi frente… «¿Qué estaba soñando…? No lo puedo recordar… Solo recuerdo que me habían envenenado». Veía a mi alrededor, velas encendidas y la niebla llegaba hasta donde estaba recostada… «¿Qué paso después? Ese sueño… No puedo recordar. Tengo algo entre mis pechos… ¿Qué es…? ¿La moneda de dos caras? ¿Por qué?» Quise hablar y gritar por Ray, pero apenas y escuche mi voz… Lo volví a intentar… Esta vez salió de mi pecho…

—Ray, ¿dónde estás? ¿Qué pasó?— En un segundo, se abrió la puerta y entró Ray corriendo, con el sacerdote de hace un rato, tras de él. Me abrazó muy fuerte contra su pecho y dijo:

—Peque… Dime que ya te sientes mejor…— Ray lloraba… «¿Ray está llorando por mí…?» Me dio muchísima ternura y le dije con mi voz aún muy bajita, tratando de sonreír:

—Estoy bien, amor. Me siento mucho mejor…— El sacerdote se paró a un lado de mi lecho y dijo:

—Ya veo señorita, porque dejó tan gran ofrenda a nuestro señor… Usted posee una suerte divina… Nunca había visto que nadie sobreviviera, más de tres minutos a ese veneno virzuk. Ni siquiera con un conjuro que lo neutralizara… No cabe duda que usted es la elegida de nuestro señor. Cualquiera que sea su obra, debe de estar bendecida para poder sobrevivir a esto.— La cabeza aún me daba vueltas… El sacerdote se paró junto a mí y lanzó un conjuro… Una luz me cubrió por un instante… Le dije:

—¿Qué es eso…?

—Otro conjuro de neutralizar el veneno, es el tercero que uso en usted, señorita… Después de esto y con usted consciente, solo es cosa de minutos para que se sienta como si nada.— Ray me volvió a abrazar y le dije:

—Lo ves… Ya no llores, tienes más de mis berrinches para rato, amorcito… ¡Jijiji!— El sacerdote dijo:

—Caballero, dejemos que descanse unos minutos. En un rato estará como si nada y podrán seguir su camino.— Me puso una manta encima y salieron de la habitación.

Me quedé tratando de recordar, que había soñado… Pero no podía hacerlo. En eso… Escuché una vocecita…

—Amor, Arlinne… ¿Cómo estás?— Era Ana… «No puedo decirle que estoy medio muerta, por un veneno… Solo le causaré una angustia». Traté de aclarar lo más que pude mi voz y dije:

—Bien, amor. Estaba tomando una siesta…

—¡Siesta…? ¿A esta hora? ¿Todo bien…?

—Sip. Es que recién llegamos a la ciudad de Therantos y como estaba cansada por el viaje, decidí tomar un pequeño descanso… ¿Tú cómo estás?— Ella dijo:

—Preocupada, porque no me llamabas… ¿Qué no sabes usar este conjuro?

—La verdad, es que no. Pero ya lo estoy aprendiendo… La trol de Lianne, ya me está ayudando…— Ella empezó a reír…

—¡Jijiji! ¿Trol…? Eres tan graciosa, amor. Siempre me haces reír mucho.

—No te preocupes, estamos bien… Y dile a Miranda que Ray, también lo está…

—Está bien, amor. Te dejo para que sigas con tu siesta y no olvides usar mi regalo que te di, para que recuerdes cuando lo usaste conmigo…— Me puse roja sin querer… «¡Qué clase de comentario es ese…?» Le dije:

—Claro, no te preocupes, así lo haré. Te quiero, cuídense mucho, ustedes también…— Dejé de escucharla… Me sentía mucho mejor. Me puse de pie, busqué mi ropa y me vestí… Guardé todas mis cosas, incluida la moneda de plata.

Abrí la puerta y salí como si nada, diciendo:

—¡Me extrañaron?— Todos se pusieron contentos al verme. Volteé a ver a Lianne y también lloraba… Los abracé a todos y les dije:

—¡Gracias! Sí no hubieran actuado rápido, ahora estaría muerta con espuma en la boca…— Volteé a ver al sacerdote y le dije:

—¿Cuánto se le debe?— Él dijo:

—Nada. La ofrenda que hizo, señorita y la forma en que acaba de sobrevivir, solo pueden significar que usted tiene un destino muy importante que cumplir y que mientras ese destino no se cumpla, la suerte siempre estará de su lado.— Me emocioné por lo que dijo… Pero lo deseché rápidamente… «Son cosas de religión y de fe… Aunque… Después de todo, tal vez sí tenga una poquita de suerte… ¡Jijiji! Sí me hubieran emboscado en cualquier otra parte de la ciudad, tres minutos no hubieran servido para nada y ahora estaría muerta…»

Salimos del lugar, volví a agradecer al sacerdote… Él me entregó un colgante… Era muy lindo, era como una ruedita que tenía diferentes gemas de colores incrustadas a lo largo de su circunferencia… Se veían sencillas, no era nada valioso, pero sí muy bonita… Él me dijo:

—Lleve este colgante, señorita. Es la rueda de la fortuna.

—¿Rueda de la fortuna…?

—Así es. La protegerá de todos aquellos que quieran robarle su destino.— Me la puse, la metí por dentro de mi ropa y salí de ahí, por alguna razón muy contenta.

Una vez fuera, todos me veían… Les dije:

—Bien… Pues, sigamos investigando.— Ray dijo:

—Nada de eso, peque. Vamos a cenar y vas directo a la cama.— Iba a hacer un berrinche, pero mejor hacerles caso… Todos se habían preocupado mucho por mí, lo menos que podía hacer era obedecer. Les dije:

—Está bien… Pero no tengo sueño.— Ray dijo:

—No, nos importa. Igual, por lo menos te recostarás.

—Está bien, está bien…

Llegamos hasta la hostería y empezamos a cenar… Ray dijo:

—¿Recuerdas quién era tu atacante?

—No pude verlo, porque iba cubierto… Pero de dos cosas, estoy segura… La primera es que era una chica y la segunda, que no debía ser muy mayor… No pesaba mucho, era esbelta, lo que me hace pensar que era una jovencita, por el tono de su voz y su peso.— Se vieron entre ellos… Yo mientras, me hundía en un filete… Tenía mucha hambre y no sabía por que… «Últimamente estoy comiendo mucho…» Grand dijo:

—¿Crees que haya sido una sacerdotisa o alguien así…?— Le dije con la boca llena:

—Seguro que no… Era una asesina. A menos que las sacerdotisas de este lugar vayan caminando por la calle con dos enormes dagas de jade y encapuchadas… No creo que sea el caso…— «¡Gulp! ¡Se me atoró…!» Le hacía señas a Ray, para que me pasara un poco de su bebida, mientras él, platicaba con Grand… Lianne me vio y me pasó su bebida. Dijo:

—Come más despacio, renacuajo. Sé que estás comiendo, como si acabaras de renacer, pero al menos mastica las cosas…— Bebí hasta el fondo y por fin pude pasar ese bocado… Dije: —¡Era una virzuk, una mujer virzuk! El sacerdote dijo que se trataba de un veneno virzuk, ¿no? Entonces, estoy casi segura que es así. ¡No me mandaron asesinar por lo que hicimos con la caravana, sino por lo que hicimos en Tharosen!— Ray y Grand, voltearon a todos lados tratando de ver quien estaba cerca de nosotros y sí habían oído lo que había dicho… «¡Uy! Se me salió…» Tapé mi boca… Ray volteó molesto, me pellizcó el brazo y dijo: —Peque…— Dije, bajito:

—Lo siento… Se me chispó.— Pero la hostería estaba casi vacía y agregué:

—No pasa nada, tranquilos… Tendré más cuidado… Pero estoy casi segura que es así… De no ser, porque me descuidé y me rozó con sus dagas, ahora tendríamos muchas respuestas… Ya la había derrotado, donde quiera que esté… Seguro está pasando un mal rato, eso sí es que sigue con vida…— Al decir eso recordé… «¡Cierto!» Busqué un trapo en mi bolsa, lo humedecí un poquito y me limpié la cara. Les dije:

—¡Miren! Incluso su sangre me salpicó en todo el rostro, cuando estoy segura de que le abrí el pecho… Muy por lo menos, se fue con dos costillas rotas y su orgullo partido en dos.— Seguí con mi filete… Ellos seguían platicando bajito… Ordené dos bebidas más, una para Lianne, por la que me tomé y otra para mí. Ella dijo:

—Gracias, renacuajo. Estoy satisfecha. Con verte comer a ti, ha sido más que suficiente… —¡Ah! Bueno. Entonces ya no querrás esto…— Tomé el plato con sus sobras y las pasé frente a mí. Ray dijo:

—No creo que les guste lo que les voy a decir… Pero sería una buena idea, que hoy durmamos todos en la misma habitación.— Se me volvió a atorar… «¡No! Yo quiero estar con mi amorcito a solas, hoy por la noche… Pero… ¿Y sí la siguiente es Lianne…? No me gustaría dejarla sola… Ni modo». Dije:

—Entiendo… Al menos será solo unos días en lo que estamos aquí…— Volteé a ver a Lianne y agregué, sonriendo:

—Podremos compartir la cama, hermanita.— Solo se echó a reír y dijo:

—¡Jajaja! Ya te dije… Ahí tú sabes. No me arriesgaría, sí fuera tú, sí es que quieres mantener la imagen que tengo de ti… ¡Jajajaja!— «¡Buuu! ¡Qué fea…! Sigue con lo mismo».

Pedimos que nos cambiaran las habitaciones… Inventamos que teníamos una junta que planear, porque éramos aventureros… Que no había problema por el dinero, que se podían quedar la diferencia, pero que nos dieran solo una habitación, de preferencia con cuatro camas individuales o por lo menos, una con dos camas grandes… Nos dieron una, con las cuatro camas y baño.

Subimos las escaleras y tomé la cama que estaba pegada a la ventana del lado izquierdo. Puse mis cosas delante de ella, solo me quité el sobreveste, la armadura, la tiara, mi calzado y me metí a la cama… Se veía pulcro el lugar. Apenas anochecía, así que solo me quedé recostada un rato, leyendo. En lo que Ray y Grand, atrancaban la habitación con un par de sillas… Pasamos la noche platicando de que lugares visitaríamos al día siguiente y que trataríamos de buscar… Me dio sueño, guardé mis cosas, les deseé buenas noches, me envolví en las sabanas y cerré mis ojos… Quedé dormida casi al instante.

A la mañana siguiente, me desperté… Todos estaban listos, como siempre… Les dije:

—Denme un momento… Tengo mucha hambre, quiero almorzar.— Corrí al baño a hacer mis necesidades, arreglé mi cabello y me refresqué un poquito… Salí corriendo… Lianne dijo, siendo sarcástica:

—¡Ya tienes hambre?

—¡Buuu! ¡Qué fea! ¿Me estás contando la comida?

«¡Mmmh! ¡Qué rico!» El desayuno eran panqués con miel, huevos revueltos y mucho, pero mucho jugo de naranja… «¡Panqués con miel…! ¡Mis favoritos! ¿Qué me pasa…? No me lleno… ¿Por qué estoy comiendo tanto?» Decidí no comer tanto, no quería engordar… Fue difícil… Pero me moderé un poco… Y después de que todos terminaron de desayunar, salimos a la calle… Anduvimos por algunas de las manzanas aledañas a las propiedades del templo de la diosa de la justicia… El lugar era muy suntuoso, ni un rastro de basura en las calles, los edificios lujosos, terminados en mármol y metales preciosos… Les dije:

—Estos tipos, sí que están forrados de oro…— Nos fijábamos en todo, pero no encontrábamos nada sospechoso, que no fuera su riqueza sin igual…

Después de un rato, paramos por algo para refrescarnos y les dije:

—Aquí no hay nada… Que aburrido. De que están metidos en algo, lo están… Pero de seguro está oculto en otra parte. Es imposible que toda esta riqueza venga, solo de las limosnas de los fieles…— Grand dijo:

—Eso seguro, Arlinne. ¿Pero dónde podría ser?— Contesté, adivinando:

—¿Los muelles? ¿Alguna bodega a las afueras del pueblo? ¿Dentro del mismo templo principal…?— Ellos se me quedaron viendo fijamente y Ray dijo:

—Eso es… Que mejor lugar para esconder sus fechorías, donde saben que nadie tiene jurisdicción, más que ellos mismos.— Grand dijo:

—El problema es que ese sería el lugar más peligroso, porque seguro tienen vigilancia de día y de noche… Y ahí no podríamos pasar desapercibidos.— «¿Cómo podríamos hacer para infiltrarnos ahí dentro? Pero… ¿Y luego? No podríamos pelear con todos… Sería lo mismo que patear la puerta del templo y empezar a luchar a diestra y siniestra…» Dije:

—Creo que al final, no podremos hacer nada… No quiero arriesgarnos a hacer algo así, porque seria declararles la guerra directamente, sí somos descubiertos…— Todos se quedaron pensando… «¡Qué rabia…! Estos malhechores se van a seguir saliendo con la suya».

Caminamos un rato más por la ciudad, tratando de encontrar una solución… «Ya mejor, buscar por un sanador que quiera acompañarnos e irnos de aquí… Este lugar ya me da muy mala espina. Lleno de crimen y corrupción… Tan diferente a Kaspler, pero tan parecidos… Sin mencionar, que ya me han intentado asesinar una vez… No es como que tenga miedo, pero no quiero darles una segunda oportunidad… ¿O solo qué…?» Dije:

—Ya no sé que más podríamos hacer… Más que una sola cosa, pero es igual de descabellada, que patear la puerta del templo y enfrentarlos…— Todos se me quedaron viendo y Lianne dijo:

—Pues, dilo ya, renacuajo. No es como que te vayamos a hacer caso ciegamente…

—¿Y sí, buscáramos una persona dentro del mismo templo, qué estuviera en desacuerdo y enterado de todo lo que pasa? No es, como que todas las personas sean malas en el mundo… Seguro hay alguien dentro, que está ahí, porque de verdad sale de su corazón. Seguro sí ganáramos la confianza de alguien así, nos podría ayudar…— Grand dijo:

—Tu idea, Arlinne. Es muy buena y muy mala a la vez. Es muy buena, porque tiene mucha lógica y sí encontramos a la persona adecuada, podríamos hacer algo con los cabecillas, pero es mala, porque no podemos confiar en nadie… Sí preguntamos, solo nos estaremos poniendo en riesgo.— Grand tenía razón… «¡Pfff! Está bien, mejor ya dejarlo por la paz… No quiero poner en riesgo a mis amigos por algo así… En la noche cuando estemos cenando, sí no hay nada más, les diré que mejor, los días siguientes busquemos por lo que vinimos y nos larguemos de aquí…» Empezamos a caminar rumbo a la hostería…

*************************

«He estado pensando… Creo que es tiempo de dimitir, nada lograré, sí sigo aquí… Lo mejor será marcharme de este lugar y no volver jamás… Pero… Solo estaría huyendo de la misma podredumbre que yo he ayudado a crear… Por más que intentara hacer algo, solo me costaría la vida y de seguro, Sendius ocuparía mi lugar y entonces sí. No habrá nada, ni nadie, que lo pudiera por lo menos, retener un poco de dar rienda suelta a sus impulsos… Que desastre…» Oí que tocaban a la puerta… Suspiré, me puse mi venda nuevamente sobre los ojos y dije:

—Adelante… Era el Abad Mordivant, una de las pocas personas en las que aún podía confiar dentro del templo…

«Como me gustaría que yo pudiera arder en llamas, llevarme conmigo al abismo a Sendius y él pudiera quedarse como sumo sacerdote en mi lugar…» También era el líder de un grupo de clérigos, que formé con la farsa de ser mis guardias personales, pero que en realidad lo hice, para que las personas que aún no estaban sucias con el fango de la corrupción, pudieran estar juntas bajo su mando. Él sabía que Sendius era un profano, un hereje y un criminal, pero lo que no sabía, era que yo lo protegía, ni que yo estaba enterada de todo y solo hacia mi mirada a otro lado…

Él me dijo:

—Su santidad. Traigo información muy importante.— Por un momento, dejé de ser una hipócrita y le dije:

—¡No me digas, es sobre Sendius?— Él me vio, asombrado y dijo:

—¡Sí, su santidad…! ¿Cómo lo sabe…?

—Solo me lo imaginé…

—¡No cabe duda que nuestra diosa comulga con usted…!

—Deja eso, Mordivant… Solo dime que ha hecho esta vez…

—Recuerda la caravana que se perdió, donde iban mercancías de esas, que Sendius y sus seguidores suelen transportar a lo largo de la costa al sur, con dirección a Kaspler, a lo largo de los bosques con rumbo al oeste y también al noreste a las tierras del marqués de Estramberg…— «El marqués de Estramberg… Otra figura publica igual de podrida que Sendius…»

—Sí… ¿Qué hay con eso? ¿Tienes información relevante acerca de ello?

—Sí, su santidad. Toda la información.— «¿De qué se trata esta vez…?» Le dije, apresuradamente:

—¡Entonces, dímelo!— Él se quedó dudando de mí por un momento… Como si no supiera sí confiar o no… Le dije:

—Habla con tranquilidad. Sendius está fuera, lo mandé a unas comitivas a otros templos.— Él aclaró su voz y dijo:

—Su santidad, sabemos que tipo de mercancías llevaban y quien las atacó… Además, todos los hombres que las custodiaban están muertos… Muertos de una forma horrible, sin piedad, ni remordimiento…— Me recorrió un escalofrío por todo mi cuerpo… «¿El juicio de mi diosa por fin ha comenzado…?» Le dije:

—Antes de que me digas a los culpables y los detalles… ¿Dime de qué se trata esta vez, pieles? ¿Oro? ¿Joyas? ¿Prostitutas? ¿Objetos Sagrados…? ¿Cuál de todas…?— Él se quedó en silencio por un instante y dijo:

—Esclavos, su santidad… —Sentí como si me hubieran dado una patada en el estómago… «¡Cómo es posible, Sendius…? ¿Para qué quieres más oro…? ¡Ya lo tienes todo y lo que te falta, no se puede comprar con dinero…!» Me sentí tan mal, que sentí que desfallecía… Toda la sangre de mi cuerpo se me iba a los pies. Mordivant me ayudó, para no caer de la silla… Dije con rabia:

—¡Maldito seas, Sendius! ¡Cómo pudiste…?— Mordivant dijo:

—¿Se encuentra bien, su santidad…?

—No, Mordivant. No estoy bien… Acércame a la ventana, por favor. Necesito aire fresco…

Me acerqué a la ventana, ayudada de Mordivant. Le dije:

—Ahora, dime… ¿Quiénes son las personas, que están haciendo lo que hace mucho debí de hacer yo?

—Son dos hechiceras y sus caballeros… Los mismos que liberaron prácticamente con su solo esfuerzo, el bastión de Tharosen…— «¡Héroes…? Es mi final… De verdad es el juicio de mi diosa…» Le dije, preocupada:

—Continúa…

—Ellos liberaron a los esclavos que Sendius pensaba mercar en Kaspler… Mataron a todos los clérigos y repartieron el oro de Sendius entre todos los liberados… Toda esta información la obtuvimos de los mismos esclavos liberados… Todos hablan proezas de ellos… Como sí fueran un grupo de ángeles justicieros, que bajaron del cielo para aplastar a sus opresores…— Las lágrimas se empezaron a asomar en mis ojos, pero la venda las secaba… «Tengo mucho miedo… ¡Sigo yo…!» Me quedé apabullada… «Pero… Pero… ¡No! Es el momento que he esperado hace mucho… Por fin, mi diosa me está dando la oportunidad, que hace tanto tiempo le pedí…» Tomé de la mano a Mordivant y le dije:

—Por favor, Abad. Cierra la puerta, que nadie nos interrumpa y acércame un par de pergaminos en blanco y tinta.— Él así lo hizo y le dije:

—¿Están estos héroes, aquí en la ciudad…?— Él asintió y agregué:

—¿Cómo se llama su líder?

—Arlinne de Veranda… Alumna del legendario, hechicero azul.— «¡Hechicero azul…? Entonces, no hay duda… Perfecto, no huiré más. Seguramente, una heroína de su calibre, será suficiente para bajar por fin, el puño de mi diosa hasta mí». Comencé a escribir en el pergamino, mientras le decía a Mordivant:

—Necesito que entregues esta carta a la señorita de Veranda y que le digas, que de la más buena voluntad, deseo verla y hablar con ella.

—Entiendo.— Le dije:

—Eso, no es todo. Tus hombres y tú, custodiarán por su seguridad en la ciudad, mientras llega el día de mañana. Fecha en la que los he citado aquí.— Él dijo:

—Muy bien, su santidad. Así será.— Le di la carta, donde la invitaba y le dije:

—Espera, Mordivant. Aún hay más… Esta carta que estoy escribiendo ahora, es mi confesión… Mi confesión, de como fui la cómplice de Sendius, en todas y cada una de sus atrocidades…— Él se me quedó viendo, sin poderlo creer… Y dijo:

—¡Su santidad!

—No te preocupes, estoy condenada… Excepto por lo de los esclavos, de eso no estaba enterada y ojalá, nunca lo hubiera hecho…— Me quedé en silencio, mientras seguía escribiendo y después de un momento incómodo, le dije:

—El día de mañana, hablaré con ellos y les explicaré, que yo soy la culpable junto con Sendius, de todos esos crímenes y los enfrentaré en combate… Pero la verdad, es que serán cinco contra uno… Me encargaré de que Sendius encuentre su final en las llamas del castigo y que al final, con eso yo pueda morir en paz. Para que nuestra diosa, por fin pueda arrancar mis ojos y lanzarme al abismo…— Me quité la venda… Lloraba incontrolablemente… Le dije:

—Mordivant… Quiero que tus hombres se queden custodiando el templo, para que Sendius no pueda recibir ayuda del exterior y una vez que haya acabado todo, muestres mi confesión y estos héroes puedan salir, tranquilamente y sin repercusión alguna por parte de los nuestros…— Él seguía mudo, por todo lo que le decía y continué:

—Por último, algunos detalles… Crema mi cuerpo y lanza mis cenizas al mar, desde la peña sagrada al sur de la ciudad… Yo sé que no lo merezco… Pero espero que con mi último sacrificio, nuestra diosa por lo menos, me sonría una última vez, antes de empujarme delicadamente a la oscuridad… ¡Ah! Y da de comer el cuerpo inerte de Sendius a los perros, por favor… También quiero que después de eso, tomes a los tuyos y te apoyes en ellos, para declararte el nuevo sumo sacerdote de la diosa de la justicia y toda su iglesia en el mundo. Y que castigues a los culpables que aún se encuentren entre nosotros… Detrás de mi confesión te he hecho una lista de todos y cada uno, de los obispos y arzobispos que apoyan y se benefician de Sendius.— Tenía el rostro empapado en lágrimas, pero ya no había marcha atrás… Él también lloraba… Le dije:

—No te mortifiques más, por una pecadora como yo… Solo ve y por favor, sigue mi último comando… Te lo ruego.— Él dijo:

—Así lo haré, su santidad. Ha sido un placer, servir a nuestra diosa junto a usted…— Sonreí y con un cortapapeles, me corté a propósito una herida en la mano… Puse mi sangre voluntariamente sobre la carta de mi confesión y dije:

—Esta es la prueba irrefutable, de que tú no has planeado nada de esto para tu beneficio y que hago esta confesión de voluntad propia.— La terminé sellando con un pequeño conjuro, que me identificaba solo a mí, como la autora de dicha carta… Se la entregué y le dije: —Gracias por todo, Mordivant. Espero nuestra diosa, te sonría de la misma forma que a mí, antes de que me convirtiera en lo que soy ahora… Ahora ve y haz lo que te digo.— Él salió… Me quedé sentada junto a la ventana… «¡Tengo mucho miedo a la muerte…! ¡No quiero morir…! Pero es la única forma… ¡Ya verás Sendius…! Crees que nuestra diosa es ciega y por eso decidiste ponerte lo más cerca de ella, para que no te prestara atención… Pero ella puede vernos siempre, ya lo verás…»

*************************

Estábamos por llegar a la hostería, ya estaba atardeciendo… Al final no encontramos nada. Cuando estuvimos lo suficientemente cerca, vimos que un grupo armado, con armaduras muy similares a los de la caravana, se acercaban de frente a nosotros para cerrarnos el paso, de inmediato les dije:

—¡Prepárense! Nos encargaremos como podamos y huiremos a los caballos…— Todos desenfundaron y Lianne preparó sus conjuros… En eso, uno de ellos gritó:

—¡Espere, su eminencia! No estamos aquí para pelear, solo queremos hablar con usted.— Dudé por un momento y aún lejos de ellos, volteé a ver a Ray. Él me dijo:

—Puede ser una trampa…— No sabía que hacer… Decidí solo gritarles de vuelta:

—Que solo uno de ustedes, se acerque hacia nosotros. Sí intentan algo, creo que ya tienen una idea muy clara de que pasará…— Uno de ellos, con una armadura blanca, dio un paso al frente, habló algo con los demás y camino desarmado, sin miedo, rumbo a nosotros… Les dije a los chicos:

—No guarden sus armas… Sí este esclavista intenta algo, seré la primera en rebanarlo por la mitad.

Se acercó y se presentó…

—Buenas tardes, su eminencia. Soy el abad Demos Mordivant y no venimos a buscar retribución por lo de la caravana, sino todo lo contrario. Por favor, acepte esta carta de su santidad, la suma sacerdotisa de la diosa de la justicia… Léala y de creerlo conveniente, acepte su invitación.— Me tranquilice por un momento… «Así que ya saben lo de la caravana…» Volteé a ver a los chicos y caminé unos pasos hasta él… Tomé la carta, arrebatándosela de la mano y le dije:

—Está bien, la leeremos. Ahora, por favor. Serían tan amables, de quitarse de nuestro camino…— Él hizo una seña y todos sus hombres se hicieron a un lado… Los chicos caminaron tras de mí y nos metimos a la hostería… Enfundamos nuestras armas. Les dije, ya sentados a la mesa:

—¿Qué opinan…?— Ray dijo:

—Lo primero es que leas la carta…

—Sí, ¿verdad…? Vamos a cenar, sí no me apetece lo que dice… La usaré para limpiarme la comida de la boca y mañana saldremos volando de aquí, despachando cuanto esclavista se ponga en nuestro camino.

Terminé de leer la carta y les dije:

—Básicamente… Esta perra quiere que vayamos a platicar con ella y nos agradece que hayamos liberado a los esclavos… Además dice, que nos recompensará…— Grand dijo:

—Suena peligroso… ¿Qué haremos, Arlinne?

—No lo sé…— Ray dijo:

—Es posible, que además de querer eliminarnos, tenga un motivo oculto… Sí quisieran pelea, ya estaríamos en apuros ahora, porque tendríamos que pasar sobre todos los hombres armados de la ciudad, incluidos los clérigos y paladines de otros templos, que no permitirían una transgresión así en la ciudad…— Estiré mis brazos y bostecé… Lianne dijo:

—¿Cómo puedes estar tan tranquila?— «No tengo ni idea de que hacer… Básicamente se reducen a dos, nuestras posibilidades… Ir y enfrentarnos a lo que tengan preparado o salir huyendo de la ciudad cuando no se den cuenta… Es hora de seguir mis instintos». Les dije: —Vayamos…— Todos se me quedaron viendo y dije tranquilamente:

—Sí huimos y nos quieren matar, lo intentarán de todas formas… Sí vamos y es lo mismo, por lo menos tendremos una oportunidad de acabar con los cabecillas.— Grand dijo:

—Muy bien pensado, Arlinne.— Ray asintió y Lianne solo suspiró, mortificada. Les dije: —Iremos, entonces. Pero bajo nuestras propias condiciones. Este es el plan…

Me paré al baño, mientras cenábamos, después de discutir el plan… Noté que había un par de clérigos en la taberna, vigilándonos… Me acerqué a uno, mientras regresaba del baño y le dije abiertamente:

—¿Qué planean, esclavista?— Él solo se me quedó viendo, sorprendido y dijo:

—Nada, su eminencia. Solo tenemos órdenes de velar por su seguridad.— «¿Velar por nuestra seguridad…? ¡Sí, seguro…!» Le dije:

—Bueno… Entonces, hagan bien su trabajo, porque ya han intentado asesinarme una ocasión, en lo que estoy aquí y soy muy pesada a la hora de dormir…

—A sus órdenes, su eminencia.— «¡Baah! Que payaso… Estos sacerdotes corruptos son el tipo de villano, que más odio… El que se esconde como un lobo con piel de oveja para depredar del débil… ¡Como odio a los tipos como estos!» Regresé a la mesa y me preguntaron todos de que había hablado con el clérigo… Les dije:

—Dice… Que están aquí para vigilar nuestra seguridad.— Grand dijo:

—¡Ajá! Eso… O vigilar que no escapemos…

—Sí, pero hoy si le voy a tomar la palabra… Durmamos en habitaciones separadas. Estoy casi segura, que lo que sea que nos espere, será hasta el día de mañana.— Estuvimos de acuerdo y les dije a todos, antes de entrar a nuestras habitaciones:

—Ya saben cual es el plan. Nos vemos para desayunar antes de medio día.— Todos quedamos de acuerdo y entré a mi habitación.

Ray y Grand, revisaron las habitaciones y cuando estuvieron seguros de que no había nada raro en ninguna. Ray regresó y cerramos la puerta. Yo dejé que Ray se encargara de la seguridad y me desnudé por completo. Me metí a darme un baño, cuando salí, Ray ya estaba en la cama. Me sequé con la toalla y me recosté de mi lado, tirando la toalla al piso…

Tenía muchas ganas de estar con Ray en la intimidad… Pero estos idiotas me habían amargado la noche. Solo me quedé pensando… «¿Qué clase de persona es esta sacerdotisa, para permitir este tipo de cosas…? Mmmh… Sí está mintiendo, mañana me encargaré de cortar su cabeza y ponerla en una pica… No se me debe de pasar la mano como la anterior vez, sino, no podremos escapar de este lugar y será nuestra tumba…» Pensaba en todos los detalles… «No conozco mucho la magia de fe, pero sé que es poderosa… ¿Será ella, poderosa…? Supongo que sí, por algo es la suma sacerdotisa…» Ray me abrazó y me dijo:

—Peque… Tenemos cuentas pendientes, ¿estás disponible?— Le dije, torciendo mi boquita:

—Tenía toda la disposición del mundo, antes de encontrar a estos idiotas fuera de la hostería. Pero… Sí tratas de convencerme, puede que llegues a algo…— Sonreí y me empecé a calmar un poco… «Mejor olvidarme y disfrutar un poquito… Además, Ray necesita cariño también… No puedo ignorarlo así…» Me empezó a besar, pero por alguna razón, empezó a besarme desde las plantas de los pies… Inmediatamente me puse dispuesta… «¡Pfff! ¡Qué fácil soy…! Ni siquiera en una zona sensible, con un beso en mis piecitos ya estoy dispuesta a todo… ¡Jijiji!» Le dije:

—Dejame ir por algo a mi bolsa…— Me levanté y fui por el frasquito que me había dado Ana. Lo puse a un lado de la cama y le dije:

—Perdón… Puedes continuar, toda tuya.— Él seguía besándome, subiendo por todo mi cuerpo desde los pies… Me volteó boca abajo y me dio un beso muy profundo en el lugar de nuestras pasiones… Dijo, refiriéndose al frasco:

—¿Qué es eso?

—¡Ah, sí! Toma. Ábrelo y úntalo por ahí donde andas.— Él lo abrió y cuando vio el contenido, entendió instantáneamente. Nos amamos largo rato, hasta que quedamos satisfechos ambos… Apagué la luz, le di un beso y le dije:

—Cuídate mucho mañana.

—Tú también, peque. Por favor.— Apreté su mano y le dije:

—Sip.

A la mañana siguiente nos preparábamos, Ray se estaba dando un baño, mientras yo me vestía… Me asomé por la ventana… Los clérigos se habían ido… «Muy bien, es tiempo. Ya deben de estar ejecutando su propio plan…» La sacerdotisa nos había citado dos horas pasado el medio día, pero decidimos llegar una hora antes. Sí intentaban algo, seguro los encontraríamos aún en las preparaciones y podríamos aprovechar la confusión… Sí de verdad no planeaban nada, no encontraremos nada sospechoso y lo más que puede pasar, es que se molesten, porque llegamos temprano… Me puse todo mi equipo, con mi ropa de color azul.

Bajamos a desayunar, repasamos el plan, sacamos a los caballos del establo y fuimos a dar una vuelta a los puntos que habíamos designado antes de que llegara la hora… Todo en orden. Vi el sol… Se acercaba el momento… «¿Por qué no, comprar un reloj mecánico? Nos serviría para planear mucho mejor este tipo de cosas… El guardabosques me enseñó de manera muy precisa a discernir el tiempo, Ray y Grand, también saben hacerlo y Lianne por alguna razón, siempre sabe la hora exacta… Pero estaría bien de todas formas…» Nos hicimos una seña y sin decir nada, echamos a andar los caballos en dirección del templo principal de la diosa de la justicia… Cuando llegamos, algo muy raro pasaba… No había, ni una alma… «Que extraño…» Me bajé del caballo, revisé por todos lados… Nada. Les dije:

—¿Qué opinan? Esto es sospechoso…— Grand dijo:

—Sí.— Les dije:

—Denme un momento…— Canalicé mi conjuro para saltar y salté la reja… Dentro, tampoco había nadie…

Abrí la reja, solo estaba con un pasador, no tenía candado, ni nada… «Bueno…» Dejé la reja de par en par y dejamos a los caballos ocultos, tras unos árboles… Nos dispusimos a buscar, pero todos los edificios del rededor se veían vacíos a simple vista… No debíamos distraernos y entrar en esos lugares, sería más peligroso… La sacerdotisa, nos había citado en la capilla de la basílica principal. Caminamos en silencio hasta allá y escuchamos voces dentro del lugar… Parecía una discusión… La puerta estaba emparejada. Los vi a todos… Todos estaban listos… En eso, todos escuchamos un grito de dolor… Los volteé a ver, desenfundamos y pateé la puerta…

*************************

Era apenas pasado el medio día… «¿Vendrá a la cita, ese grupo de héroes…? Espero que sí… Le dije a Sendius que quería verlo en la basílica, después del medio día y mandé a todos los demás a unas misivas…» Vi mi reloj de bolsillo, nerviosa… Ese reloj que era el último recuerdo de mi difunto padre… Me lo entregó como regalo al salir del seminario y convertirme en sacerdotisa… Un par de años después, falleció… «Discúlpame, papá… No creo poder verte del otro lado, pero haré que te sientas orgulloso, una última vez…» Ante mis ojos, el reloj se detuvo… «¿Se le acabó la cuerda…? ¡Qué extraño…! Segura estoy que la giré por completo por la mañana…» Giré la cuerda con cuidado… No… Estaba casi al límite… Lo agité suavemente y lo acerqué a mi oído, esperando oír el sonido de su mecanismo… «Se ha descompuesto… ¿Una señal…? Entiendo, mi diosa…» Apreté el reloj entre mis manos, junto a mi pecho y me henchí de determinación… «Le diré a Sendius que de alguna forma, se ha fugado la información y que los héroes vienen en camino a ajustarnos cuentas… Una vez aquí, me encargaré de que no salga vivo…» Sentía aún mucho miedo… «¿Por qué siento este miedo…? Es lo correcto… Pero no quiero morir. Siento que he desperdiciado toda mi vida para este único momento de decisión…» Caminé rumbo a mi destino, sin saber lo equivocada que estaba, de muchas maneras al mismo tiempo…

Llegué hasta la basílica… Estaba entreabierta. Hice una reverencia, ante la imagen de nuestra diosa y me dirigí hasta el altar… Sendius arreglaba algunos arreglos florales… Me dijo cuando estuve cerca:

—Su santidad. Disculpe que haya llegado un poco antes, pero los arreglos de nuestra diosa, siempre son acomodados mal.— «Cualquiera que no te conociera, pensaría que eres justo y bondadoso, un digno siervo de nuestra diosa, pero nada más lejano de la verdad…» Le dije: —Sendius… Te he llamado hasta aquí, porque tengo que hablar contigo…

—En que puedo servirla, su santidad.

—De alguna forma, la información de tus embarques se ha extendido y los aventureros que mencionaste… En realidad, ya esperaban la caravana, para emboscarla…— Él dijo, con la tranquilidad de siempre:

—Ya veo… ¿Eso es lo que quería usted decirme, su santidad?

—¿No te preocupa en lo más mínimo?

—No… Estaba preparado para este momento…— Al terminar de decir eso, chasqueó los dedos y su guardia personal, salió detrás del altar…

—Le ruego, su santidad… No se resista. No haga esto más difícil para mí. La conozco desde que era una niña y verla sufrir por algo que nunca debió haber pasado, me llenará del más profundo dolor.— Le dije, sorprendida:

—¿Hasta este grado has llegado, Sendius? ¿Ahora me amenazarás, físicamente?

—La amenaza está por demás, su santidad. Usted ya ha burlado nuestro pacto, informando de todo esto al abad.

—Mordivant…— Él dijo:

—No se preocupe, su santidad. El abad no me ha informado, nada de esto. Él sigue siendo su perro fiel y por eso también encontrará su destino… Solo digamos, que tengo mis formas de enterarme de las cosas…— «¡Maldito seas, Sendius! Siempre fui, solo una marioneta en tu juego… Nada más que eso…» Él continuó…

—¿Qué necesidad había de esto, su santidad? Pudo haber sido la emperatriz del mundo… Tener todo lo que quisiera, doblegar a todos a sus pies y llenar sus más oscuros deseos. Conmigo de su lado, todo hubiera sido posible… Cuando yo no estuviera más, heredar todo para manejarlo a su antojo y escoger a su sucesor… Como yo lo hice y como lo hubiera hecho usted… Como se ha hecho siempre, desde generaciones atrás.

Me quedé boquiabierta… Todo había estado podrido desde el principio… Solo mis ilusiones de justicia, de una chiquilla, es lo que me había hecho verlo de diferente forma… Comencé a llorar… Él dijo:

—No se preocupe, su santidad. No la haré sufrir. Será limpio y sin dolor… Desafortunadamente, tengo que apresurarme y hacerlo antes de que sus invitados estén aquí.— Le dije:

—¡Eres despreciable, Sendius! ¡No temes a la ira de nuestra diosa?— Él empezó a reír desencajadamente y dijo:

—¡Jajajajaja! ¡Diosa…? ¿Cuál diosa…? ¿Esa estatua de porcelana y esmeraldas que esta subida ahí, por encima del altar? ¡Jajajaja! Eso es solo un adorno, su santidad. Un adorno que nos ha hecho muy ricos y prósperos, durante siglos. ¡Jajajaja!— Continuaba riendo, cada vez más fuerte… Tenía el corazón roto… «¿No existe mi diosa…? ¿Es un invento para que estos bastardos puedan llevar una vida placentera, libando de los demás…?» Busqué en mi corazón… «¡No! ¡Me niego a creerlo! ¡Yo sé que existe! ¡La he escuchado, la he visto en mis sueños…! Es hermosa, con piel blanca como la leche y cabellos rubios… Con una sonrisa cándida, que te arranca el dolor del alma con tan solo verla. ¡No es cierto, lo que este demonio dice! ¡Ella existe y yo se lo voy a demostrar en este momento!» Grité enfurecida:

—¡Basta, demonio! ¡Calla!— Canalicé mi espíritu y numerosos haces de luz, volaron desde mí hasta él, para alcanzarlo junto con sus seguidores… Dos de ellos, cayeron inmediatamente, atravesados por la luz que aún hacía arder sus ropas, alrededor de donde los había atravesado… Pero él, alzó su mano y una barrera lo protegió, desviando mis ataques y quedando ileso… «¡Cómo puede ser…? Se supone que nuestra fe, da poder a nuestra magia… Sendius… ¡Sendius debe de recibir su poder entonces, de un demonio…! ¡Eso debe de ser, mi diosa, nunca daría tal poder a un ser tan repugnante como él!»

Él rio nuevamente y canalizó su espíritu… Sentí como sí una luz, apretara mi pecho… Intentaba moverme, pero no podía… Estaba completamente inmóvil, apenas y podía respirar. Intenté hablar, pero tampoco… Él dijo:

—Su santidad… Lo siento. Es usted muy virtuosa, por eso la escogí entre los miles de niños, que hubieran querido tener su lugar… Es una pena que todo termine así.— Sacó una retorcida daga de entre sus ropas y se acercó hacia mí… Con la punta de la daga, acarició mi piel… «¡Qué asco…! ¡Cómo puede ser…? Al final, voy a morir sin propósito… Creyendo en una institución corrupta…» Él dijo:

—Es de verdad un desperdicio… En fin… Usted disculpe, su santidad. Pero debe de estar muerta, para cuando ellos lleguen aquí… Para poder culparlos con su muerte. No se preocupe, recibirá los más grandes honores en su funeral, para que pueda encontrar la paz eterna con esa estatua que tanto adora.— «No puedo rendirme… No quiero morir…» Hice un esfuerzo y grité… Grité de dolor lo más fuerte que pude… Él solo reía…

En ese momento, oí como se abría la puerta de golpe… Moví mis pupilas… Eran los héroes, estaban aquí… Por solo un momento, sentí como si el tiempo se detuviera… Volví a sentir la calidez de mi diosa en mi cuerpo y la vi frente a mí… No era un sueño… Era real. Las lágrimas ya escurrían, bajo la venda empapada… Le dije en mi mente:

—Lo siento, mi diosa. He sido débil… Es hora de mi juicio, ¿verdad?— Ella negó con la cabeza, pero me sonreía… Se acercó hacia mí, acarició mis mejillas, limpiando mis lágrimas y dijo con esa voz cálida:

—No tengas miedo, Camille. Tu juicio fue hace mucho y resultaste inocente. Es el juicio de ese anciano… Pero yo no seré la juez…

—Entonces… ¿Su veredicto, ya está resuelto?— Ella dijo aún sonriendo:

—No, esa chiquilla lo será.— Señaló a una de las hechiceras… La que había pateado la puerta… Le dije:

—Sí esa es su voluntad, mi señora.— Ella volvió a asentir. La vi partir, mientras me sonreía. El conjuro de Sendius era demasiado, desfallecí…

*************************

Entramos, después de que yo pateara la puerta… Estábamos frente a lo que parecía una enorme sala para una congregación. Frente a nosotros, un altar con una figura femenina, vestida en una toga, sosteniendo en una de sus manos una balanza y en la otra una espada. Cerca del altar, había un par de clérigos, una chica como de la edad de Lianne, vestida igual que la figura del altar y un anciano, con túnicas de color verde… «¿El grito ha sido de la chica…? Lo más seguro…» Me adelanté para quedar frente al anciano y vi dos cuerpos más en el piso y aún en llamas… Estaba enfurecida, igual que cuando ataqué la caravana… Les grité:

—¿Dónde está la suma sacerdotisa? Hemos llegado a su llamado…— El anciano empezó a reír y dijo:

—¡Jajaja! Llegan justo a tiempo… Es ella. Por fin nos dimos cuenta de sus atrocidades y la hemos tenido que arrestar. Se ha resistido, como todo criminal que no está arrepentido de sus actos, pero por fin la pudimos someter.— Pensé por un momento… «Que raro… ¡No me digas!» Le dije, siguiendo su juego:

—Mmmh. Ya veo… Entonces, creo que no somos necesarios aquí.— Él dijo:

—Jejeje… Así es, pero serán recompensados por haber liberado a los esclavos, que esta diablesa, había traficado durante largo tiempo… ¡Jejeje!— Lo vi fijamente a los ojos y vi a la sacerdotisa, que obviamente no se podía mover, ni hablar, ni defender… Me di cuenta, que ella escurría en lágrimas, bajo la venda que tapaba sus ojos… «Alguien que no está arrepentido de nada, nunca se mojaría la cara por completo en lágrimas… ¿Y por qué este bastardo está tan contento…?» Le dije, riendo:

—¡Jajaja…! Buen intento, esclavista. No te sirve más la mujer y ahora, ¿la desecharás? ¡Muere!— Canalicé mi cadena de relámpagos, pero para distraerlo, no lo hice blanco a él, sino a uno de los clérigos, el de su lado derecho… Él instintivamente, se protegió con una barrera que lo cubrió solo a él y el clérigo cayó al piso rodando, después de recibir los impactos. «¡No hay duda! El culpable es él. A una persona buena, no le hubiera costado nada, defender a sus aliados». Les hice una seña a todos…

Grand llegó inmediatamente, a arrollar con su escudo al otro clérigo y el sacerdote empezó a canalizar… Dije:

—¡No lo harás!— Salté sobre él, como un torbellino con mis espadas… Lanzó su conjuro…

Había sido demasiado lenta… Vi una luz que salía de su báculo, pero en eso, se detuvo por completo… Él solo se vio, extrañado y temeroso… Su hechizo había sido contrarrestado por Lianne. Volteé a verla y me cerró un ojito… «¡Bien hecho, hermanita! ¡Ahora es tu turno, esclavista…!» Le lancé un corte con ambas armas, al borde de su cintura… Pero para mi sorpresa, lo pudo bloquear con su báculo y dijo riendo:

—¡Jajaja! Ustedes son solo niños, comparados conmigo.— Me empezó a atacar frenéticamente con su báculo… Para ser un anciano, era bastante fuerte y rápido. Debía concentrarme para que no me sacara de balance… Él me dijo, aún riendo:

—¡Jajaja! Pero sí solo eres una mocosa…— El otro clérigo que impacté, ya se había puesto de pie y venía hacia mí… Pero antes de que llegara, Ray lo recibió y se enfrascó en un combate personal con él…

Me hervía la sangre, pero debía concentrarme… Sí gastaba toda mi fuerza atacando, me cansaría rápidamente y le daría oportunidad de sorprenderme… Aunque no debía darle reposo tampoco, porque sí lo hacía, me iba a cocinar con magia… Estaba en una situación apretada. Solo vi que Lianne, soltó su orbe resplandeciente y chocó de lleno, contra el que peleaba con Grand… Voló la sangre alrededor… «Uff… Uno menos». Grand ya venía a ayudarme… Hice un rostro exagerado y grité:

—¡Grand!— Para distraerlo… Lo hice voltear. «¡Perfecto!» Cuando volteó, lo pateé en su entrepierna, lo más fuerte que pude, mientras nuestras armas, seguían chocando entre ellas…

Lo saqué de balance y Grand aprovechó para arrollarlo y darle un corte en su espalda… El anciano salió volando y chocó contra el altar. El clérigo que peleaba con Ray, se distrajo al ver eso y Ray, lo cortó exactamente en el cuello… Solo se derrumbó tratando de gritar.

Cuando todos pensamos que había acabado… El anciano se paró como si nada, aún riendo, un poco despeinado y con una mancha de sangre en su espalda… Me moví a toda velocidad para rematarlo, pero no solo bloqueó mi ataque, además me contraatacó, pegándome de lleno… Rodé unos metros atrás, me dolió el golpe y me sacó un poco de sangre por la boca… Pero inmediatamente recuperé mi balance y me puse de pie, igual de rápido que caí… Estaba furiosa. Él volvió a reír y dijo:

—No les he dicho, que son solo como niños para mí… ¡Jajaja! A ver… Los reto a que vuelvan a contrarrestar mi conjuro…— Empezó a canalizar… Todo el lugar empezó a temblar, el mismo edificio se movía violentamente y la tierra se empezaba a abrir ante nuestros pies…

Nos movíamos y acomodábamos para no caer… Me tenía que acercar y golpearlo para que dejara de canalizar… Les dije a todos:

—¡Sujétense…!— Desafortunadamente, una grieta atrapó a Grand… Me apresuré a tratar de sujetarlo, pero Ray se me adelantó. Ray me dijo:

—¡Date prisa, Arlinne! Hay que sacarlo de balance para que deje de canalizar. Yo subiré a Grand.— Volteé a ver a Lianne… Pero hacia todo el esfuerzo que podía, para no caer, nunca podría conjurar nada así…

Me arriesgué y empecé a correr saltando… Esquivando las bancas que crujían y se desquebrajaban por la fuerza de su conjuro. Llegué hasta él y lo golpeé lo más fuerte que pude… Pero mis armas solo chocaron contra lo que pareciera ser una barrera física… Él me vio y solo rio descaradamente… «¡Cobarde…!» Su conjuro, además tenía un componente que le daba una barrera… «¡Debo apresurarme o será demasiado tarde…! Sí pudiera canalizar… ¡Ah! ¡Ya sé! ¡Perfecto!» Me moví hasta el lugar más seguro, donde no había grietas. Me paré ahí… También se movía la tierra, pero sería suficiente. Canalicé el conjuro, con el que quité el control mental a los esclavos y me concentré en el área que estaba alrededor de él… Lo hice. Ahora tenía que volver a atacarlo, para ver si había funcionado… Volteé a ver a los chicos… Ray había subido a Grand, pero seguían en apuros, el piso ya estaba en muy mal estado y cada vez temblaba más fuerte, solo era cuestión de tiempo para que el techo se viniera encima de nosotros… Corrí hacia él… Iba a saltar nuevamente para golpearlo, pero por un error, una grieta atrapó mi pie y me hizo caer… Quedé tendida en el piso, sin poderme levantar por la potencia del terremoto…

Empecé a rodar a todos lados, tirada en el piso… Como una patata en una sartén… «¡Debo de ponerme de pie…! ¡Esto va muy mal…!» Y de pronto, como vino, se fue… El terremoto había terminado… Aún mareada, me reincorporé rápidamente para aprovechar la oportunidad, pero cual sería mi sorpresa… La sacerdotisa, estaba a la espalda del anciano, clavándole una retorcida daga en la espalda… Chorros de sangre, escurrían por su toga. Él dijo:

—¡Cómo te atreves, perra?— La golpeó con su báculo… La pobre cayó unos metros lejos de él. Me apresuré en su dirección… Él movió algo en el altar y un pasaje se abrió a un lado… ¡Pensaba escapar! Corrí y corrí, mientras le decía:

—¡Todo terminó! ¡Espero que hayas disfrutado tu vida, abusando de los demás, porque esta se acabó…!

Salté sobre su espalda y le atravesé su cuello con mi espada izquierda… Y con el peso de mi cuerpo, lo hice caer. Él intentaba decir algo y arrastrarse… Pero con mi mano derecha, le di un tajo en el mismo lugar, como sí fueran cuchillo y tenedor… Su cabeza salió volando. Me sentía muerta de cansancio, pero aún no estábamos fuera de peligro… Me puse de pie y mi tobillo se quejó… Me había vuelto a lastimar el tobillo con la grieta y el del mismo lado, que la anterior vez… «¡Pfff! Me duele, pero debo de aguantar…»

Los chicos se estaban reincorporando… Les hice una seña, para que fueran por los caballos y les dije:

—Saldremos por este pasaje. Se ve luz al fondo y se siente aire fresco… Así que lo más probable, es que de a las afueras de la ciudad… Cualquier cosa es mejor, que atravesar la ciudad huyendo.— Grand y Ray, estuvieron de acuerdo y fueron por nuestras montas. Lianne, solo se quedó ahí, recuperando su aliento… Le dije:

—¿Estás bien, hermana?— Ella asintió con su mano y dijo, respirando agitadamente:

—Dame dos minutos…

Me acerqué hasta la sacerdotisa… Estaba consciente. Le arranqué la venda de los ojos y vi su rostro… Tenía cabello rubio, una tez muy blanca, ojos color esmeralda y unas facciones tan finas, como una pequeña muñequita de porcelana… Al verla llorar, mi corazón se empezó a cuartear… «¡No! Lo que han hecho estos perros, no tiene perdón…» La tomé de los cabellos violentamente y le dije:

—¡Muy bien, sacerdotisa…! ¿Qué va a ser?— Ella solo me veía y lloraba, como esperando a que cortara su cuello… Le dije:

—¿Eres muda? ¿No vas a decir nada en tu defensa…?— Seguía callada… Me empecé a desesperar… Por un momento, pensé golpearla, pero la grieta en mi corazón volvió a hacerse más grande… Le dije insistentemente:

—¡Sí no dices nada, creeré que eres igual que este anciano, que te tenía sometida hace un momento…! Pero sé que no es así, porque nos ayudaste y de no ser por ti, probablemente todos estuviéramos muertos… ¡Así que habla…!— Nada… Me calmé un poco y le dije:

—¿Eres una esclavista como los demás?— Empezó a tratar de hablar, pero solo tartamudeaba…

—¡Yo.. Yo… Yo… no… no…!— Lianne ya estaba de pie y cerca de mí. Le volví a decir con paciencia:

—Solo responde con tu cabeza, sí o no, ¿está bien…?— Asintió. Le pregunté:

—¿Eres una esclavista?— Negó moviendo bruscamente su cabeza, sacudiendo las lágrimas que le inundaban el rostro… Me calmé un poco más…

—¿Has cometido crímenes graves?— Ella asintió con la cabeza… Mi corazón estaba a punto de explotar, había estado enojada demasiado tiempo y ver a esta pobre chica así, sin importar lo que haya hecho, partió mi corazón… Solo le pregunté, yo también comenzando a llorar:

—¿Estás arrepentida…?— Ella asintió bruscamente, ambas llorábamos… Le dije:

—¿Quieres una segunda oportunidad…?— Ella asintió, mientras se prendaba de mí, abrazando mis pies…

Llegaron los chicos con los caballos… Todos subieron a ellos y Ray me dijo:

—¿Qué hay con la chica…?

—No quiero matar a nadie más hoy… Parece ser que se dio cuenta por un pelo, que estaba haciendo mal y por eso nos llamó hasta aquí, para que la ayudáramos…— Ella asintió nuevamente, sin soltar mis pies. Ray dijo:

—Entonces, vámonos. Después de esto, mejor no estar por aquí en un tiempo.

—Sí, vámonos.— Iba a subir a mi caballo, pero no me soltaba… Le dije:

—Ya, ya… Todo está bien. Solo no lo vuelvas a hacer… ¿Está bien?— Le sonreí y le cerré un ojito. Me iba a volver a subir al caballo, pero no me dejaba… Todos nos veían… «¡Qué hago? No quiero patearla para que me suelte… Eso es muy feito…» Y pensé algo descabellado, como las cosas que siempre se me ocurrían… Volteé a ver a todos sonriendo y aún con mis ojos mojados, me agaché hasta ella y le dije:

—¿Quieres venir con nosotros y compensar lo que has hecho mal, ayudando a otros?— Ella me volteo a ver, por primera vez con sus ojos brillando de la emoción y asintió… Todos me voltearon a ver y Ray dijo:

—¡Como sea, peque! ¡Pero ya!— Como pude, aún doliéndome de mi tobillo, la ayude a subir a mi caballo, me subí yo también y todos salimos volando de ahí, por el pasaje hacia el exterior.

Cabalgamos hasta el final del túnel, la sacerdotisa me tomaba por la cintura… Era la parte sur de la muralla de la ciudad, exactamente donde daba a la playa. Nos detuvimos un momento, nadie nos seguía… Les dije:

—¿A dónde?— Los chicos se vieron entre ellos y Grand dijo:

—¿Quieren descansar donde lo hicimos hace tres noches?

—¡Sí! ¡Excelente idea! ¡Quiero más de esa carnita asada!— Grand dijo:

—¡Jajaja! Yo también, Arlinne. Sí cabalgamos a todo galope, es probable que estemos ahí antes o al anochecer…

—Pues, en marcha. Ya ahí, pensaremos en nuestro siguiente movimiento y creo que al final, conseguimos por lo que habíamos venido… ¡Jijiji!— Todos me vieron raro, yo solo sonreí, con mi lengua de fuera…

Cabalgamos hasta el anochecer y llegamos hasta el lugar… Lo primero que hicimos, fue rentar una cabaña… La más grande que tuvieran, para alojarnos todos. Fui y dejé a la sacerdotisa en una cama y la tranquilicé… Le dije:

—Vendremos en un rato. Te traeremos algo de comer… ¿Por qué no, duermes un rato? Te ves muy mal. Trata de olvidarte de todo y solo descansa.— Volvió a comenzar a llorar… Le dije, secando sus lágrimas:

—Tranquila… Ya nadie de ese lugar, puede lastimarte… Ahora estás con nosotros y sí tú, así lo quieres, serás nuestra compañera.— Tomó mi mano y empezó a besarla… La arropé en la cama, acomodé su almohada y apagué la luz. Salí en silencio, para que pudiera descansar un poco.

Cojeando, fui con los demás y les dije:

—Vamos por esa deliciosa carnita, antes de que se haga más tarde.— Todos estuvieron de acuerdo. Ya sentados a la mesa, la primera en preguntar fue Lianne, como siempre… —Renacuajo… Y ahora que secuestraste a la suma sacerdotisa del templo, ¿qué haremos?— Bebía la bebida alcohólica con espuma y le contesté aún con restos de ella, en mis labios:

—Yo no secuestré a nadie… No viste que se me pegó como una chinche… ¿Qué querías que hiciera? ¿Qué la pateara y me subiera al caballo?— Ella dijo:

—Era una opción…— Le dije:

—Eres una fea personita… Solo haz de cuenta, que es como lo que te paso a ti, pero el rescate tardó años…— Le sonreí directamente a la cara… Con eso la dejé tranquila. El siguiente fue Ray…

—Peque… Debes de pensar que esto puede traer repercusiones…— Le dije:

—Lo sé… Pero de que serviría que hiciéramos lo correcto, sí solo lo hacemos a medias. Ella quería venir con nosotros… Esperemos a que descanse y se calme un poco… Y que nos diga, que harán en el templo en su ausencia… Sí es demasiado para nosotros, la haremos escribir una carta, diciendo que se fue por su voluntad o en el peor de los casos, la dejamos atrás… Pero no quiero hacerlo, a menos que ella, así lo quiera…— Se quedó tranquilo también… Grand, solo empezó a reír y dijo:

—¡Jajaja! ¡No esperaba menos de ti, Arlinne! ¡Bien hecho!— Los tres estaban calmados… Les dije, metiendo un pedazo de comida a mi boca:

—¡Ese viejo estaba loco, loco…! Como un demonio. ¡Jijiji!— Empecé a reír… Todos se tranquilizaron un poquito más y empezaron a reír… Lianne dijo:

—Sí… Ya te iba a despachar a bastonazos.

—¡Uy! ¡Pegaba re duro! ¡Jajaja!— Comimos y bebimos hasta quedar satisfechos. Al final, antes de partir, pedí para llevar un poco… «No sé que tan hambrienta esté. Pero pienso que con esto es suficiente…»

Regresamos hasta la cabaña… Todos se fueron a sus habitaciones. Le dije a Ray:

—Ve, te alcanzo en un rato. Solo esperaré a que coma, atenderé sus heridas y voy para allá. —Está bien. Prepararé el ungüento.— Cuando dijo eso, me puse de colores… «Ray no me la va a dejar pasar… ¡Ni siquiera después de esto?» Apenada, le dije bajito:

—Está bien…— Él me vio y empezó a reír a carcajadas… Dijo:

—El ungüento para tu pie, peque. ¡Jajajaja!

—¡Aah! Ese ungüento…— Me apené más y aún riendo, dijo:

—¡Jajaja! ¡Cuál ungüento creías?— «¡Él lo sabe…! Pero como es un sátiro, quiere oírlo de mi boca». Le dije un poco molesta:

—¡Cómo haces a una señorita, decir esas cosas…! ¡Te veo en un rato!— Me fui brincando de cojito a la habitación de la sacerdotisa con la comida en las manos.

Entré… Usé mi hechizo de luz. Ella se sobresaltó, pero cuando vio que era yo, reaccionó y se volvió a calmar. Le dije:

—¿Cómo te sientes? ¿Ya puedes hablar?— Ella lo intentó…

—Bi…bi…bi…en…no…

—¿Te ha pasado esto antes?— Ella asintió con la cabeza y me hizo una seña… Como si escribiera algo… «Ah… Quiere algo para escribir y nos podamos entender». Puse la comida sobre la mesa y le dije:

—Espérame tantito, ya vuelvo…— Yo no cargaba pergaminos, así que era hora de ir a la cueva del trol… Toqué a la puerta de Lianne… Ella dijo:

—¿Sí…?

—Soy yo, hermanita. ¿Me puedes prestar un par de pergaminos y tinta?— Salió y dijimos al unísono, yo arremedando:

—¿Y se puede saber, por qué una hechicera como tú, no carga lo más básico?— Me eché a reír y dijo:

—¡Aah? ¡Burlona? Ahora no te presto nada…— La abracé y le dije:

—No hermanita, estoy jugando… Que bonito camisón… Anda, préstamelos.

—¡No seas arrastrada…! Ten… Pero trata de tener tus propias cosas.— Le di las gracias y cerró la puerta en mi cara. Fui de regreso, puse el papel y la tinta en la mesa y subí una pequeña mesa de centro sobre su cama para que pudiera comer y escribir.

Destapé la comida y se la ofrecí, poniéndola en la mesa… Ella la olio y le dije:

—Tendrás que comer con las manos, se me olvidaron los cubiertos… A ver, dame un minuto… Déjame ver, sí hay algo por aquí…— Abrí mi portal y busqué dentro de él… Encontré un tenedor y un cuchillo… Pero no era un cuchillo de mesa… «Mmmh… Servirá». Le dije:

—Deja los voy a lavar…— Los lavé muy bien y regresé… Se los ofrecí, ella empezó a comer… «¡Qué bueno!» Me senté un rato, mi tobillo me estaba matando… Después de un rato, ella terminó, quité la comida que sobró, la envolví y limpié la mesa con un trapo. Le puse el papel, la tinta y una pequeña aguja de metal que servía también para escribir… Ella inmediatamente, se puso en marcha… Escribió y me lo dio para que lo leyera, Decía:

—Me llamo Camille Bontuver. ¿Cómo te llamas?— Le dije, sonriendo:

—Yo me llamo Arlinne, la hechicera enojona, se llama Lianne Sylverlin, su caballero de ella, el sujeto grande, se llama Grand Mosier y mi caballero es Ray Forthand. Mucho gusto, Camille.— Ella tomó el papel nuevamente y escribió… Lo leí…

—De niña era tartamuda, pero lo había superado… Solo que la impresión de hace rato, causo que volviera. Denme unos días, estaré bien, lo siento.— Le dije:

—No te preocupes, todo está bien.— Volvió a escribir, lo leí…

—No soy una esclavista. Lo siento, solo soy cómplice de los crímenes del anciano que mataste en la basílica. Quería al final que él muriera, morir yo también, pero tuve miedo y me arrojé a tus pies.— Le dije:

—Está bien, ya no te preocupes… Al ver tus ojos, me doy cuenta de que solo estabas en una mala posición y todos se aprovecharon de ti…— Ella escribió…

—En parte tienes razón, pero eso no me quita la culpa. ¡Mira!— Se metió la mano entre sus ropas y me extendió una carta… Antes de que yo pudiera leerla, ella escribió otra cosa y me la dio también. Decía…

—Esa es una carta con mi confesión. Hice una copia, por si pasaba algo con la original y la escondí entre mis ropas. No se preocupen, nadie los buscará por lo que hicieron. La gente del templo, ahora sabe lo que el anciano que mataron hizo y que yo debería de estar muerta, pueden estar tranquilos.— Leí su confesión… El anciano loco, se llamaba Sendius y se veía que era toda una fichita… Le dije, sonriendo y emocionada:

—¿Cuándo estés mejor, quieres ser nuestra sanadora…? Es lo que vinimos a buscar a la ciudad, pero nos vimos envueltos en todo esto y ya no pudimos conseguir a nadie…— Ella sonrió y asintió con la cabeza, pero después se entristeció un poco y escribió algo. Lo leí… —Sí quiero, pero no tengo equipo y ni una sola moneda de cobre, conmigo.— Le dije:

—No te preocupes por eso, ya conseguiremos lo que necesites.— Le di un beso en la frente. Ella escribió algo más y lo leí…

—¡Gracias, Arlinne! ¡Me salvaste la vida y mi alma, te estaré eternamente agradecida!— «Un poco dramático, pero está bien… Me imagino como se siente». Le dije:

—Ya no pienses en eso, solo descansa y mañana platicaremos más. Buenas noches.— La arropé, apagué la luz y salí de la habitación.

Brinqué de cojito hasta mi habitación, entre y Ray me dijo:

—Acuéstate, peque. Es hora de tu ungüento.— Metí mi dedo a la boca y le dije con una voz sugestiva:

—¡Ah, sí…?— Él se sonrojó… Me la debía y me eché a reír… Solo me abrazó, me cargó y me acomodó en la cama. Quitó mi bota… Le dije:

—Espera, espera tantito… Duele mucho sí lo manoseas. Mejor lee esto…— Le pasé la carta de confesión, que me había dado Camille… Él la empezó a leer y mientras, le dije:

—Ella me dijo, que nadie nos buscará, que todo mundo espera que esté muerta…— Ray dijo:

—Ese viejo loco… Parece que era un pez gordo.

—¡Te lo dije! Lo supe en cuanto lo vi… Menos mal, no me equivoqué, sino que pena… ¡Jajaja!— Él dijo:

—Sí, hiciste bien. Sacaste lo peor de él, con un par de líneas…— Me acarició la cabeza y me dijo:

—¿Quieres el trapo, para morder?

—No… Ya me acostumbré un poco más a los dolores fuertes… Solo sé cuidadoso, por favor.— Descubrió mi pie, saco mi protector de calzado… Se veía inflamado. Me dolía, pero me aguanté. Él lo revisó… Me dijo:

—Todo está bien, peque. Solo está torcido.— Empezó a sobarme con el ungüento… Yo sentía, como sí me retorcieran las tripas… Por fin terminó y lo empezó a vendar. Después de eso me sané con mi magia… Recordé y le dije:

—Le pregunté a Camille, sí quería ser nuestra sanadora.— Él se quedó sin saber quien y le dije:

—Camille, la sacerdotisa.

—¡Ah! ¿Así se llama?— Asentí con la cabeza y él dijo:

—¿Y qué dijo?— Le dije, emocionada:

—¡Ella dijo, que sí!— Terminé de sanarme… «Espero que para mañana ya esté mejor…» Él me empezó a desnudar y me empecé a ilusionar… Pero me dejó, solo en mis bragas y mi playera y me arropó en la cama… Protestando, le dije:

—¿Y luego…? ¡Eso es todo…?— Él dijo:

—No más ungüentos para ti el día de hoy. Mañana que estés mejor, hablamos…— Inflé mis mejillas, haciendo un puchero… Él solo apagó la luz y se tendió en la cama… «No es justo…»

*************************

Iskiel arrojó sus piezas al piso y gritó:

—¡El dios del embauque ha hecho trampa! ¡Cómo es posible, qué alguien se haya salvado de ese veneno sin intervención divina? ¡Cómo venció a ese demonio en el templo de la diosa de la justicia? ¡Y lo qué es peor, se apropió de la campeona de Themasis! ¡Esto no es más que trampa!— Me molesté un poco, pero dije, conservando la sonrisa en mi rostro, aún más pronunciada por el berrinche de mi adversaria:

—¡No sabemos perder…! ¡Eh, Iskiel? Mi campeona se ha apropiado de la campeona de Themasis por derecho de conquista y ahora su voluntad es la de mi campeona… ¿Alguno de los presentes, piensa que hay algo de malo en eso…?— Todos aplaudieron y vitorearon por Arlinne… Ella se los había ganado a todos y cada uno de ellos, estaban complacidos.

Vetan habló con esa voz grave, que lo hacía pensar que era el líder de todos nosotros…

—Iskiel… No hay nada más que discutir, la campeona de Vryn, es la ganadora indiscutible.— Todos aplaudieron nuevamente y yo hice una reverencia ante ellos. Iskiel, solo se levantó de su lugar, murmurando maldiciones y se marchó… «¡Demasiado para ti, gran espíritu…? ¡Jajaja! Aún no hemos terminado…» Todos se levantaron de sus asientos, pasaron a felicitarme y darme palmadas en la espalda. Todos complacidos por el espectáculo que les había devuelto, aunque sea un poco de sus emociones mortales…

Volteé a ver a Justine… Me esperaba en la esquina del corredor, que iba para sus aposentos… Me hacía una seña con uno de sus dedos, a que la siguiera. Me despedí de todos y fui hasta sus aposentos.

Entré… En el ambiente flotaba un delicado aroma a flores… Ella me esperaba junto a la cama. Me acerqué y le dije:

—Esta era su voluntad, mi diosa… ¿Estás satisfecha…? Es tiempo de cumplir tu promesa…— Ella sonrió y dijo:

—¡Sí, muchas gracias! Te estaré eternamente agradecida a ti y tu campeona y cumpliré mi parte del trato…— Comenzaba a articular, para decirle a donde iríamos en nuestra primera cita, pero ella me interrumpió y dijo:

—Pero… ¿Sabes? Soy una diosa caprichosa… Tendrás que cumplir una condición adicional…— Iba a responderle a eso… Pero, solo dejó caer sus vestiduras al piso y dijo: —Primero, tendrás que amarme con toda la fuerza de ese amor mortal, que dices sentir por mí y juzgaré sí lo merezco…— Nuevamente, me dejó sin palabras… Se lanzó a mis brazos, desnuda y llorando de alegría…

«¡Por fin…!» Lo que siempre había soñado, hace siglos, se había vuelto realidad… La apreté fuerte entre mis brazos… Sentí su delicada y blanca piel… Era tan suave como un paño de seda… Como siempre lo imaginé. No pude hacer, más que dejar salir todos mis sentimientos por ella. Que había guardado todo este tiempo… «¡Bendita seas, Arlinne…! Pero aún no hemos terminado, solo un poco más…» Me hundí en mi idilio, por fin hecho realidad con mi amada Justine… Esa hermosa niña que corría siempre frente a mi casa, rumbo al templo todas las mañanas, cuando éramos jóvenes los dos…

Fin del Capítulo 12.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo