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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - Capítulo 13: Capítulo XIII: Encuentro.
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Capítulo 13: Capítulo XIII: Encuentro.

Capítulo 13.

Desperté… Creo que me pasé durmiendo… Era más de medio día, sané mi tobillo con mi magia. No estaba Ray en la habitación… Recordé… «¡Cierto, Camille! Debo de ir a ver como está y llevarle algo de desayunar. ¡Ya es muy tarde!» Me vestí. Mi tobillo se sentía mucho mejor, pero aún me molestaba un poquito. Salí de la habitación… Ray y Grand, estaban en una mesa en la estancia, viendo un mapa y haciendo anotaciones. Les dije:

—Buenos días…

—Buenos días.

—¿Qué desayunaron? ¿Sobró algo…?— Ray me dijo:

—Comimos para variar, una ensalada de frutas y jugo. Te guardé un poco. Está sobre la barra de la cocina.

—Gracias.— Tomé la comida que había dicho Ray y fui a la habitación de Camille…

Entré, pero cual sería mi sorpresa… Lianne y Camille estaban riendo, platicando como lo habíamos hecho nosotras el día anterior… Lianne dijo:

—Bueno… Renacuajo llegó. Me llevaré los trastos sucios. Espero te mejores rápidamente, Camille.— Camille asintió con la cabeza, mientras sonreía… Yo le dije a Lianne:

—¿Han desayunado ya…?

—Sí… ¡Qué querías? ¿Qué esperáramos dos días en lo que despertabas?— Le dije:

—¡No han pasado dos días!

—Está vez, no… ¡Jajaja!— Camille volvió a reír… Lianne salió de la habitación, mientras yo pensaba… «Menos mal… Lianne solo es grosera conmigo». Me acerqué a su cama, mientras destapaba lo que me habían guardado y empezaba a comerlo. Ella escribía algo y me lo dio. Lo leí…

—¿Por qué, renacuajo?— Le dije:

—¡Aaah! Es una larga historia, pero te contaré la versión corta… Lianne es mayor que yo por unos años y cuando éramos niñas… Me solía frustrar mucho, porque la veía a ella crecer y desarrollarse mucho más rápido que yo… Y una vez dije en una de mis pataletas… ¿Por qué ella, ya era tan hermosa…? Y yo solo era como un renacuajo. De ahí, me tomó la palabra y me llama de esa manera desde entonces…— Camille volvió a reír… Me senté a seguir comiendo y ella volvió a escribir… Me volvió a extender el pergamino, lo leí…

—Ella me estaba contando las aventuras que han vivido juntos.— Le dije:

—¡Ah! ¿Y qué te parece…? ¿Te gustaría vivir más de esas aventuras con nosotros?— Ella volvió a escribir. Lo leí…

—No puedo esperar más, pero supongo que antes, todos deben de descansar lo suficiente. Tú estás mal de tu tobillo.

—No es nada… Estará bien en un rato.— Ella me hizo una seña para que subiera mi pie a la cama… Lo hice, diciendo:

—No te preocupes, no es nada… He estado mucho peor.— Ella me pasó lo que acababa de escribir. Lo leí…

—Nunca más, volverá a ser así.— Empezó a canalizar… Una luz me cegó por completo… Estaba curando mi extremidad. Después de unos segundos, se detuvo… Lo sentía como nuevo. Empecé a dar saltitos, estaba mejor que antes… «¡Sí eso hizo sin poder hablar…! ¿Qué podrá hacer cuando esté recuperada por completo…?» La abracé y le dije:

—¡Gracias!— Ella volvió a escribir en el pergamino…

—No te preocupes. Además, soy enfermera, alquimista y nutrióloga. Lo estudié todo en el templo, antes de convertirme en sacerdotisa. Le dije:

—¡Maravilloso! Todo será de mucha ayuda…— «Creo que entonces… La única inútil en este grupo soy yo…» Cambié el tema…

—¿Cómo sigues de tu voz?— Ella intentó hablar…

—Ya…ca…ca…si…no…— Le dije:

—¿Hay alguna forma en que podamos ayudarte…?— Ella me escribió…

—Sean pacientes. Lo siento mucho. La verdad, de niña me pasaba mucho, especialmente cuando me ponía nerviosa o perdía la confianza.— Le dije:

—Está bien. No te preocupes. Yo creo que pasaremos aquí algunos días, tomate tu tiempo.— Le sonreí y me despedí:

—Me voy para que descanses. Tengo que revisar algunos detalles, acerca del lugar a donde iremos ahora. Regresaré para traerte algo de comer.— Ella me escribió…

—Me gustaría darme un baño. ¿Hay para bañarse en este lugar?— Pensé inmediatamente… «Espero pueda hacerlo sola… No creo ser la persona más adecuada para ayudarla…» Le dije, nerviosa:

—Sí… ¿Necesitas ayuda?— Ella me escribió:

—Estaré bien. No me siento mal, ni nada. Solo necesito relajarme, no es como que necesite estar acostada tampoco, todo el día.

—Lo siento… Tal vez pensé que sí, porque mi primera reacción cuando me siento mal es acostarme y dormir… ¡Jijiji!— Ella escribió:

—No te preocupes, a partir de mañana estaré de pie.— Le dije:

—Está bien. Andaré por aquí para ayudarte en lo que necesites.— Le sonreí, me despedí y le dije que regresaría en un ratito.

«La historia de mi vida… Debo decirle mi situación para que juzgue por sí misma, sí quiere compartir el tiempo con alguien así… ¿Cómo lo tomará…? No creo que lo tome a mal, pero igual pierdo su confianza… Buscaré el momento más adecuado para decirle…»

Regresé con los chicos… Lianne lavaba los trastes… «¡Y eso…? ¡Que se trae entre manos?» Dejé mi plato junto con los demás y me quedé ahí, a ver que grosería me decía o hacía… Tomó el plato, me sonrió y se volteó nuevamente a lo que estaba… «¡Qué está pasando aquí…? ¿Desperté en un universo paralelo? ¿Dónde Lianne es amable y bondadosa?» Inmediatamente corrí hasta Ray… Él me dijo:

—¿Todo bien, peque?— Lo vi directamente a los ojos y me quedé callada… Él dijo:

—¿Sí?— Todo se veía normal. Le dije:

—Nada… Solo desvarié por un segundo. ¿Qué es lo que marcan en el mapa?— Grand dijo: —Estamos marcando una ruta hasta el bosque de Veranda. Como comentaste, que te gustaría que fuéramos a investigar a la frontera oeste de ese lugar.

—Sí… Pero no es la prioridad. Primero me gustaría que trazaran la ruta más cercana, hasta una villa lo más grande posible… Donde de preferencia, haya mucho influjo de aventureros. Me gustaría que consiguiéramos equipo para Camille.— Grand dijo:

—Eso no será problema. Un poco más al norte e igual al oeste, hay una villa como esa. Se llama Verón… Está aquí en el mapa.— Señaló con su dedo… Vi el lugar donde apuntaba… Estaba apenas, a las afueras del bosque por su límite al noreste. Les dije:

—Perfecto, pero como les digo, igual no hay prisa… Quiero que descansemos un tiempo aquí… Tengo un presentimiento, que una vez que lleguemos a Montloarc, no tendremos mucho tiempo de descansar… ¿Están de acuerdo?— Ellos se vieron el uno al otro y Grand dijo:

—¿Cómo estamos con los gastos?

—No se preocupen por eso. La señora salamandra nos dejó pensionados de por vida, siempre y cuando no tengamos gastos suntuosos o innecesarios…— Ray dijo:

—¿Cuánto tiempo crees que sea el correcto?— Les dije:

—Cinco días más… ¿Qué opinan…?— Ellos estuvieron de acuerdo. Les dije:

—Bien… Entonces. Iré a tomar la siesta, con su permiso.— Sonreí y me fui a mi habitación. Ray dijo, mientras yo caminaba:

—Arlinne, ¿era una señora…? ¿La salamandra…?— Le dije, riendo:

—¡Jijiji! No lo sé… Así le digo yo, de cariño. Los veo por la noche.— Me metí a la habitación y me tiré boca abajo en la cama a dormir.

Desperté… Ray estaba a mi lado. Estaba completamente oscuro, se me había pasado la siesta… Bajé de la cama de un salto, pero Ray me alcanzó a tomar de la mano y dijo:

—¿Cuál es la prisa, peque?— Le contesté:

—Se me pasó el tiempo durmiendo y no he llevado de comer a Camille…— Él dijo:

—No te preocupes, ella cenó con nosotros. Grand preparó la cena con cosas que compramos en el almacén de a lado. Te dejamos un poco en el mismo lugar.— Le dije:

—¿Qué hora es…?

—Tal vez, un rato antes de medianoche.— «¡Pfff! Y ya no tengo nada de sueño…» Él me jaló cariñosamente hasta él… «¡Ahora sí! ¿Verdad? Pero que tal ayer… No… Acepta lo que te ofrece…» Me comenzó a besar y le dije:

—Está bien, amor. Pero deja aunque sea, me aseo un poco. Ya regreso…— Él dijo:

—No tardes.

—No lo haré…— Fui al baño y me refresqué un poco. Me miré al espejo y se me volvió a meter en la cabeza… «¿Cómo debo decirle a Camille, algo como lo mío…? Si lo hago casualmente…» Me imaginé la situación y empece a negar… «¡No, así no! Tal vez, por primera vez, Lianne pueda servir de algo y me apoye en ella, cuando esté por ahí… Se ve, que se han hecho amigas… Tal vez será lo mejor». Salí del baño y regresé con Ray a la cama.

Me subí a la cama y me senté sobre él… Eché mi cuerpo hacia al frente para abrazarlo… Nos empezamos a amar, pero él me dijo:

—¿Todo bien, peque? ¿Te preocupa algo?

—Sí…

—¿Qué es?

—¿Cómo debo decirle mi situación a Camille…?— Él me contestó:

—¿Por qué no, solo se lo dices…? No se ve como una persona intransigente o poco tolerante.— Yo le dije:

—Pero es religiosa y tú sabes… Muchos religiosos ven mal estas cosas… Esa es otra de las razones, de porque en mi vida me he acercado a la religión…— Me dijo:

—¿Tienes miedo de que te juzgue?

—Sí… No solo por mi estado, sino también por mis acciones… ¿Qué pensará un religioso de que tengo dos parejas, dos sexos y todo lo que conlleva…? Pensará que soy hipócrita, que mis intereses están corruptos, como yo…— Él solo se empezó a reír a carcajadas… Yo lo vi seriamente en silencio y él dijo:

—No creo que vea nada de eso y no creo que estés corrupta hasta el tuétano… ¡Jajajaja!— Siguió riendo… «¡Pfff! Que forma de matar la pasión…» Me bajé de mi posición… Él vio que se le iba la paloma de las manos y me detuvo… Me dijo:

—Calma, Arlinne. Ven, abrazame.— Yo hice caso, un poco renuente… Él dijo:

—Solo dile y ya. No te justifiques, no es tu culpa el ser así… No me lo tomes a mal, pero pienso que aún sin la magia que cambió tu sexo en tu infancia. Tú estabas destinada desde siempre a ser una linda niña.— «¡Zas! De cualquiera habría soportado escuchar eso, ¿pero de Ray?» Estaba a punto de reventar, hacer un berrinche y dejarlo sin cenar… Pero en el fondo tenía razón… Quien mejor para decírmelo, que el hombre que yo misma había escogido para que estuviera a mi lado… Le dije, apagada de mis emociones:

—Lo sé…— Comencé a llorar… Él me sujetó fuerte en sus brazos y me dijo:

—Tranquila, peque… Haz de cuenta, que a todos los niños al nacer les toca una paleta de caramelo, piña o limón… Por alguna razón, a ti te dieron de las dos.— Ahora la que empecé a reír fui yo… «¡Qué clase de pendejada es esa…? ¡Jajajaja!» Reí a carcajadas, dejando salir todos mis miedos, mientras reía… Sin querer, solo por instinto, había escogido al hombre más maravilloso en el mundo para compartir mis sentimientos con él… Ya compuesta de mi sentir, reí un poco más bajito y le dije:

—¡Jijiji! ¡Listo amorcito…? Para disfrutar de esa dulce piña junto conmigo…— Él dijo:

—No puedo esperar más.— Nos amamos toda la noche, hasta el amanecer…

Pasamos los días, descansando y conviviendo cada vez un poco más con Camille… Hasta que al sexto día… Yo entré a su habitación por la mañana. Lianne estaba ahí, platicando con ella y me di cuenta de algo, que me sorprendió… ¡Camille había recuperado su voz! Ya no tartamudeaba… Su voz era dulce, pero tenía algo gracioso en ella… Sonaba como… Como sí acabara de despertar y hablara aún con sueño. Me alegré y corrí a abrazarla… Ella sonrió y dijo:

—Arlinne, gracias. Ya puedo hablar… Sé que sueno un poco chistoso, pero es lo mejor que puedo hacer por el momento. Tengo que relajarme mucho para evitar tartamudear.— Lianne dijo:

—Te entiendo… Debió de haber sido una impresión muy grande, ver a renacuajo como poseída, jalarte de las greñas, pensando que te cortaría el cuello… ¡Jajajaja!— Camille río discretamente y me dijo:

—¡Jijiji! No es cierto, Arlinne. Tú no tienes nada que ver… Fue el conjunto, todo pasaba muy rápido, aunque debo aceptar que si te veías algo frenética y molesta… ¡Jijiji!— Lianne dijo:

—En conclusión… Sí. ¡Jajajaja!— «Mmmh… Se están riendo a mis costillas… Bueno, está bien. Aprovecharé el momento y le diré lo que pasa con mi cuerpo… ¡No! Nunca más diré con mi cuerpo… Con mi preferencia sexual… O bueno… Sí. Seguiré siendo una cobarde un poco más de tiempo… Seguiré haciéndome una víctima de la desgracia un poquito más…» Le dije:

—Camille… Hay algo muy importante que te tengo que decir… Que no había tenido el valor de decir antes, pero es importante que lo sepas… A lo mejor después de escucharlo, ya no piensas de la misma forma de mí…— Lianne entendió al instante y se paró para marcharse, pero la sujeté del brazo y le dije:

—¡No! Tú te quedas. Ya te reíste a gusto, ahora haz esquina.— Lianne me dijo:

—¿Segura…? No me culpes, sí me vuelvo a reír.— Le dije:

—Está bien… Siempre y cuando me ayudes.— Se devolvió a su asiento. Camille nos veía extrañada y ella misma preguntó:

—¿De qué se trata…? No es algo grave, ¿verdad?— Lianne dijo:

—Es cosa de nada, pero renacuajo es dramática.— Aclaré mi voz y le dije:

—Camille… De alguna manera, yo nací como un varón, pero cuando era muy joven aún, un conjuro cambio mi sexo y soy lo que ves ahora… No es, como que me haya transformado por completo… Haz de cuenta, que lo que hizo, fue que yo dejara de madurar como un niño y empezara a madurar como una niña, dejando todo lo que ya estaba en su lugar…— Camille se vio confundida, como sí no supiera que pensar y volteó a ver a Lianne… Ella dijo:

—Sí, Camille. Lo que Arlinne quiere decirte, es que es una niña con pajarito. ¿Qué sí te molesta de alguna forma o vez algún impedimento, para que sigan siendo amigas por causa de eso…? ¡Jajaja!— Camille sonrió y dijo:

—Sí quieres, puedo intentar disiparlo…— Le dije:

—No se puede…— Ella se quedó pensando por un momento y dijo:

—Podemos intentar otras cosas, algunos conjuros sagrados, pasan sobre ciertos impedimentos…— Lianne volvió a reír a carcajadas y dijo:

—¡Jajaja…! Camille. No creo que renacuajo quiera cambiarlo a estas alturas… ¡Jajaja! Ya hay mucha gente, que depende de que no sea así… ¡Jajaja!— Camille dijo:

—¿Cómo…?— «¡Pinche Lianne…! Bueno, le explicaré…»

—Mirá, Camille… Ya me siento como una chica, tengo hasta pareja, varón.— Y Lianne interrumpió…

—Y relaciones fuera del matrimonio con él…— Continué:

—Y es por eso, que ya no quiero cambiarlo… Ya me acostumbré a pensar, hablar y vivir como una chica.— Camille dijo:

—No es problema… Podríamos entonces, intentar que fueras por completo una chica.— Lianne volvió a reír…

—¡Jajajaja! Renacuajo es una promiscua y también tiene parejas mujeres. Ese cambio de seguro, les molestaría a ellas también un poco… ¡Jajajaja!— Lianne seguía riendo… «¡Qué buena pela…! Pero es la verdad. ¡No…! Espera un momento, ¿parejas mujeres? Solo hay una mujer que me interesa». Camille se me quedó viendo y dijo:

—¿Es verdad eso, Arlinne?— «Lo sabía… Soy una persona indecente y detestable… ¿Qué me va a decir, sí le digo que es cierto…?» Me armé de valor y le dije:

—La verdad es que… Sí.— Ella se quedó en silencio, pensando… Lianne se le quedó viendo fijamente, igual que yo… Pasó un momento y volteó sonriendo… Dijo:

—No te preocupes, Arlinne. Todos al final, somos imperfectos ante nuestra diosa… Yo soy tan pecadora como tú. Por perezosa y omitir mis deberes en el templo… Que importa, si tú eres un poquito lujuriosa.— Sentí que se me alivió el corazón… Lianne solo se botó de la risa y dijo:

—¡Jajaja! Renacuajo no solo es lujuriosa… Es como una diablesa, que va por el mundo, tratando de saciarse con el inocente… ¡Jajajaja!— Camille tapó su boca y dijo:

—¡Es cierto, Arlinne…?— Le dije, apenada:

—¡No! ¡Eso ya lo puso de su cosecha! Solo tengo a alguien especial que es varón y a alguien especial que es mujer. Eso es todo… ¡Lo que pasa, es que Lianne está enferma, pero de envidia y odio! Ese es su pecado…— Camille comenzó a reír y dijo:

—¡Jijiji! No te preocupes, Arlinne. Después de lo que he vivido, me he dado cuenta de que las personas más virtuosas, son las que tienen más imperfecciones. No tengo ningún problema con eso, ni me molesta de ninguna manera… Tampoco quiero que cambies, ni tu modo de vida, ni tu comportamiento… Solo me gustaría servir como tu guía espiritual y solo seguiré tu voluntad. Sí tú quieres cambiar, te ayudaré, sí no, también lo haré.— Corrí, la abracé y le dije:

—¡Muchas gracias! Me da tanto gusto, que estés aquí con nosotros.— Comencé a llorar.

Pasaron un par de días más… Por fin, todo estaba listo para nuestra partida, rumbo a la villa de Verón… Pero antes debía de hacer algo importante… Les dije, antes de ir y meterme al baño:

—Tardaré un rato… En cuanto salga, nos marcharemos.— Me senté por ahí y me concentré, canalizando mi mente… Pensando en Ana, hasta que lo logré…

—Ana, hola… ¿Estás ahí…?— Ella me contestó:

—Amor… Arlinne. ¿Dónde te habías metido? Estaba preocupada…

—Todo bien. Disculpa que no llamara antes, pero muchas cosas pasaron… ¡Ya tenemos sanadora!— Ella contestó:

—¡Sanadora…?

—Sí…

—¡Es bonita?

—Sí… ¿Por qué?

—Mucho cuidado, Arlinne. No quiero que me vayas a poner el cuerno con ninguna otra mujer…— Le dije:

—Ehm… Nada de eso, es mayor que yo… Es bonita, pero solo es mi amiga. Ya la conocerás, la siguiente vez que nos veamos.

—Mmmh… Está bien. Cuídate mucho y no tardes tanto en hablarme, ¿a dónde irán ahora?

—A la villa de Verón.

—¡Ah! La conozco, he estado ahí antes con Miranda, haciendo encargos del gremio. Bueno… Con mucho cuidado. Por cierto, hemos tenido avances con los virzuks, ya algunos empiezan a entendernos un poquito más… Yo creo que solo es cuestión de tiempo para sacarles algo de información. El capitán Tenarius, se quedó él mismo a supervisar el proyecto de los prisioneros, parecerá tonto, pero responden mucho mejor a una figura de autoridad masculina que a nosotras… Le dije:

—Por favor. Cuando tengas algo en conciso, házmelo saber.

—Sí, amorcito. Por favor, cuidate mucho y hablame pronto… ¡Ah! Por cierto, te he estado haciendo un regalo, en el laboratorio de alquimia… Te daré una sorpresa, cuando te vea.

—No puedo esperar.— Le mandé muchos besos y nos despedimos.

Salí del baño contenta… «¿Ana se puso celosa de mí, por otra mujer? ¿Puedo despertar esos sentimientos…? ¡Jijiji! Bueno, no es para tanto… Ojalá, después de lo de Montloarc, nos podamos dar un tiempo, aunque sea corto, juntas». Recordé su aroma y su carita pálida, cuando nos amábamos, así como cuando jadeaba de placer… Toda la piel de mi cuerpo se enchinó… Salí saltando fuera de la cabaña. Ray alistaba mi caballo y a Tomy… Me dijo:

—¿Todo bien, peque? Tardaste mucho…— Le dije:

—Sip, todo bien…

—Tú llevarás a Tomy, para que puedas llevar a Camille, en lo que llegamos allá y conseguimos un caballo para ella.

—Pero… Nunca he conducido a Tomy, se ve muy brioso y además es tu caballo…

—No. Es de ambos, no lo olvides.— «¡Buuu! ¿Podré conducir a Tomy…?» Me acerqué y le acaricié el hocico… Él respondió feliz. «Espero, no tener problemas…» Ray me ayudó a subir a Camille y le dije:

—Yo puedo subir sola, espero…— Me apoyé en el estribo y salté, tratando de cruzar mi otra pierna… Lo logré. Ray me vio satisfecho y fue hasta el caballo que yo había usado hasta el momento y lo montó.

Partimos, antes de medio día. Serian cuatro días hasta la villa de Verón… Traíamos cosas frescas para preparar la comida… «¿Qué es una nutrióloga…?» Le dije a Camille:

—¿Oye, Camille? Espero no te ofenda mi ignorancia, pero… ¿Qué es una nutrióloga…?— Ella rio discretamente y me dijo:

—Arlinne. Es como un experto en los nutrientes que contienen los alimentos. Que sabe exactamente la cantidad adecuada de cada uno de ellos, que debe de comer una persona de acuerdo a su edad, peso, género y cantidad de esfuerzo físico que hace diariamente, para llevar una alimentación saludable.— «¿Todo eso…? Que complicado. Yo solo como cuando tengo hambre y ya…» Me dijo:

—De ahora en adelante, yo velaré por tu alimentación.— Eso me sonó raro… «Espero, no entremos en un problema a causa de que no me deje comer mis cosas favoritas…» Le dije, sonriendo nerviosa:

—Está bien… Solo no exageres. Recuerda que a mi edad, mi corazón también debe de estar contento. Déjame comer un poco de basura también, sí no moriré de dolor en el alma…— Ella rio y dijo:

—¡Jajaja! Arlinne. No morirás de ningún dolor… Morirás más rápido, sí sigues comiendo tantas azúcares y grasas en ayunas.— «¡No…! Sí habla en serio…» Me siguió contando de todos los pecados alimenticios que cometía diariamente… Mi mente se perdió y empecé a pensar… «¿Qué habrá sido de la chica que mandaron a asesinarme…? ¿Seguirá viva? ¿A dónde pudo haber ido a que la socorrieran con esa terrible herida que le dejé…? Pobrecita. Espero no haya sido una víctima, como Camille… Obligada a hacer algo despreciable por los que la rodean y ahora esté muerta…»

Acampamos esa noche… No estábamos en un inminente peligro, pero ya me habían intentado asesinar una vez, los chicos no iban a tomar riesgos… Le daba agua a los caballos, mientras Grand y Camille guisaban. Ray patrullaba alrededor del campamento, en busca de cualquier cosa fuera de lugar… Lianne se acercó a mí y dijo:

—Renacuajo… ¿Puedo hablar contigo un momento?— Me preocupó su semblante…

—¿Qué pasa…? Te ves preocupada.

—Es lo mismo que te dije unos días atrás… He seguido teniendo esa horrible pesadilla. Lo peor, es que ahora ya pasan más cosas en ella… Bueno, solo una cosa más, pero es lo que me tiene con los pelos de punta…

—¿Quieres hablar de ella…?

—Pues… Sí. Básicamente es lo mismo que te conté, con la diferencia… De que ahora, después de estar un rato entre todos los cuerpos putrefactos, una especie de fantasma sale de entre las murallas y me implora que los ayude… Cuando pasa esto, todos los cuerpos a mi alrededor se empiezan a mover y me sujetan de pies y manos… Ahí generalmente, es cuando despierto, temblando de miedo y sudando…— «¡Qué conciencia tan sucia…! Pobrecita… Pero se ve genuinamente perturbada… Sin mencionar… Sí yo soñara eso… ¡Me meo! No soporto a los espantos…» Le dije:

—Pues… La verdad. Se oye muy elaborado, para ser solo creado por tu imaginación… A lo mejor significa algo…

—¡Verdad? Yo pienso lo mismo. He tratado de atar cabos, de que pueda significar, pero lo único que me ata a la realidad dentro del sueño, es una enorme muralla que recorre el campo de batalla donde yacen los cadáveres… No es muy alta, pero si muy larga… Pensé en Kharsten al norte, pero no parece un lugar tan al norte, porque no hay nieve… Parece más bien, una zona verde y forestal… ¿Crees que los chicos conozcan una zona así?— «¿Muralla…? Mmmh». Le dije para calmarla:

—Si quieres podemos preguntarles. Grand conoce todo el mundo, seguro sabe algo, es más… Es tu caballero… ¿Por qué no, le has preguntado?

—Me da pena, de que me juzgue loca…— «No hace falta tanto para eso… Pero en fin». Le dije sonriendo:

—Vamos…

Nos acercamos a Grand y Camille, mientras preparaban la comida. Dejé a mi lado a Lianne. Yo haría las preguntas, para que ella no se sintiera mal… Le dije a Grand:

—Grand. Me estaba preguntando… ¿Conoces algún lugar cercano, que tenga una muralla alrededor del bosque, como una especie de frontera, pero dentro de una zona boscosa…? La muralla es larga y mide kilómetros…— Grand se quedó pensando, pero Camille dijo al instante:

—Es la frontera de Montloarc con el bosque de Veranda. Hay una muralla que divide el bosque, las tierras de los elfos y los reinos humanos.— Lianne se veía, como si le hubieran echado un balde de agua helada encima… Les dije:

—¿Pasaremos por ahí, Grand…? ¿En nuestro viaje a Montloarc?— Él dijo:

—Sí, la recuerdo, ahora que lo mencionó Camille… Obligatoriamente, Arlinne. No hay otra forma de acceder al interior del reino, ni a las tierras de los elfos, ni a la parte sur de Veranda.— «Mmmh… De una vez preguntar completo…» Le dije:

—Oye y además de la muralla, ¿hay algo ahí…? ¿Cómo soldados o defensores, custodiando el lugar…?— Él dijo:

—Así debería de ser, Arlinne. Son legionarios, que se ofrecen como voluntarios a salvaguardar la paz de ambos reinos, el humano y el de los elfos… Pero la mayoría son humanos y solo son cadetes. Sí a alguien le interesara atacar el reino, no lo haría por ese flanco. Es por eso que no ponen soldados, solo voluntarios con un muy ligero entrenamiento marcial.— «¡Zas…! Lianne no está loca… Bueno, no tanto…» Algo había pasado ahí y ella de alguna forma… Lo había presentido. «Es demasiada coincidencia, que una persona con tan poca empatía como Lianne, soñara eso… Solo, porque sí…» Les di las gracias y jalé a Lianne, donde estábamos antes… Le dije:

—Ahí tienes tu respuesta…— Ella se veía pálida… Le dije, tratando de calmarla:

—Mira… Lo primero que debes de hacer es calmarte, no resolverás nada angustiándote. —Renacuajo… ¡Qué hago…?

—Ya te lo dije… Calmarte. ¿Por qué no, en tu sueño tratas de calmarte y les preguntas a los espantos, cómo les puedes ayudar?— Ella me dijo:

—Pero yo… Ni siquiera soy sacerdotisa, ni nada por el estilo. ¿Por qué no, se lo piden a Camille…? Para que ponga sus almas a descansar o algo por el estilo, yo qué sé… ¿Por qué yo?— Le dije lo primero, que se me ocurrió:

—Tal vez, no quieran descansar, sino algo más… ¿Por qué no, se los preguntas? Solo hazlo tranquila…— No estaba funcionando… «¡Ah, ya sé!» Le dije:

—Además… Tú eres la poderosa hechicera azul… Seguramente puedes hacer algo por ellos, que solo tú podrías hacer.— Ella se calmó un poquito y dijo:

—¡Sí, verdad…?— Le dije:

—¿Quieres que le pida en tu nombre, un té o algo a Camille, para dormir tranquilamente…? Seguro sabe algo… Es alquimista y nutrió, no sé que. Seguro sabe de algún preparado, para que la gente con la conciencia como un abismo, como tú, pueda conciliar el sueño…— Me dijo, sin responder a mi burla:

—¡Sí, renacuajo, por favor! O un conjuro… A estas alturas, ya no me da pena decirle que soy yo, solo pídeselo tú…—

—Está bien… ¿Esta noche o quieres preguntar a los espantajos, qué es lo que desean?— Me dijo:

—Veamos de aquí al llegar a la villa y ya ahí, te digo como va la cosa…

—Está bien, tranquila, no pasa nada.— Le sonreí y nos fuimos a cenar con los demás, Ray había regresado de patrullar.

Pasaron dos días más, después de esa noche… Estábamos solo a un día de nuestra meta… «Hemos estado comiendo cosas un poco más saludables e indudablemente, aunque sea muy pronto para notarlo… Me siento más ligera, con menos sed y hambre de repente».

Me acerqué a Ray por la noche… Se había quedado haciendo guardia. Cuando me vio despierta, me hizo una seña con la mano… Me dijo:

—Arlinne… No es por espantarte, pero desde hace un par de días, alguien vigila el campamento por las noches… De muy lejos, por eso no se los habíamos dicho a ustedes para no preocuparlas. Grand lo sabe y finge dormir en este momento… Aunque… No se han atrevido a nada, por un momento pensamos que era casualidad. Pero, no. Es demasiada casualidad… Siempre a la misma distancia. Hoy incluso, nos detuvimos un poco antes de la hora a propósito para confirmarlo y fue igual… ¿Qué quieres hacer?— Le dije, nerviosa:

—¿De quién crees que se trate…?

—Solo dos opciones vienen a mi cabeza… Alguien que quiere terminar el trabajo en ti o alguien del templo, buscando por Camille.— «¿Será la chica de la ciudad de Therantos…? Sí es así, debe de estar gravemente herida, sino es que moribunda… ¡Imposible…! Ya son más de diez días… Tal vez, alguno de sus compañeros de oficio, en busca de vengarla… O tal vez, algún inconforme del templo… Quiere venganza por haber matado al viejo loco, que era su fuente de ingresos…» Le dije a Ray, decidida:

—¡Bien…! ¡Hay que darles lo que están buscando! Iré yo sola, para que se animen a salir y ustedes me apoyaran desde atrás. Despertemos a Camille, por sí cualquier cosa… Puede ser que le competa a ella también y necesitemos que hable o identifique a alguna persona.— Me dijo:

—Es muy arriesgado… No quiero que te vuelvan a envenenar y si ellos pueden ver en la oscuridad, estamos en desventaja…

—No te preocupes, usaré mi magia para iluminar, así siempre sabrán donde estoy.— Corrí a despertar a Camille y tranquilamente le conté, lo que pasaba… De paso a Lianne, no podíamos dejarla ahí sola, durmiendo… Que tal sí la hacían blanco a ella al verla sola.

Se despertaron y les dije que esperaran ahí, solo que se prepararan… Le hice una seña a Ray y él le hizo una seña a Grand. Me puse a caminar cerca de la dirección, donde me decían que estaban las personas que nos acechaban… Baboseaba a oscuras por la pradera… «¿Quién podrá ser…?» En eso, escuché la maleza moverse… «¡Es el momento! Quien quiera que sea, es menos profesional que la chica…» Conjuré mi luz de frente, a donde escuché el sonido y desenfunde mis armas… ¡Era la misma persona de la anterior vez…! Su capucha y túnica, manchadas con la sangre seca y apestosa de hace días… Con trabajos se podía mover, mientras empuñaba solo una de sus dagas en una mano y con la otra se apretaba el pecho donde la había herido… Me dio lástima… «¡Qué estupidez…! Sí no pudiste cuando estuviste sana… ¡Cómo se te ocurre?» Le dije:

—¡Tanto deseas morir? ¿No ves cómo estás?— Ella se enfureció y se lanzó contra mí… Guardé mis armas y solo le pateé las piernas, haciéndome a un lado… Calló plana, gimiendo de dolor… Los chicos ya venían. Le dije, pisando su mano para que soltara su daga: —Hagamos una cosa… Tú quieres matarme, pero yo quiero que primero se sane tu herida. Sí sigues así, no durarás más que unos días más… ¿Qué te parece, sí te sanamos y otro día lo vuelves a intentar…?

Me agaché hasta ella y le descubrí su rostro. Efectivamente era una chica… Pero una chica, como nunca había visto otra… Parecía una virzuk, pero tenía facciones claramente humanas… Pelo castaño claro, unos ojos claros, como el color de una nube y su piel morena, de un tono un poco más claro que un virzuk… «¡Espera un momento…! ¡Es mitad humana, mitad virzuk?» Intentó patalear, gimiendo para zafarse… Pero no tenía nada de fuerza… Debió de haber vivido un suplicio desde el día que la herí, hasta el día de hoy.

Los chicos llegaron… Ray se acercó a mí y dijo:

—¿Arlinne, estás bien?

—Sip… Tenemos a mi asesina.

—¿Estás segura?

—Sí…— Descubrí su pecho… Su herida estaba pobremente vendada y tratada de la forma más simple. La sangre seca y fresca se conjugaban en la venda y un olor repugnante provenía de su herida… Camille suspiró de espanto y dijo:

—¡Aaah! ¡Cómo sigue con vida…?— Yo le dije:

—Perseverancia, odio, abnegación… Escoge la que desees… ¿Puedes sanarla…?— Todos me voltearon a ver y Ray me dijo, bajito al oído:

—¿Por qué no, solo la sacas de su sufrimiento…? Es lo mejor que podemos hacer.— Le dije, decidida:

—¡Lo siento, Ray! ¡Yo no soy así! La sanaremos y después, sí me doy cuenta de que merece morir… Yo misma lo haré… Pero con ella de pie. Convencida que quiere morir, con tal de matarme.— Ray movió su cabeza a los lados y dijo:

—Está bien… Ten cuidado y vela por Camille, sí decide sanarla.— Camille me volteó a ver y dijo:

—Te entiendo…— Se agachó a revisar su herida… La chiquilla pataleaba. Le pisé su cuello y le dije, enfurecida:

—¡Ya deja esas pendejadas! ¡Sí lastimas a Camille, no solo te mataré, sino que además te haré arder en llamas en tus ya dolorosas heridas!— Se asustó y comprendió que estaba sometida y solo se dejó hacer… Camille la atendió… Pero unos segundos después, nos dijo:

—Está muy grave… Solo con magia, no podré hacer mucho. Necesito que la llevemos hasta el campamento. Necesito agua, vendas limpias y tiempo…

Había sido poca sanación, pero se encontraba claramente mejor que cuando la encontramos… Bajé hasta ella y le dije al oído:

—Sé que puedes entenderme… ¿Cooperarás o te tengo que llevar a la fuerza?— Ella, llorando por el dolor asintió… Le dije:

—Dame tus armas…— Se quedó quieta y repetí:

—Dame tus armas.— Me las entregó, renuentemente… Le dije:

—La otra… ¿Crees que soy boba? La gente que se dedica a lo que tú haces, siempre tiene algo por ahí escondido…— Sacó otra daga, mucho más pequeña de entre sus ropas. Le dije —¿Eso es todo?— Ella asintió y le advertí:

—Te lo vuelvo a repetir. Sí haces una jugarreta… El dolor que has sentido hasta el día de hoy, será solo un agradable recuerdo de tus días pasados.— Todos me voltearon a ver, sorprendidos por mis palabras y Grand se acercó para cargarla.

La llevamos hasta el campamento y me puse a hervir agua, mientras Grand, velaba por la seguridad de Camille. Me acerqué a ayudar a Camille y le dije:

—Aquí está el agua… ¿En qué ayudo?— Ella me dijo:

—Primero, tenemos que abrir y limpiar la herida… Para que mi conjuro de aliviar enfermedad tenga efecto, sino, no servirá de nada. Tiene una infección, bastante profunda… Calienta un cuchillo y ponlo al rojo vivo. Me lo pasas lo más rápido que puedas, con un trapo limpio.— Ray dijo:

—Yo puedo hacer eso, quédate ahí con Camille.— Busqué unos trapos en mi bolso y los eché al agua hirviendo… Le di otro, para que mordiera, ella entendió y lo mordió. Ray trajo el cuchillo, se lo pasó a Camille y ella con mucha precisión, cortó en la cicatriz sucia e infectada de su pecho… La chica se revolvía en el piso…— Camille le dijo a Grand:

—La puedes sujetar, por favor.— Él así lo hizo. Ella gemía y gemía de dolor, pero al final, la sangre fresca botó de su pecho. Con los trapos aún calientes, Camille empezó a limpiar la herida, lo más profundo que podía… Dijo:

—Arlinne… Sí la hubieras herido un poco más profundo, tal vez un par de centímetros más, estaría muerta ahora… La infección hubiera alcanzado sus órganos mucho más rápido. Ahora solo su sangre está contaminada.

Era un espectáculo sangriento… La peste de su herida comenzó a desaparecer y el olor a sangre fresca empezó a permear el ambiente… Camille, de verdad sabía lo que hacía. La tenía prácticamente abierta del pecho… Podía ver sus músculos lastimados, enrojecidos por la herida y la infección.

Terminó y lanzó un conjuro en toda la zona de su pecho… La herida empezó a cerrar por sí misma. La chica ya había perdido la conciencia por el trauma… Camille me dijo:

—Arlinne… Me habías comentado que podías sanar, ¿es así…?— Le dije:

—Sí… Pero a comparación tuya, solo soy una principiante…

—No importa, Ayúdame. Voy a limpiar su sangre de la infección, sigue sanándola en su pecho, mientras yo hago eso.— Me pasé exactamente frente a Camille y la empecé a sanar… Camille me vio confiada y ella empezó a sanarla también… Después de una media hora, yo estaba exhausta… Camille, ya solo me ayudaba a cerrar por completo la herida. Cuando terminó, pidió las vendas… La vendamos y lanzó un último conjuro sobre la herida… Ella suspiró y dijo:

—¡Por fin! Terminamos… No le quedará, ni siquiera la cicatriz. Arlinne, creí que me habías dicho, que solo eras una principiante… Lo hiciste muy bien, más bien lo que te hace falta es, conocer conjuros más poderosos.— Sonreí exhausta y le dije:

—Me gustaría que me los pudieras enseñar con el tiempo…— Ella me dijo, viéndome a los ojos:

—¿En qué dios, tienes depositada tu fe…?— «¡Oops! ¡Jijiji! No creo en ningún dios… ¿Qué le digo…? Ni modo… La verdad». Le dije:

—Lo siento… No soy creyente. Simplemente se me da poder sanar, ¿eso es malo…? —Sorprendente… Bien. Después platicaremos de eso, dejemos que descanse.— Decidimos, amarrarla de pies y manos, para poder descansar. Los chicos fueron a recuperar su monta y todos decidimos, aunque sea dormir un rato.

Desperté en la mañana, un poco antes de medio día. Ya preparaban la comida y Camille revisaba a la chica, que seguía dormida, amarrada y arropada con una manta. Me paré de un salto y fui a verlas… Camille me dijo:

—Estará bien. Sí no hubiéramos hecho eso anoche, tal vez para hoy, hubiera sido demasiado tarde.— Se veía que dormía plácidamente, por fin liberada de esa carga que el dolor le había impreso en su cuerpo todos estos días. Me acerqué a los chicos y les dije:

—Lo siento…— Ray dijo:

—No te apures, ya nos acostumbramos.— Les dije:

—¡Ya vieron, que es mitad humana, mitad virzuk…?— Se asombraron y Ray dijo:

—Mmmh. Creí que solo era morenita…

—¡Claro, qué no! ¿Me pregunto, sí habrá más como ella…?— La chica empezó a reaccionar con el olor de la comida y Camille me dijo:

—Tráeme agua fresca, Arlinne. Por favor.— Así lo hice y fui hasta ella… La chica abrió los ojos, como sí despertara de una pesadilla. Con sus fuerzas renovadas y sin el dolor que sentía anteriormente, intentó forcejear para zafarse de sus ataduras, pero fue en vano… Camille acarició su cabeza y le dijo:

—Todo está bien, no te haremos daño. ¿Tienes sed?— Ella solo se nos quedó viendo, fijamente y desconcertada… Ambas le sonreímos. Se empezó a calmar un poco y Camille le volvió a preguntar:

—¿Tienes sed? Perdiste mucha sangre… Seguramente, estás muy sedienta.— Ella asintió con la cabeza. Le pasé el trasto que usábamos para beber y ella simplemente se lo bebió de un par de tragos. Camille le dijo:

—Calma, despacio… ¿Quieres más?— Ella volvió a asentir. Le dimos de beber hasta que quedó saciada… Cuando terminó, le dije:

—Sé que puedes entenderme… ¿Por qué no, simplemente hablas? De lo que digas, dependerá que pasará contigo…— Ella se asustó y dijo:

—¿Qué quieres de mí, bruja? ¿Por qué me salvaste?— «Sabía que podía hablar…» Le dije: —Yo no quiero nada de ti, ni hacerte daño… Pero tú intentaste asesinarme, ¿no es así? ¿Por qué?

—Fue una orden… Yo no te conozco, no era personal hasta que me heriste en combate…— Le dije:

—¿No tienes compañeros, que te ayudaran por lo menos con tu herida…?— Ella negó con la cabeza… Le dije:

—¿Tienes hambre?— Le sonreí… Se veía muerta de hambre. Ella se quedó pensando y dijo:

—No quiero nada más de ti, hasta que me digas tú primero… ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué me ayudaste? Soy tu enemiga, debería estar muerta…

—Sí… Pero yo no tengo, porque tener una razón especial para ayudar a alguien que sufría como lo hacías tú…— Se quedó en silencio… Después de un rato, dijo:

—Entonces… Como soy débil, merezco ayuda… ¿No es así?— Yo le dije, ya sentada a su lado:

—Ser débil no tiene nada que ver, incluso el fuerte puede necesitar ayuda de los demás… ¿Qué caso tiene ser fuerte o débil, sí no hay quien esté contigo?— Volvió a quedarse callada y después de un par de minutos, dijo:

—Sí, tengo hambre… ¿Me pueden dar algo de comer…? Tengo algo de oro en mi caballo, tómenlo por las molestias que se tomaron… Y sí no quieres nada más de mí, déjame ir.— Tomé un plato lleno de sopa de verduras y algunos trozos de panceta. Camille me ayudó a incorporarla. Le dije:

—Comerás, pero no sé sí deba dejarte ir… Tal vez, mañana intentes asesinarme otra vez…— Le fui dando de comer en su boca… Ella estaba muy hambrienta y después de algunas cucharadas, dijo:

—¿Eso es lo qué quieres entonces, bruja…? ¿Qué no te busque más para intentar cumplir mi misión? Está bien, así lo haré.— Le seguí dando de comer y después de un par de cucharadas más, me dijo:

—¿Puedes desamarrarme…? Ya prometí, no intentar asesinarte de nuevo.— Le contesté:

—A mí… ¿Qué hay de mis compañeros?

—¡A la bruja de cabellos de sol, nunca la tocaría…! Gracias a ella, sigo respirando el día de hoy… Los demás no me importan en lo más mínimo… Solo me interesas tú, bruja Arlinne.— Le dije:

—Tú sabes mi nombre, pero yo no sé el tuyo… ¿Cómo te llamas?— Ella se quedó callada, masticando la comida, después de pasar bocado, me dijo:

—¡Nunca te lo diré! Porque lo puedes usar para atrapar mi alma con tus brujerías…— Yo reí traviesamente y le dije, siguiéndole el juego:

—¡Jijiji! No tienes idea… No necesito tu nombre para hacer eso. Sí lo quisiera hacer, tu alma ya estaría en una botella llena de orines en este momento… ¡Jajaja!— «¡Jijiji! Espero no haber exagerado…» Todos se me quedaron viendo… Pero ella se vio genuinamente asustada y con sus ojos abiertos al máximo, dijo:

—Me llamo Puripenialanusa…— Nos vimos los unos a los otros… Intente no reírme y le dije:

—¿Puedes repetírmelo?

—Puripenialanusa… ¿Es demasiado difícil para tu gorda lengua, bruja?— Esta vez, no pude más y reí… «¡Qué fea…! Soy una fea personita en el fondo, como Lianne…» Pero guardé mi compostura rápidamente y le dije:

—Está bien… ¿Qué significa?— Ella se molestó al ver como reímos todos y se quedó callada… Le dije, animándola:

—Anda… Dime. Prometo no volver a reír.

—Es… Una flor del norte, de pétalos amarillos… Eso es todo.— Le dije, contenta:

—¡Muy bien! Serás… Penny, de ahora en adelante.— Me dijo, enfadada:

—¡Ese no es mi nombre, bruja!

—Ya sé que no, pero así te diremos de cariño… ¿Te gusta?— Ella hizo una cara de enojo y dijo:

—¡No!— Le seguí dando de comer…

Después de terminar, le hice una seña a Ray y tomé un cuchillo… Me acerqué a ella. Ella me vio con ojos de horror y dijo:

—¿Así qué de eso se trataba…? ¡Está bien…! Te agradezco tu amabilidad antes de mandarme al otro mundo… Eres aunque sea, un poco honorable…— Apretó los ojos, pero yo solo corté sus ataduras y le dije:

—¡Jajaja! ¿Cuál otro mundo…? No seas dramática. Aquí la reina del drama, soy yo… Puedes marcharte. Espero cumplas tu promesa y no intentes asesinarme de nuevo. Sí tanto te dolió tu derrota la primera vez, podemos volver a pelear, pero sin venenos, ni emboscadas.— Ella estaba asombrada, con su boca abierta… Continué:

—No tomamos tu oro. Supongo, que lo necesitarás para tu viaje a donde quiera que sea, que vayas a ir ahora.— Ella se paró de un brinco y le dije:

—Tus armas están en tu caballo…— Ella fue, abrazó a Camille, mientras todos la observábamos… Para después moverse al frente de todos y decir en voz alta, para que la pudiéramos escuchar:

—Muy bien, bruja Arlinne. No volveré a intentar asesinarte, pero quiero volver a pelear contigo cuando esté mejor… Sin tus brujerías… Yo por mi parte, no usaré veneno, ni nada deshonorable… Solo la una contra la otra, para demostrar quien es la mejor hembra de las dos… ¿Te parece bien?— Le dije, sonriendo:

—Está bien… Solo hazme un favor por nuestras atenciones. Responde estas dos últimas preguntas antes de que te marches…— Ella asintió con la cabeza. Le dije:

—¿Quién te mando asesinarme?

—Un jefe de guerra, se llama Graretos. Su campamento se encuentra al norte, cerca de la muralla humana. ¿Cuál es la otra?

—¿Qué harás ahora?— Ella dijo, viendo hacia el piso:

—No lo sé… No puedo volver, hasta que no regrese con tu cabeza en una bolsa. Y como eso no pasará… Pues, no tengo más un hogar, pero me las ingeniaré… ¡Satisfecha, bruja…?— Le asentí sonriendo y le dije:

—Sí no tienes a donde ir, podrías viajar con nosotros… Ayudando a que acabe la guerra.

—¡No! Ya estoy traicionando a mi gente, con el puro hecho de desobedecer mi orden… ¡No seas pretenciosa, bruja malvada, que me quiere poner en contra de los míos!

—Está bien, Penny. Espero ansiosa tu desafió. Cuídate mucho…— Montó a su caballo y dijo, mientras se alejaba:

—Así será, ya lo verás.

Todos me voltearon a ver y les dije, emocionada:

—¡Qué les dije? Es mitad virzuk…— Me quedé pensando… «¡Entonces mi teoría, seguro es cierta…! Los virzuk en realidad son humanos. Humanos un poco distintos, pero igual de humanos que nosotros. Graretos… ¡Eh? Lo tendré en mente… ¿A qué muralla se refería…? Sí dijo al norte… Debe de ser la de Kharsten. Tan lejos se ha ido la voz, de que vencimos al cobarde de… Mmmh… ¿Cómo se llamaba…? ¡Ah, sí! Varreth. Bueno… Me alegra que mis enemigos empiecen a temer, pero debo de ser cuidadosa… Puripenialanusa… ¡Jajaja! ¡Qué nombrecito! Se lo ha de haber puesto su padre o madre virzuk. ¿Me pregunto, cuál es cuál? Siento que muy pronto la volveremos a ver… Se ve que es menor que yo… ¿Cuántos años tendrá…? Bueno, que más da… Me pondré a comer yo, que no he comido nada». Lejos estaba de comprender en ese momento, las casualidades implicadas en ese encuentro…

Por nuestro retraso, llegamos al anochecer a la villa de Verón… Grand nos dijo:

—Por este lado, cerca del área comercial. Hay una buena taberna con un muy buen hostal. ¿Les parece bien, qué vayamos ahí?— Le dije:

—Sí, está bien.— Él dijo:

—Solo que es un poco caro… Ya que hay muchos aventureros y se quieren aprovechar los comerciantes para vaciarlos de su oro…— Le dije:

—Me lo imagino… Seamos prudentes. Sí vemos que es demasiado caro, buscamos otro lugar… Seguro hay aventureros que no son tan exitosos y no tienen para pagar lujos.

—¡Jajaja! Sí, lo mismo pienso yo.

Llegamos hasta la hostería… Era caro, pero no tanto, Veinte oros por los cinco, con agua caliente y las tres comidas del día incluidas… Bueno… La verdad es que si era caro, pero en fin… También tenía en mente otra cosita, que quería hacer ahí, antes de ir a Montloarc… Quería tratar de conseguir un par de misiones, de esas que hacían los aventureros. No por el oro, quería ver como nos desempeñábamos los cinco en combate al mismo tiempo… «Sin mencionar, que Camille no tiene un anillo del enlace como los nuestros…» Tenía que aprender el conjuro, para que siempre lo tuviera activo cuando se encontrara peleando a nuestro lado…

Cenamos todos, mucho más relajados… De verdad, estaba lleno de aventureros. Había muchos hombres y mujeres en esta villa que se dedicaban a esa profesión. La mayoría, jóvenes como nosotros… «Supongo que es la edad en la que este tipo de vida se puede aceptar con facilidad… El cuerpo es joven, resistente y la visión de la desgracia y la muerte no es algo inminente, sino solo algo que pasa a los demás…» Por fin pude comer algo frito… Pero aún tenía la vista de Camille encima…» Le dije:

—Camille… No me veas así, dejame disfrutar este pollito frito.— Ella rio y dijo:

—Está bien. Solo por hoy, Arlinne.— Comencé a beber… Igual me llevaba la cuenta de los vasos que me servía… «¡Buuu!» Volteé nuevamente y le dije:

—Camille…

—Lo siento, Arlinne. Ya no lo haré más, pero no deberías beber tanto…— Lianne arrojó su bebida por la nariz y dijo:

—¡Tanto…? ¡Jajaja! Para renacuajo esto es solo como humedecer su lengua… ¡Jajajaja!— Se botó de la risa… Les dije:

—Bueno… ¡Basta! Coman y beban lo que quieran, ya mañana me regañarás a gusto, Camille.— Le sonreí, mientras me empinaba una botella de mi amado licor de frutas… Ella sonrió de vuelta y dijo:

—Está bien.— Bebí como acostumbraba, mientras platicábamos ávidamente, de donde conseguir el equipo de Camille…

«Se ve que en esta hostería la fiesta nunca termina…» De vez en vez, llegaba un nuevo grupo de aventureros anunciado sus proezas y dando más de beber a los asistentes… «¡Qué bonito lugar…! Bien… Es suficiente, debemos descansar». Un par de horas después de la media noche, nos fuimos todos a dormir y por increíble que pareciera… Las paredes aislaban el sonido perfectamente, no se oía un solo paso de fuera de la habitación.

Me acosté borrachita, haciendo una seña con mis brazos a Ray, de que necesitaba cariño… Él me cargó y me llevó a la tina del baño… Comenzó a desnudarme… Empecé a reír, ya muy tomada y le dije:

—¡Aah! ¡Estoy apestosa, por eso me traes aquí antes! ¡Jijiji!— Él me dijo:

—Ambos lo estamos… Tiene mucho que no tomamos un baño juntos. Así aprovechamos a que cada quien lave las cositas del otro.

—¡Jijiji! Que buena idea… ¿Lo puedo hacer con mi boca?— Hice una carita, de esas que cada vez me salían mejor, mientras metía mi dedo a la boca… Ray solo se echó a reír y dijo:

—Claro, peque. No esperaba menos, solo démonos una enjugada antes. El viaje fue largo.— Asentí con mi cabeza…

Con la confianza de la privacidad de las paredes de ese cuarto y el alcohol en mis venas, decidí dar rienda suelta a mis gemidos… Grité, gemí y me revolví lo más violenta y sensualmente que pude… Surtió el efecto que esperaba. Ray estaba imponente, simplemente fue algo inolvidable… «Espero no quedar ronca, el día de mañana…»

A la mañana siguiente, desayunamos… No tenía nada de resaca. Eso significaba, que además, las bebidas en ese lugar eran de muy buena calidad. Apartamos las habitaciones para una noche más y partimos a las calles. De verdad, estaba movido el lugar… Aventureros y comerciantes, iban y venían por todos lados y aún era temprano… Le pregunté a Grand, del lugar que habíamos decidido y nos empezó a guiar entre las calles… Llegamos hasta un almacén general de ropa. Primero, Camille necesitaba ropa suficiente, luego veríamos su armadura y su equipo. Entramos y las tres de nosotras nos fuimos hacia la ropa femenina… Había ropa de todos tipos. Ella se nos quedó viendo y le dije:

—Escoge lo que gustes. Unas tres piezas de cada cosa y no te preocupes, nosotros pagaremos.— Ella se quedó parada… Lianne y yo, nos vimos la una a la otra y la volteamos a ver… Ella dijo:

—Lo siento… Siempre me he vestido con las ropas del templo, no tengo idea de que debería de llevar… ¿Me pueden ayudar?— Lianne salió volando con ella de la mano y dijo:

—¡Claro! Ven conmigo…— «¡Pfff! ¡Qué bueno…! Yo no tengo ni idea, de que me quedaría bien a mí… Mucho menos algo para alguien más. Bien… En lo que están distraídas, buscaré algo para mí…» Fui buscando… Estaba decidida. Era hora de usar sujetador… «Tal vez por eso nunca han crecido como debe de ser… No se sienten contenidas y no sienten la necesidad de empujar un poquito hacia arriba». No quería algo con varillas, ni nada por el estilo… «¡Wacala!» Quería algo como las bragas elásticas, que conseguí en Portos, de esa misma tela, pero para el pecho… Sería lo más cómodo y no me haría sudar tanto…

Busqué un rato, hasta que los encontré. Medí los que parecían de mi talla… Decidí llevar dos blancos y dos negros, igual que las bragas. «¡Perfecto! Eso es todo lo que yo quiero». Los eché en una canasta y regresé con las chicas… Lianne estaba afuera de un probador. Me paré junto a ella a esperar… Ella vio mi canasta y su contendido… Dijo:

—¿Al final, sí? Renacuajo, debiste haber aceptado la ropa que te ofrecí hace mucho…

—¡Ya pues…! Estaba equivocada en ese entonces, acerca de muchas cosas. Dejame ser…— La cortina se abrió… Era Camille. Se veía hermosa, con un conjunto de falda entablillada, una blusa delgada con botones y un saquito cortado al abdomen. Todo de color blanco con unas botas hasta las rodillas del mismo color… Se veía apenada. Lianne dijo:

—¿Qué opinas, renacuajo?

—Se ve muy hermosa…— Lianne dijo:

—El saco, lo podemos sustituir por un sobreveste para su armadura o por armadura mediana o pesada, dependiendo de la situación…— Le pregunté a Camille:

—¿Qué tipo de armadura quieres usar…? ¿Tienes algún entrenamiento?— Me contestó: —Cualquiera… Puedo usar incluso placas, pero preferiría, solo usar armadura mediana, de ser posible… Tal vez, una cota de mallas estaría bien. No quiero sentirme muy pesada, mejor preferiría usar escudo.— Les dije:

—Muy bien… Ayúdala a que escoja también sus prendas íntimas, otro par de calzado y más prendas, para que tenga al menos dos mudas… Después, una mochila o bolsa que haga juego para su equipo, ya después iremos por su armadura.— Me puse a babosear por ahí… Desde ahí, vi a los chicos… Revisaban las cosas de cuero, cinturones, botas y guantes. Solo busqué un lugar, cerca de las chicas para sentarme un rato… «¡Vaya! ¡Sí que se están tardando…? No es que a mí no me provoque ilusión la ropa…» Tal vez, solo era que mi autoestima inmediatamente rechazaba la idea, de que me podía ver linda de diferentes formas… Ahí, aún no me daba cuenta de eso o al menos no lo recordaba…

Después de lo que pareció una eternidad… Estaban listas. Traían dos canastas llenas de cosas… Camille dijo:

—Arlinne, lo siento. Velo como un préstamo… Espero no sea mucho oro…— Le dije:

—No te preocupes, son cosas que necesitas. Todo está bien, no nos debes nada.— Fuimos hasta los chicos y nos dispusimos a pagar… Nos hicieron las cuentas. ¡Setenta y dos oros…! «¡Vaya! Sí que es caro ser mujer y verse bien al mismo tiempo…» Iba a sacar la bolsa de oro del grupo y Ray me dio la mano… Yo la acepté instintivamente. ¡Me dio un platino…! Yo le dije, bajito y en secreto:

—¡Cómo crees…? ¡No!— Él puso su dedo en mi boca, para que guardara silencio y Grand me sonrió, discretamente… Negué con la cabeza… «¡Hombres! ¡Pfff! Está bien…» Le di el platino a la empleada y me dio mi cambio. Saqué la bolsa de todos y eché el vuelto. Salimos a la calle nuevamente, les dije:

—Vamos con un armero… Quiero que la armadura que lleve, le quede a la perfección y seguramente tardaremos un rato, en lo que la ajustan y esas cosas.— Grand nos volvió a guiar entre las calles y llegamos hasta un negocio que se veía muy vació… Yo lo vi incrédula y le dije a Grand:

—¿Seguro…?— Él dijo:

—Sí, Arlinne. Este es el mejor armero del lugar, solo que no ves una parvada de gente, porque él solo trabaja para quien él quiere.

—¿Y nos atenderá a nosotros…?— Él dijo:

—Lo conozco hace años, no habrá ningún problema.

Entramos al lugar… Un viejo tuerto y calvo, salió a nuestro encuentro, diciendo:

—¡A venta, solo es lo que está en exhibición! No hago ajustes, ni devoluciones.— «¡Qué viejo tan grosero…!» Grand dijo:

—Calmate, Bernard. Venimos hasta acá por algo de calidad…— El viejo dijo:

—¡Aah, señor Mosier! Ustedes disculpen… ¿Qué es lo que desean?— Grand le explicó y él se paró frente a Camille, como si escudriñara cada parte de su cuerpo… Camille, solo se retorcía de vergüenza… El viejo dijo:

—¿Qué tienen en mente?— Yo le dije:

—Cadenas o mallas, cualquiera de las dos… Sí pudieras ponerle un sobreveste incluido, de cuero, sería mejor.— Él dijo, molesto:

—¡Sí pudiera…? ¿Con quién crees que hablas, chiquilla? Puedo hacer lo que ustedes quieran… La única pregunta aquí es… ¿Pueden pagarlo?— Le dije:

—¿Cuánto…? Quiero algo que además de funcional, se vea lindo…

—¡Mmmh, lindo…? Te entiendo. Sería una pena, poner algo feo en esta hermosura…— Lo vi seriamente y le dije:

—¡Deja de lengüetearla con la mirada…! ¿Cuánto?

—Setecientas de oro… Seiscientas, sí me da un besito.— «¡Zas! Eso es un dineral… Ni modo… Supongo que debe valer la pena…» Le iba a decir, que sí… Pero, Grand puso su mano frente a mí y dijo:

—Quinientas, viejo. No seas encajoso. Y para que veas, que somos serios, te cobraremos el beso en cincuenta, pero incluirás unos guantes de malla, con forro de cuero, todo en color blanco, el sobreveste y los guantes.— Grand volteó a ver a Camille y ella asintió… El viejo se emocionó y dijo:

—El beso y doscientas por anticipado… Sí me pagan todo ahora mismo, la tendrá puesta antes del anochecer.— Grand asintió con la cabeza y le hizo una seña a Camille… El viejo agachó su pelona y Camille le dio un beso en ella. El viejo se encendió y se fue corriendo atrás, a su taller a ponerse a trabajar… Suspiré de alivio. Abrí el portal y conté, cuatrocientas cincuenta monedas de oro… Se las puse todas sobre su mostrador, cerré el portal y le llamamos. Él vio el oro, emocionado y dijo:

—Estará lista en la noche, pero los necesito aquí al atardecer, para los últimos detalles, con ella presente.— Sacó una bandeja de atrás de su mostrador y vació el oro en ella… «¡Bueno…! Fácil viene y fácil se va… Espero que valga la pena…» Les dije:

—Vamos a conseguir equipo para todos y para Camille, un arma y lo que haga falta.— Salimos y prometimos regresar al atardecer.

Caminábamos por las calles y le pregunté a Camille:

—¿Qué arma quieres usar?— Ella me contestó, dudando:

—Pues… Puedo usar maza o cualquier objeto contundente…— Le dije:

—¿No prefieres usar una espada?

—Lo siento, Arlinne… No sé usarla. Solo nos entrenan con armas de contacto, pero sí la armadura es de buena calidad, preferiría usar un báculo, como lo hacía en el templo…— Le dije, sonriendo:

—Muy bien. Entonces, báculo será.— Nuevamente, Grand nos guio por la villa, hasta una concurrida armería… Le dije a Camille:

—¿Por qué no, observas y me dices que es lo qué quieres? Nosotros estaremos por aquí.— Todos se fueron a babosear por la tienda… Yo me quedé en la entrada, viendo un enorme arco de doble vuelo… Tenía casi mi mismo tamaño…

«Sí nunca pude tirar con un simple arco… Mucho menos con uno de estos, pero me da tentación… La verdad, tengo un tino pésimo y no creo tener la fuerza para usar un arco como este, que solo un gigante como Grand, podría usar con maestría…» En eso, recordé… «Espera un momento… La estatua de la diosa de Camille, tenía una espada en su otra mano… ¿Por qué ella no puede usarla…? ¡Jajaja! Que cosas…» Mi primer maestro fue un guardabosques y yo tampoco podía usar el arco… «Debería aprender, por si cualquier cosa… No puedo depender, solo de mi magia a larga distancia. Pero… A ninguno de los chicos, los he visto siquiera mencionar el arco, así que supongo que mejor olvidarlo…» Después de unos minutos, Camille salió y me jaló de la ropa como una niña. Me señaló un báculo de color marfil, con ambas puntas de vivos plateados… Me dijo:

—Me dijeron que las puntas son personalizables… Tal vez, pudiera poner la efigie de mi diosa en ellos… ¿Qué opinas, Arlinne?

—Está bien. Sí es lo que quieres, pero… ¿Te servirá para pelear?

—¡Seguro!

—Bien… Preguntemos a un empleado…— Me dirigí al empleado más cercano y le pregunté: —¿Cuánto por el báculo?— Él dijo:

—Ciento cincuenta oros. Tiene un ligero encantamiento.— Le dije:

—Déjeme pensarlo…— Fui por Lianne y le dije:

—¿Puedes checar esta arma de acá? Solo quiero saber, sí en verdad es mágica…— Ella fue con nosotras y la revisó… Asintió con la cabeza…«Debe de ser. Ciento cincuenta monedas por un simple bastón metálico, sería un robo de cualquier otra manera. Llamé al empleado y le dije que lo llevaríamos, Camille se apresuró y le preguntó, sí se lo podían personalizar con alguna efigie de la diosa de la justicia o algo referente a ella. El empleado asintió y dijo que serian veinte monedas más… Yo solo asentí con la cabeza, lo pagamos y Camille quedó feliz.

Los chicos seguían baboseando dentro… Lianne nos habló a que saliéramos por un momento fuera de la tienda… Así lo hicimos y nos dijo de la nada:

—¿Qué opinarían de hacer algo, que parece muy malo para lograr algo, que en realidad es muy bueno…?— Le dije por el hastío, que en ese momento me embargaba:

—Que es algo rebuscado, solo para hacer el mal con una excusa.— Ella se me quedó viendo y dijo, muy, pero muy seria:

—¡Tú crees…?— Al ver que era importante para ella, desperté y le dije:

—No lo sé… Supongo que depende de la situación y de las intenciones verdaderas de la persona que lo hace y a quien afecta… Bueno, eso me ha dicho Ray… No soy la persona más adecuada para que le preguntes eso… No se nada de moral. Solo hago lo que me parece correcto al momento… Unos mueren, otros viven… Solo aprieto mi corazón y espero no equivocarme…— Camille dijo:

—Sí es por algo bueno… Al final, supongo que todo tiene perdón.— Lianne se emocionó y dijo:

—¡Gracias, pensaré en sus palabras!

Fuimos a comer algo después de ahí… «Hoy gastamos un montón… Sí seguimos así, pronto el oro, de verdad será una cuestión… Ni modo, a bolsear a los vencidos… ¡Jijiji!» Pronto atardecería, decidimos regresar con el anciano… Estuvimos presentes hasta que terminó de hacer todos los ajustes. Yo estaba muy al pendiente, de que el viejo no le diera una manoseada de paso, pero se contuvo y al fin quedó terminada. Se la probó con todo su equipo y su ropa nueva… Se veía hermosa, parecía un ángel… La armadura también se veía muy bien, de color plateado y cadenas gruesas, pero móviles, con el sobreveste cubriéndole el pecho y la espalda, así como sus guantes de mallas, perfecta… Ella brincaba de emoción cuando se veía al espejo… Estaba tan contenta, que le volvió a dar otro beso en la pelona, al viejo. Por fin, salimos rumbo al hostal, yo estaba muerta… Todo el día parada… Pero nada me iba a impedir, tomar otro rico baño de agua caliente y beber unas tres botellitas de licor… «Pediré que las suban a mi habitación cuando Camille no se dé cuenta…»

Entramos y les dije:

—¿Quieren cenar? Sí están cansados, pueden pedir que les lleven a sus habitaciones. Yo haré el ajuste mañana, del oro que haga falta antes de partir… Por cierto, Grand… ¿Dónde toman las misiones, los aventureros en la villa?— Él me dijo:

—Arlinne, sí quieres que hagamos eso, debemos pararnos con la luz del sol e ir a la plaza, uno de los templos o algún gremio de aventureros… No tenemos membresía en ninguno, así que será mejor ir a la plaza o a algún templo…— Ray agregó:

—¿Necesitamos oro…?— Les dije:

—No es eso… Solo que ahora que estamos listos los cinco, me gustaría que practicáramos un poco todos juntos, antes de meternos en algo peligroso de verdad y que mejor, que de esa forma.— Camille dijo:

—Arlinne, yo conozco al párroco del templo de mi diosa en la villa. Sí tú gustas, para que no te pares tan temprano… Que sé que no te gusta y que además sé, que quieres volver a beber… ¿Por qué no, vamos antes de medio día a verlo? Seguro tiene encomiendas importantes y pueden servir para lo que tú quieres.— «Perfecto…» Le dije, sonriendo:

—Sí, por favor.— Todos pedimos algo para que nos llevaran a las habitaciones y nos fuimos a las mismas.

Entré a la habitación… Simplemente me quité las botas y me tendí de mi lado de la cama… Ray se acercó y le dije:

—Lo siento, amorcito. Tengo mis pies hinchados, estoy harta de ver tanta gente y en general, estoy aburrida hasta el tuétano… Dame un minuto a esas botellas, aunque no prometo nada, lo más probable es que solo me quede dormida… Es increíble, como no hacer nada a veces, cansa mucho más que hacer algo…— Él se sentó a mis pies en la cama y dijo:

—Te entiendo… Yo también, ya estaba harto, pero al menos Camille quedó contenta y muy bien equipada.— Le dije:

—Sí… Solo por eso lo aguanté. Tengo ganas de aventuras, pero esto simplemente es demasiado para mí… ¿Te imaginas qué fuéramos aventureros, como todos esos chicos y chicas que buscan fortuna…?

—Nunca me gustó, peque. Lo pensé en algún momento de mi vida, pero siempre preferí la seguridad del gremio o la milicia. Al menos hay comida segura en tu plato y un techo sobre tu cabeza… Esos chicos un día duermen aquí y comen de lo mejor y una semana, acampan en el lugar más frío y horrible y solo pueden comer sobras…— Le dije:

—Te entiendo… A mí también, siempre me han procurado mis mentores… El único tiempo que sufrí, fue antes de conocerte. El tiempo que nos dio el maestro antes de realizar nuestra prueba, ahí sí la pasé mal… Por lo demás, siempre tuve comida caliente, un techo y un lecho calientito al cual poder ir a tirarme y descansar…— Le dije, soñando despierta:

—¿Qué crees que hubiera sido de nosotros? Si hubiéramos tenido que ser aventureros y nos hubiéramos conocido y enamorado igual…

—No lo sé… Supongo que perseverar, amor. No tendríamos de otra.

—Sí… Tienes razón, pero si estuviera igual contigo, no me importaría en lo más mínimo.— Él rio y dijo:

—¡Jajaja! Arlinne… Perdón por cortar tus sueños juveniles, pero te quería comentar… Pronto vendrá el invierno y todos necesitaremos ropas más gruesas y tiendas de campaña. No podremos quedarnos como lo hacemos, a la intemperie…— «Más dinero… Qué horror… Sí, el invierno que pasé fuera, la pasé mal y eso que estaba más al sur… Aquí, estamos más al norte… Seguro hace frío, muy probablemente incluso nieve… ¿En Veranda, nevaba…? Claro que lo hacía, estamos en problemas entonces…»

Tocaron a la puerta… Eran las botellas de licor de frutas y las dos charolas de pollo frito. Ray lo recibió y dio la propina. Comimos riendo de tonterías, tomé mis botellas y efectivamente, fue mucho para mí y me quedé dormida.

A la mañana siguiente desperté… Estaba hecha un desastre. Mi cabeza del lado de los pies de Ray, una de mis piernas sobre su torso y la otra fuera de la cama… «¿Por qué me pasan este tipo de cosas, cuando estoy más cansada…? ¿Qué no debería de ser al revés? Pobre Ray… He de ser insufrible mientras duermo». Me levanté y me aseé, después de eso me puse a organizar mis cosas y especialmente, quería hacer cuentas del dinero del grupo… Aún nos faltaba la monta de Camille y sería caro también… Suspiré… Había suficiente aún para eso y una emergencia… «No debo preocuparme tanto por el dinero… Al final del día, empezamos sin nada, al menos yo». Me senté sobre la cama a cepillar mi cabello, debía pensar en algo para el conjuro de enlace con Camille… «No sé el conjuro… Solo sé, que se debe de hacer un ritual…» Ray despertó y me dijo:

—Buenos días, peque.— Le dije:

—Lo siento por lo de anoche…

—No te preocupes, hace mucho me acostumbré.— Le dije:

—No deberías de aguantarte… Sí ves que estoy insufrible, despiértame o envuélveme y ponme en el piso…— Él empezó a reír a carcajadas y dijo:

—¡Jajaja! No amor… Pobrecita de ti. Diario despertarías en el piso o ve tú a saber en donde.— Me molesté un poco, pero me aguanté… Me lo merecía. Le di un beso en la frente y le dije:

—Prepárate con calma, aún es temprano. Quiero platicar con Lianne, acerca de unos conjuros. Ya vuelvo…

Salí de la habitación y toqué a la puerta de Lianne, ella contestó:

—¿Sí?

—Soy yo. ¿Puedo pasar…?

—Pasa…— Entré… Su cama estaba arreglada, como sí no hubiera dormido en ella. Ella estaba en la mesa, casi acostada sobre un libro, haciendo anotaciones en un pergamino… «¿No durmió en toda la noche…? ¿Qué está haciendo?» Me acerqué cerca de su costado para ver que leía o que apuntaba, pero no entendía nada de ninguna de las dos cosas… Le dije: —¿Qué haces hermanita?— Ella dijo:

—Modifico unos conjuros… ¿Qué hora es?— Yo le dije, un poco sarcástica:

—¿De mañana…?— Ella suspiró y siguió en lo que estaba… Le dije:

—Lianne, necesito que me ayudes con un conjuro de enlace para Camille… Yo soy bruta y no puedo sola…— Ella hizo un sonido de desaprobación y me dijo:

—Mmmh… Ya he resuelto eso, renacuajo.— Buscó entre sus ropas y me dio una pequeña cajita… La abrí. Era un anillo muy similar a los nuestros. Me puse contenta y la abracé… Me dijo:

—Renacuajo, necesito que me hagas algunos favores… Tú sabes mucho de monstruos y esas cosas, pero… ¿Qué sabes acerca de necromancia?— Le dije, dudando:

—Es la rama de la magia que tiene que ver con los muertitos y los espantos, ¿no…?— Ella asintió con su cabeza y yo dije:

—No mucho… Solo que el maestro nos dijo, que no debíamos bajo ninguna circunstancia, hacer un conjuro de ese tipo en vano o por cosas triviales…— Le pregunté, alegremente, siendo sarcástica una vez más:

—¿Te vas a volver una nigromante…?— Pero sin siquiera darle importancia a mi afrenta, me contestó:

—No, renacuajo… Solo estudio algunos conjuros referentes… ¿Sabes algo más?

—No… Sabes que mi magia es empírica… Lo único que sé, es que los muertitos y espantos, me ponen los pelos de punta y de ser posible, prefiero darles la vuelta…— Ella rio y dijo: —¡Jajaja! Me lo imaginé… Entonces, te preguntaré algo que sí puedes saber… ¿Qué sabes acerca de los monstruos animados con necromancia?— Me recorrió un escalofrío y le dije, nerviosa:

—¿Te refieres a muertos vivientes…?

—Sí…

—Mmmh… Solo sé, lo que leía en los libros… ¿Cómo y para qué, quieres saber…?— Ella dijo:

—¿Exactamente, qué fuerza los hace animarse…?— Me quedé pensando y dije:

—Pues… No lo sé exactamente… Algunos libros dicen, que es por un vínculo que se crea entre el espacio que dejan al morir en la realidad y alguna otra realidad alternativa… Como, cuando, donde o de que forma… No me lo preguntes, no tengo idea… Algunos otros textos, solo dicen, que se alzan por medio de maldiciones, que atan el alma de las personitas muertas a sus cuerpos, aunque estos ya no tengan vida… Eso de verdad, me asusta más…— Ella me acarició la cabeza y dijo:

—No eres tan tonta como pareces… A veces pienso, como alguien como tú, pudo ser nombrada hechicera, solo para dejar pasar el tiempo y me sorprendas, con algo como esto, que me hace pensar, que incluso estás más avanzada que yo…— «¿Me está haciendo un cumplido o me está insultando…? No lo sé…» Volvió a preguntar:

—¿Sabes o te imaginas, que les da sus cualidades especiales? Tú sabes, como que no los puedas dañar con ciertas armas o conjuros… O sean incorpóreos y esas cosas.— Le dije:

—La verdad… No tengo idea. Pero… Supongo que al estar en un estado diferente que los individuos mortales, eso les da ciertas propiedades… Tú sabes, por el simple hecho, de que no puedas matar, algo que ya está muerto…— Ella se quedó como sorprendida, por lo que había dicho y dijo:

—¡Eres brillante, renacuajo! ¡Eso es…!— Me quedé confundida… «¿En qué se está metiendo Lianne…?» Me molesté, jalé su túnica y le dije, enojada:

—Lianne… Por favor. No te metas en líos, porque invariablemente, te voy a querer ayudar… ¿Qué el poder que tienes no es suficiente…? No vayas a hacer una pendejada. Por favor. Te lo ruego… Deja a los muertitos en paz.— Ella me vio a los ojos y dijo, decidida:

—¿Confías en mí, renacuajo?— Mientras acariciaba mi cabeza… Comencé a llorar y le dije: —Pues… sí. ¡Pero no quiero dejar de hacerlo! ¡Sí eres mala de corazón, lo entiendo…! Pero, por favor… No hagas algo feo.— Ella se echó a reír y dijo:

—¡Jajajaja! Renacuajo. No soy mala de corazón… Todo lo contrario. Sí voy a hacer esto, es porque he aprendido de ti… No te preocupes, todo va a estar bien, pero tienes que confiar en mí… ¡Promételo!— Le dije, controlando mi llanto:

—¿Segura, no harás algo feo…? Que me haga dudar de ti…— Me dijo, abrazándome:

—Lo prometo. Ahora, promételo tú…

—Está bien. Confiaré en ti, lo prometo.

Fin del Capítulo 13.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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