Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 14
- Inicio
- Todas las novelas
- Crónicas de lo Improbable I: Físico.
- Capítulo 14 - Capítulo 14: Capítulo XIV: Mazmorra.
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 14: Capítulo XIV: Mazmorra.
Capítulo 14.
Llegamos a la parroquia… Camille se adelantó al interior, yo me quedé cerca de la entrada, un poco incómoda… Se veía como un lugar pulcro, destinado a la relajación, meditación y paz espiritual, pero eso era lo que más intranquila me ponía, el solo pensar que muchas de estas personas se aprovechaban de la gente… «Claro… No todas». Pero en ese momento pensaba, que solo era la excepción que hace la regla. Camille regresó por mí y me jaló de la mano al interior…
Caminamos hasta detrás de una persona y Camille dijo:
—Rupert…— El hombre en los primeros años de su edad avanzada, volteó, vio a Camille y dijo:
—¡Su santidad…!— Se arrodilló ante ella. Ella lo levantó del brazo y dijo:
—No más, Rupert… Ahora solo soy una sirviente más de nuestra diosa, como lo eres tú.— Él dijo:
—Pero… Los rumores de su muerte y sus crímenes, junto con el cardenal Sendius…— Ella dijo:
—Todos ciertos… Pero a diferencia de Sendius, nuestra diosa me dio una segunda oportunidad de resarcir todo el daño que había causado, por eso pido tu discreción.— Él asintió y dijo:
—¿En qué puedo servir a nuestra diosa, por medio de usted?
—Estas honorables personas, fueron los que pusieron final a la lista de incontables pecados y blasfemias de Sendius y ahora solo queremos, como cualquier otra persona, servir. Sí tienes encomiendas para aventureros dignos que puedan servir a nuestra diosa, con gusto las cumpliremos.— El hombre se quedó pensando…
—Claro. Por aquí, síganme.— Caminamos dentro de la parroquia hasta llegar a un despacho… El hombre nos pasó un fajo de papeles y dijo:
—Pueden escoger las que gusten de estas… Solo que la recompensa no es tan cuantiosa, pero se podrán quedar con el botín que obtengan de ellas, como recompensa de nuestra diosa a sus atenciones.— Las empecé a hojear… Él dijo:
—¿Han desayunado, ya?— No lo habíamos hecho, porque como nos habíamos levantado tarde, habíamos decidido almorzar después de venir aquí. Me voltearon a ver y dije: —No…— Mientras seguía hojeando los papeles. Él dijo:
—Haré que les preparen la mesa, vuelvo en un instante…
Las hojeaba y hojeaba, pero solo eran misiones de encontrar a personas desaparecidas, erradicar pestes, repartir cosas, nada en especial… Solo una, que cada que la veía la volvía a echar para atrás… No quería hacer algo así, menos después de lo que me había dicho Lianne por la mañana. Todos me observaban en espera, suspiré… «¡Allá voy otra vez…!»
La comencé a leer para mis adentros… “Explora el cementerio abandonado y pon fin a las aberraciones muertas vivientes que emergen de las derruidas criptas, provenientes de los antiguos tiempos de Tsun…” Mi corazón se hizo chicharrón… Todos notaron mi descontento. Ray tomó las demás y las empezó a leer… Después de un instante, dijo:
—Todo esto es paja, que podría hacer un grupo de chicos con armas de palo…— Me dio un mareo… Lianne tomó la que tenía en la mano, la empezó a leer y dijo:
—¡Perfecto, renacuajo! Esta es como lo que necesitamos.— Les dije, nerviosa:
—¿No hay otra cosa…? ¡A ver?— Volví a tomar las que tenía Ray… Leí la primera y dije: —¡Ratas! ¡Qué les parece? ¡Y se ve que son muchísimas…! ¡A lo mejor tienen incluso rabia…! Jejeje…— Todos comenzaron a reír… Yo solo reía de nervios. Lianne le dio la nota a Grand y él la leyó… Dijo:
—¡Mirá, Arlinne! Esta es buena, seguro será mucho mejor que las ratas.— Volvimos a reír y ahora la tomó Ray… La leyó en voz alta:
—Explora el cementerio abandonado y pon fin a las aberraciones muertas vivientes que emergen desde las derruidas criptas, provenientes de los antiguos tiempos de Tsun. Personas cercanas se cree que han desaparecido a causa de esto e incluso flora y fauna, ha sido erradicada o movida de su territorio por este hecho. ¡Suma importancia!— Él entendió y dijo:
—Creo que es un problema… A Arlinne le da mucho miedo los muertos vivientes…— Todos me voltearon a ver y dije:
—Bueno… ¡Sí y qué? ¿A poco ustedes no le temen a nada…? Pues… A mí me dan miedo los espantajos… Además por una extraña razón, les gusta seguirme y salir de su camino para ir por mí… Y antes de que se empiecen a reír, no es gracioso…— Estaba enojada y llorando… Camille me abrazó y dijo:
—No te preocupes, Arlinne. Yo no dejaré que ninguno de esos espantos, te ponga ninguna de sus huesudas y descarnadas manos encima.— Le dije:
—Eso no ayudo mucho…— Ella dijo:
—Lo siento… Solo, no te preocupes, verás que estaremos bien, no estás sola.— Eso era cierto… «Siempre que había tenido que enfrentarlos, por una u otra razón era yo sola. Con mi terrible miedo al error… Siempre pensando, que donde me equivocara, moriría». Me empecé a calmar un poco y me cambiaron de brazos con Ray. Dejé de llorar y dije:
—Está bien… Pero sí esas cosas me lamen, ustedes serán los culpables.— Todos volvieron a reír. El párroco regresó y dijo:
—Por favor, su santidad. Pase a desayunar algo antes de partir en las misiones que han escogido.
Estábamos desayunando… Ya estaba tranquila y dije:
—Lo siento, por lo de hace rato… Como se pueden dar cuenta, esas cosas me quitan lo racional… Por eso quiero que para este encargo, Ray sea el líder, por favor.— Todos se me quedaron viendo y Ray dijo:
—Peque… Sí no enfrentas tu miedo, nunca lo vencerás.
—Lo enfrentaré… Pero no quiero tomar una decisión pendeja y que nos cueste la vida…— Él dijo terminantemente:
—¡Me niego!— «¡Qué…? Ray, no me des la espalda…» Me entristecí… Él lo notó y agregó: —Tú serás la líder y yo seré tu consejero, ¿te parece bien?— «Siempre eres mi consejero… ¡Bobo!» Negué con la cabeza y dije:
—Está bien. Pero sí me ves fuera de mí, me cachetearas para que recupere la cordura o tú te harás cargo… Solo si aceptas eso, lo aceptaré yo también.— Él dijo:
—Está bien, Arlinne. Solo hazlo calmada todo el tiempo, ¿sí? Necesitamos de ti y tu conocimiento de esos monstruos para salir adelante. Por eso necesitamos que estés con la sangre fría.— Suspiré pensando… «¡Está bien…! ¡Espantos, no les temo…! ¿A quién quiero engañar…? Sí les temo… Bueno, más bien… ¡Ya no les temo tanto…!» Me calmé, sonreí y dije:
—Está bien…
Salimos después de desayunar, diciendo al párroco, que resolveríamos esa misión y todas las de las personas desaparecidas cercanas a esa zona. Él marcó el lugar del cementerio en nuestro mapa… Algo nos hacía pensar, que todo estaba relacionado…
Fuimos a conseguir un caballo para Camille, yo seguía pensando… «Mejor estar calmada… Ya todos vieron esa faceta, tan fea de mí… ¿Por qué me dan tanto miedo…? No lo sé. Hay monstruos mucho más peligrosos y puedo saltar a hacerles frente…»
Llegamos hasta los establos. Ray y Grand se encargaron de la compra… Revisaban a los equinos y de vez en vez, preguntaban a Camille, sobre su experiencia ecuestre. Cuando todo estuvo listo, yo solo me acerqué para pagar… «Ciento ochenta oros… ¡Pfff! Espero que los espantos, por lo menos, estén forrados de oro… ¡Jijiji!» Sacamos del establo a Camille, ya montando su caballo. Ray y Grand, la ayudaban con las riendas en lo que se acostumbraba y volvía a tomar la medida.
Regresamos por los caballos de los demás y le lancé un saco con oro a Ray, que nuevamente montaba a Tomy. Le dije:
—Ray, consigamos las tiendas de campaña. Encargate de la compra y las cargaremos de una vez en los caballos.— Él asintió… Yo aún estaba un poco molesta, por su negativa de hace rato, pero prefería no demostrarlo… «Espero se me pase pronto… Hablaré con él, en un rato a solas…»
Fuimos por lo necesario y decidimos ponernos de una vez en marcha. Traíamos raciones aún, desde el camino de Therantos hasta acá y además las que acabábamos de comprar… «Será mejor, comer un poco de ahí y darle un respiro a la bolsa de oro…» Los mil oros que guardé de la salamandra, se habían acabado… Solo quedaba lo que había apartado en las dos bolsas pequeñas. Era una suma considerable, pero mejor dejar de gastar por un momento.
Empezó a atardecer… Nos paramos a ver el mapa a las afueras de la villa. El cementerio estaba justo pegado del lado noreste del bosque de Veranda… «¿Qué raro…? Yo nunca había visto un muerto viviente dentro del bosque en mi estancia ahí… Seguramente, el maestro los mantenía a raya…» Se me ocurrió de pronto y les dije:
—Tengo algo muy importante que decirles… Tómenlo como una medida de seguridad. Sí algo llegará a pasar y por alguna razón tuviéramos que correr, corran hacia el bosque. Es el lugar más seguro en el mundo. Esas cosas no nos seguirán ahí dentro.— Todos estuvieron de acuerdo y nos pusimos en marcha hacia la primera de las viviendas, de la persona desaparecida… Me adelanté con el caballo y Ray lo hizo también, me dijo:
—¿Estás molesta, peque? Por lo de hace rato…
—Sí… ¿Se nota?
—Sí…
—No te preocupes… Se me pasará. Pero, ¿sabes? Nunca me habías negado nada de esa manera…
—Lo sé y lo siento… Sí hubiera sido un capricho tuyo, con gusto te lo hubiera cumplido, pero amar a veces, es dar lo que el otro necesita, no lo que quiere…— Le dije, sonriendo: —Está bien, caballero. No te atormentes, ya estoy aquí en marcha con ustedes. Luego zanjáremos nuestros problemas de pareja, ¿está bien?— Él no quedó muy convencido, sí lo había disculpado o no, pero igual dijo:
—Está bien…
Llegamos hasta la vivienda donde había desaparecido la primera persona… Se trataba de una jovencita, tal vez unos veinte años, hija de campesinos… «Pudieron haber sido tantas cosas… Desde fugarse con un amor, hasta algo violento y horrible que no tiene que ver con los espantos… En fin… Preguntemos a sus familiares, a ver que nos dicen…» Decidimos, que iríamos Camille y yo a preguntar. Los chicos y Lianne, revisarían a los alrededores. Aún me preocupaba Lianne… No había dormido nada y tenía esa idea loca por algún motivo, de meterse en cosas de necromancia…
Hablamos con los familiares de la chica… Estaban muy agradecidos que el templo, haya oído sus súplicas. Nos dijeron que desapareció, hace cuatro noches… Cuando por una emergencia, había tenido que ir al río al norte, por agua… Ellos dijeron que se arriesgó, porque el lugar es muy tranquilo y a causa de todos los aventureros en la villa, casi no había monstruos. Les dijimos que revisaríamos el río y les informaríamos de lo que encontráramos… Salimos, los dejamos atrás y fuimos hasta los caballos a esperar a los demás. Le dije a Camille:
—¿Qué piensas…?— Ella dijo:
—No lo sé, Arlinne… Cuatro días es mucho para una niña, que no sabe cazar o defenderse por sí misma…
—Lo mismo pienso yo… ¿Pero dónde terminaría? Sería bueno, intentar buscar su rastro… Dame un momento…
No era rastreadora, pero podía intentar algo… «Aunque esperar a Ray sería mejor, en lugares abiertos, él es mucho mejor rastreador que yo…» Aún así lo intenté… No había llovido en muchos días, así que seguro sus huellas seguían ahí… Busqué unas huellas ligeras, que concordaran con la descripción que nos habían dado los familiares, en dirección del norte… Encontré algunas, pero en el camino había demasiadas huellas de herrajes de caballo, me sería imposible seguirlas desde ahí. Tendríamos que buscarlas más adelante… Los chicos y Lianne regresaron… Ellos hicieron un gesto de negativa… Grand dijo:
—Nada raro, Arlinne… No creo que haya criaturas de esas, por lo menos cerca.— Le dije a Camille:
—¿Puedes intentar detectarlas?
—Sí…— Se paró en medio del camino e hizo su conjuro… Estuvo unos minutos y regresó, negando con la cabeza. Dijo:
—No… Sí están cerca, solo que puedan esconder su presencia, de lo contrario… No.— Les dije:
—El cementerio aún está bastante lejos… Vayamos hasta el río, tengo una corazonada… ¿Dónde es la casa de la siguiente persona?— Ray dijo:
—A unos minutos, sobre el mismo camino.— Seguimos hasta el siguiente lugar…
Empezaba a anochecer y llegamos a la siguiente vivienda. Un campesino jefe de familia, había ido por algunas cosas, que había dejado en el río, para sus cosechas y desapareció… Habían pasado ya seis noches… «Sí cuatro son demasiadas, seis ya es imposible…» Hicimos la misma técnica, pero esta vez, entraron Ray y Grand a hablar con la esposa y nosotras revisaríamos por cosas afuera… Camille intentó detectar a las criaturas y yo busqué por huellas… El campesino debió de haber tenido una carreta, porque había huellas de una, que entraba y salía de la propiedad… «Eso será más fácil de seguir, que las huellas de una señorita en calzado ligero, de 45 kilos de peso…» Volteé a ver a Camille, pero ella negó con la cabeza nuevamente. La clave de todo era el río… «Estoy casi segura, que los muertos vivientes menores, le temen a las corrientes de agua naturales… Nunca cruzarían el río, si no hay un puente, así fuera solo un riachuelo». Los chicos salieron… Nos dijeron lo mismo que ya sabíamos, con un detalle más… Que a la esposa se le hacía muy raro el hecho, de que haya salido en específico por la noche… Por lo demás, siempre lo hacía y nunca había tenido problema.
Les dije, segura de mí misma:
—La clave es el río, vayamos a preguntar a la última casa de la lista y después cabalguemos hasta el río. Acamparemos ahí por la noche para ver que podemos encontrar u observar.
Todos habían estado de acuerdo. La última casa de la lista, el que se había perdido era un chico de apenas siete años… Hace tres noches, estaba jugando ya pasado el atardecer en la ribera y cuando lo vieron por última vez, fue unos minutos antes del anochecer… Lo intentaron buscar con antorchas y perros, pero los perros se negaron a seguir su rastro… «Mmmh… No me digas…» Entramos Camille y yo, a hablar con la desconsolada madre… Básicamente nos dijo lo mismo, que en el reporte, agregando que era un niño muy curioso y de buen corazón… Nunca la desobedecería a menos que tuviera una muy buena causa. La tranquilizamos y salimos en su búsqueda… Los chicos, igual no encontraron nada raro. Camille detectó, pero igual nada… Decidimos ir hasta el río y acampar en la ribera.
Llegamos… No se veía nada raro a simple vista. Los caballos estaban tranquilos, pero yo sentía los vellos de la piel de mis brazos erizarse, con el frío de la noche… Presentía algo. Los chicos encendían la fogata… «Sí se trata de esas cosas… Los que tienen más posibilidades de sobrevivir, dado el tiempo, son el chico y la chica. Sí se trata de cualquier otra cosa, como un depredador… Muy seguramente los tres estén muertos. Sí se trata de monstruos humanoides o asaltantes, seguramente no hubieran atacado al chico… Podría ser cualquier cosa, además de que a estas alturas de la noche, será muy difícil seguir las huellas de la carreta… Mmmh. Pero vale la pena intentarlo…»
Regresé con los chicos y le dije a Ray:
—Voy a iluminar el camino… ¿Me puedes ayudar a tratar de buscar las huellas de la carreta del señor Sancho?— Él asintió, los demás se quedaron alrededor del fuego, mientras Lianne tomaba una siesta. Le dije a Grand:
—Cuida de ellas, por favor.— Él hizo un saludo marcial, mientras nos alejábamos rumbo al camino… Lo suficientemente lejos, Ray me dijo:
—¿Qué opinas, peque?
—No lo sé… Sí son muertos vivientes, es probable que sigan vivos algunos, pero no sé en qué condiciones…— Usé mi conjuro de luz y Ray se agachó, mientras bajaba, comenzó a acariciar mi muslo… «Mmmh…» Yo le dije, aún molesta por lo de la mañana:
—Ya, Ray… Deja eso. Ya no estoy enojada, solo olvidalo… Para otra, sí no quieres sentir culpa, dime que sí y luego a solas, habla conmigo… Hubiera sido muy diferente a como lo hiciste…— Él se paró de golpe, mientras yo hablaba y solo me besó… «¿A quién quiero engañar…? No puedo estar enojada con él». Le correspondí el beso… Después de un rato, lo aparté y le dije:
—Ya… No abuses. Te dije que ya te perdoné, en la cama arreglaremos el resto, ¿está bien?— Él asintió y sin decir nada, volvió a bajar, comenzando a buscar las huellas de la carreta… Sacó un cigarrillo de su camisa y lo prendió, mientras estaba ahí abajo… «¡Pfff! No tengo voluntad ante Ray… Sí él me dice ponte, yo lo hago, pero si yo le digo algo… Me acabo de dar cuenta, que a veces no lo hará… Mmmh. Lo platicaré con él con calma… Además, después de todo, él me aguanta todo y eso ya es suficiente… Creo que en el fondo, estoy haciendo un mar de una lágrima, mejor olvidar lo que pasó de una vez».
Me dijo, después de un momento:
—Peque… A menos que por aquí circulen muchas carretas iguales, las huellas que me pediste buscar siguen y cruzan el río, por su parte más tranquila.— Le dije:
—Vamos con los demás y regresemos a seguirlas…— Volvimos al campamento, les contamos de nuestro descubrimiento y fui a despertar a Lianne. Ella se puso de pie en seguida y nos pusimos en marcha… Llegamos hasta el río a pie, seguía iluminando el camino, mientras Ray seguía las huellas… Él se detuvo y dijo:
—La carreta salió del camino y se dirigió a esa espesura…— Señaló con su dedo a unos doscientos metros a la izquierda del camino… Les dije:
—Vamos… Estén atentos, puede ser cualquier cosa…— Desenfundé mis armas y con cuidado, nos acercamos hasta la espesura… Antes de entrar a la vegetación, le dije a Camille, casi susurrando:
—A ver… Vuelve a detectar, por favor.— Ella asintió y empezó a canalizar… Nos dijo:
—¡Esta vez, sí…! ¡Están en esa dirección…!— Les hice una seña a todos y entramos entre los árboles… Caminamos otros cincuenta metros y vimos un grupo de zombis, trasteando y tratando de avanzar torpemente hacia adelante, como sí algo los detuviera… ¡Cómo sí hubiera una barrera invisible…? Me iba a lanzar contra ellos, pero Camille me detuvo y dijo: —Espera, estos pobres condenados, no merecen el filo de tu espada…— Empezó a canalizar, mientras decía una letanía… «No entiendo lo que dice…» Una luz se formó por encima de ellos y todos simplemente ardieron en cenizas… Todos nos quedamos boquiabiertos… «¡Esa es su verdadera fuerza…? ¡Así como sí nada, los ha borrado de la existencia…!» Ella me sonrió y dijo:
—¿Ves…? No hay nada de que asustarse.— Corrí hasta donde habían estado los pobres desgraciados, pero solo restos de sus cenizas yacían en el piso… Lianne se agachó a inspeccionarlas y de reojo vi que tomó algunas en un frasquito… «¡En qué demonios estás pensando…?» Le iba a reclamar, pero había prometido confiar en ella… Oí unos gemidos, que provenían de más al fondo, salí corriendo haciéndoles una seña… Era la carreta del señor Sancho, estaba desvencijada… En ella estaban los dos chicos, vivos.— Les grité:
—¡Por aquí!
La chica tenía fiebre y parecía inconsciente… Al parecer, uno de los zombis la había mordido… El chico estaba ileso. Le dije al chico:
—Tomás, ¿verdad…?— Él asintió, llorando… Le dije:
—Tranquilo… Tu mamá nos envió a buscarlos. Ya todo está bien, esos monstruos se han ido. ¿Puedes calmarte un poco y decirnos qué fue lo que paso?— Él dejó de llorar y comenzó a hablar…
—¡Hace unos días, estaba jugando en la ribera, pero oí el grito de auxilio de Angélica, mi vecina y decidí ver que era lo que pasaba…! Caminé hasta acá y esos monstruos rodeaban la carreta del señor Sancho… Cuando quise correr para pedir ayuda, ya me rodeaban y tuve que correr de regreso… El señor Sancho parecía un monstruo e intentaba atacarnos, pero por alguna causa, no podían pasar del límite de esas dos ramas…— Señaló por donde veníamos, continuó y dijo:
—Angélica está muy mal… No podía correr y dejarla sola. Así que decidí solo gritar, pero nadie nos escuchaba… No podíamos salir por los monstruos, pero tampoco nadie venía a ayudarnos… Estuvimos comiendo de los vegetales del señor Sancho, todo este tiempo…— Volvió a romper en llanto… Le dije:
—¡Eres un chico muy valiente, Tomás! ¡Muy valiente y muy listo! ¡Ya todo va a estar bien!— Camille ya atendía a la chica… Le di de beber al chico de mi agua y lo abracé para que se calmara… «Me imagino que los zombis no pudieron pasar, por algún tipo de guarda, que el maestro colocó en la periferia del bosque, pero eso mismo impedía que los gritos de ayuda de los chicos, salieran fuera de él… ¡Qué suerte han tenido…!» Desafortunadamente, don Sancho, no había corrido con la misma suerte… «No sé de qué depende, pero algunos zombis pueden procrear de esa forma y otros no… Tal vez no sean simples zombis…»
La chica despertó después de algunos minutos, nos dijo que el señor Sancho estaba en problemas y decidió revisar que era lo que pasaba, pero que esos monstruos los habían acorralado a las orillas del bosque de Veranda. Estuvieron esperando ayuda, pero el señor Sancho estaba muy mal y que ella sola, empujó la carreta hasta donde no los pudieron seguir. Después de unas horas, el señor Sancho se transformó en uno de ellos y la mordió… De ahí, nos contó lo mismo que el chico.
No era muy tarde aún… Decidimos regresarlos a sus respectivas casas y descansar en la casa de la chica esa noche. Mañana, Ray y Grand, se encargarían de la viuda. Dormimos en el granero de la familia de Angélica.
Resolvimos las cosas con la esposa del señor Sancho y decidimos continuar en marcha hacia el cementerio… Estaba como a cuatro horas, galopando desde el río donde encontramos a los chicos. En el camino, Ray se acercó a mí y me dijo:
—Peque… ¿Me habías comentado, que tu primer maestro es el guardabosques de Veranda?
—Así es…— Me preguntó:
—¿Tu maestro, no pudo haber ayudado a los chicos…?— Le dije, cabizbaja: —Desafortunadamente… Mi maestro, no ayuda a nadie… Bueno, no es como que no lo hubiera hecho de haberlo sabido. Simplemente, lo que quiero decir, es que no sale de su camino para ayudar a alguien y es muy probable, que ni siquiera se haya enterado… El bosque es muy grande…— Él dijo:
—Ya veo…
—No lo malentiendas… Simplemente a lo que me refiero, es que no anda rondando el bosque para ver quien está en problemas. Eso es lo que quise decir…— Él me dijo, viéndome a los ojos:
—¿Qué clase de persona es…? Sí se puede saber.
—Ni yo misma lo sé con exactitud… Yo aún estaba muy liada con mis tonterías, cuando me llevó con el hechicero… Pero los años que pasé aquí, fui feliz. Es una persona muy reservada y muy introvertida… Ahora que me lo preguntas, nunca lo había pensado antes, porque era muy pequeña, pero siempre parece molesto o como sí cargara dentro un enorme dolor… Pero solo es su fachada, en realidad es muy amable…— Sonreí.
Atravesamos el río… Ray volvió a preguntar:
—¿Hasta qué distancia crees que sea correcto llevar los caballos?
—Hasta allá y cuando lleguemos, los dejamos dentro del bosque. Eso será suficiente para que estén tranquilos… Aunque sí empezamos a ver de esas cosas antes de llegar al cementerio… Me gustaría que las fuéramos purgando, para que no pase otra vez, lo que le pasó a los chicos… Vamos a bajar la velocidad como nos acerquemos, para ir revisando a los alrededores del camino. Es probable que a la luz del día, anden por las sombras o estén pasivos en un lugar en específico.
—Está bien… ¿Qué crees que haya en esas criptas?
—No tengo idea… Pero sí eran parte del reino de Tsun, probablemente pasó lo mismo que en Tsun. Será agitado y no sé, sí Camille pueda hacer lo que hizo anoche, sí son demasiados… Pero de algo estoy segura… Habrá algunos muy peligrosos, como los había en Tsun, sí no es que más…
Nos íbamos acercando al cementerio… No había ni rastro de ellos. Cada cierto tiempo, nos deteníamos y le pedía a Camille que los detectara, pero nada… «Mmmh… ¿Cómo llegaron esos hasta allá?» Que raro…» Seguimos avanzando…
Llegamos hasta el cementerio y nos quedamos boquiabiertos por el tamaño de aquel lugar… Era enorme. Bien podría ser del tamaño de una villa o de una pequeña ciudad. Lapidas, edificios y tumbas hasta donde podíamos ver en la dirección del cementerio… Les dije, jugando:
—¡Ya ven…! Eran mejor las ratas. ¡Jijiji!— Bajé de mi caballo y lo conduje rumbo al bosque, todos me siguieron haciendo lo mismo. Grand me dijo:
—¿Qué recomiendas, Arlinne?— Les dije:
—No podemos meternos ahí, sin saber más. Debemos esperar a la noche y darnos una idea de cuantos son y de donde salen. El informe de la misión decía criptas, pero aquí bien podría haber más criptas que edificios en la villa…
Llegué hasta el bosque, profundicé en él unos cien metros, revisando los rasgos del lugar en todas direcciones y me puse a darle de beber a mi caballo, en lo que mascaba una asquerosa galleta de barro, de mis favoritas… Todos llegaron tras mío y Grand me preguntó:
—¿Está bien, sí encendemos una hoguera aquí?
—Claro, no hay problema. Solo apaguémosla antes de movernos.— Me senté sobre una roca. Era un lugar muy hermoso en verdad… Mi maestro se había dedicado en cuerpo y alma para que el bosque permaneciera tranquilo y libre de corrupción durante mucho tiempo… Incluso los elfos, no tenían las bolas para desafiarlo y pisar el lado norte del bosque. Les dije, sonriendo:
—¿Tenemos algo fresco de comer…? Que no sean estas asquerosas galletas.— Todos negaron, con excepción de Camille, que estaba ocupada. Ray preguntó:
—¿Podemos cazar aquí?
—Preferiría no hacerlo. Por favor.— Ray y Grand, asintieron… «Después de conocer al hechicero, estoy segura que piensan, que el guardabosques debe de ser alguien igual de especial a él y no se equivocan». Camille volteó y dijo:
—Yo si tengo algunas cosas frescas que me regalaron en la parroquia, ¿quieren?— Mis ojos se iluminaron… «No importa que solo sean vegetales, todo es mejor que esto». Le dije, emocionada:
—¡Sí, por favor…!
Cenamos una rica sopa de verduras con hongos y unos trozos de carne salada, que salteamos en el fuego con especias, nada mal… Ya era entrada la tarde, muy pronto empezaría la acción… Les dije:
—Esta vez, yo haré la guardia, descansen un rato. Vigilaré el cementerio desde el bosque.— Justo cuando terminé de decir eso… Canalicé mi conjuro de salto, me encarreré corriendo y trepé a un árbol, el más alto que pude… Me acomodé entre las ramas, asegurando mis piernas, muy bien entre ellas y me senté a esperar, viendo hacia el cementerio… «Vamos a ver cuantos son y de donde salen…»
Muchas cosas venían a mi mente durante la espera… «¿Qué hubiera pasado? Si le hubiera dicho a mi maestrito, el guardabosques, que no quería estudiar magia… Que me quería quedar con él, cuidando del bosque… Tal vez, nunca hubiera conocido a ninguno de ellos… ¿Seria yo una buena guardabosques…? Me imagino, que a estas alturas, ya dominaría el combate cuerpo a cuerpo y con arco, como nadie más de mi edad…» Se acercaba el anochecer, me empezó a entrar esa ansiedad, que no sentía desde que estuve en Tsun… Encendí varias de mis luces mágicas y las acomodé desde ahí arriba sobre el cementerio, tenía que poder ver cada detalle… Exactamente a los últimos minutos del crepúsculo, comenzaron a hacerse presentes… Salían de todos lados… De sus tumbas, de las criptas, de los agujeros en el piso, de todas partes… Fácilmente superaban en número a los de Tsun… «¿Qué tragedia habrá ocurrido aquí, hace cientos de años…? Para que el único legado de esos tiempos, sean estas abominaciones… Según los libros, la mitad de este continente era el reino de Tsun… Así que todas estas tierras, están igual de malditas que la capital, pero… ¿Por qué solo en algunos lugares ocurre esto?» Ya había visto lo que necesitaba… Canalicé mi conjuro de salto y con mucho cuidado, comencé a descender. Bajé por completo y fui hasta mis compañeros. Les dije:
—Es la hora, apaguemos la fogata y vamos.
Estábamos encaramados en la última vegetación del bosque, mientras todos veían con ojos abiertos a las criaturas… Grand dijo:
—¡Son demasiados…!— Asentí y les dije:
—Deberíamos ahora que tenemos oportunidad, derribar a los más que podamos, para evitar cualquier error cuando entremos a las criptas… Algo me dice, que no será tan fácil, como solo bajar y limpiarlas. Pienso que debe de haber algo gordo debajo, es muy probable que incluso alguna construcción subterránea…— Ray preguntó:
—¡Tú crees…?
—Muy probablemente… ¡Ah! Y además recuerden, que esas cosas me van a estar siguiendo todo el tiempo…— Lianne dijo:
—¡Oye, renacuajo? Sí tanto les temes y te causan tantos problemas… ¿Por qué decidiste recuperar la joya que se encontraba en Tsun…? El maestro nos dio muchas opciones…— Le dije, sin siquiera voltear a verlos:
—En ese tiempo, aún estaba muy deprimida y fue más un intento de suicidio, que una elección de éxito… Bueno. Todo eso cambio, cuando conocí a Ray, pero ya me quedaba muy poco tiempo para cambiar de plan…— Salí de la espesura y les dije:
—Vean esto…— Me paré a unos diez metros del más cercano y me senté en el piso… Todos como osos que huelen una colmena, que la lluvia tira al piso, empezaron a caminar hacia mí… Lento, pero sin lugar a dudas, hacia mí… Ellos veían incrédulos, como desde muy lejos, empezaban a sentir mi esencia y se empezaban a arremolinar unos con otros para ir a mi encuentro… Me paré lentamente, desenfundando mis armas y dije:
—¿Ven, por que quería las ratas…?— Los empecé a abatir, cortando sus piernas y sus brazos, haciendo cortes a sus hombros y cuello… Los demás dejaron de observar y se unieron.
Así estuvimos un largo rato, parecían interminables… Eran simples zombis, pero mejor que fueran los menos posibles… «No quiero volver a torcer mi tobillo y terminar devorada por estos pobres andrajos…» Ray dijo:
—Son demasiados… ¿De dónde salen tantos?— Le dije, con mi respiración ya en mi mano: —Debe de haber algo debajo, esto no es solo un cementerio… Lo hicieron un cementerio, después de cualquier cosa que haya pasado en Tsun. Como un recordatorio, de que es un mal lugar…— Camille me dijo:
—¿Quieres que purgue a los más que pueda? Como lo hice ayer…— Le dije, jadeando:
—No… Eso nos puede salvar la vida ahí debajo. Sé que es cansado y monótono, pero no gasten sus fuerzas o conjuros especiales en estas basuras. Debemos ser cautos, se acerca el momento de que avancemos un poco nosotros…
Por fin… Empezaron a llegar hacia nosotros en cantidades de un solo dígito… Les dije:
—Este es el momento… Vamos moviéndonos a la entrada de la primera cripta. Ya debe de estar, más o menos despejada. Sí se nos juntan muchos en la espalda por cualquier causa, Lianne o yo, haremos un conjuro para deshacernos de todos esos juntos… Síganme y Grand, cubre la retaguardia, por favor.— Él asintió y yo me empecé a mover entre los zombis, aún tasajeándolos y derribándolos a mi paso…
Recordé el camino que había visto desde el árbol y me empecé a mover entre las lápidas y los sepulcros del cementerio… «Mmmh… Debe de ser por aquí. Hace un rato, no vi a ninguno que no fuera un zombi, pero debajo seguro la fiesta se va a poner mucho mejor…» Llegué hasta la puerta de la cripta y lancé mi cadena de relámpagos al interior de ella, para terminar con los que se habían quedado atorados en la entrada… Mi conjuro los golpeó a todos, saltando de uno a otro, mientras les transmitía la descarga por igual. Les dije:
—Entremos y busquemos una forma de asegurar la entrada.— Camille me dijo:
—Yo puedo evitar que entren.— Recordé el conjuro que hice para salvar mi vida… «A lo mejor, es algo similar…» Le dije:
—Sí, por favor.— Camille canalizó y una brillante esfera de luz, se fijó en la puerta, pulsando… Todos los zombis empezaron a caminar en direcciones opuestas a nosotros, tratando de alejarse lo antes posible de ahí.— Les dije:
—Chicos… Confió en la magia de Camille, pero aun así. Busquen medios físicos para asegurarla, por sí tardamos más tiempo del que dura su conjuro, por favor.— Le hice una seña a Lianne y ella iluminó el lugar, le agradecí y empecé a observar todo con mucho detenimiento…
Se veía como una cripta como cualquier otra, pero no tenía la arquitectura de Tsun… Yo la conocía muy bien, tuve mucho tiempo para verla a detalle con anterioridad… Vi las escaleras y dije:
—¿Chicos, cómo va la puerta?— Ray dijo:
—Lo único que podemos hacer es poner estas lozas de estos sarcófagos, encaramadas contra ella… No durará mucho, pero si estamos lejos para cuando el conjuro termine, seguro resistirá, en lo que pensamos algo de vuelta acá arriba.— Les dije:
—Por favor, háganlo.— Ray y Grand, movieron las pesadas lozas de roca tallada hasta la puerta y las acomodaron en forma que la sostuvieran.
Encendí otra luz y empecé a descender las escaleras… «¡Qué estoy haciendo…? ¿Y si hay trampas?» Me quedé pasmada, sin dar un solo paso más… «Aún nos falta un rastreador, para ser un grupo de aventureros en toda regla… Demasiado tarde para eso… Seguro en la villa hay muchos rastreadores que harían cualquier cosa por unas monedas… Pero… No. Una persona así, nunca estaría a gusto con nosotros, ni nosotros con ella… ¡Espera un momento…! ¿Esa chiquilla…? Puripeni, no sé que… Seguro es buena para esto. Sí se hubiera unido a nuestro grupo, seguro ella, podría ser nuestro rastreador…» Les dije, suspirando y volviendo a la realidad:
—¡Sean cuidadosos…! Sí hay trampas muy elaboradas, yo no puedo ni siquiera detectarlas… No creo que las haya acá arriba o los zombis ya las hubieran activado, pero siempre puede ser una posibilidad…
Una cosa era detectar las trampas que los goblins hacían con sus manitas pendejas y otra, muy diferente, las que hacia un arquitecto experimentado, incorporándolas como parte de su obra… Suspiré y de igual forma, comencé a descender, mientras trataba de revisar cada rincón, estando atenta a cada sonido. Le pregunté a Camille:
—¿Cuánto durará ese conjuro…?— Ella respondió:
—Unas dieciséis horas…— «Ojalá, sea suficiente…» Les dije:
—Vamos, sean cuidadosos…— Llegamos al piso de abajo…
Lo mismo… Solo una cripta, pero había otra escalera… La vimos y Ray me volteó a ver. Le asentí con mi cabeza y volvimos a bajar… Lo mismo, otro piso de la cripta, idéntico a los anteriores y otras escaleras… Así seguimos, siete ocasiones… Hasta que las últimas escaleras que tomamos, condujeron a una gran sala rectangular con paredes como de quince metros es sus extremos más largos. Iluminamos el lugar y cual sería nuestra sorpresa… Era una fosa común, con un horrible hedor, llena de necrófagos y restos de incontables personas… Les dije:
—No les den oportunidad de nada, arrásenlos, son muy peligrosos…
Lianne, inmediatamente canalizó su conjuro de cadena elemental y los necrófagos aún preguntándose que estaba pasando, empezaron a ser golpeados en todas direcciones… Los que alcanzaron a reaccionar, ya venían contra su objetivo favorito… «¡Qué equivocados están! No soy la misma niña asustada, de esa vez…» Ray y Grand, les intentaron cortar el paso, pero solo detuvieron a unos cuantos… No importaba, me la debían… «¡Saben cuántas noches de sueño me echaron a perder?» Esperé el momento justo… Saltó el primero, me hice a un lado y lo atravesé con mis espadas a la altura de su cuello, degollándolo… El segundo llegó manoteando, directamente hacia mí… Pero, más rápido que él, retorné mis espadas al frente y corté sus manos, pateando su cuerpo lejos de ahí con el resto de mi impulso… El último trató de desgarrarme, de arriba hacia abajo cuando termine el impulso de mi patada, pero para su sorpresa… Usé mi técnica de bloqueo… Flexioné un poco mis rodillas para reducir mi altura y abrí el arco de mis piernas… Intercepté sus asquerosas garras en lo alto de su cabeza con mi espada izquierda… Su sangre color verde botó de la fuerza, que el mismo había puesto en su ataque, después de eso, yo solo lo barrí desde abajo hacia arriba, con mi espada derecha, partiéndolo a la mitad.
Estaba por fin libre… Volteé a ver a los demás, para ver si necesitaban ayuda… Nada de eso… Los estaban haciendo pedazos. Ahí, en ese momento, fue la primera vez que entendí, que de verdad, todos juntos éramos muy poderosos. Todos bien coordinados, apoyándonos los unos a los otros… Incluso Camille, que tenía unos días con nosotros, sin lugar a dudas por algo había sido la suma sacerdotisa de un templo… Con unas cuantas palabras en cada uno de sus conjuros, los necrófagos caían en llamas de color amarillo pálido, ardiendo al piso… Y con su báculo, tampoco era una broma… Sabía envolverlos en su movimiento y golpearlos de lleno, quebrando sus huesos y articulaciones. Terminamos en tan solo unos segundos… Iba a canalizar magia para las armas de todos, pero no fue necesario… Las dos docenas de necrófagos, habían sido masacradas.
Todos recuperaban su aliento, tapándose la boca para no respirar tanto la peste de ese lugar. Lianne me dijo:
—¡Perfecto, renacuajo! El anillo que creé, sí funcionó.— Me quedé pensando… «¡El anillo…? Cierto». Aún lo tenía conmigo, no se lo había dado a Camille… «¿Pero, entonces cómo…?» Hice una sonrisita inocente y le dije:
—¡Jijiji…! Aún no se lo doy…— Ella más sorprendida que molesta, me dijo:
—¿Cómo…? A ver, renacuajo, lánzanos un conjuro…— Asentí y así lo hice… Armas de fuego para todos… El arma de Camille respondió y se encendió en llamas… Ambas nos vimos, la una a la otra y volteamos a ver los anillos que nos había dado el maestro… «¿Es obra de los anillos…? ¿O de algo más…?» Algo que no entenderíamos por completo hasta muchos, muchos, años después…
Inocentemente saqué la cajita del anillo de entre mis ropas y me acerqué a Camille, diciéndole:
—Hicimos esto para ti. ¿Puedes usarlo, por favor? Hará que estés más en sincronía con nosotros y nuestros conjuros.— Ella sonrió y dijo:
—Seguro. Es muy lindo, gracias.— Lo puso en su dedo. Los volteé a ver a todos y les dije: —Tenemos cuatro escaleras más… Sugerencias.— Grand dijo, riendo:
—¡Jajaja! Arlinne. Nunca nos has quedado mal, guianos tú. No sé si sea un don, pero seguro sabes lo que haces y a donde te diriges.— Sonreí y empecé a imaginar… «¿Qué clase de estructura podría ser esta…? ¿Una ciudad subterránea? ¿Una gran cámara funeraria para alguien o algo? ¿Un templo? ¿Por qué bajo tierra? ¿Y por qué tan lejos de la capital…? Me quedo con la segunda opción, pero… Eso significa, que habrá trampas… Mmmh… Me empezaré a preocupar cuando no haya más muertos vivientes alrededor».
Me imaginé que forma podría tener… Recordé la posición de las criptas en la superficie… «¿Todas tendrán escaleras…? Lo dudo. Mmmh… Debe de ser una de las escaleras de adelante, pero… ¿Cuál?» Les dije:
—¡Esta escalera…! La de adelante a la izquierda. Sean cuidadosos, cinco a uno a que habrá trampas. Yo iré por delante. Ray, ven tras mío para que me sujetes, por si cualquier cosa y Grand, lleva la retaguardia, por favor.— Todos asintieron, mientras Camille, solo me observaba maravillada… Dijo una oración por las almas perdidas en esa cámara y empezamos a bajar…
Con mucho cuidado, comencé a bajar… Trataba de observar los escalones, el borde de la pared, el techo, cualquier seña me bastaría. Entonces la vi… La primera del lugar. Me detuve e hice una seña para que se detuvieran… «¿Por qué esos escalones, no están desgastados en lo más mínimo…? Mmmh… Que casualidad». Eran casi cinco, todos ellos juntos. Le dije a Ray:
—Sujétame, amor. Y por favor, no me vayas a soltar…— «Espera… ¿Le he dicho amor, frente a todos…?» Me sonrojé y Camille suspiró y dijo:
—Hacen tan bonita pareja…— Traté de ignorar mi desliz, le di la mano y le dije:
—Párate aquí…— Se acomodó y le dije:
—¿Listo?
—Sí, peque.— Pise con todo mi peso, tratando de saltar sobre los primeros dos escalones y una trampilla se abrió… Eran falsos. Se desplegaron al otro lado de la escalera y dejaron al descubierto un profundo pozo con barras metálicas que me trajo muchos recuerdos… Quedé colgando del brazo de Ray… Le dije:
—Ya puedes subirme, solo quería ver que tan profundo es…— Después de unos cuantos segundos, los escalones se volvieron a poner en su lugar por medio de un mecanismo.
Les dije, mientras sacaba una cuerda:
—Grand, iras tú primero. Amarrate la cuerda, sí algo pasa, todos juntos te sostendremos.— Él se amarró la cuerda alrededor de su cintura y sus hombros… Les dije a los demás: —¿Listos?— Asintieron… Le dije a Grand:
—Cuando quieras…— Él saltó… Para ser una persona de su tamaño y su peso, era bastante ágil. Lo logró sin problema. Le dije:
—Prepárate… Ahora sujetarás tú la cuerda.— Vi cual podría ser la más débil físicamente y nuevamente, mi hermana había perdido por mucho… Amarré de la cintura y los hombros a Lianne y le dije:
—Ya vas hermana… Al menos haz un buen intento. Solo haz como que saltas y te arrojas a los brazos de tu caballero…— Ella así lo hizo… Saltó como pudo y Grand la cachó en sus brazos… Sus miradas se encontraron por unos segundos y se quedaron así un rato… Les dije: —Sí no les importa… Aún hay gente acá arriba.— Se apenaron, Grand la puso de pie en las escaleras y me lanzó de vuelta la cuerda. Amarré esta vez a Camille… Ella brincó sin ningún problema y cayó del otro lado, sin ayuda de nadie. Salto después, Ray y después yo… Ambos sin un solo problema. Me concentré nuevamente en ir observando… Les dije:
—Esto pasa, cuando no tenemos a alguien que pueda desactivar las trampas… ¿Qué opinan de la chica que me intentó asesinar…? ¿A poco no sería lindo que fuera nuestra compañera? Seguro sabe de estas cosas…— Lianne se botó a carcajadas y dijo:
—Renacuajo… ¡Jajajaja! ¿No te preocupa que te odie hasta el tuétano? ¡Jajaja!— Le dije, sonriendo:
—No, en lo más mínimo. Del odio nace el amor… Además, seguro tiene muchos problemas también y seguro, también necesita amigos, como yo los necesito… No es bueno estar sola, se siente feo…— Ray acarició mi cabeza.
Por fin, llegamos hasta la planta de abajo… Estaba llena de sarcófagos y este lugar, sí que tenía la arquitectura de Tsun… «¡Lo sabía!» Les dije, bajito:
—Pues… La misión es muy difícil. Sí se trata de acabar con todos los muertos vivientes del lugar… Se han dado cuenta de que este lugar es enorme. Yo tengo curiosidad, por ver que puede estar enterrado aquí… Pero la curiosidad mató al gato, así que sí quieren que nos vayamos a la superficie y acabemos con los guiñapos que caminan por el cementerio, este es un buen momento…— Ellos se quedaron viendo entre ellos y Lianne dijo:
—¡Ya me hiciste saltar por el hoyo, ahora quiero seguir…! Estoy haciendo algunos estudios de estas criaturas y quiero ver que otras clases de abominaciones puede haber aquí abajo.— «¡Pfff…!» Camille dijo:
—Yo no tengo problemas, entre más de estas pobres almas condenadas purguemos, mejor.— Ray y Grand, asintieron… Ray dijo:
—Me aburro de comer y dormir, peque.— Grand solo rio… Camille me dijo:
—Arlinne, creí que les temías… Incluso preparé un par de conjuros para quitar tu miedo… —Desafortunadamente… Es un miedo morboso, por eso me asusta más. Yo también quiero pelear con ellas y destruirlas a todas… Está bien. Entonces sigamos con cuidado, esto puede ser muy peligroso, mucho más que atravesar el volcán… ¿Lianne, podemos salir de aquí en una emergencia?— Me dijo:
—Sí… Pero será hasta Therantos.— «Bueno… Mucho mejor que morir, sí es». Les dije:
—Está bien… Traten de no tocar nada. Pienso que algo horrible pasó en todo el reino de Tsun hace muchos años y parte de eso aún puede estar aquí…— Lianne ya estaba tratando de abrir un sarcófago… «¿Por qué está obsesionada, tan de repente con todo esto?» Me apresuré hasta ella, le di un manazo en las manos y le dije:
—¡Qué haces…?
—Solo quiero echar un vistazo…
—¿Nunca antes has visto a una persona muerta…? Deja eso por la paz. No tendrás que abrir nada, pronto habrá más de ellos rodeándonos, sin necesidad que tú los busques…— Me vio como lo hace una chiquilla, que es regañada por su madre y dijo:
—Está bien, renacuajo, ya pues…— Teníamos varias opciones para seguir descendiendo, seguí pensando dentro de mis propios planos hechos en mi cabeza… Dije:
—Sigamos por esta escalera de este lado.
Bajamos con mucho cuidado de las trampas y llegamos sin ningún contratiempo hasta una especie de cámara mortuoria… Cuatro figuras con armaduras de placas color negro, nos esperaban en el centro del lugar.
No hacían, ni decían nada… Por un momento, pensé que eran estatuas, pero no. Una de ellas comenzó a hablar en un idioma que no podía entender… Le dije a los demás:
—Tengan cuidado… No sé lo que puedan ser, pero de seguro están muertos como todo lo demás en este lugar…— De pronto, los pudimos entender…
—¿Por qué osan perturbar el descanso del gran Amelit II? Nosotros somos sus eternos guardianes. Esta es su última advertencia…— Volteé a ver a mis compañeros y les dije a los caballeros muertos vivientes:
—Su era ha pasado, muchas abominaciones se han formado y salido a nuestras tierras por medio de estos túneles y criptas… Solo bajamos a asegurarnos que nada más salga.— Ellos dijeron, todos al mismo tiempo:
—Nuestro tiempo no ha pasado. Esta tierra sigue siendo nuestra y la vigilamos desde la oscuridad. Ustedes son solo unos invitados en este lugar y ahora ustedes en particular, se han convertido en unos invitados indeseables…— Todos ellos desenfundaron sus armas… Les grité a todos:
—No dejen que los toquen, seguro pueden drenar nuestras energías o algo peor… ¡Solo háganlos pedazos!
Desenfundé mis armas y junto con Camille y los chicos, tratamos de enfrascarnos uno a uno en combate para dejar libre a Lianne. Empecé a seguir al de la extrema izquierda… Era rápido, solo me hacía a un lado de sus tajos. Se notaba que en vida había sido un guerrero, no eran golpes erráticos como los de los simples esqueletos, ni ataques ferales como los de los necrófagos, eran golpes de alguien con entrenamiento marcial… Recordé mi entrenamiento con Ray y Grand… «Que bueno que practique con ellos… Mejor evadir por unos momentos y no bloquear, hasta estar segura de que lo voy a golpear». Ray y Grand, tenían dominados a los suyos, pero me preocupaba Camille… «No sé que tan bueno sería su entrenamiento… No sé, sí le dé para enfrentar a un guerrero, debo apresurarme…» Por fin… Bloqueé al mío y lo empecé a atacar con varios cortes a su pecho… Obvio no esperaba mucho, porque no estaba vivo, solo necesitaba sacarlo de balance… Lo fui empujando hacia atrás, lo tenía fuera de balance, entre más lo golpeaba, más lo empujaba… Así seguí, haciéndolo cada vez más rápido… Alcancé a ver de reojo como Grand, acabó con el suyo, partiéndole su cráneo en dos, golpeando hacia el piso con una fuerza descomunal con su enorme hacha. Era el momento… Lo terminé de empujar y le lancé mi cadena de relámpagos, sin temor a repercusiones de su parte… Lo golpeó y de paso golpeó al de Ray, sacándolo de balance… Él aprovechó la oportunidad y con una serie de tajos, lo despojó de brazos y piernas. El mío, igual cayó al piso, perforado por el relámpago. Camille volteó a vernos y dijo:
—¿Ya…?— Todos nos quedamos pensando en su pregunta… Ella, simplemente empujó al guerrero con su báculo hacia atrás y lanzó un conjuro… Una luz emergió de su mano, como una especie de haz luminoso, prendiendo en llamas las partes del caballero que tocaba, para dejarlo hecho cenizas… Ella dijo:
—Les pregunté que sí, ¿ya? Creí que les iban a sacar más información acerca de este lugar…— «¡Jajaja! Nunca necesitó nuestra ayuda desde el principio…» Tenía una gran habilidad para la magia de fe, era como un prodigio… Volteé a ver a Lianne y ella ni siquiera estaba prestando atención a la pelea… Solo veía las escrituras en la pared de la cámara. Me llamó:
—Renacuajo… Ven para acá.— Le dije, molesta, mientras caminaba hacia ella:
—¿Y bien, por qué no estabas peleando con nosotros, señorita necrofilia…?— Ella dijo: —¿Contra quién… Esos pobres habladores? ¡Nah! Puse atención por unos momentos, pero ustedes los tenían dominados.— Le dije, siendo dramática:
—¿Entonces… Ya no te importo? Y sí me tuerzo el tobillo o me tropiezo o algo pasa…— Se echó a reír:
—No seas dramática, renacuajo… No te iba a pasar nada. Hubieras visto el rostro de esa criatura, nunca pensó ni por un momento, que éramos demasiado para ellos.
—¡Está bien, pero que no se te haga costumbre…! Esto es peligroso, pon más atención… —Sí, renacuajo. Está bien, pero mira… Es más importante esto.— Iluminó la pared y le dije: —¿Sabes la antigua escritura de Tsun…?— Ella dijo:
—No, renacuajo. Esto no es escritura antigua, son runas arcanas…— Me quedé igual… «Recuerdo que el maestro intentó enseñarme, pero eran demasiadas… ¡Más de cinco mil distintas! Nunca las aprendería, por eso mejor desistí». Le dije:
—Lianne, lo siento… No sé leer tampoco mucha magia… Incluso los pergaminos del maestro, me cuestan trabajo… Esto ni en mis sueños.
—Está bien, no importa. Pero deberías de aprender, por lo menos las cinco mil básicas. Te pierdes de mucha información.
—¿Y bien… Qué dice?
—No es lo que dice… Te acabo de decir que es magia. Toda esta pared está labrada con runas arcanas, correspondientes a una especie de ritual de invocación…— Cuando Lianne dijo eso, todos nos quedamos observándola… Camille purificaba las almas de nuestros atacantes, pero volteó de golpe y dijo:
—¿Qué clase de invocación? ¿Para invocar, qué?— Lianne contestó:
—Esa es una muy buena pregunta, Camille… Pero para ser toda la pared de la sala y tener varias docenas de runas que no conozco… Pienso que es algo que nadie ha visto nunca antes en este mundo…— Me empecé a poner muy nerviosa y le dije, tratando de bromear: —¡Nah? Me quieres asustar…
—Renacuajo, me conoces hace años… Deberías de saber cuando hablo en serio.— Todos seguían observando y escuchando atentamente… Le dije, ya con un poco de miedo:
—¿Y crees que siga en este lugar, esa cosa que invocaron…?
—Quien sabe… No tengo la menor idea, pero si lo analizo con mi lógica pesimista… Podría ser incluso la causa de que el lugar se encuentre en estas condiciones.— Se me empezó a helar la sangre y les dije:
—¿Seguros, seguros, qué no quieren regresar…?— Camille dijo:
—Ya me intrigó, Lianne. Echemos un vistazo… Igual y hay una abominación que hace que todos los muertos no puedan descansar en paz.— «¡Pfff!» Les dije:
—Está bien, pero ya estoy muy nerviosa y me empezó a entrar miedo… Por favor, por lo que más quieran, seamos cuidadosos y no se confíen…
Nuevamente había cuatro escaleras que bajaban… Me quedé pensando, fuera de mí, en los horrores que podría haber debajo de cada una de ellas… Supongo que me tardé demasiado frente a las escaleras y eso preocupó a mis compañeros… De pronto, sentí la mano de Camille en mi hombro y me dijo:
—¿Arlinne, lista para ese conjuro contra el miedo?— Me calmé un poquito, volviendo a la realidad… Iba a asentir, pero ella dijo:
—Solo que debo de advertirte, que no te lo puedo poner demasiado seguido… Causa adicción y lo que menos quiero, es que tu valor verdadero, quedé oculto en tu interior y dependas de algo como esto para sentirte bien…— Debía hacer un esfuerzo… «De verdad, que el dicho tiene razón… La ignorancia causa felicidad. Sí Lianne, no me hubiera dicho eso hace unos minutos, estaría como si nada…» Apreté los dientes e hice un esfuerzo. Sonreí y dije:
—Está bien… Así estoy bien. Denme unos minutos para pensar con claridad…— Debía pensar, que escalera conducía a los más profundo del lugar… Dije:
—¡Esta de aquí! La de la derecha de la parte de atrás.
Aumente la intensidad de mi conjuro de Luz al máximo y le dije a Camille y Lianne que sí podrían poner más alrededor nuestro en todo momento. Ellas por complacerme así lo hicieron. Debía concentrarme… Al voltear al techo de la escalera, solo a unos pasos frente a mí… Una más. Les dije:
—¡Aquí hay otra trampa…! Vamos por buen camino…— «¿Cómo puedo activarla para que no pase a mayores…?» Tallaba mi cara con mi mano… Ray me tomó del hombro y dijo: —¿Puedo ayudarte, peque? Te ves mal…
—Estoy bien… Mira al techo.— Él volteó y dijo:
—Ya veo… ¿Cómo crees que se active?
—No tengo idea… Tal vez pisando los escalones…— Él se quedó pensando y dijo:
—Tengo una idea…— Habló con Grand y empezaron a vaciar sus mochilas… Metieron todo su oro y cosas de tela en una de ellas… Y en la otra sus cosas importantes. Grand cargó con la segunda y Ray se acercó a mí con la otra en la mano… Dijo:
—Háganse un poco para atrás…— Le dije apresuradamente:
—¡No! Déjame a mí y me sujetas por detrás, para jalarme si algo pasa.
—¿Segura…?
—Sí. Peso mucho menos que tú y podrás jalarme más fácil, sí algo pasa.— Me acerqué apenas lo suficiente para poner la mochila sobre los escalones indicados… La puse bien al centro y di un salto hacia atrás. Ray me abrazó por detrás y vimos asombrados, como la pesada loza que servía de techo de esa área, proyectaba unos picos de metal de algunos orificios en su superficie y caía en repetidas ocasiones sobre la mochila. Movida por un mecanismo desconocido, subía y bajaba a alta velocidad, para estrellarse una y otra vez en el piso de los escalones… Nos dimos cuenta, que después de algunas series de choques, descansaba un par de segundos y volvía a hacerlo… Dije:
—¿Grand, crees que tu arma resista el peso de la loza…? Sería solo lo suficiente para que podamos pasar…— Él dijo:
—Lo podemos intentar…— Sacó su hacha de batalla, esperó a que la loza terminara su serie de impactos y cuando iba subiendo lentamente de regreso para repetir el ciclo, la encajó en vertical… Oímos, como el crujir de unas partes metálicas y dije:
—¡Ahora! ¡Vamos, vamos, rápido! Que no quiero que Grand, quede desarmado…— Lianne pasó dando un saltito, luego Camille, Ray, yo y al final Grand. Él pasó, acomodando sus pies entre el espacio que dejaba su arma, se agachó por la mochila, se la lanzó a Ray y desencajó su arma una vez del otro lado… La loza nuevamente, subió y quedó en el techo en su posición original, como si nada hubiera pasado…
Arreglaron sus cosas nuevamente y les dije:
—¿Preparados? Lo que sea que nos espere en la sala de abajo, ya sabe que estamos aquí.
Pisé yo primero en la sala… Estaba lleno de lo que parecían, altares y parafernalia religiosa desconocida para mí. Les hice una seña y todos me siguieron… Me paré en el centro de la sala, buscando en cada esquina por cualquier clase de espanto… Comencé a escuchar un susurro en mi oído, acompañado de una ligera brisa helada que me erizaba la piel… Volteé desesperada hacía todos lados, pero no veía nada… Sentía mucho, pero mucho frío, como sí estuviera parada, desnuda en medio de un campo nevado. Les dije, con mi voz temblando:
—¡Sienten eso…?— Todos me voltearon a ver y Grand dijo:
—¿Sentir qué…?— En ese momento, las vi salir de los altares y los muebles de lugar… Parecían sombras… Que se deslizaban como serpientes por las paredes y el piso del lugar, siguiendo la luz de mi conjuro… Les grité:
—¡Ahí!— Todos, tardaron mucho en reaccionar, hasta que fue demasiado tarde y estuvieron paradas frente a mí… Me encontraba inmóvil del terror. Ray intentó atacar a una, pero esta, esquivo el golpe involuntariamente, sin perderme de vista… Grand hizo lo mismo… Nada…
Me atemoricé aún más y empecé a caminar hacia atrás, sin ver donde pisaba… Ellas seguían cada uno de mis movimientos, como sí fueran mis propias sombras, reflejadas desde diferentes ángulos y fuentes de luz. Sin querer, mi pie se tropezó con algo detrás mío y caí de nalgas al piso… Las sombras se lanzaron sobre mí, como sí quisieran abrazarme… Estaba muerta de miedo, no podía moverme… Vi la luz de los conjuros de Camille y Lianne. Saetas de luz volaron por los aires. Justo cuando me iban a tocar… Las saetas impactaron a mis atacantes y estas, estallaron en llamas, mientras unas más ardían por las llamas de Lianne, pero… Una se alcanzó a colar, nadie alcanzó a detener a esa… Ray gritó mi nombre y cuando me tocó la sombra, sentí una descarga eléctrica… Como cuando había sentido las descargas de los rayos de Lianne, durante nuestras pruebas. El impacto me lanzó contra la pared, pero alcancé a ver y oír, que a la sombra le había pasado exactamente lo mismo… Oí un gemido de ultratumba y la sombra salió, también repelida por la descarga al lado contrario, huyendo despavorida, ocultándose nuevamente en la oscuridad de la que había emergido…
Escuchaba mi nombre, pero no entendía… Solo veía al frente huecamente. Como sí viera hacia mi interior… Sentía mojadas mis mejillas por las lágrimas. Estaba inmóvil, sentada en el piso en la posición que me había quedado después de volar por los aires. Ray me sujetaba por los hombros y me decía algo, pero no lo entendía… Solo recordaba, la sensación del choque al momento de que la sombra y yo, nos tocamos. Sentía mi lengua adormecida y con un sabor parecido al de las espinacas. Vi que Camille se acercaba y cambiaba de lugar con Ray… Empezaba a conjurar algo, mis oídos zumbaban, no la entendía… Su conjuro surtió efecto y me empecé a sentir muy cansada, como sí… Quisiera olvidarme de todo y dormir… «Zzz…»
Abrí mis ojos… Todos estaban sentados o recostados en diferentes lugares de la habitación. Yo estaba acostada en una esquina, arropada con mi mantita. Recordaba todo lo que había pasado… Me paré de un salto y todos me voltearon a ver. Por alguna razón, la angustia se había ido… Me sentía bien… «¿El conjuro de Camille…? Lo más probable». Les dije:
—Siento haberlos preocupado, ya estoy mejor.— Mientras sacudía mi ropa. Todos se fueron poniendo de pie y Ray me dijo:
—¿Estás bien? Hemos decidido… Regresar.— Les dije, molesta:
—Sí… ¡Ahora, sí! ¿No? ¡Ya que me lamió ese espantajo…! ¡Pues ahora nos quedamos!— Estiré mis brazos, como cuando me levantaba por la mañana y les dije a las chicas:
—Gracias, pero esa última descarga, estuvo de más.— Las dos se voltearon a ver y Camille me dijo al oído:
—Ese rayo, no lo hizo ninguna de nosotras, fuiste tú…
—Yo no hice nada, más que quedarme ahí, presa del miedo.— Tapé mi boca… «¿Qué es lo que había pasado?» Les dije, sonriendo:
—¿Cuánto tiempo dormí?— Ray dijo:
—Tal vez, unas seis horas.
—Me siento como nueva, ¿quieren seguir?— Todos al verme bien y contenta, se animaron y asintieron con la cabeza… Solo Camille me jaló del brazo y dijo:
—Si, pero antes come algo. Ven, siéntate aquí.— Hice una pataleta y le dije:
—¡Pero no quiero esas galletas! ¿Hay otra cosa?— Ella sonrió y destapó un recipiente… Había frutas en conserva y una ensalada. Me devoré todo.
Solo había dos escaleras… Nos acercábamos a nuestro destino. Mientras todos se preparaban, me acerqué a Lianne y le dije:
—¿Oye, hermanita…? ¿Tienes alguna idea? ¿Por qué salió esa descarga…?
—No soy una experta, renacuajo. No tengo idea…— Le dije al oído:
—¿Crees que yo tenga algo malo en mi interior? Para que a esas criaturas les guste estar cerca de mí…
—Eso no lo sé, renacuajo. Es la primera vez que lo veo, pero ahora sé que no exagerabas como acostumbras… De verdad, llamas su atención por alguna causa.— Me entristecí y me dijo para reconfortarme:
—Pero no te asustes… Tarde o temprano descubriremos que es, yo te ayudaré.— Me sonrió, me tranquilicé un poco y les dije a todos:
—Pues… Vamos ya, antes de que me arrepienta.
Le dije a Camille, mientras descendíamos:
—¿Oye, Camille…? ¿Había algo interesante en esos altares de la habitación anterior?
—Nada, que pudiera entender… Todos datan de los tiempos de Tsun, antes de nuestros dioses. Aunque no se ven como altares malignos o algo así, no vi huellas de sacrificios ni nada por el estilo.— «¿Qué clase de civilización era Tsun…? ¿Y por qué estaban envueltos en todo esto? ¿Por qué solo desaparecieron de la faz del mundo…? Sin dejar ningún testimonio, más que las ruinas de su civilización».
Camille se acercó a mí antes de bajar el último par de escalones que daban a la siguiente cámara… Me puso uno de sus conjuros, este nos afectó a todos. Le agradecí con la mirada y avancé hasta el centro de la habitación…
Esta cámara parecía una sala del trono… Había tres tronos en la parte posterior, pero estaban vacíos… Dos columnas, sostenían el techo de la misma… Alrededor, nada más que decoraciones y unas solas escaleras en la pared frente al trono… Otra vez con mi corazoncito arrugado, ya por tantos estirones, empecé a buscar en la habitación… Primero, por enemigos, pero nada… Estaba completamente vaciá. Les dije:
—Mmmh… Por lo menos aquí no están los reyes esqueleto, como los que estaban en Tsun… Tal vez, se trata de las mismas personas y encontraron su final en la ciudad, por eso no están acá.— Ray me dijo:
—¿Crees que esa escalera lleve al final del lugar?
—Indudablemente… Cuando estén listos, díganme, seguro pelearemos con algo allá abajo…
Los chicos hicieron flexiones, Camille nos envolvió con conjuros de todos tipos y Lianne, otros más… Iba a canalizar mi conjuro de arma elemental, pero Camille me detuvo y nos puso uno, ella… Nuestras armas se llenaron de pálidas llamas del mismo color que habían ardido sus víctimas, muertas vivientes. Me sonrió, asentí y les dije:
—¡Bien! ¡Todo listo! En marcha…
Bajamos las últimas escaleras… Aún estaba atenta por trampas, pero algo me decía que no habría más. Las escaleras eran sumamente largas… Pronto abandonamos el techo de loza y empezamos a descender en lo que parecía una enorme caverna natural. Bajamos por lo que me pareció diez minutos, hasta que llegamos a un puente de roca tallada, que conservaba la arquitectura de Tsun… No tenía barandales, ni nada, pero era lo suficientemente ancho como para caber en él todos parados uno al lado del otro. Caminamos a lo largo del puente, misteriosas antorchas se empezaron a prender a nuestro paso… «¡Qué está pasando aquí…? Algo va a pasar… Lo sé». Justo mi mente terminó de acariciar esa idea… Una figura esquelética cayó del techo hacia mí para empalarme… Apenas alcancé a rodarme hacia el frente, separándome de los demás… Era un esqueleto idéntico al de Tsun, con corona y todo. Ray gritó:
—¡Estás bien, Arlinne?— Grité de vuelta:
—¡Sí! ¡Tengan cuidado, es idéntico al de Tsun, es muy fuerte, esquívenlo, traten de no bloquearlo!— Justo al terminar esas palabras… Dos figuras aparecieron levitando a nuestro alrededor… Eran los otros dos, ambos hechiceros.— Volví a gritar:
—¡Atentos! ¡Estos pueden hacer magia…!
Los hechiceros inmediatamente empezaron a lanzar un bombardeo de conjuros… Uno de ellos, sobre mí y el otro en contra del grupo… Alcancé a canalizar mi conjuro de barrera, justo a tiempo… Estaba a salvo, pero no podía atacar a los magos con mi espada… Estaban levitando a los lados del puente y era tan profundo, que ni con la luz se podía ver el fondo… Solo me quedaba usar magia contra ellos, pero el guerrero esquelético ya venía por mí… «¡En qué estoy metida…?»
Alcancé apenas a quitarme de su camino, esquivando hacia atrás, pero casi a unos diez metros a mi espalda, terminaba el puente de piedra y solamente seguía un puente de madera y cuerdas… «¡Ni soñando puedo pelear contra él, ahí…!» Esperé que volviera a atacar… Lo alcancé a esquivar nuevamente y arremetí con mis espadas en su pecho… A diferencia de Tsun, ahora sí que le hacía daño… Lo empecé a inflamar con las mismas llamas que tenía en mis espadas, mientras Ray y Grand, lo atacaban por la espalda… Alcancé a ver al fondo y Lianne defendía a los chicos con una barrera, mientras Camille lanzaba sus saetas de luz contra los hechiceros…
Sentía que pronto venceríamos al que teníamos en frente… Ray usó su corte, que había usado en Tsun y el esqueleto lo recibió de lleno, mientras Grand, le daba empujones con una fuerza descomunal… Pronto terminaría. Pero… De pronto, sentí un frío que helaba mi sangre… «¡Mmmh?» Alcancé a gritar:
—¡Ray, Grand! ¡Háganse para atrás, ahora!— Una oscura sombra, como la que me había tocado ayer, pero esta de un tamaño descomunal, cayo del techo haciendo retumbar el puente y emitiendo un chillido espantoso…
Sentía que me arrancaba el alma al escucharlo, no pude más… Solté mis armas y tapé mis oídos. Los esqueletos se quedaron inmóviles. La vi más de cerca, no era una sombra… Era una figura humanoide, completamente rodeada por oscuridad. Sentía que miles de voces me susurraban al mismo tiempo con todo y mis oídos cubiertos… La figura pateó al esqueleto guerrero fuera del puente, lanzándolo al abismo y de dos manotazos, hizo lo mismo con los hechiceros… Ray y Grand, alcanzaron a quitarse y se tapaban los oídos igual que yo…
Me quedé ahí, perpleja, como un cordero al que van a sacrificar para cocinarlo… Venía hacia mí… Estirando su mano hacia abajo como para intentar tocarme. ¡No podía moverme, sentía helado todo mi cuerpo, completamente congelado! Vi las saetas de Camille volar por los aires y golpear en la espalda a la criatura, pero esta, a pesar de estar en llamas de su espalda seguía estirando su mano hacia mí… No lo soporté más e involuntariamente, mojé mis bragas. Estaba temblando de frío, como sí fuera a morir de hipotermia. La criatura se sintió importunada por los ataques de Camille y una espesa nube oscura nos envolvió… Provenía de la criatura…
Sentía muchísimo frío y ahora además me ardía mi piel, como si la estiraran de sus puntos más guangos y me la fueran a arrancar de un tirón. Vi una barrera de luz formarse frente a los chicos y otra más pequeña frente a mí… «¡El dolor y la desesperación…! No puedo…» Nuevamente, Camille había retrasado lo inevitable. Trataba de incorporarme, pero mis brazos y piernas no me respondían… Por fin, la criatura me alcanzó con su mano. La barrera de Camille simplemente estalló, tenía tanto frío… Cuando me rozó con su figura, todo mi cuerpo sintió una descarga, como una chispa que bota entre dos piezas metálicas… La niebla oscura cesó y la criatura se quedó perpleja, al ver y sentir la chispa… Intrigada por lo que pasaba, lo hizo nuevamente… Volvió a pasar lo mismo. Veía su mano, me veía a mí y lo volvía a hacer… Como sí esa pequeña curiosidad la llenara de felicidad. Nuevamente las saetas de Camille, volaron por los aires, la magia elemental de Lianne, retumbo frente a la criatura y Ray junto con Grand, ya se encontraban a sus pies embatiéndola… «¿Por qué siento este frío sin igual…? Solo frío… Mi sangre fría, todo mi ser… Mi alma helada…» Me puse de pie… Estaba fuera de mí, actuando inconscientemente. Empecé a canalizar… Pensaba en el frío que me embargaba. Pensé, mientras seguía canalizando, en el amanecer, en los primeros rayos del sol después de una noche de invierno, envolviéndome, quitándome el frío después de una larga noche… No era suficiente. Pensé en las estrellas que el maestro nos había mostrado, brillando frente a mí… Ardiendo… Unas solitarias, rojas, enormes, unas más amarillas, mucho más pequeñas, otras girando una alrededor de otra… Seguía canalizando… Las veía directamente, como si estuvieran frente a mí… Me acerqué más, cegada por su luz, envuelta en su calor… Veía como el fuego se arremolinaba en su interior y formaba tormentas, corrientes ardientes, que salían como lenguas de sus superficies y a la distancia viajaban por el vacío hasta esos mundos que las necesitaban tanto… ¡Que dependían de ellas para sobrevivir! Lancé mi conjuro involuntariamente…
La criatura ya se había volteado para deshacerse de ellos antes de seguir con su curiosidad sobrenatural… Pero una luz cegadora se abrió en la oscuridad por encima de ella… Se mostró nerviosa de repente, temblorosa, como sí supiera lo que se avecinaba… La luz la empezó a iluminar, desprendiendo vapor al contacto con su superficie, disipando la oscuridad que la envolvía. La fuente de luz se hacía más y más grande y mucho más brillante, solo humedad salía de su cuerpo… Se retorcía de dolor, mientras los esfuerzos de los demás, montaban más el daño sobre ella… Por fin, cuando la luz se abrió el suficiente camino, un flamante chorro de fuego, descendió a una gran velocidad sobre ella… Esta, estalló en alaridos incomprensibles, mientras ardía y se revolvía de agonía. Los chicos no se detuvieron, la siguieron impactando con toda su fuerza, mientras la criatura se derretía, como un sorbete que se queda en el piso a mediodía. Por fin, las llamas cesaron. Solo caí de nalgas nuevamente… El frío por fin se había ido. No me sentía cansada en lo más mínimo. Solo, sentía como sí acabara de despertar y muy apenada, porque me había orinado encima…
Cuando la criatura, por fin había dejado la existencia entre una nube de vapor y un líquido viscoso que escurría por los lados del puente. Caminé hacia ellos y les dije molesta:
—¡Por favor! ¡No quiero qué nadie hable de lo que pasó en este lugar en un largo rato! Sí lo van a hacer, absténganse de que sea en mi presencia. Para mí, lo mejor será olvidarlo.— Continué, dirigiéndome a Ray:
—¿Caballero, puedes ayudar a tu hechicera a cambiarse? Sostén mi manta de este lado para taparme, ven…— Ray me siguió unos pasos de regreso, abrí mi bolsa y le di mi manta. Él entendió y me cubrió de frente. Me saqué mis bragas empapadas, las exprimí y las arrojé con desdén dentro de mi portal. Me limpié muy bien con un trapo todo el asunto y me puse unas limpias. Arrojé el trapo al vacío y le dije sonriendo:
—Muchas gracias.— Todos los demás seguían con la boca abierta… Especialmente Lianne y Camille. Volví con el resto y les dije:
—Lo siento, sí huelo un poco raro, cuando esto se empiece a secar… Ustedes destruirán a los condenados que quedan en la superficie. Será su castigo, por traerme hasta aquí… Y es una orden de su líder.— Volví a sonreír, mientras los veía directamente a los ojos. Caminé un poco más adelante, recogí mis espadas, las enfundé. Dije:
—Bueno… ¿Qué esperan? Por aquí debe de estar el final de la caverna, vamos.
Íbamos a atravesar el puente colgante… Probé primero, a ver si era resistente… Parecía como recién hecho… «¿Cuántos años tiene esta cosa aquí…? ¿Por qué se encuentra en tan perfecto estado?» Les dije:
—Pasaré yo primero y me llevaré esta cuerda al otro lado. Esperen aquí y sujétenla, sí no pasa nada, la amarraré del otro lado y les haré una seña para que pasen.— Fui caminando con toda tranquilidad, de vez en vez daba pequeños saltitos en mi lugar… Los tablones que formaban el piso, eran muy resistentes. Llegué al otro lado, amarré la cuerda a los pilotes en su parte más baja y probé tirando de ella… «¡Excelente!» Silbé y grité:
—Pasen.— Empezaron a cruzar de uno en uno, para no arriesgarse… De reojo, volteé a ver que había más adelante… Era una sala del tesoro. Igual tenía tres tronos vacíos en un extremo, al lado de los tronos dos escaleras de roca, que parecían esculpidas de forma natural en la caverna y se elevaban hasta donde llegaba mi vista.
Terminaron de cruzar… Camille me detuvo de la mano y me dijo:
—Arlinne, todos estamos lastimados. Necesito sanarlos antes de que continuemos.— Hasta ese momento, me hice consciente y empecé a buscar heridas en mi cuerpo… Tenía pequeñas llagas en diferentes partes de mi piel que sangraban muy ligeramente… Le dije:
—Está bien.— Y sonreí. Me senté un momento… Camille nos atendía uno por uno… «Debe de estar extremadamente agotada, después de todo esto…» Decidí ayudarla. En lo que ella sanaba a los demás, yo comencé a sanarla a ella. Ella volteó a verme de reojo y me dijo: —Gracias. Pero… ¿Por qué no, tú primero?
—En un momento… No te preocupes.— Terminamos de sanarnos todos. Camille ya resoplaba exhausta al terminar. Le dije:
—Ven, caminemos hasta allá y podrás recostarte un rato.— Llegamos frente a los tronos… Había riquezas de todos tipos. Armas y armaduras que seguramente tenían propiedades mágicas, joyas, gemas y mucho, pero mucho oro… «¡Perfecto! No nos viene mal un poco de riqueza, al menos nos ayudará para pagar nuestros gastos».
Ayudé a recostar a Camille y les dije:
—Lo mismo que con la señora salamandra… Tomen solo lo que puedan cargar, yo llevaré además algo para que podamos seguir pagando nuestro modo de vida.— Pensé… «Que por alguna causa, se vuelve cada vez más costoso…» Ray y Grand, fueron a revisar las armas y le dije a Lianne:
—¿Puedes echar un ojo con ellos? No vaya a ser que estén malditas o algo así, por favor.— Ella asintió y fue, tomada de la mano de Grand hasta allá… Parece ser que por fin, se estaba cocinando algo entre ellos… «¡Qué bien! ¡Me alegra mucho!» Me tendí en el piso y recargué mi cabeza sobre el vientre de Camille. Ella rio dulcemente y le dije:
—¿No te molesta?
—No, eres muy tierna.
—Gracias, Camille. Sí no hubieras estado con nosotros, no tengo idea, de que hubiera pasado aquí abajo.— Ella me contestó:
—Arlinne… Gracias a ti. Estoy muy contenta de estar con ustedes. Y muy feliz de que siempre hablaras con la verdad… Tus intenciones son buenas y estoy segura de que lograrás lo que te propones.— Le respondí, interrumpiéndola:
—No lograré… Lograremos. ¡Jijiji!— Ella cambió su tono de voz y me dijo seriamente:
—Arlinne… Debemos ser cautos. Como te has podido dar cuenta, hay muchas personas que se benefician de la miseria y la desgracia de los demás… Como los traficantes de esclavos, comerciantes desalmados y criminales en general… Mucha gente haría hasta lo imposible, para que la guerra y el caos sigan en marcha…
—Lo sé… Y antes de ir y matar indiscriminadamente a los virzuk… Preferiría encontrar a ese tipo de personas y colgarlos en las plazas de las ciudades y villas… Simplemente, no los soporto, no me causan la más mínima empatía. No te preocupes, Camille, trataré de no equivocarme… Como lo decía mi maestrito, el guardabosques… Nunca con ira o venganza… Para ellos solo el castigo y el olvido…— Ella sonrió y me dijo:
—Tiene mucho sentido… Suena a algo lleno de sabiduría y no podría concordar más con ello. ¡Jijiji! El mundo no es blanco o negro, Arlinne. Estoy segura de que muchos de esos criminales, tienen sus razones y circunstancias, pero… Muchas veces el pecado no es el crimen en sí, sino no darnos cuenta a tiempo de que lo que hacemos está mal…— Lentamente, después de platicar un rato más, nos quedamos dormidas…
Desperté… Únicamente Ray estaba despierto, haciendo guardia… Blandía una espada que no era la suya. Me levanté y me acerqué hacia él… Me dijo:
—¿Qué te parece?
—Se ve muy linda, ¿cómo se siente?
—Ligera, muy ligera y con un potente ímpetu al final de cada tajo.— Le dije:
—¡Qué bien! Tienes espadita nueva.— Fui hacia las montañas de oro y empecé a hacer nuestras finanzas, iluminada por mi luz mágica…
Llené los sacos a medio vaciar, mi bolsa personal y abrí mi portal… «Esta vez, intentaré meterle mil monedas más… Tampoco hay que ser tan ambiciosos». Cupieron sin problemas. «¡Excelente! Ahora a hacer las cuentas… ¿Cuánto hay en cada saco…? Bien, muy bien». Lo memoricé… «¡Perfecto! Entonces, yo tengo… Mmmh…» Lo memoricé también.
Al terminar, empecé a babosear por ahí… Un extraño artefacto llamó mi atención… «¿Qué es eso…? ¿Un instrumento musical? No… ¿O sí…? Parece una pequeña arpa, pero… ¿Por qué tiene este borde…? ¿Solo cuatro cuerdas…? ¿Será un instrumento de la antigüedad? ¿De la civilización de los habitantes de Tsun?» Volteé a ver a Ray y le dije, desde ahí:
—¿Sabes qué podría ser esto…?— Él se acercó y lo tomó entre sus manos… Se quedó callado un momento, revisándolo y después, dijo con seguridad:
—Es un arco.
—¿Un arco…?
—Sí y bastante elaborado.
—Pero… ¿Tan pequeño?
—¡Jajaja! No todos los que tiran con el arco son gigantes, peque.— «Mmmh… ¡…? Mmmh…» Lo había decidido… «Es momento de que aprenda a tirar con el arco y este que es de mi tamaño, me ayudará…» Le di las gracias y lo guardé en mi equipo. Él rio y dijo:
—¡Jajaja! ¿Lista para ser una pequeña y linda, guardabosques?— Solo sonreí, mientras comencé a ver las joyas de todos tipos… Recordé los aretes y el collar que encontré en Tsun, la anterior vez y pensé…
«Tal vez, podría tomar algo lindo como eso… Solo de recuerdo». Encontré una brillante gargantilla de lo que parecían diamantes… Quedé al instante, prendada de ella… Se veía hermosa… «Y estos aretes de aquí, se ve que pueden hacer juego…» Me puse a soñar despierta… «¿Cómo me vería con un hermoso vestido color de rosa y estas piezas…? ¿Me veré bien…? Uno de color rosa pálido sería tan lindo, con guantes blancos y zapatillas que hagan juego…» Ray me abrazó por detrás y empezó a besar mis orejas… Me dijo al oído:
—¿Cómo estás, gruñona? ¿Ya no estás molesta?— Le dije, sorprendida:
—¿Molesta…? Nunca he estado molesta, solo estaba un poquito enojada contigo, pero eso se me pasó hace mucho…— Se empezó a calentar un poquito el ambiente y le dije:
—Espera tantito… ¿No te da pena, que vayan a despertar y nos vean así?
—No.— Comencé a reír y le dije:
—¡Jajaja! Cierto… Eres un sátiro.— Me empezó a manosear atrevidamente… Le dije:
—¡No…! ¡Espera! A mí, sí me daría mucha pena y tú… Se ve, que vas por todo.— Lo hice a un lado y agregué:
—¡Tendrás que esperar! Lo siento y no insistas… Porque en una de esas, puede que me convenzas y sí alguien de ellos nos llega a ver u oír directamente, jamás en la vida, podría volverlos a ver a la cara de la pena…— Ray entendió y se echó a reír…
—¡Jajaja! Lo siento peque, te entiendo.— Nos sentamos por ahí y comimos asquerosas e insípidas galletas hasta que todos estuvieron de pie.
Grand le dio un saco vació para dinero a Camille y todos esperamos en lo que ella se echaba algo del botín a las bolsas… Le dije:
—Camille… Lo que tomes, debe de ser para ti… No lo vayas a ir a tirar a la alcancía de la parroquia.— Ella volteó con los ojos húmedos y tristes. Dijo:
—Pero… ¿Por qué? Nuestra diosa nos prestó su fuerza, también merece parte del botín…— Le dije, sonriendo:
—Sí, pero eso lo llevaremos aparte. Escoge para ti y para la ofrenda por aparte, por favor.— Se volvió a poner radiante de felicidad y dijo:
—¡Gracias!
Comenzamos a subir las largas escalinatas… Tardamos una eternidad, para encontrar que terminaban en lo que parecía ser, parte del techo de la caverna… Les iba a decir, que mejor regresar por donde venimos, pero Grand nos detuvo y dijo:
—¿Podrían apagar sus luces mágicas un momento…? Siento una corriente de aire…
Se quedó al tope de la escalinata revisando… Hizo una seña a Lianne, antes de quedarnos en la oscuridad y esta, lanzó su conjuro de fuerza… «¡Espera un momento…! ¿Desde cuándo se entienden con señas?» Movió la pesada roca que sellaba la entrada, como alguien que mueve una silla de su lugar… El aire fresco del exterior nos dio a todos en la cara… Estábamos fuera. Todos emergimos del lugar y Grand volvió a acomodar la colosal roca en su sitio anterior.
Salimos a un costado del bosque, por la parte norte del cementerio. Era de tarde, tal vez un par de horas antes del anochecer… Les dije:
—No se me ha olvidado… Tienen que limpiar a esos zombis de la faz del mundo. No soy una lideresa cruel, así que los ayudaré sirviendo de carnada para que sean más fáciles de agrupar, todos en un mismo lugar.— Les volví a sonreír, viéndolos a los ojos.
Nos encargamos de eso durante toda la noche… Grand y Ray, estaban felices como un par de niños que habían recibido juguetes nuevos, batiendo a los pobres andrajos a diestra y siniestra. Lianne hacia conjuros básicos, con su flojera acostumbrada… Cuando veía que se empezaban a agrupar varios de su lado. Y Camille, simplemente los hacía estallar en cenizas, como cuando rescatamos a los chicos. Un poco antes del amanecer, estaba hecho. Camille repartió bendiciones y consagró la tierra en los extremos que salían a ambos caminos. Nos fuimos hacia donde habíamos dejado los caballos a descansar un rato en el bosque antes de ir de regreso a la villa.
Fin del Capítulo 14.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com