Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 15
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Capítulo 15: Capítulo XV: Aliados.
Capítulo 15.
Regresamos a la villa y pasamos a la parroquia… Le dimos un buen tiempo a Camille para que dejara su donativo y dijera que todo había sido resuelto. «¡Necesito darme un baño, pero ya!» Les dije, mientras esperábamos afuera:
—Tomémonos dos días… Hoy, mañana y partamos pasado mañana rumbo a Montloarc. Todos hagan lo que quieran el día de hoy, solo veámonos por la noche para cenar y empezar a planear nuestro viaje. Mañana sería bueno que fuéramos por algo de ropa que nos ayude, sí lo más crudo del invierno nos atrapa en el bosque o antes de llegar al reino.— Todos estuvieron de acuerdo. Camille salió y dijo:
—Todo listo… Mmmh, Arlinne. Un grupo de hombres pertenecientes a uno de los gremios de aventureros preguntó por nosotros en la capilla, después de que se enteraron de que rescatamos a los chicos y nos dirigíamos al cementerio…— Me quedé pensando y volteé a ver a los chicos… Les dije:
—¿Creen que se hayan molestado, porque hicimos eso sin su autorización?— Grand dijo: —Lo dudo. Sí la misión la tenía el templo, es buena para que cualquier persona que el párroco considere apto, la tome y lo haga.
—Entonces, no tengo idea. Supongo que sí es algo importante, nos buscarán. Vámonos, me urge darme un baño.
Llegamos hasta la hostería, pagué los dos días por adelantado. Me despedí de todos y les dije:
—Disculpen, me iré a dar un buen baño caliente y luego dormiré hasta la noche, que se diviertan.— Entré a la habitación, puse mis cosas en su lugar habitual, abrí mi portal y saqué las bragas sucias. De una vez, junté toda la ropa sucia que tenía conmigo y la puse en el piso del baño. Me saqué la armadura, la ropa y me puse a limpiar la armadura con un trapito en lo que llegaba Ray con el jabón… Debía de comprar uno. Por fin entró y dijo:
—Ordené algo de beber y de comer para nosotros, peque. No te preocupes, ya está pagado. Le dije, mientras estaba completamente desnuda, sentada en la orilla de la cama:
—¿Me puedes prestar tu jabón?— Él me lo dio en la mano, sacándolo de su mochila y le dije:
—Lo siento, amor. Estoy muerta, no creo darte mucha batalla con esas botellas.
—Lo sé, no te preocupes. Ya tendremos más tiempo en estos días.— Sonreí y caminé hacia el baño. Le dije:
—¿Tienes ropa sucia? Este es tu momento, pásamela, por favor.— Después de lavar la ropa, asearme perfectamente y cumplir con mis deberes de pareja… Solo tomé media botella y caí rendida… Estaba tan cansada, que la cama se sentía como la mejor de todas las recompensas.
Desperté… Ray acababa de salir de tomar un baño. Me dijo:
—¿Cuál es el plan, peque?
—Debemos investigar la muralla que divide el bosque… Donde está la entrada al sur. Sí vemos que todo está en orden, nos vamos directamente a la capital para ver lo del asedio. Sí hay algún problema, vamos con los elfos y les avisamos o los ayudamos, depende de la situación.— Él me dijo:
—Mmmh, peque… Esos elfos son difíciles de tratar. Yo los conozco bien…— Me quedé intrigada y pregunté, mientras lo veía a los ojos:
—¿Por qué lo dices?— Él hizo una mueca de descontento y dijo:
—¿Recuerdas a Kalya?— «¡Ah! ¿Señorita belleza élfica? Mmmh…» Le dije:
—¿Qué hay con ella…?
—Se podría decir, que ella es la princesa de todas esas tierras y no creo que le caigas muy bien…— Le dije:
—Seguramente, algo como una disputa por un hombre, no creo que influya en las decisiones que toma para el bien de su pueblo… ¿O sí…?— Guardó silencio por un par de segundos…
—Es muy caprichosa, Arlinne. Y aunque las decisiones del futuro de su gente aún no recaen en ella, sus padres la consienten en todos y cada uno de sus caprichos, sin importar cuál retorcidos sean.
—Pues… Ellos se lo pierden. Sí están en problemas y no quieren nuestra ayuda, no hay nada que se pueda hacer… Solo defenderemos el flanco que da hacia la capital y ellos pueden hacer lo que les dé la gana. Pero… No creo que sean tan intransigentes.— Él dijo, bajando el tono de su voz:
—Aún hay otra cosa que no te he dicho…— Me quedé en espera y le dije:
—¿Y bien…?
—De alguna forma, Kalya sabe tu secreto… Lo intentó usar para chantajearme como su último recurso, cuando rompí por completo con ella, antes de llegar a Tsun por ti.— Empecé a tallar mi cara con mi mano… «¡Basta de tener miedo!» Le dije:
—Yo no tengo problema… Puede decir de mí lo que se le antoje la gana, pero si te ofende con sus palabras… La mataré en ese mismo lugar, sin importarme las repercusiones en lo más mínimo.— Le sonreí… Él se sobresaltó y dijo:
—¡No, Arlinne! Preferiría que no lo hicieras… No estaría mal, darle una lección, pero tanto como matarla es demasiado. Después de algo como eso, nunca más volvería a haber paz en la zona.— Me abrazó aún desnudo… A mí me había puesto furiosa, tan solo pensar en la idea de que le pudiera faltar al respeto a Ray, por el simple hecho de que yo fuera su pareja. Le dije:
—¡Entonces, más le vale mantener la boca cerrada!— Él me acurrucó en su pecho y me dijo:
—Ya… Ya. Calmate. No creo que ni siquiera Kalya pueda ser capaz de hacer un comentario de ese estilo. Además, no creo que este tipo de comportamiento sexual, sea ajeno para los elfos. Yo pienso que al contrario, en ellos es más normal de lo que parece, pero algo es seguro… Tiene su orgullo herido. Ten cuidado.— Le dije, riendo discretamente:
—¡Jijiji! Está bien, ya no te asustes. No voy a desgreñar a tu amorcito, Kalya.— Lo comencé a besar, estuvimos un rato jugueteando y nos preparamos para bajar a cenar.
Estábamos ya, los cinco en la mesa. Ordenamos de cenar y empezamos a platicar acerca del plan y nuestro destino… Lianne se veía un poco nerviosa y evasiva con la mirada. Se levantó al baño y decidí acompañarla… Llegando allá, le dije:
—¿Lianne, todo bien? Vamos a pasar por la muralla de tu sueño y eso no es todo, estoy segura de que piensas hacer algo, solo que no sé, sí deba preguntar… ¿Necesitas ayuda en algo?— Ella dijo, mientras se refrescaba el rostro:
—Solo necesito que confíes en mí, renacuajo. ¿Está bien?
—Sí… Lo sé, pero… ¿Además de eso?
—Nada más… Todo está preparado.— «No tengo ni idea, de que pueda tener en la mente, pero ya le había prometido que confiaría…» Le dije:
—Está bien, ten cuidado y recuerda… Sí parece malo, es por que lo es.— Le sonreí y me fui de regreso a la mesa.
Estuvimos todos de acuerdo, partiríamos pasado mañana, solo sería un día de camino, a lo mucho dos, si vamos despacio.
Tenía ganas de festejar por nuestra victoria en esas catacumbas, pero la mayor parte de mí ser, solo quería olvidar el encuentro con esa criatura… «¿Sería lo que convocaron los habitantes de Tsun, hace siglos…? No tengo idea, mejor olvidarlo. Sí sigo obsesionada con estos pensamientos, estoy casi segura que solo me causará un mal rato y una mala noche para Ray…» Cenamos y tomamos un poco… La taberna se veía más animada de lo habitual… «Lo dicho… Parece que en este lugar siempre hay una fiesta». Nos retiramos temprano a nuestras habitaciones.
A la mañana siguiente nos reunimos antes del mediodía en la hostería para desayunar, comprar algunas provisiones y la ropa de invierno. Ya empezaba a hacer frío a los ratos que la luz del sol no estaba presente. Salimos a conseguir las cosas… Compramos unos lindos abrigos color blanco que fungían también como capa, sí se desabotonaban por completo. Pagué con el dinero del grupo y todos los guardamos en nuestras pertenencias. Lo mismo hicimos con las provisiones, compramos algunas cosas frescas para preparar los primeros días de nuestro viaje, aproveché y esta vez si compré los enseres necesarios para mi aseo personal que me hacían falta y de paso, Ray consiguió una nueva mochila.
Regresamos a la hostería antes del atardecer, esta vez sí quería emborracharme hasta perderme, pero con Camille eso no sería tarea fácil… Nos fuimos a nuestras habitaciones, de igual forma nos veríamos para cenar… «¡Qué buena idea…! Aprovecharé las botellas que sobraron ayer». Me quité mi calzado, destapé una y me la empiné… «¡Qué rico, tan dulcecita…!» Ray me dijo:
—Peque, más despacio…
—Tengo mucha sed, ayer estaba muy cansada, así que hoy desquitaré. Pero como Camille se enojará sí me ve tomar mucho, tomaré una parte aquí, una partecita durante la cena y el resto de regreso… ¿Me acompañas?— Él rio abiertamente y me dijo:
—¡Jajaja! Me preocupas, peque… Una vez que uno se empieza a justificar e inventar trucos para esconder su conducta, es porque tiene un problema…— «¡Qué amargado!» Le dije, haciendo un puchero:
—¡Cómo quieras!— Me volteé al lado contrario, como sí estuviera molesta… Él se sentó junto a mí y me empezó a acariciar en mis costados… Me empezó a dar cosquillas. Tomó la planta de mi pie desnudo y la empezó a acariciar… Le dije:
—Estate… ¡Jajaja! Tú no escondes tu conducta y tampoco te justificas, sátiro… ¡Jajaja!— Él empezó a besar los dedos de mi pie, metiéndolos por completo a su boca… Eso me volvió loca… Tapé la botella. «¡Esto es más importante!». Y me tendí en la cama boca abajo… Le dije con una voz insinuante:
—¡Jijiji! ¡Qué rico…! Me pregunto, ¿qué se sentirá en el resto de mi cuerpo…?— Nos amamos hasta poco antes de la hora de la cena…
Bajamos Ray y yo, a la hora de la cena, los demás ya se encontraban ahí. Grand ya había apartado la mesa que siempre habíamos usado desde que llegamos a ese lugar. Nos sentamos y la comida empezó a llegar… Todos me veían un poco raro, como fijándose en mis expresiones. Les dije:
—¿Qué pasa…? ¿Me ensucié otra vez, mientras comía?— Tallé mi boca con mi mano y Ray dijo:
—No es eso, peque… Es solo que todos te hemos visto un poco molesta desde días atrás. Desde que empezamos con lo del cementerio y queremos ver sí ya estás de mejor humor.— «¿Molesta…? No me siento enojada, ni molesta con ninguno de ellos, ¿se nota algo raro?» Dije:
—No estoy molesta, discúlpenme… Es solo que como les dije, esas criaturas siempre me ponen así, es todo. No estoy enojada con ninguno de ustedes, no tendría razón para estarlo, solo estaba incómoda por todo eso, pero afortunadamente eso se acabó, no tendré que ver la cara de ningún muerto viviente en mucho tiempo. ¡Ya estoy mucho más tranquila!— Sonreí como siempre… Lianne arrojó su bebida por la nariz y comenzó a reír como una loca… «Mmmh… ¿De qué se ríe?» Se disculpó y se paró de la mesa para ir al tocador… «¿Qué trama?» Todos me voltearon a ver y yo solo hice una cara de no saber de qué se trataba… Continuamos cenando, Lianne regresó y siguió como si nada.
Después de un rato, un hombre acompañado de dos hombres armados, abordó nuestra mesa… Dijo venir del gremio de aventureros del este y preguntó por mí… Me identifiqué con él. Los chicos se encontraban listos para cualquier cosa, pero parece ser que solo nos quería agradecer por haber limpiado el cementerio. Yo le dije que era cosa de nada, eran simples zombis. Sí bien habíamos entrado y destruido algunas criaturas en los pisos de debajo de las criptas, no era para tanto, que cualquier otro grupo de aventureros pudo haber hecho lo mismo… Pero él insistió en que tan solo el hecho de haber limpiado el exterior de tantos muertos vivientes y haber entrado y salido con vida, ya era mucho más que las personas que lo habían intentado con anterioridad. Que gracias a nuestro esfuerzo, nuevos grupos podrían ir y explorar, así como recuperar materiales de las catacumbas, para alquimia y un sin fin de beneficios más… Colocó una bolsa llena de oro, sobre la mesa y dijo, que por favor la tomáramos, por nuestras molestias… Todos nos veíamos los unos a los otros… Asentí con la cabeza y dije:
—Está bien, muchas gracias. Solo sean cuidadosos… Sí envían a novatos, el fondo de esas criptas serán sus tumbas… Tómenselo con calma, aún quedan muchas cosas peligrosas en ese lugar.— Tomé la bolsa… El hombre se veía complacido, se tomó una bebida con nosotros y nos dijo que cuando estuviéramos libres, siempre tendríamos trabajo con ellos. Todos les agradecimos y simplemente se fueron después de eso…
Les dije a los demás:
—¡Qué hay con esto…? Les debe de sobrar el oro, para hacer una cosa así.— Grand dijo: —No tiene nada de raro, Arlinne. Tú bien sabes, que esa bolsa no es ni el uno por ciento de todas las riquezas, materiales y ganancias que pueden obtener de ese lugar, ahora que pueden mandar a casi cualquiera hasta allá.
—Pues sí… Pero la verdad ese lugar es horrible. Con todo y lo que hicimos, estoy segura de que más de uno encontrará su final en ese lugar…— Ray dijo:
—Eso es lo que los hace ser aventureros, Arlinne. Tienen que arriesgarse a hacer lo que no hace nadie más, para ganar y desafortunadamente, no todos tienen éxito…— Lianne volvió a reír a carcajadas y dijo:
—¡Jajaja! Pues… Nosotros no estamos en una situación mucho mejor. ¡Jajaja!— Me molesté y le dije:
—¡No te estoy obligando! ¿O sí?— Todos comenzaron a reír. Ella solo hizo una cara de mustia, para después volver a reír y decir:
—¡Jajaja! Renacuajo… Estamos todos aquí por gusto.— Los volteé a ver a todos y todos asintieron sonriendo, aun así hice un puchero y solo me puse a beber por el resto de la noche…
Caí rendida… Estaba llena de mi barriguita, llena de alcohol, llena de amor. No me faltaba nada, solo me acosté boca abajo y me dormí profundamente… A la mañana siguiente nos preparamos para salir. Todo estaba listo. Hablé con ellos del oro del día anterior, pero nadie quiso ni una moneda. Les dije:
—Está bien, nuestro fondo del retiro se va haciendo un poco más grande… ¡Jijiji!
Partimos… Una vez en el camino, les dije:
—Apretemos un poco el paso… No quiero que nos dé la noche, antes de ver cuál es la situación en la muralla.— Cabalgamos a media velocidad toda la mañana y solo paramos a comer algo. Ya desde ahí se podía ver a lo lejos la muralla. Les dije:
—¿Saben, por qué esta muralla está aquí, en medio del bosque…? No le veo una finalidad práctica.— Todos se preguntaban lo mismo que yo, solo Grand dijo:
—Tal vez data de algunos tiempos muy antiguos. Antes de que la geografía política del reino fuese como lo es ahora…— Asentí… «Lo más seguro… ¿Qué razón pueden tener los elfos o los humanos de este reino para poner una muralla en medio del bosque?»
Continuamos nuestro camino… Exactamente antes del atardecer, llegamos… La muralla que partía el bosque de Veranda en dos. Noté algo raro frente a nosotros, a los pies de la muralla… Lianne ya se había adelantado… Cabalgando la alcancé y llegué hasta allá. Bajé de mi caballo… Tapé mi boca… Todos y cada uno de los defensores de la muralla se encontraban muertos a los pies de una de las entradas. Olía horrible… «¿Cuánto tiempo llevan aquí…?» Los demás llegaron hasta nuestro encuentro… Yo seguía ahí, atónita, mientras Lianne los revisaba con morbo, tapándose también la boca. Ray y Grand inspeccionaron el lugar… Ray me dijo:
—¡Qué raro…! No hay huellas de violencia. Como sea que hayan muerto, no fue luchando.— Lianne regresó hasta Camille y le dijo:
—¿Camille, me puedes hacer un favor, antes de que les des sus últimos ritos?— Ella volteó a ver a Lianne, solo por un momento, mientras seguía viendo la escena, horrorizada… Asintió. Lianne le dijo:
—¿Puedes realizar un conjuro para disipar las maldiciones sobre toda el área donde se encuentran? Por favor.— Ella se dispuso a preguntarle algo, pero Lianne agregó:
—Se los explicaré después, por favor.— Camille se alejó un poco y empezó a canalizar. Grand dijo:
—¡No estamos solos, miren!— Mientras señalaba un claro que había adelante de la muralla, a unos doscientos metros… Se veían siluetas con la luz del atardecer… Me fijé con cuidado… «¿Monstruos…? Esos de ahí, son ogros». Les dije:
—Son monstruos y son muchos, pero… ¿Por qué?— Camille terminó el conjuro, mientras las siluetas cada vez se veían más claramente… Era todo un ejército de ogros y hobgoblins, acompañados por uno que otro incursor virzuk… Ray me dijo:
—Parece que los virzuk encontraron aliados…— Le dije:
—Así parece ser… Nunca me imaginé algo así…— Lianne dijo:
—Háganse hacia atrás, por favor. Voy a canalizar un conjuro y es algo peligroso…— Todos hicimos caso, sin quitar la vista del frente… Eran demasiados, incluso para nosotros… Volteé nerviosa a ver a Grand y a Ray…
—¿Qué hacemos? ¿Peleamos…?— Cuando decía eso, una letanía que provenía de Lianne me interrumpió… Tenía en sus manos un pergamino y lo leía en voz alta. «Espera un momento… ¿Es el pergamino que le vi preparar varias semanas atrás?» Cuando terminó, el silencio inundo el ambiente y los cadáveres de los defensores, empezaron a resplandecer, como si estuvieran en llamas… Su carne se desprendía de sus huesos y toda se evaporaba en una luz que los rodeaba… «¡Qué estás haciendo, Lianne…?» Continuó con su conjuro… Los monstruos ya se habían parado solo a unos cuantos metros de nosotros, también perturbados por la luz y espectáculo que creaba el conjuro… La volteé a ver a la cara… Se veía cansada, extenuada, sudando. Por fin terminó y los huesos ahora limpios de su carne se empezaron a armar por sí mismos frente a nosotros, conservando su armadura y su armamento…
Era un espectáculo macabro… Todos y cada uno de los antiguos defensores de la muralla se habían convertido en esqueletos muertos vivientes. La luz menguó y quedaron parados frente a nosotros en medio de los monstruos… El ogro más grande de todos, dudó por un momento, pero se acercó, riendo y gruñendo hasta el más cercano de los esqueletos… Se le quedó viendo unos segundos, como burlándose de ellos. Acto seguido, lanzó un puñetazo con su fuerza descomunal al cráneo del esqueleto que estaba parado frente a él… Sonó como el crujir de huesos, pero para la sorpresa de todos… ¡El esqueleto estaba intacto!
El esqueleto le observaba con curiosidad, con los huecos vacíos de su cráneo, ni un rasguño… El ogro se enfureció, tomó su enorme mazo y barrió de lleno al esqueleto, frente a él… Pero solo se sacó de balance él mismo. Como un niño que le pega con un palo a un poste de hierro enterrado en el piso… El esqueleto giraba su cráneo en forma de pregunta de un lado hacia el otro… Todos los monstruos empezaron a hacer ruidos de asombro y temor. El ogro enfurecido aún más, rugió, tomó su maza con sus dos manos y se preparó para golpearlo de lado a lado, pero está vez el esqueleto, delicadamente movió su escudo al encuentro del arma de su adversario y la golpeó hacia fuera con apenas el impulso de su huesudo brazo… El arma botó de las manos del ogro y lo sacó de balance de un solo movimiento, para después atravesarlo con su espada por completo en el abdomen…
El ogro se desplomó herido de muerte frente al resto de sus compañeros… Los esqueletos empezaron a avanzar, mientras Lianne alzaba sus brazos… Los monstruos se lanzaron sobre ellos, pero los esqueletos tenían una velocidad sobrenatural y empezaron a masacrarlos sin miramientos. Lianne dijo:
—¡Qué esperan…? ¿No piensan ayudarlos?— Todos veíamos el espectáculo, boquiabiertos… «Le había dicho que confiaría en ella y eso es lo que haré… Ya después la desgreñaré por lo que acaba de hacer». Les dije, gritando:
—¡Vamos, que no escape ninguno!— Lancé mi conjuro de arma elemental… Para mi sorpresa, todas las espadas de los esqueletos se encendieron en llamas. Camille volteó sorprendida al ver eso y canalizó un conjuro de protección… Nuevamente todos los esqueletos brillaron con el efecto… Los hicimos polvo… «Pero… Hay algo que no entiendo… ¿Por qué ninguna de estas pestes intentó escapar…?»
Cuando terminó la masacre, los esqueletos regresaron hasta su posición original, como esperando nuevas órdenes… «¡Ahora sí, pendeja…!» Grité, mientras iba hacia ella para cachetearla y meterle algo de sentido común en la cabeza:
—¡Lianne que tienes en…!— Pero… Sorprendida me detuve. Un espectro de color verdoso y amarillento, emergió de entre las paredes de la muralla y se interpuso entre Lianne y yo… Dijo con una voz profunda y solemne:
—Lo siento su eminencia. No mal juzgue a su compañera la hechicera azul… Nosotros le hemos pedido este favor. Sabíamos desde un principio que era demasiado pedir, pero usted entenderá. Todos nosotros estábamos deseosos de pelear, de servir a nuestra nación, pero la cobardía de nuestros adversarios nos cortó esos deseos de la forma más artera posible…— «¡Un espectro…?» Sentí que mis huesos se enfriaban y un escalofrío me recorría toda la columna… El espectro continuó:
—Todos éramos voluntarios, solo legionarios. La mayoría de los soldados, solo niños con aspiraciones como servir a su patria, defender nuestras tierras e incluso enamorar a una que otra chica élfica sí se daba la oportunidad… Pero nuestros enemigos nos atacaron con una terrible maldición que nos hizo devolver nuestras ensangrentadas entrañas a la tierra y solo pudimos morir aquí, sin siquiera alzar nuestras armas.— «¡Maldición…? ¿Los mataron a todos como habían matado a la gente de mi aldea…? ¡Qué horrible! ¿Quién pudo haber hecho tal cosa? De seguro esos monstruos apestosos, no». El espectro continuó:
—Mi nombre es Reon Lysander. Solía ser canciller en la capital, pero todo eso cambio, cuando fui transferido a este lugar. Ahora todos solamente me llaman, Canciller. Es un gusto conocerla, lady Arlinne de Veranda y a todos sus ilustres compañeros.— «Mmmh… Es un espectro muy educado, ¡pero eso no le quita lo espectro…!» Le dije, sonriendo:
—Usted disculpe, tengo que hablar a solas con la ilustre hechicera azul…— Le hice una caravana, lo rodeé y jalé a Lianne de la solapa de la toga. Le dije en voz baja:
—¡Te has vuelto loca…?— Ella dijo orgullosa y con una voz fuerte para que todos la pudieran escuchar:
—Lo siento, Arlinne, por no avisarles, pero… ¿Qué no es lo que acabo de hacer, lo que tú vas profesando por el mundo?— Me enojé… «¡Cómo…? ¿Qué tiene que ver reanimar muertos? ¿Con lo que yo hago?» Tenía ganas de cachetearla, pero solo le dije, ofuscada: —¡Cómo?— Ella dijo:
—¿No, nos has dicho que todo mundo merece una segunda oportunidad?— «¡Zas!» Sentí como si una piedra me golpeara en la cabeza e inmediatamente, mis ojos se empezaron a humedecer… Volteé a ver a los esqueletos. ¿Quién era yo para juzgar lo que está bien o mal?
Ella me dijo:
—No te preocupes. Parecen esqueletos comunes y corrientes, pero como ya lo has visto, no lo son… Pasé mucho tiempo, cambiando y mejorando el conjuro, para que sus almas nunca estuvieran en riesgo y te puedo asegurar que no son, ni serán un peligro para nadie… Bueno, no para nadie que no sea enemigo de estas tierras… Además lo más probable es que ahora quieran ir a descansar.— Sonreí aún llorando… La abracé y le dije:
—Sí, por favor.— Pero… El espectro se interpuso nuevamente entre las dos y dijo:
—¡Por favor, esperen!— Ambas nos vimos a los ojos y el espectro continuó:
—Sé que es un atrevimiento, pero a los chicos y a mí, nos gustaría acompañarlas a liberar estas tierras… Sabemos lo que hacen, así que se los pedimos de rodillas… Nosotros no tenemos ya ningún propósito, nada más por que existir, nunca lo tuvimos. Por favor, permitan que las acompañemos… Su causa será nuestra causa. Al menos así en parte, podremos llenar nuestro propósito en la existencia.— Volví a llorar… Este espectro además era muy bueno con las palabras… Volteé, todos los esqueletos estaban arrodillados frente a nosotras, volteé a ver a los demás… Ray y Grand se veían tranquilos, Camille por otra parte, ya también venía enfurecida hacia nosotras… Le dije:
—Camille… Yo sé que algo como esto nunca lo podrías pasar por alto… Pero, mira… Obsérvalos, no se ven malintencionados.— Ella se paró frente al espectro y el espectro dijo: —Su santidad, por favor. También queremos la bendición de nuestra diosa para poder pelear por lo que es justo y correcto.— «¡Jijiji! Este espectro sabe lo que dice…» Camille dejó ver una sonrisa y dijo:
—¿Ustedes son creyentes?— El espectro dijo:
—¡Claro…!— Y empezó a recitar un fragmento de lo que parecía una obra religiosa… «¡Qué astuto! ¡Jijiji!» Ella sonrió y dijo:
—Está bien… Sí nuestra diosa quiere que su obra en este mundo siga adelante, yo no puedo más que seguir su voluntad, pero pórtense bien… Nada de asustar a los vivos, ni atormentar al inocente y sí en algún momento tienen la necesidad de tener el descanso final, solo pídanmelo.— «Creo que eso lo resuelve todo… ¿Cómo iremos por ahí con una legión de muertos vivientes?» Le dije al espectro:
—Está bien, resuélvelo con la hechicera azul, tiene nuestro voto de confianza.— Él me agradeció y dijo:
—Estaremos cerca siempre que nos necesiten…— Lianne empezó a conjurar y los esqueletos se empezaron a hundir, revolviendo la tierra, hasta quedar completamente cubiertos por ella y desaparecer. El espectro nos volvió a agradecer y desapareció entre las paredes de la muralla.
De alguna forma, el portón de la muralla descendió ante nosotros para que pudiéramos atravesar hacia el lado sur del bosque. Todos nos pusimos en marcha, tenía muchas cosas que decirle a Lianne, pero decidí esperar hasta acampar, no faltaba mucho para el anochecer.
Atravesamos… Ray me dijo, unos minutos después:
—Peque… Deberíamos descansar por aquí cerca, más al sur ya son las tierras de los elfos y en un segundo, estaremos rodeados por ellos.
—Está bien. Por aquí, antes de perder de vista la muralla, acampemos.— Los chicos prepararon todo, yo solo jalé del brazo a Lianne hasta un punto donde nadie nos escuchara y le dije:
—¿Y bien…? ¿Ahora te dedicarás a la necromancia? ¿Es lo tuyo?— Ella comenzó a reír y dijo:
—¡Jajaja! ¿Ahora me regañarás cómo si fueras el maestro? ¡No, peor…! ¿Cómo sí fueras mi madre…?— Yo le dije:
—Me hubieras dicho…
—¡Jajaja! Te lo dije y tú dijiste… Escucha a los espantajos, Lianne, seguro te quieren pedir ayuda… ¿O no?— Tallé mi cara… Era cierto. Ella agregó:
—Pues ya los ayudé. Tranquila, no habrá repercusiones y sí tanto te asustan, solo ignóralos. —Pero…— Ella continuó
—Tranquila, no es algo que vaya a volver a hacer solo por hacerlo. Es una ocasión única. A mí tampoco me gustan este tipo de cosas, me ponen incómoda.— Me tranquilicé un poco y le dije:
—Está bien, ya… Yo también tengo la culpa. Dices que no habrá repercusiones, te creo. Regresamos con todos los demás, cenamos y nos preparamos a descansar, me quedé pensando… «¿Sería la misma maldición…? ¿La que mató a todos en mi aldea?»
Escuché una voz en mi interior… Era Ana. Les dije:
—Ya vuelvo, voy al baño.— Me alejé un poquito y le contesté:
—Hola, amorcito. ¿Cómo estás?
—¿Por qué no, me habías hablado…? Estaba preocupada.
—Lo siento, se me pasó el tiempo volando… ¿Cómo estás?
—Pues… Con la noticia de que vamos a su encuentro…— Me quedé anonadada…
—¿Por qué? ¿Ocurrió algo?
—El capitán Tenarius recibió algún tipo de información y dijo que era importante para ustedes y la única forma de dárselas, era alcanzándolos… Nos dirigimos a Montloarc. ¿Dónde se encuentran ustedes?
—Al este… En la parte sur del bosque de Veranda. ¿No podías darme la información por este medio, sin necesidad de que vinieran hasta acá?
—Tal vez, pero quiero verte… ¿A poco eso es malo?
—No, yo también quiero verte, pero el pobre capitán, hacer un viaje tan largo…— Ella dijo: —¡Jijiji! Estaba ardiendo en deseos de salir… No sé cuál sea la información, pero viene con miembros del gremio armados… Todos jóvenes, pero armados igual.
—¿No sabes nada de nada?
—No… Pero por como veo la situación, debe de ser algo referente al asedio…
—Con mucho cuidado, amor. La zona de Montloarc está plagada de monstruos que ayudan a los virzuk y me temo que tienen a un hechicero o algo por el estilo, que usa maldiciones para matar a sus enemigos…— Ella dijo, cambiando su tono de voz:
—La que debe de tener cuidado, eres tú. Le diré al capitán de su posición. Los alcanzaremos en unos días, ya llevamos más de la mitad del camino.
—Está bien. Muchos besos. Nos veremos pronto.— Cortamos la comunicación… Debía decirles a los demás.
Regresé al campamento y les dije todo lo que había hablado con Ana. Ellos se quedaron pensativos… Le dije a Ray:
—¿Ray, qué opinas?
—No tengo idea, Arlinne. Pero sí viene el capitán en persona, es porque se trata de algo importante. Tal vez piensa que necesitamos ayuda y viene como refuerzo…
Me quedé pensando… «No quiero inmiscuir a nadie más en esto… No quiero ver a todos mis seres queridos morir nuevamente, víctimas de la misma maldición…» Me quedé en silencio… «Ana… No te arriesgues, esto es peligroso».
No podía dormir… Los chicos empezaron a hacer sus guardias, tal vez, porque me vieron despierta, Grand dejó que Ray comenzara. Ray llegó a mi lado y me arropó con mi mantita. Me dijo:
—Tienes la piel helada… ¿Por qué no te acuestas y te acercas al fuego?— Estaba sumergida en mis pensamientos y sin ponerle atención a su recomendación, le dije:
—¿Por qué crees que los monstruos estén ayudando a los virzuk…?
—No lo sé… Acerca de monstruos, tú eres la experta.— «¿Por qué…?» Después de un rato me quedé dormida.
A la mañana siguiente, desperté… Como de costumbre, todo estaba levantado. Solo esperaban alrededor mío. Me levanté y comencé a recoger mis cosas. Le dije a Ray decididamente:
—Yo hablaré con Kalya.— Él escupió el café que estaba tomando y me respondió:
—¡Qué?— Se lo repetí, sonriendo:
—Yo hablaré con ella, por favor.— Él negaba con su cabeza y le dije:
—Tranquilo, no pelearemos. Bueno, más bien, yo no iniciaré la pelea, lo prometo.— Él aún no se veía convencido… Le dije:
—Te lo aseguro, todo estará bien. Sí tú hablas con ella, siento que será mucho peor.— Él accedió renuentemente y dijo:
—Muy probablemente, ni siquiera esté por aquí… Siente que su alma es demasiado grande para su corazón y el mundo muy pequeño para ella. Casi siempre viaja de un lugar a otro para evitar morir de aburrimiento, como ella misma lo dice…— Comenzamos a avanzar desmontados, llevando los caballos de las riendas… Según Ray, solo sería de un momento a otro que nos encontraríamos con ellos.
Ni bien veinte minutos habían pasado desde que partimos, cuando oí una voz desde las copas de los árboles…
—Alto ahí, forasteros. Estas son tierras de los altos elfos de Yellowood. Nadie sin permiso puede atravesarlas, solo porque sí.— Les hice una seña y alzamos nuestros brazos en señal de que no queríamos conflicto… Dije:
—Hola, buen día. Mi nombre es Arlinne de Veranda y quisiéramos hablar con sus líderes, sí no es mucha molestia…— Nos quedamos esperando un rato y le dije a Ray:
—¿Vendrán…?— Él dijo, sonriendo:
—¡Júralo…! Ya debe de venir una de las cazadoras a cargo de la seguridad a interrogarte… Y cabe la posibilidad, de que esa sea Kalya, sobre todo, después de que les diste tu nombre. Arlinne no es un nombre muy común, no conozco a otra chica que se llame igual a ti.— «Mejor… Sí va a tronar que truene de una vez. Sí tengo que pelear con ella, debo de verme dominante, pero no puedo matarla… Ni siquiera herirla de gravedad, porque solo nos meteré en problemas».
Después de un rato, escuché una voz femenina…
—Acércate hasta este árbol, Arlinne…— Era Kalya… Ray tapó sus ojos, negando y yo dije: —Deséenme suerte…— Caminé hasta el árbol de donde provenía la voz y cuando llegué… Algo silbó en el aire y se clavó frente a mí en el árbol… Era una flecha. «¡Ah…! ¿Con qué esas tenemos?» Lo ignoré, solo sonreí y dije:
—Pues sal donde pueda verte o… ¿Me seguirás tirando desde ahí, hasta atinarme?— Ya tenía mis manos listas en mis espadas, por si cualquier cosa… Comenzó a reír y salió detrás del mismo árbol. Dijo:
—¡Jajaja! ¿Crees que hubiera fallado a esa distancia, sí hubiera querido atinarte?— Reí nerviosamente y le dije:
—Jejeje… No creo…— Ella cambió su semblante y dijo:
—¡Qué quieres…? Lo último que quiero es volver a ver tu cara de idiota. ¿No te bastó, quitarme a mi hombre? ¿Ahora vienes a restregármelo en mi cara a mi casa?
—No es nada de eso… Estoy aquí por otros motivos. ¿Sabían que los defensores del reino de Montloarc de la muralla que da al bosque, están todos muertos?
—¿Y qué con eso? Está en guerra tu gente al oeste, ¿no? ¿Qué tiene de raro que estén muertos?— Le dije:
—Lo raro no es eso… Lo raro es que monstruos se han amasado y unido fuerzas con los virzuk y es muy probable, que intenten atacarlos a ustedes también en cualquier momento…— Ella dijo, riendo:
—Ya quiero ver que lo intenten… ¡Jajaja! ¡Tu gente ha tratado de luchar contra nosotros desde que mis padres tienen memoria…! Solo vendrán, morirán en vano y se marcharán, como ha ocurrido antes… ¡Jajaja! ¿No les gusta a ustedes los humanos ser así? ¡Vivir por nada y morir de la misma forma!— Me empecé a calentar… «¡Perra! No sé como Ray se pudo fijar en ella desde un principio… ¿Su cuerpo? Probablemente». Le dije:
—Pero… Eso no es todo. Están usando hechiceros con maldiciones muy poderosas, que arrancan la vida a sus víctimas en cuestión de horas…— Ella volvió a reír y dijo:
—¿Crees que unas simples brujerías humanas, cómo esas pueden afectarnos? ¡Jajaja! De ser así, estaríamos muertos hace mucho tiempo… ¡Tu gente siempre ha estado enferma de odio, envidia y ambición! De ser así, nosotros hace mucho hubiéramos abandonado este mundo.— Estaba llegando a mi límite… Le dije confrontándola:
—¡Al menos, no enfermos de vanidad y egoísmo!— Se puso caliente también y dijo:
—¡Al final, sí has venido a insultarme, no solo a mí, sino a mi gente también?
—Nada de eso… ¡Pero tú me has insultado un buen rato ya! ¿Qué esperabas, qué siguiera a gusto…? Vine hasta aquí de buena manera, para que pudiéramos cooperar y sacar a los virzuk de estas tierras, pero creo que me equivoqué…— Ella dijo, recuperando su temple: —Gracias por tu preocupación, pero ha sido en vano. Y para que veas que no soy intransigente, en respuesta a tu buena voluntad, te daré hasta el anochecer para irte de tu lado del bosque, sin ninguna represalia…
—¡Ahora me amenazas otra vez…?— Me puse mucho más caliente después de su amenaza. Ya lo había hecho una vez, pero otra más… Respiré profundo y dije:
—Está bien… Tal vez hubiera sido mejor, hablarlo con mi maestro del otro lado del bosque, antes de venir a verlos a ustedes primero…— Ella simplemente se quedó boquiabierta, después de escuchar eso y dijo:
—¡Tu maestro…?
—Sí, el guardabosque de Veranda es mi maestro. Cuidó de mí en mi infancia, ¿por qué crees que soy Arlinne de Veranda?— «Eso me lo saqué de la manga, pero bien podía ser verdad y no creo que mi maestrito se enoje por llamarme a mí misma de esa manera». Se quedó pasmada y cambió su semblante por completo, para preguntar:
—¿De verdad, conoces en persona al guardabosques…?
—¡Sí! ¿Qué tiene de raro?— Se quedó muda… Yo sabía que el maestro no se llevaba muy bien con los elfos, pero se respetaban mutuamente. Por alguna razón, ellos le temían o lo respetaban… No tenía idea del porqué, pero nunca osarían hacer algo en su contra. Ella dijo, como si fuera otra:
—Está bien, Arlinne de Veranda. Lo hablaré con mis padres. No esperes mucho, no nos gusta interferir en conflictos de otras razas, pero sí dices que el bosque está en peligro y que tu maestro es el guardabosques, les interesará escuchar lo que me dijiste.— ¿Qué había ocurrido ahí…? ¿El maestro era tan influyente? «Parece que sí… Discúlpeme maestro, lo dije sin querer». Me dijo:
—Esperen cerca de donde acamparon anoche. Te tendré una respuesta en menos de dos lunas.— Sonreí y le dije:
—Gracias.— Ella se volvió a molestar y dijo:
—¡Y no hagas más esa cara de boba, que me pone los pelos de punta!— Se dio la vuelta y se marchó entre la espesura del bosque.
Regresé con los demás, caminando con mis manos en mi espalda… Les dije sonriendo:
—Todo arreglado, lo consultarán con sus líderes.— Ray dijo, sorprendido:
—¡Cómo…?
—Pues así, nada más… Parece que mi maestro, el guardabosques, es muy escuchado por estos lugares y se enteraron de que yo era su alumna y ya. Acampemos un par de días donde lo hicimos ayer, me dijeron que en ese tiempo me tendrían una respuesta.— Regresamos hasta el lugar del campamento y nos pusimos a preparar la comida.
No me podía sacar de la cabeza lo de la maldición… Fui a hablar con Camille, después de comer y le dije:
—Camille, dentro de las bendiciones de tu diosa o tus conjuros… ¿Tendrás alguna forma de remover o proteger contra las maldiciones…? En especial como la que mató a los defensores de la muralla.— Ella volteó un poco molesta y dijo:
—¿Mi diosa… Arlinne?— «Oops… Esto es precisamente lo que no quería que pasara desde un principio…» Ella continuó:
—¿A poco desde que estoy aquí con ustedes, no has empezado a creer en ella ni tantito…?— «La verdad es que no… Pero no puedo decírselo. Me siento mal, ¿qué hago…? Siempre he pensado que este tipo de magia, nace de la enorme fe de los que la usan, pero tanto como dioses que estén constantemente volteando del cielo hacia abajo, para ver quien se porta bien y quien mal, no me puede caber en la cabeza…» Le dije, tratando de ser empática:
—Lo siento… Creo en lo que tu diosa representa, pero solo eso. Discúlpame, si ya no quieres estar con nosotros lo entiendo…— Me quedé cabizbaja… Ella sonrió y dijo:
—Está bien. Con lo primero me basta por ahora. Es más que muchos de los jurados sacerdotes que llevan años viviendo en el templo… Y la respuesta que estás buscando es, sí.— Suspiré tranquila, ella continuó:
—Mientras nuestra diosa esté con nosotros y yo viva, no permitiré que esa maldición nos haga ningún daño… Ni a nosotros, ni a nuestros aliados.
—¡Muchas gracias, Camille!— Ella me dijo:
—A partir de mañana y hasta que lo creas conveniente, con nuestro desayuno, repartiré bendiciones que nos protegerán durante todo el día de cualquier plaga o peste que los enemigos de la justicia lancen contra nosotros.— Ella sonrió de una manera tan cálida que mi corazón se llenó de alegría… La abracé y le volví a agradecer antes de ir y preparar algunas cosas con los chicos.
Empezaba a hacerse de noche y el frío, ya calaba en mis huesitos… Fui hasta mi caballo y recuperé mi abrigo, era momento de estrenarlo… Me quedaba bien, a la perfección. Corrí con los chicos y abracé a Ray, él me correspondió el abrazo y les dije:
—¿Tienen alguna idea, de sí los virzuks quisieran atacar el bosque, dónde lo podrían hacer…?— Ellos se vieron el uno al otro, negando con la cabeza y Grand dijo:
—Lo siento, Arlinne. Esta vez, te fallo. No conozco el bosque, más de lo que lo conoces tú, pero imagino que querrán hacerlo por algún lugar donde no esté la muralla.— Me quedé pensando… «Yo no conozco casi nada el bosque a pesar de haber vivido algunos años aquí, nunca me dio por explorarlo. Solo eran unos cuantos pasos fuera de la cabaña del guardabosques y de regreso, ni siquiera recordaba, que existía la muralla…» Ray dijo: —Tendremos que esperar a los elfos, ellos seguro saben por donde podría ser… De igual manera, no estamos seguros de que los monstruos se vayan a atrever a atacar el bosque.— Le dije:
—Tienes razón…— Es probable que ni siquiera lo intentaran o lo hicieran cuando ni siquiera nadie se lo esperara. Agregué:
—¿A cuánto tiempo está la capital?— Grand dijo:
—Como a dos días de camino, continuando al oeste.— Les dije:
—¿Y el asedio será en las murallas de la capital o en otro lugar?— Grand volvió a contestar: —Eso depende… Sí está muy avanzado, seguramente será a las murallas de la capital, sí no, tal vez en algunos puestos de avanzada al norte…— Les dije:
—Quiero que se cuiden mucho, por favor. Sí los virzuks están usando maldiciones y monstruos, es porque ya no les importa su honor, ni nada por el estilo. Quieren ganar a como de lugar…— Los dos asintieron. Después de ahí, me fui a recostar, solo saqué uno de mis libros de aventuras y comencé a leer un rato antes de irme a dormir.
A la mañana siguiente, desperté viendo directamente hacia el cielo… El sol iluminaba mucho más fuerte que el día anterior, ni una sola nube… «¡Qué rico…!» Recordé el conjuro que sin querer usé en las catacumbas… «¿Lo podré volver a usar…? Espero no tener que volver a usarlo en algo como en lo que lo hice…» Desayunamos y Camille cumplió su promesa… Nos puso el efecto de un conjuro, que nos debería de proteger contra las maldiciones. Pasado el mediodía, una patrulla de avanzada élfica se acercó a nosotros, Kalya venía con ellos. Me acerqué y me dijo:
—Monten y acompáñenos.— Les hice una seña a todos, levantamos nuestro campamento y los seguimos…
Traté de notar, sí aún había alguna especie de tensión entre ella y Ray, pero o lo disimulaban muy bien o no había nada más de eso… Por un momento, pasó por mi mente, como debieron haber sido sus noches… Me comencé a molestar, pero entre más me lo imaginaba, solo me ponía más triste… Recapacité y me di cuenta otra vez, que esos pensamientos me hacían daño, eso ya había pasado, ahora Ray era mío… ¡No! Su amor y cariño eran míos y eso me hacía muy feliz.
Llegamos hasta lo que parecía ser una abertura en la muralla… Como sí por un tramo de unos doscientos metros hubieran olvidado construirla. Kalya dijo:
—Este tramo fue dejado de esta forma para permitir el comercio con el exterior y es la forma más rápida de cruzar del lado norte a sur del bosque o la capital humana. Sí atacan, este es el punto más vulnerable…— Vi a mi alrededor… «Este lugar se me hace muy familiar de algo…» Se podía ver la parte norte del bosque desde el claro, directamente desde el centro donde debería estar la muralla y al sur, una peña muy alta, que seguía en la dirección de la propia muralla de este a oeste… «¿Dónde he visto este lugar antes…? Tal vez, cuando era niña…» Sin querer, le pregunté a Kalya:
—¿Qué hay tras esa peña, alguna construcción importante?— Ella dijo:
—Solo unas cuantas cabañas. Construidas para los que nosotros consideramos invitados.— «Aunque sean invitados, no los dejan entrar por completo a sus tierras… ¡Jajaja! No esperaba menos de ellos». Ella dijo:
—Por cierto… Pueden ocuparlas, sí ustedes así lo desean, por el tiempo que se encuentren aquí.
—Gracias, pero solo venimos de paso. A avisarles del peligro, que sé que ustedes a lo mejor ya lo tenían presente, pero no estaba de más. Pensamos ir a la capital y sacar a esos cobardes de ahí.— Grand me tomó del hombro y dijo:
—Mira ahí delante, Arlinne.— Volteé hacia donde me indicaba… Eran monstruos, merodeando en los límites del bosque. Un par de hobgoblins roñientos…
Me dispuse a canalizar un conjuro, pero cuando estuve lista para lanzarlo, Kalya ya había abatido a ambos con su arco e hizo una seña al resto de sus seguidores de que iría a investigar. La seguí instintivamente e hice una seña para que los demás nos esperaran ahí, por si cualquier cosa… Mientras caminábamos en la dirección de las criaturas abatidas, ella me dijo:
—¿Así que también eres una guardabosques…? ¿O una hechicera?— Solo sonreí y le dije: —Pues… Bien, bien, ninguna de las dos. ¡Jijiji!— Ella me pellizcó el brazo y dijo:
—¡Basta! Te advertí de tu cara de tonta… ¿No puedes sonreír sin hacer esa cara de boba?— Le dije, sorprendida:
—La verdad, es que no. Lo siento…— Ella comenzó a reír y dijo:
—En un principio, cuando te conocí… Creí que la fingías y me ponía de tan mal humor, pero ahora veo, que simplemente eres tan tonta como pareces…— ¿Era un cumplido o un insulto? Continuó:
—Mmmh… Así que eso es lo que le gustó a Ray de ti… Nunca me pasó por la mente, que le excitaran ese tipo de cosas.— «¡Qué…? ¡A Ray le gusta que me vea como una boba…?» Le dije abruptamente:
—¡No creo que sea eso…!— Llegamos hasta los cuerpos… Empecé a revisar más adelante… Ella dijo:
—Tenían razón… Estos venían a explorar para un ataque. Este tipo de monstruos, no los hay ni cerca del bosque…
—Me temo, que seguramente si van a intentar algo así, deben de ser muchísimos…— Ella dijo, cambiando su semblante:
—Sé que sonará raro, muy raro… Y ni siquiera tendrías razón para hacerme caso, pero… Quiero hacer las pases contigo…— Yo le dije, evitando sonreír:
—No hay problema…
—Hay algo que quiero pedirte…
—Está bien, dime.— Ella continuó:
—¿Me puedes presentar al guardabosques…?— «¡El guardabosques? Mmmh… Pues solo presentárselo, creo poder hacerlo… Ya de ahí que él quiera consentirla con algún favor o una petición… Eso lo veo muy difícil».— Le dije:
—Sí… Pero sí quieres pedirle algo, eso ya dependerá de ti.
—Lo sé y no creas que no te daré nada a cambio…— Me quedé sorprendida por sus palabras y ella dijo:
—Ya lo verás cuando esto se resuelva… Lo mismo, no tengo prisa en conocerlo, siempre y cuando sea antes de que ustedes abandonen el bosque.— Le dije:
—Está bien… Solo tengo que advertirte. No sé como te reciba, ni lo que quieras de él, pero me imagino que ya sabrás que tipo de persona es…
—No te preocupes, eso lo hace aún más interesante…— «¿Qué tiene en mente…?»
Regresamos con los demás y les dije:
—Parece ser, que sí habrá un ataque y puede ser de un momento a otro… Tal vez, deberíamos pasar unos días aquí y ayudar de ser posible. De igual manera todos los monstruos que derribemos en este lugar, serán monstruos contra los que no tendremos que pelear, sí queremos terminar el asedio.— Todos asintieron de acuerdo a mi idea. Kalya me dijo:
—Dejaré un par de unidades de vanguardia aquí con ustedes y al más veloz de mis mensajeros. Estaremos además patrullando esta zona constantemente. Ocupen las cabañas, se encuentran en buenas condiciones. Nos veremos mañana, avisaré de todo esto a mis padres.— Se marchó después de eso… Algunos elfos se quedaron y se plantaron alrededor del claro, nosotros subimos la peña por un costado y vimos las cabañas… Eran tres, decidimos tomar la de en medio
Me quedé divagando, mientras Grand y Camille, hacían la comida… Volteé a ver a Ray, él hacia algo con su piedra de afilar y algunas dagas. Lianne se había ido a tomar una siesta en lo que estaba la comida… «¿Le gusta que me vea como una niña boba…?» Me acerqué inocentemente, tratando de fingir la mayor inocencia que podía en mi rostro y le dije con una voz melosa y mi sonrisa de siempre, mientras observaba como sí prestara mucha atención a lo que hacía, pero sin entender:
—¿Qué haces amorcito…?— Sus ojos brillaron y me abrazó para explicarme, que era lo que hacía. Tapé mi boca… «¡Ah! ¡Es cierto…!» No sabía si alegrarme o entristecerme, de verdad lo encendía que yo pareciera una mensa… «Pero… Yo lo hago inconscientemente, porque así es mi forma de ser…» Me empecé a llenar de alegría… «¡Jijiji! Está bien… Gracias, Kalya. Me has dado otra herramienta para encender la hombría de Ray… No tiene nada de malo, siempre y cuando, no abuse de ello».
Decidimos que todos haríamos guardias fuera de la cabaña, plantados en la peña cuidando de los elfos y vigilando el cruce de la muralla. Igual dejaríamos que Lianne y Camille descansaran por ahora. Camille se ofreció ardorosamente, pero Lianne se estaba acostumbrando a depender de todo de Grand, me molesté un poco… Grand también tenía derecho a depender de ella en algún sentido, pero mejor no meterme en esas cosas… Fue mi turno por la tarde… Estuvo muy tranquilo, el tiempo que yo estuve haciendo guardia. Los elfos iban y venían a los pies de la peña, patrullando…
Regresé al anochecer a la cabaña, era turno de Grand. Antes cenamos y después, él partió a la peña. Yo me metí a mi habitación con Ray. Lo abracé y empezamos a platicar… Se me ocurrió preguntar:
—¿Oye, amor? ¿Te llama la atención que me vea un poco boba o ingenua, cuándo sonrío o hago algunos de mis gestos?— Él se quedó sorprendido por la pregunta, sin saber que pensar de ella y dijo:
—¿Cómo?
—Sí… ¿Qué si te atrae de mí, qué me vea como una tonta?— Él se quedó pensando y dijo: —Nunca lo había pensado de esa manera… ¿Eres tonta?— Le dije, molesta:
—¡Tú qué crees…?
—¡Jajaja! Arlinne… Me derrite el corazón en ocasiones, ver tus ojitos ingenuos o tu sonrisa tan sincera, pero algo como tonta, no lo creo así…— La respuesta que buscaba era, sí… Comencé a reír y le dije:
— ¡Jijiji…! Mmmh… ¿Qué te atrajo de Kalya, por primera vez? ¡Se honesto!— Él se quedó pensando un segundo y dijo:
—¿Por qué preguntas este tipo de cosas? ¿Qué es lo que quieres que te responda? ¿Y cambia algo en nuestra relación, lo que sea que haya sido?
—No cambia nada. Solo quiero saberlo… Por curiosidad.
—¡Aaah? Pues no seas curiosa.— No me pensaba decir… «Mmmh… ¿Qué esconde?»
—¿Su cuerpo…? ¿Te interesó su cuerpo voluptuoso o el hecho de que es una elfo?— Él solo empezó a reír y me volvió a abrazar para luego decir:
—¡Jajaja! Peque… Deja de meter tu cabecita otra vez en la botella. ¿Qué importa lo que haya sido? Ahora estoy contigo y no pienso cambiarte por nada del mundo.— Hice un esfuerzo por alzar mi cabeza de entre sus brazos y dije:
—Pero… Algo debió de haber sido.— Se echó a reír… «Mmmh… No me lo va a decir tan fácil, se lo voy a tener que sacar borracho». Tocaron a nuestra puerta… Era Grand, él dijo: —¡Alístense! Los enemigos están aquí, ya están forcejeando con los elfos.
Brincamos de la cama y preparamos nuestro equipo. Ray me ayudó a ajustar mi armadura, me besó de repente y me dijo:
—¡Cuídate mucho!
—Tú, igual, amorcito. Por favor.— Salimos volando… Ya venían Lianne y Camille. Les dije: —Todos tengan cuidado, no sabemos cuantos sean.— Salimos de la cabaña y corrimos a descender la peña…
Los elfos ya se encontraban luchando con un grupo de ogros, mientras docenas de hobgoblins irrumpían libremente en el bosque… Me paré frente a ellos y empecé a canalizar, lanzando mi cadena de relámpagos a cuantos alcanzara… Pero eran demasiados. Hice un par más, pero seguían llegando. Lianne igual canalizó algunos conjuros ofensivos… Los barríamos, pero en su lugar llegaban más y más…
Lianne empezó a canalizar un conjuro y sus guerreros esqueléticos se levantaron del piso, removiendo la tierra del suelo, mientras emergían, al mismo tiempo que veía volar una luz amarillenta alrededor de ella… Era el espectro, Canciller. Me alegré de verlos, olvidando que eran muertos vivientes y solamente los apoyé, canalizando mi conjuro de arma elemental de fuego en todos nosotros. Los chicos ya estaban enfrentando a los ogros, ellos solos, mientras Camille ayudaba a los elfos heridos… Dejé la magia para después y desenfundé mis armas, tenía que bajar el volumen de esas pestes y sí solo usaba magia en un rato estaría exhausta…
Me quitaba peste tras peste, pero no terminaban de salir… Lo peor del caso era que a ratos recuperaba mi aliento y ya tenía varios encima… «¿Qué los hace pelear así? Sin miedo a la muerte… ¿Estarán controlados?» Me estaba cansando… Grand y Ray, ya habían derribado a los ogros y Ray venía a ayudarme… Llegó hasta mí y con uno de sus cortes, me quitó a todas las pestes que tenía encima mío… Me dijo:
—¿Estás bien, peque?
—Sí… Con uno que otro rasguño, pero sí.— Oímos el sonido de un cuerno de cacería… Las cazadoras élficas y la infantería habían llegado. Empezaron a acorralar por fin, a los hobgoblins y a tomar la posición en el campo de batalla. Le dije a Ray:
—Ya me cansé… Déjame recuperar un poquito mi aliento y avanzamos al otro lado del bosque.
Recuperé un poco mi aliento y nos acercamos a Lianne y sus espantos… Canciller hablaba con ella y dijo:
—Sus eminencias, he sobrevolado la zona frente a nosotros por enemigos… ¡Son demasiados, tenemos que retirarnos!— Me quedé pasmada y dije:
—¡Qué? ¿Aún son muchos más?— Canciller dijo:
—Sí y de todos tipos… De hecho, ahí vienen unos enormes…— Empezó a temblar el piso a nuestro alrededor… Los elfos terminaban con el resto de las pestes. «¡Qué es este temblor…? ¡Pisadas?» Con la iluminación de algunas antorchas y de las incontables fuentes de luz mágica que había en el lugar, alcanzamos a ver al borde del claro, donde debería de estar la muralla… Eran unos gigantes de color verde, enormes como árboles… «¡Qué son esos? ¿Trols…? ¡Trols gigantes!» Busqué por Camille con la mirada y le dije, gritando:
—¡Retrocede, Camille! ¡Será muy peligroso quedarnos tan cerca de la muralla!— Ella alcanzó a escucharme y asintió… Ayudó a un defensor élfico a incorporarse y a caminar de regreso.
Los defensores élficos se agruparon y empezaron a lanzar flechas en llamas a las bestias, pero para ellos, solo era como sí alguien les arrojara cerillas encendidas. Le dije a Lianne:
—¿Podrías mandar a los esqueletitos con sus armas en llamas a defender, en lo que intentamos derribarlos con magia?— Ella volteó a ver a Canciller y él dijo:
—A sus órdenes, sus eminencias.— Los esqueletos que eran un espectáculo por sus armas en llamas en la noche, se acercaron para cerrarles el paso… Teníamos que destruirlos con fuego. Le dije a Lianne:
—Solo son débiles al fuego, cualquier otro tipo de daño, nunca los detendrá por mucho tiempo.— Ella asintió y empezó a canalizar una tormenta de rocas en llamas que llovió frente a ellos… Yo grité a los elfos:
—¡Retrocedan un poco, será peligroso cerca de ellos!— Los trols recibían daño, pero no era suficiente para derribarlos. Los esqueletos nos daban una buena cantidad de tiempo, pero no lo debíamos desperdiciar… «Supongo que incluso ellos tienen límites, para resistir los embates de estas bestias que se vuelven cada vez más feroces». Ray tomó mi mano y dijo: —¡No se arriesguen demasiado, iremos a apoyar!— Mi corazón se apretujó, le quería decir que no, que se quedara ahí, que tenía miedo por todos nosotros, pero él necesitaba pelear… Se veía emocionado por participar en la batalla… Era lo que más disfrutaba hacer. Le dije: —¡Ten cuidado, amor! ¡Por favor!— Grand y Ray, empezaron a acercarse de nueva cuenta al frente…
Traté de apoyar a Lianne y empecé a lanzar llamaradas ardientes a uno solo de los cinco trols que ya estaban dentro de nuestro lado del bosque, pero no era suficiente… Camille se nos unió y empezó a usar su magia. Chorros de fuego llovían del cielo, pero solo lográbamos amedrentarlos y retrasarlos un poco. Lianne dijo:
—Estos son bastante duros…
—Sí…
—Renacuajo… ¿Por qué no, haces el conjuro qué hiciste en las catacumbas? Con el que destruiste a esa criatura de sombras…— Me quedé en silencio, no sabía si podría repetirlo… Pero aunque lograra hacerlo, solo me agotaría y eran cinco. Le dije:
—No tengo tanto poder mágico… Sí lo hago, después me quedaré sin fuerzas para seguir… Los esqueletos empezaron a retroceder, no había tiempo… Empecé a canalizar, escogí como objetivo al más cercano y me concentré, recordé todo lo que había hecho y pensado la vez anterior, hasta que un haz de luz se abrió en el cielo y empezó a iluminar al trol…
La luz comenzó a evaporar al trol, al contacto con su verdosa y ulcerada piel… Se abrió más y más… El trol se revolvía en su lugar como queriendo escapar. Intentó correr de regreso por donde vino, pero solamente tropezó con otro de su especie… «¡Perfecto! No podría tener más suerte…» La luz se abrió por completo y un grueso chorro de llamas, descendió desde el cielo a una velocidad impresionante, haciendo el sonido de un silbido ensordecedor… Los bañó por completo a ambos, que solo se retorcían y ardían, imposibilitados de apagar las llamas. El resto de los trols, los veían con horror… Jalé aire profundamente. Los esqueletos recuperaron el terreno que habían perdido, mientras yo respiraba agitadamente, ayudada por Camille para no desfallecer. Lianne se quedó viendo el espectáculo y dijo:
—¡Sorprendente, renacuajo…! ¡Pero ahora verás qué no me puedo quedar atrás!— Ella empezó a canalizar alzando sus brazos…
Sentí que una brisa tibia empezó a correr por el lugar, las ramas de los árboles se empezaron a balancear sin control… Sin más y de repente, una tormenta ardiente empezó a arrasar a nuestros enemigos, como sí potentes vientos en llamas quisieran arrancarles la carne de sus huesos… Solamente oía el rugir de las llamas, como si estuviéramos dentro de un horno. De pronto, todo se tornó de color anaranjado y la corriente infernal se volvió más y más potente… Los trols restantes, taparon su rostro y chillaron, como ganado que iba a ser sacrificado. De un momento a otro, estallaron en llamas… De pie, en el mismo lugar donde se encontraban parados. Ray y Grand, aprovecharon esa oportunidad para montar el daño sobre uno de los tres que quedaban y lo derribaron… El resto caminó unos pasos más y cayeron al piso, consumidos por las llamas.
Vi con alegría como nuestros enemigos se convertían en cenizas y le dije a Lianne, haciendo una mueca de tristeza fingida:
—¡Qué fea, pobrecitos! ¡Jijiji!— Ella rio también, discretamente. Canciller se acercó volando hacia nosotras y dijo:
—¡Sorprendente, sus eminencias…! Pero aún vienen muchísimos más.— «¡Más? Ya no puedo más…»
Los elfos aprovecharon la pausa para reagruparse y de nuevo escuché el cuerno de cacería… Esta vez detrás mío. Ya teníamos varias filas de arqueros formados atrás de nosotras y de nueva cuenta, sin previo aviso, empezaron a infiltrarse más pestes. Esta vez goblins y hobgoblins. Los arqueros élficos, empezaron a disparar y una lluvia de flechas llovió sobre las desgraciadas criaturas. Ray y Grand, retrocedieron un poco hasta nosotras, Camille atendió las ligeras heridas que tenían… Yo no lo soporté más y tuve que sentarme un momento en el piso a recuperar mi aliento.
En ese momento… Oí una voz familiar, un grito que decía:
—¡Arlinne, Arlinne!— ¡Era Ana…! Volteé a ver en todas direcciones… Venía corriendo por la parte este, hacia nosotros.
Desenfundé mis armas y bajé de un salto desde la peña. Debía cubrirla de las pestes… «¡Qué está pensando para ponerse en riesgo así? ¡Dónde está Miranda…?» Me abrí paso esquivando las flechas de los elfos y destazando a cuanto goblinoide se ponía en mi camino… Estaba poseída, me movía a una velocidad increíble, respondiendo por adelantado a cada una de las situaciones que se me presentaban a continuación. Llegué hasta ella, tomé fuerza y la cargué en mis brazos… Regresé saltando y esquivando, alrededor del campo de batalla hasta mi antigua posición…
La bajé de mis brazos y le dije, regañándola:
—¡Te has vuelto loca? ¡No ves el peligro en el que te pones?— Ella se entristeció y dijo: —Quería venir a ayudarte, ¿sabes? Además no soy una niña que tienes que cuidar… ¿Desde cuándo te salió ese lado tan varonil…?— «¡Eh? ¡Pfff!» Todos me veían, incluido Ray… Se empezaron a reír. Me molesté un poco, pero ella me abrazó y me dijo al oído:
—Está bien, ya no me regañes… Solo me separé del grupo cuando oímos la batalla a lo lejos para traerles esto… Pienso que les será de mucha ayuda.
Cuando estuvo en mis brazos pude oler nuevamente esa fragancia que me había arrebatado la voluntad… «¿Por qué huele tan rico…?» Mientras olía alrededor de su cuello, puso una cesta llena de botellas en mi pecho… Yo me quedé extrañada y le dije:
—¿Qué es esto?— Ella dijo, sonriendo:
—Pruébenlas. Son pociones que yo misma he creado, les ayudarán a recuperar su poder mágico.— Me les quedé viendo y le di un beso. Le dije:
—¡Gracias, amor!— Camille nos observaba, intrigada… Le di una a Lianne, una a Camille asintiéndole con la cabeza, tome otra yo y la última la guardé en mi equipo. Las bebimos hasta el fondo.
Nos distrajo nuevamente el sonido del cuerno de cacería. Se acercaban dos figuras gigantescas hasta la entrada… Eran un par de gigantes. Gigantes de roca para ser exactos… «¿De dónde habían sacado los virzuks a tantos monstruos para ayudarles? ¿Serán convocados…?» A la vez que los gigantes entraban abriendo paso en las cansadas filas de los elfos, por fin aparecieron los primeros virzuks en armadura pesada y armados hasta los dientes, al mismo tiempo alcancé a ver un grupo de figuras por el mismo lado donde había llegado Ana… Era el capitán Tenarius, con un grupo de hombres del gremio. Dio algunas órdenes y tomaron formación inmediatamente junto a los elfos. Le dije a Canciller:
—Sería bueno que tus hombres se reagrupen también.— Él asintió y bajó volando al campo de batalla…
Los esqueletos se formaron al frente de nosotros en posición defensiva, mientras los gigantes se quedaron inmóviles, analizando la situación, viendo hacia el piso, hacia las pilas de cuerpos de los atacantes caídos, incluidos las cenizas de los trols… «¡Es momento de probar la poción de Ana!» Comencé a canalizar, está vez mi blanco sería uno de los gigantes de roca… Después de unos segundos, mi conjuro se lanzó y el chorro de fuego descendió en el gigante, todos los defensores tomaron esto como una señal y se lanzaron al ataque…
Una vez que empezó de nueva cuenta la batalla, me pude dar cuenta que el capitán, solo venía acompañado de chicos, todos eran muy jóvenes, mucho más que Ray… El mayor, a lo mejor de mi edad.
Empezaba a amanecer… Volteé nuevamente a prestar atención al campo de batalla y les dije:
—Basta de descanso. Vamos, que quiero desayunar a gusto.— Sonreí y bajé de un salto, desenfundando mis armas.
«Es cierto… La poción que me dio Ana, de verdad me ha devuelto todo mi brío». Me enfrasqué en combate con un Virzuk… Estaban armados en armadura de placas completa, bastante estilizada para provenir de su cultura… «¿Qué pasa aquí?» Mientras tanto los esqueletos remataban al gigante que aún se encontraba en llamas… Vi a Miranda, Ray y Grand, de reojo en el combate cuerpo a cuerpo cerca de mí. Me armé de valor, al estar rodeada de mis compañeros y empecé a sobrepasar al virzuk que me hacía frente con una serie de tajos a los puntos más frágiles de su armadura… Tarde o temprano debía derramar sangre. Lo embatía cada vez más rápido y más ferozmente… Hasta que logré derribarlo, cortando su cuello. Miranda me volteó a ver y dijo:
—¡Muy bien, tomatito!— Le sonreí y fui a ayudarla con su atacante, al que fulminamos, flanqueando por ambos lados…
Así pasé un rato… Mientras Camille, Lianne y Ana, nos apoyaban con magia. Ana lanzó un conjuro y gritó:
—¡Esto les servirá! Les dará un poco más de velocidad.— Me sentí mucho más ligera de y mucho, pero mucho más rápida… Era un conjuro de aceleración.
Me fui moviendo por el campo de batalla con mi nueva velocidad e hice una seña a mis aliados… Nos dirigimos a encarar al otro gigante. Los esqueletos no podían hacerle frente, solo salían volando de un lugar a otro. Renové mi conjuro de arma elemental y esta vez elegí rayos… Todas las armas de mis aliados en el lugar, empezaron a tronar y a sacar chispas alrededor de sus filos. Nos paramos los cuatro en los cuatro diferentes flancos del gigante y lo empezamos a embatir sin misericordia, mientras el grupo del capitán hacía frente a los virzuk que quedaban… Pero seguían llegando aún más, me pude dar cuenta por las saetas de los elfos que volaban en dirección del claro en la muralla…
De reojo pude ver que entraban por el claro de la muralla, una innumerable cantidad de bestias espinosas, como las que había enfrentado antes, todas con arneses de cadenas y cuero… Sí las cosas seguían así, tarde o temprano nos sobrepasarían.
Hacia un esfuerzo por esquivar los embates del gigante, mientras mis aliados y yo poco a poco íbamos montando el daño en sus extremidades inferiores. Lo sacábamos de balance con nuestros ataques, pero no era suficiente para derribarlo… Teníamos que golpearlo en algún punto vital o nos llevaría una eternidad derrotarlo de esa manera. Volví a observar a mi alrededor… Los elfos, los hombres del capitán y los esqueletos iban perdiendo terreno… Kalya había entrado en combate cuerpo a cuerpo con las bestias para darle más tiempo a su gente de seguir disparando con el arco, los esqueletos ya estaban casi al pie de la colina y el capitán y sus muchachos, ya estaban extenuados y heridos.
Debía arriesgarme un poco más, para volver a ganar la ventaja para nosotros… Se me ocurrió una idea tonta, pero debía funcionar… Le hice una seña a Grand y me acerqué a su flanco, mientras seguíamos combatiendo con el gigante. Le dije:
—¿Grand, me puedes impulsar con tu escudo, sí corro y salto sobre de él?— Él entendió inmediatamente y dijo:
—Ten cuidado, Arlinne.— Ray escuchó todo y dijo:
—Te apoyaré desde aquí abajo, ten cuidado.— Yo asentí con la cabeza, canalicé mi conjuro de salto y esperé a que tuviéramos una abertura en la defensa del gigante…
Lo atacamos lo más fuerte que pudimos y por fin, salió de balance… Le hice una seña a Grand y corrí lo más rápido que pude con el efecto del conjuro de aceleración de Ana y di un pequeño salto hacia el escudo de Grand… Él con toda su fuerza me impulsó al aire, al mismo tiempo que yo saltaba en dirección de su rostro. El gigante intentó reaccionar, pero Ray justo a tiempo, lanzó su corte sobre él, sacándolo de balance nuevamente… Ascendía a gran velocidad en dirección de su rostro… Empuñé con fuerza mis armas y al estrellarme con él, las clavé con todo el ímpetu que llevaba por encima de sus ojos… Llevaba la fuerza necesaria, así que atravesé el hueso de su cráneo. El gigante gritó de dolor y con sus manos, desesperado intentó aplastarme, golpeando su cabeza el mismo… Yo me hacía de un lado para el otro, velozmente, sin soltar mis armas, mientras las seguía encajando y retorciendo con el mismo impulso que esquivaba sus golpes… Por fin, surtió efecto… Empezó a proyectarse hacia el piso. Usé toda la fuerza que me quedaba para desencajar mis espadas de su frente y empecé a planear mi descenso… Salté entre sus extremidades, mientras corría lo más rápido que podía por sus brazos, hasta llegar a una altura modesta para mi conjuro de salto y regresé al piso. Mis compañeros se hicieron a un lado para evitar que el pesado cuerpo del gigante les aplastara en su caída.
Los volteé a ver, todos estábamos a salvo, pero yo ya me sentía desfallecer nuevamente. Me recargué un momento en un árbol que estaba dentro del claro… No podía seguir combatiendo a ese ritmo y los atacantes ya nos estaban sobrepasando a todos…
Camille corrió a atender al capitán, él y sus hombres habían retrocedido un poco… «¡Pero sí todos son solo niños…!» Me acerqué a ver como estaban, mientras recuperaba mi aliento. Ray, Grand y Miranda, cerraron la formación alrededor para protegernos. El capitán estaba herido, no era grave, pero se veía cansado y desencajado… Me dijo:
—Su eminencia… Lo siento, fui descuidado.— Mientras Camille lo atendía. Solo sonreí… Él agregó:
—Como me gustaría, aunque sea tener unos veinte años menos, seria de mucha más ayuda… Camille le puso su dedo en la boca y siguió sanándolo… «¡Mmmh…! Espera. Eso se vio muy raro… ¿Camille te gustan mayores…? ¡No! Debe de ser mi imaginación. Tengo cosas más importantes por las cuales preocuparme en este momento». Las bestias seguían llegando, parecía que después de todo, tendríamos que retroceder…
El panorama se veía muy desalentador a pesar de nuestros esfuerzos… Estaban a punto de sacarnos de nuestra posición, me preparaba para gritar y dar la señal de retirada. Los elfos ya solo peleaban por orgullo, también se encontraban cansados y minimizados. Tal vez eran las primeras horas del día, el sol ya se encontraba iluminando por completo el campo de batalla. Tenía que hacerlo o muchas vidas se perderían… Pero en ese instante, el cielo se empezó a oscurecer, como sí una tormenta fuera a caer en todo el lugar… «¡Magia…?» Volteé a ver a Lianne y Ana, desde mi posición, pero ellas no se veía que estuvieran conjurando en ese momento y a su vez, me devolvieron la misma mirada… «¡Nuestros enemigos? ¡Sí también tienen hechiceros, aunque sea con la mitad de capacidad que Lianne, estamos muertos! ¡Este es el fin…!»
Las nubes habían cubierto el sol por completo y el cielo tronaba con crujidos estruendosos… Un rayo golpeó la peña, muy cerca de donde se encontraban Lianne y Ana. Una luz nos cegó a todos… Traté de moverme en esa dirección, pero solo llegué a medio camino, cuando la luz por fin me dejó ver de frente hacia la cima de la peña… ¡Era el maestro! El hechicero azul junto con las chicas, Kalery, Iris, Alondra y Seline.
Sin mediar palabra, una tormenta de relámpagos empezó a llover sobre nuestros enemigos, fulminando y convirtiendo en cenizas a cada uno de ellos… «¡Ese es el poder del maestro…? ¡Increíble…!» Las chicas canalizaron sus propios conjuros y ráfagas elementales rugieron desde la peña, hasta el campo de batalla. Al ver el cambio en la situación, nuestros aliados se empezaron a llenar de confianza nuevamente… Kalya gritó algunas cosas que no pude entender en el idioma de los elfos y todos empezaron a reagruparse. Lianne lanzó un conjuro y los restos de los esqueletos caídos empezaron a temblar, moverse y reagruparse, nuevamente formando a los caídos, como si nada les hubiera pasado desde un principio. Camille ya había terminado de sanar al capitán, quien se puso de pie y dijo, mientras me volteaba a ver:
—Su eminencia… ¿Son nuestros aliados…?— Yo le contesté, emocionada:
—¡Sí! Es mi maestrito, el hechicero azul y ellas son sus aprendices más recientes… Parece ser que nos vinieron a ayudar y justo a tiempo.— El capitán se quedó pensando y dijo, dirigiéndose a sus muchachos:
—¿Y bien chicos, están listos? ¡Ven esas chicas en la peña? Son las alumnas del ilustre hechicero azul, ¿a poco no son unas lindas jovencitas? Saben… Según las leyendas, muy pronto esas lindas chicas necesitarán un caballero, cuando por fin, se conviertan en hechiceras… ¡Hagamos un último esfuerzo! Sí todo sale a nuestro favor, yo me encargaré que con ayuda de su eminencia, lady Arlinne, ustedes puedan conocerlas… ¿Qué les parece la idea?— Algunos de ellos, los más interesados, voltearon a verme… Yo solo sonreí y asentí con la cabeza. Más de uno se puso de pie de un salto y el resto, animados por los demás se empezaron a reincorporar. Me empecé a reír en mi interior… «¡Jijiji! ¿Cómo se le ha ocurrido eso tan de repente al capitán…? ¡Jajaja! Bueno, no hace daño a nadie, después de todo… Ahora me doy cuenta, a quien se le haya ocurrido esa tontería de hechiceras y caballeros, debió de haber pensado tanto en lo bueno como en lo malo que podía ocurrir a raíz de ello… ¡Jijiji! Es tan estúpidamente inteligente, que en el fondo parece lleno de inocencia, pero puede dar una cantidad inimaginable de repercusiones»
Todos los defensores estaban nuevamente en sus posiciones y cuando terminó el conjuro del maestro, recobramos nuestras posiciones al ataque… Habían quedado pocos y los empezamos a limpiar con facilidad, parecía que por fin, la batalla había terminado y con la menor cantidad de bajas de nuestro lado. Camille ya se había puesto a sanar a los heridos, la mayoría elfos… Pero cuando parecía que todo había terminado, una nueva horda de goblinoides y Virzuks armados, entraron por la muralla… «¡Qué esto no tiene final?» Nos apresuramos a combatir con las pestes, cuando en lo alto, donde debería de estar la muralla, una figura alada tapó el sol con su silueta… Era un dragón… ¡Un dragón gigantesco con las escamas color de jade! Inmediatamente exhaló su aliento, sin importar quien era presa de él… Aliado y enemigo, todos empezaron a caer envenenados por el gas que salía de su garganta. Debía de hacer algo… «Seguramente el maestro puede vencer a esta bestia por sí mismo, pero en lo que él decide actuar, muchas vidas se están perdiendo…» Empecé a correr hacia él, sin mirar hacia atrás… Cuando me di cuenta, Kalya venía conmigo… Corrimos hasta llegar debajo de la bestia, pero sin pensarlo, quedamos envueltas en la nube de veneno que parecía tener vida propia. Se disipaba y cerraba a nuestro alrededor…
Tapando mi boca, le dije a Kalya:
—¡No lo respires! ¡Tenemos que hacer que por lo menos deje de exhalar…!— Tapando su boca asintió. Nos disponíamos a atacarlo… Yo con magia y ella con su arco, pero una fuerte corriente de aire, empezó a circular en todo el lugar, llevándose el aliento de la bestia consigo y moviendo de manera violenta las ramas de los árboles…
Volteé a ver al maestro, pero él no estaba haciendo nada, más que dando instrucciones a las chicas. Volteé a ver a Lianne y Ana, pero estaban tan sorprendidas como yo. En eso… Escuché una voz muy familiar, que tenía mucho tiempo que no oía, pero recordaba a la perfección…
—¡Y bien…? ¡Elfos, les he dicho una y mil veces que no hagan escándalos en el bosque! ¡Qué es toda esta basura que han metido hasta acá?— Mi corazón se detuvo de la emoción… ¡Era mi maestrito querido, el guardabosque! «Nunca pensé, ni por un momento que se pudiera presentar aquí… ¡Vino a ayudarnos? Ojalá que sí…»
Cerré mis ojos por la corriente del viento y al parpadear, vi su silueta parada exactamente en el espacio donde debería de estar la muralla… «¡Sí! ¡Es él!» Dijo:
—Es la última vez que saco la basura del bosque en su lugar… Ya saqué la basura que dejaron fuera, solo falta la del interior.— Terminó de decir eso y en un parpadeo desenfundo sus espadas… Solo le bastó dar un par de cortes hacia el frente, para que una corriente de aire, cortara violentamente las alas del dragón y lo hiciera tiras en el aire… Sin siquiera tocar el suelo, la corriente de viento se llevó los restos de la bestia muerta, sacándolos del bosque… ¡Ni siquiera una gota de su sangre se había derramado en el piso!
Kalya lo veía boquiabierta… Mientras el resto de los defensores acababan con las pestes restantes. Yo corrí hacia él, gritando:
—¡Maestrito, gracias!— Di un salto y lo abracé, él me recibió en sus brazos… Tenía tanto tiempo que no lo veía, que la alegría era indescriptible… Él dijo:
—¡Arlinne, por qué has traído este desastre al bosque…?— «Me va a regañar, como siempre… No importa». Le dije, frunciendo mi boquita, imitando a un pescado:
—Yo no fui… Yo solo vine a ayudar a los elfitos.
—Los elfos pueden defenderse por sí mismos… No creo que necesitaran de tu ayuda.
—Bueno… Por sí las dudas, los ayudé.— Su semblante era inamovible, parecía enfurecido… «Pero yo sé bien, que detrás de ese rostro, está el corazón más grande y más bondadoso que pueda existir…» Recordé y me separé de sus brazos por un momento. Volteé y le hice una seña a Kalya para que se acercara. Ella así lo hizo… Volteé a ver a la cara a mi maestro y le dije:
—Maestro, quiero presentarte a alguien que te quiere conocer…— Él sin cambiar su semblante, dijo:
—¿De quién se trata?— Kalya ya estaba detrás de mí y le dije:
—Ella es Kalya, la princesa de los elfitos.— Kalya se arrodilló frente a él y él dijo:
—Lo sé… Eres la hija de Erin, ¿verdad?— Kalya titubeó por un momento ante la actitud del maestro, pero la vi como si se armara de valor y comenzó a hablar:
—Sí… Así es. Guardabosques… Solo soy una simple habitante del bosque, mi nombre es Kalya y tengo algo muy importante que pedirle… No de parte de los elfos, sino de parte mía…— El maestro se quedó en silencio por un momento y desesperado, después de unos segundos, dijo:
—Muy bien… Pues pídemelo, ¿de qué se trata? ¿Qué esperas?— Ella se volvió a intimidar por su actitud, pero apretó con su puño la capa que vestía desde el nudo del cuello y dijo: —¡Guardabosques, me gustaría poder ser su alumna!— «¡Pfff! ¡Qué? ¡Jajaja! ¡Kalya, alumna del maestro…? ¿Habla en serio…? No puede ser en serio o ¿si?» El silencio inundó el lugar… Empecé a sentir feo por Kalya… «Que feo… El maestro lo más seguro es que la mande a volar sin siquiera pensarlo dos veces… ¿Por qué quiere tal cosa?» El maestro guardó silencio y Kalya sintiendo que nunca estaría más cerca de lo que deseaba, dijo:
—¡Por favor, guardabosques! Aceptaré cualquier condición, permítame aprender de usted.— No sabía que hacer…«¿La ayudo…? La verdad es que nunca sé lo que está pensando el maestro, ni siquiera sé como podría ayudarla…» El maestro hizo una mueca de desaprobación. Estaba a punto de decirle que no… «Está bien… No me cae muy bien, Kalya, pero creo que tuvimos un comienzo difícil. Ni modo, a ver que pasa. Espero no me vayas a quedar mal y quieras ser su aprendiz por alguna razón superflua o vaciá. ¡Qué más da!» Dije:
—Maestro… Es feo que estés sólito. ¿Por qué no, la aceptas? Se ve, que de verdad desea mucho aprender de ti.— Él me vio feo después de decir lo de sólito… Aún así agregué: —¡Vamos, anda…! ¡Dale una oportunidad!
—¡Muy bien! Te daré una oportunidad para demostrar que mereces ser mi aprendiz…— Los ojos de Kalya se iluminaron y el maestro continuó:
—En siete días, dejaré una nota al pie del roble con el tronco más grueso y antiguo en todo el bosque de Veranda. Esa nota estará dirigida a ti, Kalya. Sigue las instrucciones en la nota, sí es que realmente quieres aprender de mí…— El semblante de Kalya se llenó de alegría y dijo, haciendo una reverencia:
—Así lo haré, mi señor.— Sin quedarse a sus últimas palabras, el maestro ya iba caminando de regreso por donde había venido.— Le dije apresuradamente:
—¡Gracias, maestro! ¡Lo quiero mucho y gracias por las espadas!— Él contestó sin detenerse:
—Cuídate mucho, Arlinne. Sigue adelante, confió en ti.
Volteé a mi alrededor… Por fin, se había terminado la batalla. ¡Lo habíamos logrado…! Bueno, la mayor parte se la debemos a mis maestros, pero nada de eso hubiera sido posible, sí todos no hubieran hecho el esfuerzo que hicimos. Corrí de regreso hacia la peña… El hechicero, le entregaba unos pergaminos a Lianne. «¡Mmmh! ¿Qué es eso…?» Ray y el capitán, se pararon junto a mí y recordé mi promesa. Volteé hacia el capitán y le hice una seña para que me siguiera. Le dije:
—Sí los chicos quieren conocer a las chicas, este es el momento. Es muy probable, que el maestro se vaya de un momento a otro.— Nos acercamos hasta ellas… Ellas me abrazaron emocionadas. Les agradecí a todas por su ayuda… No sabía el nombre de los chicos, pero bien podían ellos presentarse por sí mismos.
Una vez hechas las presentaciones, los dejé ahí para que pudieran platicar un rato y fui a saludar al maestro…
—¡Maestrito! ¡Muchas gracias por su ayuda! ¡Lo quiero mucho! Se le ve muy bien, mucho más joven…
—¡Jajaja! Arlinne, no empieces. Veo con orgullo sus logros mis niñas. No esperaba menos de ustedes, han hecho muy feliz a su viejo maestro.— Lianne y yo, nos inclinamos y dijimos al unísono:
—Gracias, maestro.
—Debo de atender otros asuntos en este lugar, pero antes dos cosas. La primera, sean muy cuidadosas… El camino para desafiar a los corruptos y poderosos, siempre está lleno de afrentas, ofensas y sacrificio. Nunca olvides eso Arlinne… La segunda… Lianne, ahora puedes usar libremente el título de hechicera azul. Yo no necesito más ese título, simplemente para dedicarme a mis estudios y enseñar a las chicas. Sin embargo a ustedes les será más útil, para amedrentar al cobarde y llenarse de seguridad.— Los ojos de Lianne estaban húmedos. Yo brinqué de la emoción por ella y la abracé. Le dije:
—¡Hermanita! ¡Por fin…!— Ella no se lo podía creer, solo murmuraba para sí misma…
—La hechicera azul…— Le dije, emocionada:
—¡Sí! ¡La nueva, envidiosa, odiosa, sangrona, pesada, hechicera azul…! ¡No estás emocionada, hermanita?—Lianne me pellizcó la piel del reverso de mi brazo y me golpeó con su bastón en la cabeza…
—¡No te pases, renacuajo! ¡Sí no me respetas por ser la nueva hechicera azul, respétame por ser la mayor!
—¡Uuuy! ¡Qué genio, su eminencia!— Fruncí mis labios, después de decir eso. Nos interrumpió la risa del maestro…
—¡Jajajaja! Pórtense bien, por favor. Debo irme por un momento, les encargo a las chicas en lo que vuelvo. No tardo.
—Sí, maestro.
Se fue caminando rumbo a la muralla… «¿A dónde va…? ¿Con el guardabosques…? ¿Se conocen? Supongo que si, después de todo el guardabosque me dejó en la puerta de la torre cuando decidí aprender magia».
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Caminé rumbo al norte, solo quería pagar una visita de las que él me había hecho muchas con anterioridad… Sin caminar por mucho tiempo, como sí me esperara, estaba recargado en un árbol y antes de que pudiera llegar hasta él, dijo:
—Creí que habíamos acordado no intervenir en ningún tipo de conflicto de esta índole…— Comencé a reír…
—¡Jajaja! No es correcto que los enemigos de Arlinne, usen poderes fuera de su propio alcance… Sí así lo hacen, entonces no veo, por que no podría divertirme también un poco.— Él rio discretamente y dijo:
—¿Así que también lo notaste?
—¿Cómo no, notarlo?— Él se quedó en silencio por un largo rato para después decir:
—No debemos interferir más… Así es mejor para todos.
—Lo sé… Pero solo una vez, no hace daño.— Él empezó a reír como hacía muchos años no lo veía hacerlo y dijo:
—¡Jajajajaja! No sabía que tenías ese lado tan inquieto. Supongo que después de estudiar las artes arcanas durante tanto tiempo, te ha dejado tocado de tu cabeza… ¡Jajajaja!— Asentí, mientras sonreía y él continuó:
—Desde un principio te ha interesado mucho este lugar… Al grado que te inventaste ese título de hechicero y esas burradas, de las hechiceras y sus caballeros… ¡Jajaja! ¡Que hay con eso?— Yo le dije con la mayor de las sinceridades:
—¡Jajaja! ¿A poco no es lindo?— Él reventó en carcajadas nuevamente y dijo, mientras se calmaba un poco:
—¡Jajaja..! Supongo… Que en el fondo es funcional. Después de todo, a las personas buenas, tarde o temprano les pasan cosas buenas y viceversa…
—¡Verdad…? Bien. Debo de irme, ahora tengo que cuidar a cuatro niñas adolescentes, gracias a Arlinne y estoy metido en un lío constante… ¡Jajaja!— Él me dijo, recuperando su semblante de siempre:
—Estoy pensando seriamente, el volver a tomar aprendices, ¿qué opinas?
—Muy bien, me da mucho gusto. Ya te hacía falta, así no te verás tan enojado todo el tiempo. Además… Ya va siendo hora de dejar el pasado atrás…— Él dijo:
—Mmmh… Todo depende. Aún me lo estoy pensando. Cuídate mucho, amigo. Te veré en un tiempo.
—Hasta pronto.— Caminé de regreso a la peña.
Fin del Capítulo 15.
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