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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 16

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Capítulo 16: Capítulo XVI: Compañero.

Capítulo 16.

Me quedé parada junto a Lianne, después de que el maestro se había marchado y nos había dejado encargadas a las chicas… «No son unas niñas… Se pueden manejar por sí mismas. Mejor dejarlas que platiquen con chicos de su edad un rato a solas». Le dije a Lianne:

—¿Qué es lo que el maestro te entregó…? Sí se puede saber.

—Pues… No dijo mucho, renacuajo. Solo son unos pergaminos y no fue muy específico con su contenido… Solo me dijo, que los leyera hasta después de que la guerra hubiese terminado y hubiéramos tenido éxito en nuestra empresa… Sí así sucedía. Eso fue todo lo que dijo.— «Mmmh… Que raro. ¿Qué será?»

Era hora de ayudar un poco a Camille, que hasta el momento era la única que estaba atendiendo a los heridos. Bajé la peña, hasta donde había sido el campo de batalla, me acerqué a ella y le dije, sonriendo:

—¿Con qué ayudo?— Ella volteó a verme sonriendo y dijo:

—¿Esos son tus maestros, el hechicero azul y el guardabosques?

—Sip.— Ella asintió con la cabeza y dijo:

—Ahora entiendo todo, son personas muy fuertes y parecen estar llenos de sabiduría…— Me cambió el tema y preguntó:

—¿Me puedes ayudar atendiendo a estos elfos de este lado? Solo tienen heridas muy ligeras, estarás bien.— Busqué en mi bolsita y le di la poción que sobraba, de las que Ana me había entregado en la canasta. Le dije:

—Mirá… Bébela. Hará mucho más sencilla tu tarea.— Le sonreí. Ella la tomó y la bebió. Nos dedicamos a atender a los elfos, después de un rato, recibimos ayuda de algunos elfos que habían llegado desde el bosque como refuerzos, así pasamos la mayoría de lo que quedaba de la mañana hasta la tarde.

Después de pasado el mediodía, el maestro regresó por las chicas. Subí a la peña a despedirlas… Todas estaban muy contentas de haber conocido a los chicos del capitán y se llevaban nuevas ilusiones en su corazón. Fue algo muy lindo lo que se le ocurrió al capitán. Abracé a mi maestro y a las chicas, les di las gracias nuevamente, diciéndoles que muy pronto las volvería a ver… Las vi partir con un hechizo de tele transportación que usó el maestro.

Los elfos se pusieron en marcha para limpiar el campo de batalla… Quemaban los cadáveres de los monstruos y de los virzuk, que habían caído en el lugar en improvisadas piras. Todos estábamos ayudando en todo lo que se podía, pero el cansancio ya me estaba haciendo mella… Me senté un rato a descansar y Ray se acercó a sentarse conmigo… Dijo, de la nada:

—¿Pasarás la noche con Ana?— Yo me quedé atónita… «¿Qué le contesto…? De verdad, quiero estar a solas con Ana, pero eso solo dará la pauta para que Miranda se le resbale a Ray…» Era más fácil en palabras, que en los hechos… «Bueno… Supongo, que un trato es un trato». Le dije, dudando:

—¿Estaremos bien…?— Él se quedó pensando y dijo:

—Yo estoy seguro de lo que siento por ti, por eso te lo pregunto a ti.— Le dije, con un poco de celos:

—¡Está bien…! Confió en ti… Estos son sentimientos muy complicados. Lamento habernos metido en esta situación…

—Tranquila, solo disfrútalo y pasa un rato agradable.

—Está bien… Tú también.— Hice una cara de tristeza… Él me abrazó…

—Tranquila… Ya platicaremos después de todo esto.— Asentí con la cabeza y nos pusimos de pie para continuar con nuestras tareas.

Después de un rato estaba casi terminado el trabajo de limpieza… Un cuerno de cacería volvió a sonar en el lugar, pero este tenía un tono muy diferente. Alcanzamos a observar que los elfos se formaban en filas bien organizadas y las cazadoras dirigían las filas desde el frente… «¿Alguien de la realeza…? ¿Su gobernante?» Me acerqué a Kalya y le pregunté

—¿De qué se trata? ¿Qué está pasando?

—Es mi madre…— «¿La reina…?» Ella continuó:

—Nunca pensé, que se presentaría aquí… Desde que las relaciones con los de tu especie empeoraron hace cientos de años. Jamás se había presentado ante un humano desde entonces…— «¡Vaya! Un poco exagerado… Pero supongo que para ellos esa cantidad de tiempo es solo como unos cuantos años…»

Todos los elfos se inclinaban ante la carroza tirada por un par de alces, color blanco… De la carroza descendió una figura llena de luz. Su belleza era simplemente indescriptible en palabras… Parecía una hada. «De no ser que a lo mejor, después de tantos años de comulgar con el bosque se había convertido en una…» Definitivamente era la madre de Kalya, se parecían mucho en sus rasgos, pero la belleza de su madre era simplemente superior… Mucho más delgada, más torneada, facciones más finas, cabellos largos que parecía que brillaban con luz propia y una tiara discreta en su frente. Comenzó a caminar hacia nosotros… Kalya me jaló de la falda y me dijo:

—¡Qué esperas…? ¡Inclínate!— «¿Ehm?» Me tomó por sorpresa, no quería ser irrespetuosa, solo me había quedado embobada… Alcancé apenas a inclinarme torpemente. Ya se encontraba parada frente a nosotras y solo alcancé a escuchar una muy ligera risa. Ella dijo: —No es necesario, guardabosques. Puedes ponerte de pie.— Sonreía, como sí irradiara luz propia… «¿Guardabosques…? ¿A quién se refiere? ¿A mí…?»

Ella se acercó hacia mí, me tomó de los hombros y me puso de pie… El resto de los elfos estallaron en murmullos. Ella me vio a los ojos y dijo:

—Pero sí eres tan solo, una pequeña y hermosa cría.— Me sonrojé… La reina se molestó por los murmullos de los suyos y alzó la mano. Todos guardaron silencio al instante y comenzó a hablar nuevamente…

—Guardabosques, Arlinne de Veranda. El día de hoy me has vuelto a demostrar con tu valentía y buena voluntad, porque los humanos y los elfos compartimos un lazo muy especial en este mundo…— Todos estallaron en murmullos nuevamente, a los que la reina volvió a responder de la misma manera. Ella continuó:

—Sin tener ninguna deuda, ni obligación hacia nosotros. Así como ningún temor por tu seguridad personal o de las cosas que amas. Has erradicado la semilla del mal, que quería tomar raíz en nuestras tierras… Yo, Erinease de Yellowood, en nombre no de todos los elfos, sino de todas las criaturas que habitan en este lugar, te estoy profundamente agradecida.— Sin darme tiempo a responder, se inclinó ante mí… Esta vez los murmullos, cambiaron por vitoreos… Yo estaba muerta de pena… «¿Qué digo…? ¿Qué contesto…?» La reina se puso de pie, todos guardaron silencio nuevamente y comenzó a hablar de nuevo:

—Te lo agradezco desde el fondo de mi corazón. No solo a ti, sino a todos tus aliados, todos personas ejemplares. ¿Tengo entendido que marcharás con tus fuerzas a liberar el reino de Montloarc?— Titubeé por un momento, pero contesté con firmeza:

—¡Así es! ¡Nuestro objetivo es liberar estas tierras de la invasión y la sombra de la guerra!— Ella sonrió y dijo:

—Ya veo… Entonces permítenos regresarte el favor. A partir del día de hoy, declaro por el poder que el bosque me ha conferido sobre los míos, que nuestra alianza con el reino humano de Montloarc, está de nueva cuenta en vigor, más fuerte que nunca y recibirán nuestra ayuda para liberar sus tierras de los invasores.

Ella volteó a ver al resto de los elfos ahí presentes y todos se empezaron a enardecer, vitoreando y gritando: “¡Libertad para Montloarc! ¡Libertad para nuestros aliados!” «¿Qué está pasando aquí…? Nunca me pudo pasar siquiera por la cabeza, que los elfos reaccionarían de esta manera…» Me emocioné… «¡Con la ayuda de los elfitos, seguro será mucho más fácil levantar el sitio sobre Montloarc!» Por último, ella agregó:

—No nos malentiendas… Esto no es algo que pase a la ligera. Pero… De vez en vez, después de muchos años, suele aparecer un humano como tú. Muy diferente al resto de tu especie, que nos hace volver a confiar en tu gente… Estoy segura de que lograrás todo lo que te propones. ¿Qué pasará con el tiempo? Eso nadie lo puede decir, pero el día de hoy, gracias a ti, somos sus aliados incondicionales.— Esta vez, yo me incliné y le dije:

—¡Muchas gracias! Pero… Yo no hubiera podido hacer nada, de no ser por la ayuda y cooperación de todos, los aquí presentes. ¡Gracias a todos! ¡Le agradezco de todo corazón su gesto! Y espero de igual forma, no se pongan en riesgo… Agradezco su ayuda, pero entre menos vidas se pierdan sería mucho mejor.— Ella se asombró y dijo:

—Ya veo, porque eres la aprendiz del guardabosques de Veranda. Tal sabiduría para alguien con tan poca edad… Me alegra mucho haberte conocido, Arlinne de Veranda. Además espero que no creas que los elfos somos aburridos o estirados… También nos gusta celebrar, solo que siempre lo hacemos a puerta cerrada. Pero esta vez será diferente…— La reina hizo una señal con su mano y su cortejo se acercó al lugar cargando barriles de bebida y a empezar a armar fogatas alrededor del lugar. Ella dijo:

—Espero que todos ustedes, disfruten lo que hemos preparado. Gracias a su intervención, lo que pudo haber sido un funeral en masa, ahora será una celebración… Los pocos que cayeron de los nuestros, serán despedidos con todos los honores durante la misma, porque el ciclo de la vida continua. Debo retirarme. Pero estaré por aquí un rato más tarde. Necesitamos armar nuestras fuerzas para marchar hacia Montloarc. Te pido nos des unos días para hacer todos los preparativos.— Yo asentí con la cabeza, ella continuó:

—Muy bien, los veo en un momento. Disfruten de la celebración.— Subió a su carroza y partió de regreso…

Empezaron a asar carnes en las fogatas y a abrir los barriles… Las filas de la infantería élfica se rompieron… Todos empezaron a festejar y a atendernos. En un segundo, ya tenía un tarro en la mano de la bebida del barril. La probé… Sabía muy buena, con un toque ácido y dulce a la vez. Kalya me veía intrigada y me dijo:

—Bebela con confianza, está hecha de frutas y hierbas, pero ten cuidado, pega muy fuerte.—«¡Jajaja! ¿Qué puede hacer un licorcito que hacen los elfos en el bosque, comparado con el licor de frutas que estoy acostumbrada a degustar?» Le sonreí y dije:

—Gracias.— Ella dijo:

—¡Ahí vas otra vez! ¡A sonreír como una tonta…! Ya mejor me voy a ayudar con las cosas. Come y bebe con confianza, eres una invitada muy especial… Mi madre nunca había tocado siquiera con su mano a alguien que no fuera un elfo…— Después de decir eso, se marchó y solo me quedé bebiendo de mi tarro a grandes tragos… «¡Qué rico!»

Después de un rato se había empezado a animar la reunión. El capitán Tenarius bebía y platicaba las hazañas de su juventud a sus entenados y a uno que otro elfo que sabía nuestro idioma. Camille platicaba con algunos elfos muy cerca de ahí, parece ser que ella sabía su idioma… Los elfos la trataban especialmente bien, supongo que en el fondo, estaban agradecidos de que haya ido fuera de su camino para sanarlos y procurarlos. Ray y Grand, comían y bebían como sí fuera la última vez que lo fueran a hacer, mientras Lianne solo estaba tranquila en un rincón. De repente… Sentí que me jalaban del brazo. Era Ana… Volteé, se colgó de mí con sus brazos y dijo:

—¡Amor, eres increíble en el campo de batalla! ¡Esos conjuros y la forma en que derribaste a ese gigante, fue increíble! Y luego recibir esas alabanzas de la propia reina de los elfos, estoy tan orgullosa de ti.— Le iba a contestar modestamente… Después de todo, había tenido la ayuda de todos… «De no ser por los demás, muy probablemente yo ni siquiera seguiría con vida». Cuando iba a hablar, ella tapó mi boca con sus labios y nuevamente ese aroma me volvió a embriagar de golpe… «¿Por qué huele tan bien…? ¿Es un perfume? Ella es alquimista, a lo mejor es un perfume mágico para atrapar incautos, como yo… ¡Jijiji!»

Comimos y bebimos hasta hartarnos… Después de un rato, las bebidas seguían circulando y la música de los elfos empezó a sonar. Ana estaba acurrucada junto a mí, mientras seguíamos platicando y bebiendo… «¿Me pregunto…? ¿Qué pensará el capitán de nosotras? ¿Pensará que a pesar de ser chica, me gustan los chicos y las chicas por igual…? Lo más probable. Creo es la única persona cercana que no sabe mi situación y mejor que no lo sepa… De mí no importa lo que pueda decir o pensar, pero por el bien de Ray y su reputación, mejor que piense que soy un poco inquieta y que Ray lo permite, a saber que cosas podría pensar sí se entera de la realidad…»

Un par de horas más y seguía animada la celebración. Todos estaban felices y yo sentía que el alcohol por fin me estaba llevando al límite… «Mejor encargarme de algunas cosas antes…» Sin mencionar que los besos y caricias de Ana, ya habían subido bastante de intensidad… Separé por un momento a Ana de mis brazos y le dije:

—Dame un momento, amor. Ya vuelvo.— Le sonreí y salí corriendo con Ray, que estaba con Miranda de todas las cosas… Le dije:

—¿Ray, podemos hablar un momento?— Miranda entendió y lo soltó del brazo… Él se acercó discretamente a mí y me dijo:

—¿Qué pasa, peque?

—¿Cómo haremos para esconder nuestras fechorías…? Estaba pensando que solo usáramos una de las cabañas para nosotros cuatro, pero la verdad, no sé como hacerlo para que sea discreto.— Él comenzó a reír:

—¡Jajaja! ¡Discreto? Creo que eso ya quedó fuera del contexto… ¡Jajaja!— Reí nerviosa y le contesté:

—Jejeje… Lo sé. Pero… Quiero decir, para que no sea peor.— Él se quedó pensando y dijo: —¿Te parece bien que usemos la cabaña que está más pegada a la peña? Grand y las chicas, están en la de en medio. Sí te parece bien, le diré a Grand que lleve al capitán y los chicos a la más alejada, que estará desocupada. No creo que tenga problema en echarnos la mano.— «¡Ahora, Grand será nuestro alcahuete…? ¡Pfff!»

—Está bien… ¿No crees que se moleste?

—Para nada, tampoco dirá nada a nadie de lo que ocurre.— Quedé tranquila, sabia muy bien que Grand era ese tipo de persona. «Estaremos bien». Le contesté:

—Está bien… Ten mucho cuidado y no olvides, que te quiero mucho.— Él se echó a reír y dijo:

—Tranquila, amor, todo está bien.— Salí corriendo, después de cerrarle un ojito, en señal de complicidad.

Volví con Ana y ella me volvió a abrazar… Ya había empezado a anochecer. Me susurró al oído:

—¿A dónde fuiste amor…? ¿Qué no ves, que me siento sólita, sí tú no estás?— Mientras me acariciaba los muslos… Le dije:

—Tranquila, amor. ¿Qué pensará el capitán o los elfitos…?— Ella siguió susurrándome:

—¿Qué pueden pensar…? Que somos dos hermosas niñas y que necesitamos estar llenas de amor todo el tiempo…— «¡Jajaja! ¡Qué cosas dice de repente!» De verdad tenía un lado muy picante, un lado que me desquiciaba… Me empiné nuevamente el tarro de licor y lo puse de nuevo sobre la mesa. Sin pasar siquiera un par de minutos, una chica élfica vino, lo llenó, me sonrió y se retiró, sin siquiera darme tiempo de agradecerle… Así había sido toda la tarde.

Poco a poco, el alcohol hacia su mella en mí. De repente… Me di cuenta de que la música se había detenido y los elfos se quedaron quietos haciendo reverencia… «Mmmh… ¿Qué pasa?» Era la reina, había vuelto. Hizo una seña y dijo algunas cosas que no alcancé a escuchar desde ahí y la fiesta continuó como si nada. Vi que se dirigía hacia nosotras… Separé un momento a Ana de mis brazos y le dije:

—Espera un momento, amor. Es la reina…— Ana volteó asombrada a todos lados y en cuanto la vio, se hizo a un lado… La reina rio discretamente frente a nosotras y dijo: —Disculpa la intromisión, Arlinne, pero quería hablar contigo. Seré breve, porque veo que tienes las manos llenas.— Ana se apenó y se hizo a un lado, dispuesta a retirarse… La reina dijo:

—No es necesario. Lo que voy a decir, no es privado, no te tienes que retirar, pequeña.— Nos quedamos las dos viendo a la reina, mientras la celebración continuaba a nuestro alrededor. La reina dijo:

—Arlinne, solo quiero preguntarte un par de cosas, disculpa el atrevimiento. Esto lo hago solo como una mujer, no tiene nada que ver con que sea reina y mucho menos de los elfos.— Me quedé extrañada por la forma en que me había dicho las cosas… «Supongo que puedo contestar casi lo que sea…» Le dije:

—Claro, no hay problema.

—¿Arlinne, por qué haces esto? ¿Por qué una niña como tú se pone en riesgo de esta forma? Sin querer o pedir nada a cambio…— Me quedé pensando por un segundo, no quería parecer altiva, pretenciosa, ni mucho menos ingenua… Fui completamente sincera y le dije:

—Es por una promesa, que le hice a un ser querido, que ya no está más… Le prometí que algún día, haríamos algo por detener la guerra.— Ella se quedó pensando y dijo:

—¿Es solo eso?— Me quedé pensando… «¿Es solo eso…? ¿Qué quiere qué le conteste?» Me sinceré gracias al alcohol y le dije:

—Yo sé que ella, ya no está más aquí y no puede ver lo que hago… Pero, supongo que en el fondo digo eso, porque me quiero justificar… Tal vez estoy harta de ver a las personas sufrir por causa de los demás… Eso es todo.— Ella sonrió, con una sonrisa muy dulce y dijo:

—Eso es justo lo que pensé… Mi segunda pregunta es…— Se quedó en silencio un momento para luego decir:

—¿Cuándo te detendrás?— No entendí la pregunta… Me quedé pensando, para al final contestar con lo primero que me vino a la cabeza…

—No lo sé, me gustaría ponerle fin a la invasión de los virzuk, pero no solo eso, sino darme cuenta, porque empezó desde un principio y ayudarlos, sí está en mis manos.— La reina me veía con mucha atención y dijo:

—¿Y después de eso, sí todo sale bien, dejarás de hacer lo que haces?— Yo me quedé pensando… Dije, sonriendo como una tonta:

—Lo más seguro es que no. ¡Jijiji! Seguramente me aburriría mucho y buscaría una nueva manera de ayudar.— Ella sonrío conmigo y dijo:

—Eso pensé…— Reímos por unos momentos y después ella se puso seria y dijo:

—Arlinne, cuídate mucho. Siempre serás recibida en este lugar, sí quieres descansar o asentarte. El modo de vida de los humanos es peligroso, vertiginoso y fugaz. No dejes que el tiempo se te escape de las manos. Estoy más tranquila, porque ahora sé que estás completamente convencida de lo que haces y que lo haces con gusto.— Me abrazó, tenía un olor a flores muy sutil por todo su cuerpo… Me apretó entre sus brazos y dijo:

—Cuídate mucho, guardabosques.— Sin decir nada más, me soltó y se fue por donde vino.

Ana me observó intrigada y yo le contesté con la misma mirada… «¿De qué se había tratado eso?» Le dije a Ana:

—Qué linda la reina, ¿no? Es hermosa, ¿qué edad tendrá?— Ana dijo:

—Ni idea, pero seguro es mucho mayor que muchos de los árboles que están a nuestro alrededor… Se ve que te tomó aprecio bastante rápido. No cabe duda que eres única, te quiero muchísimo, amor.— Ana me volvió a abrazar, mientras me volvía a empinar el tarro con aquella bebida alcohólica… Miraba a mi alrededor, pensando… «¿Guardabosques? No suena mal».

Pasó un poco más de tiempo… Sí lo seguía retrasando, no podría más que tirarme a dormir. Esperé a que estuviera distraído el capitán, me puse de pie, le hice una seña con la mirada a Ray y tomé de la mano a Ana… Me la llevé de prisa por la colina, hasta el que sería nuestro refugio de caricias. La puerta estaba abierta… Entramos, escogí la habitación de más al fondo. Cerré la puerta con su pasador. Ya estando solos, Ana se echó a reír y dijo:

—¡Jijiji! ¡Ay, amor! Todo tan sigiloso y perfectamente planeado… ¿Qué piensas hacerle a una inocente chica como yo…?— Me apené y me empecé a sonrojar… ¿Qué me pasaba cuando estaba con Ana? Sabía sacar de mi interior, ese lado varonil que siempre había estado dormido… Lo único que necesitaba, era oler su piel y perdía la razón… Ella se lanzó a mis brazos y dijo, susurrándome al oído:

—No te preocupes, ni te apenes… Yo tampoco lo soporto más.— Y sin pensarlo, se lanzó a mis pies, bajó mis bragas de un tirón y lo metió a su boca…

«Después de eso, el recuerdo de aquella noche ya es muy borroso por el alcohol…» Solo recuerdo que nos amamos como nunca, con una pasión vehemente y que de alguna forma u otra, quedamos dormidos sobre la cama, con ella encima de mí. Yo molida por el cansancio de no dormir la noche anterior y la batalla, el alcohol que en verdad pegaba bastante fuerte y la faena que acababa de realizar…

Abrí mis ojos… No estaba en la cama de la cabaña. Estaba en la habitación de Arlinne, mi amiga de la infancia… «¿Estoy soñando…? Sí, es un sueño. Un sueño de esos donde uno solo es un espectador». Me veía ante un espejo de cuerpo completo, que ella solía tener en su habitación. Su padre era comerciante y a diferencia de nosotros, tenían muchos más recursos económicos. Me probaba un hermoso vestido color de rosa y ella sentada en su cama, jugando con sus pies, me decía:

—Arel, te queda perfecto. ¡Te ves muy linda!— Yo me sonrojé y le dije:

—¿Tú crees? Es un vestido muy hermoso… La mayor parte la hace el vestido, quien se lo ponga seguro se vería así…— Ella respondió:

—¡Claro que no…! Con tu hermosa sonrisa, es como si ese vestido cobrara vida… ¡Qué envidia!— Me apené por su comentario y ella se quedó en silencio un momento para luego decir:

—Arel… Sé que no es muy amable lo que voy a decir, pero no me lo tomes a mal…— Me quedé viéndola, mientras me quitaba el vestido para no arrugarlo. Ella me dijo:

—¿Arel, no te molesta que la mayoría de la gente piense que eres afeminado…?— Me quedé pasmada, observando la escena… Como sí un hueco se hiciera en mi alma, mientras mi yo de ese momento, contestaba…

—No. La gente siempre dice cosas de los demás, que importa si dicen eso de mí.— Ella me respondía:

—Lo sé, pero lo que quiero preguntar y no quiero lastimarte es… ¿Lo eres? ¿Quisieras ser una niña?— El hueco en mi alma se hacía gigantesco… Mi yo de ese momento, se quedó pensado tristemente con el vestido entre sus manos y decía:

—¿Sí fuera así…? ¿Ya no te gustaría qué fuéramos amigos?— Ella dijo, casi al instante:

—¡Claro que no! Te he dicho una y mil veces que siempre estaremos juntos, sin importar lo que pase, pero…— Me le quedé viendo, esperando que contestara…

—¡Sabes…? Siempre pensé que cuando fuéramos mayores, podríamos casarnos y tener hijos. Sí eso es así, tal vez a ti, ya no te gusten más las chicas, sino los chicos…— Una lágrima se asomaba entre sus parpados. Yo estaba estupefacta… «¡Cómo pude haber olvidado todas estas cosas? Después de las desgracias que habían pasado en la aldea… Olvidé todo esto… Todos y cada uno de los acontecimientos de este sueño, ahora estoy segura… Que pasaron exactamente de la misma forma como los estoy viendo ahora».

Mi yo de ese momento, se acercó a la cama, puso el vestido sobre ella y abrazó a Arlinne para decirle:

—No te preocupes… A mí no me gustan las chicas o los chicos. A mí, solo me gustas tú y quiero estar contigo toda la vida… ¿Me vas a tener un poco de paciencia con esto?— Ella me abrazó de vuelta y dijo:

—¡Claro, Arel! Nada ni nadie, podría reemplazarte nunca en mi corazón. Estaremos juntos los dos, por siempre… ¡Así las dos llevemos vestidos! ¡Jijiji!

—¡Gracias, Arlinne…!— Por un momento, ella se quedó seria… Comenzó a reír nuevamente, para decir:

—¡Jajaja! Arel… ¿Otra vez con eso de Arlinne? Quedamos que no usaríamos ese nombre nunca, hasta que llegara el momento adecuado. Solo llámame por mi nombre, como siempre, ¿está bien…? Linna, solo Linna, Arel.

Estaba sin palabras, todo se volvía oscuro a mi alrededor, como sí esa escena en mi mente, cayera a un profundo vacío… «¿Linna…? ¡Es cierto! ¡Cómo pude haber olvidado algo así? ¡Ella se llamaba Linna…! Entonces… ¿Quién demonios es Arlinne? ¡Quién soy yo? ¡En que me he convertido?»

Un grito de desesperación salió de mi interior y con un sobresalto, desperté en la cama, despertando de paso a Ana. Quien inmediatamente me sostuvo entre sus brazos y me calmó como una madre a su bebé…

—Ya Arlinne, ya pasó… Solo fue un mal sueño. Respira profundo.— Me sentía confundida, apabullada, desesperada… Pero poco a poco con sus caricias y palabras, me fui tranquilizando. Recordaba todo… Cada uno de los detalles de mi sueño, todo era realidad. Como sí una memoria perdida en el pasado, regresara de golpe y desatara mil emociones a su paso. Sin pensarlo dos veces y de la nada, le dije:

—Ana… Mi nombre de nacimiento es Arel… Arel Distran. No, Arlinne. Ese nombre lo tomé prestado después de todo lo que pasó en mi aldea.— Ella me ayudó a recargarme en una almohada y siguió tranquilizándome. Dijo:

—Arel… Es un nombre muy bonito, como el nombre de un héroe de leyenda.— Se quedó en silencio… Yo, poco a poco me tranquilizaba, pero aún así, me sentía enojada, molesta, por haber olvidado a Linna…

Después de un momento de recapacitar, la abracé… Ella me preguntó:

—¿Ya más tranquila…?

—Sí… Todo bien. Disculpa por lo que acabas de pasar, pero siempre tengo terrores nocturnos de una u otra especie…

—¡Jijiji! No te preocupes… Sí eres un poco inquieta cuando duermes. Quien lo dijera, que estando tan cansada, te pondrías a forcejear conmigo durante tu sueño… ¡Jajaja!— Me quedé apenadísima y dije:

—Lo siento… Es solo una probadita de lo que vive el pobre de Ray, día con día… ¡Jijiji!— Ella, al verme mucho más tranquila y de mejor humor, me dijo:

—¿Sabes mi amor…? Quiero hablar contigo de algo muy importante… Mejor dicho… Quiero pedirte un favor muy importante para mí y quiero que me escuches, por favor.— Me sonó bastante raro… Como si fuera a decir algo que no quería escuchar. Pero solo supe asentir con la cabeza… Ella aclaró su voz, me abrazó y empezó a decir…

—Mi amor… ¿Sabes? ¡Tengo mucha, pero mucha ilusión de ser mamá…! Como ya te lo había dicho antes, solo que nos quedamos en que no me molestaría… Pero la verdad es que nada me llenaría de una mayor alegría… Y quiero pedirte que fueses tan amable de ser el papá…— Mi semblante cambió de golpe, mientras me tallaba mi cara con la mano… Ella se dio cuenta de la reacción y agregó:

—Antes de que empieces a pensar cosas que no son. Te tengo que decir, que no… No es la razón por la que estoy contigo. No es la razón por la que te quiero… Pero tampoco puedo negar, que eres la única persona a la que podría pedírselo… Como ya te he dicho antes, estoy enferma de la cabecita… Tengo una fobia terrible a estar en la intimidad con los hombres, entonces siento decirlo de esta manera… Pero solo tú puedes ayudarme con esto…—Me quedé en silencio, solo pensando que contestar… «La verdad, no quiero ser parte de eso… ¿Cómo alguien como yo, podría siquiera pensar en ser padre…?» No pude más y le contesté: —Lo siento, amor… Pero no puedo ser padre en este momento y tal vez nunca esté listo para serlo…

—¡Pero… Amor, nunca se está realmente listo para algo así! Por eso te prometo que yo me encargaré de todo. Sí tú no quieres ni siquiera conocerlo o conocerla, no importa… Yo me ayudaré de Miranda y del gremio, para poder darle la mejor de las oportunidades en la vida, no le faltará nada, aunque tú no estés y siempre tendrá mucho, pero mucho cariño de todas las personas que lo rodean.— ¿Qué clase de discurso era ese…? «¿Me veo como una persona qué podría desconocer a un hijo suyo…? Además… ¡No es la razón para estar conmigo, pero solo yo puedo ayudarla?» Me empecé a molestar… Me levanté de la cama y me comencé a vestir inconscientemente… Ella solo se quedó viendo con su cara llena de tristeza…

Había comenzado a sollozar, me molesté aún más al ver su llanto… «¡Qué tan lejos puede llevar el acto, para obtener lo que quiere…?» Sin más, después de la impresión de mi sueño y lo que pasaba, la situación se me salió de las manos y se lo dije abiertamente:

—Ana, lo siento. Pero me parece que te equivocaste conmigo, sí lo único que querías era eso desde un principio.— Caminé rumbo a la puerta… Solo escuché un grito:

—¡Arlinne!— Volteé y ella me abofeteó… Su cara llena de tristeza y dolor.

—¡Cómo te atreves siquiera a pensar eso? ¡Yo jamás le entregaría mi cuerpo a alguien que no quiero, estimo y amo…!— Se puso solamente la capa de su uniforme y salió corriendo frente a mí de la habitación…

«¡Qué diablos estoy haciendo? ¿Cómo pude haber dicho eso…? ¡Se me pasó la mano! ¿Cómo pude lastimar a una de las personas que más amo en el mundo…?» Salí corriendo tras de ella… Salí de la cabaña, la puerta se había quedado abierta después de que ella saliera. Estaba amaneciendo, hacía mucho, pero mucho frío… «¡Se va a resfriar, va desnuda y descalza…!» Me apresuré a alcanzarla… Corrimos a lo largo de la peña en dirección este… «De verdad está molesta… Nunca pensé que pudiera correr tan rápido, sí se lo proponía». Por fin la alcancé y la jalé del brazo…

—¡Ana, perdóname! ¡No quise lastimarte con mis palabras!— Ella contestó, llorando:

—¡Pero… Eso es lo que piensas…! ¿No? ¡Qué solo soy una oportunista que se aprovecha de lo que tiene enfrente para lograr lo que quiere!

—¡Claro que no! ¡Discúlpame, hable sin pensar! Estaba ofuscada, no tengo escusa para lo que dije, pero es que estaba muy alterada aún por la pesadilla y me desquité sin querer contigo… ¡No pienso nada de eso, por favor, perdoname…!— La abracé, ella seguía llorando… Me dijo:

—¡Cómo puedes ser tan egoísta, Arlinne? ¡Yo quiero tener a tu hijo, lo deseo tanto! ¡No solo tener un hijo, sino al tuyo!

Me volví a molestar… «¡No quita el dedo del renglón!» Molesta nuevamente, le dije:

—Lo siento, Ana… No puedo ayudarte con eso.— Ella forcejeó para soltarse de mis brazos y cuando por fin lo logró, dijo gritando:

—¡Y por qué no? ¡Dime la razón, Arlinne… Con sinceridad!— Ana empezó a caminar hacia atrás, llorando a cántaros. Yo le dije:

—¡Ana, espera, ven aquí!— Ella contestó, bañada en lágrimas:

—¡No, egoísta! ¡Hasta qué me digas la razón, tal y como es! ¡Eres una egoísta, te odio…!— Ese te odio, me dolió más que mil espadas, más que el golpe de la salamandra o del rey esqueleto juntos, más que mi tobillo dislocado… Me dolió tanto, que comencé a llorar, sin querer. El dolor me enfureció y entristeció a la vez. No me pude dar cuenta de nada, traté de caminar para sujetarla nuevamente, pero como me acercaba, ella se alejaba más y más… Por último, dijo:

—¡Por qué no, te sinceras de una vez? ¡Y me dices que me aborreces y que jamás quisieras tener algo así conmigo…! ¡O me dices que soy muy poca cosa para tener un hijo tuyo o cualquier cosa…! ¡Pero dime algo, idiota!— Ambas estábamos bañadas en lágrimas… Pero en eso, apenas y me di cuenta por una fracción de segundo… ¡Ana estaba al borde del peñasco, un paso más y se caería por el desfiladero! Apreté mi corazón y dejando todo a un lado, comencé a gritar, desesperada:

—¡Ana! ¡Ten cuidado, vas a caer por la peña! ¡Te amo…!— Ella, demasiado tarde se dio cuenta y comenzó a caer… Solo supe lanzarme a toda velocidad, pero era demasiado tarde… Ambos caíamos por el desfiladero. La abracé y giré mi cuerpo boca arriba… Si alguien se lastimaría, debería de ser yo. «¡Debo de hacer mi mejor esfuerzo para que aunque me cueste la vida, Ana salga ilesa!»

Todo pasaba muy rápido… Iríamos directo a las rocas. La apreté entre mis brazos y le dije:

—¡Te amo, lo siento…!— Apreté mis ojos esperando el impacto…

De alguna forma, cuando debí de haber sentido el impacto, en su lugar, sentí el viento en mi frente… Íbamos de vuelta a la peña, impulsados por una figura de un profundo color blanco, que me sujetaba con su hocico, del cuello de mi blusa. En un segundo estábamos desde donde habíamos caído, ambas con el llanto seco por el viento. Vi a mi alrededor… ¡Un enorme lobo de color blanco…! «¡Espera un momento…! ¡Es el lobito del bastión de Tharosen…?»

El lobo se acercó hacia nosotras, que aún estábamos arrodilladas en el piso, una frente a la otra… Con su hocico, nos empezó a olfatear y a lamer por toda la cara… Después de tan solo unos momentos, se alejó corriendo hacia el este a lo largo de la peña. Levanté a Ana del piso en mis brazos y le dije, mientras la abrazaba y mis ojos se volvían a llenar de lágrimas:

—La razón por la que no quiero tener un hijo es… ¡Cómo alguien como yo, con este cuerpo, apariencia y sexualidad, podría llegar con su hijo y decirle que soy su padre…?— Reventé en llanto… Por fin lo había dejado salir todo. ¡Esa era la razón! Ella comenzó a llorar también y me devolvió el abrazo, reconfortándome y diciendo:

—Lo siento… No lo sabía. Discúlpame. Lamento todo lo que pasó por no entenderlo un poco antes. ¡Perdóname, mi amor!— Secó mis lágrimas… Algo se movió dentro de mí. Después de unos segundos, me puse de pie y le dije decididamente:

—Bueno… Vamos. Ese panquecito no se va a poner en el horno solo.— Su rostro se llenó de alegría… Al final me había convencido. Ana me dijo:

—Espera… Arlinne. Ese lobo de color blanco…— Mientras veía a nuestro alrededor con sus ojos abiertos al máximo.

—¡Aah! Es un lobito que nos encontramos a lo largo de nuestros viajes. ¿Recuerdas al señor de la guerra Virzuk del bastión de Tharosen?

—No lo conocí, ustedes nos contaron que había escapado.

—¡Aja! Ese lobo era su montura.— Ella se quedó con la boca abierta y dijo:

—Pero… ¿Por qué nos ayudó? ¿Te siguió hasta acá?

—Lo primero, no lo sé y lo segundo… Es lo más probable.— Ella dijo:

—De no ser por él, muy probablemente mis berrinches hubieran ocasionado una tragedia… Lo siento tanto, Arlinne. Discúlpame por todo lo que te dije… ¡No te odio, te amo! Pero en verdad, sí deseo tener un bebito… Discúlpame.— La volví a abrazar y le dije:

—No te preocupes, ya hablaremos en la cama en un rato. Vamos, porque está haciendo mucho frío y no quiero que te resfríes.— Ella asintió con la cabeza y caminamos de regreso.

Regresamos a la habitación, me quité la ropa y salté entre las cobijas que aún estaban tibias… «¡Qué rico! Está haciendo tanto frío…» Ella se metió después de un momento, me abrazó y nos acurrucamos juntas. Ella me dijo:

—Lo siento, amor… Te dije tantas cosas horribles y desde un principio, soy yo la que aún no termina de entenderte… Desde el día que nos conocimos, me dijiste que tenías miedo y te sentías insegura. Yo creí que te había ayudado, pero no pude entenderte un poquito más, discúlpame…— La vi a los ojos y le dije:

—Y sí me ayudaste mucho, pero… No es cosa fácil para mí, pensar siquiera, que podría decirle a un hijo mío sí es varón… No quiero que se avergüence de mí o lo que es peor, que yo me avergüence a mi misma. Siento horrible y no quiero ni pensarlo… Es por eso que te he contestado de esa manera desde un principio… Lo siento.— Comencé a llorar… Ella colocó mi cabeza sobre su pecho y dijo:

—Cuéntame todo, todo lo que sientes, amor. Tus miedos, tus preocupaciones, todo.— «¡Uy! Por donde empezar…» Le dije:

—Últimamente, desde que empezó esta loca aventura… Tengo muchos más miedos, que los que nunca antes me imaginé. Todo el tiempo me siento con la zozobra, de que en cualquier momento, algo va a salir muy, pero muy mal. Que por mi culpa, alguno de mis amigos va a resultar herido o peor… Que en cualquier momento puedo perder la confianza de la gente que quiero… Que voy a volver a estar sola como después de lo que pasó en mi aldea… Y así, la lista es interminable…— Lloraba y lloraba, mientras le decía todo eso, todo salía de mi interior y no lo podía detener. Ella dijo:

—Amorcito. Debes de estar más tranquila y segura de ti misma. Lo has hecho muy bien hasta el momento. Nadie puede saber que va a pasar en el futuro, pero vivir asustada no te ayudará en nada.

—Eso lo sé… Por eso, aunque tema. Trato de empujar hacia adelante, de sonreír diario, de sentirme contenta y ser amable con todos… Pero igual, el miedo me asalta de vez en vez. No tengo confianza en mi misma… Siento que lo que hago es un error, que vivo una vida falsa, que soy un fenómeno, que no merezco nada de esto…— Seguía llorando, sin poder contenerlo… Ella se molestó y dijo:

—¡Claro que no! ¡No eres un fenómeno! Eres una persona con una alma muy hermosa y segura de lo que quieres y haces. Sí alguien merece lo que tienes, eres tú. ¡Eso te lo aseguro!— Le dije con mi voz temblorosa:

—¿De verdad…?

—¡Claro, ni se te ocurra dudarlo! Y si yo fuera el o la virzuk, que planeó todo esto o la persona que los está manipulando para llegar a este punto. En este momento estaría llena de miedo, pensando que alguien como tú, viene por mí y que no te detendrás ante nada, hasta que no haya pagado todas sus fechorías.— Comencé a reír aún llorando…

—¡Jajaja! ¡Qué ocurrencias…!— Ella continuó:

—Además, puedes estar tranquila. Estoy completamente segura, que todos te queremos muchísimo y ninguno te dejará caer en ningún momento. Y que confiamos por completo en ti, en tus decisiones, acciones y buena voluntad.— Me empecé a recomponer y le dije:

—No exageres… ¿De verdad, crees eso?

—¡Estoy segura!— La abracé y la empecé a besar a lo largo de su rostro. Le dije:

—Y yo que ya te iba a decir, que por andar de brujitas impúdicas, a ver sí no salimos sobrando después con Ray y Miranda…— Ella sonrió y dijo:

—Lo sé… También lo he pensado antes, pero no te preocupes. Tuvimos la suerte de encontrar a dos personas maravillosas, cada quien por su lado. Que si bien no es muy correcto lo que hacemos, tampoco los estamos engañando a estas alturas. Solo sé paciente, Ray y Miranda, también merecen arreglar sus asuntos pendientes. Todos vamos a estar bien, porque aunque esta relación y los sentimientos que hay en ella, se haya vuelto muy compleja. En el fondo no hay más que amor y cariño. Todo va a salir bien.— Sonreí, ya segura de mí misma y le dije:

—Manos a la obra…— Le cerré un ojito.

«Espero no estar cometiendo un error… ¡Muy bien! Sí lo vamos a hacer, será con mucho cariño y lo voy a disfrutar en serio…» La tomé delicadamente de su cuello, para arrebatarle un beso muy profundo… Ella se sorprendió y se dejó hacer. Después del beso, la puse bocabajo en la cama y me dispuse a besar todos y cada uno de los rincones de su cuerpo para llenarme de ese aroma suyo que me embriagaba… La besaba y lamía, tiernamente por toda su piel. Ella empezó a jadear con unos quejiditos tan especiales, mientras me tomaba por los cabellos. De vez en vez regresaba a su boca, para darle un beso muy profundo, antes de volver a mi tarea de recorrer todo su cuerpo.

La volví a poner boca arriba y ella se empezó a retorcer cuando pasaba mis labios y lengua por algunas partes de su cuerpo, que al ver esa reacción les ponía una mayor atención… Después de unos minutos, la volví a besar profundamente y está vez me concentré en la parte baja de su cuerpo, sus piernas, sus muslos, me detuve en su sexo, mientras acariciaba su vientre con mi mano, jugando con su ombligo… Sus gemidos subían de volumen cada vez más, junto con esos quejidos inquietos.

Ella tomó mis cabellos y empezó a jalar mi cabeza. Me dijo, quejándose de placer:

—¡Mi amor, ya no aguanto más! De un momento a otro voy a terminar… ¡Por favor, entra en mí, te lo ruego…!— Yo ya estaba dispuesta, así que me recosté sobre ella y lo metí…

—¡Sí! ¡Así mi amor, recuéstate sobre de mí! Quiero sentir todo el calor de tu cuerpo, ya no aguanto más…— Después de eso estalló… Yo sentía las contorsiones de su sexo, sobre el mío y de todo su cuerpo en mis brazos.

Entre sus gemidos de placer, me propuse hacer lo mejor que pudiera y empecé a imprimirle fuerza a mis caderas, de una manera vehemente, violenta y el espectáculo empezó… Ella sin calmarse después de lo que había ocurrido, se puso más y más frenética. El placer no había disminuido en ella, al contrario. Empezó a gritar de una manera desquiciada, mientras me sujetaba fuertemente de mis brazos y me veía con una cara de pasión, pero también llena de mucho cariño.

Ella volvió a estallar… Sentía toda la humedad y calor de su interior inundarme. Intenté seguir, pero todo eso era demasiado para mí y unos segundos después, en un intento desesperado, lo hice mucho más fuerte, mucho más rápido y estallé yo también… Caí sobre su cuerpo tibio y recargué mi cabeza al lado de su cuello. Ella me abrazó por completo. Me iba a voltear al lado contrario de la cama, pero ella dijo:

—No, nada de eso… Quédate ahí un ratito…— Me cerró el ojo. Yo me quedé ahí, llenándome de ese olor que tanto me gustaba, que con el sudor de nuestros cuerpos, se había hecho mucho más prominente dentro de mi nariz. En voz bajita se me ocurrió preguntar: —¿Oye, amor? ¿Utilizas alguna fragancia o perfume?

—No, mi amor. No uso nada de eso… Bueno, a veces en ocasiones formales, solo uso una muy ligera fragancia, pero no estoy usando nada de eso en este momento.— Me quedé sorprendida y la volteé a ver a la cara… «¡No es un perfume…? ¿Entonces? ¿Qué es este aroma que simplemente no puedo resistir?» Ella al ver mi cara, empezó a reír…

—¡Jijiji! No, mi amor. No uso nada. No te estoy mintiendo, ¿a qué huelo?— Le dije:

—No lo sé, pero hueles muy bien… Sí tuviera que compararlo con algo, que sé, que no es posible. Te diría que es a jazmines frescos con mermelada de naranja.— Ella estalló en carcajadas…

—¡Jajajajaja! Mi amor… ¡Que cosas dices! Siempre me haces reír tanto… Puedes estar tranquila, no me unto jalea, antes de venir a verte. ¡Ya me estaría mosqueando! ¡Jajajaja!— Empecé a reír yo también, ¡qué ocurrencias!

Pasamos el resto de ese día y el día siguiente, solo amándonos y conociéndonos por completo, el uno al otro. Ella me comentó que partiría junto con el capitán y los demás al día siguiente, rumbo a Montloarc. Al parecer es ahí donde los esperaban y a donde se dirigía el capitán originalmente, para prestar ayuda a los agremiados, que se encontraban dentro de la ciudad, atrapados por el sitio.

Llegó el día… Nos dimos un baño calientito por la mañana y al estar listas, desayunamos. Ya nos esperaban Ray y Miranda en el comedor de la cabaña. Sin mediar muchas palabras, saludamos y desayunamos… Platicamos de cualquier cosa hasta que llegó el momento en que tendrían que partir… La despedí junto a los demás, mientras Ray hacia lo mismo con Miranda… Ana me dijo:

—Cuídate mucho, amor. Nos adelantaremos a Montloarc. Te mantendré informada de cualquier cosa que pase.

—Sí, mi amor. Está bien. Esperaremos unos días más y saldremos adelante de los elfos. Avísame de la situación para llegar preparados.— Nos abrazamos largamente y después de eso la vi partir. Mientras se alejaban, sentí una mano en mi hombro… Era Ray, que me dijo: —¿Todo bien, peque? ¿Cómo te la pasaste?— Sonreí y dije:

—Muy bien, amorcito…— Lo abracé por la cintura y continué:

—¿Y tú, qué tal? ¿No sientes ganas de ir corriendo tras de Miranda…?— Él comenzó a reír y dijo:

—¡Jajaja! No por el momento… Creo que he tenido suficiente de ella por un rato… ¿Y tú?— «Exactamente mis palabras… Aunque es feo ponerlo de esa manera. Amo a Ana mucho, mucho… Pero vivir diario con ella, no es algo que me vea haciendo, ni mucho menos cambiarlo por lo que tengo con Ray».

—Todo bien, no quiero salir corriendo tras de ella. Aunque… ¿Sabes? Parece ser, que después de todo, sí formarán parte de nuestras vidas por un largo tiempo…— Él se quedó en silencio y dijo, después de un momento:

—Así parece ser.

Regresamos a la cabaña que compartíamos con los demás… Entramos en silencio, como dos ladrones. Acomodamos algunas cosas nuevamente en su lugar, los demás estaban ocupados o simplemente dándonos un poquito de privacidad. Ray me preguntó:

—Por cierto, Arlinne. Hoy por la mañana, antes de que partieran las chicas, fui a revisar los caballos, pero no pude encontrar a Tomy por ningún lado… ¿Sabes algo?— «¿Tomy? Mmmh…»

—No, amor. Que raro… No suele ser problemático. ¿Ya lo buscaste bien?

—Sí, amor. No está… ¿Me ayudas a buscarlo?

—Claro, ¿ahora mismo?

—Sí no tienes nada mejor que hacer, sí.

—Está bien, vamos…— Salimos a buscar a Tomy, primero en los establos que tenían las cabañas… Nada. Solamente estaban el resto de los caballos. Buscamos por huellas y efectivamente… Las huellas de Tomy salían del lugar… Nos volteamos a ver, el uno al otro y empezamos a seguir las huellas. Mientras caminábamos, le dije a Ray:

—¿Se lo habrán robado…?

—Lo dudo mucho… Tomy no creo que sea fácil de robar y mucho menos que lo pueda montar cualquier persona.— Me quedé pensando y le dije:

—Tal vez… Olió al capitán y salió a seguirlo…

—Yo pensé lo mismo, pero cuando los despedimos, lo hubiéramos visto cerca… Además las huellas que vamos siguiendo, van hacia el bosque del lado de los elfos.— Tenía razón… «Pareciera que a donde quiera que haya ido, lo hizo bajo su propia voluntad…»

Buscamos toda la mañana, pero perdimos sus huellas a lo largo de una laguna… Ray se quedó agachado, buscando el rastro, mientras yo volteaba hacia todos lados por cualquier detalle que me pudiera dar una idea de a donde había ido… Ray dijo:

—Parece ser, que no lo vamos a encontrar…

—Tranquilo, amorcito. Seguiremos buscando y aunque no lo encontremos, puede ser que regrese por sí mismo.— Vi una figura moverse entre los árboles… La señalé, pero Ray seguía ensimismado viendo el rastro…

—Peque… Aquí hay huellas de lobo y uno bastante grande por lo que puedo ver.— En ese momento, de entre los árboles, salió el enorme lobo de color blanco, que me había ayudado hace un par de días… El lobo del bastión de Tharosen. Se quedó parado junto a los árboles como a unos diez metros de nosotros, yo le dije a Ray, emocionada:

—¡Mira! ¡Es el lobito de Tharosen!— Iba a salir corriendo a abrazarlo, cuando Ray me detuvo del brazo… Yo le dije:

—Está bien, no me hará daño. Ya nos ayudó a Ana y a mí, el día de antier…— Ray se quedó extrañado y corrí hasta el lobo y lo abracé… Ray se quedó cauteloso detrás mío, con su mano acariciando el mango de su espada… Le dije:

—Tranquilo, amorcito. No nos hará daño…— Mientras lo acariciaba de su pelo por toda la parte superior de cuerpo… El lobo movía su cabeza de un lado al otro, respondiendo a las caricias y de vez en vez, metiendo su hocico entre mis ropas… Después de un momento, se apartó y se encaminó entre los árboles. Se alejó unos pasos y se quedó ahí… Viéndonos. Ray me dijo:

—¿Desde cuándo eres tan cercana a este animal…?

—¡Aah…! Es una larga historia, pero la versión corta es que… Ana me hizo un berrinche gigante, como los que hago yo. Y por un descuido, casi caemos desde la peña, que está frente a las cabañas… Pero el lobito nos rescató.— Ray se quedó sorprendido y dijo:

—No es necesario que me cuentes los detalles… Solo me alegro, que estén bien y que por una vez, te hayan dado una cucharada de tu propia medicina… ¡Jajajaja!— «¡Buuu! ¡Qué feo…!» Le empecé a pegar en el pecho…

—¡Qué personita tan fea! ¡Sí te caen tan mal mis berrinches…! ¡Tal vez, sí hubiera sido buena idea que hubieras seguido a Miranda…!— Me molesté e inflé mis mejillas. Agregué: —¡O a Kalya, al fin está aquí cerquita! ¡Sí sigues caminando a lo mejor llegas incluso a su lecho y le das una sorpresa…!— Me abrazó por detrás y dijo:

—Te amo tanto, Arlinne… Ya te extrañaba.— Empezó a oler mi pelo… Se me desencajó la cara y dije:

—¡Extrañabas mis berrinches? ¿O mis escenas de celos?— Él me dijo al oído:

—Los dos…— Me puse muy contenta, volteé, lo abracé y dije:

—¡Qué conste, al cliente, lo que pida…!

Después de unos segundos, volteamos a ver al lobo y seguía ahí… «Espera un momento… ¿Quiere que lo sigamos?» Le dije a Ray:

—Quiere que lo sigamos, vamos…— Tomé su mano y en cuanto estuvimos detrás de él, el lobo se puso en marcha.

Caminamos entre los árboles del bosque, mientras el lobo iba por delante con su hocico pegado al piso… Después de unos quince minutos de seguirlo, llegamos hasta un pequeño claro en el bosque. El piso estaba completamente cubierto por flores de todos los colores… El lobo al vernos ahí, salió corriendo por otro de los lados que daban al claro. Yo lo iba a seguir, pero Ray me detuvo y dijo:

—¡Mira eso…!— Yo lo volteé a ver e instintivamente, volteé hacia donde él miraba… Era un corcel de color blanco, apenas un poco más pequeño que Tomy, que pastaba en el claro… «Mmmh… ¿Eso es un cuerno en su cabeza? ¡Es un…!» Le dije a Ray:

—¡Es un unicornio!— La bestia se sorprendió al vernos, pero no intentó escapar… Solo tímidamente se alejó un poco de nosotros para dejar ver detrás suyo a Tomy, que también pastaba en el mismo lugar… «Ya entiendo». Abracé a Ray y le dije:

—¡Uuy! Creo que Tomy, también encontró en que invertir su tiempo, mientras nosotros estábamos ocupados.— Ray se quedó incrédulo. Tomy se acercó hacia nosotros como si nos saludara… Llegó hasta mí y lo empecé a acariciar. Ray dijo:

—Ya veo… Entonces no hay otro remedio.— Se acercó a Tomy y le empezó a quitar los arneses y todo el equipo de seguridad, que se les deja, independientemente de la silla. Mientras hacia eso, el unicornio se acercó igual a nosotros, como invitado por la confianza que Tomy le brindaba… Yo me asomé curiosamente por debajo del animal… Efectivamente. Le dije a Ray:

—Es una yegua unicornio…— Le sonreí y la acaricié… Era hermosa, digna pareja para Tomy. Le dije a Ray:

—¡Que lindo, son novios!— Él dijo:

—Muy bien, Tomy. Gracias por todo. Nos veremos pronto, sí así tú lo quieres… Ve con cuidado.— Tomy como sí entendiera, relinchó y se empezó a alejar de nueva cuenta al claro, seguido por la yegua. Los vimos un rato, hasta que decidimos dejarlos con su privacidad.

A lo largo del camino de regreso, Ray dijo:

—Parece ser que el dicho es cierto…— Me quedé pensando y le dije:

—¿Cuál dicho?

—De que todas las cosas se parecen a su dueño.— Yo me quedé intrigada y le dije:

—¿Por qué…?

—¡Jajaja! Porque parece ser que a Tomy, también le gustan las chicas con cuerno… ¡Jajajaja!— «¡Uuy! ¡Esa es la segunda hoy!» Le pisé su pie, enojada y le dije:

—¡Pues ya te lo dije! ¡No es cómo que no tengas opciones!— Nuevamente hice mi puchero y me adelanté… «¡Qué pesado…!» Sentí sus brazos rodearme por la cintura y levantarme del piso… Me cargó en sus brazos. Mi corazón se deshizo en un instante… Lo abracé y le dije: —¡Grosero! Pero aún así, te amo muchísimo, más que a mi propia vida.— Me dejé llevar en sus brazos, de regreso hasta la cabaña…

Recuerdo despertar en la cama, al lado de Ray. Aún era de día, pero me quedé dormida después de la celebración del reencuentro. Reí en mi interior… «¡Jijiji! De verdad, que no tengo llenadero…» Ray me veía como dormía entre sus brazos… Le dije:

—Amorcito… ¿Ahora sí me vas a contar, qué fue lo que viste en Kalya?

—¡Jajaja! No.— «¡Buuu! Bueno, lo intentaré después…» Le dije:

—Me gustaría platicar con todos, acerca del asedio de la capital de Montloarc. Esta vez debemos de estar listos, no quiero que nos vuelvan a sorprender igual, con una horda de monstruos. Sí trajeron todos estos para asediar a unos cuantos elfos… No me quiero ni imaginar, los que hay en este momento cerca de las murallas de Montloarc… Espero todos se encuentren bien.

—Sí. Hablaremos durante la cena.— Me solté de entre sus brazos, me levanté de la cama y me comencé a vestir… Le dije:

—Quiero estar un ratito en el sol… Ha estado haciendo mucho frío. Sé que estaba ahí, calientita en tus brazos, pero quiero un poquito de aire fresco. Ya vuelvo.— Él dijo, mientras se empezaba a vestir también:

—Está bien. Te veo en un rato. Preguntaré con los elfos, a ver si puedo conseguir un caballo. Aunque de verdad, no quiero pedírselo a Kalya… Estoy en un aprieto.

—Sí quieres, se lo puedo pedir yo. Diré que es para mí.— Él dijo:

—No, amor. Creo que inevitablemente, tendré que hablar a solas con Kalya. Solo para hacer las pases…— Eso me revolvió el estómago… Le iba a decir que no hacía falta, pero no debía de ser metiche. Al final del día, lo que tuvieron juntos, había sido solo de ellos dos… «No tengo, porque estar de metiche». Le dije:

—Está bien, amor. Suerte…— Le sonreí y salí de la habitación.

Salí a tomar un poco el sol de la tarde, se sentía tan rico como tocaba mi piel, mientras me quitaba poco a poco el frío que ya se sentía todo el tiempo a la sombra. Cuando tuve suficiente, empecé a vagar por ahí… Bajé hasta el claro de la muralla. Estaba completamente limpio, solo con unas cuantas huellas y tierra revuelta en uno que otro lugar. Comencé a pensar con tranquilidad en todo lo que había pasado en los últimos días… Inevitablemente, regresó a mi mente… «¡Voy a ser papá…! Ana de verdad se lo tomó muy en serio y después de todo esto, sí ambos estamos sanos… Seguramente, algo ya se está cocinando. ¡Qué voy a hacer…?» Tallé mi cara con la mano, de manera inconsciente… «¡Qué le voy a decir cuando esté en edad…? ¿Cómo lo tomará…? Lo peor del caso es que estoy casi segura, que será un varón…» No sabía por qué, pero algo me hacía estar segura de eso en mi interior…

Comencé nuevamente a entristecerme y sin pensar, pateaba las piedras en el piso que me iban saliendo en mi camino… «Que remedio… Ya se me ocurrirá algo». En eso, un ladrido me sacó de lo más profundo de mis pensamientos… Frente a mí a un lado del claro, estaba el lobo. Me puse muy contenta y corrí a abrazarlo. Lo acariciaba, mientras le agradecía por todo lo que había hecho…

Estuve un largo rato con él, pero esta vez a diferencia de las veces anteriores, no se retiraba… Empecé a intentar despedirlo de vuelta al bosque, pero me seguía… Hice varias pruebas, pero fue inútil, sí me sentaba, se echaba a mi lado, sí me ponía de pie se paraba, sí me echaba a andar me seguía… «Mmmh… ¿Qué hago? ¿Comerá mucho? ¿Qué dirán los demás…?» Estaba sentada en una piedra en el claro, mientras decidía que hacer con él… «El bosque de Veranda es muy grande, seguramente estará mejor aquí, que conmigo… Pero de verdad me gustaría conservarlo…» En eso, escuché una voz femenina…

—Arlinne, así que aquí estás… ¡Ah! Ya veo… Así que es tuyo, con razón.— Era Kalya. Yo volteé a verla, aún inmersa en mis pensamientos. Ella se paró frente a mí y dijo:

—Nos hubieras dicho que es tu compañero, por tu culpa se armó un desastre… Ya estaban empezando a organizar brigadas para darle caza.— Yo me asusté al oír eso y dije:

—¡Caza, por qué?

—No podemos permitir que un animal como este, eche raíces en el bosque. Es demasiado peligroso para el hábitat de los demás animales, que sí son originarios de aquí. Peor aún sí se llega a reproducir con las hembras de lobo del lugar, después podríamos tener un problema muy grande.— «¡Qué payasada! Es solo un lobito…» Me molesté un poco, pero me aguanté y le respondí:

—¡Sí, es mío! Lo siento por no avisar, pero cuando llegamos a su lado del bosque, simplemente se marchó y como hace eso de vez en vez, no le di importancia. Lo siento.

—Lo supuse, después de todo eres una guardabosques. Inmediatamente pensé que algo tenía que ver con ustedes.— Se sentó al lado mío, en la misma piedra… «Mmmh Que confianzas… Bueno, que más da». Ella dijo:

—Arlinne, quiero agradecerte por lo que hiciste… No por lo de la batalla, sino por presentarme al guardabosques. Lo de la defensa del bosque ya se ha encargado mi madre de agradecerte. —No supe que decir y solo le dije:

—No te preocupes, no tienes que agradecerme, solo trata de llevarla bien con él… Espero que no quieras ser su alumna por una razón superficial o algo así.— Ella se molestó y dijo: —Arlinne… ¿Crees que estoy hueca por dentro o algo así? ¿Qué solo soy superficial y banal? ¿Qué te ha dicho Ray de mí…?

—Nada de eso… Ray no me cuenta absolutamente nada, de sus relaciones o parejas anteriores. Perdona sí es la imagen que tenía de ti…— Sonreí como una tonta… Ella inmediatamente, me pellizcó el brazo…

—¡Aay! ¡Qué te pasa?

—Te lo advertí, no te rías así.— «Mmmh… Que remedio». Ella dijo:

—Mira… Mejor vamos a platicar de la recompensa que te voy a dar.

—En verdad, no es necesario. Te agradezco, pero mejor déjalo así. Solo haz tu mejor esfuerzo cuando seas su alumna. ¡Ah! Y trata de no intentar meterte en sus pantalones demasiado pronto… ¡Jijiji!— Empecé a reír, pero esta vez a carcajadas… Ella me volvió a pellizcar el brazo y dijo:

—¡Tan rápido, como tú te metiste en los pantalones de Ray?

—No es lo que piensas… Yo no salí de mi camino, para buscar eso… Las cosas se dieron, yo ni sabía que tenía una relación contigo, hasta que fue demasiado tarde.— Volví a sonreír como tonta, pero esta vez, reaccioné rápido y quité el brazo… Ambas empezamos a reír… «Kalya no es tan mala después de todo… Un poco sangrona, pero en el fondo se ve que es una buena persona». Ella dijo:

—En fin… Arlinne, no hay problema. Lo mío con Ray, ya es cosa del pasado… Te lo encargo mucho, por favor.— Asentí con la cabeza y ella continuó hablando:

—El regalo que te quiero dar, no es algo material y estoy casi segura que te servirá de mucho…— «¿De qué se trata…?» Ya me había llenado de curiosidad, le dije:

—¿Entonces?

—Eres una guardabosques, ¿no? ¿Por qué nunca te he visto usar el arco?— «¡Bleeeh! ¡Justo en el blanco…!» Le dije riendo, mientras sacaba la lengua y movía mis brazos para que no me pellizcara:

—¡Jijiji! Soy pésima con el arco, no le puedo dar a una sandia a tres pasos adelante de mí…— Ella me pellizcó en el muslo…

—¡Aay!

—Eso es lo que te voy a regalar… Mañana por la mañana, ven a este claro. Sí tienes un arco, tráelo contigo, sí no, no te preocupes. Te prestaré uno.— Se puso de pie y remató:

—¡Ah! ¡Y no llegues tarde!— Se fue caminando, de vuelta al bosque…

«Mmmh… ¿Practicar el arco con Kalya…? Ella es muy buena, la he visto tirar varias veces. Está bien, que más da. Puede que aprenda un par de cosas y tal vez, por fin logre usar el arco». Me puse contenta, me paré de un salto para regresar a la cabaña y cuando iba subiendo hacia la peña, recordé lo que venía tras mío… «¡Uuy! ¿Qué voy a hacer…? Bueno… Ya me las arreglaré. No lo voy a dejar aquí, para que los elfos se hagan una alfombra».

Entré a la cabaña, ya había empezado a anochecer… Todos estaban en el comedor y dije en voz alta:

—¡Ya regresamos, nos extrañaron?— El lobo entró como sí fuera un perro y esta fuera su casa… A pesar de su tamaño, anduvo hasta la chimenea y se recostó a un lado de ella. «¡Qué sinvergüenza…!» Todos se me quedaron viendo con la boca abierta y yo dije:

—Sí, sí… Así es. Otra boca que alimentar, no se preocupen, yo me encargaré de él, no les causará molestias.— Fui hasta la mesa y me senté, sonriendo con mi cara de tonta todo el tiempo…

—Antes de que todos me regañen… Quiero que el lobito nos acompañe, por favor… Está sólito en el mundo y los elfos no lo quieren en el bosque.— Todos sonrieron complacidos… Grand dijo:

—Le prepararé algo de cenar de la carne que nos han dado los elfos.— Se puso de pie y fue a hacer algo hasta la cocina… Camille dijo:

—¿No muerde…?

—La verdad, no sé. A mí, no, pero los primeros días, acérquense tranquilos para que se vaya acostumbrando a la presencia de todos.— Camille asintió con la cabeza, se le veía muy contenta… Volteé a ver a Lianne y ella solo hizo un gesto, de que no le importaba en lo más mínimo. Por último lo más difícil… Dije:

—Ray, mi amor… ¿Verdad, qué se puede quedar con nosotros?— Ray acarició su mentón… Yo esperaba un sermón, pero solo dijo:

—Está bien… Incluso nos viene de maravilla. Tal vez lo puedas montar, como hacían los virzuk. Es lo suficientemente grande para eso y tú no pesas mucho, supongo que sí aguantaba a su antiguo dueño en armadura de placas, tú serás como una pluma.— Me quedé embobada, pensando en esa idea… Ni siquiera se me había ocurrido. Le dije, emocionada: —¡Crees que pueda hacerlo?

—¿Por qué no? Solamente hay que conseguir algo parecido a una silla y supongo que lo puedes guiar del pelo… Tal vez solo algo suave y cómodo para que no se lastime ninguno de los dos en el ajetreo y un poco de práctica. ¡Pienso que estarás bien!— Me quedé ilusionada con la idea y dije:

—¡Sí! ¡Lo intentaré antes de que partamos! Pero si no se puede, igual nos acompañará… ¿Está bien?

—De acuerdo, peque.— Me puse muy contenta… Grand le llevó un plato de carne de ciervo, apenas ahumada… El lobo le lamió la mano y empezó a comer tranquilamente. Camille y Lianne, se acercaron al ver eso y empezaron a acariciarlo como dos niñas pequeñas a su perro… «¡Qué alegría! ¡Ahora somos uno más!» Nunca había podido tener una mascotita… «¡No, no! Debo tratarlo con cariño y respeto, no es mi mascota, es uno más de mis compañeros».

Después de un rato, lo dejaron descansar y todos regresamos a la mesa a cenar. Cuando terminamos, les dije:

—Quería hacer algo de planeación, para cuando lleguemos a Montloarc… ¿Se encuentran dispuestos?— Todos estuvieron de acuerdo. Dije:

—Está bien. El primer punto… ¿Por qué los monstruos ayudan a los virzuk…? Lo he estado pensando bastante e invariablemente, solo llego a la misma conclusión… Están siendo controlados. El dragón y los gigantes, puede ser que hayan sido chantajeados, sobornados o algo parecido, pero todas esas pestes como los goblins y hobgoblins que venían en cientos, son monstruos que su instinto solo los lleva en un eje de dos direcciones en su supervivencia. Y esas emociones son miedo y agresión… Aunque fueran amedrentados o sobornados, no hubieran peleado hasta la muerte como lo hicieron. Al ver que era una causa perdida, hubieran tratado desesperadamente de escapar. Lo mismo para los trols e incluso los gigantes y el dragón.— Camille dijo:

—¿Crees qué se trate de magia de control?

—¡Sí! Estoy segura… Lo que no sé, es de que tipo y sí podamos disiparla. Igual he pensado otra cosa… Seguramente, sí ese es el caso, no toma la misma magia controlar a un goblin, que a un dragón. Lo que me hace pensar, que aunque no podamos disiparla de las criaturas más fuertes o inteligentes, seguro que sí podemos disipar la de las pestes.— Lianne abrió sus ojos y dijo, sorprendida:

—¡Vaya, muy inteligente, renacuajo! Tienes toda la razón.— Camille dijo:

—Arlinne. Yo conozco algunos conjuros lo suficientemente poderosos para intentar disipar la magia de las criaturas más poderosas… A lo mejor, no logro tener un éxito completo, pero con que funcione en un par o más, seguro se creará un caos de su lado del campo de batalla, cuando la criatura recién liberada, busque retribución… Más sí se trata de un dragón o una criatura por el estilo.

—¡Sí, qué buena idea!— Asentí con mi cabeza y dije:

—Eso sería genial… Por otra parte, los virzuk que vienen en armadura de placas. Ellos, estoy segura de que no están controlados por simples conjuros, sino por el brebaje que vimos en la tienda del señor de la guerra virzuk en aquella ocasión. Así que con ellos no habrá de otra, tendremos que pasar por encima de ellos… Aunque tuviéramos un antídoto, no podríamos dárselos a beber de ninguna forma y de hecho no conocemos el antídoto…— Todos nos quedamos pensando, por unos momentos… Retomé la palabra y dije:

—El siguiente punto… Cuando lleguemos a Montloarc, lo que haremos antes de enfrascarnos en una batalla, será analizar cuantos son y después de eso empezaremos a disipar a las pestes. Empezaremos a pelear y cuando pase, como paso acá, que llegan de refuerzo monstruos muy poderosos que se sacan de la manga… Ese será el momento de usar la magia de Camille, para que se cree el caos y aprovecharemos para avanzar hacia sus líderes… ¿Qué les parece?— Todos sonrieron y Lianne dijo:

—Es muy buena idea, me parece excelente.

—Esta vez la sorpresa va de nuestro lado… No los dejaremos salirse con la suya.— Grand dijo:

—¿Avanzaremos hasta su líder el mismo día? ¿Arlinne, crees que tengamos la fuerza?

—No, lo dudo. De preferencia, no. Pero sí vemos la oportunidad, la aprovecharemos. Por el momento, el objetivo principal es levantar el asedio. Una vez hecho eso, pasamos al último punto. Ya ahí con la tranquilidad, de que no está en riesgo inminente la capital, planearemos e iremos contra sus líderes, bajo nuestras propias condiciones.— Les cerré un ojito, mientras los veía. Todos quedaron convencidos… Había quedado decidido. Nos fuimos a nuestras habitaciones, pero antes Camille trajo una manta de su equipo y la puso en el piso, para el lobito y yo lo saqué a caminar por unos minutos para que hiciera sus necesidades.

Ya en la cama de mi habitación, abracé a Ray y empecé de melosa… Quería un poquito más de miel… Él cumplió mi deseo gustoso. Cuando terminamos, quedamos tendidos y abrazados. Le dije:

—Amor… Kalya me va a enseñar el arco, el día de mañana… ¿Qué opinas?— Él me miró sorprendido y dijo:

—Creí que no te caía bien, Kalya. ¿Qué pasó?

—Pues… Nada. Creo que solo hemos hecho un esfuerzo ambas, por llevarnos bien la una con la otra…— Él sonrió y dijo:

—Muy bien, peque. Me parece muy bien… Nunca he conocido a nadie mejor con el arco que ella. ¡Mucha suerte!— «¡Tan buena es…? Espero no hacer el ridículo…» Después de un rato de platicar, apagamos la luz… Me volteé hacia mi lado de la cama y dejé mis pies, enredados por detrás con los de él… «¡Qué rico! ¡Ray siempre está tan calientito! Mis pobres piecitos helados, no podrían estar en un mejor lugar… Zzz…»

A la mañana siguiente, desperté… Ray se estaba vistiendo después de bañarse. Me asusté de pronto… «¡Es muy tarde? ¡Kalya se va a enojar!» Me paré de un salto, pero Ray me tomó del brazo y dijo:

—Tranquila, peque. Aún es temprano, solo quería darme un baño, así que llené de leña el calentador y me metí a bañar. Te dejé mucha agua calientita. Báñate y te espero en el comedor, para que desayunes antes de irte.— Aún estaba medio dormida… Asentí con la cabeza, tomé mi toalla de mi bolsa y fui hacia el baño.

Desayunábamos… Era muy temprano. Una ensalada de frutas, un trozo de pan y un poco de jugo. Lianne salió amodorrada de su habitación… Venía en su camisón. Se talló los ojos y dijo:

—¡Qué milagro, renacuajo? ¿Qué haces tan temprano de pie? ¿Ya te vas otra vez?

—No hermanita, ¡me extrañaste?

—¡Jajaja! Renacuajo sinvergüenza… Me voy a meter a bañar, provecho.— Se metió en el baño… «¡Jajaja! De seguro me quería cagar a palos, pero como estaba Ray, se aguantó». Terminé de desayunar, le di un beso a Ray y le dije:

—Vendré más al rato, cuando Kalya se haya aburrido de intentar enseñarme. Nos vemos. —Mucha suerte, peque. Yo iré a ver lo de mi caballo.— Salí corriendo y el lobo se echó a correr tras mío… Bajamos la peña.

Llegamos corriendo hasta el lugar… Kalya acomodaba algunas cosas alrededor, en los árboles. Parecían ser objetos que ocuparíamos como blancos… «¡Mierda! ¡Se me olvido el arco!» Le dije al lobo:

—Espérame aquí, ya vuelvo.— Giró su cabeza y se sentó en sus cuartos traseros.

Regresé corriendo, subí la peña, entré de golpe y le dije a Ray, mientras corría a la habitación:

—¡Se me olvido el arco!— Entré, busqué entre mis cosas y lo saqué… Era muy lindo, era el arco que había encontrado en las ruinas subterráneas del cementerio. Volví a salir corriendo, solo diciendo:

—¡Ahora si! Nos vemos al rato…— Llegué corriendo de nueva cuenta hasta el lugar…

Kalya volteó a verme y dijo:

—¿Ese es tu arco? ¿Puedo verlo?— Yo asentí con la cabeza y se lo pasé… Ella lo vio y dijo: —¡Vaya! De muy buena calidad para ser un arco humano, aunque se ve que es bastante antiguo, tiene muy buena pinta… Pero no nos servirá para que aprendas. Este arco es demasiado para una principiante, será como sí tirara el arco y no tú. Te prohíbo usarlo hasta que por tus propios medios, hayas podido atinar a los blancos más básicos.— «Esto será difícil… Nunca he podido hacerlo bien. Incluso el guardabosques renunció a seguir enseñándome… ¡Qué vergüenza!» Me empezó a entrar pena y le dije:

—Kalya… ¿Y sí mejor lo dejamos para después? Me imagino que estás muy ocupada… ¡Jijiji!

—Mmmh… No te acobardes, Arlinne. Nunca pensé que fueras así.— «¡Buuu! No hay opción…» Ella me pasó un arco pequeño… Era muy ligero. Me dijo:

—Este estará bien para que aprendas. Lo primero que tengo que enseñarte antes de que lo intentes, es… Que en esto no importa la fuerza, sino la habilidad. La misma flecha salida de este arco es igual de mortífera, peligrosa y certera, que la que sale de un arco enorme de esos que usan los humanos. Lo que realmente importa es tu destreza. Ahora, ve hasta esa línea que tracé en el piso y muéstrame como apuntas…— Estaba nerviosa… Traté de recordar lo que me había enseñado el guardabosques. Kalya me dio un par de flechas… Por un momento dudó y mejor se paró detrás de mí… «Buena decisión… Esto será peligroso».

Me paré, abrí el arco de mis pies y puse la flecha entre un espacio de mi dedo pulgar y el dedo indicé… Como me habían enseñado. Tensé la cuerda y disparé… «¡Pfff!» Volteé a todos lados… Kalya negaba con su cabeza. Le dije:

—Lo siento…

—¡Sí eres mala, muy mala! ¡Jajaja!— «¡Buuu! ¡Qué pena!» Ella continuó:

—No te preocupes, mira… Lo primero que vamos a hacer es… Mmmh… Muéstrame tu posición.— Me paré y abrí el arco de mis pies… Ella se botó en risas…

—¿Arlinne, tienes las piernas chuecas? ¡Jajaja!

—¡No…! ¿Por qué?— Ella se paró detrás mío, puso su rodilla entre mis piernas y me acomodó. Dijo:

—No dobles las rodillas, solo mantenlas ligeramente flexionadas… Además, esto es solo para empezar. Cuando lo logres y hayas entendido como funciona, podrás disparar en cualquier posición, incluso acostada. Solo relájate y mantén tu arco flexionado, pero no las dobles tanto… Apóyate de tus pies, con los talones.— Me paré como había dicho… Me dijo:

—Ahora… El arco lo estás tomando bien, pero no es necesario que lo tenses tan fuerte. Ya te dije… La arquería no es de fuerza, hay arcos pesados, hechos especialmente para personas muy fuertes, pero eso aquí no importa. Este arco no requiere esa cantidad de fuerza, solo ténsala suavemente hasta que sientas el punto de inflexión.— Me tomó de los brazos por detrás… «¡Qué tetas tan grandes que tiene…! Espera un momento… ¿No serán sus tetas, las que le dan esa destreza con el arco? Sí es así… Estoy perdida». Ella dijo:

—¡No te distraigas! Ahora, empieza a tensar… Suficiente. ¿Lo sientes…?— Sentía que exactamente en esa tensión, la cuerda estaba justo en el punto donde cambiaba su física.

—¡Sí!

—¡Perfecto! Ahora, apunta…— Ella volteó a verme y se volvió a reír…

—¡Jajaja! ¡Por qué cierras los ojos?

—No los cierro…— Me esforcé nuevamente… Ella dijo:

—¡Jajaja! Tampoco hagas los ojos bizcos.— «¡Uuy! ¡Qué pues!» Ella me dijo:

—Mira… Para que te sea más fácil, pon uno de tus pies por delante y ahora tensa, apunta y cierra el mismo ojo del pie que tienes en la parte de adelante… ¿Lista?

—¡Sí!

—Bueno… Dispara entonces. Dale a ese blanco que está en ese árbol…— Respiré profundo, vi con mi ojo abierto el blanco, le apunté y disparé… La flecha voló y se clavó por debajo del blanco… Cerca, pero no lo suficiente. Aún así me dio gusto, por fin había estado cerca de pegarle a algo.

—Bien… Al menos, esta vez vimos donde pegó tu flecha.— Le dije:

—Me sería más fácil, sí te viera hacerlo…— Ella volvió a reír… «¡Pfff…! Soy la botana».

—¡Jajaja! ¿De qué te serviría? Yo ya pasé por esto, mucho antes de que tú hubieras nacido, solo te confundirás… Pero bueno, sí es tu deseo… Observa.— Como sí fuera un relámpago, tomó su arco de la espalda y en un solo movimiento que no duró más de dos segundos… Disparó. «¡Qué veloz…! ¡Y sin hacer ningún esfuerzo, ni apuntar, ni nada…!» Volteé a ver el blanco… Su flecha no estaba. «¡Mmmh…!» Le dije:

—Muy veloz… ¿Pero dónde está la flecha?

—Revisa bien…— Revisé… No estaba en el blanco. Fui hasta el árbol… «No, no está. Solo está mi flecha aquí debajo… ¡Increíble!» Mi flecha estaba partida en dos por la flecha que ella había disparado hace solo un instante… «¡Cómo hizo esto? ¿Y sin apuntar?» Regresé corriendo y dije:

—¡Cómo lo hiciste, sin siquiera apuntar?

—¿Quién te dijo, qué no apunté? Claro que lo hice, pero como te dije… Yo ya tengo mucha práctica. Cuando tú lo logres y empieces a hacerlo con naturalidad, poco a poco iras haciendo el proceso mucho más fácil y rápido.— Lo volví a intentar… Está vez mi flecha, pego un poco más arriba, me iba acercando. Me dio un poco más de flechas y dijo:

—Arlinne… Como tomas la flecha está bien, pero intenta tomarla como lo hago yo. En lugar de apoyarla en tu pulgar, flexiona tu dedo índice y medio. Ponla en el espacio entre los dos, sujetándola, apretando ambos al mismo tiempo que tensas el arco…— Lo intenté y dijo: —Ahora, dispara…— La flecha voló y le pego al blanco. «¡Lo hice! ¡Sí, le di! ¡Qué alegría!» Me quedé viendo mis dedos… Que fácil había sido de esa manera. Lo volví a intentar, esta vez abriendo bien los ojos… Lo volví a hacer. Sus consejos de verdad me habían funcionado, me puse muy contenta y la abracé. Ella empezó a reír y dijo:

—¡Jajaja! ¡Qué afectuosa!— La solté… «¡Qué vergüenza!»

—Lo siento. Estaba muy emocionada…

—Sabía que podrías, desde el momento que te vi peleando en el campo de batalla… Eres muy diestra. Sigamos practicando.

Seguimos así toda la mañana… Poco a poco, le estaba tomando el gusto. Al final pude darle a todos los blancos. Ella dijo:

—¡Bien! Ahora intenta, usando tu arco.— Lo saqué… Mi arco tenía cuatro cuerdas. Me quedé pensando… Ella se acercó y me dijo:

—¡Jajaja! No te asustes. Cada cuerda está montada con diferente tensión. Mira, la más larga es la más floja y así… La más corta es la más tensa.— Le dije:

—Yo solamente lo encontré en un tesoro que ganamos… La verdad, nunca he intentado usarlo.

—Ya veo… Arlinne, es un arco mágico de muy buena calidad. Te servirá bien. Intenta tirar con la más larga.— «¡Mágico…? Ni siquiera se me había ocurrido revisarlo». Hice como ella me había dicho. Lo tensé tan fácilmente… Se sentía tan suave, como sí la cuerda fuera tan delgada como un cabello.

La flecha salió silbando, emitiendo un sonido muy particular… Como el silbido de un ave. Dio justo en el centro del blanco… Le dije, emocionada:

—¡Ya veo, vaya que es mágico!

Seguí probando con el resto de las cuerdas, todas emitían sonidos distintos al disparar… Me pude dar cuenta de que entre más corta la cuerda, la flecha salía impulsada mucho más fuerte. Tanto, que se encajaba en los objetivos casi a la mitad de su longitud o más. Kalya me dijo:

—Con eso hemos terminado… Ya estás lista. Ahora eres una guardabosques de verdad. Vamos a comer algo, traje algo para almorzar.— Fuimos y retiramos las flechas de los árboles con mucho cuidado y nos sentamos un rato a la sombra. Ella sacó una especie de emparedados de una canasta… Yo estaba sorprendida… «¿Por qué Kalya se ha vuelto tan amable conmigo?»

Recibí la comida y le agradecí. Ella dijo:

—Arlinne… Después de todo no eres tan tonta como pareces.— Iba a sonreír, pero me aguanté y le dije:

—¿En serio, siempre parezco tonta…?

—Pues… Me diste esa impresión. De ese tipo de chica, que va ganándose la vida, haciendo caras tontas y embelesando a los hombres con sus boberas… ¡Jajaja!— Reí y le dije:

—¡Jajaja…! Como sí eso fuera posible para alguien como yo…— Me dijo:

—¿Quieres contarme?

—Sí tú quieres… No hay mucho que contar, solo que… Soy un niño afeminado con cuerpo de chica, eso es todo…— Me entristecí, sin querer y ella dijo:

—¿Esto pasó por tu voluntad?

—No realmente… Pero siempre pensé que había sido una maldición. Aunque la verdad, es que yo ya tenía estos gustos y comportamiento, mucho antes de cambiar físicamente…

—Vaya… No soy muy empática, como ya lo sabes, Arlinne. Pero me alegra que después de todo, lo que me imagino que has vivido a causa de eso, sigas feliz y hacia adelante.— Le dije:

—Por poco…— Ella se me quedó viendo y preguntó:

—¿Cómo qué por poco?

—De más joven, siempre estaba deprimida y con pensamientos suicidas… De hecho, de no ser por Ray, muy probablemente, yo ya estuviera muerta…

—¿En Tsun, verdad?

—Sí, lo siento…— Se puso de pie y dijo:

—Menos mal, Arlinne. Al menos fue por una buena causa… Me alegro de que Ray me haya mandado al carajo, sí esas eran las condiciones.

—De verdad, lo siento. Yo no sabía nada de lo suyo… De hecho cuando te encontré en el camino, pensaba que jamás volvería a ver a Ray. Por eso te dije eso…— Ella dijo:

—Él se fue, porque se dio cuenta, ¿verdad?

—Sí… Una parte de mí pensaba que jamás lo volvería a ver, pero otra ardía en ganas de que regresara…— Ella empezó a reír y dijo:

—¡Jajaja! Regresó, ¿no? Ya no estés triste… Te saliste con la tuya.— Le dije, mirándola a los ojos:

—¿Cómo te diste cuenta? ¡Se nota…?

—No, tranquila. No se nota, nada de nada. Sí lo supe, fue por tu aroma… ¡No soy la líder de las cazadoras solo por ser la hija de la reina!— Me avergoncé y le dije:

—¿A qué huelo…?

—A chica y chico, al mismo tiempo… No era el olor de Ray y era tan parte de ti, que la única opción podía ser esa.

Terminamos de comer y ella dijo, poniéndose de pie:

—¿Cuándo partirán?

—En un par de días o tal vez, tres…

—Cuídense mucho… Yo no marcharé a Montloarc. Dimití de las cazadoras para dedicarme tiempo completo a ser la alumna del guardabosques… Bueno, eso sí me recibe.

—Estarás bien.

—Antes de partir… ¿Podemos platicar un poco de él?— Le dije, volteando al piso:

—No sé mucho acerca de él, Kalya… Es igual un misterio tanto para mí, como para ti…

—Solo atemos cabos, ¿sí?

—Está bien…

—¿Estás de acuerdo, qué no es un humano común y corriente?

—Eso, sí es de verdad humano…— Ella asintió con la cabeza y dijo:

—Sí… Desde que mi madre tenía mi edad, él ya habitaba los bosques al norte…— Me sorprendí al oír eso y dije:

—¿Qué edad tiene tu madre? Digo… Sí se puede saber.

—Ni yo lo sé con certeza… Pero debe de tener arriba de quinientos años.— «¡Pfff! Cuando yo tenga quinientos años, no van a quedar ni las cenizas de mis huesos…» Le pregunté:

—¿Y tú?— Ella apretó su rostro y dijo, apenada:

—Yo solo soy una niña… Tengo sesenta y siete.— Empecé a reír y dije:

—¡Jajaja! ¡Aah…! ¿Así qué eres una abusadora de menores! ¡Jajaja!— Me pellizcó el brazo…

—¡No…! Es diferente, nosotros ni siquiera salimos del bosque antes de tener cincuenta…— Le dije, sonriendo:

—Me lo imagino, solo estoy bromeando. No me pellizques…— Ella dijo:

—En fin… El guardabosques parece que siempre ha tenido la misma edad, ¿de qué se trata? —No lo sé… Yo siempre pensé que era una persona común y corriente, hasta hace poco me di cuenta de todo esto y algo me hace pensar que el hechicero, mi otro maestro es su amigo y se conocen de algo… Y con él es la misma situación. Parece un anciano, pero ahora sé, que hay algo más…— Ella se quedó pensando y dijo:

—¿Serán dioses?

—¡Jajaja! Lo dudo. Sí son poderosos y todo, pero no lo creo.

—Sí… Tienes razón.

—Dejemos de pensar en esas cosas… Al menos para mí, están muy fuera de mi alcance… Por otra parte tú, seguro tendrás una oportunidad de satisfacer tu curiosidad, sí te acepta como su alumna…— Me levanté y me despedí…

—Gracias por todo, Kalya. Mucha suerte…— La abracé… Nos quedamos un momento en silencio y ella empezó a acariciar mi cabeza. Dijo:

—Ve con cuidado, Arlinne. Estoy segura, de que nos volveremos a ver… Algo me lo dice, pero también me dice, que no será pronto.

Regresé con el lobo a la cabaña. Había empezado a atardecer… «¡Pfff! ¡Lo olvidé…» Le dije al lobo:

—Espérame aquí, ya vuelvo.— Salí corriendo de la cabaña y regresé con Kalya antes de que se marchara… Le dije:

—Kalya… Disculpa. Un último favor. ¿Tendrás algo que me sirva para usar como silla de montar…? Es para mi lobito, perdimos la anterior.— Ella dijo:

—¿Cómo puedes perder algo así?

—¡Ah…! Es que es medio inquieto.

—Sé lo que te puede servir. Te lo dejaré en el establo el día de mañana a primera hora.

—¡Gracias, Kalya! Te debo una. Bonita noche.

Regresé a la cabaña… Ray no estaba. «¿Dónde andará…?» En eso, escuché una voz… Era Ana…

—Amor… Arlinne…— Entré a mi habitación y le contesté:

—Ana… ¿Dime, qué pasa?

—Arlinne. Es solo para informarte de la situación en Montloarc. La situación está muy mal, ni siquiera pudimos entrar a la ciudad.— Se oía alterada… Le dije:

—¡No! No entren, sí la situación es esa. Espérenos a una distancia prudente… Hablaré con todos a ver si podemos partir el día de mañana a primera hora…

—Está bien, amor.

—¡Por favor, cuídense mucho! Vamos para allá, espérenos algunos kilómetros alejados de las murallas en la dirección que vamos a llegar.

—Está bien, así lo haremos. Te quiero, no tarden.

—Yo también te quiero mucho, cuídense, por favor.— Cortamos la comunicación…

Ray venía entrando a la habitación… Le conté lo que había pasado y en la cena, le contamos a todos… Todos estuvieron de acuerdo en partir el día de mañana. Ya en nuestra habitación, le dije a Ray:

—¿Conseguiste caballo, amor…?

—No… Los caballos que tienen los elfos, son buenos, pero no tienen mucha resistencia, no servirán para los tramos que estamos acostumbrados a viajar…

—¡Está bien! No hay tiempo, montaré al lobo a como de lugar. Puedes usar ahora tú, el que era mi caballo.— Él asintió con la cabeza y nos fuimos a dormir temprano, para madrugar.

Por la mañana, todos estábamos listos… Salimos al establo, ahí estaba Kalya. Me dijo:

—¿Creí que no partirían hasta dentro de algunos días?

—Las cosas se complicaron en Montloarc, nos marcharemos en este momento.— Ella me extendió un protector para silla, modificado con una tela más abullonada de lo habitual. Lo probé… Le quedaba perfecto.

Todos montaron en sus caballos… Le dije a Kalya:

—¡Gracias por todo! Nos vemos. Por favor, avisa a tu madre, que tuvimos que partir un poco antes por la urgencia de la situación. Dile que le estamos muy agradecidos.— Ella asintió.

Era el momento de la verdad… Caminé hasta el lobo, le acomodé el protector… Él entendió y se echó, para que yo pudiera subir. Me acomodé y cuando sintió que yo estaba lista, se levantó… ¡Lo había logrado! Se echó a andar fuera del establo… Le sonreí a Kalya y partimos.

Fin del Capítulo 16.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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