Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 17
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Capítulo 17: Capítulo XVII: Sitio.
Capítulo 17.
Salimos por la mañana del claro de la muralla… Atravesamos y continuamos por el camino en dirección oeste, rumbo a la capital de Montloarc. Debíamos darnos prisa, me preocupaba Ana y todos los demás, no dejaba de pensar en eso… «¿Y sí los monstruos ya han destruido las defensas…? Y están atacando directamente la ciudad… Espero que lleguemos a tiempo». Ray dijo, montado desde el que había sido mi caballo hasta ese momento:
—¿Arlinne, cómo se siente?— «¡Eh! Cierto… Voy en el lobito». Era muy ligero y muy veloz, prácticamente se conducía solo, como sí me hubiera montado y él por sí mismo, siguiera el paso de los caballos. Le contesté:
—¡Muy bien! Es como, sí él hiciera todo solo, ni siquiera tengo que dirigirlo.— Sonreí, mientras acariciaba al lobo.
Continuamos así de esa manera casi hasta el anochecer, momento en que Ray me dijo:
—Arlinne, debemos descansar. Sí el lobo no lo necesita, el resto de los caballos, sí.— Asentí con la cabeza. Nos detuvimos al lado del camino, estábamos por salir del bosque…
Grand se dispuso a tender el campamento, ya empezaba a hacer mucho frío… Fui por mi abrigo y me lo puse, además de sacar algo de alimento y agua para el lobo y los caballos. Le dije a Ray que estaba cerca de mí:
—Estoy preocupada… ¿Podemos continuar, después de un rato?
—No, Arlinne… Sé como te sientes, pero de nada nos servirá llegar exhaustos. Debemos descansar por lo menos algunas horas, saldremos en la madrugada.
—Está bien…— Me puse a dar de comer a los animales.
Después de cenar, me volvió a llegar a la mente mis asuntos con Ana… Debía hacer un esfuerzo por no pensar en eso, tenía que concentrarme en la batalla que estaba por venir… «No puedo estar distraída, no quiero cometer un error…» Sin querer en vez, empecé a pensar en mi sueño con Linna… «¿Cómo pude haber olvidado todo eso…? Es verdad, soy un desviado desde que era un niño…» Sin querer, una sonrisa se dibujó en mi rostro… «¡Ese vestido era muy hermoso…! Como me gustaría, aunque sea una sola vez en la vida poder lucir un vestido como ese en público…» Sin querer me quedé dormida, sentada cerca del fuego, con mi abrigo puesto y envuelta en mi mantita…
Desperté… Ray me movía del hombro, aún estaba oscuro… Me dijo:
—Peque, prepárate. Pronto amanecerá.— Traté de decir algo, pero solo murmuré incoherencias… Y él dijo:
—Sí, te entiendo.— «Espera un momento… ¡Me entendió?» Recompuse mi voz y le dije: —¡Cómo me entendiste? Ni yo me entendí…— Él dijo:
—Siempre hablas de esa manera, cuando acabas de despertar o mientras duermes. Ya me he acostumbrado. Dijiste, que aún tenías mucho sueño.— «¡Exacto…! Eso es lo que pensaba, cuando balbuceé esas incoherencias». Me puse de pie y lo abracé, le dije:
—¡Cuídate mucho, amor! Seguramente antes del final del día de hoy, tendremos que pelear nuevamente…
—Lo sé, no te preocupes. Cuídate mucho tú también.— Asentí con la cabeza y empecé a levantar mis cosas.
Todos nos alistábamos, para partir… Les dije a todos, llamando su atención:
—¡Por favor, todos! Cuídense mucho el día de hoy.— Ellos asintieron. «¡Muy bien! Ahora llegar hasta allá y ver cuál es la situación…»
Salimos y apretamos el paso… Antes de mediodía, ya podíamos ver el humo en el cielo. Nos acercábamos. Y entonces… Los vimos. Era un pequeño campamento. Ana y los demás nos esperaban ahí. Desmontamos, Ana se sorprendió al verme descender del lobo, pero no dijo nada de eso en ese momento. Me dirigí a ella, la abracé y le pregunté:
—¿Cómo están?
—Bien, amor. No te preocupes. Pero el asedio es cada vez más fuerte… Seguro, es cuestión de horas para que atraviesen las murallas.— El capitán se acercó a nosotros, nos saludó y dijo:
—Jóvenes, esta es una situación difícil… ¿Tienen algún plan? Y de ser así, por favor, denme instrucciones para mis muchachos y para mí…— Ray dijo:
—Sí. Trazamos un plan, pero primero tenemos que valorar la situación, capitán.
—Ya veo…— Le dije:
—¿Capitán, hay alguna colina o peña cerca de las murallas? Desde donde podamos ver sin ponernos en riesgo…— Él se quedó pensando y dijo:
—Sí, síganme…— Los muchachos del capitán se alistaron y montaron, así como Ana y Miranda. Le dije a Ana:
—Amor… No me gustaría que pelearas esta vez.— Ella me dijo en secreto:
—¿Cómo crees…? No puedo hacer eso… Sé que te preocupas, pero confío en que vamos a estar bien.— Le dije:
—¡Por favor, cuídate mucho!— Ella asintió, mientras subía a su caballo. Partimos dirigidos por el capitán, hasta el lugar en cuestión.
Estábamos como a un kilómetro de la ciudad… Era un poco lejos, pero más cerca podía ser peligroso. Podía ver más o menos lo que pasaba… Les dije:
—Este lugar es perfecto. Por lo menos, sí atacamos desde aquí, no nos emboscarán por la espalda…— Ellos seguían viendo la situación…
Una horda de monstruos, la mayoría pestes, acompañados de una media docena de trols gigantes, como los que enfrentamos en el bosque, se embatían en las murallas. Del lado de Montloarc, los soldados y la caballería, hacían lo que podían desde las murallas, junto con uno que otro hechicero, que lanzaba ráfagas desesperadas desde lo alto… Solo era cuestión de tiempo. Incluso los trols podrían destruir la muralla sí se lo proponían… Algo llamó mi atención y desde el sur, a lo lejos, alcancé a ver algo raro… Les dije:
—¡Miren, vean eso!— Todos voltearon hacia el sur y el capitán dijo:
—El tiempo está contado…— Eran armas de asedio… Las arrastraban lentamente, para ponerlas en posición frente a las murallas. Les dije:
—¡No hay tiempo! Esto es lo que haremos… Lianne y Ana se quedarán en la retaguardia, apoyándonos desde la distancia. Camille un poco más adelante, acompañando al capitán. Todos los demás, bajaremos hasta ellos y los enfrentaremos… Antes de eso, desde la mayor distancia posible, Lianne y yo intentaremos disipar la magia en ese lugar. Lianne ahí te quedarás en ese lugar, para que tengas rango junto con Ana. Desde ahí iremos los demás. Cuando lleguemos al lugar, hay que hacer una magia que cause impresión en las pestes, para que podamos darnos cuenta sí surtió efecto el haber disipado la magia… Sí surtió efecto, las pestes saldrán volando al ver a los trols caer envueltos en llamas… ¿Hasta aquí alguna pregunta…?— El capitán dijo:
—Su eminencia… Lo siento, pero me gustaría pelear con ustedes en el frente.— Le dije, tratando de disfrazar mis intenciones:
—Lo siento capitán, pero alguien debe de proteger a las chicas… Sí por alguna causa algunos monstruos las atacan y no podemos detenerlos adelante, estaremos en problemas… Incluso me gustaría que los chicos se quedaran ahí, con usted. No se preocupe, estoy segura de que verá bastante acción antes del final del día… Por otra parte, el hecho de que estén atrás, será momentáneo… Por favor, sí tenemos éxito y limpiamos la entrada, me gustaría que se reposicionaran detrás de nosotros junto a las murallas. ¿Está bien?— Lianne interrumpió mi discurso…
—Lo siento, renacuajo. Tengo que ir al frente con ustedes… Al menos a una distancia desde donde los esqueletos puedan pelear también.— «¡Pfff!» Ana agregó:
—¡Cierto…! Quedémonos mejor, unos pasos atrás de ustedes todo el tiempo. Estoy segura de que después de todo, será el lugar más seguro de todo el campo de batalla.— «¿Por qué…? Lianne, tenías que meter tu cuchara…» Volteé a ver a Miranda y a Grand, como para saber sí se hacían responsables por ellas… Ambos asintieron.
—Está bien… ¡Entonces, prepárense! Iremos callados y sin correr, hasta el momento que estemos a la distancia para disipar. Después de eso, atacaremos.— Bajamos la pequeña colina y fuimos a dejar los caballos a unos árboles un poco alejados… Dejé al lobo y le dije: —Aquí quédate y no te comas a los caballos…— Él empezó a gemir, como si quisiera acompañarme…
—¡No! Será peligroso…— Se levantó y me empezó a lamer la cara… «¡Aquí todos hacen lo que quieren…! Está bien, que remedio…» Le quité la funda que usaba como silla de montar y la guardé en las alforjas del caballo de Ray. Él se puso contento, como sí le encantara pelear y supiera lo que estaba a punto de acontecer…
Nos dirigimos hacia el lugar… «¡Muy bien! Momento de dejar de estar nerviosa… Lo siento por las pestes sí están controladas, pero sí no, me encargaré de que se arrepientan de atacar a las personas…» Llegamos hasta el lugar que creímos conveniente… Prácticamente estábamos dentro del campo de batalla… Solo que los monstruos no lo habían notado aún, porque estaban concentrados en su ataque… Era el momento, hice una señal y al mismo tiempo, soldados virzuk se dieron cuenta de nuestra presencia… Ray dijo:
—¡Arlinne, hagan su conjuro! Nosotros los detendremos.— Asentí y dije:
—¡Estás lista, Lianne?
—Sí, empecemos.— Empezamos a canalizar nuestro conjuro para disipar toda la magia dentro de una área. Como lo había hecho con los esclavos y en la batalla contra el viejito Sendius… «Esta vez necesito que sea una área mucho más grande, lo más grande que se pueda, para que cubra la mayor cantidad del campo de batalla…»
Me concentré y en mi mente las imágenes se empezaron a formar por sí mismas… Me imaginé la serenidad de la noche, me imaginé un bosque tranquilo y sereno… Donde todas las bestias descansaban en paz, al claro de la luna que reflejaba su luz en un enorme lago, mientras el mundo se detenía por un momento… Lo dejé salir todo de golpe y una luz nítida, empezó a brillar en el centro del campo de batalla, botando destellos hacia todos lados… La magia de Lianne vino después y cubrió muchas zonas que yo no había podido alcanzar. Por un momento hubo un silencio mudo en todo el lugar… Las pestes y los trols, se veían los unos a los otros, desconcertados… Como sí no supieran lo que estaban haciendo en ese lugar.
Ray y los chicos ya forcejeaban con los virzuk a unos pasos delante de nosotras… Me sentía cansada, pero apenas comenzaba. Volteé a ver a Lianne y ambas asentimos. Me concentré una vez más y esta vez canalicé mi conjuro de fuego… La luz del cielo se abrió sobre uno de los trols y el viento cálido del conjuro de Lianne empezó a resoplar en todo el lugar… Un segundo después, el chorro de llamas descendió desde el cielo, envolviendo a un trol y todo lo que se encontraba a su alrededor… Las pestes esta vez, reaccionaron al instante y empezaron a correr despavoridas en todas direcciones… Pero era demasiado tarde. Los vientos cálidos del conjuro de Lianne, estallaron en llamas y envolvieron a las pestes que corrían en nuestra dirección y a un par de trols más…
Habíamos dejado casi limpio el frente. Los trols restantes, empezaron a correr en dirección del llano… Pero nuestro pequeño triunfo, solamente sirvió para que una horda de virzuks y pestes se desatara desde atrás, de donde venían las armas de asedio. Me preparaba nuevamente para disipar la magia… Lianne tomó mi hombro y dijo:
—Yo me haré cargo de eso, renacuajo… Y Ana me ayudará. Pelea en el frente con los demás, cúbrenos, necesitaremos tiempo.— Al terminar de decir eso, alzó los brazos y la tierra en frente de nosotros se empezó a remover desde abajo. Eran los esqueletos… En un instante, Canciller voló a su lado y dijo:
—A sus órdenes, su eminencia.— Volteó en todas direcciones y agregó:
—Ya veo… ¡Por fin, estamos en la tierra que nos vio nacer! Déjelo en mis manos, su eminencia. ¡Los chicos y yo, estamos listos!— El capitán, sus chicos, Ana y Miranda, quedaron perplejos… Sí bien habían notado a los esqueletos la vez anterior, nunca habían dado por hecho, que eran directamente nuestros aliados… A lo mejor, solo pensaron que eran esqueletos esclavos, marionetas mágicas, cascajos vacíos, pero nada más lejano de la verdad…
Los esqueletos se levantaron del piso, con sus armas, armaduras y uniformes. Vieron alrededor y se pusieron en formación delante de nosotros. Definitivamente eran sus tierras y su batalla… Portaban el mismo uniforme que las docenas de cadáveres de personas que había alrededor de nosotros que sin duda pertenecían a los defensores de la capital.
Iba a desenfundar mi espada, pero decidí probar… Saqué mi arco. Todos me observaban… Las pestes se acercaban junto con los virzuk, iba a disparar, mientras nadie se perdía un solo detalle y recordé… «¡Mierda, no tengo flechas!» Saqué la lengua, guiñando un ojo y dije:
—No tengo flechitas…— Todos rieron nerviosamente… Pero un esqueleto, corrió hasta un defensor caído, le arrancó su carcaj y me lo presentó. Le di las gracias, lo puse en mi espalda para tratar de ajustarlo… Ray dijo:
—¡Yo me encargo, comienza a disparar!— Se pasó a mi espalda y lo sostuvo, mientras lo ajustaba… Comencé a disparar a los virzuk. Me concentré, tenía que darles en su cuello y sus partes descubiertas… Disparé una y otra vez, mientras el arco silbaba.
Una vez empecé, es como si lo hubiera hecho toda mi vida. Uno tras otro, caían atravesados en su cuello y cabeza… Todos se asombraron y Ray dijo:
—¡Vaya! ¡Kalya sí que te enseñó, pero será mejor que saques tu espada, ya están aquí!— Después de unos cuantos disparos, lo volví a guardar y saqué mis armas. Les dije:
—¡Vamos, que se ve que son bastantes!— Sonreí y avanzamos.
Camille lanzó algunos conjuros de protección sobre todos nosotros y avanzamos para enfrentar a los invasores… Nos enfrascamos en la batalla y solamente alcancé a oír algunos gritos en las murallas y el sonido del puente descendiendo…
Me movía entre los atacantes, bloqueando sus ataques y atacando, aprovechando mi agilidad… Pero en un segundo estuvimos envueltos… Eran demasiados de verdad, muchos más que en el bosque… Les dije, gritando:
—¡Cierren sus posiciones, no los dejen avanzar!— Todos gritaron afirmativamente… Éramos mucho más fuertes que ellos, pero ellos no dejaban de llegar. Ray le gritó a Grand y le dijo:
—¡Estás listo, Grand? Es hora de que vean, que también aprendimos un par de cosas con el hechicero…— Grand empezó a reír a gritos, mientras se quitaba a los virzuk con su enorme escudo, rematándolos con su hacha. Él contestó:
—¡Claro…! ¡Jajajaja!— Una vez se quitó al último, golpeó el piso con su escudo y se empezó a concentrar… «¡Qué es eso…? ¡El hechicero? ¡Aah! Ya veo… Mientras nosotras hacíamos nuestras pruebas, ellos pasaron todo el tiempo entrenando…»
Desde la sombra que formaba la silueta de Grand en el piso, empezó a emanar una aura… «¡Magia…? ¡No puede ser! ¿O sí?» Un virzuk llegó hasta él en el momento que había estado distraído y le lanzó un tajo con su hacha… Pero Grand empezó a reír y la detuvo solamente con su mano, tomándola por el filo, como si se tratara de un juguete… Grand apretó su puño alrededor de ella y esta, voló en pedazos para después mandar a volar al atacante virzuk de un solo puñetazo, metros adelante de él… Grand dijo a carcajadas:
—¡Jajaja! ¡No les enseñaron que no deben jugar con cosas filosas!— Volteé a ver a Ray, él también se concentraba rodeado por atacantes… Y ante la sorpresa de mis ojos, en un solo momento, cada atacante de Ray, tenía detrás de él, a una copia de Ray, atacándole por la espalda… «¡Ray se multiplicó..? ¡Cómo…? ¡Increíble…! Justo cuando pensaba que poco a poco los alcanzaba en el arte del combate cuerpo a cuerpo… Me han vuelto a demostrar que solo soy como una niña a comparación de ellos…»
Las imágenes que proyectaba Ray, se multiplicaron rápidamente a lo largo de la parte del campo de batalla donde nos encontrábamos… Todas embatiendo y derribando a nuestros atacantes al unísono, mientras Grand corría como un juggernauta hacia las hordas, haciéndolos volar en todas direcciones…
Oí el relinchar de caballos… El resto de la caballería de Montloarc estaba aquí. Había salido a apoyarnos. Poco a poco, ganábamos terreno y pronto podríamos avanzar hasta las armas de asedio e inutilizarlas. Cuando tuve un pequeño respiro, me di cuenta de que una figura montada se encontraba a lado mío. Escuché una voz femenina…
—¡Tú debes de ser la hechicera, Arlinne de Veranda! El gremio del lobo plateado nos informó que venían para acá, como refuerzos. ¡Gracias por venir en nuestra ayuda! Llegaron justo a tiempo.— Se quitó por un momento el casco… Era una chica de piel morena con profundos ojos negros… Continuó:
—Mi nombre es Dilara, soy la sub comandante de la caballería. ¡Encarguémonos de esas armas de asedio!— Estaba distraída y no vi un atacante que venía directo a mí… Pero justo cuando la chica caballero, me iba a avisar, el lobito se lanzó, atrapó al vuelo a mi atacante y lo termino en el piso con sus afilados colmillos… Le dije a la chica:
—¡Sí! Pero no nos distraigamos. Estoy segura de que vamos empezando…— Le sonreí y me uní nuevamente a la batalla.
Íbamos ganando y ya solo quedaban pocos virzuks, como uno contra uno. Les dije:
—¡Avancemos y destruyamos esas porquerías de una vez!— Comenzamos a avanzar, pero nuevamente, una horda de pestes, esta vez acompañada por tres enormes dragones que volaban sobre ellos, dos de color verde como el que venció mi maestro en el bosque y otro un poco más grande de color negro, ya se dirigían hacia nosotros…
Las pestes llegaron primero y tuvimos que defendernos… Iba a voltear a ver a Lianne y Ana, pero antes de que pudiera reaccionar, una luz comenzó a brillar en el centro del lugar y las pestes se quedaron inmóviles, dudando sus acciones… «¡Excelente!» Después de eso, la magia de Lianne y Ana, las empezó a arrasar del campo de batalla, ahuyentando al resto de vuelta a sus podridas madrigueras… «Ahora solo los dragones…» Volteé a ver a Camille, ella sonrió y asintió con la cabeza. Ocupé mi posición frente a ella para defenderla, mientras canalizaba sus conjuros. No debía permitir que nadie la tocara… Miranda se dio cuenta y me empezó a ayudar, después de unos momentos, su magia se lanzó sobre los dragones y las dos bestias de color verde, se vieron la una a la otra y empezaron a volar de regreso, exhalando sus alientos a cualquier cosa que estuviera a su alrededor.
«¡Dos de tres no está mal!» Le sonreí a Camille. La bestia de color negro, iba a comenzar a resoplar sobre nosotros… «¡No puedo permitirlo…!» Esta vez, yo empecé a canalizar… Me concentré. «¡Debo de bajarla al piso a como de lugar…!» Lancé mi conjuro de hielo, con el que habíamos derrotado a la salamandra… Sabía que no había forma de que la venciera solo con eso, pero en su lugar, me concentré en sus alas como objetivo… Lancé mi conjuro, justo en el momento exacto. La bestia sintió como era envuelta por el viento helado… La interrumpió de exhalar sobre nosotros y la obligó a descender… Ray y Grand ya la esperaban. Sin siquiera darle un momento a la bestia para recolectar la situación. Grand la golpeó directamente en su cabeza con su escudo con toda su monumental fuerza, haciendo rebotar su cabeza hacia atrás, como sí fuera una pelota que está amarrada a una agujeta y descubriendo su pecho que había quedado pegado al piso…
En un instante, Ray se paró frente a ella y se empezó a concentrar. Iba a utilizar su corte más poderoso… Me preparé para tratar de ver con todo detalle… «¿Quién sabe…? Tal vez en un futuro puedo ser copiona e intentarlo yo misma…» Pero cuando estaba tratando de analizar la situación, una docena de imágenes de Ray, aparecieron alrededor de todos los flancos del dragón, todas actuando al mismo tiempo… En un suspiro, Ray y las imágenes desataron el corte… Los tajos iban y venían en todas direcciones, golpeando al dragón en fracciones de segundo… «Me rindo… Jamás podría hacer tal cosa». Una luz plata, iluminó el lugar y la sangre del dragón voló en el viento. Cuando todo termino, solamente quedó la bestia sin vida, tendida en el piso en un charco de sangre y Ray en la misma posición en que había comenzado. Volteé a ver al capitán, estaba anonadado…
Eso había sido increíble, pero estábamos lejos de terminar… Los urgí, gritando que debíamos continuar para ir por las armas de asedio. Nos disponíamos a avanzar, cuando oí el sonido como de un mecanismo, que se tensaba… «¡No!» Una enorme roca voló por los aires… Su blanco no eran las murallas, ¡éramos nosotros…! La roca venía directamente hacia donde se encontraban los miembros de la caballería de Montloarc… Chocó en el piso y se llevó a varios, tal vez media docena de ellos… Sus caballos relincharon y oí la voz de la chica, diciendo a sus hombres que se reposicionaran, pero una nueva roca salió disparada… Esta vez, iba dirigida directamente hacia ella… Intenté gritarle, pero todo pasaba muy rápido… Solo alcancé a ver, como antes de que la roca chocara contra el piso, algunos guerreros esqueletos de Lianne la empujaban de su caballo, salvándola apenas por un pelo. Me alivié por un instante, pero volví a oír ese sonido. Otra roca voló, esta vez iba directo a Lianne y Ana… «¡Diablos! ¡Debo darme prisa!» Corrí hacia ellas, pero nunca llegaría… A medio camino alcancé a ver, como Grand se me adelantaba, se paraba frente a ellas y recibía la enorme piedra, directamente frente a su escudo… Me asusté, sentí horror por una pequeña fracción de segundo, para luego ver como la piedra se hacía añicos, frente al escudo de Grand y él quedaba ileso, frente a las chicas… «¡Qué alivio…! ¡Suficiente!» Busqué al lobo a mi alrededor, nuestras miradas se encontraron y di un salto encima de él. Salí volando, cabalgando sobre de él, en dirección de las armas de asedio… «¡No permitiré que lastimen a nadie más!»
Llegué hasta ellas, estaba enfurecida… Di un salto desde el lobo y en el aire, sin saber como, canalicé mi conjuro de fuego… Justo al momento que toqué el piso, el chorro de fuego cayó encima de una de ellas, reventando las cuerdas y arruinando el mecanismo. Descendí corriendo, como una tormenta de filos sobre los virzuks que las custodiaban… En vano trataron de defenderse, yo estaba poseída… Como cuando peleé con los esclavistas en el camino hacia Therantos. Tan solo el hecho de pensar que Ana o Lianne, pudieron haber muerto ahí en ese momento, me hacía hervir la sangre, me daba bríos, velocidad y una fuerza muy lejos de la que solía usar normalmente. Mis cortes eran veloces y certeros, de nada les servía su armadura pesada, caían descuartizados frente a mí, uno tras otro. Bañándome en su sangre, fui recorriendo sus filas como un demonio, pensando… «¡Nada ni nadie, me arrancará a mis amigos de mi lado! ¡Ya pasé mucho tiempo sola! ¡No lo permitiré! ¡Así tenga que hacer arder el mundo en llamas…! ¡Nadie me separará de mi felicidad!»
Lanzaba llamaradas a los mecanismos y embatía a cuanto ser vivo se me ponía enfrente… «¡No me detendré hasta que estas porquerías no puedan hacerle daño a nadie más!» Por un momento quedé fuera de mí… No recuerdo nada más de ese momento. Lo primero que recuerdo después… Es que, Ray me sujetaba de los brazos, mientras yo estaba encima del cuerpo sin vida del último de los virzuk, tratando de seguir apuñalándolo aún después de muerto…
—¡Ya, Arlinne! ¡Ha sido suficiente! ¡Basta, detente!— Reventé en llanto, guardé mis espadas y me puse a llorar en su pecho… De reojo vi que los demás venían corriendo hacia nosotros, habré perdido la conciencia a lo más un par de minutos…
Traté de calmarme rápidamente, no podía permitir que los demás me vieran de esa forma… No podía asustar a Ana o a Camille, con esa faceta mía. Respiraba profundo aún sollozando y tosiendo, mientras Ray acariciaba mi cabello y decía:
—Amor, tranquila, respira, respira…— Sus palabras funcionaban de maravilla, dejé de sentir la furia por completo y me empecé a sentir muy cansada y un poco triste… Le dije:
—Todos están bien, ¿verdad, amor?
—Sí, amor. ¿Ya más tranquila?— Asentí con la cabeza y él me limpió el rostro de las huellas de mi llanto.
Todos llegaron hasta nuestro encuentro… Yo me sentía exhausta, no podía más, pero tenía que hacer un esfuerzo. Volteé al frente… Un grupo pequeño de virzuks se dirigía hacia nosotros. Les dije a los demás:
—Casi hemos terminado. Sigamos para que todos podamos descansar más tranquilos por la noche.— Asintieron, ilusionados con la idea de la victoria… Había tenido suerte, nadie había notado mi rabieta, más que Ray, Lianne y Grand.
Nos disponíamos a terminar de limpiar el campo de batalla… Lianne se acercó y me dijo:
—¿Todo bien, renacuajo?
—Sí… Todo bien.
—¿Crees que haya más monstruos?— Le dije bajito al oído:
—Espero que no, no puedo más.
Cuando por fin, estábamos a punto de encarar a los virzuk que venían hacia nosotros, la tierra empezó a temblar y a moverse… «¡Qué es esto? ¿Gigantes…?» Volteaba en todas direcciones… No veía nada. En ese momento, la tierra se abrió frente a los virzuk y una enorme criatura parecida a una sierpe los devoró y regresó a la tierra… Todos nos quedamos viendo, sorprendidos… «¡Qué demonios es eso? Nunca he leído nada de un monstruo como ese…» Les iba a decir que tuvieran cuidado, pero cuando mi boca se iba a abrir, tembló nuevamente y esta vez la bestia salió y engulló un par de caballeros con todo y su montura… Sin perder más tiempo, les dije:
—¡Suban a las máquinas de asedio, rápido, suban! ¡No se queden parados ahí en medio!
Subimos a lo que quedaba de las máquinas de asedio, que aún se encontraban humeantes, después de mi desplante. Nos quedamos observando el piso, para tratar de localizarla… «¿Qué podemos hacer…? Si esa bestia se suelta en la ciudad, será un desastre… Supongo que es lo que tenían planeado desde un principio». Mientras estaba perdida en mis pensamientos, salió de repente frente a nosotros… Parecía un enorme gusano, todo su cuerpo estaba cubierto de escamas del mismo color del piso, pareciera que no tuviera ojos en su cabeza, solo sus fauces. La vi abrir su boca y del interior salieron apéndices carnosos de color rosado y rojizo… Los movía alrededor, mientras giraba su cuerpo en todas direcciones. «¿Las ocupa para oler…? ¡Mmmh! ¡Ya veo! Así que es ciega». Les dije:
—¡No puede ver y estoy casi segura, que las placas de su cuerpo son muy resistentes! Vamos a tratar con magia…— Las chicas asintieron. Comencé yo… Canalicé mi conjuro de cadena de relámpagos y se lo lancé, pero como si estuviera al tanto del peligro, instintivamente cerró su boca. El relámpago la golpeó, pero no le hizo daño, sin embargo… Lo que sí hizo fue llamar su atención hacia mí… Les dije:
—¡Intenten con otras cosas, ya vuelvo!— Monté al lobo y me puse a correr en círculos alrededor de ella… Tenía que distraerla, sí atacaba la ciudad o las murallas y no podíamos detenerla, habría problemas… «A mí nunca me alcanzará…» O eso pensaba… La enorme sierpe me empezó a rodear en círculos, pero cuando supo lo que planeaba, me fue encerrando con el resto de su cuerpo, poco a poco no me quedaría más espacio para correr…
Lianne y Ana, la empezaron a golpear con todo lo que tenían, pero las escamas de la sierpe parecían ser inmunes a la magia… «¡Estoy en problemas…!» Afortunadamente en mi carrera, logré darme cuenta de algo… Después de algunos conjuros de fuego, la sierpe abría su boca y salía vapor de su interior… «¿Será coincidencia?» Me agaché hacia la cabeza del lobito y le dije:
—¿Puedes distraerla un rato, amigo? Por favor…— El lobo como si me entendiera, frenó su marcha cuando pasamos cerca de los demás y bajé de un salto. Él continuó corriendo entre la longitud de la sierpe, como si yo siguiera montando sobre él. Esperé a que pasaran y salí corriendo con el resto… Les dije:
—¡Es inmune a la magia, pero parece ser que no resiste el calor…! ¡La magia en sí, no la afecta, pero el calor debe expulsarlo de su cuerpo casi inmediatamente! Ataquémosla todas juntas con magia de fuego y cuando abra su boca, será el momento de que los chicos le den una golpiza… ¿Están listos?
Todas empezamos a canalizar conjuros de fuego… Solo unas cuantas llamaradas, para atraerla… La sierpe sintió la agresión y por fin, cambió su objetivo. Se dirigía directamente hacia nosotras… «Espero no equivocarme, jamás me perdonaré por poner en riesgo la vida de Ana o Lianne…» Cuando se encontraba lo suficientemente cerca, le hice una seña a Lianne… Utilicé mi conjuro de fuego y Lianne sus vientos ardientes. La sierpe los recibió de lleno y efectivamente, tuvo que frenar su marcha para abrir sus fauces y expulsar chorros de vapor, mientras se quejaba con unos gruñidos indescriptibles. Los chicos se acercaron y la empezaron a golpear en sus mucosas expuestas, pero estaba demasiado alto… Así que Ray tuvo que usar su corte. Nuevamente se multiplicó alrededor del lugar y lanzó los tajos… La empezó a golpear con todo lo que tenía. Grand sin poder hacer mucho, corrió hacia atrás de lo que parecía ser su cabeza y la empezó a golpear con toda su fuerza en la parte de su cuerpo que tocaba el piso… Los embates de Grand eran tan tremendos, incluso el piso retumbaba cada que sorrajaba su escudo estrellándolo contra la sierpe, como si quisiera partir el piso con el cuerpo de la sierpe en medio… ¡Surtió efecto! La sangre de la sierpe empezó a llover sobre nosotros y esta se empezó a retorcer… Pero era demasiado fuerte y resistente. Por fin, la habíamos podido lastimar, se sintió en peligro y se retorció, dobló y rodó en un instante, para enterrarse de nueva cuenta en la tierra…
Se enterró por completo y la volvimos a perder de vista… Hice una seña a todos para que regresaran encima de las máquinas. «¡Qué hacemos…? ¿Cómo la sacamos de ahí?» En ese momento, mi preocupación se volvió realidad y vi como la tierra se separaba en una línea en dirección de las murallas de la ciudad… Les dije:
—¡Ahí está! ¡Va hacia las murallas! ¡Cómo la sacamos…?— Nos veíamos los unos a los otros, hasta que Camille dijo:
—¡Déjenmelo a mí! Solo sujétense…— Ella se concentró… Estaba canalizando un conjuro. «¿Qué piensa hacer…?»
Camille alzó sus brazos y al finalizar sus plegarias… El piso se empezó a mover en toda el área… «¡Aaah! ¡Ya veo! Es como el conjuro que el viejito demoníaco, Sendius, usó en nosotros…» Pero a diferencia del de él… Esta vez la tierra se movía de una forma violenta de un lado al otro, las máquinas crujían al sentir los desniveles del piso y la fuerza de la tierra… Ella dijo:
—¡Tengan cuidado! No los afectará directamente, pero siempre pueden caer en una grieta como la sierpe… ¡Jijiji!— Nos cerró un ojo en complicidad.
La potencia del movimiento aumentó, ya la tierra crujía y el piso se partía en pedazos alrededor de todo el lugar… Era demasiado peligroso, pero surtió efecto. Al paso de la sierpe, se abrió una profunda grieta y la bestia desconcertada por el violento movimiento del piso y las grietas que se habían abierto en su camino, salió nuevamente para tratar de rodear el lugar en donde se encontraba. Le dije a Lianne:
—¡Lianne, ahora!— Le volvimos a lanzar nuestros conjuros más poderosos de fuego… Los chicos corrían hacia el frente saltando las grietas y los desniveles que se habían formado.
La golpeamos de lleno y nuevamente rugió y abrió sus fauces… El vapor salía y los chicos aprovecharon para darle otra ronda… «¡No me arriesgaré a qué no sea suficiente!» Llamé al lobo y partí para alcanzarlos. Me apresuré lo más que pude, canalicé mi conjuro de salto y justo cuando Ray había terminado su corte, salté desde el lobo para caer directamente en las fauces de la sierpe… Con mis espadas la encajé, corté, rebané y piqué todo el interior de sus entrañas que estaban expuestas… La sierpe se retorcía, pero eso me ayudaba como con el gigante, para hacer mis cortes más letales… Aprovechaba su propia fuerza, para encajar mis espadas y afianzarme de ellas, mientras se retorcía. Sentí que la bestia por fin se proyectaba al piso, drenada de su fuerza… Desencajé mis espadas como pude y salí rodando de sus fauces, antes de que las terminara de cerrar. Ray se dio cuenta y me alcanzó a cachar en sus brazos… No de la forma más estética posible, pero todo era mejor que romperme la boca…
La bestia cayó muerta, desangrada por completo desde sus fauces… Retumbo el piso una última vez, cuando el resto de su cuerpo quedó tendido a lo largo del lugar. Ray me puso en el piso. Todos venían corriendo de regreso hacia nosotros… Hasta ese momento, fue cuando me di cuenta… Era un desastre. Estaba completamente bañada con la sangre de la sierpe de los pies a la cabeza, mi piel de color rojo y mi cabello pegajoso con la sangre que se empezaba a secar. Ray dijo:
—Que niña tan linda… ¡Jajaja!— Se empezó a reír junto con Grand… Me empecé a reír también… «¡Qué alegría! ¡Nuevamente tuvimos éxito!» El asedio había terminado, al menos por ese momento… «Ahora solo quiero darme un baño caliente para quitarme toda esta peste y dormir hasta pasado mañana. ¡Jijiji!»
Regresamos todos juntos hasta las murallas de la ciudad, nos acompañaban lo que quedaba de la caballería, una docena de caballeros y la chica. Los primeros en recibirnos al llegar al puente, fueron los esqueletitos de Lianne que se habían quedado custodiando las murallas, después de que fuéramos a destruir las armas de asedio. Canciller voló hacia Lianne y dijo:
—¡Sus eminencias, sorprendente! Los chicos y yo, estamos eternamente en deuda con todos ustedes.— Lianne dijo:
—¡Aah! ¡Cierto!— Chasqueó sus dedos y del piso empezaron a emerger nuevamente y sin rasguño alguno, los esqueletos que habían caído en el campo de batalla… Solo un par de ellos, los que salvaron a la chica de la roca. Lianne dijo:
—A mí no me deben nada y bueno… A renacuajo si le deben… Pero le deben de dar un buen susto de vez en cuando. ¡Jajaja! Le hará bien, para su digestión.— «¡Qué fea persona!» Se quedó callada por un momento y dijo:
—¿Van a pasar con nosotros?— Canciller respondió:
—Nunca podríamos hacer algo así… La gente no nos vería de forma natural, aunque nada nos llenaría de más alegría y orgullo que ver a nuestros seres queridos. Lo he hablado con los chicos y lo mejor será que regresemos a descansar en espera del contraataque. Lianne asintió y dijo:
—Está bien, descansen. Lo han hecho muy bien, gracias.— Los esqueletos se empezaron a enterrar nuevamente hasta desaparecer en el piso y Canciller hizo su acto de desaparición como siempre entrando en las paredes de la muralla.
La chica caballero, se detuvo un momento y nos dijo:
—Esperen un momento… ¡Ese era el ex canciller, Reon Lysander?— Ambas asentimos, ella dijo:
—¡Pero… Cómo?— Le explicamos lo que había pasado con el canciller y los legionarios en el bosque de Veranda y como habían llegado a convertirse en eso… Ella dijo:
—Ya veo… Que desgracia. No estábamos ni enterados. Por la premura del asedio, no habíamos puesto atención a otras posiciones, más que las más cercanas a la capital… Lo hablaré de inmediato con su majestad, para que se les haga un funeral con los más altos honores.— Yo dije seriamente:
—¿De cuerpo presente?— Ella se quedó en silencio y dijo:
—Lo hablaré con su majestad, sí es lo que desean…— Arremetí un poco molesta…
—¡No! ¡No es lo qué deseamos! ¡Es lo qué se merecen!— Ella se vio sorprendida por mi enojo y dijo:
—Claro… Por supuesto. Una disculpa su eminencia…
Ana, Miranda y el capitán, venían extrañamente en silencio desde hace rato. Por fin entramos a la ciudad… La gente se arremolinaba para vernos, mientras murmuraban. La chica caballero, dio algunas órdenes y dijo a un emisario:
—¡Informen inmediatamente a su majestad, qué el asedio ha terminado…! ¡Qué su eminencia, Arlinne de Veranda y sus compañeros, están aquí y nos han librado de los invasores por sus propios medios!— La gente estalló en vitoreos y alabanzas… «Este tipo de cosas no me gustan para nada…» Solo me limité a sonreír en todas direcciones y agradecer los cumplidos a diestra y siniestra… «¡Por favor! Solo quiero bañarme y dormir, no tienen que agradecerme nada de nada…»
Caminamos por las calles en dirección del castillo, le dije a la chica caballero:
—Dilara, ¿verdad?— Ella asintió y continué:
—¿Podrías indicarnos la dirección a una hostería con agua caliente, comida deliciosa y camitas cómodas? Por favor— Ella contestó:
—Nada de eso. Todos ustedes son huéspedes de honor, seguramente su majestad no permitirá que descansen, sí no es en el lugar más cómodo, es lo que se merecen…— Le dije interrumpiéndola y un poco molesta:
—¿Nada de eso…? ¡No quiero llevarte la contraria en todo, pero…! Dile a su majestad, que con mucho respeto, iremos a verlo y presentarnos en cuanto estemos mejor. Por favor.— Sonreí y agregué:
—¿La hostería…?— Ella no pudo más que asentir y dijo:
—Por aquí, su eminencia.— Por fin, llegamos… El capitán, Ana y Miranda, se despidieron, tenían que ir al gremio a informar de la situación y a reportarse. Le dije a Ana:
—Disculpa que no te abrace, pero soy un asco…
—¡Tonta!— Se lanzó a mis brazos y me dijo:
—Descansa mucho, amor. ¡Estuviste de nueva cuenta increíble… Todos ustedes lo estuvieron! Hubieras visto la cara del capitán…— Sonreí y le dije:
—Ya platicaremos después, amor. Lo siento, no puedo más.— Ella asintió y dijo:
—Sí, descansa, estaremos en contacto.
En la hostería ya nos esperaban… «¡Qué rápido corren los chismes en lugares como este…!» No tuve que pedir nada, nos dieron cuatro habitaciones, nos las repartimos y nos fuimos a descansar…
Abrí la puerta y el lobo entró por delante… Se echó en una esquina frente a la cama, yo solo me quedé viendo, mientras sonreía. Detrás de mí, entró Ray y dijo:
—¡Vaya, esta habitación cada vez está más concurrida…!
—¡No seas feo! Nada te hace… Deja que descanse aquí con nosotros, ¿sí?
—Está bien, amor. Te prepararé el baño.
Tomé mi baño junto con Ray… Tenía de verdad muchas ganas de que jugáramos juntos, pero estaba muerta. Solo terminé de bañarme, me sequé el cabello y me hundí en la cama. No me importaba que hora del día era. Les dije:
—Buenas noches, lobito. Buenas noches, Ray. Nos vemos pronto… Zzz…— Me quedé profundamente dormida.
*************************
«¡Vaya! Sí que está exhausta… Lo siento, Arlinne. Pero debo de buscar algo de comer e ir por los caballos». Volteé a todos lados y pensé… «No creo que me extrañe, pero por sí las dudas…» Silbé al lobo… Él volteó y le dije:
—¿Puedes cuidar de Arlinne en lo que hago unas cosas? Te recompensaré más tarde.— La bestia volteó, como sí analizara la situación y de un salto… Se subió a la cama y se echó en el que era mi lugar…
«¡Jajaja! Faltaba más…» Recargó su cabeza en la almohada y cerró los ojos… Me dirigí a él nuevamente… Él entre abrió uno de sus ojos, como para darse cuenta de que cara ponía al subirse a la cama…
—Sí ves que se cae de la cama y se lastima o se empieza a ahogar con sus babas o necesita algo, solo ladra. Vendré de inmediato. También cuida que nadie que no sea uno de nosotros entre a la habitación, ¿entendido?— Él ladró solo una vez y se volvió a recostar… «¡Jajaja! Quisiera pensar que me entendió, pero supongo que sí algo le pasara a Arlinne, seguro armaría un alboroto, con eso estoy tranquilo».
Me quedé un momento más en la habitación… Aproveché por fin, para terminar de vendar la herida en mi muñeca… «Perfecto. Arlinne no se dio cuenta… No es que no la ame, pero por ahora no quiero un berrinche. Solo quiero comer algo, tomar un par de tragos y descansar… Mejor que nunca se entere de que forma me herí la mano». Apagué la luz y salí de la habitación, cerrando con llave… «La otra llave está en la cómoda de su lado, espero que no sea tan tonta como para no darse cuenta, sí es que necesita salir». Caminé por el pasillo de las habitaciones de la hostería y cuando iba llegando a las escaleras… Grand iba saliendo de su habitación. Me dijo:
—Ray… ¡Los pinches caballos! ¡Jajaja!— Comencé a reír también y le dije:
—¡Jajaja! Sí, vamos antes de que alguien se haga de ellos.
Salimos de la hostería y caminamos de regreso hasta las murallas. Grand dijo:
—¿Cómo está Arlinne?
—Pues… Dormida, como siempre. ¡Jajaja! Sí te refieres a su estado de salud, está perfecta. La conozco bien y sé que cuando duerme de esa manera, es porque nada le duele.
—¡Jajaja! Ya veo.— Llegamos hasta las murallas… Los guardias que cuidaban el puente nos reconocieron de hace un rato y preguntaron:
—¿Van a salir?
—Sí. Vamos a recoger nuestras montas, en el ajetreo las tuvimos que dejar atrás.— Mientras bajaban el puente, escuchamos una voz…
—¡Jóvenes, esperen…!— Era el capitán. Lo saludamos y él dijo:
—¡Los caballos, hay que regresar por ellos!— Todos reímos, mientras caminábamos de regreso…
Me pude dar cuenta, que habían empezado a levantar los cuerpos de los caídos para darles entierro, mientras los cadáveres de los virzuk y los monstruos, los amontonaban en pilas para cremarlos.
El capitán dijo:
—Por cierto, Forthand… No vi a Tomy con ustedes, ¿le pasó algo?
—No, capitán. Es solo que lo tuve que dejar al cuidado de los elfos por algún tiempo… Estará bien.
—¿Se enfermó o algo?
—No… De semental.— El capitán empezó a reír y dijo:
—¡Jajaja! ¡En serio? ¿En un momento como este? ¿Cuándo más lo necesitan…?
—No hay problema, ya volveremos por él cuando tengamos un poco de tiempo.
Tardamos unos veinte minutos en llegar hasta donde estaban… Afortunadamente estaban intactos. Los empezamos a desamarrar y a guiar de regreso a la ciudad. Le dije al capitán:
—Son muchos para montar y hacer que nos sigan… Tendremos que regresar a pie con las riendas… ¿Y sus muchachos? Nos caerían bien en este momento.
—¡Jajaja! Creo que me he vuelto muy blando… La verdad, los dejé descansando. Para la mayoría de ellos, estas han sido sus primeras batallas en serio… Simplemente estoy contento de que ninguno de ellos haya muerto o lo hayan herido de gravedad.
—Ya veo…— Mientras tanto, Grand y yo formábamos una guía con cuerda, para jalar a todos los animales.
Cuando terminamos y empezábamos a ir de regreso, él dijo:
—Muchachos… ¡Estoy muy orgulloso de ustedes! Ambos me han superado por mucho… Nunca me imaginé que llegaran a ser tan fuertes en tan poco tiempo.— «Supongo que ante sus ojos es de esa manera… Pero sí él viera la magia de las chicas, se daría cuenta de que tan poca cosa somos nosotros dos…» Le agradecí:
—Le agradezco, capitán. Pero no es para tanto… Sí usted nunca nos hubiera guiado, no hubiéramos llegado hasta aquí.— El capitán comenzó a reír y dijo:
—¡Jajaja! ¡Basta de pinches modestias, Forthand! ¡La verdad es que los dos están bien cabrones, ya son unos verdaderos maestros…! Grand y yo, nos vimos a los ojos y solo supimos decir:
—¡Gracias!
Cuando estábamos por llegar a las murallas nuevamente, escuchamos la voz de alguien que nos llamaba desde donde había sido el campo de batalla… Todos volteamos y un chico de apenas unos quince o dieciséis años, corrió hasta nosotros y nos dijo:
—Mi maestro, me mandó decirles… ¿Qué si van a querer conservar algunas de las escamas del dragón que derribaron y del gusano? Podrían ser útiles para hacer armaduras…— Volteé a ver a Grand y él le dijo:
—¿Y quién es tu maestro?
—Es el peletero que trabaja para su majestad. Hemos cortado algunas, las más prominentes, pero se nos hizo una descortesía que sí ustedes abatieron a las bestias, no obtuvieran nada de ellas…— Le dije:
—Está bien. ¿Por favor, serías tan amable de mandarlas a la hostería donde nos hospedamos? Como puedes ver, tenemos las manos llenas en este momento y no te preocupes… Dile a tu maestro, que nos mande la cuenta, por el corte y el curado. De igual forma habrá una propina para ti por llevarlas hasta allá.— El chico nos agradeció y salió volando de regreso hasta el lugar donde varios hombres desollaban a las bestias… Nosotros simplemente, entramos de vuelta a la ciudad.
Nos despedimos del capitán, nuevamente frente a la hostería. Él nos dijo, que pronto lo veríamos para el contraataque, que no pensáramos ni siquiera en dejarlo fuera de la acción. Le dijimos que con gusto y entramos al establo de la hostería a dejar a los caballos para que los atendieran, después de eso fuimos a comer… Yo estaba muerto de hambre y conociendo a Grand, él estaba en las mismas.
Nos sentamos en la mesa e inmediatamente ordenamos las especialidades de la casa… La comida empezó a llegar y ambos nos hundimos en ella. Después de un rato Grand me dijo:
—Oye, Ray… Las chicas de verdad son muy fuertes…— Le dije:
—Y que lo digas. Me empezaba a sentir incómodo… Por eso fue buena idea que usáramos nuestras nuevas técnicas.— Él asintió y dijo:
—¿Sabes…? Desde que viajo con ustedes, no hay ni un solo momento de aburrimiento… Y conociendo a Arlinne, seguramente cada vez estaremos peleando contra monstruos y rivales más poderosos…— Le dije, mientras destapaba una botella de licor y la servía en nuestros vasos:
—¿Estás de acuerdo con eso…?
—¡Jajaja! No puedo esperar… ¡Jajaja!— Continuó por largo rato riendo de esa manera… Yo sonreí por su respuesta y seguí comiendo. Después de un rato, él se me quedó viendo y dijo: —A mí no me engañas… A ti algo te preocupa, ¿quieres contarme?
—Pues… Sí, es cierto. La verdad es que me preocupa un poco Arlinne…— Él se me quedó viendo y dijo:
—Hace rato, pasó lo mismo, que aquella vez en el camino a Therantos, ¿no?— Asentí con la cabeza y agregó:
—¿Es cómo para preocuparnos…?
—No, aún no. Pero me preocupa que empeore…— Nos quedamos en silencio, mientras comíamos y le dije, sincerándome:
—Sabes… A veces pienso que no le ayudo mucho emocionalmente a Arlinne… Pienso que solo sirvo como de tapón o parche…— Él se quedó extrañado y le expliqué:
—Siento que a Arlinne le cuesta mucho trabajo, manejar sus emociones negativas y yo, solo sirvo para que no las deje salir… Me preocupa un poco, la forma en que las maneja. Se la pasa rumiando en su mente las emociones negativas de forma inconsciente. Todas las cosas malas que le han pasado durante su vida, no las deja salir, las atrapa… Eso me preocupa. No me molesta que dependa emocionalmente de mí… Pero simplemente me gustaría poder ayudarla un poco más para que pudiera superar las cosas…
—Mmmh… Ya veo. Te entiendo. No sé que consejo podría darte… Arlinne se ve tan feliz y tranquila por fuera… Parece que sí es verdad lo que nos comentó en la torre. Sufre de fuertes depresiones… Deberíamos intentar todos juntos, ayudarla de alguna manera.
—Gracias, Grand… Al menos por el momento, no siento que sea tan urgente… Seguiré checándola muy de cerca, espero que poco a poco, se sienta un poco mejor consigo misma.— Él asintió… Entre pláticas habíamos terminado con toda la comida y le dije, cambiando el tono de la conversación:
—¿Qué te parecen unas botellas para la digestión?
—¡Jajaja! ¡Una excelente idea compañero, que empiecen a desfilar!— Empezamos a beber… Cuando nos dimos cuenta, Lianne y Camille estaban detrás de nosotros. Camille dijo:
—¿Por qué no, nos avisaron que vendrían a comer?— Grand empezó a reír y dijo:
—¡Jajaja! Lo siento. Lo que pasa es que fuimos a recoger los caballos y a hacer algunas cosas. No las molestamos, porque pensamos que estarían descansando.— Ambas se sentaron y Lianne dijo:
—De renacuajo, ni preguntar, supongo que está dormida…— Asentí con la cabeza y le dije: —Sí. Le llevaré algo de cenar y se lo dejaré por ahí para cuando despierte.— Grand dijo: —Ordenen lo que quieran, yo invito.— Las chicas estuvieron de acuerdo y cenaron, en lo que nosotros bebíamos. Al terminar, ordené algo de comer para Arlinne y para su lobo. Todos nos fuimos a descansar, se nos fue el tiempo volando, casi era de madrugada.
*************************
«¿Qué hora es…? Aún está oscuro…» Busqué a Ray con mi mano entre las sabanas… «Aquí hay algo… Pero no es Ray». Abrí los ojos y el lobo me empezó a lamer la cara… «¡No…! ¿Qué está haciendo sobre la cama? ¡Ray nos va a desgreñar a los dos!»
—¿Lobito, por qué te subiste a la cama? Ray se va a enojar, si te ve aquí arriba, además ni siquiera te he dado un baño… Sí tienes pulgas y lo muerden, vamos a estar en problemas los dos… ¡Por la mañana a primera hora, te voy a dar un buen baño!— Él comenzó a gemir como sí supiera exactamente lo que le había dicho y se revolcó y acomodó en la cama por encima de las cobijas del lado de Ray… «¡Pfff! ¡Qué más da! Tengo mucho sueño aún…» Me volví a acomodar en la cama y le dije, adormilada:
—Sí viene Ray, bájate antes de que te vea, por favor…— Volví a quedar profundamente dormida.
Abrí los ojos, sobresaltada… «¡El lobo! ¡No le he dado de comer en todo el día!» Me iba a parar de la cama a oscuras, pero sentí la mano de Ray sujetarme… Me dijo:
—¿Qué pasa, peque? ¿Todo bien?
—¡Amor, el lobo no ha comido en todo el día…!— Él me jaló de vuelta a la cama y dijo: —Calmate un poco. Él ya comió, además tú tampoco lo has hecho… Te dejé algo de cenar sobre la mesa. Sí tienes hambre, come una parte y regresa a la cama.— Le dije:
—No tengo hambre, solo tengo mucha sed…— Me puse de pie, fui hasta la mesa a oscuras y me serví un poco de agua… Con la mano tenté la comida y le dije:
—¿Amor, qué es…?
—Es una ensalada con pollo a las brasas, como te gusta.— «Mmmh… Bueno, está bien. Después de todo, sí comeré un poco…¡Vaya! Esto sí está muy bueno… Soy un desastre… Les dije que yo cuidaría de él, pero todos hacen lo que se supone es mi responsabilidad…» Me lo terminé en un instante… Solo fui al baño a sacar el agua y a limpiar un poco mi rostro de restos de comida para ir de regreso a la cama. Cuando me acosté, Ray me abrazó por la espalda y yo me prendí de sus brazos como solíamos hacerlo y le dije:
—¿Cómo qué hora es…?
—No te preocupes, duerme… De madrugada.— Le dije:
—¿Te has dado cuenta? En este lugar no se siente, ni tantito el frío del exterior…— Él dijo: —No, peque. Imagino que deben de tener calderas para el agua y para calentar un poquito el ambiente.— Le dije, sonriendo:
—Hace rato en la ducha… Estabas un poquito juguetón. ¿Aún tienes ganas?
—La verdad… Tomé demasiado, solo quiero dormir un poco.— «¡Buuu!» Si olía a alcohol… «Ni modo… Ahí para la otra, señorita… ¡Jijiji!» Comencé a reír sola, como una loca y me acurruqué entre sus brazos para seguir durmiendo.
Abrí los ojos… Por fin era de mañana. Pensé en salir saltando de la cama y prepararme para darle un buen baño al lobo, pero… Ray aún dormía y de seguro eso sería un escándalo. «Además… Es un animal salvaje. ¿Sí me muerde…? ¿O sí se enoja y me ataca? ¿Qué haría el guardabosques en una situación como esta…?» Comencé a reír en silencio… «¡Jijiji! Él nunca haría algo tan estúpido, como meter a un animal salvaje a la ducha… Pero él es él y yo soy yo. Y sí el lobo va a pasar el tiempo con nosotros, necesita un baño y una buena cepillada en su pelaje. Sin mencionar que necesito hablar con Camille para que le prepare algo para los parásitos intestinales, que de seguro los tiene. Esperaré a que Ray despierte y que me eche una mano, además también debemos prepararnos para ir a ver al rey».
«Aunque… Es mi responsabilidad. ¡Qué diablos!» Me paré de la cama en silencio, saqué las cosas para bañarme y me empecé a desnudar… Debía ser más lista que él, si quería que eso saliera como deseaba… Así que, ni siquiera volteé a verlo, mientras me desnudaba… Él se acercó a olisquearme, mientras ponía la ropa a un lado. Fingía inocencia, como sí ni siquiera estuviera ahí. Quedé completamente desnuda y empecé a caminar hacia el baño… «Ahora, sí sale como espero… Él me va a seguir». Efectivamente… Caminó conmigo deseoso de que le prestara atención, mientras me seguía olisqueando. Entré al baño y él entró detrás mío… «¡Listo!» Cerré la puerta con seguro…
Por fin, le acaricié la cabeza sin mostrar ninguna emoción en mi rostro… «Todo mundo dice que los animales no razonan y tal vez sea cierto… Pero de lo que estoy segura, es que son empáticos, mucho más empáticos que algunas personas. Sí él no siente que lo voy a transgredir, no se sobresaltará». Lo acaricié de una forma más cariñosa, mientras le hablaba en una voz dulce. Él se dejaba llevar, embelesado… Paré de repente y le dije seriamente:
—Me voy a dar un baño, espérame aquí…— Él se quedó sentado en sus cuartos traseros. Yo, mientras fui y abrí la llave del agua para ponerla calientita. Ni muy caliente, ni muy fría… «Así está bien…»
Me metí al agua y me empecé a enjuagar y tallar, mientras hacía sonidos parecidos a los de hace un momento, cuando lo estaba acariciando… Él gimió, como sí quisiera más de esas caricias y atención que le había dado. Me enjuagué la cara… Era el momento de la verdad. Me paré frente a él, aún dentro del chorro de agua, respire profundo y sonreí como una tonta… Empecé a hablar con una voz dulce y le dije:
—¿Quieres acompañarme…? Ven, lobito.— Mientras seguía sonriendo. Él se acercó únicamente hasta donde mi mano pudiera tocarlo… Lo acaricié, pero me alejé un poquito y puse mi cara a su alcance, donde casi siempre, él se estiraría y me lamería. Pero esta vez, sí lo quería hacer, tendría que entrar al agua…
Dudó por un momento, pero al final entro y me empezó a lamer… «¡Perfecto! Lo logré». Después lo abracé con cariño y lo acomodé donde el chorro del agua no le diera directo a su cabeza… Él, al sentirse mojado, se empezó a sobresaltar, pero lo calmé… Le dije:
—Tranquilo, no pasa nada… A poco no esta calientita.— Se tranquilizó al oír mi voz y ya en confianza… Empezó a jugar y a lamerme la cara. Le dije:
—¡No! Calma, me vas a tirar… Mejor vamos a darte una buena tallada.— Lo enjaboné por completo y lo tallé por todo su pelaje, revisando por pulgas o parásitos entre su pelo… Era mucho esfuerzo, más que nada, porque no se quedaba quieto… Pero poco a poco lo terminé de enjabonar y lo empecé a enjuagar por partes…
Sí que estaba sucio… El agua salió negra al momento que lo enjuagué. Tomé una esponja de baño suavecita y le tallé su cara con mucho cuidado. Le quité sus lagañas y lo enjuagué… «Listo, casi he terminado… Ahora sus patas». Así seguí por un largo rato, hasta que por fin terminamos. Tomé una toalla extra que habían dejado en el servicio de la habitación y lo comencé a secar, me sequé yo también y salimos.
En cuanto estuvimos fuera… Él se empezó a sacudir con violencia. Ray que ya estaba despierto, se empezó a reír… Me dejo empapada de nueva cuenta. Le dije:
—¡No…! Espera…— Me tuve que volver a secar.
Me vestí solo con mi ropa interior y saqué un cepillo viejito, que casi ya no ocupaba y lo empecé a cepillar… Eso le encantó. Se dejaba cepillar el pelo con toda confianza e incluso se inclinaba y movía para que lo cepillara por todos lados… Por fin terminé… Él, al ver que la diversión había terminado, fue y se acostó en la cama, esta vez en mi lugar. «¡Vaya!» Ray volvió a reír y dijo:
—¡Jajaja! Bien, peque… Nunca pensé que ese lobo enorme y salvaje, sería como un cachorrito entre tus manos. No solo eso, sino que se iba a dejar dar un baño en la ducha… ¡Jajaja!— Le dije, satisfecha:
—No sé como lo hice, pero lo hice… ¡Jijiji!— Ray se levantó y dijo:
—Debemos prepararnos para ir a ver al rey, no se vaya a ofender…— Yo le contesté:
—Sí, lo sé.
—Me daré una ducha rápida…
—¡No! Espera… El baño quedó hecho un desastre, deja lo limpio.
—No es necesario, peque. Prepárate. Te ayudaré con eso.— Nos alistamos y salimos a tocar la puerta de las habitaciones de los demás. Los esperamos para desayunar e ir al castillo.
Tomamos un desayuno ligero y salimos por los caballos al establo… Todos me observaban. Lianne dijo:
—Deberíamos ir caminando, no está tan lejos.— «¡Cierto! Ya no tengo caballo y llegar en los brazos de Ray en uno solo, no creo que de una muy buena imagen… Está el lobo, pero eso fue una emergencia, no lo quiero abusar…» Iba a contestar, pero al momento que iba a abrir mi boca, el lobo se acomodó exactamente en la misma posición que cuando salimos del bosque… «¿Quiere que lo monte?» Tomé la funda de las alforjas de Ray, se la puse y me acomodé… Él se puso de pie. «¡Parece ser, que sí quiere que lo monte!» Les dije, sonriendo y feliz:
—Problema resuelto, vamos.
Todos los habitantes en las calles, me observaban, cuando íbamos pasando… Y se quedaban viendo al enorme lobo. Yo sonreía a diestra y siniestra, un poco apenada. Parecía ser, que los rumores de que nosotros habíamos liberado las murallas, ya se habían esparcido por toda la ciudad. De vez en vez, al pasar por ciertos lugares, escuchábamos vitoreos y alabanzas. La gente estaba feliz… Eso me ponía muy contenta, pero no por vanidad, sino porque al fin, podrían disfrutar de un poco de paz y tranquilidad.
Llegamos al castillo y el puente descendió… Los guardas nos hicieron una reverencia y la chica caballero, Dilara, nos recibió. Dijo:
—Su eminencia, gracias por venir. Su majestad, los está esperando.— Nos acompañó también montada, hacia dentro del castillo. El castillo era muy bonito, todo de color blanco con vivos azules y acabados en mármol. Por fin desmontamos y nos dijo un caballero:
—Por aquí, por favor.— Dilara desmontó, hizo una reverencia y nos indicó el camino que debíamos tomar.
Llegamos hasta la sala del trono y unas trompetas sonaron… «¡Espera un momento…! Nos están recibiendo con toda pompa. Como si fuéramos los gobernantes de un país vecino o nobles o que sé yo…» Solo seguía sonriendo, pero me empezó a invadir la vergüenza… Caminamos hasta el trono del rey y nos inclinamos.
El rey comenzó a hablar…
—No es necesario que se inclinen, pueden ponerse de pie…— Era un hombre de mediana edad, tal vez unos cuarenta años, muy bien conservado, de porte atlético y elegante, con rostro sereno y de tez blanca, ojos negros grandes y profundos, una barba de candado muy tupida, pero bien arreglada… Parecía un rey de una historia épica o un cuento de caballería. El clásico rey bueno y justo… «Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias… ¿De verdad será así, cómo parece?» Él continuó:
—Arlinne de Veranda, nos llena de alegría y de esperanza su visita, así como la de sus compañeros, todos personas ilustres. Sin su intervención del día de ayer, es muy probable que el reino de Montloarc no existiera más el día de hoy y por eso les estamos infinitamente agradecidos. Tales proezas no pueden ser ignoradas, al igual que su fuerza, valentía y sentido de la justicia…— El rey calló por un momento para darme oportunidad de contestar… «¿Qué digo? Siempre este tipo de situaciones me disgusta… No es como sí trajera un discurso preparado debajo de la manga». Dije como siempre, lo primero que se me ocurrió…
—Le agradecemos mucho sus elogios, su majestad… Pero aún no es tiempo de reconocimientos. Los enemigos aún planean y acechan a las cercanías de su reino. Queremos pedirle de favor, nos permita participar en la batalla que se avecina, para por fin, poder liberar estas tierras, para que la paz y el progreso pueda regresar a ellas…— Los nobles, hechiceros, caballeros y cortesanos que estaban ahí presentes, se empezaron a enardecer por mis palabras. El rey dijo:
—Mi nombre es Alons IV, soy el rey de todas las tierras a nuestro alrededor, hasta el bosque de los elfos al oeste y las montañas de los enanos al norte. Lo que me pides, noble hechicera, se cumplirá. Prepararemos nuevamente nuestras fuerzas y marcharemos al norte hasta los campamentos de los invasores virzuk y nos encargaremos con su ayuda, de que abandonen estas tierras y no vuelvan nunca jamás.— La corte se enardeció y todos empezaron a vitorear al rey… El rey pidió silencio y agregó:
—Desafortunadamente, ya estábamos al borde de la derrota en nuestra defensa y me temo que hemos quedado profundamente reducidos en fuerzas y armas. Aunque con su ayuda y juntando a cada persona apta y deseosa de pelear por la liberación, sé que tendremos una oportunidad.— Le dije:
—Su majestad… Aún hay aliados que están dispuestos a pelear de nuestro lado…— Todos guardaron silencio y empezaron a escucharse solo algunos murmullos… El rey dijo:
—Así es… Nuestro eterno aliado, el reino de Kharsten, muy pronto mandará refuerzos, aunque por motivos políticos y de burocracia, me temo que no serán los suficientes y no estarán aquí a tiempo. Es entendible… Su majestad, la reina Lenor, también debe de tener las manos llenas y la distancia de la capital de Kharsten hasta Montloarc es muy larga. Probablemente tengamos que combatir sin ellos…— «¡Lenor…! ¡Kharsten…! Cada que escucho esos nombres, resuenan en mi cabeza, como sí… como sí… ¿Fueran muy importantes para mí…? Pero… No, me refiero a otros aliados». Todos me volteaban a ver y dije:
—No, su majestad… Me refiero a los elfos al oeste, han decidido marchar a nuestro lado, para liberar estas tierras y seguramente en este momento ya se encuentran de camino para acá…— Los murmullos cambiaron por preguntas y cuchicheos más… Solamente escuchaba entre las voces que sonaban “¡Aah! ¿Los elfos?” “Los elfos jamás se pondrían en riesgo por nosotros.” “Esos perezosos la tienen fácil, jamás pondrían en riesgo su inmortalidad por algo así.” “¡Sí, es un rumor o una mentira!” El rey acalló las voces con una señal de su mano y me dijo:
—Su eminencia, seguramente ha habido un malentendido… Las relaciones con nuestros vecinos los elfos, están rotas hace generaciones… Dudo mucho que de la nada y sin diplomacia de por medio, ellos acudan en nuestra ayuda…— Repliqué:
—¡Pero… Es cierto! La reina en persona me dijo que así lo harían y estoy segura de que no mentía.— Nuevamente las voces estallaron… “¿La reina élfica, hablar y recibir a una humana?” “¡Eso es imposible!” “¡Jamás en la vida!” Esta vez, las voces continuaron por un rato… Hasta que enmudecieron de repente, Dilara entró apresuradamente por la puerta principal, se inclinó frente al rey y dijo:
—¡Disculpe la intromisión, su majestad! Pero algo muy importante que requiere su atención, acaba de pasar…
—Comandante, habla. Estamos en confianza, ¿qué pasa? ¿Son nuestros enemigos?
—No… Un grupo de cazadoras élficas que dice ser la vanguardia de su ejército, está frente a las murallas. Dicen que los refuerzos vienen para acá, pero que se adelantaron ellas, para ayudar a su eminencia en el asedio. Desean hablar con usted y con ella, con urgencia…— Las voces volvieron a reventar, esta vez con sorpresa e incredulidad en su tono… “¡Es verdad?” “¡Cómo es posible…?” “¡Quién es ella?” “¡Quién es Arlinne de Veranda…?” El rey estaba absorto en su sorpresa… Se recompuso después de unos segundos y dijo:
—¡Muy bien! ¡Y que esperas? ¡Hazlas pasar hasta aquí!— Ella dijo:
—Así será, su majestad.— Salió volando… Todo el lugar se quedó en silencio y me empecé a sentir un poco incómoda.
Después de unos minutos, la puerta se volvía a abrir y un par de cazadoras élficas, entraron y se postraron frente al rey, delante de nosotros… Una de ellas comenzó a hablar…
—Su majestad. Soy Ilana, líder de las cazadoras que sirven a su majestad en Yellowood. Estamos aquí para prestarles ayuda con los invasores virzuk que azotan sus tierras… Todo esto, gracias a la señorita Arlinne de Veranda, aquí presente.— Por fin las voces cesaron… Se habían quedado todos en silencio y sorpresa. El rey estaba igual de sorprendido, como si sus ojos y sus oídos no pudieran creer lo que estaba pasando. Él dijo:
—Se pueden poner de pie, nobles cazadoras. Su eminencia, Arlinne, junto con sus compañeros, han puesto fin al asedio por sus propios medios, pero estamos sumamente complacidos de recibir su ayuda para expulsar a los invasores en la batalla que se avecina.— La cazadora dijo:
—Nuestras fuerzas vienen en camino y su majestad en persona viene dirigiéndolas. Tardarán a lo más un par de días en estar aquí. Ella desea hablar con usted y restablecer las relaciones diplomáticas que se han perdido con el tiempo… Ella misma nos dio este mensaje para usted, en relación a su visita…— La cazadora le dio un pergamino al rey… Él lo leyó aún incrédulo, pero no había más duda. Del puño y letra de la reina, lo estaba leyendo en ese momento… Su semblante cambió y dijo:
—¡Ya veo…! ¡Entonces así será! Son bienvenidas en nuestro reino y esperamos con ansia a su majestad, para dar una oportunidad a que sus fuerzas se recuperen de la marcha y dar paso a la batalla. ¡Estamos en deuda con ustedes, siéntanse como en su casa!— Continuó, dirigiéndose a su corte y a los caballeros ahí presentes:
—¡Por favor, encárguense de recibir a nuestros aliados y vecinos como se merecen! En cuanto todo esté listo, marcharemos junto con nuestros aliados al norte… ¡Yo también me encargaré de ir en persona al campo de batalla!— La corte estalló en aplausos y vitoreos, enardecidos por la esperanza que al fin tocaba a su puerta, para poder acabar con la guerra.
Nosotros nos escabullimos como pudimos… Eso se había vuelto una romería y ese tipo de cosas nunca me habían gustado mucho… Estaba harta de las alabanzas, de los cumplidos y de los “su eminencia.” Yo solo quería pelear y que por fin, la gente de este lugar pudiera vivir sin miedo a la guerra, no me interesaba absolutamente nada más. Regresamos rumbo a la salida, para subir a los caballos e ir a comer a la ciudad… Tal vez un lugar tranquilo, donde pasáramos desapercibidos. Les dije:
—¿Qué se les antoja comer…? Me estoy muriendo de hambre.— Grand dijo:
—¿Qué tal un poco de carne asada, cómo la que comimos aquel día cerca de Therantos?
—¡Sí! ¡Buena idea…! Con la bebida espumosa esa, hacen juego perfecto.— Grand dijo: —También quiero visitar a un armero, tengo que darle mantenimiento a mi escudo.— Recordé a Grand golpeando a la sierpe y asentí con la cabeza.
Cuando por fin, estábamos fuera a punto de montar, escuchamos una voz:
—¿A dónde van, no se quedaran por lo menos a comer con su majestad? Ya ordenó que preparen un banquete para ustedes y las chicas élficas.— Era Dilara… «¡Cómo le hace…? ¡Está en todo!» Solo sonreí y dije:
—No es necesario, aún estamos algo cansados y nos gustaría descansar para prepararnos para la batalla…— Ella me tomó del brazo y dijo:
—¡No, nada de eso! Eres una heroína en más de un sentido, ven para que puedan comer. No aceptará su majestad, un no como respuesta.— Giré mis ojos en su órbita, mientras volteaba a ver a los demás y dije:
—Está bien… Está bien, pero solo la comida, después tenemos que partir a arreglar nuestros asuntos y descansar…— Ya me llevaba arrastrando de regreso…
Al fin, le cumplimos su voluntad y cenamos con el rey, las cazadoras, Dilara y una que otra persona más de la confianza del rey. Platicamos un poco de nuestras aventuras, pero solo a grandes rasgos. Le comenté de mis maestros el hechicero azul y el guardabosques, todo muy general, solo por educación. Terminamos de comer y decidimos vernos en tres días para planear la batalla junto con sus estrategas y los elfos presentes. Ahí se nos fue todo el día, regresamos a la hostería hartos, lo podía ver en los ojos de los demás… Les dije:
—¿Qué les parece sí tomamos un poquito, para relajarnos…?— Las chicas me mandaron a volar, diciendo que estaban muy cansadas… Grand y Ray eran mi esperanza, pero Grand dijo:
—Lo siento, Arlinne… Ayer tomamos suficiente para una semana, pero dame un par de días y con gusto. ¡Jajaja!— «¡Buuu!» Volteé a ver a Ray y dijo:
—Claro. Te acompaño, pero tomemos en la habitación.— Y me hizo un guiño… «¡Aah…! Bueno, eso es mejor». Nos subimos suficiente alcohol y le dimos rienda suelta a nuestra pasión.
Desperté… «¿Mmmh…? ¿Qué hace el lobo en la cama? Y en medio de los dos, que sin vergüenza… Al menos se estuvo quieto anoche, cuando estábamos jugando». Ray dormía plácidamente… Me estiré y me levanté de la cama, jalé las cortinas de la ventana. Se veía que afuera hacia cada vez más frío… Los cristales de la ventana estaban empañados casi por completo. «Sería bueno, que hoy nos encargáramos de arreglar asuntos pendientes, como darle una revisada a nuestro equipo, nunca está de más… Me pregunto… ¿Quién será el líder de los virzuk en esos campamentos? ¿Será otro señor de la guerra? Mmmh… Posiblemente tengan un hechicero… Lo más seguro. Alguien debió haber lanzado la maldición a los defensores de la muralla, que ahora son los esqueletitos…» Me preparé y esperé jugando con el lobito a que Ray se preparara. Salimos con los demás y pasamos todo el resto del día encargándonos de los pendientes.
Al día siguiente, por fin llegaron los elfos… Nosotros estábamos comiendo en la hostería en ese momento. Decidí salir a verlos… «¡Vaya! Son bastantes. Nos vendrá bien para atacar los campamentos de los virzuk… Solo espero que no se pierdan muchas vidas en la batalla». La gente los aclamaba y vitoreaba cuando desfilaban por las calles… Me sentí un poco molesta. Hasta hace unos días, antes de que yo les dijera que los elfos venían, nadie hubiera dado un cobre por ellos, pero ahora que estaban aquí dispuestos a ayudar, entonces sí… «¡Pfff! Por eso precisamente, no disfruto de los halagos y elogios… Ni modo, así es la gente. Mañana es el día en que nos reuniremos con todos los demás y planearemos el ataque a los campamentos de los virzuk…» Volví a la mesa con los demás… «Mañana saludaré a la reina». Pasé el resto del día, solamente pensando… «¿Quién es realmente nuestro enemigo…? ¿De qué se trata todo esto? ¿Por qué conquistan los territorios y no los ocupan? ¿Por qué tanto tiempo…? ¿Qué es lo que pasa en sus tierras? Siento que me estoy acercando a la verdad… Tarde o temprano lo descubriré. ¿Cuándo llegue el momento, seremos capaces de hacer algo al respecto?» Todas esas preguntas, iban y venían en mi mente, pero de una manera extraña, me sentía contenta… Me sentía feliz por poder pelear y alterar las cosas junto con mis amigos a los que les debía todo.
Había llegado el día de planear el asalto a los campamentos virzuk… Todos nos arreglamos y preparamos por la mañana para salir al castillo. Llegamos ahí de mañana, tal vez un par de horas antes del mediodía. Nos hicieron pasar hasta una sala que tenían previamente preparada… Pasamos y dentro se encontraba el rey con sus estrategas, Dilara y algunos de los caballeros, algunos más también que parecían hechiceros. El rey nos dio la bienvenida y dijo estarnos esperando, pasamos y nos acomodamos alrededor de la mesa. El rey dijo:
—Su eminencia, aquí en la mesa tenemos la cartografía actualizada del campo de batalla, con el trabajo de nuestros informantes y espías.— Me quedé observando el mapa con mucho detenimiento… Los estrategas del rey me observaban. Comencé a preguntar:
—Este punto de aquí… ¿Qué es?— Uno de los estrategas me respondió:
—Su eminencia, es una zona dentro de sus campamentos que no hemos podido investigar a fondo… Los espías que hemos mandado a ese lugar desafortunadamente nunca han podido regresar o mandar ningún tipo de información.
—Ya veo…— Parecía que su campamento principal se dividía en dos zonas, una claramente detallada, con una carpa principal y la otra simétricamente antepuesta… En esa zona desconocida en el mapa. Acariciaba mi mentón, mientras veía todo con cuidado… Pregunté: —¿Qué distancia hay de las murallas de la ciudad hasta su campamento principal…?— El mismo estratega me contestó:
—Son veinte kilómetros, su eminencia.— «Es demasiado… Aunque supongo que sus fuerzas después de esa batalla están igual de diezmadas que las nuestras…» Dije:
—¿Me imagino que su líder se encuentra en esta carpa principal dentro del campamento?— Me contestó nuevamente:
—Así es… Nos ha extrañado mucho el comportamiento de estas criaturas durante años. Por largos periodos atacan las murallas y las avanzadas sin descanso, para después retirarse y refugiarse en su campamento por largos periodos de tiempo. Su comportamiento es muy errático.— «¿Estas criaturas…?» Sonreí con desdén y le dije:
—Muy bien… Eso es por dos causas, la primera es que están siendo controlados de una forma que aún nosotros mismos tenemos que entender y la segunda, es que no son estas criaturas… ¡Los virzuks son tan humanos como nosotros!— El lugar estalló en reclamos y opiniones contrarias a las mías…
Oía como se armaba un escándalo, pero mejor que lo empezaran a digerir de una vez… “¡Los virzuks son humanos?” “¡Cómo es posible? ¡Eso es falso!” “Esas criaturas primitivas y salvajes, ¡humanos?” “¡Bah! ¡Claro que no!” El rey habló con tono autoritario:
—¡Silencio! Dejen que su eminencia continué…— Todo el lugar guardó silencio y dije: —Pues… ¡Parece una locura, pero así es! También a mí me sorprendió descubrirlo… Son tan humanos como nosotros, con la diferencia de que obviamente su evolución y su civilización, ha sido muy diferente a la nuestra por muchos años. Eso es lo que ha recalcado la diferencia en nuestras apariencias.— El lugar se quedó en silencio, el cual fue interrumpido por la puerta que daba a la sala, abriéndose de par en par… Era la reina de los elfos, acompañada de unas cuantas personas de su corte. Todos se quedaron embobados y embelesados al mismo tiempo al verla entrar a aquel lugar.
Ella comenzó a hablar, después de hacer una caravana al rey y a los presentes:
—Disculpen la tardanza. Me gustaría formar parte de la reunión… Después de todo, mi gente también peleará en esta batalla.— El rey se puso de pie, se inclinó y dijo:
—Por supuesto, su majestad. Adelante.
—Gracias… Por otra parte, lo que dice Arlinne, es cierto. Espero no lo tomen a un insulto, pero los virzuk comparten su misma sangre… Ellos son tan humanos como ustedes.— Todo quedó en silencio por unos instantes y continuó:
—Sé que debe de ser una sorpresa, pero les pido de favor, que su ego no se lastime por estas palabras… Las guerras entre humanos son muy frecuentes. Solo tómenlo por el momento, como si fuera el ataque de una nación enemiga.— El rey se quedó sorprendido, pero nuevamente se recompuso y dijo:
—Ya veo… Siendo así, esto no afecta para nada nuestros planes. De igual forma son invasores, que se han valido del abuso de la fuerza para lograr sus fines. Los expulsaremos de la misma manera, para que pueda reinar la paz.— La reina sonrió y dijo:
—Sabias palabras, su majestad.
Después nos enfrascamos en estudiar la situación por largo rato, cuando estuve convencida, dije:
—Pienso que la forma más viable para que se pierdan la menor cantidad de vidas, es que avancemos con la infantería y la caballería hasta esta posición y que nuestras fuerzas defiendan este flanco…— Señalé con mi dedo las entradas al sur del campamento de los invasores. Agregué:
—Más adelante, seguramente será demasiado peligroso.— Todos me observaban y uno de los estrategas dijo:
—Pero… Su eminencia. ¿Cómo lograremos expulsarlos, sí solo avanzamos hasta esta posición?— Yo le contesté, mientras veía el mapa:
—Estoy casi segura, que en este lugar debe de haber un líder virzuk que puede realizar magia… Muy probablemente una hechicera virzuk. Esa es la causa por la que nunca han podido discernir sus fuerzas en esta zona. Seguramente hay guardas mágicas por todo el lugar y entrar ahí con la infantería y la caballería, sería un suicidio…— Todos guardaron silencio y continué:
—Esa es la misma causa, del porqué a últimas fechas los han estado asediando con la ayuda de monstruos. Nosotros comprobamos la batalla anterior que estaban siendo controlados mágicamente… De igual forma estoy casi segura que es la fuente de la maldición que mató a los legionarios de la muralla.— El rey dijo, mientras veía a Lianne y a Camille:
—¿Entonces, qué podemos hacer? Contamos aún con un par de hechiceros de combate y con ustedes por supuesto, sus eminencias…— Le contesté:
—Sería demasiado peligroso… Les ruego que esta parte la dejen a cargo de nosotros. Nosotros nos infiltraremos al campamento, mientras ustedes pelean en este flanco y nos encargaremos de sus líderes.— Volteé a ver a mis compañeros… Todos asintieron con la cabeza. Sonreí y concluí:
—Pueden estar tranquilos. Los sacaremos de ahí, de una forma u otra.— Todos estuvieron de acuerdo, marcharíamos pasado mañana. Brindamos y comimos por la liberación de Montloarc. Por fin nos retiramos a la hostería a descansar, para poder planear por nuestra cuenta.
Nos reunimos en la habitación de Ray y mía… Todos daban sus puntos de vista. Los empecé a entrelazar con mis ideas y dije:
—La mejor opción que tenemos aquí, es encargarnos primero del hechicero o hechicera que se encuentra en este lugar, para después ir por el señor de la guerra virzuk… El único problema que veo, es que sí tardamos mucho enfrentándolo o se nos complica… El líder virzuk puede escapar, como ya nos pasó anteriormente.— Todos se quedaron en silencio, hasta que de la nada, Lianne dijo:
—¡Ya sé que podemos hacer!— Todos la volteamos a ver y ella dijo:
—Por favor, permitan que Grand y yo, vayamos por el mago… Nos encargaremos de ella o él y después los alcanzaremos…— Yo dije casi instantáneamente:
—¡No! ¡Separados nunca…! Esa es nuestra mayor fortaleza, no dejaré que te pongas en riesgo sola.
—Renacuajo… Debo insistir en esta ocasión. Además no iré sola, estará Grand conmigo y Canciller con sus tropas.— Tallé mi cara con la mano… «¡Por qué se pone de necia en un momento como este?» Ella agregó:
—¿O qué acaso, no confías en mí? ¿Sabes…? No siempre necesito ser rescatada, eso solo pasa cuando hago necedades.— La volteé a ver riendo y dije:
—¡Jajaja…! ¡Necedades? ¿Cómo esta?— Ella se molestó y dijo:
—No estoy siendo necia, pero es la mejor forma que hay para que puedan atrapar ustedes tres al líder virzuk… ¿A poco tan poca cosa piensas que soy, que no puedo enfrentar a una simple hechicera? Recuerda, soy la heredera del maestro y además eso me hace tu superior… ¡Por favor, respeta!— «Mmmh… ¡Qué necedad…!» Comencé a llorar, no había remedio… Le dije:
—¿Cómo crees que me voy a sentir, sí algo te pasa en ese lugar? ¡Eres como una hermana para mí, jamás me lo perdonaría!— Continué llorando… «Espero funcione…» Ella me abrazó y dijo:
—Ya renacuajo, deja el berrinche. Esta vez no te servirá… Y no, no me va a pasar nada, simplemente es algo que debo de hacer.— «¡Pfff!» Volteé a ver a Grand y él asintió con una sonrisa… «Que remedio…» Dije:
—¡Está bien…!— Sequé mis lágrimas y agregué:
—Pero sí algo pasa o sale mal. ¡Por favor! Regresen con nosotros o pide ayuda por medio de un mensaje mágico, ¿está bien?
—No te preocupes, renacuajo. No va a salir mal nada, al menos no, para nosotros…— Ella sonrió y de momento me quedé más tranquila.
El día siguiente descansamos, comimos y cenamos juntos, para repasar nuestros planes… No había forma, Lianne estaba decidida a enfrentar al hechicero o hechicera, ella sola. «Espero todo salga bien, no puedo estar preocupándome todo el tiempo, sino me pondré en riesgo a mí y a los demás… Además es muy raro, la conozco, ¿qué planea? Algo se trae entre manos. Está bien, confiaré. ¡Te quiero mucho hermanita! ¡Por favor, cuídate…!»
Fin del capítulo 17.
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