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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 18

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Capítulo 18: Capítulo XVIII: Hechicería.

Capítulo 18.

Escuché la voz de Ray, entre sueños…

—Despierta, peque. Es hora, vamos a prepararnos.— «¡Eh? Mmmh… ¿Cuál?» Balbuceé algunas palabras que ni yo misma entendí… Él me dijo:

—Sí. Hoy es el día de la batalla. Vamos, tomemos un baño.— Me paré como un andrajo, tenía muchísimo sueño y todo estaba oscuro…

«Cierto… Ahora recuerdo. Quedamos estar listos al amanecer». Ray me tomó de la mano para conducirme hasta el baño y me empezó a quitar mi ropa. Yo solo alcé las piernas una por una y luego ambos brazos… Seguía casi dormida. Él abrió la llave del agua y la puso calientita, mezclando las llaves de la tubería. Cuando estuvo lista, se metió y me jaló de la mano. Al contacto del agua comencé a despertar por fin.

Lo abracé y me quedé en silencio… Después de un momento, le dije:

—¡Por favor, amor! ¡Cuídate mucho! ¿Sí?

—Claro amor, ya no te preocupes tanto, cuídate tú también, ¿sí?— Asentí con la cabeza… Él se iba a disponer a soltarme para empezar a tallarse, pero dije:

—No… Espera, dame un par de minutos.— Me quedé ahí, recargando mi rostro en su torso desnudo. El agua caliente se sentía tan deliciosa cuando bajaba recorriendo nuestros cuerpos. Le dije:

—Amor… Lianne y Grand, van a estar bien, ¿verdad?— Él rio para tranquilizarme y dijo:

—¡Claro! Amor, no lo dudes ni por un momento. Grand jamás dejaría que le pasara algo a Lianne. No hay cosa más importante en el mundo para él.— Me empecé a tranquilizar y dije:

—Lo sé… También sé, que Lianne no es la más amable o la más agradable. Pero… Sé que en el fondo tiene un enorme corazón, de eso estoy segura. Ella tampoco pondría en riesgo a Grand a la ligera.— Él dijo:

—¡Lo ves, todo va a estar bien! Concentrémonos en lo que nos toca.— Sonreí como una tonta y dije:

—Sí.— Nos empezamos a dar un baño el uno al otro.

Salimos… Todos nos esperaban fuera. Camille empezó a canalizar sus conjuros de protección que nos ponía día con día. Volteé a ver a Lianne de reojo… Tenía una mirada decidida, firme, como nunca la había visto antes. Desayunamos algo en la hostería y salimos rumbo a las murallas. Cuando llegamos allá, todas las fuerzas estaban listas, incluso el rey Alons y la reina élfica estaban ahí. Dilara se acercó a mí, montando a caballo y dijo:

—Arlinne… Los esperábamos. Ya pasamos la lista a las tropas y todos estamos listos.

—¡Muy bien! Avancemos.— Ella fue a hablar con las cazadoras y con el rey, ambos se dirigieron hacia sus tropas, para dar inicio a la marcha.

La verdad, no puse mucha atención… Otras cosas vagaban por mi mente y una de ellas, justo se había parado frente a mí en su caballo. Era Ana, ella me dijo:

—Arlinne, amorcito. La gente del gremio, también está lista.— Desmonté del lobo de un salto, me acerqué a ella y le dije:

—¡Por favor, Ana! ¡Cuídense mucho! ¿Sí?

—Claro, amor. No te preocupes tanto.

—Esta vez, no podrán acompañarnos… Se quedarán vigilando los flancos con el resto de las tropas.

—¿Por qué…?— Se dispuso a hacerme un berrinche, en cuanto empecé a tratar de explicarle… Pero ella solo me guiñó el ojo y dijo, riendo:

—¡Jijiji! Está bien. Lo sé y lo entiendo… Desafortunadamente no somos tan fuertes como ustedes, nos hemos podido dar cuenta de eso en varias ocasiones. Lo platiqué con Miranda y el capitán, no les estorbaremos, pero sí están en problemas no duden en pedir ayuda, ¿sí?

—Sí, no se preocupen. Nos encargaremos de todo.— Me despedí de ella y volví al lobo.

Las columnas de la infantería y la caballería se habían empezado a mover, era el momento de avanzar, debíamos ir al frente por si la oposición llegaba, así se llevarían una ronda de magia y ataques antes de chocar con los soldados, caballeros y cazadoras.

*************************

«No me gusta guardarle información a renacuajo, pero la verdad era la única forma… Sé muy bien a lo que me voy a enfrentar. Canciller se ha encargado bajo mi comando, de ir y espiar, día y noche el campamento enemigo… ¡Vaya! Parece que ha llegado el momento, todos empiezan a avanzar… ¡Excelente! No hay marcha atrás, por fin ha llegado el momento. Jamás en mi vida pensé que me encontraría en una situación como esta, pero en fin. Salir de aventura con Arlinne, de verdad me ha enseñado muchas cosas y lo mismo podría decir, de las una y mil situaciones en las que hemos estado metidos. ¿Quién lo pensaría siquiera…? Recuerdo cuando solo era una niña y decidí huir de mi casa… A mis padres solo les interesaba arreglarme un matrimonio por conveniencia que los sacara de las dificultades económicas, aprovechándose de la belleza de mi juventud, sin siquiera dar un solo cobre por mis sentimientos o por lo que yo quería para mi futuro. Yo siempre había querido dedicarme a la hechicería, pero a ellos no les importaba, simplemente pensaban que eran fantasías, tonterías de mi mente juvenil…»

«El día que se anunciaría mi matrimonio arreglado, no lo soporté más y simplemente hui al anochecer… De una forma u otra, me las arreglé para salir de la villa sin que nadie lo notara. Vagué y vagué por los bosques y los campos, siempre huyendo, pensando que sí no huía lo suficientemente lejos, ellos me encontrarían y me casarían a la fuerza con una persona que yo ni siquiera conocía. Fue así como llegué hasta la costa… Andrajosa, mal comida y sedienta, apretando bajo mi brazo la única posesión que realmente me importaba… Mi libro de conjuros. Ese libro viejo que aún conservo, con los únicos dos conjuros que sabía en ese momento. Eso era lo más valioso para mí y nada más. Era la muestra innegable de que por mis propios medios había logrado estudiar la magia y recrearla».

«Vagaba por la playa, pensando en mis conjuros… ¿Cuál podría ser el tercer conjuro que debería estudiar y escribir en mi valioso libro…? Pero el hambre y la sed, me regresaban a la realidad a cada paso que daba, no podía más. Sí no bebía o comía algo, no habría más magia. Volteé a ver a mi alrededor y lo vi… Ese faro viejo y oxidado. Por un momento pensé, tal vez hay pescadores cerca de este lugar… Espero dar la suficiente lástima, como para que no le nieguen un poco de pescado y algo de agua a una chiquilla como yo, sin querer aprovecharse de mi situación. Caminé hacia él, tratando de buscar lanchas o pequeñas embarcaciones y la realidad me volvió a golpear… ¿Tal vez, nadie me quiera ayudar sin que yo de nada a cambio…? Y lo decidí casi al instante. No importa… ¡Prefiero dar mi cuerpo y mi virginidad, a alguien que me ayudé a sobrevivir para poder llegar a hacer mi sueño realidad algún día, que dárselos a alguien que ni siquiera conozco y con quien me han emparejado a la fuerza!»

«Lo había decidido… ¡El conocimiento mágico, valía cualquier sacrificio! El conocimiento…»

«Llegué hasta el faro y me paré en las viejas tablas que servían de muelle… Nada. Aquí no hay nada, ni nadie… Comencé a llorar… Sentía miedo, pero no de morir de hambre o de sed, sentía miedo de morir sin saber, sin lograr mi sueño. Apreté mi corazón en mis manos y estaba a punto de partir para seguir buscando, cuando ante mis ojos, de entre las aguas se empezó a levantar una enorme estructura… Por la impresión, caí de espaldas sobre mis nalgas y me quedé viéndola llegar casi hasta el cielo, con los ojos y la boca abierta. Cuando terminó de emerger, chorros de agua caían al mar de sus bordes… Me quedé ahí por lo que me pareció una eternidad, hasta que oí como lentamente se abría la puerta… Un anciano de larga barba, salía con un paso cansado de ella…»

—¿Pequeña, estás bien? Te ves hambrienta, ¿dónde están tus padres?— Yo no podía hablar de la impresión, pero algo dentro de mí, me dijo que debía de ser honesta, que debía decirle todo por lo que yo estaba ahí y así lo hice… Él dijo:

—Ya veo…— Y señalando mi libro, dijo:

—¿Esos son tus conjuros?— Asentí con la cabeza, sonriendo… «De seguro, el anciano era un hechicero y uno muy poderoso para vivir en un lugar como ese. Se lo ofrecí sonriendo para que criticara mi trabajo y mis avances, se me había olvidado el hambre, el frío y la sed… Solo quería saber lo que opinaba de ellos…»

«Él hojeó el libro, mostrando interés en cada palabra, en cada conjuración, en cada detalle… Me emocioné y me quedé parada frente a él, sonriendo para que diera su veredicto. Sabía que a comparación de alguien como él, solo era una niña boba jugando a ser hechicera, pero no me importó… Sí me regañaba y corregía, mejor aún, podría aprender más». Él se detuvo y dijo:

—¡Muy interesante…! Dime, pequeña… ¿Todo esto lo has hecho tú, sin la ayuda o instrucción de nadie más?— Asentí con la cabeza, orgullosa y complacida. Él dijo nuevamente:

—Ya veo…— Empezó a acariciar su barba, para agregar:

—Yo también sé un poco de magia… Se ve que has tenido un disgusto muy fuerte con tu familia y no quieres regresar a tu casa.— Yo negaba bruscamente, haciendo mi cabeza de un lado para el otro. Él dijo:

—Sí tú quieres, puedes quedarte aquí por un tiempo y aprender un poco de mi magia.— Empecé a saltar de la emoción y dije:

—¡Sí! ¡Por favor!

—La gente que me conoce, me llama el hechicero azul… ¿Cuál es tu nombre?— Me quedé perpleja… «¡El hechicero azul…? ¡El hechicero de los cuentos y leyendas…? ¿Cómo es posible? ¡De verdad existe?» Dije con voz temblorosa:

—Lianne… Lianne Sylverlin.— Él dijo:

—¡Muy bien! Te llamaré Lianne. Tú solo llámame maestro, ¿está bien?— «¡Maestro…?» Estallé en llanto de la emoción… Él comenzó a caminar de regreso a la torre para pararse cerca de la puerta y decir:

—Muy bien… ¿Qué esperas, Lianne? De seguro tienes hambre. Vamos entra, estaba a punto de almorzar.— Entré emocionada y corriendo, jurándome casi al mismo tiempo que atravesaba el umbral… «¡Juro que algún día, yo seré la hechicera azul…!»

*************************

Avanzamos casi hasta la mitad del camino… La resistencia era casi nula, uno que otro regimiento virzuk que simplemente chocaba contra nuestras fuerzas para hacerse pedazos. «Parece ser que al final, han guardado lo que les queda de fuerzas para defender el campamento directamente o eso creo…» Le dije a Ray:

—¿Ray, dónde están sus defensores? Aquí no hay nadie… Esto está vacío.— Él dijo:

—Hay que tener cuidado, no vaya a ser que sus fuerzas estén ocultas y vayan a tratar de flanquearnos o emboscarnos…— Fui montando sobre el lobo hasta las cazadoras y les dije, nuestros temores… Ilana me dijo:

—No, Arlinne. Tenemos halcones en el cielo, no hay casi nadie a nuestro paso, más que unos cuantos en el campamento.— «¿Qué están tramando…? Esperaba que esta batalla fuera la más caótica y sangrienta de las que hemos librado hasta el momento, pero no hay nadie… ¿Se han rendido? ¿Han huido? No permitiré que el líder huya esta vez, tiene muchas preguntas que responderme».

Aproveche la tranquilidad de la marcha para ir a hablar con Lianne… Le dije:

—¿Entonces, hermanita, estás segura?

—Sí, renacuajo. Segura…

—¿Segura, segura?— Ella sin desesperarse, dijo:

—Sí. Segura, segura.

—Pero…

—Pero nada, renacuajo. ¡Ya!— «¡Buuu! ¡Qué grosera…! Hasta me gritó…» Agaché mi cabeza e iba a retirarme de nueva cuenta a mi posición, cuando ella dijo:

—Renacuajo… ¿Recuerdas cuando éramos niñas y nos poníamos a platicar casi toda la noche?

—Sí… Y tú eras fea y cuando te hartabas de mí, me golpeabas con la almohada para que nos fuéramos a dormir…— Ella se botó de la risa y dijo:

—¡Jajajajaja! Bueno… Sí tuviera una almohada en este momento, ¿sabes lo que pasaría? —Pues… ¡Qué personita tan fea! ¡Ya me voy!— Ella dijo, de la nada:

—Arlinne… Te quiero mucho. ¡Gracias por siempre preocuparte por mí!— «¿Qué hay con eso? De la nada… ¿No se estará despidiendo…? Por favor, no hagas una tontería». Volví a agachar mi cabeza para regresar a mi posición…

*************************

«¡Ay, Arlinne! ¡Jajaja! ¡Vaya que desesperas a veces, tus boberías, tus simplonadas, tus berrinches! Pero después de todo… No tengo ni idea de que hubiera sido de mí, sí no hubieras entrado en mi vida. Cuando recién llegaste a la torre, pensé lo que cualquier persona con cero empatía, hubiera pensado de ti… Que eras un niño rarito con muy mala suerte, pero como fue pasando el tiempo y te fui conociendo más y más, me di cuenta de que no eras un niño rarito, eras más bien… Una niña única y especial. Siempre quejándote de la maldición que te cambio el sexo, pero como veo las cosas, más bien te lo acomodó acorde, de forma inconsciente a tus sentimientos. Después de que entendí eso, fue más fácil convivir contigo y entenderte».

«Siempre pensé que eras boba e ingenua y a lo mejor hasta cierto punto lo eres… Pero sí tú no hubieras estado a mi lado todos estos años, yo jamás hubiera entendido lo que realmente es importante. Antes de que fuera nuestra prueba con el maestro, ni siquiera me hubiera imaginado que podrías vencerme frente a frente en un duelo de hechicería… Siempre vi tus hechizos como simples trucos, siempre pensé que eras floja, distraída y hasta ignorante, que jamás tendrías oportunidad de sobresalir como una hechicera. ¡Qué equivocada estaba, cómo lo estaba en mi manera de pensar…!»

«Siempre estaba ansiosa de amasar conocimiento, de saber más, de desarrollar nuevos hechizos… Sin ninguna razón o motivo en especial, solo por el simple hecho de hacerlo. Para mí, el conocimiento era la meta, eso enardecía mi ego, sin ningún otro objetivo. Estaba en una línea muy delgada… La línea que separa la omisión del abuso. Siempre he pecado de omitir, dejar pasar las cosas… ¡Al final del día, que diferencia hay entre alguien así y alguien como Ranzes o cómo el cardenal Sendius…? Personas corruptas hasta el tuétano por el ínfimo poder y conocimiento que poseen… ¡Qué deplorable…! ¡Hacia allá me dirigía! Después de omitir ese era el siguiente paso… Pero tú, Arlinne. Me rescataste de ese lugar, de esa línea… Una y otra vez, me sacaste de ahí. ¡Es por eso que debo de hacer lo que voy a hacer el día de hoy! Desde que viajo contigo, he intentado dejar de omitir y de verdad, tratar de ayudar… Desafortunadamente no soy una persona muy empática y tardo mucho tiempo en darme cuenta, cuando alguien sufre o necesita ayuda… Eso o simplemente lo ignoro. ¡Pero a partir de hoy eso cambiará! ¡Mi forma de ser, es tal como es, no puedo cambiarlo, pero a partir de hoy dejaré de omitir, dejaré de restar…! ¡Te lo prometo!»

*************************

Por fin, nos acercamos al campamento… Los pocos defensores que quedaban, se lanzaron contra nosotros. Era una locura, sí acaso serian unas cuantas docenas… «Estoy casi segura que están siendo controlados, nadie en su sano juicio haría tal cosa a menos que quisiera suicidarse… Un suicidio en masa además de todo». Volteé a ver a mis compañeros y les hice una señal, era el momento…

Rodeamos el lugar de la batalla montando… No había ni necesidad de pelear para abrirnos camino. No lo resistía más, tenía que saber que era lo que pasaba con los virzuk. Entramos al campamento por delante de los pocos defensores que quedaban… Lianne dijo:

—Renacuajo. Sigan al noroeste desde aquí, estarán bien, no hay guardas mágicas, ni peligros en ese lugar, más que unos cuantos virzuk.— Me le quedé viendo y dije:

—¿Cómo sabes eso…?

—¡No importa, como lo sé…! Solo lo sé. Nos veremos al rato, ¿está bien?— Asentí con la cabeza, sonreí como siempre y dije:

—¡Si! ¡Nos veremos al rato, cuídense mucho!— Los vimos partir en la dirección opuesta que iríamos nosotros… Volteé a ver a Ray y a Camille, les dije:

—Muy bien… ¡Vamos! Que ya me empezó a dar hambre y quiero regresar a comer panques con miel y jugo de naranja.— Camille rio y dijo:

—Arlinne, eso es demasiada azúcar, pero por esta vez supongo que estarás bien.— Sonreí y cabalgamos…

Íbamos a paso tranquilo, para poder reaccionar a cualquier peligro o emboscada que surgiera a nuestro paso… Pero, nada. «¡Qué diablos?» Vi unos virzuk a la distancia y pensé… «¡Perfecto! ¡Por fin…! Un poco de acción. ¡Vamos, vengan, aquí estamos…!» Pero solo los vi a lo lejos dar la media vuelta y salir corriendo… «¡Qué? Buuu…» Me desesperé y comencé a gritar:

—¡A donde van…? ¡Vengan, vamos a pelear como cuando atacaban las murallas…!— Nada… Huyeron despavoridos. Ray me dijo:

—Calma, Arlinne… ¿En realidad quieres matar a esos pobres diablos?

—¡Claro qué no…! Pero al menos que metan las manos…— «¡Qué aburrido! Bueno… Mejor así. Ray tiene razón, sí estos virzuks ya empiezan la retirada, es porque están asustados, eso es buena señal… Quiere decir que al menos estos, no están bajo ningún control mental».

De pronto, oí unas explosiones que venían en dirección de donde se supone iría Lianne… Frené al lobo para dar media vuelta, pero Ray me dijo:

—Amor, confía en ellos. Vamos, ya casi llegamos.— «Sí… Tiene razón». Apreté mi corazón entre mis manos y seguimos adelante.

Llegamos hasta una gran carpa de color blanco… «No hay duda, este es el lugar donde se encuentra el señor de la guerra virzuk. ¡Bien, por fin una batalla!» Bajé del lobo y mis compañeros también desmontaron. Dejamos los caballos listos para cualquier emergencia y el lobito, simplemente nos siguió al interior…

*************************

Avanzamos un poco para perder de vista a Arlinne y los demás… Paré el caballo y desmonté, le dije a Grand:

—Grand, de aquí en adelante será peligroso ir montando, dejemos los caballos por aquí.— Él se extrañó, pero igual me hizo caso. Agregué:

—Sígueme, pero no avances mucho delante de mí.— Me paré a unos cuantos pasos delante de él y conjuré a Canciller y los esqueletos. Ya en la presencia de todos, le dije a Grand: —Delante de nosotros, hay un campo minado con runas mágicas de todo tipo… Un paso en falso y puedes salir lastimado. Por el momento solo quiero que apoyes a los esqueletos en la batalla y obviamente que me protejas de los atacantes que se les puedan pasar a ellos.— Él no decía nada, solo asentía con la cabeza. Por último, le dije:

—¡Aah…! Y… ¡Muchas gracias, Grand! ¡Estoy en deuda contigo…! ¡Una deuda tan grande, que jamás te podría pagar todo lo que te debo aunque viviera dos veces…!— Él iba a decir algo, pero le hice una seña para que guardara silencio por un momento. Me empecé a concentrar y canalicé un conjuro… Una a una, las runas y guardas mágicas, estallaron delante de nosotros, como si hubieran sido activadas. Lo volteé a ver y solo por un instante, traté de sonreír… Sonreír inocente y sinceramente, como lo hacía Arlinne. Le dije con esa sonrisa:

—¡Vamos, mi caballero! Empecemos…

Avanzamos hacia nuestro destino, pero después de las explosiones… En un segundo, teníamos una horda virzuk, armada y equipada, frente a nosotros. Le dije a Canciller:

—Canciller, es el momento. Por fin, estamos aquí…— Canciller me respondió:

—¡Muy bien, su eminencia! Los chicos están listos.— Realicé algunos conjuros de soporte para apoyarlos y los virzuks se lanzaron contra nosotros…

Pero… Esos pobres imbéciles, nunca tendrían ni una esperanza contra Canciller y los chicos. Se estrellaban contra ellos, como una ola en el mar que choca contra un enorme peñasco. Era una masacre… Los esqueletos estaban enardecidos por el conjunto de todas las emociones que habían tenido en vida, eso más la fuerza, velocidad y resistencia sobrenatural con la que los había imbuido, era más que suficiente… Sin mencionar a Grand. Era un gigante ante ellos, como un titán que despedaza una montaña solo con sus manos, volviéndola añicos. Avanzamos sin ningún contratiempo… Hasta que alcancé a ver la carpa a lo lejos. Me quedé pensando… «Ahora lo entiendo todo, maestro… Discúlpeme. El conocimiento no es la meta, es solo el camino. ¿De qué sirve saber más que los demás? ¡Absolutamente de nada! Sí el conocimiento no se usa y se comparte con los que lo necesitan… Es solo como una roja y lustrosa manzana que cae del árbol y se pudre en el piso, desperdiciada…»

«Justo y tal cual, estuvo a punto de pasar conmigo… ¿De qué sirve toda esta belleza, todo este brío de juventud, sí no lo uso y lo comparto con la persona que más me ama en este mundo…? ¡Discúlpame Grand! Ahora entiendo todo… Ahora entiendo como te sientes y como te sentiste. ¡Discúlpame, no tendrás que esperar más!» Los esqueletos y Grand, habían acabado con todos… Estábamos a las puertas de la carpa. Le hice una seña a Canciller y él con los muchachos, rodearon la carpa para evitar que nadie interfiriera como habíamos acordado. Me lancé a los brazos de Grand y le dije tiernamente:

—¿Puedes esperarme aquí y asegurarte que la hechicera no reciba ayuda del exterior?— Él se sorprendió por mi reacción y cuando iba a responder… Me armé de valor y le planté un beso. Un profundo beso en sus labios… Nos quedamos ahí solo un instante, pero pareció una eternidad. Me descolgué de sus brazos y le dije sonriendo:

—Ya vuelvo, no tardo.

Caminaba rumbo al umbral de la entrada… «¡Muy bien, Arlinne! Ya me trajiste hasta aquí. Siempre pensé que tus ideas de ayudar a acabar la guerra, no eran más que un sueño de tu mente infantil, simples boberías, sin sustento, sin lógica… Pero que equivocada estaba. Sí alguien como nosotros, que tiene el poder y el conocimiento para cambiar las cosas no hace nada. ¡Los corruptos y abusivos la tienen fácil! ¡Pero no el día de hoy! ¡No más! ¡No mientras viva como la hechicera azul!»

*************************

Entramos a la carpa… Desenfundamos nuestras armas. El lugar estaba completamente vació, solo alumbraba el lugar una antorcha que muy pronto se quedaría sin combustible… «¡Se han vuelto a escapar!» Me molesté y empecé a maldecir, sin querer en voz alta…

—¡Mierda, otra vez!— Ray me puso su mano en el hombro para tranquilizarme… Cuando de pronto, escuchamos una voz…

—¡Bienvenida, bruja Arlinne!— Volteé en todas direcciones y entonces lo vi… Sentado en un trono forrado de pieles de animales. Un enorme virzuk en armadura ligera. El lobo empezó a gruñir y Ray, Camille y yo, nos alistamos para pelear…

El virzuk se dio cuenta de nuestras intenciones y dijo:

—Eso no será necesario, Arlinne. No pienso pelear contra ti. Al menos, no el día de hoy… Y tal vez, nunca más…

—¡Entonces, te rindes?

—¡No! ¡No me puedo rendir aquí, no en la forma que tú esperas!— Le dije, gritando:

—¡Quién eres?— Él comenzó a reír y dijo:

—¡Jajaja! Soy uno de los tres jefes de guerra virzuk que aún quedan en este mundo… Mi nombre es Thorak.

—¿Y bien, Thorak? ¿Qué va a ser…? ¿Vendrás y responderás mis preguntas por las buenas o tendremos que pelear?— Él dijo sorprendido, sin prestarme mucha atención:

—¡Vaya…! ¡Esa es la bestia guardiana del clan del colmillo! ¡No cabe duda que eres especial, como los rumores cuentan…!— Se detuvo por un momento y agregó:

—Varreth solía ser mi hermano de armas hace muchas lunas y le tomó más de cien días y cien noches, domar a esa bestia.— Me estaba desesperando… «¿Cien días y cien noches…? Pues que desperdicio de tiempo. A mí solo me tomó, ser amable con él, cuando realmente importaba». Respiré profundo, tratando de tranquilizarme… Él dijo:

—Arlinne… Sé que no estoy en posición alguna de exigir nada, pero tengo para ti, solo dos opciones. Por favor, escoge la que desees…— «¡Qué? Mmmh… Está bien. Lo escucharé…» —La primera opción es, tomar mi sangre en este lugar y hacer un poco de justicia para tu gente, sin llevarte nada más. O la segunda… Que después de terminado el invierno como ustedes lo llaman, nos reunamos al norte de las cordilleras, en las praderas al oeste de Kharsten. Donde con todo detalle, responderé a todas tus preguntas.— «¡Qué? ¡Aja! ¡Ni siquiera yo soy tan tonta e ingenua!» Le dije:

—¡Aja! ¿Y qué incluye la segunda? ¿Qué te dejemos escapar? Para que puedas tendernos una emboscada en tu territorio la siguiente vez…— Él comenzó a reír y dijo:

—¡Jajaja! ¿Crees qué no he tenido tiempo suficiente para planear una emboscada, desde qué me enteré qué venias hacia aquí…? Lamento decepcionarte. No hay nada de eso en mis planes.— Volteé a ver a Ray, buscando la respuesta en sus ojos… «¿Qué hago…? ¿Qué le digo? ¿Qué, si?» Ray se veía igual de confundido que yo. Le dije:

—Muy bien… Pero no será tan fácil. Te daré el beneficio de que tú escojas, pero con la condición, de que al menos me respondas tres preguntas… Sí quedo satisfecha con lo que escuche, te podrás marchar.— Él dijo:

—Muy bien… Me parece justo. Pero los detalles, solo te los podré dar en las praderas al oeste de Kharsten y yo a cambio de esas tres preguntas, te haré una también y te pediré algo, ¿te parece correcto?— «Mmmh…» Le dije:

—Está bien.

—Entonces, pregunta.— Yo le pregunté:

—¿Algo o alguien, los está obligando a salir de sus tierras y pelear contra nosotros?— Él respondió escuetamente:

—Sí.— «¡Lo sabía!» Pregunté por segunda ocasión:

—¿Dónde podemos encontrar al responsable?

—Al norte de la muralla de Kharsten, en un lugar que nosotros antes solíamos llamar en nuestro idioma… El círculo de flores.— «¿El círculo de flores…?» Solo me quedaba una pregunta más… «¿Qué debo preguntar…?» Me apresuré y pregunté:

—¿Por qué pelean?

—Ya ni siquiera lo sabemos nosotros mismos… En un principio por supervivencia, ahora solo por la locura de una sola persona.— «¡Diablos…! Debí de haber sido más específica». Él dijo:

—Es mi turno…— Asentí con la cabeza y él preguntó:

—¿Qué Arlinne vendrá al encuentro con nuestra gente a las praderas? ¿La Arlinne que dio de comer a mis hermanos presos y caídos en batalla o la Arlinne que destruyó las máquinas de guerra cómo sí fuera un demonio?— Me quedé en silencio… «¿Cómo sabía él, eso…?» Esa pregunta, de verdad me sacó de balance… Respiré profundo, me tranquilicé y contesté: —Eso dependerá de sus intenciones… Las dos. ¿A cuál de mí, quieren?— Él estalló en carcajadas y dijo:

—¡Jajaja! Eso es precisamente lo que quería escuchar… Tal vez, después de todo, aún tengamos una oportunidad. Ahora lo que te quiero pedir, Zaniwha. ¡Por favor, ayúdanos, ayuda a mi gente a recobrar sus tierras y a que por fin, podamos vivir en paz nuevamente!— «¡Qué…? ¿Me está pidiendo ayuda? ¿Pero…? Me está pidiendo ayuda sinceramente… Algunas personas me han llamado desde que era niño, bobo, ingenuo, idiota y… ¡Si! ¡Tienen razón, lo soy!» Le dije:

—Está bien, los ayudaremos… Te lo prometo. Pero con la condición, de que cuando nos reunamos en ese lugar, nos expliquen todo sin esconder ningún detalle, ¿está bien? ¡Sí intentan algo o me estás engañando, será mucho peor que sí te entregaras el día de hoy…! ¡Solamente verás a la Arlinne que destruyó sus armas de asedio!— Él rio complacido y dijo: —Me parece justo y correcto… Hasta pronto, Arlinne. Un placer conocerte, nos veremos en la pradera después de cincuenta lunas. Los estaremos esperando.— Solo salió del lugar corriendo… Debió de tener todo preparado para su escape… «¡Qué hice…? ¿En qué metí a mis amigos? ¡Por favor, espero no haberme equivocado!»

*************************

Pasé el umbral de la carpa, respiré profundo y me armé de determinación… Cuando estuve completamente en su interior, una tenue luz oscura, iluminó el lugar y una voz se dirigió a mí…

—¡Vaya, vaya, vaya! Pero sí solo eres una cría humana… ¿Dónde está Arlinne?— Comencé a reír burlonamente y dije, en ese mismo tono:

—¡Jajajajaja! ¡Arlinne…? Arlinne no es necesaria para poner fin a tu locura, tus días de necedad han llegado a su final.— La voz, dijo:

—¡Vaya…! ¡Qué valiente! ¿Y tu macho…? ¿Y tus marionetas? ¿No vendrán a ayudarte?— Le dije igual, burlándome:

—No es necesario que estén aquí dentro. Mi macho como tú lo llamas, ya me está ayudando para que nada, ni nadie, te pueda salvar de tu destino…— Me pausé un momento y con tono sarcástico, le dije:

—¿Y el tuyo? ¿Dónde está tu macho?— Ella empezó a reír y dijo, apareciendo unos pasos frente a mí:

—¡Jajaja! ¡Yo no necesito de un zángano, para estar completa! ¡El poder, la fuerza, la magia, es lo único que se necesita en este mundo!— Era una mujer virzuk, apenas y un poco más alta que Arlinne, cabello cano, piel arrugada y un semblante demacrado por la edad y torcido por la locura… «¡Justo lo que pensé!» Le dije, confiada:

—Ya veo… Eso me imaginé. ¡No debes de preocuparte por nadie más, Bruja! ¡Yo seré tu oponente…!

«Muy bien… Es hora de poner las cosas en marcha». Ella dijo, riendo:

—¡Jajaja! Como tú quieras… Te mostraré un poco de mi poder. Vamos, te daré la oportunidad. ¿Por qué no, empiezas? Atácame…— Sonreí, tomé mi bastón con las dos manos y recordé mi batalla contra Arlinne… Me quedé esperando a que comenzara a canalizar un conjuro… La vi… «¡Llegó el momento!» Me lancé con todas mis fuerzas para golpearla y tratar de interrumpirla…

Ella nunca se esperó nada así… «¡Claro qué no! ¡Es una locura qué solo se le pudo haber ocurrido a Arlinne…! Pero en esta ocasión, me servirá a mí también…» La ráfaga de tres elementos, me golpeó de lleno… Sentí mi carne arder por unos momentos… «¡No pasa nada! Solo un conjuro de principiantes». La golpeé de lleno con mi bastón… Apenas y la hice retroceder algunos pasos, suficiente para mis propósitos… Ella dijo burlándose, mientras yo me recargaba en el piso con una de mis manos:

—¡Jajaja! ¡Qué locura! ¡Esa es tu magia? Solo eres una niña que cree conocer el arte arcano, mira que arriesgar todo, tan solo para golpearme con tu bastón…— Sonreí, mientras me dolía de los efectos de su conjuro. Le dije inocentemente:

—¡Sí, verdad? ¡Qué estupidez! Lo mismo pensé yo, la primera vez que alguien hizo algo como esto en un duelo de hechicería.— Ella dijo, vociferando:

—¡Suficiente! ¡Te arrancaré la piel y me haré un forro para mi espejo con ella, luego mataré a Arlinne y le daré de comer su corazón a los demonios que serán mis esclavos!— «¡Jajajaja! ¡Uuy! ¡Todo eso…? ¡Jajaja! ¡Anciana estúpida!» Ella empezó a canalizar un conjuro… Yo debía de seguirle el juego. Esperé hasta el último momento… Un huracán de vientos oscuros, empezaron a aullar en todo el lugar. Esperé y esperé.. En el último segundo, levanté mi barrera mágica, dejando que la fuerza de su conjuro me empujara unos pasos hacia atrás, hacia mi posición original…

Casi llegaba al final de mi actuación… Era el último paso. Fingí que su conjuro era demasiado fuerte para mí, me dejé arrastrar con todo y barrera… Me sentí traviesa, así que empecé a gritar un poco… Como de dolor, como sí me arrancara la piel su conjuro. Por último, estallé mi barrera mágica a propósito, para disfrazar que había anulado su conjuro… «Mmmh… Un poco burdo, pero sí es lo suficientemente ignorante, caerá. Veamos…» Salí volando por la fuerza de mi barrera al explotar y emití un quejido de dolor, para caer unos pasos atrás, tendida en el piso. Ella empezó a reír a carcajadas y a caminar hacia el frente, a su posición original, mientras me decía:

—¡Jajaja! ¡Es tan divertido, verte gritar y llorar…! ¡Me da curiosidad saber qué tanto gozaré, cuando te arranque la piel estando aún viva!

De repente… Empecé a reír yo también, imitando el tono de su risa y haciéndolo mucho más fuerte. Reía y reía… Ella se quedó callada al oír mis carcajadas, que ya inundaban el lugar. Se enfureció y dijo:

—¡Qué estás loca? ¡Eres una masoquista? Jejeje…— Rio nerviosamente, después de decir eso. Yo me paré, viendo hacia el piso y aún riendo… Le dije bañada en lágrimas, mientras reía:

—¡Jajaja! ¡Lo siento, bruja! ¡Perdona! ¡Jajajaja! ¡No me quería burlar de tu magia…! ¿Por qué no, me enseñas algo que sea interesante? Como… ¿Con qué medios controlaste a esos monstruos? ¡Porque de algo estoy segura! ¡Con esa patética fuerza que tienes, eso es virtualmente imposible!— Empecé a caminar despreocupadamente por todo el lugar, viendo y observando todo… Ella me veía atónita. Le dije:

—¡Vamos, confiesa! ¿Dónde está el artefacto mágico que utilizaste para eso…? ¿En este baúl…? No, aquí no hay nada. Mmmh… ¿Por aquí…? ¡Detrás de este ropero? Mmmh. No, tampoco.— Ella se enfureció e inmediatamente empezó a canalizar… Se disponía a lanzar un conjuro, pero había tenido suficiente de sus payasadas. Al momento que lo iba a lanzar, solo volteé a verla, lo contrarresté y le grité, con un tono imperante:

—¡No! ¡No más, contesta!

Ella veía sus manos, incrédula… Lo volvió a intentar. Nuevamente lo contrarresté, solo volteando a verla al instante y haciendo mi conjuración al momento. Le grité de nuevo:

—¡Ya te dije, qué no! ¡La magia es como la música de una orquesta y aquí yo soy la directora, yo decido que nota suena y cuál no…!— Caminé por el lugar buscando… Hasta que lo vi. Un orbe de obsidiana, montado en un pedestal de lo que parecía ser marfil… Muy probablemente huesos. Le dije con tono autoritario:

—¡Es este…! ¡Verdad, bruja?— Lo analicé con algunos conjuros y le dije:

—Que decepción… Este solo es un receptáculo, una réplica. ¡Dónde está el original?— Ella se veía aterrada, enmudecida, al ver toda su trama deshilada en un segundo. Le dije:

—Ya veo… Tú no lo tienes. Solo recibes su poder desde este receptáculo… ¡Qué desilusión, la única cosa qué me daba interés de ti, de tu magia, era eso! He perdido el interés en ti.

Me empecé a concentrar y a canalizar mi conjuro sobre la réplica… Lo lancé y lo hice estallar en cientos de añicos… «¿Quién lo dijera…? Que con una disipación tan simple, sería suficiente». Ella estaba aterrada, al borde de las lágrimas. Le dije, burlándome:

—¿Qué pasa, ahora vas a llorar…? Lo siento, no podía dejar que tu juguete siguiera existiendo. No podía permitir que siguieras recibiendo el poder de controlar a los monstruos o de maldecir a las personas de muerte. Espero que lo entiendas…— «Bueno… No es como que ella vaya a sobrevivir tampoco…» Le dije terminantemente:

—¡Muy bien…! ¿Qué más tienes? Porque me empiezo a aburrir…— Ella dijo, cambiando por completo su tono:

—Ya veo jovencita… Errr… ¿Por qué no, te nos unes? Con tu fuerza, en meses podrías ser la emperatriz de todas las tierras humanas.— Hice una cara, como sí lo pensara y dije:

—Mmmh… No. Creo que no. ¿De qué me serviría gobernar sobre un montón de ruinas humeantes?— Ella trató de fingir, para de pronto sorprenderme con un conjuro que tenía preparado de antemano… Esa era la tercera vez, me enfurecí, canalicé, lo contrarresté y le dije, enfurecida:

—¡Cómo eres necia! ¡Qué no entiendes? ¡Qué no hay nada que tú puedas decir o hacer, que yo simplemente no pueda negar!— Instintivamente trató de huir, de empezar a correr, pero no podía mover sus viejos y cansados pies…

Me volteó a ver aterrada, al darse cuenta de que no podía moverse. Reí y le dije:

—¡Jajaja! Estabas muy entretenida lanzándome tus conjuros, así que para que no te aburrieras, te puse algunas runas en el piso, ¿recuerdas…? Cuando me lancé con mi bastón a golpearte…— Burlonamente hice una seña con mi bastón, imitando que golpeaba algo…

Las intentó disipar… Relámpago tras relámpago, la golpearon en secuencia, con ella aún de pie, pegada al piso. Tallé mis ojos para que se humedecieran un poco, después de ver el resplandor de los relámpagos… «Mmmh. Hasta Arlinne sabía, cuando era una bruta que eso pasaría… ¡Qué decepción…! ¡Qué estoy diciendo…? Arlinne aún es una bruta. ¡Jajaja!» Cambié mi semblante… Había llegado el momento de acabar con esto. Ella se arrodilló y dijo, llorando de terror:

—¡Lo acepto! Eres una poderosa hechicera. ¡Por favor, perdóname la vida!— La vi de reojo, sin siquiera voltear por completo en mi camino hacia la salida…

—Yo, tal vez pueda perdonarte… Al final, para mí no eres una amenaza… Pero dudo mucho que ellos lo puedan hacer…— Los esqueletos y Canciller, empezaron a entrar a la carpa como habíamos acordado. Ella empezó a canalizar… La verdad era, que yo ya no podía más… «No puedo volverla a contrarrestar… Estoy exhausta». Así que tuve que dejarla hacer para ver de que se trataba y reaccionar a la situación…

Zombis y esqueletos animados, se levantaron del piso… «¡Vaya! ¡Jajaja! Después de todo, no había de que preocuparse…» Le hice una seña a Canciller para que avanzaran y destruyeran esos andrajos… Le dije a la anciana:

—No creo que eso sirva de mucho… Esos que has traído, sí son marionetas… Carcasas vacías… Los chicos son algo diferentes… Verás, mis muchachos son diferentes, porque ellos aún conservan su alma. ¡Lo peor para ti, es que recuerdan exactamente toda la angustia, desesperación y dolor, que les hiciste pasar cuando los asesinaste arteramente!— Su rostro se llenó de terror, mientras el último de sus muertos vivientes caía en pedazos al piso. Le dije:

—En fin… Solo estás cosechando, lo que con anterioridad habías sembrado… Que te puedo decir… Yo estuve a punto alguna vez, de dirigirme al oscuro lugar donde te encuentras ahora. ¡Te agradezco…! Al menos, eso me has demostrado. ¡Disfruta el pago de tus acciones, que te diviertas!— Sonreí inocentemente y me acerqué a Canciller. Le dije, muy bajito:

—¿Podrían hacer que no grite demasiado…? No quiero que mi caballero se ponga nervioso… Por favor.— Él dijo:

—Claro, su eminencia. Lo primero que arrancaremos, será su lengua.— Asentí sonriendo… Salí de la carpa, oyendo sus gritos y viendo como se hundía en un mar de huesudas manos que reclamaban su carne.

Fui corriendo a los brazos de Grand. Le dije:

—¡Listo, cariño! Lo siento por haberte hecho esperar. Los chicos se encargarán de limpiar lo que quedó, ¿nos vamos…?— No podía más… Sentía que desfallecía. Iba a perder el equilibrio, me había excedido. Grand reaccionó al instante y me cargó en sus brazos. Le dije:

—¡Gracias, Grand! Te quiero…— Él me llevó de vuelta a los caballos… «Lo siento, Arlinne, pero era lo que merecía… Sí tú hubieras estado aquí, no me podía arriesgar a que le perdonaras la vida a un gusano como ese».

*************************

Me quedé parada ahí, decepcionada… «¿Qué fue lo que hice…? ¿Estuvo mal? ¿Bien? Sí Thorak hubiera caído en las manos de alguien más, seguramente hubiera vivido las más grandes penurias de toda su existencia, pero… ¿Es lo que merece…? Se veía arrepentido y acongojado… Además nos pidió ayuda de una forma tan sincera… ¿Qué es el bien? ¿Qué es el mal?» Tallaba mi cara con mi mano… Camille y Ray, reaccionaron al momento que vieron que no me movía, ni decía nada… Ray dijo:

—¿Estás bien, Arlinne?— Le contesté bajito:

—No lo sé… ¿Lo estoy? ¿Hice bien? ¿O mal?— Camille se acercó a mí y me abrazó por la espalda. Dijo:

—No lo dudes, ni por un momento. ¡Hiciste bien! Matar o hacer sufrir a una persona más, no cambiará en absolutamente nada las cosas. Y sí bien, él es culpable, su juicio y penitencia solo se han pospuesto.— Esas palabras me reconfortaron un poco, pero… Dije:

—¿Estuvo bien que haya prometido ayudarlos…? ¿Así a la ligera, sin consultarlo con ustedes? Lo siento, perdónenme…— Está vez, Ray dijo:

—No hay nada de que preocuparse, peque. Todos estamos aquí contigo, porque dijiste que acabarías con la guerra, ¿no?— Lo miré directamente a los ojos, ya llorando… Asentí y él continuó:

—Entonces, no hay problema. Seguramente ayudándolos se acabará la guerra. —Entonces… ¿No están molestos conmigo, por ser una alcahueta de los malos? ¿Por qué me haya convencido tan fácil?— Camille dijo, mientras me apretaba entre sus brazos:

—Claro que no. ¡Estamos orgullosos, porque eres la única persona que conocemos, que después de haber sufrido tantas perdidas con la guerra, tienes aún ese enorme corazón, incluso con nuestros enemigos!— Ray asintió con la cabeza. Me empecé a sentir mucho mejor y les dije:

—¡Jijiji! Lo siento, por mi actitud… Iremos a verlos en cuanto acabe el invierno y nos encargaremos de que la fea personita que está haciendo todo esto, se arrepienta de sus acciones.— Todos estuvieron de acuerdo. Salimos de regreso, me preocupaba Lianne… «Mejor, darnos prisa»

Llegamos hasta la parte del camino donde nos habíamos separado de ellos… Mi corazón se alivió al verlos ahí… Pero dio un sobresalto, cuando vi a Lianne en los brazos de Grand. Desmonté de un salto y corrí hacia ellos… Llegué gritando:

—¡Hermana! ¡Lianne! ¡Estás bien?— Traté de buscar y revisar por heridas… Sí se encontraba algo maltrecha. Tenía quemaduras en algunas parte de su cuerpo… Iba a revisar sí respiraba, pero cuando me acerqué, me gritó en el oído:

—¡Si! ¡Estoy bien! ¡Qué escandalosa…! No pasa nada. Solo me quedé descansando mis ojos un par de minutos, aquí con mi caballero.— Ella hizo una seña a Grand, la dejó bajar y se puso de pie. La abracé y le dije:

—¿Segura no te duele nada?— Ella dijo, abrazándome también:

—No, renacuajo. No me duele nada.

—¿Segura, segura?

—¡Sí! Segura y no sigas con eso, porque me voy a enojar.— «¡Buuu!» Sí estaba bien, era la misma Lianne de siempre… Camille se acercó y empezó a atenderla… Camille dijo:

—Estás bien, no es nada grave. En un segundo estarás como sí nada.— Lianne le agradeció y esperamos ahí un rato, en lo que la atendía.

Todos regresamos caminando, con excepción de Lianne que la dejamos que montara, mientras Grand, jalaba las riendas de ambos caballos. Les conté brevemente a Grand y Lianne lo que había pasado de nuestro lado… Lianne dijo:

—¿Y no me digas…? Lo dejaste escapar…

—Sí… Ehh… Nos sirve más con vida, que muerto.— Seguí explicando y todos quedamos de acuerdo en planear e ir a la cita al campamento virzuk. Lianne dijo:

—Yo también tengo información importante que darles, acerca de lo que pasó acá, pero antes de eso debo de comprobar algunas cosas… Denme algunos días para estar segura y se los haré saber.— Estuvimos de acuerdo. Por fin habíamos llegado a la entrada del campamento. Habíamos prometido decir, que cuando llegamos ahí, el jefe de guerra virzuk ya había escapado…

Llegamos con los demás… Cuando nos vieron de regreso, empezaron los gritos de alegría. Todos estaban felices, por fin había acabado la guerra para Montloarc. Montamos y acompañados de todos, regresamos a la capital. Toda la gente estaba en verdad, muy contenta y esa sensación me empezó a inundar a mí también. «¡Me alegro tanto! Por fin, estas personas pueden estar en paz y seguir con su vida de una manera tranquila». Por un momento me sorprendí, de lo lejos que habíamos llegado todos. Volteé a ver a mis amigos… Todo era gracias a ellos. «¡Qué alegría!» Además nos acercábamos a nuestra meta… Pero una sombra se empezó a apoderar de mi corazón, como si al deshacerme de una preocupación, otra ocupara su lugar e invariablemente regresó a mi mente… «¡Voy a ser papá…! ¡Pfff! ¡En qué diablos me metí…?»

Después de una breve recepción y un discurso realizado por el rey Alons y la reina élfica, nos fuimos por fin, a descansar. El rey anunció que el día de mañana les harían un homenaje a los legionarios de la muralla de Veranda, al ex canciller Reon y a todos los legionarios, de cuerpo presente… «¡Qué alegría! ¡Eso está muy bien!» También dijo, que para celebrar nuestra victoria y a nosotros, después del funeral darían un banquete en nuestro honor y un baile de gala pasado mañana… «¡Baile de gala? ¡Qué bobería! Yo solo me quedaré a dormir entre mis cobijitas, que ha estado haciendo mucho frío. ¡Espera un momento…! ¿Y si Ray quiere ir? No… No creo que le gusten ese tipo de cosas. Bueno… Y sí, sí le gustan, que lleve a Miranda… Que más me da. Yo no quiero ir a un baile de gala…»

Llegamos a la hostería, aunque el rey insistió e insistió que nos quedáramos en el castillo… «Pero no, no me siento a gusto en el castillo. No soy una princesa, ni una noble, ni nada… Me gusta mi cama de hostería con Ray a mi lado y el lobito sobre nuestros pies, en estas noches tan frías…» Llegamos, cenamos y nos fuimos a descansar, quedando al día siguiente que nos veríamos a medio día, para preparar todo para ir a la ceremonia de Canciller y sus muchachos.

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«¡Por fin, llegó el momento…! Estoy más nerviosa que cuando peleé con esa bruja…» Me quedé pensando… «¿Y sí a él ya no le interesa…? Como he dejado pasar tanto tiempo a lo mejor perdió el interés… Me lo tendría bien merecido, por jugar con los sentimientos de los demás. ¡No! Relájate… Seguro le interesa. Cualquier hombre estaría gustoso de llevarse todo esto a la cama… Pero… Grand es muy diferente a todos los hombres que he conocido… ¿Y sí de verdad, ya no le interesa? Quedaría como una tonta… ¡Qué pena! ¡Está bien, no puedo hacerme para atrás! De ser necesario, entonces lo volveré a conquistar, pero… ¿Qué vio en mí la primera vez…? Seguro no fue mi cuerpo, estaba más plana que una tabla en ese entonces, solo era una niña… Más plana que Arlinne. Nunca fui amable con él… Entonces tampoco puede ser mi carácter. Ni mi carácter, ni mi cuerpo, entonces… ¿En qué otra cosa se fijan los hombres…? Mi sonrisa no puede ser, porque nunca en la vida he sonreído de manera natural y cotidiana… Mmmh… A ver, cálmate. ¿Mis ojos…? Mmmh… ¡Sí! ¡Eso puede ser, mis ojos…!» Me vi directamente a los ojos en el espejo del baño de la hostería… «Son lindos… Sí, muy lindos. Completan el paquete, pero a ver… No hagas caras enojadas… No frunzas el ceño… Parpadea discreta y provocativamente… ¡No! ¡Nada de eso funcionará, Grand no es así…! Estoy casi segura que sí me le insinúo con la mirada, he sido tan mala persona con él, que nunca entenderá el mensaje… ¡Qué hago…? ¿Y sí hago caras bobas como Arlinne? A los hombres muy masculinos les suelen gustar esas boberías… Ahí está el más grande ejemplo, Ranerd Forthand. En ocasiones él y Grand, parecen tallados de la misma madera… A lo mejor eso puede funcionar». Intenté hacer las caras de Arlinne frente al espejo… Me empecé a botar de la risa… «¡No! ¡Jajajajaja! ¡Eso es imposible para mí, me veo ridícula…! ¡Jajaja! Después de todo es un don, sí no lo tienes, no lo tienes… ¡Basta! Solo lo veré con mi mirada honesta y un poco asustada que tenía cuando lo conocí, sí las cosas van a mal… Ni modo, rogaré… No hay hombre que se pueda resistir a algo así».

Salí del baño… Camille, Ray y Arlinne, se habían empezado a levantar de la mesa… «¡Perfecto! Debo encargarme de que entren a sus habitaciones, antes de empezar con lo mío… No quiero pájaros en el tendedero… Sin mencionar, que no me quitaría de encima a Arlinne, el día de mañana, sí siquiera sospechara lo que voy a hacer». Llegué hasta ellos y me comporté con naturalidad… Arlinne dijo:

—Mi camita me está hablando. Lo siento, me voy. ¿Nos vemos mañana a mediodía…?— Y sonrió como siempre… «Mmmh… Ahora solo falta, que Ray se vaya con ella a atender sus negocios. Sí se queda aquí con Grand, tomando. Esto ya valió». Iba a hacer un comentario, de que de verdad se veía cansada… «No, mejor no. Puede salir en mi contra y Ray pensando en que debe dejarla descansar, a lo mejor no se va con ella…» Camille contestó:

—Sí. Mañana nos veremos aquí para después ir a la ceremonia, ¿verdad, Lianne?— «Mmmh… ¡Eh? ¿Cuál ceremonia? ¡Ah, sí, si!» Contesté:

—Sí. A mediodía está bien.— Arlinne sonrió, se dio media vuelta y empezó a subir las escaleras… «Ray… Vamos, Ray. Ve ese traserito apretado que va subiendo. ¿No quieres ir a arreglarle su asunto a Arlinne? Corre…» Ray dijo:

—Buenas noches a todos, que descansen. Nos vemos mañana.— «¡Perfecto!» Solo asentí con la cabeza, cuando me volteo a ver… «¡Muy bien, está hecho!» Camille dijo, acercándose a mí:

—¿Lianne, cómo sigues de tus heridas? Vamos a tu habitación para que las revise y puedas descansar.— «¡Eh! ¡Qué? No… Nunca me espere esto, no de ti, Camille… ¿Qué digo…? ¡Está bien! Esto lo tenía reservado para Arlinne, sí se ponía de necia. ¡Perdóname Camille no lo quería usar contigo!» Dije:

—Camille, estoy bien, no te preocupes… ¡Mira…! Pero tú me preocupas, te ves muy cansada…— Ella dijo:

—¿Tú crees…? Me siento bien. Realmente no hice mucho el día de hoy, apenas y te sané un poquito a ti y a uno que otro soldado…— Me le quedé viendo a su rostro con detenimiento y dije:

—Tal vez, entonces sea la preocupación… ¿No estabas muy preocupada por la batalla y de que saliéramos heridos?

—Sí… Eso sí. ¡Se me nota?— «Perdóname Camille, en realidad te aprecio mucho…» Dije: —Sí… Camille. Deberías de ir y descansar, seguro para mañana te sentirás mucho mejor.— Ella se quedó pensando y dijo:

—¡Sí, eso haré! ¡Gracias, Lianne! ¿Segura no necesitas que te dé una revisada?

—Claro que no, estoy bien, ¡mira…!— Grand se había empezado a levantar de su asiento… «Vamos Camille…» Camille dijo:

—Siendo así… Buenas noches. Grand, Lianne, que descansen.— Grand sonrió y dijo: —Igualmente, Camille. Buenas noches.— Le dije:

—Buenas, Camille. Descansa.— Por fin, Camille subía las escaleras… Grand empezó a buscar su bolsa de dinero en su uniforme, dejó algunas platas de propina y me volteó a ver para decir:

—¿Lianne, no iras también a la cama?— Había llegado el momento… Di un paso hacia él, hice mis ojitos asustados de cuando era niña y le dije:

—Estaba pensando… ¿Grand, te gustaría pasar la noche conmigo…?— «¡No! ¡Qué hice? ¡No debía de ser tan directa…! ¡No con Grand! ¡Arruiné todo en un segundo! ¡Qué va a pensar de mí…?»

Me apené muchísimo… Como nunca lo había hecho en mi vida. «¿Por qué me siento tan apenada? Como si fuera una niña declarándosele al chico que le gusta…» Lo vi a los ojos, pero cuando me devolvió la mirada, no pude más y tuve que hacer mi mirada hacia otro lado… «¡Lo estoy echando todo a perder! ¿Qué hago? ¿Qué digo?» Él se acercó aún más a mí y me pasó ambos brazos por mis hombros… Me dijo con una voz tierna:

—¿Estás segura…?— «¿Qué es esta sensación…? ¿Es… Amor?» Le dije, apretando mis labios:

—Sí, Grand. Por favor. Acompáñame esta noche y todas las que restan de nuestras vidas.— Apenas y lo alcancé a ver a los ojos por un instante… Su rostro se había iluminado de la alegría. Me sentí tan feliz, pero tan profundamente feliz, al ver su reacción… Lo tomé de la mano y empecé a caminar rumbo a las escaleras, pero él simplemente me tomó por la cintura y me cargó en sus brazos como sí fuera una pluma.

Ya en el pasillo, me preguntó:

—¿Cuál habitación…? ¿La tuya o la mía?— Le dije:

—No importa… A partir de mañana, serán una y la misma. Escoge tú.— Me llevó hasta mi habitación, saqué la llave de entre mis ropas y se la di.

Él abrió, me depositó en la cama y cerró la puerta… «¡Muy bien! Ya estamos aquí, como lo había planeado, pero… ¿Por qué sigo sintiéndome tan apenada…?» Él se sentó en la cama a mi lado y extendí los brazos… Lo quería sentir encima de mí. «Es enorme, pero estaré bien». Él se recostó encima de mí con mucho cuidado. Le dije:

—Tranquilo, no te preocupes. No soy tan frágil, como crees.— Lo abracé y nos quedamos un largo rato, así… Abrazados.

Me quedé pensando… «Mmmh… Grand no creo que tenga mucha experiencia con las chicas… No importa, lo guiaré todo lo que sea necesario, pero antes…» Le di un profundo beso y le dije:

—¡Gracias, Grand…! Tengo curiosidad de saber algo, espero no te moleste contestarme en este momento…

—Para nada, dime.— Me quedé como una boba por un segundo y le pregunté:

—¿Qué es lo que viste en mí? He sido como dice Arlinne, una personita muy fea contigo… ¿Por qué has aguantado todo? Dime…— Me quede en silencio, suspirando, esperando su respuesta… Él dijo:

—¿Qué vi en ti…? No lo sé, es difícil de explicar, me gustaste desde el primer día que nuestros ojos se cruzaron. Tal vez, tus ojos, tu mirada, tal vez que te veías muy segura de ti misma… No lo sé con certeza. Disculpa que no te pueda dar una mejor explicación… ¿Por qué he aguantado tanto? Bueno… Nadie nunca dijo que iba a ser fácil, no puede ir uno por el mundo esperando que las cosas que de verdad valen la pena, simplemente pasen solas. Algún esfuerzo tenía que hacer… ¡Jajaja!— Mis ojos se humedecieron… «¿Tan buena creía él, que era yo, para aguantar todas mis groserías, desdenes y payasadas…? Te lo recompensaré todo… Te lo prometo, mi amor».

Lo abracé y nuestros labios se volvieron a unir… Pero esta vez lo besé con pasión. Tenía que encenderlo… Quería que me lo hiciera sin reservas, que me apretara y estrujara en sus enormes brazos. Quería verlo explotar de placer.

Se empezaban a calentar las cosas, pero Grand aún no tomaba la iniciativa… Tomé su mano y la guíe hasta mi pecho a la vez que sonreía traviesamente… Él lo tomó uno con una mano y el otro con la otra… Los estrujó. Sentí un espasmo recorrer todo mi cuerpo. «¡Qué placer…! ¡Qué delicioso! ¡Sí, así mi amor, apriétalos! ¡Son tuyos…! Ahora sé, porque los tengo tan grandes… Siempre me duelen los hombros, al principio cuando crecieron de esta manera incluso me estorbaban… Pero son del tamaño justo para las manos de mi hombre. Justo a su medida…» Me puse feliz, mientras seguía retorciéndome de placer entre sus manos…

Estaba ardiendo… Quería más… Más intimidad. Lo detuve por un momento y me empecé a deshacer de mi toga y de una vez, de mi sujetador. Me volví a recostar, quería sentir lo mismo de hace un momento, pero ahora en mi piel desnuda. Él continuó y no pude contenerme… Empecé a gemir. Metió mis pezones por completo en su boca y los sorbió con ansia y desesperación… «¡Qué delicia…! ¡Grand, más, por favor…!» No podía más, ya estaba escurriendo a chorros, pero me concentré en el placer. Algo me dijo en mi interior… «Déjalo que disfrute todo lo que quiera… El tiempo que quiera. Ha esperado una eternidad para esto. Seguro, yo puedo esperar un poco más para rogarle que me penetre hasta el fondo de mi alma… Lo detuve un instante y le dije, jadeando:

—¡Desnúdate mi amor! ¡Por favor!— Él me sonrió y se desnudó… «¡Aah! ¡Es enorme! ¿En qué me he metido…? ¡Jajaja! No importa como, pero me las ingeniaré para que pueda recibirlo todo…» Volvió a recostarse sobre de mí… Su piel estaba ardiendo al igual que la mía. Le dije, mientras me seguía besando:

—Cariño… Sácame lo que me queda de ropa, por favor. Que está haciendo mucho calor.— Él sonrió tiernamente y me sacó las bragas y las medias… Se quedó ahí, parado, mirándome. Estaba completamente desnuda ante él, por fin. Ahí, tendida y desnuda. Me inundó la vergüenza… Hice un esfuerzo por hacerla a un lado y le dije traviesamente:

—¿Qué pasa lobo…? ¿No vas a devorar a tu liebre? Por fin la atrapaste después de todo este tiempo…— Comencé a acariciar su miembro con mi mano. Agregué:

—Sí no la comes ahora, ¿qué crees que pensará la liebre? ¿Qué no era en serio? Que solo la perseguías sin ningún motivo o para asustarla… Tú no querrás, que la liebre piense que no la estás tomando en serio, ¿verdad?— Él se encendió al escuchar mis palabras y hundió su boca en mi sexo, húmedo y ardiente. Gemí sin control y jadeando le dije:

—¡Ves…! ¡Así está bien! La liebre ahora sabe que no debe de jugar con el lobo, porque terminará devorada, pero… ¿Quién sabe? Tal vez le guste a la liebre y después se deje devorar sin que la tengas que perseguir por tanto tiempo…

Estaba tan excitada, que simplemente no lo pude soportar más, tomé su cabeza por sus cabellos y me empecé a retorcer sin control… Grité de placer, revolviéndome en la cama, no podía más y estallé… Estallé ahí en su boca. Él me sujetaba firmemente con sus manos, una de uno de mis muslos y la otra sujetando mi cintura.

El placer seguía y seguía, estaba fuera de control… Sentía que iba a desfallecer. Le dije, rogando:

—¡Por favor, Grand. ¡Detente un momento!— Él se detuvo y traté de recomponerme… Le dije, jadeando:

—Vamos, recuéstate. Ahora es mi turno.— Cambiamos de posición… Lo tenía frente a mí. «¡A ver…! ¿Una mano…? ¡No, las dos!» Lo acaricié tiernamente de abajo hacia arriba… Intenté ver a Grand nuevamente a los ojos, para ver su rostro de placer, pero no pude… Solamente pasé rápido la mirada por su rostro y me dio tanta pena… Mejor concentré mi atención en lo que tenía frente a mí…

Me recosté sobre las piernas de Grand, acercando mi cuerpo y poniéndolo a su alcance para que pudiera tocarme, mientras yo jugaba y besaba su parte. Lo recorrí en toda su longitud con mis uñas y la punta de mi lengua… No lo resistí más y lo metí a mi boca. «¡Qué rico! ¡Está tan calientito y húmedo…! ¡Pero…! ¡Qué voy a hacer? Está tan rígido y es tan grande… Me va a partir en dos…» Jugué por un largo rato con él, poniendo atención a todos los detalles, pero había llegado el momento… «¡No aguanto más…! ¡Quiero sentirlo dentro de mí!»

«¡Allá voy…!» Traté de sentarme sobre de él… Estaba tan húmeda, que fue fácil al principio, poco a poco se fue abriendo camino en mi interior, hasta que por fin, empezó a llegar más allá que cualquier otro y chocó contra algo en mi interior. Rozando algo que nunca había sentido a nadie que lo hiciera anteriormente. Lo sentía como un hierro candente que chocaba contra un muro en mis entrañas… Grité inconscientemente. Él me dijo:

—¡Lianne, estás bien?— Traté de sonreír, tragando saliva y le dije:

—¡Sí, cariño! No te preocupes, estoy bien…— Empecé a moverme de arriba hacia abajo, pero me dolía y cada que chocaba me sentía algo incómoda. Sin darle mucha importancia, me excité más y más… De alguna forma, empecé a saborear también esa sensación…

Era mi castigo por haber sido una niña tan mala con él… En un momento estaba vuelta una loca otra vez y me hundía a saltos, gimiendo de placer al subir y llorando de dolor al bajar… «¡Qué rico! No voy a aguantar mucho más…» Y solo por un momento, pasó por mi mente… «¡Sí, Grand termina dentro de mí, esto puede salir un poco mal! No quiero quedar embarazada, no ahora… Además, me está tocando tan profundamente, que casi, casi, me los va a dejar en la puerta y conociendo al papá, seguramente serán lo suficientemente tenaces para lograrlo a la primera…» Bajé el ritmo de mi movimiento y le dije:

—Grand… Lo siento, no estoy usando ninguna protección… ¿Podrías cuándo llegue el momento, hacerlo fuera de mí? Solo por hoy… En lo que pensamos algún método de planificación familiar.— Él dijo:

—¡Claro, no te preocupes!— Quedé más tranquila y reanudé mi movimiento.

Como me acercaba al clímax, lo hacía más y más rápido, sambutiéndolo de un solo movimiento una y otra vez… No pude más y llegué al orgasmo ahí arriba. Grand también estaba por terminar, no quería que se saliera en ese momento tan rico… Pero, ni modo. Empezó a quejarse de placer y salté de mi lugar… Lo empecé a besar frenéticamente, como una loca. Unos cuantos segundos y estalló como una fuente… Quedé empapada de toda la cara, incluso me cayó en mi ojo. Me empezó a arder y empecé a reír sola. Él empezó a reír también y le dije con mi tono de siempre:

—¡Jajaja! ¡De qué te ríes…? Pásame una toalla de ahí, de la cómoda, por favor.— Me ayudó a limpiarme y nos recostamos ambos en la cama…

La verdad, es que la cama sí nos quedaba chica… «Lo bueno es que no suelo moverme mucho de noche y espero que él tampoco… Sí no voy a salir volando medio dormida. ¡Jijiji!» Reí nuevamente sola, mientras lo abrazaba, recostada sobre su pecho. Él me preguntó:

—¿De qué te ríes?

—¡Jijiji! Creo que sí necesitaremos pedir siempre la habitación con la cama más grande que tengan y si no la hay, podemos juntar dos camas como esta.— Él dijo:

—No te preocupes, sí quieres hoy puedo dormir en una silla.— Le puse mi dedo en sus labios y dije:

—No, tonto. Nunca. Yo casi no me muevo, no tendremos problemas.

—Está bien, mañana lo arreglaremos para que siempre estés cómoda. Por mi parte, puedo dormir hasta parado, no te preocupes.— Reí, pero lo creí. Él era muy disciplinado. En eso, recordé y le dije:

—Hablando de desmadres en la cama… Recordé que necesito que mañana me hagas un favor a lo largo del día.— Él dijo:

—Por supuesto. ¿De qué se trata?

—Mira… Es sobre Arlinne. Lo que pasa es lo siguiente… A ella de verdad le gustaría ir al baile de gala y llevar un hermoso vestido, pero por su situación siempre ha tenido sentimientos encontrados. Necesito que de alguna forma, lleves a Ray a dar la vuelta por algún lugar en lo que Camille y yo, la convencemos de que vaya con nosotras al baile.

—Sin problema, pero… ¿De verdad, Arlinne quiere ir? Yo la vi algo molesta cuando mencionaron ustedes lo del baile, después de que el rey lo dijo.— Le dije:

—Precisamente… Por eso estaba molesta, porque se muere de ganas de ir, pero le da pena.

—¡En serio…?

—Sí, tú confía en mí. Nadie conoce a renacuajo mejor que yo… Incluso cuando éramos niñas, en sus sueños bailaba y se regodeaba en eventos de ese tipo… ¡Jajaja! Bien sabes que Arlinne es un desmadre cuando duerme. ¿Cuántas veces la has tenido que voltear en el campamento para que no termine dormida sobre la hoguera o peor…?— Él dijo, riendo:

—¡Eso sí! ¡Jajaja!

—Bueno… Igual de niña, soñando… Bailaba y platicaba con héroes y nobles, inventados en su cabeza, mientras dormía.

—¿Y tú la entendías…? Yo simplemente no puedo, parece que solo dice incoherencias…— Le dije, riendo:

—¡Jajaja! Es un arte adquirido… Sí, la entiendo y seguro, Ray a estas alturas también. En un principio creí que solo estaba loquita, pero con el tiempo me empezó a dar curiosidad… ¡Jajaja! De todas formas no podría dormir, así que en lugar de seguir enojada, porque no me dejaba dormir, decidí ponerme a hablar con ella, mientras ella dormía y así aprendí.

—Está bien, solo hazme una señal y llevaré a Ray a tomar algo por ahí.— Quedamos de acuerdo y al final nos venció el sueño… Así, conmigo encima de él, abrazados.

*************************

«¡Bleeh! ¡Tengo mucha sed! ¿Qué hora es…? ¡Qué cosa? ¿Por qué estoy así, acomodada en la cama? ¿Y dónde está Ray?» Tenía las piernas atravesadas al lado de Ray, mis pies recargados en su almohada, mi cabeza casi cayendo por la parte del frente de la cama y el lobo durmiendo en mis brazos… El lobo despertó de pronto al verme despierta y me empezó a lamer directamente en mi boca abierta… Le dije:

—¡Espérate! ¡Ya sé por qué tengo tanta sed!— Lo solté de entre mis brazos y simplemente se acomodó para seguir durmiendo del lado de Ray.

Oí la corriente de agua desde el baño… «¡Aah! Se metió a bañar». Me acomodé como debí de haber estado en la cama y me volví a tapar… «Hoy no tengo ganas de hacer absolutamente nada. Bueno… No hay de otra. Los espantos de Lianne, merecen su homenaje… Mínimo debo de atender eso, pero después me disculparé con todos y regresaré a dormir a mi camita. ¡No quiero ir a ese banquete, mucho menos al baile del día de mañana…! ¡Hace mucho frío!»

Me quedé pensando tristemente… «Pareciera que otra vez voy a empezar a arrastrar la cobija. Me siento mal anímicamente… La emoción de las batallas se empieza a disipar y me siento otra vez así, de esta manera. Lo peor es que Ray no se merece esto… ¡Qué horror…! ¡Soy un incordio! Para empezar, no quiero ni imaginar que noche debió de haber pasado ayer…» Ray salió del baño. Me asomé de entre las cobijas y me dijo:

—Buenos días, peque.

—Buenos días, amor…— Me quedé en silencio, pero después de un segundo, le dije: —Disculpa por lo de anoche…— Él rio y dijo:

—¡Jajaja! ¿Cuántas veces te tengo que decir, qué no pasa nada? Ya me acostumbré.

—Soy un incordio, ¿cómo me aguantas? ¿Hay alguna vez qué te dejé descansar en paz?— Él siguió riendo, mientras se vestía y dijo, haciendo una mueca como sí recordara:

—La verdad es que… Sí. A veces, no sé de qué dependa, pero cuando no haces nada en todo el día, cuando no tienes emociones fuertes o después del sexo especialmente intenso… Sueles dormir como un bebé. ¿Ahora no tienes sueño?— Le dije, extrañada:

—No… ¿Por qué?

—Porque platicamos toda la noche. Por un momento dudé que estuvieras dormida, pero así parecía ser, sorprendente…

—Lo sorprendente es que me entiendas… Soy un fenómeno, en todos los sentidos de la palabra.— Me volví a hundir entre las cobijas. Él dijo:

—Amor, dime una cosa… ¿De verdad, no quieres ir a ese baile de gala?— Saqué mi cara de entre las sabanas y dije:

—No… Nadita. ¿Por qué? ¿Dije algo en mi sueño…?— Él dijo:

—No, nada en especial, pero por un momento pensé que te gustaría.— Torcí mi boca y le dije:

—No, amor. Gracias por preocuparte, pero… ¡Ehm…! ¡Ni siquiera tengo vestido y son muy costosos, algunos cuestan incluso sumas de tres dígitos en oro y para algo así, se me hace un gasto innecesario!— Él se quedó pensando y dijo:

—Arlinne, sí el problema es el oro, yo tengo algo de dinero guardado. Me daría mucho gusto comprarte tu vestido…— Le dije, sobresaltada:

—¡Claro, que no! ¡Sí no quiero gastar mi oro, mucho menos el tuyo, como crees!— Él, terminó de vestirse y dijo:

—Bien. Duerme otro rato, aún hay tiempo antes de la ceremonia.— Me disponía a hundirme en mi almohada, cuando oímos que alguien tocaba a la puerta… Le dije:

—¡Qué, ya es tan tarde…? ¿No qué aún había tiempo?

—Tranquila… Son como las diez de la mañana. Iré a ver quien es…— Ray abrió la puerta y salió por un momento… «Mmmh… ¿De quién se trata? ¿De Grand? A lo mejor quiere que lo acompañe a algún lugar antes de la hora». La puerta se abrió de par en par y Ana entró corriendo… Ray dijo:

—Iré a desayunar. Estaré abajo, peque. Pórtense bien.— Ana dijo:

—Sí. Gracias, Ray. Yo cuidaré de ella por un rato.— El lobo se emocionó y brincó encima de la cama al verla… Ana lo empezó a acariciar, mientras el lobo la olisqueaba por todas las partes de su cuerpo. Yo dije, aún sorprendida por su visita:

—¡Ana…! ¡Qué haces aquí?

—¿Qué…? ¿No te da gusto verme? Me escapé un ratito para venir a ver a mi amorcito.— Sin decir nada más se desnudó y saltó dentro de la cama, me abrazó y entrelazó sus piernas con las mías… Me dijo, con su rostro muy cerca del mío:

—Me dice Ray, que te sientes un poco mal, ¿todo bien amor?— Me quedé callada y cabizbaja… Ella dijo:

—¿No me digas qué es por lo nuestro? ¿Por el paquetito que encargamos?— Yo seguía sin hablar… Ella se molestó un poco y dijo:

—Arlinne… Relájate. ¿Cuántas veces te tengo que decir? Que no importa. Los hijos deben de crecer y salir adelante, independientemente de sus padres. ¿Qué importa que tú seas como eres? Sí, él o ella es una buena persona, se abrirá camino y no nos reprochará nada de nada. Sí no, sin importar que tú seas como eres o un rey o un héroe de leyenda… Él nos reprochará todo.— Me le quedé viendo y le dije, bajito:

—¿Tú crees…?

—¡Estoy segura!— Sonreí como sí me hubieran quitado un peso de encima y empecé a acariciar su vientre… Le dije:

—¿Y luego…?— Ella se echó a reír y contestó:

—¡Jajaja! Amor… Eso lleva tiempo. Es muy pronto para saber cualquier cosa, mejor vamos a jugar un ratito para que el horno esté siempre calientito, si no puede que el panque no esponje.— Me empecé a reír y a dejarme llevar por el aroma de su piel…

Nos estábamos dando un baño calientito, muy rico y ella me dijo:

—Amor… ¿Tienes vestido para el baile del día de mañana?— Volví a torcer la boca, como hace rato y le dije:

—No, amor. No iré al baile.— Ella se sorprendió y molestó al mismo tiempo. Dijo:

—¿Pero… Cómo? ¿Por qué? Sí tú eres la invitada de honor, no puedes no ir…— Reí, molesta por sus comentarios…

—¡Jajaja! Claro que puedo… Solo vendré y me meteré en mi camita, así de fácil podré.— Ella se enojó mucho y dijo:

—¡No, Arlinne! ¡No es justo! Yo tengo tanta ilusión de que vayas y verte con un vestido de gala… Además quiero bailar contigo. ¡Te lo mereces, te lo has ganado…! ¡No me vengas ahora con que esas son cosas de chicas…! Porque me voy a enojar más, pensando que solo quieres ser una chica cuando te conviene…— Me entristecí al verla así y pude haberme enojado aún más, como ella… Pero no quise, no pude. Solo me solté a llorar… Ella me veía sorprendida y dijo:

—¡Ay, Amor…! Es como con lo del bebé, ¿verdad? Tienes pena de ir…— Me abrazó… Seguí llorando entre sus brazos. Me dijo al oído:

—Amor… Dime que por lo menos, lo pensarás más tranquila.— Le dije un poco más calmada…

—Está bien… Lo pensaré, pero no te prometo nada, discúlpame.

Bajamos las escaleras… Era casi la hora. Todos estaban reunidos en la mesa después de desayunar. Ana saludó a todos y me dijo:

—¡No hay excusa, te veré al rato en el banquete! ¿Está bien?— «¡Pfff!» Le dije:

—Está bien… Pero de lo otro, no te prometo nada.— Ella se despidió de todos y Lianne dijo: —¡Bien hecho, Analena! ¡Así mismo, regáñala más, la tienen muy consentida!— Volteé a ver feo a Lianne y Ana salió riendo del lugar, de regreso a sus asuntos. Me senté a la mesa y dije:

—Pues vamos, andando, ¿qué esperan…?— Ray dijo:

—Creo que Lianne tiene razón… Tengo que empezar a ser más estricto contigo.— Volteé a ver feo a Lianne nuevamente… «¡No le metas ideas a Ray en la cabeza! ¡Qué personita tan fea!» Le dije:

—¿Y ahora por qué?

—Pues… No pensarás ir sin desayunar… ¿O sí? Ya ordenamos tu desayuno, lo tienen dentro para que no se enfríe.— Dije, haciendo un puchero:

—¡No tengo hambre!— Lianne dijo:

—¿Segura…?— Y en eso, un enorme platón lleno de panques junto con una jarra llena de miel, llegaron a la mesa… Volteé a verlos a todos. Quité mi cara de berrinche y dije:

—Bueno… Creo que sí tengo un poco de hambre después de todo.— Llegó el jugo de naranja… «¡Qué rico!» Me hundí en la comida, sonriendo como una tonta, mientras todos reían.

Llegamos al lugar… El cementerio de la ciudad, especialmente hecho para los miembros de las fuerzas armadas. Las trompetas empezaron a sonar y Lianne convocó a todos los festejados. Los esqueletos, instintivamente se formaron como cuando lo hacían en vida, formando filas… Perfectamente alineados y disciplinados. Canciller se puso frente a ellos. Sonaron las trompetas nuevamente y el rey pasó frente a todos, inspeccionando las filas… Todos los esqueletos saludaron con su huesuda mano en su cráneo, parados en posición de firmes. El rey hizo una señal y dijo:

—¡Pueden descansar, soldados!— Los esqueletos cambiaron de posición y al mismo tiempo, el rey caminó hasta al frente junto con Canciller. Dijo:

—Comandante Reon Lysander, de las fuerzas armadas legionarias de la muralla de Veranda del reino de Montloarc. Es para mí un gran honor, felicitarlo y condecorarlo, por su ejemplar desempeño en sus labores, llevando su recelo por sus obligaciones y deberes, más allá que cualquier otra persona lo haya hecho antes. Me llena de orgullo saber que alguien como usted estaba a cargo de las fuerzas en ese lugar, donde cualquier otro, hubiera faltado a sus obligaciones, usted y sus fuerzas han cumplido su obligación incluso después de la tragedia de la que fueron víctimas, mostrando que ni siquiera la muerte es un obstáculo para su patriotismo y el amor que tienen por su madre patria.— El rey se puso en posición, saludó a Canciller marcialmente y Canciller le devolvió el saludo. El rey continuó:

—Esa es la razón por la cual, para mí es un honor, nombrarlo de nueva cuenta, Canciller. ¡Pero esta vez, Canciller de la defensa y comandante supremo de las fuerzas legionarias de Montloarc!— El lugar completo estalló en aplausos y ovaciones…

Las lágrimas empezaban a rodar por mi rostro… «¡Qué felicidad! Después de todo… Lo que había hecho Lianne, era la cosa más amable y honrosa. El prisma de la moralidad es realmente frágil… Lo que en otras circunstancias pudo haber sido el acto más vil y despiadado, esta vez había sido una bendición llegada del cielo para todos estos soldados, que su único pecado fue cumplir con su deber. ¡Estoy tan orgullosa de Lianne! Tener el temple para hacer algo así, estando tan segura de sí misma… No cabe duda, con ella a mi lado, nunca erraré el camino, sin importar que decisiones morales deba de tomar». El rey continuó, pidiendo silencio:

—¡Eso no es todo, también me complace nombrar a todas sus fuerzas, con el título de caballeros de la muralla! Forma en la que serán conocidos y recordados por generaciones por venir. ¡Ya qué el día de hoy será nombrado oficialmente el día de los caballeros de la muralla y así será recordado y festejado! ¡Cómo el día en que estos valientes legionarios se levantaron del piso, haciendo a un lado el peso de la mortalidad y defendieron nuestras tierras contra los invasores!— El lugar volvió a estallar en vitoreos y ovaciones, mucho más fuertes que la vez anterior…

El rey pasó al frente y Dilara le entregó un pergamino… Era una lista. Uno a uno, el rey fue mencionando a los chicos por su nombre y apellido. Los esqueletos avanzaban al frente, saludaban y el rey les entregaba la espada que los reconocía como verdaderos caballeros de Montloarc. Así fueron pasando uno a uno, al terminar, Canciller dio algunas palabras de agradecimiento para que al final, el rey por fin los despidiera, diciendo que podían descansar en paz.

Después de que algunos de los chicos se despidieron de sus familias y seres queridos, todos avanzaron hasta las que serian sus tumbas… Las trompetas volvieron a sonar, pero esta vez con un tono fúnebre. Los esqueletos se hundieron dentro de la tierra de sus tumbas, entre un mar de aplausos y vivas. Canciller de igual forma se desvaneció dentro de las paredes de la que sería su cripta.

Dejé de llorar… Estaba tan orgullosa. «¡No cabe duda, la magia es un poder fabuloso y como cualquier poder, puede brindar tristeza o alegría, creación y destrucción! La necromancia después de todo, no es diferente… Lo que es malo, son las personas que quieren abusar de ella para su beneficio».

*************************

«Vamos a ver que podemos encontrar por aquí… ¡Vaya! Este anciano, sí que se da la gran vida…» Miraba asombrado alrededor del lujoso castillo… «Sí mis adivinaciones no me fallan, mi querida colega “el gran espíritu”, también está involucrada hasta el cuello con este despreciable anciano…»

Las puertas de la sala se abrieron, mientras el Marqués de Estramberg entraba apresurado, seguido de su corte más cercana…

—¡Localizaron a la sacerdotisa, inútiles?

—Su grandeza… Estamos en eso… Desafortunadamente, pareciera que se la ha tragado la tierra…

—¡Son una turba de imbéciles…! ¡Cómo es posible, que una chica acompañada de dos docenas de niños, se hayan esfumado en sus narices…? ¡No paren hasta encontrarles! ¡La sacerdotisa me importa un comino, pero…! ¡A esos niños les he invertido mucho dinero, cómo para no sacarles ningún beneficio!

«Niños… Mmmh. No esperaba menos de alguien como él…»

—Sí, su grandeza… Estamos casi seguros, que han huido al oeste, a las tierras de la capital… Debemos ser cuidadosos… Su majestad, la reina Lenor, podría meternos en un aprieto, sí sus asuntos llegan hasta sus oídos…

—¡Lenor…! ¡Lenor! ¡Otra vez, Lenor! ¡Grrr…! ¡Muy pronto esa estúpida será comida para los gusanos! ¡Mmmh…! Está bien… Sean cuidadosos. He sido muy paciente todos estos años como para estropearlo ahora… Dejen por el momento ese asunto pendiente. Nada, ni nadie puede intervenir por ahora en el reino de Kharsten… Ya llegará nuestro momento.

—Como ordene, su grandeza…

—Mmmh… ¡Bueno y qué esperan? ¡Lárguense de aquí! ¡Quiero estar a solas! Tengo que pensar en las acciones que tomaremos a continuación…

—Como diga, su grandeza… Con su permiso…

El grupo de hombres, todos de cuestionable reputación, abandonó la sala… Momentos después, una voz resonó en la habitación, llamando la atención del viejo…

—¡Marqués de Estramberg…!— La voz del viejo tembló y le contestó a la voz…

—¡Oh…! ¡Mi diosa! ¡Estabas aquí? ¿En qué puedo servirte…?— Era la voz de Iskiel… También conocida por otras de sus víctimas, como el gran espíritu…

—¡Anciano! ¡Los salvajes han fracasado…! La chica de los flecos sigue con vida y se acerca peligrosamente hasta tus dominios…— El viejo contestó, confiado:

—Mi diosa… Disculpa mi atrevimiento… Pero… ¿Por qué te inquieta tanto una simple chiquilla? ¡Qué puede hacer una simple jovencita a tu divina majestad?— Iskiel se manifestó de la nada, canalizó un conjuro y levantó al anciano del piso por el cuello…

—¡Eres idiota, anciano? ¡Son héroes…! ¡Verdaderos héroes! ¡Sabes lo que implica…? ¡Todo aquello por lo que has robado y traicionado a tu propia humanidad, está en peligro!— Iskiel arrojó al anciano un par de metros contra un librero… Y agregó:

—Sí esa chiquilla llega hasta aquí, es posible que desenmarañe la trama que por más de veinte años nos costó construir… ¡No permitiré que interfiera en mi obra y tú estás de por medio! ¡Asegúrate de que cuando llegue a Kharsten, no salga con vida de ahí! ¡No puede llegar a las tierras de los salvajes!— El viejo temeroso, se acomodó la ropa y recobró su

compostura…

—Está bien, mi diosa… Pero… Pero… La reina Lenor…— Iskiel se llenó de furia nuevamente y le contestó:

—¡La reina pronto estará muerta…! El tiempo que le han comprado, se acerca a su final. Ese es el momento que tú aprovecharás para culminar todas tus ambiciones… ¿Querías ser el rey de Kharsten, no? ¡Pues no solo serás el rey, serás el emperador! ¡Ni siquiera el antiguo reino de Tsun, se comparará con toda tu majestuosidad!— Una sonrisa siniestra se dibujó en el semblante de ambos…

—¡Muy bien, mi diosa! ¡Tus deseos son mis órdenes! ¡En cuanto la infame, Arlinne de Veranda pise la capital, sus días estarán contados!

—Así lo espero, marqués… Sinceramente, así lo espero.— Iskiel se desvaneció en un parpadeo y el viejo quedó solo en la habitación, recargándose en su escritorio… «Mmmh… ¡Jajajajaja! ¡Pfff! Ambos con la percepción de la realidad, completamente alterada… Desafortunadamente, personas como ellos nunca se dan cuenta, que para todo veneno, hay un antídoto y para toda enfermedad, una cura… ¡Jajaja!»

Fin del Capítulo 18.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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