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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 19

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Capítulo 19: Capítulo XIX: Ilusión.

Capítulo 19.

«¡Vaya! ¡Me siento mucho mejor, después de la ceremonia y el desayuno, aunque siendo sincera… Casi no comí nada. Me dicen que me han pedido el desayuno y luego todos se lo comen junto conmigo… ¿Qué no habían desayunado ya? Está bien… No importa. Me gusta compartir la comida, especialmente con ellos, pero… Tengo hambre. Después de todo, sí tengo ganas de ir al banquete, ojalá haya cortes de pollo o cerdo a las brasas, eso sería delicioso, especialmente con una rica ensalada».

«En lo que he estado aquí, me he podido dar cuenta que este reino es muy grande y tiene muchas provincias, hay nobles de todos lados… Supongo que esa fue una de las causas del porqué los virzuks jamás pudieron conquistar el reino. Sus ataques solo venían del norte, pero todas las provincias del sur, siguieron abasteciendo a la capital de víveres, materiales y soldados. Jamás hubieran ganado los virzuk, de no ser por la hechicería… ¡Cierto! Lianne aún no nos ha dicho nada sobre la hechicera virzuk… Supongo que cuando pase todo esto, le preguntaré en serio que es lo que ha descubierto».

La gente se empezó a arremolinar a la salida del cementerio… «Bueno… ¡Allá vamos otra vez!» Sonrisas a diestra y siniestra… Toda la gente agradecía por haber ayudado a liberar el reino, muchos querían estrechar nuestras manos, incluso algunas mujeres abrazar y robar un beso a los chicos, al igual algunos hombres nos lanzaban piropos discretos o comentaban con otros hombres sobre nuestra belleza… «¡Qué cosas! ¡Cómo ningún hombre me hizo un piropo antes…? Cuando estuve fuera de la torre, pensando que moriría al ir a Tsun. Digo no estuve mucho tiempo en las villas y aldeas cercanas, pero me hubiera ayudado mucho a mi autoestima en ese momento. Además, es solo la emoción del momento, si no hubiera tenido nada que ver en esto, seria como siempre… Una chiquilla más con el pecho plano, nada que ver con Camille o con Lianne. ¡Ellas sí que son bellas de verdad…! Lianne y esas enormes pechugas, con esa cinturita… ¡Qué envidia! Y Camille no se diga… No tiene las mismas proporciones que Lianne, pero con esa piel tan blanca y ese rostro como de figurita de porcelana. ¿Qué oportunidad tengo yo ante ellas? ¡Bleeh…! Ya me están dando ganas otra vez de irme a refugiar abajo de las cobijas de mi cama…»

Por fin, nos acercábamos al castillo… Ray me dijo:

—¿Cómo te sientes, peque? ¿Mucho mejor?— Le dije, sonriendo:

—Sí, amor. Un poquito, aunque igual con todo este alboroto, solo quisiera estar tapadita en mi cama o cualquier otro lugar que no fuera aquí.— Él solo rio y se quedó callado…

Entramos al castillo y nos condujeron hasta el lugar del banquete… Había muchísimos invitados, todos parecían nobles o caballeros. Ana llegó corriendo hasta mí y dijo:

—¡Arlinne! ¡Sí, viniste! ¡Qué bueno! Vengan, siéntense en esta mesa con nosotros y la gente del gremio…— Me arrastró hasta la mesa…

Llegamos, saludé a todos, al capitán Tenarius a Miranda y un par de señores de bigote que no conocía… «Supongo es gente del gremio en el reino…» El capitán y los hombres de bigote, inmediatamente acapararon a Grand y a Ray, destapando botellas y brindando. Yo me quedé del otro extremo de la mesa con las chicas, solo viendo las botellas con ilusión… Le dije a Miranda:

—¿Oye Miranda, los chicos que venían con el capitán, no los invitaron?

—Sí, tomatito. Están allá, mira.— Volteé… «¡Ah, cierto!» Ella dijo:

—Lo que pasa es que el capitán dijo, que como eran todos más o menos de la misma edad, sería mejor que se sentaran juntos para que pudieran platicar a gusto.— «Ya veo, el capitán siempre tan considerado de los demás…» Quise alcanzar con mi brazo una de las botellas, antes de que esos cabrones se las tomaran todas, pero Ana me dio un manazo en mi mano y dijo:

—No, amor. Nada de eso hasta que hayas comido.— «¡Buuu! ¡Para eso querías que viniera…?» Me le quedé viendo, haciendo un puchero, pero ella dijo:

—Ni lo intentes… Tus berrinches no funcionan conmigo. Primero comerás y luego dejaré que bebas un poquito.— «¡Qué…? ¡Qué mandona! Gracias al cielo que mi pareja es Ray. Sí estuviera de planta con Ana, siento que mi vida sería muy distinta…» Lianne se descosió de la risa y dijo:

—¡Jajaja! ¡Ana, así mismo, edúcala!— «¡Qué horror…!» Hice una mueca y traté de olvidar el incidente. Ana me dijo al oído:

—Lo siento, amorcito. No te enojes, pero debes de comer primero, le puede caer de peso a tu pancita.

—Está bien, comeré y después beberé…

Así pasamos el rato… Platicando. Hasta que llegó el momento. El rey dio un largo y aburrido discurso, nos felicitó por nuestros esfuerzos y todos los presentes aplaudieron… Sonreía automáticamente… «¿Y la comida…?» Por fin al finalizar, llegó la servidumbre encargada del evento y empezó a servir más botellas en todas las mesas y charolas con exquisitos platillos en cada una de ellas… «¡Yumy! ¡Todo se ve delicioso!» Cuando todo estuvo servido, por fin todos se dispusieron a comer… «¡Muy bien, por dónde empiezo…?» Me iba a levantar a servirme, pero Ana dijo:

—Calma, amor. Yo te serviré. ¿Qué es lo que quieres probar?

—Todo se ve muy rico, pero quisiera un poco de pollo o cerdo…— Ella asintió con su cabeza, sonriendo y me sirvió en mi plato un poco de sopa seca, ensalada y un par de piezas de pollo, preparadas de una forma que no conocía… «¡A ver? ¡Yumy! ¡Qué delicia! Al final, sí valió la pena venir».

Cuando estábamos terminando de comer, Ana se disculpó y me dijo:

—Ahora vuelvo…— Se levantó al baño y Miranda la acompañó. Camille y Lianne, se me acercaron y se sentaron a mi lado. Yo me les quedé viendo, intrigada y les dije:

—¿Sí…?— Lianne dijo:

—Renacuajo, ya nos enteramos, de que no quieres ir al baile de mañana.— «¡Otra vez eso…?» Torcí la boca y dije:

—Así es… No quiero ir.— Camille dijo:

—Pero Arlinne, será muy bonito, ¿por qué no, quieres ir?

—Discúlpenme… La verdad, ya no quiero dar más excusas, simplemente no quiero ir…— Camille se entristeció y Lianne dijo:

—¿Cuánto más tiempo seguirás así, renacuajo?— Me quedé con mi boca torcida… Ella agregó:

—¿Por qué no, aceptas de una vez, qué te mueres de ganas de ir, pero qué te da pena injustificada por tu condición?— No me quería molestar otra vez, no con ellas… Pero Lianne me estaba atacando directamente. «Tampoco me quiero soltar a llorar aquí en medio de toda la gente». Le dije firmemente:

—No está a discusión, hermana y sí me aprecias… Respétame un poquito, aunque sea este rato que estamos frente a toda esta gente.— Me quedé molesta, solo regresando a mi plato de comida. Lianne dijo:

—¡Sabes, renacuajo? ¡No es justo, especialmente para ti misma!— Me quedé helada… Busqué en mi corazón por un momento… «¿Quiero ir al baile…? ¡Sí! ¡Nada me daría más gusto en la vida, que ponerme un hermoso vestido de color rosa, con zapatillas, adornos y bisutería que hicieran juego! Pero… No soy realmente una chica. Que vergüenza… ¿Qué hago?» Lianne dijo:

—¿Por qué no, lo aceptas de una vez?— Le dije, enfurecida, pero muy bajito:

—¡Es qué, me da mucha pena! ¡Qué no lo entiendes?— Ella arremetió nuevamente…

—¿Y no te da pena, andar en esa falda todo el día, enseñando los calzones cada que te agachas o saltas por todas partes? ¡No es tan larga como crees, renacuajo!— Me puse roja de la cara y le dije:

—¡Es diferente…!

—¡Aah, sí? ¡Por qué?— Me quedé callada… Tenía razón, no era diferente bajo ninguna circunstancia… Era incluso peor.— Le dije:

—¡Está bien! ¡A partir de mañana me vestiré de pantalón!— Y me volví a hundir en mi plato, enfurecida. Por fin, Camille intervino y dijo molesta:

—¡A ver, basta! No es bueno que los hermanos peleen y menos por algo como esto… Arlinne, los medios que utiliza Lianne, tal vez no sean los más correctos, con esos comentarios tan mordaces y sarcásticos… Pero la verdad, es que solo quiere que te sientas mejor contigo misma y vayas al baile y yo quiero lo mismo. Seguro estando ahí, lo disfrutarás muchísimo.— «¡Todos contra mí, no es justo! ¿Qué no entienden? ¡Qué solo quiero estar sola esa noche y llorar tranquila, mientras abrazo mi almohada y maldigo el no poder ser una mujer de verdad! ¡Está bien! No hay otra forma de quitarme a todos de encima…» Les dije:

—¡Bueno, ya! Lo pensaré, ¿está bien? Sí por algún motivo, llego a pensar que sí quiero ir, buscaré un vestido mañana por la mañana y todas iremos felices y contentas… Pero sí lo pienso bien y no quiero… ¡Ustedes irán y se divertirán mucho, por favor! Ahora, ya no me hagan discutir, que me va a dar un retortijón en mi pancita con la comida.— Por fin, se quedaron tranquilas. Después de un rato más, Miranda y Ana, regresaron a la mesa y seguimos comiendo como sí nada, para después destapar las ricas botellas de licor de frutas que había sobre la mesa.

Salimos tarde de la reunión… Ya hacía mucho frío por las noches y muy probablemente era solo cuestión de días para que empezara a nevar. Me las había ingeniado para tomar bastante sin que Ana se diera cuenta…

Ana me había despedido ilusionada, porque mañana nos veríamos en el baile… «¡Bah! ¡Qué bobería…! ¡Quién necesita un baile? ¿Quién necesita un hermoso vestido color de rosa, de mangas cortas, listones y encajes entrelazados bajando al talle del vestido? ¡Yo, no…! Yo tengo este delicioso licor de frutas…» Casi llegábamos a la hostería y una helada corriente de aire, me levantó la falda… «¡Brrr…! ¡Qué horror! Tal vez tengan razón, esta falda empieza a ser mala idea, especialmente en invierno. Ese viento… Sentí que casi me congela el alma». Entramos a la hostería… Me despedí rápidamente de todos para que no sacaran el tema nuevamente y subí las escaleras corriendo, sujetando mi falda por la parte de atrás. Entré a mi habitación, me quedé en ropa interior y salté dentro de la cama… «¡Qué rico! ¡Por fin, algo calientito!» Tomé la botella que traje a escondidas, la puse en el buró y me la empecé a tomar a sorbos. Ray entró en la habitación, se desvistió y se metió a la cama… Me dijo:

—Buenas noches, amor. Voy a la cama.

—Buenas noches…— Pero… Me quedé intranquila y le dije:

—¿Tú no insistirás, en que debo de ir al baile?

—No… ¿Te gusta que te rueguen?

—¡Claro, qué no!

—Entonces, no. No insistiré. Es tu decisión, pero sabes… Deberías de ser un poco más honesta contigo misma. ¡Sí ya decidiste vivir tu vida como una chica, tómatelo en serio!— «¡Zas…!» Él se despidió:

—Tengo mucho sueño, amor. Que descanses…— Me quedé ahí, paralizada por lo que él había dicho…

Apagué la luz para que él pudiera dormir y me puse a pensar, pensar y pensar… «Todos tienen razón… Ya no estoy para cosas a medias. Ando enseñando el trasero todo el día en esta falda, todo el tiempo hago caras de niña tonta, mis reacciones corporales, señas y modos, todos son los de una chica de mi edad… Incluso tengo un hombre, del cual estoy perdidamente enamorada. No solo eso, tenemos sexo muy frecuentemente y mi papel en ello, no es precisamente el de un chico y tan poco puedo negarlo a estas alturas… Debo aceptarlo tal y como es. Incluso me encanta que me penetre… Además de todo, ya pienso en mí misma, todo el tiempo como una chica. Entonces… ¿Por qué me da pena ponerme el pinche vestido e ir al baile?» Tallaba mi cara, tratando de buscar la respuesta. «¡Muy bien, lo he decidido! ¡Voy a ir al baile! ¡Voy a comprar el más hermoso vestido color rosa que haya en toda la ciudad, junto con unas hermosas zapatillas altas! ¡Iré a que me arreglen el pelo y me pondré las joyas que he guardado todo este tiempo, precisamente para un momento como este…! Y les demostraré a todos, quien es Arlinne de Veranda. ¡La más hermosa guardabosques de todas estas tierras! No necesito etiqueta, he aprendido suficiente, verán que tan refinada puede ser esa mocosa que brinca y se raspa las rodillas en batalla por salvar su noble trasero». Inconscientemente empecé a sonreír y así me fui a dormir, con una sonrisa en mi rostro.

Desperté por la mañana… «¡Muy bien, es hora de comenzar!» Ray aún dormía… «¡Perfecto! Le escribiré una nota y se la pondré aquí en su buró». El lobo iba a comenzar a ladrar, pero le hice una seña de que guardara silencio y le dije:

—Ya vuelvo, cuando Ray despierte, avísale de la nota.— Me vestí y salí…

«Muy bien, lo primero… Arrastrarme como un gusano para que Lianne me ayude con todo, después de que nos peleamos ayer». Toqué a su puerta, ella respondió:

—¿Sí…?

—Soy yo, hermanita. ¿Estás disponible?— Oí voces dentro de su habitación… «¡Espera un momento…! ¡Esa es la voz de Grand?» Tapé mi boca… Ella salió medio vestida y dijo:

—¿Qué quieres, Arlinne?— «¡Buuu!» Aún seguía enfurecida… Le dije, tratando de verme arrepentida:

—¿Arlinne…? ¿Ya ni renacuajo, ni nada?

—No estoy de tan buen humor contigo, pero… ¿Qué quieres? Estoy algo ocupada. ¡Aah! ¡Y ni se te ocurra hacer un escándalo por lo que te acabas de enterar!

—¡No! ¡Jamás haría algo así…! ¡Errr! Verás, yo…

—¡Ya renacuajo, escúpelo ya!— Cerré mis ojos, rogando por que no me mandara a volar al otro lado del mundo y dije:

—¡Yo… Sí quiero ir al baile! Ayúdame a escoger un vestido. ¡Por favor!

—¡Lo sabía! Pero siempre eres una pinche necia… ¡Te debería dejar sola, para que por una vez en tu vida te des cuenta de tus acciones!— Le dije, arrepentida:

—Lo siento, no estaba de humor y…

—¡Lo sé, siempre es lo mismo!— La abracé y dije:

—¡Perdón! ¿Sí…? ¿Me perdonas…?— Hizo una cara de hastío y dijo:

—¡Está bien, pero es la última vez, Arlinne! La siguiente vez que te queramos ayudar y te pongas así, de mi cuenta corre que te dejemos ahí con tu berrinche, hasta que te pongas verde como un limón…

—¡No, no seas fea…! ¡Tenme paciencia!— Ella se apartó y dijo:

—¡Ya, ya, está bien! Déjame ir a vestir… Iremos a la habitación de Camille, ya tengo tu vestido y tus zapatos.— «¡Mi vestido y mis zapatos? ¿Pero cómo…?»

La esperé afuera de su habitación… «¿Vestido y zapatos…? ¿Cómo serán? Espero sean bonitos…» Salió y dijo:

—Como te has podido dar cuenta… Grand y yo, ya estamos en una relación más seria. Les íbamos a decir a todos, pero ahora que te enteraste, no será necesario. ¡Por favor, sé discreta!

—¡Claro! ¡Qué alegría por ti, hermanita…! ¡Por los dos!— Ella sonrió y dijo:

—Renacuajo…— Le dije, interrumpiéndola:

—Sí, ya no me regañes… Entiende que a veces, mi cabecita está mal.— Ella dijo:

—Lo sé… Por eso, al final estoy ayudándote, pero debes por lo menos para la siguiente vez, dejarte ayudar, ¿está bien?— Asentí con la cabeza… Llegamos a la habitación de Camille y Lianne tocó. Camille salió con un camisón… «¡Vaya! ¡Guau…! Para alguien que duerme sola… Eso es un poco atrevido». Camille se tallaba los ojos y dijo, viendo a Lianne:

—¿Al final, accedió?— Lianne dijo:

—Te lo dije.— Camille sonrió y dijo:

—Pasen…— Entramos y Camille dijo:

—Comiencen… Denme un minuto para refrescarme y vestirme.— Me quedé viendo a todos lados… «¿Dónde está el vestido…?» Lianne dijo:

—¿Qué buscas?

—Pues… El vestido. ¿Dónde está?— Ella comenzó a reír y dijo:

—¡Jijiji! Aún no está aquí, pero ya viene en camino…— «¡Eh? ¿En camino…? ¿De dónde?» —¿Cómo…?— Ella dijo:

—He estado practicando algunos conjuros que nos pueden ser útiles en nuestros viajes y dio la casualidad que traer tu vestido, incluso me ayudaba a perfeccionar uno de esos conjuros… Siéntate en la cama y observa.

Me senté en la cama y Lianne empezó a conjurar… De repente, una luz en medio de la habitación empezó a brillar. La luz se hacía más grande y mucho menos brillante poco a poco, como sí se formara un cristal o un espejo, hasta que quedó más o menos del tamaño de una persona… Le dije:

—¡Qué es eso?

—¿No te has dado cuenta aún?

—No…

—¡Asómate…!— Me paré de la cama y traté de ver a través de la especie de cristal que se había formado. Tapé mi boca… Podía ver del otro lado del cristal, la puerta de nuestra habitación en la torre del maestro. Le dije:

—¡Pero…! ¿Cómo?— Ella dijo:

—Es un portal, renacuajo. Un portal que puede comunicar dos lugares al mismo tiempo. Aún es un poco inestable para que lo ocupemos nosotros, pero objetos, seguro pueden pasar… Hablé con el maestro hace poco y le pedí de favor, que nos prestara algo para que pudieras ir al baile. Como no se trataba de ayudarte directamente en algo relacionado con nuestra aventura, estuvo gustoso de ayudar. Por favor, renacuajo. Debe de haber algo ahí, a los pies de la puerta de nuestra habitación… Por favor, jálalo de este lado, lo ocuparemos…— «¿Un objeto…? ¿Qué puede ser?» Me fijé donde Lianne dijo y lo vi… Mis ojos se humedecieron… «¡Maestro…! ¡Lo quiero muchísimo, muchas gracias!» Comencé a llorar… Lianne dijo:

—Ya renacuajo, deja de llorar y mételo de este lado, que me estoy cansando.— Me agaché para pasar por el portal y jalar el baúl de nuestro lado…

Camille salió del baño, vestida. Lianne cerró el portal y solamente quedó el baúl frente a nosotras tres… Les dije:

—¡Muchas gracias a las dos!— Lianne dijo:

—¿Y qué esperas? Escoge tu vestido.— Le dije, llorando de la emoción:

—Es demasiado para mí… Ustedes primero. Así sabré que escoger.— Lianne rio y dijo: —Está bien, vamos a ver que hay aquí dentro…— Ella revolvía la ropa del interior y yo estaba ansiosa por ver que sacaría. Camille me dijo:

—Arlinne, te ves mucho mejor… Te ves tan linda cuando estás sonriendo.— Yo me apené y me puse roja de la cara… Pero no podía esconder mi felicidad y seguía sonriendo. Lianne dijo:

—Sí… Así es renacuajo, ya la vas conociendo. Pero le gusta torturarse sólita, no se da cuenta, que lo más bonito de ella es su sonrisa… Estoy segura de que así fue como atrapó al señor Ranerd Forthand, porque no es como que tenga un cuerpazo. ¡Jajaja!— «¡Qué grosería…! No importa». Estaba tan feliz que simplemente se me resbaló. Lianne dijo:

—Por cierto, renacuajo… Respecto a la hechicera con la que combatí. Me di cuenta de algo que ya sospechaba hace tiempo.— Me extrañó su comentario en ese momento, pero le dije, poniéndome un poco seria:

—¿De qué?

—Nuestros enemigos tienen en su poder un artefacto mágico, el cual usan para aumentar sus capacidades mágicas… Muy probablemente el control de los monstruos y las maldiciones de muerte, provengan de dicho artefacto.— «Mmmh…» Dije:

—¿Un artefacto mágico…?

—Sí… Sí sabes lo que es un artefacto mágico, ¿verdad?

—Sí, claro. No soy tan bruta. Un artefacto mágico es como este baúl…— Ella dijo:

—¡Exacto! Con la diferencia, de que este artefacto lo creó nuestro maestro con la finalidad de hacer felices a las personas… Ese artefacto, obviamente fue creado con otros fines.— Me quedé pensando… «¡Cómo puede ser alguien tan vil para hacer algo así…? ¡Es cómo sí su poder y magia, no bastarán para traer desgracias, sino que además… Crear un artefacto así para que las desgracias sigan por sí mismas o puedan desencadenarse sin necesidad de estar presente…!» Me molesté tanto, que empecé a llorar… Pero de odio y de ira. Le dije a Lianne: —Pero… ¡Por qué?

—Así hay gente, renacuajo. ¡Envenenada hasta el tuétano! ¿Sabías que en teoría, requiere el mismo poder y conocimiento, crear este baúl, qué ese artefacto que brinda muerte y destrucción?— Le dije:

—¿De verdad…?— Me asusté un poco y le dije:

—¿No me digas, que nos estamos enfrentando a alguien tan poderoso como el maestro…?— Ella, reventó en risas y dijo:

—¡Jajajajaja! ¡No, renacuajo…! ¡Lo dudo mucho! ¡Jajaja! No sé que tan fuerte sea el maestro a ciencia cierta… Pero de algo estoy segura. No le llegamos ni a los talones. Por otra parte, alguien tan fuerte como el maestro que solo quiera la muerte y destrucción… Estoy casi segura que este mundo, ya ni siquiera existiría en este momento.— «¡Waaah…!» Le dije:

—¿Y luego…?

—Debe de ser, solamente alguien con el poder de crear un artefacto como ese y que directa o indirectamente, lo dejó en manos de las hechiceras virzuk y así fue como empezó todo.— Me quedé boquiabierta y dije:

—¿Podremos con alguien así, hermana…?

—No lo sé, renacuajo… Pero no te preocupes. Es solo una teoría, supongo que primero hay que escuchar lo que los virzuks tienen que decirnos.— Asentí con la cabeza… Se me había olvidado el baile, se me había olvidado todo lo demás… «¡Por qué alguien así, dejaría un artefacto como ese en manos de los virzuk…? ¿Por diversión? ¿Por venganza? ¡Qué despreciable…! ¿Cómo puede haber gente así en el mundo?» La teoría de Lianne me empezaba a sonar muy acertada… Incluso los virzuks habían empezado a sufrir el precio de usar una cosa como esa y por eso se encontraban de esa manera… «¡Ahora todo tiene sentido!» Le dije:

—¿Estás segura de que existe, dicho artefacto…?— Ella dijo:

—Cien por ciento, segura. Destruí una réplica del mismo, cuando me enfrenté a la hechicera en el campamento. Así es como controlaron a los monstruos y maldijeron a los legionarios de la muralla.— «¡Qué vamos a hacer…?» Le dije, temerosa:

—¿Podremos destruir tal cosa con nuestra fuerza…?— Ella dijo:

—No lo sé, pero debemos intentarlo…— «¡Tiene razón! Una cosa como esa no puede seguir existiendo… ¡Muy bien! ¡Ya me las ingeniaré para destruirlo, así tenga que morderlo con mis propios dientes, me encargaré de que vuele en mil pedazos y no pueda lastimar a nadie más, nunca más!»

Lianne, por fin sacó una prenda del baúl y dijo:

—Creo que llevaré este… ¿Qué opinan?— Era un hermoso vestido de color azul, ajustado del pecho, con vivos y adornos de color blanco alrededor de la falda… Le dije:

—¿Te quedará de arriba?

—Supongo que sí… Se supone que todo es de nuestra medida.

—Pero… El pecho te va a quedar muy ajustado.— Ella dijo, riendo:

—¡Jajaja! De eso se trata el vestido precisamente, renacuajo.— «¡Aah!» Me molesté un poco y volteé a ver de reojo mi pecho… «No te preocupes, pechito. Yo te quiero… Aunque nunca podamos ponernos un vestido como ese». Lianne sacó un par de zapatillas de color blanco para hacer juego con el vestido y dijo:

—¡Listo! ¿Quién sigue?— Volteé a ver a Camille y dije:

—Camille sigue…— Ella dijo:

—Sí… ¿Pero creen que esté bien? El hechicero azul no es mi maestro y es su baúl…— Yo le dije:

—¡Claro, el maestro es todo corazón y tú eres nuestra compañera! Estoy segura de que nada le hace más feliz, que su artefacto sea usado con el fin, con el que él lo creó.— Lianne asintió con la cabeza y Camille abrió el baúl… Quedó maravillada al instante… Se quedó ahí, viendo y revisando, la innumerable cantidad de prendas. Yo le dije a Lianne:

—¿Oye, hermana…? ¿Crees que el maestro, alguna vez fue cómo nosotras?— Ella dijo, riendo:

—¡Un principiante? ¡Jajaja! ¡Sí, claro! Todos deben de empezar alguna vez.— Yo le dije: —¡No, eso no! ¡Bueno, sí y no! Me refiero a que haya salido de aventuras con sus amigos y compañeros, a pelear por lo que él creía justo y ese tipo de cosas…— Ella dijo:

—No estoy segura, renacuajo… Pero algo me dice en el fondo de mi corazón, ¡qué sí!— Yo me emocioné y le dije:

—¡Verdad? Yo pienso lo mismo, incluso pienso que él y el guardabosques eran compañeros de aventuras… ¿Te los imaginas de jóvenes? ¡Debieron ser increíbles héroes…! ¡Qué emoción…! ¡Y toda la cantidad de aventuras que debieron vivir juntos! ¡Cómo me gustaría que me contaran aunque sea unas pocas! ¡Jajaja!— Reía de la emoción y Lianne dijo:

—¡Jajaja! ¡Renacuajo…! Allá vas otra vez con tus fantasías de héroes y leyendas.— «¡Buuu! ¡Qué amargada…!» Camille dijo:

—¡Este! ¡Este es muy hermoso! ¿Qué hago…?— Lianne dijo:

—Solo sácalo del baúl… Ahora es tuyo.— Era también muy hermoso, de color blanco, como el tono de las perlas, con listones de color esmeralda alrededor del pronunciado escote y la falda… «Ese escote es un poco pronunciado… ¡Tú también Camille? ¡Todas se van a empechugar? ¡Bleeh!» Sacó unas zapatillas hermosas que parecían hechas de jade, parecía que brillaban con luz propia. Lianne dijo:

—Es tu turno, renacuajo…— Yo asentí con la cabeza… Quería encontrar el más hermoso vestido de color rosa que pudiera existir. Abrí el baúl y no pasé ni dos segundos la mirada por el contenido, cuando lo vi… ¡Ahí estaba el vestido de mis sueños, exactamente el mismo vestido que me probé hace años en la aldea! Lo saqué y lo vi, embobada… ¡Era hermoso! Con mangas cortas, el pecho cerrado, listones y encajes de color blanco y rosa más claro que lo recorrían hacia abajo… Y ese enorme moño de color rojo en la parte de atrás. Brinqué de la emoción y grité sin querer…

—¡Qué lindo! ¡Aquí está! ¡Por fin, podré ponérmelo!— Me quedé paralizada y muda, abrazándolo, mientras las lágrimas escurrían por mis mejillas… Lianne se acercó y me dijo: —¿Estás bien, renacuajo…?— No dije nada, mientras acariciaba la suave tela con mis mejillas… Me jaló de la ropa y reaccioné. Le dije aún llorando:

—¡Nunca en mi vida he estado mejor!— Ella vio el vestido y dijo:

—Se ve muy hermoso, pero… ¿No crees qué se ve un poco infantil? ¿Cómo para una niña? —¡Nada de eso! ¡A mí me gusta muchísimo! ¡Espera a que me lo veas puesto!— Camille comenzó a reír y dijo:

—Es muy hermoso, Arlinne. Se ve que te quedará perfecto.— Yo le dije:

—¡Verdad?— Lianne dijo:

—Bueno… Pues, ¿iras descalza?— «¡Aah! ¡Cierto!» Puse el vestido sobre la cama con mucho cuidado y comencé a buscar un par de zapatillas… Pensé que el blanco sería un buen color, pero otro par me llamó la atención… Parecían un par de zapatillas hechas de cristal… El cristal de un color rojo translúcido, como si fueran dos rubíes. Me sentí traviesa y dije: —¡Estas!— Cerré el baúl, estaba decidido. Lianne dijo:

—Muy bien, vamos a darnos un baño y regresamos aquí a arreglarnos el pelo y el maquillaje… ¿Oye renacuajo…? Ese vestido tan rosa… ¿No te verías mejor, sí te pusieras guantes blancos?— Yo dije:

—No lo sé… ¿Tú crees?

—Busca unos en el baúl, por si las dudas.— «Mmmh… Está bien». Busqué unos guantes blancos, que me llegaran casi hasta el codo, como los de una princesa… «¡Aquí están, perfecto!» Cerré el baúl y dije:

—¡Voy a bañarme y a desayunar! Vuelvo en un rato…

Regresé a mi habitación… El lobo me empezó a hacer fiesta, pero solo lo acaricié de paso y corrí hasta mi equipo. Empecé a sacar las cosas apresuradamente para bañarme. Ray estaba saliendo de bañarse y se quedó viéndome por un momento, para decir:

—Peque, ¿todo mejor?— Le dije:

—¡Estupendo, amorcito!— Mientras sonreía de oreja a oreja… Él me abrazó por detrás y dijo:

—Que bien, me alegro tanto…— Volteé, lo besé profundamente en la boca y le dije:

—¡Y qué esperas…? Tú también debes de arreglarte para que me lleves al baile… ¡Quiero entrar de tu brazo al lugar!— Él revolvió el cabello de su cabeza con su mano, mientras sonreía y dijo:

—¡Está bien, está bien! Calma… Iré al gremio por un uniforme de gala, te veré aquí por la tarde, cuando estés lista.— Asentí con la cabeza y me metí corriendo al baño.

Terminé todo, lo más rápido que pude… Me empujé el desayuno, ayudada de jugo de naranja y salí volando, de nueva cuenta a la habitación de Camille. Ella me abrió la puerta después de tocar… Ellas, ya se estaban arreglando… Probando colores de maquillaje y poniéndose sustancias en la cabeza. Les dije:

—Ya regresé… ¡Qué hago…?— Seguía muy emocionada… Lianne dijo y Camille disimuló una sonrisa:

—Esperar, renacuajo, en un rato te empezaremos a arreglar. ¿O sabes maquillarte?

—No… Nada de nada. Bueno… Solo lo más básico, pero tómenlo como nada.— Camille dijo:

—Eso creímos, solo espera un momento y empezaremos a arreglarte.— Ellas decidían que peinado ponerse y de paso ponerme a mí, así como que tipo de maquillaje me pondrían y las cantidades… Solamente me senté y las dejé hacer… Después de un rato, me empezaron a peinar y poner cosas en mi cabello. Lianne dijo:

—Sería bueno que te dejaras el cabello más largo, renacuajo…— Yo le dije:

—No. Me estorba para pelear y esas cosas… Me tapa la vista o se me mete en los ojos y en la boca.— Ella dijo:

—¿Y por qué no, simplemente lo sujetas de la parte de atrás para que no pase eso…?— Le dije:

—Lo intenté… Pero igual hace un desastre. Además peleando de vida o muerte, lo que menos necesito es tener otro punto muerto de donde me puedan jalonear…— Ambas rieron por mi respuesta y Camille dijo:

—¡Jijiji! Eso sí.

Se la pasaron arreglándome y arreglándose todo el día. Por fin, me habían dejado con un peinado que se acoplaba a mi pelo corto y me habían maquillado. Me pasaron un espejo y Lianne dijo:

—¿A ver renacuajo, qué opinas…?— Me miré al espejo… «¡Guau…! ¡Esa soy yo…?» Me veía muy linda… Me quedé ahí en silencio. Camille dijo:

—¿Te gusto, Arlinne?

—¡Sí! ¡Me encanta, parezco otra persona!— Lianne dijo:

—No, otra persona… Solo la misma, pero arreglada. No fue tan difícil, las líneas de tu rostro son simples y tu cara redonda lo hizo fácil.— «¿Qué está queriendo decir…? ¡Qué hasta mi cara es simplona?» Se empezó a reír y antes de que yo pudiera decir algo, dijo:

—¡No, jajaja! No lo malentiendas… Solo remarcamos un poquito tu aspecto juvenil, fue fácil y hará perfecto juego con tu vestido de princesita menor de edad…— Camille también rio y Lianne continuó:

—Seguro robarás el corazón de más de uno que le guste lo prohibido… ¡Jajaja!— «¡Buuu! ¡Qué feas! Bueno… No importa. ¡Me encanta…! ¡Me veo tan linda!» Seguimos ahí, jugando y platicando… Hasta que todas estuvieron listas. Había llegado el momento de la verdad, era la hora de ponernos nuestros vestidos… Ellas simplemente se empezaron a desnudar, como sí nada… Yo trataba de buscar un lugar privado… Lianne dijo:

—¿Qué pasa, renacuajo? Que no te dé pena, estamos entre chicas… ¿Cuántas veces me has visto desnuda?— «Es cierto… Pero a Camille, nunca la he visto desnuda, ni ella a mí…» Además me quería cambiar mi ropa interior por algo más sensual que tenía por ahí guardado, para darle una sorpresa a Ray en la noche después del baile. Camille dijo:

—Vamos, Arlinne. Que no te dé pena…— Mientras se zafaba su blusa y su sujetador… «¡Qué…? ¡Ella también las tiene bien grandes! ¡Qué desastre…!» Les dije apresuradamente: —¡Aah, no es eso! Pero quiero cambiarme, también mi ropa interior por la lencería y me da pena frente a ustedes… Así que iré al baño. ¡Ya vuelvo!— Ellas casi me jalaron de vuelta, diciendo al unísono:

—¡Uuuy! ¡Qué sexy, a ver? Muéstranos…— Sonreí como una tonta y me alcancé a zafar…

«¡Pfff! Por fin a salvo… Muy bien, es hora de vestirme…» Me cambié de ropa, con ayuda de mi portal y me puse el vestido… Lo ajusté de todas las partes que pude, pero faltaban los broches de la espalda y arreglar el moño… «¡Bien! Eso lo pueden hacer ellas». Me cambié de zapatos… Me quedaban a la perfección. Me vi al espejo… «¡Guau…! ¡Qué hermosa! En realidad, parezco otra persona. ¡Muy bien! A practicar unos minutos mi sonrisa… La dejaremos igual, así inocente y sincera, pero con un ligero aire de refinamiento».

Salí del baño, las dos estaban casi listas, pero simplemente se quedaron ahí, paradas, observándome, cuando caminé del baño hasta ellas… Camille rompió el silencio y dijo:

—¡Increíble…! ¡Arlinne, de verdad te queda a la perfección ese vestido!— Le sonreí con mi sonrisa practicada y dije, con un tono suave:

—Gracias.— Lianne tenía la boca abierta de par en par… Se acercó hacia mí y me empezó a revisar de todos lados… Dijo, sorprendida:

—¡No se vale…! ¡Es mágico tu vestido o algo así?— Sonreí nuevamente con inocencia y le dije, en ese mismo tono, suave y amable:

—No, hermana. No lo es. ¿Me puedes ayudar a ajustarlo de atrás y arreglar el moño? Por favor…— E hice una cara de cortesía y agradecimiento al mismo tiempo… Su mandíbula casi golpeó el piso. «¡Jajaja! ¡Qué divertido! ¡Toma eso, jijiji! Espero tus enormes tetas te ayuden un poquito a amortiguar la caída después de la impresión…» Ella solamente dijo: —¡Naaah…?— Con incredulidad y Camille se empezó a reír, para ir tras mío, a terminar de ajustar mi vestido. Después de la sorpresa, Lianne empezó a reír nerviosamente y dijo: —Jejeje… Tenías razón, renacuajo. Te queda perfecto, pareces una princesa, pero no cualquier princesa… La más hermosa que haya visto en mi vida.— Le dije, nuevamente en mi tono que usaría toda la noche, debía practicarlo:

—Gracias…— Y sonreí boba y tímidamente, pero con refinamiento… Esta vez no pude más y me boté de la risa, como siempre…

Por fin todo estaba listo… Solo unos toques finales. Saqué la gargantilla de diamantes y los aretes que me había agenciado hace unas semanas y le pedí ayuda a Camille para abrocharla. «Listo… Ahora solo los guantes y mi tiara. ¡Listo! ¡Perfecta!» Me miraba en el espejo, maravillada… Las dos se habían quedado mudas nuevamente, al verme ya con mi atuendo completo. Camille se acercó y dijo:

—¡Lo ves, Arlinne? ¡Te ves hermosa! ¿Por qué no, querías venir? Dudo que haya siquiera alguien en el baile que se acerque a lo bien que te ves…— Le dije tímidamente:

—Me daba pena… ¿Qué quieres? Así es mi cabecita loca…— Me dijo:

—Mira. Preparé algunas fragancias en los ratos libres que hemos tenido aquí en la ciudad, son sencillas, porque no tengo el equipo necesario, pero a lo mejor alguna te puede gustar.— Las empecé a oler, una a una… «¡Mmmh… Esta!» Le dije:

—Esta de aquí, tiene un aroma muy fresco, ¡me encanta!— Ella sonrió y me ayudó a ponérmela en la dosis adecuada en todas las partes donde mi piel quedaba desnuda. Lianne me veía otra vez de arriba a abajo y me dijo un poco molesta:

—Bien, renacuajo… Me callaste la boca, de verdad estás hermosa… Ahora solo te pido que en el baile, estés un poquito alejada de mí… Sino nadie me va a pelar.— Reí y le dije:

—¡Jijiji! Claro, hermana. Pero no te preocupes, para todo hay gustos. Seguramente tendrás muchos fans también y Camille también, ¡ambas se ven hermosas!— Sonreí y dijo:

—Mmmh… Está bien. Te lo mereces… Será tu noche, divirtámonos mucho.— Todas estuvimos de acuerdo y nos preparamos para salir, por los chicos.

Fui a mi habitación para buscar por Ray, pero no encontré a nadie… Solo un bulto tapado con una lona, frente a la cama… «¿Qué es esto…? ¿Escamas? ¿Qué hace esto aquí? ¿Dónde se metió Ray…? No quiero llegar tarde». Salí de la habitación y Lianne me dijo:

—Princesa rana… Ya nos esperan los chicos en la planta baja con el carruaje.— «¡Princesa rana…? ¡Jajaja! Lianne no se pierde una…» Bajé las escaleras con ellas tras de mí. Cuando estuve abajo, volteé por Ray… Ahí estaban Ray y Grand, ambos en sus uniformes de gala… «¡Qué guapo! ¡Jijiji! Mi pareja… Es tan guapo y varonil». Saludé a ambos con una sonrisa y empecé a caminar hasta él. Ray se quedó helado, con su boca abierta… Cuando estuve frente a él, dijo:

—¡Arlinne…?— Sonreí y le di un suave puñetazo en las costillas, diciendo:

—¡Sí, tonto! ¿A quién más esperabas?— Él se quedó sin poder hablar, pero después de un momento, dijo:

—¡Te ves hermosa!— Me sonrojé tímidamente y volví a sonreír… Después de eso, sentí como sí su hombría hubiera estallado y salido por la ventana. Estaba orgulloso de mí, orgulloso de exhibirme como su mujer, como su pareja… «¡Jijiji! ¡Solo por esta noche, está bien…! ¡Soy tu posesión, Ray…! ¡Muéstrame a todos!»

Subimos al carruaje y partimos rumbo al castillo… Grand también se veía sorprendido, pero parecía que tenía miedo de hacer cualquier comentario con Lianne, ahí a un lado, de su brazo. Les dije a todos, mientras viajábamos por la ciudad en el carruaje:

—Lo he estado pensando y me gustaría que abandonáramos la ciudad después de esto… Tal vez, pasado mañana de ser posible.— Todos se quedaron sorprendidos y Lianne dijo:

—Pero… Arlinne. Creí que la cita en el campamento virzuk era hasta después de que termine el invierno, ¿qué haremos mientras? ¡Está helando en todas partes!— Le dije:

—Lo sé, pero no estoy a gusto aquí… No sé sí me entiendan, pero no termino de acostumbrarme a todos estos homenajes y esas cosas… Me hacen sentir intranquila. Me gustaría más, que pudiéramos pasar el invierno en alguna villa o aldea cercana, sin halagos, ni cumplidos, solo nosotros, descansando un rato de todos los peligros que hemos vivido, para estar listos al terminar el invierno.— Se quedaron pesando en silencio, hasta que Ray dijo:

—Yo pienso exactamente igual.— Después de eso, Grand alzó la mano y dijo:

—Yo igual…— Ni modo, las chicas estaban acorraladas… Les dije:

—Lo siento, hermanas… Sé que el frío está muy feo, pero créanme… Nadie odia más este tipo de clima que yo, pero ya no estoy a gusto aquí.— Se vieron la una a la otra y Lianne dijo:

—Está bien, renacuajo. Solamente te pido, que no vaguemos por las llanuras heladas demasiado tiempo, ¿está bien? Sí vamos a otro lado, que lo tengan bien planeado de antemano… No quiero pasar más de un par de noches a la intemperie.— Camille dijo, mientras reía suavemente:

—¡Jijiji! Por mí no hay ningún problema… Nunca me había sentido más viva, que viajando con ustedes. Un poco de frío no estará tan mal, vamos a donde ustedes quieran. Yo estoy de acuerdo.— Sonreí y les dije a todos:

—¡Gracias…! ¿Grand, puedo contar contigo para que busques un lugar adecuado para que descansemos? Eres nuestro experto cartógrafo.— Él dijo, riendo:

—¡Claro, Arlinne! ¡Jajaja! El día de mañana me encargaré de eso, ¿alguna preferencia en particular?— Le dije:

—Por mi parte, nada en particular… Solo que por lo menos haya chimeneas en las habitaciones. Agua caliente ya es demasiado pedir, pero… Sí se puede, pues mejor… Aunque se tenga que calentar con leña, no importa.— «De todas maneras… Serán ustedes los que salgan a cortar la leña en la nieve… ¡Jijiji!» Él dijo:

—Está bien, déjalo de mi cuenta. Mañana por la noche, les daré las opciones más viables… Pero donde quiera que vayamos tiene que ser pronto, no tarda en caer la primera nevada de la temporada…— Estuvimos de acuerdo. Por fin el carruaje se había detenido, dentro del palacio.

Descendí del carruaje, ayudada de la mano de Ray. Las trompetas sonaron y nos anunciaron como los invitados de honor. Empezamos a caminar por el pasillo lleno de guardias y caballeros. Dilara estaba ahí… «¿Por qué? ¿No vendrá al baile?» Antes de entrar al salón del baile, me acerqué a ella y le dije:

—¿Dilara, por qué estás en uniforme…? ¿No vendrás al baile?— Ella dijo, un poco triste: —Su eminencia… Lo siento, pero hay demasiadas cosas por hacer y alguien las tiene que poner en marcha.

—No es justo… Tú también peleaste por la libertad de estas tierras.— Ella agachó su cabeza y dijo:

—No importa, su eminencia… También estoy muy contenta, trabajando esta noche. Que se divierta. Por cierto… Se ve usted hermosa. Que pase una excelente noche.— «Mmmh…» Me quedé a disgusto… «Bueno… Ella se lo pierde. No creo que el rey Alons se moleste, porque Dilara tome la noche libre para divertirse solo por un momento».

Por fin, nos anunciaron a la entrada del salón… Pasamos al interior, yo del brazo de Ray. Todos dentro del lugar se quedaron en silencio… Sorprendidos. Podía oír los comentarios, mientras me regodeaba en mi ego, como si fuera una mullida almohada… “¿Esa es la chiquilla, que es una hechicera?” “¡No puede ser…!” “¡Pero cómo?” Nuevamente, saludaba sonriendo de izquierda a derecha con mi sonrisa practicada… Podía sentir las miradas de los hombres, buscando entre los pliegues de mi vestido y las miradas de envidia de las mujeres, como sí me quisieran arrancar los cabellos… «¡Jijiji! ¡Qué divertido!»

Era una noche inolvidable, más de una docena de caballeros y nobles, se arremolinaban a mi alrededor para enojo de Ray, queriendo que les concediera la siguiente pieza para bailar… Le dije a Ray al oído:

—¿Puedo, amorcito…?— Él, bien que mal, accedió… Bailé con todos los que tuvieron el valor de acercarse a pedírmelo… «¡Jijiji! ¡Qué divertido es, por una vez en la vida, ver la cara de celos de Ray…! Digo… No es algo que vaya a pasar a diario y aunque me siento un poquito mal, ya lo recompensaré al rato…»

Todos me hablaban de sus tierras y sus posesiones materiales, para tratar de ganar mis favores… «¡Jajaja! ¡Qué gente! ¡Qué equivocados están!» Yo solamente, me limitaba a sonreír y llenar su ego un poquito, prestando atención a lo que me decían. Así fue pasando la noche poco a poco, hasta que acabó una de las piezas musicales y antes de que abriera la siguiente, un nuevo acompañante de baile se acercó a mí, despidiendo al anterior… ¡Era el rey Alons! «¡Jijiji! ¡Usted también, su majestad…?» Alons hizo una reverencia, yo se la contesté y comenzamos a bailar tomados de la mano… Él me dijo:

—¡Su eminencia, está usted hermosa esta noche!— Contesté tímidamente y con educación: —Gracias, su majestad.— Me contó un poco de él y como había llegado a ser rey de Montloarc… Y de pronto, me dijo:

—¿Sabe, su eminencia…? Desafortunadamente, la reina murió cuando aún éramos muy jóvenes. Yo he decidido no tomar una nueva reina, porque necesito estar seguro de que sea una persona integra moralmente, alguien ejemplar, alguien como…— «¡Eeh…? ¡Que me va a decir…? ¡Se me está proponiendo el rey? Tranquila… Respira… Todos sabemos que eso es imposible, yo simplemente no tengo ojos para otro hombre… Además, hay algo de mí, que el rey no sabe y cuando se entere, hasta ese día llego la reina… El día siguiente será el día de mi ejecución… ¡Jijiji!» Comencé a reír en mi interior y él por fin, dijo:

—¡Alguien como usted, su eminencia! ¡No solo hermosa, sino poderosa y sabia en los artes de la hechicería!— Me comporté apenada y halagada, por su comentario y educadamente le dije:

—¡Su alteza, le agradezco mucho los cumplidos…! Pero me temo, que tengo que rechazarlo, desafortunadamente el vínculo que comparto con mi caballero es demasiado fuerte, es un vínculo irrompible, creado por el amor, el cariño, el deber y la obligación, del uno para el otro.— El rey se desanimó y dijo:

—Ya veo… Desde el primer momento, así me lo imaginé… ¡Jajaja! Pero no perdía nada en preguntar, ¿verdad?— Reí también y le dije:

—¡Jijiji! Pero… Su majestad. No puedo creer que alguien tan apuesto, honrado y justo como usted, no tenga a alguien especial dentro de su corazón. Seguramente por ahí, hay alguna chica que mueve lo mejor dentro de usted.— Él se quedó callado por un segundo, mientras seguíamos moviéndonos al ritmo de la música, para contestar…

—Si la hay… Desafortunadamente, ambos estamos tan ocupados trabajando por el bienestar de Montloarc, que simplemente no he encontrado el momento adecuado para decírselo…— «Mmmh…» Mi mente se iluminó… «¡Ya sé quién es!» Le dije traviesamente:

—Su majestad… ¿De casualidad se tratará de la bella y eficiente, comandante de la caballería?— El rey se mostró apenado de golpe y dijo:

—Su eminencia… ¿Cómo lo supo? No habrá usado la hechicería, ¿verdad?— Le dije, sonriendo:

—Claro que no. La magia no debe de usarse nunca en los asuntos del corazón… ¿Por qué no, solo se lo dice?

—Es complicado… Sí me rechaza, se sentirá muy apenada para seguir haciendo su trabajo tan bien como lo hace y en lugar de ganar una reina, habré perdido a la más eficiente comandante, que alguna vez haya tenido este reino…— Le dije, molesta:

—¡Muy mal hecho! ¿Cómo espera hacer felices a todos sus súbditos, sí usted no está completamente feliz…?

—Pero…

—¡No hay excusas su majestad! Sí la veo por ahí el día de hoy, la mandaré con usted, diciendo que quiere hablar con ella.— Él se quedó viendo al piso y dijo:

—¡Está bien, su eminencia! Confió en su sabiduría…— «¡Qué está mal con algunos hombres…? ¿Cómo tuvo las bolas para declarárseme a mí…? Una perfecta desconocida, pero a la mujer que ama, no puede ni verla a los ojos…» La música por fin terminó. Estaba a punto de comenzar la siguiente pieza… Varios hombres, ya me esperaban en mi lugar para sacarme de nueva cuenta a bailar, pero esta vez… Vi que alguien sujetó del hombro al rey y dijo:

—Su alteza, ¿me permite?— Era Ray… El rey se vio apenado, ante el porte y la decisión de Ray y dijo:

—Claro, claro, maestro Forthand. Adelante, con su permiso.— Hizo una reverencia y salió de ahí.

Empezó de nueva cuenta la música… Hice una reverencia a Ray y él me la devolvió. Comenzamos a bailar tomados de la mano, pero a media melodía, no lo soporté más y lo abracé, recargando mi cara en su pecho, para seguir bailando de esa manera… Le dije secretamente:

—Ray… ¿Sabes algo?

—¿De qué se trata, peque?— Le dije, viéndolo a los ojos:

—Te quiero muchísimo…

—Yo también, te quiero mucho, Arlinne…— Besé sus labios profundamente y nos quedamos así, con nuestros labios unidos un largo rato… Sin darme cuenta, la melodía había terminado. Volteé a nuestro lugar… Los hombres se habían marchado. «¡Jajaja! Lo siento… Después de todo… ¿Qué oportunidad tienen ante Ray?»

Parece que la música había parado, porque servirían algunos refrigerios. Regresamos a nuestro lugar y nos íbamos a sentar en la mesa más cercana, pero oí la voz de Lianne, que dijo:

—¡Arlinne, por aquí!— Fuimos hasta la mesa donde estaban ellos. Llegamos y ya en privado, le dije:

—¿No qué no me querías cerca de ti…?— Ella dijo:

—Era un decir, renacuajo… De verdad causaste un alboroto.— Solamente, sonreí con mi sonrisa de siempre y le dije:

—Una vez en la vida, no está mal.— Camille llegó a la mesa… Hasta ese momento, me pude dar cuenta que también estaba bastante solicitada… No solo era hermosa, sino que además, ella no había venido con pareja. Dije:

—Camille es la que de verdad, se está llevando la fiesta en la bolsa. ¡Jijiji!— Ella rio y dijo: —¡Jajaja! Arlinne… Es solo un poquito de diversión.

Estábamos sentados, esperando a que sirvieran las viandas y Ana llegó corriendo…

—¡Arlinne, si viniste! No te podía encontrar por ningún lugar, hasta que me di cuenta, que la chica que levantaba todo el revuelo eras tú.— Llegó a la mesa, también el capitán Tenarius y Miranda. El capitán se sentó junto a Camille, mientras que Miranda y Ana, entre Ray y yo… «¡Mmmh…! ¡Espera un momento! ¿El capitán y Camille? Otra vez… ¿Dónde he visto esto antes? ¡Nah! Debe de ser mi imaginación». Ana me habló al oído y me dijo:

—¿Lo ves, Arlinne? ¡Estás hermosa, qué bueno que viniste!— Le dije, igual en secreto:

—Lo siento… Ya sabes como soy. No me podía armar de valor para ponerme el vestido y todo eso, pero ya pasó. Ahora me siento mejor, gracias por insistir.— Le di un discreto beso en su mejilla.

Las viandas empezaron a llegar a la mesa… Tomé un vaso de vino y un par de bocadillos, Ana me dijo:

—Arlinne… No pensé que llamaras tanto la atención. Ahora será más difícil, que podamos bailar juntas, sin llamar la atención…— Le dije, pensando:

—Tal vez… ¿En un balcón o una terraza?

—¡Buena idea! En un ratito más, ¿sí? Cuando todos estén más borrachos o se hayan ido a sus casas.— Asentí sonriendo.

La música se reanudaría nuevamente… Me paré de golpe de la silla, recordando que debía de hacer algo y les dije:

—Discúlpenme, hay alguien que debo de ir a saludar. Los veo en un ratito…— Me di la vuelta y caminé rápidamente en dirección de la entrada.

«Sí mis instintos no me fallan, ella debe de estar aquí. Asegurándose de que todos pasen una excelente noche… Todos, menos ella, claro…» Me asomé hasta la entrada y el sirviente que atendía la puerta, me dijo:

—¿Se retira, señorita?— Le dije, sonriendo cortésmente:

—No, aún no. Solamente busco a la señorita Dilara…

—La comandante Dilara está fuera, haciéndose cargo de la seguridad.

—Gracias, solo iré a darle un aviso…— Salí del salón y la vi ahí, sola… Los demás caballeros bebían o platicaban, pero ella… «Me imagino que por ser mujer a veces se sustrae de esa manera…» Llegue hasta ella y le dije:

—Hola…— Sonreí y ella dijo, sorprendida:

—¡Su eminencia…! ¿Se retira?

—No… Claro que no. Solo quería tomar un poco de aire fresco.— Ella me dijo:

—Su eminencia… Ese vestido le queda realmente bien.— Agradecí y le dije:

—¡Sí, es muy lindo, me gusta mucho…! ¿Sabes…? De niña siempre soñé con un vestido como este… Nunca pensé bajo que circunstancias podría ponérmelo, pero solo quería ponérmelo.— Y me quedé sonriendo, esperando a ver que contestaba… Tardó unos segundos y dijo:

—Yo de niña… Siempre soñé con ser caballero… ¡Jajaja! Algo muy tonto, ¿verdad? Especialmente para una chica…— Sonreí cuando dijo eso y pensé… «¡Sí tú supieras…! ¡Jajaja!» Luego contesté:

—Pues… No le veo lo tonto por ningún lugar. Eres un ejemplo de disciplina, valor y honor para todos los demás.— Ella rio y dijo:

—¡Jajaja! ¡Gracias…! La verdad es… Que solo llegué a esta posición, porque el antiguo comandante de caballería murió en batalla y por la presión del tiempo y la escasez de candidatos, me eligieron a mí…— Le dije seriamente:

—Pues… Es muy triste que alguien haya tenido que morir, pero… Ahora tú eres la comandante y lo estás haciendo genial. Nadie dudará nunca más de tu capacidad para el puesto.— Ella sonrió y asintió con la cabeza… Nos quedamos en silencio algunos segundos y le dije, de pronto:

—¡Oye? ¿Y hay algún chico especial que tenga el corazón de la valerosa y honorable, comandante de caballería?— Ella se apenó de repente y dijo:

—¡Su eminencia…?

—Vamos, no te apenes. Estamos entre chicas…— Sonreí nuevamente, tratando de brindarle confianza. Ella respiró profundamente y dijo:

—La verdad es que, no he pensado en nada de eso seriamente, ya en un buen rato… Pero… Supongo que deberá de ser alguien a quien le importe tanto el reino como a mí y sienta una fuerte obligación hacia su patria… Solo así podría justificar, el distraerme aunque sea un momento de mis obligaciones…— «¡Jajaja! ¡Creí que me iba a costar más trabajo! ¡Muy bien! Lo demás depende de su majestad…» Hice una cara, como sí se me hubiera olvidado algo muy importante y le dije:

—¡Cierto! ¡El rey…!— Ella se puso de mil colores y dijo apresuradamente:

—¡Qué hay con su majestad?— «¡Mmmh! ¡Jijiji!»

—Que el rey te está buscando… Perdona que te haya entretenido, cuando el rey vio que venía para fuera, me dijo que quería hablar contigo… Que era algo importante, ¿qué sí podría avisarte?— Ella se quedó sorprendida y dijo:

—¡Debo de ir inmediatamente! Pero… ¿Por qué con usted, su eminencia?— Yo hice una cara de no saber absolutamente nada y le dije:

—No lo sé… Tal vez es algo privado, del cual no quería que sus sirvientes cercanos estuvieran enterados…— Ella se despidió y salió volando… «¡Jijiji! Espero resulte bien».

Me quedé un rato más afuera, para no ser indiscreta, aprovechando para ver las estrellas… El cielo estaba bastante despejado… «¡Vaya! ¡Sí que hace frío! Me pregunto… ¿Cómo se verán de cerca todas esas estrellas? ¿Serán como nuestro sol? ¿Más grandes? ¿Más pequeñas? ¿Cuántos mundos diferentes, girarán alrededor de ellas…? ¿Qué fascinante…? Bueno, mejor regresar, no quiero resfriarme».

Entré nuevamente al salón, pensando… «Debo de encontrar un buen momento para bailar con Analena…» Volteé hacia todos lados y cerca de la mesa del rey, alguien me llamaba estirando su mano… «¡Eh? ¡Ah! Es la reina de los elfos… ¡Vino a una celebración como esta?» Me acerqué y como siempre… Ella se veía hermosa en su vestido de gala. Era un hermoso vestido de color blanco, la tela se veía muy fina, así como todos sus acabados… «No creo que el vestido tenga mucho que ver… Es hermoso, pero… ¡Jajaja! La reina, seguro se vería hermosa en cualquier cosa que tuviera puesta». Me dijo:

—Siéntate un momento, Arlinne. Platiquemos.— Asentí con la cabeza y me senté. Me dijo: —¡Te ves muy hermosa en ese vestido, te queda a la perfección! Como si hubiera sido diseñado especialmente para ti, por un maestro artesano.— Me apené… No esperaba un elogio como ese, de parte de ella… Ella continuó

—Ahora veo, porque arrancaste a tu caballero de los brazos de mi hija… ¡Jijiji!— Comenzó a reír tapando su boca… Me sonrojé mucho después de eso y traté de decir…

—¡No, pero no fue a propo…!— Ella dijo, interrumpiendo:

—¡Jajaja, Arlinne! Lo sé, no te preocupes… Es más, te estoy muy agradecida que lo hayas hecho.— «¡Aah…?»

—¿Cómo?— Ella me dijo:

—Kalya es muy caprichosa… Era el momento de que alguien le demostrara, que las cosas nunca están por sentadas y me alegro, que lo hayas hecho tú.

—Lo siento, no fue a propósito…— Ella rio nuevamente y dijo:

—¡Jajaja! Pero… No te disculpes, niña. Todo está bien. Cuando eres un elfo y crees tenerlo todo… Todo se vuelve aburrido y uno piensa que las cosas nunca pueden ser diferentes… Empieza a olvidar la cosa más importante de estar vivo. La cual es… Que la vida se trata de lo que nos rodea y no de nosotros mismos.— Me quedé con mis ojitos húmedos después de escucharla… «¡Qué pensamiento tan bello y cierto al mismo tiempo!» Asentí mirándola a los ojos y ella dijo:

—Por eso te estoy muy agradecida… También por presentarla al guardabosques de Veranda. Él sabrá meterla en cintura… ¡Jijiji!— Volvió a reír, tapando su boca… «Me pregunto… ¿Ella conocerá al maestro? Ya me habían dicho con anterioridad que él llevaba mucho tiempo ahí…» La reina me dijo:

—Eso es todo lo que te quería decir, Arlinne. ¿Cuándo partirán?

—En estos días… Buscaremos algún lugar tranquilo para descansar hasta que finalice el invierno.

—Recuerda, sí lo deseas. Pueden ir al bosque y hacerlo su hogar, el tiempo que ustedes quieran.

—¡Muchas gracias!— Sonreí y ella me dijo:

—Creo que te están esperando… Mejor ve.— Volteé… Era Ana, que me hacía una seña desde el balcón más cercano, pegado a nosotras. Le dije a la reina:

—Con su permiso, nos veremos pronto.— Ambas sonreímos y fui a ver a Ana…

Ana me dijo:

—Arlinne, por aquí…— Y me jaló de la mano, fuera del balcón. Una vez dentro, desenrolló las cortinas, me sonrió y dijo:

—Por fin…— Extendió sus brazos, la iba a sujetar, pero ella dijo:

—No, amor… Tú llévame en el baile. Por favor… Solo por este momento, tú eres el chico, ¿está bien?— Me cerró un ojito, sonriendo… Respiré profundo y traté de recordar, de donde me habían tomado toda la noche y como habían dirigido mis pasos. Le dije:

—Está bien, lo intentaré…— Empezamos a bailar suavemente en el balcón de lado a lado… Ella dijo:

—¡Lo haces muy bien, amor! ¡Qué alegría!— Ella se recargó en mi pecho y dijo:

—¡Te quiero muchísimo, Arel!— Cuando dijo ese nombre, me sentí en shock, pero recordé que yo misma se lo había dicho hace unos días. No me molesté, ni nada… «¡Está bien! Solo por un ratito… Puedo ser Arel». La tomé de su rostro, la vi a los ojos y le dije:

—Yo también, te quiero mucho, Ana.— Ella dijo:

—Sabes… Lo hemos decidido Miranda y yo, nos dedicaremos con mucho más empeño a nuestros estudios y entrenamiento. No podemos permitir que ustedes cada vez sean más fuertes y nosotras simplemente nos quedemos atrás… Sé que por el momento, no podremos acompañarlos, pero no quiero que siempre sea un impedimento para que me lleves a tu lado a otras aventuras…— Asentí con la cabeza y le dije:

—Está bien, confío que así será.— Ella también asintió. Bailamos un par de melodías, así, viéndonos, el uno al otro y al final de la segunda pieza, le dije:

—Ana… Partiremos en estos días, muy probablemente pasado mañana o el día posterior a ese.

—Está bien, amor. Cuídense mucho. Nosotras tomaremos posiciones en el gremio, aquí en la ciudad, para estar cerca, por si nos necesitan…— Le dije:

—No te preocupes, estaremos bien.— Cuando dije eso, ella sonrió alegremente y dijo:

—¡Qué bueno verte tan bien otra vez, pero recuerda…! Sí te sientes mal, no dudes en mandarme un mensaje para que podamos platicar. De igual forma, yo también te estaré mandando mensajes de vez en cuando.— Quedamos de acuerdo y después de una última melodía, decidimos regresar con los demás, antes de que nos empezaran a extrañar.

Llegamos a la mesa donde habíamos comido todos juntos… Ray, Grand y el Capitán, ya estaban tomando… «¡Jajaja! Que pena que el día de hoy, sea una refinada señorita y no pueda hacerlo…» Pero había alguien más con ellos… Era el rey Alons. Ana y yo, nos extrañamos, pero igual nos sentamos. Cuando todos estuvimos sentados, el rey dijo:

—Su eminencia. Me alegra que esté de regreso… Precisamente, estaba platicando con el maestro Forthand y el maestro Mosier. Me comentaron que piensan partir a más tardar pasado mañana. Así que decidí esperarla, para que pudiéramos platicar de la retribución económica y honores que todos ustedes se merecen… Incluyendo, por supuesto, a los elementos del gremio del lobo plateado.— «¡Retribución económica? A mí no me interesa nada de eso…» Le iba a contestar, que no era necesario, pero… «¿Sí Ana, Miranda o el capitán, necesitan el oro…? Incluso Camille lo puede ocupar. Sería grosero de mi parte negarlo por todos…» También se me había ocurrido decir que no lo ocuparíamos, que lo destinaran a la reconstrucción del reino, pero… La verdad, todas las provincias vasallas del reino, ya se estaban encargando de eso… Sonreí y dije:

—Está bien, su majestad. Se lo agradecemos mucho, nos servirá para poder prepararnos y seguir en nuestro viaje.— Todos me voltearon a ver sorprendidos… «¡Hice mal? Bueno… Ya les explicaré». El rey dijo:

—El día de mañana, me encargaré de que con la mayor discreción posible, elementos de la tesorería del reino les entreguen los valores. Tanto a ustedes, como a los miembros del gremio… Por otra parte, eso no es todo. Pensé que habiendo tantas tierras desocupadas al norte después de la invasión y con la poca gobernabilidad que hay en esas tierras, sería buena idea, nombrarlos nobles del reino.— Todos nos quedamos boquiabiertos y esta vez sin siquiera voltearlos a ver, dije:

—Lo siento, su majestad. Con el dinero será suficiente. Discúlpenos, es un honor que no podemos aceptar, al menos por el momento.— El rey dijo:

—Ya veo… Entiendo. No olviden entonces, que cuando tengan todos sus asuntos en orden, mi proposición seguirá en pie… Tal vez en un futuro, puedan considerarlo en serio.— Asentí sonriendo y le agradecimos. El rey agregó:

—Por último… Tengo entendido que viajaran al norte, ¿verdad? Hacia el reino de Kharsten…

—Así es.

—El reino de Kharsten es nuestro aliado ancestral y es gobernado por la reina Lenor, de la cual estoy muy orgulloso de decir, que es una entrañable amiga. Escribiré una carta a su majestad, contando sus proezas y anunciando que se dirigen hacia allá… No se preocupen, todo esto lo haré con la mayor discreción posible.— «La reina Lenor… El reino de Kharsten… ¿Por qué cada vez que escucho esas palabras, una extraña emoción me invade…? ¿Añoranza…? ¿Nostalgia…? ¿Qué es este sentimiento y cómo llegó hasta mí?» El rey continuó:

—Por favor… Sean cuidadosos. El reino de Kharsten está pasando un difícil momento… Entre la estabilidad política que poco a poco se desmorona, gracias a algunos nobles codiciosos…— Camille interrumpió al rey y dijo:

—En verdad… Solo uno. ¡El marqués de Estramberg!— El rey agachó su cabeza y dijo, afirmando:

—Así es, su santidad…— «¿El marqués de Estramberg…?» Volteé a ver a Camille y ella cambiando su tranquilo semblante, se llenó de enojo y dijo:

—El marqués de Estramberg… Es como diría, Arlinne. Una personita, de verdad, muy, muy, fea… Siempre con las manos metidas en negocios sucios, como la esclavitud, chantaje y manipulación política, por nombrar solo unas cuantas cosas… Además a estas alturas es bien sabido que ambiciona el trono de la reina Lenor… Y más de uno apostaría, metiendo las manos al fuego que haría cualquier cosa para conseguirlo…— «¡Grrrr! ¡Por qué siempre nos topamos con tipos de esa calaña…? El marqués de Estramberg… Lo tendré bien presente, tal vez haya que hacerle una visita…» El rey dijo:

—En pocas palabras… Es como dice su santidad. Por favor. Sean cuidadosos. Confió plenamente que esta es una oportunidad, para que cambien un poco las cosas en Kharsten. Por parte de la reina Lenor, no tengo nada malo que decir… Es una persona ejemplar, ya la conocerán… Sin más, les deseo el mejor de los viajes.— Cuando terminó de hablar… Una señorita muy hermosa con un vestido color azul claro, se paró a su lado. Se veía apenada… «¡Espera un momento, es… Dilara?» Sonreí… «¡Qué lindo!» El rey se apenó también, al ver a tan hermosa mujer parada a su lado y dijo:

—Lo siento, me despido. Tengan una agradable velada y un feliz viaje. Ahora tengo asuntos que atender… Gracias por todo, el reino de Montloarc estará eternamente en deuda con ustedes.— Hizo una reverencia, que contestamos con un gesto y se fue de la mano de Dilara a bailar… «¡Jijiji! Otro final feliz… Muy bien, no pensaba hacerlo, pero esas botellitas se ven muy sólitas, solo tomaré una discretamente, en lo que los chicos beben y platican y las chicas están platicando sus monerías… Yo deslizaré mi mano por aquí y…» Ya venía el manazo nuevamente, de Ana… La volteé a ver, pero esta vez no me regañó, solamente hizo una seña con sus ojos. Había puesto un par de botellas a mi alcance, bajo la mesa, para que no tuviera que estirarme cada que me quisiera servir… Sonreí y ella me cerró un ojito… «¡Qué linda! ¡Perfecto! Aquí discretamente, podré tomar y pasar el resto de la velada tranquilamente».

Salimos del baile ya de madrugada… Venía tan contenta, prendada del brazo de Ray. El carruaje por fin se detuvo en la hostería. Grand y Lianne, salieron como un rayo… «¡Jajaja! Está bien, ¡vaya que la tenían atrasada!» Camille se dio cuenta y sonriendo, dijo:

—¿Nos vemos después de mediodía para planear?

—Creo que será mejor por la tarde… Nos veremos para cenar, ¿está bien?— Ella asintió, se despidió y subió las escaleras. Ya sin nada, ni nadie a nuestro alrededor… Ray me tomó de la mano para subir las escaleras, pero yo hice un puchero, inflando mis mejillas… Él volteó a verme y dijo:

—¿Qué pasa, peque?— Gemí con descontento, pronunciando mi mueca y por fin, se dio cuenta… Me alzó en sus brazos y me subió cargando las escaleras… «¡Qué alegría! ¡El broche de oro para una noche perfecta!» Llegamos hasta nuestra habitación, encendí la luz con un conjuro… El lobo estaba acostado en medio de la cama, como sí fuera de su propiedad. Ray dijo:

—¡Qué cabrón!¡Jajaja!

—No te enojes amor. Que no ves, que es el guardián de nuestra camita, ahora se baja.— El lobo nos vio y después de hacer fiesta un segundo, se fue a echar a su lugar. Yo agregué:

—¡Ya ves? Él la cuida, porque la cama de los enamorados es un lugar sagrado. Él es nuestra bestia guardiana… ¡Jijiji!— Él dijo:

—¡Jajaja! Arlinne… Que cosas dices a veces.— Me puse romántica y le dije:

—¿Crees que son boberías? ¿Creí que te gustaban mis tonteras?— Él dijo:

—¡Me encantan!— Abrí la boca de par en par y le dije:

—¡Vaya! ¡Por fin lo aceptas…! ¡Te gusto por boba!— Dejé mi boca abierta, esperando a que me contestara, pero él con maestría, me empezó a sacar el vestido sin siquiera arrugarlo… Mucho más fácil, de lo que yo pude ponérmelo. Él vio la ropa que me había puesto debajo, solo para él y me puso sobre la cama. Empezó a besarme en todo mi cuerpo… Me quedé esperando la respuesta y dije:

—¡Entiendo tu silencio…! ¡Está bien! ¡Sí soy boba y qué?— Él dijo, posándose frente a mi rostro:

—Dejémoslo en… Linda.— Lo abracé y le dije:

—¡No importa amor, solo ámame…! Ámame toda la noche. Sé que estoy idiota, pero es de amor por ti…

«¡Waaah! ¡Qué hora es? ¿Dónde está Ray? Se ve que pasa de mediodía…» Volteé a todos lados… El lobo estaba comiendo en su lugar. «Ray debió dejarle antes de ir a donde quiera que haya ido…» Revisé la mesa… Había un plato de comida y un vaso de jugo. «Supongo que es para mí. Espera un momento… ¿Y las cosas qué había ayer aquí? Aquí había unas escamas o pieles o que sé yo. Mmmh… Supongo que es a donde fue Ray por la mañana». Me acerqué a la mesa, también había un saco de mediano tamaño, cerrado en la mesa… «Mmmh… ¿Qué es esto? ¿Una nota? A ver…» “Peque, fui a buscar algunas cosas al pueblo con Grand. Desayuna. Nos vemos al rato. PD: Ya le di de comer a tu perro y te dejé tu parte de la recompensa que dio el rey en ese saco”. «¡Aah! ¡Cierto…! A ver…» Desaté el saco y me quedé boquiabierta… «¡Pero…! ¡Esto es un dineral! ¡Esto es solo para mí? Debe de haber un error… Aquí hay más de diez mil oros en platino y oro». Tallaba mis ojos sin poder creerlo. «Mmmh… Está bien…» Cerré el saco y lo fui a guardar a mis cosas. «Donde vea gente sumida en la pobreza en el reino, le vendré a dar un buen jalón de orejas al rey, por darnos tanto oro a nosotros y no ayudar a la gente que lo necesita».

Fui a llenar la bañera… Mientras se llenaba, doblé mi ropa cuidadosamente, que usé la noche anterior, incluido el vestido y lo guardé en mi portal… «¡Perfecto! ¡Qué hermosa noche pasé el día de ayer! Todos mis sueños hechos realidad… Se me veía hermoso… Pero bueno, de regreso a la realidad». Me fui a revisar al espejo… «Aquí está la realidad… Solo una chiquilla chamagosa con los ojos pegados con lagañas y las babas secas de tanto dormir, alrededor de su boca. ¡Jijiji!» Me metí a la bañera… «¡Qué rico! ¡Uff! Muy bien, es momento de volver a poner toda mi atención en lo que nos espera adelante en el camino, pero… ¡Cierto! Tendremos que esperar algunas semanas antes de partir, lo había olvidado. Está bien, todos merecen un descanso… ¿Qué lugares tendrá planeados Grand…? Espero sean bonitos y no haga tanto frío». Terminé de bañarme, me arreglé con mi ropa de siempre y desayuné, pero cuando estuve satisfecha de mi pancita, me empezó a entrar mucho sueño nuevamente… «Creo que me recostaré solo un ratito más antes de la tarde…» Me subí a la cama y el lobo saltó casi encima de mí. Nos acomodamos y nos pusimos a roncar un buen rato…

De pronto oí al lobo ladrar y el abrir de la puerta… «¡Ehm?»

—¿Peque, sigues dormida?— Balbuceé algunas palabras…

—¿Cuál? ¿Dónde? ¿Ray…?— Oí que puso algo pesado en el piso y volví a despertar sobresaltada, dije:

—¿Qué pasa? No estoy dormida, solo estaba descansando un poco.— Ray sé sentó en la cama a mi lado y empezó a reír, diciendo:

—¿No estás dormida? Ya veo…— Me incorporé un poquito para recargarme ahora en sus piernas y le dije:

—De veras, no estoy dormida, mira, veme…— Hacia un esfuerzo por mantener mis ojos abiertos, mientras mis flequillos se iban atrás de mi cabeza por la posición en la que estaba. Él rio y dijo:

—¡Jajaja! No importa, amor. Puedes dormir, aún faltan un par de horas para la cena. Te despertaré cuando eso pase.— Le dije, estirando mis brazos:

—No, ya no. Ya dormí mucho. Se me van a hinchar los ojos.— Y di un bostezo muy profundo… Recordé y le pregunté:

—¿Qué son esas cosas amor?

—¡Ah…! Son algunas escamas del dragón y la sierpe que derrotamos. Grand y yo, pensamos que sería una buena idea, hacer algunas piezas defensivas con ellas, pero parece ser que el peletero que las curó y las trató, no es capaz de hacer lo que nosotros tenemos en mente, solo armadura de cuero…

—¡Aah! ¿Y no hay nadie más cerca, qué pueda hacerlo?— Él dijo:

—De hecho sí… Pero lo vamos a platicar con ustedes, durante la cena.— En eso, volví a recordar y antes de que se me volviera a olvidar, debía decírselo a alguien… Le dije:

—Ray, necesito que le digas a Grand en secreto, que el cumpleaños de Lianne está en camino.— Él dijo:

—¡Aah! ¿Sí? ¿Cuándo?— Le dije:

—Sí mi memoria no me falla, debe de ser en cinco días.

—Muy bien. Le diré a Grand, tú díselo a Camille.— Asentí y dije:

—Sip.— Así pasamos el rato, platicando de que sería bueno organizarle a Lianne por su cumpleaños.

Bajamos a cenar… Solamente estaba Camille, esperando por todos… Corrí a abrazarla. Ella sonrió y dijo:

—¿Cómo estás, Arlinne? ¿Descansaste bien?

—Sip, muy bien, gracias… ¿Qué vamos a cenar?— Ella dijo:

—Aún no sé que pediré… ¿Y tú?— Puse mi dedo en mi mejilla y dije:

—Algo con un poquito de grasa, tal vez costillas de cerdo…— Y me quedé viendo a ver que decía…

—Está bien, solo recuerda que estos días nos la pasaremos descansando… ¿No querrás engordar, verdad?

—¡Claro, qué no!— Hice una cara de berrinche… Ray dijo:

—No me la asustes, Camille. Porque luego no quiere comer…— Camille rio y dijo:

—¡Jijiji! Arlinne, debes de dejar de comer de acuerdo al humor en el que te encuentras y tener una alimentación más disciplinada…— Ya iban a empezar los regaños, solo dije:

—Sí, está bien. Ya no me regañen. Comeré más y mejor, sí es lo que quieren escuchar, pero no me quieran quitar las cosas que me gustan y no me quieran empujar la comida a la fuerza…— Ordené de cenar lo que se me había antojado y antes de que se me olvidara otra vez, le dije a Camille:

—Camille… El cumpleaños de Lianne es en cinco días, pensaba que tal vez podríamos organizarle algo.— Ella dijo:

—¡Excelente idea! ¿Sabes sí le gusta algo de comer en especial?— Yo me quedé pensando… «Realmente la comida no le excita mucho, igualmente no es caprichosa… Siempre la he visto comer de todo, absolutamente de todo, pero en pequeñas porciones…» Recordé y dije: —Lo único que recuerdo que le gusta mucho, como para salir de su camino y comerlo, es el pay de manzana.— Camille dijo:

—Entonces, podemos prepararle una comida muy rica y yo haré de postre, pay de manzana. ¿Qué te parece?

—¡Sí, buena idea! Tal vez en el lugar al que lleguemos para pasar el invierno, podríamos comprar lo necesario para preparar todo… ¡Pero no me arriesgaré con las manzanas, mañana compraré las suficientes! ¿Qué más necesitas para el pay?

—Pues… Harina de trigo, huevos, mantequilla, un poquito de levadura y un poquito de azúcar y sal… ¡Aah! Y por supuesto las manzanas y obvio, un horno e igual un molde o traste para hornearlo.— Me quedé pensando y dije:

—¡Muy bien! Entonces, mañana que me dé una vuelta al mercado, te conseguiré eso y lo guardaremos. La comida de ese día, la compraremos en la aldea o villa a la que lleguemos, ¿te parece bien?— Ella asintió, quedamos de acuerdo.

Al poco rato, bajaron Grand y Lianne. Le di un codazo a Ray para recordarle que debía decirle a Grand de lo que habíamos platicado. Ellos se sentaron a la mesa y empezamos a cenar… Cuando terminamos, Grand aclaró su voz y dijo:

—Arlinne, he estado revisando lo que me pediste el día de ayer y las opciones son las siguientes…— Yo asentí y lo dejé continuar, él dijo:

—La primera opción es regresar a la villa de Verón y pasar ahí el invierno, no está tan lejos y hay todas las comodidades, además de que podríamos tomar misiones de los gremios de aventureros, mientras tanto por si nos aburrimos.— «Mmmh… No está mal». Lo dejé que continuara…

—La segunda opción es que retrasemos un poco nuestros pasos hacia el sur, por el camino que sale directamente de la capital, hasta la villa de Zeris. Igual tiene todas las comodidades y un poco más al sur, tal vez unos tres o cuatro días de camino, el frío se sentirá mucho menos que aquí o más al norte.— «Mmmh… Pues no me gustaría regresar, pero igual no tenemos nada que hacer… Tampoco se oye nada mal». Lo dejé seguir…

—Por último, la tercera opción… Que sigamos al norte un par de días por un camino alterno al camino principal y que se desvía un poco al este, hasta llegar a la aldea de Lidranos. Esta aldea la escogí por dos cosas, la primera es que antes de que se intensificara el asedio en la capital, siempre fue una aldea de índole turística para todos los nobles y comerciantes con dinero del reino, ya que en ella hay aguas termales y toda la gente de la aldea, aunque pequeña, se dedican al comercio y al turismo… Entonces no dudo que haya todas las comodidades y la segunda razón es que está muy cerca de uno de los puntos comerciales que tiene el reino de Montloarc con el reino de los enanos de las cordilleras al norte.— Rasqué mis oídos, para revisar sí había escuchado bien… Y le dije:

—¿Dijiste, aguas termales…?— Él asintió con la cabeza, sonriendo. Volteé a ver a las chicas, a todas se les había iluminado la mirada, igual que a mí… «¡Nunca he ido a unas aguas termales! Supongo que con este frío que está haciendo y el que está por venir, no puede haber nada más maravilloso para descansar…» La voz de Ray, interrumpió mis sueños… —Además, pensamos en esa aldea, porque aunque un poco pequeña, nos sirve para poder visitar a los maestros artesanos enanos y ver si nos pueden ayudar con lo de las escamas que te mostré hace rato.— Volteé a verlo emocionada y le dije:

—¡Aguas termales?— Ahora, Ray asintió, sonriendo, sin importarle que no haya escuchado nada de lo que había dicho. Volteé a ver a las chicas, ellas asintieron y les dije:

—¡Está bien! Entonces, aunque no me guste mucho la idea, será a las aguas termales… Preparen todo lo que necesiten para el viaje, mañana y saldremos pasado mañana, ¿les parece bien…?— Todos estuvieron de acuerdo.

El día siguiente me levanté temprano y fui a la ciudad sola, principalmente a comprar algunas cosas, entre ellas, los ingredientes del pay de manzana de Lianne y algo para regalarle. Primero fui a ver la ropa… «Ya tengo algo en mente y ahora que tiene hombre, seguro le vendrá bien, sí quiere estar fachosa en su habitación… ¡Muy bien, los encontré! Ambos perfectos, dos de cada uno y bien ajustadas… Como le gustan, para que parezca que sus pechugas van a salir reventando… ¡Jajaja!» Reí por un momento, pero luego me puse un poco triste y pensé… «¿Cómo me vería yo, sí tuviera ese enorme busto…? ¿Le gustaría a Ray? Supongo que sí… Kalya las tiene casi, casi, igual de grandes… Pienso que Lianne le gana por un pelo… ¡Bleeh! ¡Qué más da! Mejor me voy moviendo a buscar las cosas del pay». Caminé por un rato en la zona comercial, donde vendían ingredientes y materias primas… Conseguí todo fácil. De paso, compré un poco más de maíz para hacer palomitas, tenía mucho que no comía y esta vez, les pondría mantequilla de la que sobre del pay… «¡Qué rico!»

Nos encargamos de todo lo que hacía falta, así como de pagar las cuentas pendientes de la hostería. Las cubrí con el dinero del grupo, sin problemas. Estábamos bien económicamente por el momento… Eso también me daba tranquilidad, por lo menos podríamos concentrarnos en pelear y descansar, sin estar pensando en eso. Al día siguiente, nos despedimos de Ana, Miranda y el capitán Tenarius y nos marchamos rumbo al norte, sin ningún contratiempo…

Fin del Capítulo 19.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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