Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 2
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Capítulo 2: Capítulo II: Resolución.
Capítulo 2
Partí muy temprano, apenas después del amanecer. No quería despertarla. No quería volver a ver esos ojos color de miel, ni esa sonrisa que tan fácilmente me había engañado, me había envuelto. De todas las cosas que pasaron por mi mente, que pudo haberme dicho, nunca estuve ni cerca a imaginar lo que sería. Supongo que por eso estuvo nerviosa todo el tiempo… Porque sabía que yo lo averiguaría tarde o temprano. Lo que más me tenía intranquilo y no podía sacar de mi cabeza era… Qué esos últimos cuatro días había estado enamorándome perdidamente de un chico… «¿Es un chico…? Supongo que sí, tiene uno de estos, eso lo hace un chico. ¿No?»
Nunca me consideré un mujeriego, ni un conquistador en cuanto a romance se trata, pero durante mi vida, al menos cuando trataba de justificar mis conductas ante mi propio ego. Había compartido el amor con una buena cantidad de diferentes mujeres, unas más jóvenes que ella, unas mayores que yo, incluso algunas elfas y medio elfas, ninguna de todas esas ocasiones había sentido lo que sentía en ese momento… Esa confusión, ese peso, tal vez era yo, el que estaba mal. «¿Tal vez me gustan los chicos…? ¡No! Lo dudo». Muchas ocasiones había compartido el techo con jóvenes de mi edad y hombres mayores, bañándose desnudos y durmiendo en el mismo lugar. Ni una sola vez sentí curiosidad o libido hacia ellos, solo eran mis compañeros y todos lo entendíamos así. No dudo que hubiese uno que otro, que tuviera esos sentimientos, pero yo no, ni por un momento pasaron por mi mente. «Entonces… ¿Qué es lo que me pasa? ¿Por qué no puedo sacarla de mi mente? Tan linda en su pequeña falda, con el viento jugando con sus flequillos y esa sonrisa que simplemente me hace un agujero en el corazón. ¡Qué hermosa sonrisa…!»
Apreté el paso y forcé a mi montura a cabalgar al máximo de su velocidad por largos periodos de tiempo, no me importaba sí reventaba. Solo quería estar lo más lejos de ahí, lo más lejos de ella, cuanto antes mejor. El caballo ya jadeaba constantemente cuando llegué a la villa portuaria de Portos. «Disculpa amigo, casi te reviento, lo siento». Era ya de noche… Até el caballo fuera del edificio del gremio y le dejé algo de alimento y agua. «Se pondrá bien». Saqué mi equipaje y me dispuse a entrar al lugar.
*************************
Ray se había marchado… Supongo que antes o con el amanecer. Mi mente se había puesto en blanco, sabía que eso pasaría. El dolor y el vacío eran tantos, que ni siquiera podía llorar. Arreglé mis cosas… Ni una nota, ni un mensaje, ni una señal de que el plan continuaba y que regresaría. Dudé por un momento… «¿Y si regresa…?» Pero eso no era posible, todo lo que pudimos haber construido en esos cuatro maravillosos días, se había roto. Por otra parte… «Soy un caso perdido, ahora ya me gustan los chicos, supongo que era el último cambio de una larga lista… ¿Me gustan los chicos…? ¿O me gusta Ray…?» Monté el caballo y me puse en marcha.
Fui trotando a paso tranquilo, como me había dicho Ray que lo hiciera. Aún me quedaba la esperanza que él cumpliera su promesa, la cual se había desquebrajado con mi mentira, con mi falsedad. Así seguí la mayoría del camino, con el cielo nublado, como si quisiera llorar por haber presenciado lo que había ocurrido. «Me pregunto… ¿Qué hubiera pasado si yo hubiera sido una chica de verdad? Me imagino que me hubiera hecho suya con ternura y paciencia… Vendría feliz y complacida, llena de ilusión por haber tenido una hermosa primera vez…» Continué después de mediodía, ya estaba a más de medio camino de mi destino. Pensaba en el peligro que me esperaba, sin mencionar, lo mucho que me asustaban los muertos vivientes. No se lo dije a Ray, pero desde niño, no los toleraba, me provocaban pesadillas que duraban semanas y ahora a mi edad, si bien los soportaba, me sentía intranquilo todo el tiempo cuando había alguno cerca, aunque fuera un simple zombi o un simple esqueleto animado, yo me lo pasaba muy mal.
Antes del atardecer… La vi ahí, parada abajo de su montura a un lado del camino… “Señorita belleza élfica”. Seguí como si nada, supongo que si no me veía con Ray, ni siquiera me dirigiría la palabra. Pasé exactamente frente a ella y me habló con tono arrogante:
—¡Ray no esta contigo?— Contesté tranquilamente, fingiendo sorpresa:
—¡Ray? ¡Te conozco…?— «¡Toma eso, perra! ¡Jijiji!» Abrió su boca con tono de sorpresa.
—¿No eras tú, la pequeña perra aferrada a sus pantalones, cuando los vi antier en Rostand? Estoy casi segura que eres tú, esa sonrisa de tonta… ¡Conozco a las de tu tipo!— «¡Sonrisa de tonta! ¡Perdón…?» Contesté haciendo una expresión que parecía, que trataba de recordar, mientras fingía sonreír tontamente:
—¡Ah! Sí… Ya recuerdo. Ray me contó algo acerca de ti.— Sin más, la hice reventar.
—¡Te estás burlando de mí, mocosa?— Desenvainó su espada. Continué con mi sonrisa fingida y dije tranquilamente:
—¿Qué pasa, tuviste problemas con él?— Como queriendo ser comprensiva, a lo que ella contestó:
—Mi nombre es Kalya Reus de Yellowood. ¿Cuál es tu nombre?
—Yo solo soy Arlinne. Mucho gusto, Kalya.
—No soy irracional, Arlinne y como es la primera vez que pasa, te podrás ir con una advertencia… ¡Deja de tratar de meterte en los pantalones de Ray! Él es mío. ¡Entiendes! Y no dejaré que ninguna otra hembra se quede con lo que es mío.— Terminó mirándome fijamente.
—Entiendo… Pierde cuidado, aunque te equivocas en dos cosas… La primera es… Que no creo volver a ver a Ray, al menos, no en mucho tiempo.— Guardé silencio mientras ella me observaba.
—¡Cuál es la otra?
—No tiene importancia, quedate tranquila… Me voy, sino la tormenta nos atrapará a ambas.— Ella extrañada, empezó a usar su olfato, olisqueando el aire, se me quedó viendo y dijo:
—Muy bien, buen viaje.— Seguí cabalgando, más rápido esta vez, mientras ella se quedaba ahí, atónita. «La otra es… Que no soy una hembra». No paré hasta el anochecer, al llegar a los límites de la antigua ciudad de Tsun.
*************************
Que extraño, esa chiquilla… Y ese olor. «¡Ray, me lleva contigo! ¿Es así como te gustan las chicas? Bobas e idiotas, para colmo… Se quería hacer la lista conmigo, como si no pudiera oler el aroma de la saliva seca de Ray en su piel, no por nada soy la líder de las cazadoras…» Volví a oler su esencia en el aire una última vez. «Ya veo, así que después de todo, no eres cualquier chiquilla tonta… En realidad se avecina una tormenta. Pero… Ese olor raro alrededor de ti, no es el olor de Ray, es un olor, como… Como a…» ¡Aaaah…!
*************************
Entré en el edificio del gremio y hablé con la recepcionista. Saqué de una mochila de correos que llevaba en la alforja, unos documentos y se los fui entregando como los iba ordenando… Por fin fueron todos, solo quedaban los de mi misión con Arlinne. Los volví a guardar en la mochila y pregunté por el encargado de plaza para ir a reportarme y si no había nada urgente, poder ir a ahogarme en alcohol a una cantina, que bien me hacía falta. Ella me dijo que el primer comandante, el capitán Tenarius, era quien estaba en ese momento a cargo de la plaza. «Así que el viejo es quien está ahora al mando de esta plaza». El capitán Tenarius era el más respetado de los oficiales de campo de los lobos plateados y también había sido mi mentor desde que ingresé al destacamento. Le dije a la recepcionista que iba a pasar a verlo, ella asintió y me dijo que esperara en lo que avisaba al capitán.
Me senté cruzado de pies y estirando mis brazos por encima del sillón, acariciando la fina piel de la que estaban hechos, a la par que tomaba y prendía un grueso cigarro de los que estaban en la lujosa mesa de centro. «¡Vaya, esto es vida! Nada que ver con la miseria de los primeros años de mi existencia». Desde que había entrado al destacamento de mercenarios, todo había cambiado para bien. Ellos estaban felices de recibir a un elemento tan joven, pero a su vez tan arrojado, que parecía que no conocía el miedo a la muerte. Lo que probé en incontables ocasiones durante las difíciles misiones que empezaron a surgir durante la guerra… Escoltas, protección, patrullaje. Todas en circunstancias que cualquier otro ni siquiera lo hubiera pensado… Yo tomaba esas misiones y sin pensarlo dos veces, las cumplía con éxito. Además con un talento para la espada sin igual, la única otra espada más fuerte que la mía, la del mismo capitán Tenarius, al cual nunca había podido vencer… Seguí recordando, mientras inhalaba ávidamente el humo. «La verdad es que tengo mucho que agradecerle al viejo. Cuando entré aquí, me tomó bajo su ala como si fuera su hijo, me procuró y me enseñó todo lo que sabía. Para ser sincero… La mayoría de mis técnicas son versiones cambiadas o incompletas de sus propias técnicas a las que yo les había agregado mi estilo personal». La recepcionista salió del despacho y se dirigió a mí:
—Señor Forthand, el capitán lo recibirá ahora.— Apagué el cigarro y entré al despacho, su risa a carcajadas, como siempre, fue lo primero que me recibió.
—Muchacho, ¡jajaja! Que gusto ver que sigues con vida.— Yo me paré en posición y saludé con un gesto marcial.
—¡Capitán!— Él rio y saludó también.
—Siéntate muchacho. Cuéntame que te trae por acá.— Me senté y le dije que después de mi última misión, de la cual tenía el reporte en el escritorio, me habían mandado hacia Portos, a su comando y que estaba en espera de recibir órdenes. Él se quedó en silencio por unos instantes, su semblante cambió y dijo:
—Muy bien, ya veo… Tal vez esta es la oportunidad que he estado esperando. Quería discutir esto contigo desde hace tiempo…— Estaba muy serio y me empezó a intrigar.
—Verás… Es difícil encontrar buena infantería y mucho más difícil con talento. Lo mismo pasa en las cadenas de mando. La gente con talento va envejeciendo y los que no lo tienen simplemente mueren o abandonan. He estado pensando esto ya hace un par de años y me gustaría retirarme. ¡Jajajajaja!— Cambió su semblante con esa explosiva carcajada, yo dije sorprendido:
—¡Pero capitán…! ¿Quién más podría llenar sus zapatos aquí? No conozco a nadie que siquiera se acerque a su experiencia en tácticas de campo y combate cuerpo a cuerpo.— Serio nuevamente, me dijo:
—Me hago viejo, Ray. Ya paso por mucho la marca de las cinco décadas y no quiero sonar como un cobarde, pero… Me gustaría vivir estos años que me quedan en compañía de mi esposa y mis dos hijas, me gustaría verlas casadas y disfrutar de mis nietos, hasta que los dioses decidan que es el momento de hacerme la cuenta. ¡Jajajajaja!
—¿Y su reemplazo…? El destacamento sufriría mucho con su ausencia. ¿Si la persona que llegue no tiene lo que se necesita…? Estaríamos en serios problemas. No me puedo ni imaginar quien podría ocupar su lugar.— Él dijo tranquilamente:
—Yo, sí.
—¿Quién?— Contesté:
—Lo estoy viendo en este momento.— Me quedé sin palabras.
—Que no te sorprenda, Ray. Estoy entrenando a mi reemplazo desde hace siete años. ¡Jajaja!— Dije tratando de omitir la responsabilidad en la que me quería implicar:
—Para mí sería un honor, pero desafortunadamente… No me siento apto para el puesto, me disculpo.— A lo que contestó decidido:
—Lo sé, por eso es que quiero que te tomes un tiempo.— «¡Eh? ¿Me está despidiendo?» Volteé a verlo a la cara.
—No lo malinterpretes, seguirás siendo un lobo plateado. Todo pagado. ¿Qué te parece un año de vacaciones?— Murmuré:
—Pero…
—No necesitas más entrenamiento, pero quiero que encuentres eso que te hace falta, esa pequeña pizca, que te hará dar el último salto de ser un cachorro a ser el alfa de la jauría. ¡Jajaja! Así que… Oficialmente te encuentras descargado de tus obligaciones, pero no así de tus derechos… ¡Ah! Me queda una última orden antes de que puedas estar oficialmente descargado.— Yo aún atónito por lo que pasaba, dije:
—Sin dudar, capitán. ¿Cuál es mi deber?— Sonrió y dijo:
—Que me acompañes con un par de botellas, sin el uniforme, solo para platicar, en la taberna en la que se reúne el gremio en el puerto.
—¡Así será, capitán!— Me puse de pie y saludé.
—Muy bien, muy bien. ¡Jajaja! Ve hasta allá y aparta una buena mesa con vista al mar. Por cierto… Grand Mosier está esperando este permiso en la taberna. Lo conoces, ¿no?— «¿Cómo, no conocerlo? Grand ha sido mi mejor amigo desde que entré al destacamento».
—Si, señor.
—Entregáselo, dile que todo está arreglado, puede hacer lo que necesita sin ningún problema, que no se preocupe, que el gremio lo apoya.
Me despedí y salí rumbo al puerto pensando solo en Arlinne. «¿Estará bien? Me molesta lo que pasó, pero lo último que quiero es verla muerta… ¿Muerto? Mi cabeza es un lío…» No podía estar tranquilo, deje el caballo ahí, estaba muy cansado y no me gusta abusar de las montas. Decidí que lo recuperaría después de beber con el capitán.
*************************
Bajé del caballo forzadamente, porque ya no quería avanzar más. Eso solo podía significar una cosa… Adelante estaba infestado de muertos vivientes. «Es extraño, pero algunos animales pueden detectar instintivamente estas aberraciones, no depende de la especie de animal, más bien del individuo». En cuanto lo oí relinchar y jadear con terror en su respiración, se me erizó la piel. No quería que el pobre animalito tuviera un final horrible, así que me preparé a hacer lo impensable… Tomé lo más que pude del equipo que Ray había puesto en las alforjas, solté la rienda del árbol donde lo había atado, lo encaminé al lado contrario y lo insté a marcharse. Por un momento, desconcertado, salió corriendo por donde venimos a la segunda palmada en su trasero.
Me adentré en la oscuridad del camino hacia Tsun con la mano en mi pecho, atento de cada detalle, cada ruido, cada olor. Conjuré una magia de luz y la puse en mi espada. Con todo y ella, apenas y podía ver unos metros en la espesura delante de mí… De golpe me frené, con mi corazón que parecía salirse de mi pecho… Eran las ruinas de Tsun, hechas con un estilo arquitectónico que ya no existía más en el mundo actual. Infestada hasta donde mi vista podía alcanzar, de esqueletos animados, así como zombis con la piel tan seca y pálida que apenas y se notaba pegada al filo de sus huesos. Me quedé paralizado del miedo… Pero hice un esfuerzo y canalicé nuevamente otro hechizo de luz que esta vez hice flotar sobre las ruinas, debía tener un panorama completo de mis alrededores si es que pensaba meterme ahí.
Entonces sucedió lo que tanto temía… Como sí algo les avisara que yo estaba ahí, todos empezaron a caminar lentamente hacia mí de todas direcciones. Quería salir corriendo, pero me contuve, esta no era la primera vez que pasaba algo como eso, así que di marcha a mi plan… Me convertí en carnada y como iban avanzando, yo me iba moviendo lentamente a su mismo ritmo, prestando mucha atención en la cantidad y al tipo de muertos vivientes que me seguían. Hasta ese momento no había visto ninguno peligroso, solo zombis y esqueletos, muy probable que no hubiera nada más que eso. Ya que los tipos de muertos vivientes más peligrosos, necesitan depredar de los vivos para seguir existiendo y hace muchos siglos no había nada vivo en ese lugar.
Me empezaban a rodear, así que era hora de seguir con mi plan, lo había fraguado desde el momento que había decidido que vendría a este lugar. Avancé rápidamente hasta los que me cerraban el paso por donde había llegado y con hierro y magia, empecé a derribarlos. Eran oponentes sencillos, como para practicar, la mayoría no tenía armas y eran lentos. Sabía que lo único que podía salir mal es que yo me confiara y cometiera un error o que hubiera algunos tipos de muertos vivientes que fueran inmunes a mis ataques.
Con llamaradas que iluminaban la oscuridad me abrí paso entre ellos. Mi hechizo básico elemental, como el que había usado contra la bestia, pero con mucha menos potencia para no agotar mi poder mágico. También con mi espada, a los que estaban demasiado cerca. Por fin llegué hasta el lugar que me pareció correcto para continuar con lo planeado. Ya había llamado la atención de casi todos los que estaban afuera en las calles y en la plaza. Entonces lo hice… Un conjuro para poder saltar más alto y más rápido. Salté hacia las azoteas de los edificios que se encontraban en las esquinas de las afueras del pueblo. Con cuidado traté de pararme sobre las trabes de mortero, no quería pisar en falso y resbalarme si pisaba las trabes de madera… Muy probablemente estarían resecas y podridas y sería mi final. No pesaba mucho… Pero aún así, el miedo inundaba mi corazón, un error y sería fatal. Posicioné la luz sobre mí y vi el palacio a la distancia, exactamente al lado contrario de donde los había reunido a todos. Muy bien, todo iba conforme al plan, ahora a esperar que se reunieran la mayoría ahí y después que estuvieran juntos, debía correr lo más rápido que pudiera hacia el palacio. Son tan lentos, que por lo menos tendría una hora en lo que me daban alcance, además, si tenía suerte y salía de su rango de percepción, no me seguirían más. Así que esperé y esperé… Pensando en Ray para distraerme un poco de los lamentos y los gemidos que conjugaban una tétrica cacofonía bajo mis pies. «¿Qué estará haciendo ahora…?»
Después de un buen rato, sentí como mis piernas se empezaban a entumecer de estar en esa incómoda posición, así que era el momento de seguir, antes de que me acostumbrara a esos funestos sonidos… Esos gemidos de dolor sin garganta, esos sonidos guturales sin lengua. Con mucho cuidado sobé mis pantorrillas, tobillos y muslos, para asegurarme que no me diera un calambre o un tirón con la carrera, después de haber pasado un largo rato, ahí colgado de lo que quedaba de esa azotea.
Era la hora… Me concentré y nuevamente cambié la luz en la dirección que debía de correr… En la dirección del palacio. La luz no llamaría su atención, ya que la mayoría ya no tiene ojos. Todos estos muertos vivientes menores solo se guían por su sentido sobrenatural de detectar a los vivos, así que los sonidos fuertes o la iluminación no los atraería. Activé mi magia para saltar, me doblé en mi posición y salté hasta otra azotea… La del edificio de enfrente. Era una apuesta peligrosa, si se caía el techo, sería mi final… Afortunadamente resistió mi peso. Era suficiente, no pensaba volver a arriesgarme. De ahí salté hacia la calle, como a unos cinco metros de la criatura más cercana y empecé a correr a todo lo que daban mis piernas y mi corazón, con rumbo al palacio, intercalando de vez en vez con saltos hacia adelante, aprovechando aún mi conjuro y así ganar más tiempo y más terreno.
Tardé tal vez unos diez minutos, mi corazón iba a explotar, pero por fin estaba frente al palacio… Por último, con lo que quedaba de mi conjuro, salté a la cornisa del palacio y aproveché para ver a mis perseguidores, me sentí aliviada… Habían perdido el interés. Me recargué en un muro hecho de piedra que rodeaba los acabados del palacio y me senté un momento a recuperar el aliento, sin darme cuenta, hundí mi cabeza en mis rodillas. «¡Ray, lo siento tanto! ¡Te quiero mucho! Dame una oportunidad, por favor… Puedo ser la chica más hermosa, solo para ti, sí tú así lo quisieras».
*************************
Entré a la taberna aún pensando en ella… Volteaba a mi alrededor. Grand era inconfundible, sí estaba aquí, resaltaría como siempre. Entonces lo vi… Sentado en una mesa al fondo a la izquierda, de las que estaban del lado del malecón. Nuestras miradas se cruzaron y él se puso de pie para hacerse notar… No era necesario. Ese hombre de más de dos metros de alto y redondo del abdomen, jamás pasaría desapercibido. Cuando recién lo conocí, simplemente pensé que era un glotón, hasta que alguna vez lo vi bañarse… Me di cuenta de que a pesar de estar un poco gordo, su porcentaje de grasa corporal era muy bajo, era puro músculo a excepción de su barriga, ¡claro! Un bastión en el campo de batalla, siempre cargando ese enorme escudo largo de madera entallado en barras de metal y esa hacha de batalla de dos manos, que con facilidad él manejaba en una sola, ni siquiera los más corpulentos virzuks, le llegaban a la talla, a los cuales más de una ocasión lo vi quitarse de encima, haciéndolos volar en todas direcciones, como cuando una vaca se espanta las moscas con la cola.
Me acerqué a la mesa… Él seguía parado, sonriendo. Tal vez su punto débil era que su rostro no era muy agraciado… Una nariz gruesa y abultada en medio de su rostro y ese contorno redondo de su cara, resaltaban la delgada papada que a veces él escondía con una fina barba bajo el mentón. Me extendió una silla y dijo:
—Que casualidad encontrarte por aquí, Ray.— Tomé asiento. «Por último… Extremadamente introvertido con las damas. No es atractivo, pero… No hay en estas tierras, un hombre, mujer o bestia, que pudiera negar su sentido de la justicia, su increíble fuerza o su gigantesco corazón. Al final de las campañas, solía haber mujeres implicadas que se querían acercar a los victoriosos, incluido aquella montaña de hombre, que las había ayudado o defendido, pero siempre recibían seriedad o timidez de su parte…»
—¡Amigo! Grand, un gusto como siempre. He venido a esperar al capitán y a entregarte esto.— Saqué de entre mis ropas el permiso firmado por el capitán y se lo entregué. Él emocionado lo tomó, sus ojos brillaron y dijo:
—¡Qué bien! Le debo tanto al capitán.— Lo guardó en algún lugar de su uniforme.
—Debo partir, Ray. Pero… Queda un buen tiempo para que compartamos algunas botellas. ¿Qué te parece? ¡Jajaja!— Rio abiertamente, con sinceridad, como desde que lo conocía. Si había alguien en quien podía confiar en el campo de batalla o en cualquier otra situación donde lo necesitara… Ese era él.
—Siempre un placer, amigo. ¡Qué vengan esas botellas, que les traigo ganas desde hace rato!— Guardé silencio… A mi mente regresó ella. Alzó la mano para llamar la atención de la camarera.
—¿Qué quieres tomar, Ray?— Contesté sin pensar:
—Lo más seco y fuerte que tengan. ¡Ehm! Aguardiente de savea, dos botellas, por favor.— La camarera tomó nuestra orden y Grand por fin tomó asiento. Yo miraba la mesa con preocupación en mis ojos. Él me dijo, dándose cuenta de mi estado de ánimo:
—¿Algo anda mal, Ray?
—No es nada, Grand… ¿Qué opinas de las ruinas de Tsun?— Volteé a verlo con ese lenguaje de miradas, que habíamos aprendido con los años de amistad que teníamos tras nosotros.
—Mmmh. Las ruinas de Tsun…— Decía mientras acariciaba su barbilla.
—Que hay que estar completamente loco o con ganas de morir, si quieres ir ahí.— Llegó nuestra orden a la mesa y ambos bebimos directamente de las botellas, él dijo después de tomar aire:
—Si me lo pensara en serio, por lo menos llevaría a seis personas, un sanador incluido, otra de ellas sería la espada más poderosa que conozco, que serias tú, un rastreador y un par de hechiceros, para tener la oportunidad de regresar con vida. ¿Hay algo importante ahí? Como para hacerte pensar tal locura.— Sin necesidad de decirlo, él me conocía muy bien y a estas alturas, ya sabía que algo había ahí que me interesaba.
—Si yo fuese solo… ¿Crees que pudiera sacar algo de ahí y regresar con vida?
—Pues… Conociendo tu habilidad y a ti, pienso que dependería mucho de que tan rápido encontraras eso que buscas. ¿No me digas que te han dado otra misión, de esas locas, que solo tú aceptarías, de ir a ese lugar maldito y sacar algo?— Reí nervioso:
—¡Jajaja…! Nada de eso… Es solo que un posible cliente me comentó que necesitaba algo de ahí y pensaba cuanto cobrar por mis servicios.— Él también rio y dijo:
—¡Jajaja! Ray, las cosas que haces por dinero.— No había comido nada en todo el día y me empezaba a caer de peso el alcohol, además necesitaba cambiar el tema. Dije:
—Voy a ordenar algo de comer. ¿Quieres algo, Grand?— Sabía la respuesta, pero aún así pregunté…
—No.— Dijo y me quedé boquiabierto… Lo conocía y sabía que siempre estaba hambriento. Algo andaba mal… Ordené unas alas de pollo a las brasas. Cuando trajeron la comida, él ni siquiera las volteo a ver, por el contrario, cambió su semblante y me dijo:
—Ray… Hace meses que quiero la opinión de alguien sobre un asunto en específico y pienso que eres la persona más adecuada para darme ese consejo.— Me extrañé, mientras llevaba la comida a la boca y dije, mientras masticaba:
—¿De qué se trata? Pregunta con confianza…— Bajó su tono de voz para que solo yo pudiera escucharlo y dijo:
—¿Cómo haces para gustarle a una chica…? Quiero decir… No gustarle como tal, porque eso pasa o no pasa. Mejor dicho… ¿Cómo haces para que empiece a cambiar la imagen que tiene de ti y le empieces a gustar…? Es decir… Se empiece a enamorar.— Casi me ahogo con el pollo al escuchar tal cosa venir de él. El hombre que en su vida lo había visto siquiera voltear a ver el trasero de las jóvenes mozas, cuando pasaban frente a él, contoneándose.
Hice un esfuerzo por no cambiar mi semblante… «No es como que yo sea un experto… Las mujeres siempre se me han dado fácil, nunca tuve que hacer un esfuerzo por gustarles, por entenderlas, por cambiar algo en mí para aceptarlas… Tal vez ese es mi problema… No es que sea un chico o una chica… Simplemente me asusté, como un chiquillo, frente a la idea de aquello que toqué, de tener que lidiar con eso… Pensando en que podía decir la gente de nosotros. ¡No, mentiroso! No de nosotros, ¡de mí! ¿Sería un homosexual, sí lo tocaba…? ¿Si la hacía sentir bien de formas diferentes que a las otras chicas…? ¿Tenía el valor dentro de mí para aceptarla y vivir con eso el tiempo que durara nuestra relación…? ¿Para no echárselo en cara cuando me sintiera frustrado…? ¿Para aceptarla tal y como era?».
—Esa mujer de la que hablas, Grand, ¿vale la pena?— Asintió con la cabeza.
—Toda la pena del mundo, estoy perdidamente enamorado de ella, desde que ambos éramos unos niños.— Grand era apenas un par de años mayor que yo, veinticinco años.
—Siempre la he buscado, pero desafortunadamente, sé que no le atraigo físicamente.— Él rio…
—¡Jajaja! Sabes, siempre he sido un glotón y no soy muy guapo.— Al menos era consciente de su situación… Por algo se empieza.
—He tratado de cambiar para ella… Pero simplemente mi cuerpo es así, con más músculo o más grasa, pero siempre del mismo ancho. ¡Jajaja…! Pero estoy seguro… Que sí me diera la oportunidad, la podría hacer la mujer más feliz del mundo.— En otro momento, tal vez hubiera tenido el corazón para desanimarlo, para que no se hiciera más daño, para que buscara a alguien que lo viera diferente desde un principio, pero mi corazón ya se sentía muy mal en ese momento, como para desanimar a otro corazón que había buscado ayuda…
—¿Te ves amando a otra mujer y olvidándola a ella?— Dijo rápidamente y con seguridad: —Nunca haría tal cosa, prefiero estar solo.— «¿Solo…? Así que era por eso, que no veías a las mujeres, era por eso que te quedabas cuidando las cosas cuando íbamos a los burdeles, por eso no participabas en nuestras pláticas grupales sobre sexo y mujeres…» Continué, esta vez disfrazando una pregunta de mi propio interés…
—Sí supieras que tiene algo físico o emocional que la hace diferente a la vista de los demás y que nunca te ha dicho o tú te has enterado… ¿Sentirías lo mismo por ella?— Contestó rápidamente y sin chistar:
—Por supuesto, ella es ella y no importa ni lo que diga la gente, ni lo que pasara, la amaría igual, si ella ya me ha dado la confianza de corresponderme.— «¡Qué enorme! ¡Gigantesco! Me sentí tan pequeño ante él, tan vil, tan insignificante, como un miserable que cree tenerlo todo y desdeña lo que le ofrecen de buena voluntad. ¡Eres un gran hombre, Grand! En cuerpo y alma». Dije con voz seria:
—Entonces debes de luchar por ella, no hay muro que resista para siempre, sé que tarde o temprano, llegarás a su corazón.— Le dije eso con confianza, mientras me sentía muy mal conmigo mismo…
—¡Gracias! Ray, no sabes el bien que me han hecho tus palabras, como siempre eres un gran amigo, uno que no abandona a nadie que lo necesite.— Sentí como una patada en las bolas…
Terminamos las botellas, casi al mismo tiempo que llegó el capitán. Me di cuenta, porque la taberna entera enmudeció y después escuché su voz…
—¡Jajaja! Adelante caballeros, no vengo a ponerles infracciones, solo vengo a dejarles una orden.— Escuché al unísono de la taberna:
—¡Si, Señor!
—La orden es… ¡Acaben con esas botellas! ¡Jajajajaja!— Todos aplaudieron y vitorearon al capitán que a estas alturas ya iba llegando a nuestra mesa. Se paró frente a nosotros y dijo: —Forthand, Mosier.— Nos pusimos de pie y al unísono saludamos.
—¡Jajaja! Descansen. Veo que ya se me han adelantado. Bien… ¡Qué esperan? Pídanme lo mismo que están tomando.— Así lo hicimos, bebimos y charlamos un rato más en lo que Grand dijo:
—Capitán, Ray. Tengo que retirarme, fue un placer acompañarlos esta noche.— Los tres nos pusimos de pie y el capitán dijo en voz fuerte:
—Descargado, soldado. Espero que resuelvas tus asuntos pronto, te estaremos esperando y más vale que te apresures, sí no tendremos que tirar toneles y toneles de comida sin aprovechar. ¡Jajajaja!— «¿Descargado? Él también… ¿Por qué? ¿Asuntos personales? ¿Acaso tiene que ver con lo que recién platicamos?» Volteó a verme y dijo:
—Siento no habértelo dicho antes, Ray… Pero dejaré el servicio por un tiempo en lo que arreglo algunos asuntos.
—Está bien… Cuídate, Grand. Sí necesitas algo, no dudes en pedírmelo.
—Así será, amigo.— Saludó nuevamente y se dirigió a la salida de la taberna.
Seguimos bebiendo y platicando… Hasta que después de un rato, el capitán colgó una cara solemne y dijo, ya algo tomado:
—Y bien, Ray. ¿Ya has podido dominar el último corte que te enseñé?— Volteé a verlo con pena, ya bastante tomado. Sumido en mi silla le contesté:
—No.— “El corte de luz de plata”. La técnica de espada más poderosa que había presenciado personalmente en la vida. El capitán me la había enseñado ya un par de años atrás, pero yo nunca había podido siquiera acercarme a imitarla, siempre fallaba en algo, ya sea el tiempo de ejecución, la fuerza, la postura. Decidido le pregunté:
—Y capitán, ya entre nosotros. ¿Cuál es el secreto de la técnica…?— Había preguntado un sin número de veces y nunca me había querido contestar, dijo:
—Aún no lo sabes, ¿eh? ¡Jajaja! Por eso te estoy mandando de vacaciones, precisamente.— Lo volteé a ver asombrado… «¡Por eso me manda de vacaciones?»
—¿Es el tiempo? ¿La velocidad? ¿La postura…?
—¡Jajaja! Nada de eso muchacho, te he visto tratando de realizarla y todo eso lo tienes bien, es algo mucho más sencillo que eso… Te voy a dar una pista, pero antes te voy a hacer una proposición… Disculpa mi atrevimiento. Verás… Mi hija menor ya está en edad casadera y no le desagradas del todo… Es más, diría que le agradas bastante. Camelia, la conoces, ¿no?— Yo contesté solo asintiendo con la cabeza, completamente desconcertado…
—¿Quieres su mano en matrimonio?— Me quedé pasmado. Este hombre que ya me había dado tanto. ¿Ahora me quería dar a su hija en matrimonio? Su hija era hermosa, educada y de una buena familia… ¿Se la iba a entregar a un perro callejero como yo? Él sabía que era un mujeriego. ¿Por qué quería tal cosa? Tal vez no quería que sentara cabeza ella… ¿Sino yo? «Inmediatamente chocó su imagen en mi mente, esa sonrisa hermosa como la luz del amanecer… Arlinne no se merecía eso y menos en el día que la abandoné a su suerte en una necrópolis. Era el momento de decidir…»
—Dime, hijo… ¿O hay alguien más que de verdad tenga tu corazón? Y no me refiero a esa cazadora élfica o uno de tus amoríos de marinero.—Me puse de pie y respiré profundo. Estaba listo para aceptar todo de ella, sin echárselo en cara, sin repudiarla y hacer hasta lo imposible para seguir viendo esa sonrisa por un largo tiempo.
—Lo siento capitán… Sí la hay, he encontrado a alguien especial.
—Ya veo, me alegra tanto escuchar eso. ¡Jajaja!
—De hecho, creo que debo partir a su encuentro.— Él notó la preocupación que por fin se apoderaba de mi rostro, como una gota que cae desde la mañana y para la noche revienta una presa.
—Ya veo… ¿A dónde?
—A las ruinas de Tsun…
—Muy bien… Tres cosas antes de que te marches, ya que veo que es urgente. La primera… Toma este dinero. Es tu paga adelantada de un periodo y un bono que agregué para que disfrutes de este tiempo sin trabajar.— Tomé la pesada bolsa y la guardé.
—Segunda… Toma mi caballo, está afuera esperándote, no encontrarás corcel más veloz en ninguna de estas provincias sureñas, puede correr toda la noche y todo el día como un
rayo.— ¿El caballo del capitán…? Era una bestia increíblemente inteligente, rápida y fuerte. Un semental, que solo el capitán podía montar. ¿Podría hacerlo yo?
—Tercera… La clave tras “El corte de luz de plata”. Esa técnica la desarrollé hace años, cuando era casi tan joven como tú. La planeación y la ejecución siempre estuvieron bien, pero el resultado no era muy bueno. Hasta aquel día… Un día donde mi mujer embarazada de Camelia y cargando en brazos a Amelia, estaba frente a un furioso incursor virzuk. Yo estaba lejos, imposible bloquear el ataque y mi pequeña Amelia lloraba. Entonces me decidí, mi única opción era ese corte. ¿Entiendes? Si ese corte no servía para proteger lo que más amaba, yo no valía nada como espadachín…— Se quedó en silencio y pregunté:
—¿Entonces…?
—¡Entonces, qué? ¡Jajaja! No te ofrecería la mano de una difunta… ¿O sí?— Mi rostro se iluminó…
—Entiendo.— Saludé marcialmente y dije:
—Permiso para marcharme.— Él me respondió, mientras sacaba la cerilla de su oído con su dedo meñique.
—¿Qué…? ¿Sigues aquí? ¡Jajaja! Ve muchacho, te están esperando.— Simplemente salté las mesas y sillas vaciás, volando hacia la entrada, pensando… «¿Por qué el destino me ha puesto la misma prueba otra vez…? ¡Esta vez no fallaré!»
*************************
Me debí de haber quedado dormido por algunos minutos… Me despertaron algunas gotas de lluvia que salpicaban mi rostro… Parecía que la tormenta estaba entrando a la costa de Tsun. Tenía mucha hambre y recordé que había metido un par de bollos con carne a mi bolso, de los que Ray había metido en las alforjas del caballo. Saqué uno y lo puse en mi boca, deteniéndolo con mis dientes y mis labios, mientras buscaba un tragaluz o una ventana para poder entrar al palacio… Encontré un tragaluz que daba a una especie de terraza interior, bebí un poco de agua para pasar el bocadillo y me preparé mentalmente. «Esta es la parte, donde todo puede salir mal. Seguramente en el palacio hay muertos vivientes mucho más peligrosos… Pasé un trago amargo… No hay marcha atrás, ya he llegado hasta aquí solo».
Me introduje por el tragaluz, sin lanzarme aún hacia el piso de la terraza, me aseguré de que no hubiera nada, ni nadie. Observé una segunda vez el lugar donde iba a descender y me descolgué usando mis brazos y apoyando mis pies en la pared, caí doblando mis rodillas y mis codos para aminorar el impacto en mis huesos hasta poner mis manos en el piso. «¡Muy bien!» Estaba dentro. «El salón del trono. ¿Dónde podrá estar el salón del trono? Me imagino que en alguna parte de la planta baja, situado de forma posterior a la entrada al palacio». Me orienté por mis recuerdos del frente del palacio, de la cornisa y el tragaluz. Empecé a caminar sigilosamente en la dirección que creí la correcta, desenfundé mi espada que aún brillaba con la luz arcana que le había imbuido unas horas atrás. Doblaba de corredor en corredor buscando unas escaleras, pero no encontraba absolutamente nada. Hasta ese momento estaba evitando abrir puertas, por temor a ser emboscado, pero no tenía otra opción.
Abrí la primera… Solo era una habitación lujosa que se conservaba como pérdida en el tiempo. Decidí entrar rápidamente a curiosear, no sin antes asegurarme que no hubiera muertos vivientes dentro. Lancé una pequeña piedra al interior… Sí había muertos vivientes inteligentes, reaccionarían al sonido de la piedra y/o a la luz de mi espada… Nada… Entré y revisé rápidamente las cómodas y los cajones. Objetos de valor, oro, lo que fuera interesante, pero rápido… Encontré monedas de oro. «¡Que bien!» Tal vez unas treinta, eso era un enorme botín a mis expectativas, las eché a mi bolsita… Un collar hecho de perlas y unos pendientes, ambos en un joyero… Tomé las piezas e igual las guardé. Como entré, salí, seguía la puerta al frente de esa, la abrí con cuidado, pegando mi pie a la puerta para moverla sigilosamente… «¡Si! Las escaleras».
Bajé con cuidado, checando sí alguno de los escalones estaba incompleto o tenía trampas. Al llegar abajo, vi unas escaleras similares a las que había descendido, exactamente una frente a la otra. Hacia mi lado izquierdo… Un largo pasillo, que seguramente conectaba con la salida del palacio y a mi derecha… Ahí estaba. Una enorme puerta de marcos dorados. ¡La sala del trono! Pero algo andaba mal, a mi nariz llego un olor acre y repulsivo que me causó malestar. «¡Lo sabía! No podía ser tan sencillo». Miré en todas direcciones, guiada por el olor… Apenas visible tras una columna. ¡Un necrófago! Devorando el cuerpo inerte de un zombi. Se podía oír como crujían los huesos, mientras el necrófago masticaba la carroña, desgarrándola con sus colmillos. Rápido y sin quitarle el ojo de encima, busqué alguno más… Lo encontré a unos dos metros del anterior, caminando hacia mí en sus cuatro extremidades como sí fuera un gato. Ambos estaban del lado del pasillo que iba hacia la salida, tendría que pelear, no me quedaba mucho poder mágico, así que sería con mi espada. «El problema es… Según los bestiarios en la biblioteca del maestro, son extremadamente rápidos y pueden paralizar a los oponentes que se encuentran cansados, débiles o moribundos. ¡No quiero morir siendo devorado vivo! Tengo que pensar en una estrategia rápido». El andar del segundo, alertó al primero, empuñé mi espada con ambas manos, en posición defensiva y seguí sus movimientos con mis ojos, revisé mis rededores, vi un par de columnas al lado de cada una de las escaleras, ya estaba a su alcance. «Eso debería funcionar…»
Con tranquilidad, esperé a que atacaran primero… Ambos se lanzaron al unísono sobre mi torso como gatos. Di un salto hacia atrás para tratar de alcanzar la columna que estaba pegada de mi lado, me impulsé con ella, saltando sobre ellos, mientras trataba de pisar a uno durante el salto para sacarlo de balance. Él que pisé se estrelló contra la columna, pero cuando recuperé mi balance… El segundo ya estaba listo para atacarme de nuevo, mientras volteaba de reojo a ver el que estaba en el piso, ¡no podía perderlo de vista! «¡Si hay más cerca… Estoy muerto!» El primero se lanzó contra mí, esta vez con sus garras por delante. Puse mi espada en línea recta perfilándola exactamente entre sus garras y yo, mi enemigo manoteando… Alcancé a esquivar moviéndome hacia mi lado izquierdo, no sin antes darle un corte recto que lo alcanzó en su cuello y hombro derecho, no fue suficiente, pero emitió un chillido de dolor. Sangre color verde con la consistencia de la pus, brotó de su herida. El otro ya venía en camino, corriendo lo más bajo que podía pegado al piso para tratar de empalarme con sus garras, mientras el que había herido, ya repuesto del embate lo hacía unos pasos tras de él…
—¡No entiendes, eh!— Grité y corrí hacia el primero.
Antes de que pudiera reaccionar, pisé su cabeza contra el piso, saltando hacia la columna. El segundo se frenó y volteó para encararme en la nueva dirección, pero… Había llegado su final. Hice con todo mi esfuerzo un salto triangular, del necrófago hacia la columna y me impulsé desde la columna con mi espada ya preparada. Un golpe certero, corté el pecho del necrófago que ya había lastimado y le dejé uno de sus hombros casi partido por la mitad. «¡Por favor, qué sea suficiente!» Emitió un chillido desgarrador y se derrumbó.
Apenas recuperaba mi balance y el que restaba, ya venía de nueva cuenta. De verdad que eran rápidos, estaba peleando con toda mi velocidad, pero aún así, apenas tenía tiempo para respirar y esta vez no me iba a dar tiempo de esquivar. Hice lo único que se me ocurrió al momento… Me tiré al piso de costado para quedar boca arriba, esperé la fracción de segundo adecuada y aprovechando la fuerza de su impulso, así como doblando mis piernas hasta que mis rodillas alcanzaron mi pecho lo empujé hacia arriba con todas las fuerzas de mis piernas… Sorprendido, no alcanzó a herirme con sus garras, cuando ya se vio volando en la dirección de la enorme puerta.
No podía más, pero dentro de mí, sabía que tenía que continuar o moriría. Me paré de un salto, pero antes de estar completamente de pie, oí otro chillido desgarrador. Me incorporé y vi un hueco en el piso, era donde antes había una loza… ¿Una trampa? Me apresuré para evitar la llegada de refuerzos y caminé por la orilla en dirección de la puerta, pegado a la columna contraria a donde había bajado. Apenas y lo alcancé a ver con la luz de mi espada, clavado en el piso del fondo, en unos delgados, pero largos picos metálicos. Me sentí aliviado… Por fin me había encargado de ellos. Renové mi hechizo de luz, sentí que las fuerzas se me iban, estaba llegando a mi límite, tanto físico como mágico.
Iluminé por encima de las lozas el perímetro del pozo de la trampa y con mucho cuidado, caminé alrededor, pegado a la pared. Llegué hasta la puerta y con todas mis fuerzas la empujé. No había tiempo para buscar más trampas… A lo lejos ya oía los chillidos de otras criaturas similares. Se abrió y ante mí… Tres tronos, con tres inmensas figuras sentadas una al lado de la otra, todas en los huesos, como sí fueran tres reyes. Me acerqué con mucho cuidado… Mi objetivo, la gema de cualquiera de las tres tiaras que portaban en sus cráneos…
Los vi detenidamente por un momento y decidí quitársela al del lado derecho. Parecía un guerrero, con esa gigantesca espada entre sus brazos, los otros dos parecían hechiceros… «Si esto va a peor, prefiero defenderme del de la espada, que de un liche… De cualquier forma, sé que con mi fuerza actual, no tengo la más mínima esperanza de vencer a ninguno de los tres, simplemente deben ser demasiado poderosos para mí. Como solía decir mi maestro, el guardabosques… “El mejor peleador es el que sabe que pelea debe pelear y cuál no”. Y esta es un rotundo no».
Me paré de puntitas para alcanzar la tiara sobre su cabeza, porque aún sentado en su trono era mucho más alto que yo. La tomé entre mis manos… Esta empezó a generar un brillo siniestro, no le presté atención y la guardé en mi bolsa. Sin voltear atrás empecé a correr en dirección de la puerta, pero… Era demasiado tarde, tenía una velocidad sobrenatural. El gigantesco esqueleto de dos y medio metros de altura, ya estaba detrás de mí, haciendo un tajo con su espada al piso donde yo me encontraba… Solo alcancé a lanzarme fuera de su rango. La tierra y las piedras que generó el impacto me golpeaban en la cara y una nube de polvo se levantó por el impacto. Como pude me escurrí cual gusano entre la rendija de la puerta, me incorporé y alisté carrera, pero recordé… «¡Las trampas!» En esa distracción perdí mi última oportunidad… La puerta estalló en cientos de astillas y apenas alcancé a cubrirme, agachándome y protegiendo mi cabeza. Entre el polvo del estallido apenas y lo alcancé a ver, un tercer tajo horizontal que venía directamente hacia mí. No tuve tiempo de nada, solo atiné a poner mi espada en posición defensiva en dirección del enorme armamento, apreté los dientes y me preparé a salir volando en el mejor de los casos. Me dio de lleno… Pero lo alcancé a cubrir con mi hoja, sentía que su fuerza arrancaba la espada de mis manos. Salí volando hacia la pared… Choqué contra ella como un insecto que se estrella en un cristal y caí directamente hacia las trampas. Aturdido por el impacto, ya no alcancé a agarrarme de nada, iba en caída libre. Todo pasaba demasiado rápido como para reaccionar, terminaría como el necrófago… Empalado al fondo del pozo.
Como por un milagro, salí de mi conmoción… Canalicé en un parpadeo, mi conjuro para saltar. Sí mis piernas alcanzaban alguna de las paredes de la trampa, tal vez y solo tal vez, podría caer menos mal y no morir. Alcancé una de ellas, pero solo con mi pie izquierdo y noté, a la par que me acercaba a los picos, que en una de las esquinas del piso de la trampa los picos estaban quebrados, como sí algo muy pesado hubiera caído antes en ese lugar. Era mi única oportunidad… Con el único pie que alcanzaba, me impulsé de la pared, lanzándome hacia la zona en la que quería caer. Me moví de forma que mi cabeza no golpeara el piso o la pared de enfrente y ya sería lo que el destino quisiera…
Sentí mi cuerpo cimbrarse por el impacto… Abrí los ojos, seguía con vida. Aturdida, oí caer mi espada unos pasos adelante, dentro de la misma trampa. Con su luz lo vi… Mi brazo izquierdo empalado por el medio en uno de los picos. Desesperadamente con mi otra mano me revisé el resto de mi cuerpo… Ese era el único pico que me había alcanzado, corrí con suerte. Apreté los dientes. «Al mal paso, darle prisa…» Con la fuerza de mi torso y mis piernas me disponía a sacar mi brazo de su prisión, pero fue cuando lo sentí… Un dolor terrible, mi tobillo izquierdo se había lastimado por el esfuerzo y por la caída, no me podía apoyar en él. Rápido abrí mi bolsa y saqué el primer trapo que encontré, lo hice bola y lo metí en mi boca, apreté los dientes lo más fuerte que pude e hice el mayor esfuerzo posible por sacar mi brazo de su prisión… El dolor fue brutal, tanto que ya las lágrimas corrían por mi rostro, pero lo logré. Empezó a escurrir sangre a chorros… Con el mismo trapo que tenía en la boca, lo mojé con una solución antiséptica que tenía en mi bolso y me lo apreté alrededor de la herida, eché un chorro del líquido en la herida abierta antes de anudarlo… Me volvió a doler horrible, lo anudé a modo de una venda. Era la hora de revisar mi tobillo…
Despacio fui revisando desde mi rodilla izquierda hacia abajo. Cuando llegué a la parte baja de mi pantorrilla, no soportaba ni siquiera el dolor que provocaba el peso de mi mano sobre mi piel, estaba horriblemente inflamado. «¡Y sí me fracturé…? Sí me fracturé… Este es mi final, no me queda poder mágico y aunque lo tuviera… Sanar una fractura con magia, no es cosa sencilla y aunque pudiera hacerlo, aún así, necesitaría reposo…» Sentía mucha tristeza. «Se acabó… Entonces de verdad, voy a morir aquí, además… Mi atacante aún se encuentra arriba, pero obviamente no puede bajar… No puede, no cabe o simplemente no quiere». Oí el chillido de los necrófagos cada vez más cerca, hasta que por fin… Vi a uno asomándose por encima del borde del piso de la trampa. «¿Cuánto tiempo me quedará, antes de que tomen valor para bajar y me desuellen aún con vida, aquí abajo…? Son muy ágiles, sí se lo piensan bien… No será mucho. Lo siento, Ray… No quise engañarte. ¡Por favor vive y sé feliz…! ¡Muy feliz! Hasta pronto». Apreté mi brazo herido con mi mano sana para no sentir tanto dolor… El tobillo mejor ni tocarlo. Me quedé ahí en la penumbra, sonriendo como un tonto, con las lágrimas bañando mi rostro…
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Salí de la taberna, corriendo como un rayo. Pensando… «¡Por favor, qué esté a salvo!» Me dirigí hacia el caballo del capitán, atado a un poste frente a la taberna. No había tiempo para dudar… Sí la mitad de la confianza que me tenía Grand y el capitán era bien infundada, podría montarlo. Me acerqué a él y resopló, el capitán lo llamaba Tomy. Susurré:
—Tomy, ¡por favor! Esto es algo muy importante, préstame tu fuerza.— Resopló nuevamente, lo acaricié de su crin y me dispuse a desatarlo.
Era negro por completo, como la noche, de raza pura, sin lugar a dudas un macho alfa. Tiré de él, encaminándolo en la dirección que debíamos partir, me siguió sin siquiera jalarlo. Me preparé a montarlo y volví a susurrar:
—¿Me ayudarás?— Acaricié su cabeza con mi rostro y él resopló con un gesto de aprobación.
—¡Gracias!— Por fin lo monté… Él movió su cabeza como sí asintiera. Se puso en marcha en la dirección que lo había alineado y sin necesidad de las riendas.
Seguí el camino rumbo a la salida de la villa. En un segundo, llegamos al puesto de vigilancia. Una voz nos recibió en la oscuridad, era la guardia de la villa que estaba formada también por miembros del gremio.
—¿Va de salida, viajero?
—Sí.
—Un momento… ¿Ese no es el caballo del capitán Tenarius?— El guardia apuntó su lámpara a mi rostro.
—Ah, Forthand, eres tú… ¿Qué es lo que pasa?
—Es un encargo urgente del gremio y el capitán me ha prestado su montura.— Dudando por un momento, me dijo:
—Te creo… Ni siquiera tú, tendrías las bolas de robar el caballo del capitán. ¡Abran las puertas!
—Gracias.— Contesté y salí de la villa.
En cuanto salí, hice la señal con mis pies y riendas de que deseaba ir lo más rápido posible. Sin necesidad de presionarlo, el animal empezó a acelerar y acelerar, más del doble de la velocidad que mi montura anterior, cuando venía forcejeando con ella hace unas horas. Iba cada vez más rápido, como si volara. El animal no parecía cansarse, solo bajaba un poco la velocidad a ratos como si tomara un descanso, para luego arremeter más rápido que antes. En unas cuantas horas, ya estaba muy cerca de donde había dejado a Arlinne la última vez. Estaba por amanecer, debía apresurarme… No podía permitir que algo así pasara otra vez…
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Los chillidos se hacían más fuertes… Seguía ahí, tendido, ya con todo mi cuerpo entumecido por el esfuerzo inmensurable que había realizado toda la noche y los golpes de la última batalla… Me preparaba mentalmente para mi horrible final. Ya era media docena de necrófagos, los que me observaban, viendo con recelo hacia la pared, mientras otros pocos ya estiraban sus extremidades para intentar descolgarse… Era profundo, tal vez unos seis metros. Eso era lo único que les impedía bajar, descuartizarme y devorarme, aún con vida.
Suspiré haciéndome a la idea, prometiéndome a mi mismo que no gritaría, ni lloraría, cuando lo inevitable ocurriera. No les iba a dar ese gusto, con mi carne sería suficiente. Solo volteé mi rostro hacia la pared y cerré mis ojos. «No quiero verlos más. Que más da, todo dejó de importar». Y en ese momento escuché esa voz tan familiar dentro de mí… «¡Persevera!»
—¿Perseverar…?— Grité:
—¿Cómo…? Mi cuerpo ya está roto, no puedo perseverar más.— «¡Persevera!»
—¡Qué necedad…! ¡Qué no se puede más!— «¡Persevera!» Apreté mis ojos, queriendo que empezaran a correr las lágrimas, pero no salía nada… Se habían acabado. «¡Persevera!»
—¡Qué diablos…? Está bien… Perseveraré.— De mi bolso saqué el segundo bollo con carne y lo comí tranquilamente… Si iba a perseverar, necesitaría algo de energía. Bebí el resto del agua en mi botita.
Un necrófago ya estaba por llegar a la mitad del camino de bajada, clavando sus garras de pies y manos en la pared para facilitarle la escalada. Entonces… Me concentré, era lo único que podía hacer, conjurar una magia de protección contra el mal para alejarlos por un tiempo en lo que duraba el efecto. Ese conjuro solo funcionaba en un área específica y no servía, mientras me moviera o abandonara el área de efecto… Perfecta para ese momento. «Porque no pienso ir a ningún lugar de momento. Funcionará seguro, contra cualquier muerto viviente que no fuera inteligente, pero… Estos ya tienen el olor de mi sangre atascado en su olfato… De cualquier forma, es mi último recurso para aplazar lo inevitable».
Hice un esfuerzo por dejar a un lado todo el dolor que sentía, alcé mi mano sana y lo lancé exactamente en la boca de la trampa… Una pequeña y tenue, esfera de luz se elevó hasta ahí y estalló. Los necrófagos la vieron curiosos y en un momento huyeron en todas direcciones. «Tiene poco rango, solo unos cuantos metros de radio, pero será suficiente por ahora». La luz de mi espada por fin cesó, dejándome en total oscuridad. Sin nada más que dar, ni que hacer, recargué mi cabeza en la pared y por un momento me pareció sentir una ligera corriente de aire… «¡Sí!» Venía del muro de enfrente. «¿Una puerta secreta…? Supongo que la única forma de que salga de esta, es que alguien me rescate y para que me rescate… Tendrá que encontrarme primero». Conjuré un pequeño hechizo de iluminación, no tan fuerte como uno normal, solo un resplandor. Fue para todo lo que me alcanzó. Lo posicioné exactamente entre las rendijas del muro. «Bueno, eso es todo, ahora… Ray. ¡Por favor, ven a rescatarme! Sé que no soy una damisela, ni mucho menos una princesa, pero… Me gustaría tanto serlo para ti». Soñaba despierto hasta que el cansancio me hizo perder el conocimiento…
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Pasé el viejo faro y minutos después llegué hasta el lugar de nuestro antiguo campamento. Desmonté a la orilla del camino y dije:
—Descansa un momento, amigo. Volveré pronto, solo tengo que revisar un rastro.— Vi que las pisadas del caballo de Arlinne, efectivamente salían de ahí en dirección sur por el camino.
Bajé corriendo hasta el lugar de nuestra antigua fogata y ahí estaba… Agachada, revisando los restos. Kalya… Lo último que me faltaba en ese momento. Sin decir palabra me acerqué y empecé a revisar por cualquier cosa… Una nota, un mensaje o algo, lo que fuera… Pero seguramente cualquier cosa así, ya la tendría Kalya en su poder.
Me miró y sus ojos brillaron de alegría…
—¡Ray! Un experto como siempre, apenas y sentí tu presencia.— No tenía opción, debía preguntarle…
—Oye, Kalya. Por casualidad, en tu camino hasta aquí. ¿No viste a una chica de pequeña estatura? Apenas más de metro y medio, muy joven, de piel clara, cabello corto, castaño claro y con dos flequillos a los lados de su frente. ¿Tal vez cerca de aquí o más al sur como rumbo a Tsun?
—¡Ah…! Te refieres a Alin… Alina… Ehm… ¿Areli…?— Contestó y serio, confirmé:
—¡Arlinne!
—¡Ah, Sí! Ella… Arlinne. ¿Qué hay con ella…?
—Tengo que localizarla y pronto. ¿Sabes en qué dirección se marchó?— Me miró y dijo: —¿Sabes lo que me estás pidiendo…? ¿Qué te guie a la mujer que te está robando de mi lado?
—¡Kalya…!
—¿Cuál es el problema, Ray? Solo olvidala y vámonos lejos a continuar con nuestro romance. Lo he pensado… Podrías convertirte en guardabosques de algunas de las hectáreas de mis padres. Aunque seas un humano, no hay ningún problema, ellos te aceptaran, porque saben que eres lo que más me hace feliz en el mundo… Podemos tener hijos, a mí no me molestaría y funcionará… Te lo aseguro. Los podemos criar en el bosque y educarlos hasta poder integrarlos a tu sociedad.
—¿Y luego…? ¿Cuándo yo envejezca y tú sigas teniendo la misma apariencia que tienes el día de hoy? ¿Tus padres me aceptarán, por qué te hago feliz? ¿O por qué solo seré una etapa en tu vida? ¿Por qué te servirá de aprendizaje…?
—Pero… Ray.
—Lo siento, Kalya… Todo esto que te digo, no es más que una excusa. La verdad es que ya no te amo… Sí lo hiciera, aceptaría tus condiciones, pero la verdad me harté de ellas hace mucho, no me hagas hartarme de ti también.— Rompió en llanto, sentí un nudo en el pecho, pero tenía que ser sincero.
—¡Y Arlinne…! ¡Ella no tiene nada que ver con lo nuestro! A ella la conocí mucho después que yo, ya sintiera todo esto.— Empezó a caer un aguacero.
—Por favor, disculpame… Me tengo que retirar antes de perder el rastro. Disculpa que haya tenido que ser tan sincero, pero no me dejaste opción.— Me di la vuelta y ella gritó:
—¡Espera! Sabes que… ¿Sabes que Arlinne en verdad es un chico, no lo sabes verdad? Nunca podría apartarte de mí algo así, ¿verdad?— «Ese es tu principal problema, Kalya. Siempre todo se trata de ti». Dije con voz seria y firme:
—Si, lo sé…— Me enfurecí por su última artimaña para tratar de manipularme. La vi directamente a sus ojos enrojecidos por el llanto, mientras las gotas de lluvia se confundían con las lágrimas en su rostro.
—Y estoy de acuerdo con eso. ¿Algún problema?— Se quedó muda… Mientras yo subía la pendiente hasta el camino y le murmuraba a Tomy:
—Lo siento amigo, lamento la demora. Arlinne está esperando.— Él resopló asintiendo.
Pensé que esa sería la última vez que vería a Kalya en mucho tiempo, que equivocado estaba. Aun así… Esa imagen de ella, jamás la podré borrar de mi mente… Parada bajo la lluvia, solo viendo hacia el cielo, llorando junto con él. «Lo siento, algún día reirás nuevamente y verás esto como una lección más de la vida, hasta pronto».
Continué cabalgando a todo galope. Tomy aceleraba mucho más rápido que antes. Lo ayudaba el descanso y el agua que refrescaba sus músculos. Ambos estábamos empapados. Antes de mediodía entré al bosque cercano a Tsun. Vi el caballo de Arlinne parado junto a un árbol, me apresuré y gracias a las copas de los árboles y a lo poco transitado del camino, pude ver el rastro aún en el lodo… El caballo había entrado y salido más ligero la segunda vez… ¿Arlinne lo había llevado dentro, desmontado y liberado…? Eso o algo peor… Me dirigí al caballo y buscando en las alforjas me di cuenta de que no tenía parte del equipo que yo había puesto en él… Eso quiere decir que Arlinne estaba dentro y conscientemente había dejado ir al animal. Tomé lo que pensé que me serviría, una cuerda, un par de antorchas, algunos arneses y mandé al caballo de vuelta a Rostand, con el comando que enseñábamos a todos los caballos del gremio, para regresar a su último establo donde habían estado. El caballo corrió de regreso…
Monté a Tomy y seguí a paso tranquilo, sabía que Tsun estaba cerca y era mejor ser un poco más cauteloso… Seguimos hasta un claro en la espesura… Eran las afueras de la ciudad, desmonté y dije en voz alta:
—Más adelante es peligroso, Tomy. Te dejaré sin ataduras para que puedas defenderte. Sí ves que es muy peligroso, regresa con el capitán.— Relinchó como entendiendo cada palabra.
El lugar tenía una penumbra muy extraña a pesar de que era de día. La tormenta que caía y esa extraña penumbra sobrenatural, oscurecían por completo la vista. Encendí una antorcha, no tenía que temer, la mezcla con la que preparaban esas antorchas en el gremio, las hace resistentes a la lluvia, solo era cosa de que no se sumergiera por completo en agua.
Caminé entre las calles de la ciudad… Estaba completamente desierto. «¡Qué raro!» Por los rumores que había escuchado, el lugar estaba repleto de muertos vivientes y espantos, pero… Ahora estaba completamente desolado. «¿Será cosa de Arlinne…?» Seguí caminando, sin saber qué buscar… «Me dijo que buscaba un tesoro… ¿Dónde podría estar tal cosa en este lugar?» Avanzaba con miedo de doblar una esquina y verla muerta o peor. «El gremio de magos, una cofradía, el palacio, esos podrían ser solo unos de muchos de los lugares donde podría estar tal cosa».
Doblé otra calle que daba a una avenida principal, al ver hacia al frente, dije sin pensar:
—¿Qué diablos es eso?— La avenida a la que había cruzado conducía a la plaza del palacio, el cual estaba rodeado frente a su puerta y cuatro paredes por una turba de muertos vivientes, los cuales se empujaban unos a otros para llegar al frente.
Con cuidado me acerqué… «Arlinne, dime que no estás en medio de todo eso… Parece que no, pero algo es seguro… Esto tiene que ver con ella. Espero haber llegado a tiempo. ¿Ahora a donde?» Me quedé observando… Todos ellos, tal vez unos doscientos, intentaban entrar al palacio, pero solo chocaban con los muros y el portón, como una ola que se rompe en la playa. Eso solo podía significar una cosa… Que Arlinne estaba dentro. «¿Pero como hago para entrar? Con esas cosas ahí, es imposible. Piensa Ranerd… Piensa… La mayoría de los palacios y castillos lujosos suelen tener un sistema de drenaje, sí logro ver una trampilla o rejilla por aquí… Probablemente conecte al palacio».
Me acerqué más a la explanada. Ninguna de las criaturas, siquiera me tomaba atención. «¿Por qué…?» Pasé un rato explorando el lugar y revisando cada rincón… Nada. Debía apresurarme, podría estar en peligro. Sin querer tropecé con una fuente seca y destruida… «Espera un momento, esta cosa debe de tener un sistema de drenaje, no creo que la vaciaran con cubetas al momento de limpiarla». Revisé cuidadosamente… Alcancé a ver la esquina de una trampilla para el desagüe, cubierta en su mayoría por una pesada roca. Pegué mi oído al piso y efectivamente… Se oía el agua de la lluvia, correr por ahí abajo. Puse mi antorcha en el piso e hice un esfuerzo para hacer a un lado la pesada roca. La rejilla estaba dañada, solo la empecé a patear hacia el interior, con más fuerza cada vez, hasta que por fin cedió y la oí caer en pedazos al agua. «Mejor tomo precauciones con anticipación. La roca es bastante pesada, pero no me da confianza». Volteé a todos lados… Solo estaba lo que quedaba de la fuente, traté de cargar la piedra, pero fue imposible, así que la tuve que arrastrar al lado de la fuente destruida. Até la cuerda con un doble nudo a la roca y luego la enrollé pasando por la fuente, tendría que ser lo suficientemente resistente como para aguantarnos a ambos al mismo tiempo.
Tomé mi antorcha, enrollé la cuerda en mi brazo y descendí, no sin antes ajustar bien mi equipo a mi espalda. No estaba tan alto, tal vez unos seis o siete metros y el caudal de las aguas tampoco era muy profundo, apenas y me llegaba a las rodillas. Tenía solo dos caminos, uno que bajaba hacia el pueblo y otro que subía hacia el palacio. Me sujeté con ambas manos para no resbalar, mientras ascendía la peligrosa superficie, llegué hasta una bifurcación… Izquierda y derecha. Decidí seguir por el camino qué me parecía llegar directamente al palacio… Derecha. Caminé por un par de minutos, solo iluminado por la luz de mi antorcha, hasta llegar a una escalinata, ascendí y esta vez eran tres diferentes caminos. «Este lugar es un laberinto… Debo darme prisa».
Desesperado, busqué algo en mi equipo y saqué una tiza color blanco. Marqué el camino por el que había llegado e hice un garabato que significaba que de ahí debía tomar el camino a la izquierda para regresar a la salida. «No llegaré a nada si me pierdo en este lugar día y noche. ¿Qué puedo hacer…? ¿Cómo saber cuál camino es el correcto…? Mmmh. ¡Ya sé! El camino que busco muy seguramente estará seco… Dudo mucho que alguien esté usando la tina en palacio. Sí veo rastros de agua o humedad, seguramente conecte con el exterior». Seguí por los túneles, guiado solamente por ese criterio y mi instinto, marcando con la tiza el camino de regreso.
Por fin llegué hasta una pared, no había más camino hacia adelante. Alcé la antorcha para que me ayudara a observar cualquier detalle… Había una rejilla en el techo, no era muy alto y era lo bastante ancha como para que pasara por ella. La alcancé con mis manos, la jalé y empujé, pero no cedía… Me puse mis guantes para que no se me resbalara y con una fuerza que salía de las ganas de encontrarla, la arranqué hacia mí. «¡Bien! Sigamos».
Trepé solo con mis manos hasta que pude apoyar mis pies. Era una especie de pasaje por el cual solo podía ir agachado, pero estaba completamente seco. «¡Perfecto! Eso quiere decir que me estoy acercando». Dos direcciones nuevamente… De frente y hacia atrás. Imaginé en mi mente la posición donde me encontraba en relación por donde había pasado. «Solo puede ser de frente, seguramente el camino de atrás es un camino cerrado». Me moví lentamente hacia el frente y llegué a una pared. «¡Maldición..! De regreso…» Pero como sí tuviera al destino empujando en mi espalda… Una corriente de aire me dio en el rostro y se apagó mi antorcha… «¡Viento…? Pero… ¡Por qué se apagó…? ¿Solo se terminó…?» Ya sin la iluminación, claramente pude verla… Una tenue luz brillando en la oscuridad, que venía de la pared. «¿Qué es eso…? ¡Magia…?» Saqué la segunda antorcha y la encendí. «Esta pared tiene algo…» Moví, empujé, jalé, hasta que de alguna manera, zafé uno de los ladrillos y una compuerta se abrió…
La vi frente a mí, primero con miedo… Aún respiraba, sonreí complacido y observé a su alrededor. El piso estaba lleno de picos… Si la iba a sacar de ahí, lo primero que tenía que hacer era deshacerme de ellos. Saqué una lona vieja, la doble en partes y la puse sobre los picos, sería suficiente. «Estas cosas solo son peligrosas sí vienes cayendo». Volví a echar un vistazo… Vi un cadáver empalado a un par de metros de la esquina contraria donde estaba Arlinne. Salí del pasadizo con cuidado, apoyándome en la lona y puse la antorcha en el piso para verla de cerca y revisar sus heridas… Abrió sus ojos…
—Buenos días, señorita.— Dije, mientras la revisaba.
—¡Hola…! ¿Me extrañaste…?— Contestó, a la par que sus ojos se humedecían y agregó:
—¿Es un sueño?
—Podría ser… Podemos hacer una prueba, sí quieres.
—¿Cuál…?— Dijo y toqué su tobillo con mucho cuidado, porque se veía fatal, hizo un rostro de dolor intenso…
—¡No! No es un sueño.— La solté y le dije:
—Te ves fatal, peque.
—Y me siento diez veces peor.— Imagino que no soportaba más… Reventó en llanto y me abrazó como pudo desde su posición…
—¡Gracias, Ray! ¡Muchas gracias…! Lamento lo que…— Puse mi dedo en sus labios.
—Aún no agradezcas, primero tengo que sacarte de aquí con vida.— Sonreí y le dije:
—¿Qué más te duele?
—El tobillo y mi brazo izquierdo. El tobillo me lo lastimé cayendo por aquí y me empalé el brazo.— Revisé su brazo. Saqué una venda, una mezcla antiséptica que usamos en el gremio y le puse un trapo en la boca. Ella entendió de inmediato y lo mordió. Palpé su brazo en todos los lugares posibles, sus lagrimitas seguían fluyendo.
—Aguanta un poco más, tengo que revisar que no esté lastimado tu hueso… Todo está bien, solo está desgarrado tu músculo por la herida.— Desanudé su torniquete improvisado y le dije:
—Te voy a hacer una curación sencilla. ¿Puedes usar tu magia?— Negó con la cabeza.
—Está bien, por favor, resiste.— Limpie bien su herida con la solución, ella solo se retorcía. La vende lo mejor posible, para que pudiera hacer fuerza en una emergencia y le dije:
—Listo, solo falta tu tobillo.— Me vio con sus ojos aterrados.
—Lo sé, lo sé…— Acaricié su cabello.
—Es necesario que te pueda mover y cargar por lugares estrechos, con el tobillo así, solo lo hará empeorar, además, me ayudaría mucho que pudieras hacer aunque sea un poquito de fuerza. ¿Me entiendes?— Con el trapo aun en la boca, asintió:
—Aguanta, por favor.— Saqué su bota a la fuerza… Su grito atravesó el trapo.
—Todo bien, tranquila, respira.— Me apresuré, no quería verla seguir en ese suplicio. Con firmeza toqué el rededor de su tobillo y lo apreté. Ella bañada en lágrimas, pero haciendo un esfuerzo por no moverse y no gritar. Sentí su hueso de la articulación del tobillo, dislocado hacia el interior del arco de sus pies, sus ligamentos inflamados. Toqué hacia arriba, hacia su pantorrilla… No tenía fracturas, por un momento la dejé respirar y le dije:
—Tienes suerte, no hay fractura…— Guardé la solución en mi mochila y la cambié por un ungüento.
—Pero estás dislocada, voy a tener que acomodar tu hueso y ponerte este ungüento para que por fin, se empiece a desinflamar. ¿Sabes lo que significa? Probablemente será el dolor más fuerte que hayas sentido en mucho tiempo. Tomate un instante para respirar, porque puede que no lo logré acomodar al primer esfuerzo.— Saqué mi bota de agua y le ofrecí. —¿Tienes sed? Imagino que sí, se ve que has llorado mucho, tienes los ojos inflamados. Ten, bebe.— La recibió y empezó a beber.
—Avísame cuando estés lista.— Casi inmediatamente, apretó mi mano, puso el trapo en su boca y asintió con la cabeza.
Saqué otra venda de mi mochila, recargué su pie en mis rodillas y le quité la calceta que usaba como protector de calzado. Decidí no voltear a verla para no ponerla más nerviosa. Me concentré en mi tarea… Recargué su talón sobre la palma de mi mano y con mi pulgar derecho sentí el borde de su hueso zafado. La sujeté con fuerza y con mi pulgar empujé fuertemente su articulación de un solo golpe, como alguien que quiere embonar una pieza pequeña en otra mayor. Ya se retorcía… No lo logré, pero sin darle tiempo a respirar, decidí hacerlo más fuerte y más rápido la siguiente vez… Lo hice y sonó como un chasquido de dedos.
—¡Listo! ¡Ves! No fue tan feo.— Me miró como si me quisiera abofetear.
Abrí el ungüento que daba una sensación caliente al contacto con la piel y se lo apliqué, tratando de reactivar su circulación… La sobé y la sobé, poco a poco ella se retorcía menos, no sé sí porque se había acostumbrado o el dolor disminuía. Terminé y la vendé de manera que pudiera apoyarse, igual que el brazo en una emergencia, le puse su calceta y su bota que quedara lo más ajustada posible. Después del suplicio, solo quedo ahí, rendida, tendida, abierta de piernas frente a mí. Me quede embobado por la vista, hasta que la urgencia de la situación volvió a mí, solo era el comienzo, ahora la tenía que sacar de ahí.
La dejé descansar por un momento, mientras recogí todo, incluida su espada que estaba tirada por ahí y le dije:
—¿Lista para partir?
—Sí.
—Muy bien…— Le di su espada y la envainó.
—Este es el plan, este pasaje es muy bajo y muy estrecho. No te puedo cargar a través de él, así que te voy a tener que arrastrar. ¿Puedes ponerte de pie sobre tu pie bueno? Te ayudo.— La levanté con mucho cuidado por debajo de los brazos y la cargué lo más cercano a la salida.
—Apóyate con tu pie y recárgate en la pared… Perfecto. Ahora voy yo.— Pisé sobre la lona que había puesto sobre los picos y me acomodé como sentado dentro del pasaje. Estirando mis brazos hacia adelante, le dije:
—Con cuidado apóyate en la lona con tu rodilla mala e impúlsate con tu pie bueno. Haz como sí quisieras caer sobre de mí.— Lo hizo fácil… estábamos dentro. Me moví en cuclillas avanzando hacia atrás, arrastrándola boca abajo tomándola de los brazos, le dije:
—Flexiona tus piernas hacia arriba para que no te lastimes y aguanta el dolor de tu brazo, no te preocupes es solo un pequeño tramo.— Llegamos hasta la rejilla por la que había entrado.
—Me voy a hacer a un lado para ayudarte a acomodar y te puedas sentar en el borde… Así, justo así, ahora yo me descuelgo… Te dejas caer y yo te atrapo… ¡Listo! ¿Por qué tan calladita?— Le pregunté, mientras yo la acomodaba con mis brazos para poder cargarla sobre mi espalda.
—Bien… Agárrate fuerte a mi cuello y con tus muslos a mi torso. No creo poder sostenerte con ambas manos todo el tiempo, vas a tener que hacer un esfuerzo por no caerte.— Empecé a caminar y ella me dijo:
—Espera… Suelta la antorcha para que sea más fácil.— Lanzó un hechizo de luz.
—Me voy a concentrar todo el tiempo para que vaya delante de nosotros y te sea más fácil. —¿No estás demasiado cansada para eso?
—Es lo menos que puedo hacer… ¡Ah…! Por cierto… Tengo algo muy importante que decirte.— Como reviviendo el pasado, le pregunté:
—¿Es importante para este momento?— Ella contestó riendo discretamente:
—¡Jijiji! Muy importante, especialmente para este momento…
—Dime, te escucho.
—Mmmh… Por alguna extraña razón, soy como un imán para los muertos vivientes, así que casi seguro, será ajetreado una vez arriba. Mmmh… La cosa que me dejó así, sigue allá arriba y seguramente quiere que le devuelva lo que le robé y por último… Mmmh… Ya no aguanto las ganas, me estoy orinando y lo peor del caso… Es que me vas a tener que ayudar. —Está bien… ¿Cómo te ayudo?
—Solo sujétame de los hombros o de la cintura para que no me caiga.— Así lo hice, ella comenzó a hacer su asunto. Estaba muy apenada, seguro no aguantaba más y tuvo que hacer un gran esfuerzo para pedírmelo. Dijo molesta:
—¡No voltees, grosero…!— Le dije sorprendido, mientras sin querer una sonrisa se dibujaba en mi rostro:
—No estoy viendo nada… ¡Jajaja! No tengo ojos en las manos.
—Entonces… ¿Por qué te ríes…? Que personita tan fea.
Continuamos fácilmente por los túneles, hasta la cuerda de salida. Vi hacia arriba y pensé… «Esto va a ser difícil». Vio que me quedé dudando y dijo:
—Lamento ser exigente, pero vamos a tener que subir los dos al mismo tiempo… No soy muy pesada, pero aún sana, seguro me costaría trabajo.
—¿Te podrás sostener por ti misma?
—Más me vale, porque no creo que tengamos mucho tiempo.— Sin más, tomé la cuerda y la amarré más o menos a una distancia donde sí se soltaba, no tocara el piso. Le dije:
—Sujétate fuerte a mí.— Fue bastante pesado… Pero lo logramos.
Los muertos vivientes ya venían hacia nosotros, al menos muy lentamente y todos juntos de la dirección del palacio. Corté rápidamente la cuerda con la espada y le dije:
—¡No te sueltes!— Comencé la carrera en la dirección por la que había llegado, le pregunté:
—¿Qué me puedes decir de esa cosa que te hirió?— Oímos un estruendo y ella me contestó:
—Pues… ¡Qué ahí viene!
—¡Y qué más?
—Es muy probable que no lo dañen nuestras armas, ni la magia simple, digo… Sí la tuviéramos en este momento.
—¿Entonces…?
—Si lográramos hacerle mucho, mucho daño de un solo golpe o muchos golpes muy, muy rápidos en un solo punto que sumaran esa misma cantidad de daño, tal vez lo podríamos vencer.
—No hay opción, entonces…— Dije y corrí hacia un árbol ya llegando a las afueras del pueblo, puse a Arlinne sentada, recargada en el árbol.
Era un gigantesco esqueleto con una espada a dos manos de su mismo tamaño. Ya venía muy cerca y me adelanté a su encuentro. Arlinne gritó:
—¡Ray, qué haces, regresa, estás loco?
—Nos va a continuar siguiendo, ¿no? Aunque lleguemos al caballo.
—¡No lo bloquees, tienes que esquivarlo, es sumamente fuerte!
Lo encaré. Sin más, trató de aplastarme de un tajo vertical… Lo esquivé con mi juego de pies y aproveché para golpearlo en los huesos de sus brazos, pero no surtió efecto, como sí hubiera golpeado una roca. En respuesta, me barrió con su arma, levantándola hacia el cielo… Me zafé por un pelo y volví a arremeter con toda mi fuerza en su torso… Nada otra vez. Así seguimos con varios intercambios, pero seguía inmutable. Me estaba cansando y me estaba volviendo lento, hasta que por fin… Me atrapó, no alcancé a esquivar, solo pude alcanzar a defenderme con mi espada. Sabía que cuando intentabas bloquear un golpe extremadamente fuerte de otra arma, con la espada, no era suficiente detenerlo, tenía que golpear su arma con toda mi fuerza y cuando hicieran contacto, entonces defenderme para no perder el balance. La alcancé a tiempo… Chocaron y ambas, sacaron chispas, por un momento pensé que la mía se rompería. Su fuerza era sobrenatural, me empujó hacia atrás, como a un muñeco y salí volando hasta chocar con una pared de las últimas casas del pueblo… Todo se nublaba, estaba a punto de perder el conocimiento, solo sentía las piedras y tierra, caer sobre mi cabeza desde la pared destruida…
—¡Ray! ¡Ray! ¡Despierta!— Abrí los ojos… El enorme espadachín esquelético se dirigía hacia ella… No me podía rendir ahora y menos frente a Arlinne.
Mi orgullo y mi preocupación me hicieron pararme de un solo movimiento. «¡Con qué esas tenemos, no te voy a dejar que la vuelvas a lastimar, cabrón!» Sin pensar me paré en posición para ejecutar la técnica del capitán… “El corte de luz de plata”. Debía apresurarme… Suspiré, tomé mi espada hacia atrás y lo vi fijamente… El punto donde quería desatar toda mi furia, toda mi ira por ver a Arlinne en peligro. Ejecuté la técnica, todos los cortes en un solo punto, tan rápidos que parecían uno solo, chocando contra los huesos que antes eran su espalda.
La fuerza me empujó hacia atrás y al monstruo hacia adelante, por un momento se quedó inmóvil, pensé que lo había logrado… Pero no, seguía ileso. El ataque atrajo su atención, volteó una vez más a encararme a mí, olvidándose de Arlinne, esa era mi oportunidad y dije gritando:
—¡Yo soy tu oponente! ¿Qué acaso no tienes honor como espadachín? ¿O se te ha olvidado ya, con el peso de la muerte? Aún no hemos terminado nuestro combate.— Un fulgor carmesí brilló dentro de los huecos donde antes estuvieran sus ojos y se puso en posición de hacer una técnica con la espada, lo mismo hice yo…
Frente a frente, me volví a concentrar. Empuñé mi espada hacia atrás y esta estalló prendida en llamas… Apreté los dientes… «¡Arlinne? ¿Con todo y como estás…? No te volveré a fallar, perdóname por la pena que te hice sentir, por ese rechazo que te hice pasar, no te volveré a lastimar y mucho menos permitiré que nadie más lo haga». Las llamas crecieron en la hoja y se avivaron al doble. El monstruo se quedó observándome fijamente con esos huecos vacíos en su cráneo. Lo vi empezar a moverse, pero yo estaba poseído… Poseído por una fuerza que nunca antes había sentido en mi interior, tan lentos sus movimientos a mis ojos ahora. Esperé el momento preciso y desaté mi técnica nuevamente, esta vez reforzada por las llamas en mi arma, fue demasiado rápido para él… Recibió una lluvia de cortes ardientes, todos dirigidos al mismo punto de su esternón, reventando los trozos de armadura de placas que llevaba sobrepuestos en sus huesos, todos conectando uno tras de otro en fracciones de segundo. Al golpear el último… El esqueleto simplemente estalló en astillas llameantes que volaron en dirección del corte, mientras yo seguía en la misma posición que empecé la técnica…
—¡Ray! ¡Lo hiciste!— Regresé hasta ella y apresuradamente, Arlinne sacó algo de su bolsa… Era el tesoro que había venido a buscar, una tiara.
—¡Destrúyela con tu espada!
—¿Pero…? ¿No la necesitas?
—No, solo necesito la gema que está engarzada en ella. Sí no la destruimos, el esqueleto se reformará. Tienes que destruirla para ponerlo finalmente a descansar.
La tomé y la puse en el piso. Con mi espada aún en llamas la golpeé lo más fuerte que pude… Estalló en pedazos, solo quedando en el piso la joya que necesitaba Arlinne. Alcé la joya para dársela a ella, pero ya estaba dormida. «Descansa peque, creo que han sido suficientes aventuras por ahora». Eché la joya en su bolsa, la cargué en mis brazos y caminé los pasos que faltaban para llegar al bosque. Tomy ya me esperaba en ese lugar…
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Todos estábamos reunidos en esa sala de mármol, construida con el único fin de ensalzar nuestro ego y juzgar las acciones de los mortales. «Insulsos…». En las aguas de la fuente al centro de aquel recinto, todos lo habían podido apreciar con claridad. Aunque fuera solo el comienzo, con eso me bastaba, al menos por ahora…
—¡Jajajajaja! ¡Jejejeje! ¡Jojojojo! ¡Jujujuju! ¡Muy bien! ¡Parece que he ganado!— Dije con una voz burlona, mientras todos se quedaban boquiabiertos después de la cadena de acontecimientos… Uno tras otro, como sí hubieran estado escritos de antemano que así ocurrirían…
—¡Trampa! ¡El dios del engaño, ha hecho trampa!— Dijo Cerion incrédulo y reclamando ante mi victoria.
—¡Trampa…? Somos malos perdedores… ¿Eh, Cerion?— Otra voz se le unió en el reclamo.
—¡Si! Debe de ser un engaño. La campeona del embaucador debió hacer trampa… Es prácticamente imposible, que sin influencia exterior, todas esas coincidencias se dieran una tras de otra.— No pude hacer nada, más que burlarme ante la necedad de las afrentas. «Idiotas… Es precisamente esa necedad la que nos ha llevado hasta este punto». Les contesté sin cambiar mi tono:
—¡Jajajaja! Supuse que las reglas de esta competencia eran claras. Todos fueron libres de escoger a sus campeones con las características que ustedes decidieron eran las más adecuadas. Unos los escogieron fuertes, que pudieran partir la tierra con la fuerza de sus brazos. Otros inteligentes, que pudieran desenvolver los misterios ante ellos como sí le quitaran la cáscara a una fruta. Entonces… ¿Por qué yo no podría escoger a la mía con el poder de la posibilidad, de la moneda al aire, de la casualidad a su favor?— Todas sus voces se empezaron a escuchar más molestas cada vez… Hasta que una voz femenina habló en tono terminante. ¿Justine…?
—¡Silencio! Yo he sido testigo… La campeona de Vryn, no ha recibido poder o bendición alguna… Más que la maldición que salvó su vida años atrás, nada ha influido en este resultado que no proviniera de ella misma. A mis ojos está decidido… Vryn y su campeona han ganado en esta ocasión.— Todos guardaron silencio y Vetan asintió con desdén. Dije: —¡Gracias, mi diosa! Bien… No quiero importunarlos más, tomaré los valores que han dejado como apuesta y…— Caminé con paso tranquilo hasta la fuente, introduje la mano y revolví sus aguas.
—¡Ah, si! Casi lo olvidaba… Es mejor dejar a los jóvenes con su privacidad, este es un momento que se han ganado… Que pertenece solo a ellos. ¡Jajaja! No queremos fisgones aquí, ¿verdad? ¡Jajajaja!— Abandoné la sala botado de la risa…
Fin del Capítulo 2.
Espero que hayan disfrutado el capítulo… ¿Creen que han sido fáciles las decisiones que tomó Ray? El pudor y la opinión de los demás son un peso muy fuerte, que puede influir directamente en la percepción que tenemos sobre las cosas.
Quedo atento a sus comentarios, seguiré publicando los días viernes y los invito a descubrir todos los matices que tiene la novela. Un saludo.
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