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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - Capítulo 22: Capítulo XXII: Búsqueda.
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Capítulo 22: Capítulo XXII: Búsqueda.

Capítulo 22.

«¡Eh! ¡Ay! ¡Mi cabecita, me va a estallar…! ¿Dónde estoy?» Ray me ofrecía un vaso con café humeante y dijo:

—¿Cómo sigues, peque?

—¿Qué pasó…? Los enanos se fueron y ya no recuerdo nada más…— Él dijo:

—Pues… Parece que de una forma u otra, ganamos. Al parecer los conmovió la tierna historia de una niña y su mantita… Les derritió el corazón y se dieron por vencidos.— «¡Eh! ¡Mantita? ¡Ah! Sí… Que bueno, porque si no se les derretía el corazón, lo siguiente en derretirse era mi pobre higadito… ¡Uh! Espera un momento…» Dije:

—¡Oye! ¿Tienes algo que decir, en contra de mi querida mantita?— Él dijo, sorprendido: —¡Aah! ¡No! Al contrario, me encanta.

—¡Ah, sí? ¿Por qué?— Él dijo:

—Porque huele a ti.— «Mmmh… ¡Qué tierno…! Está bien, te perdono… ¡Uh…! ¿Quiso decir que está apestosa…? Es que no la lavo muy seguido, porque no quiero que se desgaste tan rápido».

Me puse de pie… Estaba acostada sobre un camastro en algún lugar en la casa del enano. Cuando pisé firmemente para empezar a caminar, sentí como sí entre el piso y mi pie, estuviera mi pobre cabecita… Ray me sujetó y dijo:

—Despacio, peque… Este es el peor momento, cuando abusas del alcohol.

—Lo sé… Pero esta vez es la peor de todas, siento que voy a morir.— Me sentó nuevamente sobre la cama… La esposa del enano y Camille, entraron a la habitación, las dos se acercaron a mí y la señora me ofreció un vaso con una bebida de color verde. Camille dijo:

—La señora dice que bebas esto, es muy bueno para la resaca…— Ni siquiera me habían terminado de decir y me lo empiné… «¡Bleeeh…! ¡Qué es esto tan horrible? ¡Me quieren envenenar? ¡Ay…! ¡Mi cabeza!» Mi mirada se perdió en las paredes de la habitación y después de unos minutos de beberla, me empecé a sentir mucho mejor… Camille dijo:

—La señora Martha, también quiere agradecerte…— «¡Eh! ¡Agradecerme…?» Camille dijo, traduciendo lo que la señora decía en su idioma:

—Dice que te da las gracias, por ayudar a su esposo. Que gracias a ti se veía muy motivado, más motivado de lo que lo había visto en toda su vida.— Yo dije:

—No se preocupe, no hay nada que agradecer, al contrario… Gracias por todas las molestias que se tomaron con nosotros.— Camille siguió traduciendo y dijo:

—Dice, que el desayuno está servido, que nos demos prisa para que alcancemos a su marido y sus hermanos en el taller de los artesanos del gremio, que nos ocupan para poder tomarnos las medidas a todos nosotros.— Yo sonreí, le agradecí y le dije:

—Sí. Por favor, denme cinco minutos…— Y me recosté nuevamente, viendo al techo…

Desayunamos… Penny jugaba con el lobito a un lado de la mesa. Parece ser que Camille y Penny, habían desayunado mucho más temprano, cuando ayudaban a la señora con las cosas… «Mmmh… Espera un momento. Penny se ve, que se lleva también muy bien con el lobo… Soy muy descuidada, se supone que es mi responsabilidad… Pero seguro, Penny y Camille, lo han tenido que atender todo este rato que he andado de borracha…» Terminamos y salimos a la calle… Yo todavía sentía, como sí toda mi cabeza estuviera llena de aire y de un momento a otro fuera a reventar. Pero a comparación de antes, me sentía mucho mejor.

Seguimos las indicaciones de la señora y llegamos hasta el edificio que era el taller principal del gremio de artesanos… Entramos. Barthis estaba muy contento de que estuviéramos ahí y nos empezaron a tomar medidas de todo nuestro cuerpo. Tardamos casi toda la mañana, pero al final quedamos en un acuerdo… Los enanos nos harían el favor de hacer mejoras para nuestras armaduras. A Ray y Grand, les forjarían nuevas, hechas de las escamas del dragón y placas de la sierpe. Camille y yo, no teníamos necesidad de nuevas cotas, pero nos crearían igual un par de sobrevestes para cada una, igual con escamas del dragón. Para Penny sería una linda armadura completa de cuero, con escamas de la sierpe y cuero del dragón. Por último para Lianne, el costurero crearía una nueva toga, con un bordado especial que se podría encantar con propiedades mágicas a elección de Lianne.

Barthis y los enanos, se veían realmente emocionados… Pero seguramente, todo eso sería muy caro… Cuando por fin, terminamos las formalidades del equipo, me acerqué a él y le dije:

—Muchas gracias, Barthis. Estamos muy ilusionados por ver el resultado, pero… ¿Cuánto va a ser?— Y le hice una seña con mi mano, refiriéndome al dinero… Barthis rio y dijo:

—¡Jajaja! Arlinne… Estas van a ser las piezas más fabulosas que hayamos creado en nuestra vida… ¿Crees qué el dinero podría pagar algo así…?— Me quedé igual… Agregó:

—Mira… Hagamos esto. Al norte, llegando a las colinas de Kharsten, hay otro puesto comercial de mi gente en sus tierras. Necesito que me hagas un favor a cambio de un descuento en todo el equipo, ¿qué te parece?— La verdad era, que sí el equipo era la mitad de bueno de lo que ellos decían, estábamos en una deuda muy profunda con ellos… «Supongo que podemos hacerles un favor…» Le dije:

—¿Ajá? ¿De qué se trata…?— Él dijo, cerrando su ojo y viéndome con el otro, directamente a la cara:

—Arlinne… Ustedes son poderosos aventureros y lo que necesitamos es algo peligroso, pero no tanto para alguien como ustedes… Verás, necesitamos que ustedes bajen al reino subterráneo y consigan unos cinco kilos de un mineral llamado talamarita… La verdad, es que este mineral se ha hecho cada vez más difícil de conseguir a las profundidades que nosotros habitamos y nos urge mucho para algunas aleaciones metálicas nuevas que estamos desarrollando…— Yo le dije:

—¿Sí? ¿Y entonces…?— Él continuó:

—Sí ustedes bajan, nos ayudan con ese mineral y lo entregan en el otro asentamiento en Kharsten, nosotros podríamos quedar a gusto con tan solo ocho mil oros por todo el equipo.— «Mmmh…» Me quedé pensando y le dije:

—Dame un momento, lo tengo que platicar con ellos, además… Supongo que nos darías un mapa e indicaciones, en mi vida he bajado ahí y por lo que sé, es un lugar muy peligroso.— Él dijo:

—Obvio, te daré un mapa y la muestra del mineral para que sepan que es lo que buscan… ¡Ah! ¡Y por cierto, sí marcan en el mapa un buen lugar con una veta prometedora de dicho mineral, mis hermanos en Kharsten, seguro también agregarán algo como propina! ¡Aah, sí! Y obvio, te daré un pico y un costal… ¡Jajajaja!— Le dije:

—Mmmh… Espérame tantito, déjame platicarlo con ellos…

Fui con los demás y les platiqué lo que necesitaba Barthis de nosotros… «En parte nos sirve… Seguro habrá peligros y muy probablemente combates. Sería un buen momento para ver como se desenvuelve Penny». Todos estuvieron de acuerdo… Solamente fueron muy específicos en que debíamos llevar un mapa detallado, ya que ninguno de nosotros se había aventurado ahí con anterioridad. Regresé con Barthis y nos dijo que el equipo estaría listo en dieciocho días más o menos. Que regresáramos con ellos en ese tiempo, que prepararían el mapa, así como una ruta para que nosotros aprovecháramos el viaje y en lugar de rodear las montañas o atravesarlas para llegar a Kharsten, lo hiciéramos por debajo de la tierra y que así nosotros a la vez, acortáramos nuestro tiempo de viaje al norte. Estuvimos de acuerdo, les dejamos la mitad de oro como adelanto y nos despedimos de ellos para verlos en algunos días.

Todos pusimos una parte del oro, con excepción de Penny, que solo tenía lo poco que yo le había dado. Decidimos dejar aparte el oro de nuestros gastos, que yo llevaba por separado para seguirlo ocupando en lo necesario y poner el oro de las armaduras por nuestra cuenta… «¡Vaya…! Después de todo, la recompensa que nos dio el rey Alons, nos ha venido de manera excelente en este momento». Antes de partir de la villa enana, le dije a Ray:

—Amor… ¿Podemos comprar algo de carne para llevar…? Sabes, estoy harta de la carne de cordero, me va a salir cara de borrego.— Ray rio a carcajadas y dijo:

—¡Borrego…? ¡Jajaja! Tenía mucho que no oía esa palabra… Sí mi borreguita, está bien, compremos algo de provisiones.

En el camino de regreso, nos detuvimos a comer… Ray revisaba los caballos, Grand se acercó y me dijo:

—Arlinne. Al parecer, nos viene bien, el ir por debajo de la tierra, será más fácil cruzar las empinadas montañas que dividen Kharsten y el antiguo reino de Lando.— «¿Lando…?» Me quedé pensando… «¿Dónde he escuchado eso antes…?» Le dije, recordando:

—¡Ah! ¿No es ese el lugar donde Ray empezó su carrera marcial…? ¿Cómo soldado de infantería, cuándo era muy joven? ¿O algo así?— Él dijo:

—Sí… ¿Sabes…? Él no habla mucho de eso, creo que la pasó mal en ese lugar… Por eso, yo prefiero no sacar mucho el tema… Solo te lo menciono, para que pises con cuidado.— Yo asentí con la cabeza… «Cierto, ahora que lo pienso… Ray conocía, casi cada momento de mi vida… Pero él es muy cerrado en ese sentido. Cuando quiero hacer mención o preguntarle, él simplemente me cambia el tema, ¿por qué será…? Digo, Ray es reservado, pero conmigo ya se ha abierto en casi todos los sentidos, excepto en ese… ¿Qué pasó en ese lugar…? Le preguntaré con tacto a lo largo de estos días».

Llegamos al anochecer de regreso a nuestras cabañas en Lidranos… Me quedé un rato en lo que todos desmontaban en el establo, acaricié al lobito y me pude dar cuenta, que Penny traía un enorme saco a medio llenar, de algunas cosas que compró… Se me hizo extraño y le pregunté:

—Oye… ¿Penny, qué es todo eso? ¿Y qué con ese costal? ¿No compraste una mochila o bolso para tus cosas?— Ella dijo:

—¡Si, Arlinne, mira…!— Me mostró una linda mochila de cuero, teñida de color negro. Le dije:

—¿Y el costal…?

—¡Ah, esto…? Son algunas cosas que compré para distraerme… Ya lo verás, no seas curiosa.— Las chicas venían pasando y Lianne dijo:

—Apresúrense, vamos a repartir la ropa que compramos, vengan…— «Mmmh… ¿Distraerse…? Bueno, que más da. Lo importante es que esté contenta».

Pasamos todos a la sala que se encontraba al lado de las termas… Camille le dijo a Grand:

—¿Grand, podrías hacer tú solo la comida del día de hoy?— Grand sonrió y dijo:

—Claro, Camille. Haré carne asada como les gusta, con la carne y vegetales que acabamos de traer. Quédense a gusto ahí, les hablaremos en un rato cuando esté listo.— Volteó a ver a Ray y le dijo:

—Ven Ray, ayúdame a encender la hoguera, dejemos que las chicas vean sus cosas.— Ray asintió y se fue con Grand a preparar la comida.

Lianne empezó a sacar la ropa de las bolsas… Primero, ropa interior femenina… «¡Uh! ¿Eso a que hora lo compró…?» Se la empezó a pasar a Penny… Penny brincó de emoción y dijo:

—¿Para mí…?— Ellas asintieron y Lianne dijo:

—Sí. Renacuajo aún usa pantaletas de niña… Así que estas, obviamente son para ti.— «Mmmh… Me gustan mis bragas de tela de algodón… Son fresquitas. ¿Todo lo ven mal…? ¡Qué pesadas, ya mejor me voy de aquí!» Me iba levantando, cuando Lianne dijo:

—Espera renacuajo, también hay para ti… No creas que no me he dado cuenta, que solo tienes unas cuantas bragas y unos cuantos tops. Sin mencionar que esas playeras de algodón que usas, las usas desde que tenías como quince años, ¡ven para acá!— Me volví a sentar y le dije:

—¡Sí, pero yo no voy a usar bikini bajo la falda, ni loca!— Camille y Lianne, rieron y Lianne dijo:

—¡Jajaja! Obvio no, renacuajo. Te compramos unos cuantos más, de esos que usas últimamente que son elásticos. ¡Ah! Y un par de bragas de chiquilla, de esas que te gustan, Camille las escogió.— Las recibí contenta… Estaban lindas y la verdad, sí me hacían falta.

Seguimos repartiendo las cosas, incluso Camille y Lianne, habían comprado cosas para ellas. Todas se veían tan contentas, incluso Penny, que veía maravillada toda la ropa que le habían escogido. Camille dijo:

—Oigan chicas… ¿No sería una fabulosa idea, qué tuviéramos una noche solo de chicas?— «¿Noche de chicas…? ¿Qué es eso?» Lianne dijo:

—¡Sí, qué buena idea, Camille! Yo no tengo una, desde que salí de mi villa, cuando aún era muy joven…— «¡Uh? ¿Qué es eso?» Penny estaba en las mismas, nos veíamos la una a la otra, tratando de buscar la respuesta en la cara de la otra… Camille dijo:

—Incluso podemos bañarnos todas juntas en las termas… Podríamos mandar a los chicos a sus cosas y pasar un buen rato.— Lianne dijo:

—¡Sí, qué buena idea!— «¡Mmmh! ¡Espera un momento…! ¡Bañarnos todas juntas?» Yo fruncí mi rostro y me levanté para salir corriendo, pero Lianne me tomó de la mano y dijo: —¿A dónde vas renacuajo? Tú estás incluida, eres una chica, ¿no?— Camille dijo:

—¡Así es, Arlinne y no vayas a hacer berrinche como con lo del baile!— «¡Pfff! ¡Qué hago? ¡Yo no quiero desnudarme frente a todas ellas, en que lío estoy metida!» Ni siquiera me dieron oportunidad de decir algo para defenderme… Lianne y Camille, me bombardeaban con comentarios y miradas. Lianne dijo:

—Sí, renacuajo. No hay escapatoria. Ni tus berrinches te servirán esta vez, vendrás y te bañarás con todas nosotras como una señorita bien portada… Sino empezaremos a pensar, que solo quieres ser una niña cuando te conviene.— «¡Waaah! ¡Otra vez eso?» Penny me veía extrañada… Dijo:

—¿Arlinne, te da pena, desnudarte frente a otras hembras?— «¡Pfff…? ¡Auxilio! Algo se me debe de ocurrir… Piensa, piensa, piensa…» Lianne dijo:

—¡Muy bien, está decidido! Pasado mañana por la noche, tendremos nuestra noche de chicas y más te vale estar ahí renacuajo, sino nuestra opinión acerca de ti, cambiará muy drásticamente.— «¡Pfff! Vamos, di algo… ¿Por qué me quedé muda en un momento como este?»

Grand se asomó a la habitación desde el patio y dijo:

—Listo. La comida ya está lista. Vengan a comer, antes de que se cueza de más o se enfríe…— Penny salió como un relámpago… Lianne y Camille, se levantaron aún platicando de aquello. Yo me quedé ahí, fría… «¡En que lío estoy metida? Lo peor es que no me dejaron, ninguna opción…» Me habían acorralado… «¡Pfff!» Me levanté apesadumbrada, arrastrando mis pies, hasta el patio…

Cenamos y después de platicar un rato de cualquier cosa, todos nos fuimos a nuestras cabañas… Aún me dolía un poco la cabeza. El lobo fue y se acomodó en su lugar, frente a nuestra cama y como sí solo hubiera esperado ese momento hace mucho tiempo, se quedó dormido al instante. Ray entró al final y cerró la puerta… Se empezó a desnudar. Por un momento, recordé en lo que me había metido y me empezó a dar mucha vergüenza, verlo hacer eso… Él dijo:

—¿Te sientes bien, peque? ¿Aún te sientes mal por la resaca?— Se acercó a mí y me tocó la frente, ya completamente desnudo… Me puse aún más roja de mis mejillas… Le dije:

—Sí… Ya estoy mejor, pero no creo que hoy vaya a haber mucha acción. ¡Discúlpame!— Él dijo:

—No te preocupes, te entiendo. Estaba pensando… Que nos diéramos un rico baño juntos, ¿qué te parece?— Le dije:

—Sí… Suena bien.— Él se quedó parado frente a mí, como esperando algo… Le dije, sonriendo:

—Ve amor, adelántate. Déjame poner algo de todo esto, en su lugar. En un segundo te alcanzo.— Él asintió y se fue hasta la enorme tina, que se llenaba con aguas termales en el baño de la cabaña. Yo me quedé como ida… «¿Qué voy a hacer? Sí le pido consejo a Ray, solo reirá a carcajadas para al final decirme que me lo tome en serio y que vaya…»

Me empecé a desnudar y aclaré mi mente… «Bueno… No tengo por qué sentir pena con Ray… Tranquila. Le preguntaré a ver que me dice… Lo haré con tacto… ¡Pero sí me contesta eso, me voy a enojar mucho, lo voy a abofetear y me iré a la cama!» Entré al baño… El vapor del agua nublaba el ambiente. Llegué hasta la tina y Ray salió para ayudarme a entrar… Lo cual solo fue una excusa para envolverme en sus brazos y que quedáramos así, los dos juntos dentro del agua caliente… «¡Ufff! ¡Qué rico!» El agua hacía maravillas y en instantes, estaba completamente relajada… Pero Ray tenía otros planes… Con sus manos libres adelante de mi cuerpo, empezó a toquetearme… Le dije:

—¡Ya ves? ¡Tramposo…!— Él dijo a mi oído:

—Tranquila… Son solo unas cuantas caricias, para ayudar a que te relajes.— «¡Jajaja! ¡Ajá!» Le dije:

—¡Sí, claro…! ¿Quieres qué se me relaje algo en especifico…? ¡Jajaja!— Ambos empezamos a reír y él me soltó por un momento para pararse frente a mí y echarme agua en la cara… «¡Pfff!» Le dije:

—¡Qué grosero!— Lo abracé nuevamente, pero esta vez de frente. Él me abrazó también y le dije:

—Oye, amor… ¿Te puedo preguntar algo, pero me puedes contestar con mucho tacto, por favor?— Él se quedó pensando por un momento y dijo:

—Sí, claro… ¿De qué se trata?

—Las chicas quieren tener una noche de chicas o algo así… Y quieren que todas nos bañemos juntas. La verdad, yo moriría de la pena sí me desnudo frente a todas, ¿qué hago? No sé como zafarme… Dame un buen consejo, por favor.— Él se quedó pensando y dijo: —No lo sé, Arlinne… Te diría que sé como te sientes, pero la verdad es que no. Lo único que puedo preguntar para ayudar a responderte es… ¿Quieres ir?— Le dije:

—Pues… Sí. Pero no quiero desnudarme frente a todas, me da pena…— Él dijo:

—¿Alguna razón en específico?— Esta vez, le eché yo, agua a él en la cara y le dije, molesta:

—¡Tú que crees…?— Él iba a comenzar a reír, pero se contuvo… «¡Mmmh! ¡A punto, señor Forthand!» Dijo:

—Pues… No lo sé, Arlinne. Alguna vez me comentaste que Lianne y tú, se han bañado muchas veces juntas.— Yo le dije:

—Sí, pero…— Él dijo:

—Sí quieres ir, haz un esfuerzo por verlo exactamente igual. Usa esta perspectiva, después de todo la más difícil de tratar es Lianne… Camille y Penny, se ve que son mucho más empáticas y comprehensivas. No creo que haya ningún problema con ellas. Sí ya aguantas a Lianne, supongo que con ellas, fuera de ahí, ni siquiera harán un solo comentario de lo que vean y oigan.— «¡Mmmh! Ese es un buen punto…» Sonreí y le dije:

—Está bien, caballero… Como que ya me estoy relajando un poco más. Sí buscas lo que me imagino, sabes donde encontrarme… Sí tardas, puede que me quede dormida.— Le hice un guiño y salí de la tina para secarme e irme a la cama.

En el pequeño lapso que hay entre la madrugada y el amanecer, me despertó de golpe un fuerte estruendo… El lobo comenzó a ladrar. «¡Eh? ¡Qué?» Ray me dijo:

—Arlinne, despierta. Esa fue una explosión.— «¡Eh? ¡Explosión…?» Me paré como un rayo y me empecé a vestir. Le dije:

—¡Nos están atacando…? ¡Alguno de nuestros enemigos sabe que estamos aquí y están atacando la aldea…?— Él dijo:

—No lo sé… Pero estoy seguro de que vino de la propiedad.— Me preocupé mucho y salí volando de la cabaña hacia el pasillo, Ray detrás mío…

Cuando llegamos al lugar donde se unían las tres cabañas, vimos una espesa cortina de humo venir de la cabaña de Camille y Penny… Grand y Lianne, estaban ahí, Grand a medio vestir y Lianne con su ropa de cama. Les dije:

—¡Vamos, las chicas pueden estar en peligro!— Todos asintieron y justo cuando iba a entrar al espeso humo, escuché los tosidos de Camille y Penny, frente a nosotros… Vi a Camille con su cabello revuelto y la cara llena de un polvo de color blanco, mientras tosía y tosía, al caminar hacia nosotras ayudada de la mano por Penny, quien se encontraba exactamente en el mismo estado… Les dije, gritando:

—¡Están bien? ¡Dónde están los enemigos?— Camille confundida, solo se recargó en una trabe de madera a recuperar su aliento y Penny se quedó viendo el humo con las manos en la cintura… Le dije, esta vez dirigiéndome a Penny:

—¡Penny, quién los atacó? ¡Qué paso? ¿Escaparon?— Ella recuperando su aliento, cerró un ojo y sacó la lengua para decir…

—Jejeje… Lo siento. No nos atacan. Fui yo la que causó esa explosión…— «¿Eh? ¿Tú…?» Le dije:

—¿Cómo…?

—Sí… Lo siento. Me fallaron algunos cálculos y se puso volátil, más fácil de lo que pensé…— «¿Cálculos? ¿Volátil…?» Le dije:

—¿Fue un conjuro…?

—No, nada de eso… Solo era un experimento que estoy realizando, yo no sé hacer magia.— «¿Experimento…?» Lianne comenzó a reír a carcajadas y dijo:

—¡Jajajaja! Parece que Camille tenía razón…— Fue y le sirvió un vaso con agua a Camille, quien ya había recuperado la compostura… Camille dijo:

—¿Dónde estoy? ¿Qué pasó? ¿Nos atacan…?— Lianne dijo:

—Tranquila, Camille. No pasa nada… Bebe esto.— Y la empezó a reconfortar… «¡Mmmh…!» Yo seguía igual, sin saber nada y los chicos igual que yo… Lianne le habló severamente a Penny…

—¡Penny, si sabes que esos experimentos que estás realizando son peligrosos, no deberías hacerlos en la cama! Especialmente cuando la pobre de Camille duerme y no sabe que saldrá volando en cualquier momento por la madrugada…— Penny dijo, con cara de arrepentimiento:

—Lo siento…— Abrazó a Camille, que aún no sabía lo que había pasado y le dijo:

—¿Me perdonas, Camille? Prometo que la siguiente vez te avisaré…— Camille volteó a verla sin saber nada y le dijo:

—Sí, Penny, no te preocupes…— Lianne volvió a estallar en carcajadas por un momento, para quedar completamente seria y decir:

—¡No, Penny! ¡La siguiente vez que hagas algo así, lo harás en el patio! ¡Por favor! Ve a la pobre… No sabe ni donde está, cree que sigue durmiendo…— Penny volvió a verse arrepentida y dijo:

—Lo siento, así lo haré…— Lianne dijo:

—¡Ahora ve a limpiar su habitación y las camas en lo que Camille vuelve en sí! Ya mañana limpiarás el resto…— Penny dijo:

—Sí, Lianne. Ya voy…— Soltó a Camille y corrió a empezar a limpiar las cosas… Lianne me dijo, negando con su cabeza:

—Ya renacuajo. Todo está bien, solamente esperemos un poco a que Camille se sienta mejor y regresemos a la cama…— Le dije, comenzando a entender un poco más la situación:

—¿Cómo es posible…?— Ella dijo:

—Pues… Ya lo ves. Después de todo, Camille tiene razón. La niña es una genio y como toda genio, es inquisitiva e inquieta… Es normal.— Nos fuimos a dormir, una vez que se había disipado el humo y Penny y Camille, estaban nuevamente acostadas en su cama.

A la mañana siguiente, ya había reconstruido todo en mi mente… Penny debió de haber estado haciendo algún experimento de alquimia o algo así, se equivocó y salieron volando las dos. Hasta ese momento me empecé a reír y pensé… «¡De verdad, Penny es tan inteligente como para en un par de semanas después de aprender a leer y escribir, hacer ese tipo de cosas…? ¡Quién lo hubiera imaginado! Bueno… Está bien. Mientras esté tranquila y contenta, todo está bien… Solo espero que no se meta en líos».

Comencé a levantar mi ropa sucia del piso y saqué el resto de mi ropa que necesitaba una lavada… Olí mi mantita… «Mmmh, no huele feo… Ray mentiroso». La volví a acomodar, doblada con mucho cuidado en mi bolsa. Ray pasó detrás de mí y me hizo una vez más, una caricia imprudente… Yo salté y le dije, enojada:

—¡Oye…! ¡Al menos, sonríeme antes de hacer algo así!— Él se empezó a reír a carcajadas… Agregué:

—¡Eres un sátiro, que grosero!— Él dijo, como sí nada:

—Pensé que el problema era que nos vieran… Aquí estamos en privado.— Cambié mi semblante y lo abracé para decirle:

—Amor… Me encanta que siempre me desees tanto, pero… No me hagas cosas como esas por sorpresa.— Él me dio un suave beso en la frente y sonrió…

—Está bien, peque.— Se puso también a recoger su ropa del piso… «Se ve que está de un excelente humor, que alegría… Mmmh… Espera… Podría aprovechar para preguntarle de su niñez…» Nos fuimos hasta el lugar donde lavábamos la ropa y empecé a enjuagar mis cosas, él llegó y empezó a hacer lo mismo… Le dije:

—¿Oye, amor…? ¿Te puedo preguntar algo?— Él dijo:

—Claro, peque, ¿de qué se trata?

—Casi nunca me has contado del tiempo de antes de conocernos… Cuéntame un poco, ¿sí?— Él dijo, mientras pensaba:

—Mmmh… No hay mucho que contar, Arlinne. Antes de entrar al gremio, solo era un niño idiota, luchando por ser un hombre… Ya en el gremio, pues… Poco a poco fui madurando.— Le dije:

—¡Ah…! Y… Por ejemplo. Cuéntame algo más personal, como… ¿Quién fue tu primer amor?— Él se quedó extrañamente callado y le cambió el semblante por completo… Dijo: —¿Qué más da, Arlinne? Eso no tiene importancia, démonos prisa. ¿No tienes ganas de desayunar?— «¡Uh? Ahí va otra vez a cambiarme el tema… Pero creo que esta vez, le pegué a algo grande sin querer… La forma en que le cambié el estado de ánimo de una sola pregunta, solo puede significar una cosa… Aún recuerda a la susodicha. ¡Diablos! No quiero ser metiche, pero me muero de ganas por saber… Sí le pregunto directamente, no quiero que sienta que invado su privacidad… Mmmh, a ver. Tengo algo en mente, espero no cagarla…» Hice una cara triste y le dije:

—Lo siento, amor… Discúlpame. No sabía que era un tema sensible, de verdad lo siento…— Él dijo, acariciando mi cabeza:

—No te preocupes, Arlinne. Te agradecería que no volvieras a sacar el tema.— «¡Waah? ¡Me mandó a la mierda de una y sin chistar…! Ni modo, a ser respetuosa… Al menos por ahora, en lo que se le olvida». Le dije:

—Sí, lo siento… Apresurémonos que sí tengo mucha hambre.— Y sonreí como tonta, no me quedaba de otra…

Salimos de nuestra cabaña… Penny trapeaba el exterior de la cabaña que compartía con Camille. El lobito nos seguía y cuando vio a Penny, se lanzó corriendo a ella, dando saltos a saludarla. Ella lo acarició y oímos la voz de Camille con un tono serio…

—Penny, no te distraigas…— Penny dijo:

—Sí, lo siento, ya voy…— El lobo gimió de regreso con nosotros, mientras Penny seguía afanosamente limpiando. Llegamos hasta la mesa, Lianne y Grand, estaban sentados. Nos sentamos y Grand nos pasó un par de platos, saludamos y nos dispusimos a desayunar con ellos.

Ese día me la pasé arreglando mis cosas y acomodando mi ropa nueva en todos lados… Cargué solo algunas prendas conmigo y el resto, lo guardé con mi portal. Además limpiamos un poco la cabaña, bañamos al lobito y demás… Había que poner las cosas en orden. Le dije a Ray, ya en la noche, después de cenar:

—Oye, amor, ¿sabes? Yo creo que en estos días que nos restan de asueto, me voy a poner a entrenar un poco… No tanto marcialmente, sino más bien a hacer un poco de ejercicio, no quiero perder tono muscular y vaya a perder fuerza o velocidad.— Él me abrazó y me dijo:

—Te ves bien, me encanta como estás.

—Mmmh… No amor. Tú dices eso, porque me quieres ver gorda.— Él empezó a reír y dijo: —¡Jajaja! Claro que no, amor… ¿Además me encanta tu lonjita que se te hace aquí en tu costado, abajito de tu ombligo.— «¡Eh? ¡Lonja…?» Me empecé a doblar hacia los lados y apretar mis carnes, buscando la lonja… «¡No puede ser! ¡Ya estoy lonjuda…? Por estar tragando tanto…» Él reventó en carcajadas y dijo:

—¡Jajaja! Arlinne… Calma, es normal que se te haga, solo es un poquito de piel. Siempre la has tenido. ¡Jajaja!— «¡Eh! ¡Qué grosero!» Me molesté y me fui a acostar aún medio vestida… Solamente me tapé por completo, incluida la cara y le dije:

—¡Ah! ¡Pues por grosero, hoy te quedas sin cenar! ¡No hay lonja para ti hoy, buenas noches!— Él seguía riendo…

«Mmmh… ¿Dónde estoy? ¿Un sueño…? ¡Si, otra vez! Vamos a ver que hay en mi cabecita loca el día de hoy… Ayer soñé con arañas, feas y peludas. Gigantescas arañas… No lo recordé en todo el día, hasta ahorita lo recuerdo, que de vuelta estoy soñando… Lo más horrible es que una araña más pequeña, me caía en el cabello y corría vuelta una loca diciéndole a Ray que me la quitara y él solo se reía… ¡Pfff! ¿A ver de qué se trata el día de hoy? ¿Esto es una ciudad? ¿Una villa? ¡No! Es una ciudad y bastante grande… Nunca la había visto antes en toda mi vida. ¿Dónde podrá ser?» Caminé por aquella desconocida ciudad en lo que parecía una eternidad… «¡Pfff! ¡Qué sueño tan aburrido, aquí no pasa nada!» Exactamente cuando terminé de pensar aquello, una alarma empezó a sonar… «¡Eh!» La gente a mi alrededor empezó a correr en todas direcciones… «¡Qué está pasando? ¿Están atacando?» Oí una voz que me decía…

—¡Cuidado, señorita!— «¡Eh!» Un estallido, seguido de un derrumbe, ensordeció mis oídos… Volteé asustada hacia un lado y vi como una enorme roca en llamas había destruido un edificio y algunas casas… La gente corría despavorida. «¡Están bombardeando con armas de asedio…? ¡Debo de ayudar a los sobrevivientes!»

Corrí en mi sueño hasta una de las casas… La de la extrema izquierda en donde había caído la roca. Me quedé ahí parada, perpleja, sin poder hacer nada… Cuando me di cuenta, que exactamente bajo los escombros, la pequeña mano de lo que parecía ser una chica mucho menor que yo, dejaba de moverse, ensangrentada… «¡Qué horror…!» Corrí hacia ella, para tratar de quitar los ardientes escombros con mis propias manos y en eso… Oí una voz familiar, pero con un tono mucho más joven, que decía, desesperada:

—¡No! ¡Marine! ¡Te sacaré de aquí, ya lo verás!— Me quedé estupefacta… A mi lado, estaba un chico a lo más de unos quince años de edad, desesperado igual que yo, tratando de arrastrar los escombros ardientes con sus propias manos. Sus manos sangrando y quemadas por el esfuerzo, tenía uniforme marcial… «¡Espera un momento…! ¡Esa voz…! ¡Es Ray?»

Después de un momento, la gente que también trataba de ayudar, lo jalaba hacia atrás, diciéndole que ya era demasiado tarde, que no había más que él pudiera hacer por los habitantes de aquella casa… Él estaba desquebrajado, arrasado de su mirada y su corazón, con su rostro lleno de lágrimas y aún gritando:

—¡Marine! ¡Marine…! ¡Perdóname, por favor!— Yo solamente estaba ahí, como pintada… Tapando mi boca con mi mano, horrorizada…

Desperté sudando y con picazón en mi cabeza… «¡Qué horror…! ¡Esas arañas!» Ray despertó inevitablemente y dijo:

—¿Peque, estás bien? ¿Un mal sueño?— Le dije:

—¡No, amor…! ¡Era horrible, unas gordas arañas de panza de colores, verdes y amarillas, peludas y gigantes! ¡Del tamaño de un caballo…! ¡Luego me caía una más pequeña en la cabeza y te decía que me la quitaras y te ponías a reír, mientras yo corría por todo el lugar, como si estuviera en llamas!— Me rascaba mi cabeza y revisaba mi cabello, tratando de buscarla…— Él dijo:

—¿Arañas…? Tranquila, peque. Solo fue un sueño…— Le dije, angustiada:

—¡No! ¡Sí hasta la sentí caminando por la piel de mi cabeza y bajando por mi cuello hasta mi espalda…!— Me paré de la cama, la destendí de las sabanas para buscar a la pequeña culpable… Nada… Ray me veía, desencajado a punto de comenzar a reír… Me comencé a desnudar por completo y a revisar mi ropa en el piso con la punta de la espada… Nada… «¡Pfff!» Respiré profundamente… Le eché un segundo vistazo a la cama… Vaciá… «Mmmh… Bueno. A dormir…» Simplemente me acosté así, desnuda. Me enrollé las cobijas alrededor de mi cuerpo y dije:

—Buenas noches…— Ray dijo con una voz risueña:

—¡Jajaja! Buenas noches… Señorita araña. ¡Jajaja!— «¡Pfff! Que más da… Mañana lo pondré en cintura, por grosero… Zzz…»

Desperté por la mañana en los brazos de Ray… «¡Mmmh! Pues sí estaba enojada con él… ¿Cómo llegué aquí…?» No recordaba nada de lo que había soñado, con excepción de las arañas… «¡Qué horrible!» Él me vio y me dijo:

—Buenos días, dormilona. ¿Todo mejor?— Le dije, molesta:

—¡Sí y no gracias a ti!— Me intenté zafar de sus brazos, pero me apretujó más… «Mmmh… Está bien, me rindo…» Lo abracé también, pero le hice una cara de puchero y le dije:

—¡Ya ves…? Eres malo. ¿Por qué no, me quitaste la araña de la cabeza…?— Él dijo:

—Amor… Solo fue un sueño, tranquila.

—Sí, pero fue bien real… Mínimo hubieras actuado, como sí te importara…— Él rio a carcajadas y dijo:

—¡Jajaja! Amor, por eso nunca me aburro contigo… Está bien. Prometo que la siguiente vez que te caiga una peste en tu cabello en tu sueño, estaré ahí para quitártela.— Le dije, jugando:

—¿Lo prometes…?

—Claro, no te preocupes.— Sonreí como una tonta.

Salimos a desayunar, los demás ya estaban ahí… Se notaba que todo estaba mejor entre Penny y Camille. Nos sentamos a la mesa y le dije a Penny:

—¿Cómo va todo, Penny? ¿Terminaste de asear?— Ella dijo:

—Sí… Lo siento otra vez.— Agachó su cabeza. Camille dijo:

—Ya, Penny. No te preocupes, no hay problema… Además ya prometiste que harás ese tipo de cosas en el patio o en un lugar donde no sean tan peligrosas.— Penny asintió con la cabeza y Lianne dijo:

—Por cierto… No se les olvide. Hoy nos reuniremos, chicas. Nos vemos al anochecer en las termas y chicos… Ya saben, nada de espiar ¿eh?— Camille dijo:

—Cierto. Preparé algunos bocadillos para después del baño, podemos reunirnos en la cabaña que estamos Penny y yo, por la noche.— Lianne dijo:

—Sí, buena idea. Después de todo, tenemos muchas cosas de chicas de que platicar.— «¡Pfff! Se me había olvidado… Está bien, está vez sí diré algo…» Dije:

—Chicas… ¿Saben? No sé sí pueda…— Lianne dijo:

—Sin excusas, renacuajo. No vayas a empezar con que te da pena…— Ray y Grand, me vieron, como si se compadecieran de mí… Le dije:

—Ya… Está bien, ahí nos vemos.— Todas se pusieron contentas… Terminé de desayunar y me levanté para marcharme con el lobito por ahí, a donde fuera…

«No sé qué hacer… No quiero desnudarme frente a todas ellas, para que vean mis miserias en todos los sentidos posibles… Ni modo, ya dije que iría, solo espero que termine rápido…» Escuché una voz dentro de mi cabeza…

—¿Amorcito, estás ahí?— Era Ana… Me puse contenta y le contesté:

—Si, amor. ¿Cómo estás?

—Bien. Esperando a que me hables, pero parece ser que en cuanto me dejas de ver, se te olvida que existo…— Yo le dije:

—No amor, disculpa. Jamás te olvidaría. Pensaba hablarte en estos días, pero salen cosas y lo voy postergando sin querer… Lo siento.— Ella dijo:

—¡Jijiji! Bueno, te creo. ¿Cómo están? ¿Todo bien?

—Sí amor, todo perfecto, al menos por ahora… Pronto partiremos al norte, rumbo a Kharsten. Espero que todo marche bien.

—Mucha suerte, amor…— Seguimos platicando un largo rato de cualquier cosa… Quería sacar el tema del panquecito, pero mejor no… «Esperaré hasta que ella me avise. Seguro sí se está horneando, muy pronto me lo hará saber…» También iba a sacar el tema del predicamento en el que estaba metida, pero mejor no… «No tengo idea de que podría pensar, sí le digo que me voy a desnudar frente a tres chicas…» Le dije:

—Amor, ¿sabes? ¡Ya tenemos rastreadora!— Ella dijo, molesta:

—¡Rastreadora…? ¿Otra chica? Arlinne… No me digas, ¿es una chica muy guapa, como su sacerdotisa…?— Me quedé dudando por algunos segundos y le dije:

—Ah… ¡Sí!— Ella dijo:

—¿Arlinne, por qué solo chicas? ¿No había un rastreador varón, de esos que son caza recompensas o vividores…? ¿Así, bigotito masculino y gorrito de lona verde?— «¿Bigote…? ¿Gorro de lona verde…?»

—¡Jajajaja! No amor, no había ninguno de esos disponible… ¡Así que tenemos otra chica…! No te pongas celosa, ¿si?— Ella dijo:

—Mmmh… Está bien, Arlinne, pero pórtate bien, ¡eh!— Le dije:

—Sí, amor. No te preocupes…— Después de un rato más, nos despedimos…

«Está bien, ya está atardeciendo… Muy bien, que más da… Vamos. Iré por una toalla y ropa limpia». Por fin, había llegado el momento… Ray y Grand, se habían ido a mi cabaña a jugar juegos de azar y emborracharse… «Lo que daría por estar con ellos…» Todas entraron a la sala donde estaba la fuente de las termas y sin decir más, se empezaron a desnudar… Primero Penny, que solo se sacó la ropa como sí le estorbara y de un salto se metió al agua riendo. Lianne y Camille, lo empezaron a hacer más lentamente, mientras platicaban… «Mejor no voltear a verlas, dirán que soy una fisgona…» Me empecé a desnudar, puse una pequeña bolsa con mis cosas en la mesa y ya sin pensar, me saqué el resto de la ropa… Cerré los ojos y me dirigí al agua. Lianne me tomó de la mano antes de que pudiera llegar hasta allá y dijo:

—¡Ya ves, renacuajo? ¿Por qué te da pena? Sí estás hermosa…— Me puse roja de la cara, como un tomate y Camille dijo:

—Cierto, Arlinne. Se ve que tienes una piel muy suave y tienes una bonita figura, esbelta y contorneada… Camille agregó, preguntando:

—¿Te depilas, Arlinne…?— «¡Eh?» Yo tenía los ojos cerrados, no aguantaba la pena. Lianne dijo:

—¡No, qué se va a depilar! Ella es así, es de las pocas cosas que le envidio… No le sale nada de vello en ningún lugar de su cuerpo, es como una bebé. ¡Jajaja!— Comenzaron a reír y platicar… Como pude me zafé, llegué hasta el agua y me sumergí en ella… «¡Bien! ¡Ufff! ¡A salvo!» Volteé a mi derecha y Penny me observaba de todas las partes de mi cuerpo, con la mitad de su rostro sumergido en el agua… Dijo:

—¿Por qué no tienes, ni un pelo en ningún lugar…? ¿Es una brujería?— Le dije:

—¡Claro que no, tonta! ¡No sé, así soy yo…! Además, sí tengo unos poquitos aquí, en mi pubis…— Ella dijo:

—¡Qué suerte! ¡A mí me salen muchos ahí…! ¡Mira!— «¡Bleeeh! ¡Por qué, Penny…?» Me puse roja, cuando Penny inocentemente me enseñó su intimidad… De la nada, salió Lianne, como un fantasma atrás de nosotras y dijo:

—Eso no es problema, Penny. Nosotras te enseñaremos a recortarlos un poco, para que quedes como renacuajo, lisita, lisita… Pero tendrás que aprender, porque seguro volverán a crecer muy pronto.— Ella se alegró y dando saltos, abrazo a Lianne.

Solamente traté de disfrutar el agua… Me alejé un poquito, a una esquina en lo que ellas platicaban sus cosas… «Las tres son tan hermosas… Incluso Penny tiene lo suyo… Y las tres tienen pechugas grandes. Lianne simplemente incontenible, Camille un poco más equilibrada, pero igual, grandes y Penny aún está chiquita, pero algo es seguro… ¡Las tiene más grandes que yo! ¡Buuu!»

Lianne llegó por mí y me tomó del brazo diciendo:

—¿Qué haces aquí, renacuajo? Ven para que platiquemos todas juntas…— Me jaló con ellas y Lianne dijo:

—Vamos a platicar de cosas de chicas… ¿Por qué no, empezamos con renacuajo? Que nos cuente sus aventuras en el amor…— «¡Waah!? ¡Yo, por qué?» Camille y Penny, dijeron ilusionadas:

—Si, Arlinne. ¡Por favor!— «¡Qué? ¡Pero, yo?» Lianne dijo:

—Sí, renacuajo. A estas alturas, ya también tienes mucha experiencia en el amor… Tienes incluso un novio y una novia… ¡Cuéntanos…!— Negué con la cabeza y dije:

—¡No! Lo siento, mis cosas en la cama no las puedo contar…— Ellas hicieron una cara de desilusión y Lianne dijo:

—Al menos, cuéntanos… ¿Cómo pescaste al señor Ranerd Forthand?— «¡Eh?» Camille dijo:

—¡Sí, anda! ¿Cómo lo enamoraste de esa manera? Pareciera que se han amado toda la vida, hacen tan bonita pareja…— Penny dijo:

—¡Sí, Arlinne! ¿Usaste alguna brujería para conseguir un macho así para ti sola…?— Les dije:

—Está bien… Solo, por que no se lo he contado a nadie más. Les contaré como nos conocimos y nos enamoramos… Pero las cosas de cama quedan fuera, ¿está bien?— Ellas se emocionaron y les empecé a contar la historia completa, desde ese día que estaba muerta de hambre y necesitaba cazar, hasta el día que llegamos a la laguna, al oeste de Rostand…

Terminé la historia y los ojos de Penny y de Camille, brillaban con ilusión… Camille preguntó:

—¿En serio, después de lo que pasó, fue hasta las ruinas de Tsun y te salvó en brazos de ese lugar?— Le dije, feliz:

—¡Sí! La verdad, lo dudaba un poco, pero no me quedaba otra opción para sobrevivir… Sí no hubiera llegado por mí, ahora estaría muerta.— Penny dijo:

—¡Increíble! Los machos humanos son tan diferentes a los de la raza de mi padre, ¡qué suerte, Arlinne!— Sonreía a diestra y siniestra… Después de un rato, salimos del agua, nos secamos y nos fuimos a la cabaña de Penny y Camille…

Entramos hasta su habitación y Camille junto con Lianne, se cambiaron por su ropa de cama… Yo solo dormía en bragas y con una playera… «No tengo esos camisones como los que ellas usan… Cuando durmamos me quedaré en calzones y así dormiré». Lianne dijo, tomando una bolsa del piso:

—Les tenemos otra sorpresa… Como ninguna de las dos tiene, les compramos unos pijamas para que duerman calientitas cuando hace frío.— «¿Pijamas?» Lianne sacó de la bolsa dos prendas completas… «¿Qué es eso…?» Camille las extendió y dijo:

—Estas en especifico, se llaman mamelucos y están hechos de la misma tela que una frazada calientita.— «¿Mamelucos?» Camille dijo:

—Este es un gatito y es para Penny…— Penny la tomó entre sus brazos y dijo:

—¡Qué suavecita…!— E inmediatamente, se metió en ella… «Espera un momento… ¿No son como los pijamas que usan los niños pequeños de familias acaudaladas?» Les dije:

—Oigan… Eso es para niños pequeños, ¿qué no?— Lianne dijo:

—No del todo, sí así fuera, no habría de tu talla… Además, ustedes son como nuestras hermanitas pequeñas. Toma, pruébate la tuya, renacuajo.— Me la pasó Camille… «¿Mmmh? Esto es… ¿Una rana?» Me le quedé viendo sin convencerme… Les dije:

—Les agradezco, pero no soy una niña de brazos…— Penny saltaba, vestida como una gatita, sobre las camas, con cola, orejas y todo… Camille dijo:

—Anda… Solo póntela. Verás que está muy rica una vez puesta.— «Mmmh… Bueno, creo que es la vergüenza más pequeña que he pasado el día de hoy… Que más da». Me la puse… «Es cierto… Es muy cómoda por dentro y tan suavecita con mi piel…» Me empezó a gustar y mucho… Lianne se acercó y me tapó el gorro que venía con ella. Dijo:

—¡Listo, con ojitos y todo! Un renacuajo de verdad… ¡Jajaja!— Le dije, molesta:

—¡Es una ranita, no un renacuajo!— Penny se recostó boca arriba en la cama, exhausta después de brincar por todos lados y dijo:

—¿Sabían qué, los virzuks como ustedes los llaman, piensan que las ranas son señal de fertilidad y de cambio…? Cuando aparecen en los estanques después del invierno congelado, dicen que son las emisarias del renacimiento… Que cuando llegan, la muerte se va por completo, trayendo la vida de nueva cuenta…— «¿Uh…? ¡Qué pensamiento tan bonito! Es cierto… Después de todo, los virzuks son tan humanos como nosotros, solo con una cultura tribal poco desarrollada… ¡No! ¡Perdón! Desarrollada de diferente forma a la nuestra». Lianne estalló en carcajadas y dijo:

—¡Jajaja! ¡Lo ves, renacuajo! ¡No puedes fallar, eres una enorme rana, que le va a poner fin a la muerte que trae la guerra!— Camille y Penny, sonrieron, asintiendo con la cabeza…

Camille se puso de pie y dijo:

—Es hora de que tomemos algo para la merienda. Denme unos minutos, preparé algunos bocadillos, ya vuelvo…— Salió de la habitación. Yo volteé a ver a Penny… No quería presionarla, pero seguro, ella sabe algunas cosas que nosotros no, acerca de la guerra y todo lo que estaba pasando… Le dije:

—¿Penny, nos podrías contar, por qué pelean los virzuk?— Ella se quedó callada, pensando y dijo:

—Ni siquiera yo, estoy segura… Arlinne. Lo que sé, es que la guerra ya estaba cuando yo nací. El tiempo que pasé en el campamento de mi padre, lo único que pude observar, es que todos, machos y hembras seguían órdenes… Los guerreros por parte de mi padre y el resto, de los consejeros del clan. No sé exactamente quien da las órdenes, porque incluso mi padre que es el jefe del clan, también seguía órdenes… Lo siento…— Le dije:

—¿Tu padre es jefe de un clan?— Ella asintió con la cabeza sin decir palabra… Se quedó pensando un momento y dijo:

—Su nombre es Graretos y él fue, el que me dijo que debía de asesinarte por el bien de nuestra gente, lo siento…— «¿El padre de Penny es jefe de un clan y mandó a asesinarme con su propia hija…?» Ella dijo, trastabillando:

—Pero… Estoy segura de que él recibió la orden de alguien más, Arlinne. Mi padre me enfurece… Discúlpalo, él no es malo, está siendo manipulado… Me enfurece que no tenga las agallas para dirigir a nuestra gente de vuelta a la vida pacifica… Sé que hay algo más, pero no estoy segura de que se trata…— Se quedó viendo hacia el piso, llena de tristeza. Yo la abracé y le dije:

—No te preocupes, Penny. Trataremos de razonar con él, no somos asesinos. Vamos a ver que tiene que decir.— Ella contestó casi de inmediato:

—No te preocupes, Arlinne…— Agregó, apretando los dientes:

—¡Sí, él debe de pagar con su vida, su falta de decisión para guiarnos, que así sea…! Después de todo, él nunca estuvo ahí para ayudar a mi madre cuando falleció…— Camille entró de regreso, con ambas manos ocupadas por un par de charolas llenas de dulces y postres, así como emparedados. Penny secó sus lágrimas y dijo:

—Déjame ayudarte, Camille. ¿Quieres qué traiga la olla con el té?— Camille sonrió y dijo: —Sí, Penny. Por favor.— Penny salió volando hasta la cocina… «Creo que después de todo, no debí de haber sacado el tema… Aunque es bueno saber que su padre es uno de los protagonistas. Espero que no tengamos que pelear con él… Eso sería horrible para cualquier hija, sin importar las circunstancias…» Camille tomó unos platos y nos los pasó a mí y a Lianne. Puso uno más para Penny y dijo:

—Espero que les gusten… Hay de todo un poco, pero la mayoría son dulces a excepción de los emparedados.— Le agradecimos y yo probé uno, que parecía una especie de pastelito… «¡Yumy! ¡Está delicioso!» Le dije, aún con la boca llena:

—¡Están muy buenos, Camille! ¡Gracias por tomarte las molestias!— Ella sonrió y dijo:

—No es para tanto, Arlinne.— Penny regresó con el té y lo puso cerca de Camille, quien nos empezó a servir… Cuando hubo terminado, Penny se acercó a Camille, sacó algo de sus ropas y dijo:

—Camille, mira… ¡Un regalo, por todo lo que has cuidado de mí! Discúlpame de antemano, que lo haya tomado sin pedir permiso… Pero era una sorpresa.— Le estaba ofreciendo una especie de… ¿Escapulario? ¿Amuleto? «¿Qué es…?» Camille se sorprendió y dijo:

—¡Penny, ni siquiera sabía que no lo tenía conmigo…! ¿Cómo lo hiciste?— Penny dijo:

—Eso no importa, solo ábrelo…— Camille lo tomó y lo abrió… Era un reloj de bolsillo, de esos que usa la gente adinerada. Camille se quedó boquiabierta y dijo:

—¡Pero… cómo?— Penny dijo, tallando su cabeza con su mano:

—¡Jajaja! No es nada, fue fácil una vez que supe cual era el problema… Espero lo disfrutes, sé que significa mucho para ti.— Camille se levantó con lágrimas en los ojos y la abrazó, diciendo:

—¡Gracias, Penny! ¡Es el único recuerdo que me queda de mi padre, te lo agradezco mucho!— Lianne y yo, nos veíamos la una a la otra… Camille secó sus lágrimas y dijo:

—¡Lo ven, les dije! ¡Penny es muy, pero muy inteligente! No sé como lo hizo, pero arregló mi viejo reloj de bolsillo…— Nos volvimos a ver a la cara… Lianne y yo, sorprendidas, mientras Penny se abotagaba de golosinas… Lianne dijo, mientras nos hacía una seña para que la dejáramos hablar sin interrupciones:

—Penny… Me puedo dar cuenta, que tienes una sobresaliente capacidad de raciocinio… ¿Te gustaría aprender los artes arcanos…?— Penny contestó, aún con la boca llena:

—¿Artes arcanos…? ¿Brujería? No, gracias… Lo siento, no me gusta la magia. Solo me dan curiosidad las cosas mecánicas y su funcionamiento en general… ¡La magia… La odio!— Y siguió comiendo, como sí nada. Nos volvimos a ver, atónitas entre nosotras… Era el momento que había esperado… Le dije:

—Penny… ¿Sabes? Necesitamos a alguien en el grupo, que tenga una astucia nata y una agilidad mental como la tuya, para que sea nuestro rastreador. ¿Te gustaría ayudarnos de esa manera?— Ella dijo:

—¿Qué es un rastreador…?— Le dije, tratando de explicar:

—Los rastreadores son aventureros que se dedican a proteger a sus compañeros de trampas mecánicas elaboradas, emboscadas y peligros en general, por medio de su inteligencia y astucia. Ya que pueden darse cuenta antes que los demás, como funcionan las cosas… No solo eso… Dependen de su agilidad para sobrevivir en combate, pueden espiar, rastrear objetivos y tender emboscadas, así como usar sus agudos sentidos para que tengamos siempre la ventaja sobre nuestros oponentes.— Los ojos de Penny brillaban y aún comiendo golosinas, dijo:

—¡No hay problema, cuenten conmigo! Puedo hacer todo eso y más… Básicamente así es como he sobrevivido todo este tiempo hasta el día de hoy.— Le dije, probando su determinación:

—No lo tomes a la ligera… Será peligroso, casi tan peligroso o más, como la línea frontal de combate…— Ella rio, mientras se bebía el té a profundos tragos…

—Arlinne… ¡Jajaja! Estoy acostumbrada al peligro, he estado sola todo este tiempo… ¡Y ahora que por fin tengo a alguien que se preocupa por mí, no lo voy a desperdiciar! Estén tranquilas, nada me pasará.— Nos vimos alegremente entre nosotras… «¡Por fin! ¡Estamos completos! Tenemos una linda rastreadora».

Seguimos platicando de cosas de chicas a lo largo de la noche, hasta que empezaron las preguntas clásicas… Lianne dijo:

—Muy bien, chicas… Vamos a ver, renacuajo y yo, tenemos pareja, pero… ¿Qué tipo de hombre les gusta a ustedes…?— Las volteó a ver de manera inquisitiva… Penny se estiró en la cama con hastío y dijo:

—No lo sé… Nunca he pensado en eso, es más… Ni siquiera estoy segura sí me gustan los machos… Sí, lo sé… Son necesarios para la reproducción y todo eso… Pero no lo sé, por ahora no me llaman la atención.— Lianne dijo:

—¿Entonces…? ¿Te gustan las chicas?— Penny se enrojeció del rostro y dijo:

—¡No…! O no sé… ¡Jajaja! Me siento mucho más tranquila y cómoda, conviviendo solo con hembras, pero no estoy segura por completo de ello…— Todas reímos… «Parece que aún no está lista para ese tipo de cosas… Digo, no es tan pequeña… Pero parece que no está en sus prioridades…» Lianne volteó a ver a Camille, inquisitivamente… Camille se ruborizó y dijo: —¡Ehm…! ¡Bueno…! A mí… ¿Cómo explicarlo…?— Lianne y yo, cada vez acercábamos más nuestro rostro al de ella… Camille dijo, muy apenada:

—A mí me gustan los hombres un poco más mayores que yo…— Lianne y yo, nos vimos sonriendo la una a la otra, hasta que Lianne estalló a carcajadas y dijo:

—¡Jajajaja! ¿Mayores…? ¿Qué tanto? ¿Cómo el cardenal Sendius?— Arrojé el té por la nariz de la risa y Camille gritó, riendo a carcajadas…

—¡No! ¡Jajaja! ¡No seas tarada, Lianne…! ¡Jajaja! ¡No tan mayores!— Lianne se puso seria por un momento y dijo:

—¡Ufff! ¡Menos mal! Ya me estabas haciendo pensar que nos habíamos metido en un altercado de violencia doméstica… ¡Jajajajaja!— Volví a arrojar el té por la nariz… Camille se puso seria por un momento y dijo:

—No. El cardenal era demasiado viejo para mí, además ya estaba en la perdición… Sí me gustan mayores, pero no tanto.— En eso llegó a mi cabeza, como una pedrada… Recordé y le dije traviesamente:

—¡Jijiji! Pero… ¿Qué tal el capitán Tenarius? Ese todavía está de muy buen ver…— Camille se puso roja, roja, roja e instintivamente Lianne y yo, nos vimos a la cara sonriendo… Lianne dijo:

—¡Nah…? ¡Camille! ¡Quién lo hubiera pensado? ¡Tan bien portadita y le has estado dando un buen apretón de tuercas al capitán…!— Camille se quedó en silencio con la cabeza agachada… «¡Eh! Lo dije sin pensar, ¿le atiné? ¡Jajaja!» Lianne dijo, dudando:

—Espera un momento… ¿Renacuajo le atinó…? ¿De verdad? ¡Jajaja! ¡Cuéntanos todo…!— Camille trataba de tranquilizarse y normalizar su respiración… Empezó a balbucear… —Pues… No… No es como que hubiera ido fuera de mi camino para buscarlo… Solo pasaron las cosas y sí yo sé, que es un hombre casado… Espero mi diosa me perdone…— Lianne dijo:

—¡Ajá! ¡Todas dicen eso…! ¡Jajajaja!— Reí junto con Lianne y le dije a Camille:

—¡Jijiji! Tranquila, Camille… No pasa nada, no estás rompiendo un matrimonio, ni nada por el estilo, solo es una aventurilla… Y lo más importante es que ambos hayan encontrado felicidad en ese momento. ¡Jijiji!— Lianne asintió con la cabeza y Camille dijo, riendo:

—Lo sé… Soy una pecadora incorregible, primero pecaba de una cosa, se arregló y ahora ya estoy con otra… Al menos ambos quedamos tranquilos solo con eso.— Lianne dijo, sonriendo como una diablesa:

—¿No lo volverías a hacer…?— Camille se sonrojó y dijo terminantemente:

—¡No lo sé y ya no me bombardeen con esas cosas…!— Solamente reímos y seguimos platicando de un sin fin de cosas…

Por fin, había llegado el momento de acostarnos… Solamente había dos camas. Camille se acostó con Penny y yo con Lianne. Lianne me dijo:

—¡Renacuajo, no empieces a patalear en la noche o te echo al suelo!— «¡Buuu! Que fea…» Le dije:

—No lo hago a propósito…

—Lo sé, por eso dormirás, volteando al otro lado para que no me vayas a dar un rodillazo en el estómago y yo te abrazaré por la espalda para que no te puedas voltear.— «¿Mmmh…?» Me acosté y me abrazó, diciendo:

—Buenas noches, hermanita.— Me acomodé y le contesté:

—Buenas noches…

Al día siguiente, regresé a mi habitación con Ray, aún vestida de ranita. Ray se me quedó viendo de pies a cabeza y yo le dije, un poco molesta:

—¡Eh! ¡Es algo que se les ocurrió, no preguntes y mucho menos te vayas a burlar! En seguida me cambio para que vayamos a desayunar…— Él me detuvo y dijo:

—¡Qué linda ranita! Te ves muy hermosa…— «¡Eh?» Le dije, viéndolo a los ojos:

—¿En serio, te gustan este tipo de cosas?— Él dijo:

—Te ves tan tierna y linda, que solo puedo pensar en amarte toda la mañana…— «¡Waah! Mmmh…» No sé por qué, pero en ese momento, ese comentario prendió algo dentro de mí y dije, sonriendo:

—Bueno… Tal vez esta ranita se tienda por aquí en la cama y un guapo y fuerte caballero la encuentre y le pueda hacer todas las cosas que le vengan a la mente… ¡Jijiji!— Reí traviesamente y le dije:

—Vamos, aún tenemos un rato en los que los demás se bañan y se alistan.— Le hice un guiño…

Aún teníamos un rato antes de que acabara el invierno… Decidí que lo mejor sería empezar con un poco de ejercicio. «No puedo estar todo el día, cociéndome como un pollo en las termas…» A partir de ese día, decidí por lo menos ejercitarme un par de horas y practicar mi magia y la espada, al menos una hora más todos los días.. En ocasiones, alguno de ellos también practicaba conmigo. Así lo hice todos los días, hasta el día que entregaríamos las cabañas y partiríamos a ver a los enanos por el equipo, para luego marcharnos al norte.

El día que desocupamos la propiedad, le dimos una ligera limpieza, preparamos nuestras cosas y nos pusimos en marcha, rumbo a la villa de los enanos… Había sido un descanso fabuloso, disfruté tanto estar con todos mis amigos, sin tener encima todas las preocupaciones del combate y los conflictos… «No importa lo que tenga que hacer, debo de lograr mi objetivo para que todas las personas puedan tener momentos de paz como estos. Ya sea divirtiéndose, trabajando o simplemente, conviviendo en paz».

Decidimos apresurar la marcha para descansar y cenar, hasta que estuviéramos allá… Llegamos, pasamos el punto de vigilancia y nos dirigimos directamente al taller de Barthis y sus hermanos. Entramos… Todos en el lugar, una media docena de trabajadores y aprendices, junto con Barthis y los demás maestros, estaban brindando… Barthis dijo, riendo al vernos entrar:

—¡Jajaja! ¡Lo ven? ¡Justo a tiempo, les dije que Arlinne hablaba en serio!— Nosotros saludamos con gestos y señas, mientras nos acercábamos… Nos hicieron un espacio entre ellos, mientras varios enanos corrían a acomodar cosas y jalar algunos modelos que utilizaban para ir armando las elaboradas armaduras… Beldum dijo:

—Todo está listo, Arlinne. Justo hoy terminamos los detalles finales… Están trayendo las cosas, para que se las puedan probar de una vez y arreglar cualquier detalle que puedan tener.— Asentí sonriendo, mientras me servían un vaso de alcohol… Recordé mi resaca y me prometí a mí misma, nunca más abusar de una bebida alcohólica tan fuerte, pero supongo que un par de tragos no me harán daño…

Por fin, las piezas estaban frente a nosotros… Los aprendices las desmontaron y nos empezaron a ayudar a vestirnos, mientras hacían anotaciones y tomaban medidas. Todas habían quedado completamente a la medida, hechas perfectamente a la anatomía de nuestros cuerpos, tomando en cuenta la movilidad en cualquier situación. Los sobrevestes de Camille y mío, estaban muy bien ajustados a nuestra anatomía, ni un centímetro más, ni uno menos… Era un trabajo estupendo, ambos teñidos de color blanco, con vivos y bordes idénticos a los de nuestras vestiduras habituales. Las armaduras de Grand y Ray, perfectas… Media armadura de placas, con media armadura de cuero, ambas de color negro con vivos plateados, todo en cinco piezas, peto, grebas, pantalones, guantes y casco… «¡Guau!» Parecían héroes de leyendas e historias, como las que me gustaba tanto leer. Lianne se puso su nueva toga, hecha de hermosos bordados de color azul con blanco, que en la oscuridad del taller, donde solamente alumbraba la luz de las forjas, brillaba como sí emitiera ligeros resplandores. Por último, la armadura de cuero de Penny… Media armadura de cuero de color negro, completamente ajustada a su silueta como sí se tratara de un guante… El peto con múltiples compartimentos en toda su anatomía, rematados en cierres metálicos y broches. El pantalón era medio pantalón ajustado, de igual forma a su silueta que le llegaba hasta sus rodillas, con los mismos acabados que el peto. Guantes, botas y túnica con el mismo estilo… Se veía hermosa, además le daba un ligero aire siniestro, como si fuera una sombra, que acecha en la penumbra.

Había quedado fascinada… «No tengo idea del valor de algo como esto… Pero estoy casi segura, que cada una de las piezas, bien podría pasar por una pequeña fortuna con algún coleccionista, sin mencionar… Que además habían sido fabricadas exclusivamente para nosotros y nuestras medidas exactas en mente». Beldum se acercó a Camille y a mí. Dijo:

—Arlinne, Camille… Este es un pequeño regalo adicional, como a ustedes dos solo les hicimos los sobrevestes, tuvimos un poquito de tiempo y decidí coserles algo único para cada una…— Los extendió frente a nuestros ojos… Era un juego de ropa, idéntico al que solía usar. El mío, idéntico al conjunto rosa con rojo o al azul, pero de color blanco, con el mismo diseño y los mismos vivos… Un color blanco que en la oscuridad brillaba como la plata. Y para Camille, un conjunto idéntico al suyo de color blanco, pero en color dorado.

Barthis dijo:

—Los dejaremos solos un momento, para que se puedan vestir por completo. Ya nos aseguramos de que les quedan perfectos.— Los enanos se alejaron al otro lado del taller y nos vestimos… Camille y yo, de paso cambiamos nuestras ropas por las nuevas. Por fin, todo estuvo listo… ¡Qué ilusión, todos nos veíamos increíbles! «Nunca me he imaginado como una heroína… Pero con todo esto puesto, seguro parecemos héroes sacados de una historia de fantasía. Y como dice el dicho… Para ser cualquier cosa, el primer paso es aparentar serlo. ¡Jijiji!»

Caminamos llenos de orgullo a su encuentro e incluso ellos mismos, se quedaron boquiabiertos al ver cobrar vida las piezas que habían creado con todo su esfuerzo, orgullo y corazón… Tanto, que incluso empezaron a aplaudir… Les dije, sollozando:

—¡Muchas gracias a todos!— Y corrí a abrazarlos uno por uno, para al final dirigirme con Barthis y decirle:

—Muchas gracias, no sé como te podamos pagar todo esto… Esto a simple vista y sin tomar en cuenta que fue hecho a la medida, debe de valer una fortuna…— Él empezó a reír, acariciando su barba, para después observarme con su clásica mirada, cerrando un ojo y el otro apuntándolo directo a mi cara…

—¡Jajaja! No te preocupes… El costo de todo este equipo, es… Que cumplas tu promesa y le pongas un final a la guerra entre tus hermanos.— Yo asentí contenta y empezamos a buscar el oro que les debíamos en nuestro equipo para pagarles… Obviamente, le agregamos un extra, después de todo, algo como eso que traíamos puesto, seguramente sería único en la vida.

Todos brindamos y platicamos, festejando… Hasta que los trabajadores de Barthis se tuvieron que retirar a sus hogares. Barthis dijo:

—Muy bien, vamos a la casa para que puedan cenar y descansar. Mañana por la mañana, les entregaré los mapas con la ruta marcada para llegar a la entrada del reino subterráneo, así como explicarles todos los detalles.— Así lo hicimos, cenamos y convivimos un rato más antes de irnos a descansar.

A la mañana siguiente, nos levantamos, tomamos algo ligero de desayunar y al terminar, la señora Martha recogió la mesa, para que Barthis pudiera desplegar un mapa sobre ella. Barthis dijo:

—Este es el lugar… Deben de seguir por el camino principal al norte, rodeando las colinas, pasando el reino de Montloarc. Entrarán al antiguo reino de Lando, deben de seguir el mismo camino, hasta llegar a la antigua capital que ahora se encuentra en ruinas, a las afueras de ese lugar, algunos grados al este, se encuentra una serie de cavernas al ras de las llanuras de los valles. Es ahí, donde se encuentra la entrada… A lo más, a unos veinte kilómetros de la antigua capital, por eso es importante que la usen como punto de referencia…— Volteé a ver a los demás… Grand hacía anotaciones, mientras se recargaba por completo sobre el mapa. Penny, igual estaba poniendo mucha atención, mientras el lobito le lengüeteaba la mano, para que le prestara atención. Camille y Lianne, simplemente dejaban que Grand se hiciera cargo… Lianne se tomaba un té, tranquilamente cruzada de piernas, mientras Camille ayudaba con las cosas de la cocina a la señora Martha y Ray… «¡Espera un momento…! ¿Dónde está Ray…?»

Volteé a todos lados… No se veía por ningún lugar. «¿Fue al baño…?» Me separé un momento del lugar, mientras Grand tomaba nota de lo más importante… Busqué a Ray en el interior de la casa, pero nada… «¿Salió? Mmmh…» Salí a las empedradas calles de la villa subterránea y lo vi… Estaba recargado en una de las paredes de la casa, fumándose un cigarrillo… «¡Qué diablos…?» Fui hasta él y le dije:

—¿Ray, pasa algo…? Es importante lo que estamos tratando, ¿te sientes mal?— Él me contestó sonriendo de una forma condescendiente…

—No, Arlinne, todo bien… Pero no hay necesidad de que esté ahí. Grand se puede hacer cargo de todo eso…— «Mmmh…» Nunca en la vida, Ray me había visto con esa mirada y esa mueca en su rostro… «¡Qué es lo que está mal…? ¿Está enojado conmigo? ¿Hice algo malo? ¿Algo que no le gustó? No lo sé…» Tenía ganas de preguntar, cual era el problema, pero… «Tal vez, solo quiere estar un segundo a solas…» Sonreí como siempre y le dije:

—Está bien… ¿Te vemos en un rato?— Él dijo, esta vez con su mirada como siempre: —Claro, en un segundo estoy por ahí…— Seguí sonriendo y me metí a la casa…

Regresé con el resto, aún pensando en Ray… «¿Es por qué tenemos que pasar por la capital del reino de Lando? Ya Grand me había dicho que era un tema delicado para él… Y la vez que le quise preguntar me mando a volar, como tampoco lo había hecho una sola vez en nuestra relación… Que sí bien, ha sido de corta duración, siento que ha sido de lo más profunda y sincera… Es más, nunca lo había visto así, ni siquiera cuando pasó lo de Analena… Él siempre está calmado y tranquilo, tratando de comprenderme… Es el más pertinente de todos los hombres con su pareja… ¿Qué puede ser lo que lo pone así? ¿Por qué…? A mí me aguanta todo… Berrinches, caprichos, depresión, groserías… ¿Qué es aquello que odia de ese lugar…?» La voz de Barthis, me regresó a la realidad…

—¿Arlinne, entendiste?— «¡Eh…?» Dije, sorprendida:

—Lo siento… ¿Me puedes volver a repetir lo último, por favor?— Saqué la lengua haciendo una mueca… Él gruñó y dijo:

—¡Sí, pero pon atención esta vez!— Él volvió a empezar a explicar…

—Este es el mapa del reino subterráneo, al menos de esa zona donde ustedes van a descender… No quiero que se pongan en riesgo, este lugar está habitado por peligrosas criaturas, pero hay un par de cosas de las que deben de tomar más atención… La primera son los elfos oscuros… Son peligrosos, Arlinne. No son monstruos, son organizados, muy inteligentes y extremadamente maliciosos… Te recomiendo, que de ser posible, ni siquiera intenten enfrentarlos. Sí se encuentran con alguno de sus puestos de avanzada o asentamiento, mejor rodearlo, ¿entendiste?— Asentí con mi cabeza y le dije:

—Sí, lo sé… He leído algunas cosas acerca de ellos. No iremos por ahí, quemando sus ciudadelas, ni nada por el estilo… Sí los vemos antes que ellos a nosotros, trataremos de evitarlos.— Él dijo:

—Muy bien… La otra cosa, los elfos oscuros suelen criar arañas gigantes como ustedes los humanos crían perros… Las usan para protección, patrullaje, ¿me entiendes? Sí ven redes o nidos de arañas, ten por seguro que los elfos se encuentran cerca… Por lo que más quieras no vayas a cometer el error más común que cometen los exploradores y aventureros… Sí atraen la atención de las arañas, no huyan sobre sus pasos de ellas, porque seguro del otro lado los espera una emboscada de los elfos. Mejor liársela con las arañas y no volver sobre tus pasos a una trampa inminente, ¿está bien?— «¡Arañas…? ¿Gigantes y peludas arañas? ¿Cómo las de mi sueño?» Le dije, con mi voz un poco temblorosa:

—Está bien, entendido…— Él dijo:

—Todo está marcado en el mapa… Sé que ustedes pueden usar magia, así que la iluminación no será un problema, pero aun así… Tomen esto. Son cristales de palanurita.— «¿Cristal de qué…?» Le dije:

—¿Qué es eso…?

—La palanurita es un mineral que usa nuestra gente para ver en la oscuridad, sin necesidad de antorchas y magia… Tiene una cualidad especial, ¿sabes? Las criaturas que pueden ver en total oscuridad, como el noventa por ciento de las criaturas del lugar a donde se dirigen, no pueden ver la luz que emite, solo las criaturas acostumbradas a la luz directa del sol, pueden ver su resplandor en la oscuridad.— «¡Oh…!» Le dije:

—¡Eso será muy útil, gracias!— «Además ayudará a mi complejo de estar sola en total oscuridad…» Nos dio los amuletos, hechos de una pequeña cuerda y un trozo del mineral colgando de ellas, uno para cada uno, incluido el lobo.

Ray entró de regreso a la habitación, como sí nada… Barthis dijo:

—¿Cuándo partirán, Arlinne?— Le contesté:

—Pues… Lo antes posible. No quiero que nos agarren las prisas. Quiero poder buscar con calma el mineral que quieres, además debemos hacer algo de tiempo también, para llegar a nuestro destino.

—Está bien, mucho cuidado, Arlinne. Los quiero volver a ver a todos, sanos y salvos… ¡Aah! Y si ves que hay demasiado en juego, olvida el mineral y solo salgan de ahí, por favor… Ya podrán ir después por él.— Asentí y le dije:

—Muchas gracias por todo, nos encargaremos de que reciban el mineral en la villa de las montañas de Kharsten.— Nos despedimos de Barthis, su esposa y sus hermanos… Nos dirigimos a la villa, para comprar algo de provisiones y cargar los caballos.

Me quedé pensando un largo rato, mientras comprábamos las provisiones… «Algo no está bien… ¡Aah! Cierto». Les dije a todos, pero especialmente dirigiéndome a Grand:

—Oigan… ¿Podremos bajar a ese lugar con los caballos?— Grand acarició su barbilla y dijo: —Lo dudo, Arlinne. Sería demasiado peligroso, tanto para los caballos, como para nosotros al irlos cuidando y maniobrando por ese lugar… Dudo que se pueda siquiera cabalgar por largos periodos de tiempo ahí abajo.— Le dije:

—¿Qué haremos con ellos…? No tenemos donde dejarlos y saliendo de ahí, vamos a tener que caminar, en lo que conseguimos otros… Pero en especial, no quiero soltarlos.— Lianne dijo:

—No te preocupes, renacuajo. Eso está resuelto.— «¡Eh…?»

—¿Cómo…?— Ella dijo:

—¿Recuerdas el conjuro que utilizamos para traer el baúl del maestro? Pues… Lo he perfeccionado un poquito más y yo creo que podríamos usarlo para dejar los caballos en el establo de la torre en lo que estamos ahí debajo.— Le dije, sorprendida:

—¡De verdad?— Ella afirmó, diciendo:

—Sí, pero desafortunadamente, aún no lo podemos usar nosotros para regresar y no es por que sea inestable como al principio… El problema es que aún no puedo realizarlo en cualquier momento que yo quiera. Debo de prepararlo con anterioridad y el intervalo entre sus usos aún no puedo reducirlo a menos de diez días… Así que no, nos sacará de un aprieto.— «Mmmh…» Le dije:

—Entiendo… Aún así, será de mucha ayuda… Al menos podremos mantener a nuestras montas a salvo, ¡me parece genial!

Terminamos de comprar lo necesario y decidimos partir de una vez… Descenderíamos de la montaña al camino principal, que serpenteaba alrededor de algunas de ellas, dirigiéndose hacia el norte. La meta de ese día, era por lo menos llegar al camino principal. Ya que era de bajada, no podíamos ir muy rápido por las angostas veredas de la falda de la montaña… Así que era mejor hacerlo con cuidado… Nos tomó todo el día. Pero al anochecer, por fin habíamos llegado al camino principal que conectaba el reino de Montloarc con el extinto reino de Lando… Decidimos acampar a un lado del camino.

Ya no hacía tanto frío, pronto empezaría la primavera, pero aún así… El aire frío que bajaba de las montañas, era suficiente para que me sintiera a disgusto. Los chicos preparaban las cosas para el campamento, mientras Camille preparaba una rica sopita de verduras… Esta vez, solo me quedé ahí sentada, viéndolos hacer las cosas… El lobo recargó su hocico en mis piernas y lo empecé a acariciar. Me perdí por un momento en mis pensamientos, hasta que recordé… «¡Cierto…! Le daré de comer al lobito. Le compré algunos huesitos frescos de ternera para estos primeros días…» Desenvolví el paquete y en un traste metálico que le había comprado en Montloarc, se los serví junto con un poco de carne fresca. Él, inmediatamente se puso a dar de saltos alrededor de mí, alzando y bajando su cabeza… Le dije:

—¡Ya, ya, aquí está la comida! Come despacio… No se te vaya a atorar. Te serviré un poquito de agua.— Me volví a sentar, observándolo comer… Penny se acercó a mí y me dijo: —¿Oye, Arlinne? Quería preguntarte esto hace tiempo, solo que nunca encontré el momento adecuado… ¿Cómo le hiciste para convertir a Ganda, en tu mascota? ¿Fue una brujería?— «¿Ganda…? ¿Quién es ese?» Hice una cara de tonta, como sí no supiera lo que decía y la vi a la cara… Ella dijo, un poco desesperada:

—¡Si, Ganda…! ¡Este, qué tú le dices lobito!— «¡Aah!» Comencé a reír y le dije, bromeando:

—¡Jijiji! Es una brujería que ya conoces, Penny, te la hice a ti también… ¿A poco no te diste cuenta?— Ella se asustó, se puso de pie y se empezó a revisar todas las partes de su cuerpo… Empezó a decirme desesperada:

—¡No, Arlinne! ¡Te dije qué lo que quisieras, pero sin brujerías! ¡Quítamela, por favor! ¡Quítamela, haré lo que tú quieras!— Le seguí el juego y acariciando mi barbilla, le dije: —Mmmh… ¿Lo qué yo quiera?— Ella dijo, ya casi llorando:

—¡Sí, lo que sea, pero quítamela!— No aguanté más y me empecé casi a orinar de la risa… Le dije:

—¡Jajaja! ¡No seas bruta, no tienes ninguna brujería y al lobito, tampoco le hice ninguna!— Ella dejó de dar vueltas alrededor de mí y dijo:

—¡No es cierto, no te creo! Ahora sé que eres una bruja buena, pero bruja al fin… ¡Qué me hiciste?

—Ya te he dicho mil veces, que no soy bruja… Soy hechicera y no te hice nada, ni al lobo.— Se calmó un poco más y dijo:

—¿En serio?— Le dije, desesperada:

—¡Qué no…!— Ella dijo:

—¿Y entonces…? El espíritu de los bosques del norte, Ganda. Es una criatura majestuosa y orgullosa… ¿Cómo hiciste para que estuviera aquí, como si fuera tu perro…?— Le dije: —Nada… Solo lo traté con cariño y respeto… Y no es mi mascota, es también nuestro compañero.— Camille nos habló para que nos acercáramos a cenar…

Fin del Capítulo 22.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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