Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 23
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Capítulo 23: Capítulo XXIII: Espada.
Capítulo 23.
Por fin, estábamos en marcha a lo largo del camino principal… Según los cálculos de Grand, deberíamos estar ahí, en la antigua capital de Lando en unos ocho días de viaje. Extrañamente como iba pasando el tiempo, Ray se volvía más reservado conmigo, al grado de que cuando estábamos a solo unos cuantos días, ya solo hablaba para lo más necesario… Me sentía muy mal emocionalmente… «¿Qué pasa con él? ¿Está enojado conmigo? Algo es seguro, el lugar al que nos dirigimos, lo pone de esa manera, pero… Independientemente de eso, ¿hice yo algo malo…? No lo sé… ¡Ray, por favor dime algo! ¡Qué debo de hacer en situaciones como estas? No tengo nada de experiencia en las relaciones… ¿Sí intento hacer algo y simplemente lo echo a perder?»
Acampamos por la noche, aún nos faltaban dos días de camino… «No es mucho tiempo, pero con Ray de esa manera, se me ha hecho como sí fuera una eternidad…» Después de cenar, se repartieron las guardias… Ray comenzaría. Penny insistía, al igual que yo al principio para que la dejaran hacer guardia, pero ellos simplemente la mandaban a dormir. Antes de acostarme lo decidí, debía hablar con él. Por un momento me quedé pensando, helada… «¿Y sí, ya no me ama…? A lo mejor ya se siente como si estuviera a la fuerza… A lo mejor, simplemente ya no desea estar más conmigo y su mente está en otro lugar…» Mis manos temblaban con la idea, de que podría ser que estuviera a punto de perderlo…
Tenía mucho miedo, pero sí algo así estaba sucediendo, mejor que pasara de una vez… «Igual y puedo hacer algo para retenerlo, para reconquistarlo, que sé yo, algo se me debe de ocurrir… Es la persona que más amo en el mundo, lo amo más que a mi propia vida…» Caminé lentamente hasta él… Estaba sentando frente al fuego con su vista perdida dentro de él. Le dije:
—Ray, amorcito… ¿Podemos hablar?— Él ni siquiera me escuchó, ni notó mi presencia hasta que estaba frente a él… Llorando. Él dijo:
—¿Qué pasa, Arlinne? ¿Estás bien?— Le dije:
—Amor… Discúlpame, pero ya no aguanto más, verte de esa manera… ¿Qué es lo que está pasando? Dime por favor, ¿estás enojado conmigo? ¿Hice algo malo? Te juro que sí me dices que fue lo que te molestó, lo puedo cambiar… Solo dime algo.— Él me volvió a ver con esa mueca y risa condescendiente… Dijo:
—Tranquila, Arlinne. No empieces a meter tu cabeza en la botella, todo está bien entre nosotros… Solamente necesito un tiempo a solas para organizar mis pensamientos, ¿está bien?— Le dije, mucho más tranquila:
—¿Es por ese lugar, verdad? La capital de Lando… Sí me dijeras que te ocurre, tal vez pueda ayudarte un poquito o tal vez, simplemente contar tus problemas, te podría ayudar a sentirte un poco más tranquilo.— Lo vi claramente molesto… Como nunca lo había visto conmigo… Dijo:
—Arlinne, prometiste que no te entrometerías…— No me quedó de otra, más que agachar la mirada y decir:
—Sí… Lo siento.— Por un momento, Ray volvió a ser el de siempre, se puso de pie y me cargó en sus brazos… Yo me quedé sorprendida. Él dijo tiernamente:
—Arlinne, basta de esto. No pasa nada entre nosotros, ¿Sí? Todo está bien, dame algo de tiempo, te lo recompensaré.— Me cargó en brazos hasta mi mantita, me depositó en ella y me arropó, para decir:
—Buenas noches, ranita.— Me dio un beso en la frente… «Bueno, no salió como esperaba, pero al menos me siento más tranquila». Le contesté:
—Está bien… Buenas noches, amor.
Desperté a la mañana siguiente, ya estaban todos desayunando… Me puse de pie aún con mis ojos pegados por las lagañas. Camille me pasó un plato de avena preparada con fruta seca… «¡Bleeh! ¿Qué es esto? ¡Pfff! ¿Por qué toda la comida que no se echa a perder, me sabe tan mal…? ¿Seré solo yo? Ni modo… A desayunar». Volteé buscando a Ray por todos lados… Estaba atendiendo los caballos. Grand dijo:
—Arlinne, a partir de este punto, debemos de ser un poco más cuidadosos, parece ser que después de que cayó la capital del reino, las tierras de cultivo más alejadas de las planicies, poco a poco por el clima y la falta de atención, se han ido convirtiendo de vuelta en tierras pantanosas… Debemos andarnos con cuidado, tanto por los monstruos, así como por el camino en general, que puede ser peligroso para los caballos.— Asentí con la cabeza y le dije:
—Sí, bajemos un poco la velocidad y sí vemos cenagales que podamos rodear, será mejor hacerlo de esa manera.— Me puse de pie y le di de comer al lobo… Lo vi y le dije, mientras le servía en su bandeja:
—Lo siento, tendrás también que desayunar comida seca para perro…— Él gimió, mientras olisqueaba las endurecidas galletas… Le dije:
—Sí, lo sé… Son asquerosas, pero mientras no podamos cazar carne fresca, es lo que hay y créeme, a mí me duele incluso mucho más que a ti.— Renuentemente las empezó a masticar, mordiéndolas con las piezas posteriores de su dentadura. Comencé a arreglar las cosas para que continuáramos en marcha… Grand se acercó a mí y dijo:
—Arlinne… ¿Todo bien con Ray?— Viéndose un poco apesadumbrado… Sonreí discretamente y le dije:
—No lo sé…— Él dijo:
—Ya veo…— Sin dejarme caer esta vez por la preocupación, le dije:
—Hablé con él… Dice que estará bien, solo que necesita un poco de tiempo.— Grand dijo: —Bien, entonces démosle un poco de espacio.— Asentí sonriendo. Lianne nos interrumpió, llamando a Grand y diciendo:
—¿Grand, estas cosas las puedo almacenar permanentemente o las ocuparás pronto?— Él dijo, sin pensar:
—No lo sé, mielecita. Déjalas ahí en ese saco, sí te estorban yo me encargaré de ellas.— «Mmmh… ¡Mielecita? ¡Jajajajaja!» Hice el esfuerzo más sobrehumano del que tengo memoria para no explotar en carcajadas y sonriendo, me alejé de ahí volando… Les dije, aún aguantando la risa:
—Debo de ir a atender unos asuntos personales… En cuanto termine, partiremos.— Me alejé lo más que pude, como sí fuera a ir al baño y exploté en carcajadas… «¡Jajajajaja! ¡Mielecita… ? ¡Jajaja! Mejor dicho… ¡Hielecita…! ¡Jajajajaja!»
Continuamos nuestro viaje en dirección de la antigua capital del reino de Lando… «En verdad, estas tierras están azoradas… Con esto, también puedo llegar a la conclusión de mi teoría. Quien fuera que estuviera dando órdenes a los virzuk, no le interesaba realmente la conquista… Todos estos territorios con el cuidado adecuado, deberían de ser excelentes tierras de cultivo, pero al verlos ahora, anegados, arruinados, tan solo con uno que otro rastro de la antigua civilización que estuvo aquí hace años, me deja segura de eso… La persona que está detrás de todo esto, lo único que busca es la destrucción, el caos… ¡Qué desperdicio…! Pero ya me encargaré de que pague por todo esto, ya lo verá…»
Nos adentrábamos cada vez más en las tierras pantanosas… La vegetación, poco a poco había empezado a reclamar las antiguas planicies y ahora no era más que una ciénaga. La visibilidad se había vuelto difícil por la maleza… Me empecé a preocupar. «Este bien podría ser el hogar de monstruos como goblinoides, pero eso es lo de menos… Me preocupa mucho más, las aberraciones que podrían haber hecho este lugar su hogar, después de que por años no ha habido ninguna civilización cercana…» Pasado el mediodía, Penny se acercó y me dijo:
—Arlinne, no estamos solos… Escucho ruidos extraños alrededor de nosotros.— Le dije: —¿Muy cerca…?— Ella me dijo:
—Eso es lo preocupante… Cada vez más cerca.— Le dije:
—¿Sabes que podría ser?
—Lo ignoro, es un ruido que no puedo discernir con exactitud… Suena, como sí nuestros perseguidores, arrastraran algo por el piso…— «Mmmh… Ni idea». Les dije a todos:
—Nos están siguiendo, no se descuiden. En cuanto lleguemos a un claro, desmontaremos, cercaremos los caballos y nos encargaremos de ver de que se trata.— Todos estuvieron de acuerdo. Grand se fue a la retaguardia para cubrir a Camille y Lianne, por si cualquier cosa y yo me emparejé adelante con Ray…
Llegamos hasta un claro, desmontamos, pusimos los caballos en el centro y los rodeamos… Penny dijo:
—Ahora vuelvo, iré a ver de que se trata…— Le dije:
—¡Qué…? ¡Estás loca? ¡No!— Ella dijo tranquilamente:
—Arlinne, ese es mi trabajo… ¿No habías dicho que sería la rastreadora del grupo? Bueno, mi trabajo incluye hacer eso, ya vuelvo…— Moviéndose como un gato, simplemente desapareció detrás de unos árboles… «¡Me lleva la chingada…! ¡Qué hice? Lo que menos quería es que Penny siempre estuviera en peligro y ahora tiene el trabajo más peligroso de todos…» Volteé a ver a Ray y él me dijo:
—Calma, Arlinne, también debes de confiar en ella, seguro estará bien.— Suspiré profundamente, mientras trataba de relajarme… Hasta que Camille gritó y dijo:
—¡Están aquí! ¡Qué es eso…?— Vimos salir de la espesura una maraña de lianas en movimiento… Era como sí una enorme planta rastrera hubiera cobrado vida.
Antes de que pudiéramos reaccionar, lanzó sus ramas hacia el frente, como sí fueran tentáculos e intentó sujetarnos de nuestras extremidades a todos a la vez… Alcanzamos a reaccionar y evitar sus lianas… Yo salté hacia un lado. Ray y Grand, las cortaron al vuelo con sus armas y Lianne de milagro, se tiró al piso y las evitó… Pero desafortunadamente, Camille quedó atrapada de brazos y piernas por las ramas. La criatura la empezó a arrastrar lentamente por el piso hacia ella… Salimos velozmente en su ayuda, mientras Lianne trataba de incorporarse nuevamente, pero la aberración lanzó docenas más de ramas a nuestro encuentro, como sí solo le interesara defender a la presa que había capturado y alejarnos de ella lo más posible… Alcancé a ver como la planta quedó descubierta de su interior. El interior de la planta era otra docena más de ramas, pero estas terminaban todas en unas enormes fauces… «¡Qué demonios es eso? ¡Jamás en la vida, he visto un monstruo como ese en los compendios de la torre! ¡Debemos apresurarnos o Camille va a resultar herida…!» Pero… Eran demasiadas las ramas que se arremolinaban al frente, el hierro no podía pasar por tantas a la vez… «No hay opción, va a tener que ser la hechicería…» Pero yo estaba sobrepasada por la defensa de la criatura… No podía pararme y concentrarme, para empezar a conjurar, la única opción es que Lianne estuviera libre y pudiera usar su magia…
Camille hacia todo su esfuerzo para resistirse, pero la aberración era demasiado fuerte para ella… Estaba muy cerca de llegar a la distancia de las fauces que ya se estiraban para tratar de alcanzarla. No había tiempo y como pude, me lancé… En lugar de hacia adelante, hacia un lado, para quitarle a Lianne unas cuantas ramas, que la intentaban atrapar como había hecho con Camille… Las corté rápidamente y le dije:
—¡Lianne, no hay tiempo, te cubriré, carbonízala!— Ella empezó a canalizar, asintiendo con su cabeza… Pero justo en ese momento, vimos que Penny lanzaba un objeto desde arriba de un árbol, sobre la aberración… Al momento de tocar el piso, el objeto estalló, exactamente alrededor de la docena de fauces, haciendo un estruendo y llenando todo de un espeso humo de color blanco.
La bestia estalló en alaridos, que emitían cada una de sus bocas… Y todas sus ramas se empezaron a mover al azar, azotando en todas direcciones, soltando a Camille en el proceso. Camille corrió de vuelta hacia nosotros y Lianne terminó su conjuro, el viento cálido empezó a soplar alrededor de la aberración, despejando el humo de la bomba que había lanzado Penny… Solamente alcancé a verla una última vez… Con todas sus fauces y lianas centrales, llenas de una sustancia de color blanco parecida a la harina, para después estallar en llamas, emitiendo alaridos incomprehensibles…
Tomé de la mano a Camille que recuperaba su aliento y le pregunté:
—¿Estás bien?— Ella dijo, aún un poco asustada:
—Sí…— Volteé a ver a Lianne, quien terminaba su conjuro, pero justo en ese instante… Un par de aberraciones más, salieron de la espesura del lado contrario y lanzaron sus ramas hacia Lianne que era el objetivo más cercano…
Volví a intentar ganarles la iniciativa y ponerme en su lugar… Pero antes de que siquiera pudiera reaccionar, Grand ya estaba frente a ella. Cortó algunas ramas con su hacha, pero eran demasiadas las de ambas bestias y lo empezaron a anudar de brazos y piernas… Me asusté y les grité:
—¡Vamos a ayudarlo!— La risa de Grand me interrumpió y dijo:
—¡Jajaja! Arlinne, calma… No hay problema, las tengo justo donde las quiero.— Volteó a ver a Ray y sin decirse una sola palabra empezaron a actuar…
Grand se concentró igual que esa vez en la batalla de Montloarc, donde derribaron al dragón y en un instante, una aura empezó a rodear su cuerpo… «¿Qué es eso? ¿Es magia…?» Y con una fuerza descomunal, empezó a jalar hacia ellos a las dos aberraciones… Las empezó a halar como sí sus ramas fueran una cuerda. Las bestias gruñeron y revolotearon, el resto de sus tentáculos al aire, incluso intentando enterrarlos en el piso a forma de raíces… Pero para Grand, eran como niños que tratan de jalar una cuerda contra un gigante… Ray ya los estaba esperando a cierta distancia con su arma desenfundada… Cuando estuvieron a su alcance, se volvió un torbellino de cortes, todos dirigidos a las ramas centrales de las aberraciones. En un segundo se había terminado… Grand se quitaba de encima el resto de las lianas inertes, lanzándolas hacia un lado.
Estaba sudando como un cochino después de la batalla… «Esta vez ni siquiera metí las manos, debo de reaccionar mucho más rápido… Pareciera que después de todo, el largo descanso sí me hizo floja y letárgica…» Recuperaba mi respiración agitadamente… Penny se acercó y me dijo:
—¿A poco, estás cansada, Arlinne? ¡Ya vez, por estar comiendo acostada todo el día, todos los días!— Yo fruncí el ceño y le dije, enojada:
—¡No es cierto! Estuve haciendo ejercicio, solo que como ya empieza a hacer un poco de calorcito, sudo como un marrano… ¡Eso es todo!— Ella rio y dijo:
—¡Ajá…! ¡Jajaja! Aún no puedo entender como me venciste en esa pelea, esa ocasión… Eres una piltrafa, mira nada más…— «¡Bah…!» Me alejé de ella a buscar al lobo, que seguía ladrándoles a las plantas, ya secas en el piso… Le dije:
—¡Ya, ya! Están muertas, ven para acá, bebamos algo de agua…— Saqué un poco de agua de las botas de los caballos y le serví en su traste… Yo la bebí directo de la pala…
Camille ya un poco más tranquila nos empezó a revisar a todos, pero nadie resulto herido… Cuando fue mi turno, puso su mano en mi frente, midió mi pulso y así… Se tomó mucho más tiempo que con los demás. Le dije, extrañada:
—¿Sí…?— Ella sonrió y dijo:
—No, nada… Todo bien. Por un momento creí que estabas enferma, pero parece que te cayó de peso el descanso, solo eso… Poco a poco tu sistema se acostumbrará de nueva cuenta al esfuerzo.— «¡Bah! ¡Tú también? Sí… Holgazanee un poquito, lo acepto, pero no me siento mal, solo me vi lenta y estoy sudando por el calor. ¿Qué no pueden entender eso?»
Continuamos nuestra marcha hacia la capital, decidiendo solo detenernos hasta que saliéramos de esa ciénaga para poder descansar por la noche. Pasado el anochecer, por fin salimos de esa parte del pantano, de ahí en adelante el camino iba hacia abajo, como sí bajara de nivel hasta las antiguas planicies que rodeaban el reino de Lando. Con el cielo estrellado y la luz de la luna, se alcanzaba a ver a la perfección las llanuras, la derruida ciudad y castillo, en el centro de aquel lugar. Los chicos prepararon la fogata y cenamos de nuestras provisiones para irnos a descansar…
Desperté en una bulliciosa ciudad, rodeada de mercaderes, transeúntes y puestos comerciales… «¿Dónde estoy? ¿Es un sueño…? ¡Sí! Lo recuerdo, he soñado con esta ciudad antes… Mmmh… ¿Qué pasó en ese sueño…? No lo recuerdo… Cada que lo intento, me da comezón en mi cabeza y en mi cuello…»
Empecé a caminar por el lugar como sí lo conociera… «¿Por qué me es tan familiar? Juraría que nunca he estado en este lugar en mi vida…» Me empezó a dar calor… La luz del sol era intensa, decidí sentarme por un momento en una fuente en la plaza donde daba la sombra… «¡Ufff! ¡Qué rico, aquí está fresquito!» Empecé a juguetear con mis piernas, recargada en la fuente y pensando… «¿Qué demonios hago aquí…? Hay veces que mis sueños no tienen ningún sentido y lo peor es que por la mañana no los recuerdo más…» En ese instante, escuché una voz familiar… «¡Mmmh…! ¡Esa voz…! ¡Ese muchacho, es…!»
Una pareja de jovencitos, pasó frente a mí y se sentó en la fuente, apenas a un lado mío… La chica le dijo al chico, sonriendo:
—Ranerd… No es tan importante el dinero, ¿qué no lo puedes entender?— «¿Ranerd…? ¡Ray?» Volteé a ver minuciosamente a la pareja… Era verdad, tapé mi boca… «¡Ese es Ray! ¡Solo es un muchachillo! Es tan lindo… Que bonitos ojitos». Volteé a ver a la chica… Ella parecía tener a lo más, unos catorce años… «¡Espera un momento…! ¡Qué poca imaginación, ese es mi mismo peinado! Bueno, su pelo es mucho más largo, pero de arriba está peinada exactamente igual a mí… ¡Mmmh!» No pude más que sentirme molesta, pero por un momento lo descarté, pensando… «Calma, calma… Es solo un sueño». Además la chica… Vaya que era linda, para tener catorce años estaba perfectamente delineada de su figura, ya era una pequeña mujercita y de su rostro no era nada fea… Al contrario, diría yo que se veía bastante tierna y graciosa. Me volví a enfurecer… «Respira, vamos, respira…» El chico le contestó:
—¿Cómo crees, Marine…? Claro que es importante y más, sí vamos a casarnos. Yo no quiero que pases ningún tipo de carencia o miseria por mi culpa… Desafortunadamente, gano poco como soldado de infantería… Pero he estado ahorrando, solo sé paciente, ya lo verás.— La chica le puso su dedo en los labios y le dijo:
—No me importa eso Ranerd, yo sé bien que no será fácil… Y sé bien cuanto ganas y no estoy contigo por eso. ¡Estoy contigo, porque eres el amor de mi vida!— Sentí como una daga en el corazón… «¡Es el primer amor de Ray? ¿Marine…?» Las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas, quería salir corriendo de ahí, pero una curiosidad malsana se apoderó de mí y decidí seguir observando hasta el final…
Marine le dijo, después de quitar su dedo de sus labios y plantarle un ligero beso:
—Por eso, amor… ¡Vámonos de aquí, abandonemos la ciudad de Lando, juntos…! Yo no puedo vivir más con este nudo en el corazón a causa de la guerra… Sabiendo que tú estas en el frente, peleando y que cualquier día, algo horrible te puede pasar… ¡Te lo pido de rodillas, vámonos de aquí, tomemos las pocas posesiones que tenemos y salgamos de aquí, rumbo a Montloarc o más al sur y empecemos una nueva vida, como marido y mujer!— La chica se había puesto de rodillas frente a él… Llorando genuinamente con su corazón en la mano. Ray se vio un poco incómodo por la situación y la ayudó a levantarse para que se sentara de nuevo en la barda de la fuente. Ray dijo, seguro de sí mismo:
—Marine, yo te quiero mucho, pero hagamos las cosas como deben de ser… Mira, hagamos esto… La estación entrante, recibiré algo de oro extra, con eso más lo que tengo guardado, podremos irnos a Montloarc y poner un pequeño negocio… Tal vez, verduras o fruta o algo así… ¿Qué te parece? ¿Puedes esperar a la primavera? Te prometo que después de eso, jamás volveré a empuñar una espada por nadie más, que no sea para defendernos a nosotros y nuestro amor.— Ella dijo, limpiando las lágrimas de su rostro:
—Está bien, amor… Rezaré diario por ti para que regreses con bien y empezaré a contar los días, para que por fin, estemos libres de todo esto…— Ray asintió con la cabeza, contento y se abrazaron… Con un profundo y sincero abrazo. Yo estaba bañada en lágrimas… Marine lo separó por un momento y le dijo:
—Ranerd… No olvides que en unos días es tu cumpleaños. Te prepararé un delicioso pastel de zanahoria, ¡tu favorito! Por favor, haz un esfuerzo por regresar temprano ese día, ¿sí?— Ray asintió, sonriendo y diciendo:
—Claro, me encanta ese pastel que solo tú sabes preparar. Te queda delicioso.— Se unieron en un genuino y profundo, beso de amor… No lo soporte más… Me paré y salí corriendo, bañada en lágrimas…
«¡Qué calor! Hace mucho sol… ¡Wahh!» Abrí los ojos… Me había rodado fuera de mi lugar en el campamento y estaba acostada a un par de pasos de la hoguera… «¡Pfff! Con razón tengo tanto calor…» De un salto me puse de pie… «Aún es de madrugada… ¡Qué sudorosa y apestosa…! De bañarme casi diario, a no bañarme ya casi en ocho días… ¡Qué asco…! ¿Por qué tengo los ojos tan pegajosos…?» Tallé mi rostro con mi mano, tratando de quitarme las lagañas que me hacían ver todo borroso… «¡Pfff! ¡Eh…! ¿Quién está haciendo la guardia? Aquí no hay nadie… Bueno, con tanto calor no puedo dormir, tengo una idea…» Fui hacia los caballos, buscando las botas de agua… Serví un poco de agua en una cacerola y regresé a la fogata a que se tibiara un poco… «¿Quién está haciendo la guardia…? Ese bulto de ahí seguro es Grand, es inconfundible… Está dormido a pierna suelta… Eso quiere decir que la guardia le toca a Ray, ¿pero dónde está? Mmmh… A lo mejor solo fue al baño». Quité el agua del fuego, saqué un trapo de mi bolsa y me desnudé, solo quedándome en bragas… «Muy bien, están todos dormidos…» Enjuagué el paño en el agua y me empecé a refrescar de todas las partes de mi cuerpo… «¡Ufff! Justo lo que necesitaba… De paso me asearé un poco». Estuve un buen rato, hasta que quedé satisfecha. Me acicalé un poco, cambié mi ropa interior por limpia y me volví a vestir… «¡Listo! Creo que ahora podré conciliar un poco mejor el sueño». Vacié el agua fuera del campamento y guardé todo.
«No… No hay ni seña de Ray… ¡Mmmh! Pero ahí está su caballo…» Caminé un poco, hacia la punta de la peña, donde habíamos puesto el campamento y por fin, pude verlo… Estaba sentado en una roca, viendo hacia la ciudad desde arriba, mientras fumaba un cigarrillo… «¡Mmmh!» Negué con mi cabeza… «¡Qué necio eres, Ray…! ¡Por qué diablos, no puedes confiar en mí, cómo yo lo hago contigo…? ¿Qué no confiás en mí?» Por primera vez, dejé de sentirme triste y solamente me enfurecí… «¡Está bien, como tú quieras!» Me fui de regreso al campamento, jalé mi mantita lejos del fuego y me acosté de nueva cuenta, junto al lobo… «¡Qué necio, grosero, sátiro y vale madres, eres Ray…!» Me acomodé para empezar a dormir, mientras refunfuñaba… «Pero… Te amo tanto… Tonto, tonto, tonto… Que más da, a dormir… ¿Por qué tengo tanto antojo de un pastel de zanahoria…? ¡Uaaah…! Que sueño… Zzz…»
Abrí los ojos por la mañana, sentía pelos en mi oreja y me moví de golpe por la comezón… «¡Eh!» Dije:
—Espera, lobito. ¿Por qué me pones tu cola en la cara…? ¡Pfff!— El lobo me empezó a lamer toda la cara por completo de una sola lengüeteada… Dije:
—¡Qué te esperes! ¡Jajaja! ¡No quiero besitos por la mañana! ¡Jajaja!— Lo hice a un lado y me puse de pie… Todos estaban de pie antes que yo, como siempre… Penny se acercó y dijo: —Eres muy pesada para dormir, Arlinne… De haberlo sabido antes, esa hubiera sido la forma que debí de haberte atacado en un principio…— «¡Pfff! Mmmh… ¡Así que ya vas ganando confianzas, Puripenialanusa…?» Le dije, sonriendo:
—¿Sí…? ¿Tú crees? ¿Creí que temías a la brujería? Pensé que ni siquiera tú, serías tan tonta para atacarme dormida, sabiendo eso…— Sonreí siniestramente… Se quedó helada, balbuceando…
—¡Ah! ¡Eh! Yo…— Le dije:
—Tal vez deba de mostrarte que te hubiera pasado de haber intentado algo como eso…— Ella salió corriendo, mientras gritaba:
—¡No, perdón, Arlinne! ¡Brujerías, no! ¡Camille, ayúdame! ¡Arlinne me va a embrujar y me va a poner orejas de asno!— «¡Orejas de asno? ¡Jajaja! No es mala idea, una lástima que no tengo ni idea de como se pueda hacer algo así… ¡Jajaja!»
Me senté a desayunar con los demás… Lianne me pasó un plato lleno de vegetales, carne y galletas secas. «¡Pfff!» Lo recibí y empecé a comer. Camille me dijo, siguiéndole el juego a Penny:
—¿Arlinne, vas a embrujar a Penny?— Las vi seriamente y les dije:
—Tal vez… Sí sigue de grosera, puede que lo haga…— Y volteé de vuelta a mi plato. Camille dijo:
—Tranquila, Penny. Arlinne solo está jugando. Ella nunca haría algo así, ya no le faltes al respeto.— Penny contestó:
—Pero… No le falto al respeto. Se lo digo para que ya no siga engordando…— «¡Wahh?» Me levanté de mi lugar y dejé el plato, diciendo:
—Gracias. Estoy satisfecha…— Me alejé de ellos a preparar al lobo, le serví de comer y le di de beber agua para decirle en secreto…
—¿Lobito, estoy engordando…? Tú me llevas en tu lomo todo el día, tú debes de saberlo con certeza, ¿dime?— El lobo gimió, tratando de entenderme y regresó a su plato… «Lo que me faltaba… Problemas de pareja y ahora gorda, ¡pfff!» Empecé a revisar mis carnes, doblándome hacia los lados, midiendo el ancho de mis muslos, la piel que me sobraba de mis brazos y mis piernas… «Mmmh… ¡Bah! Me siento exactamente igual. Penny dice eso, porque ella tiene el vientre más plano que haya visto en toda mi vida…» Respiré profundo y sonreí para mis adentros… «¡Jajaja! ¡No, Penny puede ser lo que ella quiera, pero estoy segura de que no hay persona más flexible y ágil, que yo en todas estas tierras! ¡Jajaja! ¡Si, verdad…?»
Continuamos la marcha hacia la capital de Lando, esta vez la situación ya era terrible… No había escuchado la voz de Ray en todo el día, para colmo, habló algo con Grand y estuvo en la retaguardia todo el camino… Como sí simplemente nos siguiera por obligación. Las diez horas más larga de mi vida… «¿Qué le digo? Sé que puedo hacer algo, ¿pero qué?» Por fin habíamos llegado a las afueras de la ciudad, no tenía caso que entráramos… «Acamparemos aquí por esta noche y el día de mañana, partiremos en dirección este, en busca de la cueva marcada en el mapa por Barthis… Solo espero que las cosas mejoren, una vez que nos larguemos de este horrible lugar…» Mi humor ya se veía claramente afectado por la situación con Ray, yo también empecé a alejarme un poco y a hablar muy poco con todos los demás, estaba desesperada… «Mi única esperanza es que todo mejore, el día de mañana que nos marchemos de aquí».
Me fui a acostar, pensando como un niño, que mañana todo estaría mucho mejor… Desperté a la mañana siguiente, escuchando la voz de Lianne…
—Arlinne, despierta… Necesitamos que vengas un momento.— «¡Eh?» Me puse de pie, tallando mis ojos. Era muy de mañana, tal vez como las siete o casi las ocho, sabían que yo casi siempre dormía pasadas las nueve, entonces algo importante debía de estar pasando…
Camille y Penny, aún dormían… Se me hizo muy raro, busqué con la mirada, Grand y Lianne, observaban algo cerca de los caballos. Sentí que mi corazón se apretaba… «¡Dónde está Ray…?» Salí volando hacia ellos, después de ponerme las botas y les dije con un tono nervioso y quedo:
—¿Qué pasa…?— Lianne hizo un gesto a Grand y se alejó del lugar, dejando que Grand hablara conmigo… Grand me dijo:
—Arlinne, lo primero que te voy a pedir, es que estés calmada… Por favor, ¿sí?— Le dije, desesperada:
—¿De qué se trata…? ¡Es sobre Ray, verdad? ¡Qué pasó?— Grand dijo:
—Arlinne… Ray no está, abandonó el campamento muy de mañana o por la madrugada, no estoy seguro…— Sentí como sí mi corazón se cayera al piso y se rompiera en mil pedazos… Como una taza de porcelana que se cae desde un lugar alto. Me quedé en silencio, tratando de pensar. Puse mi mano en mi rostro y lo empecé a tallar, pensando mil cosas a la vez…
Traté de tranquilizarme y le dije:
—Tal vez, vuelva en un momento… Debemos esperarlo.— Grand me vio con una sonrisa y dijo:
—Lo sé, lo conozco hace mucho… Debemos de confiar. Algo le pasa, pero jamás sería capaz de abandonarnos, sin siquiera avisarnos antes. Solo te informo, por sí tú sabías algo más…— Le dije:
—No con certeza, pero… Debemos confiar. Vamos a darle el día de hoy.— Todos sonreímos y seguimos con nuestra rutina de todos los días…
Había pasado el mediodía… El ambiente entre nosotros estaba muy tenso y la verdad, yo seguía alejada de todos, pensando, solo pensando… «¿Por qué, Ray? ¿No pudiste ni avisar? Espera un momento… ¿Y sí le pasó algo, patrullando durante la guardia? ¡No, no, no me debo de llenar la cabeza de mierda! ¡No está su caballo, ni sus cosas…! Se fue, simplemente se fue… ¿Pero a dónde? ¿Piensa volver…?» Siguió el tiempo su marcha y ya estaba entrada la tarde… Lianne y Camille, se acercaron a mí para tratar de reconfortarme… Seguro me veía fatal. Lianne dijo:
—Arlinne, lo siento… No me gusta ser chismosa, pero… ¿Tienes problemas de pareja?— Sin siquiera voltearla a ver, le dije con una voz triste:
—No lo sé… Creo que sí, ¿verdad?— Camille trató de levantarme el ánimo y dijo:
—Ranerd se ve como una persona muy confiable. No creo que sea algo muy grave, Arlinne. Dudo que él se fuera a marchar sin siquiera despedirse y hablar contigo, sí es que hubiera una situación así.— Le dije, igual de triste:
—Sí… ¿Verdad?— Empecé a llorar y les dije:
—Pero… Lo peor es que no sé ni siquiera, sí yo hice algo malo. ¡Y sí ya no me aguanta…? ¡Sí algo pasó…? ¡Qué sé yo…!— Me abrazaron para reconfortarme… Mientras me sentía desquebrajar, algo se encendió dentro de mí… «¡No, no, no puedo quedarme solo así!» Me puse de pie, sequé mis lágrimas y les dije, en voz alta a todos:
—¡Muy bien! Ya le dimos el tiempo necesario, voy a ir a buscarlo… Llevaré al lobo, no se preocupen, debo de ir sola. Me mantendré comunicada con Lianne, por medio de un conjuro… Sí algo malo pasa, lo primero que haré es avisarles.— Grand intentó decir algo para poder acompañarme, pero Lianne lo detuvo y dijo:
—Está bien, renacuajo. Cuídate mucho, avísanos cuando lo encuentres.— Asentí sonriendo, corrí a mi mochila por un par de calcetines viejos de Ray, pensando… «¡Lo sabía! Sabía que guardar algo así, me ayudaría». Monté al lobo y salí volando…
«¡Muy bien, segura estoy que pasó por la ciudad!» Desmonté dentro de las ruinas, saqué los calcetines raídos y se los di a oler al lobo, para decirle muy seriamente…
—Lobito, el pinche Ray se fue sin avisar… ¿Puedes por lo que más quieras, oler sus patas y seguirle el rastro? ¡Por favor, te lo ruego!— El lobo como sí me entendiera a la perfección, olisqueó los raídos calcetines, comenzó a oler a su alrededor y comenzó a ladrar en dirección del centro de la ciudad…
—¡Si! ¡Gracias!— Lo abracé y le dije:
—¡Vamos!— Monté y empezamos a navegar entre las derruidas calles de aquel lugar…
La ciudad era bastante grande y cada que doblaba en una esquina, sentía un profundo sentimiento de melancolía… «¿Por qué siento esto? Es como sí hubiera estado en este lugar antes…» El lobo se detuvo de golpe, frente a un bloque de edificios derrumbados y comenzó a ladrar en dirección de una de las casas que obviamente había recibido el impacto de una arma de asedio, tal vez una catapulta… Bajé de él y empecé a buscar en aquel lugar… «¿Ray dónde estás? ¿Por qué tengo la sensación que conozco este lugar…? Nunca en mi vida he estado aquí…» Busqué y busqué, pero nada… Literalmente me arrastré por el piso de la calle para buscar huellas del caballo de Ray y después de un rato las encontré… «¡Sí! Él estuvo aquí… Muy bien». El lobo volvió a comenzar a ladrar, esta vez en dirección del centro de la ciudad… Lo monté y después de un rato llegamos hasta la plaza principal de la ciudad. El lobo se detuvo exactamente frente a una derruida y seca fuente, a oler nuevamente el rastro… Bajé de él y empecé a buscar en todo el lugar… «Nada de nada. ¿Dónde estás? ¿Y por qué siento este dolor en el pecho cuando veo esta fuente…?» Me senté por un momento en la fuente y mi angustia volvió… «¡Sí, ya no me ama más? No puedo culparlo, la verdad es que soy insoportable y sí a eso le agregamos que ni siquiera soy una chica y tengo pájaro… ¡Esto es un desastre…! Eso sería demasiado para cualquier hombre heterosexual, pero Ray… ¡No es justo, al menos dímelo en mi cara…! ¡Dime, que ya estás harto, para que por lo menos me pueda arrastrar a tus pies, para tratar de resarcir o terminar de echar a perder lo nuestro!»
Me sacó de mi trance los ladridos del lobo y la alegría volvió por un segundo a mi rostro… Lo acaricié y volví a montar, esta vez corrió como un rayo, mucho más rápido que nunca antes lo había visto. Llegamos hasta un extremo derruido de la muralla del lado contrario de donde había entrado, exactamente a donde empezaba una colina a las afueras de la muralla… Siguió por ese lugar, subiendo la colina a grandes saltos, antes de llegar a la cima se detuvo… Frente al caballo de Ray. Mi rostro se inundó de alegría… «¡Por fin, podremos poner las cosas en claro!» Acaricié al lobo, lo dejé junto al caballo de Ray y le hice una seña para que estuviera en silencio…
Comencé a subir lo que faltaba hasta la peña y antes de salir de la espesura de la vegetación, lo alcance a ver… Ahí estaba Ray, de rodillas frente a una tumba o un memorial, solamente pasando el tiempo. Por un momento me quedé fría y pensé… «¿En qué estoy pensando…? Solo está visitando a un ser querido que ya no está…» Me sentí culpable, me sentí como una entrometida, me sentí como sí hubiera faltado a mi promesa con él de no inmiscuirme… Me quedé largo rato, solamente observándolo… Sentí mucha tristeza… Él, que siempre había tenido una sonrisa cándida para mí, estaba genuinamente lleno de dolor y tristeza…
Se hizo más tarde, faltaban tal vez un par de horas para el anochecer… Por fin, se puso de pie y como sí nada, volteó hacia donde yo estaba… Traté de agacharme y esconderme, pero fue en vano. Llegó hasta mí, hablando en voz alta…
—Mmmh… ¿Qué es lo que me ha estado espiando todo este tiempo…? ¿Un conejo? Tal vez me sirva para la cena…— Ya casi estando frente a mí, agregó:
—No, no es un conejo… Solo es una ranita.— Y me tomó de la oreja para ponerme de pie…
Sonreí con vergüenza en mi rostro y dije:
—Lo siento, señor. No tome en cuenta a las ranitas espías… A veces somos muy entrometidas, nosotras las ranas… ¡Jijiji!— Él no pudo más que negar con su cabeza y estallar en carcajadas… Reí también, hasta que él se quedó en silencio de golpe y me comenzó a observar, molesto… Yo solo atiné a decir trastabillando, llena de vergüenza…
—Lo siento… No quise ser una chismosa, pero… ¡Tú tienes la culpa! ¡Por ni siquiera decir, ahora vuelvo…!— Negó con su cabeza y dijo:
—Mmmh… ¿Arlinne, qué parte de todo está bien entre nosotros, no entendiste?— Hice un puchero y dije:
—Lo siento…
—Muy bien, pues ya estás aquí… Entonces te contaré todo para que estés tranquila.— Lo vi apenada y dije:
—¿Seguro…?— Él dijo:
—Sí, ya que más da… Los dejé preocupados, tardé más de lo que pensé. Es lo menos que puedo hacer, explicarte… ¡Y sí, sí confió en ti, ranita chismosa!— Apretó mis cachetes…
Me llevó de la mano de vuelta hasta su caballo… El lobo se emocionó al vernos juntos y me dijo:
—¿De verdad, creíste que venías en silencio…? Cuando tu lobo estuvo ladre y ladre por toda la ciudad…— «¡Ahm!» Le dije:
—¡Aah! ¿Lo notaste…? ¡Jijiji…!— Volvió a negar con su cabeza, para sacar algo de sus alforjas… Me ofreció uno y desenvolvió otro para dárselo al lobo… «¿Qué es esto…?» Le dije:
—¿Qué es…?
—Son pastelitos dulces que compré en la villa de los enanos… Como son dulces, aguantan un poco más el paso del tiempo. Espero que no te moleste, que estén algo duros de las orillas.— El lobo lo olió y se lo comió de un bocado… Le dije:
—No le des cosas tan dulces, le hace daño y lo malacostumbras…— Él dijo:
—No le pasará nada, por comer solo uno…— Se sentó en una roca cercana, observándome, mientras él desenvolvía otro para comerlo… Me acerqué aún apenada y me senté junto a él.
Comenzó a hablar sin siquiera voltear a verme… Dijo:
—Se llamaba Marine y estaba a punto de cumplir quince años cuando murió…— «¡Eh…!» Tapé mi boca… «¿Solo quince años…? ¡Qué cosa tan horrible…!» Él continuó:
—Fue exactamente, en el primer ataque que hicieron los virzuks con catapultas a la ciudad… Hasta el momento, las peleas solo habían sido escaramuzas, nada grave… Nada de que preocuparse, pero ese día llegaron a unos cientos de metros de la muralla con las catapultas y empezaron a disparar sin previo aviso…— Yo no sabía ni que decir, simplemente lo dejé que continuara… Él dijo:
—¿Sabes…? Prácticamente fue mi culpa. Ella me había rogado tan solo unos días antes, que nos marcháramos de la ciudad… A cualquier lugar, pero que nos fuéramos.— Ray se veía atormentado, como nunca lo había visto antes en la vida… Tomé su mano y la apreté entre las mías… Él continuó y dijo:
—Sí yo le hubiera hecho caso, nada de eso hubiera ocurrido… Muy probablemente, seguiría con vida.— Por un momento, forzó una sonrisa en su rostro y dijo:
—Bueno, Arlinne… Ahora ya lo sabes, ella fue mi primer amor y de no haber pasado lo que pasó, seguramente el único…— Me quedé helada… «¿Por qué el destino puede ser tan cruel en ocasiones? Como sí se tratara de una broma… Una broma de muy mal gusto. ¿Por qué uno llora y otro ríe? ¿Por qué uno vive y otro muere…?» Me dolía tanto, que Ray haya dicho eso, pero… Al menos era sincero. Además del dolor que sentía por el comentario de Ray, algo me dolía aún más y me llenaba de culpa el alma… «¿Ella o yo…? Sí Ray no hubiera aparecido en mi vida, seguramente estaría muerta… Sí Marine no estuviera muerta el día de hoy, yo ocuparía su lugar y viceversa…» Sentí que la espalda se me helaba, era un horrible pensamiento… Me quedé hundida en una profunda tristeza. Me sentía como una ladrona, me sentía culpable de haberme quedado con lo que por derecho le correspondía a ella… Él dijo: —¿Sabes, Arlinne? Siempre he tratado de ayudarte en tu depresión, diciendo que lo dejes pasar, que la vida sigue, que lo asimiles y lo sueltes, pero… En el fondo, creo que yo no lo he hecho mucho mejor que tú… Yo simplemente lo enterré, lo dejé aquí, sepultado, para olvidarme de todo y solo recordarlo como sí fuera una pesadilla. Como sí fuera algo que nunca pasó…— Cuando terminó de decir esas palabras, se puso de pie y dijo, ya con sus ojos claramente enrojecidos:
—Cuando eso pasó, regresé volando a la ciudad desde el campo de batalla… Ya sentía un mal presentimiento. Llegué hasta su casa y encontré lo que tanto temí todo el camino… La encontré sepultada bajo los restos aún ardientes de una roca. Me volví loco y con mis manos desnudas, traté de desenterrarla de los escombros, pero la tarea fue imposible para mi fuerza en aquel momento… La gente me alejó del lugar, mientras muchos de los vecinos trataban de huir a cualquier parte…— Ray se pausó por un momento, tratando de recuperar su compostura… Sacó un cigarrillo de sus ropas y lo encendió. Yo seguía con mi cabeza hundida entre mis piernas, tratando de asimilar todo lo que él me decía y lo que yo sentía al mismo tiempo. Continuó:
—Yo aún era un niño en ese tiempo, Arlinne. Un niño idiota que no supo como actuar ante sus ruegos y sus peticiones… ¡Sí hubiese sido un hombre, la hubiera escuchado, sacado de aquí y me hubiera abierto camino en la vida a como diera lugar para poder hacerla feliz…!— Yo no sabía que decir… Solamente me imaginaba el dolor que yo sentiría, sí perdiera a Ray por mi culpa y me volvía a hundir en mis pensamientos, sin siquiera voltearlo a ver. Él continuó y dijo:
—Por la noche, después de haber llorado todo el día como un niño, decidí que por lo menos, la sacaría de ahí y la pondría en un lugar donde pudiera descansar… Tomé un pico y una pala, arrojé mi uniforme de soldado al río y saqué su cuerpo inerte de entre las rocas… La traje hasta aquí, a esta peña que era uno de sus lugares favoritos. Esas pequeñas flores de color azul, que puedes ver alrededor de la vegetación en la colina, eran su flor favorita… Solíamos pasar en este lugar horas, solo viéndonos a los ojos y platicando tonterías como lo hacen los enamorados. Cuando terminé, arrojé el resto de nuestras cosas por la peña, me eché mi espada a la espalda y me marché para no volver jamás…
«¡Qué horror…!» Recordé lo que había pasado en mi aldea y sentí exactamente lo que estaba sintiendo Ray en ese momento… No pude más y en lágrimas me paré de golpe y lo abracé. Él dijo:
—Desde ese momento, Arlinne. Me prometí solo dos cosas… Las dos, promesas muy estúpidas que solo puede hacer un niño. Ambas nacidas del odio y el dolor que sentía en ese momento. La primera fue que jamás en la vida dejaría que me volviera a pasar algo similar… Yo como un estúpido, atribuí mi error a mi falta de solvencia económica… Entonces, prometí que jamás volvería a pasar problemas materiales. Por eso busqué el gremio, como una forma de que nunca me faltara lo económico… En aquel entonces pensaba, que la culpa había sido del dinero. ¡Sí lo hubiera tenido, nunca hubiera dudado ni por un segundo llevarla conmigo, hasta el final del mundo, sí fuera necesario! La segunda… Prometí que jamás en la vida, dejaría que mi corazón sintiera lo mismo que había sentido por ella, por otra persona… Entonces, Arlinne. Me volví un ser despreciable, que solo buscaba satisfacerse a sí mismo en las relaciones… Me importaba un cobre lo que pudieran sentir o pensar, las múltiples parejas que tuve durante esos años, mientras yo estuviera satisfecho y no me faltara nada, yo estaba más que complacido…— Ray guardó silencio un momento, mientras yo lloraba en su regazo, para después continuar y decir:
—Pero entonces… Un día como cualquier otro, apareció una chiquilla inocente… Que no era tan chiquilla, ni tan inocente como yo pensaba. Y todo eso cambio, me volví a sentir feliz, ilusionado… Como sí fuera un chiquillo nuevamente, lo único que quería cada día que pasaba, era seguir viéndola sonreír. Luego me enteré, que traía una pequeña sorpresita incluida y me hizo dudar un poco… Bueno, no puedo mentir… Me hizo dudar bastante, pero al final comprendí, que todo está de más, las cosas son como son y estaba en mí, tomarlas o volver a no hacer nada, como lo había hecho en el pasado. Entonces me arriesgué, la saqué de un apuro y me di cuenta, que tan equivocado estaba… ¡El dinero no vale nada, es solo arena que se la lleva el viento! El dinero sin un propósito, es solo como una espada que no tiene portador… Y a la vez, sin darme cuenta, también rompí la segunda promesa… Porque cuando me di cuenta, ya estaba perdidamente enamorado de ella… Tal vez, incluso mucho más de lo que alguna vez estuve enamorado de Marine…— «¡Qué…?» Al oír esas palabras, no pude hacer más que llorar aún más fuerte y profuso, pero esta vez de felicidad… Dije, balbuceando:
—¡Ray! ¡Mi amor! ¡Te amo! ¡Te amo muchísimo!— Mientras lo besuqueaba desesperadamente por todas las partes de su rostro. Le dije, mientras seguía llorando: —Discúlpame, ¿sí? Por ser metiche, berrinchuda, floja y en general, insoportable… ¡Yo te quiero mucho! ¡Por favor, no me dejes! ¡Sí?— Él me abrazó muy fuerte en sus brazos y dijo: —Te faltó, necia, ideática, autocompasiva y la lista sigue… ¡Jajaja!— «¡Mmmh…!» Empezó a reír… «¡Bobo!» Lo vi a la cara, se puso serio nuevamente y dijo:
—Nunca, Arlinne. Nunca te dejaré.— Me iba a dar un beso en la frente, pero hice trampa y cuando iba a tocar la piel de mi frente, alcé mi rostro y paré mi boquita para recibirlo… Nos quedamos unidos en ese beso, lo que me pareció la más dulce eternidad…
Que alegría y que tristeza, sentía al mismo tiempo… «Pobre, Marine… Lo siento, disculpame, jamás te conocí, pero estoy segura de que ambas queremos la misma cosa… Que Ray sea muy, pero muy feliz». Por fin dejé de llorar por un momento y mi corazón se empezó a calmar… Pobre, había pasado por todos los sentimientos posibles en las últimas horas. Recordé y le dije:
—¡Ah! ¡Cierto! Esperame tantito, amor. Debo de avisar a los demás que estamos bien, dame un segundito, ahora regreso a tus brazos…— Le hice una seña con mi mano, sonriendo, de que no tardaría nada, me volteé un segundo y canalicé el conjuro para comunicarme con mielecita… «¡Jajaja!»
—Lianne, Lianne, ¿me escuchas?— Esperé un momento y Lianne me contestó:
—Renacuajo… ¡Vaya! Ya era hora, ¿todo bien? ¿Lo encontraste? ¿Necesitas ayuda? Estamos listos para partir a ayudarte…— Le dije, feliz:
—No, no se preocupen. Todo está bien… Resultó que solo salió a dar una vuelta. Ya no se preocupen más, disculpen todas las molestias. Él también está muy apenado.— Lianne dijo: —¡Uf! ¡Qué alivio! Les avisaré a todos, ¿regresan a cenar?— «¡Ehm…!» Me quedé pensando y se dibujó una sonrisa en mi rostro… Le dije:
—No… No se preocupen. Estaremos por ahí, mañana en la mañana.— Ella dijo:
—¡Jajaja! Está bien, con cuidado. Cualquier emergencia avísanos, ¿está bien?— Le dije, contenta:
—¡Sip! ¡Buenas noches, hermanita!— Corté la comunicación…
Ray juntaba algunas varas y madera seca, a nuestro alrededor, para armar una pequeña fogata… Estaba oscureciendo. Puso un pequeño traste lleno de agua a hervir en la fogata y extendió su lona que él usaba para acostarse… Terminando de extenderla, fue hasta mí y me tomó de la mano gentilmente. Nos abrazamos junto a la fogata… Estaba tan feliz de que hubiera acabado mi pequeña pesadilla, pero aún estaba triste por Ray… Aunque parecía que después de todo, él no estaba tan triste, porque de repente me empezó a acariciar lascivamente… Le dije:
—¿Amor…? Espérate tantito, me da pena aquí, está muy cerca de…— Él dijo:
—No pasa nada, tranquila…— Mientras me seguía besando el cuello… «¡Uff!» Lo volví a separar y le dije:
—No empieces amor, porque también ardo en deseos y tú bien sabes, que tiene mucho que no tomo un baño… Estoy sudorosa, apestosa… Digo, me he estado aseando, pero no es lo mismo…— Él dijo, de la misma forma que la vez anterior:
—No pasa nada, tranquila…— «¡Pfff! Bueno… Que consté que te lo advertí…»
«¡Qué maravilla…!» Seguía extasiada, después de aquello… Completamente desnuda, envuelta solamente en la manta de Ray, mientras lo observaba prepararnos algo de café. Me sentía modosa, satisfecha y muy, pero muy complaciente, después de nuestro encuentro romántico… Me extendió una taza de peltre, llena de café y la recibí, sonriendo. Él dijo:
—Lo siento, peque. No traigo licor, te tendrás que conformar con café… ¡Jajaja!— Hice un puchero y le dije:
—Eres feo, no soy una borrachita… ¡Grosero!— Se acercó para darme un suave beso y dijo: —Arlinne… Hay algo de lo que quiero hablar contigo y como estuvimos hablando de cosas tristes, aprovecharé la oportunidad…— «¡Mmmh?» Lo vi, extrañada y le dije:
—¿De qué se trata…?— Él se puso serio y empezó a hablar…
—Mira, Arlinne… Hasta el momento, la verdad es que nos ha ido de maravilla, todos son muy fuertes y personas muy capaces. Tanto, que en ocasiones me tengo que esforzar mucho más, para no quedarme atrás…— «Mi mismo sentimiento…» Él se quedó callado un segundo y continuó:
—Pero… Eso no implica, que no sea cada vez más peligroso lo que estamos haciendo…— «Cierto… Igual, mi mismo sentimiento». Él dijo:
—Quiero que me prometas una cosa, ¿puedes?— Me empezaron a preocupar sus palabras y le dije, desesperada:
—¡Sí! ¿Pero dime de que se trata?— Él dijo:
—Prométeme, que sí algo me llegará a pasar, tú vas a estar bien y seguirás adelante, sin dejarte hundir por el dolor y la depresión.— Me quedé sin palabras y mis ojos, instintivamente se volvieron a humedecer… Le dije, con dolor en mi voz:
—¡Eres un idiota, como puedes siquiera pedirme algo así! ¡Sí algo así sucediera, no puedo ni imaginarme cuanto me dolería…! Y para ser sinceros, ni siquiera sé, sí podría seguir adelante con cualquier cosa…— Comencé a llorar… Él tomó la taza de café de entre mis manos y se agachó para abrazarme. Me dijo:
—Arlinne, por favor… Promételo. Es la única forma en que yo podría estar tranquilo, sí algo así llegara a pasar.
—¡Que no, tonto…! Mi corazón se arruga solo de pensar en la idea, me dolería muchísimo perder a cualquiera de ustedes, pero contigo sería mucho peor… No solo, porque eres el amor de mi vida, sino también… Sí llegara a perder a cualquiera, al menos estarías tú para ayudarme y sacarme adelante en mi dolor… Pero sí tú no estás… ¡Simplemente me voy a derrumbar!— No podía más, ya estaba llorando a chorros, tan solo por pasar la idea por mi mente… Él dijo:
—Arlinne, debes de prometerlo, por favor. No quiero que todo el esfuerzo que hemos hecho juntos, todo lo que hemos vivido… Sea en vano. Sí tú te derrumbas y botas todo, entonces todo habrá sido para nada…— Me quede en silencio… Tenía razón. Continuó:
—Por favor, Arlinne. Sí algo así pasa, prométeme que seguirás adelante, para que todo el amor, todo el cariño y el esmero que hemos puesto juntos en esto… Pueda florecer.— Grité, contestándole:
—¡Eres un bobo, pero tienes razón…! No puedo prometer nada, más que lo intentaré con todas mis fuerzas… ¡Pero cuídate mucho, a cambio de hacerme prometer esto, tú debes de prometer, que harás hasta lo imposible por cuidarte mucho todo el tiempo! ¡Está bien?— Él, por fin, sonrió, mientras me veía a mis ojitos llorosos… Bebió mis lágrimas de mis ojos con sus labios y dijo:
—Lo prometo.
Desperté muy de mañana… Estaba recargada en el pecho de Ray, que aún dormía… «¡Muy bien! Es hora de empezar, ahora que sigue durmiendo». Me levanté como un gato, sin hacer un solo ruido, lo arropé y me comencé a vestir… Cuando terminé, empecé a caminar por los alrededores… «¡Sí! ¡Ahí están!» Recogí solo las más brillantes y bonitas, que se notara que aún durarían un tiempo sí las cortaba. Caminé de regreso hasta la tumba de Marine, con las flores azules, entre mis brazos y las empecé a acomodar alrededor de su tumba, enterrando algunas con la esperanza de que en un futuro a lo mejor estuviera cubierta de ellas por sí sola. No había lápida… Solo era una piedra que marcaba el lugar… Mientras me dedicaba a mi tarea, empecé a hablar en voz alta…
—Lo siento mucho, Marine. Discúlpame, pero ahora Ray es mío.— Tapé mi boca, pensando que me estaba contradiciendo, pero asentí con la cabeza y dije:
—¡Sip, mío, mío, mío! Y no te lo pienso devolver en mucho, mucho, pero mucho tiempo…— Seguí en mi labor y continué hablando…
—Siento mucho lo que te pasó, pero… Te prometo dos cosas. La primera, que cuidaré mucho, pero mucho de Ray, así me cueste la vida, puedes estar tranquila. Y… La segunda, que me encargaré de que la persona que está detrás de todo esto, no solo pague por lo que te hizo, sino también me aseguraré de que no se lo pueda volver a hacer jamás a nadie más.— Continué mi labor, limpiando la piedra con un trapito y dejando el lugar lo más ordenado que pude, cuando terminé, dije:
—Quédate tranquila, por favor. Haré mi mejor esfuerzo por aprender a hornear el pastel de zanahoria… Le diré a una amiga que me enseñe. Soy un desastre en cuanto a las cosas de cocina y… En general en todas las cosas, pero… Me voy a esforzar mucho, nos vemos.— Sonreí como una tonta y me alejé del lugar con mucho respeto…
Regresé al lado de Ray, quien iba despertando… Él me dijo:
—¿Dónde andabas, peque?
—¡Aah! Solo fui a dar una vueltecita por ahí, este es un lugar muy hermoso…— Sonreí… Él se puso de pie y dijo:
—Está bien, prepararé las cosas para que regresemos con los demás. El lobo y tú, ya deben de estar muy hambrientos.— Recordé la comida seca que me esperaba en el campamento y dije:
—Yo no tengo mucha prisa, pero el lobito no ha comido desde ayer por la mañana.— Arregló todas sus cosas y estábamos listos para partir… Comenzó a jalar las riendas del caballo, pero volteó instintivamente al lugar donde estaba la tumba… Le dije, sonriendo: —Anda ve, no la verás en mucho tiempo… Seguro quieres despedirte y hablar con ella un poco, antes de que nos marchemos.— Él sonrió también, me dio las riendas del caballo y fue de regreso hasta la tumba.
Yo fui paciente y me puse a jugar a las cosquillas con el lobito, en lo que él se tomaba su tiempo… Él regresó después de un rato y antes de volver a tomar las riendas del caballo, acarició el cabello de mi cabeza y dijo:
—Eres una niña muy linda y considerada. Soy muy feliz contigo.— Me dejé acariciar y le dije, feliz:
—Yo también, mi amor. ¡Soy muy feliz contigo!
Regresamos al campamento, todos se alegraron de vernos juntos y de verme a mí, otra vez radiante de alegría… Les dije:
—Ya regresamos… ¿Nos extrañaron?— Ray dijo:
—Disculpen por salir sin avisar el día de ayer… Era algo personal, no volverá a ocurrir.— Grand dijo, riendo a carcajadas:
—¡Jajaja! No pasa nada, que bueno que esté todo bien entre ustedes dos.— Ray y yo, nos apenamos y Grand continuó riendo para decir:
—¡Jajaja! Además aproveché el tiempo para salir a cazar con Penny… Y conseguimos este delicioso venado. ¡Jajaja!— «¡Eh…! ¡Carne fresca? ¡Yumy!» El lobo empezó a dar saltos y a aullar, mezclando sus aullidos con ladridos y gemidos… Como sí estuviera reclamando su porción de la bestia… Grand dijo:
—¡Jajaja! Mejor me doy prisa en prepararlo, porque parece que algunos de nosotros, no tendrían problema en comerlo crudo… ¡Jajaja! ¿Me puedes venir a ayudar, Ray?— Ray dijo: —Claro… Dame un momento, deja pongo algunas cosas en su lugar…— Se marchó a arreglar sus cosas y después con Grand… En cuanto me vi sola, llegaron todas como abejas a una flor… Me habían rodeado de todos los flancos… Camille me abrazó de alegría y dijo: —Arlinne, que alegría verte así de nuevo, ¿todo bien? ¿Se solucionó con una noche romántica y de pasión…?— «¡Eh…?» Me apené y me puse roja… Lianne dijo:
—¿Tú que crees, Camille? ¡Seguro! Renacuajo es experta, de seguro ya le demostró quien manda con esas caderas y ese trasero. ¡Jajaja!— «¡Eh? ¡Waah!» Penny llegó corriendo por mi espalda para abrazarme, también diciendo:
—¡Es cierto, Arlinne…? ¡Guau!— Yo estaba muerta de la pena y solo atiné a decir…
—No… Como creen, eran unos problemas personales que él tenía. Después de todo mi imaginación se fue muy lejos… Todo estaba y está bien, entre nosotros.— Lianne dijo:
—Pero… De seguro hubo sexo, ¡eh?— Les dije, apenada y molesta a la vez:
—¡Cómo son groseras…! Pues sí… Algo hay de eso… ¡Pero ya déjenme ir a mis cosas, que tengo mucha sed!— Como pude me zafé…
Comimos todos juntos… Estaba tan contenta de que todo estuviera bien. «Estoy tan feliz con todos ellos a mi alrededor. Además… ¡Qué rica comida! Ya me hacía falta». El lobo y yo, nos dimos un festín. Terminando de comer, Lianne me dijo:
—Renacuajo. Grand, el día de ayer, explorando un poco los alrededores, encontró un pequeño riachuelo… Estaba pensando que tal vez te gustaría tomar un baño, nosotras estábamos esperando a que regresaras para que fuéramos todas juntas.— Le dije, emocionada:
—¡Sí! ¡Si quiero! Pero… Todavía me da pena…— Ella dijo:
—Nada de eso, renacuajo… ¡Sí o no?— «¡Bah…!»
—Está bien. ¿Está muy lejos de aquí?— Ella dijo:
—Creo que… Como a quince minutos a pie.— Le dije:
—Está bien, avísales a todos para que los chicos nos cuiden, mientras nos bañamos y las chicas estén listas. Seguro después de nosotras, también ellos querrán refrescarse un poco.— Ella sonrió y dijo:
—Está bien.
Tomamos nuestro baño a nuestras anchas… «¡Qué bien! Ya me hacía buena falta… ¡Qué fresca el agua con el sol pegándonos en nuestros cuerpos desnudos». Después de un buen baño y nadar un poquito en las partes más profundas, estuvimos listas y fue el turno de los chicos. Decidimos mover el campamento a ese lugar para de paso, rellenar nuestras reservas de agua y preparar todo para el día de mañana, que por fin, llegaríamos a la cueva y empezaríamos nuestro descenso.
Por la noche, platiqué un ratito con Ana… Tenía un buen rato de no hacerlo. No quiero que me regañe otra vez, mejor hacerlo en tiempo… Platicamos de varias cosas y le comenté que descenderíamos al reino subterráneo. Se quedó un poco intranquila, pero como pude la reconforté y le prometí que nada nos pasaría. Esa noche descansé tranquila y contenta, con mi pancita y mi corazón, llenos de alegría…
A la mañana siguiente, me levanté muy temprano… Era momento de ponerme en serio. «No tengo ni idea de que tipo de peligros nos esperan ahí abajo, pero debo de estar preparada para todo». Arreglé mi equipo, saqué todo lo que podía ocupar de mi portal y de la pequeña alforja que cargaba el lobito… «El lobo después de todo, es un animal salvaje y uno muy ágil y veloz, seguro está bien, sí nos acompaña, pero los caballos simplemente no podrán hacerlo… Aún así… Le quitaré la funda que uso de monta y las cosas que va cargando para que esté más ligero y se pueda mover para reaccionar a cualquier cosa de ser necesario. Lo mismo va para mí… Debo de evitar, el llevar peso muerto… El dinero, la ropa que no uso y los utensilios que usamos para acampar están de más. Sí los llego a requerir, siempre podré abrir mi portal… ¡Qué raro! Me pareciera como sí cada vez de alguna forma u otra, le cupieran mucho más cosas que antes. No… Debe de ser mi imaginación».
Terminando, me vestí con todo mi equipo… Mi armadura, guantes y sobreveste, poniendo mucha atención en que todo estuviera bien ajustado a mi cuerpo y en su lugar, como Ray me había enseñado… «¡Listo!» Grand estaba haciendo la guardia y al verme, también empezó a hacer lo propio, pero él era mucho más ordenado que yo, así que solo se puso a inspeccionar lo que ya tenía preparado con anterioridad… Me acerqué y le dije:
—Grand, ya es buena hora, en cualquier momento irán despertando los demás… ¿Por qué no, descansas un poco? Por lo menos un par de horas, le diré a Camille cuando despierte que estás descansando un momento y que sí puede preparar el desayuno… Claro, sí es que hay algo que preparar, siempre podemos comer de esas galletas secas.— Él dijo:
—Sí, tienes razón, Arlinne, no me siento tan cansado… Pero considerando que vamos a ocupar estar muy atentos por largos periodos de tiempo, trataré de descansar la vista un rato. Despiértenme sí necesitan cualquier cosa.— Sonreí y asentí con la cabeza… Él se fue a recostar y en menos de un minuto, ya estaba roncando… «¡Jajaja!» Volteé de vuelta a mis cosas y Penny ya estaba detrás de mí como una sombra… «¡Pfff!» Me sobresalté y le dije:
—¡Penny! ¡Deja de hacerme eso todo el tiempo! ¡Puedes por una vez, cuándo me necesites, solo llegar caminando hasta mí y encararme como el resto de las personas…?— Ella también se sobresaltó por mi reacción y dijo:
—Lo siento, no lo hago a propósito, pero eres muy distraída… Por eso siempre piensas como sí te estuviera emboscando o algo, relájate…— «¡No, no lo pienso! ¡Lo haces! ¡Pfff! Siempre saliendo de la esquina más oscura o del lugar donde el ojo pierde la vista… ¡Ahora no me quieras volver loca, diciéndome eso!» Le dije:
—¡Bueno, ya está bien! ¿Qué pasa…? ¿Necesitas algo?— Ella dijo:
—¿Me puedes ayudar a ajustar nuevamente mi armadura…? No estoy acostumbrada a hacerlo, siempre me ayuda Camille… Pero ahora se durmió algo tarde por preparar algunas cosas y no quiero despertarla.— Me tranquilicé, sonreí y le dije:
—Está bien, pero debes de ir aprendiendo a hacerlo tú misma…— La volteé por los hombros y comencé a ajustar los cierres, correas y broches que tenía su armadura de piel, dejándola bien ajustada a su cuerpo… Nuevamente su vientre plano y fornido, llamó mi atención. Pensé para mis adentros… «¿Cómo lo hace? Todo el tiempo la veo rellenándose la boca de comida y golosinas…» Volteé a ver mi suave y blando abdomen… «Cuando no es una, es otra… ¡Pfff! Que más da, supongo que todos somos diferentes de alguna manera… Me pregunto… ¿Cuánto esfuerzo me tomaría tener un abdomen así, como el de Penny?» Terminé y le dije:
—¡Lista!— Ella se empezó a mover, acomodándose los últimos detalles… Comenzó a reír y dijo, abrazándome:
—¡Gracias, Arlinne!— Y salió corriendo hacia sus cosas para ponerlas en orden… «¡Jajaja! ¡Qué gusto! Penny ya parece otra persona por completo… ¡Cierto! Lo había olvidado por completo… Penny no tiene un anillo del enlace, como el resto de nosotros. ¡Qué horror! Soy una pésima líder… ¿Cómo se me pudo olvidar hasta este momento, que estamos a punto de descender? Piensa, piensa, piensa…»
Volteé a ver a Lianne… Seguía durmiendo. «¿Qué vamos a hacer? ¿Lianne tendrá algo preparado…? Despertarla cuando está cansada es la experiencia más desagradable y vil, que puede haber en la vida… Lo he hecho antes, pero la mayoría de las veces, quedé arrepentida de haberlo hecho, al grado que incluso olvidaba lo que quería de ella en primer lugar. Mmmh… ¡Muy bien, ni modo! Allá voy otra vez…» Me acerqué hasta su lona que usaba para acostarse, me agaché como para hablarle al oído y le dije, muy bajito:
—Lianne, hermanita, ¿estás despierta…? ¡Oye! Hay algo importante…— Se revolvió en su lugar y dijo con una voz sincera, dulce y suave, muy diferente a la de su yo consciente: —¿Importante…? ¿Qué pasa, renacuajo? Aún es temprano…— Le dije:
—Se trata de Penny… No tiene anillo como los de nosotros y no lo había recordado hasta el día de hoy…— Ella, por fin despertó por completo, gruñendo y su yo consciente tomó el control nuevamente… Me dijo, enfadada:
—¡Renacuajo, lo sé y ya tengo algo preparado!— Negando se puso de pie, buscó algo en su bolsa y me lo arrojó… Era una pequeña cajita. Me dijo:
—Ahí está, renacuajo. Haz que se lo ponga… ¡Ahora lárgate de aquí y déjame dormir por lo menos, media hora más! ¿Sí? ¡Por favor!— Se volvió a acostar boca abajo, como acostumbraba y se quedó en silencio… «¡Ufff! ¡Qué suerte! No me fue tan mal con mielecita… ¡Jijiji!»
Fui a donde Penny, donde hace un momento arreglaba sus cosas, diciendo al llegar:
—Penny, Penny…— «¿A dónde fue…? No la veo por ningún lugar…» Nuevamente, detrás de mí, su voz me dijo, fuerte al oído:
—¡Qué?— «¡Grrr! ¡No puede ser…! Ahora siento un poquito de lo que Lianne sentía cuando se enfadaba conmigo de niñas… Tal vez por diferentes causas, pero ahora sé que ambas muy justificadas». Volteé y la agarré de la oreja para decirle:
—¡Qué te acabo de decir?— Ella se revolvió y dijo:
—¡Ay! ¡Qué? ¡Arlinne, ay…! ¡Pues yo no tengo la culpa de que llegues como una mensa, sin siquiera voltear a ver donde estoy…!— Dije:
—Volteé a todos lados y no estabas por ningún lugar… Sí lo haces a propósito, ¿verdad?— Ella se siguió revolviendo y dijo:
—¡Qué no… Ay!— La solté, respiré profundo y le dije:
—Mira… Ten, ponte esto. Es un regalo de Lianne y mío.— Ella me vio con un poco de desconfianza y abrió la cajita… Se emocionó al principio, al verlo… Pero después se puso seria, hizo cara de desconfianza y me dijo:
—¿Qué es…?— Le dije:
—Es un anillo mágico.— Ella dijo:
—¿Maldito…?— Le dije:
—No, mágico.— Volvió a repetir:
—¡Maldito…?— Me empecé a desesperar nuevamente… Respiré profundo y le dije:
—¡Qué no! Mágico…— Ella lo vio detalladamente aún con desconfianza y dijo:
—¿No es un anillo maldito con tus brujerías, Arlinne…? Para ponerme pezuñas de caballo y no te sorprenda sin querer por tu falta de sentido común…— «¡Wahh? Respira, respira… Uno, dos, respira…» Dije, más tranquila:
—No… Es precisamente todo lo contrario. Es un anillo que te protegerá de nuestras brujerías en combate, sí estás cerca de ellas, no te afectaran negativamente.— Ella se le quedó viendo y dijo:
—No me gustan las brujerías, Arlinne… Odio la magia.— Le dije, tratando de ser comprensiva:
—Penny, por favor. Confiá en mí. Jamás haría algo para dañarte. Pensé que ya habías entendido eso…— Le sonreí a la cara, ella se quedó pensando y dijo:
—Está bien, me lo pondré… Pero promete que no me embrujarás por medio de él…— Le dije, con paciencia:
—Lo prometo.— Ella sonrió y dijo:
—Es muy bonito, gracias.— Se lo puso y me abrazó.
«¡Pfff! ¡Qué agotador, lidiar con Penny…!» Volví a mi lugar y empecé a buscar las sobras de ayer, que aparté para el desayuno del lobito, mientras reía por dentro… «¡Jajaja! ¿Pezuñas de caballo…? ¡Jajaja! ¿De dónde se le ocurre tanta pendejada…?» El lobo estaba tranquilo, recostado a un lado de mi lugar, pero en cuanto olió que estaba calentando lo que habíamos comido ayer, salió como un rayo hasta mí y me empezó a meter el hocico en todos los pliegues de mi ropa… Le dije:
—¡Ya! ¡Ya! Espera un momento… La grasa fría sabe horrible, un par de minutos y estará lista.— Fui de regreso, alzando su alimento y pasamos por donde dormía Ray… El lobo, como sí quisiera avisarle de la comida, se recargó por completo encima de él y articulo un pequeño aullido, mezclado con un ladrido… Después de eso, corrió hasta la comida que ya le había depositado en el suelo. Ray despertó, sacudiendo los pelos del lobo de su cara. Dijo: —¡Mmmh…! Buenos días, Arlinne…— Le dije, sonriendo:
—Buenos días, amor.— Y sonreí.
Él se puso de pie y empezó a arreglar sus cosas, diciendo:
—¿Y ese milagro? ¿No es aún muy temprano para ti, peque?— Le dije, haciendo un puchero:
—¡No seas grosero, también puedo levantarme temprano… A veces!— Se acercó a mí y me dio un besito de pajarito… Siguió haciendo sus cosas… Poco a poco, terminaron de despertar también Camille y luego Grand… Desayunamos y partimos en dirección a la cueva, donde debíamos descender…
Cabalgamos a paso tranquilo por una hora y por fin… Las vimos a la distancia, una serie de cavernas que salían a ras del piso de las descuidadas llanuras, donde los pastos habían crecido incluso más altos que algunas de esas cuevas. Las cuevas en sí, no eran tan altas tampoco, parecían como unas pequeñas elevaciones que salían de la superficie del piso, como sí hace mucho, pero mucho tiempo, esto hubiera sido parte de una zona montañosa y la tierra, la hubiera sepultado, dejando en su lugar las planicies y la punta de la entrada de las cavernas…
Revisamos el mapa que nos había entregado Barthis… Grand hacia algunas anotaciones. Yo trataba de orientarme en relación al mapa. Llegamos a la conclusión, que la entrada debía de ser la caverna más baja, pegada al lado oeste, viéndolas todas de sur a norte… «Muy bien…» Volteé a ver a Lianne y le dije:
—¿Lianne, podremos dejar los caballos en la torre, el tiempo que estemos ahí abajo?— Ella dijo:
—Sí, avísenme cuando estén listos… Por motivos de seguridad, solo vayan dos personas y traten de no tardar mucho, a menos que quieran regresar hasta acá cabalgando desde la torre.— Volteé a ver a Ray y le dije:
—¿Me acompañas, Ray?— Él asintió con la cabeza y empezó a jalar todos los caballos de las riendas. Lianne se concentró y un pequeño punto de luz se empezó a abrir frente a nosotros, cada vez haciéndose más y más grande, hasta parecer un gran y brillante espejo… Tome dos de los caballos y Ray el resto. Pasé yo primero por el portal… ¡Era increíble! Estaba en la torre, para ser exactos… En los establos. Fui hasta los lugares para los caballos y los comenzamos a acomodar, dándonos prisa… Ray me dijo:
—Arlinne… La última vez no te lo dije, porque no estaba muy seguro de todo esto, pero ahora que las he visto a ustedes hacer su magia y eso, no puedo más que sorprenderme y pensar que el maestro es alguien muy poderoso… Tan solo para tener esta torre funcionando por sí misma… Solo con su magia.— Le dije:
—Sip… Yo no puedo ni imaginarme que es lo que se necesita para lograr todo esto y en perfecto orden… A lo mejor, algún día cuando sea una anciana, pueda lograr algo así, pero te soy honesta, lo dudo mucho… ¡Jijiji!— Saqué la lengua, haciendo una mueca traviesa con el rostro. Terminamos nuestra labor y regresamos por el portal, el cual se cerró casi al instante al momento que salimos.
Acomodamos nuestro equipo en nuestras mochilas y Grand se hizo voluntario para llevar una alforja con agua. La comida y algo del equipo de todo el grupo, lo repartimos para cargarlo entre todos los demás. Caminamos hasta la entrada de la caverna y les di a cada uno, uno de los amuletos con el cristal, que me había dado Barthis… Les dije:
—Tomen… Por favor, pónganselos. Me los dio Barthis y dijo que nos servirían para ver en la oscuridad sin necesidad de magia, por si necesitamos pasar desapercibidos. La verdad, me dijo el nombre del mineral, pero lo olvidé, era… Palanidita, mandalunita, ehm… No lo recuerdo… Pelangochita… ¡Jajaja! Lo olvidé…— Grand dijo:
—Palanurita, Arlinne.— Hice una mueca y dije, sonriendo:
—Eso mismo…— Le amarré el suyo al lobito en su cuello, poniéndolo no muy apretado, pero sí lo suficiente para que no lo perdiera. Les dije:
—Bien… ¿Están listos?— Todos asintieron con la cabeza y les dije:
—Por favor… Todos cuídense mucho, mucho, mucho, ¿sí? Lo más importante es que salgamos con bien, ya lo demás da igual, ¿está bien?— Todos estuvieron de acuerdo, usamos iluminación mágica y empezamos a avanzar por la serpenteante caverna…
Fin del Capítulo 23.
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