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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 26

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Capítulo 26: Capítulo XXVI: Benevolencia.

Capítulo 26.

Caminábamos por un largo pasadizo iluminado por antorchas, muy parecido al que habíamos cruzado con anterioridad para llegar a este lugar… Lianne se acercó a mí y dijo:

—¿Terry? ¿Qué hay con eso, renacuajo?— Le dije, sonriendo:

—¡Ah, sí! Cuando ustedes dormían, platiqué con el dragoncito… No se preocupen, platicamos de cualquier cosa, nada relevante. Mmmh… Solo dos cosas… Quiere que recojamos algo que está algunos pisos antes de llegar a la salida.— Lianne dijo:

—¿Y la otra…?

—¡Ah! También quiere que volvamos a visitarlo, después de un tiempo y conozcamos lo que está detrás de la puerta.— Ella se quedó pensando y dijo:

—¿Qué podrá ser…?

—Ni idea… Pero algo me dice, que es mejor olvidarse de eso por ahora hasta que llegue el momento. Pienso que es de esas cosas, que es mejor dejarlas pasar, a menos que quieras que carcoma tu alma una curiosidad malsana… ¡Jijiji!— Ella rio y dijo:

—¡Jajaja! Renacuajo… ¿Sabes? Creo que tienes razón. Por otra parte, ¿creí que no te gustaban los muertos vivientes?— Le dije:

—¿Lo dices por el dragón…? Pues no me gustan, pero he empezado a descubrir que solo no me gustan los que son malos y feos o los que han perdido por completo su semblante que tenían en vida… Le iba a preguntar acerca de eso, pero preferí no ser indiscreta, a lo mejor es un tema delicado para él…

Continuamos por aquel pasadizo por horas, hasta que por fin, topamos con una enorme pared de mármol… Penny dijo:

—Este debe de ser el lugar, déjenme darle una revisada… Espero se pueda abrir por dentro.— Avanzó hasta la pared y comenzó a revisarla… Me recargué, mientras tanto en la pared… Me había comenzado a molestar mi pierna nuevamente… Hice un esfuerzo por ocultarlo, solamente me recargué ahí, girando mi tobillo y mi rodilla, para descubrir el punto exacto donde al apoyarla me dolía… Penny dijo:

—¡Listo, sí se puede!— La pared se empezó a deslizar sobre ella misma, dejando al descubierto el pasaje hacia una habitación con paredes de mármol. Camille dijo:

—Sería bueno que descansáramos en este lugar, como lo hicimos del lado contrario… Es muy probable que tengamos que subir muchas escaleras y debo de revisar a las dos pequeñitas convalecientes.— Todos estuvieron de acuerdo, habíamos caminado mucho…

Coloqué mi mantita en el piso y me senté sobre ella, recargada en la pared. Camille se acercó y me comenzó a revisar. Dijo:

—¿Arlinne, te sigue doliendo?— Le dije:

—Sí, a ratos… Pero sí.— Ella dijo:

—Prepararé la solución, aún me quedan suficientes yerbas medicinales.

—Gracias.— Le devolví la sonrisa…

Camille nos atendió a Penny y a mí… Penny ya estaba como nueva… «Que bueno que no paso a mayores…» Yo después de recibir el tratamiento, también me sentí mucho mejor y pude descansar tranquila…

Me despertó el hambre… Parece que había tenido un sueño referente a comida, porque la saliva llenaba mi boca y los trapos que usaba de almohada. Estaba emocionada sin querer, pero cuando volteé a ver a los demás comiendo las raciones, volví de golpe a la realidad… Ray me dijo:

—Vamos a desayunar, dormilona…— Le dije, arrastrando mi voz:

—Ray, amor… Ya no quiero comer eso. Estoy empezando a caer en un trauma… Quiero carne y vegetales frescos, no puedo más… ¡Mira! Incluso el lobo está perdiendo sus dientes…— Tomé al lobo por el hocico e hice como haría un ventrílocuo, abriendo y cerrando sus fauces, fingiendo su voz con una voz gruesa y chistosa… Dije:

—¡Sí, eso es asqueroso! Comamos pollo a las brasas.— Todos comenzaron a reír y el lobo se soltó de entre mis manos, gimiendo. Les dije a todos:

—¡Lo ven…? Estoy empezando a enloquecer.— Lianne dijo, aún riendo:

—¡Empezando? ¡Jajaja! ¡Más bien, terminando…!

—No seas fea… ¿De qué te sirve tanta magia, sí no puedes aparecer ni un pollo?— Ella rio un poco molesta y empezamos a discutir…

—¡Quién te dice que no puedo?

—¡Ah, sí…? ¡A ver, aparece un pollo!— Me dijo, tratando de engatusarme:

—¡Te comerías un pollo convocado con hechicería?— Le contesté:

—¡Qué más da! ¡Claro! ¡A ver, aparécelo, señora hechicera azul!— Me dijo:

—¡Está bien, tú lo pediste! ¡No quiero que dejes ni una pluma, renacuajo!— Camille nos interrumpió cuando vio que la discusión se comenzó a poner acalorada y dijo, severa:

—¡Basta las dos, dejen de discutir! ¡Arlinne, sin berrinches, ven a desayunar y Lianne, no le sigas el juego, por favor!— Como sí fuera nuestra madre, nos quedamos calladas las dos… Solamente tomé el plato que Camille me estaba extendiendo y comencé a comer esas porquerías una vez más…

Comenzamos a subir las escaleras… Lianne y yo, veníamos molestas, la una con la otra… «¡Por qué siempre me está diciendo de cosas? ¡Qué grosera! Pero… Creo que hice mal en gritarle y retarla así como lo hice. ¿Será que me estoy desesperando muy fácil, por estar aquí abajo? No ayuda en nada que odio esa comida… Es la primera vez que tenemos que comerla por tanto tiempo, además mi piernita me sigue matando a ratos…» Pasamos un largo rato subiendo las escaleras, hasta que por fin llegamos a la salida. Les dije:

—Esperen, antes de revisar la salida, debemos ver que es aquello que el dragón quería que tomáramos de este lugar. Bajemos un par de pisos como él dijo y revisemos…

Estuvieron de acuerdo. Bajamos los dos pisos y entramos por la puerta de frente a las escaleras… Era exactamente como lo había dicho Terry, una enorme y espaciosa habitación, que pudo haber funcionado como bodega hace mucho tiempo. En medio del lugar, había dos grandes estatuas, idénticas a los constructos con el que habíamos peleado al entrar a este lugar… Les dije, bajito:

—¡Miren! Son esas cosas otra vez, pero estas parecen estar inertes…— Penny dijo:

—Parecen solamente un par de estatuas…— Le dije:

—¿Penny, puedes revisar con mucho cuidado? Sí ves que comienzan a moverse, solo salimos de la habitación y nos vamos…— Ella asintió con la cabeza y entró sigilosamente a la habitación… Se fue acercando a ellas, pero estas permanecían inertes, hasta que llegó frente a ellas y las empezó a tocar… Dijo, gritando:

—¡No hay problema…! ¡Son solo estatuas!— Entramos los demás a la habitación y le dije: —¡Mmmh! Él me dijo que debería de estar por donde estaban las antorchas… No recuerdo bien… ¿Segunda antorcha? Algo así me dijo.— Penny dijo:

—¡Está bien! ¡Sí hay algo cerca de estas antorchas, lo encontraré!— Ella comenzó a buscar en la habitación… Me senté en un viejo barril a sobar mi pierna… «Ya me duele menos, pero a ratos me molesta mucho. Como sí tuviera la herida abierta». Lianne se acercó y dijo: —¿Renacuajo, aún quieres tu pollo?— Le dije, riendo:

—No… ¡Jajaja! Lo siento hermanita, perdóname, no quise gritarte… Es solo que me he estado desesperando más rápido de lo habitual.— Ella dijo:

—Lo sé y lo del pollo te lo perdono, pero lo de señora… ¡Ya me las pagarás! ¡Jajaja!— Le dije:

—No… No seas feita, ya olvidémoslo, ¿sí?— Y sonreí tímidamente. Ella me dijo: —Renacuajo, lo único que no me cabe en la cabeza, es… ¿Qué no sabes que las criaturas convocadas con magia, no se pueden comer?— Le dije:

—No lo sabía… Bueno, lo sospechaba… ¡Jajaja! Pero no estaba segura.— Ella dijo:

—Nunca puedes convocar a una criatura para sacrificarla, no importa que criatura sea… Bueno, al menos no directamente…

—¡Oooh! No sabía…— Ella dijo:

—Las criaturas convocadas solo sirven al conjurador y después se van de regreso al lugar de donde las llamaste. ¿Qué no te enseñó eso el maestro?— Le dije:

—No, lo siento… Creo que nuestra relación con el maestro, fue completamente diferente… —Bien, ahora lo sabes… Por otra parte. ¿Cómo hiciste esa barrera que nos salvó el trasero contra el aliento del dragón?— Le dije:

—Pues… Hermana. Estoy en las mismas, no lo sé… Solo me concentré en una barrera y sucedió… Quisiera realmente poder explicarlo, pero no puedo…— Nos interrumpió la voz de Penny, que dijo:

—¡Aquí está! ¡Vean esto!— Todos volteamos a ver… Penny jaló el mango de la antorcha hacia abajo y la pared se deslizó para descubrir una habitación oculta…

Les hice una seña y nos pusimos en marcha… Entramos a la habitación y cuando todos estuvimos dentro, esta se iluminó mágicamente. Era una habitación a lo más de unos cinco por seis metros cuadrados, completamente vacía, a excepción de que en una de sus esquinas tenía un cofre… Llegamos hasta el cofre e inmediatamente, Penny comenzó a revisarlo… Después de un par de segundos, lo abrió y vimos el interior… Estaba lleno de oro y joyas. Les dije:

—¡No está mal! ¡Jajaja! Tomemos como siempre, lo que podamos y no nos estorbe, para después salir de este lugar.— Me hice a un lado para que ellos pudieran tomar primero, pero todos esperaron… Les dije:

—¿Qué pasa…?— Grand dijo:

—Pues… No es mucho, Arlinne. ¿Y sí solo lo repartimos entre todos?— Le dije:

—Mmmh… Yo no tengo mucho interés en el oro, pero supongo que puedo tomar un poco para nuestros gastos y otro poquito para mí.— Ray dijo:

—Creo que Grand tiene razón. Repartamos en partes iguales. ¿Les parece bien en seis partes? Solo que no soy tasador, así que a las joyas, vamos a tener que adivinarles el precio…— Le dije:

—Está bien… Divídanlo en siete y que a Penny le toque doble. Ella no tiene un cobre, solo un poquito de dinero que le di.— Penny dijo:

—¡No, Arlinne! En partes iguales, está bien…— Le dije:

—Nada de eso… Acéptalo, por favor.— Todos estuvieron de acuerdo, Ray y Grand se pusieron a contar y dividir el tesoro, en lo que nosotros descansábamos un poco…

Una vez con eso resuelto, llegamos hasta la salida… Yo guardé todo lo que pude en mis bolsas que cargaba, rellenándolas y el resto lo metí al portal… «Definitivamente no es mi imaginación, parece que cada vez le caben más cosas». Estábamos frente a la puerta, les dije:

—Bien… Espero que no esté bloqueada por el otro lado como la anterior y espero que se pueda abrir…— Penny se adelantó hasta la puerta, pero está vez sin siquiera revisar, se abrió por sí sola… Nos vimos los unos a los otros y les dije:

—¿Qué conveniente, no lo creen? Salgamos con cuidado…

Una vez estuvimos fuera, los cristales en nuestros amuletos comenzaron a brillar… «Cierto, lo había olvidado… Todo este lugar está iluminado mágicamente». Poco a poco, me volví a acostumbrar a la luz de los amuletos… Saqué el mapa y le dije a Grand:

—El dragón marcó este lugar en el mapa… ¿Qué opinas?— Penny nos interrumpió, mientras jalaba de mi falda… Nos dijo:

—¡Miren ahí! De este lado hay mucho más que del que entramos…— Ambos volteamos… Estaba lleno por todos lados del mineral que nos habían mandado a buscar… Les dije:

—¿Qué raro, no? No vagamos mucho aquí abajo, pero… Pareciera que ese mineral estuviese presente siempre cerca de esta edificación… ¿Tendrá algo que ver con lo que hay en el interior…?— Ambos se quedaron pensando y dije:

—Que más da… Solo marquemos el mapa para que sepan que aquí hay todo el que puedan querer y listo. ¿Grand, qué opinas? ¿Qué tan lejos estamos de nuestro destino?— Él se quedó viendo el mapa por algunos segundos y dijo:

—Bien… Sí lo que marcó ese dragón en el mapa es cierto… Entonces estamos muy cerca de la salida. Parece que después de todo, caminar por tanto tiempo en línea recta y sin obstáculos, rindió sus frutos.— Les dije:

—Entonces… Esa construcción debe de ser enorme. Olvidé preguntarle a Terry de que se trataba… Pero supuse que es un lugar exclusivamente edificado para albergar su amada puerta y su contenido… Lo que sea que tenga dentro.— Todos asintieron… Grand dijo: —Sigamos por ese camino de ahí… ¿Penny, hacia dónde es el norte?— Penny sacó su brújula y dijo, señalando:

—¡Por allá!— Les dije:

—Bien, en marcha…

Caminamos por largas horas… Yo ya estaba muerta de cansancio. Tomé la bota de agua de mi cinturón y me la empiné… «¡Uh? ¿Vacía? Se terminó…» Les dije:

—¿Podemos descansar? La naturaleza me llama y además, no tengo agua en mi botita… ¿Nos queda aún en la alforja?— Grand dijo:

—Una poca, tal vez la suficiente para llenar las provisiones de todos, una vez más.— Les dije:

—Hay que buscar agua, entonces… Ya vuelvo.— Me alejé un poco y me puse a hacer mis asuntos… «¡Qué alivio…! ¿Dónde podremos encontrar agua…?» Regresé volando con ellos… Lianne dijo:

—¿Te lavaste las manos, renacuajo?

—¿Qué parte de ya no me queda agua, no entendiste? ¿Queda algo en la que separamos para asearnos y esas cosas?— Grand dijo:

—Muy poca, pero sí alcanza para que te laves las manos.— Sonreí y corrí hasta Grand para lavarme las manos… Camille dijo:

—Sí gustan, puedo usar una bendición de mi diosa para llenar nuestras provisiones de agua…— Le dije:

—Sí, por favor.— Ella sonrió y dijo:

—Síganme…— Llegamos hasta una roca con la superficie lisa y pulida… Dijo:

—Grand, pon la alforja para recibir el agua, por favor.— Él asintió y la recargó en la roca… Camille canalizó un conjuro, golpeó con su báculo la piedra y el agua comenzó a brotar, vertiendo como sí viniera de dentro de ella… «¡Guau!» Le dije:

—¡Increíble! Gracias, Camille.— Ella dijo:

—No, Arlinne. No me agradezcas a mí, es obra de nuestra diosa que siempre nos acompaña.— Asentí y dije:

—Gracias…

Nos pusimos a descansar… Una vez más, el peor momento del día… «Comer esas galletas… Ni modo». Serví al lobito su ración y le puse agua fresca en su traste. Volví con los demás y mientras masticaba, pensaba en el conjuro que había hecho Camille… «¿De verdad, será obra de un ser supremo…? No importa lo que ella diga, no quiero ser grosera con ella y con lo que creé, pero… Una parte dentro de mí, piensa que ese es el poder de Camille y su fe de alguna manera sirve como un catalizador para sus conjuros… Bueno, mejor no ahondar mucho en eso. La verdad es que ni siquiera mi propia magia la entiendo muy bien, mucho menos la de otros…» Terminé de comer y les dije:

—Buenas noches, voy a mi mantita… No necesitan nada más de mí, ¿verdad?— Todos me dieron las buenas noches y Camille dijo:

—¿Necesitas que siga tratando tu pierna, Arlinne?

—Pues… Ahorita no me duele nada, pero hace rato me dolía mucho y así… Supongo que no, te agradezco, veamos como despierto.— Ella asintió sonriendo y por fin, me fui a descansar.

Pasamos un par de días más, sin nada relevante… Hasta que por fin, al inicio del tercer día, llegamos a la que se suponía era la caverna que nos llevaría de vuelta a la superficie… Ascendimos por ella, por horas, hasta que después de mucho tiempo, salimos a la superficie… Yo estaba tan, pero tan feliz… Que cuando sentí de nueva cuenta el viento en mi rostro, empecé a brincar de la emoción… Les dije, saltando:

—¡Por fin, lo logramos! ¡Gracias, gracias, gracias a todos! ¡Por fin!— Me tiré a la tierra suelta del piso y empecé a rodar, riendo como una loca… Todos me veían desencajados… Les dije:

—¡Miren! Además es de noche… Podré dormir un poco más tranquila, sin pensar que en cualquier momento una de esas arañas gigantes me va a lamer la cara…— Lianne se botó de la risa y dijo:

—¡Jajaja! Renacuajo, las arañas no tienen lengua… ¡Jajaja!— Le dije:

—Ya sé, es solo un decir… ¡Jijiji!— Todos estaban contentos e inmediatamente los chicos, comenzaron a buscar cosas para encender una fogata…

Me senté por ahí y comencé a ver el paisaje… «¡Mmmh! Parece una estepa… A lo lejos se pueden ver las montañas». Comencé a escuchar aullidos… «¡Lobitos!» El lobo comenzó a aullar también, como sí contestara… «¡Qué bonito!» Me quedé ahí observándolo… «Que lindo…» Fui y lo acaricié, mientras seguía aullando… «¡Cierto! No estoy muy cansada, tal vez pueda usar este arco que casi nunca uso y cazar un animalito para comer…» Tomé mi arco, saqué las flechas de mi bolsa, las ajusté en su carcaj y lo puse en mi espalda… Ray se acercó y me dijo, bajito:

—¿Tan desesperada estás?— Le dije:

—Sí… ¿Crees que encuentre algo de noche que alcance para todos…?— Él dijo:

—No conozco este lugar, pero… Tal vez. ¿Quieres que te acompañe?— Asentí con la cabeza. Les avisamos a los demás y Penny, también se pegó… «¡Bien! Servirá para rastrear…»

Anduvimos un rato, hasta que Penny encontró algunas huellas en la tierra suelta… Dijo:

—Parece que son de cabras o carneros…— Apuntó hacia la vegetación y agregó:

—En esa dirección… Seguramente están dormidos entre la vegetación que hay por ese lado…— La luna brillaba en todo su esplendor… Les dije:

—Bien… ¿Qué les parece, sí…? Penny va sigilosamente hasta allá, sorprende a una, la más alejada de las demás y sí se le escapa, yo la espero con el arco cuando salga o salgan de la maleza… Ray puede servir como poste para que no corra más lejos de nosotros.— Penny dijo:

—Sí… Suena bien. Pero no se me va a escapar.— Le dije:

—Trata de escoger una sólita, que no veas con crías o algo así, porque sentiré feo, mientras me la como…— Ray rio discretamente y dijo:

—Podrías sentir menos feo, sí no la comieras del todo…— Le dije:

—¡Jijiji! Tal vez… Pero ya pasé ese punto.

Penny se fue sigilosamente hasta la vegetación… Ray se fue del lado contrario y yo saqué mi arco y comencé a apuntar en la dirección que Penny debería de perseguirla, sí se le llegase a escapar. No oíamos absolutamente ni un ruido, hasta que Penny salió de la vegetación arrastrando al animal por las patas… Ray vino de regreso junto con Penny. Les dije:

—¡Ya? ¿Así de fácil?— Penny dijo, orgullosa:

—Sí, así de fácil… Las otras ni siquiera despertaron.— Era una cabra de buen tamaño… Ray la cargó entre sus hombros y fuimos de regreso…

Cuando llegamos al lugar donde habíamos acampado, el lobo llegó a recibirnos entre aullidos y ladridos… Le dije:

—Ya, ya… Pronto acabará todo nuestro sufrimiento, sé paciente.— Lo acaricié del pelo de su cabeza. Ray y Grand se dispusieron a desollarla y destazarla… Camille se acercó a mí y me dijo:

—¿Ya más contenta?

—Sí, lo siento…— Ella dijo:

—No te preocupes, a todos nos hace falta un poco de proteína fresca, nos vendrá bien… Pero en cuanto se acabe, volverás a las raciones, ¿está bien?— Le dije:

—Sip, está bien… Pero no por tantos días. Espero lleguemos pronto a la villa de los enanos, necesito también verduras frescas, lavar mi ropa y un buen baño.— Camille sonrió…

Nadie pudo esconder que estaban deseosos de comida fresca hace días, todos se engulleron su porción felices de la vida, pero no había nadie más feliz, que el lobo y yo.

A la mañana siguiente, salamos un poco la carne que había sobrado y la envolvimos para que nos durara al menos ese día, con suerte tal vez el siguiente… De igual forma, no me pude escapar a la hora del desayuno de esas hojuelas secas de avena con agua… «Está bien, me siento mucho mejor… Igual mi piernita está mucho mejor». Antes de partir le preguntamos a Lianne por los caballos y ella dijo:

—Lo siento chicos, aún no puedo hacer el conjuro nuevamente… Pasamos menos tiempo del esperado, allá abajo. Tendremos que caminar un rato.— Le dije:

—No hay problema, solo tratemos de descansar un poco a la hora en que el sol esté mucho más fuerte y avancemos más, cuando esté un poco más fresco…— Así lo hicimos y al anochecer de ese día, estábamos a las faldas de las montañas… Todos se habían ido a dormir, excepto Grand que haría la guardia y Penny que estaba a mi lado, dándole agua al lobito… Ella dijo:

—¿Arlinne, pensé que seguiríamos hacia el campamento…?— Le dije:

—No… Recuerda. Debemos dejar el mineral con los enanos, una vez hecho eso, podemos seguir hacia el noroeste para llegar al campamento…— Penny se quedó pensando, mientras asentía con la cabeza… Le pregunté:

—¿Pasa algo?— Ella me dijo:

—No es nada… Solo… No sé como me siento, de volver a ver a mi papá… No sé sí reclamarle o sentirme culpable por no haber seguido sus órdenes… La verdad, es que ahora que estamos tan cerca de ese lugar, simplemente no quiero regresar… ¿Hay forma de que los pueda esperar por aquí o por ahí, en lo que ustedes hablan con ellos?— Le dije, tratando de ser comprensiva:

—¿No quieres arreglar las cosas con él…?— Ella me dijo:

—No lo sé, Arlinne… Lo único en que puedo pensar, es que mi padre es una persona muy orgullosa y que sí harán un acuerdo con ustedes, es porque en parte se está tragando su orgullo… ¡Quiero qué me diga de corazón, que siente lo que pasó con mi madre! Pero… Estando ustedes ahí, ni siquiera creo que le vaya a pasar por su cabeza… Por otra parte, este tiempo que los he acompañado, algo me queda claro… Mi padre es un guerrero muy fuerte, pero la verdad… Ante ustedes no creo que tenga la más mínima posibilidad de vencer… Y sí él piensa intentar algo así, seguramente saldrá mal para él… Ni siquiera quisiera estar presente, sí eso llega a pasar… No sé como me sentiría…— Sus ojos se comenzaron a humedecer y le dije para reconfortarla…

—No te preocupes, Penny… Te prometo que no lo lastimaremos. Sí se llega a dar el caso, lo derrotaremos sin herirlo y le daremos la oportunidad de que recapacite en los errores que ha cometido.— Ella seguía llorando y dijo:

—Ese es el problema, Arlinne… Para los líderes de mi pueblo, su orgullo es tan importante como su propia vida… Sí han decidido hacer una tregua con su enemigo, es porque han hecho un gran esfuerzo y hecho su orgullo a un lado… No sé sí mi padre siquiera pudiera hacer eso…— Le dije, mientras la abrazaba:

—Tranquila… Todo va a salir bien, te lo prometo.— Cuando dije esas palabras, ella me interrumpió de golpe y dijo:

—¡No, Arlinne! ¡No te arriesgues por él…! Lo he pensado ya varias veces, no se pongan en riesgo por eso… ¡Sí él ataca con la intención de matarlos, solo respóndele de la misma manera, será lo mejor! ¡No quiero perderlos a ustedes por su necedad, como perdí a mi madre!— La apreté y la reconforté entre mis brazos… Le dije:

—Tranquila… Las cosas van a salir bien, ya lo verás. Sí de verdad no quieres verlo, piénsalo en estos días y avísanos, ¿está bien?— Ella dijo:

—Sí… Gracias.— Y hundió su cabeza en mi regazo…

Al día siguiente, comenzamos a subir el camino de la montaña que llevaba a la villa de los enanos en la cordillera al sur de Kharsten… Era pesada la subida y para colmo, me empezó a molestar la pierna… «¡Pfff! ¡Qué momento! Creí que estaba mejor, pero parece que no…» Se dieron cuenta, tal vez en mi forma de caminar… Ray se acercó y me dijo:

—¿Peque, qué pasa? ¿Aún te duele?

—Sip… De repente. Tenía más de un par de días bien y ahora que tengo que subir a pie, se le ocurre que es un buen momento para empezar…— Supongo que me vio muy estresada y dijo:

—Nosotros no traemos a nuestras montas, pero… La tuya sí está. ¿Por qué no, subes a su lomo?— Le dije:

—No… Es feo que solo yo vaya cómoda y ustedes estén haciendo un esfuerzo… Mira a la pobre de Lianne… Nunca en su vida había dado más de veinte pasos seguidos y ahora está subiendo una montaña, sería una falta de respeto… ¡Jijiji!— Solamente escuché su voz de más abajo del camino…

—¡Te escuché, pendeja!— Le dije a Ray:

—¡Oops! Mejor sigamos subiendo, estaré bien…— Sonreí y continué mi camino…

Nos detuvimos a descansar un poco después de mediodía. El sol estaba fatal… «Menos mal, no está tan empinado…» Nos sentamos a la sombra de un árbol y nos refrescamos un rato… Camille me dijo:

—¿Cómo está tu pierna, Arlinne?

—Pues… ¡Mal! ¡Jajaja…! A ratos me duele… Dejé de caminar y me dejó de doler, pero seguro ahora que me levante de mi lugar y me ponga en marcha, comenzará nuevamente…— Ella dijo:

—Es buena señal, significa que ya se te quitó el reflejo y solo te da cuando tu músculo está estresado. Te daré un masaje, vamos a ver…— Ella sacó una venda de su bolsa, un frasquito con ungüento y se arrodilló frente a mí… Me dijo, mientas la palpaba:

—¿Qué tanto te duele?

—Pues… Menos que cuando me hirieron, lógico… Pero siento como un tirón de la rodilla hacia arriba, cuando me apoyo con ella…— Me dio un masaje en mi muslo y me vendó. Dijo:

—Listo. Ya es cuestión de días, para que no tengas ni el más mínimo dolor.— Le dije: —¡Gracias! No sé que hubiera pasado, si no estuvieras con nosotros… Lo más seguro es que hubiera perdido la pierna o por lo menos, hubiera tenido que dejar de pelear por completo en ese momento para enfocarme en sanarla por mí misma… Y en el mejor de los casos, sí hubiéramos sobrevivido, ahora estaría en una condición mucho peor…— Ella dijo:

—No te preocupes.— Volteó a ver a Penny y le dijo:

—¿Penny, cómo te sientes?— Penny dijo:

—Yo estoy como nueva… Además, yo no soy tan frágil como la chillona de Arlinne.— «¡Eh…? ¡Chillona?» Le dije, molesta:

—¡Tonta! ¡Sí hasta te desmayaste cuando estábamos sanando tus podridas entrañas!— Ella dijo:

—¡Eres una mensa! ¡Sí eso te llegara a pasar a ti, te morirías de la pura impresión!— Íbamos a comenzar a discutir, pero Camille paró la discusión diciendo:

—Basta las dos… Que bueno que ya estén bien. No deben de pelear entre hermanas… Ahora, Arlinne, tú eres la mayor… Debes de ser más consciente y Penny, no ofendas a Arlinne.— Las dos, nos quedamos en silencio… Camille, cada vez se volvía más y más como nuestra madre… «¡Jajaja! ¡Qué cosas!»

Continuamos la subida por la tarde… Estaba exhausta y solo me mantenía en movimiento el pensar que con suerte, esa noche dormiría en una rica camita de hostal después de haber tomado un delicioso baño y haber llenado mi pancita de cosas deliciosas… Por fin, al anochecer, estábamos frente al camino que llegaba a la villa, rodeando las montañas desde el sureste… Les dije:

—¡Por fin! Solo un poco más, debe de ser ahí adelante…

Seguimos hasta la villa y en la entrada, mostré la carta que me había dado Barthis para el gremio de artesanos en este lugar… Los guardias la leyeron y nos dejaron pasar. La arquitectura del lugar era casi idéntica a la villa que se encontraba en Montloarc… Todas las construcciones hechas de enormes bloques de piedra tallada con los cimientos trabajados en la misma roca de la caverna y acabados propios de su cultura. Les dije:

—¡Bien, estamos aquí! ¡Qué alegría! Vamos a buscar donde hospedarnos, ya el día de mañana llevaremos el encargo al gremio.— Todos estuvieron de acuerdo.

Llegamos hasta la taberna… Había bullicio y más humanos de los que pensé encontrar, tal vez todos comerciantes y aventureros. Pedimos tres habitaciones dobles y nos quedamos de una vez a cenar… Yo pedí una rica ensalada de hongos y mi favorito… Pollo asado. Para el lobito, pedí solo un par de pollos asados… «¡Qué rico!» El lobo y yo, estábamos felices… Lo veía en su semblante, mientras crujía los huesos del ave en su hocico.

Después de cenar, subimos a nuestras habitaciones… Había agua corriente. Era la hora de tomar un rico baño que tanta falta me hacía… Ray me dijo:

—¿Quieres qué nos bañemos juntos, ranita?— Le dije, mientras me sacaba la ropa:

—No lo sé… Has sido feo conmigo últimamente. No creas que se me ha olvidado, que no me quitaste las arañas y que me obligaste a comer galletas secas y feas, junto con Camille, conspirando contra mi voluntad…— Él hizo una cara de sorpresa y dijo:

—¿Sigues molesta por eso?

—Sí…— Terminé de desnudarme y me dirigí al baño… Él me tomó de la mano y me abrazó, me dijo:

—¿Quién es mi ranita linda?— Hacia un esfuerzo por seguir indiferente y le dije:

—Yo… Pero aún así. Sigo molesta…— Me comenzó a besar mi cuello… Le dije:

—Espera… Ray. ¡Así como estás haciendo un esfuerzo ahora, te hubieras esforzado por quitármelas…!— Me contestó esbozando una sonrisa…

—Arlinne… Todo pasó muy rápido. En un instante saliste corriendo hacia adelante del camino y al otro ya estabas corriendo y gritando, como una loca de regreso… ¡Jajaja!— Me molesté y le dije:

—¡Encima, te sigues riendo? ¡Uuy! ¡Menos! Ya suéltame… No quiero que se desperdicie el agua…— Me abrazó fuerte por la cintura y dijo, buscando mi mirada:

—Ya no seas berrinchuda… Lo siento. Trataré de estar más atento la siguiente vez que vea arañas cerca.— Me retorcí entre sus brazos… «¡Bah…! ¿A quién quiero engañar?» Lo abracé de vuelta y le dije, con mi tono de voz completamente cambiado:

—¿Seguro…? ¿Lo prometes…?— Él me vio a los ojos, sonriendo:

—Sí, ranita.— «Mmmh… Está bien.» Lo besé profundamente y le dije:

—Está bien, te perdono… Pero vamos a asearnos primero, ¿sí?

Abrí mis ojos… «¡Eh! ¿Dónde estoy?» Podía ver a lo lejos mi aldea… Estaba en la colina que daba al camino que salía de ella. Volteé a ver a todos lados y vi a mí yo del pasado junto con Linna, platicando, recargados en el árbol… El mismo árbol que fue testigo de nuestra tragedia…

Me acerqué temerosa… Temerosa de recordar más cosas que había dejado enterradas en el olvido por mi propio bien. Llegué casi frente a ellos… Platicaban. Mí yo del pasado, dijo:

—¿Linna, cuándo regresa tu padre a la aldea?— Linna dijo:

—Probablemente en un par de días. Me dijo que traería ropa linda para mí… ¿Me ayudarás a probármela?— Le dije:

—Claro, sí tú quieres y no te molesta que me la ponga…— Linna dijo:

—Claro que no, tonto… Te ves tan lindo con ella, que a veces pienso que se te ve mejor a ti que a mí…

—Eso no es cierto. No digas esas cosas, que me las voy a creer… ¡Jijiji!— Ella dijo, viendo hacia el cielo:

—Arel, ¿sabes…? Te he estado observando, cuando vas a recolectar leña a las afueras de la villa, cuando juegas por ti mismo a las espadas, cuando tienes que correr por la calle por un mandado y…— Me volteó a ver inquisitiva y continuó:

—Me he dado cuenta de que eres bastante rápido y fuerte… Cuando corres, cuando saltas… No te ofendas por lo que te voy a preguntar, pero… ¿Por qué permites que los otros chicos abusen de ti…? ¿Por qué no, los enfrentas y les das una lección?— Mi yo del pasado se quedó en silencio y dijo, avergonzado:

—No me gusta lastimar a las personas, Linna… Lo he intentado, pero cuando por fin alzó mis brazos para defenderme e imagino donde voy a golpear a mi agresor, me detengo, porque no quiero lastimarlo…— Mi yo del pasado se detuvo por un instante y continuó… —¿Tú también crees que soy un cobarde, por no querer lastimar a las personas?— Volteó de nueva cuenta hacia las nubes y dijo:

—No… Y no me sorprende. Eso pensé hace mucho tiempo… Con tu inteligencia y rapidez, ninguno de los chicos de la aldea, podría siquiera ponerte la mano encima…

—¡Jajaja! No exageres… No soy tan bueno. Cuando jugamos con los demás, ni siquiera quieren escogerme en sus equipos…— Ella dijo, molesta:

—Eso es, porque son ignorantes, Arel… Se dejan llevar por habladurías…

—¡Jajaja! No es cierto…— Ella dijo, cambiando el tema:

—¡Oye, Arel! ¿Has escuchado de los mayores, acerca de los rumores de la guerra…?— Yo le dije, apesadumbrado:

—Sí… No he escuchado bien los detalles, pero… Parece que al norte en Kharsten, la cosa se está poniendo mal…— Ella dijo:

—Sí, lo mismo escuché…— Los dos nos quedamos en silencio, hasta que Linna dijo inocentemente:

—¡Arel, no sería maravilloso, ser un héroe y detener la guerra con magia y espada?— Yo le dije:

—¡Jajaja! ¡Crees? Pues… Yo también lo había pensado, pero solo somos niños… Y de magia y espada, no sabemos nada… Al menos yo, no.— Ella dijo:

—¡Ya lo sé, tonto! Pero… Cuando seamos mayores… No puedo dejar de pensar en eso, me pongo triste solo de pensar en todas las personas que están sufriendo por causa de la guerra… Que me gustaría tanto poder hacer algo…— Le dije:

—Sí… Estaría bien. Pero… Suena peligroso. Nuestros enemigos podrían atacar a nuestras familias y nuestros seres queridos… Mi mamá me lo ha dicho en algunos cuentos de héroes que me ha contado… Cuando el villano no puede más con el héroe, trata de desquitar su odio con quien esté a la mano… Es peligroso.— Linna rio y dijo:

—¡Jajaja! Arel… Siempre pensando en los demás, hasta en tus fantasías…— Ambos nos quedamos en silencio y de repente Linna dijo, emocionada:

—¡Ya lo sé! ¡Lo tengo!— Yo me sobresalté y le dije:

—¡Qué? ¿De qué se trata?— Ella dijo:

—Sí vamos a ser héroes que arriesgan todo para salvar el mundo, entonces… Para que estuviéramos tranquilos, podríamos usar nombres falsos y un origen falso para que nuestros enemigos nunca puedan usar eso a su favor…

—¿Cómo?— Ella dijo, emocionada:

—¡Sí! ¡Mira…! Por ejemplo… No usaríamos nuestros nombres verdaderos. Tú no serías Arel y yo no sería Linna. Usaríamos otro nombre… Por ejemplo… A ver… ¿Qué nombre podría usar yo…?— Sin reparar ni un segundo, mi yo del pasado dijo:

—¡Arlinne!— Linna se me quedó viendo extrañada por la velocidad de mi respuesta y dijo: —¿Arlinne…? No suena mal… ¿Quién es Arlinne, Arel?

Yo estaba embobado, recordando cada palabra, como sí después de mucho tiempo, una parte de mí estuviera completa otra vez… Mi yo del pasado dijo:

—No lo sé… Solo se me ocurrió, porque se parece un poco a los nombres de ambos…— Linna cambió su expresión por una de ingenio y ocurrencia… Dijo:

—¡Si, qué buena idea! ¡No solo eso…! Arel, a ti te gusta vestirte de mujer… ¡Incluso podríamos fingir que somos la misma persona…! Eso confundiría más a nuestros enemigos… Tú de mujer y yo de hombre… Así ellos nunca sabrían realmente, quien es Arlinne, hasta que sea demasiado tarde…— Ambos reímos, pensando en la idea, hasta que Linna me vio fijamente y me dijo, muy seria:

—Arel… Prométeme, que sí la guerra continua, entrenaremos y nos volveremos fuertes para ayudar a las personas… ¡Y cuándo llegue el momento, seremos Arlinne!— Yo me quedé sorprendido por su decisión, pero… En ese momento solo supe asentir… Ella dijo, feliz: —Entonces, está decidido. Nunca más diremos ese nombre, hasta que llegue el momento de que los malos tengan su merecido, ¿qué te parece? ¿Estás de acuerdo?— Volví a asentir y ella dijo:

—¡Promételo!— Le dije inocentemente, sin saber ni por un segundo, que el destino nos estaba haciendo una cruel jugarreta a ambos:

—¡Lo prometo!

Desperté sudando, con lágrimas en los ojos y por alguna causa, llena de terror… Estaba en la cama. Me recargué en la cabecera para quedarme sentada por un momento en lo que me tranquilizaba… Ray encendió una lámpara de aceite y la habitación se iluminó. Me dijo, regresando a la cama:

—Calma, peque… ¿Estás bien?— Yo seguía pensando profundamente en lo que acababa de soñar y como pude haber olvidado todo eso… De alguna manera recordaba que le había prometido a Linna, algo acerca de la guerra, pero hasta esa noche que lo había revivido en mi sueño, recordé por completo, bajo que condiciones se había hecho esa promesa… Le dije: —Sí, amor… Lo siento. Siento tanto que tengas que despertar a medianoche, porque soy un incordio…— Él se recostó a lado mío y me abrazó… Yo me colgué de sus brazos, hundiéndome en su pecho, mientras él acariciaba mi cabello. Él dijo:

—No pienses en eso, no es tan seguido como crees… Además, por lo general solo pateas y revoloteas en la cama o dices incoherencias, todo eso ya no me despierta.— Negué con la cabeza, sonriendo… Le dije, mucho más tranquila:

—¡Jajaja! Bueno… Al menos eres honesto… ¡Jajaja!— Él me dijo:

—¿Todo mejor? ¿Quieres que apague la luz?— Le dije:

—No… Espera, dame unos minutos, ¿sabes? Creo que por fin, en mis delirios y pesadillas, encontré la respuesta a lo que todos me preguntan…— Él se quedó inquisitivo y dijo: —¿Cómo?

—Sí… Todo mundo me pregunta siempre, ¿qué sí soy tonta o que? ¿O Por qué quiero ayudar a las personas? ¿O Por qué quiero acabar con la guerra? ¿O por cuánto tiempo lo haré? Creo que por fin, encontré la respuesta más honesta a esas preguntas…— Él dijo:

—¡Ah, sí? ¿Cuál es?— Le dije, mientras me apartaba de sus brazos e iba a apagar la luz: —Se reduce a tres cosas… Tres respuestas. Es horrible lo que le pasó a mi amiga de la infancia, Linna, pero… Como tú lo has hecho, debo de avanzar y no… ¡Por ningún motivo permitiré que quede impune, ni que se vuelva a repetir! Pero sería pretencioso, pensar que me arriesgo y los arriesgo a ustedes de esa forma, por algo como eso…— Regresé a la cama en la oscuridad y me acosté de mi lado, para agregar:

—¿Por qué ayudo a las personas? ¡Porque quiero, me hace feliz! ¿Por qué peleo para terminar el conflicto? ¡Porque puedo! ¿Por cuánto tiempo seguiré peleando? ¡Mientras pueda hacerlo! Así de simple… ¡Jajaja! Espero no decepcionarlos, después de todo… Soy solo una simplona.— Él dijo, mientras nos acurrucábamos en la cama nuevamente:

—Me alegra mucho escuchar eso…— Le dije:

—¿No estás decepcionado, por mi forma de pensar?— Él dijo:

—Todo lo contrario, estoy orgulloso.— Le dije:

—¡Bobo! No seas adulador, no necesitas llenarme de elogios para conseguir lo que quieres… Sabes que soy tuya por completo, incondicionalmente tuya…— Lo comencé a besar en su torso desnudo…

Me levanté un poco tarde… «¡Qué más da! Quiero descansar un poquito más… ¡Waah! ¡Qué sueño tengo aún!» Ray estaba en el baño… «Mmmh… Solo me recostaré otro ratito…» Me volví a tender sobre la cama, atravesada de lado a lado… El lobo se acercó y me empezó a lamer la mano. Le dije, riendo por la sensación:

—¡Jajaja! ¿Ya tienes hambre lobito? Sí cenaste bastante…— Me empezó a lamer la cara… Le dije:

—¡No! ¡Jajaja! Espérate… Besitos por la mañana, no. ¿En qué habíamos quedado?— Me puse de pie y comencé a recoger mi ropa sucia del piso… «Es mucha… Será mejor lavarla de una vez». Busqué en mi bolsa, unas bragas, una playera limpia y me las puse… Tocaron a la puerta… «Mmmh… ¿Quién puede ser?» Me acerqué a la puerta y dije:

—¿Sí?— Oí la voz de Penny del otro lado, quien dijo:

—Arlinne, los estamos esperando para desayunar, ¿no vendrán? Me mandó Camille a preguntar…

—Sí, en unos minutos… Ahí vamos.— Oí las pisadas de Penny, salir corriendo rumbo a las escaleras… «Vaya… Solo es silenciosa cuando quiere. El resto del tiempo lo compensa siendo más escandalosa de lo normal». Ray iba saliendo del baño… Le dije:

—Al fin…— Y corrí hacia al baño. Él dijo:

—Sí te andaba, hubieras entrado, solamente me estaba afeitando y dando una enjuagada…— Le dije:

—No me anda… Pondré a remojar mi ropa. Prepárate para que vayamos a desayunar con los demás y dejar los mandados…

Salimos al poco rato y bajamos las escaleras… Ahí estaban esperándonos todos. Saludamos y nos sentamos… Camille me vio a la cara y dijo:

—Recuérdame, Arlinne. Que arregle tu cabello al rato, por la tarde.— Toqué las puntas de mis flecos… «Cierto… Se medio chamuscaron con lo de las arañas…» Lianne arrojó el jugo por la nariz a carcajadas… «¡Pfff! ¡Otra vez!» Les dije, enojada:

—¡Para eso me estaban esperando? ¡Para reírse de mí?— Lianne trató de controlarse y dijo: —Lo siento, renacuajo. Disculpa… Será difícil sacar tu rostro de esa ocasión de mi mente… ¡Jajaja!— Camille interrumpió y dijo:

—Ya, ya… Deja eso Lianne. Ya te pedimos tu desayuno, Arlinne. Panques recién horneados con miel y jugo fresco.— Le dije, dudando:

—¿De naranja…?— Ella dijo:

—Sí, de naranja.— «Bueno… Los perdono». Llegaron a la mesa… Era una montaña de panquecitos… Les dije, emocionada:

—¡Todos estos para mí…?— Enseguida pusieron un enorme tarro de miel en la mesa. Camille dijo:

—Bueno… Te vamos a ayudar con unos poquitos.— Sonreí y dije:

—¡Jijiji! Está bien, pero apresúrense, porque se enfrían…

Salimos de la hostería al gremio para entregar el mandado… Llegamos hasta las puertas del edificio. Camille sabía su idioma y nos ayudó en todo el proceso… Por fin, estábamos frente a la persona que entregaríamos el mineral… Era un enano de brillante calva, con una barba muy larga de color blanco que le llegaba casi hasta la cintura. Él dijo:

—Recibí la carta de Barthis, hace unos días. ¿Es cierto que ustedes traerán el mineral con nosotros?— Le dije:

—No traeremos… Ya lo tenemos aquí.— Él se quedó asombrado… Le pedí el mapa a Grand y se lo mostré, explicando las anotaciones que habíamos hecho en él… Él dijo:

—¡Increíble, deben de ser poderosos aventureros! ¿Tuvieron algunos problemas?

—Sí, bastantes, a decir verdad… Pero algo me dice que ustedes no los tendrán. Este es el lugar más seguro para conseguir cuanto quieran de este mineral…— Le señalé en el mapa y continué:

—Solo una advertencia… Esta de aquí, es una milenaria construcción, sería mejor que no entraran, sí es que quieren no tener problemas.— Él dijo, acariciando su barba:

—¡Excelente! Son personas honorables. Aquí está nuestra parte del trato.— Me quedé pensando, sorprendida… «¡Parte del trato…?» Él me ofreció una bolsa llena de dinero… Volteé a ver a todos y dije:

—¡Gracias!— Tomé la bolsa, nos despedimos amablemente y salimos del lugar…

Nos sentamos por ahí para tomar algo y refrescarnos un poco… Les dije, mientras abría la bolsa:

—De esto, no nos dijo nada, Barthis… ¿O sí?— Grand dijo:

—Mencionó algo de una propina, pero no le dimos importancia…— Les dije:

—Es bastante… Tal vez, unas mil piezas de oro… Vamos a repartirlo.— Camille dijo: —¿Arlinne, por qué no lo guardas para nuestros gastos?

—Mmmh… Pues… Tenemos algo, pero… Sí quieren, está bien.— Todos estuvieron de acuerdo. Resuelto eso, les dije:

—Vamos a quedarnos el día de hoy a descansar aquí. ¿Les parece bien, qué el día de mañana partamos al campamento de los virzuks?— Nuevamente estuvieron de acuerdo… Con excepción de Penny, que se quedó en silencio. «Está bien. Ya hablaré a solas con ella, cuando llegue el momento». Camille dijo:

—Arlinne, regresemos… Vamos a cortarte tu cabello.— Le dije:

—No lo sé, me gusta como está… A excepción de las puntas chamuscadas.— Lianne dijo: —Sí, renacuajo. Te está creciendo. ¿No quieres probar nuevos estilos?— Le dije:

—La verdad es que, no. Me gusta así y ya me acostumbré, además no es como que mi pelo sea largo, grueso y sedoso… Lo tengo un poco delgado y me gusta corto… Solo arréglenme las puntas, ¿sí? Por favor.— Lianne dijo:

—¿Por qué no, te lo dejas largo?

—Creo que esta discusión ya la habíamos tenido con anterioridad y es la misma respuesta… No, me estorba y me gusta así como está. ¿Pueden o lo hago yo sola, frente al espejo?— Lianne dijo:

—Calma, calma… Está bien, señorita renacuajo. Te recortaremos solo un poco, te arreglaremos las puntas y tus flequillos.— Les dije, sonriendo:

—Gracias.

Por la tarde me ayudaron, arreglando mi cabello y después de eso, me puse a lavar mi ropa, al lobo y todo lo que tenía pendiente. Por la noche, cenamos y por fin, después de un tiempo, volví a apetecer un poco de licor… Todos brindamos por haber tenido éxito en el reino subterráneo y estuvimos conviviendo hasta ya un poco entrada la noche. Cuando fue momento de ir a descansar, decidimos que saldríamos al día siguiente, pasado el medio día. Según Penny, que se seguía viendo incómoda, era a lo más un par de días hasta el campamento virzuk, una vez que bajáramos la montaña.

Esa noche descansé tranquila, nada que ver con la noche anterior. Desperté revitalizada, además mi pierna había dejado de doler. Desayunamos en la hostería, liquidé la cuenta del dinero del grupo y nos preparamos para partir. Antes de salir de la villa enana, le dije a Lianne:

—¿Lianne, ya podemos acceder a los caballitos?— Ella dijo:

—Pues… Según mis cuentas, parece que sí. Salgamos de la villa y probemos, renacuajo… Te verías muy linda con tu cabello largo…

—No, otra vez… Sí tuviera el cabello como tú, así de grueso y sedoso, lo intentaría… Pero no.

—Está bien, era solo una sugerencia…

Salimos de la villa y ya a unos cinco minutos de distancia, Lianne comenzó a canalizar… Le hice una seña a Ray para que se preparara. El portal abrió frente a nosotros y entramos al establo de la torre por los caballos. Los llevamos afuera y el portal se cerró tras nosotros… Ray y Grand se pusieron a inspeccionarlos con cuidado y cuando dieron su aprobación, todos montaron. Coloqué la funda que usaba como silla al lobito y lo hice yo también. El resto del día, nos dedicamos a bajar de la montaña y avanzar un poquito, rumbo al noroeste. Cuando estaba a unos minutos de anochecer, nos detuvimos para descansar, pero antes de que pudiera desmontar, Penny se acercó a mí y me dijo, aún montada en su caballo:

—Arlinne… Hay algo raro allá adelante. Puedo ver luces que se encienden como va llegando la noche…— Me señaló con su dedo hacia la izquierda… Le dije:

—¿El campamento…?

—No. Esta es una construcción humana…— Le dije:

—¿Una aldea o villa?

—No… Es solo un edificio. ¿Por qué no, vamos a echar un vistazo?— Ray y Grand lo habían escuchado todo… Volteé a ver al resto y les dije:

—¿Qué opinan?— Ray dijo:

—No estaría de más… Por lo menos para saber lo que es y poder descansar tranquilos durante la noche.— Les dije:

—Vamos…— Nos fuimos acercando al lugar… Después de avanzar un poco, todos pudimos ver las luces de linternas o antorchas a la distancia en la oscuridad…

Llegamos frente al edificio. El lugar parecía los restos de una derruida aldea… Unas cuantas casuchas, completamente demolidas hasta el piso. Y en el centro del lugar, aquella construcción que parecía un templo… Camille llegó hasta mí y dijo:

—Ese es un templo dedicado a nuestra diosa…— Le dije:

—¿En serio…?

—Sí, es la arquitectura aceptada por la iglesia para las fachadas de los templos menores.— Les dije:

—Mmmh… Igual tengamos cuidado, es obvio que toda la gente del lugar se ha ido o está muerta. En lo que a mí respecta, ese sitio podría estar lleno de ladrones o bandidos.— Ray se acercó a nosotras y dijo:

—Cierto… Aunque también es algo raro, personas como esas, seguro tendrían vigías…— Volteé a ver a Penny, quien dijo:

—No hay nada, ni nadie a los alrededores…— Dio un salto para bajar de su caballo, agregando:

—Iré a dar un vistazo, espérenme aquí…

Esperamos a Penny algunos minutos… Les dije:

—No parece haber movimiento, al menos fuera… A lo mejor, alguien vive ahí.— Penny me habló desde mi espalda… Yo di un salto. «¡Otra vez! Me lleva…» Apreté los dientes y sonreí, mientras Penny decía:

—Es raro… Dentro, solo puedo ver niños.— Todos nos quedamos sorprendidos y le dije, tontamente repitiendo:

—¡Niños?— Ella dijo:

—Sí, mensa. ¿Así le dicen ustedes a las crías, no? Niños, esos mismos.— Seguíamos viéndonos entre nosotros… Ray dijo:

—Debe de haber un adulto con ellos, no creo que tengamos de que preocuparnos. Posiblemente solo sea una familia refugiada.— Penny dijo, sorprendida:

—¡Una familia? ¿Pues cuántas crías acostumbran tener ustedes? Ahí vi por lo menos veinte…— «¡Veinte…?» Les dije:

—¿Quieren echar un vistazo? A lo mejor están en un aprieto…— Camille se adelantó y dijo: —Sí. Eso es precisamente lo que les iba a sugerir.— Una vez de acuerdo, avanzamos hasta la puerta de la que según Camille, había sido un templo en otros tiempos… Desmontamos, pusimos a los caballos a un lado de la puerta, junto a un árbol y tocamos…

Dije en voz alta:

—Buenas noches… ¿Podemos pasar? Somos viajeros…— «Nada…» Vi a los demás y volví a tocar, para decir:

—Solo estamos de paso, ¿podríamos pasar aquí la noche…?— «Nop…» Penny me dijo: —Todos se quedaron en silencio y corrieron a esconderse…— Mientras veía por un cristal. Agregó:

—¿Quieren qué entre y les abra la puerta?— Le dije:

—Espera… Podría ser peligroso, sí hay un adulto con ellos. Además no quiero que por error vayamos a lastimar a alguien o alguien nos vaya a lastimar.— Volví a tocar… Nada otra vez. Les dije:

—Pienso que la sutileza no es buena idea esta vez, forcemos la puerta…— Todos se me quedaron viendo, sorprendidos… Les dije:

—¡Qué…? Es mejor que ir a escondidas en un lugar que no conocemos y donde todos saben que estamos ahí.— Camille dijo, preguntando:

—¿Penny, qué están haciendo?— Penny dijo:

—Solo escondidos, esperando a que nos marchemos.— Camille dijo:

—¿Ves algún adulto?

—No… Todos son niños y niñas, tal vez el mayor de unos siete años y de ahí para abajo…— Camille dijo, convencida:

—Penny, abre, voy a entrar…— Todos la vimos… Estaba extrañamente decidida. Penny me volteó a ver, yo no supe que decir y Camille dijo:

—Abre, por favor.— Le dije a Camille:

—Espera, Camille… Deberíamos pensar un poco mejor las cosas.— Me iba a contestar, pero por fin, escuchamos una voz… La voz de una chiquilla:

—¿Qué quieren? ¿Quiénes son? Aquí no hay nada de valor. Por favor, márchense…— Le contesté:

—Tranquila… Somos aventureros, estamos de paso.— La voz dijo:

—¿Aventureros…?

—Sí. Abre, no les haremos daño.— Ella dijo:

—¿Traen un sacerdote con ustedes?— Camille se pegó a la puerta y dijo:

—¡Sí, yo soy sacerdotisa y esta es la casa de mi diosa!

Esta vez, todos escuchamos cuchicheo dentro del lugar y el mover de objetos pesados lejos de la entrada… La puerta se abrió y una chiquilla de a lo más unos ocho años, dijo:

—Buenas noches. Disculpen que no les hayamos abierto, pero ya hemos tenido problemas antes, con personas indeseables…— Le dije:

—No te preocupes… ¿Viven ustedes solos aquí…? Digo, ¿sin un adulto?— Ella dijo:

—No. Hay una persona que nos cuida, pero… Desafortunadamente está en cama. ¡Podría su sacerdotisa, ayudarla?— Camille se adelantó y dijo, sonriendo:

—Claro, vamos a ver como está.— Se metió al instante y nosotros tras de ella…

Camille dijo, mientras ponía sus cosas en el piso y abría su bolsa:

—¿Arlinne, me acompañas?— Vi a los demás, hice una seña a Ray y le dije:

—Sí, vamos.

La niña nos condujo por el lugar, mientras poco a poco los niños salían de sus escondites… «Son muchos… ¿Todos huérfanos?» De repente… Me sorprendí al ver un par de niños un poco diferentes a los demás… «Esos son… ¿Niños virzuk?» Llegamos hasta la puerta de una habitación y la niña dijo, mientras tocaba:

—Tía Mariel… ¿Puedo pasar? Hay una sacerdotisa que puede ayudarte, vamos a entrar…— Camille murmuró:

—¿Mariel…?— Nadie contestó…

Camille dio un paso adelante y empujó la puerta… Entramos al lugar y por un instante, nos quedamos paradas ahí. Había una chica en cama, a lo mejor de la misma edad que Camille, estaba medio inconsciente y se veía que la pasaba bastante mal… Tenía su cabello largo y castaño claro, piel de color amielada y unos ojos pequeños. Camille salió corriendo hacia ella después de la impresión, diciendo:

—¡Mariel!— Se inclinó frente a la cama para revisarla… La chica hizo un esfuerzo por abrir sus ojos y dijo:

—Parece que por fin, mi momento llegó… Su santidad, gracias por venir por mí, para llevarme ante nuestra diosa… Solo lamento que aún hay muchas cosas pendientes que voy a dejar en este mundo…— Camille no dijo absolutamente nada… Comenzó a canalizar un conjuro, la luz brilló desde sus manos en toda la habitación, mientras la chiquilla que nos había llevado hasta ahí, veía asombrada… Cuando terminó, dijo:

—¿Arlinne, puedes conseguir unos trapos para que los usemos como compresas? Tiene mucha fiebre…— Le dije:

—Claro…— Me puse a buscar en mi bolsa por un par de trapos limpios… La chiquilla dijo: —¿Necesitan agua? Yo se las puedo conseguir, denme un momento…— Salió volando… Camille me dijo:

—Está muy enferma… Probablemente sea una enfermedad mágica. Lo peor del caso, es que no se atendió a tiempo y ahora, aunque sane la enfermedad, las secuelas son un riesgo…— Le dije, preocupada por la situación:

—¿Qué podemos hacer…?— Ella dijo:

—Lo primero es sacar la enfermedad… Vamos a bajar un poco su temperatura.— Le dije: —¿Es una maldición…?— Ella dijo:

—No, no lo creo.— La chica regresó con el agua y Camille le empezó a poner compresas en su frente…

Pasamos un rato así… Yo le ayudaba enjuagando y dándole de nueva cuenta los hilachos, hasta que Camille tocó su frente y dijo:

—Está bien, ya bajó un poco su temperatura. Voy a sacar la enfermedad con un conjuro, prepárate… Vamos a sanarla después de eso.— Le dije, temerosa:

—Pero… Camille. Yo no sé como tratar enfermos, solo heridas…— Ella sonrió y dijo:

—Bien… Es un buen momento para aprender, además no es muy diferente.— Le dije, dudando:

—Pero…— Ella dijo, interrumpiéndome:

—Nada de eso, Arlinne. Inténtalo, concéntrate como lo haces para sanar una herida, pienso que todo va a estar bien.— Estaba nerviosa… «Yo no soy sanadora… ¿Sí lo echo a perder?» Camille comenzó a canalizar un conjuro… Poco a poco, una tenue luz comenzó a cubrir a la chica desde sus pies a su cabeza. La recorrió por un momento hasta que el resplandor desapareció… Camille dijo seriamente:

—Es el momento, Arlinne. Pon tus manos en su vientre, yo lo haré sobre su pecho. Concéntrate en sanarla como sí fuera una herida.— Asentí con la cabeza y así lo hicimos… Después de un rato, Camille dijo:

—Las secuelas de la enfermedad ya tenían muy lastimado su corazón y sus riñones… ¿Conoces la anatomía del cuerpo humano, Arlinne?— Asentí nuevamente y le dije:

—Sí… Eso creo. En ocasiones, hojeaba los libros de anatomía en la biblioteca del maestro… No soy una experta, pero creo poder decir a ciencia cierta, donde se encuentra cada órgano y cada hueso…— Ella dijo, segura de sus palabras:

—Muy bien. Eso pensé desde que he visto tu forma de pelear y de sanar. Sabes donde lastimar y donde, no.— Me quedé sorprendida, mientras decía eso… Comenzó a reír y dijo: —Incluso estoy segura, que lo mismo haces sin querer, cuando te enfrentas a monstruos… Aunque no conozcas su anatomía, en tu cabeza se forma una imagen de en que lugar podrían tener cada cosa…— Calló por un momento para sonreír y decirme al siguiente:

—¿Sabes, Arlinne? No solo es sabio, el que tiene todas las respuestas, también es igual de sabio el que tiene todas las preguntas… ¡Jijiji!— «¡Mmmh? ¿Qué quiso decir…?» Le iba a contestar, pero dijo, cambiando el tema:

—¡Muy bien, suficiente! ¡Ayúdame a ponerla boca abajo!

Ambas, acomodamos a la chica boca abajo… Camille me dijo:

—Ahora, Arlinne. Pon tus manos por encima de sus riñones y haz lo mismo que has hecho hasta ahora. Yo me encargaré de la parte superior.— Así lo hice, esforzándome por mantener mi concentración todo el tiempo… Hasta que Camille dijo:

—Bien, Arlinne. Muy bien. Hemos hecho todo lo que está en nuestras manos, ahora depende de ella… Poco a poco, su cuerpo sé ira recuperando, ya sin la enfermedad, ni el daño que causó.— Se quedó observándola fijamente a su rostro…

—¿La conoces…?— Ella dijo:

—Sí… Ambas estudiamos juntas en el seminario cuando éramos tan solo unas niñas. En aquellos tiempos, incluso podría decir que fue mi única amiga, pero… Cuando por fin, me nombraron suma sacerdotisa, perdí su rastro y jamás volví a saber nada de ella… ¿Qué clase de amiga soy…? ¿Verdad?— Se veía claramente turbada… Le dije, sonriendo:

—Parece entonces… Que llegaste justo a tiempo. ¡Jijiji! Mmmh… Cambiando el tema. ¿No crees qué deberíamos sacarle esa ropa llena de sudor y acomodarla para que pueda descansar?— Ella asintió y volteó a ver a la pequeña… La chiquilla salió volando a un ropero y trajo prendas limpias y secas. La cambiamos de ropa y la acomodamos para que pudiera descansar…

Regresamos al que fuera en algún momento la capilla principal de la iglesia y solo veíamos ir y venir a Penny con todos los niños, repartiendo nuestras provisiones… Los chicos la ayudaban, haciendo porciones para todos. Sonreí y le dije a Camille:

—¿Quieres descansar?— Ella dijo:

—No, Arlinne. Estos pequeños deben de tener muchas necesidades que seguramente han tenido que esperar con Mariel enferma… Prepararé algo fresco de comer con lo que compramos en la villa… Sí no te molesta.— Le dije:

—Por supuesto, que no. Usa todo lo que necesites.— Me fui por un momento a descansar… Me senté en una derruida banca al lado de los chicos, mientras Camille le preguntaba algunas cosas a la chiquilla y salían hacia algún lugar dentro del templo… Ray me dijo: —Arlinne, les estamos dando un poco de comida.— Le dije, sonriendo:

—Sí, está bien. Les puedes dar todas mis galletas, no tengo ningún problema con eso… ¡Jijiji!

Se veían muertos de hambre… «Pobrecitos… La han de tener bastante difícil, sobreviviendo aquí afuera, tan solo con la ayuda de Mariel. Todos se ven muy pequeños…» La niña que nos había recibido se paró frente a todos y dijo, mientras sujetaba de la mano a Camille:

—¡Pongan atención todos! Ella es la tía Camille, es amiga de tía Mariel. Ella y sus amigos, estarán aquí un tiempo y nos ayudarán con la comida en lo que tía Mariel se pone mejor. Por favor, no sean groseros y pórtense bien.— Camille les dijo:

—Les voy a preparar algo caliente de comer, no quiero berrinches. Será sopa de verduras y un guisado con cerdo, así que vayan a asearse y prepárense para cenar.— Todos los niños tendrían a lo más entre cinco y ocho años… Gritaron emocionados, porque pronto comerían y corrieron a lavarse la cara y las manos…

Cenamos con los niños… Cuando terminé, me puse de pie y fui a darle de comer al lobo, el cual estaba en una esquina de la capilla, como sí estuviera echado ahí, haciendo guardia de la entrada del edificio. Le dije:

—¿Qué haces hasta acá…? ¿Eh? Supongo que no tengo que decírtelo, pero… Por favor, no te vayas a comer un niño. Pórtate bien, sé amable con ellos y te recompensaré, ¿sí?— El lobo gimió y giró su cabeza, como sí me entendiera… Lo acaricié de su pelo y le dije:

—¿Quién es el lobito más bonito…? ¡Tú! ¡Tú eres!— El lobo comenzó a comer y me alejé un poco para darle espacio. La chica que nos recibió estaba exactamente atrás de mí, junto con otro chico de su misma edad… El chico le dijo, susurrando:

—¡Pregúntale!— Ella le contestó:

—Que no, ¿cómo crees? No seas necio, que no es…— Él dijo, subiendo su tono de voz: —¡Solo pregúntale!— Volteé a verlos a la cara, sonriendo y les dije:

—¿Sí?— El chico vio a la chiquilla, la cual dijo:

—Gracias por todo… Perdón por no presentarme, me llamo Veranesa y este de aquí es Gradel.

—Hola, mi nombre es Arlinne.— Veranesa dijo:

—Perdón por molestar después de todo lo que han hecho, pero Gradel está de necio… Yo le dije que no, pero insiste…— Hice una cara inquisitiva y les dije:

—¿Qué pasa?

—Bueno… Él dice que tu perro es un lobo de verdad… Yo le dije que eso es imposible, solo es un perro muy, muy grande que parece un lobo, ¿verdad?— Sonreí y les dije:

—Pues… La verdad es que sí es un lobo. ¡Jijiji!— Ella tapó su boca con ambas manos y el chico dijo:

—¡Ves, te lo dije, pero eres necia! Sabía que era un lobo de verdad, los he visto antes y muy de cerca.— Les dije en un tono suave y aún sonriendo:

—No tienen de que preocuparse, es un lobito bueno.— Ella dijo:

—Pero… ¿Hay lobos buenos? Todos los lobos de los cuentos son malos y se comen a los niños.— Yo le dije, tranquilizándola:

—Los animales no son como los monstruos. Los animales son como son, no son buenos, ni malos. Todos son empáticos y aunque no puedan hablar, sienten las emociones de los que los rodean, mucho más rápido que cualquiera de nosotros…— El lobo había terminado de comer y se comenzó a acercar… La niña comenzó a temblar de terror. Le dije:

—Está bien, tranquila.— Tomé al lobo del pelo de su lomo y lo acerqué a los chicos para que lo pudieran tocar. Ella se veía como sí quisiera salir corriendo… Le dije:

—No pasa nada, ¿no quieren acariciarlo?— El chico sin dudarlo, puso su mano sobre su cabeza y lo empezó a acariciar… El lobito giraba su cuello en búsqueda de más… Volteé a ver a la chiquilla, asintiendo con la cabeza. Ella comenzó a estirar su mano, mientras temblaba… Le dije:

—Tranquila, no tiembles. No debes de estar nerviosa.— Apretó su semblante y por fin, lo alcanzó, poniendo su pequeña mano entre sus peludas orejas… El lobo comenzó a lamer su antebrazo en señal de aprobación. Ella sonrió por las cosquillas y le dije:

—¡Bien, le atinaste! Le encanta que le acaricien las orejitas.— El lobo se acercó para hacerle lo que siempre me hacía a mí y sin avisar, le empezó a lamer la cara… Ella emitió un gemido por el susto, pero inmediatamente empezó a reír por las cosquillas… Le dije:

—Ves… ¿No quieres abrazarlo?— Ella dijo, moviendo su rostro, tratando de escapar de su lengua:

—¿Puedo…?

—Claro, solo no lo aprietes mucho.— Ella lo abrazó… Apenas y lo alcanzaba con el contorno de sus brazos. Le dije:

—¡Lo ves! Los cuentos son cuentos, la realidad supera a la fantasía… ¡Ah sí! ¡Y no se confundan, los lobos sí son peligrosos! No intenten esto con cualquier lobo… Sí ven uno fuera, aléjense sin hacer movimientos bruscos. Mientras no estén hambrientos, no creo que haya mayor problema…— El chico dijo:

—¿Arlinne, cómo se llama?— Le dije, poniendo mi dedo en el mentón:

—Pues… Solo le digo lobo o lobito. La verdad es que soy muy mala con los nombres y muy simplona. Prefiero no ponerle un nombre que suene ridículo, como Loberto o Lobardo o algo así… ¡Jajaja!

Dejé que los niños que ya rodeaban el lugar, jugaran con él… Solamente les dejé una advertencia…

—No sean bruscos… No es agresivo, pero sí juegan brusco con él, él también va a jugar brusco con ustedes y créanme, ustedes llevan la de perder…— Me senté en la banca de hace un momento y les dije a los demás, con excepción de Camille que estaba por algún lugar dentro de la capilla:

—Creo que deberíamos quedarnos aquí algunos días… Al menos en lo que se pone bien la chica que se hace cargo de ellos.— Ray dijo:

—¿Cómo estamos de tiempo?— Grand contestó:

—Bien, nos ahorramos casi cinco días en el reino subterráneo. Estamos en tiempo.— Les dije:

—Entonces, sí están de acuerdo, me gustaría que ayudáramos a poner las cosas un poquito en orden en este lugar…— Estuvieron de acuerdo, les dije:

—Mañana me gustaría regresar a la villa de los enanos y comprarles algunas cosas a los niños, como comida y cosas básicas… Tal vez un poco de ropa sencilla. ¿Me acompañas, Ray?— Él dijo:

—Sí… Pero ya que habías dicho lo de arreglar las cosas, pensaba que sería buena idea, arreglar algunas cosas de la estructura del lugar junto con Grand… Este lugar se está cayendo a pedazos…— Tenía razón… «Supongo que necesitará materiales y esas cosas…» Les dije:

—Entonces, vayamos todos y regresamos. ¿Creen que podríamos hacer el viaje de ida y vuelta en un solo día…?— Grand dijo:

—Sí no nos distraemos, salimos temprano y cabalgamos por lo menos de ida, pienso que es posible.— Penny dijo:

—Lo más seguro es que Camille quiera quedarse a cuidar a la chica y los niños… En ese caso, yo creo que me quedaré a hacerle compañía y ayudarla, ¿no hay problema, verdad?— Le dije:

—No, ninguno. Está bien… Te podemos dejar también a Lianne, para que se ponga a lavar la ropa que de seguro es un chingo… ¡Jijiji!— Lianne dijo, fingiendo su risa:

—¡Jajaja…! ¡Sí, renacuajo, cómo no…! Puedo ayudar, pero no de esa manera. Ya tuve suficiente, lavando de chica la ropa de tu cama que…— Me paré de golpe y le tapé la boca… Dije riendo, mientras lo hacía:

—¡Jajaja! Está bien, hermanita… Jamás te dejaría aquí sólita. Vienes conmigo y ya después, lavamos la ropa entre todas…

Nos fuimos a acostar… Pusimos nuestras lonas alrededor de la entrada. El lugar no era muy grande y la verdad, ya estaba bastante comprometido el espacio con tanto chamaco… Ray me dijo, antes de que apagáramos las luces:

—No creo que hoy haya necesidad de hacer guardia. Estamos a cubierto y sí surge algo, supongo que tu lobo ladrará o aullará o algo…— Le dije, viéndolo tiernamente:

—Sí… Ven aquí, acuéstate conmigo en mi mantita, te invito…— Él sonrió y se tendió a mi lado… Le dije:

—Pero nada de cosas feas, ¡Eh?— Él dijo:

—¡Jajaja! Arlinne… ¿Cosas feas?

—Sí… Tú sabes a qué me refiero. Las manos quietas…— Él dijo:

—Está bien… ¿Ni siquiera cariñitos?

—Nop… Porque soy muy pronta y cualquier cosa me altera, ni siquiera cariñitos…— Él rio y se acomodó para dormir. Hice lo mismo y después de un rato, Penny fue a apagar las luces del lugar…

—Arlinne, es la hora… Vamos, levántate para hacer buen tiempo.— «¡Eh? ¿Qué?» Murmuré cosas ininteligibles… Ray contestó:

—Si, ya es hora. Desayunaremos llegando allá.— «¡Guaa…!» Como pude me puse de pie… Él me vio a los ojos y dijo:

—¡Qué carita! ¡Jajaja!— «¡Bah…!» Me agaché para recoger, doblar y guardar mi mantita… «Que sueño tengo… Todavía está oscuro». Me puse mis botas y cargué con mi bolsa.

Nos preparamos para salir, Penny nos despidió en la puerta diciendo:

—Camille se acaba de acostar, estuvo toda la noche arreglando las cosas y cuidando de… ¿Ehm…? ¿Mariel…? ¡Ah! ¡Sí! Mariel. Vayan con cuidado, los vemos por la noche.— Le dije:

—Sip, con cuidado. No tardamos.

Cabalgamos a paso veloz antes del amanecer y por fin, cuando estaba amaneciendo, ya estábamos muy cerca de la montaña… Lianne se acercó a mí en su monta y me dijo:

—Renacuajo… Estaba pensando en lo que me dijiste de la ropa y a decir verdad, hablé con el maestro para pedirle de favor que nos prestara de nueva cuenta su baúl. Pensé que sería buena idea y ese dinero lo podríamos usar para comprar algo más que les haga falta…— Le dije:

—Pero… ¿Cómo vamos a hacer para traer el baúl hasta acá…? Acabas de usar tu conjuro para los caballos y no tenemos tanto tiempo como para esperar…— Ella dijo:

—El maestro dijo, que él lo mandaría hasta acá que solo le avise…— Le dije:

—¡Qué bien! Eso nos ayudaría mucho, pero… ¿Cómo qué podríamos comprarles además de eso…?— Ella dijo:

—Estaba pensando, que sería buena idea, comprarles algunos juguetes…— «¿Juguetes…?» Le dije:

—¡Sí, qué buena idea! Todos son pequeños. Seguro aún apreciarán algo como eso.— Ella dijo:

—¿Crees qué haya juguetes en la villa?

—Pues… Debería, ¿no? Por lo menos, muñecas y pelotas, debería de haber o espadas de madera o incluso muñecos de felpa…— Lianne dijo, interrumpiéndome:

—¿Recuerdas tu muñeco de felpa ese…? El que el maestro y yo, te dimos para que te ayudara a dormir… Era como una lagartija…— «¡Lagartija…? ¡Ah…!» Le dije, molesta:

—¿Lizandro…? ¡No era una lagartija, es un basilisco! ¿Qué hay con él?— Ella dijo:

—¡Ese mismo! ¡Jajaja! Lizandro… Lo había olvidado. ¿Qué hiciste con él? ¿Lo perdiste? —Nop, solo lo guardé… Llegó un momento que decidí que ya no era tan pequeña como para dormir abrazada de un muñeco de felpa… ¿Por qué?— Ella dijo, riendo:

—¡Jajaja! No… Por nada. Solo se me hacía raro que tu lona la cargues a todos lados y a Lizandro, no.— Le dije:

—¡No seas fea con mi mantita y…! Lizandro está en un cajón, en mi mueble frente a la cama, ahí lo dejé, cuidando la torre y al maestro…

Llegamos muy temprano por la mañana a la villa de los enanos… Los guardias apenas nos reconocieron, nos dejaron pasar sin hacer preguntas. Les dije:

—Bueno… Pienso que podríamos comprar comida fresca para que tengan para un tiempo y tal vez algunas conservas para que tengan para un poco de tiempo más. Lo que no sé es… ¿Cuánto sería suficiente? ¿Y cómo lo cargaremos de regreso…?— Ray dijo:

—Lo ideal sería que consiguiéramos un par de carretas y caballos para jalarlas.— Le dije: —Me parece bien… Estaba pensando, mientras veníamos hacia acá, que sería buena idea, llevarles algo a los virzuk también…— Todos se me quedaron viendo y yo agregué:

—Digo… No es mala idea, después de todo, nos están invitando a su campamento, ¿no? Además, no lo hago tanto por eso…— Lianne dijo:

—¿Entonces…?— Le dije:

—Pues… A lo mejor, también están pasando por un mal momento por estar en guerra y lejos de sus tierras y pues…— Se quedaron esperando a que terminara de hablar… Alcé mi rostro, los vi a los ojos y dije:

—Pues… Después de todo, yo no tengo mucho uso para todo este oro y sí podemos tener todos juntos una rica cena, pienso que es el primer paso para entendernos mucho mejor… Con la pancita llena… ¡Jijiji!— Me quedé observándolos, sonriendo como una tonta… Ray y Lianne sonrieron y Grand estalló en carcajadas. Ray dijo, mientras me daba palmaditas en mi cabeza:

—Buena idea, Arlinne. Hagamos eso.— Me puse contenta y corrí hacia el interior de la villa, mientras les decía:

—¡Qué esperan entonces…? ¡Vamos, hay que comprar muchas cosas y quiero que los niños reciban sus juguetes hoy, después de la cena!

Pasamos toda la mañana comprando la comida… A los niños les llevaríamos verduras y carnes suaves, así como también algunas conservas dulces, en dos carretas. Por otra parte, decidimos llevar una tercera carreta con carnes saladas y ahumadas para los virzuk, así como algunos vegetales que podrían aguantar hasta treinta días. Terminamos un poco antes de mediodía con las carretas llenas, pagamos por ellas a un mercader que nos dio un mejor precio e hizo favor de reunir todas las provisiones de distintos comerciantes. Pagué ochocientos oros por toda la comida y quinientos por las cuatro carretas con cuatro caballos. Le pedimos de favor al mismo comerciante, que resguardara las cosas en lo que íbamos a conseguir los juguetes. Él fue muy amable e incluso nos llevó al lugar donde podríamos conseguirlos todos a buen precio… Había muchísimas cosas de donde escoger… Muchos juguetes tallados en madera, muchas muñecas y muñecos de felpa, así como pelotas y balones, hechos de cuero… Les dije:

—¡Bien, qué opinan? ¿Cuántos de cada uno? No quiero hacer asunciones tontas, después de todo, no le llevaré una muñeca a una niña solo por ser niña o una espada de madera a un niño por ser niño…— Lianne dijo:

—Renacuajo… ¿Por qué no, llevamos veinte de cada uno y simplemente dejamos que ellos escojan?— Mi rostro se iluminó y dije:

—¡Sí! ¡Qué buena idea! Y si sobran, que los guardé Mariel para su uso posterior.— Estuvimos de acuerdo y compramos veinte de cada cosa… Espadas, pelotas, muñecas y muñecos de felpa, cuando estábamos a punto de terminar de escogerlos… Les dije:

—¿Oigan…? Supongo que los virzuk, también tienen niños pequeños, ¿no? Llevaré unos pocos más para ellos también.— Así que fueron treinta en total de cada uno… Por estos fueron mil doscientos oros. «¡Vaya! Un poco más caro de lo que pensé, casi tan caro como sí estuviéramos comprando una carreta llena de armas baratas, para nuevos reclutas o algo así… Bueno, que más da. No importa».

Saqué y pagué de mi dinero… Los empleados del lugar comenzaron a empaquetarlos y cargarlos para llevarlos a la carreta. Ray me dijo:

—Toma esto, Arlinne…— «¡Eh?» Me ofrecía un saco con dinero… Le dije:

—No, amor… Yo puedo pagarlos, no hay problema. Como te dije, en verdad no necesito este dinero para nada más.— Él me dijo:

—Por favor, acéptalo o me voy a enojar contigo…— «¡Eh!» Torcí mi boca y dije:

—Está bien… Pero sí te vas a enojar conmigo, enójate por otra cosa que no sea dinero. Mira que hay muchas cosas de donde puedes escoger…— Tomé la bolsa que me ofrecía, volteé a ver a los demás… Lianne y Grand, ya también me estaban ofreciendo dinero… Les dije: —¡Qué…? ¿Ustedes también?— Lianne dijo:

—Tómalo renacuajo, por favor.— «Mmmh…» Les dije, sonriendo:

—Está bien. ¡Muchas gracias! Ahora, en marcha, que se está haciendo tarde…

Salimos de regreso… Tuvimos que dar la vuelta por el camino, para descender de la montaña por causa de las carretas que se podían voltear… Tardamos un poco más, pero cuando por fin, estuvimos abajo de la montaña, mi pancita me recordó… «¡Uuy!» Les dije:

—Lo siento… Por la emoción, se me olvido que debíamos comer algo…— Grand dijo:

—No hay problema… Démonos prisa y preparemos una parrillada para los niños y de paso para nosotros. ¡Jajaja!— Le dije:

—¡Sí, qué buena idea! Para acompañar con estas botellitas que traigo aquí en mi bolsita… ¡Jijiji!— Grand dijo:

—Excelente, Arlinne. También nosotros compramos algunas esta vez, porque cuando bajamos al reino subterráneo, se nos olvidó y pasamos mucha sed. ¡Jajaja!

Sin contratiempos, hicimos el viaje de regreso… Llegamos un poco después del anochecer. Los chicos se quedaron afuera descargando las carretas y preparando la hoguera para la comida. Penny salió a recibirnos y dijo:

—¡Vaya! Tardaron más de lo que pensé… Camille preparó la comida algo tarde, para que los niños aguantaran a cenar cuando regresaran ustedes.— Le dije:

—¡Que bien! Pues solo hay que esperar a que esté lista la cena… Iré a ver a Camille.— Penny dijo:

—Yo ayudaré a los chicos en lo que haga falta…— Entre al lugar y me recibieron los niños con Veranesa. Les dije:

—¡Ya estamos aquí, nos extrañaron?— Todos se pusieron contentos al verme y al ver al lobo… Los niños se quedaron atrás, jugando con el lobo y me acerqué a Veranesa. Le dije: —Veranesa, disculpa… ¿Camille, dónde está?— Ella dijo:

—Buenas noches, Arlinne. Está con tía Mariel, ¿te acompaño?

—No, no te preocupes. Conozco el camino, ya pronto cenaremos.— Ella dijo:

—Gracias. Iré a ver sí puedo ayudar en algo, solo deja voy por algo que olvidé…— Fue hasta una esquina, tomó de la oreja a Gradel y le dijo:

—¡Vamos, holgazán! ¡Seguro hay muchas cosas que puedes hacer conmigo acá fuera, para ayudar a Arlinne y sus compañeros!— El chico se retorció en su lugar y dijo:

—¡Sí! ¡Sí! ¡Está bien, ya voy! ¡Vera, suéltame la oreja!— «¡Jajaja! Esos chicos se ve que son muy unidos… Juraría que sí todo sale bien con ellos, en unos años van a derrochar miel entre ellos…»

Pasé hasta la habitación de Mariel y toqué la puerta… Mariel dijo:

—Adelante…— «¡Vaya! Es ella, se oye mucho mejor…» Entré y saludé:

—¡Buenas noches, estamos de regreso!— Camille le daba una especie de caldo en su boca con una cuchara… Mariel dijo:

—¡Camille, ya te dije que puedo comer yo sola! ¿Por qué haces esto? ¡No exageres!— Camille dijo:

—Calla y tomate la sopa… Que nuestra diosa te está observando.— Ella dijo:

—¡Ah…! ¡Con qué de eso se trata? ¿Quedando bien con ella, usándome de por medio?— Camille dijo:

—¡Claro qué no, pero yo cuando me enfermaba tú hacías lo mismo! Así que ahora es tu turno, come…— Mariel dijo:

—¿Así qué es eso…? Te agradezco mucho que me sanaras, pero…— Camille le zambutió la cuchara en la boca y dijo:

—¡Ya Mariel, estás enferma, come!— «¡Vaya! ¡Jajaja! Se ve que son muy buenas amigas». Les dije:

—Pronto estará la cena… Sí Mariel se encuentra mejor, tal vez pueda comer algo un poco más sustancioso…— Camille me vio, molesta y dijo:

—¡No! Ella aún está enferma y debe de seguir mis cuidados…— Mariel arremetió:

—¡Sí! ¡Me encantaría! Y ya Camille… ¿Por qué tiene que ser siempre una competencia contigo de ver quien es más buena con la otra? ¡Jajaja!— Ambas estallaron en carcajadas…

Mariel agregó, cuando se apagaron sus risas:

—Alcánzame mis lentes de la cómoda, Camille. Por favor…— Camille así lo hizo y Mariel se puso sus lentes… Eran enormes, con unos cristales gruesos y profundos. De repente sus ojitos pequeñitos y cerrados, por fin se abrieron por completo… Dijo:

—Así que tú eres Arlinne… Mucho gusto, mi nombre es Mariel Torant. Gracias por todo lo que estás haciendo por los niños y por mí. Camille me ha contado mucho sobre ti.— Le dije: —No hay problema, no es para tanto…— Ella dijo:

—Además, me contó lo que paso en Therantos y como sacaste de ahí a Camille a la fuerza…— Yo le dije, apenada:

—¡Ah! Lo siento…— Ella dijo:

—¡Jajaja! Solo bromeo… Al contrario, gracias por ayudarla y gracias por darle su merecido al cardenal.— Le dije:

—No hay problema… ¿De verdad te sientes mejor?

—Sí. Como nueva. Fui descuidada… De haberme atendido a tiempo, muy probablemente ni siquiera hubiera caído enferma, pero tenía tantas apuraciones con los niños, que lo fui postergando y postergando, hasta que al final, un día ya no me pude parar de la cama, ni concentrarme, ni hablar coherentemente siquiera… Sí ustedes no hubieran llegado cuando lo hicieron, seguramente ahora, Veranesa me estaría enterrando y le hubiera dejado a ella y a Gradel, toda la carga del orfanato…— Le dije:

—Pero… ¿Por qué un orfanato tan lejos de la civilización? Ni siquiera me imagino poder hacerme cargo yo sola de algo así, mucho menos tan lejos de la ciudad… Es más ni siquiera puedo cuidar de mí misma, mucho menos de alguien más…— Ella sonrió y dijo:

—Arlinne… No tuve opción, prácticamente tuvimos que huir del antiguo lugar donde estaba el orfanato…

—¿Cómo? ¿Por qué?— Ella dijo, cambiando su semblante:

—Por ambición, Arlinne… El orfanato se encontraba en las tierras del Marqués de Estramberg. Tan solo a unos kilómetros de la capital de Kharsten, pero el marqués simplemente es una persona despiadada, sin empatía por nada, ni por nadie… Las condiciones que pedía para que siguiera en funcionamiento en ese lugar, simplemente eran inaceptables… Le importaba más lo que pudiera sacar de los niños y de su enmascarada benevolencia que de su bienestar… ¡Así que me harté de sus chantajes y amenazas! Y decidí traer el orfanato a esta aldea… Pero cuando llegamos, nos dimos cuenta de que la aldea ya no existía más, parece ser que incursores y bandidos, la arrasaron, usando como excusa la guerra…— Yo tapé mi boca y le dije:

—¡Eso es horrible!— «¡Grrr! ¡El marqués de Estramberg! Cero y van dos… Nunca se me olvidará ese nombre… Lo tendré muy presente». Ella dijo:

—Sí… Pero en fin. Una vez aquí y sin ningún lugar a donde ir, decidimos quedarnos y tratar de sobrevivir. Todo iba bien, hasta que por mi descuido, caí enferma… Lo siento.— Le dije: —No te preocupes, todo va a ir bien… Te prometo que sí logramos nuestro objetivo y detenemos la guerra, me encargaré de que ustedes tengan un lugar. ¡Ya verás!— Camille asintió y Mariel dijo:

—Gracias, Arlinne… Camille también me ha contado que es lo que hacen y tus motivos… Estoy segura de que nuestra diosa, vela por cada uno de ustedes. No tenemos nada que dar a cambio, pero te lo agradezco…— Le dije:

—No tienes que agradecer nada, ni mucho menos, darme nada a cambio… Lo que haces, ya es más que suficiente. Sin ti, estos chicos la pasarían muy mal y puede que ahora sin tu ayuda, fueran ladrones, pordioseros, esclavos o mucho peor… Tranquila, deja todo de nuestra cuenta.— Sonreí tontamente… Como siempre. Ella dijo, sonriendo también:

—Gracias, Arlinne. Ahora, Camille… Ayúdame a ponerme de pie y no empieces que estoy mala ni nada, quiero ver como van las cosas.

Las acompañé hasta fuera del templo… Los niños se emocionaron y revolotearon alrededor de ella, una vez que la vieron de pie. Me alejé un poco y fui hasta los chicos, que asaban la carne en una hoguera… Le dije a Ray:

—¿Ray, pusiste la comida del lobito…? Son lo huesitos de res con carne que me pusieron por separado…— Él dijo:

—Sí, Arlinne. Ya están listos.

—Bien. Los apartaré para que se enfríen un poco. Gracias.— Me senté en una roca y le dije: —Ya tengo mucha hambre, ¿ya mero?— Ray dijo:

—Espera un poco más, para que todos podamos comer al mismo tiempo…

—Está bien…— Me levanté y fui a buscar al lobo… Le silbé y salió corriendo de entre los niños. Le dije:

—Ya está tu comida, solamente espera que se enfríe un poco. Te serviré un poco de agua fresca mientras tanto, sígueme…— Lo saqué del bullicio y llené su traste con agua. Lo puse cerca de nosotros y bajé los huesitos asados para ponerlos en su charola. Le dije:

—Listo, puedes comenzar… Pobrecito, has de estar muerto de hambre por haberme cargado casi todo el día en tu lomo.

El lobo comenzó a comer… Yo me quedé menseando un rato, en lo que estaba la comida. Mariel se acercó a nosotros y le dijo a los chicos:

—Buenas tardes, caballeros. Soy Mariel Torant. Muchas gracias por todo lo que están haciendo, se los agradezco de todo corazón.— Los chicos se presentaron y Grand dijo, sonriendo:

—No hay problema, no tienes nada que agradecer… ¡Jajaja!— Ray agregó:

—Ya casi está listo, sería buena idea que los niños se asearan para cenar…— Ella dijo:

—Sí, enseguida. Muchas gracias.— Reunió a los niños y con ayuda de Veranesa, se encargó de que todos se lavaran las manos y la cara.

Todos cenábamos… Los niños devoraban la carne asada. «¡Jajaja! ¡Sabía que les gustaría…! Pobrecitos, deben de comer cualquier cosa…» Me acerqué a Camille y le dije, acerca del baúl del maestro y los juguetes, para que lo pudiera planear junto con Mariel después de la cena. Camille dijo:

—¡Bien! ¡Muchas gracias, Arlinne! Se lo diré…— Agregué:

—Camille… Te ves cansadita. Me dijo Penny que ayer no dormiste casi nada, por hacerte cargo de todas las cosas pendientes… Quiero, por favor… Que hoy sí descanses un poco.— Ella dijo, sonriendo:

—Sí, Arlinne. Gracias. Lo haré ya más tranquila, sabiendo que Mariel está mejor.

Terminamos de cenar y una vez que habíamos recogido las cosas de la comida, los niños se lavaron sus manos nuevamente. Lianne hablaba con Mariel y Camille, supongo que acerca del baúl. Mariel hizo que los niños formaran una línea y Lianne recibió el baúl, que mágicamente el maestro había mandado con nosotros… Todos los niños se emocionaron al ver los destellos de luz que producía el conjuro con que había llegado hasta ahí. Después, uno a uno, Mariel los acompañó a que abrieran el baúl y los ayudó a escoger ropa interior, dos mudas de ropa y zapatos. Todos los niños estaban felices, pero más que por la ropa… Por el sentimiento de tener por fin, algo nuevo de su propiedad. Mariel los volvió a formar y está vez, les dijo que había una sorpresa más. Jalamos la carreta con los juguetes hasta ellos y quitamos las lonas con las que los habían envuelto… Todos se pusieron muy contentos, sus rostros se llenaron de ilusión y sus bocas de suspiros. Eran exactamente, veintidós pequeñitos contando a Veranesa y Gradel…

Uno a uno nuevamente, Mariel los acompañó a que escogieran un juguete… El que ellos quisieran. Algunos tomaban decididamente el que les parecía su favorito, otros tardaban un poco más, viendo sin saber por cual decidirse. Tardamos bastante tiempo en eso, hasta que por fin, todos tenían un juguete de su propiedad. Mariel les dijo, estricta, pero dulcemente:

—Por única ocasión, pueden jugar un rato con sus cosas nuevas… Pero después irán directamente a la cama. Y no olviden agradecer a Arlinne y todos sus compañeros por los presentes.

Los niños se volvieron a formar, esta vez sin ayuda de nadie y uno a uno, comenzaron a agradecernos… «¡Jijiji!» Eran niños muy bien educados. Todos estábamos muy contentos de verlos tan alegres. Terminado el gesto, salieron volando… Algunos chicos, a probar sus nuevas espadas. Las niñas jugaban con sus muñecas, como si fueran una familia. Otros ya habían formado equipos y jugaban a la pelota. Mientras otros tantos, estaban más apartados, simplemente abrazando firmemente a sus muñecos de felpa, como si fueran bestias mitológicas que los protegían y daban tranquilidad. Obviamente como siempre, había disputas… Algunos comenzaron a llorar y a pelearse entre ellos, pero Veranesa y Mariel, eran ambas como unas madres que llegaban y ponían las cosas en orden. Yo me acerqué a algunos chicos que jugaban con las espadas, donde ya uno de ellos lloraba y los otros lo instaban a pararse y seguir peleando…

Con una sonrisa en el rostro, les dije:

—¿Qué pasa? No están jugando muy brusco, ¿verdad?— Uno de ellos, dijo:

—No, tía Arlinne… Lo que pasa es que Mando, llora casi de cualquier cosa. ¿Podrías darle algunos consejos para ser un poco más valiente? ¡Cómo ustedes! Ustedes son aventureros, ¿no? ¡Seguro pelean contra horribles monstruos y malvados villanos!— Otro más, dijo:

—¡Sí, tía Arlinne! ¡No solo aventureros! Sus armaduras son tan bonitas y brillantes… ¡Ustedes deben de ser héroes! ¡Yo quiero ser también un héroe como ustedes! ¡Cómo lo hicieron? ¡Cómo podría ser un héroe?— El chico que lloraba, dejó de hacerlo… Las preguntas de los otros, despertaron su curiosidad y dijo, más tranquilo:

—Sí… Yo quisiera ser más valiente, pero muchas cosas me llenan de miedo y sin querer comienzo a llorar… Trato de controlarlo, pero… Todos se empiezan a burlar de mí y simplemente no puedo…— Les dije, sentándome en una roca cerca de ellos:

—Pues… No somos héroes. Pero…— Todos me veían con atención, mientras continuaba y volteaba a ver al chico que lloraba, hace un momento…

—Yo también tenía mucho miedo de todo, cuando tenía su edad… Lloraba más que tú. ¡Jijiji!— Ellos se quedaron sorprendidos y uno dijo, desafiante:

—¡No te creo, solo lo dices para que Mando no se sienta mal!— Le dije, tranquila:

—Nada de eso… De verdad, era una llorona. Pero… ¿Saben? Con el tiempo descubrí que no está mal llorar, porque entendí que el verdadero valor, nace del miedo… Miedo de perder nuestras cosas… Nuestras familias… A nuestros amigos y principalmente… Perdernos a nosotros mismos. Por eso pienso que está bien llorar y cuando crezcan se darán cuenta de que hay un tiempo para llorar y un tiempo para ser valiente…— Algunos se quedaron sin entender lo que les dije y otros más, fingiendo como sí hubieran entendido… Les dije:

—¡Jijiji! No se revuelvan, con el tiempo lo entenderán… Ahora deben de ser pacientes y aprender la primera regla para ser un héroe…— Todos se me quedaron viendo, ilusionados y uno, dijo:

—¡Si! ¡Dinos…! ¿Cuál es la primera regla para ser un héroe?— Yo toqué mi mejilla y les dije una enseñanza que me había dicho el guardabosque y alguna vez más me la había repetido el hechicero… Les dije:

—La fuerza verdadera, no se usa para imponer nuestra voluntad, ni para obtener lo que queremos… Sino para defender a los que son más débiles, porque solo así, las demás personas justificarán nuestra fuerza.— Uno de ellos, dijo:

—¡Sí, así son los héroes! ¡Tiene sentido!— Empezaron a cuchichear entre ellos y uno, ofreció la mano al chico que hasta hace unos momentos lloraba en el piso, para que se pudiera poner de pie… Otro más, dijo:

—¡Ya entendimos, tía Arlinne! ¡Nos esforzaremos para ser héroes como ustedes!— Les dije: —Me alegra escuchar eso… Porque hacen falta muchos, pero muchos héroes.— Me paré para ir de regreso con Ray y los chicos… Pero antes de marcharme, les dije:

—¡Ah! Otra cosita…— Todos voltearon nuevamente…

—No olviden nunca, que las armas lastiman a las personas… Solo debemos usarlas para defender a los demás y a lo que más queremos.— Todos dijeron al unísono:

—¡Entendido, tía Arlinne!

Mariel me observaba y cuando venía de regreso, dijo:

—Buen trabajo, Arlinne. No cabe duda, que serás una buena madre.— «¡Eh? ¡Jajaja!» Le dije:

—¿Tú crees…? Dudo mucho ser madre algún día…— Ella dijo:

—¿Por qué, Arlinne? La bendición de nuestra diosa puede llegar… ¿No me digas qué no lo recibirás con ese mismo cariño, qué te acabo de ver repartir entre esos chicos…?— «¡Jajaja…!» Le dije con un semblante sin emociones:

—Sí, verdad… No lo había pensado de esa manera.— Y me alejé del lugar, de vuelta con los demás…

Antes de llegar con ellos, escuché una voz en mi cabeza…

—¿Arlinne, amor…? ¿Me escuchas?— Contesté, alejándome un poco:

—Sí. Hola, amor… ¿Qué pasa? ¿Cómo estás?— Ana dijo:

—¡Uff…! Que alivio… Creí que algo les había pasado. He intentado comunicarme ya varios días a diferentes horas, pero nada…— Le dije, pensando en nuestro viaje por el reino subterráneo:

—Lo siento, no me di cuenta… Posiblemente pasamos por algún lugar con alguna barrera mágica…— Ella dijo:

—¡Barrera mágica? ¿Arlinne…? ¿No será qué ya no me quieres contestar?— Yo le dije: —Claro que no… Lo siento. ¿Cómo puedes siquiera pensar eso…?— Ella dijo, más calmada: —Lo siento… Pero me preocupé muchísimo, ¿están todos bien?

—Sip, perfectos. Estamos a unos días del campamento de los virzuk, donde nos citaron.— Ella dijo:

—Amor, cuídate mucho, por favor…— Le dije:

—Claro, no hay problema. ¿Ustedes, cómo están?

—Bien, todos bien. Gracias… Quería informarte dos cosas que me parecieron importantes…— Le dije:

—¿Sí? Dime…— Ella dijo:

—La primera es que… ¿Recuerdas a los prisioneros virzuk del bastión de Tharosen?

—Sí. ¿Qué hay con ellos?

—Me enteré apenas, que hace ya más de veinte días los iban a mandar a un campo de concentración, pero de alguna forma, el capitán Tenarius movió sus influencias y ayudó para que pudieran escapar…— Le dije:

—¡Vaya! Pues… Supongo que es mejor a que estén en un horrible lugar como ese…— Ella dijo:

—Sí, lo mismo pienso. El capitán habló con nosotras de eso y nos dijo que es probable que se dirijan al mismo campamento al que van ustedes…— Le dije:

—Ya veo… No hay problema, me alegro de que estén mejor.— Ella dijo:

—Sean cuidadosos, amor… Sí quieren pelea, puede que sean muchos, incluso para ustedes… —Lo dudo, Ana. Pero aún así, estaremos al pendiente.— Ella dijo con una voz mucho más seria:

—Y la otra cosa que te quiero decir es…— Le dije:

—Sí, ¿qué pasa? ¿Algo malo?

—No… Es solo que… El panquecito ya está en el horno…— La sangre me subió de todo el cuerpo y me golpeó la nuca de repente… Me quedé en silencio. Ana dijo:

—¿Arlinne…? ¿Arlinne…? ¿Sigues ahí…?— «¡Vaya! Después de todo, pasó como temía… ¿Y ahora qué?» Tallé mi cara con mi mano, pensando… «¿Qué debo de hacer? No puedo solo hacerme la loca, pero… No pienso dejar a Ray… ¿Y cómo podría hacerla de padre, estando como estoy…?» Ella continuó hablándome…

—¡Arlinne…?

—¿Sí…?— Ella dijo:

—¡Ay, amor! Por como te escucho, pareciera que se te cayeron las bolas al piso de la impresión… ¡Jijiji! Ya te dije que estés tranquila, yo me haré cargo… Solo concéntrate en hacer las cosas bien, ¿sí? Voy a estar bien, estoy con Miranda y no nos faltan los medios económicos, tranquila. Te prometo que después de que nazca, iré hasta donde estés, para que puedas conocerla o conocerlo…— Le dije sin pensar:

—¡Será un niño! ¡Será varón!— Ella dijo, sorprendida:

—¡Qué? ¿Cómo lo sabes…?

—Solo lo sé… ¡Cuídate mucho, por favor! ¡Pon mucha atención a tu estado de salud!— Ella dijo, interrumpiéndome:

—Sí, amor… Tranquila. Ya lo habíamos platicado y todo va a ser como cuando estuvimos de acuerdo. No quiero que te separes de Ray y vengas corriendo, ni yo me iré del lado de Miranda. ¡Todo va a estar bien! Solo preocúpate por cuidarte mucho, por favor, ¡sí?— Le dije:

—Está bien…— Ella dijo, mientras reía:

—¡Jajaja! Amor… ¡Hubiera querido ver tu cara en persona…! ¡Jijiji! Te quiero mucho, todo va a salir bien, ¿sí? Ya con el tiempo lo podrás pensar con calma, sí quieres presentarte como su padre o sí simplemente quieres ser la tía Arlinne. Yo no tengo ninguna objeción con ninguna de las dos.

—¿La tía Arlinne? ¡Jajaja! ¡Ay amor! En que cosas me metes…— Ella dijo:

—¿Te arrepientes…?— Yo le dije:

—¡Nunca!— Ella dijo, feliz:

—Entonces, resuelto. Te hablo después. Ya ve a descansar que es tarde. Besitos, amor. Bye…— Le dije:

—Nos vemos, te amo…

Las palabras de Ana me habían devuelto la confianza, eso o cada vez era más una caradura. Caminaba pensando… «¡Qué más da! Todos merecemos una oportunidad. Ya me las ingeniaré, no sé sí algún día pueda siquiera decirle que soy su padre, pero… Haré mi mejor esfuerzo para apoyarlo en todo lo que pueda. Eso seguro. Mejor que las cosas sigan su curso, como dice el dicho, si no está roto no lo arregles».

Regresé con los chicos que estaban sentados en la mesa… Le dije a Camille:

—Camille, quedamos que irías a descansar temprano… No quiero que te vayas a enfermar, nosotros nos podemos hacer cargo por un rato…— Sonreí y ella me contestó de la misma forma:

—Mmmh… Te agradezco que te preocupes por mí, Arlinne. En cuanto Mariel ponga a los chiquitines a dormir, la ayudaré y después iré a recostarme.— Seguimos platicando por un rato, hasta que Mariel ayudada de Camille, Veranesa y Penny, llevaron a los niños a la cama… En cuanto Camille salió de mi vista, saqué mi botella de licor de frutas de mi bolsa, sonriendo maliciosamente… «¡Muahaha!» Les dije:

—¡Por fin! ¡Jijiji!— La destapé y le di un buen trago… «¡Ufff! ¡Qué rico!» Ray dijo: —Despacio, peque. ¿Ya olvidaste lo que te pasó la última vez?— Le dije:

—No hay problema, mi rico licor de frutas no es nada a comparación de esa cosa que beben los enanos, que parece que la destilan directamente de las piedras. Estaré bien.— Les dije: —¿Qué piensan? ¿Cuánto tiempo debemos quedarnos aquí?— Ray y Grand se vieron el uno al otro… Grand dijo:

—Tal vez, terminemos en un par de días, los arreglos que queremos hacer al techo y a los pilotes de la construcción…— Les dije:

—Entonces… Tres días, por sí cualquier cosa. Mañana ayudaré a Mariel a que organice la comida que trajimos y la guarde para que les dure un buen tiempo. Les dejaremos las carretas y los caballos, solo nos llevaremos una con los virzuk.— Grand destapó un par de botellas para Ray y para él… Estuvimos un buen rato bebiendo y comiendo un poquitín de más de lo que había sobrado y después de eso nos fuimos a descansar.

Los días siguientes transcurrieron como los habíamos planeado… Los chicos se dedicaron a arreglar la edificación y nosotras al día siguiente a organizar el lugar y darle una buena limpieza, para al día siguiente, ponernos a lavar toda la ropa y las cosas que estuvieran sucias… «¡Cómo puede Mariel hacer todo esto sola? Bueno… Apenas con la ayuda de Veranesa. ¡Es demasiado trabajo para ellas dos! Y no es que haga de menos a ese chico Gradel, pero después de todo no lo veo muy activo… ¡Jajaja!»

Por fin había llegado el día de partir… Nos despedimos de todos los niños. Mariel y Veranesa salieron a despedirnos… Mariel dijo:

—Arlinne… ¿Qué harán después de visitar a los virzuk?

—No estamos muy seguros aún de eso… Depende realmente de lo que nos digan, pero supongo que en algún momento después de eso, iremos a Kharsten, para después ir hacia donde está el hueco de la muralla, sí es que tenemos que pasar de ese lado, donde antes estaban sus tierras.— Ella dijo:

—Tengan mucho cuidado, ese lugar está maldito… Yo no sé muy bien los detalles, pero ahora es solo un lugar inhóspito… Y por otra parte, Kharsten ya es solo una sombra de lo que fue hace años… La reina Lenor hace todo lo que puede desde hace mucho tiempo para que el reino no se desmorone a pedazos, pero las intrigas políticas y la ambición de unos cuantos, hacen su trabajo casi imposible…— «¿Lenor…?» Le dije:

—No te preocupes, primero debemos aclarar las cosas con los virzuks. Una vez hecho eso, haremos lo más conveniente para todos.— Nos despedimos y nos empezamos a alejar del lugar…

Me acerqué con Penny y le dije:

—Este es el momento, Penny… ¿Qué decides? Nos esperas aquí a que pasemos de regreso o vienes con nosotros.— Ella dijo, segura de sí misma:

—Lo he pensado con calma después de ver a todos estos chicos huérfanos… Yo aún tengo a mi padre y haré hasta lo imposible para que le entre en esa cabeza hueca, que lo que ha hecho está mal. ¡Vamos…! Además… Necesitarás alguien que entienda el idioma, porque tú eres una mensa.— Le dije:

—¡Jajaja! ¡Tonta! Está bien, vamos…— Ella se acercó un poco más y dijo:

—Arlinne… Gracias. Gracias por haber hecho hasta lo imposible por salvarme ese día…— Le dije, sonriendo:

—¡Qué? ¿De qué hablas…? ¡Ah! ¿Eso? No agradezcas… De todas formas quería darte unos buenos golpes por mula… ¡Jajaja!— Ella solamente sonrió en respuesta.

Fin del Capítulo 26.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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