Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 29
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Capítulo 29: Capítulo XXIX: Dignidad.
Capítulo 29.
Estuvimos un tiempo más en el campamento virzuk… Tres días y cuatro noches para ser exactos. Planeamos muy bien las cosas, serían cuatro días de camino hasta la capital de Kharsten. La verdad, no sabíamos que esperar, pero por palabras de Thorak, parece ser que la capital de Kharsten estaba como sí nada, solía haber escaramuzas al este, cerca de donde ellos pasaron a través de la muralla, pero la capital jamás había sido atacada directamente. Ellos preferían no asomar su cabeza por ahí… «Bastante entendible… Siento que hay algo raro en todo esto… ¿Por qué la capital del primer reino que sufrió la invasión, ni siquiera había sido asediada una sola vez? Yo en lo personal nunca había estado en Kharsten, al menos no en la capital, aunque la villa donde nací, se encontraba en la frontera al sur. Por lo que nos contó Mariel, la reina Lenor es la soberana de estas tierras y según ella, la situación esta muy mal. En fin… Ya lo descubriremos».
Esa noche acampamos… Habíamos pasado el orfanato de Mariel y estábamos cerca de la villa de los enanos. Les dije, mientras acomodábamos nuestras cosas y los caballos:
—Hubiéramos seguido hasta con los enanos… Nos pudimos haber bañado con agua calientita y cenar algo rico… Buuu…— Ray dijo:
—Ya es tarde, peque y los caballos están muy cansados.— Le dije, cabizbaja:
—Lo sé… Solo que me hacía ilusión.— Camille comenzó a preparar una sopa con vegetales para la cena… Mientras tanto, fui con el lobo y le di su agua, mientras lo acariciaba. Le dije: —Gracias, debes de venir muy cansado…— Penny pasaba por ahí y dijo:
—¡Júralo! ¡Jajaja!— «¡Pfff!» Le dije:
—¡Qué traes, Puripenialanusa? ¡Quieres bronca?— Ella se echó a reír y dijo:
—Tranquila, Arlinne. ¿Por qué estás molesta?— Le dije, respirando profundo:
—Lo siento, no estoy molesta… Es solo que quería pasar un tiempo a solas con mi pareja…— Ella dijo:
—¡Ah…! Me imagino que te refieres a la intimidad… Pues… La capital humana está cerca.— Le dije:
—Sí… Que más da…— Le dejé sus raciones al lobo y me fui con los demás, junto a la hoguera…
Mientras cenábamos la sopa que preparó Camille y carne seca, Grand dijo:
—Arlinne, tengo el mapa y la ubicación del círculo de flores, así como de la abertura en la muralla.— Le dije:
—¡Ah, sí…? Bien. ¿A ver?— Él extendió el mapa y lo comenzamos a ver con la luz de la hoguera… Les dije a todos:
—¡Uy! Sí está algo lejos… En especial, porque la brecha de la muralla, queda muy al este… ¿Cuánto tiempo calculan que haríamos de la muralla hasta ahí en los caballos?— Ray y Grand, se quedaron pensando, mientras se veían el uno al otro… Grand dijo:
—Tal vez, cinco días forzando a los caballos…— Les dije, mientras tapaba mi boca:
—¡No…! ¡Es mucho tiempo! Cinco días a descubierto… Vamos a terminar muertos, sin mencionar que nos pueda pasar por estar en contacto con ese lugar…— Nos quedamos en silencio, pensando… Mientras, Penny rompía el silencio, sorbiendo la sopa apresuradamente para pedirle otra porción a Camille. Les dije:
—¡Sí tan solo hubiera otra forma de pasar del otro lado! ¡Miren! Por ejemplo… Aquí.— Les señalé el mapa justo al norte de la capital de Kharsten… Agregué:
—Sí pudiéramos pasar de alguna forma por aquí… ¿Cuánto calculan que haríamos?— Esta vez, Ray dijo:
—Sí fuera posible… Tal vez día y medio. Sí forzamos a los caballos, incluso menos.— Les dije:
—¿Y… A pie?— Ambos se vieron el uno al otro y Ray dijo:
—¿A pie…? Pues… Considerando que nada frenara nuestra marcha, tal vez dos o tres días a paso veloz, sin detenernos en las dificultades del camino y apresurando el paso cuando fuera posible.— Me quedé pensando… «¿Dos o tres días…? Está difícil. Pero, yo aguanto, Penny seguro también, Grand y Ray eran tropas de infantería en el gremio, así que seguro también, pero… ¿Camille y Lianne, aguantarán? Bueno… Se supone que Camille tiene entrenamiento marcial, pero… ¿Lianne? Está cabrón…» Les dije:
—Tenemos que pensar en algo… Ser cinco días, objetivo de ataques, maldiciones y conjuros, lo veo difícil… Tal vez…— Ellos se quedaron observándome, mientras yo pensaba… Terminé de decir:
—Tal vez, ¿la muralla tiene una puerta?— Grand dijo:
—Tal vez… Tiene lógica. ¿Para qué querrías poner un enorme muro, si no le vas a poner una puerta?— Le dije:
—O tal vez… ¿Podamos escalarla?— Todos se quedaron pensando y Ray dijo:
—Yo no la conozco, a pesar de que una sola ocasión visité Kharsten. La muralla se encuentra aún un poco lejos de ahí…— Grand dijo, negando con la cabeza:
—Tampoco yo la he visto…— Penny dijo, aún sorbiendo su sopa:
—Yo… Slurp… Sí la he visto…— «¡Eh?» Volteamos a verla y ella dijo:
—¡Jajaja! Sabía que sería de utilidad… La conozco, un par de veces fui a recolectar algunas cosas al norte del campamento.— Le dije:
—¡Y bien…? ¿Crees qué podríamos escalarla?— Ella se quedó pensando, mientras le daba su plato nuevamente a Camille por una nueva porción. Dijo:
—Mmmh… No se ofendan por lo que voy a decir, pero… Yo sí. Arlinne yo creo que también, sudando la gota gorda, pero sí. Ray yo creo que también… Grand tal vez, con mucho esfuerzo, ambos sin armadura, obviamente… Lo siento, Camille y Lianne… Las quiero mucho, pero dudo que siquiera llegaran a la mitad…— Lianne dijo:
—No me ofendo. La verdad, tengo otros talentos, pero… ¿Está muy alta?— Penny dijo:
—Sip… Ya lo verán. Se puede ver horas antes de llegar a ella.— Nos quedamos helados y Ray dijo:
—¿Oye, Penny…? ¿Y usando equipo, podríamos?— Penny volvió a sorber su sopa y dijo, asintiendo:
—Con equipo, tal vez… Solo tal vez, podríamos todos, pero… Sería muy peligroso y el equipo de escalada, alguien tiene que subir primero y ajustarlo…— Todos la volteamos a ver y ella dijo:
—¡Qué? ¡Yo…?— Le dije:
—Pues sí. Eres muy pinche ágil, según tú, ¿no?— Ella comenzó a reír…
—¡Jajaja! Pues no tengo problema, pero recomiendo que busquemos otra solución… Es muy peligroso hasta para mí.— Les dije:
—Es solo una suposición, aún no estamos seguros… Solamente estoy reuniendo nuestras posibilidades. Gracias por la comida… Ya me llené nada más de ver a Penny comer.
Saqué mi mantita de mi bolsa y la extendí, donde más o menos siempre me acostaba en relación a la hoguera. Me recosté y me quedé pensando un rato… «Espero todos estemos bien…» Después de un rato, llegó Penny y se acostó a un par de pasos a mi izquierda… Le dije:
—¡Qué…? ¿Creí que estabas aburrida de dormir a mi lado?— Ella dijo:
—Sí… Pero ya me empecé a acostumbrar… Ahora dormiré a tu izquierda, siempre que estemos todos juntos o al aire libre. ¡Alégrate!— «¡Pfff…!» Le dije:
—Está bien, buenas noches…— Fingí que cerraba los ojos para dormir y después de un momento, le dije:
—No es una excusa para amanecer en mis brazos, ¿verdad?— Ella dijo, bajito:
—Sí así fuera… ¿Habría problema?— «…»
—No… Siempre y cuando, solo sea eso… Solo es eso, ¿verdad?— Ella dijo:
—Pues… Yo creo que sí…— Le dije:
—Está bien, Penny… Buenas noches.— «¿Qué le pasa por su cabeza…?» Me quedé pensando un rato… «¿Y sí por fin, ahora que está más tranquila, está despertando a su sexualidad…? ¡Pfff! No me quiero meter en un lío… La quiero mucho, pero no es para tanto… Espero que baste con hacerme mensa, como hasta ahora… Zzz…»
Los días siguientes fuimos a buen ritmo y por fin, llegamos a Kharsten. Las tierras que rodeaban la capital, aún eran tierras de cultivo y efectivamente… No había ni rastro de la guerra. Llegamos hasta las murallas de la ciudad, sacamos algunas monedas para pagar el peaje y pasamos… Los guardias de la entrada hacían todo un cuestionario a los visitantes y la fila iba algo lenta… Les dije:
—Esto va para rato… Tengo hambre, sueño, sed, estoy cansada y tengo ganas de algo dulce… Como una jalea de frutas o algo así…— Lianne rio y dijo:
—¡Jajaja! Renacuajo… Aguanta, ya pronto te podrás dar un baño y recostar en una cama, como tanto querías.— Le dije:
—Sí, por favor. Es lo que más quiero, ya siento que se me disloca el hombro de tanto dormir en el piso…— Uno de los guardias, por fin, dijo:
—Siguiente…— Sonreí a los demás y di un paso adelante. Él dijo:
—¿Nombre y motivo…?— Le dije:
—Arlinne de Veranda, visitante comercial.— Se me quedó viendo y después volteó la vista al lobo… Dijo:
—¿Es suyo, señorita?
—Sí… ¿A poco no es lindo mi perrito? Se llama, Huesos…— Llamó a otro guardia y se comenzaron a cuchichear… Regresó y me dijo:
—Muy grande para ser un perro, ¿no lo cree señorita…? ¿Está segura?— Le dije con naturalidad:
—Claro, lo he criado desde pequeño.— Otro guardia llegó corriendo y habló con él… Intercambiaron algunas palabras y me dijo:
—¿Su nombre es Arlinne de Veranda, señorita?— Le dije:
—Sí, así es. Ya se lo había dicho…— Él dijo:
—¿Son ellos sus acompañantes?— Le dije:
—Sí… ¿Hay algún problema?— Él dijo:
—Por favor, salgan de la fila y acompáñenme de este lado…— «¡Pfff! ¿Y ahora qué…?»
Todos me voltearon a ver… Les hice una seña para seguirles el juego. Caminamos unos pasos y el guardia nos dijo:
—Su majestad, la reina Lenor II, los invita cordialmente a ser sus huéspedes en el palacio. Síganme, por favor.— «¡No! ¡Palacio? ¡Yo quiero mi camita de hostería! ¡Buuu! Aunque me intriga conocer a la reina… He escuchado tantas cosas de ella. A veces pienso como sí la conociera desde siempre… ¿Qué clase de persona es? ¿Y por qué cada que escucho su nombre, resuena en mi interior…?» Los volteé a ver con cara de curiosidad… Ray dijo:
—Vamos, peque. Necesitamos información, veamos de que se trata.— Le dije:
—Sip… Pero después a la hostería…— Caminamos algunas calles y comenzamos a subir algunas escalinatas… Un nuevo comité de bienvenida, llegó ante nosotros. Un hombre de mediana edad, algo calvo del frente y estatura baja, se acercó y dijo:
—¿Su eminencia, Arlinne de Veranda…?— Asentí educadamente, sonriendo. Él dijo:
—¡Por fin! La hemos estado esperando hace días. Mi nombre es Clark Lyndon, soy el consejero y canciller de gobierno de su majestad, la reina Lenor II. Por favor, por aquí. No se preocupe por sus monturas, serán atendidas y llevadas a palacio.— Le dije:
—Sí, está bien… Pero mi perrito, va a todos lados conmigo.— Él dijo:
—¿Perrito? Tenía entendido que es un lobo de batalla virzuk…— Cuando dijo eso, los guardias que venían alrededor, se espantaron y se alejaron de él con terror… Le dije, sonriendo:
—¡Detalles…! Pero igual, va conmigo a todos lados.— Él dijo:
—Entiendo. Por favor acompáñenme…— Continuamos por las escalinatas, hasta que llegamos a una larga avenida empedrada, que conducía directamente al palacio… La vista era hermosa desde ahí, se podía ver el resto de la ciudad, como sí cada calle estuviera en el descanso de una pendiente con escalinata. «Que bonita, pero… ¿Por qué siento esta sensación…? Todo se me hace tan familiar, como sí fuera nueva para mí, pero la hubiera visto, una y mil veces con anterioridad…»
Entramos al palacio por una enrejada y nos recibió un hermoso jardín, lleno de todo tipo de flores… Quedé boquiabierta y murmuré, sin pensar:
—¡Es hermoso…!— Corrí como una niña para verlo de cerca, sin prestar atención a los demás… Me perdí por un instante en ese laberinto de flores, veía cada una con atención y mis pasos me llevaban por sí mismos hasta la siguiente planta en flor… Las observaba sin tocarlas, una por una… Una sonrisa inundaba mi rostro. El bajito hombre corrió tras de mí y dijo:
—¡Su eminencia, por favor! Más tarde podrá visitar todo lo que quiera el jardín de su majestad… Acompáñeme, su majestad, nos espera.— Volteé sonriendo y le dije:
—¿El jardín de su majestad…?— Él dijo, afirmando:
—Sí, cada una de estas hermosas flores fueron plantadas por su majestad…— «¡Guau! ¡Ella sola…?» Su semblante cambio y dijo:
—Bueno, eso fue antes…— Le dije:
—¿Pasa algo?— El hombre compuso su semblante y dijo:
—Por favor, ya se lo explicará su majestad, acompáñeme.— Contesté sin pensar, con naturalidad y como sí lo hubiera hecho antes, una y mil veces…
—¡Está bien, está bien! ¡Ya voy, Lyndon!— El hombre sonrió y yo, tapé mi boca… «¿Por qué dije eso…?» Lo comencé a seguir de regreso con los demás…
Entramos al palacio… Era muy acogedor y a diferencia de otros castillos, este no tenía ese aire ostentoso, por el contrario, se sentía un ambiente agradable, pulcro y bien mantenido en todos sus detalles, acabados hechos en mampostería de piedras cortadas a la medida, todas cuidadosamente pulidas. El piso y los acabados de un tono amarillo, las paredes y escaleras de color blanco… Me quedé pensando… «¡Qué lindo lugar! ¿Cómo será la reina…? Este castillo y ese jardín, no pueden ser más que el reflejo de su personalidad. ¡Ya quiero conocerla!» Lyndon nos llevó hasta una sala y dijo:
—Esperen un momento, en seguida los recibirá su majestad.— Esperamos un rato… Les dije, emocionada:
—¡Vieron el jardín? ¡Es muy lindo!— Lianne dijo:
—Nunca pensé que te llamaran tanto la atención las flores, renacuajo…
—No lo sé, nunca lo habían hecho de esa manera… Tal vez, ver tantas juntas en un solo lugar, me emociono… ¡Jajaja!— Lyndon regresó y dijo:
—Adelante, por aquí, por favor.— Nos pusimos de pie y entramos a una habitación parecida a un comedor… Nos detuvimos al entrar, la luz de un ventanal, llenaba el lugar y una voz femenina, nos dijo con tono suave y sereno:
—Buenas tardes, señores, señoritas. Tomen asiento, por favor.— Volteé a verla… Era una mujer, muy probablemente pasada su cuarta década, su cabello de un color rojo carmesí, como nunca lo había visto antes, ojos azules y facciones suaves, una nariz delicada y respingada, con un pequeño mentón… Tenía un aire majestuoso, pero que emanaba confianza. Le dije, trastabillando de la impresión:
—Buenas tardes…— Y me quedé embobada, solamente observándola… Ella sonrió y su rostro brilló con luz propia. No supe más que sonreír también, como una tonta, como siempre… Dijo con un aire juguetón:
—Déjame adivinar… Tú eres Arlinne, ¿verdad?— Me apené sin saberlo y dije:
—Sí…— Ella dijo:
—Mucho gusto, Arlinne. Mi nombre es Lenor Fratios o mejor conocida como Lenor II, la reina de Kharsten. Es un placer conocerlos, héroes.— «¡Eh…? ¡Héroes?» Me apené aún más por sus palabras… Ella dibujó una discreta sonrisa y dijo:
—¿No te vas a sentar, Arlinne? ¿O necesitas ir al baño?— «¡Eh?» Dije:
—Sí, sí, lo siento… Su majestad.— Busqué el primer lugar junto a mis compañeros y me senté, todos rieron discretamente… «¡Qué pena!»
Seguía observando su rostro, mientras ella comenzaba a hablar… Dijo:
—Me alegra mucho que estén aquí en Kharsten. Sabía de antemano de su llegada por las misivas, que su majestad, el rey Alons, me envía constantemente.— «¡El rey Alons…? ¡Oh…!» Seguía observándola… Algo no estaba bien, su rostro emanaba tranquilidad y confianza, pero… Parecía como sí estuviera cargando una pesada pena en su interior e hiciera todo lo posible por ocultarla… Sin saberlo, mi estado de ánimo cambió y me empecé a sentir triste… Ella continuó y dijo:
—Me narró a gran detalle sus hazañas en Montloarc y sus intenciones… No saben la tranquilidad que me brindan, al saber que por fin, están aquí Kharsten.— Le dije, queriendo conservar nuestra modestia:
—No es para tanto… Solo somos aventureros.— La reina sonrió y dijo:
—Ya veo…— Se pausó un momento y apretando su pecho, dijo:
—¿Arlinne, me ayudarían como lo hicieron en Montloarc, aquí en Kharsten?— Le dije: —Nuestras intenciones son detener de una vez por todas, el conflicto con los virzuk. Ese es nuestro plan… Aún nos faltan algunos detalles, pero… Si eso les puede ayudar en algo, con mucho gusto, podremos ayudar.— Ella sonrió emocionada y dijo:
—¡Eso es más ayuda de la que hubiera esperado de cualquiera! Por favor, permíteme ofrecerte toda la ayuda que esté en mis manos… Tropas, inteligencia, recursos… Dime lo que necesites y lo pondré al alcance de sus manos.— Asentí y le dije:
—Gracias… No necesitamos recursos, ni mucho menos queremos poner en peligro a nadie más… Con información será más que suficiente.— Ella dijo:
—Claro, Arlinne. Me parece muy bien… Te prometo que sí tienen éxito, serán recompensados generosamente. No solo eso… El reino de Kharsten estará en una eterna deuda con ustedes.— Le dije, decidida:
—No es necesario, no se preocupe. De ser posible solo me gustarían dos cosas…— La reina asintió y dijo:
—Claro, dime, Arlinne. Lo que sea, no te preocupes por el costo.— Le dije, poniendo mi dedo en el mentón:
—Bueno… Solo queremos que los virzuks que se han liberado de la tiranía de sus antiguos líderes, puedan regresar sin represalias a sus tierras, cuando todo esto haya pasado y que les permitan seguir viviendo en paz al oeste de la capital, en lo que sus tierras sanan un poco…— Ella dijo:
—¿Así que conoces el campamento?— Yo le dije, sorprendida:
—¡Sí…!
—Claro, por supuesto, con mucho gusto, Arlinne. ¿Cuál es la segunda?— Le dije:
—La segunda es que pudiera donar algunas tierras cercanas a la capital…— Ella dijo, adelantándose:
—¿Para ustedes? ¡Claro! Con todo gusto, incluso con títulos nobiliarios para que puedan retirarse de su peligroso oficio, sin temor a quedar sin recursos. ¡Por supuesto, dalo por hecho!— Le dije, interrumpiendo:
—¡No, no, nada de eso! No son para nosotros…— Ella se quedó en espera y le dije:
—Son para una sacerdotisa que se llama Mariel… Tiene un orfanato y la verdad se las ve negras para poder llevarlo a flote. Me gustaría que pudieran estar tranquilos y recibieran algún apoyo económico… De ser posible.— Ella sonrió y dijo con una voz autoritaria: —Lyndon, por favor, toma nota.— Ella empezó a dictarle un decreto a Lyndon, quien se apresuraba a anotar todo, justo como salía de su boca… En ese momento, una figura cubierta con una túnica, entró a la sala. Se sorprendió al vernos ahí, pero la reina solamente volteó a ver al extraño encapuchado y dio su aprobación… El extraño se acercó y dejó un vaso con un líquido color púrpura sobre la mesa y como vino, se fue… La reina dijo:
—Todo listo, Arlinne. Mariel puede acudir a mí o con Lyndon y tendrá todo el apoyo del reino, para que pueda seguir en funcionamiento su orfanato.— Le dije, emocionada:
—¡De verdad?
—Así es. Ahora es un decreto, nadie podrá tocarla a ella, ni a los niños y recibirá una cantidad al mes en oro por niño, para que puedan estar bien en lo que se integran a la sociedad.— Le dije:
—¡Gracias, reinita linda! ¡Muchas gracias! Ella está en una aldea destruida, al oeste antes de llegar al campamento.— Ella dijo:
—No te preocupes por eso, es la antigua aldea de Rantha. ¡Lyndon, encárgate de que lo antes posible, la señorita Mariel sea informada y pueda ocupar las tierras de la antigua abadía!— Lyndon se puso de pie y dijo:
—En el acto, su majestad.— Y salió volando…
«¡Increíble, ni siquiera lo pensó dos veces y las cosas ya están en movimiento!» Le dije:
—¡De verdad, se lo agradezco mucho!— Ella dijo:
—Nada de eso, Arlinne. Por el contrario… La que te debe de agradecer soy yo.— Yo me quedé confundida y le dije:
—¿Por qué…?— Ella dijo:
—Pues, porque estás haciendo mi trabajo y te lo agradezco mucho. Yo desconocía la situación, de haberlo sabido antes, a lo mejor hubiera podido evitar muchas penurias a esos niños…— «¡Oh!» Ella dijo, esbozando una sonrisa traviesa:
—Ahora que no está el canciller Lyndon… Díganme con confianza. ¿Qué puedo darles a ustedes?— Nos volteamos a ver, los unos a los otros… Todos se encogieron de hombros y negaron. Le dije, hablando por todos:
—Nada, su majestad. Eso es más que suficiente. Se lo agradecemos mucho.— Ella dijo, incrédula, cerrando uno de sus ojos, mientras se llevaba la mano a su pecho:
—¿Segura…? ¡Cof, cof, cof!— De pronto, le dio una horrible tos… Pareciera que se iba a ahogar. Camille y yo, salimos volando a atenderla… Le dije:
—¿Se encuentra bien? Se oye muy mal…
Camille la iba a comenzar a revisar, pero ella hizo un esfuerzo para detener su tos y dijo:
—Todo está bien, no tienen de que preocuparse. Por favor, su santidad, no se inquiete… Estaré bien.— Camille se quedó sorprendida al escuchar esas palabras y la reina bebió el vaso con líquido púrpura que le habían servido, para decir:
—No creería, su santidad, que no la reconocería…— Camille se quedó sin palabras… La reina sacó una efigie de entre sus ropas con la imagen de la diosa de Camille y dijo: —Muchas veces me conmovieron sus palabras en las santas misas en Therantos. Jamás la olvidaría.— Camille, por fin recuperó el habla y dijo:
—Su majestad, lo siento… Ya no soy más, la suma sacerdotisa. Ahora solo soy Camille Bontuver.— Ella dijo, compuesta:
—Está bien, Camille. No te preocupes, por favor…— Yo insistí y le dije:
—¡Por favor, déjenos revisarla!— Camille insistió también y dijo:
—Sí, su majestad, por favor…— La reina acorralada, dijo sonriendo:
—Está bien… Pero no quiero que se alteren, por favor. Escúchenme…— Camille y yo, asentimos y la reina agregó:
—Tengo muchos años con una terrible enfermedad provocada por un maleficio… De una forma u otra, he logrado sobrevivir hasta ahora, pero no me queda mucho tiempo…— Se detuvo por un momento y dijo, sonriendo:
—Por eso… Me alegra que estén aquí y los pueda conocer con mis propios ojos. No sé cuanto tiempo me quede, pero ahora sé que puedo irme más tranquila…— Camille y yo, nos vimos a la cara… «¡Qué terrible!» Camille comenzó a revisarla… Yo tomé su mano y la tranquilicé… Le dije:
—No se preocupe, todo va a estar bien… Se lo prometo.— Ella dijo, sorprendida por mi comentario:
—¡De verdad, Arlinne? ¡Me lo prometes?— Yo asentí, sonriendo como una tonta… Ella agregó:
—Me alegra tanto, que te comprometas a algo así… Después de perder a mi hija, una nube negra llegó a mi vida y creí que jamás volvería a pensar que aún había esperanza para mi reino…
«¡Su hija…!» No supe qué decir. Quería preguntar, pero… Me armé de valor y aún con su mano entre las mías, le dije:
—¿También murió por un maleficio…?— Ella dijo escuetamente:
—Sí, Arlinne… Pero no el maleficio que arranca mi vida pedazo a pedazo. Ella murió por el maleficio de la ambición… Fue asesinada.— «¡Asesinada…?» Me llené de odio e ira, mis ojos se encendieron y le dije:
—¡Quién? ¡Por qué?— Ella bajó su cabeza y dijo:
—Por enamorarse, Arlinne… Verás, mi hija era la única descendiente al trono. Kharsten es un reino muy vasto, lleno de recursos y riquezas… Desafortunadamente, muchos nobles codician el trono y uno entre ellos, más poderoso que el resto, no se detendrá ante nada, hasta sentarse en mi lugar en este palacio… Él fue, el que mandó a asesinar a la princesa, por desdeñar su proposición de matrimonio…— Le dije, enfurecida:
—¡Eso es algo horrible, no tiene perdón, su majestad! ¡Seguro el culpable, ya ha sido extirpado de todos sus títulos, privilegios y ejecutado?— La reina ensordeció más su semblante y dijo:
—Lo siento, Arlinne… No pude hacerlo por cuestiones políticas. El marquesinato que comanda, es muy importante para el reino y de haberlo hecho, solo hubiera provocado un caos político en todo el reino y al final del día… Otro más ocuparía su lugar. Como te lo dije, no me queda mucho tiempo de vida… No quiero dejar solamente inestabilidad, al abandonar este mundo… Espero mi dulce Arthenis, pueda perdonarme…— Se sumió en un genuino llanto… Camille terminó de revisarla y mientras no la veía la reina, me vio y negó con su cabeza, tristemente… «¡Maldita sea! ¡Por qué a cada paso que doy, hay otro bastardo igual? ¡Otro pendejo que solo quiere adueñarse de todo a costa de los demás! ¡Juro que me encargaré de él y todos los demás que se crucen por mi camino! ¡Lo juro!»
La reina lloraba… Los demás estaban cabizbajos, pensando para sus adentros y yo… Ardía en ira. Le dije, decidida:
—¡Su majestad! ¡Cómo se llama? ¡Quién es? ¡Por favor, dígamelo!— La reina contuvo su llanto y dijo, sonriendo dulcemente de nueva cuenta:
—Tranquila, Arlinne. No te preocupes. Tarde o temprano, pagará sus pecados. Tú ya tienes demasiado encima de tus hombros, como para que yo ponga una carga más, llena de odio y amargura.— Le dije:
—¡Pero no es justo! ¡No es justo! ¡No puedo quedarme solo así, sabiendo todo eso!— Ella dijo:
—Lo siento… Por favor, Arlinne… Promete que no harás nada descabellado, mientras yo viva, ¿sí?— Torcí mi boca y ella me guiñó su ojo, como sí quisiera hacerme cómplice de algo… Le dije a regañadientes:
—¡Está bien…! Pero no es justo…— La reina dijo:
—Calma… Perdón por entretenerlos con mi drama personal. Seguramente están muy cansados. Me decías que necesitaban información, ¿qué tipo de información, Arlinne?— Yo aún pensando en el asesino, le dije un poco molesta:
—Pues… Solo geográfica y del terreno. Queríamos saber, ¿sí hay alguna otra forma de atravesar la muralla, que no sea por la brecha que hicieron los virzuk años atrás?— Ella se quedó pensando y dijo:
—Lo desconozco, Arlinne. Pero… Sé quien lo puede saber. Pondré a tu comando al mejor mariscal de campo que haya visto el reino de Kharsten. El comandante Metrios. Haré que se reporte contigo el día de mañana, después de que hayan descansado, para que te pueda asistir.
En ese momento… Lyndon abrió la puerta y entró de regreso, diciendo:
—Perdón, su majestad. Lamento la intromisión. Todo está dispuesto, como usted lo ordenó.— La reina dijo:
—Gracias, Lyndon. Por favor, lleva a nuestros invitados a sus habitaciones, seguro querrán descansar antes de la cena. Deben de estar exhaustos por su viaje.— Yo me le quedé viendo a la reina y esta dijo:
—Todo está bien, Arlinne. Ahora ya todo está bien… Descansa. Ya hablaremos más tarde.— Solo pude contestar su sonrisa con la mía y abandonamos el lugar…
Lyndon nos preguntó nuestras preferencias y nos dio habitaciones. Entré a la habitación de Ray y mía, el lobo entró tras de mí y Ray cerró la puerta. Puse mis cosas frente a la cama y me recosté extendida de brazos… Le dije a Ray:
—¡No es justo, amor! ¡No es justo! ¡Cómo quisiera encontrar al que mando a asesinar a la hija de la reina y cortarle la cabeza para ponerla en una pica en medio de la plaza!— Él dijo: —Nada mal, seguro se lo merece, pero… Arlinne. Prométeme que serás prudente, ¿si?— Le dije:
—No lo sé… Lo siento. En estas cuestiones no puedo prometer nada…
—¿Peque…?
—Está bien, está bien… Prometo que no pondré su cabeza en una pica… Solo se la daré a comer a las ratas del basurero…
—¿Peque…?
—Está bien… Solo la tiraré por ahí…— Él se echó a reír…
—¡Jajaja! Arlinne… Está bien…— Sonreí por un momento y le dije:
—Me siento un poco decaída… ¿Quieres tomar un baño conmigo? Tenemos algunas cosas pendientes…— Él dijo:
—Claro, prepararé el baño…— Salió volando… «Pobrecito… Lo descuido mucho. La verdad es que debo de cumplir un poco mejor mis deberes de pareja… No es como que me importe hacerlo, la verdad lo disfruto mucho… ¡Jijiji! Pero a veces pienso que Ray no tiene llenadero… ¡Jijiji! Me gusta tanto, que me deseé así… Mejor aprovechar, tal vez en unos años, la pasión no sea la misma… ¡Jijiji!»
Después de un par de horas nos llamaron para cenar… Llegamos hasta el comedor, la reina estaba ahí. Dijo:
—Adelante, Arlinne. Disculpa, no sabíamos que es lo que les gusta, así que preparamos un poco de todo.— Eran muchos platillos… No era el banquete más ostentoso, pero había suficiente para muchas personas. Le dije:
—Gracias, su majestad.— Tomamos asiento. Ella dijo:
—Por favor, coman a sus anchas… Como sí estuvieran en una hostería, olviden la etiqueta y disfruten.— Le dije:
—Sí, gracias. Algunos de nosotros, comemos bastante… ¡Jijiji!— La reina volteó a ver a Grand… Sonreí y le dije:
—No… Grand desquita lo que se come. ¡Jajaja! Tenemos otros que parece que tienen una pata hueca, ¿verdad, Penny?— Penny levantó la cara de su plato, sonrió y volvió a sumergirse en la comida… La reina rio y dijo:
—¡Jajaja! Es una niña muy hermosa y está en crecimiento, seguro está bien que coma, Arlinne.— Penny volvió a asomarse y dijo:
—¡Ya ves, Arlinne, mensa! ¡Estoy creciendo!— Me sacó la lengua…«¡Eh!» Le dije:
—Sí… Pero eso tiene un límite, Penny. A partir de cierta edad solo vas a crecer, pero para los lados… ¡Jajaja! ¡Tonta!— Penny dijo:
—¡Mensa, al menos no estoy aguada como otras!— Y me volvió a sacar la lengua… La reina reía y reía cándidamente…
Al terminar, comimos postre y brindamos… La reina estaba feliz, platicó un poco con cada uno de nosotros… Incluso le preguntó a Ray, ¿qué para cuándo me propondría matrimonio? Ray se apenó y dijo que… Sí, que lo estaba pensando… «¡Eh! ¡Lo está pensando? ¿Casarme…? ¿Con un hombre…? ¡Jijiji! ¡Por qué no?» En ese momento me apené, pero algo dentro de mí, se quedó con la ilusión…«Bueno, tenemos muy poco tiempo de conocernos y aunque sí quisiera pasar el resto de mis días con él… No sé, sí él piense lo mismo…»
Salimos de vuelta a nuestras habitaciones, ya estaba anocheciendo… Camille me dijo:
—¿Arlinne, puedes venir un momento a mi habitación?— Yo asentí, atinando a lo que quería hablar conmigo… Le dije a Ray que lo alcanzaría en un momento y me dirigí con Camille, entró Penny tras de mí y cerré la puerta. Penny se sacó la ropa y se metió a darse un baño… Cuando estuvimos solas, le dije:
—¿Camille, cómo está?— Camille negó con la cabeza y dijo:
—Arlinne… Está muy mal. Está viva de milagro…— «¡No…!» Agaché mi cabeza y le dije: —¿Qué es lo que tiene…?— Camille dijo:
—La misma maldición que casi te mata a ti y que mató a la mamá de Penny…— «¡No puede ser! ¡Otra más!» Pero algo no tenía sentido y dije:
—¡Oye…! Pero esa maldición acaba con la gente en minutos, ¡cómo puede ser?— Camille dijo:
—Ahí está lo extraño… Alguien la ha mantenido con vida, todo este tiempo. Estoy casi segura que es ese brebaje que tomó por la tarde, ¿recuerdas?— «¿Brebaje…?» Le dije: —¡Cierto! Esa cosa de color púrpura que tomó después de su ataque de tos…— Camille dijo:
—Así es… Seguro es una poción mágica. Que sí bien no elimina la maldición, sí contrarresta sus efectos, al menos por un tiempo…— Le dije, emocionada:
—Pero… Entonces, podrías disipar la maldición, ¿no?— Ella dijo:
—Lo siento, Arlinne… No es tan fácil. Al final la maldición, no la matará… Es su cuerpo. Sus órganos, ya están muy dañados… El yugo que han tenido encima, tal vez por años, ya es demasiado. Aunque quitara la maldición, no sé sí pudiera sanarla por completo… Te seré sincera, lo más probable es que aunque pudiera disipar la maldición, ella moriría…— Le dije:
—Pero… Pero… ¡Podemos intentarlo! ¡Tal vez…! ¡Por favor, dime que hay una solución!— Ella dijo:
—Arlinne, no quiero ilusionarte, no tengo el poder suficiente, prácticamente tendríamos que pedir por un milagro… A estas alturas, la verdad sería más fácil, tratar de levantarla de entre los muertos, que sanarla. Y… Lo siento, Arlinne… Pero no creo poder hacer ninguna de las dos.— Le dije:
—¡Eso es posible…? ¿Levantarla de entre los muertos…?— Ella dijo, frunciendo su ceño: —Arlinne… Así como ustedes los hechiceros arcanos tienen conjuros prohibidos o moralmente peligrosos, también nosotros los ciervos de poderes divinos, podemos hacer algunas cosas de esa naturaleza, como la resurrección… Pero… No es que sea prohibido o moralmente peligroso, eso no me importa en lo más mínimo. Estoy convencida de que es una persona justa y merecedora, pero…— Le dije:
—¿Entonces…? ¡Qué hay que hacer, dime?— Ella dijo:
—Como te lo dije… El problema es su cuerpo. Podría intentar revivirla… Pero… Desafortunadamente volvería a morir. Necesitaría un conjuro mucho más poderoso para poder regenerar su cuerpo por completo y no lo conozco… No para reparar el daño terminal que tiene… Lo siento…
Tallé mi cara con mi mano… «¡Por qué alguien como ella? ¿Por qué…?» Le dije:
—Entiendo… ¿Cuánto tiempo le calculas, que le quede de vida?— Camille volvió a negar con la cabeza y dijo:
—Lo siento, Arlinne… Bajo cualquier predicción, ella ya debería de estar muerta. Puede ser en cualquier momento…— Comencé a llorar… Le dije:
—¡No es justo, Camille! Vamos a intentarlo, ¿si? ¡Por favor!— Ella se quedó pensando, mientras veía hacia el piso… Dijo:
—Necesitamos su consentimiento, Arlinne… Y como te dije, no te ilusiones. Ni siquiera sé, sí podamos hacer algo…— Le dije:
—Sería peor no intentarlo… ¡Prometo esforzarme lo más que pueda…! ¡Solo guíame y daré todo lo que tengo…!— Ella dijo, sonriendo:
—Está bien… Pero te lo repito una vez más, no te ilusiones. Por favor.— Le dije:
—¡Sí, está bien! ¡Hablaré con ella, para convencerla!— Camille asintió. Salí de regreso a mi habitación… «Hablaré con Ray e iré a ver a la reina a solas… La debo de convencer, que nos dé una oportunidad, para tratarla…»
Fui con Ray… Le conté escuetamente lo que pasaba. Él no dijo nada… solamente antes de que yo fuera a la puerta. Me tomó en sus brazos y dijo:
—Arlinne… Recuerda que sin importar lo que pase, debes de respetar la voluntad de los demás.— Le dije:
—¡Sí, lo sé! Pero…— Tocaron a la puerta… Volteé a ver a Ray y la voz del canciller Lyndon, sonó del otro lado…
—¿Su eminencia…?— Abrí la puerta y le dije:
—¿Sí? Buenas noches…— Él me dijo:
—Espero no importunarla… A su majestad le gustaría verla, a solas.— «¿A solas…? Mmmh… ¡Bien! Sirve que trataré de convencerla». Le dije a Ray, sonriendo:
—Ya vuelvo, amor. Sí estás cansado, no es necesario que me esperes despierto.— Él asintió y dijo:
—Muy bien, peque.— Salí de la habitación, acompañada de Lyndon… Él me condujo hasta las habitaciones de la reina…
Lyndon tocó a la puerta y me anunció… La reina abrió y dijo:
—Gracias, Lyndon. Puedes retirarte a descansar. Pasa Arlinne, por favor.— Yo entré y me quedé parada frente a una mesa… La reina dijo, caminando de regreso:
—Discúlpame, Arlinne, por haberte llamado. Toma asiento.— Asentí con la cabeza y ella se sentó en una silla del otro lado de la mesa… Me senté también y ella dijo:
—Disculpa el desorden… Estaba ordenando algunas cosas importantes.— Me señaló una pila de vestidos que estaba sobre su cama y un pequeño montículo de joyería que estaba sobre la mesa… Le dije:
—No hay cuidado… De hecho, yo quería hablar con usted.— La reina al parecer escribía una carta o algo parecido en un pergamino y cuando escuchó mis palabras, dejó la pluma en el tintero y dijo, volteando a verme:
—¿Sí? ¿De qué se trata?— Agaché mi cabeza… «¿Cómo se lo digo? Que no es seguro que podamos ayudarla, pero que nos dé la oportunidad de intentarlo…» Ella dijo:
—Ya veo… Déjame adivinar, Arlinne. ¿Su santidad y tú, quieren ayudarme con mi enfermedad?— «¡Eh! ¡Cómo lo supo?» Volteé a verla y le dije:
—Sí, eso es… No estamos muy seguras, sí podamos hacer algo… Pero vale la pena intentarlo, ¡por favor…!— Ella me interrumpió y con una sonrisa, dijo:
—No te preocupes, Arlinne. Eso ya no importa, quédense tranquilas. Ya hablaremos de eso después… ¡Mira! ¡Más importante! He estado pensando… Toda esta ropa y joyería… No tengo ya ningún uso para ellas. ¿Te gusta algo…? Te lo regalo.— «¡Eh! No es momento para pensar en esas cosas… ¿Por qué me dice esto…? Como sí estuviera decidida a morir…» Yo traté de discutir y le dije:
—Pero… su majestad.— Ella me volvió a interrumpir y dijo:
—Ya te dije, que lo hablaremos después, Arlinne. Por favor, cálmate.— Respiré profundo y sonreí también, viéndola a la cara… Ella dijo:
—¿Ves? Es mejor así… ¿Te han dicho, Arlinne, qué tu sonrisa es hermosa?— Me sonrojé y le dije, trastabillando:
—¡Eh…! Pues… Algunas veces. Aunque siento que la gente lo dice para adularme… Yo no le veo nada de especial. Cuando me veo en el espejo, siento que me veo como una tonta cuando sonrió…— Ella rio cándidamente y dijo:
—¡Jajaja! Arlinne… No es así. Es la sonrisa más dulce y sincera, que haya visto en toda mi vida. Puedes estar tranquila, no pareces una tonta.— Le dije:
—¿De verdad?— Ella dijo:
—Sí, de verdad… Volviendo a lo de la ropa y las joyas… ¿Qué dices? ¿Te gustan las joyas?— Le dije:
—Pues… Sí, un poquito. Tengo algunas piezas que he conseguido de aventura. No tengo ningún momento para ponérmelas, pero… Igual las guardo, por sí se da una ocasión.— Ella dijo:
—Ya veo, ¡jajaja! ¿Por qué no, tomas algo?
—No, su majestad. Son suyas, nunca podría… Todas se ven carísimas. Además, me imagino, que su valor en oro, no es nada comparado al valor sentimental que tienen para usted.— Su mirada se iluminó y dijo, cuestionándome:
—¿Eso piensas, Arlinne…? ¿Crees qué algo puede valer más por lo que significa, qué por su valor en dinero?— Le dije, convencida:
—¡Por supuesto! El oro, solo es oro. ¡Los recuerdos, la vida, la alegría, eso no tiene precio!— Ella asintió y dijo:
—Ya veo, Arlinne… Eres una mujer muy especial, no hay duda.— Sin querer, sonreí y dije: —Y que lo diga…— Ella se quedó observándome y dijo:
—¿Por qué dices eso…?— Se hizo un nudo en mi pecho y al instante, decidí contarle la historia de mi vida… Le dije:
—Su majestad… Lo siento, no he querido engañar a nadie y mucho menos a usted, pero yo… ¡Yo realmente no soy una mujer!— Ella abrió sus ojos al máximo y dijo:
—¡Cómo…?— Le conté la situación, sin excluir ni un solo detalle… Al terminar, le dije: —Entonces… Pues, esa es la historia… Lo siento.— Ella sonrió, como sí me entendiera a la perfección y dijo:
—Pero, Arlinne… Comprendo todo lo que me dices y sin duda, es algo muy especial, pero… Lo que aún no entiendo es… ¿Por qué me dices, que realmente no eres una mujer?— Yo me quedé sorprendida con mi boca abierta… «¿Se está burlando de mí…?» Ella dijo:
—A mi parecer, Arlinne… El ser mujer, no es solo tener una vagina. El ser mujer, es ser una inspiración… Siendo hermosa y atractiva, no solo de forma física, me entiendes, ¿verdad?— Asentí en silencio… Ella continuó y dijo:
—Además de alegre, talentosa, cariñosa, comprensiva… El ser mujer, Arlinne… Es cuidar de la vida. De la que nace en nuestro vientre o de la que está a nuestro alrededor, da igual. El ser mujer, Arlinne… Es ser un refugio para los demás, donde encuentran paz, tranquilidad, cariño y comprensión. Eso es ser mujer. En lo que a mí respecta, Arlinne. Tú cumples todas las condiciones tan a la perfección, que el tener o no, un espacio entre tus entrañas, está de más.— No pude más y comencé a llorar… Ella se puso de pie y dijo, abrazándome:
—Ya, ya, mi dulce niña… No me quiero ni imaginar todo lo que has sufrido por la intolerancia de los demás. Todo está bien, llora tranquila…
Me calmé un poco y cuando por fin, pude ver claramente sin el mar de lágrimas sobre mis ojos, me di cuenta de que la figura encapuchada del día de ayer, había entrado a la habitación… Dejó de nueva cuenta un recipiente sobre la mesa con el extraño líquido color púrpura. La reina sonrió y dijo:
—¿Ya más tranquila, Arlinne? ¿Quieres algo de beber?— La figura se quedó parada ahí, como esperando a ver sí quería tomar algo… Le dije:
—Sip, por favor… Siempre por chillona, termino con la boca seca.— La figura asintió, me sirvió un vaso de lo que parecía té helado y se retiró…
Lo bebí ávidamente… «¡Uff! ¡Qué rico! De naranja». La reina sonrió y dijo:
—¿Todo mejor, Arlinne?— Volví a sonreír y le dije:
—Sí, lo siento… Soy una chillona, pero ya estoy mejor.— Ella rio y dijo:
—Lo ves, Arlinne. Inclusive tienes los cambios drásticos de humor, ¡jajaja!— Me apené y dije:
—Lo siento…
—¡Ya, Arlinne! No te disculpes todo el tiempo, no has ofendido a nadie. Mira, estaba pensando… Quiero pedirte un favor. Sé que ya tienen demasiado sobre sus hombros, pero… No tengo a nadie más a quien confiarle esto.— Le dije sin pensar:
—Claro, ¿de qué se trata?— Ella dobló el pergamino en el que había escrito, a manera de una carta, canalizó una pequeña runa mágica y me dijo:
—Préstame tu mano.— Yo le di mi mano y ella puso mi dedo índice sobre la runa, diciendo: —Arlinne… Prométeme que sí tienes éxito en tu empresa, pase lo que pase, regresarás con bien aquí a Kharsten.— Le dije:
—Lo prometo…— Ella dijo:
—¿Segura…? Pase lo que pase, ¿está bien?— Le dije un poco confundida:
—Sí, lo prometo.— Ella dijo:
—Necesito, que el día que yo, no esté más aquí, esta carta regrese a Kharsten. ¿Puedo confiar en ti?— Le dije nuevamente:
—Sí, pero… ¿Qué hay con la carta? ¿De qué se trata?— Ella dijo:
—Arlinne… Desafortunadamente no hay heredero al trono, entonces, será un caos entre los nobles para apoderarse de él. Por eso mismo, voy a apelar a una costumbre antigua de nuestro reino, donde por medio de cinco cartas selladas mágicamente, dejo en herencia el trono, a un noble de mi confianza. Como es la última voluntad de la reina, no podrán hacer más que obedecerla, pero… Las cinco cartas tienen que ser escritas por mí y selladas mágicamente, además solo pueden abrirse al mismo tiempo y solo cuando yo no esté más…— Le dije:
—¡Pero su majestad! ¡Por favor, no me vuelva a cambiar el tema! ¡Permítanos intentar, se lo ruego!— Ella dijo, cambiando su semblante:
—Arlinne, muchas gracias… Pero he pasado ya mucho tiempo sin mis seres queridos, quiero reunirme con ellos y descansar.— Sonrió tiernamente… Le dije:
—¡Su majestad!— Ella dijo:
—¡Ya, Arlinne! O te comenzaré a llamar, su eminencia. Llámame Lenor, ¿está bien?— Le dije, molesta:
—Está bien… Pero no es justo… Sé que sonará bastante egoísta, pero… Todos la necesitamos aquí. He pensado por mucho tiempo, que de nada servirá todo lo que hacemos por traer la paz y la tranquilidad, sí cuando por fin lo logremos, un nuevo tirano llega a aprovecharse de los demás. Necesitamos a alguien como usted, que pueda garantizar los derechos de todos y gobernar manteniendo la paz… No quiero que sea en vano…— Ella sonrió, como sí supiera algo que yo no y dijo:
—Arlinne, las cinco cartas que escribí de mi puño y letra, de las cuales ahora tú posees una de ellas… Contienen cinco nombres de nobles. Cuando sean leídas en voz alta en el pleno del consejo de Kharsten, se nombrará rey al que mayor número de veces, su nombre aparezca en dichas cartas… Por eso es que te hice prometer, que estarías de vuelta, porque sé que tan importante es para ustedes y para que veas con tus propios ojos a quien he escogido como mi sucesor…— Le dije a regañadientes:
—Está bien… Pero… ¡Eso no quita que yo la quiera con vida!— Ella sonrió y dijo:
—Sí, Arlinne… Veamos como se desenvuelven las cosas. ¿Está bien…?
—Está bien, pero… ¿Y los otros nobles se quedarán tan tranquilos?— Ella dijo:
—No les quedará de otra, Arlinne. Es eso o levantar sus tierras contra el reino, pero sí el rey es alguien poderoso y carismático, se tendrán que morder su propio trasero y aguantarse o perder sus tierras y privilegios… ¡Jijiji!— La expresión me hizo reír y dije:
—¡Jajaja! ¡Eso suena bien!— Ella agregó:
—Eso no es todo… Además del nombre del futuro rey, las cartas también contienen el nombre de un nuevo representante de la cámara de los nobles. Ten confianza, además de que he escogido a la persona adecuada para ser rey, he escogido al noble más sabio, humilde e inteligente que hayan visto estas tierras en mucho tiempo. Ten confianza.
Me había quedado mucho más tranquila, pero aún me llenaba de tristeza la situación de la reina… «Sí pudiéramos sanarla, ella podría seguir aquí por muchos años y todos esos nobles huele pedos, ambiciosos y desalmados, estarían al margen de todo…» Ella me cambió el tema de la nada y dijo:
—¿Arlinne, qué tal estuvo el baile de gala en su honor en Montloarc? Su majestad, Alons, me invitó, pero debido a la distancia del viaje y mi estado de salud, jamás pudiera haber ido… Me cuentan que eras como el sol en el firmamento y ninguna otra chica se acercaba a tu brillo y belleza…— «¡Eh…?» Le dije, apenada:
—¡No! ¡Cómo cree! Nada de eso… ¡Jijiji!— Ella dijo:
—No seas tan modesta, Arlinne. Eres una chica muy bella, ve nada más a tu caballero… Es todo un galán, ¿dónde lo pescaste?— Me volví a apenar y le dije:
—¿Verdad, qué es muy guapo? ¡Jijiji!— Ella dijo:
—Sí, Arlinne. Es un hombre muy atractivo y además se nota que eres la cosa más importante para él.— Me emocioné y le dije:
—¡Sí, lo amo! ¡Jijiji! Y fue realmente una casualidad… Yo andaba por ahí, vagando, en medio de mi prueba de hechicería y hundida en mi depresión, que padezco desde pequeña. Hasta que un día lo encontré… Yo había puesto algunas trampas para cazar y comer algo, así que decidí tomar un baño, mientras tanto. Cuando terminé y fui a revisarlas, ahí estaba él, manoseándolas… ¡Jajaja! Al principio me molesté… Pensé que era un pedante y un metiche, aunque muy apuesto, pero no duré mucho pensando eso… En unos cuantos días, estaba perdidamente enamorada. ¡Jajaja!— La reina rio junto conmigo y dijo:
—¡Guau! ¡Arlinne, amor a primera vista!— Le dije:
—Si, algo así… ¡Jajaja!— Agregué:
—¡Y el baile en Montloarc fue muy hermoso…! Por primera vez en mi vida, me puse un lindo vestido y bailé casi toda la noche, es algo que jamás en la vida olvidaré.
La reina tomó una sortija engarzada con un gran rubí del montón que había en la mesa y me dijo:
—Arlinne, por favor… Quiero que tengas esto.— «¡Eh!» Tomó mi mano y sin pensarlo me puso el anillo… Yo le dije:
—¡Pero su ma…! ¡Lenor! ¿Cómo podría? No es necesario…— Ella dijo:
—Nada de eso, Arlinne… Solo tómalo, por favor, ¿sí? Es una joya muy importante para mí. Es tan importante, que quiero que siga viva en este mundo, cuando yo me haya ido. Algún día, se la podrás dar tú también a alguien más…— Solo agaché la cabeza y le dije:
—Gracias… La cuidaré mucho.— Ella dijo:
—Lo sé… Por eso te la entrego a ti, porque sé que tú cuidarás muy bien de él, en mi ausencia…
Me sentí mal nuevamente por ella, pero ella rio y dijo:
—¡Jajaja! Basta de tristezas, ¿quieres un poco más de té?— Le dije:
—Sí, por favor.— Ella misma me sirvió, me acercó el vaso, tomó la extraña poción de color púrpura y dijo:
—¡Brindemos, Arlinne! ¡Por qué tengas éxito en tu empresa, por tu futuro y por Kharsten!— Le dije:
—Sí, suena bien. Salud…— Pasamos un rato más platicando, pero se empezó a hacer algo tarde… Ella dijo:
—Arlinne, creo que es momento de que nos vayamos a la cama.— Le dije:
—Sí, lo siento… No quería distraerla tanto…— Ella dijo:
—¡Te lo advertí! Será mejor que su eminencia, vaya a descansar. Seguramente su caballero está esperando por usted… ¡Jajaja!— Yo reí también…
—¡Jajaja! ¡Lo siento…!— Ella dijo:
—Cero y van dos… ¿Por qué te disculpas?— Me quedé apenada y ella dijo, de la nada: —Descansa, Arlinne… ¡Ah! Una cosita más… Lyndon es un hombre ejemplar, chapado a la antigua, pero muy celoso del deber a su patria. Sé que parece mi mayordomo, ¡jajaja! Pero en realidad es el canciller de gobierno. Después de mí, no hay persona más importante e influyente en toda la capital… Quiero que siempre te apoyes en él, ¿está bien?— Me quedé extrañada… «Eso sonó algo raro… ¿Qué pasa aquí?» Le dije:
—¡Eh…! ¿Por qué me dice eso?— Ella dijo, tapando su boca:
—¡Oops…! Quise decir, que te apoyes en él, siempre que visites Kharsten, sí es que yo, ya no estoy más… Jejeje…— Le dije:
—Ah… ¡Lenor, por favor! ¡Permítanos intentar sanarla!— Ella dijo:
—Arlinne… Ya lo veremos en estos días, ¿está bien?— «¡No se deja! ¡Pfff!» Le dije:
—Está bien… Buenas noches, Lenor. Que descanses.— Ella dijo:
—Igual tú, Arlinne. Descansa.— Salí de su habitación… «Esta carta debo de custodiarla con mi vida… Así que en lo que llega el momento, la guardaré siempre entre mis ropas y este anillo… ¡Es tan lindo! ¿Pero qué significará esta cresta…? Supongo que debe de ser algo personal de la reina… ¡Muy bien! ¡Jamás me lo quitaré, hasta que tenga que entregárselo a alguien más! ¡Jijiji!»
Regresé a mi habitación, la luz estaba apagada… Entré en silencio, pero el lobo comenzó a hacer un escándalo. Le dije:
—¡Shhh! ¡Lobito! Que Ray está dormido…— Me desnudé, puse mi ropa frente a la cama y me metí entre las sabanas. Pensé… «¡Qué cama tan cómoda! Es algo a lo que me podría acostumbrar…» Ray dijo:
—¿Cómo te fue, peque?— Le dije:
—Lo siento… ¿Te desperté?
—No. Descansaba la vista…— Le dije:
—¡Ah! Pues… No se dejó, amor… No quiere que la tratemos, es necia…— Él dijo:
—Tienes que respetar su decisión.— Le dije:
—No lo sé, amor… Tal vez, tenga que forzarla…
—¡Arlinne…?— Le dije:
—¡Jijiji! Bromeo…— Pasé mi brazo por su espalda y pegué mi rostro a su cuello… Lo comencé a besar. Él dijo:
—¿Estás inquieta, ranita?— Le dije:
—¡Jajaja…! Un poquito… Pero sí no tienes ganas, no hay problema.— Él se volteó y me abrazó también… Le dije, recordando:
—Oye… ¿Qué hay con eso, de que piensas proponerme matrimonio…? ¿Hablabas en serio?— Él dijo:
—Tal vez…
—¡Cómo qué tal vez? ¡Responde…!— Cerró mi boca con sus labios y sus manos comenzaron a estrujar mi pecho… Lo aparté despacio y le dije:
—¡No, no te hagas buey! ¡Dime…!— Él dijo:
—No seas desesperada, amor…— Y me comenzó a amar apasionadamente… «¡Pfff! Bueno… Que más da. Mejor ponerse flojita… ¡Jijiji!»
Desperté a la mañana siguiente… Ray se arreglaba, me dijo:
—Buenos días.
—Buenos días, amor. ¿Qué hora es…?— Él dijo:
—No lo sé exactamente, pero yo diría que pasadas las diez.— Bostecé y le dije:
—¡Qué sueño…! ¿Me puedo dormir otro poquito…?— Él dijo, riendo:
—¡Jajaja! Amor… No lo sé, ¿puedes?— Le dije:
—Lo intentaré…— Me iba a acomodar la almohada y tocaron a la puerta… «¡Bleeh! ¡Por qué…?» Ray abrió la puerta… Era el canciller Lyndon. Alcancé a oír lo que dijo:
—Buenos días, maestro Forthand. Lamento interrumpir, pero el comandante Metrios está en el palacio, esperándolos.— «¡Cierto…!» Salté de la cama, rumbo al baño para asearme un poco… «¿Cómo lo pude olvidar…?» Por ir pendejeando, se me enredó mi patita izquierda en la sabana y azoté en la alfombra… Solamente se oyó el golpe en el piso y un ligero quejido que emití al contacto con el piso…
—¡Ay!— Lyndon dijo:
—¿Todo bien?— Ray rio y dijo:
—¡Jajaja! Sí, canciller. Dígale por favor, que nos dé unos minutos. En seguida estaremos ahí.— Él dijo:
—Muy bien, así lo haré. Con su permiso.
Nos reunimos todos y bajamos a buscar al comandante… Una sirvienta nos dijo que estaban en el comedor, desayunando. Llegamos hasta ahí… La reina, el canciller y el comandante, desayunaban, mientras platicaban. Entramos… Respetuosamente saludamos y tomamos asiento. La reina dijo:
—Arlinne, buenos días… ¿No me digas que acabas de despertar?— «¡Eh?» Le dije:
—No, como creé… Estaba menseando, lo siento…
—¡Jajaja! Arlinne… Igual que siempre, en fin. Les presento al comandante Stan Metrios.— Un hombre de cuidada barba de color negro, mediana edad y con un semblante severo, se puso de pie y dijo:
—Un gusto conocerlos. He oído mucho acerca de ustedes.— Todos devolvimos la cortesía y el hombre tomó asiento nuevamente. Dijo:
—Así que, Arlinne… La reina me comenta, que quieren pasar del otro lado de la muralla, pero no lo quieren hacer por la brecha, ¿es correcto?— Le dije:
—Si, comandante. Estamos refinando nuestro plan y nos gustaría encontrar otro lugar por el que podamos pasar del otro lado…— Él acarició su cuidada barba y dijo: —Desafortunadamente no hay otro acceso, a menos que…— Se quedó pensando… Todos esperábamos lo que iba a decir… Le dije:
—¿Sí…?— Él dijo:
—Arlinne… Creo que están de suerte. Puede que sí haya otra manera…
—¿De verdad? ¿Dónde? ¿Cómo?— Él dijo:
—Hace muchos años, antes de que los virzuks invadieran, solía haber una profunda y enorme, mina de plata al norte de la capital… La entrada de la mina está a solo un par de kilómetros del pie de la muralla y en esos tiempos, eran populares los rumores entre los mineros, de la existencia de una gigantesca puerta hecha del mismo mineral que conducía a las tierras del norte…— Le dije:
—¿Rumores…? ¿Nadie sabe a ciencia cierta?— Él agachó su cabeza y dijo:
—Lo siento, Arlinne… A mí no me consta y desafortunadamente, la mina lleva muchos años cerrada.— Me quedé pensando por un instante y le dije:
—Pues… Valdría la pena investigar. De todas maneras, no tenemos muchas otras opciones…— El comandante dijo:
—Arlinne, la reina me ha contado su intención y quiero poner mis tropas y los recursos de la armada de Kharsten a su disposición. Estaré aquí en palacio, el tiempo que sea necesario. De igual forma, destacaré a mis tropas en esta posición por lo que se ofrezca.— Le dije: —Muchas gracias, comandante… No se ofenda, pero esperemos que no sea necesario, no nos gustaría que se pusieran en riesgo.— Él dijo:
—No se preocupe, su eminencia. Es nuestro deber ante nuestra patria.— Le dije, sonriendo: —Gracias.— Él dijo:
—Un placer… Su eminencia, su majestad, canciller, señores, señoritas, me retiro para disponer todo ante las tropas. Gracias por el desayuno, con su permiso.— El comandante salió del comedor y la reina dijo:
—Arlinne, puedes confiar plenamente en el comandante Metrios. Sé que parece un poco hosco, pero es un patriota implacable, leal a la corona y un hombre de buen corazón.— Asentí y le dije:
—Gracias, así lo haremos.— En ese momento, la servidumbre llegó con una charola llena de panques… El olor me hizo girar mi cabeza y me quedé viéndolos, embobada… La reina comenzó a reír y dijo:
—¿Qué pasa, Arlinne? ¿Te gustan los panques frescos con miel?
—¡Sí! ¿Pero…?— Ella dijo:
—¡Jijiji! Pregunté a tus compañeros. Por favor, disfruta el desayuno.— «¡Qué rico!» Le dije: —¡Gracias, así lo haré!
Terminado el desayuno, le pedí de favor a la reina, sí nos podría prestar una sala, para reunirnos y planear o discutir el asunto… Ella dijo:
—Claro, Arlinne. Lyndon los llevará hasta ahí.
—Gracias.
Llegamos al lugar… Tenía una mesa lo suficientemente grande para colocar mapas o pergaminos, completamente extendidos, una pizarra y varias sillas. Una vez estando solos, les dije:
—¿Qué opinan?— Grand dijo:
—Pues… Sí no hay prisa, podríamos intentar explorar la mina…— Ray dijo:
—Sí… No es mala idea. Aunque no existiera dicha puerta, sí es como dice el comandante, muy grande y muy profunda. Puede ser que incluso tenga varias entradas o salidas, que es exactamente lo que necesitamos.— Les dije:
—Sí, yo pienso lo mismo. Pero… Recuerden que lleva más de veinte años cerrada. Seguro ya está llena de bichos, ahí abajo. Aunque es mejor enfrentar unos cuantos monstruos, que horda tras horda de los mismos, más virzuks con ansia de sangre.— Todos estuvieron de acuerdo y dije:
—Bien, entonces… Salgamos pasado mañana.— Camille dijo:
—¿Arlinne, qué pasó con la reina?— Le dije:
—No se deja, Camille… No quiere. Es como sí estuviera resignada a morir…— Camille dijo: —Que difícil situación… En el clero nos enseñan, que siempre respetáramos los deseos de los desahuciados… Pero en parte, pienso como tú, Arlinne.— Le dije:
—Ya no sé que hacer, no la podemos forzar…
Todos guardamos silencio y Lianne dijo:
—Renacuajo… Es triste lo de la reina, pero sí ella no quiere, no la puedes forzar.— Le dije: —¡Sí yo estuviera en su lugar, no me forzarías…?— Ella dijo:
—Es diferente, renacuajo…— Le dije:
—¡Ah, Sí…? ¿Por qué?— Ella dijo:
—Porque a ti, ni siquiera te pediría permiso… ¡Jajaja!— «¡Buuu! ¡Qué personita tan fea!» Ray dijo:
—Arlinne… Sé que estas decisiones morales, son las más difíciles de tomar. Muchas veces son tristes, sin importar la decisión que tomes. Por eso debes de tomar en cuenta la voluntad de las personas.— Le dije:
—Lo sé… Pero aún no me rindo con eso, la trataré de convencer…— Lianne dijo:
—Por otra parte, renacuajo… Estaba pensando y sé que tú lo has pensado también… ¿Qué haremos una vez que el orbe esté destruido y la paz vuelva a estas tierras? No podemos irnos así nada más, porque sería como tener un hijo y abandonarlo a su suerte…— «¡Gulp…!» Me puse nerviosa y le dije:
—Pues… Lo he pensado. Pero… ¿Qué podemos hacer? ¿Obligar a las personas por medio de la fuerza a llevarse bien? Sería exactamente lo mismo… No tendrían libertad. No lo sé, Lianne… Y también me preocupa.— Lianne dijo:
—Tal vez, sí pudiéramos quedarnos por un tiempo… Por aquí, cerca… Solamente observando como se desenvuelven las cosas, pienso que estaría bien. Incluso los más ambiciosos, lo pensarían dos veces, sabiendo que Arlinne de Veranda está cerca y vigilándolos… ¡Jajaja!— Reí también y le dije:
—¡Esa mamada… Qué? ¡Jajaja!— Camille dijo:
—¡Jajaja! Suena tonto viniendo de Lianne… Pero… Tiene razón, no es mala idea.— Me ilusioné por un momento y les dije:
—¿Me seguirían ayudando, otro poquito?— Camille dijo:
—Por supuesto, Arlinne. Claro, toda la vida.— Penny dijo:
—Pues sí, eres una mensa. Obvio que sí.— Grand dijo:
—¡Claro! Nunca me la he pasado tan bien en mi vida, como estando con ustedes.— Lianne dijo:
—¡Qué fastidio! Pues, sí… ¡Ya qué!— La vi feo y comenzó a reír:
—¡Jajajaja! Claro, renacuajo… ¿De qué me serviría ser la hechicera azul, sí me voy a encerrar a esa torre como el maestro por la eternidad? ¡Obvio sí! ¡Jajaja!— Volteé a ver a Ray y él me dijo, poniendo su mano sobre mi cabeza:
—Claro, peque. Además soy tu caballero… ¿Qué no se supone que eso es de por vida?— Me puse muy contenta y mis lágrimas comenzaron a brotar… Les dije:
—¡Gracias, muchas gracias a todos! No sé que hubiera hecho, sí ustedes no estuvieran conmigo. ¡Los quiero mucho!
Decidimos salir a la ciudad a comprar algunas cosas. En especial provisiones… «Las pudimos haber pedido a la reina, pero no me gusta estar de pedinche todo el tiempo». Ella ya hacía demasiado por nosotros. Esos panques estuvieron deliciosos… «Sonará simplón y hasta cierto punto vulgar… Nunca se lo he contado a nadie, pero me encanta el sabor que regresa a mi boca, después de que los como y los estoy repitiendo toda la mañana… ¡Jijiji! En especial, cuando los revuelvo en mi pancita con jugo de naranja… ¡Por eso me encantan! ¡Jajaja! ¡Delicioso!»
Nos detuvimos un momento a tomar algo fresco… La temperatura había ya comenzado a aumentar. «Me gustan mucho más los días calurosos, que los helados, pero si hago mucho esfuerzo físico, comienzo a sudar como un cerdito… ¡Pfff! La ciudad es hermosa, es como sí estuviera construida por partes en diferentes altiplanos, escalinatas por todos lados, solo un par de calles la atraviesan por completo. El resto conduce a más escaleras o callejones… No fue tan difícil, creí que nos perderíamos por todos lados, tratando de conseguir las provisiones». La gente del lugar era amable y aunque como en todos lados, se notaba la pobreza y la riqueza, todos convivían en comunidad. «La gente se ve bastante ocupada, aunque no lo suficiente como para que pasáramos desapercibidos, como siempre el lobito llama bastante la atención y la gente se quedó observándonos o murmurando a nuestro paso…» Les dije:
—¡Oigan! ¿Creen qué haya sido suficiente, la comida que compramos?— Grand rio y dijo: —¡Jajaja! Arlinne… Siempre sobra, al menos tu parte, ¡jajaja!— Le dije, apenada:
—Ni que hacer… Llevo una relación muy difícil con esas odiosas galletas. Aunque seré sincera, sí dejamos de viajar por un tiempo, creo que las voy a extrañar… Tal vez, por la ocasión, esta vez, sí me coma mi parte… ¡Jajaja!— Ray dijo:
—Eso quiero verlo, ¡jajaja!— Les dije:
—¡No sean feos! ¿Quieren qué se me caigan mis dientes?— Baboseamos un rato más y decidimos regresar al palacio…
Cuando entramos por la reja del palacio, me pude dar cuenta, que la reina estaba en el jardín… Les dije:
—Ya estoy con ustedes en un rato, iré a ver las florecitas…— Y salí volando, sin darles tiempo a responder.
Llegué corriendo y la reina volteó sonriendo a recibirme… Le dije:
—Buenas tardes, Lenor… ¡Qué hermosas flores! Lyndon me dijo que tú las sembraste todas y siempre has cuidado de ellas.— Ella dijo, aún sonriendo:
—Sí, Arlinne… Bueno, en parte. Eso es últimamente… Antes de mí, mi madre era quien lo hacía…— La tristeza me tomó de la mano y le dije, molesta:
—¡No es justo! ¿Ahora quién cuidará de ellas…? Es por eso que debería dejar que tratáramos de sanarla…— La reina continuó sonriendo y dijo:
—Arlinne… No pierdes una oportunidad, ¿verdad? ¡Jajaja!— Le dije, emberrinchada:
—No… Pero puede hacerlo por las flores, ¿sí?— Ella dijo:
—¡Jajaja! Arlinne… Tal vez, alguien más pueda cuidarlas por mí.— Se me quedó viendo sugestivamente… Le dije:
—¡Qué? ¡No! Yo no puedo, ni cuidar de mí misma… Jamás podría hacer algo así, se me van a secar y luego… Jamás podría volver a verte a la cara, ¡no!— Ella rio y dijo:
—¡Estarás bien! Sí se secan, podrás plantar nuevas, Arlinne… Unas que te gusten en especial a ti.— Le dije:
—No… No tengo, ni idea de que hacer.— Ella dijo:
—Creí que eras una guardabosques… ¿No se supone que a los guardabosques se les da bien convivir con la flora y fauna…?
—Pues… En teoría. Pero… Yo aún tengo mucho que aprender…— Ella dijo:
—¡Decidido! Que mejor oportunidad para hacerlo, que cuidando de este jardín.— Le dije: —¡Pfff…! ¡No se vale! Sí me gustaría, pero…— Ella dijo:
—Arlinne, debes de tener más confianza en ti misma, tomas buenas decisiones, pero tu peor enemigo eres tú misma… Solo confía.— Le dije:
—Gracias, lo intentaré… Pero sí usted ya no está, ni siquiera sé, sí en un futuro podría acercarme al jardín…— Ella dijo:
—No te preocupes por eso, Arlinne. He dispuesto todo para que tú siempre tengas un lugar aquí…— Me vio de una forma extraña, sugestiva y traviesa al mismo tiempo… Le dije:
—Está bien… ¡Pero aún no me rindo, con lo de su tratamiento!— Ella dijo:
—¡Eh…! ¡Jajaja! Está bien… Por ahora vamos a comer, seguro ese enorme lobo color blanco, ya está muy hambriento.— Le dije:
—¡Siempre está hambriento! ¡Jajaja!— Regresamos a palacio y comimos todos juntos en el comedor.
Por la noche, cené ligero y me fui a acostar temprano… Pronto deberíamos partir. No había hecho ningún avance con la reina… «¡No se deja…! Pero tampoco puedo descuidarme, debo descansar… No sé cuanto tiempo pasemos en esa mina, no puedo dejar nada a la suerte… No, estando tan cerca de nuestro objetivo… Mañana haré mi último intento con la reina… Echaré toda la carne al asador. Lloraré, me arrastraré, me enojaré, todo… Espero funcione…» Ray entró a la habitación y dijo:
—¿Peque, tan temprano? ¿Te sientes mal?— Le dije, destapando mi rostro:
—No, amor… Estoy bien, solo quiero descansar un poquito, será peligroso y no quiero cometer errores.— Él se sentó en la cama y dijo:
—Ya veo… Descansa, entonces.— Me dio un beso en la frente y agregó:
—Yo iré a revisar nuestro equipo y monturas, junto con Grand, después regresaré y te haré compañía.— Le dije, pensando algo que traía en la mente hace mucho:
—Oye… Ray, amor. ¿Te has dado cuenta de algo?
—¿Qué pasa?— Le dije:
—Casi nunca peleamos en nuestra relación… ¿Estará bien? Generalmente he observado que las personas entre más cercanas, más discuten entre ellas…
—¿Tú crees?— Le dije:
—¿No será que siempre, solo me das por mi lado?— Él dijo:
—¿Te gustaría amor…?— Le pregunté tontamente:
—¿Qué?— Él rio y dijo:
—Pues lo que me dices… ¿Qué peleáramos? ¡Jajaja!
—Pues, no… Pero a lo mejor, algo anda mal.
—Mira… Te voy a dar un ejemplo. Piensa en algo que te moleste de mí, pero te aguantes, por conservar la paz o porque me quieres mucho…— Le dije en un instante:
—¡Ya!— Él rio y dijo:
—¿Así de rápido…? ¡Jajaja! Está bien, dímelo y después yo te diré algo similar…— Le dije: —¿Seguro…? Pero… No quiero que te sientas mal por mis palabras…— Él dijo:
—Es un ejemplo, solo dímelo…
Puse mi dedo en mi mejilla y le dije:
—No me gusta… Que a pesar de que yo soy un desmadre en la cama… Por alguna razón, tu lado siempre está desordenado, la ropa de cama fuera de lugar, las sabanas jaladas y más que eso… Que cuando te lo digo o arreglo la cama, tienes tu actitud, de me vale madre…— Él comenzó a reír…
—¡Jajaja! Arlinne… ¡Jajaja!— Le dije:
—¡Ves? ¡Ahí está otra vez! ¡Cabrón!— Él dijo, ahogándose de la risa:
—¿Por qué te molesta algo como eso? ¡Jajajaja!— Le dije:
—No lo sé… No puedo acostarme, sí la cama está así, como un nido de ratas.— Él dijo: —Bien, lo tomaré en cuenta.— Se quedó callado y le dije:
—¿Y bien…? Ahora dime algo tú…— Él dijo:
—Hablando de la cama… Sabes que me molesta mucho que comas pan, acostada. No sé como puedes comer en la cama. ¿No te das cuenta de que las migajas se van entre las sabanas…?— Le dije:
—¡Eh…! Pero solo es un pedacito de pan o una galletita de azúcar… ¿Qué daño te hace?— Él dijo, genuinamente molesto:
—Eso precisamente, tus migajas se me entierran en el trasero…— Reí, fingiendo un puchero…
—¡Buuu! Lo siento, tu pobre traserito… ¡Jajaja!— Él dijo:
—¿Ves…? ¿Qué decías de la actitud? Ahí vas a hacerte la víctima…— «¡Eh! ¡Pfff!» Él comenzó a reír y dijo, cambiando su semblante:
—¡Lo ves? Es fácil pelear, más fácil que mantener la calma, ¡Jajaja! ¿Quieres más?— Le dije:
—Tienes razón… No sabía que te molestaba tanto mi pan, lo siento…— Él dijo:
—No, Arlinne… No es que me moleste o no. Pero en una relación ambos debemos ser conscientes de las emociones y necesidades del otro, por eso antes de enojarnos y discutir, debemos entendernos. Y estoy muy contento, porque hemos tenido éxito, solo te puse el ejemplo, para que te des cuenta. Nada es perfecto y sí seguimos así, después de una cosa vendrá otra, hasta que de verdad, nos lastimemos con nuestras palabras.— Le dije:
—Yo no quiero lastimarte con mis palabras. ¡Te quiero mucho, lo siento! Tienes tus modos y todo, pero está bien, aunque a veces me desespere tu actitud indiferente.— Él dijo:
—Lo mismo, te quiero mucho, Arlinne. Más que a mi propia vida y sí, sé que eres berrinchuda, necia, entre otras. Pero así estoy contento, no te podría imaginar de una forma diferente.
Le dije traviesamente, extendiendo los brazos:
—¡Oye…! ¿Los caballitos y Grand, pueden esperar quince minutitos? ¿Por qué no vienes aquí? Vamos a buscar migajas juntos, para sacarlas de la cama… Tienes razón, se pegan al trasero, ¿podrías revisarme? No me alcanzo, por favor, ¿si?— Él sonrió y negó con su cabeza, diciendo:
—¡Jajaja! Está bien, vamos a ver cuantas migajas hay por aquí…— Me dejé llevar, sintiendo sus labios descendiendo por mi espalda…
Desperté un poco intranquila… Ray aún estaba dormido a mi lado. Volteé a mi alrededor, el lobo dormía plácidamente en una esquina de la habitación… «¿Qué es muy temprano?» La luz del sol ya se colaba entre las esquinas de las cortinas… «Ya es de día… Bien, mejor levantarme de una vez». Me paré de la cama y me metí al baño… Me aseé rápidamente, me sequé y salí, todo en unos minutos. Me puse ropa limpia y decidí salir a buscar a la reina… Ray despertó cuando estaba por irme… Le dije:
—Amor, iré a ver a la reina. Nos vemos para desayunar, descansa.
Salí de mi habitación, pensando… «¿Dónde podrá estar…?» Fui al comedor… No estaba más que la servidumbre… Una señorita me dijo:
—¿Va a desayunar, su eminencia?— Le agradecí y le dije:
—No, gracias. Más al rato. ¿No ha venido por aquí su majestad?— Ella negó con su cabeza…
Salí a buscarla a sus habitaciones… «Tengo un mal presentimiento… Espero que todo esté bien». Llegué hasta ahí y Lyndon venía saliendo de la habitación de la reina… Le dije:
—Buenos días, Lyndon. ¿Cómo se encuentra, su majestad?— Él me vio con un semblante apagado y dijo:
—Está muy mal, su eminencia… Me pidió que la llamara. Por favor, vaya a su lado.— Le contesté:
—¡Sí! ¡Por favor, avisa a Camille, te lo ruego!— Él salió volando…
Entré a su habitación… Las cortinas estaban aún cerradas. Ella estaba tendida en su cama y la extraña figura encapuchada, se encontraba a su lado, tomando su mano. Me apresuré, diciendo:
—¡Su majestad…!— Llegué a su lado y ella volteó a verme, sonriendo en silencio… Le dije: —¡Ya viene, Camille! ¡Quiera o no, vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos, no me importa nada más! Sí después me quiere juzgar por desobediente o castigar, estoy de acuerdo.— Ella comenzó a reír, tosiendo y respirando con dificultad… Dijo:
—Arlinne… ¡Jajaja! ¿Qué castigo crees que pueda darte? Cof, cof… ¿Unos azotes, por necia? Cof, cof…— Le dije, sonriendo también:
—Me parece bien… Aunque no creo que se me quite, ni con los azotes…— Ella dijo:
—¡Jajaja! ¡Bien dicho! Cof, cof… Lo mismo pienso.
La reina sonrió, hizo una seña a la figura encapuchada, que asintió y se alejó algunos pasos tras de mí, como a esperar el siguiente comando… Ella dijo:
—Arlinne… Por favor. Quiero que entiendas, que así debe de ser… La magia ya me ha hecho el favor de alargar mi existencia, más de lo que hubiera pedido alguna vez. Llegó el momento…— Comencé a llorar y le dije:
—¡No es justo! ¡No! ¡Aún tiene mucho que dar, por favor! ¡No se vaya!— Ella acarició mi pelo, mientras yo la veía con ojos llorosos… Dijo:
—Arlinne, mi dulce niña… Aún me queda una última cosa que pedirte… ¡Jajaja! Cof, cof…— Le dije:
—¡Si, no importa! ¡Haré lo que sea, pero eso será cuando usted se encuentre mejor!— Ella dijo:
—¿Lo que sea…? ¡Jajaja! Cof, cof…— Le dije:
—¡Sí!— Ella dijo:
—Suena tentador, pero no creo aguantar mucho más… Más bien, no puedo. Lo siento…— Me quedé observándola y apretando los dientes… Ella continuó:
—El favor que quiero pedirte, Arlinne… Es el más sencillo y difícil, de todos a la vez. Por favor, escúchame…— Las lágrimas salían incontrolablemente de mis ojos… Se veía muy mal… «¡Va a morir aquí…!» Asentí, con mis lágrimas cayendo sobre sus sabanas… Ella dijo: —Arlinne, por favor… Escucha con atención. Te he pedido muchas cosas, pero esto tiene precedente a todo lo demás… Cof, cof, cof, cof…— Tomé su mano y la apreté entre las mías… Ella continuó y dijo:
—Quiero que siempre sigas siendo como eres… No cambies, por favor. No dejes que el dolor, el odio, la ira o la venganza, cambien tu forma de ser. Quiero que sí sientes que los otros favores que te he pedido causan un peso demasiado grande en ti, los deseches y sigas siendo como eres… ¡Por favor, promételo!— Le dije, inconsolable:
—¡Sí, lo prometo!
Camille llegó apresuradamente, acompañada de Lyndon. Corrió hasta nuestro lado y comenzó a canalizar su magia… La reina dijo:
—Su santidad… Camille. Por favor, déjalo…— Camille me volteó a ver… «¡Qué hago…?» La reina se recompuso por un segundo y dijo enérgicamente:
—¡Basta las dos! Esta es mi voluntad. Es una orden. Las cosas deben seguir adelante… En estos días, he podido darme cuenta, Arlinne… Que ustedes son capaces de todo lo que se proponen…— Sonrió y más calmada, dijo:
—¿Te imaginas, todo este teatro y al final, la reina sigue con vida? ¿Qué cara voy a poner ante mi madre, mi hija, mi esposo y mi diosa? Cuando a diario les rogaba que me alcanzara el tiempo… Que me prestaran solo un poco más… ¡Bien, pues la cuenta terminó! El dolor es insoportable…— Vi a Camille y asentí con la cabeza… Camille entendió y comenzó a canalizar. La reina dijo, enojada:
—¡Señoritas, están desobedeciendo a su reina?— El conjuro de Camille hizo efecto y la reina cambió su semblante, aliviada del dolor. Ella dijo:
—Ya veo… ¡Jajaja! Está bien, mejor así… Pensé que podría soportarlo, pero creo que al final soy más débil de lo que creí…
Todos llorábamos, incluido Lyndon… La reina dijo:
—¡Lyndon! Recuerda a detalle lo que te pedí… Por favor.— Lyndon dijo:
—Así será, mi reina…— La reina agregó:
—Y recuerda lo último que platicamos… Quiero que el comandante y tú, dejen de ser tan severos por un momento en su juicio y piensen las cosas con el corazón, ¡está bien? Si se los conté, es porque confió en ustedes…— Lyndon hizo una discreta mueca, para responder agachando su cabeza…
—Sí, su majestad. Hablaré con el comandante.— La reina volteó a ver a la figura encapuchada, la cual se acercó a un lado de Camille… La reina dijo, tomando su mano: —Gracias, hermana… Ahora todo está dispuesto. No tengas prisa… Sé que los espíritus serán benévolos y no nos guardarán rencor. Te agradezco tanto todo lo que has hecho por mí y mi gente. Jamás podría pagártelo… Nos volveremos a ver, te lo prometo…— «¡Hermana? ¡Pero…? Debo de hablar con esta misteriosa mujer… ¿Quién es? ¿Qué hace aquí? Algo me queda claro ahora… Es ella quien ha mantenido a la reina con vida todo este tiempo…»
La reina volteó su mirada cansada… Y dijo, sonriendo:
—Arlinne, Camille… Tengan mucho cuidado, lo que hacen es muy peligroso, por favor, cuídense… Aunque seré honesta, fue un placer conocerlos a todos ustedes. Estoy muy orgullosa de lo que son y lo que hacen…— Cambió su semblante y dijo, riendo con esa sonrisa cándida en su rostro:
—Arlinne… ¡Dale a los malos, lo que se merecen! ¡Jajaja!— Yo reí entre mi llanto y le contesté:
—¡Jajaja! ¡Por supuesto, no dejaré que ninguno se salga con la suya! ¡Jajaja!— La reina dijo con su último aliento, escapando de su alma…
—Eso quería escuchar, Arlinne… Muchas gracias. Eso… Quería… Escuchar…
Ray y los demás, entraron apresuradamente a la habitación… Pero solamente se quedaron parados frente a nosotros. Yo, llorando desconsoladamente, sujetando la mano de la reina. Lyndon cabizbajo, ensimismado en su pensamiento. Camille orando a su diosa por el alma de Lenor. Y la mujer encapuchada, abandonando la habitación en la confusión…
Lloraba y lloraba, pensando… «¡Por qué? ¡Trato y trato de salvar a todas las personas, pero no pude salvar a solo una…! ¡Una persona tan buena y amable, para mantener vivo a un reino que debió de haber desaparecido años atrás! ¡Por qué…? ¡Sí alguien merecía ser salvada, era ella…! ¿Y ahora qué…? ¿Qué pasará con Kharsten? ¿Con todas estas personas…?» La maldición de mis pesadillas, de mis noches de terror… Había cobrado otra víctima… «¿Qué pasará ahora…? ¡Los nobles se pelearán por su carroña, como chacales hambrientos! Y poco a poco, cuando todos obtengan lo que quieren, será olvidada… Perdida para siempre… ¡No! ¡No puedo permitir eso! ¡No! ¡Será diferente, lo juro! ¡Nadie olvidará que la reina de Kharsten, Lenor II, ha muerto el día de hoy!»
Fin del Capítulo 29.
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