Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 3
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Capítulo 3: Capítulo III: Cariño.
Capítulo 3.
Recuerdo… Despertar con la lluvia mojando mi rostro. Iba montada en un caballo de color negro, mientras Ray me sujetaba, abrazándome por detrás. Vi que nos dirigíamos a una granja. Volteé mi rostro para ver a Ray y él dijo:
—¿Estás despierta?— Moví mi cabeza…
—Preguntaré aquí, sí nos dejan pasar la noche en su granero. Estás herida y necesitamos un lugar para descansar.— Volví a mover la cabeza…
—¿Puedes sujetarte de la monta, mientras bajo a preguntar?
—Sí.— Dije. Ray desmontó y caminó hasta la casa a un lado del establo, tocó a la puerta y habló con la figura que se asomó por ella. No alcancé a escuchar de lo que hablaron.
Ray regresó y guio el caballo hasta uno de los establos. Estaba vacío… Se veía como una bodega para el heno y la comida de los animales. Entramos y Ray dijo:
—Nada mal. Es mejor que estar bajo la lluvia.— Me extendió los brazos para ayudarme a bajar, pero… ¡Estaba muy alto! Ray se dio cuenta de que en mi estado, no podría bajar de esa manera y me dijo:
—Lo siento, peque. Hagamos esto… Haz como sí te fueras a caer del caballo de espaldas, del lado que estoy parado.— Sí algo había aprendido, era a confiar en él. Lo hice y me abrazó por la espalda cuando empezaba a caer. Nuestras miradas se encontraron la una a la otra, mientras me cargaba en brazos. Me apené y sentí como si mi rostro estuviera en llamas…
Ray también se apenó y se apresuró a sentarme en el tronco que usan para cortar la leña. Prendió una linterna de aceite que estaba sobre un barril y dijo:
—Revisaré tus heridas, las volveré a limpiar y después, eres libre de caer rendida. ¿Te parece bien…? Mañana podrás usar tu magia para que mejoren mas rápido.
—Sí. Gracias, Ray.— Dije aún apenada, mientras él extendía una lona que había por ahí. Al darme cuenta, grité:
—¡No! Saca mi mantita, de aquí, de mi bolso… ¿Es para acostarnos, no? Por favor, ¿si? Por fas.— Él me miró extrañado, pero me hizo caso sin preguntar. En cuanto estuvo lista, me cargó hasta ella y con mucho cuidado me recostó. Fue hacia su mochila y sacó varios trapos. Ahora, yo lo vi extrañada, pero yo no me aguanté. «¡Qué desconsiderada…! ¿Extrañada? ¿Desconsiderada…? Basta de esto… Lo prometí». Empecé a reír sola, como una loca y le dije:
—¿Por qué tantos trapos? Con esos van cinco que te veo sacar, tan solo el día de hoy.
—¡Jajaja! Son muy útiles y no eres la primera que se ríe de ellos. Siempre cargo al menos unos seis, cuando salgo de campaña.— Se puso serio y agregó:
—Bien… Te voy a desvestir, estás empapada. Así que te voy a secar con uno de mis maravillosos trapos, para que no te resfríes. ¡Jajaja!— Yo inflé mis mejillas como si hiciera un puchero…
Cuando se acercó hacia mí, ya traía en las manos la solución antiséptica, el ungüento y uno de los trapos. Por otra parte… Cuando ambos estuvimos fuera de su alcance, el enorme corcel negro, se sacudió, resoplando, para quitarse el agua de encima. Ambos nos miramos el uno al otro y reímos.
Ray ya estaba prácticamente encima de mí, haciendo una seña con sus ojos para que alzara los brazos… Me sacó la blusa, deteniendo con cuidado mi brazo herido, lo mismo con mi armadura. A pesar del frío, de nuevo mi rostro se puso caliente y rojo… Era momento de mi falda. Él me veía a la cara, yo trataba de no voltear a verlo, mientras buscaba con mi mano derecha el cinturón y los seguros de la falda. Puso su mano sobre mi frente y me dijo:
—¿Te sientes bien?— Contesté apenada:
—¡Sí…! Listo, puedes quitarla…— Él la bajó, ahora alzando mi pie malo desde la rodilla. —¿Puedes sentarte?— Me senté apoyada en mi brazo derecho y diligentemente, él me empezó a secar mi cabeza, mi rostro, mis brazos y mis piernas. No pude mas y empecé a sollozar… Él dijo:
—¿Estás bien? ¿Te lastimé?
—Si, todo bien… Lo que pasa es que soy muy chillona.— Sonreí.
—Muy bien, lo que sigue.— Él dijo y me hizo una seña para meter el trapo a mi boca.
—No, ya no estoy tan mal. Quiero ver sí aguanto sin morder el trapo.— Él asintió y empezó a curarme. Primero mi brazo y luego mi tobillo. Aún dolía mucho, pero no tanto, como hace unas horas. Terminó y dijo:
—Listo. Te ves bien, probablemente con tu magia en unos días ya puedas apoyar el pie. ¿Tienes hambre? ¿Sed? ¿Ganas de ir al baño?
—No, todo bien… Tengo más sueño que otra cosa, pero quiero pedirte dos favores, ¿si? Por fas.
—¿Cuáles?
—¿Podrías dormir aquí a mi lado, esta noche?— Movía mi mano derecha, tocando mi manta y él dijo, mientras se secaba:
—¿Y el otro?
—Que no apagues la luz de la linterna. Por favor… No quiero volver a estar en total oscuridad, al menos no hoy, ¿si? ¡Por favor!— Se recostó al lado mío y dijo:
—Concedidos ambos.— Mientras extendía sobre nosotros su propia manta, comencé a reír y él me preguntó:
—¿Qué pasa?— Dije aun riendo:
—Es que… Como te dije, soy una chillona y también una dormilona. Y como ya acabé de chillar… Ahora me voy a dormir. ¡Buenas noches!— Cerré los ojos aún sonriendo.
—Buenas noches, peque.
Desperté… La puerta del granero se encontraba abierta de par en par. Ray hablaba con el que parecía ser el dueño de la granja. Regresó hasta mí con un plato. Vio que estaba despierta y me lo extendió. Por la luz tan fuerte del sol que se reflejaba en el piso afuera del granero, supuse que pasaba de medio día. Lo recibí. Era una especie de potaje con verduras y algunos trozos de carne flotando en la mezcla. Tenía mucha hambre, podía comer lo que fuera. Comencé… No sabia mal.
—Gracias— Dije, mientras él veía hacia el exterior. Caminó de regreso junto a mí y dijo:
—Estaba pensando… Sería buena idea que descansaras al menos un par de días en una cama de verdad. ¿Quieres ir a la villa de Rostand o tal vez a Portos? Está algo más lejos, pero te servirá la estancia en un buen hostal y el agua caliente, seguro le caería muy bien a tu tobillo.— Le respondí, siendo egoísta:
—¡Quiero estar a solas contigo, sin nadie más a nuestro alrededor…! Bueno… Si tú quieres…— Me apené muchísimo después de decir eso y pegué mi mirada al piso. Él me dijo tan tranquilo:
—Conozco una pequeña laguna muy hermosa al oeste de Rostand, casi nadie va por ahí y con Tomy, tal vez podríamos estar por ahí por la tarde.— Dije sorprendida:
—¿Quién es Tomy…?
—¡Ah! ¡Jajaja! Es el caballo de mi capitán. Ese de ahí.— El caballo relinchó, como contestando. Le dije volviendo a bajar la mirada:
—Ray… Hay muchas cosas que quiero hablar contigo, ojalá pudieras escucharlas todas.
—Entonces… ¿Te parece bien la laguna?— Volví a sonreír y asentí viéndolo a los ojos.
Pasamos a Rostand por algunas provisiones y por la tarde llegamos. Tomy era muy rápido, incluso en terreno inclinado y por las veredas. Era un lugar muy hermoso… La laguna se llenaba con algunas caídas de agua que venían de las montañas y el agua se veía clara y limpia, incluso había peces y crustáceos viviendo junto a las rocas del fondo. Ray me ayudó a descender del caballo y acampamos frente a la laguna.
Ya sentados, uno frente al otro, respiré profundo y le dije:
—Quiero hablar contigo de muchas cosas y quiero que me escuches. Puedes preguntar cualquier cosa, ¿está bien?— Él asintió amablemente, volví a respirar profundamente y empecé a vaciar mi corazón. Primero… Disculparme.
—Ray… De verdad estoy muy arrepentida por la forma en que te enteraste de mi situación. Sí no hubiera sido una cobarde, no hubieras pasado ese mal rato… Traté de decirlo antes, pero simplemente me daba mucho miedo como reaccionarias. Tuve hasta el descaro de celarte y reclamarte por lo de tu anterior pareja… Me pesa mucho en mi corazón lo que pasó… ¿Me podrías perdonar de corazón?— Él se quedó pensando un instante y dijo sonriendo:
—Sí, está bien. Yo también he pensado las cosas. Sí fue una sorpresa… Pero sí, te perdono. No tienes que volver a pedírmelo.— Seguía la aclaración, continué:
—Mi estado actual es involuntario, yo no decidí esto. Por una maldición que cayó sobre mí a la edad de siete, mi cuerpo dejó de desarrollarse como el de un chico y empezó a desarrollarse como el de una chica de esa misma edad… He vivido más tiempo como una chica que un chico… Obviamente todos los cambios en mi cuerpo ocurrieron con el tiempo, todos menos los que ocurren antes de esa edad. ¿Me entiendes hasta aquí?
—Sí.
—Obviamente, mis sentimientos han sido muy confusos al paso de los años, pero aunque antes de conocerte me doliera sentir las emociones que sienten las chicas… Cuando te conocí, todo eso cambio y como sí fuera una bola de nieve que cae de una montaña helada. Al final mis emociones me arrollaron y me sentí atraída hacia ti, en todos los sentidos… Piénsalo un momento y me dices para continuar.— Él se quedó pensando un instante, como respetando mi petición y dijo:
—Puedes continuar.
—La maldición que tengo, no es algo fácil que se pueda quitar, no la entiendo del todo, pero está atada a mi vida. Imposible de disipar incluso para el hechicero azul, así que lo más probable, es que la tenga hasta el día de mi muerte.— Me vio fijamente a los ojos y dijo: —¿Puedo preguntar algo?
—Sí.
—¿Quieres quitártela?— Le contesté con sinceridad.
—Antes de conocerte… Sí. Ahora, ya no lo sé… ¿Oye? ¿Quisieras intentar otra vez lo que se quedó pendiente…? Discúlpame… Es… Es que… ¡Estoy perdidamente enamorada de ti y me gustaría que mi primera vez en el amor y todas las demás, sean contigo!— Lo había dicho… Apreté mis brazos alrededor de mis piernas y volteé a cualquier lado que no fuera su rostro. Él acarició mi cabello y dijo a mi oído:
—Siento lo mismo que tú.— «¡Eh…! ¡De verdad? ¡Qué alegría!» Las lágrimas comenzaron a salir por sí solas de mis ojos. «Pero… ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué estoy de pronta…? También debo de darme mi lugar… ¡Jijiji!» Le dije sonriendo y secando las lágrimas de mis ojos:
—Antes de pedirte algo que quiero que hagas… Tengo que decirte que no sé mucho de estas cosas. Aunque he leído en libros un poco, tengo cero experiencia y me gustaría que fueras paciente y me enseñaras. Sí tú así lo deseas.— Él iba a contestar, pero esta vez yo puse mi dedo en sus labios y continué:
—Por eso es que quiero que me hagas un favor… Quiero darme un baño en la laguna. Como tú sabes bien, no puedo aún pararme sola… Me gustaría que entraras conmigo a la laguna y bañaras mi cuerpo desnudo, pero tiene una trampa… ¡Nada sexual aún! Quiero que veas y toques cada parte de mi cuerpo. Que pienses y reflexiones, sí estás de acuerdo con todo lo que vas a ver y sentir. Eres muy guapo y carismático, estoy casi segura que has tenido varias parejas en el amor, pero también estoy casi segura, que nunca has tocado uno de estos, que no sea el tuyo. Es por eso que quiero que hagas esto. Por favor. Sí después de eso, tú quieres que seamos solo amigos, yo lo entenderé. Obvio me va a doler, pero será mucho mejor así para los dos. ¿Estas de acuerdo? ¡Ah! Y no se vale que me toques tan lujuriosamente, porque obvio ya va a ser una fuerte excitación para mí y quiero que por lo menos esta vez me des ese gusto…— Se quedó pensando un momento y contestó:
—Está bien, acepto todas tus condiciones.— Mis ojos brillaron y dije:
—Cuando estés listo…— Sin decir nada más, se levantó y empezó a desnudarse. «¡Diablos! No pensé en eso».
Quedó completamente desnudo ante mí. Yo me quedé embobada, pero pasé saliva e hice un esfuerzo para no pensar nada. Se acercó hacia mí e hizo lo mismo… Cuando los dos quedamos completamente desnudos, yo ya no podía ocultar mi excitación. Fue hacia su mochila y sacó sus cosas de baño. Con mucho cuidado, me llevó hasta la orilla en sus brazos y me depositó en el agua. Me dijo:
—Puedes recargar ambos pies. Es mucho menor el peso de tu cuerpo en el agua y mientras no hagas un esfuerzo muy fuerte, no te lastimaras el tobillo. Te servirá como rehabilitación.
Él se metió y me pasó el brazo por detrás, a la altura de mi cintura. Su cuerpo pegado al mío. Aseó mi cuerpo en su parte posterior… No dejó ni un solo lugar del reverso sin explorar. Mi cabeza ya se estaba cocinando y hacia un esfuerzo por no jadear, pero parecía una eternidad. Con mucha delicadeza, me tomó de mi brazo derecho y me dijo:
—Voltéate con cuidado.— Me inundó la vergüenza, pero había sido mi idea y así lo hice, solo bajé mi mirada. Él limpió mis axilas, mis senos y mi abdomen. La excitación ya se me notaba en todas partes. Tan solo el rozar de la tela era suficiente para hacerme enloquecer. Me dijo:
—Cierra los ojos.— Yo así lo hice. Lavó mi cara y después mi cabello. Mientras me tallaba la cabeza, me acercó hacia su pecho y enjuagó mi pelo. Me alejó a mi posición anterior y entonces… La sentí. Su mano era suficientemente grande para cubrir todo el largo de mi miembro entumecido. Lo tocó de diferentes formas… Igual con mis bolas, sobó y apretó, hasta que no pude más y jadeando le dije:
—Lo siento… Creo que hasta aquí llega la exploración. No sabía lo que decía, tendrás que decidir con lo que has hecho y tocado hasta ahora… Un momento más y me voy a tirar a tus pies y lo voy a meter en mi boca.— Apenas y podía ver por el agua en mis ojos, pero él sonreía evitando soltar una carcajada. Mojó el paño en el agua y me echó un chorro en la cara para al final reír a carcajadas.
—Por un momento pensé que podrías resistir. ¡Jajaja! Y que conste que no te toqué lujuriosamente.— Apenada por mi tontería, agaché mi cabeza. Él dijo:
—¿Ya puedo contestar? ¿O puedo seguir tocando…? Para estar bien seguro.— Lo veía por momentos, entre parpadeos, mientras tallaba mis ojos para sacarles el agua. Dije:
—Sí, contesta, por favor.
—Si, Arlinne. Discúlpame por el rechazo que te hice pasar hace unas noches. Lo he pensado bien desde ese día y sí. Quiero todo de ti, tal y como eres. Cuando tú estés lista.— Me abrazó. Yo no cabía en mi alegría y lo abracé también. Nos quedamos un largo rato así, sin hablar, en silencio, solo abrazados.
Ray alistó nuestra fogata y tendió todo el campamento. Yo no podía hacer mucho para ayudar, solo me la pasé usando mi magia de sanación en mi brazo y mi tobillo a partes iguales, sin extenuarme demasiado, porque esa noche tenía que tener fuerza suficiente. Era hora de recompensarlo y como me lo había prometido a mi misma, haría todo lo necesario para dejarlo satisfecho y feliz de haber tomado esa decisión. Aunque… Aún quedaban cosas que tenía que decirle, pero eso lo dejaría para después de la cena.
Cenamos carne que habíamos comprado en Rostand y asado en la fogata. Ray en verdad era un experto en supervivencia… «Imagino que más de la mitad de su vida, la había pasado a la intemperie». Estaba exquisita, al menos a comparación de lo que yo solía preparar. Platicamos de cosas triviales, mientras terminábamos de cenar. Ambos vestidos con poca ropa, después de ese acalorado baño. Fue ahí la primera vez que le mencioné, que me encantaba leer y aunque no cargaba libros en mi viaje, extrañaba mucho la enorme biblioteca que tenía el hechicero en su torre. Le conté también que después de un tiempo de empezar a ser su aprendiz, como no tomaba las mismas lecciones de magia que mi compañera de estudios, Lianne. El hechicero me había permitido dar uso a todos los libros que había en aquel lugar y que si bien a mi parecer, era imposible acabarlos de leer y entenderlos en el tiempo que dura una simple vida. Sí que leí muchísimos de ellos. Ahí es donde aprendí sobre las bestias y los monstruos como los muertos vivientes, sobre geografía, historia, etiqueta y un sin fin de temas que había en ese enorme caudal de tesoro escrito. Pero los más importantes para mí eran las narraciones de fantasía y aventura, con héroes y heroínas que me hacían llenarme de ilusiones y olvidar un poco mi propia tristeza. Esos libros los amaba, eran como una ventana a distintos mundos.
Había llegado el momento… Debía decirle lo que aún tenía en mente, no quería ocultarle más cosas, tampoco quería que tomara una decisión después del sexo. Eso sucedería, sí o sí. Tomé valor y dije:
—Ray. Aún hay un par de cosas que debo decirte. Sé que parece que hablo mucho… Pero son importantes para mí.
—Muy bien, peque. Te escucho.— Aclaré mi voz.
—Como te lo dije antes. Soy una aprendiz del hechicero azul, que busca su poder y sus secretos para hacer mucho más fuerte mi magia… Eso ya te lo dije.— Él asintió, mientras yo lo veía, perdida en sus ojos.
—Lo que no te he dicho, es el porqué…— Él me observó inquisitivo.
—Hace muchos años, yo hice una promesa a alguien muy importante para mí, que de una u otra forma, yo ayudaría a acabar con esta invasión, con la guerra… Esa personita, ya no está más en este mundo… La verdad es que una vez realizada mi prueba con el hechicero, si tengo éxito y me hago mucho más fuerte, pienso viajar al norte y enlistarme en algún grupo de liberación o en la armada de algún reino que aún esté bajo asedio… Eso lo tengo decidido hace años, antes de que empezara mi entrenamiento siquiera.— Él me miró como si quisiera preguntar mil cosas, pero me adelanté.
—Sé que es una locura… Que muy probablemente no cambie nada o sí soy imprudente, termine muerta, pero no está a discusión… Se lo debo a alguien y me lo debo a mí misma, simplemente es algo que debo hacer.— Él se quedó callado y pensando muy seriamente cada palabra que le había dicho.
—Eso no es todo… ¿Conoces o has oído hablar alguna vez de las viejas leyendas sobre caballeros y hechiceras?— Él estaba perdido entre todas mis palabras y le dije sonriendo:
—Perdón… Creo que he ido muy de prisa. Pregunta lo que quieras.
—No te preocupes… Más o menos he entendido tu intención. Imagino es algo muy importante lo de tu promesa a esa persona especial. Puedo entenderlo. Podría descalificarte y decir que eres ingenua o por lo menos insulsa… Pero supongo que eso no te ayudaría en lo más mínimo, menos sí ya lo tienes decidido. Ahora, en cuanto a tu pregunta… Alguna vez escuché uno que otro cuento de hadas con esa temática…. ¿Qué hay con eso?— Suspiré… «Esta es la parte más difícil de todo. No importa cuanto deseo que venga conmigo… Debo decirle solo la verdad».
—Verás… Ray… Mmmh… No son solo leyendas. Alguna vez fue una realidad… Alguna vez en estas tierras hace mucho, mucho tiempo. Los hechiceros mujeres, necesitaban de un caballero varón que las acompañase. No solo eso… Era tan importante, que ni siquiera podían ser reconocidas como hechiceras por completo o abandonar a sus maestros hasta que lo tuvieran.— Él contestó sorprendido:
—¡Vaya! Siempre pensé que solo eran cuentos y leyendas con un toque romántico. Como lo mencionas… Suena a algo, más bien misógino.
—Sí… Supongo que un poquito de las dos… ¡Jijiji! Mmmh. Pero esa costumbre, clausula, condición o llámala como quieras, ya no se usa más…— Me empecé a poner nerviosa y desatinaba al momento de hablar, él lo notó y dijo:
—¿Pasa algo malo, Arlinne? Te ves muy nerviosa… Hasta el color se te ha ido del rostro.— Traté de articular nuevamente y seguí explicando sin pensar:
—Todo bien… No es nada. Solo sigue escuchando por favor… Aún no te he explicado que pasaba con las hechiceras que no tenían un caballero… Verás… Cuando una hechicera, no tenía un caballero o lo desobedecía y usaba su magia para alterar el mundo de una forma o de otra… Eran llamadas brujas y consideradas enemigas públicas.
—Entiendo… Siempre pensé que bruja solo era como una hechicera malvada o algo así…— Contesté nerviosa:
—¡Jajaja! No… Pero supongo que la palabra de una forma u otra, así llegó a significar eso hasta nuestros tiempos.— Suspiré profundamente y sin más, se lo dije:
—Ray… A pesar de que este requisito ya es muy antiguo y hace mucho no tiene peso entre los gremios de magos… A mi maestro el hechicero azul, se le ocurrió que era buena idea y nos lo pidió como un segundo requisito para poder llegar a ser hechiceras.— Apreté mis ojos, no tenía ni idea de como reaccionaria. Me preparé para cualquier cosa… Pero él solo seguía en silencio, viendo mis gestos… Hasta que dijo:
—¡Ah…? Ya veo… ¡Jajaja! ¿Y qué tengo que hacer para ser un caballero?— «¡Eh…?» Abrí
mis ojos lentamente. Él me veía con una sonrisa.
—¡Quisieras ser el mío…? Básicamente solo tienes que estar conmigo, no debes de hacer nada más, al menos hasta que termine mi prueba para ser una hechicera. Después sí quieres dejar de serlo, lo entendería…— Él me abrazó y dijo:
—Estar contigo es lo que más quiero y da la casualidad, que por azares del destino, tengo mucho tiempo libre… Además, me preocupa que vayas sola a hacer, quien sabe que cosa al norte. ¿Qué clase de caballero sería, si dejo a mi hechicera sola en una situación tan peligrosa?— Lo abracé muy fuerte y comencé a llorar como una chiquilla. Él me dijo, separándome un poco para poder verme a la cara:
—No te preocupes, he entendido lo que me dices. Y sí, suena un poco descabellado, pero es importante para ti. Además, también a mí me gustaría hacer algo por estas tierras e impedir que cada día se llenen más y más de huérfanos. Me gustaría usar mi talento con la espada para algo más que solo ganar unas monedas y vivir cómodamente, mientras otros viven miserias y pasan penurias.— Sacó una botella de su mochila y dijo:
—Entonces, brindemos por Arlinne, la hechicera.— No pude contener la risa, solo atiné a tapar mi boca con la mano.
Tomamos de la botella como hasta la mitad. Puse mi vaso en el piso, mi mano derecha recargada en su muslo, cerca de su ingle y me quedé viéndolo directamente a los ojos… Él entendió el mensaje, sacó la botella del camino y me devolvió la mirada. Se acercó para besarme… Yo lo recibí con los ojos cerrados. Nos besamos lenta y profundamente, mientras mis manos subían acariciándolo por los costados de su torso. Él me tomó del cabello y tiró suave, pero firmemente hacia atrás… Eso me encendió, solté un suspiro y empezó a besar mi cuello, mientras yo empezaba a acariciar su pecho y uno de sus pezones con mis dedos, como haciendo círculos alrededor de su areola.
Sus besos subieron hasta una de mis orejas, mientras bajaba sus manos a mi pecho… Esta vez los tomó ambos con firmeza, uno en cada mano, aunque sobraba un poco de espacio entre ellas. A él, no le importó y los apretujó suavemente. Gemí de placer y empecé a sentir ese calor nuevamente que me subía por todo el cuerpo. Me alejó un poco para que sus manos pudieran moverse libremente y fue bajando hasta el borde inferior de mi playera. Metió una mano por debajo y la subió… Instintivamente alcé los brazos y él la sacó de un solo tirón. Me había quedado solo en mis bragas…
Comenzó a besar mi torso desnudo. Como queriendo probar mi piel en todos sus puntos, bajaba de mi hombro, hacia mi pecho y luego hacia mi ombligo. Quedé rendida… Simplemente me recosté hacia atrás, para darle toda la libertad que necesitaba. Él aprovechó mi sumisión para estirar su mano y apretar mi parte por encima de las bragas, las cuales ya se humedecían por la parte donde chocaba contra ellas. Empecé a emitir involuntariamente unos gemiditos, que al ponerles atención me excitaban aún más, mientras mi mano izquierda se posaba en mi boca, como para tapármela yo misma, sí en dado caso empezaba a gritar como una loca de placer. La otra, la estiraba en vano para alcanzar su mano, con la cual jugaba conmigo para intentar hacer que se detuviera… Pero cada vez la apretaba mas fuerte, con su dedo indice y su pulgar… hasta que tomo mis bragas con ambas manos y me las sacó de encima…
Ahí estaba, yo. Ya completamente desnuda ante él, ardiendo. Se puso de pie, se sacó el resto de su ropa y se recostó a mi lado. Me besó en los ojitos, como bebiendo las pequeñas gotitas de lágrimas que empezaban a salir de mis ojos por la excitación. Me dio un corto beso en la boca, tocó mis labios suavemente, con sus dedos, para después bajar su cabeza hasta mi pecho… Esta vez, metiendo mis pezones en su boca, mientras su mano buscaba debajo… Tomó fuertemente mi parte, cerrando su puño alrededor, apretándola con fuerza desde la base. Movía su mano de abajo hacia arriba… Estaba perdida en mis delirios, solo sentía ese calor chocando en todo mi cuerpo, sintiéndome cada vez más y más húmeda de ahí abajo. Ya gemía sin control de placer y de un momento a otro, sentía que iba a estallar. Mis gemidos enloquecieron y mi pequeña parte explotó rendida, mientras Ray seguía con el movimiento. Grité sin control, sumergida en ese enorme placer. Sentía que el placer me iba a matar… Jadeando y sollozando, le dije:
—¡Detente, por favor! ¡Detente…! Vas a hacer que me orine… ¡Por favor!— Él sonrió y se detuvo. Se puso de pie y fue hasta su mochila por algo, mientras yo aún temblaba como con espasmos de la excitación, cruzando mis piernas. Él afablemente comenzó a limpiar aquel lugar, mis piernas y mi manta de todo lo que había expulsado de dentro de mí.
Cuando terminó, regresó a mi lado y empezó a besarme tiernamente por todo mi rostro. Mis ojos estaban cerrados y perdidos, solo contestaba los besos que se llegaban a parar sobre mi boca. Continuó así… Jugando por unos minutos, como calculando. Yo seguía extasiada y cuando fue el momento preciso, bajó por mi cuerpo, besando y lamiendo con ternura cada parte de mi cuerpo, hasta que llego a mi parte rendida que en ocasiones se movía inconscientemente, como con un espasmo, queriendo despertar. La metió en su boca… la excitación regresó un poco más tenue, pero se empezaba a acumular. Sentía tan rico ese movimiento, ese calor que la cubría y sin pensarlo, después de un par de minutos, ya la sentía firme. Solo volteé a ver a Ray como llorando y acaricié su cabeza y su cabello con mis manos… Me vio con unos ojos tan llenos de ternura, mientras lo hacía, que mis ojos se humedecieron. Dejé que siguiera, embriagada por el placer, gimiendo y abriendo mis piernas inconscientemente…
Así llegó por primera vez esa sensación a mi cuerpo… Uno de sus dedos, húmedo con su saliva, jugaba alrededor de mi pequeño agujerito. La excitación se mezclaba con la vergüenza… No sabía que hacer, ni como reaccionar, pero en el fondo sabía que no había de otra. Solo tenía dos espacios en mi cuerpo para recibir a Ray y ese era uno de ellos… Él suavemente, fue empujando su dedo, poco a poco, hasta que se abrió espacio. Yo me retorcí bruscamente y él se detuvo para preguntar:
—¿Estás bien, peque? ¿Duele…?— Yo, jadeando contesté:
—Me tomó por sorpresa… Solo es eso. ¡Por favor! Continúa…
Primero un dedo, luego dos de ellos y con su boca seguía en mi parte… Sentía que no faltaba mucho, que iba a volver a estallar. Mis gemidos ya estaban alcanzando el volumen anterior, pero… Se detuvo de repente, se puso de pie y se paró frente a mí. Me quedé como tonta por unos instantes y luego comprendí… «Que egoísta soy. Es el momento de hacer mi parte…» Me arrodillé frente a él, la excitación me hizo olvidar el dolor de mi tobillo. Lo vi fijamente… Ya estaba un poco entumecido y un poco húmedo. «Imagino que por mis quejidos y reacciones». Era casi del doble del tamaño del mío y faltaba verlo en todo su esplendor. Esa era mi responsabilidad. Lo tomé como Ray me había enseñado minutos antes, sonreí con mi sonrisa de tonta y le empecé a lamer su puntita con la punta de mi lengua, mientras volteaba a ver a Ray, con ojos anhelantes… Él sonrió también y acarició mi cabello… Funcionó como por arte de magia, mientras estaba en mi mano tomo toda su fuerza. Lo vi con detalle por unos instantes y metí su cabeza por completo en mi boca, succionándolo suavemente y con ritmo, como si fuera un chupete. Acaricié sus bolas suavemente con mi otra mano, jugándolas de un lado a otro con mis dedos. Continué por un largo rato, una extraña sensación de anhelo, me hacía querer acariciarlo, besarlo, apretarlo… Hasta que Ray me tomó por el pelo y me condujo hacia su boca. Lo besé profundamente y él me dijo en un tono suave:
—¿Estás lista?— Asentí con un poco de vergüenza y miedo en mis ojos. Me dijo:
—No te preocupes, seré cuidadoso.— Me recosté boca arriba, mi miembro seguía entumecido. Él me tomó de los tobillos con mucho cuidado y echó mis piernas a sus hombros, a la vez que echaba su cuerpo hacia adelante, hacia mí.
Metió sus dedos a su boca y los sacó llenos de saliva. Repitió lo que había hecho momentos atrás… Nuevamente me retorcí, pero poco a poco, me fui acostumbrando al entrar y salir de sus dedos, la excitación crecía con la expectativa. Por fin… Me miró, sonrió y se dispuso a empalarme con su parte. Al principio, sentí que nunca entraría, que era demasiado ancho, pero él lo acomodó suavemente y lo giró un poco. Di nuevamente un sobresalto… Al girarlo se abrió camino, abriendo mis entrañas a su alrededor, deslizándose casi hasta el fondo. Grité… Se detuvo un momento, dejándolo adentro, como para que yo me acostumbrara y me dijo:
—¿Todo bien…?— Me dolía, pero al mismo tiempo me llenaba de una forma que nunca había sentido antes en mi vida. «¡Ray está dentro de mí…!» Cerré un ojito, sonreí y dije:
—Sip… ¡No te reprimas, dale con todo!— Él rio por mi respuesta y dijo:
—Está bien.— Me acostumbré al movimiento, al entrar y casi salir. Cada que entraba por completo me dolía, pero poco a poco, ese dolor fue cambiando por morbo y placer.
Ray se hundía cada vez más rápido dentro de mí… Esta vez, sin avisar, involuntariamente, mi parte estaba a punto de estallar. Empecé a hacer un escándalo con mis gritos y gemidos. Ray se alcanzó a dar cuenta y tomó mi parte por su base… Simplemente estallé. Él seguía sin interrumpir el movimiento… Después de mi espectáculo, soltó mi parte y aferró sus manos a mis muslos y nalgas, para imprimir mas fuerza. Mi excitación no bajó, un calor profundo me embriagaba, como si estuviera húmeda por dentro. Me cambió de posición, me puso sobre mis cuatro extremidades, arrodillada y se pegó a mi trasero. Lo volvió a meter… Esta vez, entró a la primera y lo sentí mucho más profundo que antes. Tomó mi brazo sano por la mano y me lo dobló hacia la espalda y con su otra mano, una de mis nalgas, mientras la abría hacia los lados. Yo gemía más y más fuerte… Él ya lo hacía con toda la fuerza de sus caderas… Empecé a gritar involuntariamente, como poseída:
—¡Dame mas, Ray! ¡Por favor, mas fuerte! ¡Lastímame, hazme tuya! ¡Más, por favor,
mas!— Quitó su mano de mi nalga y me sujetó por los cabellos, siguiendo el movimiento.
No aguantaba más, estaba vuelta una loca… Sin quererlo y por sí mismo, me vacié nuevamente, sintiendo espasmos por toda la parte baja de mi abdomen y mi ingle. Él aceleró más y más. Lo escuché jadear y hacer unos quejidos varoniles… Él también estaba a punto de estallar. Le dije gritando, aún poseída:
—¡Quédate dentro, lléname con tu cariño! ¡Por favor!— No lo veía a la cara, pero dijo con una voz apretada:
—¡Está bien…!— Aceleró más y más… Mis nalgas chocaban sin control, contra sus piernas…
Se quejó, como con un profundo suspiro… Y sentí como me recorría algo cálido por dentro. Él, cansado se recostó y a la par que él quedó tendido, me recosté sobre él, viéndolo a la cara con ese rostro de placer y agotamiento que tenía en ese momento. Solo jalé la otra manta y nos cubrí, para quedar ahí, acostados, uno sobre el otro…
A la mañana siguiente, yo desperté primero… Habíamos dormido abrazados. Me quedé en silencio en sus brazos, solo observándolo dormir. «He sido una egoísta todo este tiempo. Ray debe de estar tan exhausto… Desde mis pesadillas la noche que dormimos en la villa, la noche que no durmió nada, pensando en lo que le había ocultado todo este tiempo, mi rescate imposible, la noche intranquila que debió de haber pasado pensando en mis heridas y por último la faena de anoche…»
«Muy bien, tiempo de dejar de ser una molestia por un rato». Como pude me zafé de sus brazos sin despertarlo, lo arropé con la manta y vi hacia el cielo. Debía ser temprano por la mañana. Mi tobillo ya no me dolía cuando lo apoyaba, pero aún tenía miedo de tambalearme y caer, si hacia un esfuerzo brusco. Tomé los trapos sucios que teníamos a la mano, abrí mi bolsa, saqué mi ropa sucia y me metí a la laguna, a lavarlas y a asearme… Mi cuerpo olía a todo lo que había pasado anoche… «¡Jijiji!»
El agua estaba menos fría de lo que esperaba. Enjuagué nuestras cosas y las tallé con un poco de jabón, no mucho, no quería ensuciar ese lugar tan hermoso. Las puse en la orilla a que se secaran. Sané mi tobillo y mi brazo nuevamente con mi magia curativa. Me sentía mucho mejor. Dentro del agua, doblé mi tobillo malo a ambos lados probando, suave primero y luego con más fuerza… Parecía que ya casi estaba completamente sano. Me quité la venda del brazo… La herida apenas se notaba. Apreté con mi mano izquierda una roca que estaba a las orillas de la laguna e intenté hacer fuerza… Mucho mejor, solo sentía un ligero piquete en el brazo de vez en vez, pero ya casi tenía el total de su fuerza. Reía en silencio, mientras me bañaba, recordando la noche anterior… «La higiene es muy importante, si estás en una relación… ¿Ah? ¡Jajaja! Soy una boba… enamorada».
Terminé de asearme… Era momento de hacer la primera cosa que se me ocurrió, cuando vi la laguna el día de ayer. Fui hasta la parte que se veía más profunda… El agua me llegaba hasta el cuello. Me zambullí aguantando mi respiración y buceé en la pequeña laguna por un largo rato, tratando de abrir mis ojos debajo del agua para ver todo ese pequeño ecosistema que vivía ahí debajo. «¡Qué lindos son todos! Tantos colores… Jamás había visto algo así».
Salí de la laguna con una sonrisa de oreja a oreja y me tendí desnuda a la orilla, boca arriba como queriendo que el sol me secara… Me quedé un momento, solo unos cuantos minutos. La luz del sol en mi piel desnuda se sentía tan deliciosa. Me volteé boca abajo e hice lo mismo por el lado opuesto, solo oía el cantar de las aves y uno que otro ronquido muy ligero de Ray. Fui a mi mochila y saqué mi cepillo… Cepillé mi cabeza, para terminar de secar mi cabello… Al fin terminé y me vestí por completo a excepción de la armadura.
Era momento de la segunda cosita… Saqué algunas de las verduras que habíamos comprado el día de ayer. Era hora de ir a ver el caballito… «¡Jijiji!» Subí hasta los árboles donde lo habíamos dejado y me recibió resoplando con anticipo, como sí supiera que llevaba algo para él. Me acerqué y en lugar de dirigir su hocico hacia los vegetales que llevaba en los brazos, lo pegó directamente en mi cuerpo, entre mis ropas, olfateando y resoplando… «No lo entiendo. ¿Por qué algunos animales siempre me hacen esto…? ¿A qué huelo?» Lo alejé con una mano y con la otra le ofrecí las verduras, las cuales empezó a comer pausadamente, mientras yo le acariciaba su crin y sin querer sonreía como una tonta. Solo lo acariciaba y le decía en secreto:
—Gracias por ayudar a Ray a rescatarme…— Como si me entendiera, asentía con su cabeza, resoplando y moviendo una de sus patitas delanteras, chocando su casco contra el piso.
Bajé nuevamente hasta nuestro campamento, esta vez dando un pequeño saltito al final para poner a prueba mi tobillo… «¡Todo bien, qué alegría!» Todo pudo haber sido tan distinto sí me hubiera descuidado una fracción de segundo. Recordé al necrófago empalado al lado de mí y me dio un escalofrío…
Me dispuse a atender el campamento… Recogí algunas ramas para la fogata y la avivé para calentar nuestra comida. Preparé con el resto de los vegetales, una sopa, parecida a la que nos había dado el granjero el día de ayer… Decidida a que supiera mejor que esa. «Siempre me supieron bien las cosas que preparo, pero… ¡Ray guisa muy rico! ¡Que pena! Ni para eso sirvo…» Cuando estuvo lista, la serví en dos platos de madera que cargaba conmigo y calenté la carne salada que había asado Ray, el día de ayer. Probé la sopa… «Mmmh… Nada mal». Quité la carne del fuego para que no se carbonizara y volteé a ver a Ray, quien ya estaba incorporado de la mitad superior de su cuerpo, observándome sin hacer un solo ruido.
—¿Sopita?— Le dije, ofreciéndole el plato y sonriendo. Sonrió también y la recibió diciendo:
—Si, gracias… Mmmh. ¡Está muy buena!— Me sonrojé sin pensarlo y solo atiné a decir con voz suave:
—Eres un tonto… Adulador.— Acerqué nuestra comida hasta donde estaba él y me senté a su lado. Cuando iba a meter la cuchara a su boca, aproveché sorprendiéndolo y le planté un beso. Le dije:
—Muchas gracias por ir a mi rescate y muchas gracias… Por lo de anoche.— Él solo llevó su mano a la parte de atrás de su cabeza y rio…
—¡Jajaja…! A decir verdad, ni siquiera sé como logré sacarte de ahí, pero lo hice…— Lo besé nuevamente y dije:
—Anoche, simplemente fue el momento más maravilloso de toda mi vida, estaba por completo fuera de mí…
—Si, lo noté…
—Habrá muchas noches más como esa, ¿verdad?— Él asintió viéndome a los ojos y apretando mi mano.
—Si, Arlinne. Muchas, muchas. Pero recuerda… Siempre con responsabilidad y entendiendo las necesidades del otro. ¿Está bien?
—Sí… ¡Jijiji! Obvio.
—Te digo esto, no porque no quiera en este momento arrancarte tu ropa y hacértelo toda la tarde, sino porque de verdad te amo y quiero que lo disfrutemos así, con responsabilidad para que dure todo el tiempo que sea posible… ¿Qué te parece?— Me veía fijamente y le dije:
—Me parece muy bien. Yo también te quiero mucho, mucho y quisiera que nuestra relación durara para siempre.
—Entonces decidido… Como nos vayamos conociendo más y más en ese aspecto, iremos marcando nuestros propios ritmos para que yo me pueda acoplar a ti y tú a mí. ¿Estas de acuerdo?— «Que maduro me pareció Ray en ese momento… Yo calculo que me llevaría a lo mas cuatro o cinco años en edad, pero definitivamente había vivido muchas más cosas, mucho más rápido que yo». Puse mi mano en mi frente, como un saludo marcial y dije:
—¡Entendido!— Sonreí y continuamos comiendo… Al terminar me preguntó:
—¿Cuándo tienes que presentarte para tu prueba y en dónde?— Contesté:
—Ah… En la torre del hechicero, como en un periodo de entre diez y quince días… La verdad, ya perdí la cuenta…— Hice un gesto, mordiendo mi lengua y cerrando un ojo…
—¿Y dónde está la torre?
—No hay problema. Muy cerca de aquí… Sobre la costa, antes de llegar a Portos.— Me vio extrañado y dijo:
—Jamás he visto una torre por ahí…
—Ah… Eso es porque está escondida, solo los que van buscándola pueden encontrarla. ¿Has visto el viejo faro que está cerca del camino?
—Sí…
—Pues muy cerca de él. Llegando al faro, prácticamente estamos ahí.
—Arlinne. Quiero ir a Portos a devolver el caballo y arreglar unos asuntos. No me llevará mas de un día o dos… Sí contamos el tiempo que estemos en el camino, más el tiempo en llegar al faro, tal vez sean cuatro días. Tenemos por lo menos siete días libres. ¿Qué quieres hacer…?— Volteó a verme… Yo tratando de verme sensual y convincente, me metí uno de mis dedos a mi boca y dije con expresión inocente:
—Mmmh… De esos siete días, tal vez podríamos pasar tres aquí y posponer eso de ser responsables… Solo mientras estemos aquí, ¡claro! Tú sabes, porque es un lugar muy bonito y no hay nadie alrededor y que mejor forma de conocer nuestros ritmos en el futuro que esa.— Acerqué mi boca a la suya… Lo veía anhelante a los ojos. Él soltó una carcajada y dijo:
—¡Jajaja! Está bien… Tramposa. Concedido.
«Esa fue la primera vez… Donde nos tomábamos un tiempo solo para nosotros dos. Fue algo hermoso, que nunca podré olvidar». Al pasar los tres días, limpiamos el lugar, levantamos nuestro campamento y nos marchamos hacia la villa de Portos. Solo pasamos a almorzar a la villa de Rostand y nos pusimos en marcha… Seguimos el mismo camino que la primera vez que pasamos juntos por ahí y antes del anochecer, ya habíamos pasado el faro. Decidimos seguir hasta la villa en un solo día, estábamos descansados y Tomy también. Un poco antes de la media noche, estábamos cruzando el portón de la entrada. Los guardias de la entrada saludaron a Ray con familiaridad y noté que me veían de reojo… Me hice tonta y seguimos hasta una posada, donde bajamos del caballo y lo metimos a un establo para los clientes.
Ray pidió una habitación con una cama grande y agua caliente… Le cobraron una pieza de oro, con la cena incluida. Cenamos abajo en la hostería. Veía que muchos conocían a Ray y pasaban a saludarlo antes de abandonar el lugar y me veían de reojo. «Fue cuando entendí que todas esas miradas, eran porque pensaban que era una más de sus conquistas y solo querían echar un vistazo a la carne… ¡Típico de los hombres!» Le dije:
—¡Mmmh! Hubiéramos tomado una hostería diferente, en otra parte de la villa… Se ve que es muy grande y seguramente tiene muchas posadas de diferentes calidades…
—¿No te gusta?
—No es eso… Lo que pasa es que se nota que no soy la primera mujer que traes a este lugar y me siento como una carne colgada del gancho de una carnicería.— Inflé mis mejillas e hice un puchero…
—¡Jajaja! No seas celosa… Eres la primera mujer que traigo aquí y sí, tal vez todos esos compañeros me hayan observado alguna vez con otras damas, pero lo que no saben, es que contigo es diferente, además no los pienso ver por un largo tiempo. Mañana cambiaremos de posada. ¿Te parece bien?— Asentí más tranquila.
Subimos a nuestra habitación, esta tenía una cama aún más grande que la de la villa de Rostand. Puse mi equipo del lado izquierdo, que había proclamado sobre Ray, siempre que durmiéramos juntos, ese sería mi lado. Me quedé en poca ropa y me senté sobre la cama, dando saltitos, para probar que tan suave era el colchón. Estaba muy bien, firme pero suave. Ray igual, acomodó su equipo y se quitó su armadura. Me dijo:
—¿Quieres tú primero usar el baño? ¿O entro yo?— «Le iba a decir que, ¿por qué no, los dos juntos? Pero recordé que debíamos darnos espacios».
—Entra tú y no te apures, no hay prisa. Cené mucho y probablemente no pueda dormir hasta más tarde.
Entró, oí el agua correr… Me quedé baboseando en la habitación. «¿Qué tipo de prueba me pondrá el hechicero?» Me comencé a poner un poco nerviosa… «Por otra parte. ¿Lianne estará ahí? ¿Hará su prueba también? ¿Llevará a su caballero…? ¿Será guapo? ¿O fuerte? ¿Más fuerte que Ray…? ¿Qué pensará de mí, Lianne, cuando me vea con Ray…? Como pareja… Como mi aspirante a caballero. ¡Jajaja…! Seguramente pensará que me he convertido en toda una zorrita para poder pescar un hombre así». Me puse triste… «¿Cómo me juzgará? ¿Cómo juzgará a Ray…? Espera un momento… ¿Y si tengo que enfrentarla…? ¡Me va a freír! No tengo oportunidad de derrotar a Lianne solo con mi magia, para colmo… No he practicado desde que salí de la torre mi magia de barrera… ¡La va a destruir como si fuera de cristal!» Estaba angustiada… «Sí de verdad tuviéramos que enfrentarnos. ¿Tendría el valor para lastimarla…? ¿Ella lo tendría…? ¡Jajaja…! Sí, seguramente sí… Es lo que más recuerdo de Lianne. No solo su determinación por aprender la hechicería, sino la convicción de que se quería convertir en la próxima hechicera azul a como diera lugar… No creo que esté en sus expectativas perder contra mí…» Sentí una toalla taparme la cabeza.
—Listo peque. Todo tuyo, esa es tu toalla.
—Sip.— Me metí al baño, cerré la puerta, hice mis necesidades y me metí a la tina.
Me quedé un largo rato pensando en Lianne… Al salir de la tina ya no me volví a vestir, solo cepillé mi cabello, sentada en la cama con el cuarto a oscuras. Ray ya estaba dormido. Esperé algunos minutos en lo que se terminaba de secar y me acosté. Pensando en todo lo que me esperaba.
Al día siguiente nos alistamos y abandonamos la posada. Ray preguntó, si quería desayunar algo ahí mismo, yo le dije que aún no me daba hambre que sí lo podíamos dejar para un poco más tarde… Asintió y mientras caminábamos por las calles… Me empezó a contar del dueño de Tomy, el capitán Tenarius… Me contó que era como su padre y que le había dado algún tiempo de vacaciones. Que ahora le entregaría el caballo y que le contaría sus planes de acompañarme… Me empecé a sentir nerviosa, era como sí… ¿Me quisiera presentar a sus padres? Me mareé solo de pensarlo, poniéndome muy nerviosa, le dije:
—¿Ray, es necesario que te acompañe…? No quiero importunar tu visita…
—No te preocupes. Quiero que se conozcan, ambos son personas muy importantes en mi vida y me gustaría que al menos se conocieran.— «¡Gulp! ¡Sí, es como presentarme a su padre…!»
Caminamos hasta una cuadra llena de edificios con dos y tres plantas, dimos la vuelta y se paró frente a un poste, ató el caballo, tomó mi mano y me condujo junto con él, dentro del edificio. Habló con la señorita que estaba en la recepción y nos sentamos en unos sillones frente del escritorio… Ya me estaba empezando a dar náuseas y de pronto también me empezó a molestar la vejiga… Movía mis piernas de arriba hacia abajo, tallándolas por las rodillas. Él me puso la mano en la cabeza y dijo:
—Tranquila, peque. No estés nerviosa. Es una buena persona… Te presentaré como sí estuviéramos comprometidos, ¿está bien?— Me puse pálida. «Ahora, ¡ya hasta voy a ser tu esposa?»
—Pero… Nunca hemos hablado de casarnos…
—¿No te gustaría?— «Tonto. Que pregunta… Sí, sí me gustaría, pero no me lo has pedido, ni lo hemos pensado». Respondí con una voz que se apagaba:
—¿Y sí solo dijeras que soy tu pareja…?
—No, no creo que estuviera bien… Mira, no lo hago por molestarte, ni atarte, ni marcarte como mi propiedad. Es solo que el viejo me ha visto con demasiadas mujeres y quiero que entienda que esto es diferente, que eres diferente y que va en serio.— «¡Pfff! Lo que me faltaba escuchar… ¡Demasiadas mujeres? ¿Cuántas son demasiadas mujeres?» En ese momento hubiera deseado volver a pelear con esos necrófagos a estar ahí sentada…
—¿Estas de acuerdo?— Él preguntó. Apreté mi estómago… «Está bien, esto es importante para él, no seas egoísta». Asentí más tranquila, mientras se oía la puerta del despacho abrirse…
Lo primero que escuché fue una risa grave y la voz de donde provenía…
—Muchacho. ¡Jajaja! ¡Qué sorpresa! Yo ya te hacía en tu luna de miel. ¡Jajaja!— «¡Luna de miel…!» Volteé a ver al dueño de la voz… Era un hombre de mediana edad, con una barba tupida y cerrada con un candado, algunas de las puntas más largas de su barba ya pintaban de blanco. Se le veía un semblante severo, pero amable. Tenía su pelo completo y arreglado con un casquete largo, terminando en una pequeña coleta por la parte de atrás… Se veía que de joven había sido un hombre muy atractivo y me imagino que lo seguía siendo, para las mujeres de su edad y una que otra jovencita que buscaba un papá, sin mencionar que el uniforme le sentaba muy bien…
—Pasen, pasen…— Dijo el hombre y se paró al lado de la puerta haciendo una seña con sus brazos invitándonos dentro. Entramos al despacho que tenía un olor mezclado de maderas finas y humo de tabaco. Ray me condujo hasta un sillón, junto a una mesa de centro. Me senté y él se quedó de pie. Justo cuando el hombre cerró la puerta y avanzó hacia nosotros. Ray se puso en posición marcial de firme y lo saludó de la misma manera, con su mano en la frente.
—Capitán.— El hombre saludó también, para después decir:
—Descansa, Ray. Siéntate y cuéntame que te trae por aquí.— Ray dijo:
—He regresado a devolverle su caballo, capitán. Y a presentarle a mi prometida, Arlinne… Arlinne de Veranda.— «¡Arlinne de Veranda…? Ya me las pagarás en un rato». Tenía cero práctica en etiqueta, pero mis amados libros me ayudarían… Extendí mi mano hacia él, de una forma delicada. El hombre se inclinó, besó mi mano y dijo:
—Perdone mi falta de educación, señorita. Mi nombre es Roland Tenarius. Un gusto, lady de Veranda.— Yo solo sonreía con mi sonrisa de tonta, para luego contestar:
—Un gusto, capitán. Solo Arlinne, está bien.— Soltó mi mano y se hundió en el sillón, todos nos sentamos. Él dijo, mientras empezaba a reír nuevamente:
—Ahora veo, porque saliste corriendo en la madrugada esa noche. ¡Jajajaja!— Me sonrojé sin querer y continuó:
—¿Así qué para cuándo es la boda?— Ray contestó:
—Aún no tenemos fecha… Primero hay algo que debemos hacer.— Ray comenzó a contarle mis planes y sus planes de acompañarme, entrelazándolos como si los hubiéramos fraguado juntos. Yo lo ayudaba de vez en vez con los detalles…
Le contó que era una hechicera entrenada por el hechicero azul y lo de mi prueba… Platicamos largo rato. El capitán oía todo lo que le decíamos embelesado, como si añorara su perdida juventud, solo para interrumpirnos de vez en vez con los detalles. Cuando terminamos de contarle todo, se quedó muy serio y solo preguntó:
—¿Están seguros? Todo eso se oye muy peligroso.— Ambos asentimos con la cabeza y dijimos:
—¡Si!— Al mismo tiempo, sin darnos cuenta… Nos apenamos ambos y el capitán estalló en carcajadas.
—¡Jajajaja! No podría estar más orgulloso de ambos. Ray, estoy satisfecho del hombre en el que te has convertido y en espera de ver en el que te convertirás… No solo compartir su amor, pero también su deseo de justicia y de luchar juntos. ¡Jajajaja! ¡Magnifico! Haré los arreglos con los encargados del gremio que manejan las cosas del frente para que los reciban y se apoyen con ustedes. ¡Jajaja! No saben esos virzuks, que tienen sus días contados. Mandaré la orden para que los esperen en un lapso de entre treinta y cincuenta días, en el bastión de la antigua ciudad de Tharosen. No se preocupen por los detalles… Solo preocúpense por hacer su mejor esfuerzo y sobrevivir. Que quiero verlos casados muy pronto. ¡Jajaja!— Respiró un momento, se puso serio y agregó:
—Me apena no poder hacer una recepción como es debida para ustedes en este momento o por lo menos invitarlos a comer, pero tengo varios asuntos de suma importancia que debo de atender. Reciban todas mis bendiciones… Un placer, Arlinne. ¿Me podrías permitir un momento a solas con Ray?— Asentí, me paré de un salto como acostumbraba, olvidándome de la etiqueta. Le sonreí a la cara y le dije:
—¡Gracias, capitán!— Salí de la habitación, cerrando la puerta tras de mí…
*************************
Me quedé a solas con el capitán. Él me veía de un modo raro. Me dijo:
—Así que el viejo refrán es verdad… ¡Eh, Ray? ¡Jajaja! Vaya que el lobo nunca orina donde ha enterrado sus huesos. ¡Jajajaja! Que guardadita, te tenías a la señorita de Veranda.— Agaché la cabeza, mientras ponía mi mano en la cara. Él dijo:
—Hechicera… ¿Y su maestro es el hechicero azul? Siempre creí que solo era una leyenda. ¡Jajaja! Como en los cuentos de hadas… Hechicera y caballero. ¡Jajajaja!— Contesté un poco nervioso:
—¡Jajaja! Sí… ¿Verdad?— Él me vio orgulloso y volvió a reír.
—¡Jajaja! Muy bien muchacho… Tomy es tuyo ahora, no tienes que devolvérmelo. ¡Jajaja! Velo como un regalo mío para ustedes dos. Por último, Ray… Tu prometida es una jovencita muy linda y tiene la sonrisa más hermosa que haya visto en mi vida. Encárgate de que nunca deje de sonreír. ¡Es una orden!
—¡Si, señor!— Contesté y saludé marcialmente para despedirme. Me devolvió el saludo y dijo:
—Siempre estaré aquí, si necesitan ayuda. Buena suerte, Ray.
—Hasta pronto capitán.— Dije y salí de la habitación.
*************************
Esperaba a Ray sentada en el sillón. Ya estaba entrada la tarde y tenía muchísima hambre… No esperé mucho, solo unos cuantos minutos. Ray salió despidiéndose del capitán, yo me puse de pie. Cuando pasó junto a mí, me tomó del brazo y salimos del edificio. Estando fuera corrí hacia Tomy para despedirme… Una vez más, buscó con su hocico entre mis ropas olisqueando y le dije:
—Gracias por todo, Tomy.— Mientras, Ray tranquilamente lo desataba del poste y lo conducía, me quedé atrás por un segundo y pregunté:
—¿Lo tienes que dejar en algún lugar en específico?
—No, es nuestro ahora.— Me apresuré alcanzándolo…
—¿Nuestro?
—Sí, es el regalo de bodas del capitán.— Comenzó a reír. Recordé todas las penas que me había hecho pasar y le pellizqué la piel de su brazo de la parte posterior.
—¡Arlinne de Veranda? ¡Prometida? ¡Demasiadas mujeres? Explícate que demonios significa… ¡Demasiadas mujeres!— Lo seguí retorciendo, él reía y se apartó con un ligero quejido.
—¡Ay, Jajaja! ¿Mi lady de Veranda, desea que tomemos nuestros alimentos?— Contesté inflando mis cachetes muy molesta:
—¡Si, por favor!— Caminamos hasta otra parte de la villa, una con menos mercenarios y hombres de armas. La zona de los comerciantes. Paramos en el hostal que se veía mejor de los alrededores…
A la mañana siguiente habíamos decidido recorrer la zona comercial y de entretenimiento. Como si fuéramos turistas… Yo le dije que quería comprar algo de ropa, él me vio y sonrió… Me apresuré a especificar; que no quería vestidos largos, de gala o nada superficial. Que solo quería conseguir ropa intima un poco más cómoda y me apené mientras le explicaba…
—He visto algunas que son como unas bragas cortas que van ajustadas al cuerpo, de una tela fresca y cómoda… Me servirán para el combate y manejarme mucho mejor estando en falda, que con las bragas que siempre uso.— Quedé sonrojada… «¿Por qué me había apenado decirle algo así, a él que ya conocía cada rincón de mi cuerpo?» Él dijo:
—¡Ah! Ya sé más o menos lo que buscas, sé por donde encontrarlo… Pero, tengo una hambre feroz. ¿Quieres comer algo antes? Conozco algo que te sorprenderá…
—Sí… Está bien. Pero no como mucho, Ray.
—Ya lo verás… Son unas empanadas, hechas con harinas de diferentes granos, rellenas de por lo menos tres diferentes guisos. ¿Quieres probar?— Se oía como algo brutal…
—Está bien…
Llegamos hasta el lugar que Ray había dicho… Había una muchedumbre. El platillo al que se refería Ray, era gigantesco, servido en grandes platos metálicos como del tamaño para servir un pollo completo. Apreté su brazo y susurré:
—Ray, a mí no me cabe eso. Es demasiada comida.
—No te preocupes, hay pequeñas también… Para niños. ¿De qué quieres las tuyas?
—¿Hay algún guiso con pollo y/o cerdo?
—Si, ambos. Guisados como de cuatro maneras distintas cada uno.
—Algo que tenga un ligero toque agridulce como salsa de bayas o algo así… Por favor.
Él pidió nuestra comida y nos la entregaron minutos después. Aun las pequeñas, de las que Ray me había pedido dos, una con pollo y la otra con cerdo. Cada una era como una comida completa… Él tomó una de las grandes y con cuidado, pero velozmente, se puso en marcha. Yo empecé a comer, pero no terminé ninguna de las dos, me llené antes, solo comiendo la mitad de cada una. Volteé a ver apenada a Ray y él ya había terminado, yo solo dije:
—¿Dónde te cabe tanto?
—¡Jajaja! Tengo un amigo muy cercano, que se come tres de estas, en la mitad de tiempo. —¡Tres…? Mmmh. ¿Quieres lo que me sobró? No me gusta desperdiciar la comida.— Él asintió feliz, mientras jugábamos a los enamorados y se las daba directo en su boca.
Seguimos nuestro camino por los bazares. Él me conducía… Hasta que nos paramos frente a una tienda con ropa femenina de todo tipo. Él me dijo:
—Babosearé un poco por aquí. ¿Por qué no le preguntas a una empleada, sí tienen lo que quieres? ¡Ah! Y no te preocupes por el costo, yo pagaré.— Me apresuré a contestar:
—No es correcto que tú pagues todo… No te lo quería ocultar, pero conseguí algunos tesoros en la necrópolis.— Abrí mi bolsita y resplandecía. Saqué unas pocas monedas, cinco de ellas y se las enseñé diciendo:
—¿Crees que las acepten aquí?— Él las observó solo un momento y dijo:
—Seguro que sí… Oro es oro.
—Ah, perfecto.— Dije y se las entregué.
—Es mi parte de los gastos y la ropa.— Sonreí, pero él se puso cabizbajo como si hubiera pisado su hombría… Actué rápido y acaricié su mentón con mi mano. Le dije:
—¡Te amo! Pero no es necesario que me mantengas todo el tiempo, estamos juntos en esto.— Le di un suave beso en la mejilla y él volvió a sonreír. Yo ya entraba a la tienda…
Vi por todos lados… Había demasiadas cosas, desde ropa muy simple y cotidiana, hasta vestidos de gala con precios en oro de dos dígitos. Me acerqué a una de las trabajadoras y le expliqué exactamente lo que estaba buscando. Ella me señaló un estante, fui hasta allá y sí, era lo que buscaba. Los medí por la cintura para escoger mi talla… tomé un par blancos y un par negros. Me disponía a salir y pagar, pero Ray estaba observando algo dentro. Fui hacia él intrigada… Él estiraba un conjunto de blusa y falda de color azul cobalto con vivos blancos en la orilla de la falda y las mangas cortas de la blusa. Lo vi, él volteó y me dijo:
—¿Te gustaría probártelo?— «Siempre he vestido de rosa oscuro o rojo, estoy tan acostumbrada, pero… ¿Por qué no? Se ve lindo».
—Sip.— Lo tomé y fui hasta los probadores… Me cambié y me miré al espejo, nada mal. Abrí la cortina sonriendo para mostrárselo y ya tenía un par de piezas más en las manos. Cuando me vio se quedó asombrado, me sonrojé y dijo:
—Te ves muy linda, te queda muy bien. Sabes… He estado pensando que usas armadura ligera, pero no usas sobreveste. ¿Te molesta?— Contesté aún sonrojada por sus halagos: —Me da mucho calor y sí, sé que debería usarlo para no terminar hecha un desastre después de las batallas al revolcarme por todos lados, pero no me gusta sudar tanto por el calor.
—Eso pensé… Arlinne, el sobreveste no solo es para la pulcritud de tu ropa, además ayuda en tu defensa.— Me extendió las piezas que traía en las manos, una de color rojo y una azul. Me dijo:
—Pruébatelos también.— Los tomé y volví a cerrar la cortina… Eran dos sobrevestes ligeros hechos de cuero y tela. Me los probé y me quedaban muy bien, el largo terminaba apenas cubriendo mi cinturón del frente y las dos líneas del reverso terminaban exactamente a la altura donde terminaba mi falda. Ambos tenían vivos de color blanco en el frente y alrededor de las líneas de la parte de atrás. Me volví a poner el azul para hacer juego y volví a abrir la cortina. Ray se quedó asombrado.
—Te queda perfecto.— Él ya tenía un par de botas en sus manos, como de mi talla.
—Me he dado cuenta de que tus botas ya están algo golpeadas y muy probablemente la dislocación de tu tobillo se dio, porque no estaban dándote el apoyo necesario. Si están flojas del rededor te puedes volver a lastimar. ¿Por qué no, te pruebas estas?— Sonrió, me apené y las tomé… Exactamente mi medida, se sentían ligeras, pero sujetaban mi tobillo firmemente por las agujetas que tenían en la parte de arriba. Di vueltitas frente al espejo, golpeando el piso con mis pies en diferentes puntos. Volví a salir.
—Se te ven muy bien y todo hace juego.
—No me consientas tanto.
—No te preocupes. Te viene bien la ropa nueva.— «¿Qué quiso decir? ¿Qué soy una andrajosa..? ¡Jajaja!» Estallé en carcajadas… Me vio extrañado, mientras decía:
—¿Quieres quedarte la ropa y las botas puestas para que te vayas acostumbrando?
—Si, pero el sobreveste no, hace calor.— Inflé mis mejillas…
—Está bien, tú ganas, pero prométeme que los usarás cuando tengamos que combatir. —¡Prometido!— Alcé mi mano, mientras lo decía.
Nos hicieron la cuenta… Veinte oros. Ray pagó con un platino… El empleado que cobraba, se asombró y boquiabierto le daba sus ochenta oros de cambio. «¡Un platino…? ¿Ray gana tanto de mercenario…? Creo que eso que me dijo, de ganar unas cuantas monedas, era solo una alegoría… A menos que se refiriera a ganar unas cuantas monedas de platino». Traté de no darle importancia, no me quería ver como una interesada. Salimos a la calle y le dije:
—¿Ray, tú no comprarás nada para ti…?
—Dejé a Tomy en la mañana para que le arreglen sus pezuñas y cambien sus herrajes. Y creo que yo también compraré unas botas nuevas. ¿Me acompañas?
—Sip.— Contesté. Caminamos nuevamente entre las calles y me dijo:
—¿Ya tienes hambre?— «¿Hambre? No creo tener hambre en un par de días».
—No, sigo muy llena. ¿Tú, ya?
—¡Jajaja! No. Solo pensé que como habías comido poco a lo mejor se te antojaba una golosina o algo.— «¡Poco? ¿Me quiere poner en engorda? ¡Jajaja!» Volví a reír a carcajadas…
—No, más al rato. Gracias, Ray. Pero tú eres libre de comer lo que quieras y me puedes dar a probar, si te sientes mal.— Llegamos hasta una tienda de pieles, le dije:
—¿Te puedo esperar afuera? Tengo mucho calor.
—Si, claro.— Él entró y yo me quedé afuera baboseando los aparadores… Cuando lo oí. Ese sonido por primera vez en mi vida, era como un pop…
Volteé hacia todos lados, queriendo encontrar el origen de ese sonido y lo volví a escuchar, repetido esta ocasión… Pop, pop, pop… Venía de una pequeña carreta comercial con un estante de cristal. Me dirigí hasta él y me quedé embobada… Unas cosas de color blanco con café, saltaban de una sartén hasta el piso del estante, donde caían una sobre la otra, mientras sonaban. El dueño del comercio se acercó y me dijo, mientras yo tenía mi rostro pegado al cristal:
—Señorita, señorita…— Volteé a verlo, saliendo de mi trance por un minuto…
—¿Quiere usted probar?
—¿Qué son…?— Volví a mirarlas con detenimiento…
—Se llaman palomitas de maíz. ¿Gusta usted probar?
—Palomitas… ¿De maíz? Palomitas… ¡Sí…! Si quiero probar. ¿Se comen?— Sonrío y me dio un pequeño cucurucho de papel con una cuantas dentro. Las toqué… Se sentían calientes. Las metí en mi boca de una en una… «Que sabor tan simple, pero a la vez tan delicioso, con un poco de sal, también saben a mantequilla…» Terminé y volví a pegar mi cara al cristal… Ese sonido. Él me preguntaba sí quería comprar, me quedé perdida por un instante y dije:
—¡Si! Si quiero… Pero quiero que me diga usted como se hacen… ¿Cuánto cuestan?
—Una bolsa de papel como esta, llena por un cobre.
—¿Un cobre…? ¿Sí yo le diera a usted quince cobres? ¿Me podría dar una bolsa como la que me ofrece llena de palomitas y otra con el maíz con el que se hacen? ¿Además me podría enseñar a hacerlas?
—Si, con gusto señorita.— Le entregué el dinero y me pasó atrás del estante. Me explicó el proceso con detenimiento, lo capté rápido. Tomé mi bolsa de maíz y la guardé en mi mochila. Me llevé feliz en las manos las que ya estaban hechas, despidiéndome con una sonrisa del comerciante. Caminé hasta la entrada de la peletería, comiendo las palomitas al paso que Ray iba saliendo.
—Pensé que no tenías hambre…— Contesté con mi boca llena:
—¡No, pero son palomitas!— Y sonreía con restos de ellas alrededor de mi boca.
Durante la tarde de camino a la hostería, venía colgada del brazo de Ray… Le dije:
—Ray… Si ya no tienes más pendientes. Me gustaría que fuéramos a la torre, tal vez mañana o pasado. Lo que pasa es que me ha empezado a entrar la angustia y me gustaría practicar un poco antes de mi prueba…
—¿Estás nerviosa?
—Mucho… ¡Se me nota?
—Sí, desde hace días, casi desde que partimos de la laguna.
—Tengo miedo de fracasar…— Me quedé mirando al piso.
—Estarás bien, ya verás… Pero supongo que no estará de más que practiques tus conjuros un poco o lo que te haga falta. Está bien, yo no tengo nada más que hacer aquí. Partiremos mañana a medio día. ¿Te parece bien?
—Si, gracias.— Contesté mientras subíamos a nuestra habitación por las escaleras de la hostería. Él dijo:
—¿Quieres cenar algo?
—No, pero no te detengas por mí. Yo sé que estás acostumbrado a comer mucho más que yo, cuando hay la oportunidad. Solo ordena algo para que te lo traigan a la habitación y de paso… ¿Podrías ordenar unas cuatro botellas de licor de frutas?
—¡Cuatro…?
—Sip, dos para mí, una para ti y otra para lo que se ofrezca. ¡Jijiji!
—Está bien, como quieras. Bajaré a pedir algo de comer y las botellas, te alcanzo.
Llegué al cuarto… Me estaban matando las botas nuevas. Me las quité, así como la blusa y mis calcetas. Prendí las linternas de aceite que estaban sobre las cómodas y me recosté boca abajo del lado izquierdo de la cama. No tenía ganas de bañarme, ni de nada… Al menos la habitación estaba mucho más fresca que la calle hace un rato. Abrí la ventana de par en par, la vista daba a una plaza grande aún llena de comerciantes, pero no se oía mucho ajetreo, supongo por la hora.
Ray regresó con un pequeño carrito de servicio, ya con nuestras cosas y me dijo:
—Me quedé a esperarlas, se ve que el personal está algo ocupado y así sería un poco más rápido.— Eran las cuatro botellas, con vasos de cristal, un recipiente con hielo y un plato de cerámica lleno de pollo frito. Me lancé al hielo y empecé a servir nuestras bebidas. Le ofrecí su vaso a Ray, quien ya devoraba una pieza de pollo… Yo solo me senté en la cama a esperar unos segundos que el hielo hiciera su efecto. Cuando estuvo listo me lo empiné. «¡Aah, tan fresco!» Me volví a servir y le puse un hielo más. Ray con la boca llena, me dijo: —Con calma…
—Todo bien, no pasa nada. Lo peor que puede pasar es que me emborrache y me quedé dormida… No le veo ningún problema a eso.— Me acerqué a él y dije sensualmente:
—A menos, claro… Que me necesites para otra cosita…— Él puso el hueso limpio sobre el plato y se limpió los dedos, mientras reía…
—¡Jajaja! Arlinne… Pues, podría ser… Tengo que pensármelo mientras me como este pollo frito.— «Seguía riendo… No sé, sí de mí, conmigo o de mis torpes intentos de ser sensual y atrevida. Casi siempre estos terminaban con él riendo de esa forma y yo obteniendo lo que buscaba». Sujeté su mano y le apreté su dedo índice rodeándolo fuertemente.
—¿Entonces…?
—¡Jajaja! Pues, yo creo que sí.— Me puse de pie… Era lo que quería escuchar. Dije: —Entonces, tomaré un baño.— Puse la botella que ya estaba a la mitad junto a Ray y tomé una nueva. Me la llevé al baño junto con una toalla y le dije:
—Te veo en un rato.
Terminé y me volví a vestir, no le iba a quitar ese placer. Cepillaba mi cabello, viéndome al espejo… «Todo va a ser tan ajetreado a partir de ahora, pero voy por buen camino. Todo gracias a Ray». Salí del baño… Él estaba recostado en la cama viendo algunos documentos. Puse la toalla a secar y simplemente me subí a la cama. Me senté encima de él, atinando a que quedara su parte exactamente a la altura de mi trasero. Terminé esa botella y la saqué del camino. Le dije, mientras movía mis caderas:
—¿Qué estás leyendo?— Él tomó los papeles y los quitó del camino para ponerlos sobre el buró.
—Son unas antiguas estrategias de anteriores misiones en las que he participado, todas ellas tienen que ver con los virzuks. No es la gran cosa, solo escribí algunos comentarios, para tenerlos presentes en el futuro.— Me tomó por la cintura. Moví nuevamente mis caderas, para que rozaran mas íntimamente nuestros cuerpos y le dije:
—Pásame la otra botella, ¿puedes?— Él estiró su mano la destapó y ambos bebimos. Me moví bruscamente para aumentar la tensión entre nosotros y le dije molesta, pero sonriendo:
—¡Muy bien! Ahora si me vas a explicar que significa eso de, demasiadas mujeres.
—¡Jajaja…! Arlinne, no seas celosa, no se te ha olvidado eso aún.— Reí ya un poco caliente por el alcohol.
—¡No, nunca se me va a olvidar! ¡Jajajaja…! Solo quiero ver que me contestas, estoy jugando contigo, bobo…— Me estiré hacia su boca y lo besé, mientras seguía riendo.
Lo hicimos en esa posición… Íntimamente, ardiendo en deseo los dos. Al terminar quedé tendida sobre su pecho. Él veía que yo estiraba mi mano para alcanzar la botella y me la acercó. Rodé hacia mi lado de la cama con cuidado de no derramar el líquido y me metí bajo las sabanas, mientras él acariciaba mi cabeza. Dijo:
—Arlinne… He estado pensando. Tú dijiste que estas costumbres de hechicera y caballero, no se usan más, ni son tan importantes, pero… ¿Qué tan en serio se lo tomará tu maestro? Supongo que sí te lo pidió como requisito, es importante, al menos para él… ¿Qué implica, me podrías explicar?— Yo lo vi con la vista nublada por el alcohol.
—Buena pregunta… A decir verdad, con el maestro nunca se sabe. A pesar de que ha sido mi maestro ya casi por diez años, nunca he podido entender que pasa por su cabeza. A veces habla solo con acertijos que no tienen ningún sentido, a veces es tan sincero, que ni siquiera piensas que esté diciendo la verdad. ¡Jajaja…!— Me puse seria y agregué:
—Ahora que lo pienso… El maestro no es un misógino, ni mucho menos, al contrario… Es una de las personas más buenas que haya conocido en mi vida. Así que en ese sentido no creó que lo haya hecho. Por otra parte… Tal vez para que sentáramos cabeza, pero igual lo dudo. El maestro jamás se involucraría en un aspecto como ese de nuestra vida… No lo sé, Ray… No sé, porque nos pidió tal cosa. Seguro lo hizo por algo, aunque como te he dicho, con el maestro la verdad nunca sé sabe.— Ahora, yo lo vi nervioso a él… Me dijo:
—Arlinne. ¿Me podrías explicar que implica que sea tu caballero, al menos que creés que espere tu maestro de mí?— Comencé a reír por el alcohol.
—Tranquilo, Ray. No pasa nada, dudo que el maestro espere algo más de ti, más que seas mi compañía. ¡Jajaja! Ni que fueran los tiempos de antes.
—¿Cómo era antes…?— Ray preguntó, aún más angustiado… Le contesté despreocupada por el alcohol.
—Pues… ¡Jijiji! Antes, el caballero no solo era su guardián, sino también era algo así como su guía ético y moral. Y era el encargado de que sí la hechicera abandonaba el camino recto, la pusiera en su lugar… ¡Jajajaja!— La preocupación de Ray, aumentó más… Me tomó del brazo y me preguntó:
—¿Ponerla en su lugar…? ¿Cómo?
—Ahm… Pues, supongo que le daba una tunda… Y si aún así no entendía. La abandonaba o la mataba. ¡Jajaja!
—¡Es en serio?— Yo asentí con la cabeza, ya ebria. Vi que su mirada se llenaba cada vez más de angustia… Me acabé la botella y le dije:
—Esperame tantito. Tengo que orinar… Empujaste mi vejiguita sin querer hace rato y además, ya he bebido mucho… ¡Jajaja! Ya vuelvo.— Mientras orinaba, sentí como que Ray me había preguntado algo muy importante y le había contestado cualquier tontera, sin tranquilizarlo. Me eché un poco de agua en el rostro y traté de seguir mi dedo frente al espejo. La cabeza me daba vueltas, pero tenía que hacer un esfuerzo para estar sobria y explicárselo. Volví a mojar mi rostro, respiré profundo y salí. Me metí a la cama y le dije: —No te preocupes, amor. Como ya te lo he dicho antes, no creo que el maestro espere nada mas, solo que seas mi compañero. Incluso no tendrías que ser ni mi pareja, solo acompañante. Además, amor… Mi magia es realmente irrisoria. ¡Jajaja! ¡No es como que vaya a encender el mundo en llamas! ¡Jajaja! Por otra parte, sí las cosas van a peor… Tienes permitido darme la tunda, seguro con eso entenderé, no creo que tengamos que llegar más lejos que eso.— Lo abracé y empecé a reír nuevamente por el alcohol. Él se sintió aliviado y empezó a reír también.
—¡Jajaja! Tienes razón y si lo haces, te daré una buena tunda en tu trasero.
—¡Ya ves, es fácil! Buenas noches… Con el alcohol ya me ha dado mucho sueño.— Le di un beso en la mejilla y me recosté de mi lado, viendo al lado contrario de Ray. Él me acarició la cabeza y dijo:
—Buenas noches.
Abrí los ojos, pero para mi sorpresa, no estaba en la habitación del hostal… Era mi aldea. Caminé un poco, vagando y pensando que era otro de mis sueños raros. Era un día normal, común y corriente de mi vida en la aldea. Avancé por las calles de terracería y me encontré a mí mismo, siendo golpeado por otros chicos de mi edad. A mi encuentro venía mi querida Arlinne para sacarme de las dificultades, como siempre. Me acerqué para ver como terminaban siempre esos encuentros… Con ella correteándolos con un palo, para que me dejaran en paz. Cuando logró su objetivo regresó conmigo y me dijo:
—¡Arel…! ¡Qué pasó esta vez?— Ella me sacudió el polvo de mi ropa y yo le contesté que por ayudar a un niño menor a que no le quitaran su dinero, me había metido en problemas. Ella dijo:
—Arel, sí vas a ayudar a los demás, tienes que hacerte mucho más fuerte, para que no seas tú, el que quede en problemas.— Yo dejando de llorar, le contesté:
—Me gustaría ser tan fuerte como tú.
—Lo serás, vas a ver. Ambos vamos a ser mucho más fuertes y vamos a ayudar a quienes lo necesiten… Por cierto, mi papá que vive en la villa de Silos me compró ropa bonita. ¿Quieres venir a mi casa a verla?
—¿Y me dejarás probármela…?
—Claro que sí. Sabes que eres mi modelo de modas.— Sonreí nuevamente, mientras nos alejábamos caminando de la mano hacia su casa… «¿Probármela? ¿Ropa de mujer? ¿Entonces…?»
Fin del Capítulo 3.
Muchas gracias a todos por sus lecturas… En este capítulo se llenó de pasión la cosa, pero tranquilos. Al igual que la vida misma, la historia explora muchos aspectos diferentes de las emociones humanas. Espero sus comentarios y recuerden que la aventura siempre continúa. xD
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