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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - Capítulo 30: Capítulo XXX: Nobleza.
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Capítulo 30: Capítulo XXX: Nobleza.

Capítulo 30.

Me quedé prendida por un rato del cuerpo inerte de la reina… Simplemente no podía dejar de llorar… Ray se acercó a mí y me dijo, bajito:

—Amor… Sé que es muy doloroso, pero necesitas ser fuerte.— Pensaba las mismas cosas, una y otra vez… Pero no podía sacarlas de mi mente. Hice un esfuerzo por ganar entereza y dije con tono apagado:

—Sí… Lo sé…— Apartándome un poco de su cama, traté de hacer todo a un lado… Sequé las lágrimas de mi rostro con mi mano y comencé a pensar… «Debo de encontrar a esa mujer… ¿Dónde puede estar…?» Volteé a ver a Penny… Se veía muy triste, pero ya había contenido sus lágrimas. Me acerqué y le dije:

—Acompáñame, por favor…— Volteé a ver a los demás y haciendo un esfuerzo por sonreír, les dije:

—Ahora regresamos…

Penny me hizo caso sin chistar… Salimos de la habitación y le dije:

—¿Penny, recuerdas la figura encapuchada que a veces iba con la reina, mientras estábamos con ella…?— Penny hizo memoria, se quedó pensando y dijo:

—Sí… ¿Qué hay con ella?— Le dije:

—Necesito encontrarla… Hace un momento salió de esta habitación, ¿podrías rastrearla?— Ella dijo:

—Pues… Sí. Aunque muchas personas pasan por aquí, solo con esos datos no será nada fácil…— Le dije:

—Por favor…— Ella dijo:

—Sí, está bien… Vamos. Caminemos un poco… ¿Algo más que me puedas decir de la figura?— Le dije:

—Solo sé que es una mujer…— Ella dijo:

—Bueno, es algo… No es como que haya muchas huellas, de todas formas. Diario hacen el aseo, pero… Las únicas otras mujeres que he visto por aquí son las sirvientas y la reina. Casi estoy segura de que la reina no salió el día de hoy de su habitación… Entonces, las únicas pisadas de mujer, saliendo de este lugar deben de ser de ella… Vamos.

Caminamos lentamente por el pasillo rumbo a las escaleras… Penny iba casi a rastras. Le dije:

—¿Ves algo…?— Ella dijo, siendo un poco sarcástica:

—Sí… Arlinne. Claro… No es nada fácil, ten paciencia…

Un hombre joven como de la edad de Ray, venía subiendo las escaleras apresuradamente… Cabello rubio y largo, recogido en una coleta, ojos azules y facciones finas, aunque con un rostro serio, casi estoico. Portaba media armadura de placas y ropas finas… «¿Quién es este joven…? ¿Un noble? El tiempo que llevo por aquí nunca lo había visto…» Me hice a un lado para que pudiera pasar, pero… Ni Penny, ni él, se habían percatado de que chocarían de seguir así…

El hombre empujó a Penny, sin querer… Y esta cayó al piso con su trasero. Se vieron fijamente por un segundo y el hombre se apresuró a ayudarla a ponerse de pie y decir:

—Lo siento, mi lady. Una disculpa, no la había visto, ¿se encuentra bien?— Penny se quedó embobada, viendo al extraño, frente a frente… Ella no decía nada, solo estaba ahí, en silencio. Intervine y le dije:

—No pasa nada, íbamos de salida. Perdón, estábamos distraídas.— El hombre se nos quedó viendo de arriba a abajo y dijo:

—Esperen un momento… Tú debes de ser Arlinne de Veranda. La reina me ha escrito en su mensaje que estarías en palacio, que me apresurara para poder conocerte.— Penny salió de su trance y ambas nos quedamos viendo… El hombre dijo:

—Perdonen mi grosería… Soy Evan Berios o mejor conocido como el conde de Berios. Poseo las tierras justo al sur de la capital. Venía en camino para reunirme con su majestad y con ustedes, pero al llegar al palacio, me han dicho que su majestad está muy mal… ¡Debo de ir a su encuentro!— Le dije:

—Sí, soy Arlinne y esta de aquí es Penélope. Mucho gusto.— El joven volteó a ver a los ojos a Penny, tomó su mano y dijo:

—Mi lady, Penélope… Lamento mucho haberla tirado. Espero me pueda perdonar. Es un placer, conocer a tan hermosa señorita…— Penny se quedó enmudecida, viendo a los ojos al joven… «¡Mmmh…! ¡Espera un momento? ¡Qué pasa aquí…? ¿Penny? ¡Penny? ¡Nah?»

Penny, por fin, abrió su boca y sonriendo como nunca en la vida la había visto hacerlo, dijo:

—No hay cuidado, conde… Discúlpeme, soy un poco torpe.— «¡Eh? ¡Bleeh…! ¡Qué fue eso?» Ya Penny había puesto su otra mano sobre la del conde… El conde dijo:

—Discúlpenme, me gustaría seguir haciéndoles compañía, pero debo de apresurarme al lado de la reina.— Penny dijo con voz amable y fuera de sí:

—Lo entendemos, no se preocupe.— El joven soltó las manos de Penny, delicadamente y dijo:

—¿La veré más tarde, Lady Penélope?— Penny dijo, sonriendo:

—Claro… Aún estaremos por aquí un rato.— El joven se despidió y salió volando… Penny suspiraba… «¡Eh?» Le di un coscorrón y le dije, molesta:

—¡Hey! ¡Qué pasa aquí? ¿Qué te he dicho de no ser tan pronta?— Ella se sobó el golpe y dijo:

—Sí, Arlinne, lo siento… ¿Viste sus ojos? Que lindos, ¿no?— «¡Eh! Ni siquiera sabe lo que le dije… Mmmh…» Le dije, sujetándola de los brazos:

—¡Penny, no me digas que te gustó el conde?— Ella volvió a la realidad por un momento y dijo, agachando su cabeza:

—No… Como crees. Es un conde, después de todo… Un noble humano. Alguien así, jamás se podría fijar en alguien como yo…— Le dije:

—¡Ese no es el punto…! ¡Pfff! ¿Podemos seguir buscando a la mujer?— Ella dijo:

—¡Ese no es el punto…? ¿Crees que alguien como él, se fijaría en mí?— «¡Bleeh…!» Suspiré profundo y le dije sinceramente:

—No veo, por qué no. Eres una hermosa hembra. Como dirías en tus propias palabras…— Su sonrisa estalló y dijo:

—¡Tú crees? ¡Qué alegría!— Le dije:

—Penny… No es el momento. Podemos buscar a la mujer, por favor. Luego puedes seguir en tu idilio con el conde Borios o como se llame…— Ella dijo, corrigiéndome:

—Berios, Arlinne… Evan Berios, ¡no seas mensa!— Le dije:

—Sí, si, pues, como sea…— Ella dijo:

—Está bien, ya voy… A ver, ¿en qué me quedé? ¡Ah! ¡Sí!— Se volvió a inclinar en el piso, pero esta vez con una sonrisa en su rostro de oreja a oreja…

Bajamos las escaleras… Penny iba lentamente, decidiendo con detenimiento cada que teníamos que elegir una nueva dirección. Un horrible sentimiento me asaltó y comencé a pensar… «¡Qué cabeza la de Penny! ¡Qué no se da cuenta de la situación? ¿Qué momento es este, para pensar en esas cosas? Luego un noble… ¡Pfff! Este pelmazo seguro estaba cerca y decidió adelantarse al resto… Me hubiera gustado decirle que la reina había muerto, solo para ver su cara… ¿Cómo reaccionaria? ¿Alegría disfrazada de pesar? ¿Cinismo? ¡Mmmh! ¡Penny tan ingenua para estas cosas! Ya quiero ver… Esta tonta ilusionada y en cuanto pase la pasión, preñada y botada como una bota vieja…»

Volví a la realidad… Nos encontrábamos en las almenaras que rodeaban el castillo. Penny dijo:

—¡Arlinne! ¡Arlinne! ¡Despierta…! ¡Qué estás mensa? ¿Me escuchaste…?— «¡Eh…!» La miré y le dije:

—¿Qué pasa?— Ella dijo, repitiendo:

—Te dije que la mujer bajó las escaleras en esta torre, ¿pues en que estás pensando?— Vi la gruesa reja forjada con hierro, que conducía a algún lugar debajo de una torre… «¿Mazmorras? Tal vez…» Un candado bloqueaba el pasador. Le dije:

—¿Puedes abrirla?— Ella dijo, al instante:

—Claro, solo estoy esperando tu autorización…— Le dije:

—¿Pues qué esperas?— Ella negó con su cabeza y murmuró…

—¡Pinche Arlinne! Mmmh… — Volví a mis pensamientos… Algo me dolía en el alma… Un dolor tan profundo que la distorsionaba… «¿En qué estoy pensando…? ¡Me lleva…! Ese joven… Parecía tener buen corazón y estar genuinamente preocupado por la reina… Penny… Penny… Tiene derecho a enamorarse de quien le plazca, ¡en que estoy pensando…? Ahora veo lo que decía Lenor… El dolor de verdad te hace pensar diferente…»

Oí el sonido del pesado candado chocar contra el piso… Penny dijo:

—¡Listo!— Acaricié su cabeza y le dije, arrepentida:

—Lo siento mucho, Penny… Discúlpame. Solo procura ser cautelosa, ¿sí? Por favor…— Ella se quedó viéndome, sin saber que pensar de lo que le había dicho y dijo:

—Arlinne… Discúlpame, pero a veces pienso que de verdad estás loca.— Le dije, sonriendo: —Lo sé. Yo también a veces pienso lo mismo.— Sonrió también y dijo:

—Vamos entonces… No creo que haya trampas, ni nada por el estilo, pero aún así, iré por delante…— Le dije:

—Sí, por favor.— Comenzamos a bajar las oscuras escalinatas… Le dije, sin tacto:

—¿Oye, Penny…? ¿Te gusta el conde?— Ella se quedó quieta sobre sus pasos y dijo:

—No lo sé… Lo siento. Nunca había sentido algo como esto, pueda ser que sí…— Le dije, reconfortándola:

—Está bien. A todas nos pasa alguna vez en la vida… Solo procura ser cautelosa, ¿sí?— Ella se echó a reír:

—¡Jajaja! Arlinne… ¡Qué cosas! ¡Jajaja!

—¡Qué?— Ella dijo:

—Sí, lo sé… Tranquila. Lo acabo de conocer, ni siquiera sé, sí me vaya a hacer caso. Vamos a ver que pasa. No soy una tonta, aunque tú creas que sí, ¡jajaja!— Le dije:

—¡Penny, pero…!— Ella dijo, aún riendo, pero con un tono decidido:

—Lo siento, Arlinne… Camille y tú, me tratan a veces como a una niña. Las quiero mucho y en cierta medida me gusta la atención, pero… ¡No soy una tonta a la que pueda engañar un hombre, sin que yo se lo permita! ¡Jajaja!— Le dije, un poco molesta:

—¡Uy! ¡Discúlpeme, señorita mundo! Por preocuparme por usted y su trasero… No volverá a pasar. ¡En lo que a mí respecta, puedes hacer de tu culo una cometa y mandarlo al vuelo!— Ella volvió a reír y dijo:

—¡Jajajaja! Arlinne… Está bien. Haré caso de tu consejo… ¡Oye! ¿Pero no será que estás un poquito celosa?— Le dije:

—¡Qué? ¡A mí no me gusta el conde! ¡Bah!— Ella dijo sugestivamente:

—No me refería a eso… ¡No celosa del conde, sino de mí! ¡Jajajaja! ¿No será que me quieres para ti…?— Le iba a dar un coscorrón, pero salió corriendo escaleras abajo, mientras reía… Le dije:

—¡Pinche Penny! ¡Jajaja! ¡Sí, ajá! Quisieras… ¡Deja que te alcance y verás, cuanto te deseo!

Corrí tras de Penny, el resto de las escaleras… Cuando llegamos al final, Penny se quedó parada. La alcancé y estaba lista para darle su merecido, pero… La vista del lugar nos dejó embobadas a las dos. Era un laboratorio de alquimia… Frascos, cilindros, matraces de todos tamaños, ocupados para el destilado y la transmutación de los líquidos. Penny dijo:

—¿Qué es todo esto…? Le dije:

—Pues… Parece ser el laboratorio de un alquimista…— Una voz femenina, nos dijo:

—Así es, Arlinne.— La figura encapuchada estaba justo tras de nosotros… Volteé y le dije: —Lo siento, sé que no fuimos invitadas, pero tenía que hablar contigo…— La figura se quedó apaciblemente observándonos, para responder y decir:

—Y yo, contigo.— Se quitó la capucha de su cabeza… Con la tenue iluminación del lugar pude ver que se trataba de una mujer virzuk. Dije, sorprendida:

—¡Pero…! ¡Cómo?— Ella sonrió y dijo:

—Mi nombre es Varenna. Un gusto en conocerte, Arlinne.

Me quedé helada… «¿Varenna? ¿Varenna…? ¿Dónde he escuchado ese nombre antes?» Me sorprendí yo misma al recordar y le dije:

—Espera un momento… ¡Varenna? ¡La antigua líder espiritual del clan de la garra? ¡La pareja de Thorak?— Ella volvió a sonreír y dijo:

—La misma, Arlinne…— Fruncí mi ceño y pasé mi mano por encima de mis armas… Ella dijo:

—Eso no será necesario, Arlinne. Yo ya no soy nadie. Ya no soy la bruja que salió hace más de veinte años del círculo de flores con la única meta, de traer destrucción a tu civilización… Eso acabó hace mucho. Por favor, escúchame.— Penny dijo, sujetándome de mi mano: —¡Espera, Arlinne! Veamos que tiene que decir.— Me tranquilicé un poco, respiré profundo y le dije:

—Está bien, que más da… Estoy segura de que tú tienes mucho que ver en que Lenor viviera hasta el día de hoy. Vamos, soy toda oídos…

Varenna era una mujer sí bien en sus cuarenta, aún muy hermosa… Conservando sus facciones intactas y frescas, tal cual en su juventud. Sus cabellos eran de un color claro como el trigo y su piel morena y tersa. Ojos de un verde profundo y oscuro. Ella dijo:

—Arlinne… Hace mucho tiempo, yo formaba el consejo espiritual de nuestra gente al norte, junto con mi hermana Vellare y mi hermana Vetusta. Y efectivamente, abandoné nuestras tierras con el propósito de traer destrucción a todos ustedes, pero… Algo pasó una vez que estuve de este lado de la muralla…— Le dije:

—¿Y bien, qué es lo que pasó? ¿Tiene algo que ver con el orbe? Dímelo todo…— Ella dijo: —¿Así qué sabes acerca de la existencia del orbe? Que bien… Eso me ahorrará tiempo. El orbe es un artefacto maligno, Arlinne… Puesto en las manos de mi gente, con el único fin de traer el caos. Nosotras en un principio, nos deslumbró su poder y cometimos el error de usarlo, creyendo que era una señal de los espíritus de nuestros ancestros, pero…— Ella se veía triste… Más que triste, desilusionada. Continuó:

—Pero nada más lejano de la realidad. El orbe es un artefacto que sé retro alimenta de la energía vital de todas las cosas que lo rodean y por último, de las propias almas de sus víctimas… No solo eso. Una vez que utilizas su magia, comienza un proceso de dependencia entre el orbe y quien lo usa, que hace cada vez más difícil que puedas dejar de usarlo… ¡Es cómo un demonio, Arlinne! Que se mete poco a poco en tu alma… A cambio de poder, te susurra cosas al oído, que parecen verdades absolutas, te llena tu ego de confianza y cuando te das cuenta de todo, ya es demasiado tarde… Estás convencido de que el orbe te llevará de la mano a lograr todos tus sueños y deseos…— Le dije, con mi cabeza viendo hacia el piso:

—Ya veo…— Ella dijo:

—Aún así… Es cierto que la culpa es nuestra. Jamás debimos acercarnos a él, en su momento. Debimos de destruirlo y de ser imposible para nuestras fuerzas, sellarlo más al norte, bajo el hielo eterno del glaciar más profundo.— Ella respiró profundamente y dijo: —Arlinne… Cuando yo estuve de este lado de la muralla, tuve la fortuna de perder ese vínculo con él. Al parecer mi hermana, Vellare, utilizó su poder para algo más en ese momento y quedé libre de su opresión…

—¡Oh…! ¿Entonces así es como escapaste?— Ella dijo:

—Sí… En aquel entonces, el orbe no tenía ni la mitad del poder que posee ahora y yo estando lejos y su poder en otra obra, fue como pude escapar. Por supuesto no fue fácil… En un principio pensé que moriría sin su poder. Sufrí por mucho tiempo, revolcándome del dolor y desesperación. Estuve a punto de regresar corriendo y tratar de saltar la muralla de ser necesario…— Ella sonrió y agregó:

—Es ahí donde entra mi hermana humana, Lenor… Sí ella no me hubiera encontrado y ayudado a superarlo. Yo seguramente hubiera muerto de hambre o de sed. Por eso estaré eternamente en deuda con ella…— Le dije:

—Entonces… ¿Es cierto que tú tienes algo que ver, con que la reina sobreviviera por tantos años con la maldición del orbe encima?

—Así es, Arlinne… Cuando yo estuve mucho mejor, antes de que el rey muriera y la reina enfermara. Estudie y estudie, la magia que ustedes utilizan… En poco tiempo logré avances sorprendentes. No solo eso, al paso del tiempo, recuperé mi conexión con los espíritus. Cuando el rey fue asesinado y la reina enfermó por la maldición… Yo ya estaba lista para devolverle el favor. Desafortunadamente… Mi poder nunca fue el suficiente para disipar la maldición. ¿Sabes, Arlinne? Esta maldición no es cualquier cosa… Antes de que se sientan sus efectos, es fácil de disipar, pero una vez que el sangrado comienza, es casi imposible detenerla. No me sorprende que la persona que te salvó la vida, haya incluso tenido que cambiar tu sexo… Imagino que fue la única forma que vino a su mente. La reina no tuvo tanta suerte… Yo no soy tan poderosa. Lo único que estuvo a mi alcance, fue anular los síntomas y retrasar lo inevitable… Al final, pasó lo que acabas de presenciar…— Le dije, sorprendida:

—¿Pero… Cómo? ¿Cómo sabes lo que me pasó?— Ella dijo:

—Lo siento, Arlinne… La reina me lo contó todo. No le guardes rencor… Ella hizo todo lo que hizo por muy buenas razones.— «Sí, que importa…» Le dije:

—¡Cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo le compraste a la reina, Varenna?— Ella dijo escuetamente:

—Exactamente… El mismo tiempo que tú, llevas siendo una mujer.— Le dije:

—Ya veo…— «¡Cuánto tuvo que sufrir y aguantar…? ¡No será en vano!» Varenna iba a decir algo, pero un sonido muy peculiar nos interrumpió… «¡Qué es eso? Parece… ¿El llanto de un bebé?» Varenna dijo:

—Denme un momento… Bueno, mejor… ¿Me podrían ayudar un poquito?— Penny y yo, dijimos al unísono:

—¡Claro!— Ella dijo:

—Síganme…

Caminamos por los pasillos oscuros, hasta estar frente a una habitación con la puerta abierta… Ella dijo:

—Acompáñenme…— Así lo hicimos. La habitación parecía estar llena de muebles y ropa viejos, solamente había una cuna en una de sus esquinas… Un bebé lloraba desconsolado. Varenna lo cargó en brazos y dijo:

—Ya, ya, mi niña.— La comenzó a arrullar… Penny sin tacto, dijo:

—¡Qué linda! ¿Es tu hija?— Varenna dijo:

—No, no… No es mía… Es la nieta de su majestad.— «¡Eh? ¡Qué? ¡Nieta? Pensé que la princesa estaba muerta…» Le pregunté:

—¿Pero… Cómo?— Ella me ofreció a la bebé en brazos y dijo:

—Sostenme aquí un momento, Arlinne. Por favor…— «¡Eh? ¡Yo?» Dudé por un momento y le dije:

—¡Pero…!— Ella dijo:

—Estarás bien, solo sostenla suavemente entre tus brazos.— Así lo hice… La acurruqué entre mis brazos y la vi dulcemente, mientras sonreía… Le dije:

—¡Qué linda ranita! ¿Quién es la más hermosa?— La bebé cambió su semblante, haciendo a un lado su llanto, para comenzar a reír… Penny dijo:

—¡Guau, Arlinne! ¡Tienes talento para esto!— Lo ignoré y solo seguimos ahí, sonriéndonos la una a la otra… Varenna regresó con una mamila en sus manos y dijo:

—¡Uf! ¡Qué bien! Vamos a darle de comer, ¿lo quieres intentar, Arlinne?— Penny dijo:

—¡No es justo, yo le quiero dar de comer!— Le dije:

—¡No seas tonta, no es un juguete!— Varenna dijo, mientras la bebé reía y reía:

—Calma, calma… Puedes ayudar a Arlinne. Mientras ella la carga, tú dale el biberón. Así, mira, sostenlo así…— Penny lo hizo… La nena comió y después de que la ayudáramos a sacar el aire, quedó profundamente dormida. La colocamos recostada nuevamente en su cuna y regresamos al laboratorio…

Nuevamente reunidas ahí, le dije:

—Entonces, sí la princesa está muerta… ¿Cómo es posible?— Varenna agachó su cabeza y dijo:

—Lo siento, Arlinne… Es una tragedia dentro de otra. Verás… La princesa estaba enamorada de un hombre que no era un noble. Era un joven trabajador, de clase media… Esto obviamente desquició a todos, excepto a la reina, quien dio su aprobación. Fue un caos, a ningún noble con excepción de un par de ellos, les gustó la idea de que su próximo rey fuera un plebeyo. Eso no es todo, algunos de los que deseaban la corona, incluso pensaban hacerse de la princesa para lograr sus ambiciones de una manera más justificada, pero el destino no es cruel, ni benevolente… Es solo una fuerza que actúa bajo sus propios intereses y la princesa y su amante, consumaron su amor con esta hermosa criatura. La princesa dio a luz a esta hermosa niña, justo en este mismo lugar hace un par de estaciones, poco después de que fuera asesinado el amor de su vida y ella le siguió a los pocos días… Es por eso, que la reina me ordenó ocultar a la pequeña. Arlinne… Nadie se debe de enterar de que en realidad, esta nena es la última y legitima heredera… ¡La última princesa de Kharsten!

Tapé mi boca de la impresión… «¡Qué horrible…! Esta nena tan inocente y recién nacida… Ya está rodeada de un huracán de ambición. Y sus padres muertos… Por el simple hecho de quererse… ¡No! ¡No más!» Le dije decididamente:

—¡Yo te ayudaré a que nada le pase! Una vez que esté resuelto lo del orbe. Mi prioridad será que la princesa viva y crezca en paz. Sí es necesario, la sacaremos de aquí contigo a escondidas y las ayudaremos a que vivan tranquilamente.— Ella dijo:

—Gracias, Arlinne. Te lo agradezco mucho.— Penny dijo:

—¿Y cómo se llama…? ¿Cómo se llama la bebé…?— Varenna dijo:

—Desafortunadamente, su madre tuvo un parto difícil y apenas se recuperó, la asesinaron… Nunca tuvo tiempo de darle un nombre y sí pensó alguno para ella, yo lo desconozco… Lo lamento…— Le dije:

—Está bien, lo entiendo… ¿Cómo le pusiste?— Ella dijo:

—Arlinne, lo siento… Es una costumbre de nuestra gente, no nombrar a los recién nacidos hasta que cumplan el año de edad, para que sí desgraciadamente mueren, puedan volver a renacer, sin las ataduras que brinda un nombre en una vida anterior…— «¡Oh…! No tiene nombre, aún… Está bien». Les dije:

—Será entonces… Solo la bebé o la princesa, por un tiempo…— Penny dijo:

—Arlinne, pero eso está muy mal… Todos los niños merecen un nombre. ¡Un nombre para que sean únicos! ¿Por qué no, piensas uno? Y se lo ponemos… No es como que alguien te vaya a reclamar por ponerle un nombre feo.— Volteé a ver a Varenna y ella asintió con la cabeza, diciendo:

—Sí. Estaría bien, además… Seguro estará mucho mejor con un nombre humano.— Les dije:

—¡Yo…? ¡Pero…!— Penny dijo:

—¡Sí! Arlinne, ponle nombre.— Pensé por un momento y les dije, decidida:

—Está bien… ¡Se llamará, Linna!— Penny dijo:

—¡Linna…? Suena bien, ¡es lindo!— Les dije, sonriendo:

—Será la princesa, Linna. Bueno… Mejor no decir que es princesa por un tiempo. Solo Linna, estará bien.— Todas estuvimos de acuerdo, pero aún había algunas cosas pendientes… Le dije decididamente a Varenna:

—¡Varenna, dime el nombre del noble que mandó a asesinar a la princesa! Me encargaré de las cosas.— Varenna dijo:

—Su majestad, me pidió que mientras viviera, nadie debería saberlo…— Le dije:

—¿Y bien, cuál es el problema? Ya no está viva…— Varenna sonrió y dijo, como liberando un peso de encima:

—Cierto, Arlinne… Buen punto. Pero por respeto, solo podré darte pistas…— Le dije, sonriendo:

—Está bien, entiendo…— Ella dijo:

—La primera… Es un marqués.— «¡Mmmh! ¡Marqués, eh!» Ella dijo:

—La segunda… Sus tierras se encuentran al este de la capital.— «¡Al este…? Bien». Sonreí y dije:

—Sí, sí… Como que voy entendiendo, ¿algo más?— Ella dijo:

—La tercera… ¡Ehm…! Se apellida Estramberg… ¡Eh! ¡Oops! Esa creo no era pista… ¡Jajaja!— «¡Ah…! ¡Con que esas tenemos, Estramberg? ¡Mmmh! ¡Ah, sí! El bastardo que sacó a Mariel y los niños del orfanato en sus tierras… Esclavista consumado y en general un abusador… ¡Bien, pues creo que es un ganador!» Sonreí amablemente y les dije:

—Bien… Es un ganador, le haremos llegar su premio. Varenna, gracias por todo, estaremos en contacto. Partiremos el día de mañana… Por favor, cuídate mucho y cuida de Linna.— Ella dijo:

—Sí, Arlinne, así lo haré… ¡Oye! Perdón por preguntar, pero… ¿Cómo se encuentra Thorak?— Le dije, sonriendo:

—Bien, muy bien. Está sano y fuertote, además es bastante sabio y muy prudente.— Ella dijo, orgullosa:

—Ya veo… Que gusto. Gracias. Me alegro mucho de haberte conocido y a ti, Puripenialanusa. ¿Eres la hija de Graretos, no es así?— Penny asintió con la cabeza, sonriendo. Varenna agregó:

—Arlinne… Una cosa más. Ten mucho cuidado, el orbe no es cosa de juego. Por favor, sean prudentes. Sé que no es correcto que diga esto, porque te compromete, pero… De ustedes depende no solo la paz, sino el resto de la vida en este mundo. Por favor… ¡Vuélvelo polvo!— Le dije, mientras tomaba sus manos:

—Sip, así será.— Ella dijo, agachando su cabeza:

—Mi hermana, Vellare… Ya es demasiado tarde para ella… ¡Arlinne, por favor! No te pongas en riesgo por su causa, aunque sobreviviera, segura estoy que morirá al ser destruido el orbe… ¡No te detengas, sin importar lo que tengas que hacer, su destino ya está sellado!— Yo también agaché la cabeza y le dije:

—Lo siento… Entiendo. Así lo haré.

Partimos del lugar, de vuelta con los demás… Penny me dijo, antes de llegar:

—Arlinne… Esa niña, pobrecita… Está sola. Toda su familia está muerta, solo le queda Varenna, que cosa tan horrible…— Le dije:

—Sí… Penny, lo sé. Lo mismo pienso. Estoy tratando de llegar a una solución, donde ella pueda crecer feliz, pero no se me ocurre mucho, más que ayudarlas a que nada les pase…— Ella agachó su cabeza y le dije:

—Pero no te preocupes, algo se me ocurrirá… Ahora debemos preocuparnos, porque las cosas nos salgan bien en los siguientes días. ¡El fracaso no es una opción!— Ella dijo:

—¡Sí, tienes razón!— Ambas sonreímos discretamente, mientras nos mirábamos a los ojos y caminábamos de regreso al palacio…

Regresamos al palacio, el ambiente sombrío me recordó mi tristeza… Un par de nobles, además del conde, habían venido al llamado de la reina. No quise volver a entrar a sus aposentos… Camille había ayudado con los ritos necesarios y por fin, se había desocupado. Todos nos reunimos en el pasillo fuera de su habitación. Ray dijo, bajito:

—¿Cómo les fue?— Le dije, en el mismo tono, pero frente a todos:

—Tenemos más información, pero será mejor que la compartamos fuera del palacio, ya se los explicaré mañana.— Todos estuvieron de acuerdo.

Lyndon llegó a nuestro encuentro y dijo:

—Su eminencia, podrían acompañarme… Me gustaría platicar con ustedes.— Lo seguimos hasta la misma habitación, donde nos habíamos reunido con anterioridad… Una vez todos dentro, él dijo:

—La reina será enterrada, pasado mañana… Daremos un espacio de luto, de veinte días para las ceremonias correspondientes y después de eso, daremos inicio a la ceremonia de sucesión. ¿Tengo entendido qué la reina dejó una de las cinco cartas con usted…?— Le dije: —Sí, así es… Pero, lo siento. No podemos esperar aquí veinte días… La reina lo sabía y estuvo de acuerdo. Debemos ir al norte y poner fin, de una vez por todas a todo esto. Entonces, cumpliré mi promesa con su majestad y estaré de vuelta con la carta.— Él dijo: —Bien, entiendo… ¿Cuándo partirán?— Le dije:

—Mañana, antes de mediodía… Me pesa mucho, no estar aquí para despedir a su majestad, pero…— Él dijo:

—Entiendo. Vaya tranquila… Que mejor despedida, que reconfortarla aún con vida en su momento más difícil.— Agaché mi cabeza y le dije:

—Sí…— Él dijo:

—Está bien, ¿necesitarán tropas o recursos?— Le dije:

—No, muchas gracias. Ya tenemos todo lo que necesitamos.— Él dijo:

—Por favor, su eminencia. Permita por lo menos que las tropas de Kharsten los escolten hasta la muralla.— Le dije, sonriendo:

—No será necesario. No te preocupes. Discúlpame, Lyndon. Estoy muy cansada, muchas cosas han pasado el día de hoy… ¿Algo más aún pendiente? ¿Podemos retirarnos?— Él dijo, dudando de sus propias palabras:

—A decir verdad… Sí. ¿Pudiera hablar a solas con su eminencia?— Volteé a ver a los demás y les dije:

—Vayan a descansar, nos veremos mañana antes de mediodía y afinaremos los detalles. Ray discúlpame… ¿Puedes encargarte del lobito? Seguro no ha comido en todo el día, no suele ser desmadroso, pero ya con tanto tiempo encerrado, seguro la está pasando mal. ¿Lo puedes sacar a dar la vuelta también, después de cenar?— Él dijo:

—Claro, Arlinne, despreocúpate. Te veo en un rato.— Le dije:

—Gracias.— Todos salieron de la habitación…

Me senté en una de las sillas al frente de la habitación… Estaba muerta de hambre. «No he comido en todo el día… ¿Qué será lo que me quiere decir…? ¿Y por qué no, con mis compañeros a mi lado? Odio estas intrigas de gobierno y de los nobles… Otra razón por la que siempre prefiero la hostería, pero… ¡Pfff! Supongo que es demasiado tarde para eso, ya estoy metida hasta el cuello en todo esto, incluso tengo la carta de la reina en mi poder».

Tocaron a la puerta de la habitación y Lyndon se apresuró a abrir… Era la servidumbre que traía una charola de plata cubierta. «¡Eh!» Lyndon la recibió y despidió a la servidumbre. Le dije:

—Lyndon… Sí ibas a cenar, pudimos ir al comedor.— Él dijo:

—No, su eminencia. No es para mí, es para usted. No crea que no me he dado cuenta de que usted y lady Penélope, no han comido nada en todo el día.— Sonreí y le dije:

—¿No se te va una, verdad?— Él dijo:

—Así es, su eminencia. Es mi deber, dada mi posición y mis responsabilidades.— Puso la charola en la mesa frente a mí y la destapó… «¡Mmmh! ¡Qué rico!» Le dije:

—Discúlpame, estoy muerta de hambre.— Me sumergí en la comida… Él dijo:

—Está bien, provecho. Hablaremos cuando termine.

Me apresuré a empujarme todo… Estaba muy rico, pero la verdad, quería acabar todo lo más rápido que pudiera para irme a mi camita, platicar un rato con Ray y descansar un poco. Lyndon dijo:

—Más despacio, su eminencia… ¿Sí está masticando todos los bocados, treinta seis veces?— «¡Eh…? ¿Treinta seis?» Le dije:

—¡Qué…? Estaré bien, Lyndon… Terminé.— Terminé de beber ávidamente, el agua de frutas y bajarme la comida que se había quedado atorada… Le dije:

—¡Ah! ¡Qué fresquita! Listo, muchas gracias. ¡Oh, disculpa!— Me volteé a un lado y eructé… «Burp». Le dije:

—Listo, lo siento.— Él desaprobaba con su semblante y dijo:

—Su eminencia, ese comportamiento no es adecuado para una persona de su estatus.— Le dije:

—Ya… Pues no soy noble, ni nada.— Él dijo:

—Pero es usted una hechicera reconocida… Debe de mantener siempre los estándares de etiqueta.— Le dije:

—Dudo mucho esa parte… ¿Reconocida…? ¿Por qué no vas al grano, Lyndon? Disculpa mi grosería, te agradezco mucho la cena y tu preocupación, pero estoy muy cansada y me empieza a cambiar el humor.— Él dijo:

—Entiendo… Seré breve. La razón por la que quería hablar en privado con usted, es…— Se quedó cayado un momento, para decir:

—¿Cuáles son realmente sus intenciones, su eminencia?— Le dije:

—¡Qué…? Pues… No has estado aquí todo el tiempo, sabes cuáles son mis intenciones.— Él dijo:

—Lo sé y así lo creía… Hasta que me enteré, que usted se hace pasar por una persona que no es…— «¡Eh? ¡Pero…!» Le dije:

—¿Qué no soy…? No te entiendo… ¿Por qué no, eres más específico?— «¿De qué está hablando…? ¡Eh! ¡Ah! ¡No…!» Él dijo:

—Disculpe el atrevimiento, su eminencia… Pero de alguna forma me enteré, que usted en realidad no es una dama…— «¡Eh? ¡Cómo?» Me molesté mucho… «¿La reina? ¡Por qué?» Molesta, le dije:

—¡Ah! ¡Así qué era eso…? ¡Bien, pues ya lo sabes, Lyndon! ¡Soy un hombre! Así como me ves, con esta figura, este rostro y esta voz. En realidad nací como un hombre. ¿Algún problema con eso o mi orientación sexual?— Él se quedó en silencio y después de un instante, dijo:

—¿Por qué? ¿Podría explicármelo?— Le dije:

—Lyndon, te lo explicaré y viendo tu actitud y tus preguntas, realmente no espero que lo entiendas… Pero igual lo haré.— «…»

—Cuando era muy joven, toda mi aldea cayó bajo la misma maldición, que mató a su majestad… Por alguna razón, yo sobreviví, pero a costa de mi hombría. El conjuro que usaron para salvarme, me maldijo también… Me salvó de morir ese día, pero me dejó con este cuerpo de por vida…— Él dijo:

—¡Oh! ¡Lo siento…! Entiendo. Una disculpa su eminencia, creí que era otra cosa.— Le dije: —¡Espera, Lyndon! No te confundas… Ya que quieres la verdad, la tendrás toda. Sí lo que querías oír, ¿es qué si soy un transexual o no? La respuesta que buscas es… Sí.— Él abrió sus ojos, sorprendido por mi sinceridad… Continué y le dije:

—Que sí bien, la maldición me cambió mis caracteres sexuales físicamente… La maldición no tuvo nada que ver, con que siempre haya pensado en mí misma como una mujer. Al final del día, encontré la paz. Por fin, podía ser una mujer con esta apariencia, aunque sea de mentira…— Las lágrimas comenzaron a rodar por mis ojos en mi enojo y frustración… Le dije:

—¡Si eso está mal ante tus ojos o los de alguien más! ¡Lo siento, Lyndon! Pero te seré sincera, ¡me vale madres…! ¡Cuáles son mis intenciones? Bueno… Siguen siendo las mismas que ya conoces. Igual entiendo que sí después de saber esto, ya no soy más bienvenida aquí, no hay problema. Cumpliré mi deber, regresaré con la carta de su majestad y después de eso, jamás me volverán a ver en su vida.— Él dijo, nervioso y frustrado:

—No, su eminencia. No malentienda, lo que pasa…— Le dije, interrumpiendo:

—No me importa, Lyndon. Déjalo, no tienes que intentar decirme algo educado… Conozco muy bien a las personas y sé en carne propia, lo intolerantes que pueden ser con este tipo de cosas. Solo te pido de favor, que al menos me respetes por un tiempo y que no le faltes al respeto a mi pareja… Porque si lo haces, entonces sí, la cosa cambiará para mal…— Me puse de pie, enfurecida… Lyndon se había quedado en silencio, cabizbajo. Le dije:

—Bien, buenas noches, canciller. Estoy muy cansada o… Cansado. Como prefieras.— Él dijo:

—Espere, su eminencia, por favor.— Le dije:

—¿Para qué…? ¿Para qué todo lo que salga de mi boca sea tomado como una treta o una mentira? Solo porque tengo una orientación diferente en mi sexualidad. No, Lyndon. Gracias, buenas noches.— Salí de la habitación…

La cabeza me daba vueltas… «Sabía que no era buena idea venir a palacio… Ahora estoy metida hasta el cuello en toda esta inmundicia. ¿Por qué, Lenor? ¿Por qué contaste mi secreto…? ¿Qué razón tenías para hacerlo…? Creí conocerte y sé que no lo hiciste para que me señalaran, pero entonces… ¿Por qué…?»

Llegué a la habitación… El lobo me recibió dando saltos, solo lo acaricié por unos segundos y me tendí en la cama, aún con ropa. Ray salió del baño y dijo:

—¿Por qué no te pones cómoda de una vez, amor? Luego te quedas dormida con ropa y ahí andas a ciegas en la madrugada, forcejeando por zafártela…— Le dije, aún con mis ojos húmedos:

—Ray, hay muchas cosas que tengo que contarte…— Él se sentó a mi lado y dijo:

—Sí… Pues cuéntame.

Le conté lo que recién había pasado con Lyndon… Él se quedó acariciando su mentón y dijo:

—Ya veo, Arlinne…— Le dije:

—¿Qué piensas?— Él me contestó:

—Arlinne… No creo que te guste lo que te voy a decir…— Me sorprendí por su respuesta y le dije:

—¡Por qué?— Ray dijo:

—Está bien, mira… Tranquilízate y escúchame, ¿si?— Le dije, respirando profundo:

—Está bien, dime.— Él se puso serio y dijo:

—Arlinne, entiendo como te sientes… Obvio es el resultado de la intolerancia que has vivido a lo largo de tu vida, pero… Debes de ser un poco más tolerante tú también. Debes de ser paciente con las personas, no esperes que todos te vayan a entender a la primera… Para la mayoría, esto es algo muy delicado, como un tabú, que va en contra de sus costumbres y sus creencias. Discúlpame que te diga esto, pero el tema es bastante delicado para ti también… En cuanto sientes aunque sea una pizca de rechazo, te pones automáticamente a la defensiva…— Agaché mi cabeza y le dije:

—Lo siento… Pobrecito, Lyndon. Al final, ya ni lo dejé hablar…— Él me acarició mi cabeza y dijo:

—Amor, en estas cosas no hay víctimas, ni victimarios. Tú eres como eres y punto. El que lo entienda, está bien y el que no, también. Nuestro amor no depende de terceros… ¡Ah! Y por otra parte… No te preocupes por lo que me vayan a decir. No soy manco, Arlinne. Sé bien, quien y lo que soy. Tranquila. Dudo mucho, que alguna persona es su sano juicio, quiera tener un problema conmigo por ese tema y mucho menos contigo… ¡Jajaja!— Le dije, abrazándolo:

—Soy una fea persona… También soy intolerante.— Me dijo:

—Yo no diría intolerante… Tal vez, un poco sensible al tema, eso es todo. ¿Por qué no, el día de mañana, te disculpas con Lyndon por tu actitud?— Le dije:

—Si, eso haré… Pero no debo de esperar a mañana.— Me puse de pie de un salto y le dije: —Ya vuelvo, aún hay más cosas que debo de contarte. Ya sentí feo por Lyndon, después de todo, parte de su trabajo es ser chismoso.

Salí de la habitación e instintivamente, me dirigí a las habitaciones de la reina… «Debe de andar por aquí… Pobre, seguro él trabajará toda la noche, entre recibir y atender a los nobles, así como hacerse cargo de todo, lo de la reina y sus asuntos de gobierno…»

Llegué hasta el pasillo y efectivamente, ahí estaba… Dando instrucciones a la servidumbre. Espere por ahí, haciéndome mensa… No tardó mucho tiempo en lo que despidió a la gente con comandos y se acercó a mí… Me dijo:

—¿Su eminencia, necesita algo? Creí que estaría descansando…— Le dije:

—Sí, Lyndon. Verás… Lo siento mucho, discúlpame. Me alteré demasiado hace rato. Es solo que… Siempre ha sido un tema delicado para mí…— Él dijo:

—No tiene por qué disculparse, su eminencia. Mi forma de preguntar, tampoco fue la más adecuada. Disculpe, pero es mi obligación estar al tanto de todo. Incluidas cosas como esas… Lamento haber invadido su intimidad. Por otra parte, no puedo decir que la apruebo o que la entiendo, pero sí la admiro y la respeto por su convicción. No será mortificada por mi parte, nuevamente por ese asunto.— Le dije:

—Lyndon, gracias… La verdad, en ese aspecto solo quiero estar tranquila, sabes. Disculpa, que te pregunte esto, pero… No lo puedo sacar de mi mente…— Lyndon me vio a la cara y dijo:

—¿Sí, su eminencia?— Le pregunté:

—¿Qué razones tendría la reina para contarte algo cómo eso…?— Él se quedó pensando y dijo:

—Discúlpeme su eminencia… Desafortunadamente, sé la respuesta que busca, pero no se la puedo decir por el momento… La reina era una persona extremadamente inteligente e intrincada en sus designios. Nunca he conocido a otra persona de su edad con tal sabiduría… Solo le ruego, que confíe en ella.— «¡Pfff! ¿Qué se traía entre manos?» Él dijo:

—Su eminencia… Lo único que le puedo adelantar, es que no fui la única persona que fue puesta al tanto de dicha situación…— «¡Eh? ¡Qué?» Le dije:

—¡Qué? ¡Quién más lo sabe?— Él dijo:

—Lo lamento, tampoco se lo puedo decir… Solo puedo decirle, que por lo menos, son las mismas personas que tienen una carta como usted, para la ceremonia de sucesión.— «¡Pfff! ¿En qué lío me metí?» Le dije, desanimada:

—¿Qué clase de prueba, me quiso poner la reina…? Para hacer algo como eso…— Él sonrió y dijo, convencido:

—No su eminencia… Dudo que la prueba sea para usted. Más bien, es para todos los demás…— «¡Eh?» Él agregó:

—Puede usted estar tranquila. Todos juraron que no revelarían su secreto y que con la única persona que hablarían sobre ello, seria con usted en persona.— «¡Qué? ¿De qué va todo esto? ¿Es como una prueba de la reina, para ver en quien confiar…? Aunque no le veo mucho sentido, sí ella ya está muerta, pero… Es lo único que me viene a la mente…»

Me quedé hundida en mis pensamientos… Lyndon estaba a punto de decirme algo más, pero… El fuerte ruido de una campana, nos interrumpió. Lyndon se quedó sorprendido y yo me quedé pensando… «¿Es un reloj…? Jamás lo había escuchado sonar ninguna de las noches anteriores…» Le dije a Lyndon:

—¿Qué pasa? ¿De qué van esas campanadas?— Él dijo, muy serio:

—Es una alarma, su eminencia…— Un hombre llegó corriendo las escaleras, exhausto de subirlas lo más rápido que pudo en armadura… Se paró un par de segundos para recuperar su aliento y dijo:

—¡Canciller, es una emergencia! ¡Nos atacan! ¡La capital está sitiada al norte!— «¡Eh?» Lyndon dijo enérgicamente:

—¡Explícate! ¡Quién es el responsable?— El hombre dijo:

—No estamos seguros aún, pero parece ser que la artillería de Estramberg, está con ellos…— Lyndon dijo:

—¡Maldito traidor! ¡No pudo ni siquiera esperar a que sepultáramos a la reina? ¡Avise al comandante Metrios!— El soldado dijo:

—El comandante espera sus órdenes, canciller.— Lyndon dijo:

—Muy bien… ¡Estaré ahí enseguida! Con su permiso, su eminencia…— Le dije:

—¡Qué? ¿Crees qué nosotros nos quedaremos con los brazos cruzados? ¡Ya verán!— Me di la vuelta y comencé a correr de regreso para avisar a los demás…

Todos estaban asomándose fuera de sus habitaciones por el escándalo que ya llenaba el lugar… Grand me preguntó, al paso que yo llegaba corriendo:

—¿Arlinne, qué pasa? ¿Hay problemas?— Le dije:

—¡Sí, prepárense! Atacan la capital…— Entré a mi cuarto… Ray emparejó la puerta tras de mí. Él ya estaba vestido por completo con su equipo de batalla… Le dije, mientras tomaba mis espadas y mi bolso:

—¡Listo, amor?— Él me dijo:

—Sí, pero tú no… Ven aquí.— «¡Eh…?» Me comenzó a poner mi sobreveste y mi equipo de protección… Le dije:

—Espera, no hay tiempo…— Él dijo:

—Siempre hay tiempo. Ahora, coopera, por favor, para que sea más rápido.— Me dejé llevar… Metí mi cabeza, alcé mis brazos y me giré a los lados. En unos cuantos segundos, Ray ya ajustaba las correas e incluso le dio tiempo de volver a acomodar mi cabello y mis flecos en su lugar. Dijo:

—Listo, quedaste muy linda.— Le di un beso y le dije:

—Cuídate mucho, amor. Parece ser que es el traidor que asesinó a la princesa… Ya está aquí con sus tropas…— Él me dijo:

—Sí, amor. Está bien, por favor, sé prudente…— Le dije, mientras salía por la puerta:

—Tan prudente como pueda, amor…

Corrimos por las almenaras que daban a las escaleras, rumbo al bastión a un lado del castillo. Cruzamos el enrejado de la torre y una extraña sensación me asaltó… «¡Estramberg! Todavía no lo conozco y ya lo odio con todo mi ser… ¿Cómo puede haber personas como él? ¿Qué no es suficiente todas las riquezas qué poseen? Son capaces de cualquier cosa con tal de seguir su ambición sin límites… ¡Es hora de ponerle un alto a su ambición!» Salí de mis pensamientos repentinamente, cuando Penny que iba corriendo delante de nosotros, se paró de súbito… Sin decir palabra, me empujó fuertemente a los brazos de Ray y solamente dijo:

—¡Ray, Atento!— Un par de saetas, iban directamente a mi antigua posición… Penny se adelantó corriendo como sí nada y las derribó al vuelo…

Penny salió saltando como una gata y en un segundo mis compañeros, me rodearon… Todos me defendían de diferentes posiciones, Yo aún estaba un poco confundida… «¡Eh…? ¡Ah…!» Entendiendo de que se trataba, desenfundé mis espadas y me abrí paso entre Ray y Grand, pero ya era demasiado tarde… Penny se había encargado de mis agresores como una furia…

El primero de ellos, cayó de la torre por la que veníamos, degollado… Desparramando su sangre en el piso tras de nosotros. El siguiente intentó escapar, pero en un segundo, Penny estaba tras de él, apuñalándolo con vehemencia… Un tercero se disponía a descolgarse del muro para darse a la fuga, pero… Penny al clavar por última vez sus dagas en el segundo, lo pateó hacia adelante, desencajó sus dagas de su torso y se las arrojó al tercero… Acertando con maestría en su ojo derecho y su cuello… El cuerpo inerte del desgraciado se fue en caída libre hacia el piso…

Volteé en todas direcciones, con Ray y Grand a mi lado… Les dije, un poco temerosa:

—¿Son todos…?— Grand estalló en carcajadas y dijo:

—¡Jajajaja! Arlinne… Aunque quedé alguno, dudo mucho que tenga ganas de salir después de lo que acaba de presenciar… ¡Jajaja!

Penny regresó a nuestro lado tranquilamente, después de ir a recoger sus dagas. Las limpiaba, para después arreglar un poco su cabello… Le dije a Penny:

—Gracias, Penny… ¿Son todos?— Ella volvió su rostro hacia mí con una sonrisa y dijo:

—Sí, son todos.— Mis emociones me vencieron y corrí a abrazarla…

—¡Gracias, Penny! Te agradezco mucho…— Ella dijo:

—¡Pues sí! ¡Eres una mensa…! Sales corriendo como sí te anduviera del baño…— Le di algunos besos en su mejilla repetidamente…

—Gracias, gracias, gracias.— Ella dijo:

—¡Ya mensa, me estás babeando…! ¿Qué no se supone que esa es mi responsabilidad…?

No tienes nada que agradecer…— Se quedó pensativa y agregó bajito, para que solo

yo pudiera escucharla…

—Mientras yo esté viva y cerca, nunca dejaré que nadie te ponga la mano encima por sorpresa… ¡Te quiero…!— «¡Penny…!» «…» «Yo también te quiero…»

Volteé un poco sonrojada, disimulando mi estado con el estupor que causó el encuentro con mis atacantes… Les dije:

—¡Bien, vamos! ¡Tenemos muchas cosas importantes que atender!

Bajábamos las escaleras apresuradamente… Olvidando por el momento, mi intento de asesinato, Les dije:

—Parece ser que tienen armas de asedio… Lo primero que haremos, será ayudar a la gente a refugiarse, después, nos las ingeniaremos para llegar hasta esas máquinas y volverlas astillas. ¡Una vez hecho eso, el marqués es mío!— Todos me voltearon a ver… Ray dijo: —Arlinne…— Le dije, interrumpiéndolo:

—Sí, lo sé… Seré prudente. Por favor, cuídense mucho.

Llegamos hasta donde estaban destacadas las tropas del comandante Metrios, en sus barracas a un lado del palacio. Me acerqué a Lyndon y el comandante, que leían algo y planeaban la defensa. El comandante se me quedó viendo de una forma muy diferente, a cuando estuvimos con él y con la reina… Lyndon le hizo un gesto con la cabeza y el comandante me extendió un papel… «¿Qué es esto? ¿Una carta?» La comencé a leer… «¡Eh!» Dije, sin pensar:

—¡Bastardo! ¡Jajajaja! ¡Quién se cree este pendejo?— A resumidas cuentas… Era la orden de rendición de las fuerzas de Kharsten, ante su nuevo rey, Elliot de Estramberg. En ella exigía, junto con la rendición absoluta, la cabeza de Lyndon y la del conde de Berios en una charola de plata…— Les dije, regresando la carta al comandante:

—¡Jajaja! ¡Bien! ¡Así qué esas tenemos? Me ha ahorrado la fatiga de ir y sacarlo de su nido de ratas.— Les dije, sin pensar y como sí diera una orden:

—¿Podrían ganarnos algo de tiempo en lo que ayudamos a la gente a evacuar? ¿Sí hay refugios verdad?— Lyndon dijo:

—Sí, su eminencia. Fueron construidos con premura, ya hace muchos años por la amenaza al norte.— Le dije:

—Bien. Una vez que hayamos hecho eso, nos encargaremos de las armas de asedio… ¡Después de eso, ya me veré con el marqués en persona! ¿Tenemos armas de asedio, Lyndon?— Lyndon volteó a ver al comandante, el cual dijo:

—Sí, su eminencia. Están siendo preparadas en este momento, no debería de tardar mucho para que todas estén listas.— Le dije nuevamente y sin pensar, como sí le diera una orden: —¡Por favor, que concentren su fuego en alcanzar las propias armas del enemigo! La prioridad es salvar la mayor cantidad de vidas posible.— El comandante volteó a ver a Lyndon con sorpresa e incredulidad… Lyndon dijo:

—¿Y bien, qué espera comandante? Ya escuchó a su eminencia… Que las tropas hagan tiempo con simples escaramuzas, mientras nuestro arsenal dispara al asedio del enemigo.— El comandante se cuadró y dijo:

—¡A sus órdenes!— Y salió de regreso con sus tropas. Le dije a Lyndon:

—Refúgiate, por favor, Lyndon. Maneja las cosas desde aquí… Antes del amanecer, todo habrá terminado.— Él dijo:

—Su eminencia, pero…— Yo ya había salido corriendo con los demás, solo volteé y le dirigí una sonrisa…

Salimos corriendo rumbo a la ciudad… Un puñado de soldados, nos acompañaba para indicarnos el lugar de los refugios. Saliendo del palacio, nos encontramos al conde de Berios, que venía corriendo, listo para la batalla. Se detuvo frente a nosotros y dijo:

—Su eminencia, buenas noches. Mis mensajeros, ya corren a todo lo que dan sus monturas… A más tardar, mis tropas comenzarán a llegar por la mañana.— Le dije amablemente: —Gracias, conde. Esperemos que no sean necesarias. Vamos a ayudar a la gente a evacuar y después iremos al campo de batalla…— Él dijo, poniéndose en marcha:

—¿Y bien, qué esperamos? ¡Vamos!— «¡Eh…? ¿Piensa arriesgar su trasero por la gente?» Se me suavizó el alma… Volteé a ver a Penny, quien lo veía ilusionada. Discretamente, se pasó del lado en que él venía. Le contesté, también poniéndonos en marcha:

—¡Sí, vamos!— Cuando terminaron mis palabras… Tres explosiones, golpearon la ciudad y el castillo. Oímos los gritos de la gente, mientras las casas se venían abajo… El castillo por otra parte, resistió el embate. Les dije:

—¡Apresurémonos, no hay tiempo que perder!

Llegamos a la ciudad… Había mucho que hacer. La gente estaba confundida y asustada. Los soldados se dividieron a diferentes zonas para empezar la evacuación… Con nosotros se quedaron un par de ellos. Instintivamente me dirigí a una de las casas, donde había caído la carga de la catapulta… Estaba en llamas y una niña lloraba… Decía:

—¡Mi abuelo, por favor! ¡Qué alguien ayude a mi abuelo!— Sin pensarlo dos veces, me dirigí hacia el interior en llamas, pero… Un brazo me detuvo. «¡Eh? ¡Ray? ¡No!» Era Penny, que me dijo, apresurada:

—¡Déjame esto a mí! ¡Cuida aquí afuera!— Le dije:

—¡Jajaja! ¿Te quieres lucir, eh?— Ella hizo un gesto con desdén y dijo:

—Nada de eso… Tú estás muy gorda. No quiero que vayas a quedar atrapada debajo de una viga en llamas, ya vuelvo…— «¡Gorda? ¡Ajá!» Se coló como una sombra entre las lenguas ardientes… Me agaché con la pequeña y le dije, sonriendo:

—Tranquila. En seguida, sacarán a tu abuelo, pero debes de ser fuerte, puede que esté lastimado…— Ella asintió, apretando las manos contra su pecho.

Grand se quedó parado cerca, por sí necesitábamos su fuerza. Lianne y Ray, comenzaron a guiar al resto de la gente con los soldados, hacia los refugios, mientras Camille, comenzaba a sanar a las personas que habían logrado escapar con vida, pero habían quedado lastimados. El conde solo se quedó parado frente a la casa en llamas… Preocupado y sorprendido por Penny. Me dijo:

—¡Su eminencia, lady Penélope, estará bien?— Le dije, riendo:

—¡Jajaja! Claro. Es como un gato, no te preocupes.

Penny salió de entre las llamas con el hombre en brazos, lo depositó en el piso, mientras la trabe principal de la casa se hacía pedazos, precipitándose hacia el piso. Le dije:

—¡Uff! ¡Justo a tiempo! ¡Bien hecho, Penny!— El hombre de tal vez unos sesenta años, recuperaba el conocimiento… Camille se acercó corriendo hacia él y lo comenzó a sanar… Le dije a la niña:

—Lo ves, todo va a estar bien. Tranquila.— El hombre se recuperó de sus contusiones y dijo:

—¡Muchas gracias! ¡Les debo mi vida…!— Camille dijo:

—No se preocupe por nada. Descanse un poco. Penny fue quien lo rescato. Una vez que se sienta un poco mejor, por favor, vaya a un refugio y resguárdense. Todo estará bien en un rato.— Él se puso de pie, tomó de la mano a Penny y dijo:

—¡Muchas gracias, señorita! Mi nombre es Matías.— Penny se apenó e iba a responder, pero Ray gritó:

—¡Cuidado, Arlinne! ¡Vienen otras cargas!— «¡Eh!»

Alcancé a reaccionar, volteé al cielo… Tres orbes llameantes, venían en nuestra dirección. La gente se quedó parada, asustada, viendo lentamente el que podía ser su final, pero… Eso no lo permitiría. Canalicé mi conjuro y como sí la noche susurrara mi nombre y pusiera las imágenes en mi mente, alcé mi barrera… Un halo de oscuridad comenzó a rodear el lugar, cubriendo las calles de esquina a esquina. El domo se formaba como sí tomara prestada la oscuridad de los alrededores… Las piedras chocaron contra mi barrera y se volvieron añicos al contacto… Los restos caían deslizándose por el domo, dando la impresión, que eran chispas que se habían desprendido de fuegos artificiales…

Todos se quedaron sorprendidos a mi alrededor… La gente comenzó a agradecer y de pronto a aplaudir… El hombre mayor dijo:

—¡Increíble! Tú debes de ser Arlinne de Veranda, la hechicera.— «¡Eh? ¿Me conoce?» Le dije, sorprendida:

—¡Yo…!— Él dijo:

—Ahora lo entiendo todo… Su majestad me habló de usted. Mi nombre es Matías Danier, líder de la cámara de los comunes. Un placer, su eminencia.— Volteé a todos lados, apenada… La gente desbordaba alegría y agradecimiento. Les dije, volviendo en mí:

—Se los agradezco mucho a todos por su confianza, pero… ¡No hay tiempo para esto, no tienen nada que agradecer! ¡Por favor, apresúrense y vayan al refugio! Todo esto pasará pronto… ¡El reino los necesita a todos con vida!— Como sí hubieran recibido una orden, se movieron rápidamente en la dirección que indicaba el guardia… El anciano se detuvo por un momento y dijo:

—Ya nos volveremos a ver muy pronto, su eminencia. Tenga cuidado.

Seguimos pasando por las calles… Los estruendos de la artillería de Kharsten, ya retumbaban en la muralla. Después de un rato, por fin, la mayoría de la gente se había puesto a salvo. Les dije:

—Bien, aquí está hecho. Aún queda gente, pero poco a poco, ya están avanzando a los refugios. ¡Vamos a la muralla! ¡Es hora de qué comience la función!

Llegamos hasta la muralla… Los defensores del interior, descolgaron el puente para que pudiéramos salir. Acaricié al lobo y le dije al conde:

—Conde, a partir de aquí será muy peligroso. Me sentiría más tranquila, sí se quedara por aquí.— El conde dijo:

—Lo siento, su eminencia. No soy ajeno a guiar mis tropas en el campo de batalla.— Le dije:

—Está bien… Penny, por favor. Échale un ojo de vez en vez.— Penny asintió gustosa…

Vimos a nuestro alrededor… Eran demasiados los atacantes. Legiones de caballeros e infantería, se paraban a unos quinientos metros de la capital. Les dije:

—Tenemos que encontrar una forma de acercarnos y destruir las catapultas…— Le pregunté a Lianne:

—¿Lianne, qué tan cerca necesitaremos estar para que las alcancen nuestros conjuros?— Ella dijo:

—Pues… Nunca he experimentado con el rango máximo, pero yo diría que por lo menos, unos cincuenta metros…— «¡Pfff!» Les dije:

—Necesitaremos entrar…— El capitán Metrios se acercó a mí y dijo:

—Son demasiados, pero… Sí lo que necesitan es una apertura, puedo ir al frente con las tropas. Mandaré al frente la infantería y los caballeros a los flancos.— Le dije:

—Está bien, no creo que haya otra forma… Cuando estén listos.

Nos preparábamos… Me molestaba el hecho de que seguramente se sacrificarían muchas vidas en la maniobra, pero no había opción. El comandante dio la señal y comenzamos a avanzar… Los atacantes se quedaron sorprendidos por el atrevimiento y comenzaron a lanzar una lluvia de flechas sobre nosotros a manera de advertencia. Me preparaba a levantar mi barrera, pero Camille dijo:

—No, Arlinne… Consérvate. Estas flechas son mías.— Canalizó un conjuro y un fuerte viento luminoso, comenzó a soplar a nuestro alrededor…

Los misiles arqueaban en el cielo y se dirigían hacia nosotros, pero los vientos de Camille, los comenzaron a desviar… Empujando y entorpeciendo, logrando que perdieran su momento, cayendo simplemente al piso como pequeñas ramas secas que caen de un árbol.

Seguimos adelante… Esta vez fue el turno de las catapultas. Vimos alzarse los orbes en llamas por el aire en nuestra dirección… Canalicé mi barrera de oscuridad y nuevamente, chocaron contra ella haciéndose añicos.

Los atacantes comenzaron a dudar… Ya estábamos cerca de ellos, pero aún así, sería una masacre. Nos superaban en número, por mucho… Tal vez, diez a uno.

Había llegado el momento… Estábamos a escasos doscientos metros y los atacantes ya nos esperaban con largas picas y escudos. El comandante me dijo:

—¡Cuando usted diga, su eminencia…!— Le dije a Lianne:

—Hermana… ¿Puedes iluminar el campo de batalla? En especial las catapultas y su retaguardia…— Ella dijo:

—Sí, renacuajo, pero necesito estar un poco más cerca…— Le dije:

—Sí… Lo siento, entiendo…— Volteé a ver al comandante y me preparé para dar la orden…

Cuando las palabras iban a salir de mi boca, me interrumpió el profundo sonido de un cuerno de batalla y tambores… «¡Eh?» Volteamos todos a ver, eran… ¡Eran los incursores virzuk! Se acercaban montados en caballos y lobos de batalla por nuestro flanco izquierdo. Un emisario se dirigía hacia nosotros… Las tropas leales al marqués observaban confundidas. Les dije:

—¡Alto, no ataquen a los virzuk, son nuestros aliados!— Todas las tropas de Metrios se confundieron también… El emisario llegó hasta nosotros, era Thorak. Dijo:

—¡Arlinne, estamos aquí! ¡Listos a tu comando!— Le dije:

—¡Pero, cómo…?— Él dijo:

—¿No pensarías, qué solo te esperaríamos ahí, sentados en el campamento, en lo que tú hacías todo el trabajo…? Hemos estado cerca de la zona por días. Salimos con todos nuestros guerreros, dos lunas después de que te marchaste.— Respiré profundo y le dije:

—¡Gracias! ¡Por favor, comandante! Los virzuks son nuestros aliados en esta batalla, tengan eso en mente.— El comandante asintió sorprendido y gritó a sus tropas:

—¡Hombres leales a la reina Lenor II, la gente del norte es nuestra aliada el día de hoy, acabemos juntos con el traidor! ¡Por la paz de nuestra nación y la paz con nuestros vecinos!— Vaya que el comandante sabía como enardecer a sus tropas… En un momento, todos vitoreaban a la reina en paz descanse, a los virzuk y a mí.— Alcé la mano para pedir un poquito de orden… Volteé a ver a Lianne y ella, sonriendo asintió… Les dije, lo más fuerte que pude:

—¡Por favor, cuídense mucho! No olviden que sus familias y amigos, los esperan de vuelta… ¡Siempre he pensado que vivir en paz, es la mejor forma de crecer todos juntos y progresar! ¡Desafortunadamente, también he aprendido, qué sí la gente buena como ustedes, no hace nada por poner limites a las personas sin escrúpulos, estos siempre van a comenzar a abusar! ¡Por favor! ¡Ayúdenme a ponerle un límite al traidor para que todos podamos regresar a descansar!— Todos se quedaron sorprendidos por mis palabras, mientras se veían los unos a los otros, dándome la razón… Lianne canalizó su conjuro y frente a nosotros, comenzaron a emerger los huesudos brazos cubiertos por guanteletes desde las entrañas de la tierra… Las tropas del marqués estaban en desorden por la confusión y la impresión de todo lo que pasaba a su alrededor…

Una luz brillante y amarillenta, voló hasta nosotros y Canciller, emergió de la noche. Dijo con voz persuasiva:

—Buenas noches, sus eminencias… Así que el traidor de Estramberg, por fin se quitó su máscara. ¡Qué placer asistir a esta batalla! Buenas noches, Stan… Tanto tiempo sin verte.— El comandante tenía su boca abierta con su quijada desencajada y apenas atinó a decir: —¡Reon? ¡Eres tú…? ¿Pero, cómo?— Canciller rio y dijo:

—¡Jajaja! Muchas cosas han pasado, como te puedes dar cuenta… Pero eso no importa ahora, ya te pondré al corriente después. ¡Ahora extirpemos este tumor de las tierras de Kharsten, de una vez por todas!— El comandante asintió y Canciller dijo a los esqueletos: —¡Caballeros de la muralla! ¡Nuestros aliados leales a la reina Lenor, nos necesitan! ¡Prepárense!— Los esqueletos se pusieron en posición y comenzaron a avanzar hacia el frente, inmutables ante nuestros enemigos…

Volteé a ver a Thorak, asintiendo y él silbó con fuerza… Los tambores de batalla comenzaron a sonar embravecidos y los incursores virzuk, se lanzaron al ataque por el flanco derecho de las tropas del marqués, al mismo tiempo, di la orden y los embestimos de frente…

Comenzamos a avanzar rápidamente, todos nuestros aliados estaban enardecidos, como una ola furiosa, que choca contra una desvencijada choza de palma. Antes de hacer contacto, les dije a mis compañeros:

—¡Cuídense mucho! ¡Voy adelante, voy por esas máquinas!— Y con el impulso de mi carrera, subí de un salto al lomo del lobo… Con una mano saqué mi espada y con la otra me sujeté de su pelo. El lobo corrió velozmente y a mi comando, saltó sobre la muralla humana… Le dije:

—¡Bien, lobito, así! ¡Vamos por esas porquerías!

No me interesaba matar a los soldados enemigos… Solo me quitaba a tajos, a uno que otro pobre desgraciado, que intentaba ponerse en mi camino. Comencé a buscar a mi alrededor… La luz mágica de Lianne, por fin, iluminaba todo el lugar… «¡Ahí están!» Soldados enemigos operaban las máquinas y otros tantos las custodiaban… Como pude canalicé mi conjuro de salto y antes de llegar frente a ellas, salté de mi montura… El lobo se abalanzó sobre los custodios y yo, en el aire canalicé mi conjuro de cadena de relámpagos. Golpeé a los de enfrente, que cayeron al piso fulminados…

Hice contacto con el piso y corrí hacia las máquinas… Un mar de emociones, chocaba contra las paredes de mi corazón… «No debo dejar que la ira me domine… Debo de estar serena, tranquila y siempre alerta…» El primero se puso en mi camino… Simplemente seguí corriendo y lo rebané por los costados al momento que pasaba a un lado suyo… Ni una emoción en mi rostro. Llegué ante la primera máquina… El segundo, intentó detenerme con una pesada maza de batalla… «Pero algo así es demasiado lento para golpearme, sí no estoy fuera de balance o de plano, dormida». Esquivé su burdo ataque, tan solo agachando mi cuerpo y lo empalé por el torso con mis espadas desde abajo… Me bañé de su sangre. Serena, aún con las espadas en su interior, canalicé mi conjuro de arma mágica… Mis espadas y todas las armas de mis aliados alrededor, estallaron en llamas. El cuerpo llameante, aún se retorcía en agonía… De una patada lo zafé de mis filos y comencé a golpear la catapulta, en sus cuerdas y partes mecánicas…

La estructura se desquebrajó en llamas. El resto de los hombres del marqués, comenzaron a comprender la situación y un puñado de ellos, salieron corriendo despavoridos. Les dije tranquilamente al resto:

—Deberían marcharse también… No les recomiendo quedarse aquí, no al menos si quieren seguir vivos al amanecer.— Dudaron y un par más, salió por pies… El resto conservó su posición. Les dije, sonriendo:

—¡Bien, se los advertí…!— Canalicé mi conjuro de pilar de llamas… Ya lo dominaba plenamente y antes de que siquiera pudieran intentar atacar e interrumpirme, las llamas los bañaron, junto con otro par de catapultas. Esta vez el sonido silbante de las llamas al descender desde los cielos, se escuchó al mismo tiempo, que el fuego los convertía en cenizas. Un par sobrevivió… Uno cayó rendido, tembloroso al suelo. El otro soltó sus armas y salió volando y gritando:

—¡Sálvese el que pueda! ¡La magia de los defensores de Kharsten es demasiado poderosa!— Sentí una mirada en mi espalda…

Volteé rápidamente… Mis compañeros hacían pedazos las tropas del marqués. Ray y Grand, por sí mismos eran más que suficientes para causar conmoción, sí a eso le agregamos la magia ofensiva de Camille y Lianne, más los ataques furtivos de Penny, que solo hacían caer a los soldados enemigos como sí fuera una peste silenciosa, que les arrancaba la vida en un instante, cuando menos se lo esperaban… «Muy pronto acabará todo esto».

Un par de hombres con armaduras de cadenas y togas, me hicieron frente… «¡Eh? Mmmh Ya veo…» Les dije:

—¿Así qué ustedes, también son hechiceros…? Les haré la misma advertencia. ¡Lárguense ahora que pueden! Estoy bien segura, que ustedes lo hacen por dinero… Los soldados al final del día, lo pueden hacer por lealtad o por obligación, pero… ¡Alguien que conoce y domina la magia, jamás le sería leal a un tirano como este! Así que su única lealtad es a ustedes mismos… ¿Qué me dicen…? ¿Cuántas monedas vale su vida?— El de la izquierda dijo: —¡Silencio bruja, arde!— Canalizó un conjuro y me lo lanzó a bocajarro… Me apresuré a canalizar mi barrera, pero… «¡Eh…! ¡Jajaja!» Era solo una simple llamarada elemental, además se había tardado una eternidad en conjurarla. «Ya ni yo, en mis peores momentos… ¡Jajaja!» La llamarada simplemente desapareció frente a mi barrera… Les dije un poco burlona:

—¡Jajaja! ¿Y bien…? Sigo esperando… Por el tiempo que tardaste en hacer ese conjuro, creí que invocarías el mismísimo infierno. ¡Jajaja!— Se vieron el uno al otro, sorprendidos después de haber visto mi barrera… Negué con mi cabeza y les dije:

—¡Se acabó, necios!— Ambos conjuraron, esta vez al mismo tiempo… Bostecé, me acomodé el cabello de mis flequillos y canalicé mi conjuro de hielo. Cuando se dieron cuenta de lo que pasaba, era demasiado tarde… Quedaron cristalizados, al igual que la última de las catapultas. Les dije al oído:

—No seré una fea persona y no los remataré, pero… Eso no incluye que cualquier otra cosa les pueda pasar a un par de estatuas de hielo como ustedes, en medio de un campo de batalla. En fin… Sí de casualidad sobreviven, tómenlo como una lección.— Volteé a la catapulta y aún con el efecto de mi conjuro de salto, brinqué y la aplasté en mi descenso… Sonó como sí un estante lleno de copas de cristal, se hubiera venido abajo… «¡Listo, ahora por ese bastardo! Revisaré la retaguardia, seguro ya está pies en polvorosa…»

Subí al lobo y comencé a rodear el terreno enemigo… «¡Pfff! Ni siquiera sé como es el mentado marqués… No importa, algo me dice que sabré reconocerlo». Entonces a la distancia, vi un par de soldados que preparaban y calzaban a una figura en una monta… «¡Bien! ¡Ahí está!» Aceleré y en un segundo, les di alcancé… Volví a saltar de la monta, pero esta vez le caí encima al par de soldados que atendían a la figura. Atravesé la garganta de uno por su espalda, ayudada de mi impulso y de mi peso, al otro lo apuñalé con mi otra mano, casi al mismo tiempo. La figura se tambaleó y cayó de la montura. Recuperé mi balance, apoyando mis rodillas en las costillas de mi primer víctima al tocar el piso. Me puse de pie… El lobo comenzó a ladrar y abofeteé el trasero con mi mano desnuda del caballo, el cual salió corriendo desperdigado… Le dije, apuntándole con mis espadas:

—¡Se acabó!— Indudablemente era el marqués… Fina armadura de placas, ropas lujosas y un muro de medallas en su torso. «¡Jajaja! ¡Cómo sí este bastardo mereciera alguna de ellas!»

El hombre de grueso bigote color plata, dijo asustado:

—¡Quién…! ¡Quién eres tú?— Le dije:

—Eso no tiene la menor importancia… Solamente soy una persona que está harta de la gente como tú.— Él dijo:

—Espera… Lo siento, su eminencia. Tú debes de ser Arlinne… Arlinne de Veranda.— Le dije:

—¿Sorprendido de verme? ¿No esperarías que tus asesinos, de verdad acabarían conmigo? ¿O sí…? Además… Ya te dije que no tiene importancia. Tarde o temprano, alguien además de mí, seguro estaría frente a ti con las mismas intenciones. ¡Preparate, por fin cosecharás lo que has sembrado!— Él dijo, desesperado:

—¡Espera, espera! ¡No cometas un error, aún no es tarde! Para mí, para ti, para los dos, no lo eches a perder, ¡eh…?— Le dije:

—¡Sí…! ¡Jajaja! Esta parte, también ya me tiene harta y aburrida… Todos hacen lo mismo. Vamos… Para que veas que no soy una persona grosera, escucharé lo que me vas a ofrecer, solo piensa con cuidado… No ha habido ni uno solo que se haya acercado siquiera a tentarme con sus ofertas…— Se quedó viendo al piso, apretando su puño contra la tierra y dijo:

—Está bien… ¿Qué te parece esto? Indudablemente eres muy poderosa… ¿Qué te parece…? ¿Qué te parece, el trono de Kharsten…? ¡Podrías ser la reina! Lo único que tendrías que hacer, es perdonar mi vida el día de hoy… Seguirás siendo una heroína ante los ojos de las personas y yo, a cambio, moveré mis influencias para que tengas todo el apoyo necesario para ocupar el trono… Un buen trato, ¿no?— Le dije riendo:

—¡Jajajajaja! La reina… ¡Yo? ¡Eso ha sido lo más estúpido que he escuchado en mucho tiempo! ¡Jajaja!— Él dijo, temeroso:

—¿Por qué no…? Eres una heroína… Te interesa brindar la paz a los reinos, ¿no? Pues es la oportunidad que habías estado esperando… ¿Qué mejor forma de hacer eso, que desde un lugar de poder?— Lo pensé por un momento… «Este bastardo es listo… En realidad tiene razón…» Pero así como vino esa idea a mi mente, también automáticamente la descarté… «¡Jajaja! ¡Qué estupidez! ¡Yo? ¿La reina…? ¡Jajaja!» Le dije:

—¡Sí, ajá! Y luego me mandas asesinar como lo hiciste con la princesa, ¿no? ¡Jajaja! ¡Crees que soy estúpida?— Él dijo:

—No… Por el contrario. No estúpida, demasiado inteligente para tu propio bien… No es la misma cosa.— Le dije, desesperada:

—¡Bien, eso es todo? ¡No quiero ser la reina y menos, sí implica solapar a una plaga como tú! ¡Últimas palabras?— Él comenzó a reír y dijo:

—Ya veo… ¡Jajaja! Al final no somos tan diferentes… Arlinne. Ambos nos deshacemos de las cosas que nos estorban con tal de hacernos de lo que queremos…— Le dije, tranquila: —No te confundas y quieras confundirme de paso… ¡Yo aquí, no soy juez, ni jurado…! ¡Solamente soy el verdugo y con el verdugo, no puedes negociar!— Rebané su cuello sin más…

Por fin, las emociones habían alcanzado mi corazón… «¡Imbécil! Agradece que te fuiste sin dolor… Alguien como tú, solo puede merecer el tormento eterno…» Comencé a llorar en silencio… La lengua del lobo comenzó a lamer mis rodillas… Sin querer me dieron cosquillas. Le dije:

—¡Esperate! No estoy triste… ¡Jijiji! ¡Ya! Está bien… Ya dejé de llorar.— Volteé de regreso al campo de batalla… La batalla había terminado. Los sobrevivientes se habían rendido y unos más, escapado. Thorak y el comandante Metrios, estaban parados justo detrás de mí. «¿Cuánto tiempo llevan ahí…? ¿Observaron toda la escena?» Me apené y les dije:

—¡Oops! Creo que se me resbaló mi espada por su cuello… Comandante, no me vaya a decir algo como que lo querían enjuiciar o algo así, ¿verdad…?— Ambos rieron y el comandante dijo:

—Pues… ¡Jajaja! Ya es demasiado tarde para eso, solo llevemos su cabeza de vuelta, como muestra de su muerte y de lo que pasa a los traidores a la corona.— Comencé a caminar de regreso y el comandante dijo:

—Su eminencia… Espere, por favor. Hay algo que le quiero preguntar en privado…— «¡Eh? ¡No! ¡Otra vez?» Le dije, tratando de sonreír:

—¿De qué se trata…?— Él se vio incómodo por la presencia de Thorak… Le dije:

—No se preocupe, comandante. No tengo secretos para Thorak, él es nuestro aliado incondicional.— «Que más da… Aprovecharé para ver la reacción de Thorak a todo el asunto…» Thorak asintió sonriendo, en respuesta a mi comentario. El comandante dudó por un momento y dijo:

—Su eminencia, disculpe, pero… ¿Es cierto que usted nació como un varón?— Sonreí y le dije, tranquila:

—Sip… ¿Cambia en algo la situación o el valor de mis acciones?— Él se quedó en silencio y Thorak estalló en carcajadas, diciendo:

—¡Jajajaja! ¡No cabe duda, Arlinne, en realidad eres la encarnación del espíritu de la rana!— El comandante y yo, lo volteamos a ver y él explicó:

—Arlinne… La rana comulga con el destino cuando es joven. Sí necesita ser un macho lo es y sí necesita ser una hembra, se transforma. «¡Eh…?» Él agregó, riendo:

—¡Jajaja! Estoy seguro de que tú también has comulgado con el destino y sí siguieras siendo un macho… No habrías logrado nunca lo que él tenía planeado para ti.— «¡Pfff!» Negué con mi cabeza sonriendo y me marché del lugar, dejándolos atrás… «¿Qué clase de mamada es esa…? ¡Jajajaja! ¡Cómo la rana? ¡Jajaja!»

Me reuní con los demás… Camille atendía al conde, parece ser que lo habían herido, pero no de gravedad. Penny se le aferraba a su brazo sano, como un pulpo abraza la roca de un arrecife… «¡Jajaja! Penny…» Las tropas de Metrios, ya escoltaban a los prisioneros a las mazmorras… Les dije:

—¿Cómo están todos? Camille… ¿Cómo está el conde?— El conde dijo:

—Solo Evan, por favor, su eminencia.— Le dije:

—Entonces, deja de llamarme, su eminencia y veo que no estás tan mal, me alegro.— Vi a los demás… Todos se encontraban a salvo. «¡Ufff! ¡Qué bien!» Todos hicieron una mueca, denotando que se encontraban perfectos. Les dije:

—¡Qué bien! Yo creo que pospondremos la salida, un par de días… ¿Camille, necesitas que te ayude con algo?— Camille dijo:

—Desafortunadamente, sí hay heridos, Arlinne, pero… ¿Por qué no, vas a descansar?— Le dije:

—No… Jamás podría hacer algo así. Aunque ganas no me faltan. ¡Jijiji! ¿Con qué te ayudo?— Ella sonrió y dijo:

—Dame un segundo… Enseguida formaremos y atenderemos a los heridos.

Pasé un buen rato con Camille, atendiendo a los soldados. Después de un tiempo, llegaron un par de clérigos, fieles a la corona a ayudarnos. Los ojos se me cerraban del cansancio, había comenzado a amanecer… Por fin, todo estuvo listo. Las bajas habían sido mínimas. Regresamos al castillo, ya preparaban las cosas para el entierro de su majestad y la cabeza del bastardo de Estramberg, estaba en una vitrina de cristal en la plaza frente al palacio.

Me despedí de todos y hablé con Lyndon, acerca de Thorak y sus hombres… No hubo ningún problema en que acamparan a un lado de la muralla de la ciudad. Él tenía un mar de preguntas para mí, pero le dije:

—Lyndon, lo siento, no puedo más… Han sido demasiadas emociones para mí en un solo día. Por favor, no hagan una grosería a los virzuks, ya quiero ir a mi camita.— Él dijo:

—Está bien, su eminencia. Usted perdone, que descanse.— Me despedí de todos y partí hacia mis habitaciones, acompañada de Ray… No sin antes hacer una seña a Camille, para que le echara un ojo a Penny y el conde, Camille solo se encogió de brazos y Lianne que fue testigo, comenzó a reír tapando su boca…

«¡Pfff! Qué más da… Seguro, Penny aprovechará la oportunidad para hacerse con el conde. ¡Bah! Está bien… Como le dije hace un rato, su trasero no está en la prioridad de las cosas que debo de cuidar…» Mientras subía las escaleras, recordé su comentario de la tarde y sin darme cuenta, hablando sola, dije:

—¡Nah? Definitivamente, no quiero a Penny para mí… ¡Qué ocurrencias! ¿O sí…?

«¡No! ¡No! ¡Qué diablos estoy pensando…? Por supuesto, qué no…» Pensé, mientras abría la puerta de mi habitación… «Tiene un lindo trasero y no puedo ni imaginar las caritas de placer que va a hacer en sus primeras veces… Me da la impresión, que sería como una gata en la cama, seguro terminará vuelta una loca… ¡Otra vez? ¡No! ¡Qué estoy pensando! Es mi amiga… ¡Cómo mi hermanita pequeña! Sin mencionar que yo tengo a Ana… ¿De verdad, no tengo llenadero?» Le dije a Ray:

—Amor, lo siento, pero… Creo que necesito refrescarme un poco con agua fría, estoy muy sudada, ya vuelvo…

Me sumergí en el agua helada… «¡Ufff! ¡Qué rico!» Por fin, me empezaron a doler mis articulaciones y mis músculos, por el esfuerzo de hace un rato… «Mejor dejar a Penny por la paz… Pero no ayuda en nada, que sea tan pronta conmigo… ¿Qué se le metió en la cabeza? Igual y lo del conde, me viene bien… Sí el conde hace bien el mandado, eso dejará a Penny satisfecha y estaré en paz». Salí del baño, cerré las cortinas a manera que ni un rayito de sol pasara a la habitación y le dije a Ray, mientras me metía en la cama:

—Amor, lo siento. Tengo muchas cosas que contarte y lo pensaba hacer justo cuando estuviéramos en la cama, pero no puedo más…— Él dijo:

—Claro, peque. No te preocupes, me puedes contar cuando despiertes.— Le dije:

—Aún así, hay algo que quiero que me respondas antes de ir a dormir…

—¿Sí? Dime…— Le dije:

—¿Qué opinas del conde Evan?— Él dijo:

—¿Qué opino, de qué…?— Le dije:

—Pues… ¿Qué tipo de hombre crees que sea? La verdad, como se ven las cosas, lo más probable es que sea el futuro rey de Kharsten… Sin mencionar que se le metió a Penny entre ceja y oreja…— Él se quedó pensando y dijo:

—Pues, Arlinne… Apenas lo conocemos. Los nobles son tramposos e hipócritas, bueno… No solo los nobles, todas las personas. Pero… Creo que es un buen señor, al menos, arriesgarse de esa manera en el campo de batalla, ya habla bastante bien de él. No tenía ninguna necesidad de hacerlo. La reina está muerta, no es como que pudiera verlo para premiarlo o algo así, ¿entiendes a lo que me refiero?— Le dije, asintiendo, ya con los ojos cerrados:

—Sí… Lo mismo pienso…— Ray agregó:

—Ahora… En cuanto a lo de Penny. Pues… Penny tiene derecho a ejercer su amor y su sexualidad con quien le plazca. Yo sé que ustedes la ven como una niña pequeña… Yo nunca le he preguntado su edad, no sé si ustedes lo hayan hecho, pero… Me parece como sí apenas fueras mayor que ella, Arlinne. Tal vez, dieciocho. Yo creo que a esa edad, ya tiene derecho a ejercer y acertar o equivocarse, en cuanto a esas cosas se refiere…— Le dije, abriendo los ojos:

—¡Nah? ¿Tan mayor, la ves…?

—Sí… ¿Me equivoco?— Le dije:

—La verdad, nunca nos ha dicho su edad… Pero a mí me parece, que no tiene más de dieciséis.— Él dijo:

—Pues… Igual. Es más que suficiente, Arlinne.— Suspiré profundamente y le dije:

—Tienes toda la razón… A esa edad, ya debe de ser consciente de que cosas se mete. No debo de estar de entrometida. Gracias, amor. Buenas noches.— Acomodé la almohada, junto al brazo de Ray y me recargué de lado, abrazando su brazo izquierdo y la almohada al mismo tiempo… Él comenzó a reír y dijo:

—Sí, peque… Buenas noches. ¡Jajaja! Dulces sueños.

Me despertó el repicar de las campanas… Me sobresalté y dije:

—¡Otra vez! ¡No! ¡Atacan?— Ray le estaba dando de comer al lobo y dijo:

—¡Jajaja! No, Arlinne. Tranquila. Es la ceremonia para la reina, ¿no quieres ir a despedirla?— Repasé lentamente todo el día de ayer, como si fuera una pesadilla… Tallé mi rostro con mi mano, quitando las lagañas de mis ojos y le dije:

—Sí, pero a solas… Vamos cuando la gente se haya marchado, le llevaré algunas flores.— Él dijo:

—Está bien… ¿Seguirás dormida?

—No lo sé, no quiero levantarme… ¿Qué hora es?

—Quedan, como un par de horas de luz del día… Tal vez, las cinco.— Pensé, perdida… «¡Las cinco…! Tengo hambre…» Me puse de pie y fui al baño… Terminando, me comencé a vestir. Le dije:

—¿Ya comieron?

—Si, Arlinne, lo siento. Hace un par de horas.— Le dije:

—Está bien… Ya comeré algo cuando salgamos por las flores, ¿me acompañas?— Él asintió sonriendo. Le dije:

—Gracias, amor. Por cierto… Te quería decir desde ayer, pero no hubo momento, aunque también, ya no es tan importante…— Él dijo:

—¿Qué pasa?— Le dije:

—¿Sabías… Qué el perro ese, que trajo a sus tropas ayer, fue él que mando a asesinar a la hija de la reina?— Él dijo:

—No… Escuché por Lyndon y el comandante, que era un traidor y de eso no hay duda… Mirá que ni siquiera esperar a que la sepultaran. Quería aprovechar el momento y hacerse del trono en la confusión…— Le dije:

—¡Sí, qué bastardo! Pero en fin… A lo que voy, es que la princesa dejó una niña de brazos…— Ray se me quedó viendo, sorprendido y le conté a detalle, nuestro encuentro con Varenna… Él dijo:

—Que situación tan difícil para la princesa… Aunque llegue un buen rey, de nada le servirá. Nadie querrá heredar a la hija de otro…— Le dije, agachando la cabeza:

—Sí… Así es, es lo que me preocupa…— Él dijo:

—Probablemente, sí se sabe su abolengo, incluso termine muerta…— Le dije, aún cabizbaja: —Lo sé… Por eso me gustaría ayudarla de alguna manera, pero… La verdad, además de locuras, no se me ocurre nada…— Él se quedó pensando y dijo:

—Bien… Pues tus locuras, generalmente nos sacan de apuros, ¿qué propones?— Le dije, sonriendo:

—La verdad, solo es una cosa lo que se me ha ocurrido, pero… Es tan descabellada, que lo he hecho a un lado, porque ni siquiera yo estoy segura de ello…— Él dijo:

—Pues… Comparte…— Le dije:

—¡No, no…! Es que implica algo directamente de ti también y no quiero ganarme un problema por mis pendejadas, mejor dejarlo así…— Él se puso serio y se sentó a mi lado, para decir:

—¿Arlinne, creí que confiabas en mí?

—Sí, lo hago, pero… Está bien… Escucha antes de agarrarme a cachetadas.— Él negó, sonriendo y llevando sus ojos al aire, Respiré profundo y le dije:

—Estaba pensando… ¿Sabes…? Nosotros nunca vamos a poder, tener hijos… Entonces, pensé… Que solo sí tú estabas de acuerdo y completamente conforme con ello, pues… Podríamos criarla como nuestra hija, cuando todo esto termine…— Él se llevó su mano al mentón y comenzó a acariciarlo… Le dije:

—¡Ves…? ¡Es una bobería…! Jejeje…— Él dijo:

—¿Estás consciente de la responsabilidad que algo así implica?— Le dije:

—Sí, más o menos…— Comenzó a reír y dijo:

—¡Jajaja! Arlinne… Nunca pensé que también te llegaría un instinto maternal.— Me molesté y lo golpeé en su brazo… Le dije:

—¡No tonto, no es como que anhele ser madre! ¡Qué clase de estupidez estás pensando?— Él dijo, aún riendo:

—Entonces… ¡Jajaja!— Le dije:

—Es solo… Que me daría mucho gusto cuidar de ella. Al menos así, le sería un poco más fácil encontrar su camino y… ¿Quién sabe? A lo mejor algún día, podría ser la reina de Kharsten.— Él me abrazó y dijo:

—Está bien… Dejame pensarlo con calma y te sugiero que hagas lo mismo. Criar un niño, es una responsabilidad muy grande, sin mencionar que por un tiempo no podrás salir de aventura, ni andar por ahí cazando monstruos.— Le dije:

—Lo sé… Pero igual. A lo mejor a Linna, le agrada la magia y podría intentar enseñarla… ¡Jijiji!— Él dijo:

—¿Linna? ¿Creí qué no tenía nombre?— Le dije:

—¡Oops! Lo siento… Se me olvido decirte, que ya hasta le puse nombre…— Él volvió a negar, sonriendo y dijo:

—Está bien… Vamos a pensarlo con calma, ¿sí?— Asentí sonriendo.

*************************

Contemplaba taciturno desde el otro extremo de la habitación… Iskiel maldecía y hablaba para con ella misma, en voz alta…

—¡Viejo Inútil! Lo sabía desde un principio… ¡Qué clase de obstáculo podrías ser tú para alguien como esa chiquilla…! ¡Te aborrezco, Arlinne!— Lanzó enfurecida hacia el piso algunos trebejos que estaban en la derruida construcción…

—¡No importa! Ese anciano no significaba nada para mis planes, era un títere más, de los que puedo conseguir a manos llenas, cuando llegue el momento… Muy pronto, Arlinne… Muy pronto, ya nada podrás hacer… ¡Jajajaja! ¡El orbe liberará todo su poder acumulado durante todos estos años y solamente quedarás como una mosca atrapada en el fuego de una hoguera! ¡Esa será mi venganza por tu afrenta! ¡Jajaja! Todo por lo que peleas y todo lo que amas, reducido a escombros… ¡Jajajaja! ¡Ojalá, incluso pudieras sobrevivir y verlo con tus propios ojos, antes de morir una muerte horrible y agonizante! ¡Jajajaja!

—El tiempo apremia, debo de asegurarme de que la salvaje no falle en su misión… ¡Y de ser necesario, extinguiré a Arlinne con mis propias manos!

Iskiel abandonó la habitación, azotando la puerta tras de ella… «¿Así qué esas tenemos…?» Una parte de mí dudaba y la otra estaba confiada… Una parte de mí, quería ayudar a Arlinne, encarando a Iskiel en ese mismo momento y enfrentarla a muerte, pero… La otra, ansiaba ver como Arlinne se deshacía de ella por sus propios medios… «Bien… ¡Jajaja…! Siempre he sido un apostador y un jugador incorregible… Solo intervendré, sí es absolutamente necesario…»

Fin del Capítulo 30.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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