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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - Capítulo 4: Capítulo IV: Rivalidad.
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Capítulo 4: Capítulo IV: Rivalidad.

Capítulo 4.

Nos levantamos tarde esa mañana. Ray se lavaba el rostro viendo hacia el espejo, yo hacía todo lo posible por acomodar toda mi ropa, incluidas mis viejas botas en mi bolsa de viaje… Por fin, la cerré con mucho trabajo… «Creo que es hora de comprar una nueva bolsa o una mochila… Estoy segura de que hay un conjuro para crear un pequeño espacio inter dimensional y guardar cosas para invocarlo cuando sea necesario. Debí de haberle dado un poco más de importancia, pero nunca me imaginé tener este problema y menos por cargar tanta ropa femenina».

Nos terminamos de alistar pasado el medio día. Me quedé desayunando algo, un par de huevos revueltos y jugo. En lo que Ray recuperaba de los establos a Tomy y negociaba provisiones con el dueño de la hostería.

Terminé y salí a buscarlo a la calle… Ya estaba ensillando y acomodando las alforjas. Le dije:

—¿Seguro, no quieres desayunar nada?

—No. Tienes razón, estoy comiendo demasiado y llevo varios días sin hacer mucho ejercicio.— «Yo no dije eso».

—¡Jajaja, Tonto! Yo no dije que no debieras comer más, solo dije que yo no podía comer lo mismo que tú.— Él volteó sonriendo.

—¡Jajaja! Lo sé, pero la verdad no tengo hambre, fue demasiado pollo anoche. Traigo algunos bocadillos para el almuerzo, no te preocupes.— Partimos, él sentado adelante y yo atrás, abrazándolo por la espalda.

Llegamos al faro, más o menos al atardecer, se detuvo junto a él. Había una persona peculiar sentada en una roca cercana a la orilla del camino. Él se quedó viendo fijamente a la figura, mientras yo bajaba de Tomy de un salto hacia atrás, ya no tenía ni una sola molestia en el tobillo. Vi que la figura se puso de pie… Era muy alto y saludaba a Ray, agitando la mano. Volteé a ver a Ray y le dije:

—¿Lo conoces…?

—Sí.— Bajó y me dio las riendas de Tomy. Era un hombre joven de más de dos metros de altura, de complexión gruesa, con una armadura y uniforme idéntico al de Ray. «¿Es también un mercenario?»

Caminaron hacia mí de regreso… Parecía aún más grande de cerca, apenas y le llegaba un poco más arriba de su ombligo. Me sentí una enana. Ray dijo:

—Este es mi amigo, Grand Mosier. Grand, ella es Arlinne, mi pareja.— Extendió su enorme mano y dijo:

—Mucho gusto, Arlinne.— Tenía una voz muy amable, como de una persona muy sincera. Le di mi mano y la apretó fuerte con la misma sinceridad de su voz. «Ahora si, pareja… ¿Verdad, cabrón?»

—Mucho gusto…— Ray preguntó:

—Dime, Grand. ¿Qué haces por aquí?

—Espero a una persona que debe de venir a este lugar…

Los dejé platicando y me dirigí hacia el faro, encarando el agua, como el hechicero me había enseñado y mientras me concentraba… La torre empezó a emerger de las aguas, hasta que por fin, yacía imponente a comparación del faro, escurriendo chorros de agua de sus salientes.

Volteé a ver su reacción… Ambos volteaban a ver la inmensa torre con sus rostros descuadrados y bocas abiertas. Regresé por las riendas de Tomy y me dirigí hacia ella. Entonces el enorme hombre me habló:

—Espera… Arlinne. ¿Tú también eres una hechicera?

—¿También…?

—Sabes… Estoy esperando a lady Sylverlin. Supe que tiene que venir a hacer su prueba de hechicería a este lugar y vine hasta aquí para hablar con ella.

—¿Lianne…? ¿Eres su conocido?— Asintió con la cabeza.

—Pues… No sé sí ya esté ella aquí y sí, debe de venir hacia acá también a realizar su prueba. ¿Quieres pasar a esperarla?

—¿Puedo?— Contesté, mientras tomaba de la mano a Ray que seguía asombrado:

—Claro… No veo, por que no.— Los conduje a ambos junto con Tomy por un camino de rocas que iban emergiendo de las aguas.

Caminamos hasta la entrada de la torre, la cual se abrió para nosotros. Les dije en cuanto entramos:

—La torre se va a volver a sumergir, no se sobresalten. No es como que tampoco esté sumergida dentro del agua… Más bien es la forma en que aparece en este lugar… No les recomiendo asomarse por los huecos de las paredes o las ventanas hasta que se acostumbren. ¡Ah! Y traten de no andar solos por aquí las primeras veces, porque además es como un laberinto… Espérenme aquí un momento, voy a dejar a Tomy al establo y regreso con ustedes.

Sin decir más, me metí por una de las puertas con Tomy siguiéndome de sus riendas. Lo dejé donde debía, me aseguré que tuviera bastante agua y comida y lo puse cerca de las otras montas para que no estuviera solo.

—Tomy, es hora de hacer nuevos amigos. Te vendremos a visitar de vez en vez.— Solo asintió relinchando y me regresé por donde vine.

Ambos estaban sentados en las escaleras. Me acerqué y les dije sonriendo:

—Ya regresé… ¿Me extrañaron? Por aquí, síganme.— Empecé a subir las escaleras…

—Sé que parecen interminables, pero el secreto está en contar las puertas que vamos pasando. Todas llevan a diferentes sitios, pero de diferentes formas y después de un rato, los empezarán a llevar a los mismos sitios en los que ya han estado… Por aquí, por esta puerta.— Entramos al pasillo donde estaban las habitaciones, igual sumamente largo.

—De igual forma, sí caminan por este pasillo sin un rumbo en mente, nunca dejaran de caminar… No tiene final. O bueno… No uno que yo haya podido encontrar en el tiempo que he estado aquí.— Los conduje hasta una sala de recepción con estudio y les dije:

—Iré a dejar mi equipo, avisar que estamos aquí y de paso veré si Lianne ya está en casa. Espérenme por favor.— Ambos estaban con la boca abierta.

Era momento de presentarme con mi maestro… Solo pasé a mi antigua habitación a dejar mi equipo… «Lo más probable es que no pueda dormir junto a Ray estos días, más que nada por disciplina… ¡Buuu! Que se le va a hacer». Seguí caminando, mientras pensaba en el enorme sujeto, algo me intrigaba de él… «¿Es el caballero de Lianne…? No creo. No es que lo juzgue por su apariencia, pero… No puedo evitar pensar, que no es el tipo de hombre con el que Lianne podría formar un vínculo… Aunque ahora que lo pienso bien, ni siquiera me puedo imaginar que tipo de hombre sería con el que Lianne pudiera tener un vínculo. Siempre que le preguntaba eso, me daba respuestas vacías».

Llegué hasta el estudio del maestro. Toqué a la puerta…

—¡Maestro, maestro…!— La puerta se abrió por sí misma… Pasé…

—He regresado, maestro… ¿Me extrañó?— Como siempre sumido en sus estudios… Nunca me había pasado por la cabeza que edad tenía, pero se veía bastante viejo, con esa larga barba blanca y esa toga raída de color azul. «Cuando lo pienso con calma… Se parece a los hechiceros de las historias de fantasía. ¿Será su verdadera apariencia?» Le hablé más de cerca, para que me escuchara.

—¡Maestro!

—¡Te oigo Arlinne…! ¡Te oigo desde que saliste de Portos! Dame un minuto, ya casi acabo con esto.— «¡Que es eso…? Como siempre, palabras sin sentido, mezclando la verdad con la exageración o al menos con cosas que no puedo entender». Por fin, se despegó de su libro y volteó a verme…

—Así que has regresado a realizar tu prueba. ¿Traes contigo la prueba de tu valía?

—Sí.— La saqué de entre mis ropas, envuelta en un paño y se la mostré. Él la tomó en su mano alargada y arrugada.

—¡Muy bien, muy bien! Y veo también, que has traído a tu aspirante a caballero… ¿Ya ves? Y tú que pensabas que nunca podrías cumplir con esa parte de la condición… Solo falta esperar por Lianne. Parece ser que ambos aspirantes a caballeros ya se encuentran aquí.— «¿Ambos…? O sea que el sujeto enorme, sí es el aspirante a caballero de Lianne. ¡Vaya! Mmmh. Algo no está bien… Si es así. ¿Por qué él no actúa con un poco más de confianza? Además de la boca del maestro nunca se sabe si es acertijo o realidad… Mejor no meterme en donde no me llaman. Ya tengo suficientes cosas para preocuparme». Pregunté con voz baja:

—Sí, Lianne no viene. ¿No podré hacer mi prueba…?

—Vendrá… Y la necesitas, porque debes enfrentarte a ella para de verdad crecer.— «¡Pfff…!» Lo sabía de antemano, pero al escucharlo sentí como sí mi alma se me fuera a los pies. «¡Me va a freír! ¡Qué puedo aprender de eso?»

—Bien, Arlinne. Vamos a saludar a los jóvenes y darles sus habitaciones para que puedan descansar de la travesía. ¡Ah! Y nada de travesuras con tu caballero hasta que hayan terminado los estudios.— «¡Queee! ¿Puede leer la mente?» Contesté como atrapada en flagrancia:

—No, maestro…

Bajamos y entramos al estudio donde los había dejado. Él se adelantó y ellos se pusieron de pie…

—Muchachos, buenas tardes. Tomen asiento.— Ellos saludaron:

—¡Su eminencia!—Yo mientras tanto, estaba de pie atrás del maestro, con mis manos cruzadas en mi espalda, solo bobeando y fijándome en las caras que hacia Ray cuando se dirigía a mi maestro. Era mi venganza por lo que me hizo pasar en Portos. El maestro dijo:

—Me imagino que están cansados y hambrientos, no deben preocuparse por ninguna de las dos. Arlinne los llevará al comedor y a sus habitaciones en un momento. Estoy muy contento de ver a jóvenes tan hábiles tomando este camino…— «¿Cuál camino? El maestro sí que se lo está tomando en serio».

—El día de mañana quiero platicar con cada uno de ustedes en privado para comentarles como será su entrenamiento.— «¿Entrenamiento…? No sabía nada de eso».

—Por ahora descansen… Arlinne, supongo que quieres entrenar antes de tus pruebas. Eres libre de dedicarte a eso, una vez que hayas acomodado a nuestros invitados. Me retiro, no es necesario que se levanten. Buenas tardes, jóvenes.

Me quedé parada frente a ellos con una sonrisa nerviosa… Ray tenía una cara de no me dijiste lo del entrenamiento y Grand tenía una cara de angustia. Solo atiné a decirles con una voz nerviosa:

—Por aquí, síganme.— Me siguieron hasta un salón comedor. Les dije:

—Pueden poner sus pertenencias en alguna silla… La cena esta servida.— Ellos se asombraron al ver, como si alguien de antemano hubiera preparado una cena modesta, pero completa para ellos… Tres distintos guisos, sopa, ensaladas, entremeses y postres.

—Tomen asiento.— Yo me senté junto a Ray y Grand frente a nosotros.

—Adelante, buen provecho.— Ya a estas alturas, Ray me apretaba de la muñeca diciéndome al oído.

—Arlinne, no me dijiste nada de un entrenamiento.— Susurré de la misma forma:

—No sabía nada de eso…

—Bueno… No hay problema, pero me debes una.— Asentí con la cabeza y volteé a ver a Grand. Se veía abrumado. Le iba a preguntar, pero Ray se me adelantó.

—Oye, Grand. ¿Qué pasa? Se te ve muy mal… ¿Puedes contarnos? Arlinne es de fiar, tal vez haya alguna forma en la que te podamos ayudar.— Volví a asentir, esta vez con mi mirada viendo a Grand. Él titubeó un momento y dijo, dudando:

—Verán… Es que no estoy aquí para ser el caballero de Lianne.— El tomatito que tenía en la boca se me cayó de nueva cuenta al plato. «Entonces… ¿Por qué el maestro había dicho eso?»

—La verdad, es que sería lo que más me gustaría en el mundo, pero… Pero…— Entendí al instante, pero no sabía qué decir… Él continuó:

—Solo vine hasta aquí, porque me enteré de que ella iba a realizar su prueba en este lugar y que estaba consiguiendo a alguien… Quise venir con la esperanza de que sí no llegaba a encontrar, pudiera ayudarla con eso… Lamento tanto el malentendido.— Entendí un poco más… Se trataba de un problema del corazón. Ray se quedó mirándome fijamente, como esperando que dijera algo para ayudar a su amigo y hacerme la segunda. Dije:

—¡Ah, entiendo…! No te preocupes, por la mañana se lo explicaré al maestro, lo debió de entender mal. Yo nunca le dije que fueras su aspirante a caballero… Tranquilo. Además todavía está en ver, sí Lianne consiguió a alguien, sino… Seguramente estará agradecida de que estés aquí.— Sonreí con mi sonrisa de tonta y Ray agregó:

—Así es, Grand. Seguro estará muy reconfortada de que te hayas preocupado por ella y venido hasta aquí.— Grand dijo, aún con su voz apagada:

—¿Ustedes creen…?— Dijimos dispares:

—Sí.

—Seguro…— Ray me pellizcó el muslo… Aclaré mi voz y lo reconforté.

—Sí. Seguro que sí… Mejor cenemos, porque la comida se enfría y no me gusta que se desperdicie.— Grand se alegró por un momento y dijo:

—Sí. Tienes razón, no hay peor lucha que la que no se hace…— Y comenzó a reír sobando su estómago.

—Y no te preocupes, soy un especialista en que no se desperdicie la comida. ¡Jajaja!

Terminamos de comer… Entre Ray y Grand, habían terminado con los platos limpios. Grand dijo, mientras nos poníamos de pie:

—¿Arlinne, me podrías llevar con la servidumbre de la cocina? Quiero agradecerles por la comida.— Le dije:

—No te preocupes, aquí no hay servidumbre… Bueno, yo podría ser como la servidumbre. ¡Jijiji!— Empecé a reír y me voltearon a ver extrañados.

—En esta torre no hay nadie más que nosotros tres y el maestro, bueno… Al menos personas.— Caminé hasta la puerta del comedor.

—Así que la servidumbre, solo soy yo.

Los llevé hasta una habitación doble… Escogí una que sabía, que tenía camas del tamaño de Grand, para que no pasara a disgusto su estadía y al menos se podrían hacer compañía. Grand entró primero y me quedé con Ray en la puerta. Le dije en voz baja:

—Si me necesitan, cuenta cuatro puertas del lado derecho, saliendo de frente por esta puerta en la dirección que llegamos. La verdad voy a estar con las manos muy llenas, pero sí necesitan algo urgente, puedes ir a buscarme. Sé que es difícil acostumbrarse, pero el ciclo de la noche y el día, sigue tal cual aquí adentro… Yo sé que no se nota por las ventanas al exterior, pero solo guíate por tu sentido del tiempo. Si no es de noche, solo grita por mí en el pasillo, vendré lo más rápido que me sea posible.— Cuando terminé de decir eso y él iba a hablar… Le planté un beso en la boca y le dije:

—¡Gracias!

—Mucha suerte, Arlinne. Te estaré apoyando.— Le di otro beso.

—Lo sé, gracias. Ya te pagaré esa que te debo… Ya tengo algo en mente.— Le cerré un ojito y le dije:

—Sé paciente.— Los dejé en su habitación y me fui a mi vieja habitación que había compartido con Lianne, largo tiempo… Mi cama era la de la derecha, pegada a la ventana. Solo me desnudé, quedándome en ropa interior y me sumí en la cama. «¿Qué puedo hacer para evitar el resultado obvio? Cuando me enfrente con Lianne». Me quedé dormida tratando de pensar…

Desperté, me dí un baño rápido, no quería perder mucho el tiempo, Lianne ya podría estar aquí. «Tengo algo en mente… Aunque no puedo usar mi espada. Sí que puedo usar mi cuerpo, tal vez usando mis técnicas cuerpo a cuerpo en situaciones de emergencia, solo para sacarla de balance, mientras canaliza y lanza sus hechizos, podría ser suficiente para evitar una desgracia. Y sí todo va a peor… Tendré que enfocarme solamente en entrenar mi hechizo de barrera mágica. Yo sé que ni en una vida podría mantener una barrera por más de unos segundos contra la magia de Lianne, pero solo necesito ganar tiempo. Ahora la última pieza del rompecabezas… ¿Mi magia podrá dañarla? Es una apuesta peligrosa… Algunos hechiceros poderosos ganan resistencia a conjuros menores y si hay conjuros menores… Esos son los míos». Salí del baño, me vestí y vi hacia la cama de Lianne… No había señas de que estuviera o haya estado ahí. Fui a conseguir algo de desayunar y comiendo en el camino, les llevé algunos bocadillos fríos al cuarto de Ray y Grand, junto con una botella de vino. Toqué y no respondieron… Entré… Estaba vacía la habitación, pero estaban sus cosas. «El maestro debió de haber venido por ellos temprano… No sé en qué piensa el maestro, eso del entrenamiento a los caballeros se lo debió de haber sacado de la manga, solo como para ver de que están hechos». Dejé las cosas sobre una pequeña mesa de centro que tenía la habitación y salí a comenzar mi entrenamiento.

Fui hasta uno de los salones de entrenamiento con un par de libros que recogí en la biblioteca y me puse en posición de meditación… Comencé a leer sobre las barreras y como canalizar más rápidamente. Leía y meditaba para canalizar, necesitaba hacer mucho más grande mi reserva de poder mágico, sí es que quería tener oportunidad. «Usar una serie de conjuros gravosos en sucesión, me va a dejar seca, como una esponja de mar que se queda varada en la playa a la luz del sol… Necesito poder aguantar lo que dure nuestra batalla, además quiero tener mucha más energía para lanzar un hechizo que seguro me ayudara contra Lianne y segura estoy, nunca se lo esperaría. Ese es mi as bajo la manga, pero solo lo usaré como un último recurso. Tengo que lograr concentrarme…»

*************************

El hechicero fue hasta nuestra habitación en persona, solicitando que lo acompañáramos junto con nuestro equipo de combate. Lo seguimos por ese lugar laberíntico hasta llegar a una habitación que parecía un despacho. Estando ahí me señaló…

—Tú primero, muchacho. Te llamas Ranerd, ¿no es así?

—¡Sí, señor!

—Muy bien, acompañame.— Lo seguí hasta la habitación contigua. Era una habitación espaciosa y completamente vacía. La puerta se cerró tras de mí. Él dio un golpe al piso con su bastón… Todo se oscureció a mi alrededor, pero podía seguir viéndolo.

—Mira… Ranerd. Lo primero que debe entender un caballero, es a su hechicera. Arlinne es una chica muy especial en muchos sentidos, supongo que de eso ya estas al tanto.

—Sí.

—Su extraña condición salvó su vida, pero le cobró el precio que tú ya conoces. Eso no es todo, tuvo otros efectos en su cuerpo que ni siquiera ella sabe, pero que tú deberías de saber, sí vas a ser su compañero… Su condición es un efecto mayor, más que una maldición. Sé que no entenderás los términos que usamos los hechiceros, pero trataré de explicártelo de manera que te sea fácil entenderlo.

—Si, por favor…

—Muy bien… Su estado no es una maldición, sino la consecuencia de un conjuro que surtió efecto, dejando un resultado permanente… Es decir, que no se puede disipar. Este efecto no solo la cambio físicamente, sino que además le dio ciertas cualidades, como ser completamente inmune a los conjuros de maldición, a los conjuros que la hacen cambiar de forma y a los que afecten su metabolismo de una forma dañina. ¿Me entiendes hasta aquí?

—Sí.

—Toda esta información debes de guardarla celosamente, cuando sean caballero y hechicera. Sus secretos serán tus secretos y viceversa. Además agradecería que nada de lo que hablemos aquí, salga de estos muros.

—Entiendo…

—Arlinne posee una forma muy especial de conjurar la magia, que rara vez se da entre los mortales inteligentes al momento de su nacimiento… A diferencia de otros tipos de hechiceros que hacen rituales, graban letanías en su cabeza, usan gestos y palabras de poder. Arlinne puede usar su capacidad mágica, extrayendo desde su interior la fuerza hacia el exterior y viceversa… Es decir, puede transformar la energía que nos rodea, canalizando su fuerza espiritual. Sé que no entiendes mucho sobre esto, pero te daré la explicación sencilla… Arlinne puede usar magia, saltándose los pasos que la mayoría de los hechiceros tienen que seguir al principio de su aprendizaje, esta cualidad no es parte del efecto que la alteró en su niñez… Ella nació con este don. ¿Todo bien hasta aquí?— Asentí.

—Muy bien… Este poder nato es difícil de controlar y aunque ella puede hacerlo, eso no significa que lo pueda hacer de una forma fácil. Al igual que otras formas de poder mágico, requiere en su caso, práctica, esfuerzo, prueba, error y más que nada, una mente y un cuerpo en armonía. ¿Por qué te digo esto…? Imagino que te has dado cuenta. Arlinne sufrió una profunda depresión por muchos años, debido a su condición, lo cual le provocó una muy baja autoestima, que al final ella aprendió a manejar… No, a tolerar, con una igual de dolorosa autocompasión… Desafortunadamente este es su punto débil y será siempre el punto que te provocara más dolores de cabeza. Me alegra ver que contigo se encuentra tan a gusto, que la veo casi recuperada por completo, pero no descarto que en un futuro al enfrentarse a los horrores de este mundo, ella vuelva a recaer. Quiero pedirte un favor… Por favor, acompáñala de la mano por todas esas nuevas experiencias, hasta que el tiempo o el cariño que sienten el uno por el otro se los permita.

—Así lo haré.

—Es todo lo que tenía que decirte por ahora… Eso y que me gustaría que practicaras la meditación, como una fuente de entrenamiento para que puedas aumentar el enfoque que tienes en combate. Verás que sí lo haces adecuadamente, encontrarás aún más fuerza de la que ya posees en tu interior… Solo concéntrate en silencio y deja el tiempo fluir, poco a poco iras comprendiendo de que se trata.

—¡Muy bien! Me esforzaré. Gracias, su eminencia.

—Debo atender otros asuntos, pero regresaré más tarde a ver tus avances.— Salió de la habitación… Me quedé en silencio pensando en Arlinne, imaginando por primera vez todo lo que pudo haber pasado y vivido.

*************************

Estaba nervioso… Algo dentro de mí, me decía que estaba perdiendo mi tiempo. Algo me decía que resultaría igual que en otras ocasiones… Rechazándome de una forma grosera… Más grosera que la anterior. Recuerdo cuando éramos niños… Ella siempre andaba con sus amigas, yo con los míos. Jugábamos a la pelota, yo era demasiado grande y lento como para ser atacante, siempre me quedaba defendiendo las metas. Los niños suelen ser crueles e incluso mis amigos me llamaban por apodos. Siempre fui el gordo, el barril y demás, pero no le daba mucha importancia… Al final del día, me llamaban de esa manera, pero al ver que no me molestaba en lo más mínimo, ya simplemente lo hacían por inercia… Una inercia social, que imagino venía de sus padres, de sus abuelos, que importaba. Incluso reía junto con ellos cuando hacían alguna referencia prejuiciosa a mi cuerpo, aunque sabía que se reían de mí, yo reía con ellos. Por eso me gané su respeto y como fui creciendo, dejé de ser el gordo, para ser el fuerte del grupo, inamovible en mi defensa de la meta en nuestros juegos de pelota.

Pero con ella, era diferente… La solía ver bajando los escalones que llevaban al terregal, donde nos reuníamos los chicos a jugar. Acompañada de sus amigas, riendo, mirando a los chicos desde lejos, sentadas como sí estuvieran escogiendo marido. No sé que fue lo que me llamó la atención de ella, tal vez que era la más seria en su grupo de amigas o la que se veía más inteligente o tal vez, fueron sus profundos ojos azules, llenos de ilusiones forjadas muy lejos de ahí. Antes de intentarlo la primera vez, yo ya sabía que no tendría un buen resultado. Intentaba hacer lo que mis amigos, voltear a verlas después de hacer una jugada sorprendente, para ver como aplaudían o se emocionaban al ver que les prestábamos atención durante el juego, demostrando que aunque estuviéramos en cosas de chicos, nos interesábamos por ellas. Lo intenté un par de veces, pero para mí… El único resultado era que apartaran la mirada, se rieran cuchicheando o simplemente me hicieran una cara de fastidio.

El primer intento serio, fue tal vez como a los catorce años, yo me acerqué a ella después de que mi equipo ganara el juego de pelota, pero lo único que obtuve al intentar hablarle, fue que sus amigas la tomaran de la mano y ella se alejara, sin siquiera voltear a verme… Lo olvidé por un tiempo, pero el destino quería que lo siguiera intentando… Yo entrenaba solo en el parque, haciendo flexiones y ejercicio para intentar cambiar mi complexión física, que si bien no me faltaba salud, todo mundo decía que debía de bajar de peso, aunque a mi edad fuera el más fuerte, no el más rápido, pero sí el más resistente. Sudaba a chorros, toda mi ropa empapada. La vi de reojo y me detuve de mi rutina… Venía leyendo un libro, caminando con dirección al parque, pero venía distraída. Ella absorta con su lectura, simplemente no se había dado cuenta de que sí seguía así, unos cuantos pasos más y se resbalaría por el borde lateral que daba al terregal. Le grité

—¡Cuidado!— Pero ya era demasiado tarde, se iba a caer boca abajo por la bajada de tres metros de alto.

No supe como lo hice, pero mis piernas ardieron y me moví hasta allá lo más rápido que me había movido en mi vida, alcanzándome a tirar al suelo… Apenas y la atrapé entre brazos. Ella atónita por lo que había pasado, como sí reaccionara a mi grito con tres segundos de retraso. Yo tendido en el piso sosteniéndola entre brazos… Simplemente se apenó, se puso de pie enseguida y murmuró:

—Gracias…— Debía aprovechar esa oportunidad y antes de que echara a correr en dirección de las escaleras, le pregunté:

—¿Cómo te llamas?— Extendí mi mano para saludarla, yo batido de sudor que se había hecho lodo con mi caída al piso… Ella ni siquiera me volteo a ver, solo volvió a murmurar: —Lianne…— Y salió corriendo.

—Soy Grand, mucho…— Me quedé pensando… «Que olor tan bonito tiene su cabello… Idéntico a un manzano en flor…»

Oí el abrir de una puerta… Era el anciano. Venía solo… Debió de haber dejado a Ray en algún lugar entrenando. «Será mejor que me disculpe, le explique la situación… Que no soy el aspirante a caballero de Lianne y me marche. Al final no la podré ver…»

—Grand, pasa. Es tu turno.— Me puse de pie y le dije:

—Hubo una confusión. Yo no soy el aspirante a caballero de Lianne, solo quería verla y platicar con ella… Decirle que sí necesitaba a alguien que la apoyara… Que podía contar conmigo.— El anciano guardó silencio un segundo, mientras me veía fijamente y dijo:

—Ya veo… ¿Y puede?— Me quedé pensando exactamente que me había preguntado…

—¿Y puede contar contigo?

—¡Por supuesto!

—Entonces, pasa.— Me levanté renuentemente del sillón en el que estaba sentado, puse mi equipo en mi espalda y lo acompañé a una habitación que estaba al lado de donde había entrado Ray.

Entramos… No se podía distinguir las paredes de la habitación, todo el lugar era como observar el inmenso cielo estrellado. Él iba a comenzar a hablar, pero lo interrumpí…

—Su eminencia, disculpe. No quiero ser grosero, pero creo que no ha entendido la situación. Para mi pesar, debo decirle que Lianne y yo, no contamos con ningún vínculo, como para que yo pueda ser su caballero.— Se me quedó viendo fijamente… Debía decírselo completo, sino solo crearía peores interpretaciones y lo último que quería ver, es a Lianne molesta por mi culpa o por mi presencia de nueva cuenta…

—Yo estoy enamorado de ella, su eminencia, pero ella no siente lo mismo… Es más, diría que hasta cierto punto, me aborrece… Lamento haberle hecho perder su tiempo, con su permiso, me marcho…—Él dijo sin cambiar su semblante:

—Ya veo… No te preocupes, no es mi tiempo el que has perdido, sino el tuyo.— Esas palabras me hicieron detenerme… Era verdad, sí me iba, es como sí hubiera perdido todo el tiempo que había ocupado en acercarme a ella…

—Pero… Sí quieres escuchar lo que tengo que decir, tal vez te reconfortes un poco. No creas que por ser viejo y hechicero, no se nada de estos temas. Hace mucho tiempo fui joven como tú… ¿Quieres escuchar?

—Muy bien, lo escucharé.

—Grand… Lo primero que debo decirte, es que estoy muy agradecido de que estés aquí…— Me quedé perplejo… «¿Agradecido?»

—Para mí, mis alumnas son como mis hijas y como un padre que de verdad se esfuerza por entenderlas, me alegra mucho que un joven como tú, se interese tanto por Lianne… Como un padre, también las conozco y sé cuáles son sus virtudes y sus carencias. Y para calmar solo un poco tu corazón, te diré que aquello que buscas, no pertenece a nadie más.— Se dibujó una sonrisa en mi rostro.

—Continuaré, pero antes debes de prometerme que estas palabras nunca saldrán de este lugar.

—Así será.

—Lianne es una chica muy especial. Ella tiene un talento inmensurable para las artes arcanas. Rápida de ingenio y capaz de entender la metafísica mejor que cualquiera de los estudiantes que he tenido con anterioridad, es sin lugar a dudas una chica excepcional… Pero desafortunadamente por más que su mente se ha desarrollado a pasos agigantados. Su corazón se ha quedado atrapado en una profunda capa de lodo, que con el tiempo se ha endurecido. Olvidándolo por sus prejuicios, por su orgullo y por su soberbia. Como te puedes imaginar, esto es peligroso para cualquier persona que busca un poder tan inmenso como lo son las fuerzas arcanas. Ella no le da importancia, porque piensa que es joven, que el poder es lo más importante, que tendrá tiempo después para el amor, pero no podría estar más equivocada. Si ella no cuida de ese aspecto, su corazón se agrietará y amargará para al final marchitarse… Esto al final, primero acabará con ella para luego destruirlo todo a su alrededor… ¿Ahora entiendes mi preocupación? Es por eso que te agradezco que vayas más allá para tratar de ganar su corazón. Quiero pedirte por favor… Que sigas intentando. Lo único que deseo, es que esa capa de lodo alrededor de su corazón, choque contra algo más duro… Tan duro como una roca y por fin, se caiga a pedazos, liberándolo… Y sí al final no lo logras, no te lo reprocharé, ya que por algo el odio es tan fuerte como el amor…— Él hizo una pausa y se me quedó viendo fijamente.

—Si estás decidido a seguir intentando, no por mí, ni por Lianne, sino por ti mismo. Te voy a pedir un favor… Que realices meditación en este lugar, mientras te tranquilizas y dejas que las cosas tomen su curso. No te preocupes, has hecho todo lo que está en tus manos. Solo medita y deja que el tiempo corra, al menos por un rato, ¿está bien?

—Entendido, así lo haré…— El hechicero abandonó la sala y me quedé sentado en el piso, pensando solamente en ella, como ya lo hacía hace años, todos los días.

*************************

«¡Qué calor tan inmundo! Lo último que me podía faltar, después de fallar ese conjuro de tele transportación por más de cinco kilómetros. La torre ya se encuentra cerca… ¿Qué cara le voy a poner al maestro? Después de tanto esfuerzo, no pude conseguir a ningún varón que tuviera las cualidades para ser un caballero. ¡Qué despreciable requisito y lo peor…! Tener que pedirlo a todos esos patanes que cuando quisieron satisfacer su libido, me recibían con brazos abiertos, pero cuando necesité algo de ellos, ninguno pudo siquiera preguntar de qué se trataba. ¡Baah! Soy un fracaso, debí simplemente controlar al más apuesto o al más fuerte con un conjuro y traerlo hasta aquí… Pero eso es imposible, el maestro nunca caería con algo así. Sería tan grave mi falta que me expulsaría de su tutela o por lo menos nunca me consideraría digna de su enseñanza otra vez…»

«Deseo tanto realizar mi prueba e independizarme… Incluso sí sorprendo al maestro con mi desempeño, podría dejar en mis manos su título y podría estudiar las artes arcanas en esta torre por muchos años, no deseo nada más que eso… Encontrar el conocimiento absoluto. Sé que suena banal y egoísta, pero no lo sabré hasta que no lo intente. ¿Por qué tenía que ponernos ese requisito misógino e infantil de tener que regresar con un caballero? Como sí se tratara de un cuento de hadas… Bueno, supongo que será de vuelta al estudio. Me lanzaré a sus pies a que me permita seguir siendo su alumna y que me deje intentarlo nuevamente el año próximo…»

«Al menos no me siento tan mal… Seguro que renacuajo la pasó peor que yo… Con su condición, ¿qué caballero podría conseguir? Me siento un poco mal por él, pero al menos me reconforta que sí sigue con vida, le seguiré viendo su cara de idiota por un tiempo más. ¡Jajaja! Ya vengo sudando, ¡qué asco…! Al menos ya veo el faro desde aquí. Bueno, después de arrastrarme a los pies del maestro para que me dé otra oportunidad, me daré un baño y me tenderé a dormir. No quiero saber nada de nadie en un tiempo… ¿Y sí me retira su tutela? ¿Qué voy a hacer…? Tendré que irme a refugiar a algún gremio de magos. Lo más seguro es que tenga que ir a la ciudad de Kaspler, ahí conozco a un par de hechiceros con poder político, que siempre me llenaban de elogios por obtener mis favores… Ni modo, si llego a ese punto, tendré que aflojar un poco mi pudor y mis ropas… Escogeré al que más me convenga y tal vez pueda tener un nuevo comienzo como académica. Ya estoy aquí…»

Me paré frente a las aguas y la torre emergió. Entré desanimada, decepcionada de mi misma, fastidiada con el estúpido requisito que el maestro nos había impuesto. «Que fastidio depender de un hombre para algo así, que opresión tan inmensa. Yo solo quiero que me dejen en paz y estudiar la hechicería». Subí las escaleras… «Necesito el título a como de lugar».

Llegué hasta el estudio del maestro, toqué…

—Maestro. Soy yo, Lianne. ¿Puedo pasar?

—Adelante.— «Bueno, a arrastrarme frente a otro hombre para poder seguir mi modo de vida». No pude más que sentir que fui injusta con el maestro. Él nunca nos había puesto una mano encima y nos había enseñado sin ninguna represión de sexo o condición. Era un hombre ejemplar… «Sí todos pudieran ser como él». Pero regresó a mi mente… «Él fue el que pidió que consiguiéramos un caballero…» En ese momento, con mi frustración, era tan culpable como los demás…

—Bienvenida, Lianne. Te esperábamos para empezar con las pruebas.— Me quedé asombrada… «¿Pruebas…? Perdóneme maestro… Al final ha quitado el requisito de caballero. Y yo que lo había juzgado tan mal». Me puse muy feliz…

—¿Trajiste el símbolo de tu valía, para realizar la prueba?— Realicé un conjuro frente a él y saqué un pequeño saco de en medio del aire…

—Si, maestro.— Le enseñé la joya, él la tomo y dijo:

—Excelente. Ve a descansar, mañana les informaré a ti y Arlinne, en que consisten sus pruebas.

—Si, maestro. Como ordene, con su permiso.— Salí feliz y complacida… Por fin mis deseos, por una vez se estaban volviendo realidad…

Bajé hasta la habitación que compartía con renacuajo desde hace mucho tiempo… Vi su bolsa recargada en la pared… «Así que también consiguió la joya que le correspondía… Nada mal, nada mal, renacuajo». Acomodé mis cosas y me metí al baño, tenía que refrescarme para dormir, estaba exhausta…

*************************

Se me había ido el tiempo volando… Ya quería orinar y estaba muerta de hambre. Me puse de pie y sobé mis piernas que casi no sentía por estar en esa posición por tanto tiempo. Puse los libros en una esquina, sí tenía un día más los tomaría de ahí mismo. «Iré a echar un vistazo a Ray y Grand, pero primero pasaré al baño». Hice lo que tenía que hacer, de paso me lavé la cara y mis manos viéndome al espejo… «¿Estoy adelgazando? No, es mi imaginación».

Pasé por el comedor y ahí estaban. Entré y saludé:

—Buenas noches.— Sonreí y Ray dijo:

—Arlinne, perdona por no esperarte, pero tu maestro dijo que pasáramos al comedor y nos guio hasta aquí y ya estaba servida la cena.

—¡Jijiji! No se preocupen, solo déjenme un poquito, ¿si?— Me senté al lado de Ray. Él me pasó un plato lleno de viandas, lo recibí y empecé a comer. Todos guardamos silencio por un momento y se me ocurrió preguntar:

—¿Y al final de que iba el entrenamiento?— Grand contestó:

—Meditación.— Repetí.

—¿Meditación…?— Y Ray concluyó:

—Si, meditación.

—¿Y cómo les fue?— Ray me contestó:

—Pues… Supongo que bastante mal, por ser la primera vez.— Ambos rieron…

—¡Oh! Ya veo… ¿Y qué más les dijo el maestro?— Grand me respondió:

—Básicamente, solo nos dijo que debíamos entrenar la meditación para mejorar nuestro desempeño en el combate.— Me sentí aliviada… Por una vez en la vida, el maestro se había comportado y no había hecho comentarios excesivos, ni fuera de contexto. Dije:

—¡Qué bien! Verán que una vez lo dominen, les servirá mucho con sus técnicas con las armas… ¿Saben sí, Lianne ya está aquí?— Ellos solo negaron… «¡Qué bien! Al menos un día más para entrenar».

Terminamos… Los platos quedaron limpios nuevamente, gracias a ellos dos y eso me recordó…

—¡Ah! Por cierto, chicos… Les dejé algunos aperitivos y un poco de vino en su habitación.— Grand contestó:

—¡Excelente! !Gracias, Arlinne!— Les iba a decir que no eran perecederos, pero algo dentro de mí, me dijo que no sobrevivirían la noche. Los acompañé hasta su habitación, le di un corto beso a Ray y me despedí de ellos.

Llegué hasta mi habitación… Entré a oscuras y escuché un sonido peculiar muy familiar… Era el sonido que hacia Lianne al dormir boca abajo, con la boca abierta pegada a su almohada. ¡Estaba ahí! Sentí los pies pesados… «Trataré de no hacer ruido, tal vez pueda regresar a entrenar por la noche, pero… Seguramente el maestro le dará un día de descanso por lo menos, después de su viaje y yo estoy muy cansada». Traté de desvestirme sin hacer ruido y sin usar iluminación, para después deslizarme debajo de mis sabanas como una serpiente y no despertarla. Pero justo cuando estaba alzando la sabana de mi cama…

—Renacuajo. ¿Qué haces? Duérmete y para de… Zzz…— Me quedé quieta… Volteé para contestar, pero estaba dormida. «¿Habló dormida? ¡Y luego dicen que una es la loca…! Ya lidiaré mañana con ella». Me acomodé en la cama para empezar a dormir…

A la mañana siguiente, desperté y ella se encontraba acomodando algunas de sus pertenencias en los cajones. Ella se dio cuenta de que había despertado y me dijo:

—¡Vaya, ya era hora! El maestro requiere nuestra presencia. Me dijo que una vez estuvieras despierto, nos arregláramos y desayunáramos, para ir a verlo.— Me quedé callada un momento, como haciéndome la amodorrada… ¿Qué debía decirle? No podía contarle nada de Grand, si es que aún no lo sabía, no podía contarle que nos enfrentaríamos… Debía hacerme la tonta y dejar que las cosas simplemente pasaran…

Estiré mis brazos, tallé mis ojos y la vi con claridad. Ese cabello negro que le llegaba hasta la cintura, esa tez blanca, sus facciones tan femeninas que hacían juego con esos profundos ojos azules como un zafiro y esa silueta que la hacía parecer una escultura… Idéntica que antes, pero con su busto mucho más prominente y abultado… Por un momento, con las mismas sabanas, palpé mi pecho… «¡Buuu! Que decepción». Me puse de pie sin decir nada y empecé a juntar mi ropa de enfrente de mi cama. Ella dijo:

—Renacuajo… ¡Vaya, vaya, vaya! Pero sí cada vez eres una señorita más mona.— Pellizcó mi trasero… En otras condiciones me hubiera molestado, pero por primera vez me dio gusto escucharlo y le dije:

—¿Tú crees…?— Se me quedó viendo raro y se echó a reír…

—¿O sea qué ya te estás acostumbrando…?— Me vio por un momento a los ojos y dijo:

—¡Nah? ¿No me digas que…? ¿Renacuajo, ya dejaste de ser una niña? ¡Jajaja…! ¿Y qué tal estuvo…? Te ves más contento de lo normal, así que me imagino que fue algo especial.— Me quedé pálida por un segundo… «¿Cómo lo notó? ¿Lo qué contesté? ¿Mi rostro?» Me quedé apenada y traté de fingir…

—No sé de qué hablas…— Me volteé al lado opuesto, me abrazó con un solo brazo, bajando mi cara hasta la suya y dijo:

—A mí no me engañas… A alguien ya le atendieron su asunto. ¡Cuéntame!— No podía escapar, pero tan poco le quería contar nada de eso en ese momento… Eso solo era de Ray y mío, solo atiné a decir:

—Te contaré después, el maestro nos espera.— Me soltó, llevó la mano a su boca y dijo: —¡O sea qué es cierto! Me alegro tanto por ti… Te ves mucho mejor emocionalmente, que fue lo primero que se me ocurrió. ¡Jajaja!— Entonces, sí me molesté un poco y le dije:

—¡Ya no hagas tanto escándalo por eso! ¡Qué más podía pasar? ¡Qué me quedará toda la vida llorando, cruzada de piernas?— Tomé una toalla, la enrollé al vuelo y le di un toallazo en su trasero, como lo hacíamos antes… Seguimos jugando un rato así, hasta que ambas quedamos exhaustas, fue cuando recordamos al maestro, nos vestimos y salimos volando a desayunar…

Llegamos al comedor… Yo rogaba, por que no estuvieran, Grand y Ray ahí. «Nadie. ¡Uuf, qué alivio!» Ella se sentó y yo aun de pie, tomé un huevo cocido y una tostada. Engullí rápidamente el huevo y buscaba la jalea para ponerle a mi tostada. Ella dijo:

—Con calma, renacuajo. ¿Le quitaste la cáscara al huevo? No te vayas a atragantar.— Mientras calmadamente se servía café en una taza… Tenía que fingir un poco, ya me había leído mucho el día de hoy. Le pregunté:

—¿A poco tú no estás emocionada por lo de la prueba?— Ella suspiró, alzó los brazos y dijo:

—¡Sí! Toda mi vida he esperado por este momento. Me alegro de que el maestro haya quitado el requisito del caballero. ¡Jajaja!— «¡Pfff, qué le digo…?» Me quedé callada, fingiendo como que no había escuchado eso y seguí atiborrándome la cara para distraerla de mi mirada, que claramente me delataría. Me vio y dijo:

—Pero tú… Claramente se ve, que también estás excitado por eso. Está bien, solo deja termino mi café y nos vamos. ¿Te parece?

Estábamos frente a la puerta del estudio del maestro… Sin siquiera tocar, su voz se escuchó y dijo:

—Pasen.— Se abrieron las puertas, el maestro nos recibió, lo saludamos y comenzó a hablar…

—Muy bien, jovencitas. Parece que por fin, el momento ha llegado. Cubrieron todos los requisitos que les pedí… A excepción de ti, Lianne. Que no pudiste encontrar un caballero.— Ella se quedó boquiabierta, volteando a verme y al maestro…

—Pero… Pero… ¿Arlinne tiene aspirante a caballero?— El maestro respondió, mientras mis ojos buscaban un lugar donde esconderse de la mirada de Lianne, que me veía como sí la hubiera traicionado…

—Así es.— Contestó el maestro y continuó:

—Pero la casualidad te favorece, Lianne. Hay un joven que te quiere auxiliar en este momento, para que puedas seguir tu camino como hechicera.— Lianne se quedó fría por un momento y el maestro preguntó:

—¿Aceptas este obsequio, para seguir adelante?— Aún atónita por lo que pasaba… Con sus ojos en fijo, ahora dirigiéndose hacia el maestro, la escuché murmurar:

—Por favor, que no sea él… Que no sea él… No él, por favor.— El maestro continuó y dijo:

—Su nombre es Grand Mosier. Lo he juzgado y lo considero de ser digno para ayudarte… Al menos en este momento. No soy nadie para intervenir en sus sentimientos y no puedo ni siquiera sugerirte que sentir por él. Pero servirá, sí tú así lo quieres, para que puedas seguir tu camino. ¿Aceptas esta condición para continuar?— Por un momento, mi mirada regresó a la de ella y la vi como sí pasara el momento más amargo de su vida, para luego apretar los dientes y su puño, recobrar la compostura y decir:

—Está bien. Sí, lo acepto.

—Muy bien. Siendo así, platicaremos de sus pruebas para continuar por este camino.— Lianne veía fijamente al piso… Me sentía muy mal por ella, muy mal por Grand. Que suerte tuve al haberme enamorado de Ray y que él se hubiera enamorado de mí en tan poco tiempo, con todo y mi condición… Solo pude sentirme culpable. El maestro continuó:

—El examen se dividirá en tres pruebas, diferentes entre sí y con diferentes objetivos. La única regla que comparten estas pruebas, es que está completamente prohibido el uso de armas o extensiones de su cuerpo, como magias para crear copias de ustedes mismas, por dar un ejemplo. Inevitablemente a lo largo de su prueba se tendrán que enfrentar la una a la otra y aquella que gané, ganará un punto. Cuando termine la última prueba de ser necesario, la que tenga más puntos será declarada la ganadora. ¿Están de acuerdo?— Lianne se apresuró a contestar.

—¡Si!.— Y después, yo dije con un tono sordo:

—Sí…

—Pueden descansar el día de hoy, pero no más entrenamiento o práctica, se los prohíbo. Solo descanso y preparación mental, es lo único que pueden hacer. El día de mañana a mediodía, les entregaré sus anillos frente a sus caballeros y comenzarán la primera prueba. ¿Están de acuerdo?— Nuevamente, Lianne contestó rápido y golpeado, conmigo detrás:

—¡Sí!

—Sí…— El maestro terminó diciendo:

—Pueden retirarse, procuren descansar y enfocarse. Las veré el día de mañana.— Lianne salió apresuradamente y yo detrás de ella… Me esperaba junto a la puerta, con unos ojos de ira que nunca le había visto antes y me dijo:

—¿Por qué no, me habías dicho nada, renacuajo?— Sabía que sí me quedaba callada sería peor.

—¿Qué te podía decir…? Yo no planeé esto… Yo solo llegué aquí con mi aspirante a caballero y él estaba ahí…— Me vio nuevamente como si la hubiera traicionado y me dijo enfurecida:

—Bueno… Prepárate emocionalmente, porque te voy a hacer llorar como acostumbras. Te voy a asar como a un pollo a fuego lento… Sí tienes un poco de instinto de supervivencia, mejor retírate, porque aunque en este momento te tenga tanto odio… Aún así me pesaría mucho medio matarte durante los exámenes. ¡Estás advertido…! No, perdón, renacuajo… ¡Estás advertida!— Y se fue corriendo por el pasillo…

Al fin sucedió lo que temía desde la mañana… De por sí, iba a ser difícil enfrentarla, ahora enfurecida, sería aún peor. Estaba triste, pero no lloré… Simplemente regresé caminando hasta nuestra habitación. «Sí hablo con ella… Tal vez no me vaya tan mal mañana…» Llegué a la puerta de la habitación… Mi bolsa estaba en la puerta y mi ropa regada en el piso… «Creo que hablar tampoco funcionará. Está hecha una furia… Solo recuerdo una sola ocasión con anterioridad que ella había hecho algo así». Junté mis cosas y las que no cupieron en la bolsa, las cargué entre mis brazos. Me metí a la habitación de enfrente, puse mis cosas en su nuevo lugar y salí, decidida a tocar a la puerta. Toqué y la llamé…

—¡Lianne, Lianne!— Nada… Estuve un rato tocando, hasta que toqué por una última vez. Sin pensarlo, ahora sí, ya estaba llorando.

—Lianne, abre, hablemos…— Me rendí. Estaba a punto de marcharme a tristear por ahí y se abrió la puerta. Ella tenía sus ojos rojos y húmedos, aún se le veía la cara llena de ira…

—¿Qué quieres renacuajo? Hoy dormirás en otra habitación. ¿Tienes algún problema con eso?

—No…— Traté de explicárselo…

—Créeme. Yo no planeé nada de esto y la verdad no sabía como decírtelo, porque no sabía como lo tomarías.

—Como ya lo estás viendo, lo he tomado muy mal y ya deja de disculparte. Te escuché la primera vez… Mejor ve pensando que vas a hacer para salir adelante, porque de verdad estoy molesta contigo y sí te lastimo por error, no me va a importar. ¿Algo más de lo que quieras hablar?

—No, lo siento. Ya me voy…— Me cerró la puerta en la cara.

Me metí a mi nueva habitación y pensé, hecha bolita, acostada en la cama… «Ya se le irá pasando… En realidad no es mi culpa y sí ella no lo entiende así. Es su problema y no el mío. Yo también quiero pasar mi prueba y seguir adelante». Ya no podía practicar más, el maestro lo había prohibido. Solo tenía que relajarme… «Lo que será, será». Decidí tomar una siesta, aunque… «Si duermo ahora, no podré dormir bien en la noche y me la voy a pasar como un gusano, revolcándome en la cama con la preocupación. Tomaré mejor un baño… En la mañana no lo hice por las prisas». Me bañé y salí. Estaba simplemente desesperada, no había nada que hacer… Pensé un sin fin de cosas en que entretenerme, pero al final, me quedé dormida igual.

Desperté, tenía hambre. Me puse de pie, salí de la habitación y fui al comedor. Estaban ahí Grand y Ray. «¿Qué ya es tan tarde? Me imagino que me quedé dormida toda la tarde». Entré y saludé:

—Buenas noches.— Me senté junto a Ray, ellos devoraban como leones hambrientos. —Buenas noches, Arlinne.— Me quedé mirándolos y se me aclararon las ideas… Comencé a reír, primero leve y luego mucho más fuerte. Pararon por un momento y me vieron extrañados. Grand dijo:

—¿Estás bien, Arlinne?— Iba a contestar, pero Ray se adelantó…

—No te preocupes, Grand, así es ella. Se ríe de repente de la nada, no es que esté loquita ni nada.— Le pellizqué la piel del brazo y seguí riendo,

—¡Jajajaja! ¿Qué ustedes siempre tienen tanta hambre?— Se detuvieron por un momento. Se vieron el uno al otro, mientras Ray me pasaba un plato y contestaron casi al unísono: —¡Pues sí!— Los tres reímos.

Les comenté que el maestro ya había decidido que las pruebas empezarían mañana y que Lianne ya había llegado. Volteé a ver la reacción de Grand, pero estaba inmutable. Ray dijo:

—Ya nos lo informó el maestro.— «¿El maestro…? Muchas cosas están sucediendo entre estos tres, pero yo tengo mis propios problemas, como para estar de chismosa».

Pasamos platicando largas horas y brindando… Me contaron de las campañas y misiones del gremio que habían realizado juntos. Los monstruos contra los que habían peleado y las situaciones chuscas en las que habían terminado por error o descuido. De muy lejos se veía que eran grandes amigos y Grand se veía tan sincero y tan confiable. Ya estaba medio tomada, así que de repente se me ocurrió… ¿Por qué no contarle mi situación? Quería oír la opinión de alguien fuera de Ray y mío. Le susurré al oído mi decisión a Ray, quería oír que pensaba de mi idea. Ray se quedó serio y me pregunto:

—¿Segura…?— Le volví a susurrar:

—Si a ti no te molesta, lo que él pueda pensar de ti. A mí, no. En lo absoluto.— Ray se quedó pensando un segundo y asintió. Le contó a Grand a gran escala mi situación… Grand no hizo ni una mueca, ni un gesto de disgusto, nada. Cuando Ray terminó, le preguntó:

—¿Qué opinas, Grand?— Grand entreabrió sus ojos, nos miró y empezó a reír…

—¡Jajaja! Nunca siquiera me lo hubiera imaginado, sino me lo estuvieran diciendo… Me parece que no hay ningún problema. ¡Jajaja! Se les ve muy felices juntos y en lo que a mí respecta, no hay nada más importante que eso. Lo demás o lo que opinen los otros está por demás… Les agradezco la confianza, a decir verdad, me da un poco de envidia. ¡Jajaja! Me gustaría tener alguien que me quisiera tanto, como se ve que ustedes se quieren.— Estalló en carcajadas. Yo sonreía… «De verdad, es una muy buena persona. Está decido, debo darle una tunda a Lianne… ¿Qué espera de la vida, un príncipe azul? Este hombre se ve que es maravilloso… Supongo que es su físico, por eso lo rechaza. Yo también tengo un problema físico y a mi parecer el mío es mucho más grande que el de él. Si es que el suyo acaso lo es».

Seguimos bebiendo y riendo hasta que pensé que había sido suficiente. Les dije haciendo un gesto con mi mano:

—Lo siento chicos, debo de dormir aunque sea un poquitín, sino me van a freír mañana como a un camarón. ¡Jijiji!— Ray me acompañó a mi cuarto, le di un beso y le dije:

—Deséame suerte.

—Mucha suerte, peque.— Me metí a mi cuarto feliz y caí rendida al instante.

Desperté… «¡La prueba! Espero no sea muy tarde». Me vestí rápidamente, me enjuagué la cara y me vi al espejo. Era el momento, por fin… Tomé lo necesario de mi equipo y recargué mi espada en su funda junto a la bolsa. Esa espada que me había regalado el guardabosques hace años.

Llegué hasta el lugar, la sala de entrenamiento más grande de la torre. Incluso tenía un espacio igual de grande para que asistentes observaran lo que pasaba dentro de la sala. Todos estaban ahí… Grand y Lianne parada junto a él, con un rostro completamente privado de expresión, Ray y adelante de ellos el maestro. Solo atiné a decir:

—¡Perdón por la tardanza!— El maestro me vio de pies a cabeza y dijo:

—Todo bien, Arlinne. Justo a tiempo.— Corrí a lado de Ray y el maestro comenzó diciendo: —Muy bien, demos inicio. Primero les entregaré los anillos del enlace.— Uno por uno, empezando desde Grand, fue entregando algo… «¿Anillos del enlace…? ¿Qué diablos es eso? No lo sé, pero fingiré que sí…» Y así continuó, hasta que fue el turno de Ray. Eran un juego de sortijas doradas. Ray tomó la más grande y la puso en su dedo, yo hice lo mismo con la que quedó, no sentí nada… «Por un momento pensé que eran mágicas. ¡Buuu!» El maestro continuó:

—Ahora les explicaré en que consiste la primera prueba… Entrarán a la sala de entrenamiento y cada una de ustedes se parará en una de las dos marcas que aparecerán en el piso. Después de mi señal, una barrera mágica emergerá frente a ustedes, una para cada una. Las barreras son idénticas y tienen exactamente las mismas características, así que es indistinto en que marca se paren. El objetivo de la prueba es que la derriben usando todos los recursos que estén a su alcance. Recuerden las reglas, nada de armas, ni hechizos que creen extensiones de su cuerpo… Por último, una regla especial para esta prueba… No pueden usar conjuros que disciernan la naturaleza de las cosas o la naturaleza de otros hechizos. Para terminar… Esta no es una regla, sino más bien un consejo. No se cansen tratando de disiparla. Es imposible para ustedes, solamente puede ser destruida. La ganadora será aquella que derribe primero su barrera. ¿Alguna duda?— Lianne contestó inmediatamente:

—No, maestro.— Él volteó a verme a mí…

—¿Arlinne?— Suspiré… Se me notaba el nerviosismo.

—No, maestro…

—Muy bien. Daré unos minutos, en cuanto cualquiera de las dos esté lista, las dos tendrán que entrar.— Casi inmediatamente, oí la voz de Lianne…

—Estoy lista.— «¡Qué? Ni dos segundos, se ve que sigue echando chispas. Bueno, ni modo». La seguí hasta el interior de la sala. Cuando pasé por la puerta, ella ya estaba parada en una de las marcas, sin más me fui a la otra, la más cercana al cristal por el cual los chicos y el maestro veían hacia el interior. Oímos la voz del maestro dentro de la sala. —Alzaré mi mano, cuando la baje, las barreras se erigirán. En ese momento podrán empezar.— Respiré profundo… Tenía que tranquilizarme y enfocarme. Vi la mano del maestro elevarse y la vi bajando poco a poco, hasta que bajó por completo. Inmediatamente ambas barreras emergieron frente a nosotras y antes de que pudiera conjurar siquiera… Lianne ya había lanzado una explosión a la de ella… «Si la ha destruido con eso, no tiene ni caso que me desgaste». Pero el humo de la explosión se levantó y la barrera seguía intacta…

No me volvería a quedar atrás. Terminé de canalizar mi conjuro y lancé una cadena de relámpagos, mucho más fuerte que la que usé para matar a la bestia, con toda la fuerza que tenía en mi interior. Brilló el destello de luz y un instante más tarde el crujido de los relámpagos que chocaban contra la barrera uno tras otro… La barrera ni siquiera se veía que hubiera sido rasguñada en su cristalina apariencia. Escuché como Lianne conjuraba, saliendo de su boca esas palabras arcanas que nunca había entendido. Con una velocidad impresionante, como si repitiera una y otra vez una oración cambiando solo una que otra palabra en cada repetición… Alzó sus brazos y un vendaval elemental comenzó a chocar contra su barrera. Explosiones de todo tipo de elementos, chocaban una y otra vez contra ella. Fuego, hielo, rocas enormes, explosiones, rayos… Uno tras de otro, creando una cacofonía destructiva. Me quedé helada… «¡Así que esta es la verdadera fuerza de Lianne…?» Me sentí desvalida y ofuscada… Comencé a canalizar e intenté copiar torpemente lo que veía… «Sí llegamos a esto, mínimo que el maestro vea que tengo interés». De una forma muy burda comencé a lanzar hechizos elementales contra la barrera, todos mucho más débiles, uno del anterior por mi agotamiento y todos a mi parecer, mucho más débiles que los de Lianne… La veía de reojo, seguramente ya me había derrotado. La veía confiada, cuando el último de la secuencia de sus hechizos salía de sus manos. Se levantó el vapor, el humo y cesó la destrucción… La barrera seguía tal cual. Yo no podía más, apenas y seguí un par de segundos después por orgullo y me tuve que detener, recargando mis manos en mis rodillas, respirando agitadamente como si me hubieran dado una corretiza…

Ella frunció el ceño con disgusto, para inmediatamente después empezar a conjurar nuevamente… «¿Cómo es posible? Sigue como sí nada… Como las barreras, inmutable». Yo por el contrario, sentía que me iba a desmayar. Como sí la sangre, ya ni siquiera llegara a mi cabeza. Guardé la compostura por vergüenza, mientras me ponía la mano en mi pecho para que no se me fuera la respiración… «¿Cómo puede el maestro, siendo una persona tan sabia, ponernos a competir una contra la otra? Es simplemente irracional… ¿Me quiere poner en ridículo…? ¿Quiere darme una lección para que deje mis ímpetus de querer salvar el mundo? ¿Quería demostrarme cuan pequeña e insignificante era, ante un hechicero talentoso de verdad…? ¡No…! El maestro no es así, debe de tener un truco… Piensa, Arlinne, piensa…» Y entonces sonreí… «¿Podrá ser…?» Se desató nuevamente el conjuro de Lianne, esta vez un orbe de fuerza que emitía una luz oscura y roja incandescente, sacando chispas alrededor de su superficie, chocó contra el muro, haciendo un sonido similar al que hacen cien serruchos… Lianne lo veía anhelante. Empecé a reír en mi interior y le dije con confianza en mi voz:

—Eso no funcionará…— Mientras me paraba erguida nuevamente para empezar a caminar hacia mi barrera. Ella apretó los dientes como sí la estuviera insultando y dijo:

—¡Por qué, idiota? ¡Tienes algo mejor que eso? Demuéstrame y si lo haces, serás la ganadora.— Detuvo su hechizo, mientras me veía, incrédula… Sonreí y le dije:

—No es eso, no es que tenga algo mejor, es solo que…— Ya me encontraba parada frente a mi barrera al punto de poder tocarla con mi mano.

—Es solo que… ¡Esta barrera es inmune a la magia!— Solamente la toqué con mi dedo para que estallara en mil pedazos…

Lianne se quedó boquiabierta y oímos la voz del maestro…

—Felicidades, Arlinne. Eres la ganadora. Te llevas el punto de la primera prueba.— No podía más, sentía que en cualquier momento me iba a desmayar. El maestro continuó:

—La siguiente prueba será el día de mañana en este mismo lugar, a la misma hora. Se pueden retirar a descansar.— Lianne salió como si volara, ni siquiera se detuvo a verme, ni nada. Pasó de largo a Grand, él cual se veía como sí le quisiera decir algo y salió de la sala. Solo me resbalé por la pared de la cual me sostenía y sentí los brazos de Ray. El maestro se acercó, mientras Grand estaba distraído y nos dijo solo a nosotros dos, como en secreto:

—Son libres, sí así lo desean, de pasar el rato juntos hasta mañana… Me haré de la vista gorda.— Y nos cerró un ojo como en complicidad. Reí exhausta y le dije a Ray:

—¡Vamos al jardín…! ¿Me puedes cargar?— Le hice una cara chistosa, como sí le rogara. Me alzó en sus brazos y pasamos junto a Grand. Ray le dijo:

—Llevaré a Arlinne a que descanse un poco.— Grand contestó apesadumbrado:

—Sí, adelante. No se preocupen por mí, iré a seguir entrenando. ¿Los veré para la cena?— Ray iba a contestar, pero me adelanté y le dije:

—Claro, no estoy tan mal. Cenaremos juntos.— Yo reí tosiendo por el aire que se me iba. Él se alegró y Ray salió conmigo de la habitación…

Fui guiando a Ray entre los pasillos, hasta que llegamos. Le dije:

—Esta puerta jalala en direcciones opuestas desde el centro.— Él la abrió y ahí estaba mi amado jardín, mi segundo lugar favorito después de la biblioteca en la torre. Él se quedó asombrado por ver un lugar tan grande dentro de la torre y por como brillaba el sol sobre nosotros como si estuviéramos fuera… Supongo que ya a estas alturas, sabía que el exterior de la torre era solo una fachada. Le dije:

—Ponme en ese árbol de allá, ese que parece que tiene cerezas en flor.— Él me depositó sentada, recargándome al árbol, pero le volví a hacer un puchero y le dije:

—Pero acuéstate conmigo para que me pueda recargar en ti.— Así lo hizo, me recargué de forma que alcanzara su rostro y simplemente empecé a besarlo… Platicamos un rato, pero desfallecí ahí en sus brazos y me quedé profundamente dormida…

Cuando desperté ya estaba oscureciendo… Veía directamente a la cara a Ray, que jugaba con el cabello de mis flecos… Lo enrollaba entre sus dedos y luego lo soltaba cuando llegaba a mi frente. Reí y le dije:

—¿Qué haces, bobo? ¿Quieres ponerme el cabello chino?— Empecé a reír a carcajadas, me sentía mucho mejor, el aire fresco y estar con Ray, me habían hecho tanto bien. Le dije mirándolo a los ojos y bajito:

—Quiero pasar la noche contigo…

—Yo también…— Ambos nos quedamos en silencio, pensando en la misma cosa y le dije:

—Mejor no… Sería algo horrible para Grand. Que ya de por sí, debe estar pasando un momento muy duro por culpa de Lianne. Vamos a cenar, él ya debe estar cerca de ahí.— Él sonrió y me dijo:

—Sí… Me alegro tanto de no haberme equivocado contigo, eres una niña buena y considerada.— Hice otra cara chistosa para seguirle el juego. Fuimos al comedor, ya estaba Grand ahí, esperándonos. Cenamos y platicamos hasta que después de un rato me despedí y me fui sola a mi habitación…

*************************

«¿Cómo pude perder así…? ¿Cómo pude perder así? No puedo sacarlo de mi mente… ¿Cómo el renacuajo se dio cuenta de eso mucho antes que yo? ¿Me confié? ¿Qué fue lo que pasó? Eso me pasa por menospreciarla… Indudablemente tiene talento, sino obviamente ni siquiera la hubiera tomado como aprendiz el maestro, en primer lugar. Para colmo, ahora que ha descubierto su sexualidad, simplemente la veo y es como sí fuera otra… Llena de confianza, vibrante, incluso poderosa».

Me miré al espejo en mi habitación… «¿En qué me estoy transformando? ¿Por qué siento este odio tan grande en mi pecho, en contra de mi única amiga en este mundo? ¿Es envidia…? ¿Celos…?» Me mojé el rostro… «¿Tanto daño me hace esto? ¿Qué pensaría el maestro sí supiera todo esto que siento? ¡No! ¡Que piensa? Porque seguramente ya lo ha notado, sino antes, desde ayer o tal vez desde hoy… ¿Piensa que no soy apta para manejar el poder? ¿Qué solo sirvo para estudiarlo…? Pero cuando lo poseo me transforma en esto… Jamás podría confiar en alguien como yo para ser su heredera».

«Busqué en muchos hombres algo que valiera la pena, algo que despertara algo en mí para formar un lazo… ¡Jamás pude encontrarlo y renacuajo…! ¡Con el primer hombre que choca saliendo de aquí, resulta ser su príncipe azul! ¡Maldita suerte! Un año busqué y no encontré nada, para colmo, ese pelmazo de Grand Mosier… ¡Qué no puede entender, que no me interesa en lo más mínimo? Sí bien, si no estuviera aquí, ni siquiera podría hacer las pruebas… Es como sí fuera el destino que se burla de mí, para demostrarme que aunque hubiera conseguido un caballero, de igual forma iba a perder contra Arlinne».

«Lo he intentado de todas las formas que se me han ocurrido… Primero ignorándolo, dando excusas, fingiendo, incluso siendo sumamente grosera, cuando al final me ha desesperado, pero nada. ¡Tanto así me desea…? ¡Tanta es su obsesión con mi cuerpo…? No lo había pensado… Tal vez la forma de alejarlo de una buena vez, es dándole lo que busca, como a todos los demás patanes con los que me he revolcado en mi vida y jamás los he vuelto a ver. Espera un momento… Tal vez es mi culpa, tal vez simplemente estoy vacía por dentro… Como una manzana hermosa y lustrosa por fuera, pero podrida en el interior… Por eso no pude retener a ninguno de esos hombres…» Comencé a llorar desesperada… «¡No quiero terminar así, podrida…! ¡Quiero ser una hechicera con todo mi corazón, pero si estoy podrida, solo podré ser como una bruja…! ¡Tal vez es lo que el destino realmente quiere de mí…! ¡Qué enloquezca y castigue a todos sin motivo alguno… Para encontrar el descanso por fin, en una pira o con una espada mágica atravesando mi corazón…!» Lloré y lloré toda la tarde…

En mi llanto, ya sórdido después del largo rato que había pasado ahí a oscuras, oí que la puerta del cuarto de enfrente se abría. Era Arlinne… «¡No quiero seguir guardando este sentimiento dentro de mí! ¡No quiero que eche raíces de odio…! Tengo que hablar con ella…» Corrí a la puerta de la habitación para alcanzarla antes de que entrara al cuarto donde la había relegado. Abrí y grité:

—¡Espera, renacuajo!— Ella me vio sorprendida, primero por que le dirigiera la palabra y luego que vio mi rostro, como sí supiera lo que estaba pasando, sonrió con ternura…

—¿Estás bien, Lianne? ¿Quieres que hablemos?— Preguntó. Yo solo supe asentir con la cabeza, aún llorando…

—¿Quieres venir o quieres que vaya para allá?— Volvió a preguntar y contesté, medio ronca de mi voz:

—Ven, trae tus cosas, por favor.— Su sonrisa se volvió más pronunciada y dijo:

—Está bien.— Corrió a sacar las cosas del otro cuarto… Me volví a meter y dejé la puerta entreabierta, me senté en mi cama, esperando… Ella pasó y lo primero que dijo fue:

—¿Por qué está tan oscuro aquí?— E iluminó con un hechizo la habitación. Me vio ahí en mi cama revuelta, hundida en mi desesperación. Fue dejó sus cosas en su lugar de siempre y cerró la puerta. Se sentó frente a mí en su propia cama y dijo:

—¡Ah, mi camita! Fue solo una noche, pero te extrañé mucho.— Volteó a verme y me dijo: —¿De qué quieres hablar?— Sollozando, le contesté:

—Discúlpame, ¿si? No me quise enojar tanto contigo, ni te quise llamar idiota, ni amenazarte de muerte. ¡Por favor, perdóname!

—¡Ah, eso? Ya lo había olvidado, no te preocupes. Sé que todo esto es muy importante para ti, por eso no te guardo ningún rencor.— Volvió a sonreír con su sonrisa de tonta.

—¡En serio, me perdonas así de fácil…?

—Nunca tuve nada que perdonarte desde el principio. Te conozco y sé que eres así, pero no lo haces de mala fe.— Mis ojos se volvieron a humedecer… «¡Sí alguien merece ser la hechicera azul es ella y no yo!»

—¡Arlinne eres una tonta!— Le dije y empecé a reír. Ella dijo:

—¡Si!— Y ambas reímos. Por un momento las cosas volvieron a la normalidad entre nosotras y ya con más confianza, le dije:

—Arlinne. No quiero pelear contigo, no quiero que nos lastimemos, vamos a hacer un

trato.— Se me quedó viendo extrañada y continué:

—Tú quieres el poder para pelear contra los invasores y yo quiero ser la hechicera azul. Déjame ganar y yo te apoyaré con todos los secretos del viejo, para que tengan éxito tú y tu caballero en su empresa… ¿Qué te parece?

—Me halagas. ¿De verdad, consideras que yo te puedo ganar?— Siendo humilde solo por un momento y por primera vez con ella desde hace mucho, le contesté:

—Has crecido mucho… No sé si puedas ganarme, pero sin importar quien gane, solo nos vamos a lastimar… Vamos, piénsalo. ¿Qué necesidad hay de seguir con esto? Independientemente del resultado de la prueba, después de esto puedes abandonar la tutela del maestro cuando quieras, no importa sí ganas o pierdes…— Se quedó pensativa por un segundo con una sonrisa en su boca, para después levantarse e ir a tomar sus cosas donde las había dejado. Le dije:

—¿Qué haces…?

—Me preparo para cuando te responda… Porque te vas a volver a enojar conmigo y sí voy a recoger mis cosas del suelo, mejor las voy levantando de una vez.— Me sentí mal por haber aventado sus cosas fuera de la habitación y le dije:

—No me enojaré… Me voy a enojar, sí no dejas esas cosas en su lugar y duermes hoy en la habitación conmigo.

—¿Segura…?

—Sí.

—¿Segura? ¿Segura?

—¡Qué sí…! ¡Solo responde!

—No… Lo siento, no hay trato.— Me molesté… «¡Qué se ha creído este renacuajo?» Pero me calmé un poco recordando mi promesa y le pregunté:

—¡Por qué?

—No quiero pelear contigo, ni quiero que nos lastimemos, tampoco quiero ser la hechicera azul. Aunque en la más remota posibilidad llegara a ganar, te cedería mi título sin dudar.

—¡Entonces…?

—Quiero probarme a mí misma, no contra ti, sino a mí misma, para ver que tan lejos puedo llegar. Así que te voy a pedir por favor, que no te contengas. Sí lo haces, solo me darás una falsa confianza y me puede costar mi vida o la de Ray, más adelante en el camino. Así que por favor, pelea con toda tu fuerza.— Me quedé asombrada, ni en un millón de años pudiera haber imaginado que escucharía esas palabras de ese niño llorón que conocí hace años… «¿Tan fuerte es el poder del amor verdadero…? ¿Tanta confianza y sabiduría le había otorgado en tan poco tiempo?» Me sentí mal por dentro otra vez y volví a pensar que en verdad estaba vacía… Pero por lo menos, le daría gusto a Arlinne. Le dije:

—¡Muy bien! Que conste, que tú lo pediste… Te voy a freír.— Ella contestó sonriendo:

—Lo sé… ¡Jijiji!— Y le di un almohadazo exactamente en su cara.

—Ya quita esa cara de tonta, me desespera…

—Es la única que tengo…— Nos fuimos a acostar platicando de tonterías…

Cuando ya cada una estaba en la cama, me preguntó:

—¡Oye? ¿De verdad no sientes nada por ese joven, Grand?

—Nada de nada… ¿Por qué…?

—No. Por nada, solo pregunto… Por que he platicado junto con él, ya por largas horas junto con Ray. Y de verdad se ve que está perdidamente enamorado de ti, al grado de que eres la persona más importante en su vida.— Por un pequeño instante, me sentí emocionada y le dije:

—¿De verdad…?

—¡Uuy, si! Se nota a lo lejos.— Reí en silencio y continuó:

—¿Por qué…? ¿Es por qué es gordito? ¿O no muy atractivo? ¿O demasiado grande?

—Un poco de todo eso… Pero la razón principal, me he dado cuenta en los últimos días. Es que tal vez no puedo sentir amor por nadie, lo que es la misma causa por la que no conseguí un caballero tan guapo y fuerte como el tuyo… Esa es la razón principal.— Me sentí nuevamente con ese hueco en el pecho de hace un rato y ella dijo:

—¿Y por qué no, le das una oportunidad?— «¿Renacuajo celestina…?» Empecé a reír y dije: —Deja de balbucear tonterías, renacuajo, ya duérmete. A menos que me quieras contar acerca de tu caballero…

—Mmmh… Su nombre es Ranerd Forthand, pero le digo Ray de cariño. Es un mercenario del gremio del lobo plateado y un maestro en la espada…— Se notaba a leguas que estaba perdidamente enamorada de él. «Que envidia…» Pero a la vez me sentí aliviada por saber que por fin, toda su depresión se había ido. La interrumpí y le dije:

—¿Y renacuajo…? ¿Qué tal es Ray en la cama?— Ella se quedó callada. No quería aflojar el chisme y no la culpo. Una atesora sus primeras veces con mucho cariño y recelo… Me imagino que más, cuando esa persona es especial. Finalmente contestó suspirando: —Increíble… Y ahora a dormir, tengo que descansar para que mañana no me frías tan rápido. Buenas noches.— Con mi alma en paz después de haber hablado con ella, contesté:

—Buenas noches.

Desperté por la mañana temprano. Arlinne seguía dormida… No quise despertarla. Me metí al baño y pensé en como sería la prueba… «Sí Arlinne me gana hoy, todo habrá terminado… Si eso sucede, me iré de aquí a un gremio de magos en Kaspler». Lo tenía decidido. Igual sí yo ganaba, pero el maestro no estaba de acuerdo en mi conducta o en mi forma de pensar y no quiere reconocerme como hechicera… Haría lo mismo. Me puse triste… «Tal vez sean los últimos días que paso aquí con Arlinne, en este cuarto. Donde tantas de nuestras ilusiones de niñas, chocaron contra las paredes en innumerables ocasiones…»

Salí del baño y me comencé a vestir. Arlinne apenas empezaba a abrir sus ojos. Le dije:

—¡Se te va a hacer tarde, sí no empiezas a moverte ya…! A mí no me importaría ganar, porque a ti te descalifiquen. Es más… Sí estoy ahí, esta vez le insistiré al maestro que es la segunda ocasión seguida que lo haces para que te saque de la prueba.— Me vio aún con sus ojos pegados y dijo, balbuceando:

—¡Qué mala, ya voy, ya voy!

Me terminaba de arreglar, mientras Arlinne se bañaba. Me veía al espejo… «Está mal que lo diga yo misma, pero… Sí soy una mujer muy atractiva. Atractiva y solitaria…» Me recosté en la cama después de secar mi cabello para esperar a Arlinne en lo que estaba lista. «De verdad, voy a extrañarla mucho cuando todo esto termine…»

Desayunamos y fuimos hacia la sala de práctica. Se le veía nerviosa, igual que ayer. Se había quedado en silencio desde que salimos del comedor. Nos paramos frente a la puerta y me jaló de mi toga antes de entrar. Le pregunté:

—¿Qué pasa?— Solo dijo sonriendo:

—Nada, lo siento… Solo entremos.— Ahí estaban ya los caballeros y el maestro. Me fui a ocupar mi lugar junto a Mosier, solo pronunciando un escueto saludo, el cual, él respondió de la misma manera… No lo quería ver a la cara. Arlinne se paró junto a su caballero y el maestro comenzó a hablar:

—Demos comienzo. Les explicaré de que va la prueba del día de hoy. Las dos entrarán a la sala de entrenamiento y esta vez, combatirán una contra la otra. Las reglas generales aplican nuevamente… Está prohibido el uso de armas y de conjuros que creen extensiones de su cuerpo. La ganadora será quien deje a su oponente fuera de combate, es decir, que no pueda continuar. Eso lo decidiré yo, de igual manera sí una de las dos se quiere rendir durante la prueba por temor de su integridad física o mental, contará como que no pueden continuar. ¿Hasta aquí lo han entendido?— Contesté sin pensarlo dos veces:

—Si, maestro.— Volteé a ver a Arlinne y estaba más nerviosa que antes, supongo que estaba haciendo un gran esfuerzo por probarse a sí misma. El maestro dijo:

—¿Arlinne…?

—Sí, maestro…— El maestro continuó, explicando:

—Muy bien, continuaré con las reglas. Dentro de la batalla están prohibidos los conjuros que potencien sus cualidades físicas o su resistencia, esos solo los podrán usar aquí afuera, antes de que comience la batalla. Daré unos cuantos minutos y cuando la primera esté lista, ambas tendrán que dejar de usar conjuros personales y entrar a la sala. ¿Entendieron?— Contesté:

—Sí, maestro.— Y Arlinne contestó después de mí:

—Sí.

—Muy bien, entonces adelante. Pueden comenzar con sus conjuros personales.— Iba a empezar a canalizar un conjuro de protección cuando escuché la voz de Arlinne…

—¡Estoy lista!— Sonreí… «Muy bien, muy bien, renacuajo… Me lo merezco». Ambas entramos a la sala y nos paramos, una frente a la otra…

Escuchamos la voz del maestro dando inicio a la prueba, pero cuando dio la señal… Solo nos quedamos paradas… Arlinne observaba con mucho detenimiento, me estaba esperando a que actuara… «¿Qué piensa lograr, haciendo eso? ¿Me piensa contrarrestar…? Dudo mucho que Arlinne tenga esa capacidad, pero aun así no me confiaré… ¡Ah, ya sé! Vamos a ver de que se trata». Hice una posición con mis manos al frente, como sí fuera a canalizar un conjuro y entonces la vi despegar como un bólido, lanzándose con todo su cuerpo hacia mí, para darme un rodillazo en la cara… Apenas y me pude hacer a un lado… «¿Con qué de eso se trataba, Arlinne? ¡Tanto miedo le tienes a mi magia…? Que eres capaz de arriesgarlo todo para tener una ligera oportunidad de interrumpirme y sacarme de balance». Le dije:

—¡Muy mal, señorita! No te debes de arriesgar así… ¿Todo, por nada?— Canalicé a toda velocidad un conjuro básico de golpe de fuego y lo dirigí hacia Arlinne… Ella seguía con el ímpetu de su movimiento, apenas recuperando su balance. Le daría de lleno… Pero cuando hizo contacto, solo oí como si se rompiera un cristal y la vi ilesa…

«¿Qué conjuro es ese? ¿Creí que estaba prohibido usar conjuros personales? ¿Lo lanzó en la fracción de segundo antes de contestar que estaba lista…?» Me apresuré nuevamente y conjuré un hechizo de escudriñamiento, para ver que mejoras mágicas tenía activas. Me quedé en espera de que hiciera algo nuevamente, mientras con mi mente lo leía… «¿No tiene nada? ¡Qué raro! ¿Se acabaría el efecto? ¿Era de un solo uso?» Ella empezó a conjurar… «Muy bien, no la contrarrestaré aún. Esperaré a que esté más cansada… El conjuro de rayos que le vi el día de ayer, me sorprendió al venir de ella… Por más burdo que sea, sí eso me pega de lleno, seguro tendré problemas, pero eso no pasará». Lanzó su conjuro increíblemente rápido, casi a mi misma velocidad… «¿Arlinne, puede hacer eso?» Lo vi por un segundo. Se trataba solo de una pequeña llamarada inofensiva, como la de un niño que lleva unos meses estudiando magia. Sonreí… «Así que por eso lo había canalizado tan rápido». Era solo un truco que ni siquiera se le podía llamar magia. Canalicé mi barrera mágica… Pero Arlinne, salió volando nuevamente al frente alcanzando su conjuro, tuve que interrumpir mi hechizo o me daría de lleno en la cara…

Me hice apenas un paso hacia atrás, pero me alcanzó con su rodilla en el estómago y luego me golpeó la pequeña llamarada. Sentía que se me salía el aire de los pulmones. La llamarada apenas estaba caliente, pero por un momento me hizo hervir la sangre y pensé en convertirla en cenizas ahí mismo. Respiré profundo, mientras estaba arrodillada, con mi mano en el estómago y aproveché ese momento para dejar algo en el piso… Le dije:

—¿Así que te gusta jugar a los golpes? ¡Eh? ¿Creí que el encuentro era mágico?— Sonrió y contestó:

—Lo siento, Lianne. Tengo que usar lo que tengo a mi favor.— Se notaba agitada… Todo ese movimiento en tan poco tiempo. Yo apenas me había movido unos pasos y me dolía su rodillazo, pero aún tenía mucho más que dar…

Seguí tendiendo el hilo de mi trampa… Me reincorporé y nuevamente, finté como sí fuera hacer un conjuro… Ella se volvió a lanzar, esta vez mucho más lenta que las dos veces anteriores. Aun así apenas pude hacerme a un lado, pero con ese movimiento había quedado parada justo donde yo quería. No quise ser engreída, así que no le dije nada. Con toda la tranquilidad del mundo, estando parada como a unos tres metros de ella, comencé a conjurar un hechizo de relámpago. Ella se intentó mover, pero mi runa encantada la tenía atrapada al piso. Vi su rostro de sorpresa y le sonreí, mientras terminaba de lanzar mi conjuro… La runa no la dejaría mover hasta que el conjuro que iba unido a la runa la golpeara. Cayó el relámpago… Vi la luz y medio segundo después esperaba escuchar el trueno, pero solo oí ese sonido otra vez, como un cristal rompiéndose. Arlinne seguía ahí parada como sí nada, jalando sus pies con sus manos para intentar moverse.

Algo andaba mal… Me empecé a fijar lentamente en todo. Algo debía darme una señal de que era lo que pasaba. Vi su rostro, sus piernas, buscando algún artículo mágico en sus ropas… Nada de nada. «Si hubiera algo así, el maestro seguro la habría descalificado ya. Debe ser otra cosa… ¿Una guarda…? ¿Pero en qué momento la conjuro…?» Y entonces me di cuenta, sus pómulos, sus brazos y sus rodillas, se veían maltratados, como sí estuvieran muy ligeramente quemados, como sí parte de mi conjuro sí la hubiera dañado. «¡Ya sé…!» Canalicé otro conjuro, esta vez de hielo. Me preparé y está vez sin la luz de los conjuros anteriores que me cegara, pude verlo con claridad… Arlinne todo este tiempo había estado haciendo versiones del conjuro de barrera, pero con una cantidad muy pequeña de poder mágico. Lo que le permitía lanzarlos a la par cuando mi magia la iba a golpear, pero como no tenían la fuerza suficiente, estallaban al instante… ¡Ese era el ruido que se oía como un cristal…! Lo peor del caso es que estaba recibiendo parte del daño, porque la barrera simplemente se desquebrajaba. Sonreí y le dije:

—¡Todo por ganar, renacuajo! Ve como estás…— Se me quedó viendo, desesperada por zafarse de la runa que la tenía sujeta al piso. Le pregunté con un tono ingenuo:

—¿Por qué no, la disipas?— Ella contestó, sonriendo:

—Sí la disipo, estallará…

—¡Vaya, vaya, vaya! Sorprendente. Después de todo, sí sabes algo de teoría arcana avanzada… Sabes, lo peor de tu situación en este momento, es que ya me di cuenta de tu pequeño truco. No quiero lastimarte más. Ríndete y te liberaré de la runa sin hacerla estallar.— Comenzó a llorar… Estaba a punto de liberarla, pero ella dijo:

—No.— «¡Qué?» Sabía que estaba perdida y aún así… Me molesté. ¿Qué tan necia podía llegar a ser…? Preparé el conjuro que estaba ligado a la runa y lo lancé apretando los dientes… «Ojalá aprendas algo de esto…» La luz resplandeció y esta vez cuando iba a erigir su barrera, contrarresté su conjuro… Lo recibió de lleno. Emitió un ligero gemido para salir volando hasta la pared, chocar y caer al piso humeando de su cuerpo y ropas.

No quería voltearla a ver, después de todo yo la había dejado así, solo esperaba escuchar la voz del maestro anunciando que Arlinne no podía continuar… Nada. ¡Por qué…? Volteé a ver… Estaba de rodillas, tratando de incorporarse con mucho esfuerzo. No pude soportarlo más… Las lágrimas me rodaban por el rostro, debía ponerle fin a eso. Caminé hasta ella y cuando la tuve frente a mí, me volteo a ver desde abajo… Estaba llorando. Le dije:

—¡Basta, Arlinne! Ha sido suficiente.— Ella me dijo como pudo:

—¿Lo hice bien…?— Sonreí aún llorando y le dije:

—Un valiente esfuerzo, estoy orgullosa.— Para después golpearla con mi puño en su cabeza con todas mis fuerzas, tratando de noquearla… Surtió efecto.

El maestro anunció que yo había sido la ganadora y que la última prueba se realizaría en dos días más, a las afueras de la torre al mediodía. Se abrieron las puertas de la sala y Ray entró corriendo a socorrer a Arlinne, quien ya tenía yo en mis brazos. Se paró frente a mí y le dije:

—Lo siento caballero, esta vez yo cuidaré de ella. Despreocúpate, estará bien.— Se quedó mudo, pero asintió con la cabeza. Salí de la sala y me dirigí a nuestras habitaciones…

*************************

Desperté… Todo era muy confuso. Me ardía la piel de todo mi cuerpo, me dolía la cabeza y tenía mi boca amarga y seca, como sí hubiera metido mi calceta a la boca. Traté de hacer un esfuerzo por recordar lo último que me había pasado… «¡Ah, si! Recuerdo a Lianne pegándome en la cabeza por necia. Me arden mucho mis ojos, no los puedo abrir». Pensé en avisar que estaba despierta y que no podía ver, pero no es que no pudiera ver, simplemente no podía abrir los ojos, me ardían demasiado…

Hice un esfuerzo, aunque me doliera y los despegué como pude. Estaba en mi habitación. Lianne estaba acostada en su cama leyendo, en la cómoda había una botella vacía y una aún llena con un extraño líquido color azul aqua… ¿Era una poción…? Parpadeé y el ardor regresó. Emití un quejido para alertar a Lianne. Ella volteó y me dijo:

—Vaya, ya era hora. Ya decía yo que no te había pegado tan fuerte.— Le dije con tono entrecortado:

—Explicaciones…

—Estabas lastimada después de que te friera tu cabecita y te tuve que golpear. ¿Eso lo recuerdas?

—Sí. ¿Después…?

—Después te traje aquí. Y para tratar tus heridas más rápido y que no tuvieras complicaciones, te administré una de las pociones que me dio el maestro. Pero como no podía dártela a beber, porque podías ahogarte con ella, te la di con un gotero en los oídos, los ojos y la boca.— Así que eso era el sabor amargo y por eso me ardían los ojos. No aguantaba más, me iba a tallar los ojos y Lianne grito:

—¡No, mensa…! Te puedes lastimar, si haces eso. Espera un poco, ya se te irá pasando, aguántate.— Fue a la cómoda por la poción que aún estaba llena y dijo:

—Bueno… Di aaah.— Hice una cara de asco y le dije:

—No. Eso sabe horrible, a calcetín y arde cuando toca las mucosas. ¡No, no, no! Nada de eso…

—¡Ah, entonces abandonas la última prueba? Es la única alternativa para que estés en condiciones pasado mañana.— Dijo eso en tono burlón… Solo volteé a otro lado y estiré mi mano. La bebí, mientras ella agregaba:

—Solo la mitad renacuajo, funciona mejor en dosis moderadas en periodos de tiempo.— «¡Qué asquerosidad!» Me ardía toda la garganta y sabía horrible. Llegué a la mitad, le entregué la botella y sentí como si quisiera vomitar. Ella me dijo:

—No renacuajo, no la devuelvas, si no puede que no sea suficiente. Aguanta, con bravura, como cuando aguantaste mi relámpago.— «¡Bleeeh, no creo poder aguantar…!» Sentía espasmos en mi tracto digestivo. Ella destapó un frasco y me dio a oler un pequeño paño con la solución… Lo olí y poco a poco sentí que regresaba el contenido de la botella a mi estómago. Solo me quedé ahí, extenuada después de tan duro martirio…

Regresó a su cama a seguir leyendo. Cuando se me pasó del todo el asco y pude volver a tragar saliva le pregunté:

—¿Qué hora es?— Ella me volteó a ver y dijo:

—Yo diría que debería de estar atardeciendo, tal vez las cinco o las seis de la tarde. ¿Tienes hambre, sed o quieres ir al baño?

—No… Tengo sed, pero no quiero que el agua revuelva esa porquería en mi estómago.

—Bien… Iré a buscar algo de comer y a decirle a Ray, que estás bien, que no se preocupe, que te podrá ver mañana. ¿Quieres algo?

—No… Solo no quites la luz, tengo un trauma últimamente a estar herida en la oscuridad. —Bueno, pero duérmete.— «Sí para algo soy buena, es para eso… Para dormir». Sonreí adolorida y cerré los ojos.

Desperté. Lianne no había vuelto… «Fue como lo esperaba, en realidad no tenía nada que hacer. A pesar de que tal vez desperdicie un par de oportunidades… Por lo demás no pude hacer nada. Además para aprovechar dichas oportunidades debía de haber sido adivina. Al final, sí me frio, ni siquiera me di cuenta cuando trazó la runa en el piso, debió de haber sido después de que la golpeé. Tal vez, sí hubiera disipado la runa justo en el momento en que lanzó el hechizo atada a ella pudiera haber escapado, pero me hubiera contrarrestado igual… Es sin duda, una hechicera muy poderosa. Como me gustaría que me pudiera acompañar y Grand también. Con Ray y ellos a mi lado, de verdad tendríamos una oportunidad… Le voy a preguntar, aunque ya sé su respuesta, no pierdo nada». Estiré mi brazo hasta la poción que quedaba y le di otro trago apretando mis ojos… «¡Bleeeh! Tengo que ponerme bien para la última prueba. ¡Qué asco…! Mejor me vuelvo a dormir».

Abrí mis ojos. Lianne estaba acostada durmiendo… Tenía ganas de orinar, pero no quería molestarla. Intenté pararme. Sentía que era muy temprano por la mañana… Lo logré, ya no me dolía nada, solo cuando por fin estuve completamente erguida me mareé un poco. Caminé hasta el baño, fui, hice mi asunto y me empezó a dar mucha hambre. Eso era buena señal, después de todo sí había servido esa porquería de poción. Me fui descalza hasta el comedor, solo tomé algunas cosas dulces como jugo y pan. No quería nada grasoso o me volvería a dar asco otra vez. Regresé. Lianne se había despertado y empezó a regañarme. Yo le dije:

—Estoy bien… Tenía hambre, por eso fui sola hasta allá.

—Está bien. Acuéstate y vuélvete a dormir.— Negué con mi cabeza y dije:

—Ya tengo hinchados los ojos de tanto dormir, me voy a dar un baño. Tú duerme un poco más. Aprovecharé y llenaré la tina para estar un buen rato en lo que tú duermes.

—No. Iré contigo, te ayudaré a bañar… ¡Ah y tómate lo que queda de la poción! No estamos para desperdiciar.— Siempre me había dado pena bañarme con Lianne… A ella no le importaba, pero a mí me daba pena que me viera…

—¡No, ya no somos pequeñas! Puedo bañarme sola.

—No veo cual es el problema… ¿Eres una niña, no?— Esa lógica podrida otra vez… «¡Pfff!» Sabía en que terminaría todo y mejor cedí.

—Como quieras, pero ya no tomaré la poción.

—¡Ah, no? Tal vez quieras que le diga a tu caballero, que mojabas la cama ya de grandecita.— «¡Mierda!» Fui hasta la cómoda y me la empiné… De que estaba en ese plan, era como una hermanastra malvada.

Me quité mi ropa y me metí al baño. La tina era suficientemente grande como para tres personas. Antes de la tina, me senté en un banquito para lavarme. Entró Lianne, la vi de reojo… De verdad que eran grandes sus pechos, ya casi del tamaño de mi cabeza, tal vez un poco menos. ¿Qué había hecho para que se le pusieran así…? No pude evitar y volteé a ver los míos… «Decepcionante, simplemente decepcionante». Se remojó un poco en la tina para salir después de un momento y decirme:

—¿Te lavo la espalda, hermanita?— «¡Qué diablos? ¿Por qué de repente tan amable y hermanita…?» Se sentó tras mío y empezó a tallarme la espalda con un estropajo… Tenía tanto tiempo que no hacíamos eso, tal vez cinco años o más. Mi corazón se suavizó y decidí preguntarle:

—¡Oye, Lianne? ¿No te gustaría acompañarme en mis aventuras? Eres una hechicera muy poderosa. Me sentiría tan tranquila sí tú estuvieras conmigo.

—¡Jajaja! ¿Aventuras…? ¿De qué serán tus aventuras, hermanita?

—Ya sabes, te he contado un sin fin de ocasiones… Para ayudar a la gente y tratar de ponerle fin a la invasión… A la guerra.

—Ah… Hermanita. Siempre tan ingenua y de tan buena voluntad. Cuídate mucho.— «¿Eso es un no?»

—Pero. ¿No te gustaría ayudar a las personas?— Me contestó, mientras seguía tallándome, ahora el cabello:

—La verdad es que no, discúlpame. Simplemente no pensamos igual.— Sabía que esa iba a ser su respuesta, pero igual me entristeció. Ya enjuagaba mi cabello y le pregunté:

—¿Tú que harás después de esto?— Tardó en contestar, mientras terminaba de enjuagarme para empezar a lavarse ella.

—Aún no lo sé… Todo depende de que pase mañana.— Me paré para irme a meter a la tina cabizbaja y me sujetó de la pierna. Me dijo, como sí se despidiera:

—Cuídate mucho siempre, Arlinne. Por favor. Al menos hasta que el destino quiera que nos volvamos a ver.— Sonreí con trabajos y le dije:

—¡Claro! No hay problema, tú igual. Cuando nos volvamos a encontrar verás que ya soy mucho más fuerte.— Estuvimos en la bañera platicando de bobadas. Al final salí, me vestí y le dije, mientras ella seguía en la tina:

—Quiero ver a Ray. ¿Te veo por la noche, si?

—Seguro.

Ese día me lo pasé por completo con Ray. Él dejó su entrenamiento temprano y decidimos estar un rato en el jardín, para luego darle un recorrido por la torre… Le mostré la biblioteca, muy emocionada, por que quería que viera donde pasé la mayoría del tiempo en la torre. Solo atinó a decir:

—¿Y no te aburrías?— Le hice una cara fea y le contesté:

—Claro que no, siempre había algo distinto que leer, nunca podría aburrirme aquí. —Discúlpame. La verdad no sé mucho de libros… Solo leí los obligatorios del entrenamiento en la academia militar y en el gremio. Pero casi estoy seguro de que ninguno tan complejo como estos.

—No te preocupes, no tienes de que disculparte.— Sonreí y él me preguntó cambiando el tema:

—¿Cómo siguen tus heridas?

—Estoy completamente repuesta… ¡Jijiji!— Me abrazó contento y lo abracé también… Seguimos abrazados largo rato.

Le mostré un par de lugares más y después nos fuimos a cenar al comedor, donde Grand ya nos esperaba. Pasamos la que podía ser nuestra última velada los tres… Volví a beber junto con ellos y me volvieron a contar más de sus aventuras juntos. «¡Pues cuántas anécdotas tienen…?» Me entró ese dolor en el alma una vez más… «¡Sí solo se pudiera que fuéramos los cuatro juntos a pelear contra el destino! Me gustaría tanto estar con ellos en el campo de batalla… Con los tres al mismo tiempo». Ya medio tomada me despedí, no sin antes dejarles algunas botellas más… Los dejé seguir compartiendo ese momento que era de ellos. Ray tampoco volvería a ver a su entrañable amigo en largo tiempo. Regresé a la habitación, Lianne ya estaba dormida, roncando suavemente bocabajo…

Fin del capítulo 4.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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