Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 43
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Capítulo 43: Epílogo 7…
(Epilogo VII).
En un tiempo distante e impreciso…
«¡Wahh! ¡Qué calor! ¡Este lugar es horrible! ¿Por qué hay tantas personas en este mundo…? ¿Y para colmo, todas tenían que estar reunidas aquí? No me gustan estos mundos, donde nadie sabe nada de magia… Son tan superficiales. No hay casi monstruos, solo unos cuantos y escondidos… No los culpo, yo también me escondería, sí fuera un monstruo…» Pensaba, mientras veía las largas filas de personas, formadas para no sé que cosa… «¡Pfff! ¡Y todos humanos? ¿Cómo pueden ser tantos? ¿Qué solo se dedican a eso…?»
Comencé a abanicar aire a mi rostro, cuando Lianne llegó y dijo:
—¿Cómo estás, renacuajo?— De inmediato, le arrojé todo mi descontento…
—¡Hermana! ¡Esto es horrible! ¡Qué lugar es este? Aquí no hay aventura, ni monstruos, ni nada… Te he dicho mil veces, que este tipo de mundos y sus civilizaciones, no me gustan… Los únicos conflictos que hay aquí, son entre las personas y de eso estoy harta… ¡Cuándo nos vamos?— Ella rio y dijo:
—¡Jajaja! Calma, renacuajo… ¡Mira, toma este dinero y haz lo qué tú quieras! ¿Qué te parece?— Ella me ofrecía un fajo de papeles de color grisáceo con un tono verdoso… Le dije, tomándolos en mi mano:
—¿Dinero…? ¿Estos papelitos…?— Los observé detalladamente y le dije:
—¡Diez mil…! ¡Guau! ¿Es mucho? ¿Diez mil, qué…? ¿Y este señor mal encarado, quién es? Debe de ser muy rico, sí él avala diez mil de lo que quiera que sea…— Lianne reventó en carcajadas y dijo:
—¡Jajaja! Renacuajo… Que importa, tú solo gastalos… Tampoco tengo el gusto de conocer al señor mal encarado del pijama, pero… Dinero es dinero.— Hice una mueca de descontento y me guardé el gordo fajo de papeles en mi bolsita. Le dije:
—¿Esto es lo qué hacías con el señor de los lentes oscuros y los tatuajes, afuera de este lugar? No lo sé, pero… Conozco su tipo, casi seguro se dedica a cosas poco éticas…— Ella dijo:
—¡Jajaja! Basta de berrinches, renacuajo. El señor de los tatuajes, también tiene que comer. ¡Jajaja! Solo le cambié un poco de nuestro oro, por dinero de este lugar… Así que sí te lo acabas todo, dime y le cambiamos más.— «¡Pfff!»
—¡Nah! Nada en este lugar, llama mi atención… ¡Quiero salir de aventura!— Hice un puchero… Ella dijo:
—¿Renacuajo…? Deja de portarte como una niña pequeña. ¿No quieres comer algo? ¿O comprar ropa? ¿O qué tal uno de esos aparatos, cómo el que tenía Ayaka, cuando la encontramos?— «¡Mmmh…!» Le dije:
—¡No! Yo a ese traste, ni le entiendo…— Ella dijo, llena de paciencia:
—Arlinne, sé compresiva… Ayaka viene de una civilización muy parecida a esta y está muy contenta, mostrándole todo a Penny… ¡Mira!— Volteé a verlas… Ambas corrían de un lugar a otro entre los puestos, de vez en vez, algún chico las paraba en seco para quien sabe que cosa… Ellas hacían una pose idiota y luego seguían de un lado a otro…— Le dije:
—¡Pfff…! ¡Ya qué…! Parece que sí se están divirtiendo…— Ella dijo:
—Se ve, que tienes mucho calor, ¿por qué no, bebes algo? He escuchado de Ayaka, que aquí, algunas bebidas tienen gas…— «¡Eh?»
—¡Gas…? ¿Cómo para qué…?— Ella dijo:
—No lo sé, pero… ¿Por qué no, lo averiguas? Y nos cuentas. Seguro, a ti te podría interesar algo como eso… ¿O qué tal, sí comes algo? Los chicos están allá, formados… ¡Mira!— Volteé a ver a Grand y Ray… Tenían varias charolas de comida entre sus brazos y devoraban, a la par que seguían formados para conseguir más… Le dije:
—¡Pfff…! ¡Qué raro…! ¡Jijiji!— Mi humor empezó a cambiar y agregué:
—Ya, está bien, les seguiré su juego… ¡Jijiji! Veré que encuentro…— Ella dijo:
—¡Esa es mi hermanita! Estaremos por aquí cerca, nos vemos…— Y regresó con Camille, que hacía cola para no sé que cosa…
Caminé rumbo a Ray… Justo había salido de la fila con sus manos llenas. Él me ofreció una charola hecha de papel corrugado, llena de unas pequeñas esferas, sazonadas con algo encima. Me dijo:
—Toma, peque, pruébalas…— Le dije:
—¿Qué es, amor…?— Él dijo:
—No lo sé, pero están muy buenas… Es pan, tal vez…— Le dije, emocionada:
—¡Pan…? ¡Me encanta el pan, a ver…!— «¡Mmmh…! ¡Eh! ¡Deliciosas!» Le dije:
—¡Qué buenas están!
—¿Verdad?
—¡Sí! Y tienen dentro algo de carne… ¿Calamar? ¡No! ¡Pulpo! ¡Es pulpito!— Me puse muy contenta… Así de fácil era yo, de consentir. Él dijo, dejándome una charola más:
—Regresaré con Grand… Nos veremos al rato, ¿está bien?— Le dije, asintiendo:
—¡Sí, está bien!— Se detuvo en su movimiento y me dijo al oído:
—He escuchado que en esta ciudad, algunos hostales tienen bañeras enormes, que expulsan aire dentro del agua o incluso, como las aguas termales…— «¡Eh…!» Me sonrojé y él, ya separado de mi rostro, agregó:
—¿Te gustaría investigar por la noche, junto conmigo ese tema…?
—¡Si! ¡Jajaja! Habrá que revisar bien el asunto…— Se despidió de momento y yo me fui a una esquina a observar alrededor y engullir las deliciosas bolitas…
Llamó mi atención una caja metálica que estaba a mi lado… La gente llegaba, le tiraba monedas o papeles y la caja les entregaba envases con bebidas. «¡Mmmh! Interesante… Debo de poner mucha atención… ¡Oh! ¡Incluso da cambio? Bien…» Esperé a que una estuviera desocupada y me paré frente a ella, como hacían todos. Leí con ayuda del conjuro, que todos teníamos en efecto para entender el idioma… «¡Mmmh! ¿Solo billetes de mil? ¿Qué es un billete? Ah… Deben de ser estos papeles… ¿Mil…? A ver». Saqué el fajo de papeles y los comencé a revisar… «Espero que el señor de los tatuajes, haya puesto algo de cambio… ¡Ah! ¡Qué suerte! ¡Mil! ¡Muy bien! Señor del bigotito y el pelo chino… Tengo sed. Allá vamos… Listo, está dentro… Ahora… ¿Debo de escoger qué quiero…? No tengo idea, de que diablos sea cada una de estas cosas… Aunque pueda leerlas, no entiendo que significan las palabras… Pues… Estas de aquí, solo parecen agua… Así, que eso es aburrido, sí ya llegué hasta este punto, mejor probar algo que solo pueda probar aquí… ¡Mmmh! Esa con la etiqueta roja se ve interesante, ¿ahora debo de presionar aquí…? ¡Si! ¡Eso es!» El envase cayó por debajo de la caja y las monedas de mi vuelto sonaron. Recogí ambas… «Que monedas tan chistosas… Parecen de materiales valiosos, pero seguro no es oro, ni plata». Me las eché a la bolsa y comencé a analizar el envase… «¡Wahhh! ¡Cómo se abre?» Nuevamente, observé a las demás personas… «¡Ah! Ya veo… ¿Es cómo un tornillo? Mmmh… A ver…» El envase hizo un sonido peculiar, cuando retiré la tapa… Como sí escapara el aire del interior. «¡Jajaja!» Un pequeño triunfo que me hizo tan feliz…
La bebí ávidamente… «¡Mmmh! ¡Wahhh! ¡Qué asco! ¡Qué es esto?» Estaba fría, tenía una especie de gas revuelto en el líquido… Eso estaba bien, pero… Tenía más azúcar, que una manzana acaramelada… «¡Qué asco! ¡Bleeh! ¡Cómo pueden siquiera beber esto?» Mi lengua punzaba, como sí la hubiera picado una abeja… «¡Qué horror!» No había, ni bebido la mitad… «¿Qué hago? Desperdiciar es malo. No puedo solo tirarla, pero de algo estoy segura… Me sentiré mejor con ella fuera de mi pancita, que dentro…» Penny y Ayaka, llegaron hasta mí… «¡Ufff! ¡Mi salvación!» Le dije a Penny:
—¡Mira, Penny! Bebe esto… ¡Te gustará!— Ella sin pensarlo dos veces, tomó el envase y dijo:
—¡Ufff! ¡Justo lo que necesitaba y está helada!— La engulló de unos cuantos tragos… Ayaka veía en silencio. Penny terminó y dijo:
—¡Deliciosa! ¡Yummy! ¡Burp…!— Ayaka reventó en risas y dijo:
—¡Jajaja! ¡Justo lo qué esperaba de una bestia como tú! ¡Jajaja!— Penny dijo, sin saber a lo que se refería:
—¡Qué? ¡Estaba buena! ¡Quiero otra!— Le dije a Ayaka:
—¿Puedes traerle otra y ayudarme a escoger algo para mí, qué no tenga tanta azúcar como para tirarme los dientes, por favor?— Ella dijo, aún riendo:
—¡Jajaja! ¡Si! Penny… Sí bebes mucho de esa porquería, tendrás problemas con tu estómago.— Penny dijo:
—Solo una más, ¿sí? Ya era muy poquita la que me dejó, Arlinne.— Asentí, viendo a Ayaka y ella se encogió de hombros, diciendo:
—¡Jajaja! ¡Ok, ok! ¡Al cliente lo que pida!
Ayaka lo hizo en un instante y regresó… Le dio su bebida azucarada a Penny y a mí me dio una botella con un líquido transparente y verdoso… Lo vi raro, noté que tenía las palabras, té, limón y helado… «¡Pfff!» Ella asintió al verme dudar. La abrí y la bebí, primero con cautela, pero… «¡Ufff! ¡Qué rico! ¡Esto es más lo mío!» Suspiré reconfortada y le dije:
—¡Gracias, flaquita! ¡Me salvaste! ¡Te quiero mucho!— Ayaka me dijo:
—Arlinne, vamos a comprar unos móviles como el mío, para todos… He estado revisando los detalles y después de enseñarle lo más que pude a Penny, ella está segura, que puede hacerlos funcionar fuera de este mundo, para que por lo menos, estén conectados entre ellos… ¿Qué color quieres el tuyo?— Les dije, sorprendida:
—¡Penny! ¡Puedes haces eso…?— Ella rio modestamente y dijo:
—¡Jijiji! Tal vez, no a la primera, pero… ¡Sí! Casi estoy segura, que puedo… Claro, echaré a perder algunos, pero con el conjuro adecuado y entendiendo como funciona el circuito electrónico, ¡dalo por hecho!— No había entendido, ni la mitad de lo que había dicho, pero… Le dije:
—Está bien… Aunque no me gusten mucho, sí todos tendremos… ¡Está bien! ¡Lo quiero rosita, por favor!
Salieron volando, de regreso por donde habían venido… Terminé mi bebida y deposité el envase en un contenedor que estaba a un lado. Pensé… «Por lo menos, tienen una forma medio eficiente para manejar los desechos… Aunque con tantos envases y envolturas, debe de ser un basurero todo el tiempo… Mmmh… Ayaka… ¡Jijiji! Ni sé imagina la sorpresa que le tenemos preparada… Bien… Babosearé un momento por este lado, desde hace rato llamó mi atención…»
«¡Mmmh! ¡Qué extraño…! ¿Quiénes son estas personas? ¿Aventureros…?» Me acerqué emocionada, hasta algunas personas que llamaban la atención entre los demás con sus vestimentas… «¡Mmmh! ¡Qué raro! Parecen armaduras de verdad, pero no lo son… ¡Buuu! Eso no es metal, parece de lejos, pero no lo es… ¡Están disfrazados? ¿Por qué hacer algo así…? ¿A lo mejor son mágicas…? No… Lo dudo. No siento ni una pequeña aura mágica alrededor de ellos… Son solo disfraces… ¿Pero de quién o qué? ¿O para qué…?
Seguía sin entender… «Se ven muy elaboradas… Tela, papel y ese material brillante, del mismo que están hechas la mitad de las cosas en este mundo… Que simplemente, no sé lo que es… Ayaka me dijo su nombre hace poco, pero… Lo olvidé… ¿Plasta…? ¿Plastino…? ¡Ah! ¡Cierto! ¡Plástico! Eso es… La mitad de las cosas en este mundo, están hechas de esa cosa… Debe de ser fácil de obtener… ¿Pudiera ser que en este mundo, el metal es muy escaso y usan ese material para todo por la misma causa…? Lo ignoro. Incluso puede ser la razón por la que el dinero no es de ningún metal precioso… Pero eso no me lleva a nada, sigo en las mismas… ¿Por qué disfrazarse?»
«Después de todo, fue buena idea, no venir vestida como siempre lo hago… Sería un espectáculo… A todas estas personas disfrazadas, las rodean multitudes… Mejor no pasar por eso… Ni idea… Le preguntaré más tarde a Ayaka». «…» «¡Mmmh! ¿Y estas filas? ¿De qué se trata? ¿Más comida?» Me acerqué curiosamente, sin formarme en ninguna… «¡Mmmh! No… No es comida. Espera un momento… ¿Esos…? ¿Son libros?» Mi curiosidad estalló… «¡Tengo que verlos de cerca! ¡Toda esta gente está formada para comprar libros…?» Volteé a mi alrededor… Todos los puestos estaban a reventar… «Sería de muy mala educación, colarme… ¿Qué hago? Solo quiero echar un vistazo… Mmmh… ¡Espera…! ¡Ahí! El señor de ese puesto no tiene una sola persona formada… ¡Jijiji! ¡Veré de qué se trata!»
Me acerqué al señor que atendía el puesto… Se veía claramente decepcionado. Le dije:
—Hola, buenas tardes… ¿Puedo echar un vistazo?— Él dijo con un aire de abandono:
—¡Eh? Ah… Claro, hermanita… Al final del día, fue un fracaso, no he vendido nada… Adelante.— Me extendió un delgado libro con una portada muy colorida… Lo tomé entre mis manos y lo comencé a hojear… Cuál sería mi sorpresa… ¡La cosa más maravillosa que hubiera visto en mi vida, se desplegaba ante mis ojos!— Le dije sorprendida, sin poder creérmelo yo misma:
—¡Increíble! ¡Está completamente ilustrado…?— Él me vio extrañado por un momento y dijo:
—¡Sí! Yo mismo hice las ilustraciones… ¿Te gustan, hermanita?— Me quedé embobada… Me costaba un poco de trabajo seguir la historia, pero… Las ilustraciones ayudaban muchísimo. Me quedé perdida, leyendo y observando… El protagonista era un chico con una larga espada, muy poco ortodoxa… Ya que era muy delgada y ligera, seguramente mágica, porque partía a sus enemigos y estructuras por igual, con solo un pase de su mano… «¡Guau!» El señor volvió a decir, sacándome de mi abstracción:
—¿Hermanita? ¿Todo bien…?— «¡Eh? ¡Qué?» Le dije en voz alta y sin pensar:
—Perdón, me quedé embobada… ¡Sí! ¡Sí me gusta, es genial!— Él dibujó una sonrisa y dijo:
—¡Me alegro, que te guste!— Agregué:
—¡No solo eso, me encanta! ¡Qué precio tiene?— Él dijo, sorprendido:
—¡Eh! ¿Lo comprarás…?
—¡Claro!— Él dijo:
—Cuatrocientos cincuenta cada tomo… Me dejé llevar un poco y ya tengo los primeros veintiséis capítulos, impresos y listos. Como puedes ver… Pues… Fue una mala decisión.— Hacía cuentas en mi mente… «¡Mmmh! ¿Veintiséis por cuatrocientos cincuenta? ¡Ah! ¿Once mil setecientos? ¡Sí!» Le dije:
—¡Bien! ¡Dámelos todos, por favor!— Saqué dos papelitos de a diez mil y se los ofrecí con la mano estirada…
Él se quedó sin poderlo creer… Me dejó con la mano estirada un momento para por fin, reaccionar y recibir el dinero… Dijo:
—¡Te agradezco mucho, en seguida!— Seleccionó los tomos y los metió en una bolsa, hecha del mismo material que estaba en todos lados. Me dio mi cambio y lo guardé en la bolsa… Él salió de su puesto, dio la vuelta y se postró ante mí diciendo:
—¡Muchas gracias, hermanita! ¡No te arrepentirás, gracias por darme esta oportunidad!— «¡Eh? ¡Qué! ¡Por qué se arrodilló? Digo… No soy extraña a este tipo de muestras, menos cuando fui reina por tanto tiempo. ¡Pero?» Le dije:
—¡No! ¡No! No es necesario…— Lo tomé de los hombros y lo ayudé a ponerse de pie. Le dije:
—¡Gracias a ti! ¡Esto es justo, lo que he estado buscando toda mi vida!— Y sonreí como una tonta. Él dijo:
—Gracias, me has ayudado a recobrar las ganas de seguir haciendo lo que me gusta…— Le dije:
—Ya no agradezcas más… Volveré cuando tengas más. Seguro, lo harás, ¿verdad?— Él dijo: —¡Dalo por hecho!— Una multitud se empezó a arremolinar a nuestro alrededor y a formar una fila para su puesto, una vez que habían visto todo el alboroto… Le dije:
—¡Lo ves? ¡Tu suerte comenzó a cambiar, no te rindas!— Él dijo, sonriendo y casi llorando: —¿Hermanita…? Eres extranjera, ¿verdad?— Le dije:
—¡Sí!
—Hablas muy bien el idioma… ¡Gracias nuevamente! Toma esto, como un regalo adicional por tu compra…— Me regaló un muñeco de felpa con la imagen de un cerdito… En la historia de su autoría, era la mascota del protagonista… «¡Guau! ¡Es señor puerco! ¡Jijiji! ¡Qué lindo!» Le dije:
—¡Qué lindo! Gracias. Me retiro, porque se ve que estarás muy ocupado, ¡hasta pronto! —¡Hasta pronto, hermanita!
Me hice un poco para atrás y observé orgullosa mi compra… «¡Jijiji! ¡Qué cosas tan maravillosas hay en este mundo! Por un momento, por mi necedad, me pude perder de esto… ¡Bien! El resto de las filas ya son muy cortitas, todos están en la fila del puesto del señor… ¡Jijiji! Compraré todos los que pueda. Me formaré en todos y cada uno, así tendré más cosas que leer, cuando esté de ociosa… Mis libros favoritos ya me los sé de memoria, ¡qué alegría!»
Continuará…
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