Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 5
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Capítulo 5: Capítulo V: Fuerza.
Capítulo 5.
Me desperté sobresaltada… Como sí algo dentro de mí supiera que algo malo sucedería ese día. Volteé rápidamente a ver a Lianne. Ya no estaba en su cama… Busqué por sus cosas… Estaban en su lugar, ¿qué era muy tarde? ¿Ya se había marchado al lugar de la prueba? Me paré de un salto y me arreglé. Dejé el baño para después, solo me refresqué un poco el sudor con una toalla húmeda, me vestí y salí corriendo. Lianne me había dicho el día que estuve en cama, que la última prueba sería en la entrada de la torre. Llegué hasta allá… La puerta estaba abierta. Vi la luz del sol desde ahí y ya se reflejaba muy fuerte en el agua de la costa. ¡Si, ya era muy tarde!
Salí y todos estaban reunidos ahí… Corrí para llegar hasta mi lugar y cuando pasé frente a Lianne, le dije:
—¡Qué mala! No me despertaste…— Ella rio tapándose la boca y dijo:
—Te lo advertí… ¡Jajaja! Además, te veías muy linda dormida, así revuelta entre tus sabanas.— El maestro me veía con esa cara sin expresión, de cuando estaba molesto y me dijo:
—¿Ya, Arlinne? ¿O ya te puedo descalificar?
—¡No, no! ¡Ya estoy aquí!— Sonreí y me fui hasta mi lugar.
Se sintió una brisa muy fresca y se comenzó a nublar de repente, como sí fuera a llover de un momento a otro… Entonces, el maestro comenzó a hablar…
—Muy bien… Esta es la última prueba y como bien saben, también se trata de una competencia.— El maestro golpeó la arena con su bastón y una enorme estructura metálica emergió del piso entre las aguas. Se erigió a lo alto, tan alto como la torre o quizá más… Parecían una serie de andamios superpuestos, cada uno con menos superficie que el de abajo, tampoco se le veían escaleras aparentes…
—La prueba del día de hoy consiste en conseguir una marca que se encuentra al tope de la estructura. Aquella que la retenga por más de veinte segundos, será la ganadora. Las reglas generales aplican también a esta prueba, nada de armas o herramientas para este caso en específico, ni hechizos que creen extensiones de su propio cuerpo. Las reglas específicas son las siguientes… Quedan prohibidos los hechizos de vuelo o los de tele transportación, así como los hechizos que aumenten las capacidades físicas o de protección, con las siguientes excepciones… Cada una de ustedes podrá lanzar un hechizo para mejorar su capacidad de salto o de movimiento, antes de iniciar la prueba, además, también podrán lanzar otro hechizo con un efecto continuo. Este podrá ser de cualquier índole… Podrá ser un hechizo ofensivo, de protección o que aumente sus capacidades físicas, todo esto antes de empezar la prueba. A su vez, también quedan prohibidos los conjuros que analicen la naturaleza de las cosas o de otros conjuros, esto con el fin de que los hechizos que escogieron aparte del de movimiento, sea una sorpresa para la otra.— Pensé por un momento, mientras suspiraba profundamente al ver la torre y lo alta que estaba… «Es momento de usar mi as bajo la manga, de lo contrario, no tendré ninguna oportunidad».
—¿Hasta aquí, lo entienden?— Contestamos casi a la par:
—Si, maestro.
—Obviamente, a lo largo de su ascenso por la estructura son libres de intervenir en el viaje de la otra… Sí una de las dos llegase a caer y tocara el agua o el piso, automáticamente la otra habrá ganado. Un consejo… Traten de no caer de muy alto, porque yo estaré a cargo de salvarlas y la verdad, yo no me confiaría. Ya soy bastante viejo, mi vista y reflejos suelen fallarme.— Hizo una mueca cuando terminó de decir eso… Como sí quisiera enfocar la vista de cerca. No pude más y reventé en carcajadas… No supe sí fueron los nervios o su expresión… Solo sentí ese golpe de bastón, nuevamente en mi cabeza y escuché su voz:
—¿Arlinne, te estás riendo de tu maestro?— Me quedé callada aún con la boca torcida por la risa para luego decir como acostumbraba:
—No, maestro.
—¡Mmmh…! ¿Hasta aquí alguna duda?— Contestamos, esta vez a la par:
—No, maestro.
—Muy bien. Vayan a esas rocas… Arlinne a las de la izquierda y Lianne a las de la derecha. Párense detrás de ellas y lancen sus conjuros, para que la otra no pueda ver, incluido su conjuro de salto. Una vez que estén listas, vayan hasta el extremo de la estructura que les corresponda. Lo mismo, Arlinne al extremo izquierdo viendo la estructura desde aquí y Lianne al derecho. Una vez que estén ahí, alzaré mi mano y la bajaré para que comiencen la prueba, ¿entendieron?
—Si, maestro…
—Pues que están esperando, ¡vayan!
Cada una de nosotras, fue hasta el punto que le correspondía… Efectivamente tras las rocas, yo ya no podía verla y ella tampoco a mí. Lancé mi conjuro para saltar y mi conjuro que estaba guardando para un momento como este. Por alguna razón las nubes se empezaron a poner más negras, como sí fuera a empezar a caer un aguacero, además empezó a tronar… «Otra vez este mal presentimiento, espero que no nos pase nada malo durante la prueba». Caminé hasta el punto por el cual debía de empezar. Lianne ya estaba en el suyo. El maestro alzó su mano y la empezó a bajar lentamente, mientras lo hacía, repasé mi estrategia nuevamente… «Debo de enfocarme en ascender, no me puedo detener a pelear, porque solo pasará lo que me pasó antier. Igual debo de ser cuidadosa de que no se me adelante mucho, porque igual me podría tender una trampa con una de esas runas… Si tengo que defenderme, usaré el poco poder mágico que me queda para hacerlo. Y más que nada, debo de ser discreta al principio para que no se dé cuenta del efecto que cargo conmigo».
Bajó por completo su mano y al instante, las dos empezamos a ascender saltando, ella por su lado y yo por el mío… Un andamio, dos andamios, tres andamios… Una fuerte luz me cegó y sentí un espasmo en todo mi cuerpo para oír un trueno… No fue muy fuerte, pero lo suficiente para sentarme en el piso metálico del andamio. Oí su risa, mientras decía:
—¡Jajaja! Lo siento, renacuajo. Parece que hoy tienes mala suerte. ¡Te cayó un rayo…! Ahí quédate y descansa… Solo recuerda, por algo dicen que un rayo no cae dos veces en el mismo lugar… Pero sí podría caer en la misma persona. ¡Jajaja!— La alcancé a ver, mientras seguía saltando entre los andamios… ¿Había hecho un conjuro de tormenta de rayos como su segundo efecto continuo…? «Estoy perdida, soy el único objetivo alrededor de ella. Ahora no solo tengo que cuidarme de todo lo demás, sino además de los relámpagos… Por eso se pusieron así las nubes».
Sacudí mi cabeza y golpeé mi cara con las palmas abiertas para quitarme lo aturdida. No me iba a rendir así de fácil… Tenía que contar el tiempo entre relámpago y relámpago para saber cada cuando tenía que hacerme a un lado. No había más tiempo para ser discreta, me puse de pie y empecé a saltar a toda la velocidad que podía para alcanzarla… Que ahora era el doble, con mi conjuro de aceleración. La alcancé rápidamente y la saludé con la mano diciéndole adiós. Ella frunció el ceño y se dio cuenta cual había sido mi conjuro…
Seguí avanzando a pasos agigantados, estaba agitada… El conjuro me hacía dos veces más rápida, pero no dos veces más resistente. Entonces pensé… «¡Debería de ser más o menos ahora!» Y me moví de un lado hacia el otro para evitar el rayo, pero no cayó… Iba a comenzar a pensar en la causa, cuando vi la luz nuevamente y oí el estruendo. Me volvió a pegar… Quedé tirada en el piso del lugar… Nuevamente oí su risa…
—¡Jajaja! Te pegaría un hechizo ahí tirada, ahora que estás aturdida, pero ni siquiera yo soy tan ruin, además te ves tan linda cuando estás dormida… ¿Ya te lo había dicho? ¡Jajaja!— «¡Menos mal, no he salido volando…! El metal de la estructura me ha pegado los pies al piso con cada descarga…» Ella siguió riendo y ascendiendo a su paso…
Me senté en mi lugar… Sentía los músculos de mis brazos y piernas, dormidos por el esfuerzo y la corriente eléctrica. Me golpeé nuevamente el rostro y me unté salivita en los ojos y los oídos para que me dejaran de arder… «Trece o catorce… Definitivamente no, doce». Me puse de pie y redoblé mi esfuerzo, ya era la última parte del tramo. «Lianne aún no debe de haber llegado hasta arriba y lo más seguro es que ya esté muy cansada… Puede ser una poderosa hechicera, pero de algo estoy segura… ¡Yo tengo mejor condición física que ella!» Ascendí hasta los que parecían ser los últimos cinco andamios y estaba ahí, parada, abrazando una de las barras metálicas… Tratando de recuperar su aliento. Iba a decirle algo, cuando ella me vio a los ojos sonriendo… «El rayo… ¡Ahora!» Me moví de izquierda a derecha, como un metro y medio de distancia, lo más rápido que pude… El rayo golpeó el piso de la estructura donde estábamos paradas. Ella se me quedó viendo asombrada, no se lo podía creer y saltó de inmediato para tratar de llegar antes que yo al objetivo…
Traté de subir las últimas plataformas rápido, pero con cuidado, ya eran bastante estrechas. Aún contaba los segundos que faltaban para la siguiente descarga de relámpagos… «De seguro, Lianne ya tiene la marca, voy a tener que intentar quitársela como sea. Tengo menos de un minuto». Llegué hasta arriba… El último andamio era apenas de unos cinco metros de largo y dos de ancho, en el centro un pequeño pedestal, elevado a un metro y medio de donde estaba parada, como posado en otro andamio, en él había una banderita. Volteé a mi derecha y Lianne estaba canalizando un conjuro muy cerca de mí, a bocajarro… Se le veía pálida por el esfuerzo y sudando bastante, incluso su toga de color negro que llevaba ceñida al cuerpo, estaba mojada de las axilas y de los dobleces de la tela. Dijo:
—Perdóname, hermanita… Confío en que el maestro te salve.— «Catorce…» Me moví hacia ella con mi velocidad sobrenatural… El rayo cayó en el centro de la plataforma y yo iba directo al conjuro de Lianne, fuera lo que fuera…
Conjuré mi barrera… Aunque se rompiera, me dejaría sobrevivir. Decidí poner todo el poder mágico que me quedaba en ella. Era un todo o nada y parece ser que ella lo pensó igual, porque el conjuro que lanzó, fue el orbe negro con rojo incandescente… Sentí tanto miedo cuando lo vi. «Si no muero del conjuro, terminaré de morir de la caída…» En ese momento, hice un esfuerzo enorme por seguir viviendo y le di hasta la última gota de mi energía a la barrera… El orbe chocó contra ella… «Es el final, estoy muerta. Si se rompe y después me atropella…» Puse mis manos frente a la barrera y rogué en mi interior… «¡Por favor, no te rompas barrerita, resiste!» La esfera rasuraba con su energía a la barrera sacando chispas. Yo seguía rogando y apretando los ojos… Para luego abrirlos por un momento y darme cuenta de algo que no me di cuenta la vez anterior… El orbe era un conjuro que le exigía mantenerse concentrada y canalizando para que siguiera surtiendo efecto… Lianne era un guiñapo, pálida, sudorosa y sus manos temblando. No pudo más, tuvo que romper su concentración, fue demasiado el esfuerzo… La esfera desapareció en el aire, mientras mi barrera permanecía cristalina, con un extraño tinte oscuro entre nosotras dos…
Ella hizo una expresión de desilusión y fastidio, mientras decía y corría con lo que le quedaba de fuerza en dirección de la bandera:
—¡Renacuajo asqueroso! ¿Cómo te atreves a llegar tan lejos por ganar? Para colmo, dices que no te interesa el título del maestro. ¡Qué no entiendes, qué es lo más importante para mí en toda la vida? No hay nada más importante que esto… ¡Por qué me quieres obligar a matarte para conseguirlo…?— Terminó de decir eso, ya con lágrimas en los ojos. Le iba a contestar, pero en ese momento, oí un crujir en la estructura… Lianne pisó exactamente donde había caído el relámpago y la plataforma se desgajó a sus pies…
No me detuve ni siquiera a pensar. Me lancé con mi velocidad al piso de la plataforma, para atraparla antes de que cayera desde esa altura. La agarré de un brazo, mientras yo me sostenía con mi cuerpo del borde de lo que quedaba del andamio… Grité:
—¡No te sueltes, te voy a subir!— Sus ojos llorosos y azules como el cielo, me veían fijamente.
—Suéltame, renacuajo. Por favor. No me queda nada en este mundo… Solo viví hasta ahora para este momento y ya perdí.— Me enfurecí como nunca antes con ella y le grité: —¡No digas pendejadas…! Eres la hechicera más poderosa que he conocido en mi vida, digna del título del maestro. ¡Te imaginas, cuándo tengas su edad…? Vas a ser como una diosa. ¡La diosa de la magia! Y lo mejor del caso, es que tú podrás usar tu magia para seguir siempre bella, aunque seas una anciana, no como él… ¡Jijiji!— Una sonrisa se dibujó en su rostro y me dijo:
—¿Tú crees?— Le devolví la sonrisa y le dije:
—¡Por supuesto!— La luz nos cegó a ambas y el rayo me golpeó junto con ella, porque la tenía sujeta de la mano… Quedé aturdida por un momento, pero concentrada en no soltarla. La volteé a ver y nuestros ojos se encontraron… Empezamos a reír… Le dije: —¡Jajaja…! ¡Por favor, puedes cancelar de una vez, el efecto de esa pendejada para que te pueda subir?— Asintió con la cabeza y la subí hasta donde yo estaba… Las nubes se empezaron a aclarar. Ella quedó ahí, postrada sobre su trasero en el mismo lugar donde la había subido. Fui hasta la bandera, la tomé y se la metí entre sus brazos… Me senté junto con ella y le dije:
—Tenemos veinte segundos. ¿De qué quieres platicar?— Mientras le sonreía como una tonta. Ella me miró con sus ojos llenos de lágrimas, tomó la bandera y me la quiso regresar… No la acepté, igual me la puso a la fuerza en las piernas. La tomé y le dije:
—Yo no necesito para nada esto, ¡tómalo!— Se negó, igual se la dejé sobre sus piernas… La volvió a tomar y pensaba devolvérmela de alguna forma. Le dije:
—¡Ya, Lianne! Quédatela… Estás de acuerdo que te vencí, ¿no…? Por mi victoria, es lo único que quiero. Que tomes eso los veinte segundos, por favor.
—Renacuajo… ¿Cómo puedes ser así? Si eres así de noble y tonta, la gente te va a abusar… No puedes ir por la vida siendo así. Es tu victoria, tómala.— Me negué y le dije:
—No. Cualquiera de las dos pudo haber ganado, no veo la diferencia y seguro que el maestro tampoco, así que ya quédatela para que nos baje… Que ya me quiero ir a mi camita.— Le volví a sonreír.
—Gracias, Arlinne…— Escuchamos la voz del maestro:
—Lianne es la ganadora, la prueba ha terminado.— El andamio empezó a descender lentamente, hasta que quedamos sumergidas a la cintura, en el agua de la playa.
El maestro nos fue a recibir junto con los chicos, Lianne ya había salido del agua. Él dijo:
—El día de mañana les daré mi veredicto. Por ahora, Lianne, puedes estar tranquila, que por ser la ganadora, mi veredicto contigo será el más favorable. Pueden ir a comer y descansar que se ven muy mal las dos.— Lianne solamente corrió hacia el interior de la torre, después de que el maestro terminara de hablar.
Ray intentó cargarme, pero le dije:
—No, estoy bien. Puedo ir sola.
—Está bien, Arlinne.
—Bueno… Pensándolo mejor, sí. ¡Jijiji!— Estiré los brazos.
Nos dirigimos al comedor con Grand, que se veía claramente deprimido de nueva cuenta. Entramos, Ray me puso en una silla, se sentó al lado mío y empezamos a comer. Grand no tocaba sus alimentos… Ray y yo, sabíamos que eso era muestra inconfundible de que algo andaba mal y pregunté:
—Grand. ¿Qué pasa…? ¿No estás contento, porque Lianne haya ganado?— Él volteó a vernos como sí lo hubiéramos sorprendido en su depresión y dijo, sonriendo con esfuerzo: —¡Sí, estoy muy contento por eso…! Pero lo que me tiene así, es que ni una vez he podido hablar a solas con ella, desde que llegué aquí.— Lo miré fijamente y le dije:
—No te preocupes… Hagamos esto… Mañana por la mañana, ya que esté descansada y con la mente más clara, le voy a armar un berrinche tal… Que la única forma de que me quite de encima, es que te dé la oportunidad de hablar con ella a solas para que tú le confieses tus sentimientos nuevamente. ¿Qué te parece?— Sonreí. Él me vio, claramente repuesto de su semblante y me dijo:
—¿Harías eso por mí, Arlinne?— Yo asentí con la cabeza y él dijo, ya sirviéndose de todas las viandas en la mesa:
—Eres una buena amiga, gracias.
Platicamos un rato más después de comer y Ray me acompañó a la puerta de mi cuarto. Le dije:
—Lo siento… No pude ganar.— Él puso su dedo en mis labios y dijo:
—No importa, diste tu mejor esfuerzo, ¿no?— Asentí y él dijo:
—Todo estará bien, se ve que el maestro es una persona muy sabia. Ya veremos que te dice mañana.— Volví a asentir y él ya acercaba sus labios a los míos… Me quedé ahí parada junto a la puerta, besándolo por un largo rato, después de eso me despedí y me metí a mi cuarto, estaba muerta.
Lianne tenía el cuarto iluminado. Ella estaba acostada boca abajo como siempre y se le veía perdidamente dormida. Me desnudé y me metí a la cama sin hacer ruido. Estaría atardeciendo, pero planeé dormir hasta el día siguiente… Me acosté, abracé mi almohada como si se tratara de Ray, acomodé las sabanas para que quedaran dobladas entre mis piernas y cerré los ojos, complacida. Me quedé dormida casi inmediatamente…
Al siguiente día, desperté sobresaltada nuevamente, con el mismo pesar en mi pecho del día anterior… «¿Qué pasa? ¿Algo malo…? ¿Qué será?» Volteé a ver a Lianne, pero no estaba… Su cama estaba arreglada, como sí hace rato se hubiera levantado. «¿Me quedé dormida de más, otra vez?» Me puse de pie y con miedo, fui a revisar… ¡No estaban sus cosas! Revisé sus cajones… Estaban vacíos. ¿Se había ido…? Traté de calmarme, pero el sentimiento se hacía más fuerte en mi pecho… Se había ido y algo andaba mal. Solo atiné a salir corriendo por el pasillo. La busqué… El comedor, la biblioteca, el laboratorio arcano que era su lugar favorito y nada. Corrí hacia la salida de la torre, como deseando encontrarla en la puerta para poder detenerla… ¡Nada!
Subí corriendo con el maestro y llegando hasta sus habitaciones, toqué la puerta solo una vez, para después abrir gritando:
—¡Maestro! ¡Maestro! ¡Lianne se ha ido! ¡Maestro…!— Él estaba sentado frente a su escritorio con unos papeles en sus manos. Me dijo:
—¿Así que tú también puedes sentirlo?— Lo vi a los ojos, asentí y él me dio una de las hojas que estaban en sus manos… Presentía lo peor…
Cuando quitó la hoja del resto de las que estaba sujetando, quedó al descubierto la banderita de la prueba de ayer… Leí la hoja de papel que me dio. Era una carta de Lianne dirigida a mí, donde se disculpaba y me decía que se marchaba, explicándome que sí alguien merecía ser la hechicera azul era yo, pero que mientras fuéramos amigas, por mi forma de ser, yo siempre le daría ese derecho mal habido a ella… Que era mejor así, que no intentáramos buscarla.
Comencé a llorar y dije:
—¡Maestro, qué hacemos?— Él frunció el ceño y dijo:
—En cualquier otra circunstancia… Dejarla ir. Pero en esta ocasión… Siento que está en un grave peligro por su mal estado emocional. Vas a tener que ir a traerla de vuelta, Arlinne. Discúlpame que te pida esto a ti, además la ceremonia tendrá que esperar.
—Nada de eso importa. Yo solo quiero que Lianne esté bien y contenta. ¿Qué hago maestro?— Él se alegró por mi respuesta y dijo:
—No te preocupes, yo me encargaré de que la puedas encontrar, pero lo primero que debes hacer… Es irte a vestir y arreglar tu equipo para partir.— Me volteé a ver sorprendida… Seguía en ropa interior… Puse mi mano atrás de mi cabeza e hice mi sonrisa de tonta. —Avisaré a los muchachos, te acompañarán. Ahora corre y de paso, come algo.
—¡Si, maestro!— Contesté, ya corriendo hacia la puerta…
Fui a mi habitación… Me saqué el resto de la ropa, me di un baño muy rápido y me puse ropa limpia. Arreglé mi equipo… Solo llevé una muda de ropa para ir más ligera. Guardé todo lo necesario en mi bolsita y pasé al comedor… Tomé un pay sin saber que tenía de relleno. Solo lo acomodé en mi boca y me eché a correr de nuevo con el maestro, comiéndolo por el camino sin usar las manos.
Regresé… Ray y Grand ya se encontraban frente al maestro. Grand tenía una hoja de papel en su mano… ¿Una carta de Lianne para él? Dije:
—¡Maestro, estoy lista…!— Se acercó hacia nosotros… Me dio dos pociones… Una con un líquido transparente y una de color azul. La de color azul, la conocía. Era la misma porquería que me había obligado a beber, Lianne, días atrás. Pero… La transparente, no tenía ni idea de que podía ser… Me dijo:
—Arlinne, por sí las llegas a utilizar. Guardalas en tu equipo, una es una poción para sanar heridas, la otra sirve para anular maldiciones.— Por solo un momento, sentí haber escuchado esas palabras del maestro con anterioridad… «¿Un sueño? No lo sé… Me suenan de algo…» Las metí en mi bolsa, envolviéndolas entre la ropa para que no corrieran ningún riesgo de quebrarse, después me entregó un pergamino y dijo:
—Este es un conjuro de tele transportación, los traerá a ti y a todos tus aliados de vuelta hasta este despacho. Sí, Lianne está indispuesta, tendrás que ser tú la que lo active… ¿Sabes leer magia?
—Sí, pero no soy muy buena con conjuros que no conozco… Que son casi todos… ¡Jijiji!
—Mmmh. Tendrás que esforzarte en dado caso de ser necesario… Los tele transportaré hasta la ciudad de Kaspler, a las afueras de la ciudad para ser exactos. Es un lugar lleno de corrupción y crimen, donde la mayoría de los criminales son los mismos miembros de los gremios de magos que abusan de su poder para salirse con la suya. ¿Ray, Grand, conocen el lugar…?— Ambos asintieron y Ray dijo:
—Sí, he estado ahí. Es un mal lugar, pero lo conozco bien, aunque es bastante grande, podríamos tardar mucho en encontrarla.— El maestro agregó:
—De rehusarse a regresar… Tendrán que obligarla. Lamento hacer esto con una de mis alumnas, pero necesito que esté aquí como sea, al menos hasta que escuche el resultado de la prueba. ¿Crees poder hacer esto, Arlinne?— Le dije segura de mí misma:
—Si, se merece un buen jalón de orejas. La traeré arrastrando de las greñas, sí es necesario. —Confió en ustedes, jóvenes.— Todos contestamos a la vez:
—Si, maestro.— Una luz resplandeciente nos envolvió… Cuando por fin pudimos volver a ver, estábamos como a un kilómetro de distancia de una ciudad amurallada, parados todos en lo que parecía ser un páramo…
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Al final todo fue inútil, no pude ganarle al renacuajo… «Sentía que tenía buena condición física, pero ahora veo que no. Arlinne sí que está en forma… Me imagino que correr y brincar por todos lados con las rodillas raspadas y en calzones, al final le rindió frutos. Bueno, ya estoy dentro de la ciudad… Es hora de empezar nuevamente, me olvidaré de todo y solo me dedicaré al estudio y la investigación. Parece ser que al final solo me convertiré en una hechicera de escritorio. Eso o ser bruja… ¡Jijiji!»
«Iré a ver al duque, Ranzes Valisbra. Es un miembro muy importante del gremio del Sol Rojo, le diré que tomaré su ofrecimiento y que me dedicaré a la administración de una casa gremial menor, ya sea aquí o en las provincias cercanas. Lo más seguro es que quiera algo a cambio, pero a estas alturas ya estoy dispuesta a hacer ese sacrificio, que importa, no es como sí estuviera engañando a nadie…» Por un momento, me sentí mal conmigo misma por pensar eso…
Llegué hasta la oficina del gremio, un hombre atendía la recepción. Pregunté por el duque, me vio de un modo muy raro y dijo:
—En un momento, señorita.— Entró por una puerta al lado de la recepción y después de un par de minutos salió el duque…
Pensé para mis adentros… «¿Quién ha nombrado duque a este payaso simplón…? Vestido con esas ropas finas, que solo le hacen sobresaltar lo vulgar de su apariencia… Casi de mi misma estatura y sumamente delgado, como un perro flaco de mercado. Sin mencionar esas facciones en su rostro, que siempre denotan que quiere sacar el mejor partido de todas las cosas y esa asquerosa barba de candado, mal arreglada… ¡Jajaja! ¿Cómo puede ser siquiera un miembro respetado de un gremio de magos…?»
Se acercó hacia mí, extendí mi mano y me saludó, besándola.
—Su eminencia, lady Sylverlin. Un placer verla de nuevo por aquí. ¿En qué le puedo servir para honrar su majestuosa belleza?— Le contesté siguiéndole el juego:
—Duque, he venido hasta usted, porque por ciertas circunstancias, me gustaría residir en Kaspler o cerca de sus inmediaciones y me gustaría saber, sí aún está abierta la oferta que me propuso hace unos meses.— Se le iluminaron los ojos…
—¡Por supuesto y aunque no estuviera abierta la plaza…! Obraría algo con el gremio inmediatamente para ponerla en un lugar digno de su estatura… Además, en este momento requerimos de mujeres talentosas como usted.
—Me halagan mucho sus palabras, duque… Y esta posición de la que habla… ¿Me permitiría seguir con la premura de mis investigaciones?
—Por supuesto.
—Siendo así, me gustaría que me explicara con más detalle de que se trata.— Él contestó como si le hubiera preguntado algo prohibido:
—Lady Sylverlin… Desafortunadamente no podemos discutir asuntos del gremio tan importantes aquí, en una simple sala de recepción. ¿Le parece bien que lo discutamos por la noche durante la cena, en mi humilde morada?— «Allá vamos… Ni modo. Este tipo me da tanta repulsión, pero… ¿Qué más puedo hacer dada la situación…?»
—Me halaga con su invitación, duque. Está bien, así será.— Él sonrió complacido, para decir:
—¡Muy bien! Entonces… ¿Ya tiene usted, dónde alojarse en la ciudad?
—Desafortunadamente, no. Recién llegué de mi viaje y lo primero en que pensé, fue acudir a su presencia.— Él contestó maravillado, sin la posibilidad de ocultar la excitación de su rostro:
—¡Entonces, no se diga más! Será mi invitada de honor, en lo que usted encuentra un lugar digno para poder residir.
—Muchas Gracias, duque…
—¡Por favor! Llámeme Ranzes y no se preocupe, inmediatamente haré que mis sirvientes la recojan en este lugar y la lleven hasta allá. Descanse del viaje, hablaremos durante la cena. Por el momento me disculpo, tengo que atender asuntos importantes del gremio.
—Adelante, Ranzes. No quiero distraerlo mucho más tiempo.
—El tiempo que yo le dedique a usted, nunca sería una distracción.— Hizo una caravana y se regresó por donde vino, como una cucaracha…
En un par de minutos, un hombre entró por la puerta principal, se veía que era un conductor de carruaje. Se dirigió hacia mí, preguntando:
—¿Lady Sylverlin?— Asentí y me dijo:
—Su carruaje la espera.— «¡Vaya! Eso sí que fue rápido. Parece que este gusano no quiere perder una oportunidad única en su asquerosa vida». Le señalé mi equipaje al conductor y subí al carruaje. Me quedé pensando, mientras veía por el cristal… «¿Por qué el hombre en la recepción no me preguntó mi nombre? ¿Vendrán mujeres así todo el tiempo a buscar ayuda en los miembros del gremio? ¿Qué raro…?»
Llegamos hasta su mansión… «¡Vaya que este gusano se ha enriquecido con la hechicería! ¿Le pagará a sus sirvientes o simplemente los tendrá controlados…? Imagino que solo le paga a los que son más de su confianza y a los que usa para mantener su imagen pública». Bajé del carruaje ya dentro de su propiedad, el conductor bajó mi equipaje y un sirviente me dio la bienvenida, indicándome el camino a seguir dentro de la mansión. Lo seguí hasta que abrió la puerta de una habitación para mí, con el conductor detrás que dejó mi equipaje en la habitación. Les hice un gesto de agradecimiento a ambos y les dije:
—Pueden retirarse.— La habitación era enorme… Llena de finos muebles y decoraciones.
Saqué un vestido de noche con mi conjuro que guardaba mis cosas y lo puse sobre la cama. Empecé a llenar la tina de baño… Aún sentía la arena de la playa del día anterior, metida en algunas partes de mi ropa. En lo que se llenaba, me tiré en la cama…
«Lo siento tanto, Arlinne… Como me hubiera gustado quedarme en la torre para seguir viéndote crecer. ¿Qué tan lejos llegarás…? Seguramente estará hecha un mar de lágrimas al momento de leer mi carta… Bueno, al menos la tristeza le servirá para ir endureciendo un poco más su corazón. Estará bien, mientras tenga a su amado Ray, como su caballero. Me quedo tranquila, porque el tipo se ve que es de fiar y se ve que de verdad la ama tal y como es… Si tan solo yo tuviera a alguien así…»
Por un momento vino a mi mente, Grand… «¡Qué tipo tan necio…! Desde que tengo memoria se ha querido acercar a mí…» Me entristecí… «¿Por qué lo hace? ¿Es obsesión? ¿Deseo? ¿O de verdad siente algo muy sincero y desinteresado…? ¡Qué clase de tonto pasa todo ese tipo de penas sin recibir nada a cambio…? Ni una palabra de mi parte…» Por primera vez en mi vida, puse a Grand en perspectiva frente a otros hombres… Como por ejemplo, Ranzes. Con el cual seguramente me tendría que acostar esa noche…
«Ranzes me repulsa de verdad… ¡Se me hace un ser inmundo y despreciable! Y me voy a acostar con él por conveniencia… Grand… Siempre he pensado que me disgusta, pero… ¿Podría acostarme con él…?» La respuesta vino a mi mente por un segundo, pero como sí mi ego la quisiera disfrazar para no darme cuenta de lo equivocada que había estado todo este tiempo, desapareció… «¡No, no podría acostarme con él solo por interés, como lo hago con otros patanes! Pero… ¿Por qué…?» Esa vez mi ego ya disminuido, no pudo ocultar lo que sentía… «¡Por vergüenza, me daría vergüenza estar desnuda frente a él…!»
Me paré rápidamente al escuchar que el agua se derramaba de la tina y corrí a cerrarla… Como sí en cualquier momento fuera a escuchar la letanía de Arlinne sobre desperdiciar las cosas. Me miré al espejo… Estaba sonrojada… «¿Estoy sonrojada solo de pensar en estar desnuda parada frente a Grand…?»
Me desnudé con timidez, como sí alguien pudiera observarme y me metí a la tina. Seguí pensando en él… Era lo menos que le debía, por lo menos debía de terminar este hilo de pensamientos. «A ver… Ya llegué a la conclusión que me daría vergüenza, pero vamos más atrás, al inicio del razonamiento. Grand me disgusta, pero… ¿Por qué? ¿Es por qué es gordo? ¿Es por qué su rostro no es para nada atractivo? ¿Es por qué es enorme y desproporcionado…?» Le di vueltas un largo rato sin llegar a una conclusión… Seguramente esas cosas nunca habían jugado a su favor, pero ninguna de ellas me dio la respuesta que buscaba… «¡No! No es ninguna de esas la razón…» Seguí pensando, tratando de recordar que sentí las incontables veces que se acercó a mí. Seguramente ahí encontraría la respuesta… «La primera vez que se acercó a mí y estuvimos solos fue… Cuando me iba a caer, como siempre por ir baboseando y me salvó entre sus brazos… Esa vez recuerdo solo sentir… ¡Vergüenza…! ¿Otra vez ese sentimiento? Pero… ¿Vergüenza de qué…? Las siguientes veces fueron similares, pero siempre hubo gente a nuestro rededor… Recuerdo que se acercaba y yo por vergüenza, no a lo que pensaran de mí. Me daba vergüenza de que se burlaran de él… Sí, eso es. No quería oír los comentarios. ¡Cómo se atrevían a decir cosas que no entendían? ¡A ofenderle con sus comentarios! Me sentía mal tan solo de pensar que en cuanto intentara acercarse a mí, los comentarios empezarían, como si yo fuera normal y él no… Eso es lo que más odio, por eso no lo quiero cerca de mí…»
«Pero de ser así… ¿Por qué cuando estamos solos siento la misma vergüenza? ¿Es por miedo a que nos vean y lo critiquen? ¡No…! Debo de ser honesta conmigo misma… No es eso. Aunque tal vez participa ese miedo, no es una condición, para lo que siento… ¿Es su mirada? ¿Su mirada me hace sentir avergonzada…? Esos profundos ojos cafés, tan seguros de sí mismos. Que superan todos los límites que los demás le han impuesto… Esos ojos que me ven a los míos, como si los quisieran atrapar para siempre en sus pupilas… Eso es lo que me da vergüenza. Que me vea con detenimiento y descubra mi máscara… Que descubra que no soy especial en ningún sentido… Ni inteligente, ni astuta, ni ninguna de todas las cualidades que mi ego ha puesto automáticamente sobre mí aunque no las tenga… Me da vergüenza que sus ojos se den cuenta, como la primera vez que nos vimos a los ojos, ¡que solo soy una niña asustada…! ¡Esa es la misma razón por la cual me daría vergüenza estar desnuda frente a él!» Ya estaba llorando a chorros en la tina… «¡Eso es! Por fin lo he descubierto, por eso es que ni siquiera puedo voltear a verlo a los ojos, desde entonces he aprendido inconscientemente a evitar su mirada».
Salí del baño, me vestí y me arreglé, aún con los ojos húmedos… «¡Discúlpame, Grand…! No puedo decir que te quiero, como todas las veces, tú has intentado decírmelo… Porque no lo siento, pero por primera vez en mi vida, me gustaría darte una oportunidad… Verte a los ojos y escuchar que me lo dijeras…»
Me quedé dormida un rato, sin ponerme el vestido de noche para que no se arrugara. Me despertó un sirviente, tocando a la puerta, anunciando que ya muy pronto se serviría la cena y que Lord Valisbra me esperaba… Me puse de pie, contestando que bajaría en un minuto, me vestí, revisé mi maquillaje y me arreglé un poco el cabello, di un suspiro profundo… «Aquí vamos, espero no vomitar».
Bajé las escaleras hasta el comedor… Había una suntuosa cena servida a la luz de las velas. «¡Vaya! Este alfeñique de verdad va con todo…» Llegué hasta la mesa y me recibió con una sonrisa señalando un asiento junto a él. El sirviente se apresuró a acomodarme en el lugar y comenzaron a servir la cena. No quería comer demasiado, porque ya pensando en serio… Podría vomitar y eso arruinaría mis planes. Empezó como todos los de su tipo, a hacerme halagos… Yo trataba amablemente de darle la vuelta a sus palabras vacías… «¿Cómo una persona como esta, se ha convertido en hechicero? ¿Quién tomaría a alguien como él, como aprendiz? Es más… Se necesita menos de la mitad de inteligencia para ver sus intenciones, que para aprender la magia». Sonreía y sonreía, devolviéndole las mismas palabras vacías que él me lanzaba, pero poco a poco me las fui ingeniando para al menos sacarle un poco de información y ver de que se trataba la posición en el gremio que me asignarían… Como último recurso a mi horrible situación, sí era una posición que no me agradara, me excusaría de alguna manera y saldría corriendo de ahí.
Él no quería dar su brazo a torcer, pero fui empujándolo un poco y un poco, usando mis encantos, hasta que por fin, lo dijo:
—Verás… Lianne. El gremio del Sol Rojo, además de las actividades académicas que realizaría cualquier gremio de magos, tiene otras actividades que usamos para el financiamiento de las demás. ¿Supongo que estás al tanto de esto?— Había escuchado algo de eso, que había ramas de los gremios en Kaspler que se dedicaban a la prostitución para comerciantes ricos, políticos y gobernantes. También que tenían casas de apuestas y seguramente como cualquier criminal, al chantaje y la extorsión… Eso no me importaba en lo más mínimo, era cosa de criminales, siempre y cuando yo trabajara en la rama académica, lo demás me daba lo mismo. Asentí con la cabeza, él continuó:
—Bien… Recién tenemos las manos muy llenas con algunas de estas actividades y estoy buscando en específico a una persona del sexo femenino, con increíbles cualidades para la hechicería como tú, para que me asista personalmente en una nueva rama de estas actividades.— Me decepcionó escuchar eso, no quería ser una criminal… Al menos no, bajo esas condiciones. Hice una cara de desilusión y me dijo, tocando mi hombro con su mano: —Pero no te preocupes… En cuanto haya un espacio disponible en la rama académica, tú serás la primera en ocupar la posición y de ser necesario, sí pasa el tiempo y no se da. Haremos que alguna quede vacante… ¿Tú me entiendes, verdad?— Me guiñó el ojo, sonreí forzadamente y le dije:
—Me apena mucho oír eso…— Vio como sí su oportunidad se le empezara a ir de las manos y me dijo:
—¡Mira, hagamos una cosa! Vayamos a ver de que trata la vacante que ocuparás. En tu habitación, ya ordené que dejen el uniforme y los accesorios que debes de usar como miembro del gremio. ¿Por qué no, te cambias y vamos a ese lugar a que veas los detalles?— Me lo dijo, forzando un rostro que intentaba generar confianza… «Todo es mejor que pasar la noche en su cama…» Iba a decirle que sí, cuando irrumpieron en la puerta… Eran otros hombres del gremio. Él se puso de pie y dijo furioso:
—¡Explíquense! ¡Qué no ven, qué estoy en un momento privado?— Una de las figuras encapuchadas de color rojo, dijo:
—Lo siento, Lord Valisbra, pero ha ocurrido un hecho importante que es necesario que usted revise… Tiene que ver con los nuevos negocios del gremio.— Él se quedó boquiabierto y su enojo cambió por preocupación, dijo:
—¡Muy bien, en un momento estaré por allá!— «¡Uuuf, a salvo!» Se volteó a decirme: —Mira, Lianne. Esto tiene que ver exactamente con lo que quiero que hagas. ¿Por qué no, haces a un lado ese falso pudor, te vistes con el uniforme del gremio y vas a ayudarme? Sirve que de paso, conoces de que se trata. Como tú sabes, todos los gremios piden una cuota de lealtad a sus integrantes y este es el momento perfecto para que mis superiores vean que eres capaz, no solo de formar parte del gremio, sino también de manejar situaciones delicadas como esta y así los dos ganamos…— Me sonó interesante… Tal vez podría aprovechar su incompetencia y saltarlo en el gremio antes de lo que pensé. Así no tendría que ver su asqueroso rostro nunca más, pero… «No quiero ser una criminal… Con la prostitución y las apuestas me da lo mismo. Siempre y cuando no sea yo, la que se tenga que prostituir, pero el chantaje y la extorsión, están fuera de mi línea, ni pensarlo…» Algo me decía que no debía aceptar. Que debía decirle cualquier cosa y no regresar a Kaspler nunca más, pero no tenía muchas oportunidades. Tendría que regresar a la torre del hechicero con la cola entre las patas y ser para siempre, la secretaria del maestro. Le dije:
—Está bien.— Él sonrió complacido y dijo:
—Le dejaré instrucciones al que será de ahora en adelante tu chófer. Ve al lugar que te indique y espérame adentro. Analiza la situación y cuando yo llegue ahí, te haré algunas preguntas para que podamos hacer las cosas más eficientemente… Recuerda, una mente abierta ante todo.— Me besó en la mejilla y se fue dando saltos… «¡Bleeeh, que asco! Bueno, iré a prepararme».
*************************
Llegamos hasta las murallas de la ciudad de Kaspler… Era un lugar atiborrado de miseria, se veía una desigualdad social muy marcada. Por recomendación de Ray, yo nunca debería de separarme de su lado sin importar lo que pasara… Le pregunté el porqué, pero solo me dijo que me daría cuenta a lo largo de nuestro recorrido. Entramos, pagamos el peaje… Fueron tres oros, uno por persona. «¡Qué robo! ¿Solo por entrar a este basurero, tres oros?»
Cuando entramos y ya estábamos lejos de los guardianes de la puerta, ambos se quedaron pensando. Yo venía tomada de la mano de Ray, como si fuera una niña menor a la que su padre lleva de compras. Empecé a ver a mi alrededor… Había comerciantes, pordioseros, merolicos, pero algo llamó mi atención hacia la esquina de la muralla… Pude ver a unos virzuks encerrados en una jaula. Jalé la mano de mi guardián y le pregunté:
—¿Ray, esos son virzuks…? ¿Qué es lo que hacen ahí?
—Arlinne… Son esclavos, prisioneros de batallas pasadas que ahora explotan para trabajar las minas o los molinos, a cambio de comida o peor.— Puse mi mano en mi boca, no es que me simpatizaran mucho los virzuks, pero ni siquiera ellos merecían ser esclavos… Aquel día, al ver esa escena… ¡Algo cambiaría en mí para siempre! «Siempre he pensado que odio a los virzuks, pero…» Al verlos ahí, desvalidos, en los huesos… Con esos ojos tan humanos, llenos de dolor y desesperación, que tantas veces había visto en el espejo. No pude más que pensar, que algo muy malo estaba ocurriendo con ellos…
Ray y Grand me voltearon a ver… Grand me preguntó:
—Arlinne. Tú conoces hace muchos años a Lianne. ¿Dónde creés que pudiera estar…?— Me quedé pensando, sin poder sacar de mi cabeza a los antiguos incursores virzuks de la jaula. Solo atiné a decir:
—Para ella lo más importante en la vida, es ser una hechicera… Seguramente fue a pedir asilo a un gremio de magos.— Ambos torcieron la boca y Ray dijo:
—Arlinne. Este lugar está gobernado por una magocracia y todos los hechiceros de los gremios son de la clase alta… Va a ser muy difícil que nos den información de miembros de los gremios sin recurrir a la violencia… Lo que es peor, nuestro gremio solo es un invitado en esta ciudad, no tiene una oficina gremial, no podemos contar con nadie que nos dé información. Si nos metemos en problemas serios, no podremos correr hacia ningún lugar por ayuda.— Asentí con la cabeza entendiendo la situación y dije:
—¿Entonces, qué hacemos…?— Ray le preguntó a Grand:
—¿Conoces a algún vendedor de información en esta ciudad, que sea tan tonto o tan ambicioso como para dar información de los gremios y qué sea de confiar?
—Vendedor de información… Sí. Que quiera dar información de los gremios… Tal vez, por el precio adecuado. De confiar… No.
—Mmmh… No podemos hacer otra cosa de momento. Vayamos hasta las oficinas gremiales. Son solo dos los gremios que compiten por el control de la ciudad y ambas oficinas están una frente a la otra, tal vez la podamos ver de reojo.— Asentí y seguí siendo guiada por la ciudad de la mano de Ray. Pasamos el cinturón de miseria que estaba a la entrada de la muralla y llegamos hasta una zona que claramente era comercial. Ray me dijo:
—Arlinne, mantén los ojos bien abiertos, a ver si la alcanzas a ver por ahí, en las tiendas o en el camino.— Con mucha atención, me fijé en todos lados, pero nada…
Después de un rato, llegamos hasta ambas oficinas. Una tenía una bandera de color azul en el frente y la otra no la podía ver, porque había un carruaje lujoso tapando la entrada. Todos volteábamos a todos lados… «Si solo ese carruaje se quitara de ahí…» Cuando por fin el carruaje se empezó a mover, apreté la mano de Ray y dije gritando:
—¡Ray! ¡Es ella, es Lianne! ¡Va en ese carruaje…!— El carruaje se adelantaba e intenté correr tras de él, gritando, pero mi guardián me jaló del brazo y me tapó la boca, para preguntarme:
—¿Estás segura?— Yo asentí aún muda por su mano, mientras Grand trataba de ver con detalle el vehículo y Ray me decía al oído, susurrando:
—¿Ya se te olvidó lo que dijo el maestro, Arlinne? Recuerda que si no quiere venir con nosotros, básicamente la vamos a secuestrar… ¿Lo que acabas de hacer como nos serviría para nuestros propósitos?— Me quedé quieta y le empecé a mordisquear los dedos para que me soltara… Volví a poder hablar y dije con mi rostro desesperado:
—¡Y entonces…?
—Necesitamos conseguir información acerca del dueño de ese carruaje.— Ray volteó a ver a Grand y sin que se dijeran palabra, decidieron algo… Grand dijo:
—¡Yo iré! Ray. Tú cuida de Arlinne.— Ray asintió y preguntó:
—¿Tienes dinero suficiente?
—Sí y aunque no. Haré que lo sea…— Dijo eso, mientras acariciaba el filo de su arma con una de sus manos.
—Ten cuidado. Nos veremos en dos horas en la hostería que tú ya sabes, en la habitación de siempre… Sí está ocupada, estaremos en el bar.— Terminadas esas palabras de Ray, Grand se marchó entre los andadores de la ciudad…
Ray me siguió llevando de la mano, ahora de regreso. Nos metimos entre calles angostas y sucias… Yo estaba revuelta, ya no sabía ni por donde andábamos en relación a la dirección en la que habíamos llegado. Él dijo:
—Arlinne. Esta es una ciudad muy peligrosa… Es muy probable que veas cosas muy crudas en la dirección que nos dirigimos. No hagas alboroto, si tienes una pregunta o comentario, solo actúa con toda naturalidad en todo momento, te responderé con todo gusto cuando estemos a solas.
A lo largo del camino, fui viendo chicas de diferentes razas, semi desnudas en la calle. Pensé que eran prostitutas o algo así… Trataban de abordar a Ray, para después hacer un rostro de disgusto cuando me veían atrás de él. Unas incluso le dijeron, que sí solo bastaba una chiquilla para satisfacerlo. «¡Chiquilla? ¡Nunca falla!»
Pasamos después por algunos lugares cercanos a las murallas… ¡Más jaulas! Estas con bestias, mujeres y niños, dentro… «¡Son también esclavos…? ¡Esclavizan a otros seres humanos?» El estómago se me revolvió… ¡Sentía tanto odio! ¡Cómo podía hacer una persona eso a otra, por unas monedas…? Llegamos hasta un bar… Era una pocilga asquerosa… Olía a orines secos. Ray ni un solo momento me había soltado de la mano y ahora entendía el porqué. Fuimos hasta la barra y pidió una habitación para pasar el rato. Dejó dicho que otra persona entraría más tarde a la habitación, que quería su habitación con la cama más grande y espaciosa que tuviera. No quise ni por un momento pensar que se había imaginado el hostelero, todos los asistentes a la taberna ya me veían como sí quisieran arrancarme la ropa con sus miradas imaginando lo mismo que el hostelero. Ray puso cinco sucias monedas de cobre sobre la barra y el hostelero puso la llave junto a ellas, haciendo un gesto con su cabeza de que era en la parte de arriba.
Entramos a la habitación… Era un lugar asqueroso, la madera del piso, podrida en algunas partes, la cama antigua y grande, vestida con sabanas amarillentas y con manchas que se habían resistido a ser lavadas, una mesa descuadrada con dos sillas y un buró desvencijado. El lugar estaba oscuro, la ventana estaba tapiada con una lona sucia y vieja y solo había una vela a medio consumir sobre la mesa. «Me pregunto… ¿Cuántas inmundicias han pasado dentro de este lugar?» Puse mi bolsa sobre la mesa, con cuidado de que no hubiera cucarachas u otras pestes. Saqué un pedazo de trapo viejo, lo puse en una esquina de la habitación y me senté en el piso… Ni soñando iba a poner mi trasero en esa cama, no quería que me picara una pulga o algo peor. Ray se aseguró que no hubiera nadie fuera y cerró la puerta, de igual forma revisó las paredes por lugares donde nos pudieran espiar para al final montar una silla a manera de que barricara la puerta.
—Muy bien, ahora solo tenemos que esperar a que regrese Grand.— Sacó algo de su bolsa… Era un postre, una tarta que tomó del comedor de la torre, lo partió a la mitad y me ofreció. Le dije que no con la mano, aún sentía un asco muy grande por ese lugar. Ray lo comió despreocupadamente… «¿Cómo puede comer después de ver y oler todo esto?»
—¿Segura? Está muy bueno.— Volví a negar, ahora con la cabeza… Tenía muchas preguntas, pero… Todo estaba en segundo plano, lo que de verdad me preocupaba era Lianne…
—¿Ray…? ¿Todas las cosas que pasan en este lugar, como la prostitución y la esclavitud, están permitidas por el gobierno…?— Ray se quedó cabizbajo, pensando un solo momento para después contestarme:
—Arlinne… Sí. Como te lo dije antes, el control de la ciudad está en manos de los gremios. Todas y cada una de las cosas que pasan en este lugar, lo hacen bajo su supervisión y control.— «¡Qué horror! ¿Por dinero…?» Le dije a Ray en un tono muy bajito:
—Me preocupa mucho Lianne… ¿En qué diablos se está metiendo…?
—Tranquila, Arlinne. No conozco mucho el funcionamiento interno de estos gremios de magos, pero no todos se dedican a actividades como esas… Llevan también una fachada como académicos entre otras cosas.— Le contesté con una presión en mi pecho:
—Tengo un mal presentimiento, Ray… ¡Lianne no es mala, te lo juro…! Sé que parece orgullosa, altanera, fría y que no siente empatía por los demás, pero… A lastimar a las personas por obtener un beneficio personal… ¡Jamás haría algo así!— Ray me abrazó y dijo:
—Calma… Te creo, peque. La verdad es que no me gusta opinar abiertamente de los demás, pero tampoco creo que sea el tipo de persona que convive con personas como esas… Después de todo, el hechicero me parece una persona muy sabia, seguro él, nunca enseñaría a una persona así.— Su comentario me había dejado más tranquila. Le dije:
—Ray… Te contaré algo que no te había dicho antes. Lo siento, no es que te haya querido ocultar algo importante. Es solo que… De más pequeña, sufría una depresión muy fea, parece ser que lo que ocurrió en mi aldea, con mis padres y mis seres queridos, me dejó una carga mucho más pesada de lo que podía manejar. El guardabosques de Veranda me llevó con el hechicero a la edad de diez años para que aprendiera la magia. Yo estaba muy mal emocionalmente… Tenía terrores nocturnos, episodios muy complicados de depresión y así, cositas por el estilo. Lianne ya vivía con el maestro, cuando yo llegué y en un principio ni siquiera volteaba a verme, pero… Poco a poco, se convirtió en mi mejor amiga, casi como una hermana mayor. Ella me ayudó mucho en todos esos episodios de crisis, de no ser por ella y el maestro, tal vez nunca hubiera podido salir adelante. Es por eso… ¡Es por eso que sé que en el fondo es una buena persona! Ella jamás haría cosas horribles, como las que hacen los delincuentes en este lugar…— Comencé a llorar un mar de lágrimas. Ray me apretó entre sus brazos y dijo:
—No te preocupes. Lo sé. La llevaremos de vuelta con el hechicero. Todo estará bien. Ya lo verás.— Me quedé un ratito desahogando mis lágrimas en su pecho y después me quedé dormida…
Me despertó un sonido inusual… ¿Era cómo el cantar de un ave? Ray emitió un chiflido como si le contestara al ave y esta, volvió a cantar. Me quedé sorprendida… Él se levantó del lugar donde estábamos sentados, se asomó por la puerta y le abrió a Grand. Ray volvió a cerrar. Grand dijo:
—¡Buenas noticias! Tenemos que hablar, pero no aquí.— Ray asintió y se asomó por la ventana, haciendo a un lado la lona raída. Dijo:
—¿Te siguieron?
—Casi seguro que no.
—Bien… Solo esperemos un poco más y nos marchamos.— Por fin abandonamos ese lugar después de un rato…
Fuimos hasta la avenida principal y de ahí, empezamos a caminar hacia el centro del pueblo, para luego subir hacia la zona de los ricos. Ray me seguía llevando de la mano todo el tiempo, hasta que llegamos a un jardín público con una fuente en el centro, nos sentamos en una banca y Grand comenzó a hablar en un tono bajo, pero casual:
—Nuestro hombre es un tal duque, Ranzes Valisbra. Es el encargado de manejar todos los asuntos referentes al negocio de la prostitución para el gremio del sol rojo.— «¿Prostitución…? ¿Lianne, qué tiene que ver con eso…?» Grand continuó:
—Es muy probable que Lianne esté ahora en su mansión, pero no podemos simplemente entrar por ella y salir. Es aquí donde se pone interesante… Toda esta información me la dio el gremio rival. Un hombre perteneciente al cielo azul, sin darle mucha información de nuestra parte, llegó a la conclusión de que nos entrometeríamos con Valisbra y me dio la información y esto.— Abrió su mochila y solo alcancé a ver vestiduras de color rojo.
—Al parecer, Valisbra está dirigiendo una nueva operación en la ciudad y el cielo azul quiere saber a toda costa de que se trata, pero aun más que eso, quieren verla fracasar. A cambio de la información, solo me pidió que interfiriéramos con unas extrañas casas de seguridad, las cuales ellos han identificado que Valisbra visita muy a menudo a las afueras de la ciudad.— Ray lo vio y dijo:
—Ya entiendo…— «¿Qué…? Yo no entiendo nada». Ray continuó:
—Algo muy importante debe de haber ahí para él. Si pudiéramos armar un alboroto, tal vez abandone la mansión por la noche y uno de nosotros podría entrar por Lianne a su mansión.— Grand asintió y dijo:
—Así es y sí es algo importante, seguramente se irá con su guardia personal y sus seguidores cercanos, dejando en la mansión solo a los sirvientes y a Lianne… Ahora lo único que tenemos que planear es… ¿Quién ira a armar el alboroto y quién ira por Lianne? Eso y pensar que haremos sí la lleva con él… Que lo dudo mucho, pero se podría dar el caso.— Medio entendí su plan, pero nos quedamos en silencio los tres… Iba a decir que yo lo haría, pero Grand se me adelantó decidido…
—¡Yo iré por ella!— Ray se quedó pensando y dijo, asintiendo:
—Muy bien. Arlinne y yo, iremos hasta una de esas casas y causaremos el alboroto.— Grand sacó de su mochila las ropas de color rojo y nos entregó una a cada uno. Me dijo:
—Arlinne, no sé que talla eres, pero te traje la más chica que pude encontrar.— La revisé sin hacer un alboroto… Eran túnicas con capucha. Ray dijo:
—Perfecto, Grand. Ahora ya solo falta ver que haremos si Lianne se va con él o se va ella sola después… Necesitas poder moverte y creo que tengo la solución perfecta…— Ambos se veían fijamente, mientras Ray sonreía…
Guardamos las ropas en nuestras mochilas y empezamos a caminar hasta el distrito comercial. Ray dijo:
—¿Grand, cómo te quedan los chalecos de lana y los sombreros de paja?
—¡Jajaja! Yo creo que bien, iré a revisar. Los veo en un rato en este mismo lugar.— No entendía nada. ¿Para qué estábamos ahí…? No se suponía que debíamos ir a hacer un alboroto a la casa de seguridad…
Ray se quedó viendo alrededor, como sí buscara algo… Cuando le iba a preguntar, me jaló de la mano y caminamos hasta un vendedor que tenía una carreta con un par de caballos viejos. La carreta estaba llena de manzanas. Ray le dijo, fingiendo un acento campirano:
—Buenas, Señor. Estoy buscando quien me pueda vender diez o más, toneles de manzanas. ¿Cuántas tiene usted aquí?— El comerciante lo vio sorprendido y dijo:
—Son doce toneles aquí. ¿Los quiere joven…?
—Sí… Me interesan, pero no quiero pagar por que las lleven hasta mi domicilio en la provincia. No me las podría vender junto con la carreta y caballos. Se ve un poco desvencijada, pero yo creo que aguantará la jornada. El festival se acerca y esta vez quieren hacer suficiente pay de manzana para toda la aldea.— El hombre se quedó boquiabierto y Ray preguntó:
—¿Cuánto me cobraría, así?— El hombre pensó por un momento y contestó:
—Pues… Por todas las manzanas, yo podría partir con cinco oros y diez por la carreta y caballos. Serian quince oros en total.— Ray se apresuró a contestar, mientras sacaba un cigarrillo de la camisa:
—¡Le daré doce oros!— El comerciante sorprendido, porque de verdad Ray iba sacando las monedas de su bolso, mientras fumaba.
—¡Muy bien, joven! ¡Todas suyas, suerte en el festival!— Se fue corriendo emocionado…
Ray arrió los caballos hasta la esquina donde había partido Grand. Cuando volteé, un hombre del mismo tamaño que Grand, pero vestido como un campesino, con ropa de lana y sombrero de paja se acercaba para decir:
—¿Qué tal las manzanas este año?— Ray contestó, mientras comía una:
—Muy buena calidad… Las terminarás en seguida.— ¡El hombre era Grand…? Estaba sorprendida… ¿Cómo habían podido trazar todo ese plan en tan poco tiempo? Sin hablar de él siquiera. Grand le entregó un pedazo de papel y le dijo:
—Parece ser que en esta dirección, quieren también manzanas, pero de otra variedad.— Ray tomó la nota y dijo:
—Muy bien… Parece ser que son dos. Cuando tengas el pay listo, nos veremos en el punto medio entre las dos.— Grand ya solo asentía con la cabeza, porque tenía la boca llena de manzanas…
—Bien… Hasta al rato. Cuídate y que termines.— Grand solo reía con la boca llena, mientras se subía a la carreta y se iba camino arriba.
Salimos de la ciudad. Yo me sentía tan aliviada de abandonar ese lugar, pero me seguía preocupando Lianne. Ray volteó hacia todos lados y cuando estuvo seguro de que nadie nos había seguido desde la ciudad, por fin soltó mi mano. Metió la mano a su mochila y sacó otra tarta. Me la ofreció entera esta vez. Yo la acepté con gusto, tenía mucha hambre. Él me dijo:
—Vamos a hacer una visita a esas casas de seguridad… Tenemos que liárselas buena, para que sea mucho más fácil para Grand entrar a la mansión o seguir a Lianne, sin que lo molesten.— Asentí, mientras comía y él agregó:
—Tenemos un buen rato antes de que comience a anochecer. Aprovechemos para ir hasta allá. Cuando estemos cerca, pongámonos las túnicas y sí pasa lo peor, fingiremos que somos parte del gremio. Tratemos de mantenernos ocultos y pensar en algo en lo que llega la hora… Mejor prepararse ahora, porque no sé cuanto tiempo tengamos que pasar ocultos, así que si tienes ganas de ir al baño o ganas de comer algo, este sería un buen momento. Que aún hay puestos de comida a las afueras de la ciudad.— Le dije, terminando de comer mi postre: —¡Nunca comería nada preparado en ese lugar! Ese lugar es horrible y estar ahí, también lo es.— Lo jalé de la ropa, mientras iba hacia un árbol. Él se detuvo un momento y me preguntó:
—¿Qué pasa?
—¿Esos que vimos alrededor de la muralla, eran esclavos también?
—Sí.— Contestó y se bajó un poco su pantalón para empezar a orinar. Yo me avergoncé por haberlo molestado en ese momento y me volteé apenada…
—¿Por qué terminaron así?
—Trato de no pensar esas cosas con detenimiento, Arlinne. Solo te lastimarán… Sé que ignorarlos es tal vez peor, pero supongo que son personas que no tuvieron muchas buenas oportunidades en la vida o las desperdiciaron.
—¿Y los niños?— Él suspiró y me contestó apesadumbrado:
—Ellos… Solo cargan las culpas de sus padres.
Llegamos hasta unos campos cubiertos por plantas de maíz… Se veían dos graneros, uno a cada lado de los sembradíos. Ray dijo:
—Este es el lugar, vamos a vestirnos.— Sacamos las túnicas y nos cambiamos. Él preguntó: —Es probable que tengamos que pelear, ¿te sientes con energías?— Asentí silenciosa.
—Estaba pensando… Tal vez con tu magia, pudiéramos provocar un incendio dentro de los graneros, pero me gustaría primero saber que hay dentro. No se vaya a tratar de que tienen personas cautivas y por error las convirtamos en víctimas. Así que tendremos que entrar a revisar primero… ¿Cuál te gusta más, la de la derecha o la de la izquierda?
—Izquierda.
—¿No le tienes miedo a las serpientes, ratas o arañas grandes?— Me quedé sin saber que responder, pero solo negué con la cabeza después de un momento. Él dijo:
—Que bueno, porque nos esconderemos un rato dentro del campo de maíz y es probable que nos encontremos una que otra el tiempo que pasemos ahí.— «¡Gulp! No me dan miedo si solo las veo, pero… Convivir con ellas es otra historia».
Caminamos agachados y nos adentramos en la espesura de las plantas. Nos detuvimos un par de metros antes de llegar al camino que llevaba directo a la puerta del granero de lado izquierdo. Él me dijo al oído:
—Hasta aquí está bien, más sería peligroso sin saber lo que nos espera. Vamos a vigilar a los guardias. ¿Puedes detectar la magia?
—Sí. ¿Quieres qué lo haga frente a nosotros?
—Por favor.— Me concentré y revisé con cuidado… El piso delante de nosotros, la puerta del granero y las paredes. Le dije:
—El piso está limpio. Las paredes y el camino también, pero la puerta tiene efectos… Es lo único, al menos por ahora.
—¿Sabes qué efectos?
—No, disculpa. No soy muy buena en esto, Lo siento…
—No te preocupes. Tal vez podríamos entrar por el techo, se ve que hay unos tragaluces o tal vez, entrar cuando lo haga alguien más o alguien deje la puerta abierta… Vamos a fijarnos con detenimiento a ver sí salen o entran los guardias.
Pasamos largo rato y nos dimos cuenta de que había un guardia dentro y uno fuera. Ambos cambiaban de puesto constantemente. Ray preguntó:
—¿Cómo crees que hagan para no activar las trampas o hechizos que están en la puerta? Discúlpame, no sé mucho de magia, pero tal vez es algo obvio que yo desconozco.— Me quedé pensando y le dije:
—Mmmh… Tal vez, tienen algún artículo en su posesión que está sincronizado con los conjuros de la puerta… Es lo único que se me ocurre.
—Estaba pensando… Si noqueamos al que está fuera y le quitamos dicho artículo. ¿Lo podríamos usar para pasar desapercibidos y entrar?
—Tal vez… Pero saber que cosa es. Eso sería lo difícil. Casi segura estoy que la mitad de su equipo, lleva algún tipo de encantamiento. Mmmh… Aunque, si es un guardia, supongo que debe rolar turnos con otros, entonces debe de ser por fuerza algo que se pueda quitar y poner de manera fácil, incluso pasar a otros guardias de ser necesario.
—No quiero que nos ganen las prisas… Me gustaría entrar ya y esperar adentro a que anochezca, para tener todo listo para escapar, sí así lo necesitamos.
—Está bien. ¿Qué hacemos?
—Vamos a esperar que cambien de puesto nuevamente. Después de eso, yo saldré de la espesura y me esconderé tras de él, una vez de la vuelta al granero. Cuando él vuelva a pasar por aquí… Haz algún ruido para llamar su atención y yo lo emboscaré por detrás, cuando venga a revisar de que se trata. Nos apoderaremos de lo que sea que lleva encima y vamos por el de la puerta, ¿entendido?— Puse mi mano sobre la frente y asentí
Así lo hicimos… Cambiaron de puesto y el nuevo guardia del exterior comenzó a dar su rondín. Cuando dio la vuelta a la esquina, Ray salió sigilosamente a esperar y espiar por la esquina que acababa de doblar. Estaba nerviosa… Pasó un rato, Ray me hizo una seña y dio la vuelta también… «Bien… Ahora solo tengo que esperar a que regrese el guardia. ¿Qué ruido puedo hacer? Tiene que ser un sonido que llame su atención, pero que no lo ponga en alerta o agresivo…» El guardabosques me había enseñado muchos sonidos de animales, pero eso no serviría ahora. No podía hacer un ruido de animal… Tenía que ser un ruido que llamara su atención. No había mucho tiempo. El guardia ya venía doblando nuevamente la esquina del granero y solo se me ocurrió… Empecé a gemir y gritar como cuando estaba en la intimidad con Ray… Suave primero y luego mucho más fuerte. Desenvaine mi espada y vi que el guardia dio un sobresalto al escuchar el sonido. Cuando lo hice más fuerte junto con los gritos que fingían placer, la curiosidad se llevó lo mejor de él y empezó a caminar hacia la espesura… Ray lo observaba, esperando hasta que estuviera dentro de las plantas, pero algo inesperado paso… Se abrió la puerta. El guardia que ya venía, se detuvo y comenzó a hablar con el que estaba dentro. Le dijo:
—¿Oyes eso?
—Sí. ¡Jajaja! Se nota que alguien la está pasando muy bien… ¿Quieres echar un vistazo? Tal vez, necesiten un poco de ayuda…— Ambos se vieron a la cara y empezaron a reír. «¡Gulp! ¡Qué hago…?» Empecé a caminar lentamente, alejándome del camino, internándome nuevamente en la espesura… Solo debía hacer un poco de tiempo. Seguí gimiendo y gritando, calculando la distancia a la que estaba de ellos. Ya no los veía, pero estaba casi segura que estaban dentro. Ya solo hice lo que se me ocurrió… Me tiré entre las plantas como sí estuviera inconsciente, alzando la toga, descubriendo un poco mi trasero para que quedara a la vista. Apreté mi puño en mi espada, escondida entre mis ropas… Uno de ellos llegó hasta ahí y se me quedó viendo, embobado, parado frente a mí. Gritó:
—¡Kreig, mira lo que encontré por aquí…! ¿Kreig? ¡Kreig…?— Volteaba a todos lados… Estiré mis brazos como sí me estuviera despertando y gemí nuevamente, para luego sonreírle a la cara… Ya era demasiado tarde para él, Ray lo tenía del cuello, tapándole la boca. Lo apretó un instante y el guardia dejó de moverse. Arrastramos a ambos al interior de la maleza. Ray sacó una cuerda de su equipo, los desnudamos, amarramos y les metimos sus propios calcetines en la boca.
Revisé apresuradamente entre su equipo por la pieza que buscábamos… Había anillos, esclavas, amuletos… La mayoría de las piezas eran diferentes entre ambos, a excepción de una cosa que ambos llevaban… Un amuleto de color rojo hecho de jaspe. ¡Eso debía ser! Le di uno a Ray y le dije:
—Creo que es este. ¡Vamos!— Además, encontré un juego de llaves. Eché todo lo que juzgue de valor a mi bolsita, le di el oro a Ray y guardé las llaves, podrían ser de utilidad…
Nos paramos junto a la puerta. Ray me detuvo y pasó él primero. Mi corazón se apretujó… para después respirar aliviada. No había pasado nada. El amuleto era la clave. Entramos… Estaba a media luz. Empezamos a revisar el granero para tratar de encontrar, porque era tan importante ese lugar. Mi corazón se volvió a apretujar… Vi dos jaulas, una pegada a la otra. Dentro había dos chicas, una en cada una… Menores que yo, se veían golpeadas y maltratadas.
—¡Ray! ¡Ray, por aquí!— Él se quedó parado junto a mí y le dije:
—¡Tenemos que ayudarlas…! No quiero dejarlas aquí a su suerte, como esos pobres de la ciudad.— Las lágrimas mojaban mi rostro… Él se quedó callado por un segundo para tomarme del hombro y decir, mientras volteaba a todos lados:
—Está bien.— Ya estaba muy avanzada la tarde y muy pronto no podríamos ver con la luz del sol. Le dije:
—Creo que tengo lo que necesitamos.— Me acerqué a una de ellas… La chica me veía con miedo. Probé las distintas llaves y le dije, bajando mi capucha:
—No te preocupes. Todo va a estar bien.— Le sonreí como una tonta, mientras ella me veía sorprendida… Por fin, encontré la llave adecuada y el candado cayó al piso en dos partes. Abrí la puerta de la jaula y ella salió arrastrándose. Me dirigí a la otra… Esta chica estaba inconsciente, pero respiraba. La abrí y le dije a Ray en voz baja:
—¿Y ahora, qué…?— La primera chica jalaba de mi túnica y señalaba el amuleto que ella llevaba en el pecho… Lo revisé de cerca, mientras Ray veía a los alrededores por la puerta del granero. Lo toqué… Se sentía caliente al tacto, era de la misma piedra que el de los guardias, pero tenía una forma diferente y debajo de él, se veía una marca en su piel, como una quemadura. Se lo quité y me di cuenta de que el amuleto que llevaba yo, brillaba. ¿Era una especie de amuleto para controlarlas? Ella empezó a toser y le dije:
—¿Estás bien?— Ella asintió y me dijo:
—Gracias.— Le dije, mientras le quitaba el amuleto a la que estaba inconsciente:
—¿Dónde vives?— Ella me dijo que era huérfana, pero que tenía un poco de talento para la hechicería y que vino a la ciudad para entrar como aprendiz a un gremio de magos. Fue ahí donde su calvario había comenzado, llevaba meses cautiva. Me dio tanto odio y coraje… Le dije:
—Ahora ya todo va a estar bien. ¿Cómo te llamas?
—Kalery…
—Yo soy Arlinne, mucho gusto.— Y le sonreí.
Ray salió por unos minutos en lo que atendía a las chicas… Al regresar, dijo:
—¡Tenemos que movernos, ya!— Le pregunté a Kalery:
—¿Puedes caminar?— Ella asintió. Me moví hacia la otra chica para intentar cargarla, pero Ray me detuvo y la alzó en sus brazos para decirme:
—Encargate de las llamas… Que quede totalmente destruido de ser posible.— Asentí y lo conduje cerca de la puerta. Le puse mi amuleto a la chica inconsciente… Ray atravesó el umbral y me arrojó ambos amuletos de vuelta. Esta vez le di uno a Kalery y me puse el otro. Dije:
—Kalery, sal de aquí con Ray. Él es mi caballero, puedes confiar plenamente en él.— Se dibujó una sonrisa en su rostro y me dijo:
—¡Caballero y hechicera? ¿De verdad…? ¿Cómo en las historias de fantasía?
—Si, así es.— Como sí los cuentos de hadas de su infancia regresaran a su mente, su sonrisa se hizo más pronunciada y salió del granero.
Me dispuse a cremar el lugar hasta la última trabe… «¡Bastardos…! ¡Cómo se atreven a hacer esto a las personas? ¿Qué no saben que tienen sueños e ilusiones? Debería ir por esos dos en la maleza y arrojarlos a las llamas ahora mismo». Salí del lugar, mientras la madera del techo y las paredes comenzaba a crujir. Para este momento ya estaba completamente oscuro y era todo un espectáculo. Ray ya me esperaba al borde de la maleza… Empezamos a correr rumbo al interior, exactamente a la mitad del campo. Le dije agitada:
—¿Y ahora, qué hacemos?
—Ahora, solo podemos confiar en Grand. No te preocupes, es bastante eficiente, se las ingeniará para volver con Lianne. Prepárate para quedarte aquí y cuidar de las chicas, sí es que yo tengo que salir en su ayuda.— Tenía miedo, pero asentí tranquila para no preocupar a Kalery…
Esperamos como una hora dentro de la maleza… Solo oíamos gritos que iban y venían alrededor del campo, se había armado un alboroto. Paso una media hora más… Ya no se oían las voces cerca. Ray me dijo:
—Dejé algunos cebos alrededor para que no siguieran nuestras huellas… Parece que funcionó…— A Ray lo interrumpió un estruendo… Como sí un muro se cayera frente a nosotros en dirección del otro granero. Él dijo sonriendo:
—¡Parece ser que esa es la señal, vamos…!
*************************
Llegué hasta la contra esquina de la mansión Valisbra. Acomodé la carreta en la esquina para poder ver claramente quien entraba y salía de la mansión, mientras gritaba:
—¡Manzanas, deliciosas y jugosas, manzanas!— «Si ese bastardo de Valisbra le intenta poner una mano encima a Lady Lianne contra su voluntad… ¡Voy a hacer que se trague todas estas manzanas, hasta que reviente!»
—¡Manzanas, deliciosas y jugosas, manzanas!
«Mmmh… Creo que por fin llegó el momento de abandonar esto que siento por Lianne… Lo he pensado bien y creo que será mejor así… Esta última vez, ni siquiera me dirigió la vista en todo el tiempo que pasamos en la torre. No hay duda, nunca podre acercarme a ella y mucho menos hacer que sienta algo por mí… Solo quiero sacarla de aquí a salvo y que el maestro pueda platicar con ella. Si después de eso, ella decide convertirse en una criminal o hacer de su vida una cometa… Me da lo mismo, solo quiero verla a salvo una última vez, se lo prometí al maestro…»
Un joven se acercó y preguntó:
—¿Cuánto las manzanas, señor?
—Cinco por una plata. ¿Cuántas te pongo?— Sonreí, metido en mi papel…
—Deme diez, por favor.— Tomé un trozo de papel del que estaba colgado al lado del carro, hice un cucurucho con él y le puse diez manzanas y una más.
—Aquí tiene, joven.— Se alegró por el obsequio, me dio las gracias y un par de monedas de plata, que eché al lugar donde guardaba mi oro.
—¡Manzanas, deliciosas y jugosas, manzanas!— «Si todo va a mal y no quiere venir con nosotros… La voy a tener que golpear para dejarla inconsciente. ¡Le debería de dar un buen golpe en su estómago para que entienda, que no debe de hacer que se preocupen sus amigos por ella…! A quien engaño… ¡Jajajaja! No podría ponerle jamás una mano encima… Debí de haber cambiado con Ray. Bueno… Tal vez un ligero golpe en la cabeza no estaría mal, que ni siquiera se dé cuenta que fui yo».
Pasó un largo rato, empezó a atardecer… Yo tenía a una multitud, apenas me daba abasto atendiendo a las personas, pero de reojo alcancé a ver que un carruaje lujoso, casi idéntico, pero de distinto color entraba a la mansión… «Ese debe de ser el duque. Muy bien, vamos avanzando…» La multitud se disipó después de un rato y me quedé pensando… «Vamos, Ray, algo estruendoso para que esta cucaracha salga de su agujero… Me encantaría acompañar a Arlinne y Ray, en su aventura, pero no me gustaría ser una impertinencia. No quisiera importunarlos en sus momentos íntimos, que cuando estás tan enamorado como se ven ellos, me imagino que son todos… Pero aún así, me gustaría ayudarlos. Arlinne tiene motivos muy nobles, pero para hacer todo eso, también se necesita un poco de fuerza bruta».
Seguí parado ahí, hasta que empezó a oscurecer. De un momento a otro, dejé de vender, la gente se había empezado a retirar a sus casas, aún tenía un poco menos de la mitad de las manzanas, pero eran suficientes para cubrir mis armas y mi equipo que estaban abajo de ellas… Vi que entraron un grupo de personas corriendo a la mansión, como sí algo importante hubiera pasado, todos vestidos de rojo. Era gente del gremio… «¡Es el momento!» Llevé el carro hasta la entrada de la mansión para bloquear el paso y esperé fingiendo que revisaba las ruedas…
Después de unos cuantos minutos, las puertas se abrieron y gente a caballo empezó a salir, para luego oír el relinchar de unos caballos… Era el carruaje que no podía pasar por la carreta que estorbaba en el camino. El conductor me vio ahí, arrodillado frente a las ruedas. Se bajó y dijo:
—Campesino, ¿qué haces aquí estorbando? Mi amo se va a enfurecer… Anda y apúrate con eso, que no tenemos todo tu tiempo.— Alcé la cabeza, tapándome el rostro con el sombrero y dije con un tono provinciano:
—Disculpe, señor. Ya casi esa listo.— Me tomé el tiempo necesario… Se abrió la puerta del carruaje y oí al que parecía Valisbra, gritar:
—¡Quita tus porquerías, pelmazo! ¡Qué tengo mucho dinero de por medio! ¡Qué no ves que es urgente?— Me puse de pie en todo mi alto, tomé algunas manzanas en un cucurucho y caminé frente a él, hasta que alcancé a verlo muy de cerca… Me fijé dentro del carruaje, diciendo:
—Lo siento, su eminencia. Es una desgracia que haya pasado esto en este momento. Tome estas manzanas como una humilde disculpa de este pobre campesino que no vale nada.— Él se pavoneó como un ave y dijo:
—Lo bueno es que conoces tu lugar… Dame eso, anda y apurate a quitar tu porquería del camino.— Lianne no estaba en el carruaje, él venía solo… «Muy bien.» Fui de nuevo hasta la rueda, conté hasta veinte y empecé a jalar los caballos a un lado del camino. Ellos se marcharon a toda prisa, sin siquiera voltearme a ver, ahora solo a esperar unos minutos…
Me fui a la esquina contraria de donde había estado antes y esperé. «Tengo que esperar a ver, sí sale Lianne antes de que yo entre… Le daré unos veinte minutos». Secuestrarla en las calles iba a ser un lío, tenía que ser adentro de la mansión o afuera en algún lugar donde nadie nos viera.
Como a los quince minutos, las puertas se abrieron nuevamente… Era el carruaje que había llevado a Lianne por la mañana. «Muy bien, la seguiré y a donde se dirija, ahí la atraparé». Le di de comer un par de manzanas a cada caballo, me subí y lo seguí discretamente. Se dirigía a las murallas… Los seguí hasta la salida, salieron sin siquiera ser detenidos por los guardias. Me acerqué un poco más para no perderlos de vista, pero los guardias me retuvieron y dijeron:
—¡A ver, campesino! Estuviste vendiendo en la ciudad, paga tu peaje para que te puedas marchar.— Frené los caballos frente a ellos y bajé rápidamente, diciendo:
—¡Oh! Amables señores. No pude terminar mi mercancía y no tengo suficiente dinero, pero tengo muchas manzanas… ¡Tomen, tomen…!— Les Llené los brazos a los tres guardias y al que bajaba el puente. Les di rápidamente todas las que les cabían en las manos… Ellos se quedaron viendo entre ellos y el que parecía el líder, hizo un gesto al del puente… Me abrieron paso. Subí nuevamente a la carreta y dije:
—¡Gracias, muchas gracias! Verán que son deliciosas.— Salí de la ciudad… Aún alcanzaba a ver el carruaje a la distancia. Apreté el paso y cuando vi que nos acercábamos al lugar de las casas de seguridad, tomé las riendas de la carreta como pude y me empecé a poner mi equipo, echando la ropa de campesino atrás con las manzanas que quedaban.
Dieron la vuelta alrededor de unos campos de maíz y se dirigía a un granero… Volteé al lado contrario y una multitud de personas estaban rodeando un granero similar, que se veía aun humeando. «¡Bien, bien, Ray!» Paré la carreta a buena distancia, solté a los caballos y les puse la mayoría de las manzanas que quedaban en el piso para que se las comieran. Tomé mis armas y bajé hasta el granero, donde ya llevaba un buen rato parado el carruaje… «Debo de hacer un poco de tiempo para ver como se desenvuelven las cosas…» Esperé algunos minutos, escondido atrás del granero. Lianne estaba adentro y solo estaba su cochero, ni un solo miembro del gremio. Me disponía a ir, pero oí llegar el otro carruaje… Era Valisbra. Venía igual, solo con su chófer. Lo dejé que entrara antes de salir y caminé hacia los carruajes…
Pasé detrás de los carruajes… Ambos cocheros fumaban, platicando entre ellos. Valisbra ya llevaba unos minutos dentro. Me fijé bien en la estructura del granero, sus paredes eran de madera y ladrillos rojos. Tenía una cuantas columnas de piedra para resistir el peso del ladrillo y el techo. Esperé un poco más… Debía de ser cauteloso. Cuando juzgué que era el momento, me paré atrás de ellos… Ellos me alcanzaron a ver, pero yo ya los tenía sujetos por sus cabezas y los choqué, uno contra el otro… Cayeron como angelitos al piso. «Muy bien… Es hora de sacar a Lianne de aquí. Ray ya me debe de estar esperando junto con Arlinne. Si tardo mucho será también peligroso para ellos…» Llegué hasta la puerta y escuché un grito de dolor… ¡Era Lianne! La sangre hirvió en mis venas y solo supe arremeter con toda mi fuerza, con mi escudo por delante, contra una de las paredes del granero…
*************************
Entré a la habitación… Sobre la cama había una túnica de color rojo y un amuleto posado sobre ella. Seguía teniendo ese mal presentimiento, pero no tenía la cara para ponerla frente al maestro. Decidí que lo mejor sería guardar mi equipaje con mi conjuro para almacenar cosas. Si las cosas iban a peor, al menos podría huir desde donde estuviera. Vi el amuleto y traté de detectar magia en él, pero no dio ni una señal de ser mágico o estar maldito… Me puse la toga y el amuleto… Me preparé para partir. «¿En qué clase de crímenes está metido este gusano?» Ya me daría cuenta muy pronto…
Bajé las escaleras y llegué hasta el patio. El cochero ya me esperaba. Abordé el vehículo… Miraba por la ventana a la oscuridad… «¡Qué rápido están cambiando las cosas a mi alrededor…! Como me gustaría seguir siendo una niña y jugar a los almohadazos con Arlinne… Con mis ilusiones y sueños intactos…» Empecé nuevamente a llorar sin darme cuenta, solamente vi que abandonábamos la ciudad y me extrañó… Lo que fuera que fuere, era tan malo, que ni siquiera lo podía tener dentro de ese basurero… Me preocupé aún más.
El carruaje se paró después de un rato… El cochero me abrió la puerta y extendió la escalera para que yo bajara. Dijo:
—Su eminencia vendrá en un momento. Me dijo que lo esperara dentro.— Asentí y me dirigí hasta la puerta de un granero. Entré y usé un conjuro de luz… Era solo un granero común y corriente, pero en lugar de grano, tenía herramientas para trabajar el campo y algunas otras cosas guardadas, como una bodega… Pero volteé a una de las paredes y solo pude tapar mi boca…
Había dos chicas como de la edad de Arlinne, tal vez menores, en un par de jaulas metálicas. ¡Eran esclavas…? ¡Esos bastardos se dedicaban a la trata? Sentí que la sangre se me iba de la cabeza… ¿En qué diablos me había metido? Corrí hasta una de las jaulas… La chica que estaba dentro, dormía o estaba inconsciente. Encima de la jaula estaba lo que parecía ser un registro escrito con la entrada y salida de las chicas al lugar… Era una larga lista… Las vendían a personas importantes, pero no venían los nombres de los compradores, solo el destino. «¡Qué maldito bastardo! ¿Y ahora él me quiere hacer parte de esto, como su mano derecha? ¿O tal vez me quiera vender también…? ¡No! Lo dudo… Quiere que sea su cómplice y de seguro que lo ayude con las chicas… Por eso me dijo que necesitaba a una hechicera talentosa. ¡Qué basura! Debo largarme de aquí y denunciarlo ante una autoridad de hechiceros, pero… Obviamente eso será difícil. Su gremio no lo dejará caer tan fácil o todo el gremio caería con él. Lo primero es salir de aquí, ya veremos después que puedo hacer para ayudar a las chicas o denunciarlo». En eso, escuché que se abrió la puerta. Era él… No tenía opción. Lo tenía que enfrentar… Afuera solo estaba mi cochero y muy probablemente el suyo. «¡Es momento de usar este poder para algo que de verdad valga la pena!»
Oí su voz…
—Lady Sylverlin. Que bueno que me pudo acompañar hasta aquí. Veo que siguió mi consejo y se puso las ropas del gremio… Una sabia decisión… ¿Y bien, que opinas? ¿Podrás con la plaza? Estas chicas tienen talento para la hechicería y muchos clientes acaudalados, pagan fortunas enteras por una esclava que además pueda usar su magia en su favor y sin quejarse. Quien mejor que tú, para que las puedas entrenar en las artes arcanas, antes de que lleguen a sus nuevos amos.— Me paré frente a él y le dije:
—¡Eres un gusano inmundo y despreciable! Prostitución te lo creo, pero… ¡Esto?
—¡Jajaja! Pero sí también son prostitutas, ¿a poco no se les nota…? ¡Jajaja!— Siguió riendo a carcajadas. Había sido suficiente… Empecé a conjurar mi magia. Estaba enfurecida… Pero de repente un dolor en mi pecho, como una quemadura, me hizo doblarme…
—¡Jajajajaja! ¡A poco creías, qué no iba a ser lo suficientemente cauteloso para evitar esta reacción de tu parte? Te lo preguntaré solo una vez más… ¿Me ayudarás con esto o tendré que hacer que lo hagas a la fuerza? Tu única oportunidad es que te entregues a mí en cuerpo y alma… Bueno, de tu cuerpo ya ni hablar, porque ese será mío, aquí y ahora. Pero todavía puedes ganar un trato más digno de mi parte, sí participas voluntariamente. ¡Jajajajaja!
El rencor estalló en todo mi ser… Con todo y el dolor, le lancé una llamarada a su rostro en un parpadeo. Él sorprendido, dejo de reír e intentó apartarse… Aún así, le alcancé a quemar su rostro. El dolor era insoportable, pero sentía que el rencor me llenaba de fuerza… Me preparé para terminar de freírlo, así me costara la vida. Él enfurecido tocaba su rostro… Sacó un amuleto similar al que yo tenía puesto y lo apretó en sus manos de las cuales empezaron a salir llamas… Sentía que todas mis entrañas ardían en esas mismas flamas. Alzando mi rostro apenas y pude verlo… Me lanzó un conjuro de explosión a bocajarro, diciendo:
—¡Te dije qué serás mía perra…! Pero parece ser, que antes te tengo que educar un poco, no importa.— Salí volando y caí a unos metros de él, al piso. Sentía que perdía el conocimiento… Que ese era mi final, pero antes muerta a que ese gusano tomara mi cuerpo… Me intenté poner de pie y él sorprendido, dijo:
—¡Vaya, esto no me lo esperaba! Lo bueno es que no tienes oportunidad. De ahora en adelante, mueres o vives como yo lo decida.— Toda mi vida pasó ante mis ojos… ¡La había desperdiciado…! ¡Toda la había desperdiciado…! «¡Jamás hice algo que pudiera dejar algo bueno a los demás y ahora me voy a morir aquí! ¡Dándole la espalda al único maestro que me quiso recibir, a la única amiga que me había aceptado y al único hombre que me había amado!»
«Soy igual a este adefesio de hombre… ¡No! ¡Peor que él…! La muestra es que el destino ha querido que muera en sus manos… ¡No hay más, es mi final, pero te llevaré conmigo bastardo!» Empecé a conjurar nuevamente, con todo y el dolor. Su rostro se llenó de miedo y apretó más la piedra del amuleto entre sus manos… «¡Lo siento…! ¡No puedo más! ¡Discúlpenme todos…!» Lancé un grito de dolor, un grito desde el alma, mientras caía tendida al piso… Mi vista se nublaba, era el fin… Cuando de repente, como producto de mi mente que ya estaba delirando, oí un golpe estruendoso en la pared al lado de la puerta y una nube de polvo se levantó a lado de la entrada… ¡Podría ser…? Mi rostro se iluminó y mis ojos se vaciaron en lágrimas… ¡Era Grand! Me sentía tan feliz de verlo por primera vez en mi vida…
Ranzes volteó sorprendido hacia él. Grand tenía un rostro que reflejaba la ira digna de un demonio. Volteó a verme al piso y luego volteó a ver a Ranzes, quien solo atinó a decir:
—¡Quién demonios, te crees que eres, marrano?— Vio su uniforme y agregó:
—Perteneces al gremio del lobo plateado. ¡Me encargaré que pagues cara tu osadía…!— Grand sin siquiera prestarle atención, empezó a caminar hacia él, haciendo retumbar el piso de madera del lugar con su andar. Ranzes acobardado, camino hacia atrás, como un niño que había hecho algo malo y su padre se dirigía hacia él con cinturón en mano. Dijo con una voz temblorosa:
—¡Te lo advertí…!— Lanzó conjuros ofensivos contra él… Uno tras de otro. Yo sentí muchísimo miedo y volví a llorar, como la niña asustada que era… ¡No solo provocaría mi muerte, sino también la de Grand!
Ranzes empezó a reír a carcajadas, mientras le descargaba una ráfaga de conjuros… Al final solo quedó humo alrededor de la silueta de Grand… Yo ya estaba fuera de mí, llorando y gritando, a punto de rogarle que se detuviera… Iba a decir que lo dejara, que haría cualquier cosa que él quisiera. Me dispuse a abrir mi boca para decírselo… Pero entre el humo y el vapor de los conjuros, vi como una enorme mano se abría paso para tomar el amuleto, atrapando y pulverizando la mano de Ranzes al mismo tiempo. El humo se dispersó y mis ojos se llenaron de alegría… ¡Grand estaba ileso! Le arrancó el amuleto de la mano a Ranzes y lo hizo añicos, solo apretándolo entre sus dedos. Ranzes corrió más atrás y ya muerto de miedo, empezó a decir tartamudeando de la impresión:
—¡Ehh… Era una broma, amigo…! Lo de marrano… Err… ¿Por qué no me dices lo que quieres y… Err… Así podemos dejar nuestras diferencias a un lado? ¡Eh?— Grand se detuvo frente a él, viéndolo hacia abajo… Ranzes continuó balbuceando:
—Ehh… Ya veo, eres un guerrero muy poderoso… Ehm… ¿Por qué no… Ehh… Te nos unes? Sabes… Hay muchísimo oro en este negocio y con tu fuerza no habrá nadie en el reino… Err… ¡Qué digo en el reino… Ehh… En el mundo, que nos pueda detener…! Ehh… Vamos, piénsalo…— Grand seguía callado, observándolo con ojos que parecían carbones al rojo vivo… El gusano continuó:
—Ehh… Tendrás todo lo que tú quieras a manos llenas… Err… Riquezas, mujeres, todas las mujeres que desees… Que te llenaran de los más intensos placeres a tu voluntad… Ehh… Jejeje…— Ranzes empezó a reír nerviosamente…
—Jejejeje… Ehh… ¿A poco no sería genia… ¡Gulp!— Antes de que terminara de decir eso… Grand lo sujetó por el cuello con una sola mano, como sí fuera un ganso. Lo alzó a la altura de su propio rostro y le dijo con un tono de voz que nunca había escuchado salir de él:
—¡Los tipos como tú… Débiles y cobardes, que usan y maltratan a las mujeres para su beneficio personal, me dan asco! Mejor acabar contigo de una vez aquí, antes de que vuelvas a poner la mano sobre cualquier otra de ellas.— Comenzó a apretar su cuello, mientras lo veía a los ojos muy de cerca. Ranzes trataba de pedir clemencia, sin lograrlo por la falta de aire en su garganta. Grand dijo:
—¡Te haré una última advertencia…! ¡Libera a tus esclavas y lárgate de aquí para jamás volver y nunca más siquiera, vuelvas a ver a otra mujer a la cara!— Ranzes con trabajos, articulo una respuesta, debido al poco aire que pasaba a sus pulmones:
—¡Si, sí…! ¡Lo prometooo!— Grand lo arrojó con fuerza contra el muro que estaba al lado contrario de donde yo estaba tendida… Se levantó una nube de polvo… Caminó hasta mí… Yo lo veía con mis ojos llenos de lágrimas y emoción. Extendió su mano, me arrancó el amuleto de mi pecho y lo aventó a un lado… Pero, Ranzes se había puesto de pie y lanzaba un conjuro a una de las columnas del lugar… Exactamente a la que estaba encima de nosotros. Esta se empezó a desquebrajar… un gran trozo de roca pulida caería sobre nosotros. Grité:
—¡Cuidado, Grand!— Grand siguió la roca con la vista en su descenso y cuando estuvo cerca de él, dijo:
—¡Te lo advertí!— Golpeó la enorme roca al vuelo con uno solo de sus puños, con una fuerza inhumana, sobrenatural, destruyendo una parte de ella y el resto lanzándolo hacia Ranzes, cuya cabeza se vio arrollada por ella, estampándola en la pared junto con él, para llenar de su asquerosa sangre la misma. Volvió a dirigir la mirada hacia mí, sin prestar más atención al cuerpo inerte del gusano… Me extendió los brazos. Las lágrimas inundaban mi rostro, apenas y pude decir tímidamente, como esa vez que me salvó en el terregal…
—Gracias…— Me cargó entre sus brazos… Volteé hacia el hueco que había hecho en la pared y de reojo pude verla… Era Arlinne con su caballero. Él cargaba a una niña en brazos y Arlinne traía a otra de la mano…
«¡Cómo pudo ser Grand, inmune a la magia de ese perro…?» Me recargué en su pecho para descansar, pero me di cuenta de que se veía lastimado en la piel desnuda de sus brazos… «¡No fue inmune…! ¡Los recibió todos!» Me sentí muy mal nuevamente, pero ya no tenía fuerzas para seguir llorando… Solo cerré los ojos y perdí el conocimiento…
*************************
Corrimos hacia el estruendo, yo jalaba de la mano a Kalery… Llegamos hasta allá. Había un hueco al lado de la puerta principal del granero, exactamente del tamaño de Grand. Ray se asomó y luego alcancé a ver a Grand, cargando en brazos a Lianne. Le dije a Kalery:
—Espérame aquí, por favor. No te muevas.— Ella asintió. Me metí por el agujero, corriendo hacía Grand. Él bajó a Lianne un poco para que yo pudiera observar… ¡Respiraba! ¡Qué bueno…! Ray dijo:
—Debemos irnos, Arlinne.
—¡No! Aún hay algo que debo hacer…
Entré buscando lo mismo que habíamos encontrado en el otro granero… Las vi exactamente en la misma posición, una pegada a la otra. Saqué las llaves y nuevamente las probé todas. Las chicas estaban despiertas, tal vez la batalla de Grand las había alertado. Abrí una… «¡Perfecto! Ahora, la otra… ¡Listo!»
Ambas chicas salieron arrastrándose de las jaulas, les quité el amuleto y les dije:
—¿Pueden correr? Vamos a escapar, pero necesito que hagan un esfuerzo.— Sonreí, ellas me vieron felices y asintieron. Salí y le dije a Kalery:
—Me vas a tener que ayudar. ¿Puedes tomar a una de la mano y que ellas se tomen de la mano entre sí? Para que nos puedan seguir, por favor.— Kalery de igual manera asintió. Le dije a Ray:
—Hay que usar el pergamino que nos dio el maestro, pero la verdad… No sé si pueda leerlo, menos a oscuras o corriendo…
—Decide rápido. ¿Ponemos a las chicas en el piso, para que Grand y yo defendamos este lugar en lo que lo haces o huimos y buscamos un lugar seguro para darte más tiempo?— Debía decidir… «¿Qué hago…? Ni siquiera sé, sí pueda leerlo en primer lugar… Sí nos quedamos y no lo logro, estaremos perdidos. Sí nos vamos, nos arriesgamos a que nos noten y nos sigan…» Viendo que pasaba un mal rato tratando de decidir, Grand dijo:
—Arlinne, Ray. La carreta está muy cerca y estoy casi seguro que no la han notado. Está a unos pasos a espaldas de este lugar.— Volteé a ver a Ray y asentí. Ray dijo:
—¡Vámonos, pero en este instante!
Salimos… Aún no había nadie alrededor. Grand nos fue guiando en la oscuridad con Lianne en los brazos. Subimos un empinado terraplén y se veía la carreta al lado de unos árboles. Los caballos seguían ahí también… Rápidamente, Ray dejó a la chica que llevaba en brazos en la parte de atrás y fue a enganchar los caballos. Todos subimos… Puse mis cosas en el piso de madera del vehículo y empecé a buscar el pergamino del maestro… Ya íbamos en dirección contraria de la ciudad por el camino principal. Le dije a Ray:
—¿Puedes escondernos en alguna parte? Necesito iluminación para leer.
—Dame unos minutos. Estén alertas por la parte de atrás de que nadie nos siga.— Fuimos por el camino algunos minutos más, hasta que Ray vio un lugar con muchos más árboles y sacó la carreta del camino… Bajó y la condujo de manera que quedáramos cubiertos en su mayoría por los árboles…
—Es lo mejor que puedo hacer…
—Espero, no nos noten.— Dije con miedo y lancé un hechizo de luz. Empecé a tratar de descifrar la escritura mágica del maestro… Pasaron unos minutos… Estaba muy nerviosa, hasta que por fin lo logré… Un haz de luz nos envolvió y cuando la luz nos permitió ver nuevamente, estábamos en medio del despacho del maestro con todo y carreta…
Fin del Capítulo 5.
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