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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - Capítulo 6: Capítulo VI: Templanza.
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Capítulo 6: Capítulo VI: Templanza.

Capítulo 6

Había por fin, acomodado a las chicas en sus nuevas habitaciones. Lianne ya estaba dormida en su cama, solo me faltaba llevar la poción que me había dado el maestro a la habitación de los chicos… Me sentía cansada, pero no quería irme a dormir hasta dejar todo en orden. Toqué a su habitación y Ray me abrió la puerta… Pasé sonriendo. Grand dijo:

—No te hubieras molestado, Arlinne. De verdad, me encuentro bien.— Ya estaba vendado de la mayoría de la parte superior de su torso. Le dije:

—Sabe asquerosa, pero te hará bien.— La puse en la mesa de centro, junto con un par de botellas y agregué:

—Estas son muestra de mi agradecimiento… Por haberme ayudado a rescatar a Lianne. No sé que hubiera hecho, sí ustedes dos no hubieran estado aquí… Bueno, los dejo descansar y Ray, por favor, vigila que se tome la poción. Nada de alcohol hasta que no se tome hasta la última gota.— Me despedí sonriendo y salí… Ray me alcanzó un poco más adelante de la puerta, ya en el pasillo y me dijo:

—Arlinne, no me lo tomes a mal, pero te ves fatal. ¿Ya comiste algo después del postre que te di en la tarde?— Volteé hacia otro lado…

—No.

—¿Y no piensas hacerlo?— Sonreí nuevamente y le contesté:

—Después de darle su medicina a Lianne, solo quiero tirarme en la cama y dormir.— Le vi su rostro… Estaba enojado, como casi nunca lo veía. Él dijo:

—¿Arlinne, quieres qué te obligue a comer?— Me estaba regañando…

—No puedes simplemente hacerte cargo de todo, tú sola, sin poner atención a tu propio bienestar.— Me tomó de la mano y caminamos de regreso por el pasillo. Dijo, cuando pasamos por la puerta:

—Grand, toma esa poción, por favor. Voy por un par de botellas más y acompañaré a Arlinne a que cene algo.

—¡Claro! Sabe muy mal, pero ya casi la termino.

Fuimos hasta el comedor… Prácticamente me estaba arrastrando. No me gustaba que hiciera eso, pero tenía razón… Había estado adelgazando últimamente y me sentía cansada muy rápido. Entramos y me puso al lado de una silla. Dijo:

—¿Vas a comer, verdad?— Lo vi con ojos tristes, pero asentí con la cabeza. Él se sentó conmigo y me empezó a servir en un plato… Yo solo atiné a decir:

—Es mucho, quita un poco.— Él se negó, moviendo la cabeza.

—No, Arlinne. No podrás ir a atender lo que te falta o a la cama, hasta que no vacíes este plato dentro de ti.— Pensé en hacer un berrinche… Pero lo vi y de verdad estaba molesto. Eso no me salvaría. Él dijo:

—¡Ya sé lo qué necesitas…!— Se acercó a mi rostro, me dio un beso y me dijo, llevando una cucharada de alimento a mi boca:

—¡A ver chiquita, abre tu boquita!— Deje de estar de berrinchuda y empecé a reír… Lo empujé suavemente hacia atrás y le dije:

—¡No soy una bebé, que tengas que darle en la boca! Está bien, está bien… ¡Jajaja! Tú ganas… Comeré.— Una vez la comida empezó a entrar en mi sistema, mi apetito despertó y en un segundo ya me sentía muerta de hambre. Él dijo:

—Te he observado desde que llegamos a la torre y me imagino que por los nervios, las presiones y la preocupación, no has estado comiendo bien. Sí sigues así, tu sistema se va a romper.— Empecé a reír de repente, como una loquita, como él decía que lo hacía y le dije:

—Mmmh… ¡No sé por qué tú, me quieres tener siempre con la molleja llena! ¡Jajajaja!— Reí y reí a carcajadas. Él hizo un intento por no reírse para que viera la seriedad del asunto, pero no se pudo contener y los dos empezamos a reír a carcajadas. Se sentía tan bien liberar el estrés… Me calmé un poco y le dije en un tono serio para hacer contraste:

—¿Por fin me dirás qué significa, demasiadas mujeres?— Mi cara seria… Hasta que no pude más y volví a estallar en carcajadas. Él se quedó pensando sonriendo y se disponía a explicarme, pero lo dejé en silencio con mis labios. Le dije al terminar de besarlo:

—¡Gracias, Ray! De verdad no sé que hubiera hecho, sí ustedes no hubieran estado aquí.— Hice un guiño y le dije:

—¿Me sirves un poco más, por favor?

Terminé de cenar… Quedé repleta. Incluso mi abdomen se veía un poco abultado de la parte superior donde empezaba mi pecho, pero me sentía satisfecha. Dejé a Ray en su cuarto y me concentré en las cosas que me quedaban por hacer… «Ahora debo cuidar de Lianne, seguramente ya es de madrugada… El maestro no se vio muy contento, cuando le dije mi idea de que las chicas se quedaran aquí y fueran sus alumnas. ¡No importa sí le tengo que hacer un berrinche! Tengo que convencerlo… Esas chicas merecen una oportunidad de alcanzar sus sueños, como la tuve yo».

Llegué a la habitación… Lianne dormía tranquilamente… «¿Qué puedo hacer sí vuelve a intentar escapar o algo peor?» Por un momento, me pasó por mi cabeza… «Podría amarrarla a la cama… No, eso es muy feo y además, me gustaría confiar en ella. Confiar en que despertará y nos va a pedir disculpas a todos… Pero si, ¿no…? Sí de verdad está fuera de sí, porque Grand mató a su amante el esclavista… ¡No! ¡No puede ser…! Deben de ser una serie de coincidencias. No creo que Lianne estuviera involucrada con ese tipo de gente… Pero y si, ¿sí?» Tenía la cabeza revuelta… Lo primero era seguir dándole la poción. Tomé el gotero que aún se encontraba en la cómoda y sonreí siniestramente… Era hora de mi venganza… Terminé de abotagarle la poción por todos los orificios de su cabeza. Me recosté… «Estoy rendida, pero aún estoy llena… Bueno, que más da. Iré al baño y luego a la cama… Espero no tener pesadillas».

Dormí solo un rato… Me levanté, seguro ya era de mañana. Volteé a ver a Lianne y estaba con los ojos abiertos, viendo hacia el techo. Me acerqué lentamente y le dije:

—¡Buenos días!— No obtuve respuesta… Fui hacia nuestro tocador y regresé a su cama con la poción en la mano. Me vio a los ojos… Estaba llorando. Puse la botella en el buró y me senté en su cama. Le dije:

—¿Por qué lloras? ¿Te duele algo?

—Gracias, Arlinne…— Siguió llorando… Solo sonreí y le dije:

—¿Por qué agradeces? ¿Tanto te gusta la poción…? Entonces, no te haré esperar más. A ver di, aah…— Ella me abrazó… Me quedé ahí, inmóvil, dejándola que llorara un buen rato, abrazándola yo también. Me sentía tan feliz de haber recuperado a mi amiga, pero ahora que estaba mejor, no la iba a dejar salirse con la suya tan fácil. Le tenía que meter un poco de presión, para que viera, que aunque la queremos y estamos felices de que esté bien, estamos molestos por su actitud. Cuando se calmó un poco, le dije:

—Bebe la poción, por favor.— Me hizo caso sin chistar. Mi tono ya se había puesto serio y dejé de sonreír… Cuando terminó de beberla, le dije:

—¿Así qué eso es a lo que te pensabas dedicar después de hacer tu prueba…?— La volteé a ver a los ojos con una sonrisa exagerada en amabilidad y fingida. Ella bajó la mirada como aceptando el regaño… Continué:

—¡Lianne Sylverlin, la esclavista…! Mmmh. ¡Sylverlin, la hechicera opresora…! No suena mal…— Puse mi dedo en mi mejilla, haciendo una mueca, como sí me lo imaginara. Ella comenzó a llorar nuevamente… Me sentí mal, pero no la iba a dejar ir tan fácil. Recargué mis manos en su cama y me acerqué un poco a su rostro para decirle como en secreto:

—Lamento que hayamos ido a echar a perder tu carrera criminal. Una vez termines de hablar con el maestro, eres libre de regresar a tus fechorías… Pero te advierto, sí no cambias de actitud, yo no volveré a arriesgar a mis amigos, ni a mí misma para ir a sacar tu trasero del mundo del hampa…— Eso último, ya se lo dije muy molesta… Me tomó de la muñeca y me dijo, llorando desconsolada:

—Perdóname, ¿sí? Por favor. No soy una esclavista y no quiero serlo… Mucho menos una criminal. ¡Solo quiero ser una hechicera reconocida…! ¡No sabía en lo que me metía, no te alejes de mí, por favor!— Mi corazón empezó a derretirse… Me quedé en silencio, pensando en que no quería que se me pasara la mano… Ya se veía de verdad muy triste y arrepentida. Solo atiné a acariciar su cabeza y decirle:

—Claro… Qué si estás arrepentida de verdad y piensas en cambiar un poquito tu actitud. Pues… Podría pasar que se me olvidara muy pronto lo que hiciste… Bueno… Eso es conmigo. Tendrás que pedirle disculpas también al maestro y a Grand… Ya si ellos te disculpan o no. Ya no depende de mí… Ni puedo hacer nada para apelar por ti ante ellos.— Me paré de la cama y dije sonriendo, como siempre:

—Bien… Voy a traerte tu desayuno. Ya regreso…

Regresé… Ya se veía mucho más tranquila. La ayudé a incorporar la parte superior de su cuerpo y la recargué sobre su almohada. Le puse la charola en sus piernas y le dije:

—¡Cuidado, está caliente!— Me senté en su cama para ayudarla… Una vez terminó, me preguntó como seguía Grand. Yo reí…

—Grand parece una montaña. ¿Crees que algo como eso podría lastimarlo…? Por supuesto que está bien…— Me quedé pensando, sí debía decirle o no… Pero igual se lo dije:

—¿Sabes? Me preguntó lo mismo de ti, ahora que entré al comedor.— De reojo vi su cara, la cual dibujo una pequeña sonrisa…— «Bueno… Es un avance. ¿A ver? Sigamos…»

—¡Oye! ¡Y qué se siente…?— Se me quedó viendo por un instante y me preguntó:

—Que se siente, ¿qué?

—Pues… Tú sabes… ¿Qué llegue tu caballero, rompa el muro en mil pedazos y salve tu trasero de los malos?— Yo sabía bien que se sentía, pero quería ver su rostro y su respuesta… Se apenó y vi sus mejillas enrojecerse… «¡Bien, bien! Seguiré…» Fruncí mis labios, como sí hiciera la boca de un gatito y volví a preguntar:

—¡Oye! ¿Y no has pensado en cambiar tu actitud hacia él después de esto…? ¿Cómo darle una oportunidad en el amor…?— La volví a voltear a ver, manteniendo mi expresión. Ella se apenó aún más y apresuradamente contestó, hirviendo de sus mejillas:

—¡Obvio que sí, renacuajo…! ¡No soy un monstruo sin sentimientos! ¡Ahora deja de jugar a la celestina y deja de preguntar pendejadas!— Su cara parecía que iba a estallar de la vergüenza… «Aún no he terminado contigo…» Sonreí dándole la espalda. Me dirigí hacia nuestro tocador y tomé la segunda botella de poción. Me acerqué a ella y le dije:

—Bueno… Es hora de tu medicina.

—¡No, renacuajo! Ya me siento bien, no es necesario, no desperdicies.

—El maestro me ordenó que te tomaras las dos… Tú sabes, una niña buena hace caso de sus maestros…— Hizo una mueca y dijo:

—¡No seguiré cayendo en tu juego, no gracias!— Dije, con una cara triste:

—Bueno… Supongo que le tendré que contar a Grand, como anoche en tu delirio, decías: ¡Perdóname, Grand, lo siento tanto…!— Ella estiró su mano para tomar la poción, mientras decía, roja de su rostro como un tomate:

—¡Renacuajo del demonio! ¡Dame eso acá y ya déjame descansar, por favor!— Esperé a que por lo menos se tomara la mitad y le dije, ya en un tono casual:

—El maestro quiere vernos mañana para hablar con nosotras de todo lo que ha pasado. Las pruebas y esto…— Ella se volvió a entristecer y me dijo:

—¡Renacuajo, me va a dar una regañada…!

—¿Y tú qué crees? ¿Te la mereces…? Lo mejor que puedes hacer, es recibirla y aguantarte. Sé que te va a regañar, pero mejor así, ¿no…? Te dejaré descansar, debo de ir a arreglar otros asuntos. Nos vemos al rato.— Ella se quedó pensando y asintió. Salí del cuarto, tenía que encargarme de las chicas.

Fui hasta la habitación donde había acomodado a las cuatro. Alguna vez pensé… «¿Por qué la torre tiene un sin fin de corredores y habitaciones encrucijadas en todas direcciones…? Pero… Poco a poco, me doy cuenta de que todo tiene una razón de ser, aunque yo no la entienda al principio. Tal vez todo en la vida es de la misma manera…» Toqué a su habitación y entre saludando.

—¡Buenos días! ¿Cómo se encuentran? ¿Ya están mejor?— Esta habitación tenía cuatro camas, dos de cada lado.

Las cuatro ya estaban despiertas y platicaban entre sí. Me saludaron y después de eso les pregunté sus nombres, ya que a la única que conocía era a Kalery. Por orden de las camas, volteé a verlas una a una… Primero Seline, la más joven de ellas, tal vez con solo catorce años de edad a lo máximo, también la que durmió largas horas en los brazos de Ray… Pelo castaño oscuro, tez blanca y complexión muy delgada… No sé, sí se exacerbó por su cautiverio, pero parecía una pequeña muñequita, sus facciones finas y su nariz respingada la hacían ver muy delicada. También se veía que era la más tímida de todas ellas, ya que le costó trabajo, incluso decirme su nombre. Al lado de ella estaba Alondra, tal vez con unos dieciséis… Ella se veía, que era la más vivaz de las cuatro, su cabello castaño muy claro, casi rubio, complexión media, de alta estatura para su edad. Se le veía en su rostro unos ojos muy brillantes color negro y una boquita pronunciada de sus comisuras que hacían que al hablar pareciera que sonreía. Luego al fondo del lado izquierdo, Iris. Igual unos dieciséis años de edad, cabello rubio, ojos verdes y complexión delgada, se ve que era inquieta y nerviosa, ya que no dejaba de mordisquearse las uñas entre comentario y comentario. Sus cejas apenas delineadas y una mirada muy profunda que a lo mejor nacía de su propio nerviosismo. Por último Kalery, la mayor de ellas… Pienso que tenía casi mi misma edad, de no ser por unos meses de diferencia a mi favor. Cabello largo y castaño, que le llegaba un poco más de media espalda, peinada con unas pequeñas trenzas a lo largo de su espesa cabellera y unos ojos negros, seguros de sí mismos. De igual manera se veía que también era la más responsable, porque desde que las había traído hasta acá, ella había tomado el rol de hermana mayor.

Me presenté con ellas:

—¡Hola! Yo soy Arlinne, mucho gusto.— Sonreí con mi sonrisa de toda la vida. La primera en arremeter con cuestionamientos fue Alondra. Me preguntó, sí mi amiga, la hechicera del enorme caballero y yo, habíamos estudiado juntas y que sí este era el lugar de nuestro maestro. A lo que yo contesté:

—¿Enorme caballero…? ¡Ah! Ella se llama Lianne y sí. Somos amigas desde hace muchos años. Ambas estudiamos aquí en este mismo lugar para convertirnos en hechiceras, nuestro maestro es el hechicero azul.— Todas se quedaron boquiabiertas, incluso Seline. Iris preguntó, ya casi con todos los dedos de su mano dentro de su boca:

—¿El hechicero Azul? ¡El hechicero azul existe…?— Les contesté con una sonrisa ligera para no parecer engreída:

—Sí. ¿Qué es muy famoso…?— Iris volvió a preguntar:

—Arlinne… ¿Crees que nos quiera recibir como alumnas, el hechicero azul? Todas llegamos a Kaspler con la ilusión de convertirnos en hechiceras, pero tú ya viste lo que nos pasó…— «¿Qué les digo…? El maestro no había dicho francamente que no, pero su voluntad era indiscutible. Si no lo puedo convencer, ni con mis berrinches…» No quería romper sus ilusiones, solo atiné a decirles:

—Estoy tratando de convencerlo, pero como buenas aspirantes, todas tendrán que pedírselo personalmente… Realmente, no hay mucho que pueda hacer, pero lo voy a tratar de convencer.— Seline dijo, tartamudeando un poquito:

—Ehh… Entonces, sí has hecho eso… Err… es que no quiere recibir más alumnas.— Todas se entristecieron, podía verlo en sus rostros. Kalery trató de salvar el momento…

—Vamos, chicas. No tomemos conclusiones anticipadas, nuestra hermana mayor Arlinne, está haciendo todo lo posible.— «¿Hermana mayor…?» Nunca había escuchado que alguien me llamara de esa forma… Me hizo sentir tan bien. Les dije:

—¡Si! ¡Déjenmelo a mí!— Hice un guiño. La alegría regresó a sus rostros… «Estas chicas han sufrido un calvario y merecen ser felices. Lo mínimo que puedo hacer, es implorarle al maestro, para que las acepte…» Un golpe en la puerta… Como si llamaran, interrumpió mis pensamientos… «¿Quién podrá ser…?» Me extrañé mucho y me dirigí a abrir la puerta… Todas se quedaron en silencio. Abrí la puerta y no había nadie fuera… Solo un viejo baúl. «Espera un momento… Este baúl… ¡Yo lo recuerdo! ¡Jijiji!» Lo arrastré al interior de la habitación y les dije:

—Bueno, vamos por buen camino. El maestro les ha traído unos obsequios.— Todas se quedaron sorprendidas.

—Bien. Por favor, decidan por turnos. En que orden van a recibir los presentes.— Seguían atónitas y Alondra preguntó:

—¿Cuáles presentes…?— Volví a guiñar el ojo y les dije:

—¡Ya lo verán…!— El orden quedó decidido… Sería Iris, Seline, Alondra y Kalery. Estaba todo listo, no podía esperar más para ver sus rostros… Les dije:

—Muy bien, tomen por favor, solo lo que les guste más o más les acomode. No sean ambiciosas y no tomen nada que no vayan a usar, ninguna cosa se debe de desperdiciar.— Seguían viéndose entre ellas, como sí yo me hubiera vuelto loca.

—Iris, tú empiezas. Pasa acá y abre el baúl…— Iris llegó hasta mí, incrédula y comenzó a abrir el baúl… Cuando lo terminó de abrir, una sonrisa de oreja a oreja asaltó su rostro. Volteó a verme, haciendo un esfuerzo para no reventar en llanto… Yo solo seguía sonriendo, le dije: —Toma lo que gustes… No te preocupes, todo es de tu talla y te quedará a la perfección.— Ella revolvía el contenido del baúl… Docenas de prendas, todas de su talla. Desde todo tipo de ropa interior, todo tipo de ropa femenina y todo tipo de calzado. El contenido era tanto que parecía, que al irse una prenda al fondo, esta nunca regresaba y simplemente otra aparecía en su lugar.

Una a una, fueron pasando, ilusionadas. Cuando terminaron de escoger sus atuendos, cerré el baúl y lo arrastré fuera de la habitación. Les dije:

—Bien… ¿Qué tal tomar un baño, para que se prueben sus nuevos atuendos?— Me metí a llenar la bañera, dejé todo listo y les dije:

—Iré a dar una vuelta, vendré en un rato. Espero que cuando regrese, ya estén listas, porque se hace tarde y no querrán perderse el desayuno.— Todas estaban muy agradecidas y antes de que empezaran a fluir las emociones, les dije:

—No se preocupen. No tienen nada que agradecer… Solo deben de saber, que sí el maestro las toma como aprendices, deberán de desquitar al doscientos por ciento con su esfuerzo, para aprender lo que el maestro tenga que enseñarles.

Salí de la habitación, el baúl ya había desaparecido. Sí el maestro estaba de buenas, como para hacerles ese obsequio, debía de aprovechar ese momento… Su voluntad era indiscutible, pero de igual manera, cuando ya había prometido algo, aunque en un futuro ya no fuera de su parecer, se apegaba al pie de la letra del momento en que lo había decidido. Así que sí en un momento de debilidad lo hacía aceptar, estaba segura de que lo haría con gusto, hasta que estas chicas estuvieran listas para partir.

Llegué hasta su despacho y toqué la puerta…

—¡Maestro, maestrito…! ¿Puedo pasar…?— Entré sin hacer mucho ruido, no quería interrumpirlo.

Ya llevaba mi sonrisa puesta, estaba lista a todo… Desde alabanzas, promesas, chantaje emocional. Nada me detendría para ver a esas chicas tranquilas y a salvo, antes de que yo saliera en mi viaje. Llegué hasta su escritorio y ahí estaba… Hundido en sus estudios, como siempre lo iba a recordar, aunque partiera de ese lugar. Me agaché como para ver que era lo que estudiaba y oí su voz:

—¿Si, Arlinne? Dime…

—¿Qué estudia, maestrito…?— Él dibujó una sonrisa que no pudo disimular con su barba. —¿Qué es lo que quieres…?

—¡Ahm…! Bueno… Yo venía a hablar con usted de las chicas que rescatamos de Kaspler… ¿Sabe…? Mmmh… Todas son aspirantes a hechiceras y se me ocurrió… Que como usted va a estar aquí sólito y ya está viejito, pues sería bueno que tuviera compañía. No quisiera dejarlo solo en estos momentos que tengo que partir lejos de aquí.— Él, ya sin ninguna emoción en el rostro, me respondió:

—Mmmh… Sí tanto te preocupa, puedes quedarte aquí conmigo y servir de mi archivista.— «¡Uy! Mmmh… ¡Golpe bajo! Jamás venceré al maestro en un duelo de este tipo, mejor será cambiar de estrategia…»

—Pero… Maestro. Ellas tienen tantas aspiraciones y usted es el hechicero más poderoso que conozco, no tiene igual. Sí tuviera muchas más alumnas, su legado viviría por siempre en estas tierras.— Volvió a decir, sin ninguna emoción:

— ¿Ah, sí? ¿A cuántos hechiceros conoces, para llegar a esa conclusión?— «¡Pfff! Otra vez… No sé en qué estoy pensando. No tengo oportunidad de ninguna forma. ¿Cuántos años tiene este señor…? Aparenta como cien, pero solo el mundo sabe. Tal vez trescientos… Tal vez quinientos… Tal vez mil… No soy nadie para influir en su pensamiento… ¡Bien! Último recurso…»

—¡Por favor, maestro…!— Comencé a llorar, no fingiendo, sino con las lágrimas que me empezaron a salir de pensar en las cuatro jovencitas, desvalidas a su suerte…

—Usted es una persona muy buena, no puedo pensar en alguien mejor para que cuide de ellas y las enseñe. ¡Por favor, acéptelas como sus aprendices! ¿Si?— Él seguía sin ninguna emoción, ni mi llanto sincero funcionó…

—Arlinne, siempre les dije a Lianne y a ti, que ustedes serian mis últimas alumnas en este mundo, ¿no es así?— Contesté con mi voz entrecortada:

—Sí…

—¿Entonces…?— No me iba a rendir y dije:

—Pero… ¿Qué será de ellas…? Seguro no tendrá el corazón para echarlas y nuevamente alguien las abuse o las maltrate. ¡Por favor, maestro! ¡Se lo suplico!— Me tiré de rodillas, frente a su escritorio… Nunca en mi vida había hecho tal cosa… Eso por fin movió su corazón un poquito. Se puso de pie, para ir a mirar por la ventana y dijo:

—Arlinne. Yo solo esperaba ver a Lianne y a ti, convertidas en unas hechiceras espléndidas como lo son ahora, para poder abandonar este mundo. ¿Por qué no respetas la voluntad de tu maestro?

—Pero… ¡Ellas lo necesitan!— Eso volvió a mover su corazón otro poquito y se quedó pensando en voz alta.

—¿Me necesitan…?— Guardó silencio un momento, para decirme al siguiente:

—Arlinne. Sabes que por regla general, siempre cumplo lo que digo y yo ya había dicho que ustedes serian las últimas.— Pensé rápidamente y dije:

—Pero… Usted también nos ha enseñado toda la vida, que para que una regla se valide a sí misma, tiene que tener sus excepciones… Especialmente cuando se trata del comportamiento de las personas.— Me vio fijamente a la cara y empezó a reír…

—¡Jajaja! Arlinne… Pequeña infame. Muy bien, ponte de pie, por favor.— Lo obedecí y sequé mis lágrimas con el reverso de mis manos. Él dijo:

—Lo más que te puedo prometer, es que lo voy a pensar. ¿Te sirve?— Asentí con la cabeza y él continuó:

—Cambiando de tema… Tú ganaste la última prueba, ¿no es así?— Lo vi sorprendida, pero de nada serviría, porque recordé la carta que Lianne había dejado al maestro antes de partir y contesté:

—Sí. Pero yo quería que Lianne ganara, por eso le entregué la marca… No la culpe a ella, toda la culpa es mía.

—Yo siempre supe como se habían dado las cosas… Y no puedo decirte otra cosa, más que… ¡No esperaba menos de ti! Me haces sentir muy orgulloso como tu maestro. Mi veredicto estaba decidido desde antes que participaran en las pruebas… Mañana lo conocerás, pero antes debo de decirte algo… Ese conocimiento que buscas de mí, no es ni un arma, ni un escudo y es muy probable que no te sirva para enfrentar a los invasores o tal vez, sí… Me disculpo por no haber sido más específico contigo antes. Así que como compensación a la ganadora, te daré algo que este dentro de mi poder para que te lo puedas llevar en tu aventura. ¿Qué es lo que quieres…? Debe de ser algo que te puedas llevar. ¿Me entiendes?— Asentí sonriendo y dije:

—¡Ya sé lo que quiero!— Él me vio sorprendido por la velocidad de mi decisión y dijo:

—Habla entonces…

—Quiero llevarme… ¡Quiero llevarme la tranquilidad, de que esas cuatro chicas, estarán bien aquí y a salvo! Aprendiendo con usted la hechicería.

—¡Jajajajaja! Arlinne… Está bien… Las recibiré, porque te lo debo, pero ellas se tendrán que ganar su lugar aquí adentro como lo hicieron ustedes dos, hace años. ¿Te parece bien?— Asentí con una sonrisa de oreja a oreja y él dijo concluyendo:

—Bien… ¡Qué esperas? Te están esperando para desayunar.

—¡Gracias, maestro!— Salí corriendo, feliz. Cuando iba a medio camino, me dijo: —Preséntalas ante mí, una vez hayan terminado de desayunar y diles que deben de pedírmelo formalmente.

—¡Si!

Llegué hasta la habitación de las chicas, toqué muy rápido y abrí… Todas estaban terminando de arreglarse y vestirse. Les dije:

—¿Listas…?— Esperé algunos minutos en lo que terminaron… Cuando por fin, estuvieron listas, las fui guiando por la torre. Ellas iban absortas al ver todas las habitaciones, escaleras y pasillos. Yo les iba contando que de aceptarlas el maestro, ya se acostumbrarían al lugar.

Llegamos hasta el comedor, una vez más se quedaron maravilladas al ver el festín que les esperaba en la mesa. Las acomodé en los asientos y les dije:

—Adelante, coman a su gusto, solo no desperdicien nada.— Estaban muertas de hambre, pero se detenían un poco por la pena. Iris me preguntó:

—¿Tú no comerás nada, hermana?

—Sí. Tal vez un poco, porque últimamente me han regañado por no cuidar mi alimentación. —Me estiré para alcanzar un plato y me serví algo de fruta fresca. Ellas guardaron silencio y luego empezaron a reír discretamente… Seline, que era la más tímida, me dijo:

—¿Hermana, te regañó tu caballero…?— Todas voltearon a verme en espera de mi respuesta. Puse mi mano detrás de mi cabeza y sacando un poco la lengua, dije:

—¡Sí!— Se voltearon a ver unas a otras, para que Alondra me dijera:

—¡Tu caballero es guapísimo! ¡Cómo sacado de un cuento!— Todas rieron traviesamente… «Es cierto… ¡Jijiji! ¡Ray es guapísimo! Y estoy perdidamente enamorada de él, pero no es por eso que lo estoy… Como siempre, ayuda un poco, pero no lo es todo». Les dije:

—Algún día, ustedes también podrán tener un caballero… No se ilusionen con su apariencia física. Lo que deben de buscar en un hombre, es que de verdad las quiera y las respete por lo que son.— «¿Quién soy yo, para dar consejos sobre chicos a cuatro chicas que han vivido más tiempo como mujeres que yo…?— Alondra dijo:

—Pero… Arlinne. Eso ya no se acostumbra…

—Pues… ¡Jijiji! Lo mismo pensaba, pero el maestro nos lo pidió como un requisito para nombrarnos hechiceras… Así que es muy probable que sí estudian con él, también lo tengan que hacer ustedes.— Les hice un guiño… Todas quedaron ilusionadas por mis palabras.

Por fin, la última estuvo satisfecha y les dije:

—¡Muy bien! El maestro quiere verlas. Es el momento de que le pidan formalmente ser sus alumnas.— Se pusieron nerviosas e Iris solo atinó a decir:

—¿Y si nos dice que no?

—Eso no lo sabrás, hasta que se lo pidan.— Nos levantamos de la mesa y las conduje entre los pasillos y las escaleras hasta el despacho del maestro.

Toqué a la puerta… Esta se abrió sola, delante de nosotras y se escuchó la voz del maestro, resonar en toda la habitación:

—Adelante.— Los recuerdos volvieron a mí… Era la misma forma en que me había recibido hace años. «Al maestro seguro le gusta causar este tipo de impresión…» Pasamos… Se veían nerviosas. Les dije bajito:

—Tranquilas. Es muy buena persona, solo hablen con sinceridad con él, sin pretensiones y pídanle lo que quieren.— Caminamos hasta su silla y ahí estaba él, jugando con sus barbas, viendo a las chicas y analizándolas con toda su sabiduría desde el primer momento. Él se presentó diciendo:

—Buenas tardes, señoritas. Solo soy un viejo hechicero que algunas personas llaman el hechicero azul.— Ellas se presentaron una a una con reverencias, al terminar, el maestro quedó en espera. Las chicas no podían con sus nervios… Se veían entre ellas y me volteaban a ver… Les hice una seña con los ojos, de que era el momento de decirle, pero no se daban valor… Hasta que Kalery como para dar la muestra a las demás, dio un paso al frente, se arrodilló ante él y le dijo exactamente que era lo que quería. El maestro seguía acariciando su barba y dijo:

—¿Solo tú?— Al oír eso, las demás se postraron ante él y le pidieron exactamente lo mismo. El maestro se quedó en silencio, se levantó de su asiento y empezó a caminar alrededor de ellas, como evaluándolas. Yo veía nerviosa… «¿Sí al final las juzga y cambia de opinión…?» El maestro comenzó a hablar…

—El ser hechicero o hechicera, no es solo aprender a manejar las leyes ocultas de este universo en el que vivimos. Es un gran conocimiento que confiere un gran poder… Como ya se han podido dar cuenta en carne propia, hay personas que se hacen llamar hechiceros y ocupan este poder para sus intereses personales. Estas personas se conjugan en gremios, que no son más que cofradías de ladrones y bandidos con poderes mágicos. El ser hechicero o hechicera, no es alcanzar el poder para realizar sus metas personales… ¡Escúchenme bien! Nunca deben de olvidar esto. La única forma de justificar el poder es usarlo para ayudar a los que más lo necesitan… ¡Lo han entendido…? A su vez, cuando alguien fuerte usa su poder para enfrentar a alguien que no lo es. No es poderoso… Simplemente es un abusador. El ser hechicero es entender estos conceptos básicos y saber que el poder que confiere el conocimiento, siempre ha estado aquí, entre nosotros. Y que solo lo estamos tomando prestado. Por otra parte… El conocimiento que van a aprender dentro de estos muros es embriagante, tanto, que les puede hacer perder de vista lo más importante… Que es, quienes son y que es lo que quieren para sí mismas. Tendrán que hacer un esfuerzo para nunca perder esa identidad. Por último… Deben de respetarse las unas a las otras, porque las cuatro para mi son exactamente iguales y deberán de convivir entre ustedes en las buenas y en las malas. Yo me encargaré de develar sus talentos y darle a cada una el entrenamiento que más le acomode. ¿Están de acuerdo…?— Todas respondieron:

—¡Sí!— El maestro se les quedó viendo para decir:

—Sí, ¿qué?— Yo les hacía muecas para tratar de que supieran que contestar, pero Kalery captó rápidamente y dijo:

—¡Sí, maestro!— Y todas le siguieron al unísono…

—¡Sí, maestro!— El maestro suspiró profundamente y dijo:

—Tienen dos días para descansar. Relájense, descansen su cuerpo y su mente. Coman a manos llenas. Olviden sus preocupaciones o resuélvanlas. Después de esos dos días, su entrenamiento comenzará… De igual forma, sí tienen alguna condición física, enfermedad o problema mental, háblenlo conmigo con confianza. Trataré de ayudarlas para que resuelvan su estado y se puedan dedicar a sus estudios. ¿Entendieron?— Esta vez, las cuatro contestaron al unísono:

—¡Si, maestro!— Él se volvió a sentar y dijo:

—Vayan entonces, pueden retirarse.

Salimos de la habitación… El maestro les causó una fuerte impresión, venían cabizbajas. Les dije para tratar de salvar el momento:

—Tranquilas… Todo estará bien. Es muy buena persona, solo sigan sus enseñanzas.— Me voltearon a ver, mientras sonreía. Les dije:

—De ahora en adelante, solo depende de ustedes.

Me tomé el resto de la tarde para mostrarles la torre y enseñarles como llegar de un lado para otro. Les comenté que yo ya no estaría más ahí y que partiría a lo largo de esos días. Se pusieron muy tristes, pero yo les dije que contaba con ellas para cuidar la torre y cuidar del maestro, que ya estaba en avanzada edad. Eso las dejó mucho más tranquilas cuando las dejé de vuelta en su habitación.

Al terminar, regresé a mi habitación… Pasé el resto de ese día, cuidando de Lianne, solo comí algo por la noche con los chicos y me fui a dormir temprano. Necesitaba descansar… Cerré los ojos de lo más tranquila… Lianne estaba mucho mejor.

A la mañana siguiente desperté… «¡Buaa! Me siento mucho mejor. Entre comer un poco más y dormir diez horas, me ha vuelto la felicidad». Olisqueé mi cuerpo… ¡Necesitaba un baño! No quería que la siguiente vez que me llamaran la atención fuera por mi higiene personal… «No es tan malo. Cuando sales de viaje no siempre es posible tomarlo… Me estoy malacostumbrando a tomar uno casi diario… ¿Supongo que él lo entiende…? Pero igual… ¡Qué pena…! Por azares del destino, él me conoció recién bañada… No quiero que piense que en realidad soy una chiquilla chamagosa… ¡Jijiji!»

Me levanté de la cama y caminé hacia el baño… Lianne estaba dentro… No la quería interrumpir, me fui a arreglar mi mochila y revisar que cosas estaban sucias… Casi toda mi ropa lo estaba a excepción de la ropa nueva. Aparté la ropa que debía lavar, me desnudé y de una vez puse mi ropa que llevaba puesta con la ropa sucia. Me quedé pensando nuevamente en el conjuro para guardar las cosas y que de verdad sería útil… Salió Lianne del baño y me vio… Se notaba como que me quería decir algo. Yo solo di un “Buenos días” y corrí hacia el baño con mi ropa entre los brazos. Me bañé a consciencia, tal vez muy pronto no tendría este lujo todos los días y lo disfruté como nunca.

Salí del baño y Lianne aún se estaba arreglando. Esta vez me dijo, aún insegura:

—Renacuajo, sí ves que las cosas se ponen muy duras… ¿Podrías interceder por mí?— No sabía que decir, nunca había pasado algo parecido. Por un momento me puse en sus zapatos… Seguramente mi cara se caería por la vergüenza. Le dije:

—Tranquila. Estaré ahí todo el tiempo, pero deberías estar consciente de la gravedad del asunto. No esperes menos que eso…— Miró cabizbaja al piso y agregué:

—Pero como todas las cosas, ya pasará.— Y le sonreí.

Nos arreglamos para partir. Mientras íbamos de camino al despacho del maestro, me sentí mal por ella… «¿Qué le va a decir el maestro…?» Ray y Grand, estaban afuera también… Vi el rostro de Lianne llenarse de vergüenza. Traté de actuar natural y les pregunté:

—¿Entrarán también?— Ray contestó:

—El maestro nos indicó que esperáramos aquí en lo que hablaba a solas con ustedes. Que entráramos cuando él nos lo indique.— Menos mal… Por un momento pensé que Lianne tendría que aguantar el regaño delante de ellos. De reojo, observé que Lianne se acercó a Grand y lo saludó con un tembloroso “Buenos días”. Pero no podía mirarlo a los ojos… Definitivamente algo había cambiado, estaba extrañamente cerca de él, por su propia voluntad. Sonreí contenta y les dije:

—¡Bien…! ¡Vamos a pasar, deséenos suerte!— Tomé de la mano a Lianne y entramos las dos… La puerta se cerró detrás de nosotras. El maestro nos esperaba en su silla, en la misma posición de ayer.

Las dos nos inclinamos ante él y dijo:

—Pónganse de pie.— Así lo hicimos… Se acercó a nosotras. Lianne no podía verlo a la cara… El maestro comenzó a hablar…

—Tengo muchas cosas de que hablar hoy con ustedes, empezaré con lo más urgente para que puedan sacarlo de su cabeza.— Se paró exactamente frente a Lianne… Presté mucha atención, a ver sí podía ayudarla de alguna manera, pero sí el maestro también me daba una rasurada a mí, eso no me iba a gustar…

—Veo que ni siquiera puedes voltear a verme a los ojos, Lianne… ¿Tan malo fue?— Lianne alzó la mirada y le contestó:

—Discúlpeme maestro. Fueron una serie de malas decisiones, las que hicieron que todo llegara a esto…— Volvió a agachar la cabeza. El maestro arremetió:

—¿Y no te diste cuenta a la primera o segunda mala decisión que ibas por mal camino…? Tuviste que esperar a punto de que fuera irremediable para notarlo. ¿Qué hubiera pasado, si Arlinne y los jóvenes, no hubieran llegado justo en el momento que lo hicieron?— Ella contestó cabizbaja:

—Seguramente… Estaría muerta o peor.

—Al menos, veo que lo entiendes, pero eso no te quita la culpa.

—Lo sé, maestro…— Sus ojos se empezaban a humedecer. El maestro se calmó un poco y le empezó a hablar más tranquilo…

—Mira… Lianne. No espero que cambies tu forma de ser o tu actitud, porque eso seria como cambiar de color los pétalos de una flor… Solo quiero que seas un poco más consciente de la forma en que te manejas. No te pido que dejes de ser orgullosa, solo que pienses cuál es la mejor manera de serlo, ya que de seguir por ese camino, tendrás problemas. Hoy tuvo solución, pero es posible que el día de mañana, no lo tenga más… ¿Entiendes?— Lianne contestó, ya turbada con la pena:

—¡Si, maestro…!— Sentía feo, pero mejor un regaño que un funeral… No podía intervenir, porque hasta el momento, el maestro no había hecho ningún argumento exagerado o que no fuera verdad y estaba segura de que no lo haría. El maestro continuó:

—Lianne, siempre me has dicho que quieres ser mi sucesora… ¿No es así?— Esa pregunta fue la que terminó de romper a Lianne y empezó a sollozar, para contestar:

—Si, maestro… Disculpe mi atrevimiento por haber dicho tantas veces tal insensatez…— Comenzó a llorar… En ese momento, fue cuando por fin entendí las cosas como eran… El maestro siempre había educado a Lianne de una forma más severa que a mí, mientras a mí me permitía correr y jugar por toda la torre con mi espada en la mano, a Lianne la había tratado siempre de una forma más estricta, pero no por que él así lo hubiera querido, sino porque la misma Lianne, así se lo había exigido inconscientemente.

El maestro se pausó un momento para que Lianne recuperara la compostura… Fui hasta ella y le dije al oído, mientras la abrazaba:

—¡Calma, calma! No te comprometas. Recupera la compostura, un error lo comete cualquiera. Tranquila…— Asintió y regresé a mi lugar antes de que el maestro llamara mi atención. El maestro continuó, mientras la veía fijamente a los ojos:

—Lianne. Espero por lo menos que hayas aprendido de tu error.

—¡Si, maestro! No volveré a darle la espalda ni a mis sentimientos, ni a las personas que me quieren por mi orgullo… Ya me lo he prometido a mí misma y ahora se lo prometo a ustedes también.— El maestro sonrío complacido y dijo:

—Ya veo… Entonces no es necesario que siga con el regaño, sí has aprendido tu lección. Recupera tu compostura que voy a hacer pasar a los jóvenes— Lianne respiró profundo… Me acerqué y le sonreí, mientras le echaba aire a la cara con las palmas de mis manos.

Ray y Grand, entraron a la habitación y se pararon junto a nosotras… Tomé la mano de Ray y la apreté con nervios, mientras el maestro no estaba volteando hacia nosotros, para luego soltarla cuando comenzó a hablar…

—A continuación voy a dar mi veredicto de su prueba… Lo primero que quiero hacer es felicitarlas… Ambas han obtenido mi aprobación para ser hechiceras. Las dos han llenado mis expectativas. Si bien, ambas con algunos detalles que pulir, las dos están calificadas para seguir sus deseos fuera de mi tutela.— «¡Siii! ¡Lo logré! ¡El reconocimiento del maestro!» A esas alturas no era mucho, pero a mí me bastaba para llenarme de confianza en las acciones que emprendería. Volteé a ver a Lianne y estaba boquiabierta… Tal vez pensó por un momento que no recibiría nada, más que el regaño y como castigo el olvido, en lo que el maestro consideraba darle otra oportunidad. El maestro continuó:

—Igual, quiero hacer unas menciones honoríficas… Arlinne, Tienes mi bendición para emprender tu viaje y comenzar tus acciones para ayudar a estas tierras y a las personas que habitan en ellas… Ray, confío en que estás decidido tú también y que juntos seguirán adelante hasta donde les sea posible, sin arriesgarse más allá de lo necesario.— Ray tomó mi mano y contestó:

—Si, maestro.— Estaba tan feliz… Pero aún había más. Algo que deseaba, pero nunca pensé ni por un segundo que podría hacerse realidad. El maestro continuó:

—Lianne… Puede ser, dadas las circunstancias, un poco de tu sorpresa, pero también hay algo para ti…— Lianne se quedó absorta, viendo al maestro, mientras él decía:

—¡A partir de este momento, te declaro mi sucesora como la nueva hechicera azul!— Las dos nos quedamos con la boca abierta y a Lianne se le empezaron a humedecer sus ojos nuevamente. El maestro continuó:

—Desafortunadamente para ti, tiene una condición y esa es… Que por el momento no deseo y no puedo dejar de serlo… Alguien aquí presente, me trajo más trabajo inesperado.— «¡Oops…! Creo que se refiere a mí, me haré la tonta…»

—Esto es a la vez afortunado… Porque quiero que crezcas un poco más antes de tomar mi lugar. Si tú así lo quieres, por supuesto… Así que me complacería mucho que acompañaras a Arlinne en su viaje para que sigas creciendo y veas un poco mejor las cosas, ahora con la perspectiva de ella… Además que me reconfortaría que le sirvas de consejo y apoyo en las situaciones difíciles, que seguramente están por venir.— Lianne estaba paralizada de la emoción… El maestro preguntó:

—¡Muy bien…! ¿Qué decides? ¿Aceptas…?— Lianne contestó serena, pero con una voz llena de alegría:

—¡Si, maestro! Para mí será todo un placer, pero antes hay algo que debo de hacer…— Se paró frente a Grand… Todos nos quedamos a la expectativa de lo que iba a hacer o iba a decir… Sacó su anillo del enlace de entre sus ropas y se lo puso en su dedo, para luego tomar la mano de Grand, sacar el anillo de su dedo, arrodillarse ante él mirándolo a los ojos, mientras tenía el anillo de él entre sus manos y empezar a decir:

—¡Grand Mosier…! Sé que he sido una horrible persona contigo… Pero aún así debo de pedirte esto… ¿Quieres ser mi caballero…? Antes de que aceptes, quiero que entiendas, que aún no puedo prometerte nada en el amor… Pero lo que sí puedo decirte, es que lo estaré pensando con mucho detenimiento cada día de nuestras vidas, mientras estemos juntos… Para al final poder decírtelo segura de mí misma… Sí me puedes tener un poco más de paciencia de la que ya has tenido, por favor, acepta este anillo. ¡Te prometo que no te arrepentirás!— Ahora la que ya estaba llorando era yo… Todos veíamos con detenimiento. Me sentí tan orgullosa de mi amiga… Grand, viéndola, mientras le sonreía, tomó el anillo de entre sus manos y se lo puso sin pensarlo dos veces para contestarle:

—¡Sí, lady Lianne! Acepto… Ahora, por favor. Póngase de pie, no merezco tal gesto.— La ayudó a pararse de su posición con sus manos. Lianne contestó sonriendo, aún con sus ojos nerviosos, jugando por todos lados, tratando de escapar de la mirada de Grand:

—Llámame solo Lianne. Por favor, Grand.— El maestro empezó a reír a carcajadas. Yo estaba desbordando de alegría… ¡Todos íbamos a ir juntos! En ese momento sentía que lo podíamos todo… Estaba tan contenta.

El maestro carraspeo para que le volviéramos a poner atención e inmediatamente Lianne volvió a su lugar. El maestro dijo:

—Aún hay algo más que quiero decirles… Sé que no es muy importante en este momento, pero me gustaría que lo escucharan. Es un poco del conocimiento que he aprendido a lo largo de mi vida y que tal vez, no tenga mucho sentido para ustedes por ahora, pero estoy seguro de que algún día les ayudará de una forma u otra.— El maestro golpeó el piso con su bastón… Las paredes y el piso desaparecieron, para solo verse toda la sala como si estuviéramos en una muy clara noche estrellada…

—Esto que observan, jóvenes. Es una muy pequeña muestra del universo que nos rodea. En nuestro universo existen un inimaginable número de mundos diferentes… La mayoría, infiernos de roca, gas, hielo o fuego. Estériles a simple vista, rodeando una cantidad inmensurable de estrellas… Todos y cada uno de ellos, como una promesa que jamás fue cumplida. Las estrellas a su vez, asemejan una diminuta brasa que salta de una fogata hacia el piso con un tiempo de vida determinado, antes de extinguirse y dejar un vació a su alrededor.— Estaba completamente perdida… No entendía casi nada de lo que decía, pero mientras sonaban sus palabras… Era como si viajáramos y viéramos muy de cerca esos mundos y observáramos muy de cerca esas estrellas… Enormes esferas que asemejaban hornos de color amarillo, pasando por diferentes tonalidades hasta quedar completamente oscuros con solo un haz de luz a su alrededor. El maestro continuo:

—De entre todos estos mundos, una mucho más pequeña cantidad de ellos, tienen ciertas características… Desde una distancia adecuada a su estrella, hasta el balance perfecto de todos los elementos en su superficie. Son un lugar ideal para que la casualidad más maravillosa de la existencia se lleve a cabo… La vida. Como sí estos mundos fueran la madre y su estrella que rodean incesantemente el padre. Son capaces de florecer y procrear.— ¡Era tan hermoso…! Ahora veíamos imágenes de otros mundos en su hábitat natural. Criaturas que solo había imaginado en mis sueños, corrían, nadaban y volaban por aquellas tierras desconocidas.

—El tiempo frente al entendimiento de los seres vivos siempre se ve como algo relativo, ya que para compensar la corta duración de sus vidas y el poco alcance de sus esfuerzos… Es la forma más sencilla de estudiarlo y entenderlo… En parte. Pero la verdad es, que el tiempo no es relativo en sí mismo, sino solo una constante más de este universo. Siempre siguiendo hacia adelante… De esa misma forma, el universo sigue su curso. Incontables estrellas y mundos. mueren y nacen con el paso del tiempo, para dejar espacio a otros más. Continuando el ciclo, hasta que el universo mismo corra su tiempo y este también muera.— Hizo una pausa, mientras todo a nuestro alrededor se ponía oscuro, como sí nada existiera más. Completamente vacío… Me entró un escalofrío en todo mi cuerpo y él continuó:

—Se podría decir en un muy burdo sentido de la palabra, que el universo también está vivo y que algún día morirá… Pero como cualquier ser vivo, tiene mecanismos para sobrevivir… Es ahí donde entran los mundos que ya les había mencionado hace un momento. Estos mundos, fértiles y llenos de vida, también están llenos de posibilidades… Como sí fueran huevos. La posibilidad que algún día esos huevos se abrirán y darán vida nuevamente al universo… Pero como todo nacimiento, es un proceso crudo, cruel y extenuante, que pone a prueba al máximo, la voluntad de supervivencia de dicho mundo y a sus habitantes… Como todos ustedes lo saben, no todos los huevos se dan y entonces la mayoría de los mundos simplemente se pudrirán y morirán secos, cuando el total de su tiempo llegué a su fin.— Ahora podíamos ver esos mismos mundos llenos de vida, muertos y marchitos… Con la tierra estéril y desquebrajada, el aire oscuro, los ríos y lagos secos. Completamente muertos, solo los restos de las civilizaciones que alguna vez los habitaron y los huesos de sus habitantes, decorando el lugar…

—Las civilizaciones de estos mundos, todas tratan de evolucionar de la forma en que la casualidad hizo más fácil su desarrollo… Algunas con tecnologías cinéticas, otras con el poder de la combustión, otras más con el poder de lo arcano. Todas intentando desarrollarse lo más y mejor posible, apresuradamente, tratando de ganar esta carrera contra el tiempo que al final marcará su deceso y poder salir del cascarón, antes de que sea demasiado tarde…— Ahora veíamos civilizaciones desconocidas en su ir y venir diario, conviviendo y trabajando para echar hacia adelante, para progresar…

—Dentro de estos mundos, toda la existencia tiene un propósito y aunque algunos de sus individuos lo desconozcan o no estén al tanto del mismo, sí que lo tienen. Todos los elementos del conjunto son importantes, de no ser así, nunca hubieran nacido desde un principio… Con esto solo quiero que entiendan, que así como todas las criaturas, todas las personas son importantes, de una manera o de otra. No importa que parezcan débiles, frágiles o insignificantes… Llevan un propósito dentro, que es igual de importante al de todos los demás… Todos son valiosos y cualquier perdida es lamentable…— El maestro tomó un momento de silencio reverente, para al siguiente instante comenzar a reír y cambiar por completo la expresión de su rostro…

—¡Jajaja! ¿A qué voy con todo esto…? Me llena de orgullo su iniciativa para ayudar a poner fin a la invasión y la guerra. Estoy contento, porque sí ustedes pueden hacer algo para ayudar a este mundo a romper el cascarón, aunque sea un poquito… Ya sea cortando las hierbas dañinas o ayudando a los demás a alcanzar su propósito, estarán contribuyendo para un fin mayor.— Todos estábamos boquiabiertos… Eso me dejó convencida por primera vez… El hechicero azul, no era cualquier hechicero, no era cualquier persona… Pero estaba lejos de comprender en ese momento la verdad y por un momento pensé, que tal vez nunca la comprendería…

—Así es jóvenes… Con un poquito de suerte y el trabajo de todos. Tal vez así algún día, este universo de nosotros pueda volverse a encender y arrojar nuevamente brasas en todas direcciones para continuar su ciclo.— Ahora veíamos como una inmensa explosión en medio del vacío, hacía volar en todas direcciones restos en llamas… Yo estaba embobada por el espectáculo y dije sin pensar y en voz alta, interrumpiendo al maestro:

—¡Cómo palomitas de maíz!— Tardé en darme cuenta… Todos me voltearon a ver, como sí estuviera loca… Me apené muchísimo cuando me di cuenta… «¡Soy una tonta! El maestro desgajando la verdad de la existencia frente a nosotros y yo solo puedo pensar en eso…» Mi cabeza estaba llena de vergüenza y solo oí su risa…

—¡Jajajajaja! ¡Exactamente, Arlinne! ¡Cómo palomitas de maíz! ¡Jajajaja!— El maestro reía a carcajadas, me apené aún más y solo supe decir:

—Lo siento… No creo estar lista para esta clase de conocimiento. Sí gustan, me puedo retirar. No quiero volver a interrumpirlos con mis bobadas…— «¡Qué pena…!» El maestro dejó de reír, pero se quedó con una sonrisa en su rostro y dijo:

—No, Arlinne. Está bien, ya voy a terminar… En conclusión, solo quiero que sepan que estoy muy orgulloso de los cuatro y que quiero que siempre se manejen con buen juicio. Los quiero ver seguir adelante y llegar muy lejos… ¿Cuándo partirán?— Todos me voltearon a ver… Yo me quedé otra vez como tonta y cuando me di cuenta, solo dije apresuradamente: —¡Tal vez pasado mañana…? Para que todos descansen bien y hagan lo que tengan pendiente aquí.— El maestro dijo:

—Está bien. Son libres de tomar montas de los establos, sí las necesitan… Pueden retirarse. Iré a verlos partir, junto con las chicas nuevas, pasado mañana por la mañana.

Salimos del despacho del maestro… Aún seguía apenada por lo de hace un rato. Todos me veían igual, como cuando dije el momento de nuestra partida… Dije nerviosa:

—¡Que bien…! Viajáremos juntos… Vayamos a comer, ya es tarde.— «¿Por qué me ven así…?»

Bajamos hasta el comedor y nos sentamos, mientras comentábamos algunas cosas… Como lo que nos acababa de mostrar el maestro, a donde llegaríamos para empezar nuestros esfuerzos. Poco a poco el ambiente se iba relajando, pero algo estaba mal… Tal vez por un momento, todos estaban dudando de esta loca aventura salida de mi cabeza o pensaban que era demasiado tonta como para decidir ese tipo de cosas por todos. Me sentí muy deprimida… Como no me sentía hace mucho tiempo y empecé a mover la comida de un lado al otro en mi plato. El primero en preguntar fue Ray…

—Arlinne. ¿Todo bien? Te ves claramente deprimida… Pensé por un momento que tú serías la más contenta al llegar este momento… ¿Te pasa algo?— Seguía jugando con la comida y traté de sonreír para decir:

—Sí… Todo bien, no es nada.— Eso los dejó más intranquilos. El tiempo se hacía pesado… De repente, ya solo quería escapar a mi habitación y llorar… «Pero… ¿Llorar? ¿Por qué? Ellos se ven… ¿Molestos? ¿Preocupados?» Poco a poco se formaba un remolino oscuro dentro de mi cabeza… Hasta que Lianne dijo:

—Lo siento, renacuajo. No lo soporto más. Voy a tener que decirles a ellos, lo que hasta ahora desconocen de ti. Pero no para exponerte, sino para que todos te podamos ayudar.— Grand y Ray, ponían mucha atención a las palabras de Lianne… Yo solo musité:

—No. Estoy bien, de veras…— Pero, ya estaba sollozando… Eso los dejó más intrigados aún y Lianne empezó a explicar…

—Chicos… Verán… Arlinne siempre ha sufrido de una fuerte depresión. No es como que esté enferma o sea algo crónico, pero en ocasiones como este es el caso… Ella se pone así, de la nada y hay que adivinarle, que es lo que la deprimió en primer lugar. Una vez que lo encontremos y le expliquemos, que no tiene nada de que preocuparse, todo va a estar bien… Me sorprende, de verdad, Ray. Que no te haya tocado ni una sola vez… Eso es muestra de que tu presencia le hace mucho bien.— Al terminar, Lianne sonrió cálidamente, como solía hacerlo cuando yo me ponía de esa forma y continuó diciendo:

—Yo lo haré esta vez para que vean más o menos de que se trata…— Después de sus palabras, mi vista se hundió en el plato… «¡Soy tan insignificante…! Ahora ya empezaré a ser una carga para ellos…»

—Arlinne. Nadie en este lugar piensa que seas una niña boba, porque hayas dicho lo de las palomitas de maíz, ni mucho menos que seas demasiado tonta para decidir como podemos empezar a hacer las cosas… Todo lo contrario. Yo pienso que gracias a ti y a tu esfuerzo, es por lo que estamos juntos aquí, el día de hoy.— La volteé a ver con los ojos llorosos y musité nuevamente:

—¿De verdad creen eso…?— Ray y Grand, asintieron… Dije, ya con un poco más de seguridad en mi voz:

—¿Seguros? ¿Seguros?— Todos asintieron nuevamente. Comencé a secarme las lágrimas de los ojos con una servilleta y así como vino esa pesadumbre, se fue. Reí como tonta una vez más y les dije, ya jugando:

—¿Seguros…? ¿Aunque sea una simplona?— Lianne contestó, aventándome su servilleta en la cara:

—¡Qué, sí!— Todos comenzamos a reír… Me volví a sentir tan aliviada y tan feliz, como cuando me enteré de que viajaríamos juntos… «¿Estaré enferma de la cabeza? De un momento a otro, pienso las cosas de manera tan diferente, que me asusta. Tenía un buen rato que no me pasaba esto y de verdad, no quiero que me vuelva a pasar como hacía años».

Me decidí, debía contarles más. Iba a compartir mucho tiempo con ellos y no quería malos entendidos…

—Chicos… Esto que me acaba de pasar, antes me pasaba muy a menudo y no tiene nada que ver con lo que ustedes me digan. Es decir… Si me vuelve a pasar en algún momento, no es culpa de nadie, más que mía.— Volteé a ver a Lianne, quien empezó a asentir con la cabeza y decir:

—Así es. Es completamente independiente. Vean esto… ¿Señorita cabeza de palomita de maíz, sería tan amable de pasarme la sal? Por favor.— No pude más… Empecé a reír, primero suave y luego a carcajadas… Ella dijo:

—¡Lo ven…? Aunque ya quería ir a cortarse las venas a su cuarto por lo que había dicho frente al maestro hace un rato, ahora que ha pasado, así es como reacciona. El problema no es lo que le digas, sino lo que ella piensa… Una vez más tranquila, se lo recuerdas y eso pasa.— Ahora yo asentía con la cabeza y solo supe decir, entre mis risas:

—¡Jajaja! ¡Por favor, ténganme paciencia!— Todos volvimos a reír.

Terminamos de comer. Lianne se levantó de la mesa y dijo:

—Grand. ¿Quieres conocer la torre? Sirve que podemos platicar un rato…— Apreté la mano de Ray, por debajo de la mesa, sonriendo. Grand se levantó y dijo:

—¡Claro!

—Acompáñame, te mostraré.— Nos quedamos solos… Ahora debía explicarle el resto a Ray. Di un profundo trago de agua de frutas, me puse de pie y me senté encima de él, viéndolo a los ojos… Sentí que fui un poco atrevida, pero no me importó. Lo vi a la cara y le dije:

—Ray. ¿Qué opinas de que además de todo, estoy loquita?— Él sonrió y dijo:

—No te preocupes, no es tan malo. Todos sufrimos momentos como esos a lo largo de nuestra vida.

—¿Con esos cambios de humor…?

—Tal vez, no tan pronunciados, pero sí.

—Como te lo dije apenas… Hace unos años de verdad me encontraba muy mal… Así como lo acabas de observar con la diferencia de que la depresión era tan fuerte que podía pasar horas llorando… Una que otra vez, incluso pasó por mi cabeza quitarme la vida… Tal vez, sí nunca lo hice, fue por que además soy una cobarde…— Me quedé viendo hacia abajo, al espacio que había entre los dos… «La verdad es… Que sí que lo intenté un par de veces… Pero… Tengo mucha pena de decírselo… Creerá que soy una cobarde o una loca suicida. Son demasiadas monerías, ya basta y sobra con lo de mi sexualidad…» Él levantó mi mentón con su mano y dijo:

—No te preocupes. Ahora ya estoy aquí para ayudarte. Cuando te sientas así, solo debes de prometerme que te dejarás ayudar, cuando te empieces a sentir mal y hablarás conmigo de lo que te preocupa.— Lo abracé con mis brazos y mis piernas… Él me separó un poquito para poder hablar y dijo:

—¡Promételo!— Lo besé profundamente… Me volvió a separar un poquito.

—¡Promételo!— Alcé mi mano y dije:

—Lo prometo.

Nos levantamos de la mesa y le dije, sí quería hacer algo… Me vio con unos ojos insinuantes. Sentí que la sangre se me iba a la cabeza y le dije:

—Aguanta un poco más, yo estoy igual que tú…

—¿Quieres ir al jardín?— Yo le contesté:

—¡Qué buena idea! No estaremos aquí en mucho tiempo y quiero pasar un rato más recostada en él, contigo a mi lado…

Llegamos hasta el jardín… Ray se recostó y yo me recosté sobre él. Él empezó a jugar nuevamente con mis flecos… Yo lo dejé hacer, mientras tomaba su otra mano y la empezaba a acariciar encima de mi pecho. Busqué su mirada y me quedé perdida en ella por largo tiempo… De verdad me sentía amada… Eso me hacía tan feliz. Nos acurrucamos de tal forma que él quedo recargado en el árbol de cerezo y yo sobre él para quedarnos dormidos, ambos un largo rato.

Al despertar, él me contó sus planes para el día de mañana, me dijo que quería entrenar una última vez con el maestro, que estaba muy cerca de algo grande. Yo me puse contenta, lo animé y le dije que no se preocupara… Yo estaría arreglando mis cosas para el viaje. De camino a nuestras habitaciones le pregunté, sí quería cenar, él respondió negativamente, así que nos dimos un largo y profundo beso para después dejarlo en su habitación y yo irme saltando feliz a la mía.

Entre a la habitación, Lianne ya estaba ahí… Pensé en preguntarle de Grand, pero mejor no ser metiche. Ella revisaba algunas de sus pertenencias que metía y sacaba de una especie de portal, solo me quedé observando embobada… Ella volteó a ver mi intrusión y dijo:

—¿Ya mejor, Arlinne?— Asentí con la cabeza, mientras seguía observándola, pensando… «Yo quiero aprender a hacer eso…» Hasta que se detuvo y me dijo:

—¿Qué pasa?— Le dije, haciendo una cara de emoción:

—¿Me enseñas ese hechizo?— Se quedó pensando y dijo:

—Arlinne. ¿Por qué no, se lo pides al maestro? No es que no te quiera ayudar, pero yo no tengo ni idea de la forma que tú usas para conjurar…— Sonreí y le dije:

—No te preocupes, yo estoy igual que tú… Pero tú serás la nueva hechicera azul. ¿No deberías entender un poco de todos los tipos de conjuración y evocación?— Me vio a los ojos como si la estuviera retando y dijo:

—¡A ver pues, renacuajo! Te voy a dar los principios básicos, la conjuración dependerá de ti… El principio de este hechizo funciona de la siguiente forma… El conjuro sirve para guardar una serie de objetos que no estén encantados, que no estén vivos, que no sean perecederos, en un espacio inter dimensional. En pocas palabras, solo pueden ser objetos comunes y corrientes, como ropa, utensilios y así… ¿Hasta aquí lo entiendes?— Asentí y ella continuó:

—El principio del hechizo es sencillo, una vez que lo usas la primera vez… Como ejemplo, cuando yo lo estaba aprendiendo las primeras veces, usaba una moneda para canalizarlo. Lo que me costaba más trabajo era abrir el portal, pero una vez abierto, dejaba dentro la moneda y las siguientes veces cuando lo fui practicando, me enfocaba en la moneda y se me hacía mucho más fácil volverlo a abrir… Por último, lo más difícil es abrir el portal por primera vez, porque si lo haces mal, no retendrá las cosas que pongas en él o simplemente no podrás conjurarlo. Lo que a mí me sirvió, fue concentrarme en un solo punto delante de mí, pensando en que quería guardar mis cosas, mientras realizaba la conjuración. Como ya te lo he dicho, yo no tengo ni idea de como conjuras, así que con eso no puedo ayudarte.— Se quedó parada frente a mí y me dijo:

—¿Por qué no, lo intentas?— Corrí hasta mi bolsa, saqué una moneda de oro y regresé frente a ella… Ella casi me cachetea…

—¿Cómo un oro, Arlinne? ¿Tanto dinero tienes…?

—Pero no tengo cambio…— Fue a su bolsa y sacó una plata, me la dio y dijo:

—Toma esta moneda. Si la pierdes durante el hechizo, me tendrás que pagar ese oro. Eso te servirá para que te lo tomes en serio.— «¡Qué encajosa…! Pero bueno… Debo de intentarlo con todas mis fuerzas».

Me concentré como me lo dijo, en un punto frente a mí… Pensando en todo el esfuerzo que me costaba cerrar mi bolsa cuando estaba llena. Comencé a enfocarme con más ahínco, tratando de materializar el portal, ahora pensando en lo mucho que me dolía el lomo cuando la tenía que cargar y era muy pesada durante los viajes… Luego, lo mucho que me gustaría poder llevar mucha ropa y cosas, como Lianne lo hacía a todos lados… De repente y para la sorpresa de las dos, el punto floreció como un espacio de bordes brillantes frente a nosotras… Lianne me dijo, sorprendida:

—¿A la primera? ¿Así de fácil…? ¿Qué esperas? Guarda la moneda dentro.— Le hice caso con un poco de miedo de meter mi mano ahí, pero así lo hice… La puse dentro y se mantuvo en su lugar, sin nada que la sostuviera… Ella me dijo:

—Muy bien, ahora vuelve a concentrarte y piensa que la quieres guardar.— Así lo hice y después de unos segundos, el portal se cerró, desapareciendo en el aire.

—¡Excelente! Ahora conjura el portal nuevamente y revisemos, sí la moneda sigue ahí…— Así lo hice, siguiendo los mismos pasos que yo misma me había impuesto, pero ahora pensando en la moneda… Se abrió nuevamente. Lianne me vio sin decir nada y metí la mano, esperando encontrar la moneda… Mientras tocaba el interior, algo se me hizo muy raro e hice una cara chistosa. Lianne me dijo, mientras me veía:

—¿Y bien…? ¿Ya me debes un oro?

—Lianne… Creo que algo hice mal, aquí dentro hay otras cosas, además de la moneda…— Me vio incrédula y dijo:

—¡A ver, sacalas!— Empecé a tomarlas a ciegas. Saqué la primera, se me hizo conocida… Era un prendedor, idéntico a los que usaba Lianne, cuando aún era una niña… Le dije:

—¡Mira…! ¿Qué esto no es tuyo?— Sus ojos se abrieron a su máximo y le dije:

—Espera… Aún hay más…— Saqué una vieja cinta para el cabello, luego un par de medias, una bota, un espejo de mano y… Parece que eso era lo último. «¡Ah, si!» Saqué al final, tomándolas todas en mis puños y dejándolas caer en su cama… Por lo menos, doce platas y diez cobres. Ella me veía sorprendida y le dije:

—¿Qué hice mal?— No respondía, solamente se quedó ahí, sentada… Le dije:

—¿No me digas que todas son tus cosas…?— Recuperó la compostura y dijo:

—No sé lo que hiciste, pero no estuvo mal… Son todas las cosas que perdí aprendiendo el conjuro… Bueno, como sea… Mete algo tuyo junto con la moneda y sí para mañana sigue ahí, habrás tenido éxito… Creo que no necesitabas de mí, desde el principio…— Le dije amablemente:

—No digas esas tonterías, jamás hubiera podido hacerlo sin que tú me lo explicaras. Desde hace mucho quería hacerlo, pero no podía.— Puse mis botas viejas y una moneda de las que había sacado. Me concentré y el portal se cerró. Se me quedó viendo muy seriamente y me dijo:

—¿Y lo habías intentado siquiera?

—Pues no, porque no tenía ni idea de como empezar…— Ella empezó a reír y acarició mi cabeza. Le sonreí, no entendía lo que pasaba, pero le dije:

—¡Gracias! Me has ahorrado muchos minutos por la mañana y dolor de espalda… Ahora es hora de dormir, buenas noches.— Me saqué la ropa al vuelo y me metí a mi camita. Ella seguía riendo y recogiendo sus antiguas cosas de la cama. Contestó:

—Buenas noches, renacuajo.

Al siguiente día, lo primero que hice fue revisar el portal, mis cosas seguían ahí. «¡Excelente!» Me di, el que podría ser el penúltimo baño en la torre en mucho tiempo y salí a desayunar… Lianne no estaba desde que me desperté, me imagino que estaba en el laboratorio arcano, que era su lugar favorito y de seguro quería tomar algo de ahí antes de partir. Yo iba a hacer lo propio después de desayunar. Llegué al comedor y estaban las chicas. Desayunamos y muy escuetamente les expliqué a donde iríamos todos y porque me tenía que ir. Nuevamente se pusieron un poco tristes, pero les prometí que para el momento que se convirtieran en hechiceras, yo estaría ahí para verlas y nuevamente les encargué la torre y al maestro. Terminé de desayunar y fui a la biblioteca.

Entré por esos pasillos tan familiares, que me vieron crecer… «Hace mucho quiero volver a leer, pero no puedo hacerlo por estar fuera. Pero ahora con mi nuevo conjuro, puedo cargar un par de libros no muy pesados y cuando esté desocupada o aburrida, podría distraerme…» Me dirigí inmediatamente a mis libros favoritos… Los libros de aventura. Me puse a pensar un poco en lo que había dicho el maestro el día de ayer, mientras estaba parada frente a todos esos libreros… «¡Y si todos estos libros no son ficción…? Sino historias de héroes, de mundos muy lejanos de aquí…» La idea me hizo erizar la piel de la emoción… Héroes y heroínas de todos tipos… Muchos que peleaban solo con sus puños, otros más con armas y hechicería, unos más que peleaban con fantásticas armas que escupían fuego y metal, pero todos fuertes como el hierro, con un increíble sentido de la justicia y desinterés personal… Como me encantaría poder ser como ellos… Valiente, temeraria, sin miedo a nada, romper las rocas con mis puños y ayudar a la gente, dándole una buena tunda a los malos… A las malas hierbas como dice el maestro.

Seguía perdida en mi imaginación, para por un momento regresar a la realidad y pensar… «¿Qué hubiera hecho sin ellos, en los momentos más terribles de mi depresión…?» Les debía tanto… Me habían ayudado a no hundirme en la oscuridad de mis pensamientos en los peores momentos. Me quedé ahí largo rato, hojeando mis pasajes favoritos. Incluso me sabía las páginas de memoria… Terminaba e iba por otro, solo para leer una vez más, las partes más emocionantes y llorar, yo sola con los finales felices, como una loca… Se me había ido el tiempo, ya llevaba casi todo el día y no había decidido cuáles llevar. Escogí dos que les tenía un cariño especial, los eché dentro de mi portal, rogando que no se perdieran por años, como las cosas de Lianne. Era momento de ir a cenar, ya era bastante tarde.

Estaban todos en el comedor… Llegué corriendo y saludé:

—¡Buenas noches!— Ray dijo:

—Te estamos esperando para comenzar.

—Lo siento, se me fue el tiempo…— Lianne dijo:

—En la biblioteca, de seguro…

—Así es. Discúlpenme, vamos a comer, perdón por la espera.— Todos platicábamos, mientras comíamos y cuando terminamos, les dije:

—El plan es el siguiente…— Todos se me quedaron viendo igual que el día de ayer, antes de que me diera ese ataque… Pero está vez con confianza, empecé a decir:

—Iremos hasta la antigua ciudad de Tharosen, que ahora es un bastión de la resistencia contra la invasión. Ahí nos recibirán miembros del gremio al que pertenecen Grand y Ray… Al principio, pienso que bastara con ser útiles alrededor, más que nada para tener todos los detalles de la situación. Una vez que tengamos la información necesaria y dependiendo del riesgo, veremos sí podemos empujar a las fuerzas de los invasores… Obviamente, yo sé que hay muchas cosas que tomar en cuenta para hacer todo esto y con eso, espero de todo corazón, ustedes me puedan ayudar, tanto en estrategias, tácticas de combate, defensa, puntos débiles y en general… Todo lo que yo no pueda ver, porque soy muy simplona.— Todos se me quedaron viendo de un modo distinto y pregunté:

—¿Qué les parece…? ¿Les gustan mis sugerencias?— Me empezaron a aplaudir… «¿Se están burlando…?»

—¡Bobos! Solo es una sugerencia…— Ray interrumpió:

—Nada de eso, Arlinne. Me parece una idea estupenda, definitivamente sirves para ser líder.

—¡Sí, ajá! ¡La simplona con cero experiencia, es la líder…!— Grand dijo:

—No es solo experiencia, Arlinne. Un líder debe de saber inspirar emociones en los demás, eso es lo más importante… Ya que seas una buena o mala líder, eso es diferente, pero algo te puedo decir… De que nos inspiras positivamente, eso es innegable.— Me sonrojé y Lianne continuó:

—Entonces, está decidido… De ahora en adelante, renacuajo es la líder.— «¡Yo, la líder…! ¡Es una responsabilidad muy grande…! Pero… En el fondo creo que debo de tomar la responsabilidad, porque yo soy la que los ha metido a todos en esto…» Solo pude decir: —Está bien, pero me ayudarán… Yo no puedo hacer nada sola, ya me conocen. ¿Aceptan los términos…?— Todos aceptaron y empezamos a beber hasta ya bastante entrada la noche, decidiendo la mayoría de los detalles que yo había pasado por alto…

*************************

Me senté en mi vieja mecedora con mi pipa en la mano… Tenía mucho tiempo que no fumaba. Esa noche decidí hacerlo, acompañado de una copa de licor de frutas… «¡Muy bueno! Ahora veo que es lo que ven los jóvenes en esta bebida…» Viendo hacia el exterior de la torre y pensando en los jóvenes que partirían el día de mañana, con sus corazones en la mano y sus sueños en la espalda. Tal cual, yo lo había hecho, ya hace mucho tiempo. Recordaba aquel día, como si hubiera sido ayer…

«Era solo un jovenzuelo, corriendo hacia el punto de control, donde estaban solicitando aventureros, con solo dos conjuros memorizados, una vara de gruesa madera y unos cuantos cobres en mi bolsa… Con la ilusión de convertirme en el mago más poderoso que hubiera conocido el mundo. Llegué hasta ahí… Todos eran personas mayores, que nunca aceptarían un muchachito con tan poca experiencia como lo era yo… Pero el destino jugaría a mi favor… Ahí lo vi por primera vez… Apartado de todos, con ese semblante huraño, ya desde entonces… Dos jovencitas estaban con él, cada una, colgada de uno de sus brazos. Todos éramos más o menos de la misma edad… Me cayó mal al principio, daba la impresión que no le importaba nada ni nadie, más que lo que tenía en la mente en ese momento, pero era mi única oportunidad… No tenía grupo y se veía, que ellos igual eran novatos. Me acerqué a ellos y cuando estuve a la distancia necesaria, escuché su voz…»

—Hechicero…— Desperté de golpe de mis recuerdos… Era él. Su intrusión en mis dominios, ya no me molestaba, hace mucho tiempo dejó de importarme. Estoy seguro de que estuvo aquí todo el tiempo, desde que empecé a hablar con mis estudiantes el día de ayer. Sabía muy bien cual era su forma de ser, desde aquel día… Contesté:

—Guardabosques…— Él dijo, aún entre las sombras:

—¿No te parece que te dejaste llevar un poco con el conocimiento que les otorgaste antes de partir?— Fumé de mi pipa, exhalé tranquilamente y le contesté:

—Está bien… De vez en cuando, hay que hacer excepciones.

—Como tú creas conveniente, nunca he dudado de tu juicio, ni por un solo momento y lo sabes. Solo quería estar seguro…— Antes de que hiciera cualquier excusa y se marchara, le pregunté:

—¿Y qué opinas de los chicos…?— Se quedó ahí, parado, en silencio, para al final decir: —Prometen…— «¡Vaya!» Nunca esperé esa respuesta de él y me atreví a preguntarle algo más… Algo que me había intrigado desde hace once años…

—Dime, guardabosques. Si hace once años este mismo día, aquel joven no hubiera ayudado a Arlinne… ¿Tú lo hubieras hecho, verdad?— Él se quedó pensando para contestar:

—¿Tú crees? ¿Qué te hace pensar eso?

—Nada… Solo algo dentro de mí, me dice que así hubiera sido.

—Tal vez… Nunca lo sabremos… Debo de regresar a mi bosque. Tú sabes, no se cuida solo.— Ese sarcasmo tan característico de él, me hizo sentir tan reconfortado, sentir que a pesar de todo el tiempo, seguía siendo el mismo…

—¡Ah! Por cierto, suerte con las nuevas estudiantes.— Me apresuré a decir:

—¡Son demasiadas! ¿No quieres un par?— Él se empezó a reír…

—¡Un par…? ¡Jajaja! ¿Cómo si fueran cachorritos…? ¡No! ¡Jajaja! Gracias. Hasta pronto… —Hasta pronto, amigo.— «A pesar de todo el tiempo, sigue siendo el mismo chico de aquel día, con las jovencitas colgadas de cada uno de sus brazos…» Volteé de regreso a la ventana y me volví a perder en mis recuerdos…

Fin del Capítulo 6.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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