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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7 - Capítulo 7: Capítulo VII: Comienzo.
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Capítulo 7: Capítulo VII: Comienzo.

Capítulo 7.

Partimos por la mañana temprano. Nos despidió el maestro, nos dio su bendición y nos dijo que sí en algún momento nos sentíamos cansados o inseguros de lo que estábamos haciendo, podíamos regresar a la torre y vivir ahí el tiempo que fuera necesario. Todos le agradecimos por la hospitalidad, la comida y los conocimientos con los que nos había procurado y le dijimos, que volveríamos a visitarlo. Me despedí también de las chicas, nuevamente diciéndoles que dejaba todo en sus manos y que volvería a verlas muy pronto.

Habíamos tomado caballos del establo del maestro y recuperado a Tomy. Tardamos algunas horas en llegar a Portos y anduvimos por la villa a caballo, hasta llegar a la hostería de la zona comercial, que visité la última vez con Ray. Dejamos los caballos en la hostería y salimos a comprar algunas provisiones, principalmente comida y un poco de equipo, como aceite para linterna, linternas de mano, cuerda, algunos arneses y cosas de ese estilo. Los chicos sabían moverse muy bien en la villa y muy pronto teníamos todo lo que buscábamos. Nos paramos a tomar algo fresco, cuando ya estaba atardeciendo y les dije:

—Sería buena idea, que en cuanto empecemos a tener algunos ingresos, hiciéramos un fondo para pagar todo este tipo de cosas, como los viáticos, el equipo y las provisiones. Tal vez, podríamos apartar un poco antes de repartirlo a partes iguales entre los cuatro.— Todos estuvieron de acuerdo. Baboseamos un rato por ahí y en cuanto empezó a anochecer, regresamos a la hostería para cenar y descansar…

Sentados a la mesa, le pregunté a Ray, sí podía sacar el mapa en el que habíamos marcado las cosas el día anterior y él así lo hizo. Lo puse en el centro de la mesa y como repasando, les dije:

—¡Muy bien! Entonces, viajaremos al norte por el camino que sale de Portos, pegado a la costa, más o menos hasta la altura de las montañas Dredmor… Aquí podríamos seguir por el camino o tomar este otro camino a través de las montañas. Sí seguimos el camino que rodea las montañas tardaremos el doble, pero será mucho más seguro, como ya lo habíamos platicado ayer. Pero sí seguimos entre las montañas, invariablemente sería la mitad de tiempo de viaje… Solo comento esto, para que todos estemos seguros de lo que hacemos y porque.— Grand habló…

—Creo que como lo habíamos pensado el día de ayer, Arlinne. Lo más seguro es que sigamos por el camino, no es como que llevemos prisa y sería mejor evitar todo tipo de riesgos innecesarios.— Todos asentimos y continué…

—Ray, Grand. ¿Cuánto tiempo calculan que tardaremos en llegar hasta el Bastión?— Se vieron entre ellos y Grand contestó:

—Tal vez, unos quince días, sí no forzamos los caballos.— «Es demasiado tiempo, no aguantaran las provisiones…» Dije:

—Vamos a necesitar reabastecernos en algún lugar, antes de entrar o rodear las montañas…— Nuevamente se vieron, el uno al otro y Ray dijo:

—Hay algunos puestos de vigilancia antes de llegar a las montañas, seguramente debe de haber algún cause de un río o un lago cerca… En esta zona.— Señaló con su dedo en el mapa y dijo:

—Sí todo va a peor, la prioridad será conseguir agua. Pienso que nos las podríamos apañar cazando, por lo demás, no creo que sea gran problema.— Grand agregó:

—Además, es muy probable que incluso haya granjas y comerciantes a las faldas de las montañas, sobre el camino. Podríamos reabastecernos con ellos, de ser necesario.— Suspiré y dije:

—Muy bien… ¡Jijiji…! ¿Bebemos?— Todos rieron y estuvieron de acuerdo…

Durante la velada, mientras todos convivíamos, repasaba sin querer en mi cabeza los motivos de ese viaje y lo que implicaba… «Los virzuks… A decir verdad, no sé nada de ellos, más que las pocas líneas que he leído en algunos libros… Tal vez, deba preguntárselo a ellos…» Los interrumpí y dije:

—Chicos… ¿Qué hay con los virzuk, me podrían explicar lo que saben? Sé algunas cosas acerca de ellos, pero son cosas que no he podido comprobar fuera de los libros…— Ray guardó silencio, pensando para sus adentros y Grand comenzó a explicarme…

—Arlinne… Mmmh. Los virzuks vienen del norte, más allá de la muralla de Kharsten. Por lo que tengo entendido, sus incursiones con fines invasivos, comenzaron hace ya casi veinte años.

—Veinte años… Sí, eso lo he leído, pero… ¿Por qué?— Grand me contestó:

—Eso es lo más raro, Arlinne… Nadie lo sabe a ciencia cierta. Como supongo ya también sabes. Los virzuks hablan su propio idioma y jamás he visto a alguno que hable el nuestro. Supongo que eso no ayuda, para obtener respuestas. Por lo que tengo entendido, hay algunos muy inteligentes, tan inteligentes como nosotros los humanos. Unos incluso, se supone hablan nuestro idioma, pero como te lo dije antes, jamás lo he visto.— Le dije, sintiendo una presión en mi pecho:

—Pero, ¿cómo dices…? ¿No son humanos…? A mí me lo parecen…— Grand titubeó y dijo:

—De eso no estoy seguro tampoco, Arlinne. Todo mundo piensa que son como los elfos y enanos. Personas, sí… Pero de una raza completamente distinta a la nuestra…— Me quedé en silencio, después de escuchar aquellas palabras. Ray comenzó a hablar…

—Arlinne. Nadie sabe realmente los motivos de la invasión. Por lo que tengo entendido, los virzuks de los cuales se ha obtenido información, hablan de un gran espíritu, el cual es como su dios y los instó a iniciar la invasión en estas tierras.— «¿Gran espíritu…?» Eso lo tenía claro, había leído que su cultura era chamanística y tribal, pero jamás leí de un gran espíritu… Ray continuó…

—Sus motivos son inciertos y erráticos, Arlinne. Incluso pareciera que ni siquiera comparten intereses en común. En un principio, cuando lograron someter el reino de Lando, ni siquiera ocuparon las tierras, simplemente decimaron la capital y se marcharon a dejarla arder en cenizas… Incluso, ya tú misma te irás dando cuenta… Cada encuentro con ellos es diferente. En ocasiones pueden llegar armados hasta los dientes, armadura pesada completa, armas de hierro, afiladas y en buenas condiciones, montados a caballo… Otras, andrajosos y muertos de hambre, tratando de robar para obtener comida o algo para beber. Sus tácticas tampoco presentan una lógica o un sentido común… Un ejemplo, el bastión de Tharosen al cual nos dirigimos… Ha estado asediado por años, sin avances de ninguna de las dos partes, pareciera a ratos que solo estuvieran jugando o llamando la atención… El bastión ya solo es defendido por voluntarios y hombres de nuestro gremio. A los virzuk, realmente no les da ningún beneficio hacerse de esa posición, pero igual siguen enfrascados en escaramuzas diarias, con una que otra baja circunstancial para ambos bandos.— «¿Por qué…?» Grand dijo:

—Lo que dice Ray, es cierto. No tiene sentido. El reino de Kharsten, dirigido por la reina Lenor, está exactamente del otro lado de la muralla que divide las tierras de los virzuks y jamás siquiera ha flaqueado en su defensa. Los virzuks ya ni siquiera se molestan en atacarlo… Por otro lado, como también dice Ray… Cuando se proponen las cosas, es como si fueran otros. El reino de Lando duró años con su defensa, todo hacía parecer que repelería la invasión, pero al final, cayó en un par de días.— De reojo pude ver que Ray hizo una mueca de disgusto… «Supongo que debe ser un trago muy amargo, el haber estado ahí cuando eso sucedió… Mejor no preguntarle los detalles, al menos no, los personales. Por otra parte… ¿El reino de Kharsten…? ¿La reina Lenor…? Esos nombres se me hacen tan familiares… Como si los hubiera escuchado miles de veces antes de alguna forma…» Ray dijo, cortantemente:

—No tiene caso seguir sacando conclusiones anticipadas, yo creo que esa es la visión general de las cosas. El resto, ya te darás cuenta por ti misma, Arlinne. Seguramente, si llegamos a algo, nos daremos cuenta de sus motivos con el tiempo…— Ray tenía razón. Lo que quiera que hubiera tras de todo esto. Ya lo descubriríamos. Se lo debía a Arlinne…

Se hizo tarde, todos nos fuimos a descansar, recordando que nos veríamos abajo antes de medio día para partir. Lianne y Grand, dormirían en habitaciones separadas. El alcohol me hacía pensar de más y pasaba por mi mente… «Tal vez, deberían compartir habitación, aunque no se toquen… ¡Eh! No quiero ser metiche… ¿Tal vez, pienso eso, porque yo fui demasiado pronta? ¡Jijiji!» Ray y yo, entramos a nuestra habitación. Puse mis cosas del lado izquierdo de la habitación, frente a la cama. Me quite mis botas y calcetas, para solo quedarme sentada a la orilla de la cama, viendo a Ray con ojos impacientes, hacer lo propio… Esperando solamente a que me empezara a poner atención. Al fin se acercó y me dijo susurrando, mientras me comenzaba a besar el cuello:

—¿De qué te ríes?— Lo abracé, lo dejé hacer y le dije en un tono travieso:

—¿Oye, amorcito? ¿Crees qué fui muy fácil?— Él, como que no entendió muy bien la pregunta y respondió:

—¿Cómo?

—Sí, muy fácil… ¿Cómo qué te entregué todo, demasiado pronto?— Él comenzó a reír y me dijo:

—¿Eso te preocupa? ¡Jajaja!

—No me preocupa, solo quiero saber tu opinión…— Sin darle mucha importancia, él seguía en lo suyo, pero me contestó:

—Yo creo, que toda la gente y las relaciones son distintas. No creo que hayas sido solo tú… Pienso que los dos estábamos muy predispuestos, por eso llego tan rápido ese momento.— «¿Predispuesta…? En mi vida había pensado que terminaría así, boca arriba en la cama, siendo amada por un chico». Él dijo:

—¿Satisfecha?— Mientras me empezaba a quitar la ropa que le estorbaba… Contesté:

—La verdad, es que no… ¡Jijiji!

—¿Tú qué opinas, entonces?— Me quedé pensando con mucho trabajo, ya no podía concentrarme mucho en otras cosas y le dije:

—No es como que estuviera esperando conocer a alguien, para enamorarme y que me desfogara… Es más, ya tenía un largo tiempo que ni siquiera me tocaba yo misma… Pienso que por mi depresión y eso…— Él ya estaba besándome por debajo del ombligo y dijo: —¿Entonces…?— Yo contesté, ya con la voz temblorosa:

—No lo sé, pienso que simplemente me dejé llevar por lo que sentía, hasta las últimas consecuencias. Tal vez me quería comprometer por primera vez en mi vida con estos sentimientos, que me habían hecho sentir tan mal mucho tiempo y darles una oportunidad en serio y que mejor, que contigo… Que me tienes perdidamente enamorada.— Lo tomé de los cabellos, me incorporé un poquito y le dije al oído:

—¡Por favor, Ray! Hazme todo lo que desees, no te contengas en nada y sí quieres que coopere con algo en especial, solo dímelo… Haré lo que sea.— Le di un beso muy intimo y regresé a mi posición. Los dos estábamos ardiendo por la carencia que habíamos vivido y pasamos la mitad de la noche amándonos…

A la mañana siguiente, me levanté y recogí nuestro tiradero. Ray seguía durmiendo… Miré por la ventana, se veía que aún teníamos un rato. Me di un baño y me preparé. Traté de poner solo el equipo y los viáticos en mi bolsa, todo lo demás lo pasé al portal… Me di cuenta de que aún tenía conmigo ambas pociones que me había dado el maestro, hace unos días… «¡Qué fea! Las debí haber utilizado en alguno de ellos antes de regresar a la torre… Bien. No se desperdiciarán». Las volví a guardar bien envueltas en la mochila y eso me recordó… Abrí mi bolsita de dinero y empecé a revisar las piezas que les habíamos quitado a los magos del sol rojo… «Soy una inútil, cualquiera podría pensar, que alguien a quien han nombrado hechicera podría identificar las propiedades en esta bisutería… Ni modo». Las volví a guardar… «Se las mostraré hoy por la noche a Lianne para que identifique sus propiedades y si les podemos dar algún uso, sería excelente». Ray se levantó, me dio una nalgada, mientras estaba agachada terminando de guardar las cosas… Me sobresalté y se me quedó viendo sonriendo. Le sonreí igual, fingiendo un gemido… Comenzó a reír y se puso en marcha a prepararse.

Bajamos. Lianne y Grand, ya estaban desayunando mientras platicaban, los saludamos y aprovechamos a desayunar también para partir. Salimos de Portos hacia el norte, del lado contrario al que llegamos… El día se veía hermoso, estaba entrando el otoño y ya no hacía tanto calor… «¡Qué alivio!» Lianne me hizo una seña y atrasé un poco mi monta para poder hablar con ella, me dijo una vez que las dos íbamos hasta atrás:

—¿Y bien, renacuajo? ¿Ya, todo mejor?— Solo hice una cara rara y le dije:

—¿Para eso me llamaste?

—Me preocupo por ti, ya se te veía ansiosa.

—¡Jajaja! ¡Aja!— Pensé por un momento, devolvérsela y preguntarle de lo mismo, pero… «Mejor dejar que se den solas, las cosas entre ellos…» Le cambié el tema…

—¡Oye, Lianne! ¿Me podrías ayudar a identificar algunos objetos, al rato que tengamos un rato?

—Claro.— Continuamos platicando por un rato más de cosas sin importancia.

Llegó la noche y nos preparamos para acampar, acomodé mi lona donde dormiríamos nosotros… «Que bueno que desquitamos anoche, quien sabe cuando volvamos a tener un momento privado… Pero aún así, nada va a impedir que durmamos juntos…» Ray se encargaba de encender la fogata y Grand buscaba a los alrededores, para ver que no tuviéramos sorpresas durante la noche. Lianne solo holgazaneaba viendo a los demás, así que decidí que era buen momento para mostrarle los objetos, me acerqué a ella y le dije:

—¿Tienes tiempo?

—Sí, renacuajo. A ver, muéstrame.— Mientras abría mi bolsita, le decía:

—Son solo estas cuatro piezas… Estoy segura de que tienen encantamientos, pero la verdad no estoy segura, de que tipo.— Se las fui pasando una por una. Ella las fue observando y dijo:

—Estos anillos, ambos tienen ligeros encantamientos para recibir menos daño de ataques enemigos… Muy ligeros, no te emociones. Hacer un anillo como estos, que de verdad sea una diferencia notable en combate, es algo muy difícil de crear… Esta esclava, igual tiene un muy ligero encantamiento para aumentar tus reflejos y este amuleto, ayuda un poco para evitar ser controlado mentalmente.— Terminó y se me quedó viendo, para decir:

—¿Y se puede saber, señorita hechicera cabeza de palomita de maíz, por qué tú no pudiste identificar unos efectos tan básicos?— Solo sonreí, como sí mordiera mi lengua y le dije:

—Lo siento, solo puedo identificar efectos parecidos o iguales a los conjuros que yo puedo realizar, pero que bueno que estás aquí, así de mínimo desquitaras lo que comes.— Se empezó a molestar y ya iba a contra atacar, cuando le dije, con una cara sincera nuevamente: —¿Cómo los repartimos…? ¿Quién crees que deba tener cada cosa?— Se calmó un poco y dijo:

—Mmmh… Sí quieres regresar viva, siendo una inútil como lo eres… Me los pondría yo misma todos, sí fuera tú. ¡Jajajaja!— «¡Qué personita tan fea…! ¡Ah, sí! ¡Con qué esas tenemos…?» Me aguanté otra vez, no quería que los chicos nos vieran pelear como dos niñas que se pelean por una muñeca. Dejó de reír e hizo una mueca, como viendo si estaba enojada… Solo suspiré y seguí sonriendo. Acarició mi pelo y dijo:

—Deberías darles los anillos a los chicos y quedarte tú con la esclava. Yo no tengo uso para ninguno de ellos, pero supongo que no me hará daño cargar el amuleto, en lo que le encontramos un uso mejor o lo vendes.

—¡Oooh! Ya veo, porque eres la heredera del maestro, eres muy sabia, dándole a cada quien la cosa que mejor podría aprovechar, incluso te asignaste el amuleto, sabiendo que eres una débil mental… ¡Jijiji!— Empecé a reír, mientras comenzaba a correr, pero su bastón me alcanzo entre los pies… Empecé a gritar, mientras reía…

—¡Jajajaja! ¡Auxilio…! ¡Jajaja!— Ella, ya estaba encima de mí, haciéndome cosquillas en mis costillas… Los chicos se nos quedaban viendo, mientras sonreían…

Cenamos y al terminar, les entregué los anillos a Ray, a Grand y el amuleto a Lianne, mientras veía hacia otro lado, para evitar reírme en su cara. Les dije:

—Úsenlos, son mágicos. Los pueden ayudar un poquito en combate, a recibir menos daño. Son parte del botín que obtuvimos en Kaspler.— Lianne estaba a punto de hacer un comentario mordaz en mi contra, pero cuando escuchó Kaspler, se quedó en paz. Platicamos un rato antes de dormir.

Grand y Ray, se harían cargo de las guardias, primero Ray y luego Grand. Además, Ray nos dijo, que sería buena idea estar más alertas los siguientes días, podríamos encontrarnos con algunos incursores virzuks o simplemente asaltantes o forajidos de cualquier índole a lo largo del camino. Todos asentimos y nos fuimos a acostar…

Desperté temprano, tal vez una o un par de horas después del amanecer. Busqué a Ray con mi mano, pero ya estaba de pie con todas las cosas listas y todo el campamento levantado… Lianne tomaba café junto con Grand… En un momento, me percaté que yo era la única cosa alrededor, aún en el piso… Dije:

—¡Lo qué es querer, que la gente quede mal! ¿Por qué me dejaron aquí? ¿Por qué no me despertaron?— Todos rieron a mis costillas… «¡Buuu! ¡Qué feos!» Me levanté de un salto y empecé a guardar mis cosas. Ray me dio café y me dijo:

—No te molestes, peque. Es que te veías tan linda durmiendo, que te dejé un rato mas. Cuando me di cuenta, ya eras lo último en recoger. ¡Jajaja!— No le dije nada, solo tomaba mi café y al terminar, le dije sonriendo:

—No estoy molesta… Que bueno, que entiendan mis necesidades…— Le di la taza y me fui a mi caballo, sin voltearlo a ver en un buen rato…

Así pasamos varios días con esa rutina… Ya me empezaban a doler las ingles y la parte interna de los muslos, no estaba acostumbrada a cabalgar por tanto tiempo, tantos días seguidos… «Sí, yo me siento mal que estoy en buena forma, no me quiero ni imaginar como se siente Lianne…» Aunque una cosa más importante, me preocupaba aún mas… ¿Por qué no habíamos visto ni una sola alma en el camino…? Ya eran casi cinco días, desde que salimos de Portos y a lo más habríamos visto un par de viajeros en la dirección contraria a la que íbamos nosotros… No solo eso, se suponía que íbamos a una zona que había estado en guerra durante años. Todo era tan tranquilo… ¿Por qué…? Ese día tendríamos que buscar algo de agua, sino estaríamos apretados el resto del viaje y los caballos eran prioridad. Decidimos desviarnos antes de empezar a seguir el camino alrededor de las montañas y buscar en la dirección que Ray había propuesto, donde tal vez encontraríamos una fuente de agua.

Era pasado medio día, anduvimos alrededor del lugar un rato en dirección de las montañas, la vegetación no era tan espesa en esta zona, además se notaba que el clima era un poco más árido. No encontramos ninguna fuente de agua, pero cuando estábamos a punto de rendirnos y buscar otras opciones, vimos una propiedad a lo lejos… Nos vimos entre nosotros y fuimos hacia el lugar con mucho cuidado. Ray y Grand, desmontaron y nos hicieron una seña para que nos quedáramos sobre los caballos. Grand se quedó vigilando y Ray fue a tocar a la propiedad… Paso un rato y él revisó cada rincón. ¿Estaba desierta…? No lo soporté más y desmonté para alcanzarlo, le hice una seña a Grand, de que iría hacia dentro de la propiedad. Entré buscando a Ray, pero solo me quedé observando todo el lugar… Todo estaba intacto, como sí el tiempo se hubiera detenido hace mucho para aquel lugar… «¿Qué pudo haber pasado aquí? ¿Bandidos…? ¿Incursores virzuk…?» Ray salió de una de las habitaciones y movió la cabeza en señal de negativa. Ambos salimos del lugar… Lianne ya estaba también de pie, haciendo flexiones. Grand llamó nuestra atención con su mano y fue hacia la parte de atrás de la propiedad, lo seguimos… Era un pozo, que suerte. Ray dijo:

—Tenemos que averiguar, sí el agua es buena para beber… Bueno, primero que no esté seco.— Tiró una piedra… Todos nos quedamos a la expectativa. Sonó un chapoteo y nos emocionamos. Grand, ya traía una larga cuerda de su equipo y dijo:

—Ahora, necesitamos algo para subir el agua…— Se me ocurrió y dije:

—¡Yo traigo algo que puede servir!— Abrí mi portal y saqué una cacerola con una asa movible de donde se podía amarrar la cuerda. Lianne rio y dijo:

—¿Por qué traes una cosa, como esa?

—Pensé que sería útil, sí queríamos tomar sopita o para hacer ricas palomitas de maíz.— Todos rieron y Ray me acarició la cabeza. La arrojaron al pozo y sacaron el agua. La olieron, revisaron su color, todo parecía en orden… Ray se la ofreció a Tomy…

Tomy era muy listo y nunca bebería algo que le hiciera daño… Se la empezó a beber. Nos volvimos a ver entre nosotros, aliviados. Poco a poco, le dimos a los caballos hasta que quedaron satisfechos. Era nuestro turno, poco a poco empezamos a llenar nuestras provisiones personales y las botas que llevábamos en los caballos. Cuando terminamos, Ray llamó nuestra atención y dijo:

—Algo muy raro pasó en este lugar…— Grand preguntó:

—¿A qué te refieres?— Ray le lanzó un pequeño saco a Grand, quien lo cachó al vuelo. Lo abrió y se quedó sorprendido, para que Ray continuara diciendo:

—Lo que sea que haya ahuyentado a los habitantes, no le interesaba el dinero, así que… Asaltantes o incursores virzuk, están fuera de las posibilidades, además no hay ni una sola huella de sangre en el lugar, ni cuerpos.— Mientras él decía eso, yo noté algo raro, aún con el sol del atardecer, en la distancia. Les dije:

—No hagan escándalo, pero en esos arbustos frente a mí, en dirección de la montaña, hay algo escondiéndose…— Todos entendieron de inmediato.

Grand y Ray, se preparaban a ir y me quedé en frente de Lianne, con mi espada ya en la mano… Pero aquello que se escondía, lo alertó el hecho de que desenfundáramos nuestras armas y salieron corriendo… Eran tres virzuks, que empezaron a correr hacia el lado contrario de donde estábamos nosotros, se veían andrajosos, incluso para sus estándares. Dije:

—¿Los seguimos?— Ray y Grand, se vieron por un momento y enfundaron sus armas nuevamente. Ray dijo:

—No, peque. A menos que sea el tipo de invasor del que quieras deshacerte… Esos pobres se ve que son prófugos o desertores que escaparon. Yo sé, que virzuk es virzuk… Pero no creo que sea lo que tienes en mente.

—¡Por supuesto, qué no!— «Pobres… Me imagino que tienen el triple de sed que nosotros». Le dije a Ray:

—¿Crees qué, sí nos vamos, regresen a usar el pozo?

—Lo dudo, además tenemos cosas más importantes en que pensar, porque esos pobres diablos, no fueron los que le hicieron esto a esta granja y sus habitantes.

—¿Qué hacemos? Ya casi anochece…

—Lo único que podemos hacer, es resguardar a los caballos en la casa y defenderla. Sí son bestias de alguna especie, los caballos serán su primer objetivo. Irnos sería una mala apuesta, porque si nos atacan por la noche, montados, podríamos pasar un mal rato. Pasemos la noche aquí, sí no pasa nada que bien, si pasa, encarguémonos de que no nos molesten más.

Encerramos a los caballos en un granero que se caía, casi a pedazos… Levantamos una hoguera frente al lugar, no muy cerca de la puerta y nos pusimos todos alerta, nadie iba a dormir, todos nos quedaríamos despiertos…

Empezaba a darme un poco de sueño, pero hacía flexiones con mis piernas para no quedarme dormida, entonces lo oí… Un aullido que venía de las montañas, todos nos hicimos una señal y nos pusimos alerta. Grand dijo:

—Sí son lobos o algo parecido, nunca les den la espalda. Uno o dos, suelen atacar de frente para darle oportunidad a los demás de atacar por la espalda y los flancos…— Ray dijo:

—Lo dudo, Grand. Dudo que sean lobos, los que atacaron a las personas de este lugar… Es innegable que hay lobos cerca, pero ellos no son los culpables, habría otros rastros o señales…— Me comencé a poner muy nerviosa… Sentía un mal presentimiento, pero ya a estas alturas, bien podrían ser mis nervios…

Me alejé un poco de la hoguera para no estar cegada por ella y canalicé un conjuro de luz, en dirección de las montañas… Busqué a lo largo de las laderas, hasta que después de un momento, lo vi por primera vez… Un majestuoso lobo de pelos blancos como la nieve… Nos observaba en silencio desde una peña cercana, acompañado de otro par de lobos de pelaje gris. Les dije a todos con un tono tranquilo, para no llamar la atención de los animales:

—Miren… Allá arriba. Nos están observando…— Ray dijo, en el mismo tono:

—¡Vaya que son grandes…! Son lobos de guerra, virzuk…

—¿Lobos de guerra?— Grand, contestó:

—Sí, Arlinne. Los virzuks los trajeron del norte con ellos. Algunos incluso, los usan como monturas.— «¿Monturas…? Ese de ahí, el del pelo blanco… Es muy bonito…» Me sacaron de mi abstracción los ladridos de aquel animal… Comenzó a ladrarle a la oscuridad de la noche, dirigiendo su cabeza, apenas a un costado de nosotros… Todos se prepararon, los chicos desenfundaron sus armas… Pero no me parecía que nos fueran a atacar… Me parecía más bien, como sí nos estuvieran avisando de algo…

Volteé al lugar hacia el que ladraban y mis ojos se quedaron desorbitados… Brazos y manos descarnados, comenzaron a abrirse paso hacia la superficie… «¡No! ¡Por qué tienen que ser muertitos…?» Me puse más nerviosa de lo que ya estaba y sin pensarlo, di un par de pasos hacia atrás… Lianne dijo:

—¿Son muertos vivientes, renacuajo?

—Sí…

—¿De qué tipo?— Me quedé en silencio… El miedo me empezó a hacer presa…

—¿Renacuajo…?— Por un momento, pensé en dar media vuelta y correr… Pero los lobos comenzaron a ladrar y gruñir a las criaturas y el lobo del pelaje blanco, comenzó a aullar… Ese sonido, lentamente me regresó a la cordura. Le dije a Lianne:

—No estoy segura, aún. Pero algo me dice que son los antiguos habitantes de este lugar… ¿Puedes guardar tu magia, hasta el último momento posible? Quiero que todos los que sean, estén aquí, para que se lleven una sorpresa todos juntos.

—Claro, solo cúbranme.— La pasamos al centro de nuestra formación. El aullido del lobo subió de volumen. Y los muertos vivientes ya estaban mucho más cerca, aun vestidos con sus ropas del día a día.

«Piensa… piensa… ¿Qué muerto viviente, puede crear progenie como esta…? Solo parecen zombis… Pero, no. A menos, que algún hechicero poderoso, allá venido hasta la nada de este lugar a transformar a esta familia de campesinos en zombis… No tiene sentido… ¡Aaah! ¡Ya sé…! Son necranos!» Les grité:

—¡Tengan cuidado! Son la progenie de un necrófago primigenio… Parecen simples zombis, pero una vez en combate son muy rápidos, además de qué cargan con ellos una maldición, mejor que no nos toquen…

Nos comenzaron a rodear, sabía que sería en cualquier momento… El primero de ellos, saltó de entre la oscuridad, Grand se apresuró a recibir su carga con su escudo y la criatura perdió toda su inercia de golpe, para luego salir volando hacia el lado de donde vino… Uno más, llegó sobre Ray, corriendo. Ray ya lo esperaba y antes de que sus ataques lo alcanzaran, le dio un corte de lleno a la altura de su cuello… La criatura se arrastró unos pasos más hacia adelante, del impulso que ya llevaba y quedó inerte en el piso. No podía distraerme, ya tenía uno gruñendo, tratando de pescar mis piernas con sus garras y colmillos, peleaba como sí fuera un animal, en sus cuatro extremidades. Esperé a que atacará, para esquivar rápidamente y arremeter con mi espada sobre su cabeza… Lo herí, gimió retrocediendo un poco, pero recuperó su balance y aún con la carne de su cabeza abierta, me volvió a rugir en disgusto… Ya tenía un compañero a su lado… Volteé solo un instante y cada vez eran más los que nos empezaban a atacar al unísono. Le grité a Lianne:

—¡Bueno, mejor sí! ¡Usa ya tu magia, son demasiados!— Mientras me quitaba de uno para golpear al otro… Sí seguíamos así, pronto la alcanzarían a ella y es muy probable que sea por mi lado. Ella gritó:

—¡Muy bien!— El necrano al que le había abierto la cabeza, fue nuevamente hacia mi pierna… «¡Aaah! ¡La quieres? ¡Pues tómala, entonces…!»

Me hice hacia atrás, calculando donde llegaría su impulso y en cuanto su ataque perdió su ímpetu, le propine una patada lo más fuerte que pude exactamente detrás de su cabeza, eso lo dejó fuera de balance y aproveché para rematarlo, atravesándolo por su cabeza. Ray y Grand, tenían las manos llenas también… Voltee a ver a Lianne, una de las criaturas se había colado de mi lado… «¡Mierda!» El necrano saltó hacia ella… Le grité:

—¡Cuidado, Lianne!— Pero cuando estuvo a solo unos cuantos centímetros de tocarla, un relámpago de luz nos cegó a todos y se oyó el estruendo de un trueno. La desgraciada criatura, humeaba en el piso frente a ella. Todos los necranos se quedaron inmóviles por un momento, dudando de sus acciones…

Para que un momento después, un infierno comenzara a llover sobre ellos… Grandes rocas encendidas en llamas los empezaron a derribar. El olor acre a carne y podredumbre quemada, inundó el lugar, mientras las desgraciadas criaturas se ahogaban en llamas en el piso, aún tratándose de poner de pie… Fue cuando me di cuenta… Un Inflamado cadáver, seguía en pie, con sus ropas y carnes, igual de podridas. Dibujando una infernal sonrisa en su semblante demacrado, mientras él mismo se encontraba en llamas… Grité, señalándolo:

—¡Ese de ahí! ¡Ese es el necrófago primigenio! Tenemos que destruirlo para que no cause más víctimas a los alrededores…

Sin importarle las llamas en su obesa figura, cargó contra nosotros como un toro. Grand fue a su encuentro y lo detuvo con su escudo, no sin mucho esfuerzo, la criatura estaba decidida a destruirnos. Ray aprovechó la oportunidad y lo flanqueó por su lado derecho, asestándole varios cortes a sus carnes en diferentes puntos, que eructaban pus de color verde. A su vez Lianne, también lo bañaba con llamas que salían de las palmas de sus manos. Parecía que no le importaba la cantidad de daño que estaba recibiendo, seguía con su mismo impulso agresivo. Era mi oportunidad, comencé a conjurar mi cadena de relámpagos… Estaba fresquita, no había usado mi poder mágico para casi nada. Decidí lanzarlo con todas mis fuerzas… Terminé mi conjuro y desaté mi cadena de relámpagos sobre la aberración… Le pegaron uno tras otro varios impactos, todos en un par de segundos… Al primero no se inmutó, al segundo empezó a gemir, al tercero y posteriores, ya iba rodando en el piso, aún en llamas… Pasos adelante de nosotros, trató de incorporarse, pero por fin, su físico llegó al límite y estalló, tal vez por la cocción de los gases en su interior, los impactos y las llamas. Les grité:

—¡Al suelo! ¡Traten de no respirar su peste…!— Me cubrí mi nariz y boca con la mano, tendida boca abajo en el piso, mientras el viento se llevaba la nube pestilente por los aires, disipándola…

Nos miramos los unos a los otros, buscándonos heridas que el portador hubiera ignorado por el calor de la batalla, pero todo estaba bien… Habíamos salido ilesos de nuestra primera batalla juntos. Les dije:

—¿Todos bien?— Todos asintieron, volteé a ver a Grand y a Ray, diciéndoles:

—¿Ahora qué?— Se vieron un segundo entre ellos y Grand dijo:

—Ahora nos vamos por donde venimos y buscamos un lugar para descansar aunque sea un rato.— Ray agregó:

—¡Los lobos…!— Todos volteamos a la peña, permanecía solamente el lobo del pelaje blanco. Me miró, como si lo hiciera directamente a mis ojos… Volvió a emitir un profundo aullido y se perdió en la oscuridad de la noche, saltando de peña en peña…

Regresamos hasta el camino, que habíamos abandonado. Seguimos un poco más por él y nos detuvimos para acampar. Los chicos se quedarían ambos despiertos, para que pudiéramos dormir nosotras. Yo les dije:

—No es justo… También deben de descansar. Yo me quedaré con alguno y ustedes se turnan, así duermen un rato.— Los dos se voltearon a ver y se comenzaron a reír… «¡Pfff! ¡Qué machismo…!» Dije:

—Está bien. Como quieran…— Me fui a mi mantita y me acomodé, enrollándola toda en mi cuerpo sin dejarle lugar a Ray…

Desperté… Ray estaba a mi lado, acostado en su propia manta. Ya era de mañana, supongo que se había acostado un rato. Se me ablandó el corazón, lo tapé con mi mantita y me paré para arreglar las cosas y arreglarme un poco. Saqué un trapo, lo humedecí y me di una buena pasada en los lugares donde se juntaba y se secaba el sudor… Nadie me observaba. Mojé un poco mi cepillo y me cepillé el cabello, desenredándolo. Luego enjuagué mi cara y me lavé la boca… Eso bastaría, al menos por ese momento… «¿Qué razones pueden tener los virzuk…? Para abandonar su hogar y terminar como los tres que vimos ayer o peor… Como los que terminaron esclavizados y venden como fuerza de trabajo en Kaspler… ¿Por qué venir a la guerra y terminar así? Alguna razón muy fuerte debe de existir…» Volteé a todos lados, solo vi a Lianne, me acerqué y le pregunté:

—¿Cómo sigue tu entrepierna, después de cabalgar, ya tantos días?

—Podría estar mejor…

—Te entiendo… Quisiera pedirles algún consejo, pero me da pena… ¿Grand, también se acostó un rato?

—Sí. No quería, casi tuve que obligarlo… Quedamos en que descansarían un rato, hasta antes de que el sol estuviera exactamente arriba de nosotros.

—Lo siento por lo de ayer… Ese muertito casi te alcanza…

—No hay problema, renacuajo. Estaba esperando que así fuera, no te preocupes, nunca me hubiera alcanzado desde un principio.

—¡Oooh…! Ya veo, que bien. ¿Quieres que desayunemos algo?— Asintió, comimos algo y esperamos a los chicos para ponernos nuevamente en marcha…

Cabalgamos los siguientes cinco días, rodeando las montañas, no volvimos a tener ningún encuentro ni con los lobos, ni con muertos vivientes, ni con virzuks y como por arte de magia, al terminar de rodear, tal vez a unas cuatro horas antes de regresar al camino principal, encontramos un río. Decidimos acampar ahí y reabastecernos de agua… No faltaba mucho para el bastión, tal vez unos cuatro o cinco días más. Llenamos nuevamente nuestras provisiones y dejamos que los caballos comieran y bebieran de la ribera. Me acerqué con Ray, que lavaba algunas de nuestras prendas, le dije:

—Ray. Quisiera tomar un baño… ¿Cómo podemos hacer?— Él me volteó a ver, sonriendo y dijo:

—Yo creo, que todos queremos lo mismo… Te parece bien, que lo tomen ustedes primero y nosotros estaremos por ahí, viendo que nadie se acerque, luego lo haremos nosotros. ¿Te parece bien?

—Sí. Déjame platicarlo con Lianne, ya vuelvo.— Fui hasta donde estaba ella, claramente estresada por el dolor en sus piernas. Le dije:

—¿Quieres que nos demos un baño? Lo hablé con Ray y podríamos tomarlo nosotras primero, mientras ellos vigilan y luego que terminemos, ellos podrían hacer lo mismo.— Asintió con la cabeza. Ray ya estaba hablando con Grand, alejados un poco del lugar. Así que, así lo hicimos. Le pedí prestado el jabón a Lianne, porque yo no traía conmigo, se me había terminado… Me lo prestó y me dijo, riendo:

—¡Jajaja! Renacuajo. ¿No traes eso, qué es de tu uso personal, pero qué tal una cacerola para palomitas de maíz…? ¡Jajaja!— No dije nada a mi favor, porque sabía que tenía razón y además no le daba importancia, porque siempre usaba las cosas de Ray. Solo dije:

—¡Qué buena idea…! Hagamos un poco de palomitas antes de cenar, para abrir el apetito…— Oímos el chillido de un animal, mientras salíamos del agua… Nos volteamos a ver y pensé… «¿Los lobos…?»

Nos vestimos apresuradamente, pero ya no oímos nada más… Cuando terminamos, fuimos a revisar… Los chicos no se veían por ningún lugar… Fui hasta los caballos, estaban tranquilos, como sí nada… Cuando regresé, ellos ya venían de una vereda que se internaba en la vegetación, traían consigo lo que parecían liebres, tal vez unas cuatro. Pasaron junto a nosotras. Ray se acercó, olio mi pelo y dijo:

—Iremos a refrescarnos señoritas. ¿Pueden prepararlas…?— Nos vimos, Lianne y yo a los ojos… «Tal vez, podría… Pero la verdad, no sé como quedarán…» La vi nuevamente a ella, buscando una respuesta… Solo meneó su cabeza, negativamente. Ellos al ver nuestra situación, sonrieron y Grand dijo:

—No se preocupen, me quedan exquisitas, ya lo verán en un rato. ¿Pueden prender la hoguera?— Contesté:

—Eso sí lo podemos hacer. ¿Qué tan grande?

—Normal, Arlinne. Como siempre… ¡Jajaja!

—Está bien.— Los dejamos que se dieran su baño. Lianne y yo, fuimos a hacer la fogata. Ella dijo:

—Arlinne… ¿Creí qué sabias guisar? ¡Que vergüenza, que los chicos también tengan que cocinar…!

—Sí sé… Un poco, pero no tienes idea. Mis cosas apenas son comestibles a comparación de lo que preparan ellos… Por eso no me sentí con confianza de decirles que yo lo haría…

—¡No crees, qué es mucha comida…?

—Lo dudo… Esto apenas sería suficiente para Grand, pero yo creo, que sí él come dos, Ray una y nosotras la otra entre las dos, estará bien.— Se quedó sorprendida y agregué:

—No los has visto comer en serio… Además de que en estos momentos han de estar como leones, comiendo solo de las provisiones.

Terminamos de prender la hoguera y aproveché para poner a hacer palomitas. Tomé un poco de grasa y sal de las provisiones… Lo hice como me había dicho el comerciante en Portos, traté de no poner la cacerola tan cerca del fuego para que no se quemaran… De un momento a otro, las empecé a oír sonar. Me emocioné como el primer día… Después de un rato, estaban listas, me quedé orgullosa. Se veían muy bien y sabían bien también… Tal vez, hubieran sabido mucho mejor con mantequilla, pero no había forma de que pudiéramos conseguir mantequilla fresca donde estábamos. Convidé a todos… Las comí feliz, mientras veía a Grand desollar y preparar los animales con maestría… «Tal vez, sí nosotras no estuviéramos aquí… ¡Estos dos, se hubieran terminado comiendo incluso a los lobos…! ¡Jijiji!» Me empecé a reír a carcajadas, mientras me los imaginaba, pasándose uno al otro, la pierna, las costillas del lobo y los condimentos… Todos me voltearon a ver, yo con lágrimas en los ojos, dije:

—¡Jijiji! No es nada, no se preocupen, ya saben que estoy media loca… ¡Jajaja!

Cenamos a nuestras anchas… La comida se repartió, tal como lo había imaginado. Por primera vez en mucho tiempo, terminé mi porción… Yo también ya estaba harta de carne salada y comida seca… «Especialmente esas galletas secas, pareciera que las hacen de arena… ¡Qué cosa más horrible!» Todos estábamos contentos y con el estómago lleno. Grand dijo, arrojándome un pequeño saco:

—¡Arlinne!— Era el saco que Ray había encontrado en la granja abandonada, días atrás. Lo caché… Estaba pesado. Lo abrí… Tenía cuarenta y dos oros, diecisiete platas y unos diez cobres. Les dije:

—¿Lo repartimos?— Ray dijo:

—Yo no tengo necesidad de oro en estos momentos, mi parte la pueden repartir entre ustedes o guardarla para lo que ocupemos a lo largo del viaje.— Grand dijo:

—Estoy en la misma situación.— Vi a Lianne y solo movía su dedo, negando. Dije:

—Bueno… Sí nadie quiere nada. Lo guardaré para reabastecernos más adelante, cuando lo requiramos… Es un buen botín y seguro nos servirá bastante bien.— Lo guardé. Seguimos platicando otro rato y les dije a los chicos, lo que Lianne y yo habíamos platicado hace un rato:

—¡Chicos! Decidimos que el día de hoy, nosotras nos quedaremos un poco más de tiempo despiertas para que ustedes puedan dormir, al menos unas cuatro horas más. No está a discusión… Sí se niegan, nos vamos a enojar mucho con ustedes y puede que nuestra actitud hacia ustedes, cambie considerablemente…— Ray y Grand, se vieron a los ojos y Ray dijo: —Grand, ni modo, a dormir… Buenas noches, chicas.— Se fueron a recostar, mientras Lianne y yo sonreíamos, nos quedamos platicando de cualquier cosa, después de un largo rato, se levantaron y cambiamos con ellos. Me metí entre las mantas que eran de Ray y mías, aún estaba calientito, me acurruqué, pensando que estaba ahí conmigo y me quedé dormida.

Partimos a la mañana siguiente… El último tramo del camino fue bastante tranquilo… Como lo había pensado días atrás, ni siquiera parecía que esta zona estuviera disputada… Al atardecer del décimo quinto día, desde que habíamos salido de Portos, estábamos frente a las murallas del bastión de Tharosen. Ray y Grand, se adelantaron y saludaron al vigía, el cual hizo una señal para que descendieran el puente. Entramos… Se veía que hace mucho, antes de convertirse en un bastión militar, era una ciudad muy grande… Había muchas construcciones derrumbadas, pero había otras más, que se mantenían y servían de vivienda a los soldados y mercenarios ahí destacados. Había incluso algunos comerciantes que habían arriesgado todo lo que poseían y se habían asentado ahí adentro, buscando fortuna. De hecho, de no ser por las construcciones derruidas y todas las personas en uniforme, parecía hasta cierto punto una ciudad normal. Avanzamos hasta la entrada del castillo y descendieron el puente para nosotros… Pasamos y descendimos de los caballos casi en la entrada, donde un chico se acercó a Ray y Grand… Les dijo que él se haría cargo de los caballos, ellos asintieron y entramos al castillo…

Estaba completamente saqueado, con las ventanas y la mayoría de las puertas tapiadas… Caminamos hasta donde debería de estar la sala del trono, pero en lugar de un trono, había una enorme mesa con mapas y papeles regados alrededor. Un hombre se puso de pie de una silla y recibió a Ray, se presentó con él como, Karl Rudianth. Era un hombre de mediana edad y el responsable de los esfuerzos de resistencia en Tharosen. Tenía cabello negro en un casquete corto y un poco escaso de su pelo al frente, con un bigote y barba finamente arreglados… Se veía delgado para ser un hombre de armas… «¿Tal vez solo es un estratega…?» Ray nos presentó a los tres… Y el hombre se presentó ante nosotros…

—¡Mucho gusto! Soy Karl Rudianth, comandante de las fuerzas de Tharosen, las cuales son un esfuerzo combinado de lo que resta de la milicia de Tharosen y el gremio del lobo plateado. Hace mucho no hay rey en Tharosen, así que ahora solo funciona como una defensa. Tenarius me comentó en su misiva que solo sería Forthand y la señorita de Veranda, pero agradezco enormemente también a ustedes… ¿Grand Mosier, cierto…?

—Así es y esta de aquí es Mi lady, Lianne Sylverlin. Hechicera.

—Un placer. Me da tanto gusto… No solo una, pero dos hechiceras. Eso nos ayudará muchísimo en nuestros esfuerzos por liberar la zona de los invasores. Deben de estar cansados, porque no descansan. Haré que les asignen un par de viviendas en la zona cercana al palacio y que estas tengan los recursos necesarios para que puedan vivir tranquilamente ahí, mientras no estén fuera en campaña.— Ray dijo, adelantándose:

—Con solo una vivienda del tamaño adecuado, estaría bien… De ser posible.

—Está bien. Esperen por favor a las afueras del castillo, irán por ustedes para llevarlos a su domicilio. ¿Qué les parece sí descansan y nos vemos aquí el día de mañana a medio día en este mismo lugar, para explicarles la situación e intercambiar opiniones?— Todos estuvimos de acuerdo. Nos despedimos del comandante y salimos hasta la calle… El chiquillo que había tomado los caballos se acercó a preguntar si los ocuparíamos. Ray dijo: —Recuperaremos nuestras cosas de ellos y después, quedan en tus manos para que los cuides y los tengas listos cuando los requiramos.— Le lanzó una moneda de plata a sus manos… El chiquillo agradeció complacido y dijo:

—¡Así será, señor!— Fuimos, recuperamos nuestro equipo y las provisiones que sobraban y salimos nuevamente a la calle a esperar…

Después de un rato, llegó por nosotros un joven con uniforme del gremio de Ray y un mozo. Nos acompañaron un par de calles, hasta la que habían decidido que sería nuestra nueva vivienda… El hombre del gremio se despidió y se fue. El mozo preguntó, sí necesitábamos servidumbre de planta. Todos negamos y él dijo, que él se encargaría del aseo y los encargos necesarios, nos dio las llaves, nos dijo que no había agua corriente, pero que sí había drenaje. Sí ocupábamos agua, la podíamos tomar del pozo que estaba dentro de la propiedad, que no había ningún problema, era agua limpia. Él se encargaría de traer comida diariamente y de prepararla, sí así lo requeríamos… A lo cual le dijimos que sí. Nos dejó con las llaves y se ofreció a subir nuestras pertenencias a las habitaciones, pero lo detuvimos… Esta vez Grand, le dio una plata de propina y el hombre se despidió feliz, diciendo que a partir de mañana traería la comida que asignen para nosotros y que la prepararía, que si queríamos comer el día de hoy podíamos comer en el comedor de palacio, que solo lo usaban los oficiales de alto rango o comer en algún lugar en la ciudad. Había algunos comerciantes que aún se dedicaban a preparar. Le agradecimos, él se despidió y nos dejó solos.

La casa era de dos plantas… Arriba había tres habitaciones y un baño con tina. Abajo había una sala de estar, un comedor y una cocina, así como una habitación para la servidumbre. Se veía que en otros tiempos, fue la casa de una familia acomodada, tal vez no rica, pero sí holgada económicamente. Repartimos nuestras habitaciones… Yo me quedaría con Ray en la alcoba más grande, mientras Grand y Lianne, ocuparían cada uno las otras alcobas. Ray cargaba las cosas al interior, mientras yo saltaba en la cama con mi trasero… Hacia un horrible rechinido cuando se movía bruscamente y volteé a ver a Ray, con una cara de tristeza. Él rio y dijo:

—Tendrás que ser discreta, sino despertaras a los virzuks por la noche.— Sonreí… No me importaba, mientras pudiera compartir mis noches con él.

Nos acomodamos y salimos a comer… Decidimos caminar por la ciudad un rato y babosear. La poca gente que había por la calle, iba y venía rápidamente, todos se veían ocupados. Daba la impresión, que la ciudad alguna vez había sido hermosa, incluso las casas más cercanas a las murallas, se veían pulcras y bien construidas… Nos detuvimos a comer con un comerciante que tenía bastante gente alrededor, al parecer vendía pollo frito… Se me hizo agua la boca. Nos vimos entre todos, pensando cuantas piezas debíamos pedir para todos. Yo dije:

—¿Tres pollos? ¿O cuatro? ¿Cinco…?— Lianne me veía con los ojos sumamente abiertos, mientras a ellos se les hacía agua la boca… Dije:

—Cinco… Como con las liebres y así sobrará uno… Sí alguien quiere un poco más, no habrá problemas. Yo pagaré del dinero del grupo, ¿está bien?— Todos asintieron. Ordené el pollo y esperamos largo rato… Mientras, trataba de ver si había algún comercio con bebidas alcohólicas y en la esquina siguiente… Lo había. Eran artesanales, hechas por el mismo dueño del lugar, pero que más daba, no iba a encontrar una embotelladora ahí. Fui hasta allá y ordené un tonel mediano, de lo que parecía ser una aguamiel de frutas… Le hice una seña a Grand, se acercó y le dije:

—¿Puedes llevar este tonel a la casa para que podamos bajarnos el pollo?— Él saludó, como con un saludo marcial y se echó el tonel al hombro. Llegamos de regreso por nuestro pollo frito y nos lo entregaron… En total había sido dos oros… un poco caro, pero supongo que era por las condiciones del lugar.

Regresamos al anochecer a la casa y nos servimos el festín… Les dije antes de empezar a comer:

—Bien. Por fin estamos aquí. Vamos a acoplarnos un poco y ver como están las cosas en el campo de batalla. Por lo que se puede observar, la situación no es apremiante, pero supongo que el comandante ya nos informará mañana, el porqué.— Brindamos y comimos hasta hartarnos… Nos fuimos a nuestras habitaciones después de un rato.

Me fui a mi lado de la cama y me senté en la orilla… Ray se veía bastante lleno y yo también me sentía indispuesta. Le dije:

—Creo que el pollo nos ganó hoy, ¿verdad?

—Sí, peque. ¿Cómo te sientes de ánimos?

—Puedo esperar… ¿Tú?— Él asintió y dijo:

—Igual…— Los dos nos recostamos viendo al techo sobre la cama y empezamos a platicar de cualquier babosada, antes de que se nos bajara un poco para irnos después a dormir.

Al día siguiente, nos preparamos para ir a ver al comandante, salimos un poco antes de mediodía y caminamos rumbo al castillo… Entramos a la sala del trono y ya nos esperaban algunos hombres sentados. El comandante nos presentó con otros tres hombres uniformados, al parecer eran sus mariscales de campo. Una vez terminadas las presentaciones, el comandante dijo:

—La situación es la siguiente…— Todos se pusieron de pie y nos paramos frente a la mesa, donde había una representación cartográfica del campo de batalla. Él continuó:

—En este momento, ninguno de los dos bandos, tiene una ventaja considerable sobre el otro… Ellos no tienen forma de arrasar las murallas, no tienen hechiceros de su lado, ni armas de asedio, por eso es que ven que la situación es tan tranquila dentro del bastión, pero a la vez nosotros, nos encontramos en una situación similar… Cualquier avanzada que intentamos es repelida casi de manera inmediata, por lo que podríamos llamar su caballería.— Ray preguntó:

—¿Caballería…?— Todos los oficiales rieron y el comandante dijo:

—Es una forma de decirlo… A decir verdad, esta avanzada virzuk, cuenta con jinetes de lobos… Estos lobos no son animales ordinarios y hemos llegado a la conclusión que los trajeron los invasores desde sus tierras.— «¿Serán como los lobos que vimos hace unos días…? Pero esos lobos estaban realmente muy lejos del bastión…» Ray dijo:

—Sí. Los hemos visto… Rondan las montañas al sur.— Los oficiales se vieron unos a otros y el comandante dijo:

—Me temo, que algunas de las montas de los jinetes que hemos logrado derribar, han huido y hecho su hogar de algunas tierras cercanas…— Ray dijo:

—Ya veo…— El comandante continuó:

—Bien… Esa es la situación hasta ahora, pero afortunadamente estas jóvenes hechiceras están aquí y esa situación va a cambiar. En cuanto vean que ustedes pueden llover destrucción desde las murallas, saldrán corriendo despavoridos… ¡Jajaja!— Se le veía emocionado… No me daba buena espina. Volteé a ver a Lianne de reojo, ella me contestó la mirada. El comandante continuó:

—Eso no es todo… Hay algo más que debo decirles. Cuando recibí la carta de Tenarius y sabiendo que ustedes vendrían, mandé una respuesta al mismo Tenarius y a un par de autoridades más del gremio, tratando de mover algunos hilos, para que de ser posible nos reforzaran con un poco más de poder mágico… Forthand, Mosier. Ustedes saben que también contamos con una unidad especializada en las artes arcanas, pero desafortunadamente el gremio nunca quiere poner estas unidades sobre la mesa, para cualquier misión, sin importar el precio que haya de por medio. Solo se despliegan para cosas que el gremio juzga absolutamente necesario… Yo he tratado por meses de convencerlos para que nos apoyen por lo menos con un par de dichas unidades, pero hasta el momento había sido completamente inútil… Pero parece ser que Tenarius al enviarlos aquí, movió su curiosidad y decidieron mandar una unidad. En otras condiciones, solo una hubiera sido irrelevante, pero con ustedes aquí más la unidad que mande de apoyo el gremio, podríamos hacer grandes avances.— Todos los oficiales se veían complacidos y el comandante continuó:

—¡Entonces…? ¿Qué les parece, sí a su discreción, empiezan a hacer un poco de limpieza? Las podemos apoyar con caballería e infantería para sus primeros avances.— Nos volteaban a ver ansiosos… No lo soporté más y dije:

—Creo que sería un grave error hacer eso… A menos que fuera un ataque decisivo, lo único que lograríamos, es alertarlos de las nuevas capacidades mágicas de los defensores y ellos seguramente tomarían medidas… Eso no solo nos pondría en riesgo a nosotros, sino a todo el bastión.— Un par de oficiales asintieron… Pero el comandante se veía decepcionado. Aún así continué, poniendo mi mano sobre el mapa…

—¿Dónde se encuentra el líder enemigo?— El comandante recuperó su compostura y dijo: —Más adelante de esta posición… Como a diez kilómetros del bastión.— «Eso es demasiado para siquiera considerar avanzar hasta ahí, en un solo embate…» Volteé a ver a Ray y él preguntó:

—Comandante… ¿A cuánto estima que llegue el número de unidades enemigas?— El comandante acarició su bigote y dijo:

—Tal vez unos quinientos, entre infantería, jinetes y guardias de élite.— Pregunté:

—¿Y nosotros, cuántos somos?— El comandante se apresuró a decir:

—Tal vez unos ochocientos, sin tomar en cuenta a los heridos y civiles… Pero desafortunadamente, esa ventaja numérica no significa mucho. Ya que los virzuks, especialmente los jinetes, son extremadamente aguerridos y me apena decirlo, pero no somos rivales uno a uno… Es por eso que tengo tanta esperanza en sus poderes mágicos… Sí ustedes pudieran abrir una brecha en su ataque y su defensa, estoy seguro de que tendríamos una oportunidad de hacer avances significativos.— Ahí iba otra vez… «¡Qué persona tan molesta! ¿Habrá alguna vez, presenciado la hechicería siquiera…? ¿O se imaginaba que era como en las historias de fantasía…? ¡Qué solo bastaba con alzar los brazos…!» Lianne intervino esta vez…

—Será necesario que analicemos la situación con cuidado por nuestra cuenta, para llegar a la mejor alternativa.— Volví a ver el mapa, mientras una idea se formaba en mi cabeza… Cuando Lianne terminó, pregunté:

—¿Qué hay en estas áreas alrededor del campamento enemigo?— El comandante observó el lugar que señalaba con mi dedo y dijo:

—Hacia el este de su campamento, hay zonas de espesa vegetación. Hemos tratado de posicionar espías ahí, pero no logramos mantenerlos por mucho tiempo, tienen una fuerte seguridad desplegada de su parte.

—¿Y al oeste?— Él vio el mapa y dijo:

—Este flanco de su campamento es simplemente imposible de acceder para nosotros, lo único que hay ahí es un volcán, que hasta hace años aún se encontraba activo. Flanquearlos por ese lado significaría escalar la montaña y descender… O atravesar el volcán por algunas cavernas subterráneas que se encuentran en su base, de igual forma es un punto muerto para ambos bandos, porque está repleto de monstruos… Ni ellos serian tan tontos de tratar de atravesar por ese lugar.

—Mmmh… ¿Cuándo llegarían esos refuerzos de los que habla, comandante?— Él se quedó pensando un momento y dijo:

—Tal vez, en un par de días más…

—¿Los enemigos han tratado de rodear el bastión, para evitar que salgan o entren viáticos y refuerzos?

—Lo intentaron en el pasado, pero con las armas de asedio que aún están instaladas e intactas de ese lado de la muralla, además del hecho, de tener que pelear en ambos frentes. Fue demasiado para ellos y abandonaron esa estrategia.— «Parece ser que los virzuks están en unas condiciones igual de difíciles, obligados a defender esta posición por alguna razón…» Concluí, diciendo:

—Esperaremos a que llegue la unidad de apoyo de parte del gremio, para darles a conocer nuestro plan y ponerlo a su aprobación, mientras tanto nos encargaremos de visitar el frente y las murallas, sí no tiene ningún problema con eso, comandante.— El comandante se me quedó viendo, dudando de todo y dijo:

—¡Está bien…! Hagan como crean conveniente… Confió en ustedes. Cuando esté la unidad especial enviada por el gremio, los haré llamar.— Estaba claramente turbado… Nos despedimos respetuosamente y salimos…

Cuando estuvimos en la calle, todos me echaron esa mirada que no sentía desde la torre… «Me excedí por un momento y dije todo lo que opinaba… ¿Los avergoncé?» Me quedé cabizbaja. Grand rio a carcajadas y dijo:

—¡Jajaja! ¡Vaya, Arlinne! Muy bien hecho, pusiste al comandante en su lugar.— Yo musité: —Lo siento, me dejé llevar…— Ray se apresuró a decir:

—No cabe duda. Por algo eres nuestra líder. Todo lo que dijiste e hiciste, me pareció de lo más correcto, incluso robaste algunas palabras de mi boca antes que yo siquiera pudiera decirlas.— Me quedé viéndolos y dije:

—¿No están enojados, porque la simplona de su líder haya metido su cuchara?— Lianne dijo:

—Estuvo perfecto, renacuajo. Ese señor, de verdad me puso de mal humor… ¿Qué tan idiota puede ser para pensar que la hechicería va a resolver todos sus problemas…? Me pregunto… ¿Qué haría si los virzuks atacaran el bastión con sus propios hechiceros?— Dije sin dudarlo, mientras reía:

—¡Jajaja! Estaría seguramente en Portos, metido bajo su cama para el anochecer… ¡Jijiji!— Todos reímos a carcajadas.

Regresamos a la casa, la comida estaba preparada y aún caliente. Empezamos a comer, mientras platicábamos de cual podría ser la mejor estrategia para evitar la mayor cantidad de bajas de nuestro lado… Yo estaba atenta a todas sus ideas y todas tenían mérito, pero había algo dentro de mí, que me decía, que debía decirles lo que se me había ocurrido, mientras estábamos en la reunión. Respiré profundo, esperé a que todos estuvieran en silencio para no interrumpir a nadie y comencé a hablar…

—Saben… Se me ocurrió una idea, pero es un poco loca… Es precisamente por eso, que pienso, que tendría resultado… Obviamente, sí es que están de acuerdo, la podríamos ir modificando con las sugerencias de todos.— Todos se me quedaron viendo y Lianne dijo: —Solo dila, renacuajo.— Aclaré mi voz y comencé a explicar…

—¿Qué pasaría digamos…? Sí cuando estuviera aquí la unidad que va a venir a apoyar, creáramos una diversión al frente de las murallas, con la magia del hechicero en cuestión y fingiéramos una avanzada por parte de los defensores, mientras nosotros llegaríamos por el flanco oeste y sorprenderíamos al comandante enemigo… Obviamente, sé que tendríamos que atravesar el volcán y sería muy peligroso por los monstruos y eso… Además de que no tendríamos mucho tiempo para descansar y recuperarnos, pero si los defensores causan una fuerte impresión, seguramente encontraríamos al comandante rival con muy pocas defensas, sino es que ningunas… Obvio, tendríamos que partir algunos días antes y coordinarnos realmente bien, para que coincidieran los tiempos, igual tendríamos que asegurarnos que a este hechicero invitado, no se le pasara la mano, para que no los mande corriendo de regreso, porque eso sería fatal para nosotros…

Se quedaron viendo entre ellos y de vez en vez a mí… Ray dijo:

—¿No se supone, que es un lugar bastante peligroso? ¿Crees que podamos atravesarlo sin problemas?

—No, sin problemas… Eso sería mucho pedir, pero mucho más fácil que un escuadrón o un regimiento, sí. Lo malo es que sí está lleno de monstruos, pues tendríamos que pelear a muerte cada batalla y eso sería lo riesgoso realmente… Aunque, al final del día, mientras no nos sobrepasemos, siempre podríamos regresar e intentarlo otro día o idear otra estrategia. Los monstruos no van a venir a seguirnos hasta acá.— Lianne dijo:

—Sí las cosas van a peor, yo puedo encargarme de que fuera de combate, regresemos a salvo hasta aquí… Solo que el costo de eso seria, que no podamos volver a la torre inmediatamente.— Grand y Ray, se quedaron sin entender una palabra de lo que había dicho y ella amablemente, se los explicó más despacio. Yo mientras seguía pensando… Ray habló…

—¿Quieres decir, qué puedes tele transportarnos?— Lianne contestó

—Sí. Pero como ya se los dije, no es así de fácil… Solo puedo hacerlo para que regresemos a un punto en específico, que yo debo de haber designado con anterioridad, en el cual ya hayamos estado antes y sí estamos en combate o interactuando con un tercero, el conjuro no surte efecto hasta que esta interacción termine… Así que en medio del combate, simplemente no se puede hacer… Pero pienso que sí alguien resulta herido de gravedad o simplemente no podemos más, nos podría sacar de un aprieto.— Ray preguntó:

—¿Qué tipo de monstruos crees que haya ahí?— Lianne contestó:

—Lo siento… Yo no sé mucho de monstruos. La especialista en monstruos es renacuajo.— Voltearon a verme, me quede pensando un segundo y dije:

—Realmente podría ser cualquier cosa… Pero sí ni los mercenarios, ni los virzuk, se atreven a ir por ahí, deben de ser peligrosos… Probablemente monstruos que habiten lugares como ese, tal vez salamandras de fuego, sabuesos infernales, elementales del fuego o efrits, posiblemente incluso dragones…— Me vieron, boquiabiertos… Grand dijo:

—¿Dragones…?— Contesté sonriendo:

—¡Jijiji! No creo que dragones, porque sí los hubiera por aquí cerca, ya nos lo hubieran dicho… Además de que los dragones, sí son malvados, si vendrían a depredar tanto del bastión, como de los virzuks. Así que casi estoy segura que dragones, no.— Todos se vieron aliviados y Ray preguntó:

—¿Crees que pudiéramos derrotar a los monstruos de ese lugar…?

—Mmmh… No le veo problema, mientras no cometamos errores graves o nos exigiéramos de más… No debería de haber ningún problema. Bueno… Eso es en el peor de los casos, puede que solo sean hobgoblins o goblins, con uno que otro monstruo peligroso que pone a los demás a raya… La verdad solo estoy adivinando, discúlpenme… Podría ser cualquier cosa. De lo único que estoy segura, es que si fuera algo realmente peligroso, los virzuks en su vida acamparían a las afueras del volcán. Por eso imagino, que son monstruos que no salen del volcán, porque no les gusta o no pueden… Una última cosa. Esos monstruos van a ser sumamente agresivos y estoy casi segura que todos pelearan hasta la muerte, porque básicamente, estamos metiéndonos a su casa.— Ray dijo:

—Detente, peque. Entre más dices, menos me gusta tu idea… Sería ponerlo a consideración, pero pienso que primero deberíamos echar un vistazo a la muralla y al campo de batalla.— Asentí y dije:

—Sí. Lo mismo pienso yo… Vayamos ahora mismo, ¿les parece?

Llegamos a la muralla y uno de los oficiales que estaba en la reunión hace rato, nos saludó. Mientras Ray hablaba con él, me puse a babosear un rato y algo llamó mi atención… Les dije:

—Ahorita regreso, no tardo.— Fui hasta donde varios hombres del gremio escoltaban a unos prisioneros virzuks… Me acerqué y uno de ellos me dijo:

—Cuidado, señorita. Están calmados, pero con estas bestias nunca se sabe.— Los seguí por donde iban y los terminaron dejando en un calabozo, debajo de las instalaciones defensivas de la muralla. Uno de los hombres se dirigió hacia mí y me dijo:

—Lo siento señorita, esta área está fuera del límite para los civiles.

—No soy una civil… Soy una hechicera, que ha venido a unirse al esfuerzo.— Ellos se vieron los unos a los otros y uno me dijo:

—¿Es usted la señorita, de Veranda?— Asentí con la cabeza y dijo:

—Perdone su eminencia, pero es que se ve usted tan joven… Como una chiquilla cualquiera.— «¡Pfff! ¡Lo de cualquiera, estuvo de más…!»

—¿Quién me podría prestar una llave del calabozo?— Ellos se vieron, confundidos… Hasta que uno de ellos me respondió:

—¡Ah! ¿Piensa usar a estas bestias para experimentos? Adelante…— Me dio una llave… «¿Experimentos…? Lo que parece que fue usado para experimentos, es tu cabeza…» Asentí y sonreí, mientras guardaba la llave. Los acompañé de regreso, hasta la base de la muralla, vi a lo lejos al grupo y me despedí.

Llegué de regreso y tomé del brazo a Ray. Me quedé pensando… «¡Qué idea tiene la gente común sobre la hechicería…? ¿Experimentos…? ¿Cómo un investigador que ha enloquecido y decide empezar a matar individuos para desenmarañar los misterios de la vida…? ¡Jajaja!» Me comencé a reír sola, volteé hacia otro lado para disimular mis carcajadas y comencé a ver el campo de batalla desde donde estábamos parados… Además de unos cuantos rastros de las batallas anteriores, se veía de verdad tranquilo, incluso se veía que las escaramuzas cada vez eran menos frecuentes… A lo lejos, tal vez a unos quinientos metros, alcancé a ver unos puestos de avanzada virzuk y lo que parecían ser un par de lobos… Traté de fijarme en todos los detalles que podía, todo iba a ser importante, tenía que poner mucha atención y pregunté, dirigiéndome al mariscal:

—¿Por qué no han reparado las armas de asedio?

—No hay nadie que pueda hacerlo… Requerimos de ingenieros y partes metálicas pesadas que tendrían que ser fabricadas lejos de aquí y luego transportadas hasta acá… Estas armas y torres fueron destruidas cuando el reino cayó, hace ya varios años…

Después de observar todo a mis anchas, les dije a los chicos:

—¿Regresamos?— Todos asintieron… Ya estaba anocheciendo, nos reunimos para tomar algo ligero y platicamos sobre la situación fuera de las murallas… Grand dijo:

—Arlinne. Creo que después de todo, tu idea tiene bastante mérito… Sí intentamos empujar una avanzada de frente, tal vez tardaríamos meses para hacer un avance significativo y si ellos reciben refuerzos, solo se estarían perdiendo vidas valiosas…— Le contesté:

—He pensado esto hace rato… La verdad, también sería difícil para nosotros, porque no tenemos sanador y arriesgarnos demasiado, siempre será peligroso…— Ray dijo:

—La idea de pasar por el volcán es más atractiva y he pensado en lo que dijiste, Arlinne. No tendríamos, porque tener éxito a la primera tentativa… Mientras los virzuk, no se enteren del plan, podríamos volver a intentarlo hasta lograrlo.— Dije:

—Solo faltaría entonces, coordinarnos con el equipo que pueda llegar de parte de su gremio… Ray. ¿Tienes idea de quién pueda ser?

—Ni idea… De esa rama, no conozco a nadie… Solo un par de ocasiones participé con algunos hechiceros, pero no hice migas con ellos…— Continué:

—Bueno… No hay por que estresarnos… Esperemos en estos días a ver quien es, mientras afinamos los detalles.— Nos fuimos a descansar.

Me boté en la cama, descalza e hizo un ruido infernal… Ray se empezó a reír… Lo intenté ignorar y extendí mis brazos hacia él. Se subió sobre mí y nuevamente rechino muy fuerte… Hice una mueca, pero me volví a concentrar. La cosa se empezó a calentar, mi torso ya estaba desnudo y giramos hacia un lado, para yo quedar arriba de él y quitarle su camisa… Volvió a rechinar, esta vez más fuerte que todas las anteriores juntas… Me paré molesta y le dije, enojada:

—¡No vas a hacer nada…?— Él se comenzó a reír y dijo:

—¡Jajaja! Lo siento peque. Veré que puedo hacer…— Se levantó y movió el colchón para ver de donde venía el chirrido. Me calmé un poco y me empecé a sentir mal por lo que dije… Caminé hasta mi bolsa, saqué mi mantita y la extendí en el piso. Fui por Ray, lo tomé del brazo y le dije:

—Lo siento, amor. Deja ya esa mierda… Ven conmigo, te invito a mi cama, que siempre tendrá un lugar para ti.— Tomé las sabanas y las almohadas. Las acomodé en el piso sobre mi manta.

Despertamos en el piso… Yo estaba acurrucada en su pecho, él jugaba casualmente con mi intimidad… Me dijo:

—Peque. Creo que estar aquí en el piso fue mucho más cómodo que la cama, aunque no tuviera ese rechinido.

—Sí. ¡Qué porquería de cama…! Incluso sin que hagamos travesuras… Rechina como una carreta vieja y yo me muevo tanto, cuando estoy más profundamente dormida… Antier me desperté yo sola con el rechinido, sobresaltada varias veces…— Él comenzó a reír y dijo: —Sí. Me di cuenta, porque también me despertabas a mí.— Le dije:

—Hoy quiero ir a la muralla a revisar algunas cosas, me gustaría ir sola… ¿No te molesta, verdad?

—¿Por qué habría de…?

—No, por nada. Solo pensé en avisarte, regresaré antes del atardecer… No sé, sí me quieran esperar para comer.

—Yo iré a conseguir algunas cosas con el comandante. Te las mostraré por la noche.— Hice una carita tierna, le di un beso, mientras jugaba con mi dedo alrededor de sus pezones y le dije:

—¿Me llenas la tina del baño, por favor…?— Mientras parpadeaba con mis ojitos anhelantes. Él rio y dijo:

—¡Jajaja! Arlinne. Sí, con gusto…— Siguió riendo, mientras se vestía y salía de la habitación. Me vestí también y me encontré a Lianne en el pasillo de arriba. Le dije:

—Avisa a Grand, que hoy estaremos de asueto. Ocúpenlo para sus cosas personales…— Le cerré un ojito, ella se rio…

—¡Jajaja! Renacuajo, ¿qué harán?

—No estaré con Ray, ambos tenemos algunas cosas que hacer. Ya les contaremos dependiendo del resultado.

—Perfecto… Aprovecharé para preparar los detalles de algunos conjuros.

Me di mi baño de agua fría y me preparé para salir. El encargado de la casa venía llegando y le dije:

—Señor, disculpe. ¿Dónde puedo conseguir manzanas frescas?— Me dio las direcciones, le agradecí y le dije:

—Mi cama tiene un horrible chirrido que no me deja dormir, ¿podría revisarla? Y ver si hay alguna forma de quitárselo.— Él me dijo que la revisaría. Le volví a agradecer y salí corriendo.

Fui hasta el puesto de manzanas… Compré de mi dinero, como treinta piezas y me dirigí hacia la base de la muralla. Saludé a los chicos de ayer, que hacían la guardia y les dije que entraría a preparar algunos experimentos al calabozo… Se ofrecieron a acompañarme, pero les dije que sería peligroso, que mejor se quedaran ahí y entraran, sí yo así se los pedía… Estuvieron de acuerdo. Entré al calabozo. Ahí estaban… Eran como media docena de virzuks, separados en dos jaulas. Usé una magia de iluminación… Se asustaron, deslumbrados por la luz y se alejaron al lado contrario de donde yo estaba. Puse las manzanas en el piso y saqué unas cuantas… Siete para ser exacta. Se las puse a los pies de su celda, donde las podrían alcanzar sí quisieran y me senté enfrente de ellas un poco lejos, para que no me pudieran lastimar, sí se alborotaban… Todos me observaban con miedo y recelo… Tomé una de ellas y se las ofrecí… No se atrevían a acercarse, pero veían de reojo las manzanas. Les hice una seña, como para indicarles que podían tomarlas. Empezaron a hablar entre ellos en su idioma, no mucho, solo unas cuantas palabras… No se animaban, así que la que tenía en la mano, la revolví con las demás en el piso. Tratando de llamar su atención nuevamente, tomé cualquiera, me volví a sentar y empecé a comerla, haciendo sonidos de que estaba deliciosa… Dije:

—¡Ñam! ¡Qué rica y fresca, manzana! ¿No quieren? Tengo varias…— El primero se comenzó a acercar con mucho cuidado… «Parecen tan humanos… ¿Qué los traería hasta aquí…?» Empezó a acercar su mano hasta la manzana, mientras me miraba a los ojos. Le correspondí con la mirada y sonreí… Él la tomó, regresó a su lugar y la empezó a comer… Estaba muerto de hambre… «¡Pobrecitos…!»

Los demás lo vieron y se empezaron a acercar también. Todos alcanzaron una por lo menos. Me levanté, fui por más y las volví a acomodar en la misma posición. El primero ya venía de regreso, pero esta vez me arriesgué un poquito más y le ofrecí la que tenía en la mano… Yo le sonreía con mi sonrisa de tonta, algunos atrás de él, ya platicaban algunas otras palabras en su idioma. Él la tomó y se volvió a alejar, esta vez un poco menos, a devorarla… Hice lo mismo con el resto de las manzanas que había sacado, se las di una a una a cada uno de ellos. Fui por más, esta vez, el virzuk ya me esperaba en la orilla de la celda. Le volví a sonreír y le dije:

—¿Quieres más?— Y le señalé con la mano la manzana. Él asintió, se la di y murmuró algunas palabras… Dijo algo en su idioma para luego decir “bruja”. Yo negué con la cabeza y él asintió… Le dije:

—Hechicera…— Otros llegaron por más comida y el de atrás dijo las mismas palabras, para terminar esta vez diciendo:

—Bruja buena…

Les dejé el resto de las manzanas a su alcance y me senté nuevamente atrás, recargada en otra celda… Sin querer comencé a llorar… Pensé en todo lo que había perdido por culpa de ellos… Quería odiarlos, pero no podía, simplemente me sentía triste por su situación… ¿Cómo iba a poder siquiera combatir contra ellos y derribarlos, sí sentía esto dentro de mí…? Me odié a mí misma… Sería una inútil… Una carga que pondría en peligro a los demás… Pasé largo rato viéndolos comer, llorando todo el tiempo… «¡Discúlpame, Arlinne…! Por lo que te hicieron, debería de hacerlos arder vivos aquí en el mismo lugar donde están parados, pero no puedo… ¡De verdad, lo siento!»

Terminaron de comer… Uno se acercó al frente, donde estaba yo. Sequé mis lágrimas, él me extendió su mano, pero le hice una seña de que ya no había más manzanas… Seguía con la mano estirada, mientras negaba con la cabeza. Me acerqué… En su palma tenía un colgante, parecía hecho con el colmillo de un animal y un trozo de cordón… Hizo una seña, como si dijera que era para mí y solamente dijo:

—Bruja buena…— No quise defraudar su confianza, que me había ganado… Sonreí, lo tomé y me lo puse en mi cuello… Todos se pusieron contentos… Les traté de explicar con señas, que debía de irme, pero que regresaría. Apagué la luz, salí del calabozo y me dirigí hacia los guardias. Les dije:

—Terminé con los experimentos por hoy, pero tengo que dejarles un encargo. Las bestias están bajo un fuerte influjo arcano, así que deben de ser bien alimentadas y tratadas sin violencia, al menos hasta que vea los resultados del experimento. ¿Puedo confiar en ustedes para que se encarguen de eso?— Se vieron el uno al otro y dijeron:

—¡Claro, su eminencia! Nos encargaremos, que al menos en lo que termina su tarea, coman de lo mismo que nosotros, dos veces al día.— Sonreí y les dije:

—¡Gracias! Hablaré con sus superiores del gran esmero que ponen en todas sus tareas. Volveré a lo largo de estos días, para mantenerme al tanto del progreso de mi experimento.— Asintieron, salí de lugar y regresé a casa.

Cuando iba por la calle de regreso, vi a Ray frente a nuestra casa, platicando con otro joven del gremio… «¿Uno más de sus conocidos…?» Llegué frente a ellos… Era un joven extremadamente apuesto, de ojos azules y cabello castaño… Me quedé afuera, por curiosidad. Ray dijo:

—¡Ah! Mira. Te presento a mi pareja, Arlinne de Veranda.— Yo saludé un poco sonrojada… —Hola.— Pero para mi sorpresa… Una voz hermosa y femenina, salió de aquel joven…

—¡Ah! Ray. Ya veo… ¡Qué galante! Te conseguiste un pequeño tomatito.— Empezó a pellizcar mis mejillas… Y agregó:

—¡Mira! Hasta tiene como sus hojitas que salen de su cabeza.— Me avergoncé y di un salto para atrás. Ella se soltó su cabello… Era largo y hermoso. Dijo:

—Mucho gusto, pequeño tomatito. Mi nombre es Miranda Desner.— Me quedé muda… Era una mujer hermosa… «¿Hay mujeres mercenarias…?» Cargaba una espada larga en su cinturón… «¿Además es una espadachín, como Ray…?» Me llené de repente de celos… Conociendo a Ray y su definición de demasiadas mujeres… ¿Qué tenía que ver ella con él? Sin quererlo me puse roja, roja de la cara y ella empezó a reír…

—¡Jajaja! Mira, incluso tiene el color, que tierna.— Volvió a pellizcar mis mejillas… Yo ya estaba a punto de reventar, pero no quería hacerle una grosería a Ray. Él entendió y dijo: —¿Mira, estarás mucho tiempo aquí en el bastión?— Ella contestó, soltando mi rostro: —Pues… Parece que sí. Me asignaron con un grupo especial, para dar apoyo por aquí. No tengo idea de cuando pueda regresar a otras tareas con mi grupo.— A Ray, se le iluminó la mirada… «¡Pfff!» Volví a sentir que me moría y él dijo:

—Parece ser que nos veremos bastante seguido por aquí entonces…— Ambos rieron como coordinados. Pensé en salir corriendo, pero por un momento, mi subconsciente me dijo… «No, él es tuyo, quédate y aguanta». Lo abracé y sonreí tiernamente… Ella entendió el mensaje y dijo:

—Está bien. Te dejo para tus asuntos, nos estaremos viendo por aquí…— Me pellizcó el cachete una última vez… Sonrió y le guiñó el ojo… «¡Pfff! ¡Perra…!» Se alejó diciendo: —Adiós, tomatito.— Me esperé a que estuviera fuera de nuestra vista y le dije, serena:

—¿Así qué eso era lo que tenías que hacer hoy…?— Él como que quería empezar a explicar, pero yo lo solté y me fui a la casa sin siquiera voltearlo a ver…

Llegué a la casa y me metí a la habitación… Pensé en cerrar con seguro, pero me detuve y recapacité… «¡No! Deja que se explique, sí no te satisface su explicación… Que duerma en la sala o con su querida Miranda». Me senté en la cama a esperarlo… Me di cuenta que ya no rechinaba. Él entró a la habitación y dijo:

—¿Todo bien, peque?

—Sí. Todo perfecto… ¿Tú qué tal, amor?— Él cerró la puerta y se fue a sentar conmigo a la cama. Yo paseaba mi mirada en todas direcciones, menos en dirección de la suya. Suspiró y dijo:

—Arlinne. Entiendo que estés molesta, pero déjame explicarte.

—Adelante…— Me tomó de los hombros… No resistí más y volteé a verlo a los ojos… Él me vio y dijo:

—¿Por qué estás llorando? ¿De celos? ¿De coraje…?

—¡De celos…!— Él comenzó a reír y le dije seriamente:

—¿Esa fue tu explicación…?— Dejó de reír, volvió a suspirar, tomó mi rostro y me dijo, viéndome a los ojos:

—Arlinne, no seas celosa. Ella solo es una compañera, nunca ha habido nada entre nosotros dos, ni cama, ni nada por el estilo.

—No te creo…— Volví a quitar mi mirada de la suya. Pensé, llorando en el interior… «¡No se me vaya a pasar la mano en el berrinche! Sino, tal vez… ¿Pueda perderlo?» Él se veía triste, pero volvió a suspirar y con su mano, volvió a tomar mi rostro, para decir:

—¿Por qué no me crees?

—Sí tú hubieras estado ahí en mi lugar, te hubieras dado cuenta fácilmente que sus miradas echaban chispas cuando se encontraban…— Él se sinceró un poco más y dijo:

—Alguna vez hace años, pensé lo mismo que estás pensando ahora…— «¡Ahora lo admite!» Comencé a llorar nuevamente, pero él me paró de golpe y dijo:

—Ya no te hagas más daño tú misma… No seas celosa. Lo nuestro fue imposible desde el principio…— Y dije, todavía sollozando:

—¡Ah, si! ¿Por qué?— Él se quedó mudo un rato y después dijo:

—Porque a ella, le gusta lo mismo que a mí…— Me quedé extrañada y dije:

—¡Peor aún…! ¿Por qué no te sinceras de una vez?— Él puso su dedo en mis labios y dijo: —Termina de escucharme, por favor.— Me calmé un poco y le dije:

—Está bien, discúlpame. Te escucho.— Él tomó aire y dijo:

—Te digo que lo nuestro fue imposible desde el principio, porque a los dos nos gustaba la misma cosa… A los dos, nos gustan las chicas.— Me quedé helada… Todos mis celos se convirtieron en pena. Me sentía miserable por el berrinche que le había hecho a Ray y le dije:

—¡En serio?— Él asintió con la cabeza y dijo:

—Sí, peque. ¿Ya te puedes calmar por fin un poco? Sí acaso, el que se debería de sentir celoso, soy yo… Mientras te acariciaba estos cachetitos.— No sabía ni que decir… ¡Qué mal quedé ante Ray, por nada! Volví a empezar a llorar, diciendo:

—¡Lo siento! ¡Qué estúpida! Mis celos me acabaron… Te juro que de ahora en adelante, los controlaré mejor… ¡Te prometo que no volverá a pasar!— Me deslicé por la orilla de la cama para quedar a sus pies frente a él y le dije:

—¿Me perdonas?— Él empezó a reír otra vez y dijo:

—Peque. No cabe duda, que eres una fuente interminable de emociones… ¡Jajaja! Ya deja de llorar. ¿Está bien? Y ni siquiera pienses en ello, te perdono.

Fin del Capítulo 7.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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