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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - Capítulo 8: Capítulo VIII: Aventura.
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Capítulo 8: Capítulo VIII: Aventura.

Capítulo 8.

Tocaron a la puerta de nuestra habitación… Yo aún seguía en shock por todo lo ocurrido y de seguro, era un desastre. Ray me hizo una seña con la mano y me refugié en la cama. Él abrió la puerta… El señor que se encargaba de la casa le dejó una nota y le dijo que había arreglado el rechinido de la cama. Por lo demás, también le preguntó sí estábamos a gusto. Ray dio las gracias y dijo que revisaríamos más tarde. El señor se despidió y Ray volvió a cerrar la puerta. Me sequé las lágrimas como pude con la sabana de la cama y me senté, en lo que Ray leía la nota… Me quedé esperando a que dijera algo, hasta que él dijo:

—Arlinne. Parece ser que ya llegó al bastión, el equipo que estábamos esperando… El comandante quiere vernos mañana a medio día.

—Sí…— Él se me quedó viendo y luego dijo:

—Arlinne. Te quiero mucho, no debes de ser tan celosa… ¿Quieres que hablemos de cómo te sientes?

—Ahora, ya no me siento mal por los celos, sino por la escena que te hice y el mal rato que te hice pasar… No quiero hartarte y que te alejes de mí, pero simplemente reaccione de esa manera… No me detuve ni un momento a pensar en nada… Lo siento.

—Te entiendo… Sí hablamos las cosas, es más fácil que nos entendamos. ¿Quieres hablar de por qué te dieron celos desde un principio?

—Es obvio, ¿no? Tengo miedo de que te aparten de mi lado… Cuando trato de compararme con las mujeres que muestran interés en ti, simplemente pierdo a la primera, porque ni siquiera soy una mujer de verdad…— Me quedé callada y cabizbaja después de decir eso. Él se acercó y me abrazó tiernamente para luego decir:

—Para mí, lo eres. ¿Qué eso no te importa?— Se me iluminó la mirada y le dije, mientras lo veía a los ojos:

—Sabes qué eso no es cierto…

—Pues… Tal vez no en todo el significado de la palabra, pero dentro de esta relación, ese es tu papel. Creí que estábamos de acuerdo con eso desde un principio.— Volví a secar mis lágrimas, asentí y le dije:

—¡Sí! Tienes razón, disculpa… El pensar menos de mí, te afecta directamente a ti también, trataré de manejarlo mejor. Gracias por ser tan paciente.— Sonreí nuevamente.

Bajamos a cenar algo tarde… Todos estaban ahí. El señor había preparado una especie de caldo con carne y vegetales, nos dejó la cena y se despidió. Me apresuré hasta él y le agradecí por haber arreglado la cama y le pregunté cuanto le debía… Él dijo que los repuestos los había tomado de otros sitios, que solo su trabajo, que eran dos platas. Le di cuatro y le agradecí mucho. El señor se fue contento. Regresé a la mesa, ya todos estaban sentados. Fui a mi lugar y Lianne me jaló como si fuéramos a la cocina. Me dijo:

—Renacuajo… ¿Todo bien? Tienes los ojos hinchados.

—Sí. No te preocupes, ya estoy mejor. Ray ya me levantó el ánimo.— Sonreí, ella asintió y ambas nos fuimos a sentar a la mesa… Platicamos de que tendríamos que ir a la reunión el día de mañana… Les pregunté:

—Voy a exponer nuestra estrategia el día de mañana, ¿todos de acuerdo?— Todos asintieron. Le dije a Lianne:

—¿Podremos regresar en una emergencia?

—Sí.

—Sería bueno que prepararas hechizos de hielo, tanto defensivos como ofensivos…

—Está bien… Renacuajo… ¿Tú también lo notaste el día que peleamos contra esos muertos vivientes, verdad?— No supe ni que decir… Solo contesté:

—La verdad… No sé ni de que estás hablando… ¿Notar qué…?

—Parece ser, que los anillos que nos dio el maestro, no solo cumplen la función de un anillo del enlace común y corriente…— Me quedé igual y solo atiné a decir:

—¿Ah, no?

—Tal vez fue solo una coincidencia, pero creo que estos anillos, no solo nos afectan a los portadores del anillo, sino a todos los que estamos en el grupo.

—¿Afectarnos? ¿De qué manera?

—Sí. Parece como sí todos compartiéramos el efecto de cada anillo… Como si en lugar de estar emparentados de dos en dos, los cuatro estuvieran emparentados.— Me sentía como una tonta, así que lo confesé y le dije:

—Disculpame, Lianne. No tengo ni idea, de que efecto tienen los anillos, más allá de ser conmemorativos.— Ella respiró profundamente…

—Muy bien. Se los explicaré, porque ir más lejos sin saber todos los recursos a nuestro alcance, sería una tontería… Estos anillos comparten un conjuro de enlace con ambos propietarios. Es decir, si uno de ellos recibe un conjuro defensivo, el anillo se encarga de compartirlo con el otro portador. De igual manera, sí alguno de los dos portadores realiza magia ofensiva, el otro no se verá afectado por el efecto de esta y así sucesivamente.— Me quedé asombrada y dije:

—¡Ah! Es como un ritual de enlace…

—Así es, pero eso no es todo… Los anillos que nos regaló el maestro, parecen ir más allá aún. Y estoy casi segura, que el efecto lo compartimos los cuatro.— Todos estábamos asombrados. Ella continuó:

—Sería cuestión de hacer algunas pruebas… ¿Están de acuerdo?— Todos asentimos. Después de cenar salimos a la calle y Lianne dijo:

—Ray, Grand. Pueden sacar sus armas, por favor.— Ellos así lo hicieron y luego me dijo a mí:

—A ver, renacuajo. Lanza un hechizo al arma de Ray.— Para ir practicando, decidí darle propiedades heladas… Cuál sería mi sorpresa, las armas de ambos tomaron el efecto… Desenvaine mi espada y esta, también lo tenía… Todos la vimos asombrados. Ella dijo: —¡Sabía qué tenía razón…! Lo noté cuando peleamos contra los muertos vivientes. Una disculpa, pero el hechizo que lancé… Lo lancé en medio de los cuatro, en circunstancias normales, por lo menos Ray y tú se hubieran tenido que quitar, pero era demasiada coincidencia, que ni siquiera una sola roca hubiera ido en su dirección… Lamento no haberles avisado ahí, pero afortunadamente no hubo la necesidad.— Me le quedé viendo y le dije:

—¡Qué fea…! Me querías descalabrar…— Ella dijo, riendo:

—¡No! ¡Jajaja! Les iba a avisar que se hicieran a un lado, pero cuando vi que los empezó a ignorar el efecto, ya no dije más.

Regresamos a la casa y todos nos fuimos a nuestras habitaciones. Me saqué la ropa y me metí en la cama, tratando de hacerla sonar… Nada, ni un solo rechinido… Brinqué ligeramente, nada… «¡Perfecto! ¡Ahora sí, a dormir!» Ray me veía y dijo:

—¿Todo mejor, peque?— Solo lo vi apenada y le dije:

—Mmmh… Aún siento un poco de remordimiento por haberte hecho pasar un rato tan amargo… Lo siento, te lo compensaré…

—No te preocupes.

Nos fuimos a la cama y nos vimos a los ojos… Como que no estábamos de mucho humor para nada… Tal vez era mi culpa por amargar la tarde. Él solo me abrazó y después de un rato nos quedamos dormidos…

A la mañana siguiente me miraba al espejo… Veía las puntas de mi cabello… «Hace mucho tiempo que no lo arreglo, supongo que tendré que pedírselo nuevamente a Lianne, como siempre…» Terminé de cepillarme y nos preparamos para ir al palacio. Salimos todos juntos de la casa y caminamos hasta estar frente a la sala del trono. Yo estaba nerviosa… «¿Y sí el hechicero que vino hasta acá es una persona intransigente y no quiere hacer las cosas a nuestra manera…? Ya pensaré en algo…» Entramos a la sala de reuniones…

Cual sería mi sorpresa… Miranda, la amiga de Ray, estaba ahí, acompañada de una chica como de mi edad. Vestía el mismo uniforme del gremio, pero en lugar de pantalones, traía una larga falda del mismo color negro, con estoperoles y correas plateadas alrededor de todo su largo. Su casaca era más corta, a la cintura y mangas completas, igual adornada con cadenas plateadas donde deberían de ir los botones. Ella tenía un largo pelo rizado y crespo de color negro, con un tono muy raro… A la vista de una luz prominente, despedía tonos azul metálico. Era linda del rostro y se le veía una cara muy apacible, como si emanara tranquilidad… «¡Qué chica tan linda…!» Volteé mi mirada abruptamente después de verla, como si algo en ella, me hubiera llenado de vergüenza… Regresé inconscientemente a buscar sus ojos… Me los encontré de frente y me sonrió discretamente… Me sonrojé… «¡Qué rayos fue eso…?»

El comandante nos intentó presentar, pero Miranda tomó la iniciativa. Ella dijo:

—Mucho gusto en conocerlos. Mi nombre es Miranda Desner y ella es su eminencia, lady Analena Mirent.— «¿Analena…?» Todos nos presentamos… Por alguna razón, me puse aún más nerviosa… Cuando fue mi turno, Miranda me veía con una sonrisa de oreja a oreja… Como pude me presenté y al terminar, Analena se puso de pie y saludó sonriendo sin decir palabra. El comandante dijo:

—Lady de Veranda, confiamos en que tenga lista una estrategia, como lo acordamos…— ¡Era una situación horrible…! Entre la pretensión del comandante, la mirada de Miranda y esa nueva emoción, que había llegado por primera vez a mi corazón… Respiré profundamente y asentí. Dije:

—¡Sí, así es…!— Les empecé a platicar mi estrategia y todos los puntos necesarios a considerar… Lo traté de hacer lo más segura de mí misma… Al final, todos se quedaron pensando… Era un momento incómodo, pero… Analena jaló del pantalón a Miranda y ella bajó hasta la altura de su cara para escuchar lo que tenía que decir, directamente a su oído… Miranda interrumpió el incómodo silencio y dijo:

—Comandante. Mi lady tiene un problema y necesita algo de beber que sea dulce, podría ser tan amable de mandarlo traer, pero me apena mucho decirle… Podría usted, supervisar su preparación, supongo que entiende las causas de esta petición.— El comandante se quedó perplejo y dijo, como a un perro que han regañado por subirse a la cama:

—Entiendo…— Miranda agregó

—La verdad, en la única persona que podemos confiar es en usted y mi lady, está muy apenada… Espero no le moleste.— Él contestó:

—Está bien. Regreso en un instante, mientras tanto piensen que opinan de la estrategia de lady de Veranda.— Salió de la habitación y en cuanto estuvo fuera, Miranda atrancó la puerta con un par de sillas. Ella empezó a reír y dijo:

—¡Jajaja! Ahora… Con ese incordio fuera del camino, dinos tomatito… ¿Crees en verdad qué ustedes puedan atravesar la montaña?— Mi nerviosismo no cedió del todo… En parte por lo que me había dicho Ray el día anterior y porque al final me di cuenta, que el foco de su atención particular no era Ray, sino yo… Dije:

—Sí. Creo que podemos atravesar y aún tener fuerza para pelear contra el líder enemigo… Sí en dado caso las cosas van a mal, podemos comunicarnos con ustedes de alguna manera y volverlo a intentar en otra ocasión. No es como que haya algo apremiante.— Miranda se puso seria por un momento y dijo:

—No me lo tomen a mal. No me interesa en lo más mínimo, lo que les pueda pasar a ustedes ahí dentro… Sería triste como toda perdida, pero no dejaré que pongan en peligro a mi lady Mirent.— Por un momento sentí una extraña corazonada y después lo pensé claramente… «¡Son pareja…? ¡Si! Seguramente lo son…» Para calmarla, le dije:

—No te preocupes, no pensamos ponerlas en riesgo. Si no logramos nuestro objetivo, nos comunicaremos para que no comiencen un ataque… ¿Les parece bien?— Ella me vio aún molesta e iba a comenzar a decir algo, cuando Analena se puso de pie y dijo, con una voz muy bajita:

—Está bien. Me parece una idea perfecta. Será la mejor manera de que se pierdan la menor cantidad de vidas en el campo de batalla. Trataré de llenar sus expectativas para hacer lo mejor posible y no tengan que lidiar con los enemigos, mientras atacan su campamento principal.— Terminó de decir eso y sonrió, yo le sonreí de vuelta… Todos nos miraban, me puse nerviosa nuevamente, después de sonreírle a la cara… Miranda suspiró y dijo:

—Está bien. Trato hecho… Y por favor. Ray y tomatito, sean precavidos… ¿Cuándo lo intentarán por primera vez?— Volteé a ver a los demás y les dije:

—¿Pasado mañana les parece bien…?— Estuvieron de acuerdo. Miranda volvió a preguntar: —¿Cuánto tiempo creen tardar ahí dentro?

—Mmmh… Pienso que por lo menos doce horas y máximo cuarenta y ocho… Sí después de ese tiempo no les avisamos que estamos del otro lado… Es que ese intento fue un fracaso.

Quedó decidido. Miranda quitó las sillas y un par de minutos después, regresó el comandante con una jarra de limonada y vasos. Él preguntó que es lo que habían decidido y ellas dijeron estar de acuerdo, mientras bebían la limonada tranquilamente. El comandante se puso feliz, porque al final vería algo de esa acción mágica de la cual estaba tan henchido su corazón. Todos quedamos de acuerdo en la hora y lo necesario.

Nos fuimos de regreso por las calles cercanas al palacio… Acompañamos a Miranda y Analena hasta la casa que les habían asignado en la ciudad. Me fijé muy bien donde era… «Hay tantas cosas que quiero preguntarles… ¿Me pregunto sí tomarán a mal, mi intromisión en su vida privada…? Pero… De verdad necesito preguntar a alguien en una situación similar a la mía, muchas cosas que tengo en la cabeza… ¿Qué debo hacer?» Nos despedimos y nos fuimos nosotros a la casa a comer y terminar de preparar los detalles.

Por la noche, le pedí al mozo si podía conseguirnos un barril metálico… Él de inmediato supo para qué lo quería, parece ser que no era la única con esa idea… Lo trajo de inmediato, como en una hora en una carreta. Le volví a dar su propina y le dije que si lo podía poner en la parte de atrás, donde no hay vista a la calle… Quedó todo dispuesto. Le dije a Ray, sí me podía ayudar. Él juntó lo necesario para el fuego y empezó a encenderlo. Cuando estuvo todo listo, me metí por completo en el barril… «¡Qué delicia!» Sin decirle nada, Ray se puso a lavar mi espalda. Yo le dije:

—Ray. ¿Te molestarías, sí mañana voy a la casa de las chicas y paso con ellas un rato…?— Ray se vio sorprendido y dijo:

—¿Pasar un rato…?— Inmediatamente, me di cuenta de mi pobre elección de palabras y lo arreglé, diciendo:

—Solo platicar, mal pensado… Nada más que eso.

—¡Jajaja! Yo creí que ya había despertado tu interés, Mira, con sus atenciones.— Comencé a reír también y le dije:

—No. ¡Jajaja! Solo es que quiero preguntarles algunas cosas privadas… Sé que está mal de mi parte entrometerme, pero igual tengo la necesidad…

—¿Por qué habría de molestarme? No te preocupes, ve. Solo no te dejes engatusar tan fácilmente… ¡Jajajaja!— Me molesté por su reacción y le arrojé agua a la cara. Dije:

—¡Bobo…! ¿Qué clase de persona crees que soy?— Seguimos jugando un rato más y al final, él también se dio un baño. Terminamos, lo vaciamos y lo volvimos a llenar. Le avisamos a Grand y a Lianne, por si lo querían usar también y nos fuimos a nuestra habitación.

A la mañana siguiente, dejé dormido a Ray y salí temprano. Tenía varias cosas que hacer ese día… Lo primero era conseguir algo de comer, pensé en el pollo frito, pero seguramente era muy temprano por la mañana. Buscaba lo que fuera, debía de haber cosas para desayunar y al final encontré a un comerciante que vendía unas empanadas muy parecidas a las que comí con Ray en Portos, pero más pequeñas. Decidí comprar catorce de ellas, me las envolvieron para llevar y me marché hacia las murallas.

Saludé a los guardias y les pregunté como iban las cosas. Ellos dijeron que habían hecho como se los había dejado indicado. Les agradecí y les dije lo mismo que la anterior vez. Entre sola… Los prisioneros virzuks me vieron y se pusieron contentos, los saludé con gestos y les comencé a repartir la comida. Me senté a verlos comer… Ya se veían mucho menos hambrientos que la vez anterior que estuve aquí. Me alegré mucho e irremediablemente volví a pensar… «¿Por qué es que pelean…? Algo debe estar de por medio, para que ellos tomen la decisión de abandonar su hogar y atacar a las personas… Al verlos con detenimiento… Son tan humanos…» Algo hizo un clic en mi cabeza… ¡No es que parecieran humanos, es que en verdad, lo eran…! Mi mente se empezó a hundir en una infinidad de razonamientos… «¿Por qué terminaron bajo estas circunstancias…?» No eran como los elfos, que parecen humanos, pero tienen manerismos diferentes y diferentes edades de evolución… Los virzuks definitivamente debían de ser humanos, se les notaba en su forma de hablar entre ellos, en su manera de comer, en la composición de su cuerpo… Es como si viera a niños varones pequeños, comer y arrebatarse la comida, mientras bromeaban.

Me acerqué a la jaula y el que me dio el pendiente, se acercó a mí después de comer. Le pregunté… «Digo… No espero, que me conteste o al menos, no que yo lo entienda…» Pero aún así lo hice y pregunté:

—¿Por qué vienen a la guerra? ¿Qué no tienen familia? ¿Hogar? ¿Qué es lo que pasó…?— Obvio, él no entendió las palabras, pero de lo que estoy segura, es que entendió que le estaba preguntando algo, por el tono de mi voz y tal vez por la empatía que había entre nosotros… Balbuceó en mi idioma:

—Tierra muerta. Espíritus ausentes…— Me alejé un poco de la jaula y me quedé pensando… «¿Tierra muerta, espíritus ausentes…? ¿Qué significa eso…? ¿Seria que algo destruyó sus tierras y los obligó a atacar la muralla? Pero sí tenían la fuerza para destruir la muralla… ¿Por qué no usar esa fuerza desde un principio para defender sus tierras?»

Estaba logrando un avance, pero mientras no aprendiera su idioma o encontrara a un virzuk que supiera el mío, no llegaría a una conclusión… Se me ocurrió por un momento algo descabellado, como tratar de enseñarles mi idioma… Sí eran humanos, seguramente lo podrían aprender y en poco tiempo, eso además probaría mi teoría, pero después descarté esa posibilidad, era una necedad de mi parte… No importa, estaba segura de que con el tiempo llegaría a la clave de todo el asunto… Me despedí y salí a mi segundo destino…

Ya casi era medio día… Busqué a algún comerciante que vendiera postres o dulces. Algo así debía de haber… Encontré a una señora que vendía una especie de budín. Lo probé y estaba bueno. Le pregunté, cuanto tiempo duraba sin echarse a perder… Y ella me dijo que un par de días… Le dije que me sirviera cuatro porciones y que me las envolviera para llevar. Así lo hizo y de ahí salí a mi siguiente parada.

Llegué hasta la puerta de su casa… Me metí por la reja y frente a la puerta de madera, toque… «Espero que estén en casa…» Después de un rato de tocar, escuché la voz de Miranda…

—¿Qué pasa? ¡Ya voy, qué bien chingan…!— «Espero no haberlas interrumpido en un momento íntimo o algo especial… Bueno, ya estoy aquí y no me voy a ir, hasta que consiga lo que quiero…» Abrió la puerta y se sorprendió de verme parada ahí. Vestía un pantalón corto y una playera holgada de algodón. Dijo:

—¡Tomatito, que sorpresa! ¿Vienes a verme?— Asentí con la cabeza y ella dijo:

—¡Qué atrevida! ¡Jajaja! Creí que después de tu escena de celos, ya Ray te había dicho de que se trataban las cosas…— Asentí apenada y ella sonrió, diciendo:

—¿Y aun así, estás aquí tú sola? ¡Jajaja! Pasa, adelante.— Le agradecí y entré hasta lo que era su comedor. Analena estaba sentada a la mesa. Vestía una falda larga color rojo y lo que parecía un suéter tejido color amarillo… «¿Cuántos años tendrá? Se ve de mi misma edad… ¿Le gustaría a ella, alguien como yo…? Otra vez… En que rayos pienso, tengo cosas más importantes». Miranda dijo:

—¡Mira, Ana! Quien nos vino a visitar, es el tomatito…— Analena me sonrió y me dijo: —Hola…— Me cerró un ojito… «¿Qué había sido eso…?» La saludé también. Miranda me ofreció sentarme… Yo recordé lo que había comprado y les dije:

—Les traje un presente por la intromisión…— Les di el paquete, Miranda lo abrió apresuradamente y dijo:

—¡Ana, es budín de Saria, tu favorito!— Ambas me agradecieron y Miranda se sentó frente a mí con los pies sobre la mesa. Dijo:

—¿Y bien? ¿Qué te trae por aquí?— No sabía como preguntar, era demasiado para una segunda vez que nos veíamos, pero apreté el estómago, me di valor y empecé a articular… —Verán… Sé que les parecerá muy raro, pero quiero preguntarles algo a ustedes… No espero que entiendan la razón de porqué y espero no ofenderlas… Pero de verdad necesito hacerles algunas preguntas…— Se vieron extrañadas, la una a la otra y Miranda dijo:

—Pregunta entonces, tomatito. Pero sí te pasas de la raya, te golpearé.— Asentí como aceptando sus condiciones. Ella quedó más extrañada aún y dijo:

—Pues entonces pregunta… Me estás asustando.— Yo les dije:

—Ustedes son como, hechicera y caballero, ¿verdad?— Ambas se volvieron a ver la una a la otra… Miranda se empezó a molestar y Analena río discretamente… Miranda dijo, molesta:

—¿Así qué de eso se trataba…? La respuesta que buscas es… ¡Sí! Sí esa era tu curiosidad, ahora está satisfecha…— Ella iba a continuar, pero Analena estiró su mano hacia ella, deteniéndola… Volví a tomar valor, pero Miranda ya estaba más enojada y como que iba hacia la puerta para abrirla y echarme… Me apresuré a decir:

—No lo malentiendan… No soy una morbosa, que quiere meterse en la vida privada de los demás… Lo que realmente pasa, es que yo estoy en una situación muy similar a la que se encuentran ustedes dos…— Miranda se calmó un poco y nuevamente se volvieron a ver la una a la otra. Dije:

—Sé que no se ve a simple vista, pero…— Miranda se paró junto a mí a observarme con detenimiento por todas las partes de mi cuerpo y mi rostro… Se detuvo un momento en mis ojos y dijo:

—¡No me digas, qué…?— Empezó a bajar su mano y sin vergüenza lo apretó… Ella hizo una cara de sorpresa… En mi mente me sentía avergonzada, pero por una extraña razón, que no entendí en ese momento, me interesó ver la reacción de Analena… La volteé a ver, sus ojos cambiaron por completo… «¡Qué reacción es esa…? ¡Qué vergüenza…!» Miranda lo soltó y con esa misma mano, tapó su boca y comenzó a reír, diciendo:

—¡Jajajaja! ¡Ray, eres un pillo!— Yo estaba muy avergonzada… No tuve opción y les platiqué mi condición, obviamente era imposible esconderla ya. Ambas escucharon atentamente hasta la última palabra, para al final rematar, diciéndoles:

—Es por eso… Que no tengo mucha confianza en mí misma y les quería hacer unas preguntas.— Ambas por fin habían entendido a la perfección. La cara de Miranda se enterneció y Analena seguía sorprendida… Miranda dijo:

—Ya sé a lo que te refieres y lo único que te puedo decir es… Que no debe de importarte en lo más mínimo, lo que piense el resto de la gente. La gente suele rechazar este tipo de situaciones, porque simplemente no conocen el amor verdadero… Solo se enamoran de la idea de formar una pareja, pero no de ella. Se enamoran de la idea de formar un hogar o tener hijos, pero la pareja con que lo hagan, al final es trivial. No dudo que haya gente verdaderamente enamorada allá fuera, pero de lo que si estoy segura, es que la gente que conoce el amor, lo entiende tal y como es, por eso no le doy la más mínima importancia.

Me senté una vez más y le dije:

—Sí, pero no solo es eso, también tengo muchas dudas…— Analena se paró de repente y dijo con una voz muy suave y tierna:

—Ya vuelvo…— Subió las escaleras corriendo. Miranda me seguía dando ánimos… Después de un rato, Analena bajó nuevamente con un paño, unas tijeras y dijo:

—Mira… ¿Por qué no, vas a comprar algo de beber al pueblo y de paso, fumas un cigarro o dos, en lo que platico con nuestra invitada?— Ella entendió y dijo, apretando mis cachetes: —No te vayas, tomatito. Regreso en un rato.— Miranda abandonó el lugar y Analena se colocó detrás de mi silla, me acomodó el paño en mi torso y empezó a acariciar mis mejillas, para después comenzar a despuntar mi pelo, arreglándolo mientras decía:

—Arlinne. No debes de preocuparte, sé cuales son cada una de tus dudas y te digo que yo las tuve algún día también, hasta que comprendí una cosa muy importante… El amor no es una cosa de hombre y mujer, sino una cosa de dar y recibir. Uno tiene la función de dar ese amor y el otro de recibirlo y hacerlo florecer, sin importar el sexo de ese individuo. Yo sé que te sientes triste, porque nunca podrás tener un hijo del amor que sientes por Ray… Eso te apena mucho y te hace sentir menos… Pero te aseguro, que sí Ray, ya te acepto tal y como eres, él no busca que hagas florecer su amor de esa manera.— Me quede pensando un momento… «¡Ella tiene razón…! Estoy segura, que lo que sentimos el uno por el otro, es amor verdadero… Entre nosotros nunca ha habido un acuerdo, ni nada de por medio, siempre entendimos que él daría y yo recibiría. Aunque ambos en el fondo fuéramos chicos… Pero… ¡Qué ha sido esa caricia de hace un momento…! Sus manos son tan suaves y delicadas, además cuando se paró cerca de mí… Ese aroma tan lindo… Como a… ¿Jalea de frutas…?» Ese aroma, jamás lo podría volver a sacar de mi mente… Le dije, regresando a la realidad:

—¿Y entonces…? ¿Cómo hago florecer su amor para que él se dé cuenta que estoy haciendo mi parte?— Ella rio suavemente y dijo:

—Yo pienso que ya lo haces… Y estoy casi segura que él se da cuenta y te lo agradece. —¿Cómo…?— Ella se paró frente a mí, para peinarme y arreglar mis flecos. Dijo:

—Yo pienso que tú haces florecer el amor que te da Ray, haciéndolo feliz a él y a los demás que te rodean, con esa dulce sonrisa… De esa misma forma, lo haces sentir completo y satisfecho.— Mi rostro se iluminó y dije:

—¡Tú crees?

—Estoy segura.— Sin querer por un momento, volteé a ver sus pechos, que recién me habían rozado por la espalda al peinarme… «¡Qué lindos…!» Solo me dejé llevar por lo que hacía y mientras terminaba con mi pelo, dijo:

—Te contaré algo… Pero no se lo digas ni a Mira, ni a Ray, por favor.

—Está bien.

—Cuando Mira regresó antier por la tarde, me contó de su encuentro con Ray y después contigo. Me dijo que le parecía completamente increíble, la forma en que Ray estaba perdidamente enamorado de ti… Al grado de que se había convertido en tu caballero y la forma en que lo decía con orgullo. El cambio que tuvo de ser una persona que no movía un dedo, sí no había oro de por medio, a la forma en que era hoy en día y que en el fondo sentía un poquito de celos de ti… Que si hubiera sabido que Ray podía llegar a ser así, tal vez hubiera considerado no rechazarlo en el pasado.— Me quedé perpleja y una alegría invadió todo mi interior. Ella terminó y salió a sacudir el paño al jardín, de regreso me dio un espejo… Me había dejado hermosa, con todo y sonrisa incluida.

Miranda regresó en un rato, nos encontró a Ana y a mí, platicando y riendo de cualquier cosa… «Me siento tan a gusto con ella… ¿Por qué…?» Miranda me vio alegre y se dio cuenta de que se había arreglado mi problema. Me despedí de ellas, ya era un poco tarde. Me dijeron que debíamos cuidarnos mucho, que era algo muy peligroso lo que íbamos a hacer y que sí necesitábamos ayuda de último minuto, estaban dispuestas a ignorar el plan y acompañarnos a limpiar una ruta a través de la montaña para después hacer como lo habíamos planeado. Yo les dije que confiaran en nosotros, que no tenía la más mínima intención de morir ahí, ni mucho menos dejar que uno de mis amigos lo hiciera. Me despedí de ellas y me fui corriendo a casa…

Mientras corría, pensaba… «Creo que ya está bueno de lloriqueos… No puedo pasarme la vida insegura… Mucho menos, hacer que Ray se preocupe, porque siempre soy un mar de lágrimas. Es momento de reflejarle de vuelta todo el amor que me da y que se dé cuenta, cuanto bien me hace en verdad. El primer paso es mostrarme segura de mi misma y de lo que siento. No cabe duda, el dar y recibir, no tiene nada que ver si eres hombre o mujer… Siempre he pensado que si Arlinne siguiera con vida, seguramente estaríamos juntos y seguramente el que recibiría seguiría siendo yo. Supongo que me hubiera tocado recibir, sin importar mi identidad sexual. ¡Jijiji!»

Entré en la casa, todos estaban en el comedor… Yo dije:

—Lo siento, se me hizo algo tarde… ¿Me extrañaron?— Ellos dijeron que me estaban esperando… Me alegré, sonreí y corrí a mi lugar.

Grand empezó a servir la cena… Repasamos todos los puntos de nuestro plan. Todos quedamos convencidos, pero aún quedaba algo por discutir y ese era el momento. Les dije:

—Sé que no es algo que quieran escuchar, pero… ¿Están conscientes de que siempre las cosas pueden terminar muy mal…? Lo único que quiero decir, es que será peligroso, no quiero que nada horrible nos vaya a pasar, a ninguno de nosotros… ¿Están seguros de que quieren, qué sigamos en esta loca aventura juntos…?— Todos estuvieron de acuerdo y prometimos cuidarnos los unos a los otros.

Entre a la habitación y esperé a Ray, para cerrar la puerta… Él empezó a hacer su rutina de antes de irse a la cama. Yo le buscaba la mirada sentada en la cama… Él por fin volteó, me miró a los ojos y se acercó a sentarse a mi lado… Lo veía con unos ojos diferentes, seguros… Él aún estaba un poco molesto por lo que había pasado hace días… No lo culpo. Lo abracé, mientras lo veía a los ojos y le empecé a besar su rostro… Después de un rato le dije:

—Gracias, mi amor… Por ser tan paciente conmigo.— Mientras seguía sonriendo… Poco a poco, le empecé a contagiar mi estado de ánimo…

Esa era mi obligación dentro de nuestra relación, por fin lo había entendido… No era solo tenderme en la cama y dejarlo que él hiciera lo que le viniera la gana… Poco a poco con mis acciones y mis gestos, lo puse del humor adecuado para ese momento, nos volvimos a amar como el primer día…

Quedamos tendidos, cada quien de su lado de la cama. Me giré y me recargué en su pecho, mientras lo acariciaba y besaba con ternura… Esa ternura, que solo la persona que recibe, puede dar en agradecimiento al otro. Él dijo:

—Peque… Te veo mucho mejor. ¿Se puede saber de qué hablaste con Mira y su pareja?

—Las dos ayudaron, pero básicamente fue una plática de chicas, entre Ana y yo… Y no, no puedes, porque como te lo acabo de decir, fue una plática de chicas.— Le sonreí y me quedé recargada en su pecho. Le dije, mientas jugaba con su torso con mis dedos:

—¿Qué opinas de Analena…?— Él me observó de una forma rara y dijo, después de un silencio:

—¿Te gusta? ¡Jajajajaja!— La sangre se me fue a la cara y le dije:

—¡Cómo puedes pensar eso, mientras estoy contigo aquí en la cama…?

—No le veo nada de malo… Es una chica muy linda, pienso que si no estuvieras en la situación que estás… Sería exactamente tu tipo… ¡Jajaja!— Me quedé ofuscada y él dijo: —Calma… Te quiero mucho, no me pondré celoso por algo como eso.— Me cubrió con sus brazos como si me protegiera y agregó:

—Está bien, no importa… Lo que importa, es que te veo mucho mejor.

—Sí…— Apagué la luz.

Nos preparábamos a la mañana siguiente… Decidí llevar mi ropa color azul. Acomodé mi armadura, cheque todo dos veces, al terminar, me vi al espejo y por un momento, pasó por mi mente… «¿Y sí empezará a usar maquillaje…? Aunque sea un poquito, nada especial… No estaría mal…» Ray tocó mi hombro y me dijo:

—Arlinne. Ponte tu sobreveste, por favor.

—Pero… ¿Quieres que sude como un marrano…? Va a hacer mucho calor ahí dentro.

—Sí. Por favor, póntelo.— Volví a argumentar:

—Pero… Ya llevo mi armadura debajo de la blusa.

—No importa… Y sí no quieres que te consiga una armadura media de placas ligera como la mía, póntelo.— «¡Buuu!» No podía alegar… Además, armadura pesada no me dejaría hacer mis payasadas en combate… Le dije:

—¡Qué malo…! Está bien…— Abrí mi portal, saqué el de color azul y me lo traté de acomodar… Él fue a mi espalda y lo empezó a acomodar y abrochar de las correas… Le dije: —No tan apretado…

—No es ni más, ni menos apretado. Tiene que ir exactamente como es, para que no te estorbe, ni quede flojo.— Terminó y se me quedó viendo… Dijo:

—Tal vez, no te quedarían mal tampoco, unas rodilleras de cuero reforzado y por lo menos una tiara o un medio casco en la cabeza…— Le dije molesta:

—No me empieces a llenar de porquerías… La mitad de mi defensa en combate, es que me pueda mover…

—Las rodilleras y la tiara, te dejarán mover.— Me cansé del argumento y dije:

—¡No está a discusión!— Salí de la habitación.

Decidimos ir a pie hasta allá. Principalmente, porque no habría forma de hacer que regresaran todos los caballos… Tomy podía regresar, pero los caballos de la torre no tenía ni idea, de si podían hacer algo así y para no complicarlos, lo hicimos de esa manera. Estábamos ya, a las faldas de la montaña… Efectivamente ya estaba sudando y muerta de calor… Pero, ni modo. Sí pensaba estar metida en situaciones peligrosas, tenía que acostumbrarme a usar o dos capas de armadura ligera o armadura mediana como la de Ray y Grand. Aunque conocía magia defensiva, estar en combate cuerpo a cuerpo, siempre es peligroso. «¡Qué envidia…! Lianne solo con su túnica…» La volteé a ver… Ella también, ya venía echando la tripa de fuera… «¡Jajaja! Eso te pasa por no hacer esfuerzo físico… Espero que resista…» Ella también, venía vestida de color azul, con una toga nueva, de cuello más alto, sin capucha, con bordes de color blanco y un cinturón del mismo color… Se veía hermosa, de no ser, porque ya parecía que la habían correteado.

Llegamos hasta la entrada de las cavernas… Eran muchas, podría ser un laberinto dentro. Decidimos descansar algunos minutos fuera. Grand se había ofrecido a cargar una bota de agua grande, como las que traíamos en los caballos, se la acomodamos alrededor de su cuerpo de forma que no le estorbara. Ray dijo:

—¡A ver! Joven de las bebidas, pase por este lado.— Grand empezó a reír a carcajadas y fue hasta el lugar. Bebimos un poco y yo bromeando, le empecé a soplar aire a Lianne, ella me dijo:

—¡No seas payasa, renacuajo! Estoy bien…

—¿Segura? ¿Segura?

—Sí. Todo bien…

Nos alistamos nuevamente y todos me voltearon a ver… «Sí fuéramos un grupo respetable de aventureros, traeríamos un sanador y un rastreador… Aquí solo estoy yo, para hacer mal ambas cosas…» Les hice una seña de que me esperaran ahí… Fui hasta las entradas de las cavernas, puse a trabajar mi cabecita y a revisar las entradas… En algunas de ellas, había huellas pequeñas que entraban y salían… «¿Goblins?» Las otras no tenían nada… Era una apuesta peligrosa, pero… Bajé de un salto y les dije:

—Iremos por la más alta y ancha de las cavernas, la que está pegada al lado izquierdo de la montaña, mirándola de frente desde donde estamos.— Todos me hicieron caso, sin siquiera preguntar el porqué. Antes de entrar, les dije:

—Esta es una guarida de criaturas pequeñas, muy probablemente goblinoides. Escogí esta ruta por ahora, porque de seguro, los goblins pueden cruzar la montaña de ambos lados, pero no seguiremos esta ruta todo el camino, ya les explicaré más adelante porqué… Voy a iluminar el lugar, no quisiera, pero lo necesitamos para ver las trampas que habrá a lo largo del camino… Tengan cuidado y si ven algo que no hayamos visto los demás, díganlo inmediatamente.

Nos adentramos en la caverna, conmigo por delante. El lugar olía muy mal, lo que me daba la confianza de que estaba en lo correcto. Me iba moviendo lento, tratando de ver cada detalle en el piso, el techo y las paredes de la caverna, hasta que de pronto la vi… La primera de la que seguramente serian muchas… Les hice una seña para que se detuvieran. Me tiré al piso, palpando con mis manos adelante de mí, antes de avanzar un poco más, hasta que llegué al que parecía ser un pozo cavado artificialmente y cubierto con alguna piel de animal llena de polvo y tierra para esconderla… Soplé el polvo con mi boca… No paso nada… Seguí con mis manos quitándole la tierra de encima, hasta dejar a la vista la piel… ¡Olía horrible…! La jalé con mucho cuidado desde atrás hasta que el otro extremo cayó en el pozo y quedó completamente al descubierto… Para mi sorpresa, al momento que la piel estuvo completamente fuera de lugar, a dos pasos adelante de donde terminaba el pozo… Dos rejas hechas con palos afilados chocaron una contra la otra… «Supongo que esa era por sí alguien se salvaba del pozo…» Me incorporé y caminé con cuidado, rodeando el pozo, saqué un cuchillo de mi equipo y corté las cuerdas que sostenían las rejas a la pared, mientras me recargaba con mucho cuidado, pegada a la pared izquierda. Les volví a hacer una seña y me adelanté otro poco… Conté diez metros con mis pies, después de la última trampa, revisando todo… «Nada más…» Regresé hasta donde había descolgado las rejas y les hice una seña para que pasaran.

Seguimos en silencio, aún teníamos la sorpresa de nuestro lado. Buscaba y buscaba, hasta que vi otro par de rejas y oí unos gruñidos adelante… Saqué una tiza color blanco y marqué el lugar para estar segura. Regresé hasta ellos, que me seguían unos pasos atrás y les dije, bajito:

—Ahí adelante están los primeros… Desafortunadamente no soy rastreadora, así que… Sí activo la trampa que está justo adelante de donde dejé la marca, se darán cuenta de que estamos aquí… No puedo hacerlo en silencio, lo siento. ¿Sugerencias?— Ray dijo:

—¿Estás segura de que solo son goblins?

—No…

—Pienso que lo más importante es que la trampa, no nos haga daño… ¿Puedes ir, activarla y cuando vengan a investigar, los emboscamos?— Algo se me ocurrió y dije:

—Puedo hacer algo mejor que eso… ¿Quién se encargará de ellos?— Ray se iba a ofrecer, pero Lianne se adelantó y dijo:

—Aquí es muy angosto para que se pongan a jugar a las espaditas… Déjenme a mí. Asentí y les dije a los chicos:

—Quédense atentos, por si algo sale de lo planeado.

Nos acercamos hasta la trampa, estaba cubierta con pieles de animales a los lados… Le dije a Lianne:

—Agáchate y espera a ver lo que voy a hacer…— Ella se pegó a la pared de mi lado, terminé el conjuro de luz y corté solo una de las cuerdas de las rejas… Lo que invariablemente provocó que se activara… Al momento que chocaron, emití un grito de dolor:

—¡Aargh! ¡Ayúdenme, por favor! ¡Auxilio, aaargh!— Seguí gritando… Los chicos ya venían, pero los toqué del pie e hice un silencioso:

—¡Shhhh…!— Alcancé la reja con la mano y la moví, como si estuviera atrapada en ella, mientras seguía gritando…

Las pequeñas bestias veían en la oscuridad, pero estaba preparada para ellas… De repente, oí sus sucias patas doblar en nuestra dirección a través del pasaje de la caverna… Esperé un par de segundos y usé nuevamente mi conjuro de luz, exactamente frente a ellos… Todos quedaron cegados por ella… Eran unos cinco de ellos, todos goblins de tono sucio verdoso… Antes de que pudiera decir algo, Lianne lanzó un hechizo de fuego que explotó exactamente en medio de todos… Pobres bestias, ni siquiera alcanzaron a gritar. Yo me apresuré y mandé mi conjuro de luz por el pasillo, le hice una seña a los chicos para que me siguieran y corrimos juntos, siguiendo la luz hasta una pequeña cámara… Solo había una pequeña bestia más… Iba a comenzar a correr, pero Grand tomó su hacha y la arrojó con todas sus fuerzas al pobre infeliz. El hacha se lo llevó a lo largo de su viaje, hasta que quedó clavada en la pared… Revisé el otro lado de la cámara, no se oía nada, ni se veía nada adelante… Suspiré y les dije:

—Me dan agüita… ¡Hace mucho calor!— Descansamos un par de minutos, mientras bebíamos. Después de pasar un trago, les dije:

—Vamos bien, pero tomaremos una desviación… No podremos atravesar por sus madrigueras, seguramente son demasiados y el lugar será muy angosto.— Grand, me dijo: —Arlinne. ¿Por qué sabes tanto de monstruos, sí nunca habías sido una aventurera, ni nada por el estilo?— Yo le dije, apenada:

—Lo que pasa es… El hechicero tiene una cuantiosa colección de libros de todo tipo y mi segundo tipo de libros favoritos son los bestiarios…— Lianne rio y dijo:

—¡Jajaja! La hubieran visto cuando era aún una niña. Llegaba a la cama por la noche, después de haber leído esos libros todo el día sin parar y con una sobredosis de azúcar en su sangre… Se la pasaba toda la noche queriendo contarme de los monstruos y todos sus hábitos… ¡Jajaja!— Le dije, molesta:

—¡Sí y tú eras fea…! Ni siquiera me ponías atención, me dejabas ahí, hablando sola como sí fuera una loca.— Todos rieron a mis costillas.

Seguimos nuestro camino… Habíamos pasado algunas bifurcaciones, pero después de revisarlas todas, una por una, no eran lo que buscaba… Ya llevábamos un rato dentro, tal vez unas cuatro horas, hasta que llegamos a una cámara de roca… Les dije:

—Guarden silencio… Parece que nos acercamos a nuestra desviación.

Nos quedamos encaramados en la entrada, para ver lo que pasaba dentro, pero no había nada, ni nadie… Aproveché para buscar por trampas nuevamente y una vez más… Encontré. Esta vez en el centro de la cámara… No sabía a ciencia cierta de que se podía tratar, pero sé que se trataba de algo que caía del techo, sí pisábamos unas finas cuerdas alrededor de la cámara… Les dije:

—Una trampa más y la misma situación… Puedo activarla, pero no puedo desarmarla.— Se me quedaron viendo, mientras pensaban… Oímos ruidos venir del pasillo que salía de la cámara, apagué la luz nuevamente y les dije, bajito:

—¡Shhhh…! Esperemos a ver que hacen, pero es muy probable, que vengan hacia acá…

Esperamos un momento y los ruidos se acercaban. Les dije:

—No hay tiempo, tenemos que volverlos a emboscar. Por favor, no se paren en el centro de la cámara, voy a intentar ir corriendo a activarla a propósito, cuando estén ellos parados sobre ella, porque ellos saben de donde se activa… Pero lo que no saben, es que les caerá encima, sin haberla activado.— Esperé a oírlos lo más cerca que pude, imaginándome su posición dentro de mi cabeza…

Use la luz y nuevamente los sorprendió su resplandor, corrí hasta la cuerda más cercana y la corté… Una red llena de piedras, cayó sobre su cabeza. Esta vez eran más, tal vez unos ocho… En cuanto los chicos se dieron cuenta de que la trampa se había activado, corrieron hasta la red y los empezaron a masacrar… Saqué mi espada y vi que un par de ellos se habían salvado de la red… Arremetí contra el más cercano y lo atravesé con la espada en el pecho, el otro se disponía a correr, pero un hechizo de proyectiles que lanzó Lianne, se lo fue llevando por el aire con cada explosión y contacto de cada uno de ellos.

Cuando todo terminó, les dije:

—Ya no hay tiempo para ir en silencio, apresurémonos… Sí seguimos mucho tiempo en un solo lugar, cada vez vendrán más… Y sí… Sé que parecen inofensivos, pero no quiero que nos vayamos a equivocar.— Salimos apresuradamente de esa cámara de piedra natural y llegamos a un pasaje de la caverna, esta vez más angosto. No teníamos mucho tiempo, me fijaba en todos lados… Buscaba otro pasaje que comunicara con este… Entonces lo vi, en el techo de la caverna. Un pasaje trabajado artificialmente, con loza y piedra caliza. Les dije: —¡Aquí es…!— Los goblins ya sabían que estábamos aquí y empezamos a oír sus chillidos de disgusto, venir en todas direcciones… Tenía que pensar rápido… «¿Cómo puedo hacer…?» Y se me ocurrió… Dije:

—Lianne, Ray. ¿Pueden cubrirnos? Necesito que Grand me ayude en algo.— Ellos gritaron: —¡Sí!— Le dije a Grand:

—¿Me puedo subir en tu escudo y lo puedes alzar, lo más alto que puedas en la dirección de ese pasaje en el techo?

—Claro.— Los goblins ya llegaban, en cantidades que aumentaban con el paso del tiempo. Ray se los quitaba en grupos con su espada, tratando de cubrir el frente y a Lianne, que estaba exactamente enfrente de Grand. De repente, dejaron de llegar… Les dije, mientras calculaba:

—¡Van a empezar a arrojar flechas, piedras e incluso puede que bombas incendiarias! No se distraigan…

Me concentré y canalicé mi hechizo de salto. Le hice una seña a Grand, él puso su escudo en el piso y me senté sobre él. Él lo cargó con mucha facilidad y lo alzó por encima de sus hombros… Cuando estaba lo más alto que podía, me puse de pie con cuidado, calculé bien la distancia… «¡No estarían mal esas rodilleras de cuero que dijo Ray…! Espero no rajarme las rodillas…» Brinqué con toda mi fuerza, para tratar de caer parada en la parte de arriba del pasaje… Hice todo mi esfuerzo y lo logré… No había nadie a mi alrededor… «¡Perfecto!» Saqué mi cuerda, me acomodé al filo del pasaje, acostada… La descendí y grité:

—¡Lianne, sube!— Ella corrió hacia la cuerda, mientras Grand se unía a Ray en el frente para cubrirnos de la lluvia de cosas que ya volaban por los aires… Le dije:

—Vas a tener que hacer un esfuerzo… No creo tener la fuerza para subirte.— Lo intentó, pero iba muy lento…

Sin soltar la cuerda, hice un esfuerzo por acomodar mi cuerpo para quedar sentada. Puse mis rodillas adelante y la traté de subir con todas las fuerzas que tenía… Hasta que por fin, vi su mano. La sujeté y con todas mis fuerzas me dejé ir para atrás… Estaba arriba. Ahora Ray… Descendí la cuerda nuevamente y grité:

—¡Ray!— Ellos se miraron, mientras retrocedían aun defendiéndose hacia la cuerda. Lianne lanzó un hechizo sobre mí y dijo:

—Es un conjuro de fuerza, deberíamos tener todos el efecto…— Asentí y jalé a Ray, con la ayuda de Lianne… Lo subimos rápido… Venía lo más difícil, pero ya estaba Ray con nosotros. Grité:

—¡Grand, toma la cuerda!— Él ya estaba junto a ella… Les di una señal y empezamos a tirar entre los tres. Lo subimos, pero las flechas y las piedras empezaron a pasar por el pasaje que habíamos subido… Solo les dije:

—Hagámonos un poco para un lado…— Después de un rato, se cansaron y dejaron de insistir. Con nuestra luz artificial, los revisé a todos… A Grand, lo había herido una roca en la pierna… No era la gran cosa, pero aun así decidí sanarlo. Él dijo:

—No es necesario, Arlinne. No te agotes, es solo un rozón.

—Nada de eso… Es cosa de nada, pronto estarás mejor…— Lancé mi conjuro de sanación y sin mucho esfuerzo, quedó como si nada… Solo la ropa de su pantalón un poco rasgada. Seguí buscando más heridas en los demás… Todos estábamos bien, me tendí en el piso y les dije:

—Denme cinco minutos…

Me reincorporé… No fueron cinco, fueron como veinte minutos. No importaba, íbamos con buen tiempo. Les dije:

—¿Aún queda agua?— Grand, me dijo:

—Sí, bastante.— Aproveché para decir:

—Este es un buen lugar por si tienen alguna necesidad personal, lo hagan, tal vez después de este descanso, ya no podamos detenernos.— Lianne se veía intranquila y le dije:

—No te apures, no creo que nadie sea un fisgón. Puedes hacerlo en esa esquina, donde no da la luz, todos nos voltearemos.— Moví la luz un poco al otro lado y fue a hacer sus cosas… Los chicos ya estaban meando en el agujero por donde habíamos subido. Empecé a reír…

Bebimos y descansamos unos minutos más. Les dije:

—Es hora de continuar, estén atentos. Aquí es donde empieza el verdadero peligro.

Caminamos por el pasillo hasta una cámara labrada… Todo estaba construido, parecía el trabajo de enanos… Probablemente, enanos de fragua, que hace mucho habían abandonado este lugar. La cámara estaba al descubierto y por los bordes de las marquesinas de los pasillos, se podía ver hacia abajo… Me asomé, cual sería mi sorpresa, hasta el fondo había lava hirviente… «¡Sí que el volcán está activo…! Tal vez por eso lo abandonaron…» Caminamos por el pasillo del corredor por donde habíamos subido, hasta unas escaleras. Les hice una seña de que bajaríamos por ahí… Seguía marcando con la tiza blanca, todos y cada uno de los pasos que dábamos. Llegamos hasta la planta de abajo y casi al borde de donde terminaban las escaleras, una enorme roca bloqueaba el camino. A los pies de la roca, una montaña de huesos… Todos nos sobresaltamos… Me acerqué a tentarlos, parecía que todos eran de goblins… Les dije:

—Necesitamos mover esta piedra… Tan solo lo suficiente para que podamos pasar por aquí, en caso de una emergencia. No iremos aún por aquí, de poder evitarlo. Tampoco se preocupen… Los goblins no nos seguirán…— Señale los huesos en el piso y rematé diciendo:

—Es muy probable, que ellos mismos hayan sellado esta entrada.

Movimos la roca entre todos, aún con el efecto del conjuro de fuerza de Lianne. Lo suficiente hasta donde cupiera el más grande de nosotros que era Grand. Volvimos a subir las escaleras y continuamos en la misma dirección, donde encontramos las escaleras… Hasta que nos encontramos con una disyuntiva… Había escaleras hacia abajo y adelante, tres plataformas suspendidas a una distancia de unos siete metros, una de otra. Al parecer, se requería que bajáramos una especia de puente levadizo o una plataforma o algo así, para seguir en esa dirección. Pero no se veía nada a la vista… Era demasiado riesgoso, aunque los ayudara con mi hechizo para saltar… Sí se equivocaban sería fatal, sin mencionar que seguro Lianne, ni con hechizo podría pasar por ahí… Serían las escaleras entonces…

Lianne me dijo, mientras bajábamos:

—¡Pfff! Renacuajo… Por un momento, pensé que nos harías saltar…— Le dije, riendo a carcajadas:

—¡Jajaja! Lo pensé… Pero aún tenemos necesidad de ti. ¡Jajaja!— Le sonreí directamente a su rostro… Me volví a poner seria y le dije:

—Lo peor, es que sí ese no es el camino, tendríamos que saltar de regreso…

Cuando bajamos, me di cuenta de que todo el lugar estaba iluminado por una luz mágica continua… Terminé mi conjuro de luz. Estábamos en una cámara completamente iluminada, tal vez un lugar para mercaderes o un evento público. En ese momento, escuchamos un aullido… Se me erizó la piel y les dije:

—¡Atentos!— Canalicé mi conjuro de arma mágica con propiedades de hielo y me apresuré para canalizar un conjuro de protección contra el fuego… Me dio un bajón, como si toda la sangre de mi cabeza, se fuera de golpe a los pies… Estaba llegando a mi límite y seguramente no íbamos ni a la mitad del camino, pero no podía detenerme por eso… Tendría que esforzarme más, mucho más…

Segundos después, los vimos corriendo hacia nosotros… Tres grandes perros de color negro obsidiana, con pelaje aceitoso y brillante: Les dije:

—Son casi inmunes al fuego y su saliva es combustible al contacto del aire. ¡Tengan cuidado, no les den cuartel!— Ray dijo, sorprendido:

—¡Escupen fuego?

—¡Sí!— Tomé mi espada con las dos manos y enfrenté a uno de los tres, mientras Ray y Grand, hacían lo mismo y Lianne se quedaba atrás…

Lo ataqué con mi espada con un tajo directo, pero era demasiado rápido para mí… Intentaba pescarme de una de mis extremidades cada que fallaba un tajo… Para empezar a escupir en mi dirección… «¿Por qué a mí…?» Como pude, me rodé en dirección contraria a las llamas… Volteé por un momento para ver a Ray y a Grand, no les estaba yendo mucho mejor que a mí… Hasta que Ray se paró por un momento y cuando su can se dispuso a saltar sobre él, escupiendo en todas direcciones al mismo tiempo. Ray lo alcanzó con un tajo de lleno en su vientre con el encantamiento de hielo en su espada… La bestia cayó, perdiendo su balance y gimiendo al piso… ¡Le había dado de lleno y no había sido suficiente para matarlo…? Inmediatamente, Grand lo intentó rematar en el piso y su pesada hacha cayó, chocando al piso, como sí quisiera partir el piso en dos. Un golpe brutal… La bestia volvió a gemir de dolor y su sangre botó en todas direcciones, pero aún así se rodó en su eje y se puso de pie, sangrando, para continuar peleando…

Los otros dos caninos, acudieron en la ayuda de su compañero, ignorándome por completo… Cuando ambos se le iban a lanzar al unísono a Ray, flanqueándolo por ambos lados… Dos lajas de hielo, golpearon a cada uno al mismo tiempo, sacándolos de balance y botándolos al piso en su mismo lugar… Al herido, también le venía una roca encima, pero se alcanzó a quitar de último momento… Sin pensarlo dos veces, cuando lo vi esquivar la magia de Lianne, salté sobre él, con toda mi fuerza, para caerle encima, como sí lo fuera a montar… Me sujeté de su cuello, mientras él volteaba, tratando de alcanzarme con sus fauces… Lo apuñalé, una y otra vez con mi espada con toda mi fuerza, gritando:

—¡Muérete ya, cabrón!— Gemía y gruñía ferozmente, hasta que a los dos se nos fue acabando la fuerza. Por fin, me vi en el piso, encima de él… «¡Pfff! Uno menos…»

Ahora las bestias me venían a mí, que estaba en el piso… Como pude me arrastré como un gusano, rodando hacia los chicos y justo a tiempo, Grand llegó y paró la embestida de ambos con su escudo… Al sacarlos de balance, quedaron inertes por un par de segundos y Ray aprovechó… Se puso en posición. Era el mismo corte con el que me había rescatado del rey esqueleto en Tsun… Dejó salir todos los cortes a una velocidad impresionante, ni siquiera me di cuenta de cuantos eran, pero una ventisca de hielo y hierro, los golpeó de lleno. Grand hizo lo propio y mientras estaban recibiendo los impactos, estiró todo el largo de su arma y al finalizar los cortes, los zambutió una y otra vez con su hacha en el piso… Por sí no fuera poco, Lianne les dejaba caer rocas de hielo, una tras otra… Yo estaba sentada en mi trasero, con las piernas a mis lados tratando de incorporarme… Dije, gritando:

—Creo que ya fue suficiente…— Los gemidos de las bestias, ya no se escuchaban… Se detuvieron… Los chicos se veían agitados y Lianne muy asustada…

Me quedé ahí por un rato, en lo que ellos recuperaban el aliento… Me fui parando de poco a poco, ya estaba muerta de cansancio, pero sí demostraba que lo estaba, insistirían en regresar, así que con todo el dolor de mi corazón, me levanté al fin y como sí nada, empecé a revisar a los chicos por heridas, todos se veían bien. Fui a ver a los perros… Estaban muertos los tres.

Me eché agua en la cabeza y en el rostro… Hacía mucho calor, con todo y mi conjuro. Les dije, ya con mi aliento en mi pecho una vez más:

—¿Listos para continuar…?— Me voltearon a ver, mientras también se refrescaban. Ray dijo:

—Arlinne. ¿Crees que haya más de estas bestias adelante…?

—Probablemente…— Los chicos se vieron, el uno al otro y Grand dijo:

—¡Excelente! Hace tanto tiempo tenía ganas de una verdadera batalla.— Ray le contestó: —Tienes razón, Grand. Tanto comer y dormir, ya nos estaba volviendo perezosos.— «Bien… Ahora solo falta, Lianne…» La volteé a ver… Seguía asustada, no lo mostraba, pero yo la conocía bien… Le dije:

—¿Lianne, todo bien? ¿O ya quieres irte a sentar a la silla del maestro?— Me dijo, cambiando el semblante de su rostro y riendo:

—¡Jajaja! No, renacuajo. Sí me voy, ¿quién llevará de regreso tu cuerpo inerte ante el maestro?— «¡Perfecto! Aún estamos cuerdos».

Sacamos nuestras deliciosas, secas y saladas raciones… Empezamos a mascar, mientras caminábamos por el pasillo que salía de esa cámara… Fácilmente ya nos acercábamos a la marca de las ocho horas o tal vez más, había perdido el sentido del tiempo. Le pregunté a Lianne, mientras marcaba la pared con la tiza:

—Lianne… ¿Qué hora crees que sea?— Ella pensó y dijo:

—Tal vez, esté terminando de anochecer o tal vez un poco más…— Asentí con la cabeza y seguimos vagando por los pasillos un largo rato… «¡Qué extraño…! No se ven muebles, ni restos de decoraciones, ni nada… ¿Por qué…?»

Seguimos caminando por el lugar que creía el adecuado… Volvimos a subir unas escaleras. Parece ser que era el otro lado de donde estaban las plataformas que habíamos visto con anterioridad y había una especie de mecanismo, pegado en una esquina en el piso del pasillo. Les dije:

—Espérenme en las escaleras…— Fui a revisar el mecanismo… Era una especie de sistema de poleas. Jugué con ellas por un rato, tratando de averiguar, sí servía para que pudiéramos atravesar las plataformas de regreso, por si había la necesidad… No lo entendí y decidí mejor dejarlo por la paz…

Regresé hasta los chicos y seguimos por el pasillo de arriba… En eso, una brisa fresca, sopló entre las rendijas de la pared natural de la caverna que servía de bóveda para aquel lugar. Les dije, respirando el aire fresco de la noche:

—¡Ánimo! Ya estamos cerca…— Cuando terminé de decir eso… Todos escuchamos como el sisear de una serpiente, pero mucho más fuerte. Hacia cada lado de nosotros, venían un par de grandes humanoides, de la cintura para bajo con el cuerpo de una serpiente y su rostro con facciones combinadas de las dos… Eran salamandras. Teníamos una delante y una detrás. Les dije:

—Son salamandras de fuego, tengan cuidado… Son extremadamente fuertes.— Ray dijo: —Cuando dijiste salamandras en la casa, hace unos días… Pensé que te referías a alguna especie de lagarto…— Le dije, riendo:

—¡Jijiji! ¿Y, no…?— Me puse detrás de Ray y Grand cubrió la retaguardia, cubriendo a Lianne.

Nuevamente canalicé mi conjuro de arma mágica y me preparé para apoyar a Ray. Ambos traían enormes tridentes que ardían al rojo vivo… Se quedaron a unos metros de nosotros y en lugar de atacarnos, comenzaron a canalizar un conjuro… Me puse nerviosa y grité:

—¡Lianne!

—¡Está bien!— Ambas salamandras, lanzaron brillantes bolas de fuego hacia nosotros…

Me concentré en una fracción de segundo, esperando a que terminaran y viniera hacia nosotros el fulgurante orbe… Lancé mi conjuro de barrera y Lianne hizo lo mismo. Yo rogaba… «¡Por favor, barrerita, no me falles! Ya una vez lo hicimos bien, por fis…» Explotó frente a nosotros… Los cuatro estábamos ilesos. Los chicos, ya bien coordinados con nosotras, esperaron justo el momento exacto que terminara la explosión y se lanzaron hacia el frente chocando sus armas contra los enormes tridentes de las salamandras… Grité:

—¡Tengan cuidado! Los tridentes los querrán aprovechar para desarmarlos.— Alcancé a oír algunas palabras que salían de la boca de Lianne, pero no entendí nada de lo que dijo… Parece ser que le daba instrucciones a Grand. Mientras tanto, Ray forcejeaba con la salamandra frente a nosotros…

Estaba muy desgastada, pero debía apoyar a Ray con magia. No cabíamos los dos en el pasillo para hacerle frente a la salamandra al mismo tiempo y sí me paraba junto a él, solo nos pondría en riesgo a ambos. Volteé por un segundo… Lianne canalizaba una magia de hielo, que envolvió a la Salamandra por completo y lo comenzó a congelar en algunas partes de su cuerpo… Justo cuando terminó, dijo:

—¡Ahora, Grand!— Grand se lanzó corriendo a toda velocidad, como si fuera a arrollar a la bestia. Hizo contacto… El hielo que la sujetaba voló en pedazos y la salamandra salió volando fuera del pasillo, al fondo de la caverna…

Me concentré… Ray también se veía agotado y estaba casi segura, que era cuestión de tiempo para que la bestia sacara de balance a Ray. Lancé mi conjuro de cadena de relámpagos, era mi conjuro más fuerte, debía de servir de algo. Los relámpagos golpearon a la bestia uno tras otro, pero apenas sirvieron para hacerla retroceder un par de metros… Al menos, eso daría un respiro a Ray, para recuperar su balance. Grand ya venía en nuestro apoyo, le gritó a Ray:

—¿Puedes pasarte atrás de ella?— Ray contestó:

—Sí me cubres, mientras lo hago, tal vez…— Grand con cuidado me hizo a un lado y pasó delante de mí…

En ese momento, Ray se metió ágilmente entre el flanco izquierdo de la bestia, dándole un tajo al mismo tiempo para defenderse, pero la bestia se dejó golpear sin bloquear el ataque con tal de tener la oportunidad de golpearlo de vuelta… Lo iba a alcanzar, pero Grand la golpeó con su escudo, como alguien que abre una puerta, azotándola con toda su fuerza.

La bestia quedó aturdida por un instante… Ray aprovechó para atacarla por la espalda y encajó su espada en la parte baja del torso de la salamandra, mientras tanto Grand la empujaba con su escudo hacia Ray con toda su fuerza, como sí la quisieran emparedar… Entonces, lo vi una vez más, el hechizo de Lianne… El orbe incandescente descendía de los aires hacia la bestia, haciendo un silbido al mover el aire a su alrededor… La tenían bien sujeta, debía contribuir, porque sí la salamandra salía viva de esa, nosotros estaríamos demasiado agotados y tendría la ventaja… Me metí por el flanco derecho, entre el escudo de Grand y el espacio que quedaba entre la pared y el pasillo, agachada… Debía reaccionar rápido. Vi su cola de serpiente y con todas mis fuerzas, mientras estaba sujeta, le encajé mi espada en la parte donde terminaba su vientre… Trataba de desgarrarla con todas las fuerzas que me quedaban. El orbe de Lianne hizo contacto y la salamandra ya emitía gruñidos de dolor, por todas las heridas que le infligíamos al mismo tiempo… Le dio de lleno el conjuro y después de unos segundos, quedó inerte, soltó su arma… Para quedar erguida por la fuerza con la que la sostenían Grand y Ray. Yo estaba empapada de su sangre… Me salí de ahí a gatas, abandonando mi espada por un momento… «Espero que no sea venenosa su sangre… Sino, ya estoy en un lío…» Les dije:

—Ya está muerta…— Saqué mi bota que aún estaba casi llena y un trapo de mi equipo. Me enjuagué la sangre de todos lados. Revisé que no me hubiera caído en los ojos o en la boca… Enjuagué mi boca por sí cualquier cosa, saqué mi espada de la bestia para limpiarla con el trapo y arrojarlo por el pasamano de piedra del pasillo, hacia la lava hirviente.

Todos nos quedamos exhaustos, sentados en el piso del pasillo, casi en el mismo lugar donde le habíamos dado muerte a la criatura… A todos les faltaba la respiración… Lo único bueno es que nos daba la corriente fresca de aire en la cara. Grand nos fue pasando la bota de agua… Ya estaba a menos de la mitad, pero la teníamos que usar para refrescarnos un poco la piel y recuperar la que estábamos perdiendo sudando de esa manera. Empecé a reír sola, como una loquita y les dije:

—Muy probablemente, la que mandaron a volar, siga con vida… ¡Jijiji!— Lianne y Grand, se me quedaron viendo y Grand dijo:

—¿Después de rebotar en las rocas y caer en la lava?

—Sí… Pero es muy probable, que no regrese, al menos, no sola… ¡Jajajaja!

Me veían, como sí al fin, hubiera enloquecido por completo… Cuando recuperé un poco la compostura, les dije:

—Calma… Estoy bien… Tenemos algo de tiempo y ya estamos muy cerca… Lo presiento. Descansemos unos minutos más y sigamos. Más adelante, debe de haber unas escaleras para que bajemos a la altura donde está esa abertura en la pared de la montaña…— Les señalé con mi dedo.

Descansamos un poco más y continuamos por el pasillo de arriba en busca de unas escaleras que descendieran… Les pregunté:

—¿Cómo se sienten?— Uno por uno, fueron contestando. Ray dijo:

—La verdad… Ya me siento acalambrado… No tengo ni un rasguño, pero ya me siento cerca de mi límite… Grand, solamente dijo:

—Estoy algo cansado, me empiezan a pesar un poco, mi equipo y las armas.— Volteé a ver a Lianne y ella dijo:

—Estoy llegando al límite de mi fuerza, renacuajo. Sí siguen las cosas así, muy pronto ya no voy a poder devolvernos aunque queramos…— Les dije:

—Es muy probable, que estemos ya más cerca de la salida que de la entrada… Por mucho. Yo también estoy cansada, pero no quiero ser una necia… ¿Qué opinan?— Ray aclaró su voz y dijo:

—¿Habrá alguna forma de que podamos descansar aquí dentro? Hemos avanzado mucho y regresar, casi sería tan malo como seguir así… Especialmente, porque cuando volvamos, la cantidad de aberraciones que viven en este lugar, ya nos van a estar esperando…— Todos nos vimos a la cara… Era cierto… No había pensado en eso ni por un momento. Sí regresábamos, nos estarían esperando… Dije:

—Mmmh… La mayoría de las criaturas de este lugar, les gusta el calor. Supongo que entre más lejos estemos de la base de la caverna, estaremos un poco más seguros, pero no garantiza nada… Sí nos emboscan, mientras dormimos, sería mucho peor… Pero, de que es posible, es posible…

Volteé a mi alrededor… Vi el techo de una de las construcciones y les dije:

—Sí pudiéramos de alguna forma subir ahí… O a una plataforma similar, estoy casi segura, que nada, ni nadie, nos molestaría. No he visto ni una sola criatura voladora en este lugar.— Ray dijo:

—¡Subir! ¿Cómo…?

—No tengo idea, solo se me ocurrió… ¿Por qué no, buscamos las primeras escaleras que suban? Y de ahí, vemos sí hay alguna forma que podamos salir al techo por alguna de las ventanas o mejor aún… Tal vez haya algo para subir al techo.— Así lo hicimos… Vagamos un rato, tratando de encontrar escaleras que subieran… Después de un rato, las encontramos. Subimos… Pero decepción. Era un pasillo igual al de abajo: Les dije:

—Sigamos tratando de subir…

Continuamos… Nuevamente encontramos unas escaleras que subían. Estas, mucho más pequeñas y angostas. Subimos… Era una cámara como la que habíamos visto antes… Les dije:

—Busquen en el techo y las ventanas…— Grand, de repente, dijo:

—Arlinne. Por aquí…— Volteé… En una de las esquinas de la cámara, había una trampilla que daba a la azotea. Me alegré y corrí hasta él…

No había escalera, pero me subí en sus hombros y la abrí… Me asomé con mucho cuidado… Efectivamente, era una azotea como la que habíamos visto hace un rato. No la más alta, pero casi seguro, ahí estaríamos a salvo. Saqué mi cuerda, pero esta vez busqué algo de donde amarrarla… Esta azotea, incluso tenía un barandal de roca. Amarré la cuerda a él y la solté por la trampilla… Subió Ray y entre él y yo, los subimos a los demás. Recogí la cuerda y descolgué mi torso por la trampilla para volver a cerrarla como la habíamos encontrado.

Nos daba el aire fresco… Dije sin pensar:

—¡Qué rico!— Mientras sacaba mi mantita. Le dije a Lianne:

—¿Te podrías comunicar con Analena…? Para que le digas, que acamparemos, que a lo mejor tardemos un poco más, pero que estamos bien y que el plan sigue en marcha.

—Ya ni siquiera voy a preguntar, por que tú no puedes hacer algo tan simple como eso… —Gracias. Sabes que soy una inútil…— Bebí otro trago de agua y fui al barandal para ver que teníamos alrededor… Efectivamente, era una ciudad subterránea, construida dentro de la montaña… Era hermosa, con el fulgor de la roca al rojo vivo… «¿Qué habrá pasado con los habitantes?» Volteé a ver que estuvieran en lo suyo y aproveché para orinar… «¡Uy! ¡Qué rico! Ya me había aguantado un montón…» Terminé y regresé a comer algo de nuestras provisiones. Les dije:

—Chicos, Nos tenemos que arriesgar de alguna manera… Lo mejor será, que hoy todos durmamos… No hay excusas, ni machismos, ni nada por el estilo.— Ray dijo:

—Ya se te cocinó esa cabecita con el calor… Debemos hacer guardias. Este es un lugar muy peligroso.— Grand asintió con la cabeza y les dije:

—Está bien… Pero entonces yo ayudaré, tres horas cada quien, ¿les parece bien?— Ellos dijeron al mismo tiempo:

—¿Tres?

—Sí… Quiero que Lianne duerma su tiempo completo, al menos, por favor… Yo empezaré, en lo que baboseo por aquí, ¿Por qué no, duermen?— Asintieron. Comieron algo y se fueron a acostar, sin taparse nada, solo sobre sus lonas… Lianne ya estaba roncando acostada boca abajo.

Desde el primer momento, en el que se fueron a recostar… Yo, ya me sentía morir de cansancio, pero no podía dejar que todo el peso recayera en ellos… Me recargué sobre la roca tallada del barandal y empecé a pensar en lo que fuera, sí no hacía nada, me iba a quedar dormida… En eso… La escuché, era la voz de Analena…

—Arlinne. ¿Todo bien? ¿Arlinne…?— Me emocioné, por escuchar su voz y dije en voz baja, para no despertar a nadie:

—¡Sí! ¿Qué pasa?

—Arlinne. Me preocupé… Tu amiga Lianne, se comunicó conmigo, pero se cortó la comunicación…

—Ah… Disculpen. Se ha de haber quedado profundamente dormida… Todos estamos bien, solo le dije que se comunicara contigo para avisar que estábamos bien, pero que probablemente tardaríamos un poco más, porque habíamos tenido que detenernos a descansar… ¿Qué hora es afuera?

—No tarda en amanecer…— «Así que por eso nos sentíamos todos tan mal, ya mero iban a ser veinticuatro horas de no dormir y no descansar…»

—Disculpa por despertarte hace un rato y despertar a Miranda… Estamos bien, seguiremos en un rato más, que todos hayamos descansado un poquito. Nos comunicaremos contigo en cuanto estemos fuera.— Ella rio tímidamente y dijo:

—Está bien y no te preocupes. Mira, acostumbra dormir como una piedra que tiras al fondo del mar. ¡Jijiji! Cuídense mucho… ¡En especial tú! Por favor, Arlinne… Te veo pronto, bye… —Adiós…— Mi corazón se aceleró… «¿En especial yo…? ¿Te veo pronto…?»

Pasó a lo más, una hora y media… Ray se puso de pie, yo estaba acomodada sentada con mis rodillas adelante de mi cara, perdida en un mar de pensamientos… Lo vi venir hacia mí, ya me sentía como sí hubiera tomado una jarra de la bebida alcohólica más potente… Se acercó a mí, palmeó mis rodillas y dijo:

—Peque, a la cama.— Le dije sin siquiera mover mi cabeza de su posición:

—No… Tramposo, no son tres horas…

—Lo siento… No puedo dormir, pensando que tú estás aquí, sentada y que de seguro te sientes fatal…

—¡No! A dormir… Corre, ve…— Se sentó a mi lado y empezó a besar mi oreja, metiéndola a ratos, toda en su boca… Le dije, igual sin moverme:

—¡Wacala! Me cayó la sangre de la salamandra en todos lados, ten cuidado…— Empezó a reír, pegado a mi oído y dijo:

—Me sabe a lo de siempre, creo que aquí no te cayó.

—Igual, no me mandarás a la cama… ¿Por qué no, vas por lo menos a recostarte?— Me dijo al oído:

—¿Sabías que una de mis más grandes alegrías es protegerte y verte feliz? ¿Por qué me la niegas en este momento?— Ahora sí que volteé a verlo, mientras reía disimuladamente y lo veía a los ojos. Le dije:

—Está bien, valiente caballero. Ya voy a poner mi trasero en la lona… Por favor, cuídate mucho.— Le di un beso de piquito y agregué:

—¿Te veo en un rato?— Él asintió con la cabeza. Me fui a la lona y me dejé caer… Casi al contacto con el piso, perdí el conocimiento… No aguantaba más, creo que estaba extenuada desde que escapamos de los goblins.

Desperté… Como siempre, yo ya era lo último en el piso. Ellos comían de las provisiones. Tallé mis ojos y traté de decir algo, que ni yo misma entendí. Todos rieron… Me recosté otro poquito con los ojos abiertos, viendo al techo de la caverna. Ray se acercó a mí con algunas frutas en sus manos, se sentó a mi lado y empezó a pelar una manzana con su cuchillo. Me dijo:

—Incorpórate.— Le hice caso… Tenía la respiración agitada y no podía ni hablar… Me dijo: —Abre tu boca.— Me metió parte de la manzana y continuó diciendo:

—Cuando duermes y estás demasiado cansada, siempre despiertas de esa forma…— Poco a poco, me fui normalizando. Le di las gracias y dije:

—Solo falto yo en estar lista. Disculpen, Enseguida me doy prisa…

—Tranquila… Apurarse a estas alturas, ya no vale de nada. Vayamos tranquilos.

Por fin nos habíamos acabado el agua que cargaba Grand. Ray le ayudó a quitarse la bota y la guardé en el portal. Ray me dio otro pedazo de fruta, doble mi manta, guardé mis cosas y saqué un poco más de mis provisiones. Me puse a comerlas… «¡Qué cosas tan horribles…! Supongo que es bueno que prácticamente sean imperecederas, pero saben solo a sal y arena… La carne salada la tolero, pero estas galletas tan secas, pareciera que estuvieran hechas de barro…»

Bostecé profundamente y les dije:

—¿Todos listos?— Todos asintieron.

Abrí la trampilla y bajamos en el orden inverso que subimos. Bajó Grand y recibió en brazos a Lianne, luego saltó Ray y me recibió en brazos también… No es como que fuera necesario, pero se le agradece el detalle. Regresamos por donde habíamos llegado hasta ahí arriba. Bajamos las escaleras propias de la sala y luego caminamos de regreso por el segundo pasillo de arriba hasta donde habíamos subido por primera vez. Todas mis marcas estaban tal cual las había dejado en la pared. Regresamos sin ningún problema, para empezar a caminar en la dirección que íbamos en un principio… Después de un rato se veía el final del pasillo y unas escaleras que iban hacia abajo, les dije:

—Aquí debe de ser, vamos con cuidado.

Bajamos las escaleras… Se sentía un infierno dentro. Cual sería nuestra sorpresa… La habitación estaba llena de todos los tesoros y decoraciones de valor de la ciudad… «¡Un dragón…? ¡Vamos a tener que salir corriendo de aquí…!» Pero, de entre los tesoros emergió una salamandra gigantesca… Casi del doble del tamaño, de las que habíamos enfrentado antes. Empezó a sisear frente a nosotros, moviendo su tridente como si fuera el aspa de un molino de viento. Nos hablaba en su idioma… Lianne preguntó:

—¡Que está diciendo, renacuajo…?

—Mmmh… Que estamos muertos, por querer robar su tesoro…— Todos me vieron de reojo y solo reí a carcajadas, mientras sacaba la lengua y cerraba un ojo…

—¡Jajaja! No lo sé… Eso me lo inventé…¡Jajaja! Pero debe de ser algo parecido a eso…— Desenfundé mi espada y lancé los mismos conjuros, protección contra el fuego y arma mágica de hielo.

Nos preparamos… Ambos bandos esperábamos a que alguien actuara. La salamandra nos veía con ojos maliciosos a cada uno de nosotros. Les dije:

—¡No se distraigan…!— Y en eso, por bocona… Me atacó con su tridente, como si moviera una aspa directo a mi cabeza… Alcancé a agacharme, me dispuse a contraatacar, pero me remató con su cola, al mismo tiempo que me empezaba a mover. Salí volando en dirección de la pared… «¡Por qué siempre me tocan estos chingadazos a mí…?» Solo alcancé a escuchar mientras volaba… La voz de Lianne…

—No te distraigas, Ray. Renacuajo es resistente… Sí rompes la formación, estaremos en riesgo todos.— Traté de decir… «¡Estoy bien…!» Pero el golpe me había sacado todo el aire de los pulmones y aún faltaba lo mejor…

Me preparé mentalmente e impacté contra la pared, cayendo en una pila de monedas… Las cuales, salieron volando en todas direcciones… Me quedé ahí sentada lo que me pareció una eternidad… Hacia un esfuerzo, por no cerrar mis ojos… No debía cerrar los ojos… Como pude me incorporé y corrí de vuelta…

Regresé y me paré frente a Lianne. Los chicos hacían un esfuerzo por contener a la salamandra, pero poco a poco se iban cansando y perdiendo terreno. Le dije a Lianne:

—Vamos a atacarla con magia las dos juntas.

—¡Sí!— Ambas le lanzábamos bloques de hielo encima, pero con todo y la presión de los chicos, se los quitaba con su tridente en llamas…

¡De verdad era un oponente formidable, para quitarse efectos mágicos solo con su arma…! Aunque poco a poco, se veía más comprometido… Insistimos, hasta que de pronto… Emitió un fuerte rugido y todos fuimos empujados hacia atrás unos metros. Empezó a canalizar un conjuro propio… Nos quedamos esperando el instante adecuado para usar las barreras, pero cual sería nuestra sorpresa… ¡Toda la habitación estalló en llamas por completo…! Como sí de repente, estuviéramos en medio de un incendio. Les dije, gritando:

—¡Cuidado! ¡Qué no los toquen las llamas…! ¿Lianne, qué conjuro es este…?

—¡No tengo idea, renacuajo!— Continuamos en la formación, solo con cuidado de no tocar las llamas, pero la temperatura en la habitación subía rápidamente, pronto íbamos a sofocarnos… Pero eso no era todo, la salamandra comenzó a mover su enorme tridente nuevamente como si fuera una aspa y para nuestra sorpresa… Un torrente de aire en llamas nos empezó a golpear. Le dije a Lianne:

—¡Hay que hacer algo, pero ya! ¡O vamos a morir aquí!

—¡Cúbranme!— Grand se movió adelante de nosotras y trató de cubrirnos de las llamas con su escudo, mientras Ray trataba de encontrar el momento adecuado para sacar a la salamandra de balance, pero estábamos demasiado lejos, incluso para él…

Lianne canalizó un conjuro… Una tormenta helada empezó a caer en todo el lugar, con lajas de hielo que se dirigían a la salamandra… No fue lo suficientemente fuerte para apagar las llamas… Pero sí para bajar un poco la temperatura del lugar… Se formó vapor dentro de toda la cámara y nubló nuestra visión… Le dije:

—¡No es suficiente! Ahora estamos en el baño sauna…— Con todo y eso, Ray salió y trató de aprovechar la oportunidad… Atacó a la serpiente con uno de sus cortes… Esta, sintió el peligro y dejó de dirigir las llamas en nuestra dirección para poder defenderse…

¡Estábamos en riesgo…! Tenía que hacer algo… Pero yo no era oponente físicamente para la salamandra… Tenía miedo de que todos muriéramos… «¿Qué debo hacer…? Ya todos estamos heridos… Y de no ser por la protección contra el fuego que tenemos encima, seguramente estaríamos moribundos… No me queda otra… Tengo que intentarlo…» Debía usar todo mi poder mágico para idear algo nuevo… Tenía algo en mente, pero no sabía sí lo lograría… «Recuerdo que la primera vez que usé mi cadena de relámpagos, también estaba en una situación precaria… Ni modo, será todo o nada, otra vez… Hora de tirar la moneda…» Le dije a Lianne:

—¿Puedes volver a hacer el conjuro que acabas de hacer?— Ella asintió… «Tengo que ambientarme…»

La temperatura bajó otro poquito… Mientras Ray y Grand trataban de sacar de balance a la Salamandra, peleando entre las nubes de vapor y las lajas de hielo. Me concentré… Empecé a pensar en el hechizo que hizo Lianne, hace un rato en el pasillo, donde había congelado a la salamandra… Pensé en el más helado de los lugares… «¡No! Eso no es suficiente…» Pensé en los mundos que nos había mostrado el maestro… Esos mundos muertos e inertes… Demasiado lejos de alguna estrella, perdidos en el infinito del universo para siempre. En un infierno inmóvil de hielo perpetuo… Sin movimiento… Sin vida… Sin nada…

Lo dejé salir todo contra la salamandra, mientras gritaba… El lugar se quedó oscuro, como en el vacío… Las llamas mágicas a nuestro alrededor se extinguieron y una corriente de aire helado, congeló el vapor en el aire al instante… Una luz de tono azul oscuro envolvió el lugar y las corrientes de aire empezaron a envolver a la salamandra… Intentó volver a prender su tridente en llamas, pero las llamas simplemente se cristalizaron… Me vio con odio, aterrorizada… Se empezó a mover hacia mí, pero Grand y Ray, le cerraron el paso. Una luz nos cegó a todos y un silbido como el que hace el viento al correr a una velocidad desconocida en este mundo, nos ensordeció… Cuando por fin, la luz y el sonido cesaron, la salamandra estaba completamente cristalizada… Caí al piso con mis últimas palabras…

—Remátenla… Háganla pedacitos…

Fin del Capítulo 8.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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