Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 9
- Inicio
- Todas las novelas
- Crónicas de lo Improbable I: Físico.
- Capítulo 9 - 9 Capítulo IX Enemigo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
9: Capítulo IX: Enemigo.
9: Capítulo IX: Enemigo.
Desperté…
Estaba en una habitación completamente cubierta de hielo y en los brazos de Ray…
Estaba fresquito…
«¡Qué rico…!» Lo abracé y recordé de golpe lo que habíamos vivido.
Empecé a buscar heridas en su cuerpo, asustada.
Él dijo: —Tranquila, Arlinne.
Todos estamos a salvo…
Un poco heridos, pero a salvo.— Volteé a buscar el cuerpo de la salamandra…
Solo vi un charco muy grande en el centro de la habitación.
Le dije: —Ya estoy mejor…
Por favor, bájame.— Me puse de pie…
Le había mentido…
Me sentía deplorable, pero aún así…
Fui hasta una pared, me recargué y empecé a buscar en mi bolso, la poción curativa que nos había dado el maestro.
Saqué unas tacitas de mi portal y la serví en tres partes.
Fui hasta cada uno de ellos y les entregué una porción.
Les dije, sonriendo: —Beban…
Déjenme recuperar un momento mi aliento y los sanaré un poco también.— Todos se me quedaron viendo y Grand dijo: —¿Y tu parte, Arlinne?
—Yo estoy bien…— Todos dijeron al unísono: —Eres la que te ves peor de todos…— Comenzaron a reír…
«¿Tan mal me veo…?» Fui al charco y me vi en él…
Estaba quemada de muchos lugares de mi piel y algunas quemaduras sangraban un poquito…
Sí estaba mal y ni siquiera me dolía…
Todos repartieron un poco de su porción en una taza distinta y me la dieron…
Bebimos al mismo tiempo…
«¡Bleeeh!
¡Esto es asqueroso!» Lianne dijo: —Que bueno que tenemos puestas las sortijas…
De no ser así, todos estuviéramos muertos…
¡Ahora veo, porque el maestro te hizo su alumna…!
¡De la nada, un conjuro como ese…!
¡Casi digno de una diosa!— Empecé a reír…
—No empieces con las lisonjas…
¡Jajajaja!
¡Cuál diosa…?— Descubrí de su toga las partes de su cuerpo que estaban lastimadas para sanarla…
Sentía que ya estaba más allá de mi límite…
Pero después de eso me dirigí a Grand e hice lo mismo.
Seguía Ray…
Él me dijo: —Tú primero.
—¡No!
¡Ponte!
No voy a discutir…— Hizo una mueca y se dejó sanar.
Me volví a recargar en la pared.
Era mi turno…
Ya me sentía seca por dentro, pero exprimí lo que me quedaba de poder mágico y me sané todo lo que pude…
De repente cerré los ojos y sentí que me golpeé con algo…
Volví a despertar…
Esta vez, estaba recargada en la pared con mi mantita tapada.
Me dolía la cabeza…
Me toqué…
Tenía una curación.
Palpé a su alrededor…
Era un chichón.
Debí haberme golpeado en la cabeza cuando perdí el conocimiento por segunda ocasión.
Hacía frío, el hielo aún, ni siquiera empezaba a derretirse.
Ellos descansaban, alrededor de los tesoros.
Todos envueltos en sus mantas.
Hice ruido para llamar la atención…
Ray se paró de un salto y dijo: —Bienvenida de vuelta.
—¿Cuánto tiempo llevamos aquí?
—¿Desde cuándo?
—¿Desde qué derrotamos a la salamandra…?
—Unas cuatro horas, tal vez…
Dos, desde que te desmayaste por segunda vez.— Se veía mucho mejor…
Volteé a verlos a todos…
Todos se veían repuestos.
Con la poción, un poquito de mi magia y el tiempo de descanso, casi estaban recuperados por completo.
Volteé a ver mis heridas…
Mi piel ya no estaba quemada y las heridas ya solo eran pequeños puntos de color negro.
Les dije, sonriendo: —Bien…
Es hora de pensar que haremos con este tesoro y salir de aquí.— Grand se incorporó y dijo: —Sí gustan, yo puedo cargarlo.— Le contesté: —Es demasiado…
Y aún tenemos que pelear allá fuera…
Hagamos esto…
Todos tomen para sí mismos, el que crean necesario y tomemos un poco más de oro para llevarlo dentro del portal.
Que eso sea para el grupo en general.
Igual sí ven una pieza que les llamé la atención, tómenla y llévensela, siempre y cuando no les estorbe.— Llené mi bolsita personal…
«¡Qué felicidad, verla rebosante por una vez en la vida!» Luego, llené la bolsa que traía que era el dinero del grupo…
La dejé tan gorda, que no quería ni cerrar…
La vacié, sacando las platas y los cobres y le metí solo oro…
Ray empezó a reír y dijo: —Nada tonta, ¡eh, peque?
¡Jajaja!— Le dije, riendo también: —Nada de eso…
¡Jajaja!
Solo le dejo su vuelto a la señora salamandra, en paz descanse.
¡Jajaja!
Abrí el portal y lo empecé a rellenar de oro, mientras lo hacía, le pregunté a Lianne: —¡Oye, Lianne!
¿El portal tiene un límite?— Me vio sonriendo para luego decir: —Sigue haciendo lo que haces y verás…— «¿Qué respuesta es esa…?» Seguí llenándolo, hasta que de repente me empezó a regurgitar todo el oro que le había metido, junto con mis cosas…
«¡Waaah, que tiradero!» Lianne estalló en carcajadas…
Me puse a recoger mis cosas…
Acomodé todo dentro y esta vez me moderé, solo le metí mil monedas de oro, con eso sería suficiente.
Lo cerré, mientras oía un cuchicheo detrás de mí…
Los tres veían un objeto que estaban cambiando de manos…
Lianne dijo: —A ver, renacuajo.
Pruébate esto.— Volteé a verlos, diciendo: —No estén jugando…
¿Qué es eso?— Tenían una hermosa tiara plateada con una joya romboide de color verde en el centro.
Les dije: —¡No!
Démonos prisa…— Insistieron y Lianne dijo: —Tiene propiedades defensivas…— Llamó mi curiosidad y dije: —Está bien…— Se la arrebaté de las manos a Lianne y me la puse.
Me la acomodé hasta que quedó bien acomodada tras mis orejas.
Cuando la tuve puesta, sonreí como siempre, como tonta para complacerlos por completo…
Todos dijeron: —Te queda muy bien, llevátela puesta.— Accedí.
Salimos de esa habitación por el lado contrario a las escaleras, regresamos a un pasillo parecido al de la planta alta.
Volvía a marcar con la tiza, cada abertura y bifurcación.
Seguimos caminando, hasta que encontramos otro camino sellado con una enorme roca.
Les dije: —Aquí es…
Esta es nuestra salida.
Empujamos la roca entre todos, encendí mi luz y volvimos a la misma rutina de cuando entramos por primera vez a la caverna.
Fui tratando de buscar trampas y encontré un par de ellas.
Las activé y nos preparamos para los goblins, pero ni seña de ellos…
Por fin, al caminar un par de horas más, la vimos…
Era la luz del atardecer…
Por fin, estábamos fuera del otro lado.
No había ni un solo guardia, ni nada, parece que mi suposición era acertada…
Los virzuk nunca se esperarían que algo saliera de la cueva…
«Me imagino que los goblins trataron de salir un par de veces, pero al encontrarse con los virzuks, decidieron tampoco usar esta salida nunca más».
A lo lejos, podíamos ver el campamento…
Había unos cuantos haciendo guardia…
Unos cuantos lobos y una gran tienda de color blanco que destacaba entre las demás…
Les señalé y les dije: —¡Ahí!
Ese debe de ser nuestro destino…
Estamos en buen tiempo, descansemos hoy por aquí, dentro de una de estas cuevas y vigilémoslos.
Avisemos a Analena, que daremos marcha al plan, mañana a primera luz del día.— Todos estuvieron de acuerdo.
Tomaríamos turnos vigilándolos y los demás, descansaríamos y nos prepararíamos dentro de una caverna.
Entré a una de ellas…
La que pensé que estaba sellada o cerrada y efectivamente solo tenía unos cien metros de profundidad, antes de estar sellada por un deslave.
Les dije: —Este es el lugar…
¿Quién quiere empezar a vigilar?— Tomamos turnos, empezaría Grand.
Le dije a Lianne: —Puedes comunicarte con Analena, por favor.— Ella asintió y le comunicó todo nuestro plan, incluido que descansaríamos.
Descansamos y nos preparamos mentalmente para lo que vendría.
Lianne preguntó a Ray: —Ray.
¿Qué tan fuertes son los señores de guerra virzuk?
—La verdad, nunca he peleado directamente con uno, porque casi siempre se esconden atrás de sus tropas, pero estoy casi seguro, que mucho más sencillos que esa salamandra de hace rato…— Todos reímos y Lianne dijo: —¡Renacuajo del diablo…!
¿Se te ocurrió por un momento, que habría un monstruo tan fuerte en ese lugar?
—Mmmh, sí…
Pero confiaba en que no, no lo toparíamos…
Lo siento…
Casi los mato, al llevarlos por ese lugar…
Necesitamos un sanador o por lo menos a alguien que pueda usar magia de fe…
Pero la verdad, no tengo ni idea de como podamos reclutar a alguien, que no solo esté interesado en el dinero o en sus intereses personales…— Ray dijo: —Hay una ciudad…
Al norte, pegada a la costa.
Se llama Therantos, muchos la conocen también como la ciudad de los templos.
En ese lugar se encuentran las iglesias principales de todas las religiones del mundo civilizado…
Es un lugar supuestamente para la peregrinación de los fieles de todas las religiones…
Sí vamos para allá, tal vez haya alguien que se quiera unir a nuestra causa.— Dije, cabizbaja: —Para ser sincera…
De religión, yo no sé nada, nadita…
Sí alguien quiere unírsenos y quiere que le demostremos que somos fieles a su mismo patrono…
Que es lo más común…
Nadie nos hará caso y engañarlos también estaría mal…
No me gustaría traer a nadie con engaños a situaciones tan peligrosas como estas…— Ray dijo: —Yo estoy en las mismas…
No sé nada de religiones…— Volteamos a ver a Lianne, que dijo: —¿Por qué me voltean a ver a mí…?
En mi vida siquiera he rezado.— Todos nos quedamos en silencio y comenzamos a ver a Ray.
Dije: —Ray.
¿Crees que Grand, sea fiel a alguna religión?— Él dijo: —Ahora que lo mencionas…
Parece ser que sí.
Un par de veces lo he visto orando o rezando, antes o después de una batalla…
Pero no tengo ni idea, a que dios o dioses lo haga, nunca me ha dado curiosidad preguntarle.
—Bueno…
Algo es algo…
Conociendo a Grand, debe de ser un dios o diosa, bondadoso.
Preguntémosle cuando estemos fuera de esta.
Nos rolamos en nuestras guardias, hasta un par de horas antes del amanecer, donde decidimos dormir todos aunque sea un rato.
Así lo hicimos y con los albores del alba, empezamos a oír ruidos que venían del campamento.
Nos asomamos…
Todos se estaban movilizando, un alto y fornido virzuk, con armadura pesada, daba órdenes a los demás…
Yo les dije: —Ese es al que buscamos…
La verdad, no me gusta mucho la violencia y no quiero que hagamos algo brutal, como cortar su cabeza y mostrarla en una pica al resto de los virzuks…
¿Alguna idea de como podríamos hacer para mostrarles a los demás que lo hemos vencido?— Todos nos quedamos pensando y Grand dijo: —Sí lo capturamos vivo, tal vez podríamos hacer que se rindan…
Pero algo me dice, que preferiría morir a caer en manos de sus enemigos…— Dije: —Está bien…
Primero hay que abatirlo y dejarlo que él decida que es lo que quiere, sí rendirse o morir peleando…
Después de todo, sí esa es su decisión, no hay nada que podamos hacer nosotros…
Lianne avisó a Analena, que estábamos en posición.
Esperamos algún tiempo…
Mensajeros iban y venían, cada cierto tiempo.
Hasta que el enorme virzuk, mandó a los últimos jinetes y se quedó con un par de guardias…
Ese era el momento.
Bajamos con cuidado, rodeando su tienda…
Grand y Ray, se encargaron de los guardias.
Nos dispusimos a entrar, no sin antes lanzar un par de conjuros, para darle magia a nuestras armas, fuerza y protección.
Entramos…
Él se vio sorprendido y dijo, para nuestra sorpresa en nuestro idioma: —Así que de eso se trataba…
Asquerosos humanos.
No solo eso, además han traído a sus brujas hasta aquí.— Le dije: —¡Todo acabó, ríndete y perdonaremos tu vida!
—¡Claro, bruja!
¿Crees que he llegado hasta aquí, confiando en una hembra…?
Se acabó, pelearemos hasta el final…
De todas formas, ya no tenemos nada más por que vivir…— Se concentró un momento, como sí hiciera un conjuro y ante nuestros ojos, se dividió en dos iguales…
Le pregunté a Lianne: —¡Magia?
—¡No, tengan cuidado!
Ray y yo, encaramos al de la izquierda.
Grand y Lianne, al de la derecha.
Se lanzó contra nosotros con dos largas hojas curvas, una en cada mano.
Los chicos, los frenaron con sus armas, bloqueándole sus ataques…
Era claro que nosotras éramos su objetivo principal…
Me concentré y le lancé mi cadena de relámpagos…
La esquivó con facilidad, sin quitar la presión sobre Ray.
Lianne lanzó su cadena de hechizos elementales…
Una barricada de explosiones, lo alcanzaron.
Se quitó de algunas, pero muchas más las recibió de lleno…
La ventaja era obvia…
Era fuerte, pero los cuatro juntos, éramos demasiado para él…
Ray aprovechó el momento, que la confusión de la magia de Lianne, había creado y bloqueó uno de sus ataques, sacándolo de balance y cortándolo directo en su pecho.
El golpe de Ray incluso atravesó su armadura…
Volví a lanzar mi cadena y esta vez le dio de lleno, mientras se dolía en el pecho.
Giró por el piso…
En lo que el otro se defendía desesperado de los embates titánicos de Grand…
Volví a decirle: —Esta es tu última oportunidad…
¿Qué decides?— Él se puso de pie y se quitó tranquilamente, el peto de su armadura, dejando su torso desnudo.
Dijo: —¡No!
Aquí morirás, bruja.— De pronto, se había vuelto muy rápido…
Cuando me di cuenta, ¡estaba detrás mío…!
Pero alcancé a bloquearlo con mi espada…
Me empujó con toda su fuerza para sacarme de balance…
Pero yo también tenía algo para él…
Me dejé empujar, pero en lugar de caer hacia atrás, solo me dejé caer en mi lugar…
Y acostada en el piso, le propiné la patada más fuerte que le había dado a cualquier cosa en mi vida…
Directo a su ingle…
Lo saqué de balance inmediatamente por el dolor.
Giré en mi eje y levantándome al mismo tiempo, lo pateé con mi otra pierna, girando en su rostro…
Para finalizar mi giro, con un tajo de mi espada en el mismo lugar donde se lo había asentado Ray…
Lo doblé y quedó de rodillas…
Él se empezó a reír y dijo: —¡Jajaja!
¡Vaya!
¡Vaya!
¡No solo eres una bruja, sino además una guerrera…!
No cabe duda, las hembras humanas son increíbles…
¡Qué suerte tienen estos cerdos…!
Además, leales a la voluntad de los machos…
Mi nombre es Varreth.
¿Cuál es tu nombre, bruja?— Le dije, agitada por el esfuerzo: —Mi nombre es Arlinne…
¿Ya te vas a rendir o tengo que llevar tu cabeza en una pica de vuelta?
Para que tus fuerzas se detengan…— Oímos un quejido detrás de nosotros…
Grand y Lianne, ya habían derribado a su adversario y estaba en el suelo, cubriendo su rostro con su mano.
Él que tenía enfrente dijo, mientras seguía riendo: —¡Jajaja!
Muy bien, bruja Arlinne…
Nos volveremos a encontrar, no olvidaré la derrota que acabó de sufrir…— Su figura explotó en una nube de humo…
Para no dejar ni un rastro de él.
Ray y yo, volteamos para rodear al otro, junto con Grand y Lianne…
También emergió una nube de humo de él…
Pero en lugar de Varreth, solo estaba un enorme lobo de color blanco…
Nos vimos, los unos a los otros…
Era el lobo que habíamos visto en la granja hace días…
Estaba malherido por los cortes de Grand…
Ray dijo: —El original ya escapó y dejó a su monta como señuelo…
¡Qué cobarde!— Vi a la pobre bestia…
Me dio tanta tristeza de repente…
No por que estuviera derrotada o herida, sino porque su compañero la había abandonado a su suerte…
Me acerqué sin miedo, mientras decía en voz alta: —No es justo…
Pobrecito.— Ray trató de detenerme, pero me zafé de su mano y fui hasta donde estaba desangrándose el lobo…
Comencé a llorar sobre él…
Mis lágrimas mojaban su pelo…
Lo pensé por un momento y lo decidí…
Comencé a sanarlo con mi magia.
Ray se volvió a acercar y dijo: —Entiendo lo que sientes, pero…
¿Qué harás sí lo sanas y después de igual manera, nos ataca y nos lastima?— Dije fuera de mí: —Por eso…
¡Es un riesgo que debo de correr sola, salgan por favor de la tienda!— Ray hizo un gesto de desaprobación y se paró cerca, para cuidar de mí por si cualquier cosa.
Lo sané concentrándome en las heridas más profundas, hasta que todas estuvieron cerradas…
Lo acaricié del pelaje que tenía sobre su cabeza y cuando se sintió aliviado…
Se me escabulló entre las manos y salió corriendo por debajo de la lona que levantaba la tienda…
Volteé a ver a Ray…
¿Se veía molesto…?
No quise ni preguntar…
Sequé mis lágrimas y les dije: —¿Y bien, ahora que hacemos?— Todos me veían de forma rara…
Solo supe decir: —Lo siento…
Sé que era nuestro enemigo…
Pensarán que estoy loca, pero a diferencia de la salamandra o los goblins…
¡Este solo era un animal, cuya única culpa fue serle fiel a su amo!
Lo siento…— Comencé a llorar a cántaros…
Mientras lloraba a rienda suelta, sentí la mano de Ray sobre mi cabeza.
Él me dijo, suavemente: —Está bien, peque.
Ya está mejor el lobito…
Vamos a movernos para ayudar a las chicas en el bastión.— Asentí con la cabeza, tratando de controlar mi llanto…
Comencé a respirar profundo, mientras decía: —Debemos revisar aquí antes, por cualquier cosa…
Puede haber pistas o detalles, de porque los virzuks invaden estas tierras…— Todos asintieron…
Empecé a calmarme un poco, olvidando al animal herido.
Lo más importante ahora, es que lo habíamos logrado, pero no estaba satisfecha, necesitaba buscar más razones…
«¿Qué hay con eso que me dijo el virzuk…?
¿Brujas…?
¿Hembras?
¿Qué es lo que había pasado…?
Se oía molesto por algo y parecía envidioso…
¿Pero de qué?
¿Por qué…?» Vi un pedestal acomodado en una de las esquinas de la tienda, que todos habíamos pasado por alto.
Estaba hecho de roca y tenía un líquido rojo y brillante, dentro…
No era sangre…
Metí mi dedo…
¿Qué era eso…?
Instintivamente, me lo iba a llevar a la boca para probarlo…
Sentí un bastonazo en la cabeza y Lianne dijo: —Renacuajo, ¿eres tonta?
¿Cómo se te ocurre meterte algo así a la boca?
¿Qué eres un bebe?
—No, lo hice sin pensar…
Perdón.
—No sabemos lo que pueda ser…
Tenemos que analizarlo con cuidado o dárselo a un alquimista a que lo analice.
—¿Tú no puedes hacerlo?
—No, renacuajo.
No soy alquimista…
Pudiste haberlo sido tú, el maestro tiene un laboratorio de alquimia, pero siempre preferiste la biblioteca…
—¡Buuu…!
No, que aburrido.
Lianne metió un poco de la sustancia en un frasco.
Seguí baboseando por ahí, no se veía nada más de interés, solo armas, armaduras y pieles de animales.
De pronto…
Me entró un mareo, como si quisiera vomitar…
Salí corriendo de la tienda, me sostuve de un poste…
El aire fresco, me hacía sentir mejor…
«¿Qué es lo que me pasa?
¿Es por meter el dedo a esa cochinada?» Esperé a sentirme un poco mejor y me llegó a la mente…
«¿Algo le ha pasado a sus mujeres…?
¿Pero qué?» Respiré profundo, todos salieron de la tienda.
Les dije: —¿Nos vamos…?
¿Deberíamos quemar las tiendas o algo así, para que no tengan a donde regresar o esperamos a la avanzada?
No tenemos forma de probar que derrotamos al líder…
¿Qué hacemos?— Ray dijo: —¿Tú que sugieres, Arlinne?— Me quedé pensando…
«Tal vez quemar las tiendas o avisar a Analena de que empujen hasta acá y apoyarlos para someter a los últimos de ellos…
Algo así, pienso que estaría bien…
Aunque se me hace raro, no ha regresado ni siquiera el virzuk que iba y venía con información…
¿Deberíamos caminar de regreso?
No se me ocurre nada más que eso…» Dije: —Quememos el campamento y regresemos a apoyar al bastión…
Y démonos prisa, puede que necesiten ayuda.
Así lo hicimos.
Revisamos rápidamente, que no hubiera mujeres, niños o prisioneros y prendimos en llamas el lugar.
Regresamos con la magia de tele transportación de Lianne al bastión…
Llegamos al centro de la plaza…
Todos los soldados festejaban, tenían a lo que parecía ser, una centena o más de virzuks, dentro de un corral improvisado.
Analena y Miranda, se acercaron a nosotros y Miranda dijo, mientras Analena se paraba cerca de mí…
—¡Buen trabajo, chicos…!— Podía oler su aroma y si movía mi brazo bruscamente, rozar su pecho…
«Analena…» Miranda agregó: —Un vigía virzuk anunció la retirada, como hace una hora y todos empezaron a correr desperdigados en todas direcciones.
Capturamos a los que pudimos…
Desafortunadamente el resto escapó, pero hay patrullas buscándolos.— «Por eso no regresó el vigía, se dio cuenta de lo que pasaba y fue a avisar a todos que su comandante había caído…» Sonreí.
El comandante se nos acercó, diciendo: —¡Sus eminencias, un trabajo estupendo!
Estoy tan agradecido de que estuvieran aquí, que ya incluso, escribí algunas cartas de nuestra victoria y las mandé a Tenarius y algunas otras personas en el gremio, para que las recompensen como se merecen.— «¿Nuestra victoria…?
¡Jajaja!
Bueno…
Se lo merece también, al menos por no abandonar su causa».
Me sentía por fin, aliviada y apenas, después de tanto tiempo, me empezó a embriagar el sentido de la victoria…
¡Lo habíamos logrado, todos juntos lo habíamos logrado!
Lo que parecía imposible para medio millar de hombres armados.
Lo hicimos en cuarenta y ocho horas…
Corrí y los abracé a todos, Analena incluida…
Les dije: —¡Lo hicimos!— Todos estaban contentos, pero aún no estaba satisfecha…
Jalé del brazo a Ray y él bajó hasta mi boca, para escuchar al oído lo que le tenía que decir, le dije: —Ray.
¿Qué pasará, con esos virzuks…?— Él se quedó pensando y me dijo, igual en el oído: —Muy probablemente, terminen como los que viste en Kaspler o en campos de concentración.
—¿Campos de concentración?— Él me explicó lo que era un campo de concentración…
Me puse tan triste…
Le dije: —¿Con quién podemos ver, que los traten dignamente y en lugar de ir a un horrible lugar como ese, se queden aquí y los pongan a trabajar en la reconstrucción del lugar?— Él dijo: —Será algo difícil, peque.
Pero si convencieras al capitán…
Es posible, que él pudiera mover algunos hilos.
Hablé con el comandante y le dije, sí me podía hacer el favor de que por el momento, trataran dignamente a los prisioneros…
Que tenía algo especial, preparado para ellos.
Él se quedó pensando, en infamias y dijo: —Ya veo…
Así será su eminencia.— «No quiero ni pensar, para qué se imaginaba que los ocuparía…» Pero me alegré, porque al menos en lo que yo estuviera ahí, estarían a salvo.
Todos festejamos hasta la noche…
Pero no podía más y le dije a Ray, despidiéndome: —Quédate…
Voy a la cama…
Ya estoy tomada y muy cansada.
Quiero dormir por lo menos treinta horas.— Él se rio y dijo: —¡Jajaja!
¡Treinta horas…?
—Sí, por lo menos.
Nos vemos.
Te espero por ahí en un rato, diviértanse.— Me fui de regreso a la casa, subí las escaleras, me saqué la ropa, me metí en la camita y pensé…
«¡Qué delicioso aroma…!» Abracé la almohada como si fueran sus caderas y me quedé profundamente dormida…
************************* Jugaba a los dados con Yrelos…
Él se jalaba los pelos en cada tirada, para al final perder todo lo que tenía…
Me dijo, desesperado: —Vryn.
¡Estos dados están cargados…!
¡No puedo creer, tantas tiradas seguidas tan malas de mi parte!
—Nada de eso.
Yrel, mira.— Tomé los dados y los empecé a lanzar frente a él, una y otra vez…
«18, 20, 20, 19, 18, 20, 20, 20».
—Lo ves, están perfectos…
¡Jajajaja!
No quiero, que pienses que soy un mal ganador, solo tomaré la mitad de lo que has perdido, para que después podamos volver a jugar y tengas que apostar…— Justine reía discretamente desde su silla, a la izquierda de nosotros…
Me acerqué a ella, mientras Yrel seguía tirando los dados y decía para sí mismo: —Salamandrita un 20…
¡Por favor…!
¡Cómo…!
¡3?
¡Qué mierda!
¡Sabueso del infierno, exhala…!
¡Vamos, vamos…!
¡2?
¡Qué mierda tan gorda!
Me acerqué hasta ella…
Debía aprovechar este momento, en el que se encontraba de buen humor para avanzar mi propia agenda…
Me recargué al lado de ella.
Seguía riendo…
Esa sonrisa tan dulce y sincera, que me tenía muerto hace años…
Volteó a verme y me dijo: —¡Jijiji!
Demasiado para el dios del comercio…
¡Eh, Vryn?
—Mmmh…
Parece ser que hay personas que nunca entienden esa parte de los juegos de azar…
Pero supongo, que tú al ser la magnificente diosa de la justicia, sabes…
Que lo que el destino ha decretado que es derecho de alguien, jamás se lo puedes quitar, sin importar los medios…— Ella dijo, mientras bajaba de la silla: —¡Jijiji…!
Tal vez, tengas razón…
Estoy cansada…
¿Me acompañas a mis aposentos?— «¡Aposentos…?
¡Claro!» —Con gusto.— Mientras caminábamos, me dijo: —Vryn…
No soy una tonta…
Sé que me deseas hace mucho…
Solo…
Qué nunca he sabido el porqué…
¿Podrías decírmelo?— Me quedé en silencio…
No sabía que podía ser tan directa, pero no debía echarme para atrás en ese momento, después de tanto…
Le dije: —Es difícil de explicar, mi diosa.
Pero ya que has sido tan directa conmigo, debo responder…
Estoy perdidamente enamorado de ti, desde que ambos éramos simples mortales.— Ella se quedó parada en su lugar, poniéndose de todos colores…
Un momento después, comenzó a avanzar nuevamente, cabizbaja, sin que la pudiera ver a su rostro…
Dijo, casi murmurando: —¿Amor…?
¿Cómo sí fuéramos dos chiquillos…?
—Así es.
—Sabes…
No sé que juego estás jugando…
Pero…
Por todo lo que has hecho tú y tu campeona, te iba a ofrecer mi cuerpo como muestra de buena voluntad…
Pero ahora que me has dicho esto, no puedo hacerlo…— Me quedé perplejo para decir: —¡Nunca aceptaría algo así…!
¡En esas condiciones, Justine!
—¡Justine…?
Ya deja de llamarme por ni nombre de mortal…
¡Te estabas acercando y ahora solo…!— Le puse el dedo en la boca y la empujé hacia la pared, para decirle: —Lo siento, Justine.
No sabía que te ofendía, que te recordaran, que alguna vez fuiste una simple mortal.— Subían los ánimos y por fin…
Lo pude ver en sus ojos…
Lo sabía, me correspondía…
Ella se apartó y me dijo, excitada: —¡Qué haces?
—Lo siento…— En un cambio brusco de humor, ella empezó a sonreír de nueva cuenta, para decir: —¡Está bien…!
Puedes llamarme, Justine…
Pero…
Lo del amor, no lo sé…
Hay un favor que quiero pedir a ti y tu campeona…
Si lo hacen…
Te juro que lo pensaré en serio.
—¿De qué se trata…?
—Mi campeona está perdida…
Perdió su camino hace mucho tiempo y siento que no es más que mi propia culpa…
Tenía una alma tan buena, tan brillante, pero se perdió en medio de buenas intenciones…
Podría tu campeona visitarla y hacerla recapacitar…
A estas alturas, creo es demasiado tarde…
No importa sí muere…
Lo único que quiero es que tenga paz…— La tomé de la mano y le dije: —¿No importa sí muere…?— Comenzó a llorar…
—Bueno…
De ser posible, que no muera…— Se veía tan triste y le dije, sin pensarlo: —No tienes de que preocuparte…
Eso está dispuesto hace mucho…
No por mí, ni por mi campeona…
¡Prepárate!
Saldremos a una cita, en cuanto tu campeona esté mejor…— Me alejé emocionado, dando pequeños saltos, sin pensarlo…
Fin del Capítulo 9.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com