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Crónicas de Nadir: La Arquera de los Espíritus y el Maná sin Fin - Capítulo 12

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12: 12-.

El valor de un disparo limpio 12: 12-.

El valor de un disparo limpio Una vez que terminé de lavar mi ropa, vertí el agua que usé a la tina antes de meter la tina en mi almacenamiento para tirar el agua afuera; una vez que salí de la habitación, percibí un aroma exquisito.

El aroma que provenía de la cocina era simplemente irresistible; cuando salí de la habitación, la señora Elena ya había servido los platos y un gran pan dorado reposaba en el centro de la mesa junto a un tazón de mermelada de bayas frambu que había preparado rápidamente; al verme y notar mi reacción, dijo con una sonrisa satisfecha: – Niña, siéntate, el estofado ya está listo.

– Iré a tender mi ropa, la acabo de lavar; lo haré rápido y regresaré enseguida.

En cuanto regresé, me senté al lado de Liam, quien ya estaba comiendo felizmente su estofado.

[Objeto: Estofado de Conejo Cornudo y Champiñones (Calidad: Alta) Efecto: Restaura HP 10% cada minuto y aumenta la regeneración de Resistencia en un 15% por 30 minutos].

Me sorprendí al ver que la calidad era “Alta”; supongo que los ingredientes frescos que traje y la mano experta de la señora Elena hicieron la diferencia; mientras comíamos, disfruté de la textura suave de la carne y el sabor terroso de los champiñones; Liam, fiel a su promesa, devoró todo su plato y luego se dedicó a untar el pan con la mermelada roja, suspirando de felicidad con cada bocado; una vez que terminé mi estofado, el cual sabía a gloria, le comenté a la señora Elena mis planes para mañana: – Mañana iré a ver al señor Marcus; dijo que tendría mi otro paquete de flechas listo, y me gustaría ver si puedo venderle lo que cacé hoy.

La señora Elena asintió y dijo: – Es una buena idea; Marcus es un hombre justo, si él no puede comprártelo todo, seguro sabrá quién sí.

Esa noche dormí como no lo había hecho en años; no sé si fue por el cansancio acumulado o por el efecto del estofado, pero al despertar a la mañana siguiente y estirarme, sentí un cambio real: la pesadez que sentía al mover mis brazos había disminuido notablemente gracias a los puntos que puse en Fuerza; bajé de la cama con una agilidad que me hizo sonreír, ya que no me sentía como si estuviera caminando bajo el agua.

Después de un desayuno ligero, salí en dirección a la casa de Marcus; Liam quería acompañarme, pero su abuela lo puso a ayudarla con el jardín trasero recogiendo los vegetales que estaban listos para ser cosechados; al llegar al taller de carpintería, vi al señor Marcus organizando unas cajas de madera; en cuanto me vio, se secó el sudor de la frente y sonrió: – ¡Señorita Selene!, llega justo a tiempo; estaba por llamar a Julián para que fuera a dejarle esto a casa de la señora Elena.

Él tomó un paquete envuelto en tela de saco y me lo entregó.

[Objeto: Paquete de Flechas de Madera x50 (Común)].

Mientras guardaba el paquete de flechas en mi almacenamiento, dije: – Muchas gracias, señor Marcus; de hecho, me alegra haberlo encontrado; ayer Liam y yo fuimos al bosque y logré conseguir algunas cosas más…

me preguntaba si estaría interesado en comprarme otras 5 orugas y 3 conejos cornudos.

Hice aparecer las 5 orugas sobre la mesa de trabajo; el señor Marcus las revisó con ojo experto, asintiendo al ver que, de nuevo, los cuerpos estaban casi intactos.

– Las orugas te las compro sin dudar, son excelentes para los pescadores y me vienen bien para el intercambio de materiales; por estas cinco puedo darte la misma tarifa: 175 monedas de cobre…

Él sacó una pequeña bolsa de cuero y contó las monedas; al terminar de contarlas, me las dio y dijo: – En cuanto a los conejos…

me temo que no puedo comprártelos; no tengo forma de procesar tanta carne antes de que se eche a perder y mi trabajo es principalmente la madera y el cuero básico; sin embargo, te recomiendo que vayas a la tienda de suministros de la aldea; el dueño, el viejo Silas, siempre está buscando carne fresca para salar y vender a los viajeros o a los barcos que pasan; él te dará un precio justo por la piel y la carne.

Guardé las 175 monedas de cobre en mi almacenamiento.

(175 de estas orugas + 28 que me quedaron de ayer, me da un total de 203 cobres.

¡Por fin tengo mis primeras 2 monedas de plata!).

– Entiendo, iré a ver al señor Silas entonces; muchas gracias por el consejo y por las flechas, señor Marcus.

– No hay de qué, niña; con esa puntería que tienes y si los conejos tienen la misma calidad que las orugas, dudo que Silas te deje ir sin intentar hacer un trato contigo.

Me despedí de Marcus y Julián, que me miraba con curiosidad desde la entrada, y me dirigí hacia el centro de la aldea; si lograba vender los conejos, podría estar más cerca de poder comprar el espíritu herrero, y también podría aprovechar para comprar ese peine y otros artículos personales que necesitaba sin sentir que me estoy quedando sin monedas.

Cuando llegué a la tienda de suministros, le pregunté a la joven que estaba en el mostrador por el señor Silas y ella fue a la parte de atrás a llamarlo, quien no tardó mucho en salir por la puerta trasera.

Tal como había dicho el señor Marcus, en cuanto el señor Silas vio los cuerpos de los conejos, quedó muy satisfecho por la calidad, ya que la piel no estaba muy dañada, pues solo tenían un pequeño agujero por la flecha; gracias a eso, me ofreció 30 cobres por la piel de los más pequeños y 50 cobres por el más grande, además de 6 cobres por kilo de carne; una vez que procesaron los conejos, se obtuvieron 18 kilos de carne por los 3.

Una vez que se hicieron las cuentas, el señor Silas me pagó 2 monedas de plata y 18 de cobre; también me dijo que, si conseguía más conejos, podía venir a vendérselos a él y que, si seguían siendo de la misma calidad, me daría los mismos precios; también me dio los 3 cuernos de los conejos y dijo que esos se los podía entregar al jefe de la aldea y que me pagaría por ellos, ya que eran considerados misiones de contribución por caza.

Cuando terminé mi negocio con el señor Silas, regresé al lado de la tienda para comprar las cosas que me hacían falta: un peine, un cepillo de dientes, pasta para dientes, shampoo, jabón corporal y un conjunto de ropa; también compré una pequeña canasta para poner todo en ella, de ese modo solo ocuparía un espacio en mi almacenamiento; en total me gasté 67 monedas de cobre; después de mis compras, aún me quedaron 3 monedas de plata y 54 monedas de cobre.

Pero como por el momento no creo tener que comprar nada que sea muy caro, si puedo ir a cazar al bosque, quizá pueda juntar rápidamente las monedas que necesito para los espíritus que quería comprar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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