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Crónicas de Nadir: La Arquera de los Espíritus y el Maná sin Fin - Capítulo 19

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19: 19-.

El Adiós a la Paz?

19: 19-.

El Adiós a la Paz?

Lo primero que noté cuando llegué a la aldea y pasaba por la plaza para ir a la tienda de suministros fue que había mucho más movimiento del habitual, especialmente cerca de una carreta, donde estaba Ben charlando con otros dos chicos mientras movían unas cajas hasta unas mesas donde otras personas parecían estar separando materiales.

En cuanto entré a la tienda de suministros, el sonido de la campanilla anunció mi llegada; el señor Silas estaba detrás del mostrador organizando unos frascos de vidrio, pero al verme dejó lo que estaba haciendo y me saludó con una mano mientras sonreía.

– Buenas tardes, Selene; regresas temprano hoy, ¿tuviste suerte en el bosque?

– Buenas tardes, señor Silas; de hecho, voy regresando del bosque; encontré algunas presas habituales y un par de cosas nuevas que me gustaría que revisara.

Fuimos al almacén de procesado y, como ya era costumbre, saqué las piezas de mi almacenamiento: las 4 orugas, los 2 conejos y las 7 gaviotas; el señor Silas comenzó la inspección de las aves, asintiendo con aprobación mientras revisaba el plumaje impecable.

– Realmente tienes un don con ese arco, niña; las plumas de estas gaviotas están tan limpias que los escribas de Lazu pagarían el doble por ellas…

Mientras él pesaba la carne de gaviota y anotaba los números en su libreta, decidí hacerle la pregunta que me había estado rondando la cabeza desde que salí del claro.

– Señor Silas, hoy me gustaría quedarme con un kilo de la carne de las gaviotas…

también hay algo más, cuando me adentré un poco más en el bosque me encontré con algo diferente mientras practicaba mi puntería; cacé a un goblin que parecía ser un explorador y no estaba segura de si se podía sacar algún material útil de él o si debía dejarlo en el bosque.

En cuanto las palabras salieron de mi boca, el señor Silas se detuvo en seco; la expresión amable que siempre tenía desapareció, siendo reemplazada por una mueca seria y sombría que me hizo tensar los hombros; dejó la balanza de lado y me miró fijamente.

– ¿Un goblin?, ¿estás segura de que era un explorador y no otra cosa?

Asentí y, para confirmar sus sospechas, hice aparecer el cuerpo del goblin sobre la mesa; el señor Silas lo revisó rápidamente con una mezcla de desdén y preocupación antes de soltar un suspiro pesado.

– Del cuerpo de un goblin no se puede sacar nada útil, Selene; su carne es amarga y tóxica, y su piel es demasiado rugosa para cualquier tipo de artesanía; sin embargo, toma el cuchillo y corta la oreja derecha; llévasela al jefe de la aldea junto con los picos de las gaviotas y los cuernos de los conejos; él lleva el registro de las amenazas eliminadas y te pagará la recompensa de contribución por ello.

Silas se cruzó de brazos y su mirada se volvió aún más intensa.

– Ahora, dime…

¿dónde encontraste a este goblin?, ¿estaba cerca del camino o más adentro del bosque?

Mientras le respondía, noté cómo su preocupación aumentaba.

– Estaba en un claro, a unos veinte minutos de la orilla habitual, hacia el norte, parecía estar solo, pero se movía de forma amenazadora en cuanto me vio.

– Eso no es bueno…

El señor Silas murmuró más para sí mismo que para mí antes de decirme: – Escúchame bien, Selene, el jefe de la aldea acaba de regresar de Lazu hace apenas una hora; terminemos de procesar esto, toma la recompensa y ve a buscarlo de inmediato, asegúrate de contarle bien dónde encontraste este goblin; lo encontrarás en su oficina, es la casa más grande justo frente a la plaza de la aldea; él necesita saber que hay exploradores merodeando tan cerca.

El señor Silas sacó rápidamente las monedas de su bolsa de cuero, contando con agilidad mientras terminaba los cálculos de las otras presas.

– Veamos…

son 140 cobres por las orugas, 60 por las dos pieles de conejo y 72 por su carne…

por las gaviotas son 35 cobres por los sets de plumas y 160 por los 20 kilos de carne…

en total son 4 platas y 67 cobres.

Recogí las monedas y la carne y las guardé en mi almacenamiento mientras el señor Silas me instaba con un gesto a que me apresurara.

– Ve ahora, niña, yo me encargaré de desechar el cuerpo del goblin; si hay goblins exploradores rondando cerca, significa que un campamento podría estar formándose, y eso es algo que el jefe y Clarissa deben saber cuanto antes.

Me despedí con un breve asentimiento y salí de la tienda; la sensación de paz que tenía hace un momento se había esfumado, reemplazada por una ligera punzada de ansiedad; si la presencia de un solo goblin era suficiente para poner al señor Silas así de serio, entonces la situación en el bosque era mucho más peligrosa de lo que imaginé.

Caminé a paso rápido hacia la plaza, buscando la casa grande que el señor Silas mencionó; era hora de conocer al jefe de la aldea y, posiblemente, enfrentarme a las preguntas sobre mi origen que tanto había estado intentando evitar.

No me fue difícil encontrar la oficina del jefe de la aldea, su lugar era la única casa de dos pisos en la aldea, cuando toqué a la puerta escuché la voz de Clarissa responder desde el interior.

– Adelante.

Cuando entré a la oficina del jefe, miré al hombre de mediana edad detrás de un modesto escritorio revisando algunos documentos y Clarissa estaba parada al lado del escritorio, ella sonrió al verme entrar y dijo: – Hola Selene, es bueno que vinieras justo estaba contándole al jefe cómo has estado ayudando en la aldea, ¡oh, sí!

déjame presentártelo, él es Alastor, el jefe de nuestra aldea.

El señor Alastor se levantó de su silla y extendió su mano a modo de saludo mientras decía: – Mucho gusto Selene, estoy muy agradecido por la ayuda que has brindado a la aldea, Clarissa ya me ha contado todo, también me ha dicho que has estado ayudando a limpiar el bosque lo que ha permitido que los aldeanos puedan ir más tranquilos a recolectar leña, Silas también mencionó que tenías pruebas de caza, si te parece bien podemos procesar tus recompensas de una vez aprovechando que has venido.

Extendí la mano para saludarlo y le respondí: – Mucho gusto señor, no hay necesidad de agradecerme, las personas de la aldea también me han ayudado mucho y les estoy agradecida…

además de los cuernos de conejo y picos de gaviota hay algo más importante que tengo que mostrarle.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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