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Crónicas de Nadir: La Arquera de los Espíritus y el Maná sin Fin - Capítulo 33

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33: 33-.

Las Dos Caras de Lazu 33: 33-.

Las Dos Caras de Lazu El viaje transcurrió sin contratiempos el resto del camino, permitiéndome observar cómo el paisaje cambiaba a medida que nos alejábamos de la costa.

Dejamos atrás la brisa salina de Caelum para adentrarnos en un valle vibrante.

A nuestra derecha, un bosque frondoso se extendía hasta donde alcanzaba la vista, atravesado por un río caudaloso que brillaba bajo el sol como una cinta de plata.

El agua del río se desviaba mediante ingeniosos canales hacia extensos campos de cultivo y llanuras doradas que alimentaban a la región.

A lo lejos, las montañas se alzaban imponentes, con sus picos todavía coronados por nubes blancas.

Finalmente, las murallas de Lazu aparecieron en el horizonte.

Eran estructuras colosales de piedra gris, reforzadas con torretas de vigilancia donde los guardias patrullaban con lanzas relucientes.

Al llegar a las puertas principales, nos encontramos con una larga fila de carruajes y comerciantes esperando su turno para poder entrar a la ciudad.

Cuando llegó nuestro tuno para entrar, Clarissa mostró un documento con el sello de la aldea al guardia de turno.

Tras una breve revisión y un par de preguntas de rutina, el pesado rastrillo de hierro se elevó, permitiéndonos entrar, revelando las casas y edificios construidas con una mezcla de piedra y madera, que daba una sensación de estar en la edad media, los caminos también estaban pavimentados con una especie de piedra que no supe identificar y había muchas personas y carruajes recorriendo sus caminos.

En cuanto estuvimos cerca de la ciudad yo guarde mi arco y carcaj, también aproveché para ver mi botín y la exp que había ganado.

En total conseguí 17 gaviotas y 5 conejos, en cuanto a la exp…

Solo tenía 403 de los 1800 que necesitaba para subir de nivel, para este momento Keon ya había regresado hace tiempo a la Isla y yo dejé de revisar mi panel cuando escuché la voz de Clarissa.

– Primero iremos al Gremio de Comerciantes a entregar las mercancías principales…

instruyó Clarissa mientras avanzábamos por las calles empedradas – Después buscaremos una posada para pasar la noche.

La ciudad bullía de vida.

El sonido de los cascos de los caballos, el pregón de los vendedores y el aroma a pan recién horneado y especias creaban una atmósfera embriagadora.

Una vez cumplido el trámite en el gremio y aseguradas nuestras habitaciones en una posada acogedora cerca de la plaza central, Clarissa se volvió hacia mí.

– Selene, es hora de entregar los suministros que traes en tu almacenamiento.

Acompáñame.

Mientras caminábamos, mis ojos se abrieron de par en par al ver una estructura imponente que dominaba el distrito central.

Era una catedral de mármol blanco, con gárgolas talladas, vidrieras de colores que reflejaban la luz del sol y cúpulas recubiertas de láminas de oro.

Todo en ella gritaba lujo y poder.

Le pregunté a Clarissa, asombrada por tal opulencia.

– ¿Es ahí donde vamos?

Clarissa soltó una risa amarga y negó con la cabeza.

– No, Selene.

Esa es la Iglesia de los Héroes.

Es la institución más rica del reino, dedicada a aquellos que salvaron el mundo.

La iglesia de Safira está un poco más adelante.

Seguimos caminando hasta que el mármol fue reemplazado por madera vieja y el bullicio por un silencio respetuoso.

Al final de un callejón limpio pero humilde, se alzaba una pequeña iglesia de madera.

No tenía oro ni vidrieras costosas, pero emanaba una paz que la gran catedral no poseía.

En la entrada nos recibió un hombre de cabello canoso y rostro surcado por arrugas de bondad.

Al ver al hombre, parado cerca de la puerta, Clarissa se acercó y lo saludo con calidez.

– ¡Padre Mateo!

– Bienvenida, Clarissa.

Es una bendición verte de nuevo, ¿Y quién es esta joven que te acompaña?

– Ella es Selene.

Nos ha ayudado a traer los suministros que el jefe Alastor prometió para el orfanato.

El padre Mateo nos guio hacia la parte trasera del edificio.

Al cruzar el patio, vi a diez niños de entre tres y diez años jugando con pelotas de trapo y figuras de madera.

En cuanto vieron a Clarissa, sus rostros se iluminaron y corrieron hacia ella, rodeándola con risas y abrazos.

Llegamos a la cocina del orfanato, un lugar sencillo pero impecablemente limpio.

– Puedes dejarlas aquí, Selene  Con un pensamiento, materialicé las tres grandes cajas de madera sobre el suelo de piedra.

Al ver la cantidad de vegetales frescos, carne de conejo y pescado seco, el sacerdote juntó las manos en un gesto de profunda gratitud.

– No saben cuánto significa esto para nosotros.

Con la escasez de los últimos días, temía que los pequeños tuvieran que saltarse algunas comidas.

Gracias, de todo corazón.

Mientras los ayudantes del padre Mateo comenzaban a organizar los suministros, me quedé mirando a los niños jugar por la ventana.

La humildad de este lugar, contrastaba dolorosamente con la riqueza de la iglesia dedicada a los héroes.

Ver a los niños correr y reír por el patio del orfanato me trajo una paz que no esperaba.

Por un momento, me olvidé de los niveles, las mazmorras y la niebla del mundo espiritual.

Me senté en un banco de madera desgastada y, en poco tiempo, me vi rodeada de pequeños que querían saber si era una “princesa” y pasé un rato jugando con ellos, enseñándoles algunos de los juegos que solia jugar cuando tenia su edad en mi mundo y escuchando sus historias de héroes imaginarios.

Cuando finalmente llegó el momento de despedirnos, el padre Mateo nos bendijo en nombre de Safira con una sencillez que me conmovió.

Al salir de la pequeña iglesia de madera y caminar de regreso hacia las calles más concurridas, me armé de valor y rompí el silencio.

– Clarissa…

he estado pensándolo mucho.

Después de la ceremonia de mayoría de edad a finales de mes, he decidido que me quedaré aquí, en Lazu…

quiero unirme al Gremio de Aventureros.

Clarissa se detuvo en seco, mirándome con una mezcla de tristeza y orgullo.

Suspiró, acomodando su túnica antes de hablar.

– Sabía que este día llegaría, Selene.

Pero escucha bien…

el Gremio no es como la aldea.

Allí, la fuerza es la única moneda, y hay muchos que intentarán aprovecharse de una cara nueva.

Cuídate de las misiones que parecen demasiado fáciles y, sobre todo, no confíes tu espalda a cualquiera.

Lazu es hermosa, pero sus callejones tienen sombras largas.

Asentí, guardando cada palabra en mi memoria.

Clarissa no siguió el camino hacia nuestra posada, en su lugar, giró en una esquina que daba a una de las avenidas principales.

– Ven.

Si vas a hacerlo, al menos quiero que sepas cómo llegar cuando llegue el momento.

Caminamos un par de manzanas hasta que nos detuvimos frente a un edificio imponente de piedra reforzada y madera oscura.

Sobre la puerta colgaba un escudo de metal con el grabado de una espada y un libro cruzados.

El bullicio que salía del interior era constante, el sonido de jarras de metal, risas estruendosas y el murmullo de cientos de conversaciones sobre contratos y monstruos.

– Este es el Gremio de Aventureros de Lazu.

Aquí es donde se forjan las leyendas…

y donde muchas terminan.

Apréndete el camino, Selene.

Cuando llegue el momento de tu despertar oficial, este será tu primer destino.

Me quedé observando la puerta del Gremio durante un minuto.

Podía sentir la energía vibrante de los aventureros entrando y saliendo, algunos con armaduras abolladas y otros con túnicas impecables.

Después Clarissa y yo regresamos a la posada para reunirnos con los demás y comer algo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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