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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 11

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11: capitulo 12 mundo en papel 11: capitulo 12 mundo en papel El silencio abrumador que siguió a la partida de Zain y Lina fue casi más ruidoso que su conversación.

Elysia se quedó sola, una extraña en la casa de un extraño, con solo un grillo como compañía.

La sensación de ser irrelevante, de ser una espectadora de problemas en los que no forma parte, se asentó en ella como un manto pesado.

Sin nada que hacer, su mirada recorrió el desorden del taller.

Era un caos de conocimiento.

Pilas de libros amenazaban con derrumbarse, pergaminos se desenrollaban sobre el suelo y extraños artefactos de metal y cristal ocupaban cada superficie libre.

El olor a papel viejo, hierbas secas y el leve rastro de de algún experimento fallido llenaba el aire.

Elysia sabía que no era correcto hurgar en las pertenencias de otros sin su permiso.

El honor y la disciplina estaban grabados en su alma.

Sin embargo, en el caso de Zain, parecía que el concepto de “orden” y “privacidad” era, como mínimo, flexible.

Además, su instinto de estratega superaba su sentido del decoro.

No podía quedarse de brazos cruzados.

Si iba a sobrevivir aquí, necesitaba entender.

Tomó una de las manzanas rojas y brillantes de la canasta de Lina, su primer bocado de comida en este nuevo mundo.

El sabor era simple, real, una dulce luz en la locura.

Con la manzana en una mano, comenzó su búsqueda.

Se movió con cuidado entre la pila de libros, leyendo los títulos en los lomos.

La mayoría eran incomprensibles para ella: Principios de Transmutación Entrópica, Análisis Comparativo de la Fisiología del Basilisco, Las Siete esencias de la Magia Ambiental.

Demasiado específico.

Demasiado complejo.

Necesitaba algo básico.

Algo que le diera un mapa, no solo de la tierra, sino de la gente.

Finalmente, en una pila menospreciada cerca de la chimenea, encontró lo que buscaba.

Era un libro modesto, de tapa dura, sin adornos mágicos.

El título estaba grabado en letras sencillas: Una Breve Historia de Theronis: Para Jóvenes Estudiantes.

Perfecto.

Se sentó en el suelo, con la espalda apoyada en una pila de libros más estable, y comenzó a leer.

A su lado, en su frasco de cristal, Pepe el grillo hizo unos ruiditos felices, como si aprobara a su nueva compañera de estudios.

Lo que Elysia descubrió en esas páginas la dejó tan aturdida como el mapa de Zain, pero de una manera diferente.

No había un solo reino todopoderoso como Aethelgard.

Este continente, Theronis, estaba dominado por dos grandes potencias en una frágil tregua: el Imperio Solariano, un régimen militarista y expansivo en el este; y la Federación de Kith, una alianza de ciudades-estado comerciantes y democráticas en el oeste.

Entre ellos había docenas de reinos más pequeños y territorios independientes que servían como murallas que aseguran neutralidad.

No había ninguna mención a un “Rey Demonio”.

La mayor catástrofe de su historia no había sido una guerra contra una oscuridad externa, sino un evento de hacía siglos llamado “La Fractura”, un cataclismo mágico que había destrozado el continente y del que todavía se estaban recuperando.

Su mundo había sido uno de blanco y negro, de luz contra oscuridad, de humanidad contra demonios.

Este mundo, en cambio, era una interminable escala de grises, llena de política, alianzas cambiantes y conflictos internos.

Cuando la luz del mediodía entraba por las ventanas.

La manzana estaba a medio comer, olvidada en su regazo.

La sensación de ser irrelevante no se había ido, pero ahora estaba acompañada por una nueva comprensión: no solo estaba en un mundo diferente, estaba en un tipo de mundo diferente.

No se sorprendería demasiado cuando llegara el momento de atravesar esa puerta al exterior.

Se sorprendería si lograba entenderlo.

Elysia cerró el libro de historia con un suave golpe.

No estaba contenta con su contenido.

La compleja red de alianzas, traiciones y treguas frágiles era un laberinto que le producía dolor de cabeza.

Su vida había estado definida por una claridad moral absoluta: la luz contra la oscuridad.

Este mundo de grises la dejaba con una sensación de vértigo.

Necesitaba algo más concreto, algo que sus instintos de guerrera pudieran procesar.

Volvió a la estantería y buscó otro libro, uno que le pareció más fácil de entender.

Era un tomo grande, encuadernado en cuero grueso, con el título grabado en lámina de plata: Compendio Ilustrado de la Fauna de Theronis, Mágica y Mundana.

Las ilustraciones eran la clave.

Lo abrió y sintió una oleada de alivio.

Las primeras páginas mostraban animales comunes.

Caballos, vacas, jabalíes, lobos…

si bien algunas razas eran ligeramente diferentes, en esencia no se distinguían mucho de los de su mundo.

Era un pequeño y reconfortante puente entre su realidad perdida y la actual.

Pero entonces, pasó a la sección de “Bestias Mágicas”, y ese puente se derrumbó.

En su mundo, las “bestias” eran creaciones del Rey Demonio.

Eran monstruosidades antinaturales, corruptas, nacidas de la oscuridad con el único propósito de destruir.

Grifos sombríos, quimeras de pesadilla, sabuesos infernales…

Eran enemigos.

Las criaturas de este libro eran otra cosa.

El texto no las describía como “malvadas”, sino como parte del ecosistema.

Un “Lomoveloz”, un jabalí del tamaño de un oso con placas óseas en el lomo, era descrito como territorial y peligroso, pero también como un manjar para los gigantes de las montañas.

Un “Acechador de Cristal”, una criatura felina que podía camuflarse como una formación de cuarzo, era temido por los mineros, pero su piel era un componente alquímico de gran valor.

El libro explicaba que estas bestias no usaban magia de la misma forma que los magos.

Poseían algo llamado “magia salvaje”.

Según el autor, la magia salvaje era una fuerza caótica e instintiva que se manifestaba en las criaturas como una función biológica más.

No era dirigida por la voluntad, sino por la necesidad.

Un Cuerno-Taladro, muy parecido a un caballo solo que tenía un cuerno en medio de su cabeza, no “lanzaba un hechizo” para hacer girar su cuerno a velocidades increíbles; simplemente lo hacía, de la misma forma que un pájaro batía sus alas.

El libro teorizaba que esta energía se acumulaba en un órgano o cristal dentro de la bestia, a menudo llamado “Piedra de Bestia” o “Núcleo Salvaje”.

Elysia se quedó absorta.

Estaba aprendiendo.

El Lomoveloz era rápido, pero su vientre no estaba protegido.

El Acechador de Cristal era vulnerable al sonido de alta frecuencia.

Los Colmillo Ácido tenían una glándula venenosa bajo la mandíbula que podía ser neutralizada con un golpe preciso.

Esto…

esto lo entendía.

No eran demonios a los que exterminar por un bien mayor.

Eran animales peligrosos.

Desafíos.

Obstáculos que tenían patrones, debilidades y fortalezas.

Cerró el libro con una nueva sensación.

El vértigo de la política se había ido.

La sensación de ser irrelevante había sido reemplazada por el enfoque frío de un cazador.

Quizás no entendía la historia de este mundo, ni sus reinos, ni sus gentes.

Pero un monstruo era un monstruo.

Y ella sabía exactamente qué hacer con ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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