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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Capitulo 15 Bestia Corrupta
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14: Capitulo 15: Bestia Corrupta 14: Capitulo 15: Bestia Corrupta Se adentraron en el bosque, alejándose del sendero principal.

Zain se movía rápido, sus ojos escudriñando el suelo, buscando las débiles trazas de energía corrupta.

Elysia lo seguía de cerca, sus pasos silenciosos a pesar de la armadura negra.

El bosque estaba extrañamente silencioso, como si los animales normales supieran que algo antinatural acechaba cerca.

—Nos dirigimos al arroyo del este —dijo Zain, su voz baja y concentrada—.

Es donde el niño fue herido.

La corrupción se aferra a su origen; la bestia no estará lejos.

Se detuvo y se volvió hacia ella.

El Mago y el caballero, uno al lado del otro en el corazón del bosque.

—Debemos definir nuestros roles —continuó él, con el tono de un estratega planeando un asalto—.

Mi tarea es rastrear y diagnosticar.

Una vez que encontremos a la bestia, la tuya es incapacitarla o matarla.

Pero necesito un componente biológico intacto para el antídoto: un colmillo, una glándula venenosa, algo que contenga una muestra concentrada de la corrupción original.

Así que, si es posible, no la desintegres.

Elysia asintió, su rostro oculto tras el yelmo.

La petición era lógica.

—Entendido.

Contención letal con recuperación de muestras.

Su respuesta, tan militar y precisa, hizo que Zain parpadeara.

—Háblame de estas “bestias corruptas” —dijo ella, su voz resonando metálica—.

El libro que leí las mencionaba, pero carecía de detalles tácticos.

¿Cuáles son sus capacidades?

Zain reanudó la marcha, adentrándose más en la espesura.

—Son un producto secundario y desagradable de La Fractura.

La corrupción no es una enfermedad, es una…

reescritura.

Toma a una criatura normal y amplifica sus rasgos más letales de una forma grotesca y antinatural.

»Independientemente de la criatura base, hay características comunes —le explicó él, su voz la de un profesor dando una conferencia en el campo—.

Primero, su piel se vuelve más dura, a veces tan resistente como el cuero hervido o incluso el hierro.

Las armas normales a menudo son ineficaces a menos que se apunte a las articulaciones o a los ojos.

Elysia absorbió la información, su mente ya calculando ángulos de ataque y puntos débiles.

—Segundo, sus armas naturales se exageran.

Las garras se vuelven más grandes y filosas, casi como el acero.

Los dientes se alargan.

Un simple mordisco puede desgarrar la carne hasta el hueso.

Tercero, sus instintos se agudizan hasta un grado depredador.

Son sumamente veloces y su único impulso es atacar a cualquier cosa con una fuerte firma vital.

No cazan por hambre, cazan para propagar la corrupción.

—¿Y las diferencias?

—preguntó Elysia.

—Ahí es donde se complica —respondió Zain, señalando unas huellas extrañas en el barro cerca de la orilla de un riachuelo—.

La especie base lo es todo.

Un insecto corrupto puede ser pequeño, increíblemente rápido y su veneno puede ser neurotóxico, atacando los nervios.

Pero un mamífero, como un tejón o un lobo corrupto, mantendrá su fuerza y su astucia, pero amplificadas.

Son más fuertes, más resistentes y mucho más difíciles de matar.

Por el tamaño de la herida del niño y la velocidad de la infección, apostaría a que nos enfrentamos a un mamífero pequeño.

Quizás una rata de río o una nutria.

Se detuvo y señaló hacia delante con la cabeza.

A través de los árboles, podían oír el suave murmullo del agua corriente.

—Estamos cerca.

A partir de aquí, el silencio es primordial.

Cualquier cosa que veas que se mueva de forma errática o que parezca “incorrecta”, asume que es hostil.

Elysia desenfundó lo que quedaba de su mandoble.

La hoja rota brillaba con una luz pálida contra la negrura de su guantelete.

No dijo nada, pero el gesto fue una respuesta clara.

Estaba en su elemento.

La caceria estaba comenzado.

_________________________________________ Mientras Zain y Elysia se adentraban en el bosque siguiendo las pistas de la corrupción, otro drama se desarrollaba más arriba en el mismo arroyo.

El crujido de ramas secas y el jadeo desesperado de cuatro individuos rompió la quietud del bosque.

Corrían.

No con el ritmo constante de un viajero, sino con el pánico desordenado de una presa.

Un joven de cabello oscuro y rostro tenso lideraba el camino, su estoque desenvainado en una mano mientras apartaba las ramas bajas con la otra.

Su nombre era Mael, y la máscara de líder valiente que intentaba mantener se resquebrajaba con cada mirada de pánico que lanzaba por encima del hombro.

Justo detrás de él venía Borin, un guerrero corpulento con un escudo redondo en la espalda y una maza de hierro en la cintura.

Pero no estaba en posición de combate.

En sus brazos, cargaba con una delicadeza que contradecía su tamaño a una chica joven, apenas una adolescente, que gemía débilmente.

La chica, Elora, estaba pálida y sudorosa, su cuerpo temblando con una fiebre violenta.

Cubriendo la retaguardia se movía una tercera figura, una exploradora ágil y silenciosa, con el rostro cubierto por una capucha y un pañuelo oscuro que solo dejaba ver unos ojos afilados y vigilantes.

Su mano nunca se alejaba del arco que llevaba colgado en el hombro.

—¡Mael, no puede más!

—gritó Borin, su voz un rugido ahogado por el esfuerzo—.

¡La fiebre la está consumiendo!

—¡Solo un poco más!

—respondió Mael, sin mirar atrás—.

El mapa dice que Villaclara está al sur de este arroyo.

¡Tiene que haber un sanador allí!

La exploradora, Lyra, se detuvo por un segundo, escuchando.

—No nos sigue.

Por ahora.

Podemos descansar.

Mael se apoyó contra un árbol, tratando de recuperar el aliento.

Borin depositó con cuidado a la joven enferma en un lecho de musgo.

Al hacerlo, la manga de su túnica se deslizó, revelando la causa de su malestar: en su antebrazo había una herida de mordisco, pequeña y desagradable, y desde ella, unas venas negras se extendían por su piel como una telaraña muerta.

Los signos de un malestar que amenaza con consumir su vida.

—Fue tan rápido —susurró Borin, mirando la herida con horror—.

Estábamos llenando las cantimploras y esa…

cosa…

saltó del agua.

Antes de que pudiéramos reaccionar, la había mordido y desaparecido.

Lyra se arrodilló junto a Elora, su rostro cubierto impidiendo leer su expresión.

—Su pulso es débil y rápido.

La corrupción se asienta.

Si no encontramos a alguien que sepa cómo tratar esto, la perderemos.

Mael apretó el puño, la frustración y el miedo luchando en su rostro.

Eran aventureros, sí, pero jóvenes.

Buscaban tesoros, no enfrentarse a monstruos salidos de una pesadilla.

—En Villaclara —dijo, más para convencerse a sí mismo que a los demás—.

Oí historias.

Dijeron que hay un mago extraño que vive allí.

Un sanador.

Él sabrá qué hacer.

Un chillido agudo y antinatural resonó desde la espesura del bosque, no muy lejos.

Los tres se pusieron rígidos.

El terror volvió a sus ojos.

La bestia no se había rendido.

Solo estaba jugando con ellos.

La caza estaba lejos de terminar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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