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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Capitulo 18 Calma luego de la caza
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17: Capitulo 18: Calma luego de la caza 17: Capitulo 18: Calma luego de la caza Unas horas más tarde, el aire en la cabaña del leñador ya no olía a miedo, sino a hierbas medicinales y a un alivio palpable.

En la pequeña habitación, Gregor le daba de beber a su hijo la última dosis del antídoto.

El líquido espeso y oscuro hizo efecto casi de inmediato.

La respiración febril de Thomas se calmó, volviéndose profunda y regular, y la fiebre que lo consumía pareció romperse como un hechizo.

Las horribles manchas negras en su piel, aunque todavía visibles, habían dejado de extenderse y comenzaban a desvanecerse, perdiendo su brillo maligno.

En la habitación principal, convertida en un puesto de socorro improvisado, Zain atendía al grupo de aventureros.

Con una aguja e hilo encantado, suturaba el profundo corte en el brazo de Mael.

Borin, el corpulento guerrero, estaba despierto, con el costado vendado y una expresión de dolor y gratitud en su rostro.

Lina y la esposa de Gregor actuaban como enfermeras improvisadas, trayendo agua limpia, vendas y siguiendo las precisas instrucciones de Zain.

Y en un rincón, junto a la chimenea apagada, estaba Elysia.

Con su yelmo y sus sentidos aún alertas, ella no descansaba, su armadura negra la aislaba del resto de la escena.

Observaba todo en silencio, una extraña estatua de guerra en medio de un cuadro de curación.

No había órdenes que dar, ni formaciones que mantener.

Había cumplido su propósito, y ahora, de nuevo, no sabía qué decir ni qué hacer, pero una parte de ella aún la obliga a estar alerta.

Fue entonces cuando la exploradora del grupo, Lyra, se acercó a ella.

Se movía con la cautela de un animal del bosque que se acerca a una fuerza de la naturaleza, temerosa de hacer un movimiento en falso.

Se había quitado el pañuelo, revelando un rostro joven y serio.

Elysia la observó acercarse, su rostro impasible.

—Mi nombre es Lyra —dijo la exploradora en voz baja, deteniéndose a una distancia respetuosa.

Su voz temblaba ligeramente—.

Nos salvaste.

A todos nosotros.

Elysia simplemente asintió, un movimiento corto y rígido.

—Era una amenaza.

Ha sido neutralizada.

Lyra negó con la cabeza, como si esa respuesta fuera demasiado simple, demasiado inadecuada para lo que había presenciado.

—Fue más que eso…

—insistió—.

Nunca he visto a nadie moverse así.

Ni siquiera en las leyendas que cuentan los bardos.

El monstruo…

no tuvo ninguna oportunidad.

Elysia permaneció en silencio, sus ojos grises detrás de su yelmo fijos en el rostro de la joven.

Lyra respiró hondo, reuniendo el coraje para hacer la pregunta que ardía en su mente, la pregunta que todos en esa habitación probablemente se estaban haciendo.

—Tú…

¿qué eres?

La pregunta quedó suspendida en el aire, cargada de asombro y miedo.

¿Qué eres?

Elysia sintió la necesidad de responder, de dar una respuesta simple como “Soy un caballero”, pero sabía que esas palabras serían huecas.

¿Un caballero de dónde?

¿De un reino que no existía?

La verdad era demasiado compleja, demasiado increíble.

Abrió la boca para decir algo, cualquier cosa que pudiera desviar la pregunta.

Pero fue interrumpida.

—¡Zain!

¡Funciona!

¡Por los dioses, funciona!

Gregor, el padre del niño, irrumpió en la habitación principal desde el dormitorio, su rostro de rudo leñador completamente deshecho por las lágrimas de alivio.

Se dirigió directamente a Zain, quien acababa de terminar de vendar el brazo de Mael.

—Su fiebre ha bajado…

respira tranquilamente…

—dijo Gregor, su voz quebrada por la emoción.

Agarró la mano de Zain con ambas manos, un gesto que casi aplasta los dedos del mago—.

Salvaste a mi hijo.

Nunca podré pagarte esto.

¡Nunca!

El emotivo arrebato captó la atención de todos en la habitación.

Lina sonrió entre lágrimas.

La esposa de Gregor se unió a su marido, agradeciendo a Zain con sollozos de gratitud.

Zain, visiblemente incómodo con el torrente de emociones, retiró su mano con torpeza.

—No…

no fui solo yo —dijo, su mirada desviándose por la habitación.

Y entonces, Zain, el mago/sanador, el observador, el hombre que la veía como una anomalía, no tuvo mejor idea que decir la verdad.

Sus ojos se encontraron con los de Elysia, que seguía de pie en el rincón, olvidada momentáneamente.

—La verdad es que sin la ayuda de esa caballero de armadura negra, no hubiera sido posible —anunció a toda la sala—.

Yo solo hice el antídoto.

Ella cazó al monstruo.

Un nuevo silencio cayó, pero esta vez, todos los ojos, los de Gregor, los de su esposa, los de los aventureros se volvieron hacia Elysia.

Ya no la miraban con el miedo que le tenían a un monstruo o la curiosidad que sentían por un extraño.

La miraban con el mismo asombro y gratitud que le habían mostrado a Zain.

Lyra, que seguía de pie frente a ella, finalmente obtuvo su respuesta.

No importaba qué era ella.

Lo que importaba era lo que había hecho.

Elysia, por su parte, se encontró en una posición completamente nueva.

No era venerada como una Comandante, ni temida como una enemiga.

Era…

apreciada.

Como una persona.

Y no estaba segura de cómo sentirse al respecto.

Tanto el padre del niño como su esposa, llenos de una gratitud que no cabía en palabras, no dudaron un instante.

Insistieron en preparar un exquisito festín para celebrar.

La pequeña cabaña, que horas antes había sido un santuario de miedo, ahora rebosaba de una vida ruidosa y alegre.

El intenso aroma medicinal iba siendo eclipsado poco a poco por el rico aroma de la carne asada y pan recién horneado.

El grupo de aventureros, sin embargo, se sintió profundamente incómodo.

Se habían agrupado cerca de la puerta, como si planearan una huida.

—Deberíamos irnos —dijo Mael en voz baja a sus compañeros—.

No hemos hecho más que estorbar.

—Tiene razón —gruñó Borin, tocándose el costado vendado—.

Fuimos nosotros los que necesitamos ser rescatados.

Esto no es para nosotros.

Lina, que los oyó, se acercó con una bandeja de jarras de madera.

—¡Tonterías!

—dijo con una sonrisa que desarmaba cualquier protesta—.

Si no fuera por vosotros, su compañera Elora no habría llegado hasta aquí.

Son parte de esta victoria, y se quedarán a celebrarla.

Es una orden.

Su tono alegre no admitía réplica, y con un poco de persuasión, consiguió que el grupo se sentara a la improvisada pero larga mesa que Gregor había montado.

La cena comenzó.

La conversación era animada, llena del alivio y la alegría de una crisis superada.

Elysia estaba sentada, una figura silenciosa de acero negro en medio de la celebración.

Viendo la escena, el calor de la chimenea y la sinceridad en los rostros de todos, Elysia tomó una decisión.

En su mundo, un caballero nunca se quitaba el yelmo en presencia de extraños, pero este no era su mundo.

Y esta gente…

no eran extraños.

Eran aliados.

Con un suave clic, soltó los cierres y se quitó el casco.

Lo colocó a su lado en el banco.

Su cabello rubio ceniza cayó sobre sus hombros, brillando a la luz del fuego.

Mael, que estaba a punto de llevarse un trozo de pan a la boca, se quedó congelado.

Su mano se detuvo a medio camino.

Su mandíbula se aflojó.

Había visto a la guerrera, a la imponente caballero negra.

No estaba preparado para la mujer que había debajo.

Su belleza no era la de una doncella de corte, sino la de una valquiria: fuerte, serena y con una intensidad en sus ojos grises que le cortó la respiración.

Casi se queda sin aliento.

A su lado, Elora, la joven maga, que ahora estaba sentada y bebiendo un caldo caliente con las mejillas recuperando algo de color, notó la mirada embobada de su líder.

Con una expresión de fastidio divertido, le dio un codazo agudo en las costillas a su líder para que no fuera maleducado.

Mael soltó un pequeño quejido y casi se atraganta, volviendo bruscamente a la realidad.

Su rostro se puso de un rojo brillante, y de repente encontró el patrón de la veta de la mesa increíblemente fascinante, evitando la mirada de todos.

Por primera vez esa noche, una diminuta y casi imperceptible sonrisa se dibujó en los labios de Elysia.

Bueno, todo esto salió mejor de lo esperado.

Penso Zain para si mismos, disfrutando de los pequeños momentos de calma luego de un trabajo bien echo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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