Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 20

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Crónicas de un mundo Roto
  4. Capítulo 20 - 20 Capitulo 21 Rarezas de otro mundo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

20: Capitulo 21: Rarezas de otro mundo 20: Capitulo 21: Rarezas de otro mundo La pregunta del herrero quedó suspendida en el aire caliente y cargado de hollín del taller.

“¿Qué demonios es este metal?” Todos los ojos estaban fijos en Zain.

Los aventureros, que se habían mantenido a una distancia prudente, se acercaron instintivamente, atraídos por el drama.

Zain, por una vez, no tenía una respuesta científica inmediata.

Sabía la verdad, pero la verdad era imposible.

Así que hizo lo que mejor sabía hacer: improvisar con una verdad a medias.

—Digamos que es una reliquia, Gunter —dijo Zain, su tono volviéndose deliberadamente misterioso—.

De una era muy, muy antigua.

Pre-Fractura, muy probablemente.

Encontrada en unas ruinas olvidadas.

La mención de la era Pre-Fractura hizo que Gunter arqueara sus pobladas cejas.

Era la época de las leyendas, de una magia y una tecnología que se habían perdido para siempre.

Pero Gunter era un hombre de hechos, no de historias.

Era un maestro artesano con más de cuarenta años de experiencia.

Había trabajado con todo, desde el oro más puro hasta el rarísimo y peligroso “acero de dragón”, un metal infundido con escamas de dragón, usado para forjar las únicas armas capaces de herir a las bestias mágicas de más alto nivel.

Y nunca, en toda su vida, había sentido algo como esto.

Se quedó como un niño que ve un insecto nuevo por primera vez.

Con un gruñido, arrojó la chatarra que tenía en las manos y agarró el pequeño fragmento con sus mejores tenazas.

Lo acercó al corazón rugiente de la fragua.

—Veamos cómo a esta cosa le gusta el calor —murmuró.

El grupo observaba en silencio.

Normalmente, cualquier metal, incluso el acero de dragón, habría empezado a brillar con un rojo intenso en segundos.

Pero el fragmento negro permaneció negro.

No brilló.

No se calentó.

Parecía absorber el calor de la fragua como un agujero en la realidad, sin cambiar en lo más mínimo.

—Imposible…

—susurró Elora, la joven maga, sus ojos muy abiertos—.

Una disipación térmica perfecta.

Gunter retiró el metal, su expresión ahora una mezcla de frustración y una obsesión creciente.

Lo colocó sobre su yunque y levantó su martillo más pesado.

—Si no se calienta…

¡se doblará!

—rugió, y descargó un golpe con toda la fuerza de sus poderosos brazos.

¡¡¡TIIING!!!

El sonido no fue el clang sordo del acero.

Fue un canto puro, agudo y cristalino que hizo vibrar los dientes de todos.

El martillo rebotó en el metal con tal fuerza que Gunter casi lo deja caer.

El fragmento no tenía ni una marca.

Ni una abolladura.

Gunter lo miró, incrédulo.

Luego miró a Elysia.

Luego de nuevo al metal.

Finalmente, tiró el martillo al suelo con un estruendo.

—No puedo forjar esto —admitió, su voz ronca no por la ira, sino por el asombro—.

Es como intentar forjar una sombra o darle forma al agua.

No obedece ninguna de las reglas.

Se acercó a Elysia y examinó las piezas dañadas que ella sostenía.

Vio las grietas, las abolladuras de la batalla.

—Está dañado —dijo, más para sí mismo que para los demás—.

Así que puede ser dañado.

Pero no puede ser reparado…

no con mis métodos.

Hizo una pausa, sus ojos de artesano recorriendo las fracturas.

Entonces, una idea pareció encenderse en su mente.

—Pero…

—dijo lentamente—.

Tal vez…

no necesite ser forjado.

Las roturas son limpias.

Si pudiera fundir estos pequeños fragmentos…

usarlos como una soldadura…

—Se volvió hacia Zain, su orgullo olvidado, reemplazado por la emoción del desafío—.

Tu magia.

¿Puedes generar un calor lo suficientemente enfocado como para fundir este material sobre sí mismo?

La colaboración entre el herrero y el mago, había comenzado.

El artesano de lo físico y el maestro de lo arcano, unidos por una rareza de otro mundo.

Elysia observaba la escena en silencio, sintiéndose como una espectadora en una obra de teatro escrita en un idioma que no entendía.

Gunter y Zain estaban ahora acurrucados sobre el yunque, ignorando a todos los demás en el taller.

El herrero, con sus dedos cubiertos de hollín, dibujaba diagramas en el suelo con un trozo de carbón, mientras Zain los corregía, hablando de “puntos de fusión enfocados”, “resonancia” y “matrices moleculares”.

Era una conversación que, en la mente de Elysia, simplemente no debería ser posible.

Un maestro herrero y un mago, discutiendo sobre la reparación de una armadura con la intensidad de dos arqueólogos descifrando un texto antiguo, escrito en un pedazo de metal.

Una parte de ella, la guerrera que dependía de su equipo, no sabía si estar feliz por recibir su ayuda.

La posibilidad de que su armadura, su segunda piel, pudiera ser reparada, era una luz de esperanza que no se había atrevido a albergar.

Pero otra parte de ella estaba profundamente preocupada.

Observó al herrero.

Gunter, el hombre que minutos antes había estado rugiendo sobre la “basura de mago”, ahora estaba completamente absorto, su rostro iluminado por la misma fiebre intelectual que siempre ardía en los ojos de Zain.

Miró de un rostro al otro y vio lo mismo: una obsesión por resolver el rompecabezas.

El herrero práctico y gruñón se había vuelto una versión más centrada y directa de Zain el mago obsesionado con ella y su origen.

En su mundo, un herrero confiaba en su brazo, su ojo y el secreto de su fragua.

Un mago confiaba en su magia y su poder.

No colaboraban de esta manera, mezclando la ciencia del metal con la teoría de lo arcano.

Elysia se sintió como una extraña en más de un sentido.

No solo era de otro mundo; sus herramientas, extensiones de su propia alma, ahora eran el nexo de una colaboración científica que no podía comprender.

Mael y su grupo observaban con el mismo asombro silencioso.

Vieron a su guía, Lina, sonriendo como si esto fuera lo más normal del mundo.

Y en ese momento, entendieron que Villaclara no era solo un pueblo con un mago poderoso.

Era un lugar donde lo imposible, al parecer, era lo del día a día.

——————— —¡Fuera!

¡Todos fuera!

—rugió Gunter de repente, su voz haciendo vibrar las herramientas colgadas en la pared—.

¡Necesito silencio para pensar!

¡Tú, mago, te quedas!

¡El resto, ir a tomar aire!

El grupo fue echado sin contemplaciones de la herrería, parpadeando bajo la brillante luz del sol mientras la puerta se cerraba con un golpe sordo detrás de ellos.

Se quedaron allí, un extraño conjunto de personas: la hija del panadero, una caballero de otro mundo y un pequeño grupo de aventureros magullados.

Lina, completamente imperturbable por el temperamento del herrero, se giró hacia Elysia con una sonrisa.

—Bueno, parece que van a tardar un rato.

¿Quieres pasar el rato con nosotros mientras esperamos?

Podemos ir a la plaza.

Elysia, que no tenía ningún otro plan más allá de esperar, simplemente asintió.

Los aventureros, sin nada más que hacer mientras su equipo estaba siendo evaluado, decidieron unirse.

Mael intercambió una mirada significativa con Lyra, Elora y Borin.

Esta era una oportunidad de oro, una que no podían desperdiciar.

Decidieron quedarse con Lina y, a su vez, ser capaces de sacar algo de información sobre la caballero misteriosa.

Así, el grupo más extraño que Villaclara había visto en mucho tiempo comenzó a caminar hacia el centro del pueblo.

Lina lideraba el camino, charlando alegremente sobre las virtudes de las tartas de manzana de su padre.

Mael y Borin la seguían, intentando parecer casuales mientras lanzaban miradas furtivas a la mujer de la armadura negra que caminaba a su lado, cosa que Lyra y Elora notaron que hacían muy mal.

Para Elysia, la experiencia era más extraña que luchar contra una bestia corrupta.

En el campo de batalla, entendía las reglas.

En una sesión informativa, entendía el objetivo.

Pero esto…

esto era “pasar el rato”.

No había un objetivo claro, ni una amenaza visible.

Era un territorio completamente nuevo y desconcertante.

Se sentía como un soldado sin órdenes, siguiendo a una comandante alegre y a una unidad de exploradores sospechosos, los cuáles le lanzan miradas poco sutiles, era como estar en una misión cuyo propósito no lograba comprender.

Y, sin embargo, mientras escuchaba la risa de Lina y observaba a la gente del pueblo saludándola, una parte de ella comenzó a relajarse.

Este mundo, con toda su extrañeza, tenía una calidez que el suyo, perpetuamente en guerra, había perdido hacía mucho tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo