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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 Capitulo 22 Un paseó pasifico
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21: Capitulo 22: Un paseó pasifico 21: Capitulo 22: Un paseó pasifico El grupo llegó a la plaza central, y para Elysia, fue como entrar en un sueño.

En su mundo, las plazas eran para los desfiles militares, los reclutamientos y las ejecuciones públicas.

Eran espacios de orden y propósito.

Esta plaza era un caos de vida.

Los diferentes puestos de comida y productos estaban en su auge.

El aire estaba lleno de una mezcla de olores: pan recién horneado, especias exóticas, cuero trabajado y flores frescas.

Los vendedores gritaban sus ofertas, los niños corrían y reían persiguiendo palomas, y la gente del pueblo paseaba, charlando y regateando, sus rostros relajados y sus espaldas sin la tensión constante de la guerra.

Vivían sus vidas en paz.

Fue una visión tan simple y, sin embargo, tan profundamente ajena que a Elysia le costó procesarla.

No había guardias en cada esquina, ni atalayas buscando amenazas en el horizonte.

No había el hedor a miedo y a humo que siempre impregnaba el aire de las ciudades de Aethelgard.

Este era un mundo sin demonios.

Un mundo que su rey y su reina habían soñado, pero que ella nunca había creído realmente posible.

—¿Tienes hambre?

—la voz alegre de Lina la sacó de su ensueño—.

¡Conozco el mejor puesto de brochetas de carne de este lado de las tierras intermedias!

Con su natural dulzura, Lina tomó suavemente el brazo enguantado de Elysia y la guió a través de la multitud.

La gente se apartaba al ver a la imponente figura de la caballero negra, pero sus miradas no eran de miedo, sino de una curiosidad respetuosa.

Los rumores sobre la heroína que había salvado al hijo del leñador y cazado al monstruo de rio, ya habían empezado a extenderse.

Los cuatro aventureros las siguieron de cerca, sintiéndose como los guardaespaldas de una princesa y su extraña guardiana.

Lina guió a Elysia hacia un puesto de madera del que emanaba un humo delicioso.

Un hombre robusto con un delantal manchado les sonrió.

—¡Lina!

¿Y quién es tu nueva amiga?

—preguntó el vendedor, guiñándole un ojo a Elysia.

—Es Elysia —dijo Lina con orgullo—.

¡Y quiere probar una de tus famosas brochetas de jabalí!

Mientras el vendedor preparaba la comida, Elysia observaba la escena.

Lina charlaba con el vendedor, riendo de un chiste que él le contó.

Le entregó la brocheta caliente a Elysia, su sonrisa tan cálida como la comida que le ofrecía.

Elysia tomó la brocheta, el aroma haciendo que su estómago protestara.

Se levantó el visor de su yelmo y dio un mordisco.

La carne estaba tierna, sabrosa, llena de una simple y honesta delicia.

Vio a Lina sonreírle, esperando su veredicto.

Y en esa sonrisa, en ese simple acto de compartir comida en una plaza pacífica, Elysia sintió algo que no había sentido en años.

No era el deber.

No era el honor.

No era la furia de la batalla.

Era calma.

Y por un breve momento, la caballero de la armadura negra se permitió simplemente disfrutarla.

——————— Mientras Elysia experimentaba su raro momento de paz, una escena muy diferente se desarrollaba a unos pocos metros detrás de ellas.

El grupo de aventureros se había agrupado cerca de una fuente, fingiendo admirar la mampostería mientras mantenían una pequeña reunión secreta.

Susurraban entre ellos, sus cabezas juntas como conspiradores.

—Esta es nuestra oportunidad —dijo Mael, el líder, su voz un murmullo urgente—.

Están distraídas.

¿Qué preguntamos primero?

La pregunta dividió inmediatamente al grupo.

—El mago —insistió Elora, sus ojos brillando con una intensidad febril—.

Olvidad a la caballero por un momento.

Un mago de un posible Nivel 4, ¿escondido en este pueblo?

Eso desafía toda lógica.

Es una anomalía de primer orden.

Necesito saber quién es, de dónde vino, por qué está aquí.

¿Es un exiliado político?

¿Un investigador en una misión secreta?

Borin, el guerrero de la maza, resopló, descartando las teorías de la maga con un gesto de su enorme mano.

—¿A quién le importa la historia de un mago?

¡Lo que importa es la fuerza!

—argumentó, su voz un retumbo bajo—.

¿Visteis a esa mujer?

¿Ese corte?

¡Ni siquiera sudó!

Quiero saber más sobre su fuerza.

¿Es de otra tierra, como dijo el mago?

¿Cómo será su estilo de combate?

¿Es la armadura lo que la hace tan poderosa?

¡Esa es información que vale oro para cualquier guerrero!

Lyra, la exploradora, permaneció en silencio, observando a las dos figuras en el puesto de comida.

Ella no estaba interesada en teorías arcanas ni en técnicas de combate.

Su mente, práctica y centrada en la supervivencia, se hacía una pregunta mucho más simple y fundamental.

—Yo quiero saber de dónde viene —dijo en voz baja, atrayendo la atención de los otros dos—.

No solo el nombre de su lugar de origen.

Quiero saber cómo es un lugar que produce guerreros como ella y el como un mago como Zain la encontro.

Los tres se quedaron en silencio, cada uno perdido en su propia línea de investigación.

Estaban tan absortos en su debate que no se dieron cuenta de que Elysia se había girado lentamente y los estaba observando por encima del hombro de Lina.

Su audición, afinada por años de escuchar el susurro de una emboscada, podía captar fragmentos de su conversación.

“Mago”, “fuerza”, “de dónde viene”.

No se enfadó.

No se sintió amenazada.

En cambio, sintió una extraña punzada de diversión.

En su mundo, la gente susurraba sobre las tácticas del enemigo, la escasez de alimentos o el último decreto real.

En este mundo, aparentemente, ella y el mago raro eran el chisme más interesante del pueblo.

Justo cuando el debate de los aventureros llegaba a su punto muerto, fueron interrumpidos.

No por un grito ni por una pelea, sino por un repentino cambio en la atmósfera de la plaza.

La multitud pareció abrirse, creando un pasillo.

Por él caminaba un joven que parecía sacado de una balada de teatral.

Era alto, con el cabello largo y rubio dorado que caía en ondas perfectas sobre sus hombros.

Llevaba una camisa blanca de lino, abierta para revelar un pecho tonificado, y unos pantalones ajustados.

Su porte era elegante, su sonrisa, deslumbrante.

El hombre se acercaba con un ramo de rosas silvestres en la mano, sus ojos fijos en un solo objetivo: Lina.

Ignorando a todos los demás, se deslizó a través de la multitud y, en un movimiento dramático y ensayado, se puso de rodillas frente a ella.

—¡Mi querida Lina!

—declaró, su voz lo suficientemente alta para que la mitad de la plaza lo oyera—.

¡Ni el sol de la mañana puede compararse con el brillo de tu sonrisa!

¡He atravesado los campos y los bosques solo para traerte estas humildes flores, un pálido reflejo de tu belleza!

¡Por favor, dime que aceptarás mi amor y harás de mí el hombre más feliz de Theronis!

Elysia, que estaba a punto de dar otro mordisco a su brocheta, se detuvo y observó la escena, completamente desconcertada.

¿Era esto algún tipo de costumbre local?

¿Un ritual de cortejo público?

Lina, por su parte, no parecía ni sorprendida ni particularmente impresionada.

Cruzó los brazos, una sonrisa que era una mezcla de exasperación y diversión en su rostro.

Parecía conocer muy bien al tipo.

Elysia afinó el oído y logró escuchar los murmullos de la gente en la plaza.

—Oh, de nuevo él…

—suspiró una anciana que vendía verduras.

—Qué envidia, es tan romántico…

—dijo una de las chicas más jóvenes con un suspiro soñador.

—Dale crédito, al menos es persistente —comentó un hombre que estaba cerca, como si ya estuviera acostumbrado a este espectáculo.

Los aventureros, su misión de espionaje olvidada, miraban la escena con una mezcla de diversión y confusión.

Mael se inclinó hacia Lyra.

—¿Quién es ese payaso?

Lyra se encogió de hombros.

—Parece ser el “interés romántico” local.

—No parece muy bueno en eso.

Dijo Elora junto a Borin La atención de Elysia, sin embargo, se fijó en algo más.

El hombre arrodillado era guapo, sí.

Su declaración era apasionada, sin duda.

Pero había algo en su sonrisa, en la forma en que sus ojos miraban a Lina, que a Elysia no le gustó.

Era posesivo.

Era la mirada de un hombre que no veía a una persona, sino un premio que ganar.

La caballero de otro mundo, experta en leer las intenciones de sus enemigos, sintió una repentina y clara sensación de desagrado por el apuesto pretendiente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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