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Crónicas de un mundo Roto - Capítulo 29

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  4. Capítulo 29 - 29 Capitulo 30 Tranquilo
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29: Capitulo 30: Tranquilo 29: Capitulo 30: Tranquilo El mundo regresó a Zain de forma lenta y confusa.

Primero fue el sonido: dos voces femeninas, una un murmullo ansioso y familiar, la otra una cadencia tranquila y uniforme.

Luego fue el olor: el aroma a hierbas medicinales de su propio taller, mezclado con algo nuevo, un ligero perfume a cera de limón y pan recién horneado.

Finalmente, abrió los ojos.

La luz del sol de la tarde se filtraba por las ventanas, mucho más bajas en el cielo que cuando se había desmayado.

Se sentía…

descansado.

Profundamente descansado.

Y dolorido.

Le dolía todo el cuerpo por la caída, pero su mente estaba increíblemente clara.

Se incorporó lentamente sobre los codos, la manta cayendo a un lado.

Lo primero que vio fue a Lina, sentada en la silla junto a su cama, su rostro una mezcla de alivio y preocupación.

Al otro lado, de pie con los brazos cruzados, estaba Elysia, vestida con su ropa de civil.

Estaban en medio de una conversación.

—…y entonces, el segundo hombre cayó —decía la voz tranquila pero educada de Elysia, como si estuviera describiendo el clima—.

Utilicé puntos de presión para incapacitarlos sin causar daño permanente.

Se recuperarán con un fuerte dolor de cabeza y algo de orgullo herido.

El que se hace llamar Cassian huyó con su asociado.

Zain escuchaba, su cerebro tratando de procesar la información.

¿Puntos de presión?

¿Incapacitarlos?

¿Cassian?

—¡Pero podrían haberte hecho daño!

—respondió la voz preocupada de Lina—.

¡Deberías haber gritado, haber pedido ayuda!

—No era necesario —respondió Elysia con una lógica simple—.

La situación estaba bajo control.

Fue entonces cuando Lina notó que Zain estaba despierto.

—¡Zain!

—exclamó, su rostro iluminándose—.

¡Por fin!

¡Nos tenías muy preocupados!

Se levantó y le puso una mano en la frente.

—¿Cómo te sientes?, ¿Tienes fiebre?.

Zain apartó la mano con suavidad, su mente todavía intentando conectar los puntos.

Miró a Elysia.

—¿Cassian te atacó?

—preguntó, su voz ronca.

—Técnicamente, hizo que otros lo hicieran —corrigió Elysia—.

Fue una estratagema mal concebida.

Zain se sentó completamente, pasándose una mano por la cara.

Recordaba la explosión.

La caída.

Y a Elysia levantándolo como si no pesara nada.

—¿Cuánto tiempo he estado dormido?

—preguntó.

—Casi todo el día —respondió Lina—.

Te desmayaste por agotamiento.

Elysia ha estado…

cuidando las cosas.

La mirada de Zain recorrió el taller.

Estaba impecable.

Limpio.

Ordenado.

Era la primera vez que lo veía así desde que se mudó.

Luego su mirada volvió a Elysia, que lo observaba con su habitual expresión serena.

Había dejado a su “anomalía investigativa” sola por unas horas, y en ese tiempo, ella había limpiado su casa, había salido, se había enfrentado a un complot de incriminación y había neutralizado a dos matones en un callejón.

Zain se frotó las sienes, sintiendo un nuevo tipo de dolor de cabeza.

—De acuerdo —dijo lentamente, mirando de Lina a Elysia y viceversa—.

Creo que necesito que alguien me ponga al día.

Desde el principio.

Y, por favor, cuenten despacio lo que paso.

Elysia, sabiendo que tendría que repetir toda la historia, no mostró ni un ápice de frustración.

Simplemente asintió.

Con una calma metódica, tomó otra silla y la arrastró junto a la cama, sentándose al lado de Lina.

Ahora, los tres formaban un extraño semicírculo, dos mujeres muy diferentes a punto de informar a un mago muy confundido.

Justo cuando Elysia se preparaba para empezar, Lina, con una sonrisa de complicidad, se inclinó y tomó una pluma limpia y una hoja de pergamino del escritorio de Zain.

Se los pasó.

—Para tu informe —dijo con un guiño—.

Te conozco muy bien.

Sé que querrías anotar todo.

Zain tomó la pluma y el papel con una gratitud casi instintiva, como un hombre sediento que recibe agua.

El simple acto de tener sus herramientas lo calmó, le devolvió una sensación de control.

—Gracias, Lina —murmuró.

Con el mago listo para tomar notas, Elysia comenzó su explicación.

Con una precisión militar, le contó todo, desde el momento en que salió del taller con Mael.

Describió la conversación con Gunter, la reforja de la espada, su encuentro con el grupo de aventureros y el cambio en la actitud de la gente del pueblo.

Luego, pasó al incidente en la plaza.

Describió la trampa del ladrón, la acusación, su propia contra-maniobra.

Zain dejó de escribir por un momento, sus ojos rojos muy abiertos de asombro ante la astucia de su plan.

Finalmente, le contó sobre el callejón.

Sobre los dos matones y la confrontación.

—…y en ese punto, determiné que la negociación verbal ya no era la estrategia más eficiente —explicó Elysia, con la misma calma con la que describiría una estrategia de combate —.

Procedí a neutralizar la amenaza física.

Zain miró sus notas.

“Neutralizar la amenaza física”.

Era la forma más clínica y desapegada de decir “les di una paliza”.

Cuando Elysia terminó, un pesado silencio llenó la habitación.

Zain miró su pergamino, cubierto de notas apresuradas.

Miró a Lina, cuyo rostro mostraba una mezcla de preocupación por la seguridad de Elysia y una clara desaprobación hacia Cassian.

Y finalmente, miró a Elysia.

Ella no había estado huyendo ni escondiéndose.

Había estado manejando crisis, interactuando con la gente y enfrentándose a conspiraciones locales, todo mientras él dormía.

—Así que —dijo Zain lentamente, procesando la magnitud de todo—, mientras yo estaba inconsciente, tú has conseguido un arma mejorada, te has hecho enemiga del noble local más problemático y te has establecido como una especie de justiciera urbana.

Elysia lo consideró por un momento.

—Sí —respondió—.

Supongo que esa es una forma de resumirlo.

Zain dejó caer la pluma.

Se recostó en la almohada y cerró los ojos.

—Necesito un poco de té —dijo al aire.

————————— Lina, con una sonrisa, se levantó y fue a preparar más té.

Mientras tanto, Elysia, a petición de un Zain fascinado, le había entregado su nueva espada para que la examinara.

Zain, ahora sentado en el borde de la cama con una manta sobre los hombros, sostenía el arma con un cuidado reverencial.

No la sostenía como un guerrero, sino como un erudito que sostiene un artefacto antiguo e invaluable.

Sus dedos trazaron las líneas azules que pulsaban débilmente en la hoja gris.

Su lupa arcana, que había sacado de algún bolsillo oculto, se movía lentamente sobre la superficie del metal.

—Es extraordinario —murmuró, su voz llena de un asombro genuino—.

La forma en que la matriz cristalina se ha realineado…

Es estable, pero fluida.

Gunter…

Gunter es un genio.

No pudo evitar elogiar al herrero.

—Traer una teoría tan abstracta a la práctica, y con tanta belleza…

Es un verdadero maestro.

Yo solo proporcioné la energía y la plantilla, pero él…

él escuchó al metal.

Le dio forma a lo imposible.

Tomó otro sorbo del té que Lina acababa de traerle.

Lina, a su vez, también se quedó mirando la espada, pero su perspectiva era muy diferente.

No veía una matriz cristalina ni una maravilla de la metalurgia arcana.

Ella veía un arma.

Una hoja hermosa, sí, pero diseñada con un único y terrible propósito: matar.

Vio el objeto que había permitido a su nueva y extraña amiga derrotar a dos hombres en un callejón.

La espada era un símbolo tangible de la violencia y el peligro que Elysia había traído a su mundo pacífico, incluso si había sido en defensa propia.

Su admiración por Elysia estaba teñida de una capa de inquietud.

Elysia, por su parte, observaba a ambos.

Vio la fascinación científica de Zain y la silenciosa preocupación de Lina.

Eran reacciones tan ajenas a las que estaba acostumbrada.

En su mundo, un arma así sería recibida con aprobación marcial o con miedo.

Aquí, era un objeto de estudio y una fuente de inquietud moral.

—Es solo una herramienta —dijo Elysia, su voz tranquila rompiendo el silencio.

Zain levantó la vista de la espada, sus ojos rojos brillando.

—No —la corrigió suavemente—.

Esto ya no es solo una herramienta.

Es un puente.

Un puente entre tu mundo y el nuestro.

Y ahora mismo, es el único que tenemos.

Le devolvió la espada a Elysia.

Al hacerlo, sus dedos rozaron los de ella.

El contacto fue breve, pero en ese momento, la dinámica entre ellos había cambiado irrevocablemente.

Ya no eran un mago y su anomalía.

Eran dos individuos, cada uno un experto en su propio campo, y acababan de descubrir que, juntos, podían crear maravillas…

y atraer peligros que ninguno de los dos podía manejar solo.

——————————— El sol comenzó a caer, pintando el cielo de Villaclara con tonos anaranjados y púrpuras.

La luz que entraba por las ventanas del taller se volvió más suave, más cálida.

Lina miró por la ventana, un suspiro escapando de sus labios.

—Se hace tarde —dijo con pesar—.

Debo volver a casa o mis padres empezarán a preocuparse y enviarán a medio pueblo a buscarme.

Se levantó de la silla, el ambiente acogedor y extraño del taller aferrándose a ella.

La tarde había sido una de las más raras de su vida: había actuado como enfermera, mediadora, y había sido testigo silenciosa de conversaciones sobre magia, otros mundos y peleas en callejones.

Se acercó a Zain, que todavía estaba sentado en la cama, examinando sus propias notas con una nueva energía.

—Tú —dijo ella, su tono volviéndose el de una hermana mayor cariñosa pero estricta—.

Asegúrate de comer algo de verdad.

Y de dormir en una cama esta noche, no sobre tus libros.

Le dio un suave golpecito en la cabeza.

Zain, distraído, simplemente murmuró un “Sí, sí, por supuesto”, sin levantar la vista de su pergamino.

Era su forma normal de despedirse.

Luego, Lina se volvió hacia Elysia, que estaba de pie junto a la chimenea, observando las primeras estrellas aparecer en el cielo por el tragaluz del tallar.

Su despedida fue diferente.

No había la misma familiaridad, pero había un nuevo respeto y una calidez genuina.

—Y tú, Elysia…

—comenzó Lina, su sonrisa un poco más tímida—.

Cuídate.

Y…

cuida de él, ¿quieres?

A veces se olvida de cómo ser una persona.

Elysia se giró y miró a la joven.

Vio la sinceridad en sus ojos marrones, la preocupación genuina por el mago caótico.

—Lo haré —respondió Elysia, y la promesa fue tan sólida como su acero.

Satisfecha, Lina les dio una última sonrisa a ambos y salió del taller, cerrando la puerta suavemente detrás de ella.

El silencio volvió a instalarse en la habitación, pero esta vez era diferente.

No era un silencio incómodo ni tenso.

Era una calma tranquila.

Zain seguía absorto en sus notas.

Elysia desenvainó su nueva espada y, a la luz menguante, comenzó la lenta y metódica rutina de mantenimiento de su arma.

El mago y la caballero.

El erudito y la guerrera.

El mundo exterior, con sus conspiraciones y sus peligros, podía esperar.

Por ahora, en el pequeño y caótico taller de Villaclara, habían encontrado un extraño y precario tipo de paz.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES El_Dramas Aprovecho para promocionar la obra de un amigo, Se llama: En algún lugar de Limbo creador Mr.M es una obra muy bueno, si bien tarda más en sacar capítulos créanme que vale la pena la espera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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